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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie Ago 31, 2018 11:50 pm

    MÉXICO

    JOSÉ CARLOS BECERRA

    OTROS POEMAS

    24) MOVIMIENTOS PARA FIJAR EL ESCENARIO

    VII

    No es esa luz que sube lo que abajo extrema la sombra,
    no es esa luz como un escarceo inmóvil, como una filtración que escurre hacia arriba,
    no vaticina, no adelanta, no tiene un pie aquí y otro
    en el tiempo que le falta.

    A través de esa luz que muy bien puede no estar encendida, la sombra da de sí hasta colmarlo todo,
    a través de esa luz desconocida hay un rayo de sombra que sin tocar rechaza.

    Romper la cerradura de ese tiempo donde luz y sombra no representan ni se excluyen,
    es abrir una puerta que no es repetición ni espacio faltante.

    Es sólo una mirada ante su espejo
    un rostro que aparece porque puede empañar, borrar con vida todo aquello que no tiene raíz dentro del espejo.
    Es sólo el sombrero de copa de un mago, que nos saluda desde el escenario.
    Entonces esa sombra tiene su propia luz y como sombra tiene que iluminar,
    entonces alguien enumera todo lo reunido, esperando soñarlo algún día.


    Enero-diciembre. 1967


    _________________
    "No hay abrazos que paren los cañones
    Ni cañones que maten la esperanza." 
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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie Ago 31, 2018 11:54 pm

    MÉXICO

    JOSÉ CARLOS BECERRA

    OTROS POEMAS

    25) POR EL TIEMPO PASAS...

    Por el tiempo pasas, lo cruzas, sales de él,
    rozas la superficie de la muerte
    y distraída sigues hacia donde no sé si sigues.

    Eres tú la que cruzas el tiempo,
    la que aparta a la muerte como si se tratara de una cortina,
    la que se destapa el espejo como si se tratara de una lata de cerveza que luego te bebes y la arrojas vacía sobre el asfalto.



    _________________
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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie Ago 31, 2018 11:57 pm

    MÉXICO

    JOSÉ CARLOS BECERRA

    OTROS POEMAS

    26) RELACIÓN DE LOS HECHOS



    Esta vez volvíamos de noche,
    los horarios del mar habían guardado sus pájaros y sus anuncios de vidrio,
    las estaciones cerradas por día libre o día de silencio,
    los colores que aún pudimos llamar humanos oficiaban en el amanecer
    como banderas borrosas.

    Esta vez el barco navegaba en silencio,
    las espumas parecían orillar a un corazón desgarrado por los hábitos de la noche.
    Algo teníamos en el tumbo lejano de las olas,
    en la vaga mención de la tierra que en la forma de un ave el cielo retuvo
    un momento en la tarde contra su pecho,
    algo teníamos en el empuje ahora sosegado, fresco y oscuro de las mareas.

    Más allá del mensaje radiado por los cabellos de los ahogados,
    de la bajamar que deja grises los labios como el dolor inexperto,
    de las maderas podridas y la sal constituida por el crimen de las aglomeraciones solitarias,
    del pecho marcado por el hierro del silencio; más allá,
    el chillido del pájaro marino que demuele la tarde con un picotazo en el poniente,
    la mujer que atraviesa la noche con una inscripción azul en los ojos,
    el hombre que juega distraído con el amanecer como con un cuchillo filoso y deslumbrante.

    Sólo el rumor de la brisa entre las cuerdas,
    la respiración apaciguada de los dormidos como si no descansaran sobre el mar,
    sino a la sombra del hogar terrestre.
    Sólo el rumor de la brisa entre las cuerdas,
    el ritmo latente del otoño que se acerca a la tierra para enumerarla.

    Así nos tendíamos en el túnel secreto del amanecer,
    alcobas que nos asumían fuera de horarios,
    hoteles señalados para dormir bajo el ala del invierno,
    en el recuerdo contradictorio que se establece en nuestro corazón como un depósito de estatuas.

    Sólo hablábamos debajo de la sal,
    en las últimas consideraciones de la estación lluviosa, en la espesa humedad de la madera.
    Sólo hablábamos en la boca de la noche,
    allí escuchábamos los nombres que las aguas deshacían olvidando.
    Mi camisa estaba llena de huellas oscuras y diurnas,
    y la Palabra, la misma, devorando mi boca,
    comiendo como un animal hambriento en el corazón de aquel que la padece y la dice.

    Yo miraba igual que los ríos,
    verificaba las rotas murallas, los andrajos humanos que la eternidad retiraba de la muerte
    igual que retiran el vendaje de la herida curada.
    Yo descubría pasos en el amanecer
    y me cegaba aquel silencio que como mano oscura
    parecía cubrir la vida de todo lo dormido.

    También el mar volvía, volvía el amanecer con su cabeza incendiada.
    Y yo reconocía en el olor de la brisa la cercanía de las estaciones,
    el lenguaje que despierta en la boca de los dormidos
    como un enjambre de insectos húmedos y brillantes.

    Y tú también volvías, volvías de alguna forma de mirar, de algún desenlace;
    vana donde tu cuerpo carecía de espacio, en tu propio centro de navegación,
    en ese espacio que tu tristeza concedía al rumor de las aguas.
    Incorporabas tus ojos al desenlace nocturno,
    meditabas tu sangre en todos los espejos penetrados por el animal de la niebla.

    Y eras tú, de pie en tus ojos, como aquella que alimenta su desnudo con viento,
    tú como la inminencia del amanecer que rodea con un corazón amarillo a los labios.
    Tú escuchando tu nombre en mi voz como si un pájaro escapado de tus hombros
    se sacudiera las plumas en mi garganta;
    desenvuelta y solitaria, con entrecerrada melancolía, mirándome.

    Y éramos los dos asiduos a las lluvias que desentierran en
    esa pregunta que pesa tanto en los labios, el otoño al abismo,
    que cae al fondo de nuestra voz sin remedio
    o se agazapa en un rincón oscuro como un perro asustado
    al que es inútil llamar dulcemente.

    Y sin embargo, allí estábamos,
    allí estábamos cuando las manos se enlazan y rozan al corazón soñoliento
    como una suave advertencia,
    en esa búsqueda, cuando el presentimiento de los cuerpos son los labios.

    Cuerpo de viaje cuya mejor señal es una cicatriz de nube,
    tú también habías escuchado en quién sabe qué momento del sosiego nocturno,
    ese rumor de tela que va enlazando al océano cuando amanece,
    esa primera tibieza destinada sólo para los cuerpos enlazados.

    El primer rayo de sol ya ponía su adelfa en el agua,
    y un roce de astros, de manos más pálidas que el esfuerzo de atardecer,
    aún tocó el horizonte que el mar retiraba.

    Esta vez volvíamos,
    el amanecer te daba en la cara como la expresión más viva de ti misma,
    tus cabellos llevaban la brisa,
    el puerto era una flor cortada en nuestras manos.
    Poema siguiente



    _________________
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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb Sep 01, 2018 12:01 am

    MÉXICO

    JOSÉ CARLOS BECERRA

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    27) APARICIONES

    Sometimes these cogitations still amaze
    The troubled midnight and the noon’s repose.
    T.S. Elliot


    Aquel árbol, al atardecer,
    el aleteo apresurado de un pájaro, el crujido de una rama, la luz sobre la yerba como una obsesión sagrada,
    la penumbra de un cuarto, la ventana entreabierta,
    sobre la mesa un rayo del poniente como la mano de una niña inmóvil,
    nuestras voces y nuestros rumores como saliendo de un pozo profundo o de un gran ademán de la muerte.

    Todo aquello respiraba en nosotros,
    todo aquello ponía su peso en nuestro corazón, su luminosa y quieta avalancha,
    su pesada gota de vida humedeciendo ciertas entradas del alma,
    ciertas cavidades donde el deseo y el recuerdo comparten sus talleres.
    Todo aquello ponía por un momento su otra parte en nosotros;
    la blancura de tu cuerpo parecía un hermoso deshielo, un río atormentado por sus inclinaciones al mar,
    la luz del sol posada en lo que sentíamos al otro lado del beso;
    y todo aquello nos pertenecía de la misma manera que nos alejaba,
    de la misma manera que el tiempo introducía en nosotros aquello que éramos,
    mientras el atardecer se iba volviendo hermoso y antiguo
    como la nave mayor de un gran templo.

    ¿De quién son ahora estas palabras?
    ¿Qué movimiento realizan en la conclusión de mis actos?
    ¿Qué apariciones y qué ausencias las hacen posibles?
    ¿Quién las está escuchando? ¿Quién las dirá de nuevo?
    He aquí la vocación de recordarlo,
    he aquí el instante en que es necesario que el sueño se saque de su interior sus vestiduras,
    con un movimiento de prestidigitación;
    es necesaria esta invocación, este derrame de aguas y signos y transcripciones nocturnas:
    tus ojos eran más bellos que las grutas donde el mar es, al fin, la oscuridad de lo azul,
    todo tu cuerpo me convencía de esas aguas donde la profundidad desequilibra toda actitud de vida sin compartirla con el abismo,
    y las espumas de esas olas se detenían y se quedaban inmóviles en tu cintura y en tu cuello, en el temblor de tus senos,
    como esperando playas más allá de sí mismas,
    y esas espumas organizaban el mar en tu cuerpo
    y yo sentía la forma disuelta de tus cabellos sobre tus hombros,
    tus cabellos que parecían caer de entre las manos del poniente,
    y en tanta luz era la oscuridad la que guiaba mis pasos.

    Oh imágenes, descubrimientos reservados a la pasión:
    entonces la volcadura, el cuerpo donde comienza la exploración del mundo,
    la invención de los mares donde el viaje sostiene los antiguos caminos de los hombres,
    aguas donde los navegantes abandonan la brújula y el portulano
    y la orientación, a partir de entonces,
    será confiada a lo que diga el viento.

    Oh imágenes, mediaciones entre el hombre y su sueño;
    una tarde, el campo, los cerros esbozados por una luz última que casi los hacía de nuevo,
    el crepúsculo sobre las pequeñas casas, las mujeres sentadas a sus puertas,
    los niños jugando, los pirules pasándose la brisa los unos a los otros;
    lo recuerdo muy bien, lo establezco, lo invento dentro de mi,
    me cercioro de estas ausencias, me hundo en esas ausencias, en el ritmo que el anochecer iba cediéndole al campo.

    Ahora lo busco en mi imaginación;
    la casa en el valle, el olor del jardín,
    el sabor un tanto amargo de aquellas yerbas que distraídamente mordíamos mientras hablábamos,
    la penumbra del cuarto, el rumor de tus pies descalzos por el piso de barro,
    los gritos de los niños allá afuera, la alta ventana por donde mirábamos desde la cama
    el vuelo de aquel pájaro donde la tarde cubría sus últimos tramos.

    Dame ahora otros instrumentos para llamarte,
    la posesión de un lenguaje donde pueda escucharse el ruido de puertas y ventanas
    golpeadas por el viento que corre por estas imágenes, por estos sitios de representaciones equívocas.
    Dame ahora otras palabras para reconocerte, dame ahora otros signos para destruirte;
    que la imagen proceda a la deformación de aquella belleza para encontrar su propia belleza;
    la belleza irrescatable a la sobra imposible de nuestros actos
    (todavía contemplo —no sé si recuerdo— tu vestido verde caído en mitad del cuarto).

    Todo es vano, por lo menos ahora en que tú, detenida al borde de otros acontecimientos,
    tal vez también vacilas ante el rápido vuelo, ante el breve aleteo de ciertas imágenes.
    Oh tardes de entonces, reflejos que se deslizaban por el descubrimiento de una presencia,
    por el canto de una libertad que iluminaba
    sus centros de azar y exploración con juveniles umbrales.

    Oh tardes de entonces,
    enciendo estas palabras para iluminar los angostos pasillos de estas escasas descripciones,
    enciendo estas palabras para quemar las últimas hojas,
    las consecuencias de esta obstinada página en blanco.




    De: Relación de los hechos


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb Sep 01, 2018 12:06 am

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    28) RAGTIME

    A Héctor Raúl Valero


    Hablar, tal vez hablar en los devoramientos del alba, en las cenizas frías, en las constancias que no habrá de leer nadie;
    hablar en el mismo espacio de una voz que no llegó hasta estas palabras, que se perdió en el ruido de una frase como ésta;
    hablar donde respira aquello que ocultamos,
    crímenes que cometieron por nosotros los hombres de otra historia, la otra de nosotros mismos.

    No usurpa la madrugada aquel que roe su amor,
    aquel que conoce de cercas la risa de la hiena, la cama sin orillas del moribundo,
    la ratonera donde los aspirantes a reyes colocan su angustia como un pedazo de queso. He aquí mi parte en este festín de polvo,
    en esta llamarada donde me quemo los dedos al escribir dudando de lo que digo, temblando por no hundirme en el sopor de ciertas palabras que me llegan al cuello.

    He aquí mi parte, he aquí mi parte en este esfuerzo por destetarnos de la muerte,
    por bebernos el agua de otras circunstancias, de otra historia donde la ociosidad es bien intencionada.
    He aquí mi parte, ahora que la ciudad comienza a hacer hablar sus vertederos,
    en mi alma se ha echado un animal tranquilo y melancólico.

    Contadme un poco de mí: quiero aprender a hablar de ustedes.
    Cada palabra que llega a mis labios le abre la puerta a una frase cubierta de polvo,
    un mensajero que sin limpiarse de las botas el lodo del camino, entra y se sienta a mirarme;
    cada palabra que llega a mis labios me trae un oscuro mensaje
    de aquella, la Palabra desconocida y presentida, que yo sigo esperando.

    Y ahora lo que digo me lleva en sus aguas, me hace girar levemente en un pequeño remolino,
    el ritmo del azar solventa mis labios, los sonidos empequeñecen allí donde habrán de ponerse de pie,
    las apariciones atraviesan el patio en silencio.
    Pero, ¿qué clase de espuma vela sobre mi rostro?
    Pero, ¿que clase de espuma vela delicadamente mis argumentos?
    ¿Qué clase de arcilla pesa sobre mi lengua como una historia
    muerta en el umbral de su propio veredicto?

    El camino de los ríos es esta manera de mirarnos,
    de sujetarnos por un momento en los rostros, en el amor, en los nombres,
    con manos menos hondas que el océano.
    Y sin embargo, de alguna manera, todos los sabíamos;
    el mar abre sus ventanas para que los ahogados se asomen a vernos,
    y hay tantas caras que nos parecen conocidas agolpándose en los marcos,
    luchando por mirarnos, por respirar un poco hacia nosotros,
    que la invención de la noche ya no está en las manos de los dioses,
    sino en las manos unidas de los vivos y los muertos.

    Y ya nuestros fantasmas se sientan en los amplios salones del otoño a esperarnos,
    la noche iza sus velas, y en el puente de mando un extranjero
    pervierte y hace reír a nuestras madres, a nuestras esposas y a nuestras doncellas.

    La sangre huele a la sangre y el viento no pasa dos veces por el mismo árbol,
    la ciudad florece en sus luces como la herida de un niño,
    la ceniza del pantano es oro puro.

    Y el traspié de un borracho en la calle silenciosa y oscura, parte en dos la memoria del escriba;
    la mano vacila a la luz de esa sangre seca, la exclamación se disuelve en sus puntos suspensivos,
    oscurecen las cosas nombradas y allí mismo la frase rompe sus lazos con lo que solamente basta al lenguaje;
    ese traspié parte en dos la canción de la mujer que peina su alma antes de entrar al lecho solitario,
    y parte también el tiempo de la noche como el vaso que cae de la mano de algún niño asustado.

    Parte en dos la ciudad, parte en dos la frente donde el recuerdo y el acto se alternan brevemente,
    parte en dos la palabra, y así dividida se refleja en sí misma,
    parte en dos el esfuerzo de los amantes por tocarse, por alcanzarse, y en esta interrupción tal vez se encuentren.
    Parte en dos lo que estaba partido, lo que no podía tocarse porque habíamos olvidado su nombre, su devoción a sí mismo;
    parte en dos la ciudad, parte en dos el traspié de otro borracho en otra calle silenciosa y oscura,
    y un tranvía, con todas las luces encendidas, se detiene vacío junto a nosotros en la esquina,
    y con señas que bien comprendemos, el conductor nos exige que le entreguemos nuestros muertos, ya que sólo él habrá de conducirlos.

    Pero hay algo sin embargo en el lodo y en la mirada de aquel que tortura su lengua describiendo la muerte,
    hay algo sin embargo en el lodo y en la palabra de aquel que ha escuchado el portazo del vacío,
    hay algo dulce y obstinado en las oscuras manchas de sal que el amanecer deja en los rostros de los recién llegados a los puertos,
    hay algo en el alcanfor donde la ropa vieja se pudre invisiblemente,
    sin ostentaciones orgánicas, sin combates sangrientos;
    hay algo que sobrepasa al recuerdo, hay algo que llega frente a nosotros.
    No importa si las lágrimas enseñan sus dientes menudos, esa débil mordida en las mejillas es como una palmada en el alma;
    así bajamos el rostro, nos gustaría detenernos, bajamos la voz por un pozo vacío,
    y hay un parpadeo de ciudades, un movimiento de vísceras en la energía de aquellos que despiertan sin descifrar sus sueños.

    La noche va arrojando sus coronas al mar,
    y la ciudad, apoyada en sus muros, sentada en el polvo,
    le dictará al escriba y el traspié de un borracho en una calle silenciosa y oscura
    partirá en dos su frase.

    Ahora escuchen el paso de las ratas por las leyes,
    escuchen el paso de las ratas por los estantes de libros, por las firmas de los gobernantes,
    y escuchen también el viaje de los dormidos por sus aguas perdidas.

    Mañana diré la palabra que amanece al día siguiente
    flotando en los estanques.
    Mañana diré la palabra que lucha
    en el festín de los animales de invierno.



    De: Relación de los hechos



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb Sep 01, 2018 12:09 am

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    JOSÉ CARLOS BECERRA

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    29) RÍTMO DE VIAJE

    Este cuerpo que yo acaricio lentamente extendiendo la noche,
    este cuerpo donde yo he penetrado en mi propia distancia,
    en mi sofocamiento de sombra.

    Este vientre donde el amor abarca a la noche,
    estos senos donde la luz altera los signos,
    este cuerpo al que ahora me entrelazo, este cuerpo al que ahora me solicito.

    Este cuerpo conmigo se traspone, se vence,
    se lleva consigo a la noche y sus altares,
    sus caminos ardiendo por su propia señal,
    su oleaje, sus costas encendidas...

    Esta mujer donde la noche descifra sus juegos ocultos,
    este amor al que no debemos llamar amor sino adentro de sus aguas.
    Este amor, este amor,
    este instante donde el infinito es la obra de los que se aman,
    de aquellos que llegan al estanque de cada caricia como buzos sagrados.
    Este ritmo, este ritmo de viaje,
    esta navegación entre la bruma,
    todo lleva consigo su bandera extraviada,
    su aurora boreal...


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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb Sep 01, 2018 12:11 am

    ¡Impresionante!
    Estaba leyendo "memoria", de José Carlos Becerra y así me pareció, pero sigo leyendo y
    me alegro muchísimo de que hayas traído a este poeta porque pienso que su obra, al menos lo que por aquí están paseando mis ojos no tiene desperdicio.
    Muchas gracias y besos.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb Sep 01, 2018 12:12 am

    MÉXICO

    JOSÉ CARLOS BECERRA

    OTROS POEMAS

    30) TEMBLOROSA AVANZA SIEMPRE

    Porque tú eres puente, porque tú eres el rumor de las aguas;
    ansiada buscadora de aquello que el deseo avanza,
    eres el refuerzo con que amanece,
    eres la luz del mar entregada a su propia creación,
    absorta en el eco de su belleza.

    Abandonada a tu belleza, roída por el candor,
    enternecida por el ocio de tus astros, llevada por la fuerza de tus apariencias,
    eres el rumor de hojas
    que el viento dice al oído del bosque.

    En ti están todos los sitios del recuerdo, los túneles donde la memoria se debate atrapada,
    el aleteo del crucificado y la otra cara del designio,
    la verdad oblicua del alma y la jactancia y la vacilación,
    y eres la playa donde el mar se hiere las manos
    por asirse a la tierra.

    En tu corazón un pájaro vuela hacia la noche.
    Tú te miras en el espejo como en una adivinanza,
    golpeas en tus muros, piensas que amas las flores,
    escuchas el ladrido de tus perros en el jardín,
    pero no es nadie aún.
    Piensas en mí, alguien apresura el paso dentro de tu alma
    y así en tu rostro el amor se confunde con la noche.


    _________________
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    Ni cañones que maten la esperanza." 
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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb Sep 01, 2018 12:14 am

    MÉXICO

    JOSÉ CARLOS BECERRA

    OTROS POEMAS

    31) ULISES REGRESA

    La frase que no hemos dicho,
    cierta respiración de la boca en el apetito del sueño,
    el silencio que comienza como una bandada de pájaros;
    yo he depositado esa frase en el plato donde nos sirven la
    cabeza del Bautista.

    Estoy aquí después de extraviar mi mejor ofrecimiento,
    aquí la escondida aptitud del metal con que los dioses antiguos
    desnudaban la desgarradura del mundo,
    el crimen como un acto fallido de amor,
    la cicatriz invencible de la muerte, la vieja destreza de los labios
    colectivos,
    el llamado del mar, las señales del pájaro sepultado en su vuelo.

    Orden diurno no puedo darles de mí;
    en mi esqueleto, en mi atrocidad lunar, lo que brilla es la escasa
    sangría
    que aún queda de mis astros:
    el punto más pequeño y débil de mi frase es un vago movimiento del
    agua después del naufragio,
    cuando todo ha desaparecido de la superficie
    y el propio ritmo del mar adquiere la soltura de ciertas ausencias.
    Y este desafío verbal, este arranque del alma,
    este cuerpo a cuerpo de la noche con la leyenda
    mientras la oscuridad toma la forma de los árboles, de los rostros
    entregados a la apariencia del beso,
    aún este tiempo nos deja oír el mar,
    el antiguo quejido de las playas como una humanidad tolerada por
    el sueño de sus dioses
    y por el golpe de puñal de sus mejores asesinos.

    El sabio desconfía del sabor a selva del alma,
    del cuerpo que se baña en la súplica de su propia carne espumando
    congoja
    de la mujer arrodillada ante lo abstracto del falo;
    por ¿qué significado pedían ustedes a la noche?
    ¿Qué oscura razón de vivir aterraba nuestros labios
    mientras la yerba nocturna crecía en vuestros ojos?

    Y ese amanecer que alguien lleva en los brazos como un cacharro
    que gime débilmente,
    crecerá cuando el sol se tope con su propia sombra
    y un cultivo de llagas sedientas establezca en los pechos la curva de
    la Historia.

    Todos sabemos de alguna manera que el terror es una pasión sagrada,
    una puesta en escena de nuestra propia inocencia
    y de nuestra propia revelación.
    Todos sabemos de esta boca alucinante que también está en nuestros
    labios silenciosos,
    todos sabemos de esa mejilla pálida con que a menudo designamos
    la actitud de la tarde.

    Una música antigua se oye a lo lejos
    y el silencio enciende el fuego de la vejez en el brasero de nuestras
    casas.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb Sep 01, 2018 12:18 am

    Hemos terminado con la presentación de este autor.. Denso, trascendente...sublime en multitud de ocasiones.

    Gracias, Lluvia. Sí. Estamos tropezando con un plantel de poetas mexicanos dignos de ser difundidos a los cuatro vientos. La poesía no puede quedarse en anaqueles y estantes.

    La autora con la que empezaré. en cuanto pueda, no promete menos: THELMA NAVAS.


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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb Sep 01, 2018 12:24 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco



    Éxodo

    En lo alto del día
    eres aquel que vuelve
    a borrar de la arena la oquedad de su paso;
    el miserable héroe que escapó del combate
    y apoyado en su escudo mira arder la derrota;
    el náufrago sin nombre que se aferra a otro cuerpo
    para que el mar no arroje su cadáver a solas;
    el perpetuo exiliado que en el desierto mira
    crecer hondas ciudades que en el sol retroceden;
    el que clavó sus armas en la piel de un dios muerto
    el que escucha en el alba cantar un gallo y otro
    porque las profecías se están cumpliendo: atónito
    y sin embargo cierto de haber negado todo;
    el que abre la mano
    y recibe la noche.




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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb Sep 01, 2018 12:26 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco


    Nupcias

    “¿De quién son estos ojos?”
    Dicen como niños los amantes
    Inmemoriales

    Quieren tener para ser otros
    Dos en uno
    Olvidarse
    De que nacieron separados
    Morirán separados
    Y que sólo por un instante están juntos
    Paz en la guera

    Que nadie piense bajo aquellos minutos
    No eres mía No soy tuyo
    Nada nos pertenece
    No poseemos
    Ni siquiera los nombre propios

    Somos hormigas obedientes
    Todo el amor
    Todo el deseo
    Apenas espejismos sobornos
    De la incesante procreación
    Engranajes
    Bien programados para perpetuarse
    Peces
    Cadúmenes
    Con el anzuelo de un segundo en las boca
    En sus bocas que son la carne del tiempo




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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb Sep 01, 2018 12:31 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco



    Prosa de la calavera
    Voz que decía: Da voces. Y yo respondí: ¿Qué tengo que decir a voces? Que toda carne es hierba, y toda su gloria como flor del campo.
    Isaías 40, 6
    [Versión de Casiodoro De Reina y Cipriano De Valera]
    A Miguel Cervantes


    Como Ulises me llamo Nadie. Como el demonio de los Evangelios mi nombre es Legión.

    Soy tú porque eres yo. O serás porque fui. Tú y yo. Nosotros dos. Vosotros, los otros, los innumerables ustedes que se resuelven en mí.

    Omnipresente como en Tenochtitlán, donde mi imagen recordaba a todos y a toda hora la conciencia del fin. El fin de cada azteca y la cultura azteca.

    Después fui, al punto de convertirme en lugar común, símbolo de la sabiduría. Porque lo más sabio es también lo más obvio.

    Como nadie quiere verlo de frente nunca estará de sobra repetirlo:

    No somos ciudadanos de este mundo sino pasajeros en tránsito por la tierra prodigiosa e intolerable.

    Si la carne es hierba y nace para ser cortada, soy a tu cuerpo lo que el árbol a la pradera; no invulnerable, tampoco perdurable; sí material más empecinado o resistente.

    Cuando tú y todos los nacidos en el hueco del tiempo que te fue dado en préstamo acaben de representar su papel en este drama, esa farsa, esta trágica bufa comedia, yo permaneceré por largos años: descarnada desencarnada.

    Serena mueca, secreto rostro que te niegas a ver (arráncate la máscara: en mí hallarás tu verdadera cara), aunque lo sabes íntimo y tuyo y siempre va contigo.

    Y lleva adentro, en fugaces células que a cada instante mueren por millones, todo lo que eres: tu pensamiento, tu memoria, tus palabras, tus ambiciones, tus deseos, tus miedos, tus miradas que a golpes de luz erigen la apariencia del mundo, tu alejamiento o entendimiento de lo que irrealmente llamamos realidad.

    Lo que te eleva por encima de tus olvidados semejantes, los animales, y lo que te sitúa por debajo de ellos: la señal de Caín, el odio a tu especie, tu capacidad bicéfala de hacer y destruir, hormiga y carcoma.

    En vez de temerme o ridiculizarme por obra de tu miedo deberías estarme agradecido. Sin mí qué cárcel sería la vida en la tierra. Qué tormento si nada cambiara ni envejeciera. Y durante siglos y siglos de desesperación sin salida la misma gente diera vueltas y vueltas a la misma noria.

    Gracias a mí todo es inexpresablemente valioso porque todo es efímero y jamás se repite.

    Único es cada instante y cada rostro que en ese instante aflora por el camino vertiginoso que lo conduce hacia mí.

    Porque voy con ustedes a todas partes.

    Siempre con él, con ella, contigo, esperando sin protestar, esperando.

    De los ejércitos de mis semejantes se ha forjado la historia.

    De la pulverización de mis añicos está amasada la tierra.

    Reino en el pudridero y en el osario, en el campo de batalla y en los nichos en que (por breve tiempo) se venera a las víctimas de los que ridículamente llaman la gloria.

    Y no es sino la maligna voluntad de negarme, el afán estúpido de creer que hay escape y por medio de actos y obras alguien puede vencerme.

    Actos y obras llevan también su sentencia de muerte, su calavera invisible; único precio de haber sido.

    Contigo, hermana mía, hermano mío, me formé de tu sustancia en el vientre materno. Volverás a la oscura tierra y yo, que en cierta forma soy tu hija, heredaré tu nada y tu nombre.

    Seré tus restos, tus despojos, tus residuos, tus sobras: el testimonio de que por haber vivido estás muerto.

    Así, quién lo diría, yo –máscara de la muerte– soy la más profunda entre tus señales de vida, tu huella final, tu última ofrenda de basura al planeta que ya no cabe en sí mismo de tantos muertos.

    Si bien sólo perduraré por breve tiempo, de todos modos muy superior al que te concedieron.

    A menos que me aniquiles con tu carroña, aceleres por medios técnicos o por lo imprevisible el proceso que tarde o temprano conduce a nuestra última patria; la ceniza de que tú y yo estamos hechos.

    Y al hacerme desaparecer junto contigo me prives de la última voluptuosidad: sentirme superior a los gusanos que nacen de tu cuerpo a fin de terminar con tu cuerpo (y apenas me rozan con sus viscosidades).

    Después de todo me siento afín a ellos porque también soy innombrable.

    Pero mientras la carne me disfraza y las células interiores me electrifican soy (al menos para ti; cada una/cada uno) el ombligo del mundo, el centro del universo.

    Toda belleza y toda inteligencia descansan en mí –y me repudias. Me ves como señal del miedo a los muertos que se resisten a estar muertos, o a la muerte llana y simple: tu muerte.

    Porque sólo puedo salir a flote con tu naufragio. Sólo cuando has tocado fondo aparezco.

    Pero a cierta edad me insinúo en los surcos que me dibujan, en los cabellos que comparten mi gastada blancura.

    Yo, en tu verdadera cara, tu apariencia última, tu rostro final que te hace Nadie y te vuelve Legión, hoy te ofrezco un espejo y te digo:

    Contémplate.


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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb Sep 01, 2018 12:34 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco



    Un poeta novohispano

    Como se ahogaba en su país y era imposible
    decir una palabra sin riesgo Como su vida misma estaba en manos
    de una sospecha una delación un proceso
    el poeta
    llenó el idioma de una flora salvaje
    Proliferaron
    estalactitas de Bizancio en sus versos

    Acaso fue rebelde acaso comprendió
    la ignominia de lo que estaba viviendo
    El criollo resentido y cortés al acecho
    del momento en que se adueñaría de la patria ocupada
    por hombres como sus padres en consecuencia
    más ajenos más extranjeros más invasores todavía

    Acaso le dolió tener que escribir públicamente tan sólo
    panegíricos versos cortesanos
    Sus poemas verdaderos en los que está su voz
    los sonetos
    que alcanzan la maestría del nuevo arte
    a la sombra de Góngora es verdad
    pero con algo en ellos que no es enteramente español
    los sembró noche a noche en la ceniza

    Han pasado los siglos y alimentan
    una ciega sección de manuscritos




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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb Sep 01, 2018 12:36 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco



    Un marine

    Quiso apagar incendios con el fuego.
    Murió en la selva de Vietnam
    y en vano.



    El libro

    Lo compré hace muchos años.
    Pospuse la lectura para un momento que no llegó jamás.
    Moriré sin haberlo leído. Y en sus páginas estaban el secreto y la clave.



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb Sep 01, 2018 11:59 pm

    MÉXICO

    THELMA NAVAS

    ANTOLOGÍA UNAM


    NOTA INTRODUCTORIA

    Thelma Nava nació en la ciudad de México en 1932. Formó parte de los talleres literarios de Juan José Arreola y Tomás Segovia en la “Casa del Lago”, y de los del Centro Mexicano de Escritores e Instituto Francés de la América Latina. Estuvo cerca de los editores y colaboradores de la revista Metáfora y publi-có su primera plaqueta de poesía Aquí te guardo yo (1957) en los Cuadernos del Cocodrilo que anima-ban, entre otros, Efraín Huerta, con quien se casó y a quien acompañó hasta su muerte. Fue cofundadora de la revista El Rehilete, jefa de redacción y después directora de Pájaro Cascabel, miembro del consejo de redacción de Manatí y de la dirección colectiva de La brújula en el bolsillo. Durante algún tiempo ejer-ció el periodismo cultural en El Día y por esos años, en 1962, se hizo acreedora al “Premio de Poesía Ramón López Velarde” convocado por el periódico Ovaciones.
    En sus inicios Thelma Nava mostró inclinación hacia los poemas amorosos escribiéndolos con una suerte de naturalidad arabesca y en los que resonaban los ecos de otras voces –muy natural en una obra primera–; aquí se vislumbran ya los enconados deseos de enterrar los manierismos sentimentales que malamente entintaban por aquella época la poesía escrita por mujeres en México –con las excepciones de Margarita Michelena, Pita Amor, Dolores Castro y Rosario Castellanos.
    Por su natural talento poético y su perseverancia en conocer a los autores clásicos al mismo tiempo que leía las obras de los poetas mayores contemporáneos, su segunda publicación La orfandad del sueño (1964) es una obra precozmente madura, escrita en un solo poema dividido en VII cantos, marcada con luminosidad por el empleo de metáforas esplendentes que de ninguna manera desvirtúan o limitan el discurso amoroso sino que lo consolidan abriéndolo a campos imaginativos más ricos. Cada canto es una lírica descripción de instantes sepultados en la orfandad cuando la noche –otra noche– apresa en su oscura alianza los relámpagos vivos en los que el amor ha grabado su tiempo, ese tiempo que para los amantes no deja de ser eterno.
    Colibrí 50 (1966) reúne algunos poemas de amor inscritos dentro del tono de su publicación anterior. Las alegorías se van apacentando hasta conseguir una inflexión más directa, preñada de una mayor severidad que redunda en la acendrada comprensión de su significado; en otros poemas, al contrario, utiliza los versos largos, de amplia respiración, signo premonitorio de su obra futura. En la otra parte del libro hace un viaje, un repaso hacia las cosas escondidas o nega-das que habitan “el otro yo” y que ella busca, encuentra y desnuda para el lector que no tenga miedo a reconocerse o descubrirse.
    Después de veinte años de silencio inexplicable publica El primer animal (1986). Este libro es un canto al hombre, al mundo que habita y a su estado inconsciente de gracia. Testimonio fiel de una honda manifestación de los sentidos. Inventario del caos, de la soledad en compañía, de ciudades reales e irreales que un día sembraron nuestros pasos en la tierra, relación de acciones cometidas contra el hombre por la inquina de otros hombres, silabario de fe despedazado en aras de una paz ciega: sueño y vigilia, premonición y viento. Thelma Nava sosiega, humaniza la realidad estremecedora y brutal convirtiéndola, a través de su palabra –dardo en el blanco perfecto–, en una piedra de toque donde nacen los aires libertarios de un mundo más habitable.

    (DIONICIO MORALES)


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom Sep 02, 2018 12:16 am

    MÉXICO

    THELMA NAVAS

    ANTOLOGÍA UNAM

    1) LA ORFANDAD DEL SUEÑO

    para Efraín

    "La vita non e sogno. Vero l’uomo e
    il suo spirito geloso del silenzio.
    Dio del silenzio, apri la solitudine."
    (Quasimodo)

    I

    Regreso de los sueños que se inclinan
    cada noche a recoger violetas.
    De tardes que se juran la lluvia a perpetuidad.
    De palomas que se adelantan a los acontecimientos.
    Regreso porque es preciso convencerse y mirar
    que los atardeceres cambian siempre de sitio
    y la lluvia no solamente se detiene en los labios.

    Todos los días nos encontramos al pie de la sorpresa.
    El viento dispersa sonrisas que surgen de la nada,
    del lugar donde no crece ni una sola semilla
    y la piedra no es más que piedra
    colocada en la tierra.

    Mi corazón te está buscando,
    como la hormiga que recorre distancias
    y se mete en la boca de la manzana.

    Y la orfandad no cesa,
    oh noche enemiga del alba de las doncellas
    que no supieron tejer nunca
    un velo nupcial.

    De la góndola del sueño surges tú y agitas
    la campana de plata
    que no conoció la risa de un niño;
    solidificas mi corazón y voy hacia tu encuentro
    incendiada, como un salmo que vuela por los aires


    _________________
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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom Sep 02, 2018 12:22 am

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    1) LA ORFANDAD DEL SUEÑO

    para Efraín

    II

    Todos los días te sacrifico un cordero de oro
    surgido de los pies de hambrienta muchedumbre,
    nacido del silencio de todos los caminos,
    para dar libertad al ángel
    de los santos misterios –guardián
    de los enamorados que llegan a sus plantas
    con la verdad en los ojos–.
    Y tropiezo de pronto con un escudo de cobre,
    al frente de la puerta iluminada.

    Un muro de salamandras me protege
    y te me pierdes repentinamente.
    Te alejas como un barco en la neblina
    y es preciso pagar un rescate de jazmines
    para poder besarte en la garganta.


    _________________
    "No hay abrazos que paren los cañones
    Ni cañones que maten la esperanza." 
                                                                 Walter Faila.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom Sep 02, 2018 12:24 am

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    THELMA NAVAS

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    1) LA ORFANDAD DEL SUEÑO

    para Efraín

    III

    Una hebra de plata atraviesa el silencio de tus
    - - - / párpados.
    De tus manos durmiendo en mi cintura fatigada.
    Evoco la tempestad
    como un goloso pájaro que devora relámpagos
    con demoníaco pizo rechazador de serpientes
    - - - / emplumadas.

    Surgen las estrellas a la vista de todos.
    Y el mito es como un guante sin medida.
    El colibrí en su celda, sacude su ala derecha.
    Y nos pertenecemos
    al amparo de un tulipán nocturno.


    _________________
    "No hay abrazos que paren los cañones
    Ni cañones que maten la esperanza." 
                                                                 Walter Faila.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom Sep 02, 2018 12:26 am

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    1) LA ORFANDAD DEL SUEÑO

    para Efraín

    IV

    Un halcón de madera me señala
    dónde se inicia el movimiento de la luz,
    en la torre que resguarda el verano.
    Porque una sirena ha muerto sobre el agua,
    las lámparas del llanto están de pie
    y dialogan con las monedas de sus manos rotas.


    _________________
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    Ni cañones que maten la esperanza." 
                                                                 Walter Faila.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom Sep 02, 2018 12:27 am

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    1) LA ORFANDAD DEL SUEÑO

    para Efraín

    V

    En la túnica marina de cobre, todo sucumbe.
    Empieza entonces la desbandada de tu sombra,
    que rompe sus cinturones de raso y amaranto
    y se desplaza por el viento,
    como una botella enamorada.
    Una cadena de luciérnagas asoma
    de pronto a tus ojos que fulminan
    la mariposa teñida de suspiros.


    _________________
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    Ni cañones que maten la esperanza." 
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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom Sep 02, 2018 12:29 am

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    1) LA ORFANDAD DEL SUEÑO

    para Efraín


    VI

    Ya nada puede volver a ser lo mismo.
    Se ha violado la cuerda de la noche.
    Los sollozos mortales de los peces estremecen el aire.
    La ballena ha perdido su sortija
    y todo en derredor es orfandad.


    _________________
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    Ni cañones que maten la esperanza." 
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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom Sep 02, 2018 12:30 am

    MÉXICO

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    1) LA ORFANDAD DEL SUEÑO

    para Efraín

    VII

    Alimentada en ti, permanezco custodiando
    la niebla de tu cuerpo
    para recuperarte al día siguiente,
    a la orilla del sueño, catedral que nos conduce
    al nacimiento de otra noche, otra noche.


    _________________
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    Ni cañones que maten la esperanza." 
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    Mensaje por Lluvia Abril Dom Sep 02, 2018 1:53 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco

    Prehistoria
    A la memoria de Jaime Sabines

    1

    En las paredes de esta cueva
    pinto el venado
    para adueñarme de su carne,
    para ser él,
    para que su fuerza y su ligereza sean mías
    y me vuelva el primero
    entre los cazadores de la tribu.

    En este santuario
    divinizo las fuerzas que no comprendo.
    Invento a Dios,
    a semejanza del Gran Padre que anhelo ser,
    con poder absoluto sobre la tribu.

    En este ladrillo
    trazo las letras iniciales,
    el alfabeto con que me apropio del mundo al simbolizarlo.
    La T es la torre y desde allí gobierno y vigilo.
    La M es el mar desconocido y temible.

    Gracias a ti, alfabeto hecho por mi mano,
    habrá un solo Dios: el mío.
    Y no tolerará otras deidades.
    Una sola verdad: la mía.
    Y quien se oponga a ella recibirá su castigo.

    Habrá jerarquías, memoria, ley:
    mi ley: la ley del más fuerte
    para que dure siempre mi poder sobre el mundo.

    2

    Al contemplar por vez primera la noche
    me pregunté: ¿será eterna?
    Quise indagar la razón del sol, la inconstante
    movilidad de la luna,
    la misteriosa armada de estrellas
    que navegan sin desplomarse.

    Enseguida pensé que Dios es dos:
    la luna y el sol, la tierra y el mar, el aire y el fuego,
    O es dos en uno:
    la lluvia / la planta, el relámpago / el trueno.

    ¿De dónde viene la lumbre del cielo?
    ¿La produce el estruendo? ¿O es la llama
    la que resuena al desgarrar el espacio?
    (como la grieta al muro antes de caer
    por los espasmos del planeta siempre en trance de hacerse).

    ¿Dios es el bien porque regala la lluvia?
    ¿Dios es el mal por ser la piedra que mata?
    ¿Dios es el agua que cuando falta aniquila
    y cuando crece nos arrastra y ahoga?

    A la parte de mí que me da miedo
    la llamaré Demonio.
    ¿O es el doble de Dios, su inmensa sombra?
    Porque sin el dolor y sin el mal
    no existirían el bien ni el placer,
    del mismo modo que para la luz
    son necesarias las tinieblas.

    Nunca jamás encontraré la respuesta.
    No tengo tiempo. Me perdí en el tiempo.
    Se acabó el que me dieron.

    3

    Ustedes, los que escudriñen nuestra basura
    y desentierren puntas
    de pedernal, collares de barro
    o lajas afiladas para crear muerte;
    figuras de mujeres en que intentamos
    celebrar el misterio del placer
    y la fertilidad que nos permite seguir aquí contra todo
    —enigma absoluto
    para nuestro cerebro si apenas está urdiendo el lenguaje–,
    lo llamarán mamut.
    Pero nosotros en cambio
    jamás decimos su nombre:
    tan venerado es por la horda que somos.

    El lobo nos enseñó a cazar en manada.
    Nos dividimos el trabajo, aprendimos:
    la carne se come, la sangre fresca se bebe,
    como fermento de uva.
    Con su piel nos cubrimos.
    Sus filosos colmillos se hacen lanzas
    para triunfar en la guerra.
    Con los huesos forjamos
    insignias que señalan nuestro alto rango.
    Así pues, hemos vencido al coloso.
    Escuchen cómo suena nuestro grito de triunfo.

    Qué lástima.
    Ya se acabaron los gigantes.
    Nunca habrá otro mamut sobre la tierra.

    4

    Mujer, no eres como yo
    pero me haces falta.

    Sin ti seria una cabeza sin tronco
    o un tronco sin cabeza. No un árbol
    sino una piedra rodante.

    Y como representas la mitad que no tengo
    y te envidio el poder de construir la vida en tu cuerpo,
    diré: nació de mí, fue un desprendimiento:
    debe quedar atada por un cordón umbilical invisible.

    Tu fuerza me da miedo.
    Debo someterte
    como a las fieras tan temidas de ayer .
    Hoy, gracias a mi crueldad y a mi astucia,
    labran los campos, me transportan, me cuidan,
    me dan su leche y hasta su piel y su carne.

    Si no aceptas el yugo,
    si queda aún como rescoldo una chispa
    de aquellos tiempos en que eras reina de todo,
    voy a situarte entre los demonios que he creado
    para definir como El Mal cuanto se interponga
    en mi camino hacia el poder absoluto.



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    Mensaje por Lluvia Abril Dom Sep 02, 2018 1:55 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco



    Rondó 1902

    Calles de niebla y longitud de olvido
    Tibia tiniebla en donde todo ha sido
    verdor salobre y avidez impune
    Hora de cobre que al partir reúne
    calles de niebla y longitud de olvido
    tibia tiniebla en donde todo ha sido
    verdor salobre y avidez impune.

    (1970)
    Del libro "No me preguntes cómo pasa el tiempo"



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    Mensaje por Lluvia Abril Dom Sep 02, 2018 1:56 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco


    Lumbre en el aire

    Estallan los jardines de la pólvora
    en el cielo oscurísimo y su aplomo.

    Estruendo frente al mar que se encarniza
    desde la eternidad contra las rocas.

    A cada instante otro Big bang.
    Nacen astros, cometas, aerolitos.

    Todo es ala y fugacidad
    en la galaxia de esta lumbre.

    Mundos de luz que viven un instante.
    Luego se funden y se vuelven nada.

    Como esta noche en que hemos visto arder
    cuerpos fugaces sobre el mar eterno.


    _________________
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    Mensaje por Lluvia Abril Dom Sep 02, 2018 1:57 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco



    La gota

    La gota es un modelo de concisión:
    todo el universo
    encerrado en un punto de agua.

    La gota representa el diluvio y la sed.
    Es el vasto Amazonas y el gran Océano.

    La gota estuvo allí en el principio del mundo.
    Es el espejo, el abismo,
    la casa de la vida y la fluidez de la muerte.

    Para abreviar, la gota está poblada de seres
    que se combaten, se exterminan, se acoplan.
    No pueden salir de ella,
    gritan en vano.

    Preguntan como todos:
    ¿de qué se trata,
    hasta cuándo,
    qué mal hicimos
    para estar prisioneros de nuestra gota?

    Y nadie escucha.
    Sombra y silencio en torno de la gota,
    brizna de luz entre la noche cósmica
    en donde no hay respuesta.




    _________________
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    Mensaje por Lluvia Abril Dom Sep 02, 2018 1:58 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco



    El fuego

    En la madera que se resuelve en chispa y llamarada
    luego en silencio y humo que se pierde
    miraste deshacerse con sigiloso estruendo tu vida
    Y te preguntas si habrá dado calor
    si conoció alguna de las formas del fuego
    si llegó a arder e iluminar con su llama
    De otra manera todo habrá sido en vano
    Humo y ceniza no serán perdonados
    pues no pudieron contra la oscuridad
    tal leña que arde en una estancia desierta
    o en una cueva que sólo habitan los muertos.


    _________________
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    Mensaje por Lluvia Abril Dom Sep 02, 2018 2:01 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco



    El silencio

    La silenciosa noche. Aquí en el bosque
    no distingo rumores, no, de ninguna especie.
    Los gusanos trabajan.
    Los pájaros de presa hacen lo suyo
    (seguramente).
    Pero no escucho nada.
    Sólo el silencio que da miedo. Tan raro,
    tan raro, tan escaso se ha vuelto en este mundo
    que ya nadie se acuerda como suena,
    ya nadie quiere
    estar consigo mismo un instante.
    Mañana
    dejaremos de nuevo la verdadera vida para
    mañana.
    No asco de ser ni pesadumbre de estar vivo:
    extrañeza de hallarse aquí y ahora en esta hora tan muda.
    Silencio en este bosque, en esta casa
    a la mitad del bosque.
    ¿Se habrá acabado el mundo?


    _________________
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    Mensaje por Lluvia Abril Dom Sep 02, 2018 2:02 am

    MÉXICO

    José Emilio Pacheco



    Inmemorial

    El misterioso día
    se acaba con las cosas que no devuelve

    Nunca nadie podrá reconstruir
    lo que pasó ni siquiera en este
    más cotidiano de los mansos días

    Minuto enigma irrepetible

    Quedará tal vez
    una sombra una mancha en la pared
    vagos vestigios de ceniza en el aire

    Pues de otro modo qué condenación
    nos ataría a la memora por siempre

    Vueltas y vueltas en derredor de instantes vacíos

    Despójate del día de hoy para seguir ignorando y viviendo



    _________________
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