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POESÍA SOCIAL VIII (En la primera página de Poesía Social I hay un índice de autores)

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 07:19

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

ALEJANDRO VARGAS

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA


8. POEMA CON UNA LÍNEA MARRÓN

amor de una vez y para siempre
de reojo en la mañana para siempre acaso
acaso siempre nunca de olvido
acaso de caso una vez dos o más veces
amor se agota esconde el lomo verde
juega líneas sobre una sílaba de pliegues
acaso mareo náusea en la pantalla
amor golpea percute en el glóbulo rojo de los ¡oh dios! mortales
acaso no diga amor tropezón de la vena aorta
auricular enfermo de humo y cansancio
y de estrabismo y de arcoíris en este viernes de abril
"acaso amor inevitable arrojado por una bóveda"
acaso inescrutable todo está olvidado para siempre.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 08:16

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

ALEJANDRO VARGAS

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA


9.

IRA DEL VERBO TAR

El caballo no quiere perder el tiempo
El caballo no quiere perder el rabo
Verde caballo que caballo no quiere perder el verde
Caballo no quiere ficción no quiere comer no quiere recuerdos
Verdades quiere caballo
Pasturas almas ajenas caballo quiere
Un galope de auge sacude tierras y el caballo quiere que tiene
Porque jamelgo y todo no quiere caballo ni camello
Ni tiene
Aquí se rompió una casa: tres peceras y el aliento
Aquí un gato llorón tiró la toalla
y cinco sapos saltarines hicieron rodar el sentimiento
Cuatro colas tuvo el año para sacar ocho vagos dos amigos
Y yo no me vine aquí para contarla
Y yo no supe se lo cuento
una flor con su ojal de pétalo
un ciempiés con prisa
la prisa mía en el asunto
contra todos los sudores malhabidos
la verruga total abierta al microscopio
contra todo ciego y miope de reojo
Y ciempiés habrá que con nostalgia
echen por tierra todos los zapatos y sus dedos
y así no habrá sudor miel esperma ulular de ciego
que no reconozca aquí que el mundo su letargo
su andar sin reparos pero lento es uno y sus montañas
Y nos consta y nos cuesta el muladar de tantos perros
sin calor sin una brasa
ocho brazos con venas de hojalata
trece momias y ya y cavernas
Porque el mundo sin tristezas sin jorobas que lo alumbren
es la olla seca limpia de vecino
con alacranes en el pecho abierto
y un pescador nadando cuando el camarón asoma
en su amor que es uno
sin mentiras para tantos desacatos
Y ya lo dije y ya estuvo y nomás
mi caballero
que no existe prisa sino viento caballero
Por lo oscuro de los números lo oculto de la sangre
el hueso partido que se finge arena
un montón de peros y porques (*)
y dos regalos que otorga la sintaxis
expliqémoslo (*) mejor
Hay una arteria desnuda y sin abrigo
un saludo que emana de mí y no hay respuesta
pero por qué porque
si el ritmo cardíaco se advierte
y yo digo que no es blanco no es claro
porque el ritmo es oscuridad que no watts cien
que no candela poderosa ni pecho cerrado y robusto
ni perdón de nadie ni esperanza cualquiera
expliqémoslo (*) pues
Un señor es solo y tiene habitación y mujer e hijos tres
es solo es uno es su corazón y glóbulos
tren de prisa para salir mostrar la cara
decir tres pesos son míos o más
Uno habita habituado a los cafés de siempre
uno tiene posee amigos en la mañana temprana en la noche temprana
en la oscuridad de topos ayunados
Uno va y viene y encuentra las migajas del amor
un peso menos que se lleva  
y es verdad y es uno
Expliqémoslo(*) mejor
la sintaxis y su exactitud reprimida es desacato atento
aluvial almacén de la razón de estos textos que no no no
el  desamor del cadalso  
un buitre  que vuela y no hay entrañas


(*) Este extraño poema parece estar cargado de faltas de ortografía. Así vienen recogidos en La fuente que se ha usado (1). El siguiente verso al final podría constituir una explicación:

"la sintaxis y su exactitud reprimida es desacato atento
aluvial almacén de la razón"

(1) La fuente de los dos últimos poemas es POESÍA INÉDITA DE GUADALAJARA. CARAVELLE 1987.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 14:34

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

CRISTINA GUTIÉRREZ RICHAUD

Nació el 15 de junio de 1956, en Guadalajara. Diplomada en Filosofía por la Universidad Panamericana. Socia de la Academia Iberoamericana de Poesía, capítulo Madrid. Coordinadora en México del Coloquio Internacional José Lezama Lima, de La Habana, Cuba. Miembro del Comité Ejecutivo Internacional de la Conferencia anual, en Humboldt State University, en la ciudad de Arcata, California, U.S.A.
De igual modo, su obra forma parte de diversas antologías editadas tanto en México como en el extranjero. Ha sido galardonada con premios literarios, sobresaliendo el primer lugar en el Concurso Nacional de Poesía de las Fiestas de Mayo en Puerto Vallarta, Jalisco (1986); y, en el mismo año, obtiene mención honorífica en el Concurso Nacional de Expresión Escénica Jalisciense, con su obra dramática Linaje de barro, posteriormente editada por la Secretaría de Cultura de Jalisco, 1996.
Es autora de más de una decena de libros entre poesía, teatro, artes plásticas, cuento, ensayo y novela. Textos suyos han sido traducidos al inglés, coreano y francés, y ha publicado libros en Cuba, Estados Unidos y México, entre los que destacan: Sin mí me muero (cuentos), Sólo basta cerrar las piernas para ser sirena (poesía), Linaje de barro (teatro), Mujer de cabellos cortos y buenas piernas (novela), Las fronteras del erotismo y otros ensayos (ensayo), De ángeles y cegueras (poesía), Elías Nandino o la nostalgia del origen (ensayo), y su novela inédita de próxima publicación Doña Juana Tenorio.
Libros de poemas: Las sombras que reflejé mañana, Guadalajara, UNED, 1987. De ángeles y cegueras, Guadalajara, La Luciérnaga Editores, 1993. Canonicemos a las ciegas, Guadalajara, 1993. Sólo basta cerrar las piernas para ser sirena, Matanzas, Ediciones El Vigía, 1996.
NTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 14:46

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

CRISTINA GUTIÉRREZ RICHAUD

1. MONÓLOGO DE PIERNAS CRUZADAS

Arránquenme una a una
estas escamas,
después los senos y el brazo izquierdo;
que me amputen las piernas
de una vez por todas,
y que inútilmente me busque el corazón
una espada puntiaguda y quieta.

Las Sirenas se escapan del mar
y gritan y danzan y enloquecen;
con los brazos en cruz
se hunden como anclas
en cada puerto
y con cada amante.
Sólo una,
la del cuento que oí en la playa,
la de cabellos verdes,
hoy preserva esta especie
a punto de extinguirse.
Ella ejerce el amor a solas, dice el cuento,
mientras los marineros duermen
abandona su corona de espinas en la arena
y en una sinfonía de mujer a medio cuerpo,
fornica con ella misma
a solas.

Luego se escucha un lamento de tierra adentro:
¡Cuántos hombres viudos de Sirena!
Ya basta de atisbar senos erectos,
señores empachados de burdeles:
déjenla con su monólogo de piernas cruzadas,
con la humedad escurriéndole del sexo
y su lacra soledad ya de milenios.
Ignórenla como se ignora a un Cristo Roto.
¡Que así luce mejor, crucificada!


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 14:50

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

CRISTINA GUTIÉRREZ RICHAUD

2. MUERTE DE UNA SIRENA

Lleva de nuevo mi cuerpo al cementerio
pero antes tira mis piernas a este río
y no volveré a fornicar con ningún muerto.
Incinera mi vulva de algas y jacintos
y no habrá más agujas penetrando
mi manzana.
Deja que el perro de la casa
siga siendo mi consuelo.
No es a ti a quien amo:
tú sólo sabes regresarme
al recinto de los muertos;
él lleva mi cuerpo a casa
y arroja mi muerte al río
y compra el montón de piernas
que rechazan las Sirenas,
para ponerme unas nuevas
y estrenarme en cada noche.
Fui contigo cien veces Sirena
con él soy amante
y unas cuantas veces niña,
y no se lo digo a nadie.

Contigo faltaba el aire
bajo esta lápida avara
resguardando mi tesoro
—intramuros de fuego tragándose solos —.
Me nombraste de todo
mientras él derribaba mi puerta atrancada:
arrojó mi Sirena al río
y restauró mi cuerpo y mi casa;
y no se lo he dicho a nadie.

Tú redactabas mi esquela,
él me montaba sin silla.
Tú organizas mil orgías,
él, sólo conmigo peca;
y no se lo ha dicho a nadie.

Tú, vete de nuevo al río
sin mujer y sin pañuelo
y hunde el rostro en sus aguas
y llora, llora hasta hartarte
y no le digas a nadie.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 15:02

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

CRISTINA GUTIÉRREZ RICHAUD

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

3. REPLICA DE LAS SIRENAS (*)

I

Déjate alcanzar por tu ángel-Vampiro,
desvestirte de escamas,
saciar su hambre insatisfecha,
No te dé miedo su presencia:
dicen Vicente y Julio* que el Vampiro no pasa
Si nosotros no abrimos la ventana.
Espera, deja avanzar
entre la sal de estos silencios,
escucha su arpa
no sólo desde el fondo de este mar a oscuras:
en el río lujurioso de barcos de papel
en el dormitorio coronado de espinas
en el rostro abofeteado de algún Cristo
en la muñeca secuestrada por un perro en celo
dondequiera que las Sirenas necesiten
la transfusión de un Vampiro entre sus piernas;
el rojo de otro cuerpo ensangrentado.
Qué inofensivas y castas las Sirenas:
les hincamos el diente en su inocencia
e imploramos al diablo
cuando exponen su cola en un museo
o nadan a cuatro piernas entre su propia sangre.
Las Sirenas hacen leyes y ciencia,
pintan muros y escriben poemas,
contradicen a Newton
cuando vuelan desde su cama
a una isla remota e innombrable.
La Sirena es tan esquiva
Que los espejos codician su belleza.
Recuerda todos tus nombres en este espejo de agua,
veamos si el ángel alcanza a tu Vampiro
ten un encuentro con tu propia sombra:
reconócete en el Otro y en los otros,
en los Vampiros a sueldo
en los ángeles que nacen del infierno
en las Sirenas con sabor a sombra clandestina
y en el tatuaje del marinero loco y afiebrado
al grabar en tu piel a tu Sirena
te lleva puesta hasta en su cama,
hasta que recorra todos los mares
y todos los burdeles;
hasta que escuche el vértigo final
de los que aman sin goce de sueldo.
Despréndete la cola de virgen asexuada,
arete de par en par como ventana
y despójalo de semen y colmillos.
Bébete su elíxir misterioso
y di que crees en sus quimeras:
nunca estarás más muerta que en sus brazos.


(*) Fuente: ALFORJA XXVIII. REVISTA DE POESÍA. Primavera 2004.


Última edición por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 15:11, editado 1 vez


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 15:04

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

CRISTINA GUTIÉRREZ RICHAUD

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

3. REPLICA DE LAS SIRENAS

II

Ahora la cita es cada nueve meses
desgarrando la luz debajo de la vida
con el vientre descubierto
para que recién-mueran el sinfín de Sirenas
a este cotidiano deshilachar de alas
—nunca podrás volar
sin que el aire te cobre
una a una sus moléculas de estiércol
lo pagarás con una danza de fuego
cada veintiocho días,
pedirás perdón por las cicatrices
que nadie te hizo,
buscarás al culpable en medio de cualquier cementerio
o entre las aguas de este charco pestilente
con sabor a remordimiento inagotable.
Regresarás tierra adentro
a pagar todos los precios
que la vida te cobre,
y a rechazar la recompensa
de todas las manzanas que teñiste
con tus mutilaciones más hermosas,
las que maduran en tus entrañas de pólvora mojada,
con las que ahuyentas al Vampiro,
al que se sabe Héroe y Duque
y Fiera desvelada.
El se escapa a su castillo
mientras tú pagas con creces sus desfalcos;
tus quemaduras, nacen de tu propio infierno.
El diablo puede ser Sirena
si te refugias en el clandestino frío de Dios
y en tu cuerpo cerrado a doble llave
y en tu piel amputada de Vampiro,
y en tu miedo de ángel roto.
Mejor pide perdón por respirar
del aire que no es tuyo.
No dibujes sobre el cuero
de cualquier Vampiro,
suelen mudar su piel por armaduras trasnochadas;
sólo uno se disfraza y se amamanta a sí mismo
con tus artes,
él es de los ángeles que matan lentamente.
Su ángel es Vampiro, no lo olvides:
él te dio de beber veinte preguntas
mientras se abisma con su amante en este charco inmundo
en el nombre de todos los Vampiros.
Conjura a nuestros demonios
y nos rasga la piel pero sin sangrarla
hasta que la Sirena se forja en el rostro de ángel,
el cuero de camaleón,
las alas de Vampiro,
Y como cualquier hembra en celo,
a punto de empeñar su sangre hirviendo,
baila entre el oasis de sus propias llamas.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 15:06

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

CRISTINA GUTIÉRREZ RICHAUD

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

3. REPLICA DE LAS SIRENAS

III

De todas, la Sirena
es la más peligrosa, por ingenua,
No le bastan los encuentros a deshora
ni el más fascinante de los escondites
ni tus retratos que a diario besa lentamente
ni su flagelo que huele a tu perfume.
Si logras vivir ya sin su sangre
y resguardar el arsenal de tus heridas,
quien regresa por sus fueros
Es el que te hundió la peor estaca.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 15:08

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

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FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

3. REPLICA DE LAS SIRENAS

IV

Huele a sangre, Vampiro
ven, mira mi pecho izquierdo al rojo muerto
mitiga tu sed en este corazón vencido,
anda, embriágate y olvida que dijiste “para siempre”
muérdeme como bestia que rabia sus naufragios,
déjame sin palabras en la boca
y sin gota de sangre en todo el cuerpo;
cuando mañana tú amanezcas Sirena y yo Vampiro.
Vete sin ti, igual como has nacido:
sin nombre ni capa,
sin madre ni parto,
sin dolor, sin sexo…
Ya basta de vicios y reproches.
Las Sirenas son marismas
que no dejan a su paso nada incierto,
aman sólo a los proscritos y al exilio.
Suelen cantar “jamás”, entre sus redes.
La Sirena es la trampa perfecta
siempre está en la antesala de tus sueños
esperando, paciente, tu retorno;
nunca estarás más muerto que en sus brazos.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 15:17


POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

CRISTINA GUTIÉRREZ RICHAUD

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

4. RAZA DE ARCILLA EMBRAVECIDA

A Malú Fernández de Castro
y Carlos Cabral


En el octavo día de la creación la Tierra y el Agua se hermanaron en el Fuego. Así surge la expectativa de alianzas o rupturas, amor o desamor, anhelo o frustración. Una pieza de cerámica es el reflejo del alma de mi raza que es de arcilla embravecida, siempre hilvanando el estandarte de la ilusión por la obra de arte perfecta; delirio postergado para el noveno, décimo u onceavo día del fin del mundo.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 15:27

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

CRISTINA GUTIÉRREZ RICHAUD

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

CUENTOS

HASTA QUE OTRO CUENTO NOS SEPARE


Cristina Gutiérrez Richaud


A mi hijo Juan Carlos Peña Gutiérrez,
quien me ha enseñado a mirar
lo que nadie ha visto nunca,
y que todos aseguran que no existe.

"Verdad, no salgas de tu obscena Caverna Húndete más abajo, horrible Verdad. Tú exhibes a la luz brutal del sol cosas que más valiera ignorar; actos que más valiera no hacer. Descubres lo vergonzoso; aclaras lo oscuro. Ocúltate, ocúltate, ocúltate."
Virginia Woolf

"Estar semidespierto en un mundo de sonámbulos es aterrador al principio. ¡Luego uno aprende a disimular!"
Lawrence Durrell

A PESAR DE LAS NALGAS DEL DAVID

A Oliverio Girondo

El sábado 32 de septiembre, a las seis de la tarde, todos los habitantes de la ciudad de México se convencieron de que la resurrección de los muertos se anticipaba ineludible, a pesar de la última devaluación, del sida, de la llegada del Papa, del estruendo metálico de los vagones que treparon unos sobre otros cuando se descarriló la locomotora que iba conducida por un viudo, a pesar del herpes, del virus del llanto, del luto de doña Juana Tenorio por la muerte de su padre, del mercurio y la sífilis, a pesar de la crisis económica, del marido adúltero y la señora tonina, de que los pasajeros del vuelo 924 aprovechaban para zambullirse en el fondo del Océano Pacífico después de saltar desde la nave de Aeroméxico. Sí, la resurrección de los muertos era inminente, a pesar de que las fábricas de condones y anticonceptivos se declaraban en quiebra, de la sobrepoblación del planeta, de la esperada huelga de las florerías el próximo día de muertos, de la caída del socialismo, a pesar de las nalgas del David de Miguel Ángel, de la masonería, de las decapitaciones y descuartizamientos de los próximos días, de la partida de dominó que Lázaro había organizado desde ultratumba, a pesar del cementerio de llaves en espera de cerrojo, de los enamorados disfrazados de cocodrilos, de las mujeres vampiro y los hombres sirena, de que algunos sólo nos habíamos fingido muertos para ver qué entierro nos hacían después de olfatearnos y constatar nuestra inmovilidad, todo con el objeto de que nos dejaran tranquilos. Los muertos resucitábamos a pesar de un espantapájaros de nombre Oliverio Girondo, del ajedrez y los horóscopos, de que los jóvenes siguen con los festejos del medio milenio del descubrimiento de América, debajo de la cama de su novia en turno; a pesar de que las sacristías están llenas de borrachos, unos para aclarar que han cambiado infinidad de veces de domicilio durante la ausencia de sus muertos, los que al resucitar quizás estén vagando sin rumbo fijo por la ciudad; otros, con el objeto de gritarle al cura su ineficiencia por no poder impedir que los muertos hayan logrado abandonar sus criptas, pese a las coronas de siemprevivas y los cirios. A pesar de las enormes filas de revividos que se tenían previstas en los burdeles y, también, a pesar del sinnúmero de hombres y mujeres que se verán en la necesidad de arrancarse las vísceras, o sacarse los ojos, o hacerse lobotomía, o tal vez sólo abandonar la lujuria y volver a sus rezos y plegarias como antes de su viudez.

Pero los muertos no pudimos resignarnos a una inmovilidad de tanto tiempo. Ahora pretendo recuperar los kilos que he perdido, para, así, desprenderme de este contacto tan íntimo con los gusanos que en mí hospedan. Espero que también se me escapen por los poros este centenar de larvas que me obligan a vivir en cueros como cualquier simple esqueletoso.

Esta evidencia de que los muertos resucitaríamos, tendió su seda en todas las conciencias e impregnó los cerebros más escépticos como si fueran esponjas. La imaginación comenzó a evocar las ideas más mortuorias al sentir una mano extraña debajo de la almohada, o al ensayar una actitud funeraria mientras sepultaban sus cuerpos entre las sábanas, repasando los pliegues de su posible mortaja. Se escuchaban jadeos por todas partes, como si fueran el eco de un montón de cerraduras que se estuvieran abriendo.

Los muertos comenzamos una marcha, desde los cementerios a las calles, y con ella iniciamos también el llanto por nuestra muerte que se nos iba yendo a cada instante. Pero, a pesar de que escuchábamos el eco de nuestros pasos, como si oyésemos el latido de unas cadenas que llamaran a la vida desde el fondo de nuestras entrañas, decidimos aceptar al tumulto de cirios encendidos que inútilmente, se organizaban como romería en las avenidas rodeadas de coronas de siemprevivas, igual que si fuéramos los candidatos políticos del partido oficial. Sin embargo, un olor a sacristía y a burdel exprimía su aliento entre la muchedumbre, la que nos miraba con horror entre plegarias y tragos de aguardiente. En cada esquina había un grupo de músicos, ya fueran mariachis o cantantes de boleros o algún saxofón solo, o simplemente un flautista que entonara las golondrinas con el afán de incitarnos a regresar a los sepulcros.

¡A la tumba ese cadáver artrítico de huesos contrahechos! ¡Muera ese resucitado que se escarbó las orejas con una navaja de rasurar! ¡Largo de aquí los suicidas fracasados, los dandis y los Lázaros!, nos gritaban los que se alquilaron para echar a perder esa fiesta popular, esa romería. ¡Regresen a sus escombros, a sus cenizas! ¡No queremos más muertos sueltos impregnando las calles con olor a tumba transgredida!

Los miembros del ejército se agarraban de los brazos para formar vallas que nos protegieran de la población.

Una joven hermosa y de semblante turbado se acercó entre la muchedumbre y la gritería, estiró su mano y con ella un mensaje que intentó entregarme sin conseguirlo, pero que finalmente, un militar me hizo llegar:

A don Rolando Tenorio:

papá, espero que estés bien de salud mental. Felicidades por tu regreso, pero nos cambiamos a una casa más pequeña y sería inútil intentar que vivieras aquí. Cuídate mucho de los cambios de temperatura, el clima se ha hecho extremoso en los últimos años, no vaya a ser que la artritis te arroje de nuevo a una silla de ruedas, y la tuya, la regalamos al Hospital Civil al otro día de tu entierro. Ah, y no preguntes por tus partituras, la polilla acabó con ellas. Y de tu batuta, ni hablar, recuerda que tú mismo la partiste en dos aquella noche en que se te pasaron los güisquis. Pero lo que nos tiene más preocupados es tu salud mental; esta familia ha dejado de asustarse si mi hermano Federico vuelve a entrar a la cárcel o no, si mi mamá se va de viaje uno o seis meses, si tu hija mayor, con quien por cierto no me hablo desde tu muerte, tiene otro hijo con parálisis cerebral o con idiotez congénita, o si a tu hija Juana le da sida o no. Así que tranquilo; aquí no pasa nada. Además, como dice mamá, nada es digno de tomarse en cuenta, y a mí me queda claro que así es, nada es para tanto y, de la misma manera, esperamos que tú reacciones. Es por eso que te recomiendo que cuides de tu salud mental, que te ubiques y regreses a tu sepultura, donde nadie te moleste.

Cariñosamente,

Alejandra Tenorio

Mi aturdimiento se aceleró. Ya de por sí me sentía indigno sin corbata, sin afeitar y sin dientes. Me hubiera gustado resucitar sin ningún deseo, pero en realidad, nunca logré vencer la tentación de armonía, ni siquiera ahora regresando de la muerte. Es posible que esta joven me haya confundido con su padre, su cara no me es familiar, además, no recuerdo haber estado nunca en un hospital psiquiátrico. Sólo recuerdo el horario de los barcos que no tomé nunca. Creo que fui célibe, con el mismo amor propio con que hubiera sido becerro o bicicleta. Quizá repudiaba los parentescos, los padrinazgos, los padrenuestros. Lo más seguro es que yo no haya sido el padre de esa chica. Sin embargo, está mejor así, qué bueno que los resucitados dejamos la memoria abandonada en el sepulcro. Ahora sí, puedo entrar en un establo, sin que nadie me vea, y estirarme sobre la paja, para remorir abrazado al pescuezo de algún caballo, como si fuera mi pariente más cercano, ya que los vínculos de consanguinidad no se detienen en la escala zoológica.

* Cuento incluido en la novela Doña Juana Tenorio. Plaza y Janés, México. 2005


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 15:29

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

CRISTINA GUTIÉRREZ RICHAUD

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

CUENTOS

HASTA QUE OTRO CUENTO NOS SEPARE

EL COLMO DE LA INMORTALIDAD


La secretaria le había dado la cita para las siete quince de la tarde y Eva esperaba expectante. Los niños tenían la tarea lista, sus mochilas estaban preparadas para el día siguiente sobre el sillón del recibidor. El mantel nuevo que comprara en la mañana, lucía hasta rozar el piso de mármol en el antecomedor. La cocinera le había pedido permiso para salir de compras, pero Eva dijo que se podía ir hasta dejar la ropa limpia en los closets. Eva se notaba nerviosa.

En la mesita del teléfono, a un lado del sillón en donde ella estaba sentada, un cenicero en el que yacían cuatro colillas sobre un montón de cenizas. Hacía una hora que la recamarera había cambiado el cenicero por uno limpio. Las colillas parecían pequeñas, sin embargo al acercarse uno podía observar que los cigarrillos habían sido apagados casi recién encendidos.

Eva mandó al mozo a la tienda; encargó un par de cajetillas de Benson mentolados. Desde la semana pasada que había hecho la cita con el psiquiatra, comenzó a toser esporádicamente. Ahora la tos es casi insoportable.

Eva era una mujer miope, de veras muy miope, aunque tenía unos ojos grandes y expresivos y unas piernas muy bien formadas. Hablaba tan rápido que muy pocas personas podían seguirle una conversación: “Tuve un día tan pesado que en verdad me gustaría salir al cine por la noche sentarme un buen rato y que todo me lo den echo claro que ese es el tipo de películas que una quiere ver cuando se está así igual de cansada que yo de preferencia quisiera ver una película que me haga reír a carcajadas como ves ¿tú que dices? claro que si pudiera platicar con mi marido sería preferible que me invitara a cenar en fin veremos adiós que pases buen día.”

¡Ah, eso sí, nunca hablaba mal de nadie! Todo el mundo quería tanto a Eva. Hace poco un vecino le dijo:

-- ¡Eva, es usted una verdadera locutora!

Y hasta los 1199 socios del club deportivo al que ella asistía se enteraron del elogio. Lástima que no pudo ser una cifra cabal, como a ella le gustaba, porque su esposo era el uno que hacía falta para completar los 1200 socios que debía haber en ese club privado.

Eva desde hacía algunos años ya no se enteraba de chismes. Su esposo sabía con certeza que en el club había actualmente 1350 socios, y por supuesto eso sólo lo sabían los fundadores. La verdad es que declararon fiscalmente 1200 socios nada más y eso debía de ser un secreto, por lo que decidieron en la junta directiva no comentárselo a sus respectivas esposas.

Por fortuna ella había estado informando de su habilidad radiofónica cuando en realidad ya tenían 1350 socios. No obstante ella lo ignoraba. Contaba con haber informado a 1199 personas. Así que no pudo lamentarse de haber privado de tal información al resto de los asociados (sin darse cuenta, los 150 socios nuevos, ya estaban enterados de sus aptitudes de oradora, puesto que fue un escándalo cuando Eva fue nombrada persona non-grata en el club deportivo. Desde ese día el mundo fue dejando de querer a Eva.)

La secretaria le había dado la cita para las siete quince de la tarde y faltaban dos horas y cuarto para la hora, y ella estaba inquieta, por eso marcaba uno tras otro números telefónicos, sin embargo ninguna de sus amigas estaba en casa. Qué curioso, primero le decían: “Sí, sí está ¿de parte de quién?” y ella pronunciaba su nombre ‘Eva’, y lo hacía con orgullo desde que su vecino elogió su habilidad oral. “Ah, no señora Eva, no está, acaba de salir.” Y ella para no hacer menos a la criada, le hacía unos pequeños comentarios que duraban entre 15 y 20 minutos, y al final la criada le decía que tenía mucho que hacer; Eva colgaba y se le veía pensativa. Más tarde comentaría con su amiga, la patrona de esa joven, que le felicitaba por la responsabilidad que demostraba su empleada doméstica.

Sus hijos salían de casa todos los días a las cinco, el chofer los llevaba a sus clases de inglés, de karate, de tenis, de aerobics y de oratoria. Ella estaba orgullosa que su hija menor heredara su facilidad para expresarse. También le hubiera gustado que por lo menos alguno de sus cuatro hijos varones tuviera esa gracia, en realidad ellos eran tan callados, igual que el papá. Lástima. Aunque tomando las cosas con filosofía, Eva podía monologar con sus hijos ya que ellos no la interrumpían como lo hacía Evita, la pequeña oradora.

La cocinera convenció a su compañera de trabajo para que la acompañara al centro comercial. Eva accedió cuando ellas fueron a despedirse de su patrona: “Está bien muchachas no lleguen después de las ocho porque ya ven cómo ha cambiado Tomás yo lo contraté porque maneja muy bien claro y además por su buen carácter y porque podíamos charlar horas enteras pero ahora no sé qué le pasa dando las ocho se va ya no se despide de mí antes me decía que no tenía prisa por llegar temprano a su casa no le creo eso de que esté estudiando en una escuela nocturna imagino que a ustedes les debe tomar el pelo de la misma manera por eso muchachas no lleguen después de las ocho estoy segura que Tomás se atrevería a dejar a los niños solos oigan hace ya rato que mandé al mocito a que me comprara unos cigarros ¿no lo han visto? bueno ya llegará por cierto les voy a contar algo que no se imaginan lo que me duele estoy segura que ustedes habrán notado que el señor no me dirige la palabra no no se azoren no hemos discutido comprendan muchachas me siento ahogar desde hace ya quince años desde entonces vengo comiendo silencio a su lado ya sé que tampoco quiere salir conmigo le oí decir por casualidad que aprovecho cuando estamos en un lugar público para decirle lo que no puedo comentar en la intimidad ¡ah, cuál intimidad! he tratado de reclamarle aunque el señor ustedes lo han visto me deja con las palabras entre los dientes a mí me gustaría poder arrancármelas de los labios y golpearlo con ellas o ponerlas bajo su almohada para que las escuchara durante las noches en verdad ya me cansé de tratar de comunicarme con él de verdad muchachas no crean que culpo al señor de lo que me está sucediendo no desde que dejé el ballet no sé qué me pasa extraño el escenario los aplausos extraño mi vestuario sí por qué no decirlo extraño la música y la facilidad con la que me deslizaba a través de sus compases añoro aquellos años en que aprendí a comunicarme sin pronunciar palabra nada más que la mímica y los movimientos con los cuales transmitía lo que ahora tengo que guardar bajo llave entonces quedaba exhausta sin sentimientos reprimidos igual que ahora sin ganas de hablar para defenderme ‘No quiero que los aplausos lleguen a ser imprescindibles para ti.’ Me lo repitió tantas veces que comencé a rechazar a mis compañeros de clase a mis leotardos a mis zapatillas de punta que eran la causa de esas ampollas en los pies a la música clásica y a los aplausos que me golpeaban en las sienes y provocaban un dolor de cabeza que llegó a durar varios días ¡ay muchachas son las seis y media ya no las entretengo más que les vaya bien!”

Eva se retocó el maquillaje. Se puso un saco negro y su collar de perlas. Cambió de bolso porque el trauma que sufrió esa mañana frente a la dependienta que le vendiera el mantel para su mesa del comedor, había sido inolvidable: al extender el mantel ella comentó que el color de su calzado era igual al color de la madera de su comedor y la dependienta dijo que ella había pensado que era más rojizo, semejante al color de su bolso y ella se apenó tanto que sin medir el mantel lo compró en seguida, para que nadie más notara que su calzado no hacía juego con la cartera. Por eso es que el mantel arrastraba sobre el piso de mármol de la estancia; ella se apresuró en su compra. Así de rápido se había decidido también a no volver a sus clases de ballet.

Eva, como la mayoría de las mujeres, no pensaba muy a menudo. Así que esta vez dispuso mentalmente lo que iba a hacer y consideró que era mucho mejor aclarar las cosas y, que reflexionándolo bien hacía mucho tiempo que no se sentía tan satisfecha con ella misma como ahora que estaba segura de haber tomado una buena decisión: ir con el psiquiatra.

La tos volvió de improviso. Faltaban cuarenta minutos para que ella estuviera frente al especialista. Iba a subir al auto cuando se acordó que había olvidado ponerse perfume (el único que le gustaba a su marido) y traer una caja de pañuelos faciales para sofocar la tos. Dejó las gafas y el bolso sobre el asiento y al volver se dejó caer con firmeza sobre él y rompió el armazón de sus lentes. Los cristales eran tan gruesos que no sufrieron daño, mientras tanto Eva pensó (fue extraño que lo hiciera por segunda vez en un día) que podía manejar hasta el consultorio, ¿sin embargo cómo podría leerle al psiquiatra la lista de comentarios que había estado escribiendo desde una semana antes? Su miopía era tan fuerte que ni con el papel pegado a la punta de su nariz podría distinguir ni una sola letra.

Para Eva la puntualidad era llegar entre diez o quince minutos después de la hora prevista. Esta ocasión fue diferente: eran las siete quince y ella se regresó a su auto porque un anciano que pasaba por la banqueta le avisó que los faros estaban encendidos.

Entró al elevador y antes de que la puerta se cerrara, salió para checar en el directorio del edificio el número de piso. No distinguía las letras y mucho menos los números que eran más pequeños. Una joven de cabellos largos la hizo sonrojarse cuando sin necesidad de voltear al muro en donde se encontraba el directorio, le dijo: ‘Piso cuatro, señora. ¡Qué gusto de verla! Ya no se acuerda de mí, ¿verdad? Soy la secretaria del médico.’ Subieron juntas en el ascensor. Ella no dejó de toser. Al abrirse la puerta en el cuarto piso, le pareció a Eva que el telón del teatro se recorría y comenzaba la función. Esos recuerdos le aminoraban la tos.

La joven secretaria se acercó a ofrecerle una pastilla de menta, y fue cuando pudo distinguir los cabellos largos y teñidos de rubio, su minifalda azul y una blusa de seda color obispo. Desde luego también notó las uñas postizas de la joven y el anillo de brillantes que llevaba en el dedo pulgar de su mano izquierda. Eva ignoraba cuánto ganaba una secretaria en esos tiempos, sin embargo la extrañeza, al ver el anillo, se dibujó en su rostro. Se dijo que era fácil reconocer a una mujer corriente aunque trajera buena ropa y joyas y uñas postizas. ‘Le avisaré al doctor que usted está aquí.’ Ella trató de decirle que esperaría a que se desocupara el doctor, cuando la tos volvió a interrumpir de modo insensato. En ese momento se oyó que abrían una puerta y la voz del psiquiatra que despedía a su paciente.

La secretaria revisaba una libreta, Eva podía escuchar con la rapidez que pasaba de una hoja a otra. ‘No llegó la persona de esta cita. Voy a llamarle por teléfono.’ Eva retiró el pañuelo de su boca y dijo que ella era la persona que había apartado esa cita hacía una semana. La secretaria hizo un gesto que arrugó por unos instantes su frente con las mismas líneas que Eva lucía con permanencia en la suya.

Apareció un señor de edad avanzada y pagó la consulta: ochocientos pesos por hablar cuarenta y cinco minutos se le hizo excesivo a Eva, aunque en realidad era urgente comenzar la función. Tercera llamada. Tercera llamada, se dijo ella. Perseguida por la mirada de la secretaria se levantó del sillón y entró al consultorio: ‘¡¿Qué haces aquí, Eva?! ¿Ha ocurrido algo?’ Ella negó con la cabeza; la tos ahora se convertía en su peor enemiga. El psiquiatra salió del consultorio; la tos desapareció. Regresó con un vaso de agua que colocó sobre su mesa de trabajo y frente a Eva, quien en esos momentos extraía un cigarro de la cajetilla que estaba sobre unos papeles y al lado de una pluma negra con adornos dorados. El especialista se prendió un cigarrillo y guardó el encendedor en uno de sus bolsillos del pantalón. ‘No debes fumar con esa tos.’ Ella volvió a introducir el cigarrillo dentro de la cajetilla y lo siguió con la mirada cuando él la recogió y la colocó sobre una credenza que decoraba el consultorio, en la cual ella podía distinguir seis portarretratos. Ella se levantó, se acercó a la credenza y se puso en cuclillas para poder ver las fotografías: Eva suspendida en el aire, formaba con sus piernas un ángulo perfecto de ciento ochenta grados. Su ropa obscura le recordó el color del cisne que tantas veces había representado. Su cabello recogido, su figura esbelta y sus brazos extendidos en una perfecta posición, como quien domina las alturas. La siguiente fotografía era a color: ella con sus cinco hijos rodeándola en el jardín de su casa. Todos sentados sobre el césped y ella al centro del medio círculo que formaban los niños. La tercera la sorprendió tanto que no pudo evitar el volverse hacia él: Eva recibiendo un ramo de flores en un escenario. Se veía tan contenta que por un momento creyó que era otra mujer. El cuarto portarretrato enmarcaba el velero y la casa de la playa de sus padres; ahí se habían conocido y en ese velero, cuando el viento se aquietó una tarde, él la acarició como un soldado acaricia la bandera de su patria momentos antes de alistarse para ir a la batalla. Ella había izado la bandera de la levedad después de haber sentido la gravedad del peso de otro cuerpo sobre el suyo. La penúltima fotografía era una pareja de ancianos tomados de la mano y riendo a carcajadas. A ella le habían contado que nunca tuvieron un disgusto fuerte, que siempre se apoyaron uno al otro. Lo que sí sabía con certeza era que a los ocho días de haber muerto el esposo, ella sufrió un paro respiratorio. ¿Por qué reirán de esa manera en esta fotografía?, se dijo. El psicólogo ordenaba unos papeles, anotaba algo y cerraba de vez en cuando cajones mientras Eva observaba las fotografías. La última era tan elocuente que cerraba un círculo en la historia de Eva: el adorno iba desde la frente hacia atrás, queriendo cubrir parte de la cabeza sin tocarla. El brocado blanco comenzaba a cubrir su cuello, que en ese entonces era tan delgado que parecía como si la tela no se atreviera a descansar sobre la piel firme de Eva. Intentó recordar el resto de su atuendo; fue inútil. Hacía ya tantos años... así que llegando a casa iba a desempacar su vestido de novia, y se lo enseñaría a sus hijos y a la cocinera. Lástima que la fotografía mostraba nada más el rostro. Le hubiera gustado observar si sus zapatillas eran de color perla igual que su vestido. Se acordó de la pena que había pasado en la mañana en el almacén cuando se dio cuenta que su calzado no era del mismo color de su cartera. Esa era una de las razones por las que Eva rechazaba su miopía.

Se sentó de nuevo frente al doctor y comenzó a toser con más intensidad que antes, pero a pesar de todo pudo pronunciar algunas palabras: ‘Te quedó muy elegante el nuevo consultorio.’ Él, sonriendo, le comentó que ya había cumplido ocho años en el cuarto piso. Y ella le dijo que la última vez que había venido estaba todavía en la planta baja.

Ella trataba de sacar su lista cuando se acordó de los lentes rotos. La tos era tan impertinente que le daban ganas de no abrir la boca para así poder sofocarla por completo. En realidad la tos no pedía permiso e interrumpía cada vez que ella quería hacerle un reclamo: que él no conversaba con ella, invariablemente quería estar solo. Le hubiera gustado decirle que la secretaria tenía un aspecto muy vulgar, y que además la había notado muy nerviosa cuando él salió a despedir al paciente anterior, tanto que la joven había roto el florero que abrazaba una rosa roja, la cual quedó tendida sobre el piso de la recepción y entre pedazos de cristal y agua; también debió haberle comentado algo acerca del perfume que traía su secretaria, Eva tenía la certeza de que era Joy de Jean Patou, y ese fue el que le descubriera en su maleta meses atrás, cuando él llegó a casa después de asistir al congreso médico en Nueva York. Él dijo que un colega suyo se lo había encargado, y ella iba a reclamarle en el momento que la tos se lo impidió.

El médico consultó su reloj: faltaban cinco minutos para que terminara la cita y Eva no había podido concretar nada. Él iba a decirle que le daba mucha pena, que aún tenía dos pacientes por atender, cuando ella le preguntó: ‘A qué se debe esta necesidad de querer conversar con mi esposo...’ y comenzó a toser de nuevo. Él continuó mientras ella se calmaba: ‘...y con los vecinos y en el club y por teléfono y...’ Eva lo interrumpió: ‘Y contigo.’ El se levantó y comenzó a recorrer el consultorio mientras le decía que estaba convencido de que su afán de hablar y hablar y hablar era un capricho al que los seres humanos tendemos: a la inmortalidad. ‘Y no te podrás quejar. A mi consultorio acuden más de diez personas diferentes al día: pacientes de diversas edades y de ambos sexos, vendedores, agentes de laboratorios médicos, colegas. Y tú ya eres inmortal. Eva, entiende, ya pasaste a la historia.’ Entonces señaló los portarretratos y continuó: ‘como esposa, como madre, y también como bailarina.’ Y cuando terminó de hablar, Eva estaba muy conmovida. Dijo que no había tiempos ni remotamente parecidos a los de antaño y ninguna música semejante a la de George Benson, no importaba lo que otros pensaran; y sus ojos se llenaron de lágrimas, tanto que no pudo encontrar lo que estaba buscando en su bolso, y al final tuvo que pedirle a su esposo que le recomendara un sitio donde pudiera llevar sus lentes a reparar. Él ofreció a Eva un pañuelo facial y, después de indicarle a qué óptica fuera, agregó: ‘¿Por qué no te vas de compras y nos vemos en el restaurante dentro de un par de horas y nos tomamos un café y platicamos?

Cruzó la calle y entró al centro comercial. Buscó el local número treinta, como le aconsejara su marido y de repente se topó con la óptica. Antes de entrar se detuvo frente a la puerta para sacar otro pañuelo y esperar que la tos cediera un poco y así poder explicarle al dependiente los arreglos que requerían sus lentes. Decidió sentarse en una banca. La tos la había debilitado. Sacó de su bolso los lentes y miró a través de los cristales. Estaban muy sucios. Los impregnó con su aliento y los frotó con uno de los extremos de su falda larga. Volvió a recorrer los anuncios luminosos que se desplegaban frente a ella igual que en un espectáculo y tuvo que detener el recorrido de sus brazos y con ellos el de la mirada que se quedó fija en la figura parpadeante de una bailarina. Leyó con temor: ‘Boutique Isadora Duncan’ Entró sin reflexionar. La tos había desaparecido por completo. A las nueve en punto la dueña de la boutique cerró desde adentro la puerta del establecimiento. Eva continuaba probándose unas mallas rosas y un leotardo negro con un gran escote en la espalda. La dependienta le hizo la nota y ella salió del centro comercial. Desde la banqueta, a través de los cristales de sus lentes rotos, pudo ver su auto estacionado y el edificio en el que nada más el cuarto piso estaba encendido. Se retiró los lentes de su rostro y los palpó por última vez. Buscó un bote de basura y los arrojó dentro de él. Aprisionó el pesado paquete de sus compras y comenzó a caminar por las calles con la misma levedad, que desde aquella escena del velero en alta mar, se había adueñado de ella para siempre.

Ahora lo único que deseaba recordar era la conversación, que hasta hace unos minutos, había sostenido con la dependienta de la boutique: “Mi esposo fue quien me envió aquí se lo prometo ya sé que es increíble así que entérese de que todavía hay hombres comprensivos aunque pensándolo bien no sé si debo decírselo señorita claro ya entiendo que usted igual que la mayoría de las mujeres no transmitirá a nadie lo que yo le diga en fin fíjese le voy a dar unos consejos nunca trate de averiguar nada acerca de lo que su esposo haga o deje de hacer fuera de su casa le aseguro que todo lo que usted se imagine será mentira créame le digo esto por experiencia más vale no ver no oler ni oír sí no importa que le crean sorda ciega muda asmática que eso no intervenga en sus sueños en sus ilusiones por ejemplo mire nada más que linda tiene decorada su tienda de seguro es de importación la tela de sus cortinas ¿verdad? y el sofá ¡Crepé francés! ya decía yo ¡ah qué barbaridad han cerrado la óptica! pero si pasa de las nueve ¡ah eso ya no importa! mis lentes pueden esperar qué tonta me estoy contradiciendo por supuesto que ya no me interesa el que hayan cerrado la óptica porque desde esta tarde viera nada más señorita cómo ha mejorado mi visión estoy segura que nunca volveré a necesitar esos feos y antiestéticos anteojos ¿usted también sufre depresiones frecuentes? le voy a dar la mejor medicina que existe para combatirla en serio salga de compras aunque en apariencia no le haga falta nada usted siempre encontrará algo novedoso y bello y esos objetos la harán olvidar olvidar sí olvidar esa sensación agonizante que nos impide ver la realidad porque en verdad somos inmortales ahora comprendo ¿verdad que luzco encantadora con este leotardo? También me lo voy a llevar y este otro y estas mallas y esta balerina y las zapatillas rosas y las negras...”


* Del libro Sin mí me muero. Consejo Estatal de la Cultura y las Artes, Guadalajara, Jalisco. México. 1993


CRISTINA GUTIERREZ RICHAUD (Guadalajara, 1956) es autora de las novelas Doña Juana Tenorio y Mujer de cabellos cortos y buenas piernas; el libro de cuentos Sin mí me muero; los libros de ensayo Elías Nandino o la nostalgia del origen, Las fronteras del erotismo y otros ensayos; la obra de teatro Linaje de barro; los libros de poesía Sólo basta cerrar las piernas para ser sirena, De ángeles y cegueras, Canonicemos a las ciegas y Las sombras que reflejé mañana. Es ganadora de premios nacionales en teatro y poesía. Fue galardonada con el premio OCA por su trayectoria literaria. Textos suyos han sido traducidos al inglés, coreano, francés e italiano. Su obra continúa siendo materia de estudio en varias universidades de los Estados Unidos, Canadá y algunos países europeos. Su página Web es: www.richaudcristina.com




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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 15:35

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

MIGUEL REINOSO
Yo, señores, me hago llamar Miguel Reinoso, así algunos olviden mi nombre, otros lo confundan, y tenga que insistirles en que no soy ni me llamo Ángel. Nací en Guadalajara un 8 de abril, año en que —para bien o para mal— murió Pedro Infante, 1957. Maestro de oficio para medio comer, aunque me han dicho poeta profesorete, he logrado mantener el vicio de escribir poesía robándole tiempo al sueño y al trabajo. Egresado de la Facultad de Filosofía y Letras (cuando gloriosamente se llamaba así, no con esa nomenclatura tan american way life), soy un trashumante más de la licenciatura en Letras. Por el momento, tengo el interino título de maestrante en Literaturas del Siglo XX (aunque me suena a parroquiano de la Maestranza; en ese caso, me declaro un Mutualista). Podría escribir tengo el credo que la poesía marca sus propios signos en la boca del hombre quien, ya sea con los labios de la flor o el hocico de las bestias, experimenta la necesidad adánica de nombrar. Pero escribo poesía porque las cartas comerciales o los informes de auditoría Big Brother is watching you no van con mi carácter; o porque, a fin de cuentas, no quiero terminar escribiendo sobre fútbol como lo haría todo buen católico apostólico zapopano y guadalupano, fanático de las chivas. Así, truculento que soy, escribo poesía: Un amante de operatorios eróticos en la fabulación de la palabra. Nada de lo que he escrito se retira una letra de este dogma: Mi mano siempre ha estado aterida por la sombra del espejo: O la imagen aprehendida en la hoja, o el fugaz rostro en el espejo; eso sí, en el de la contrabarra de la Mutua.
Tengo publicado por Sextante de poesía el poemario Telubrio, premio Alí Chumacero 1998, de Tepic, Nayarit; y El hombre de los faros, primer lugar en el Premio Tijuana 2002.
Libros de poemas: Telubrio, Guadalajara, Sextante de Poesía, 2001. El hombre de los faros, Tijuana, IMAC (Instituto Municipal de Arte y Cultura), 2003


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Jue 14 Mar 2019, 15:48

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

MIGUEL REINOSO


1. INOCENTE, SOY SUBSIDARIO

"Yo no sé escribir y soy un inocente.
Nunca he sabido para qué sirve la escritura y soy un inocente."
Gastón Baquero

Soy un subsidiario.
Estoy embargado, y espero en la barra:

De alguna manera el alma no puede con las súbitas mallas de las horas, abiertas aguas
del suelo y mis ánimos.
Sin ninguna coraza que mi abrigo negro de impulsos, que mi negra barba de ruidos
que no duermen porque la ausencia anda de vacaciones,
soporto atravesar el tiempo blanco y limpio como el frío de las dentaduras,
y me declaro subsidiario tragándome la vergüenza con el único espejo que hocica mis cejas:
Mis arcos rabiosos de puro silencio.
Así, soy el único que escucha:
“Entrégame, Señor, entrégame
el vino furioso que me corresponde”.
Nada me lacera más que esta situación esdrújula del ridículo:
“me devora el silencio”, “me ahoga su ausencia”
Y ella, es aún más ridícula que yo por sus rosas de ausencia, por su despertar tan lejano
de mis manos de laurel, del poeta de palios y calles recorridas a puño cerrado.

Estoy en esta barra que me ignoro de inocente porque no sé
para qué escribo si nadie lee estas piedras de jardinero que abre faros y ventanas,
con estas manos de inocente que se gasta los dineros entre comas y guiones,
entre sombras y diéresis, entre tragos vacíos más vacíos
porque
me he visto de fariseo negro,
me he visto “Así (como) soy: maligno, borracho, pero lúcido”.
(Así me veo en palabras de Joseph Roth,
palabras más que verdaderas porque somos dos personas de honor
y nos debemos a santa Teresita de Sainte Marie des Batignolles
y a esta bebida fácil que se fuma y medita, tal cual diría mi abuelo Seferino).

Somos tan inocentes, yo y ese yo tan parecido a mí en el espejo,
que nuestros nombres están prohibidos en las comandas de esta barra tan poco mutua
(huraños, huraños han de ser con el vino de los elegidos).
De nada me sirve que escriba,
el nombre de mi cara dejó de ser el nombre propio de mi cuerpo en medio de los hombres;
sin mayor afrenta,
nomás porque he sembrado caracolas donde debí sembrar la carne viva de la mercadotecnia

Soy “el dinero que se me tiró de las manos porque no sé en que babadas me lo gasté”
Soy el niño más inocente
el all together now all together now porque me enmarca la ceja de los infelices.

Como no llevo sombrero,
dios no me nombra entre sus agraciados, entre las hagiografías que los hombres invocan
cuando plantan los árboles del buen nivel de vida.
Todo esto lo comprendo y sigo escribiendo en la arena del anonimato.
No me importan los laureles,
que nadie me lea, prefiero ser un borrado, un pez sin ojos;
cuando mucho quiero una cólera, un mal gesto en el punzón del menisco que tan duele
que ya me acostumbré.

Dicen que los niños inocentes se mueren sin saber su verdadero nombre en la boca
de los hombres
y sin ver su cara que se queda de espanto en el espejo de las contrabarras.
Todo esto lo comprendo, es el futuro: un simple escrito en la arena horizontal del tiempo.
De todo esto, inocente, no quiero tanta cantiga, a fin de cuentas nadie va a leer.

Seré mejor un subsidiario,
tengo la sangre devota que exigen el tequila y el nombre que nadie recuerda más allá
de mis barbas.
Mejor seré un subsidiario —casi sordo—,
un Bufón de dios en las bajas economías decembrinas: “Mañana sabrás todo. Mañana”.
Hoy, Manuel, invítame un tequila,
por la soledad que dejé empeñada en la barra del Calavera.
Invítame un tequila, Fausto,
hoy que somos más inocentes que la música de las caricaturas.
Invítame, Negro; invítame, Héctor:
Hoy que soy más ánima nocturna que la noche en que Papo Luca desapareció
en las últimas sílabas de aquella borrachera.
Aliviánenme, terrible y seguro,
les prometo que escribiré para que nadie me lea y no recuerde alguien más nombre
que el humor de sus tequilas.

Soy subsidiario,
sólo por hoy los dejo vivir para siempre. Mañana escribiré
para que nadie los recuerde por esta verdad de inocencia cuando pagaron mi cuenta.

(Para Manuel Verduzco, Fausto Ramírez, David “Negro” Guerrero y Héctor Caro
que me invitaron los tragos en la Mutua esa noche del 21 de diciembre de 2002)


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:11

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

MIGUEL REINOSO

2. SAVERIOS BAR
(La canción de Tijuana)

Para Francisco Morales y Elizabeth Cazessús

La canción de ayer fue así, cinco en el salón Saverios.
Todos de una edad balsámica:
En mesa Rosaritos y Casa de Jesús, Tlaquepaque y España,
Guadalajara en pleno.

Un poeta —circular y afanado— boicoteado en su propio estribillo:
Más platina su cabeza que el libro rumorado de la noche
dictaba Tibio el café/ ya me dejaron seco las palabras,
golpeaba las horas más frecuentes que las sombras y los ruidos,
alzaba las copas más guardadas para que tuviésemos una sombra más luciente,
un armario del alma abierto entre vinos tintos y tequilas.
Nos libraba ¡bah¡ a nosotros
que no entendíamos más música que el ruido de la noche;
Nos libraba
de la perra de las siete vigilias/ pariendo nuevos sarcasmos.

Vamos,
éramos el verbo encarnado en esa boca Casa de Jesús
la que llena de sueños/ busca pregunta se afana
porque la lleven al origen/ de la primera huella en el agua.
Ante el asombro de todos
ebrios con la palabra en la boca éramos más puros que el boicoteo.

En boca de Francisco
“Nos boicotearon nos boicotearon
por San Isidro zone y El hombre de los faros
no hay mayor pregón que el bálsamo del vino y los tequilas”.

Qué me importaban las trabas.
Yo bebía una estrella reposada que despeinaba sus mareos
entre mis manos,
entre la fonología de verbos y ser retórico
con los dientes con la boca con los dientes.

Ante el asombro de todos
ebrios con la confesión en la boca nos supimos solos en nuestras calles.
Yo que jamás había mirado hacia la frontera
hoy tengo aunque sea una puerta abierta para el regreso.

Así era Tijuana ayer:
un blues de capa negra
un sombrero laureado de Rosarito
un tequila en la espiga de la noche.
Así fue la noche ayer
Ésa que vi
con falsos silogismos de colores
una desnuda espalda, rosa y esdrújula en el cuadro ostentado en el lobby del hotel
una noche terrosa que se dormía casi doncella de tan ebria
una poeta que también busca peces aun de sombras abisales

Éramos cinco más prodigiosos que rumores de florida:
“Nos boicotearon nos boicotearon
por San Ysidro zone y El hombre de los faros
no hubo mayor pregón que el bálsamo del vino y los tequilas”.
Qué noche de hojas turbas qué media luna de cántiga balsámica.

A esta hora
sólo me queda la noche abierta hacia fuera,
allá afuera
ante el océano datílico,
ante la noche tijuanense que ya no me pertenece.

Así fue anoche la canción yo en torno pero afuera por ser tan extranjero.
Me quedo con la promesa de una tarde por las calles terrosas de un humor trasnochado.
Mientras apago la luz de este cuarto de hotel
para que sea más mi cuarto en el cuerpo de mi casa.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:19

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

MIGUEL REINOSO

3. LA NOCHE EN QUE PAPO LUCA DESAPARECIÓ

La noche en que Papo Luca desapareció
Traíamos una fuerte línea de fervor en la cuarta costilla de la borrachera
Éramos una merma hilos de un solo padre y humo de alcoholes mayores
Nobles en la ropa y la voz forasteros en la bachata
impulsábamos desenfrenos en lugares ajenos
Así como el trueno en estruendos es reflejo de entusiasmos
Éramos voz en canto cuerpo en ritmo tren en bien de ventura
y sabor de pan en la boca del enigma

Era lícito esa noche que tú el de tremolante penacho
calentaras tu brazo de extranjero tu voz ronca de caña y ron
que nos mintieras siempre con tu verdad con esa boca bemba de títere caribeño
que nos hablaras de la libertad de Melisandra ofrecida por el famoso don Gaiferos
que nos hablaras de las cosas pasadas que dicen mucho más que las futuras
haciéndonos creer que tienes el diablo en el hueso
estilo en la risa eriza de tu cabellera
Era lícito pues
que nos pusieras al niño en los ojos el pan de azúcar en la piedra de salación

Esa noche que andábamos de cabreros con un mosto de hastío y luna
Éramos tres personas dos dos veces y juntas siempre se nos ha dado la aguja de los celos
Tres de la mañana y tú —Bufón de dios futuro fantasma—
Lo sabías
con tu cuerpo de guante afirmando
con tu corazón de trapo negando
“Mañana sabrás todo mañana...” [palabra de Gastón Baquero]
Y sí
tres de la mañana y disminuidos
éramos un ropa burlesca de hombres
rueda y campana que escuchan una voz extranjera de titerero
Todos teníamos
la edad de esa hora en que se inventan las verdades precisas
las uñas que desdeñan la almohada huraña de las formalidades
A esa hora
todos teníamos el nombre de lo que bebíamos
Mustio Cristalino Vodka Preclaro Ronco Ron
Blanco Telúrico Tequila
Nadie se negaría a morir
cualquiera se hubiera dejado sembrar una piedra como obelisco
o levantar herejías como una barbacana de velas y afirmaciones

Total
teníamos tanto desdén en la uña de los dientes
que se deseaba donde se sueña lo que se sueña

Y como Héctor
—ese Bufón de dios y voz de caro fratello mio—
hablábamos más que seis y bebíamos más que doce
todo a costa de la lengua y de ese mono bembón
de entinto flus caché de dandy escaso de harina
por no venderse tan caro
por este mono —títere de dios— que habla
como un pitillo de diablo fajando

Pero alguien —si de tela es alguien—
Ya iba experimentando la ausencia de una voz
Movimiento de una mano en el corazón de trapo

Como un dios que se descuida en otras tareas y nos posterga
Así nos dejó este títere del diablo con los hilos sueltos del entusiasmo
Y ahí nos vimos
rascándole costras al tarro estruendoso de noche y estaño
con voz de jaleo
con ropas de bacha y covacha de caudillos prestada
Ayer maese Héctor fuiste señor de San Pedro
y hoy no tienes una almena que puedas decir tuya
ya nada puedes salvar contra quien tiene lo ajeno contra lo ajeno
Con tu pérdida
todos hemos perdido una mentira en los ojos —pétalos de verdad en voz del inocente—
Mas no dudes pastor de huestes juguete rabioso
[que por tu gracia atraerás a los hombres nobles como anillos cerca de tu hirsuta
[cabellera

“Pero recuerda —aunque a mi puerta toques abriéndome la mona—
Mañana sabrás todo... Inocente vuélvete a dormir” [palabra de Gastón Baquero]
Después de esa noche de alcohol y estaño en que Papo Luca desapareció

(Para Héctor Caro
—teatrero y titiritero—
que en menesteres de peda
le robaron a Papo)


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:25

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

MIGUEL REINOSO

4. EXTRACCIONES DE DURA PIEDRA DE LUNA

Maestro, usted que lo cura,
estoy enfermo del antiguo mal de luna.
Opéreme en seguida;
mi nombre es Albert Das.

Alguna luz mala,
alojada en los ojos,
sembró el grano que hiere la palabra
y, por mi voz, me ha vuelto un extranjero.
En el cráneo escucho la cal de las estrellas
calcificándose duras como biliares del sueño.

Por esta luz de mal de luna,
me he alimentado con el albar de almendras
quebradas hasta extraerles el nevado mármol,
más fino que la farina nefasta de las estrellas
o más limpia que la creta carne de las langostas;
me he alimentado de esta carne láctea
y, como un San Juan incoherente en las arenas,
mi palabra se ha convertido en un almendro
sólo penetrable a golpes con la testa de la incomprensión.
¿Cree usted que la nieve, concentrada en el grano óseo,
escrutará, entre las graderías del sueño,
la perla visionaria de la vigilia
y nos resuelva esta nostalgia por las ceibas,
este mal de luna
que sólo se enfiebra en las almas de pálidas arenas?

He llegado hasta su sombra,
hasta la resolana de su luz.
Usted tiene el embudo en la cabeza,
el bisturí en la mano
y la nieve anestésica de la vigilia:
Maestro, opéreme en seguida
de este duro mal de luna;
mi nombre es Albert Das.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:32

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

MIGUEL REINOSO

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

5. LAS COMISURAS DE LA VOZ


Los primeros alimentos, leches

vastas en las comisuras de la voz.

Lo que entró por los ojos

—pan ebrio, carne del idioma, grasas

que sólo algunos consumen—

entró en verdad por la boca

oceánica del verso, circular

continente que se mueve

en su propio juego de espejos.

Ni la palabra astro, ni la voz del trigo

darán el verso del festín,

—cena de los inicios—

sino llevan la fruta ya dada,

porque el pan sólo es nuestro

si lo damos. Por la boca

entran los alimentos del verso




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Mensaje por Lluvia Abril el Vie 15 Mar 2019, 01:33

MÉXICO


Blanca Luz Pulido Varela


MURO

El muro del jardín rodea la casa:
en sus grietas y pliegues entreveo
un mundo de pasos que no alteran
el hábito seguro de sus vidas
por mi contemplación ociosav

Patas alas zumbidos y chasquidos
me cercan, mundo animal que habita el muro
como yo la casa:
desconocidos
nos acompañamos

(2002)


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Mensaje por Lluvia Abril el Vie 15 Mar 2019, 01:34

MÉXICO

Blanca Luz Pulido Varela



PÁJAROS


Despierto en un país de invisibles pájaros
que tejen un baile entre las ramas
de los árboles vecinos.

Sus voces dan alas a mis horas,
mas sólo encuentro, espiando entre las ramas,
fragmentos dispersos, grietas, huellas
del mundo paralelo en que otras leyes
gobiernan su materia.

En medio de la altura
prendo estas líneas a sus ojos
para que me alcen de la tierra.



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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:34

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

MIGUEL REINOSO

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

6. AJORCAS


I

Voz esta ajorca,

perla de silencios

que en luz te nombra:

Rescatar reflejos de este día

en la perla gris de la poesía.

II

Tarde de lluvia,

la memoria conforma

sus espirales:

Sólo quien ve más allá de la lluvia

sabe del tacto de tu voz en la sombra.


III

Llueve esta noche,

me devela sus vías,

su viejo enigma:

La lluvia siempre pasa en otro tiempo

donde la ausencia es cuerpo de tu nombre.




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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:37

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

MIGUEL REINOSO

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

6. AJORCAS

IV

Sólo murmullos,

voz de lluvia en la noche

dice tu nombre:

Es mar, de nieve las pasiones,

llama blanca esta voz que te evoca.

V

Vaso ceñido,

amatista de voces,

brisa del verso:

Boca estricta de la noche

que espera el agua de tu nombre.

VI

Tiempo vano,

azogue sin sentido,

árida arena:

Sobre la ruina de arenas categóricas,

venzo al eco cuando nombro tu silencio.

VII

Fósforo del azar,

incendio de palabras

en las puertas del beso:

Otra hoja era el silencio,

sombra en luz de tu nombre.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:39

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

MIGUEL REINOSO

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA

6. AJORCAS

VIII

Si digo tu nombre,

copa vocal que ciñe

el agua de tu estirpe,

rompería corales,

espirales formas de insinuarte.

IX

Llenas mi voz

de alientos, sol y ríos...,

tu piel de luna:

¿Qué ruta encuentro entre alas

que el mar del sur te nombra?

X

Espeto almendras:

Voz, amatista y jade...,

cuerpos del nombre.

Ásaros del rosario

que velo sin nombrarte.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:42

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

MIGUEL REINOSO

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7. ASTILLAS ALTERNAS


Uña inclinada,

luna que en un chasquido

es voz en llama.

A lo largo de la avenida,

árboles de lámpara blanca.

Esta mañana,

fuego breve de un nombre:

Mar de luna.

Fraternidad de oscuras frondas

velan la misma uña de luz.

Cuerpo del nombre

y súbita escritura:

Firma entre ramas.

Hoja encendida al blanco vivo:

Mi voz es sombra y aceite.


Si

te

nombras

diente de luz,

espiga de luna

o ceniza del pan;

con estas mínimas astillas

me estás nombrando también.





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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:44

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8. VOZ LA VOZ


Oigo mi voz aquí desnuda Ella se nombra se yergue

Soy paso fugaz y sombra emblema de luna y espiga

Mientras yo voy con signos anticipados

en la calle

resuenan los pasos lo que está por venir

En el cristal del agua voz de naipe y de vísceras

no es mía esta voz líneas caligrafías del enigma

piedras del saber

no es mío este rostro

que me mira: lo que siembre lo que diga

no lo ha dicho

el caracol de boca alguna

El instante es pregunta lectura de monedas y caligrafías

La memoria niebla boca abierta

es cera que no llora sus espinas

respuesta al incendio de platas y manzanas

Poemas como olas o

frágiles hojas

en mis manos de hombre

Avanzamos

hacia la forma que nos complementa

palabra que no hemos dicho ni diremos:

Alzo mi mano para asir la suya

y sólo toco el espejo:

Poema que al decirlo

siempre cambia

y en cada boca

recomienza.





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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:46

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9. OTRO ROSTRO LA VOZ



Tengo la mirada abierta

luna entregada al azar de unas monedas

Estoy en otro espacio —barandas del tiempo—

Ella en lo suyo —torre de harina y luna—

—claustro y mármol del silencio—

a otro hombre mira en mi rostro

En el instante se impone

sola en la rutina de la hora

—hilandera de mantos y costumbres—;

ella sólo es por sus ojos que aman

La otra —su doble la sangre ajena—

tímidamente entre espejos

—oculta como voz interna

suave aceite de noche y sus consejos—

es aún más real —piedra viva

ofrecida en las fraguas de la mano

de quien orfebre inserta ojarcas

Más viva pues ama alternadamente

la flor de mis vértigos

en el agua espejo de mi soledad


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:48

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10. LA BOCA DEL AGUA


Se llueve de noche

sobre cristales que miro espejadas figuras

de mi rostro ajeno y cierto

sombras de nombres negadas por el agua

afuera como hijos en las zarzas de la lluvia

como elementos

venidos a menos en las categóricas zarzas

de la lluvia

Nada nos decimos como espinos en los ojos

zarza del agua se llora sobre vidrios

sigue la pregunta sobre el pan de nuestro cuerpo

La uña en vela

de nuestra desvelo


Nada pasa

ni agua es

en los cristales

ni grito de vidrio

en la boca del agua.



.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:52

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11. TRES ELEGÍAS A EUGENIA


È

I

Transito todas las humaredas del día, siempre aspirando llegar a un oriente distinto.

Ya he vadeado todos los bordes de la quietud –desde las sombras del alcohol

hasta el terrible fruto de meditarla por las avenidas de Juárez y Alcalde–;

ya habité todas los manados de la sombra y lo balsámico de los cedrones pretéritos

de mi anhelo que por tu nombre, Eugenia, tan siempre bien nacida,

he respirado;

ya habité los maderos que sustentan el equilibrio; arriba y abajo anda innumerable

el crepúsculo de mi alma, arriba y abajo

sobreviniendo se ha aguardado: De este mismo modo se quiebra la luna y su verano

herida hacia los causeos de mi letra tremenda,

donde errabunda y a medianoche es manto en palio suyo en usanza recogerse,

a la sombra de la palabra,

pero el almanaque de los destinos –así, tan humilde yerba de los días– ya no es

un idioma por el caldo y sangre de frutas de cada lunes,

ya no es un deleite la yerbita de tu nombre entre los dientes,

cruza insomne la hora de la luna –la moneda que tanto canté–, y el azogue

que nos refleja le sobrevive a zancadas, incoherente es ya

el mundo de mi cuarto sin el andar y sin el desnudo del mundo tan tuyo propio,

ay qué siglo nuevo en esta historia mínima que sorprende al día de hora en hora todo,

y en vano baña sus entrañas en la salsa dolorosa de mi sangre y en el instinto seminal

de saberme tan mío entre las manos:

La verdad, soy más amargo que la salmuera que conserva el lloro de los ridículos,

hombre forzado que soy, la soledad es más grande que el nombre de la espada

y la sangre hermanadas por la letra de la fábula.

Y como en balde se combate contra el tiempo, la tierra ha tendido las yerbas

soberbias de caminar a media sombra la vía de buscar la noche

como una plasta curativa,

y ninguno de los zafiros ha logrado llenar la estrella líquida de los huesos;

igual la última luna del verano, parece –ah, hipócrita lector, hermano mío– la sombra

que me lame,

y nadie, explícame, ¿por qué nadie puede rescatarme de la sangre triste de este hábito

de pensarte?


Última edición por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:55, editado 1 vez


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:54

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

MIGUEL REINOSO

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA



11. TRES ELEGÍAS A EUGENIA


È

II

¿Adónde se ha ido la inocencia? Le pregunto al espejo, al humo de este

departamento de Manuel Acuña 277, Zona Centro.

¿Qué tan necesario es preguntar por la sombra, por el perfil de la inocencia?

(Sí, yo también pregunto ¿qué fue del aprendiz de mago?)

Para comenzar todo proceso que incida con el espejo se requiere de una herida

y de algunas triquiñuelas del espanto:

La sombra misma —hermanita de este domingo nublado y resaca—

pregunta por mi paradero, por mis demonios de nacimiento navideño

que impiden el arribo de las naves.

La inocencia estuvo aquí, en algún gajo de fragancia, quizás en la boca abierta

de alguna de mis guitarras cuando acompasaban la tarde;

o en la orilla —pero muy en la orilla— del aroma a tequila que le extraje a la noche

mientras Alejandro me contaba sobre sus fantasmas muertos

(así también se suele beber, invitando al fantasma de los nombres).

La inocencia estuvo aquí, y gritó por ti, Eugenia, por el zafiro, por el anillo imposible

que salvaría los reinos que pertenecen más al azogue que a nuestros dedos:

Estuvo aquí, y preguntó por el amor (sí, lo sé, el amor no existe);

preguntó por la imagen cruel que somos mientras en nuestros cuerpos somos:

El amor es un espectro, una palabrita bien hecha en la boca, un producto

netamente ético (si así lo quieres);

pero también un caballo lleno de ruidos vespertinos que exige le develemos

sus secretos.

Si hablaras, te preguntaría:

¿Sabes tú dónde están los labios cuando miras lo que yo no miro? ...Qué valor

tienen las cosas cuando faltan tus ojos.

No me preguntes, Eugenia, qué hice con mi sombra, ni Dios (mucho menos Dios)

me podría recuperar lo de ayer:

Tantas visitas inútiles, cuántos vidrios inusitados.

Quizás sólo jugando con muñecas y toreros (yo, que fui aprendiz de mago),

o bebiendo el tequila que me corresponde por consuelo podría aceptar el proceso:

Sólo cuando tenga una hoja amarga en la mano podré decir finalmente

que he vivido lo soñado.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez el Vie 15 Mar 2019, 01:57

POESÍA SOCIAL EN MÉXICO

MIGUEL REINOSO

FUERA DE LA ANTOLOGÍA DE POESÍA JALISCIENSE CONTEMPORÁNEA



11. TRES ELEGÍAS A EUGENIA


È

III

Cierto, hija que todo lo ve, madre que me borda el lirio en los labios, sé que es piedra

inútil bajar las manos del pecho, levantar escudos

cuando me retienen al hombre con una guitarra tremenda y ópalos entre los dedos,

vencido, desencantado por algunas canciones de barrio, por el sexo

que se lleva en el triste espectáculo de sabanas prematuras:

Contra ti de nada sirve limpiar la sangre con yerbas o alcoholes tocando la tierra

o golpeando ansiosamente la oreja calendárica de los días

cuando la tutela de la tinta ha hecho vendimia con las arterias de la noche:

Nada hay de sereno en las seis lenguas paralelas de la guitarra,

nada que no sean los largos huesos, los ácidos frutos del cansancio

grafiteando zarzas y cardos en las estrellas niñas de tus manos.

He permanecido esta tarde en sitio y, c’est moi en moi, se me han vuelto nubiosa

la guitarra y los dedos azules adormeciéndose por las palomas blancas de tu pecho,

y madera apretada en su hacer de cosas y bronces dialoga con el otro, con la voz

de mujer que me transforma en mar el vientre oscuro de mis calles en borrachera.

Nadie cree, incluso tú no me crees, que la dicha es en sí misma

cuando toco con las notas azules de mis dedos las seis cuerdas de tu piel de muchacha

depositándome la luna como la boca sonora de esta guitarra.

Y la toco porque te pienso, Eugenia, y la hora se transforma, y entonces ya no existes,

pues no hay otra manera de existir que no sea con esta guitarra alcoholizada

que sólo es en sí misma afinada acordándote entre acordes y bronces.

Te viví, si debe ser así, no como quise sino como pude, conversándote entre las vías

accesibles de las cuerdas.

Así sea, duérmete en el almendro de tu sexo y olvídate humedecida por mis cobres.

Pero que una serenata casi te despierte en el pecho y germine para no fallar

en lo que ya te es posible y costumbre,

que pueda ser el hombre y no falte a mis labores de nombrarte

con esta tinta ebria de ti,

todo será posible mientras siga tocando con esta guitarra de maples y tristezas.

¿Acaso no lo sabes, sombra mía, pan de mi casa?

En el interior de estas maderas tu sueño es inalterable, suenan los bronces y nada pasa

que no sea la vida de tus labios,

la música que de mis manos se fronda, se llueve como si te viera…, y eres ausente,

pan sereno, pero agua dormida en tus ojos.

¿Acaso estoy solo? ¿Puente único que te respeta porque callas en las lentas calles

del sueño donde la estatua sabe del nocturno cansancio de manzana y piedra?

Algo vivo debe salir desde los dedos cuando pulso esta madera casi de mi cuerpo,

las cuerdas se resumen y la música escoge el camino femenino de esta guitarra:

Todo se ordena y sorprende, aunque las horas sean como son:

Mientras dormían tus ojos la sábana de la ausencia, tocando he adivinado

el sueño del árbol:

Antes que las vetas fueran, y que los anillos, líneas de expresión,

unas palomas ya se abrían en vuelo sostenido por tu serenata.




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