Aires de Libertad

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    POETAS LATINOAMERICANOS  - Página 5 Empty Re: POETAS LATINOAMERICANOS

    Mensaje por Maria Lua Sáb 01 Jun 2024, 15:51

    Esteban Ríos Cruz, Nación Zapoteca, México


    Esteban Ríos Cruz poeta binnizá (zapoteco) de Asunción Ixtaltepec, Oaxaca, México, nació en 1962. ES doctor en Ciencias de la Educación y Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales. Ha obtenido los premios en el género de poesía: Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas 2018; Premio de Literaturas Indígenas de América (PLIA) 2014; Premio CaSa en Creación Literaria en Lengua Zapoteca 2012, en Poesía, entre otros.

    Libros publicados: Desandar la memoria, 1984; Canción en vigilia, 1999; Dxi gueela gaca’ diidxa’/Cuando la noche sea palabra, 2006; Ubidxa galaa dxi /Sol de Mediodía, 2008; Ca diidxa’ guchendú/ Palabras germinadas, 2008; Ca xquelaguidi dxi zezá/Los huaraches del tiempo, 2011; Xaniaa gueela’/ Al pie de la noche, 2014; y Ca guichu guendarieedasiló/ Las espigas de la memoria, 2019. Sus poemas han sido traducidos al francés, italiano, inglés y maya, y publicados en diversas revistas literarias de México, Estados Unidos e Italia.



    ****************


    Construyéndome
    A Xunaxi Guadalupe

    Hoy quiero ser mi propia casa,
    abrir una ventana a la altura del corazón,
    encalarme los pies, tener un tejado enmohecido
    donde se resbale la lluvia de agosto.
    Quiero tener un patio lleno de nubes y árboles,
    donde cante el cenzontle, escarben las hormigas,
    mordisquee una brizna de hierba el grillo,
    mientras el sudoroso sol juegue a esconderse
    entre las sábanas olorosas a limpio.
    Hoy quiero soñar despierto,
    sin el pellizco de una realidad ajena.




    Rastros
    Me toma de la mano la ternura,
    me lleva a recorrerme libremente,
    hallándome desnudo como una roca
    cuando la lluvia lo desviste del polvo.
    Atravieso ligero mi pedazo de mundo
    sin la carga de la prisa.
    En el morral sólo llevo nubes
    para marcar mi camino.



    Mi corazón es una nutria

    A Mari
    4

    Amor, ando por el mundo
    con tu nombre en mis labios.
    Es el pan hecho con mi alegría,
    cuyas migajas doy a las palomas
    sentado en la plaza de una ciudad.
    Sus sonidos son relámpagos
    que me llevan al origen de la luz,
    unen el trueno y el silencio
    en la misma copa de la existencia.
    ¿Quién deshojó la flor del tiempo
    para atarme a la pregunta del amor?
    Te busco en cada gramo de polvo
    que tus pies hayan pisado en este día.
    Tengo destino de árbol para tus manos
    que escriben tu secreto sobre mi tronco.
    Me quito la ansiedad como si fuera una camisa
    cuando me miro en el horizonte de tu mirada.
    Quedo desnudo de mi nombre y de la palabra,
    me vuelvo una nube que se deshilacha a solas
    sobre el regazo de la tarde desmemoriada.

    11

    Dormida eres más inmensa que el tiempo,
    tu respiración sosegada vuelve raíz a la noche
    que se acuesta a descansar al pie de nuestra cama.
    Cuántas palabras me dices con tu breve ausencia,
    ebria de una fatiga que te arrulla con su marejada.
    Me faltan ojos para mirarte en tu plenitud radiante,
    tu sueño es un río que me trae en sus aguas invisibles
    un trozo de mí mismo que desconozco por ser tuyo.
    Aturdido por esta revelación tan honda y misteriosa
    desdoblo en silencio mi alegría como si fuera una sábana,
    me cubro con ella de los pies a la cabeza, me duermo.
    En algún lugar, en un cuarto a media luz, en duermevela,
    un hombre sueña a la mujer amada que está dormida.




    Al pie de la noche
    II

    Al pie de la noche,
    bajo la claridad del cielo
    lleno de ojos silenciosos,
    tu nombre aletea en mis labios,
    se vuelve una canción
    que se desmadeja en letras,
    sonidos de un idioma
    cuyo alfabeto comienzo a conocer
    como si fuera la cuna de mi origen,
    el alba de los sueños que cincelé
    para perpetuar lo que tocas y respiras.
    Todo el universo es un texto
    que deletreo para interpretar tu mirada,
    ese nexo que me sostiene
    y me hace parte de la existencia.
    Soy la pausa en tu habla,
    el signo que abre surcos
    en la hoja del silencio,
    esa ansiedad de árbol
    en las primeras lluvias de mayo.

    III

    A diario escribo un atado de poemas
    que pongo en una jícara con agua
    para que reverdezcan, retoñen sin cesar,
    florezcan y su aroma te incite a amarme.
    En el leve roce de tu mano izquierda,
    un pedazo de nube cuelga de mi rostro,
    y te conviertes en un mediodía claro, puro,
    que me duele la mirada si me acerco a ti.
    Cada gesto tuyo es un vuelo de aves
    que desmadejan el mundo de mis sueños,
    y te reconozco en cada signo que me rodea,
    así estás en la lluvia, en la boca fresca de la brisa,
    en todo aquello que sólo yo puedo adivinar.
    Mi ternura contigo ya no cabe en mi corazón,
    se ha vuelto una sola línea con el horizonte,
    tan vasta como la vigilia del mar por el río,
    tan puntual como el canto del gallo en el alba.
    ¿Qué puedo ser yo que no tenga siempre de ti?
    Nada, ni la más leve brizna de hierba,
    o el polvo fino que se duerme detrás de las puertas.
    Todo lo que digo, creo y presiento que soy
    está bordado en el pañuelo del destino que eres tú.

    XX

    Bajo el cielo de tu mirada
    una bandada de palabras
    vuelan en susurro, rasgan
    con su eco la gasa del silencio.
    A tres pasos de tu cuerpo amado,
    el viento travieso, como un perro,
    se revuelca alegre bajo tus pies,
    mientras mis brazos te acercan
    a este latido que soy por ti.
    En cada beso que nos damos
    se desnuda el mundo de sus penas,
    el sol se sumerge en su manantial de luz,
    cada gramo de polvo se enciende
    en su ternura de ser una estrella,
    porque cuando se ama infinitamente
    todo tiene una razón de ser,
    la oruga se convierte en mariposa,
    la piedra se sueña una catedral.
    Contigo hallo esta quietud
    que hace retoñar la canción de la sangre,
    me lleva de la mano al patio fresco
    donde mi ser, caminando bajo los árboles,
    dibuja sobre las hojas recién caídas
    tu figura grácil que calma tempestades.

    XXIX

    Eres mía, pero te perteneces siempre
    en cada idea o hecho que te nombre.
    Si mis brazos te rodean fuertemente
    es para darme a ti, no para apresarte.
    Cuando mis labios sellan tus labios,
    es señal de ternura, no significa silencio.
    Quiero que estés conmigo pero más contigo.
    Si te busco no es porque estoy solo,
    sino porque me siento lleno de mí mismo,
    tan pleno de ser yo, que a veces soy tú.



    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/32/EstebanRiosCruz/


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Sáb 01 Jun 2024, 15:55


    José Emilio Pacheco (México)




    José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 30 de junio de 1939-ibid., 26 de enero de 2014)3​ fue un destacado poeta que también escribió crónica, novela, cuento, ensayo, crítica literaria y traducción. Se le considera integrante de la generación de los cincuenta o de medio siglo. Desde los años 50's figura en importantes antologías de poesía latinoamericana. Tarde o temprano recopila sus primeros seis libros de poemas. Otros libros de poesía son: Los elementos de la noche, El reposo del fuego, No me preguntes cómo pasa el tiempo, Irás y no volverás, Islas a la deriva, Desde entonces, a los que han seguido; Los trabajos del mar, Miro la tierra, Ciudad de la memoria, así como un volumen de versiones poéticas, Aproximaciones. Es autor de dos novelas, Morirás lejos y Las batallas en el desierto y tres libros de cuentos: La sangre de Medusa, El viento distante, El principio del placer.

    Se le otorgaron, entre otros, los premios Magda Donato, Nacional de Poesía, Nacional de Periodismo Literario, el Xavier Villaurrutia, el Malcolm Lowry para trayectoria en el campo del ensayo, Nacional de Lingüística y Literatura, 1992; en 1996 el Premio José Asunción Silva al mejor libro de poemas en español publicado entre 1990 y 1995; Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2004; Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca 2005; Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana 2009; Premio Cervantes 2009. Fue profesor en universidades de los Estados Unidos, Canadá e Inglaterra. Entre sus traducciones figuran Cómo es de Samuel Beckett, De profundis de Oscar Wilde, Un tranvía llamado deseo de Tennesse Williams, a las que se sumaron Cuatro cuartetos de T.S. Eliot y Vidas imaginarias de Marcel Schwob.



    ************


    El gran inquisidor


    Señor, guarde silencio o le cerramos la boca
    de un latigazo.
    Se la inutilizaremos bajo el hierro candente.
    Con las tenazas de la Ley retorceremos su lengua.

    No nos haga llegar a los extremos.
    Guarde silencio. Cállese. No hable.
    Al juez no se le juzga.
    Él imparte Justicia, decide todo.
    Es la mente que piensa por nosotros.

    En cambio usted no es nadie, no sabe nada.
    Se llama simplemente el acusado.
    Qué soberbia aspirar a defenderse.

    ¿Supone que en el valle de Josafat
    se atrevería a increpar a Dios Padre
    por la forma tan justa en que creó este mundo?

    ¿Se da usted cuenta? Es el culpable de un crimen.
    No sabrá cuál, no sabrá cuál,
    morirá sin saberlo.
    Debe pagar por ello. Y de qué manera.

    No, no: no abra la boca. No interrumpa.
    Respete al Juez y su Alta Investidura.
    Es la Ley, se halla aquí para juzgarlo.

    Está en peligro de volverse reo
    De Lesa Majestad. Acepte y calle.

    ¿Desea, señor, que pierda la paciencia?
    No me obligue a salir de mis cabales
    Añadiré a su cuenta de pecados
    el delito nefando de la blasfemia.

    No me venga con cuentos de derechos humanos.
    Usted ya no es humano: es el enemigo.
    Vea en esta faramalla un pretexto formal
    que disimula y cubre el expediente.

    Dentro de unos instantes ofrendaremos su cuerpo
    en el altar del Bien, la Bondad y el Orden Fraterno.







    Ley de extranjería


    La tierra es plana y la sostienen
    Cuatro elefantes gigantescos.
    Los mares se derraman en las tinieblas
    Y de las olas brotan las estrellas.

    He estado en Creta, Nubia, Tarsis, Egipto.
    En todas partes fui extranjero porque no hablaba el idioma
    ni me vestía como ellos.

    También nosotros, ciudadanos de Ur,
    Despreciamos al que es distinto.
    Por algo hicimos lenguas diferentes:
    Para que los demás nada entiendan.

    En Ur soy como todos. Hablo mi idioma
    Sin traza alguna del acento bárbaro.
    Como lo que comemos los de Ur.
    Huelo a nuestras especias y licores.

    Y sin embargo en Ur me detestan
    Como jamás fui odiado en Tarsis ni en Nubia.

    En Ur y en todas partes soy extranjero.






    La rueda


    Sólo es eterno el fuego que nos mira vivir.
    Sólo perdura la ceniza.
    Funda y fecunda la transformación,
    el incesante cambio que manda en todo.

    Sólo el cambio no cambia y su permanencia
    es nuestra finitud.

    Hay que aceptarla y asumirla: ser
    del instante,
    material dispuesto
    a seguir en la rueda del hoy aquí

    y mañana en ninguna parte.






    En la República de los Lobos


    En la República de los Lobos
    nos enseñaron a aullar.

    Pero nadie sabe
    si nuestro aullido es amenaza, queja,
    una forma de música incomprensible
    para quien no sea lobo;
    un desafío, una oración, un discurso
    o un monólogo solipsista.






    La Diosa Blanca


    Porque sabe cuánto la quiero y cómo hablo de ella en su ausencia,
    la nieve vino a despedirme.
    Pintó de Brueghel los árboles.
    Hizo dibujo de Hosukai el campo sombrío.

    Imposible dar gusto a todos.
    La nieve que para mí es la diosa, la novia,
    Astarté, Diana, la eterna muchacha,
    para otros es la enemiga, la bruja, la condenable a la hoguera.
    Estorba sus labores y sus ganancias.
    La odian por verla tanto y haber crecido con ella.
    La relacionan con el sudario y la muerte.

    A mis ojos en cambio es la joven vida, la Diosa Blanca
    que abre los brazos y nos envuelve por un segundo y se marcha.
    Le digo adiós, hasta luego, espero volver a verte algún día.
    Adiós, espuma del aire, isla que dura un instante.






    Aceleración de la historia


    Escribo unas palabras
    y al mismo
    ya dicen otra cosa
    significan
    una intención distinta
    son ya dóciles
    al Carbono 14
    Criptogramas
    de un pueblo remotísimo
    que busca
    la escritura en tinieblas.






    Alta traición


    No amo mi patria.
    Su fulgor abstracto
    es inasible.
    Pero (aunque suene mal)
    daría la vida
    por diez lugares suyos,
    cierta gente,
    puertos, bosques de pinos,
    fortalezas,
    una ciudad deshecha,
    gris, monstruosa,
    varias figuras de su historia,
    montañas
    -y tres o cuatro ríos.







    Caverna


    Es verdad que los muertos tampoco duran
    Ni siquiera la muerte permanece
    Todo vuelve a ser polvo

    Pero la cueva preservó su entierro

    Aquí están alineados
    cada uno con su ofrenda
    los huesos dueños de una historia secreta

    Aquí sabemos a qué sabe la muerte
    Aquí sabemos lo que sabe la muerte
    La piedra le dio vida a esta muerte
    La piedra se hizo lava de muerte

    Todo está muerto
    En esta cueva ni siquiera vive la muerte

    De Islas a la deriva, 1973-1975






    El mar sigue adelante


    Entre tanto guijarro de la orilla
    no sabe el mar
    en dónde deshacerse

    ¿Cuándo terminará su infernidad
    que lo ciñe
    a la tierra enemiga
    como instrumento de tortura
    y no lo deja agonizar
    no le otorga un minuto de reposo?

    Tigre entre la olarasca
    de su absoluta impermanencia
    Las vueltas
    jamás serán iguales
    La prisión
    es siempre idéntica a sí misma

    Y cada ola quisiera ser la última
    quedarse congelada
    en la boca de sal y arena
    que mudamente
    le está diciendo siempre:
    Adelante






    El reposo del fuego
    (Don de Heraclito)

    Pero el agua recorre los cristales
    musgosarnente :
    ignora que se altera,
    lejos del sueño, todo lo existente.

    Y el reposo del fuego es tomar forma
    con su pleno poder de transformarse.
    fuego del aire y soledad del fuego.
    al incendiar el aire que es de fuego.
    Fuego es el mundo que se extingue y prende
    para durar (fue siempre) eternamente.

    Las cosas hoy dispersas se reúnen
    y las que están más próximas se alejan:

    Soy y no soy aquel que te ha esperado
    en el parque desierto una mañana
    junto al río irrepetible en donde entraba
    (y no lo hará jamás, nunca dos veces)
    la luz de octubre rota en la espesura.

    Y fue el olor del mar: una paloma,
    como un arco de sal,
    ardió en el aire.

    No estabas, no estarás
    pero el oleaje
    de una espuma remota confluía
    sobre mis actos y entre mis palabras
    (únicas nunca ajenas, nunca mías):
    El mar que es agua pura ante los peces
    jamás ha de saciar la sed humana.




    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/68_69/pacheco.html


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
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    Mensaje por Maria Lua Lun 03 Jun 2024, 08:25

    Roberto López Moreno (México)


    Roberto Lopez Moreno Nace en Huixtla, Chiapas en 1942. En 1968 publica su primer libro. Algunos de sus libros son Morada del colibrí, Las mariposas de la Tía Nati, Verbario de varia hoguera, Yo se lo dije al presidente, La curva de la espiral, Sinfonía de los salmos, Décimas Lezámicas, Vuelo de Tierra, El arca de Carlampio (El extraño mundo zoológico de Chiapas), Ábrara, El libro VI (La construcción de la rosa), Crónica de la música de México, Breve historia de un suicidio, El heptafonólogo, Manco y loco ¡Arde!. Ha escrito poesía para niños, obras de teatro, guiones para cine y televisión, ensayos, y numerosos artículos periodísticos. Premio de Poesía Rodulfo Figueroa 1974 por En el sur de la nostalgia. Premio del Concurso de Poesía Infantil La Edad de Oro 1980 y 1981, Cuba; Recibió el Premio Chiapas de Letras 2001.

    Su obra poética es un largo viaje de experiencias literarias, de interferencias temáticas, de saltos enormes subidas y de grandes abismos. El poeta no propone tesis sino el albedrío, la alteridad, la interrogación y la ciencia regresiva, aquella que puede curar como las hierbas.


    *****************



    (Inéditos)
    Tomado de Los cuatro puntos cardinales

    NOCHE
    Tumbalá Cancuc Tumbalá
    Tumbalá Cancuc Tumbalá
    Tumbalá Tumbalá
    Toniná
    Tenojib Ochuc Tenojib
    Tenojib Ochuc Tenojib
    Tenojib Tenojib
    Nambarití
    Bronce de día
    Bronce de Noche
    Noche
    Noche

    Mitontic Cuilá Mitontic
    Mitontic Cuilá Mitontic
    Mitontic Mitontic
    Mapiltic
    Cumbujuyú Maluco Cumbujuyú
    Cumbujuyú Maluco Cumbujuyú
    Cumbujuyú Cumbujuyú
    Chentún
    Día de bronce
    Noche de bronce
    Noche

    Naquiltil Mocnú Naquiltil



    De E=mc2

    EL HOMBRE SABIO


    El hombre sabio no conoce a Holderlin,
    “…sólo lo tocado por los poetas…”
    El hombre sabio tiene compactado el tiempo,
    ha simplificado al máximo la luz para poder estudiarla.
    Estudia el objeto, no el alma del objeto.
    Por eso son diabólicos sus productos si se retuercen.
    No ve más luz que la suya,
    por eso no ve al hombre.
    Él sólo sabe que sabe,
    pero no que desconoce la verdad de su sabiduría,
    En su oscuro cuarto produce, pero lo que produce mata,
    y lo que no
    solamente a los poderosos beneficia.
    A su arrogancia le falta conocer
    el mundo que cree que conoce.
    Y escuchar, aunque sea un segundo,
    la primera luz que ciego escuchó antes de haber nacido
    y que sordo, sigue sin mirarla.
    Si algo le hubieran dicho Tales, Heráclito, Tito Lucrecio Caro,
    si algo Homero el manco o Cervantes el ciego,
    si algo Dante o Dostoyevsky,
    si algo Shakespeare.
    Pero no, se encerró en su cubículo a analizar la cosa,
    y la cosa nos está haciendo explosión entre las manos.





    EL CRUCIFICADO


    Lo bajaron de la cruz, deshecho,
    la técnica de ese tiempo
    había creado un largo cuerpo metálico
    con feroz filo en uno de sus extremos,
    invento terrible que le destrozó el corazón a aquel hombre
    con un sólo envión sobre el deshilado cuerpo.
    El costado izquierdo de la víctima
    así lo decía.
    así lo fluía aquella sangre derramada entre la soldadesca
    por aquella Barra de Searle,
    como quizá le habrán llamado lo primeros nómadas
    sobre el planeta a aquel invento diabólico
    que en uno de sus extremos
    presumía de tal manera la muerte.





    NO HAY MÁS


    “No hay más que la belleza
    -Edgar Allan-
    y ésta no tiene más
    que una expresión perfecta:
    la poesía”.
    La gran ecuación sobre su mundo.
    Lo que crea lo creado,
    por eso nada se crea ni se destruye,
    sólo cambia de flor que se derrama luminosa
    sobre su oscuro barro.





    NO HAY MÁS
    Epígrafe de Mallarmé

    Partiendo de la propuesta de polaridad bicéfala
    y luego su fusión inevitable
    en un solo núcleo de verbario cualitativo
    (el cuervo expresado por su valor canoro y policromo)
    “No hay más que la belleza
    -Edgar Allan-
    Y su expresión perfecta”.
    Nada se crea ni se destruye,
    sólo cambia de flor que se derrama luminosa
    sobre su oscuro barro.





    ROSA DE GURAIEB


    Corola de acentos
    que se abre esplendorosa
    en el istmo botánico del día;
    suena a metal, suena a madera,
    a las cuerdas azules que nos atan a la tierra;
    del vértigo vegetal, hondo a la entraña,
    engalla el tallo cuando estalla en llama.
    Rosa de Guraieb,
    rosa cromática,
    aroma de sonata sur,
    polen de la simetría,
    …gracias por el sonido.





    CORAZONADA


    La raíz cuadrada de la luz,
    multiplicada por el segundo anterior al primer segundo
    o sea,
    “el rayo de luz impulsado por su propio destino”,
    interroga al 3. y su larga cola de pavorreal
    -que así se va haciendo polvo en el infinito-
    cuál sería su respuesta exacta
    (si existiese)
    para cerrar por fin el círculo en donde el corazón se afana,
    solitario, contra sus cuatro paredes imposibles.
    Ah, suspiros inconclusos,
    nada hay exacto ni terminado, sólo la persistente luz
    desde su raíz cuadrada
    multiplicada por el segundo
    anterior…





    PROSOPOPEYA BIDIMENSIONAL


    El número no es inocente, lleva una fuerte carga
    que compone y descompone el mundo a cada instante
    según la fuerza deducida
    de los haberes multiplicados por su aceleración.
    Al-Jwarizmi, cerebro lleno de inteligencia, se enciende total.
    Ahora serán los modos y las formas
    para que el número hable y sentencie.
    Y aquel resplandor, haz de watts (guarismos y algoritmos)
    en la sala principal de la “Casa de la sabiduría”,
    se puso a calcular herencias
    y repartió con justicia y sin equívocos
    las propiedades y las transacciones .
    Mientras tanta luz lucificaba hasta el último rincón sombro,
    la gloria de Alá y sus escogidos
    crecía y crecía de las dimanaciones de cada cifra.


    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/51_52/roberto.html


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Lun 03 Jun 2024, 08:27

    David Huerta (México)


    David Huerta nació en México en 1949. Poeta, traductor, y ensayista. Realizó estudios de Filosofía y Letras Inglesas y Españolas en la Universidad Nacional Autónoma de México. Ha publicado, entre otros, los libros de poesía: El jardín de la luz (Universidad Nacional Autónoma de México, 1972); Cuaderno de noviembre (Era, 1976), 2da. Ed. Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes (Lecturas Mexicanas, 1993); Huellas del civilizado (La Máquina de Escribir, 1977); Versión (Fondo de Cultura Económica, 1978); El espejo del cuerpo (Universidad Nacional Autónoma de México, 1980); Incurable (Era, 1987); Historia (Ediciones Toledo, 1990), Premio de Poesía Carlos Pellicer, 1990; Hacia la superficie, 2002; El azul en la flama, 2002; La olla, 2003; La calle blanca, 2006; Traducido al italiano La strada bianca, 2014; Canciones de la vida común, 2009; Before Saying any of the Great Words, 2009, antología bilingüe —inglés y español— traducida y seleccionada por Mark Schafer; La mancha en el espejo (2 vol.), 2013 -Recopilación de la obra poética publicada-; Filo de sombra (en colaboración con Jordi Boldó, 2019; Los grandes almacenes. Poemas en prosa (en colaboración con el pintor Frederic Amat, 2013. Fue becario del Centro Mexicano de Escritores (1970-1971) y de la Fundación Guggenheim (1978-1979). Ha sido Secretario de Redacción de la Gaceta del Fondo de Cultura Económica y Coordinador de talleres literarios en la Casa del Lago, de la Universidad Nacional Autónoma de México.


    ******************

    Olvidar


    Aquí están los nervios
    que envuelven, como un papel fragante,
    las melodías obtusas
    del rencor.

    Y aquí la risa
    como un pájaro ebrio-

    Escuchar. Olvidar. Dos neblinas.
    La espuma del sufrimiento
    cala en el encaje náufrago
    de mi silbido matinal.

    Aquí están los sonidos
    olvidadizos, las crepitaciones
    que amarillean.

    Una vez más,
    todo será escuchar
    u olvidar.

    Olvidaré estos doblados
    enigmas, estos relojes
    rectilíneos de esperas, este cuerpo
    ajeno

    en la llama de sándalo.

    La orden
    (para Los cuadernos de la mierda, de Francisco Toledo)

    En este plato te sirvieron
    lo que no querías comer
    y te ordenaron
    comerlo.

    No quiero saber
    si lo comiste.

    Hay demasiadas cosas
    en el mundo
    para ocuparse de aquel plato, de aquella
    orden, del alimento atroz
    que te mandaron comer.

    Aun así quiero saber
    si en el fondo de tu boca
    han seguido encendidas
    algunas palabras
    -tú sabes cuáles son
    y lo que significan:
    soles raudos
    para la noche del devenir-

    o si aquel alimento
    y aquella orden
    las apagaron para siempre.

    Aquí fuera
    también
    te persigue.






    La noche del cuerpo

    (para Los cuadernos de la mierda, de Francisco Toledo)

    En la noche del cuerpo se preparan
    los alimentos de Dios,
    la cena carmesí de los esclavos, el místico bocado
    de los turbios amantes-

    sudor, lágrimas, mierda-

    el humus lento, el óvalo marchito,
    el resto náufrago del visionario,
    el regalo sedente
    que se posa en la tierra-

    un vapor de Demonios
    rodea los Testimonios.

    En la noche del cuerpo
    se preparan de nuevo
    para sus explosiones
    diurnas, para el momento
    en que habrán de salir
    entre el humo feroz de su estallido.



    COMO LA LUZ QUE RODEA


    Como la luz que rodea las hojas sibilinas
    y, al hacerlo, deja que el viento las arrastre,
    pues el viento es otra forma de la luz,
    o como la mano que mueve la cortina
    para dejar entrar las imágenes frescas del día,
    y la mano es entonces una de esas imágenes,
    y al mismo tiempo
    su sombra desdoblada en la superficie ilegible
    y profunda de las aguas diurnas, así
    digo tu nombre en la serenidad de los bosques
    y de mi boca se desprenden figuras de silencio,
    labios líquidos en los pétalos
    luminosos y ávidos de cada sílaba,
    pues a tu nombre leve mi sed se acerca, oscuramente,
    con un movimiento de penumbra, de ritmos fugaces,
    y en el delgado vaso de ese proferimiento te descubro,
    para perder de nuevo la fluidez redonda, huidiza,
    de decir, de decirme tu nombre cada vez, y encontrarme
    entre las hojas ilegibles del bosque
    como perdido ante una ventana
    oculta por una cortina
    a la que mi mano se aproxima
    como si quisiera tocarla
    y no puede tocarla.



    QUEVEDO


    Cristalerías, oro en oraciones
    engastadas en cláusulas ardientes;
    luz en la sombra, joyas relucientes
    y en el fondo el fervor de las canciones…

    En la alta noche las constelaciones
    le daban las imágenes dolientes
    de los astros lejanos y silentes,
    el resplandor de sus combinaciones.

    Él traducía la música del cielo
    en otra astronomía: su escritura.
    En el verso profundo el duro hielo

    se volvió sangre y ritmo, partitura
    de espasmo funerario y desconsuelo,
    lujo verbal, prosodia y hermosura.



    AYOTZINAPA


    Mordemos la sombra
    Y en la sombra
    Aparecen los muertos
    Como luces y frutos
    Como vasos de sangre
    Como piedras de abismo
    Como ramas y frondas
    De dulces vísceras

    Los muertos tienen manos

    Empapadas de angustia
    Y gestos inclinados
    En el sudario del viento
    Los muertos llevan consigo
    Un dolor insaciable

    Esto es el país de las fosas
    Señoras y señores
    Este es el país de los aullidos
    Este es el país de los niños en llamas
    Este es el país de las mujeres martirizadas
    Este es el país que ayer apenas existía
    Y ahora no se sabe dónde quedó

    Estamos perdidos entre bocanadas
    De azufre maldito
    Y fogatas arrasadoras
    Estamos con los ojos abiertos
    Y los ojos los tenemos llenos
    De cristales punzantes

    Estamos tratando de dar
    Nuestras manos de vivos
    A los muertos y a los desaparecidos
    Pero se alejan y nos abandonan
    Con un gesto de infinita lejanía

    El pan se quema
    Los rostros se queman arrancados
    De la vida y no hay manos
    Ni hay rostros
    Ni hay país

    Solamente hay una vibración
    Tupida de lágrimas
    Un largo grito
    Donde nos hemos confundido
    Los vivos y los muertos

    Quien esto lea debe saber
    Que fue lanzado al mar de humo
    De las ciudades
    Como una señal del espíritu roto

    Quien esto lea debe saber también
    Que a pesar de todo
    Los muertos no se han ido
    Ni los han hecho desaparecer

    Que la magia de los muertos
    Está en el amanecer y en la cuchara
    En el pie y en los maizales
    En los dibujos y en el río

    Demos a esta magia
    La plata templada
    De la brisa

    Entreguemos a los muertos
    A nuestros muertos jóvenes
    El pan del cielo
    La espiga de las aguas
    El esplendor de toda tristeza
    La blancura de nuestra condena
    El olvido del mundo
    Y la memoria quebrantada
    De todos los vivos

    Ahora mejor callarse
    Hermanos
    Y abrir las manos y la mente
    Para poder recoger del suelo maldito
    Los corazones despedazados
    De todos los que son
    Y de todos
    Los que han sido.


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Lun 03 Jun 2024, 08:31

    Homero Aridjis (México)


    Homero Aridjis nació en Contepec, Michoacán, México, en 1940. Poeta, novelista, diplomático, activista ecológico, profesor universitario, periodista y actual Presidente del Pen Club Internacional. Co-fundó el Grupo de los Cien, que reúne a cien artistas e intelectuales internacionales reconocidos, que defienden el medio ambiente. Asistió al taller literario de Juan José Arreola y recibió tempranamente el reconocimiento de Octavio Paz. Su obra ha sido traducida a varios idiomas e incluida en varias antologías. Ha sido becario del Centro Mexicano de Escritores, (1959-1960); de la Fundación Guggenheim (1966-1967 y 1979-1980) y de la beca del Sistema Nacional de Creadores Artísticos (1996). Algunos de sus libros publicados: Los ojos desdoblados, 1960; Antes del reino, 1963; Perséfone, 1967; El poeta niño, 1971; Quemar las naves, 1975; El último Adán, 1986; El poeta en peligro de extinción, 1992; La leyenda de los soles, 1993; Tiempo de ángeles, 1994 y La montaña de las mariposas, 2000, entre muchos otros. Su obra ha recibido reconocimientos, entre ellos, el Premio Xavier Villaurrutia, en 1964. En 1997 recibió el Premio Roger Callois, por el conjunto de su obra poética y novelística. Dirigió los festivales internacionales de poesía de Michoacán, Morelia y Ciudad de México.



    **************


    EL OJO DE LA BALLENA


    ‘Y Dios creó las grandes ballenas.’
    Génesis, 1:21
    A Betty

    Y Dios creó las grandes ballenas
    allá en Laguna San Ignacio,
    y cada criatura que se mueve
    en los muslos sombreados del agua.

    Y creó al delfín y al lobo marino,
    a la garza azul y a la tortuga verde,
    al pelícano blanco, al águila real
    y al cormorán de doble cresta.

    Y Dios dijo a las ballenas:
    ‘Fructificad y multiplicaos
    en actos de amor que sean
    visibles desde la superficie

    sólo por una burbuja,
    por una aleta ladeada,
    asida la hembra debajo
    por el largo pene prensil;

    que no hay mayor esplendor del gris
    que cuando la luz lo platea.
    Su respiración profunda
    es una exhalación’.

    Y Dios vio que era bueno
    que las ballenas se amaran
    y jugaran con sus crías
    en la laguna mágica.

    Y Dios dijo:
    ‘Siete ballenas juntas
    hacen una procesión.
    Cien hacen un amanecer’.

    Y las ballenas salieron
    a atisbar a Dios entre
    las estrías danzantes de las aguas.
    Y Dios fue visto por el ojo de una ballena.

    Y las ballenas llenaron
    los mares de la tierra.
    Y fue la tarde y la mañana
    del quinto día.


    Laguna San Ignacio,
    1 de marzo de 2000



    YO TE SALUDO, VIEJO SOL
    (Homenaje al Conde de Lautréamont)

    A Cloe
    1
    Yo te saludo, viejo Sol,
    cuando apareces en el centro del cielo
    como una yema estrellada
    rodeado de nubes insidiosas.

    Yo te saludo, Sol de la ciudad poluta,
    cuando todo el mundo pasa maldiciendo el calor,
    sin mirarte siquiera.

    Yo te saludo, Sol de las paredes frías
    y los cuartos abandonados,
    que nadie mira ni habita.

    Yo te saludo, ojo único
    pupila blanca
    de la noche total.

    2
    Yo te saludo, viejo Sol de la cara jovial,
    siempre diferente y semejante a ti mismo,
    gran solitario, hermoso en tu reino azul.

    Yo te saludo, Sol de los rayos vitales,
    tú que vas por este cielo antiguo
    con proporción musical.

    Yo te saludo, Sol de las mañanas heladas,
    asomado sobre los edificios horribles
    como una yema anémica.

    Yo te saludo, Sol de las tardes sangrientas,
    cuando tus rayos tamborean en las paredes
    de los templos el tam tam de la muerte.

    Yo te saludo, Sol de los misterios lúdicos,
    cuando tus pensamientos danzan en los picos
    de las montañas como jaguares de oro.

    Yo te saludo, Sol de los invidentes,
    cuando bajas por las manos negras
    que tocan en la calle instrumentos de cuerda.

    Yo te saludo, Sol de los labios morados
    y las heridas que nunca se cierran,
    cuando te posas en los cuerpos muertos.

    Yo te saludo, Sol de los eclipses totales,
    cuando rodeado de oscuridad
    nos miras por dentro y por fuera.

    Yo te saludo, viejo Ser,
    Ojo Único,
    pupila blanca
    de mi noche total.



    TE AMO AHÍ CONTRA EL MURO DESTRUIDO...


    Te amo ahí contra el muro destruido
    contra la ciudad y contra el sol y contra el viento
    contra lo otro que yo amo y se ha quedado
    como un guerrero entrampado en los recuerdos

    Te amo contra tus ojos que se apagan
    y sufren adentro esta superficie vana
    y sospechan venganzas
    y muertes por desolación o por fastidio

    Te amo más allá de puertas y esquinas
    de trenes que se han ido sin llevarnos
    de amigos que se hundieron ascendiendo
    ventanas periódicas y estrellas

    Te amo contra tu alegría y tu regreso
    contra el dolor que astilla tus seres más amados
    contra lo que puede ser y lo que fuiste
    ceremonia nocturna por lugares fantásticos

    Te amo contra la noche y el verano
    contra la luz y tu semejanza silenciosa
    contra el mar y septiembre y los labios que te expresan
    contra el humo invencible de los muertos.



    El Evangelio según John Donne
    Meditation XVII
    Ningún hombre es una Isla
    que vive de sus propias fuerzas;
    ningún ego es un Continente,
    ni un Planeta autosuficiente, acaso
    es un pedazo de miedo rodeado de nada,
    un jirón de vida colgando de un traje viejo,
    un guijarro lavado por las aguas
    desmemoriadas del tiempo. La Ciencia
    es poca cosa, es un promontorio resbaladizo
    donde las manos se aferran, sus semillas
    estériles no enraízan en el futuro de la vida.
    Tu cuerpo es una envoltura vana,
    un pájaro descoyuntado con el pico roto,
    aventado a los basureros de la muerte.
    Habitante de la Tierra, la muerte
    de toda criatura te disminuye,
    Por eso, cuando alguien muere, no preguntes
    por quien doblan las campanas de la extinción.
    Doblan por ti.

    En un avión Nueva York-México, 16 de abril de 1999.





    Medusa


    Vagando por la ciudad de México
    me encontré con Medusa, una prostituta
    que corría las calles oceánicas de Insurgentes.

    De joven había sido la atracción del Salón Rosa.
    El cabaret se quemó y en un vestidor quedó atrapada.
    Ahora era un monstruo de amor.

    Esa noche ocultaba sus ojos petrificadores con lentes de sol
    y su cabellera de serpientes con una peluca dorada.
    Tapándose la boca con la mano, no podía disimular sus dientes atroces.

    Al toparme con ella, yo, que una vez la amé, no supe qué era peor,
    si verla a los ojos y convertirme en piedra,
    o pasar de largo y convertirme en olvido.

    México, martes 13 de julio de 1999



    Poema de amor en el espacio cibernético


    Abrir o no abrir, that is the question.
    Manual of Spanglish.
    En la soledad del Espacio Cibernético,
    vagando por la Ruta de los Iconos,
    encontré tu nombre y lo perdí.

    Dispuesto a hallar tu rostro
    en la Pantalla, navegué día y noche
    por las Luces de Eudora.

    Entre en Listas y Memorias,
    anduve en las ciudades virtuales de América Futura
    y recorrí Playas con nudistas holandesas.

    Sexoservidoras sin volumen ni sombra,
    paradas en la Carretera Cibernética,
    me ofrecieron sus brazos infieles.

    Los pájaros volaban inmóviles en la Página Actual,
    los rayos de tus ojos me devolvían siempre al Comienzo,
    los sacerdotes del siglo XXI alzaban el cáliz hacia Todo.

    Ansioso de hallarte envié cartas electrónicas,
    abrí Ventanas, tomé Atajos, exploré Formatos,
    inserté Números, recorrí Bandejas y Basureros,

    me metí en Programas, examiné Fotos,
    Periódicos, Anuncios, Opciones; frecuenté los mares
    del Spanglish, pero tu amor siempre se escapaba.

    El deseo no satisfecho me dio insomnio y ansiedad,
    y ganas frecuentes de asomarme a la ventana
    de un edificio fantástico de cincuenta pisos.

    En el laberinto de los ordenadores vi la Imagen Total de Dios,
    oculto bajo Vocabularios, Informaciones, Descripciones,
    Símbolos y Signos, y páginas de web.

    Después de viajar sentado por la intensa nada,
    creyéndote cerca, siempre lejana, cerré la puerta
    a la vida que se abre y se cierra con un clic.

    México, D.F. 26 de octubre de 1999





    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Lun 03 Jun 2024, 08:34

    Coral Bracho (México)


    Coral Bracho (Ciudad de México, 22 de mayo de 1951) es poeta y escritora. Sus libros son: Peces de piel fugaz, 1977; El ser que va a morir, 1982; Bajo el destello líquido. Poesía 1978-1981, 1988; Tierra de entraña ardiente, en colaboración con la pintora Irma Palacios, 1992; Jardín del mar, 1993; Huellas de luz, 1994 -CD., 2010; Trazo del tiempo, 2000; Trait du temps / Trazo del tiempo, edición bilingüe francés-español, traducción de Dominique Soucy, 2001; Ese espacio, ese jardín, 2004; Esta palabra oculta abre su selva, 2005; Cuarto de hotel, 2007, 2008; ¿A dónde fue el ciempiés?, poesía para niños, con ilustraciones de Rafael Barajas, 2007; Si ríe el emperador, 2010; Marfa, Texas, 2015; Zarpa el circo, en colaboración con el pintor Vicente Rojo, 2015; Todo en orden, plaquette, 2016; Poesía reunida. 1977-2018, 2019.

    Recibió en 1981 el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes, con el libro El Ser que va a morir. Otros reconocimientosson: Beca Guggenheim (2000); Premio Xavier Villaurrutia 2003, por Ese espacio, ese jardín; Premio Internacional de Poesía Zacatecas 2011; Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines-Gatien Lapointe 2011; Premio Nacional de Letras de Sinaloa 2017.


    ***************


    Sobre el amor


    Encendido en los boscajes del tiempo, el amor
    es deleitada sustancia. Abre
    con hociquillo de marmota, senderos y senderos
    inextricables. Es el camino de vuelta
    de los muertos, el lugar luminoso donde suelen
    resplandecer. Como zafiros bajo la arena
    hacen su playa, hacen sus olas íntimas, su floración
    de pedernal, blanca y hundiéndose
    y volcando su espuma. Así nos dicen al oído: del viento
    de la calma del agua, y del sol
    que toca, con dedos ígneos y delicados
    la frescura vital. Así nos dicen
    con su candor de caracolas; así van devanándonos
    con su luz, que es piedra, y que es principio con el agua, y es mar
    de hondos follajes
    inexpugnables, a los que sólo así, de noche,
    nos es dado ver y encender.



    Desde esta luz


    Desde esta luz que incide, con delicada
    flama,
    la eternidad. Desde este jardín atento,
    dede esta sonbra.
    Abre su umbral el tiempo,
    y en él se imantan
    los objetos.
    Se ahondan en él,
    y él los sostiene así:
    claros, rotundos,
    generosos. Frescos llenos de su alegre volumen,
    de su esplendor festivo
    de su hondura estelar.
    Sólidos y distintos
    alían su espacio
    y su momento, su huerto exacto
    para ser sentidos. Como piedras precisas
    en un jardín. Como lapsos trazados
    sobre un templo.

    Una puerta, una silla,
    el mar.
    La blancura profunda
    desfasada
    del muro. Las líneas breves
    que lo centran.
    Deja el tamarindo un fulgor
    entre la noche espesa.
    Suelta el cántaro el ruido
    solar del agua.
    Y la firme tibieza de sus manos; deja la noche densa,
    la noche vasta y desbordada sobre el hondo caudal,
    su entrañable
    tibieza.





    Una luciérnaga sobre la lengua


    Te amo desde el sabor inquieto de la fermentación;
    en la pulpa festiva. Insectos frescos, azules.
    En el zumo reciente, vidriado y dúctil.
    Grito que destila la luz:
    por las grietas frutales;
    bajo el agua musgosa que se adhiere a las sombras. Las papilas, las grutas.
    En las tintas herbáceas, instilantes. Desde el tacto azorado.
    Brillo
    que rezuma, agridulce: de los goces feraces,
    de los juegos hendidos por la palpitación.
    Gozne
    (Envuelto por el aura nocturna, por los ruidos violáceos,
    acendrados, el niño, con la base mullida de su lengua expectante, toca,
    desde esa tersa, insostenible, lubricidad --lirio sensitivo que se pliega en las rocas
    si presiente el estigma, el ardor de la luz-- la sustancia, la arista
    vibrante y fina --en su pétalo absorto, distendido-- [joya
    que palpita entreabierta; ubres], el ácido
    zumo blando [hielo], el marisma,
    la savia tierna [cábala], el néctar
    de la luciérnaga.)





    Una avispa sobre el agua


    La superficie del agua es tensa
    para una avispa,
    es un sendero múltiple fluyendo siempre
    como el tacto del tiempo
    sobre la hondura quieta
    de un corto espacio.

    Corto es el tiempo
    en que flota; corta
    la distancia en que gira
    por incesantes laberintos,
    remolinos inciertos, llamas,
    y transparencia
    inextricable.



    Con abismada transparencia
    Eres el fuego del inicio.
    Eres la luz
    en el instante sabio
    de hacinarse en el agua.
    Eres la voz, la transparencia que penetra,
    que engendra;
    la nota viva y diáfana
    que cae,
    con el candor de una certeza
    en el centro
    del alma.




    Trazo de tiempo


    Entre el viento y lo oscuro
    entre el gozo ascendente
    y la quietud profunda,
    entre la exaltación de mi vestido blanco
    y la oquedad nocturna de la mina,
    los ojos suaves de mi padre que esperan; su alegría
    incandescente. Subo para alcanzarlo.
    Es la tierra
    de los pequeños astros, y sobre ella,
    sobre sus lajas de pirita, el sol desciende. Altas nubes
    de cuarzo, de pedernal. En su mirada,
    en su luz envolvente,
    el calor del ámbar.
    Me alza en brazos. Se acerca.
    Nuestra sombra se inclina ante la orilla. Me baja.
    Me da la mano.
    Todo el descenso
    es un gozo callado,
    una tibieza oscura,
    una encendida plenitud.
    Algo en esa calma nos cubre,
    algo nos protege
    y levanta,
    muy suavemente
    mientras bajamos.





    El amor es su entornada sustancia


    Encendido en los boscajes del tiempo, el amor
    es su entornada sustancia. Abre
    con hociquillo de marmota,
    senderos y senderos
    inextricables. Es el camino
    de vuelta
    de los muertos, el lugar luminoso en donde suelen
    resplandecer. Como zafiros bajo la arena
    hacen su playa, hacen sus olas íntimas, su floración
    de pedernal, blanca y hundiéndose
    y volcando su espuma. Así nos dicen al oído: del viento,
    de la calma del agua, y del sol
    que toca,
    con dedos ígneos y delicados
    la frescura vital. Así nos dicen
    con su candor de caracolas; así van devanándonos
    con su luz, que es piedra,
    y que es principio con el agua, y es mar
    de hondos follajes
    inexpugnables, a los que sólo así, de noche,
    nos es dado ver
    y encende




    En la humedad cifrada


    Oigo tu cuerpo con la avidez abrevada y tranquila
    de quien se impregna (de quien
    emerge,
    de quien se extiende saturado,
    recorrido
    de esperma) en la humedad
    cifrada (suave oráculo espeso; templo)
    en los limos, embalses tibios, deltas,
    de su origen; bebo
    (tus raíces abiertas y penetrables; en tus costas
    lascivas -cieno bullente- landas)
    los designios musgosos, tus savias densas
    (parva de lianas ebrias) Huelo
    en tus bordes profundos, expectantes, las brasas,
    en tus selvas untuosas,
    las vertientes. Oigo (tu semen táctil) los veneros, las larvas;
    (ábside fértil) Toco
    en tus ciénagas vivas, en tus lamas: los rastros en tu fragua
    envolvente: los indicios
    (Abro
    a tus muslos ungidos, rezumantes; escanciados de luz) Oigo
    en tus légamos agrios, a tu orilla: los palpos, los augurios
    -siglas inmersas; blastos-. En tus atrios:
    las huellas vítreas, las libaciones (glebas fecundas),
    los hervideros.



    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Lun 03 Jun 2024, 08:59


    José Ángel Leyva (México)


    José Ángel Leyva nació en Durango, México, en 1958. Co-director de la revista de poesía Alforja. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía "Olga Arias" con el libro Entresueños, en 1990, y en 1994 el segundo lugar en el certamen nacional de poesía convocado por la Universidad Veracruzana. En 1999 recibió el premio del XXIX Certamen Nacional de Periodismo, en el área de reportaje cultural, otorgado por el Club de Periodistas. Ha publicado los libros de poesía: Botellas de sed, 1988; Catulo en el Destierro, 1993; Entresueños, 1996 y El Espinazo del Diablo, 1998. Autor de otros libros como El admirable caso del médico curioso: Claude Bernard, 1991; El Naranjo en flor. Homenaje a los Revueltas, 1994; Lectura del mundo nuevo, 1996; El Politécnico, un joven de 60 años, 1996; Ediciones sin nombre, 1999; y la novela La noche del jabalí (Fábulas de lo efímero), 2002. Coordinó y forma parte de los libros Versoconverso (Poetas entrevistan a poetas mexicanos), 2000; Versos comunicantes I y II (Poetas entrevistan a poetas iberoamericanos), 2001; Taga el papalote (libro para niños), 2005; La sombra de lo que va a suceder, 2006. Es autor además de los textos de libros y catálogos de artistas plásticos, entre los que destacan: Leonel Maciel, Guillermo Ceniceros, Carlos Gutiérrez Angulo, Irene Arias, entre otros.

    Poemas suyos han sido traducidos a otros idiomas: portugués, rumano, búlgaro, inglés, griego. Nos dice el autor: “La poesía es una revelación, la más honda y humana, la más íntima y universal, nos pone frente a la conciencia de la muerte con la lucidez de cada inspiración del aire. Una revelación gradual, constante, a través del cultivo de un lenguaje estético, cualquiera que sea su soporte, su medio de expresión. Hasta ahora, la palabra escrita alcanza mayores profundidades significativas en ese terreno, pero la poesía está en la esencia de las artes, en la sustancia inconforme de la vida. Desde niño advertí el valor de las palabras, su carga emocional, su fuerza, su energía, su capacidad transformadora y trasgresora, dominante. Pero la palabra hecha poesía era la más amada y la menos dócil, la más común y la menos accesible. Estaba en boca de todos y en boca de nadie, estaba en los libros y en la puerta de mi casa, en la montaña y en la piedra acariciada por el río. Poco a poco fui entendiendo su lugar en el tiempo, en el doblez de la nada, en el gesto de las cosas, en el dolor y en el gozo de la gente, en su tránsito por la memoria. Como en la infancia, estoy persuadido de que la poesía se hermana con el sueño, se desprende del deseo, se vuelve signo, señal, acto creador. Va más allá de quien la invoca, de quien la escribe, de quien la hace, de quien la aprehende: es libre. La persona que se dice poeta o artista no siempre está a la altura de las circunstancias, no siempre corresponde al valor de sus palabras o sus obras. Por eso la verdadera poesía vive, germina sobre la tumba de los muertos, dialoga con el tiempo. Si bien la poesía es una ofrenda, no es inocua, puede cambiar el mundo”.

    ***************


    LÍNEAS
    Entre dos puntos la línea divide un infinito
    los límites de un cuerpo
    de un volumen
    el comienzo de la imagen
    El pincel con fibras asombrosas
    se desliza entre espectros de manos dibujantes
    Durero Leonardo Doré Shitao Klee
    Alambres nerviosos del silencio
    Caligrafías de los sentidos y del sueño Un lápiz desmadeja las formas informales
    el presente amorfo de recuerdos del futuro
    las rayas de la palma y de los dedos
    en cuevas muros y peñascos En las manos que escriben va la suerte
    del grafito con su punta desgastada
    Resistencias cuerdas filamentos espirales
    encendidas por Ariadna en las cavernas
    en la mirada medio humana de la bestia al descender a la rúbrica y al trazo
    la línea es frontera y es principio
    de quien escribe y dibuja sus fantasmas


    MI ABUELO
    A Juan Gelman

    Mi abuelo tenía unos largos cuchillos afilados
    y un extraño silencio de sauce en las pestañas
    Dice mi padre que era experto en matar de un solo tajo
    abrir las bestias en canal y desollarlas con pericia
    Desvanecer en cortes cirujanos a la presa
    Mi abuelo José Ángel no pensaba en el dolor
    ni en la muerte de la carne
    Cada mañana en su interior se desangraba una palabra
    Un pinchazo al corazón se le clavaba al hundir el pan
    en el café matinal en medio de los fiambres
    Imaginaba que encendía temprano un horno
    amasaba harina y enseñaba a los nietos a inventar
    formas con nombres que se encienden al calor del barro
    El carnicero despertaba en su local de garfios y de sangre
    Rebanaba piezas de res de cabra de cerdo de cordero
    Callado
    Regalaba a la clientela una sonrisa calma
    A veces el alcohol recuperaba el sueño
    el aroma del pan
    las ascuas brillantes de sus ojos grandes
    Tomaba la calle con risa y voz desconocidas
    Compraba en el retorno a casa la mejor repostería

    Murió el abuelo porque el trigo le dolía al miocardio
    antes de conocer nietos y de ser viejo

    Sus hijos heredaron de mi abuela el magisterio
    y una sentencia que dijo era de José Ángel
    "La palabra es al hombre lo que el hombre a la palabra"
    Abandonó la familia el matadero por un salón de clases

    En mi infancia recuerdo a mi padre sacrificar animales
    con manos de maestro
    escribir discursos y poemas para grandes banquetes
    en una comunidad analfabeta
    También lo vi hacer hornos y pan junto a mi madre

    Ahora me pregunto al escribir sobre el abuelo
    En dónde quedaron sus largos cuchillos afilados
    Los nombres de la harina
    En dónde la palabra-carne



    TONINÁ
    Un camino de hormigas abre el rastro
    allana la maleza hasta la piedra
    Aún se escuchan los pasos olvidados
    de los indios que erigieron monumentos a la luz
    Perduran las estelas mayas con todo y sus pirámides
    También el zumbido de las flechas lanzadas a los cuerpos estelares

    ¿En dónde comenzó la muerte a ser agricultora de los vivos?
    La exploración del cielo la cifra vertical
    En el telar de los primeros cuentos borda
    un vigía el destino de los héroes inmortales
    Urde la mente los hilos de su propia sombra
    Ilumina la noche con ráfagas de dudas
    Las cuelga del pozo firme del silencio

    El ojo estanque rebosa de memoria
    Los dioses se ahogaron en la imagen de los hombres
    en sus pupilas espejos de obsidiana
    La verdad descarnada se aproxima

    El pozo de los astros se llenó de polvo
    Reposa en el fondo la palabra de los muertos

    Toniná es un camino de hormigas militares
    Arrasan con su verde infértil la maleza
    y ondean su bandera incrédula
    donde ventea el hambre del jaguar
    Han plantado los insectos su campo insustancial
    El orden brutal de medallas y de estrellas
    Garitas recelosas del tiempo
    de un pasado presente en las miradas
    El verde olivo despliega sus cuarteles

    Toniná es una punta de dardo
    constelación de signos en espera
    Allí muy cerca
    se escucha el clarín tembloroso de la guerra
    Los hombres de maíz
    observadores del cielo
    descubren las señales de los sueños



    TRES CUARTAS PARTES
    Un puñado de tierra no es un hombre
    Tres cuartas partes hacen del sueño la sustancia
    el soplo cerebral de un fuego que se olvida
    el temblor del ojo ante la carne
    Fugaz imprime la gravedad del día
    En pausas respira noches cargadas de rocío
    iluminadas por antorchas y lámparas de ancestros
    que pusieron a secar preguntas y piel tras el naufragio

    No se seca —es verdad— la claridad de la experiencia
    No hay certeza de ser ni de encontrar respuestas
    La incertidumbre abre las válvulas del hambre
    del dolor la comezón la tempestad el alba
    Cuántas veces la mano suelta una señal de bienvenida y duelo
    incapaz de sepultar o de esparcir el polvo de un corazón a otro
    de detener las letras que se fugan del cuaderno de notas en la mesa

    De la ignorancia a la pregunta los párpados se abren y se cierran
    perplejos a esa luz que viaja oculta por la almohada
    visible en lágrimas sin sal pendientes de la tierra
    No son escombros de ayer sino las ruinas
    de un porvenir hecho de olvido
    una lengua desierta de confianza y aire
    No prescribe la justicia si hay mañana

    Se pueden ver con nitidez las plantas
    de imágenes de un yo seguido de los otros
    La multitud del sur buscando un norte
    sin nada qué vender ni recibir a cambio
    tan solo la raíz que pone vertical a la memoria

    Sobra tiempo y sed para esperar la muerte
    bajo el árbol sin hojas que da sombra

    La ausencia de dios ahuyenta el miedo
    El padre y el hijo activan la sinapsis
    que deja ver la mutua soledad bajo los puentes
    las tres cuartas partes líquidas del hombre



    POETA

    Al final uno se convierte en lo que escribe
    o no con mano propia
    Quién habrá de creer en tu nagual
    si no olfatea el temblor de la imagen aterida
    muerta de miedo ante los ojos que la observan

    Borrón mancha signo tipográfico
    Tinta sin control en el papel desierto
    Chorro de sombras en la hoja infestada de olvidos
    predadores de lo nuevo
    Urgencia de oxígeno en la cumbre o en el fondo
    donde no volamos ni anduvimos con las branquias puestas

    Levantas la tapa y ves tu propia muerte
    Bulle el gusanero de letras debajo de un título y de otro
    Parecen luces de neón cubiertas de ceniza
    Tu máscara y tu nombre ocupan el lugar
    de esa persona que no llegaste a ser
    Un día cualquiera la ahogaste con la almohada
    Algo de ti quedó en su testamento
    Acabas de nacer
    Alguien te lee



    EL ÁRBOL DE LA MUERTE


    El viento aclara la novedad del follaje
    Entre los huecos de los pájaros anidan
    el estupor y la zozobra
    Puñados de sombras parecen agitar las ramas
    Sólo ausencias se desprenden del árbol de la muerte
    Cuelgan sin gravedad medusas del dolor
    Vienen desde abajo
    con la raíz en la cabeza del gusano
    que aprende a florecer sin frutos





    EL POETA LLEVA UN TIRO EN LA CABEZA

    a Fausto

    Pensaba que la muerte no dolía
    mas sintió una explosión de dolor en la cabeza
    Era un joven intenso de Colombia
    Hombre niño viejo

    Le gustaba arriesgar el corazón en la ruleta
    y jugar a darle sentido a las palabras
    a ponerle nombre a los sucesos
    que la demencia y el horror definen innombrables

    Se puso a revolver las letras del revólver
    Se puso el chaleco salvavidas
    Alquiló su vida como escolta

    ¿En qué país estoy? se dijo
    cuando la bala le rompía la frente
    y se alojaba estupefacta en el cerebro

    Nunca perdió el conocimiento
    ni la imagen vívida del arma
    ¿En qué país estoy? interrogaba a los curiosos
    el guardaespaldas boca arriba
    con ojos de poeta
    de mártir
    de extraviado
    de suicida

    ¿En dónde sobrevivo? se pregunta
    Ese hombre cuando escribe
    y le pesan los versos como plomo
    y le vuelven los nombres de la muerte

    ¿En qué país en qué país?
    repite la bala estacionada en la cabeza.



    LA POESÍA

    Pasaban los árboles veloces de mi infancia
    El autobús me arrancaba de los ojos
    uno a uno los pinos y las nubes
    Devoraba el asfalto tembloroso de la sierra
    Yo dije la palabra inútil
    y vi la mirada de la muerte
    Su tieso semblante y la rigidez
    del aire que no pesa y no camina
    ¿De qué están sembrados los sepulcros
    que no echan hacia fuera gusanos sino flores?
    Toc toc toc
    toc toc toc
    Sonó mi cráneo o calavera hueca
    Alguien llamaba desde el bosque
    Pasaban las sombras de los árboles
    y repetí con balbuceos la palabra aliento
    Un velo en el cristal de la ventana
    la colocó al revés y en forma de conjuro
    Entonces las fosas de la tierra
    dieron a luz mi propia lengua


    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/77_78/leyva.html


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Lun 03 Jun 2024, 16:44

    Manipiniktikinia (Tule-kuna, Panamá)


    Abadio Green Stocel (Manipiniktinikinia, “el nacimiento de la plata nueva”) nació en la comarca de Sasartí Mulatuppu, archipiélago de pequeñas islas coralinas, en Panamá. Poeta e investigador académico, pertenece a la Nación Tule-Kuna. Realizó estudios de Filosofía y Teología en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín y es doctor en Educación. Realizó un postgrado en Lingüística en la Universidad de los Andes, Bogotá. Fue por varios años Presidente de la Organización Indígena de Antioquia, OIA. Preocupado por la supervivencia de las lenguas originarias, viene trabajando sobre la manera como se debe enseñar la lengua materna desde la tradición oral, las escrituras propias y desde el origen de las palabras. Esto le ha permitido acercarse a la historia de origen de su pueblo Gunadule, y a otros pueblos originarios.


    *******************


    Ikuaokinyappililer

    Tus ojos grandes y negros
    representan los ojos de papá y nana
    que han posibilitado el origen del universo.

    Ikua, eres hijo mío,
    tu nombre perdurará desde siempre
    las estrellas del universo gritarán tu nombre
    tus luchas harán brillar con más resplandor
    a los abuelos el sol y la luna.

    en tí pongo todas mis fuerzas, mi espíritu,
    mis anhelos,
    mis proyectos,
    mis esperanzas.

    Todos los hombres perecen en el tiempo y en el espacio
    pero deben seguir los pasos de los grandes abuelos,
    para seguir defendiendo las formas
    de resistencia del pueblo,
    de nuestro pueblo tule



    Olowaile

    Carita del amanecer oro que brilla de tus labios de niña
    Humo que perfumas el nuevo acontecer
    del futuro de los días.

    Eres una flor que embelleces
    Cada anochecer, cada sueño
    Cada idea, cada palpitar de mi corazón.

    Eres el sostén de la gran cultura
    Eres universo que grita desde su interior
    Produciendo múltiples colores
    Para que podamos pintar la tierra, la naturaleza
    Con los ojos, con el corazón de todos los niños del planeta.

    Olowaile, tu madre comprende que la vida
    es hermosa, porque existes, porque
    lloras, porque tus ojitos negros,
    dibujan el origen del Universo
    porque tu rostro invita el regreso
    de nuestra madre Olowaile.



    Tinaja

    Cuentan mis abuelos
    que la tinaja tiene vida
    que la tinaja representa
    la resistencia de nuestro pueblo.

    Tinaja e Ipelele
    son de la misma sangre
    por eso el Tule bebe
    esa caña fermentada hasta la saciedad
    porque beber es recordar el camino de los mayores
    es embriagarnos con nuestra historia.



    Ipelele

    Nana kayapai
    Desde el fondo del río Tuiliwala
    Sonrío con satisfacción
    Al mirar a sus hijos nacer
    Desde la tinaja de oro de plata.

    El gran río se estremeció
    las nubes se acoplaron
    para dialogar del gran nacimiento
    las distintas capas de la madre tierra
    se acomodaron,
    se fortalecieron
    y profanaron profecías.

    El fuego se levantó
    con su sombrero brillante
    para la lucha
    para señalar el camino de esperanza.
    el viento volvió a danzar
    como la primera vez
    cuando Papa y Nana estaban formando a la madre tierra.

    El agua roció las mejillas de la madre doliente
    para darles la gran noticia
    las plantas se vistieron
    con sus mejores molas,
    con sus mejores aromas,
    para preparar la guerra.

    El fuego
    el viento
    el agua
    las plantas
    y los ocho hermanos
    volvieron la memoria
    de mi pueblo Tuleo



    Olodililisobe / Manidililisobe


    Primer nombre de la Madre Tierra, indica que la sabiduría germinó desde el vientre de su madre grande, la Tierra es un ser vivo, igual como fuimos concebidos, somos hechos a imagen y semejanza de ella, somos luz de la creación. Cada vez que una mujer engendra en su seno a un ser, ella está repitiendo la creación de la Madre Tierra. Olodililisobe es agua, creadora de la vida; responsable del nacimiento de la tierra como mandato de los creadores Nana y Baba. La Madre Tierra también es Madre Agua. Baba y Nana amasaron el agua para dar existencia a la Madre Tierra. Desde el inicio de la creación del mundo, el agua se convirtió en la esencia de la vida de todos los seres que la habitamos.

    Olodililisobe/Manidililisobe es hacedora de todas las aguas para permitir la existencia de todos los seres que vivimos en ella.



    Ologwadilyay / Manigwadilyay


    El segundo nombre dado a la madre tierra, se referencia a la forma gelatinosa y resbalosa, poco a poco se fue endureciendo. Nuestras abuelas y nuestros abuelos nos recuerdan que cada vez que una mujer en la tierra está dando una vida, está recordando la historia del nacimiento de la Madre Tierra; todos somos partícipes de esa maravilla de aliento que aparece como el primer soplo de vida en el vientre de nuestras madres, que se seguirá perpetuando en generaciones siguientes. Desde entonces, para el pueblo Dule la mujer es la esencia en el pensamiento de los creadores, porque desde su vientre siguen naciendo los hijos y las hijas de Nana y Baba, para seguir defendiendo la existencia de la tierra y del cosmos. Por eso dicen nuestras parteras, el día que la mujer deje de alumbrar estaremos próximos al fin del planeta tierra.



    Oloiddildili / Maniiddildili


    Este nombre nos cuenta cómo la tierra, de ser compacta, dejó brotar de sus entrañas al agua, para permitir el nacimiento de los continentes y los océanos. El agua, fundamento de la vida, emergió de la masa maciza de la tierra, dando origen, por la naturaleza de su fuerza, a los continentes, islas y cayos, y aparecieron grandes y pequeñas montañas, los ríos y los mares. La tierra, a través del agua, esparció todas las distintas formas de vida y la sabiduría se quedó en ella.



    Oloalbigidili / Manialbigidili


    La tierra desde que floreció no volvió a descansar, comenzó a ir y venir todo el tiempo para estar pendiente de todos sus hijos e hijas. El agua fundamento de la vida, pues es a través de ello fluye la vida (como en la placenta). Sin el agua no sería posible que la Madre Tierra hiciera grandes cosas para seguir creando la vida; por eso permitió el nacimiento de los continentes, para que la tierra siguiera fortaleciéndose y dando vida en ella. Nuestros sabios y nuestras sabias también nos han transmitido que junto con la tierra y el agua, los creadores también colocaron al viento, fuego y plantas medicinales para permitir el equilibrio que debe reinar entre nosotros, y cuando aparece el desequilibrio entre la humanidad y la Madre Tierra, estos seres de la naturaleza hacen estragos; por eso Nana y Baba fijaron todos los contornos de la tierra con columnas de oro y de plata, para que resista y tenga fortaleza.


    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/mani.html


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Lun 03 Jun 2024, 16:46

    Arysteides Turpana, nación dule, Panamá


    Arysteides Turpana (Río Azúcar, Guna Yala; 24 de diciembre de 1943-Ciudad de Panamá, 13 de octubre de 2020)​ fue un profesor, escritor y poeta panameño de origen guna. Se graduó de profesor de Español y Educación Artística, en la Universidad de Panamá. Estudio cine en París, Francia, y tiene un postgrado en Política y Administración Cultural, por la Universidad Federal de Bahía, Brasil. Entre sus libros publicados figuran Kualuleketi y Lalorkko (1966); Archipiélago (1968); Machiuita/Muchachito (1979); Mi hogar queda entre la infancia y el sueño (Ediciones Formato Dieciséis, Universidad de Panamá, 1983); Narraciones populares del país Dule (Ediciones Literarias de factor, México, 1987); Desdichado corazoncito (INAC, 1991).


    *****************


    Mi hogar queda entre la infancia y el sueño
    En el pueblo donde nací
    hombres y mujeres
    se alimentan de peces y
    mariscos
    —dule masi—
    en el pueblo donde nací
    bajo pulsación de tinieblas
    se oyen chirriar las hamacas

    En mi pueblo marino
    al llegar la pesca de tortugas
    brotan flores en el cocal
    y trae el Viento del Sur
    perfumes de ciruelas:
    así llegan las lluvias
    allá en mi pueblo
    junto al martes
    más allá del arrozal devastado
    por saínos

    Un grito claro, fuerte:
    hasta las cañas blancas
    de mi casa llega
    el viento

    Podrá haber mil ojos saturando
    la casa
    Junto al fogón de leñas verdes
    cuando mi sensual corazón
    pagano
    deje de latir para siempre
    Pero apenas dos lágrimas
    familiares
    correrán sobre la tumba que
    espero

    Se apagó el farol de mi cayuco
    cubierto de sombras, helado,
    busco una voz humana
    —sólo chapaleteo de remos—

    Gitché Manitú se rodeó de violencias
    y bajó de nuevo a las praderas fúnebres
    fue juntando miembros al cuerpo
    y al cuerpo otros cuerpos solidarios
    y con señales de humo los despertó:
    resurrección de bisontes



    La policía colonial
    Desembarcaron los bárbaros…compañeros
    la sangre entinta el Archipiélago
    las pestilencias de estas bestias enlodan de luto los hogares
    y mancillan a nuestras mujeres

    Mírales
    en medio de rifles y cervezas mastican como caballos viscosos
    sus voluptuosidades no tienen límite
    ni número sus horrendos crímenes
    de la Patria nuestra una sola tumba
    han llegado los asesinos
    desembarcan los bárbaros…compañeros



    De Archipiélago

    Aquí isla de Kuepti
    Mariposeando el frío se desangra
    Muerde horas en la pared
    Mi abuelo desenvaina sueños
    Mi abuela –garra salvaje y mandíbula-
    Abanica la palabra Soledad
    Aquí isla de Kuepti



    La borrasca trae flores
    Entre sombras
    El mar dispara
    Delfines
    Mirándose al sol
    Cerro Ipeton
    Emite nieblas misteriosas
    A mi alrededor
    Nada nada nada



    Murieron los dioses del Takarkuna
    El mar se hinchó de madréporas
    Bajo sombras de nubes
    Recorrieron praderas las bestias
    La lumbre buscó hospedaje
    En cavernas y árboles y tumbas
    Como en el origen
    Igual se mantiene la Soledad



    Revolotean tijeretas en el crepúsculo
    Sobre la torre Santa María de Ustupu
    Con hojas de verano los ciervos se agrupan
    En medio de cerros o al pie de las palmeras
    Mientras la noche acompaña la luna
    En un pétalo se estremece el rocío



    Me moriré solitario conmigo
    Enmascarado por el polvo de sendas crepusculares
    Tal vez un día de sol otoñal recorriendo
    25 rue du Docteur Freisz
    O cuando un hippie deje de amar
    Quizá cuando vuelvan los capullos
    A florecer en los llanos de Vietnam
    Me moriré conmigo
    Desnudo como el insecto más triste



    Love Story
    Yo que quise remontarme
    Hasta lo más secreto de tu alma
    Treparlo
    Habitarlo
    Cohabitarte
    Hice todo lo posible
    Toqué tu puerta
    Limpié de escarchas
    Tus ventanas
    Y en tu jardín encendí
    Una fogata
    Con las cien mil estrellas
    Que tuve a mi alcance

    Quise treparte como al más alto baobab
    —Dicen que en las alturas
    Adquiere la vida violencias
    De sabias mitologías—

    Hice todo lo posible para entrar en ti
    Sin embargo me he quedado afuera y solo
    Como un espejo frente a un catafalco





    Ya te había soñado muchas veces
    Y de tanto soñarte tomaste cuerpo
    Delante de mis ojos y creciste
    Frondosa como el árbol alegre
    Del ecosistema encantado
    En mi corazoncito alzaste tu morada
    Allí alcanzaste el fondo de tu aliento
    Tus llamas al fin encontraron sus raíces





    En la rama de un icaco en flor
    Dibujamos un corazón perforado por un venablo

    En el corazón del corazón
    Las iniciales de nuestros nombres
    Unidas por una Y generosa
    Fue una noche de mayo
    ¿Te acuerdas?
    Durante una Luna de Tortuga
    En la rama de un icaco en flor





    En aquel cuartito


    Donde cuerpo a cuerpo descifrábamos
    Todos los misterios del amor
    Ha quedado a solas nuestro quinqué
    Extinguido como una rosa magullada
    Bajo el peso prodigios de un paquidermo

    El quinqué que purificaba nuestras presencias
    Con sus asombradas mechas
    Que supo guardar nuestras opiniones
    Que supo guardar nuestras confesiones
    Que supo guardar nuestros silencios
    Nuestras mutuas travesuras
    Que harían volar en mil pedazos
    Los sesos de las ratas puritanas

    ¡Ay de él!
    De su martirio
    De su momia polvorienta
    ¡Ay de él!

    Ya no estará a nuestro retorno
    (¿Es cierto que regresaremos?)
    Con su espíritu burlón tras el cristal,
    Para unir en un solo cuerpo nuestras sombras proyectadas


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Lun 03 Jun 2024, 16:50

    Héctor Collado (Panamá)


    Héctor Collados nace el 28 de agosto de 1960 en la ciudad de Panamá. Es licenciado en Humanidades con especialización en Español por la Universidad de Panamá. En 1990 y en 2004 el Instituto Nacional de Cultura de Panamá le otorgó el Premio Nacional de Literatura Ricardo Miró en la sección poesía. También recibió el Premio Nacional de Cuento José María Sánchez en 2008. En 2018 recibió el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil Carlos Francisco Changmarín de poesía. Libros de poesía: Trashumancias (1982); El genio de la tormenta (1983); En casa de la madre (1990); Poemas abstractos para una mujer concreta (1993); Entre mártires y poetas (1999); Toque de diana (2001); Estaciones del agua —libro de Camila—(2003); Artefactos (2005); Memorial de Diciembre (2018). Cuento: Cuentos de precaristas, indigentes y damnificados (2004); Fábulas cotidianas (2004); Contiendas (2008); Ni cortos ni perezosos (2012).


    ****************


    Introito


    América fue un planeta inagotable
    poblado por desconocidas raíces
    e innombrados caminos
    donde pirámides y selvas
    grillos y chubascos
    pululan errantes
    libres
    inviolables
    entre enigmáticas tribus
    y venenosas flechas
    atravesando bestias y poblados
    naturaleza y muerte
    luz y sangre
    - los ríos del alba -
    Era un mar intranquilo
    de horas desmayadas
    y ardientes playas
    era un valle
    de inmóviles rocas
    eternas
    sin odios
    sin fronteras
    sin temores.
    Era la tierra despierta:
    Bondadosa calle del barro
    por donde transitaron
    sus hombres de bronce
    brotados desde el fondo
    de su sal
    y de su azúcar
    los hijos del maíz
    y de los dioses descubiertos
    los hermanos de la luz
    y los metales
    los propietarios del agua
    y las praderas
    desnudos
    como ramo de flechas
    eternos
    como sílabas de arcilla.
    Era la tierra de ritos callados
    y rigurosos dioses
    proclamando
    la vida
    la muerte
    la lluvia
    la desesperación
    el miedo
    las lunas puras
    sin profanaciones.
    Y luego
    fue atravesado el cielo
    el mar
    el filo del horizonte
    fue una espada verde
    mordida de presagios
    y piras
    y crucifixiones
    y desde entonces
    no hubo tregua:
    rodaron por el barro
    las cabezas de los dioses derrocados
    y el crepúsculo
    ya no fue el anuncio
    del nuevo día
    cuando el arcabuz
    despertó la sangre
    en el vientre de la vida
    y la muerte proclamó
    su imperio de sombras degradadas
    y la armadura reluciente
    detuvo el tiempo
    en una hora sin nombre
    y el silencio se postró
    a los pies
    de las vasijas de barro
    lamidas de cadenas
    y prisiones...
    mientras se modelaba el epitafio.
    Y la vida fue determinada por decreto real
    y los días
    regidos por gobernadores grises
    y la tierra fue separada
    de su vastedad
    y los calendarios
    traídos del imperio del asco
    impusieron jornadas laborales
    y castigos
    y prohibiciones
    y la distancia fue poblada
    por trenes y naciones
    por banderas y canales
    y todo siguió creciendo
    como un árbol
    de profundas raíces
    buscando el fondo de la tierra
    su identidad
    los muertos de su herencia
    que hoy esperan
    embalsamados
    con las iras acumuladas
    en la omnisciente soledad
    de los museos.



    Construyamos un puente

    Un paso obligado
    para ir y venir
    sin miedos,
    ni restricciones

    Levantemos un puerto
    un sitio donde regresar
    donde quedarse si hay sed
    o hace frío
    o faltan abrazos,
    por si sobra soledad.

    Instalemos una puerta
    - para salir -
    para no quedarse;
    para salir a volar
    de cuando en cuando.
    Construyamos un puente
    para que en la despedida
    - eternoretorno -
    todo se vuelva camino.



    Trashumancias (i)

    Al borde de la tarde
    cuando el silencio crece
    y limita la libertad
    que habita en la garganta
    te encontré
    -alternativa de la angustia-
    pálida como la bandera
    de todas las aspiraciones humanas.



    Introito

    América fue un planeta inagotable
    poblado por desconocidas raíces
    e innombrados caminos
    donde pirámides y selvas
    grillos y chubascos
    pululan errantes
    libres
    inviolables
    entre enigmáticas tribus
    y venenosas flechas
    atravesando bestias y poblados
    naturaleza y muerte
    luz y sangre
    - los ríos del alba -
    Era un mar intranquilo
    de horas desmayadas
    y ardientes playas
    era un valle
    de inmóviles rocas
    eternas
    sin odios
    sin fronteras
    sin temores.
    Era la tierra despierta:
    Bondadosa calle del barro
    por donde transitaron
    sus hombres de bronce
    brotados desde el fondo
    de su sal
    y de su azúcar
    los hijos del maíz
    y de los dioses descubiertos
    los hermanos de la luz
    y los metales
    los propietarios del agua
    y las praderas
    desnudos
    como ramo de flechas
    eternos
    como sílabas de arcilla.
    Era la tierra de ritos callados
    y rigurosos dioses
    proclamando
    la vida
    la muerte
    la lluvia
    la desesperación
    el miedo
    las lunas puras
    sin profanaciones.
    Y luego
    fue atravesado el cielo
    el mar
    el filo del horizonte
    fue una espada verde
    mordida de presagios
    y piras
    y crucifixiones
    y desde entonces
    no hubo tregua:
    rodaron por el barro
    las cabezas de los dioses derrocados
    y el crepúsculo
    ya no fue el anuncio
    del nuevo día
    cuando el arcabuz
    despertó la sangre
    en el vientre de la vida
    y la muerte proclamó
    su imperio de sombras degradadas
    y la armadura reluciente
    detuvo el tiempo
    en una hora sin nombre
    y el silencio se postró
    al los pies
    de las vasijas de barro
    lamidas de cadenas
    y prisiones...
    mientras se modelaba el epitafio.
    Y la vida fue determinada por decreto real
    y los días
    regidos por gobernadores grises
    y la tierra fue separada
    de su vastedad
    y los calendarios
    traídos del imperio del asco
    impusieron jornadas laborales
    y castigos
    y prohibiciones
    y la distancia fue poblada
    por trenes y naciones
    por banderas y canales
    y todo siguió creciendo
    como un árbol
    de profundas raíces
    buscando el fondo de la tierra
    su identidad
    los muertos de su herencia
    que hoy esperan
    embalsamados
    con las iras acumuladas
    en la omnisciente soledad
    de los museos.



    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/collado.html


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Lun 03 Jun 2024, 16:53

    Lucy Cristina Chau (Panamá)


    Lucy Cristina Chau nació en Panamá en 1971. Entre sus publicaciones individuales está el poemario La Casa Rota. El poema IndiGentes, La Virgen de la Cueva. Premio Ricardo Miró 2008 en la sección Poesía y Premio Nacional de Poesía Joven Gustavo Batista Cedeño en el 2006. Desde 1993 pertenece al Colectivo de Escritores José Martí. Es además intérprete inglés-español y cantó como solista y coros en el disco Vida de Perros de la agrupación panameña Trópico de Cáncer, así como en sus últimas presentaciones en Panamá. Respecto a la poesía nos dice:” Habrá que difundir la poesía, difundir su líquido amniótico y la savia que de ella emerge para retornar a la palabra. Habrá que devolver la poesía a los parques, a las plazas, a lo cotidiano, habrá que implantarla en la academia como una base para entender todo conocimiento, habrá que humanizar con ella todo cuanto exista, de modo que en ella la tierra se pronuncie libre y primigenia”.


    *****************


    PADRE


    ¿Viste, padre?
    No quisimos vivir en una casa,
    todos los muchachos que fuiste
    piden a llantos una madre.

    Ya no me arrepiento del mar,
    era tu casa y te fuiste,
    tocaste tierra y ya nunca
    volveremos a viajar.

    ¿Te das cuenta, padre?
    Cuando el ancla decide quedarse
    necesita un lugar donde soñar.



    LA CASA QUE FUI


    La casa que fui
    no tiene puertas
    ha dejado salir
    al habitante.



    LA NEGRA




    Hay una negra detrás de mis años
    que mueve mis caderas cuando bailo.
    Hay un hechizo que sucumbe a mis ojos:
    la magia de la isla y el continente.

    Me rindo con mi pelo rizado,
    ya no le doy vueltas a mis labios carnosos.
    Cualquier clase de tambor me pone el toque
    y yo le contesto con aromas diferentes.

    Diosa, cumbia, samba, mambo,
    no tiene nombre todo el ashé que enciende.
    Acá llegó mi mama diciendo que era blanca,
    y nadie le creyó cuando nació la negra.



    TANTO


    “mi canto está conmigo
    no tengo soledad.”
    Silvio Rodríguez

    Fuimos tan una sola piel
    que me llegaron a doler tus heridas.

    Fuimos tan una sola forma
    que no me reconozco en el espejo.

    Tu risa y la mía se acoplaron tanto
    que a falta de la tuya
    nadie pudo entendernos.

    Y yo, que tanto gocé sobre tu lecho
    ya no encuentro disfrute en el deseo
    Porque tan, tanto y tanto y tan y tanto
    no lo puedo inventar
    sino en tu cuerpo.



    PUNTO EBULLICIÓN

    A cien grados
    ya no me quedan dudas
    de la magia.

    Entre el sol y yo,
    aunque hay cuentas pendientes,
    fusilamos bacterias
    desplumamos gallinas
    horneamos pastelitos
    y encendemos la luz
    donde antes habitaba la sombra.


    NOTICIERO


    Aquella voz
    que nunca tuvo miedo
    hoy cuenta mis tragedias
    en términos de daños materiales,
    por eso me dan sábanas nuevas
    y un colchón
    en el que no están tus sudores,
    ni mis sueños.



    LA NOCHE


    Tú no sabes lo que es la noche, Niko,
    hasta cuando anuncian que no pasarán la pelea del Kid Wilson,
    y tu padre no sabe que hacer con sus cervezas heladas
    y es entonces, Niko, que todo oscurece;
    es entonces cuando el silencio te penetra y se aloja en tu costado sonriente,
    es entonces cuando llegas a pensar en el miedo
    como un extraño que llega y se sienta en tu cama.

    Y tú, Niko, pensando lo distinto de ese amanecer
    con el recuerdo del Kid Wilson dentro de su bata,
    dando pasitos de baile
    al tiempo que sus puños cortaban el aire a golpes.

    Tu, imaginando la fiesta de un knok out, Niko,
    dejándote abrazar por tu padre
    como un amigo bueno que festeja otra cosa, Niko,
    que festeja la cosa más grande,
    más hermosa, más linda;
    y a la vez sabes que Kid Wilson eres tú,
    es tu padre el día de tu parto,
    y lloras,
    lloras como el día en que naciste,
    porque no sabes quién es Kid Wilson
    ni su madre
    ni la madre de su madre,
    pero te aferras, Niko,
    porque es el único modo
    de no cargar el peso de la noche.



    LA LLEGADA

    Yo no sabía,
    adentro me iba creciendo un camino
    y un pueblo entero se detuvo a descansar.
    No sé si lo inventaron,
    pero las estrellas también pasaron con ellos
    la primera noche.

    A la hora del fuego
    el calor estaba ya servido,
    “y vio Dios que todo cuanto hizo era bueno”,
    así que la primera piedra
    fue colocada en el laberinto de la diosa.

    Era la quinta luna escrita,
    cuando la primera tempestad sacudió las ventanas
    y los gritos ahuyentaron a la muerte
    del manto rojo.

    Después,
    empezaron a llegar los tambores,
    con ellos, los pasos,
    una mantilla bordada en hilos del resguardo;
    y un día
    el sitio empezó a poblarse de cantos.

    Allí fue que los rituales se inventaron,
    y yo para grabarlos
    derribé piedras para hacerlas
    depósito de la heredad
    en donde buscar los arraigos.

    Aquel camino se llenó de pasajeros
    y no hubo manera de saber
    hacia dónde querían llegar con tanto apremio,
    sólo se pudo reconocer
    a quienes olvidaron calzarse los zapatos
    y escribir su nombre en el silencio.

    Anoche recordé
    que de tanto reír
    saliéron desde adentro parques,
    y una legión entera de inventores
    se dispuso a crear soluciones para dormir la noche entera.

    De todos lados emergían
    millones de “lindas manitas que tengo yo”
    y lloraban a carcajadas
    los cementerios sedientos de ojos
    que nunca llegaron a ver más allá
    del inicio de nuestro largo camino.


    EL TREN QUE PERDÍ


    Era yo, de pie junto a los rieles del tren que había perdido.
    Lo perdí ayer, cuando dieron las doce y nadie había tocado mi puerta;
    lo perdí siendo niña, frente al príncipe bueno del libro de cuentos;
    lo perdí la noche en que un hombre me negó como su huella.

    Mi madre jugaba a las muñecas con calcetines viejos,
    pero las abandonó por la penumbra de su herencia,
    y otra vez perdí.

    Hace tanto tiempo un barco sombrío encalló en la arena,
    y mi abuela fue expulsada con rabia de ese vientre
    que sólo paría desconsuelos.
    Allí perdí no sólo el tren, sino el camino a la infancia.
    Yo, que venía esperando en la llanura,
    iba a perderle sin saber por qué Ikele no se despidió de su Yimbé.

    La noche empezó llevándoselo todo
    (sólo en la punta de mi dedo encontrarán la clave),
    el frío se apiadó y me hizo compañía,
    hasta escuchar crecer el sonido de los rieles.

    Hoy he sido yo de pie frente al tren,
    lo vi partir
    no tuve miedo,
    porque sé que hace mucho tiempo
    lo perdí.

    LECHE


    Llevo la camisa empapada en leche
    y el presentimiento de un llanto que me necesita.
    Del corazón me viene medio litro de sangre
    guardada para el hambre de mi niño.

    Busco descansar en sus brazos
    pidiéndole perdón por las horas de sueño que he perdido.
    Sólo sus pequeños labios me dan el descanso extraviado,
    sólo su sed de vida indica la suerte de mis pasos.



    BRUMA


    En este país
    hay ciertas lluvias
    cuyo oficio es borrar el mundo
    gota a gota.

    Y nunca falta quier reclame
    haber sido olvidado.




    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/88_89/chau.html


    _________________



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    y en ese vuelo y en ese sueño
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    Mensaje por Maria Lua Mar 04 Jun 2024, 09:54

    Javier Alvarado (Panamá)


    Javier Alvarado Nació en Santiago de Veraguas en 1982. Licenciado en Lengua y Literatura Españolas por la Universidad de Panamá. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven de Panamá Gustavo Batista Cedeño en los años 2000, 2004 y 2007, el Premio de Poesía Pablo Neruda en 2004 y el Premio de Poesía Stella Sierra en 2007. Primer Premio de los X Juegos Florales Belice y Panamá, León Nicaragua con Ojos Parlantes para estaciones de ceguera. Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán 2011 en poesía con el libro Balada sin ovejas para un pastor de huesos. Premio Internacional de Poesía Rubén Darío por su libro El mar que me habita. Obra Publicada: Tiempos de Vida y Muerte, 2001; Caminos Errabundos y otras Ciudades, 2002; Poemas para caminar bajo un paraguas, 2003; Aquí, todo tu cuerpo escrito, 2005; Por ti no pasa nunca el Tiempo (y otros poemas al espejo), 2005; No me cubre de edad la Primavera, 2008; Soy mi desconocido, 2008.
    “Ser y seguir siendo siempre la voz ante todos los sucesos individuales y colectivos de la humanidad: la poesía la escriben algunos y todos, que son parte de la misma masa, del mismo átomo, del mismo o distinto gen, del mismo génesis o apocalipsis, apoyándose en las alas de todos los calendarios: escribiremos con ella las utopías que se alcanzan, las inalcanzables y las que no seremos testigos de palparlas. Me uno a Gonzalo Rojas cuando dice: Dormiremos progenitores en el polvo con nuestras madres que nos hicieron mortales, desde allí celebraremos el proyecto de durar, parar el sol, ser ¿cómo los divinos? de repente?”


    *****************


    Ajustando el pago en la pensión de Góngora

    Ya se habrán inflamado en la pensión
    Las antorchas del lenguaje,
    Los papeles se apilarían como carbones encendidos
    Donde las acusaciones
    Delimitarían los fuegos y la imagen, el vapor que dejan las despedidas,
    Los sarmientos que evaden la zancada eterna de la tregua,
    La lluvia que se dispersa
    Entre las espigas y la torre, como si llorásemos derrotados
    Bajo las ingles del muro, cuando se vaporiza un espejo
    Y la ancianidad consuma en harapos
    La mano de otra ausencia,
    Los brocados que se suceden
    Al arpa
    Ante la evocación y las semillas.
    El barroco
    Nos sucederá temblando.

    Las Soledades serían como un discurso del gavilán en el invierno,
    Una espada que entre en el Duero
    O una alucinación de Dios
    En la botija.

    Se iría temprano a acostar
    Con la pobreza desnudada hasta los codos,
    Con esos letreros de muerte
    Que bailan sobre el aire

    La pensión de Góngora será como la madera
    Recién cortada,
    Allí no entrarán las cenizas
    Que aunque grandes no tendrán sentido
    De ese el otro Quevedo
    Que ante la muerte levantará su copa
    Para compartir el puesto ante la mesa.
    Y así atendiendo a la fuerza innovadora

    Del amor y la costumbre, de esos panes
    Que se adhieren al frescor y a la garganta.
    Honradamente pertenecemos al silencio.





    Meditaciones en un bosque de Escocia

    Seguiste las instrucciones para leer a los árboles
    Ernesto Carrión


    Abro estas rocas para estar despierto
    Para imaginar que he colocado sobre este suelo cada uno de sus árboles.
    Hay dioses blancos y hay dioses más oscuros
    Algo que el chubasco me ha permitido ver
    Algo que no sucede y que sin embargo ocurre en mi conciencia

    Suelo derramarme sobre este campo como el pequeño arroyo
    Que en vez de morir se va a alimentar la charca afiligranada de los patos,
    Me subo a los troncos y las ramas levemente se resquebrajan
    Abro la fábula del cuervo y Edgar Allan Poe va sucediendo
    Sobre los bucles de Minerva.
    Hay un esturión castrado
    Y un ánfora de sol que destella copos de nieve;
    Ese mundo irregular donde se abre el poema
    Y la sombra se hace corpus,
    Vino de la realidad para el deleite de otras desapariciones
    Un muchacho juega desde su puerto y empieza desde siempre
    A escupir las tempestades, otra chica más arriba
    Es la que esparce el viento por la tierra
    Ambos combinan el aguaviento que azota estos lugares.

    En este verano que parece invierno solía jugar con mi caballo
    Ornamentar mi silla de montar con los cascabeles de mi patria
    Perder el equilibrio en los telares acuosos de la nieve
    El vino que se derrama y va aletargando las alquerías
    Las sastrerías del agua que susurran sus verdades a los troncos
    A los hábitos de los ascetas y de quienes viven en el monte
    Vegetando entre las oscuras estepas que huelen a pino recién cortado
    Imaginándome que puedo permanecer como un hilo de estrella
    Donde va colgando el pergamino de la araña
    Esa sacudida de los peces y de los mares que se van abriendo
    Hacia la conquista de ese otro mundo, donde no hay palabras
    Y poseemos malos hábitos, eso de amar con un lirio resplandeciente
    Con un guijarro empalmado que se abre hasta dominar el cristal de la semilla
    Asistir a los oficios nocturnales y seguir al Buen Pastor en su domingo
    Por la siesta de los cereales y el pan
    En cada paso del corcel que se retira
    Entre calles asfaltadas por las corolas de las flores.
    Termino por creer que hay una estatua rota
    O un arenque saliendo de la endurecida lengua.
    Hay fitoplánctones y pirañas en nuestro estómago
    Lunas quebradizas que cuelgan de las orejas
    Y una luz color de ámbar que destilan los cestos olvidados de manzanas.



    ENTERRADERO DE EL CIPRIÁN


    En este enterradero todos tenemos epitafio
    Una oscura canción que nos persigue desde el pasado hasta el presente
    Como una guirnalda de pobres vegetales,
    Estos muertos que me habitan a veces, que tanto cargo
    Que corrijo en sus posturas, en sus gestos, en sus hábitos,
    Que corren detrás de mí como el niño tras el llanto amargo del agua
    Se van navegando junto a mi sangre
    Como se va escapando el invierno en su fragata.

    ¿A dónde se fue quedando el ropaje de nuestros primeros abuelos
    Y el disfraz de loca y pordiosera de mi abuela
    Con su legajo estival después de pasar por los chamuscados
    Telares del viento, si eso dicen que la locura entra por el aire
    A su viento, donde todos hemos de ir con el primer himno o la campanada
    Terrena de esta suerte, de ser huérfano en la luz,
    En la territorialidad y en el polvo?

    ¿A dónde está ella y el cruel abuelo
    Que fue dispersando sus hijos por la tierra
    (Vitervo, Bredio, Janeth)
    Como las cuentas prófugas de un collar
    Que halamos con la rabia del tiempo, con esa sacudida
    De los animales que vuelven del espasmo
    Cuando la noche se posa sobre nosotros
    Como un gigantesco amaranto o como un pulpo
    Que se ha sacado partituras con el orgasmo pétreo de su tinta?

    Oh, mis primeros muertos que el chubasco del invierno
    Me trae en desordenadas imágenes
    Donde se contemplan el bestiario de las musas
    Si no he podido contemplar la levadura de sus huesos
    ¿Dónde está su tumba, abuela inmemorial de maíz y greda
    Marcaria Espinoza la que se fue sin ataúd
    Sólo con la mortaja de llanto de sus hijos ausentes
    En su humildad y en su locura?

    Nosotros abandonaremos estos cuerpos, habitaremos estas burbujas
    Que el invierno escupe.
    Habrá tumbas desde el cielo a la fragata,
    Nos hospedaremos en tu casa y seremos todos tan reales y desconocidos.
    Éste es tu enterradero de El Ciprián, donde todos tendremos epitafio.



    OFRENDA DE CEBOLLA


    Not a red rose or a satin heart.
    I give you an onion.

    It promises light
    like the careful undressing of love.
    Carol Ann Duffy, Valentine

    No me des la rosa
    No me des el páramo, las calles.
    No me des el tintineo del árbol,
    No me des el agua y su cofre de cristales.
    No me des las espinas de lo bello
    Dame la cebolla
    Esas que se cultivan en Coclé o en otras partes del mundo
    Donde su piel es blanca,
    Nívea como un pecho de lobezno adolescente
    Parda como el plumaje de una tierrerita
    Desdoblada sobre la hoja inmóvil.
    No me des del labio acuoso
    Ni el bosque petrificado que llevas dentro
    Como una copa de vino desmadrada
    Los dones terrenales y celestiales
    Que la creación te fue otorgando
    Con las espigas demolidas,
    Mejor el cráter nocturno
    La cereza pálida
    El venado derretido que alza los cuernos
    En los festines de la cama
    Olorosos como la canela llevada en el desierto
    El sexo en el pico del ave
    Que va goteando el semen táctil
    O la enjundia del misticismo en la semilla.
    Prefiero huir de tus reinos
    Y dejar el servicio puesto,
    Los utensilios, la comida fría
    Esa es la comunión de tu cuerpo al pelarte
    Al quitar la piel y ser poseso del cuchillo
    Y descubrir tu carne en gajos curvilíneos
    Que se abren despaciosos como un milagro
    O un pacto de Dios en los corderos.
    No me des nada,
    Solo sembrad una cebolla aquí en mi tierra
    Que el tallo vaya creciendo hasta alcanzar
    La desmesura del cielo y el juicio de todos los confines.
    Yo te dejo una rosa,
    Te dejo los vientos, los mares, las residencias
    Todo lo palpado, oído, gustado, visto y olfateado.
    No me des los dones, no me des el cuerpo.
    No me des las estaciones
    Ni el abrigo ni el paraguas.
    Arrebátame todos los vegetales del mundo
    Pero no me dejes en orfandad
    Sin la cebolla.



    EL FOTOÁLBUM


    Me pongo a mirar las fotos al fondo>
    Donde se erige el álbum de la nada
    Mujeres antiguas con vestimentas
    Que hoy se apolillan en baúles de caoba,
    Caballeros de sombrero y corbata que van y vienen
    A una boda que siempre asisten.
    Los abuelos que se fueron de uno en uno
    Hasta desperdigar sus genes y la sangre de sus hijos.
    Leonardo con su ropa caqui deambulando
    Con su caballo colorado
    Por un potrero de maderamen y ceniza,
    Lucila con su pollera o pedaleando la máquina de coser
    Motivando la aguja que ha de coser los trajes
    Inolvidables del invierno,
    Marcaria la loca que busca el refugio materno
    De las aguas,
    Celestino con su sombrero ensimismado
    Y el rostro de la vejez tan denso
    Como arboladuras animales,
    Ahora Reyes que se ha ido
    Dejando una blanca cola de estrellas
    Y un perfume perpetuo.
    La tierra se los tragó como el trabajo
    Como el agua de la lluvia, el pan y el sacrificio
    Hoy ojeo estas fotos y me persigue
    El canto de un gallo fantasma.
    Todos los recuerdos están como un guijarro
    En la palma de la mano,
    Como una oración de un desconocido detrás del muro.
    Todas las abuelas me dan sus bendiciones.
    Hay algo que busco y se ensombrece.
    Es mi foto de muerto, que tarde o temprano, se ha de iluminar.



    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/91-92/alvarado.html


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Miér 05 Jun 2024, 08:56

    Moisés Pascual (Panamá)



    Moisés Pascual (Ciudad de Panamá, 1955). Poeta, narrador, periodista, educador, promotor cultural y pintor autodidacta. Ha publicado los libros de poemas: Los versos de Alejandra, Los Infelices, Proclama del amor en guerra (Premio Internacional de la revista Diálogo Social), Palomas al atardecer, Jugar a la vida, y Monólogo del Náufrago (España, 2004). De igual modo el libro de relatos infantiles La casa del pececito. Tiene a su haber varios poemarios, y premios de poesía. Premio Anual 2000 “Samuel Lewis Arango”, Campo de Letras, Revista Lotería (Panamá). Poemas y relatos suyos han sido publicados en revistas y antologías de Panamá y el extranjero. Premio “Ricardo Miró” de Poesía 2003 (Panamá), con su poemario Traganíquel. Mención de Honor en el Premio “Ricardo Miró” 2005 (Panamá), por su libro de cuentos En el país de los pájaros aburridos. Premio Ricardo Miró de Poesía 2010, con su libro Conjugando.Mención de Honor en el Premio de Literatura Infantil y Juvenil “Carlos Francisco Changmarín” 2010, con su libro de cuentos La pandilla del guayacán azul. Ha residido en Nicaragua, y España (Barcelona y Menorca). En la actualidad vive en Panamá y se dedica a la enseñanza del español y la literatura en la Escuela Internacional de Panamá (ISP). Posee una licenciatura en periodismo y comunicación social (Panamá), y una Maestría en la enseñanza del español (Jaén, España). Es colaborador del Festival de Poesía Ars Amandi (Panamá). Gran parte de su obra poética y narrativa (cuentos y novela) se mantiene inédita.


    *****************


    Muerte sin amor

    Yo temo a la muerte sin amor.
    Tú temes a mirar un rostro en un espejo viejo y roto.
    Él teme a volverse de piedra entre la seca hierba.
    Nosotros tememos a quedarnos sin casa de azul cielo y tierra.
    Vosotros teméis a la tormenta de la soledad y sus rayos.

    Ellos temen a quedarse sin esclavos.


    del libro: Conjugando, Panamá, 2010



    POEMA DE LA DESPEDIDA

    Quizás una mañana o una tarde,
    no importa el tiempo, ya el tiempo no importa,
    te subirás a una loma como la jiba de un camello,
    en el último día,
    abrazando todo el horizonte con una mirada,
    así como hacen los elefantes,
    y como un niño que aprende a decir adiós
    con las manos,
    dirás adiós simplemente,

    y quizás hasta llueva,
    porque cuando uno está triste
    el día lo sospecha y no se aguanta las ganas de llorar…

    y entonces comprenderás
    al fin, por fin,
    estático y en silencio,
    después de tanto tiempo,
    sin murmurar una palabra,
    con el viento en la cara,

    qué grande es el mundo
    y qué pequeños somos los hombres
    que habitamos en esta solitaria parte de un universo tan infinito y oscuro,
    amando,
    sin respuestas,
    un aluvión de tantas preguntas inciertas.

    Sept. 2013




    EL ÚLTIMO SOL
    1


    arrinconado,
    perseguido por la lluvia

    me encarcela
    me detiene
    me abraza

    y me moja

    el amor.

    2

    penetro la noche
    como una vela apagada
    en la taberna de las viejas desdentadas,
    hasta el fondo de las horas vividas,
    con un silencio de inertes pasos
    de nocturno pájaro
    hasta romperme en sombras,

    polvo las piedras,
    con un grito de cautivo oleaje
    mis palabras se deshacen
    en las humedades tibias de
    tu planeta ardiendo
    en flamas
    de líquido oro,
    volcán de mieles


    una catarata de nieve
    espesa
    se desliza
    en tu horizonte
    de recta sangre
    donde un sol devora estas ansias
    de vivir en tus abismos
    adentro
    mi cielo


    y entonces de golpe
    me vuelvo mar
    indócil,
    ancla enmohecida
    y espada,
    en tus dos orillas,
    perlas y algas

    y sin más
    nos hacemos multitud y agua,
    como esos galeones rotos por el tiempo,
    habitados por los sonrientes fantasmas
    del delirio,

    alucinando futuros,
    sin más explicación,

    cardúmenes y arrecifes de vida,

    ballenas con alas.

    (Panamá, 1955)




    ADIÓS, HIJO MÍO

    A la memoria de Abycín


    sé que hay dolores sin nombre
    en la punta de los lápices afilados
    abismos indescriptibles

    fugas en el desliz sin fondo
    vidas que son destellos de vidas
    hogueras apagadas

    cuando uno solo quisiera ser aire o luz
    lombriz
    irse con los amados al cielo de los dioses
    los ojos los huesos
    bajo los minerales
    boca abajo
    para abrir los ojos
    otras mañanas
    y otros días
    arrancando con las uñas las hierbas y los metales sucios,
    ardiendo en el fuego del amor,
    abriendo caminos en el agua

    días que ya no serán iguales a aquellos los otros días
    en que juntos anduvimos por la vida
    bebiendo alegrías
    de estrellas ebrias y soles con manos amigas
    islas y peces multicolores
    arcoiris submarinos
    arrecifes y nubes de verano
    llantos de lluvia sin ojos

    caminando de norte a sur los infiernos de la ciudad
    cantando coplas a las mujeres desnudas
    con sus pieles de nieve,

    pero hay días que no tienen palabras
    ni saludos
    ni razones que entender
    palabras imposibles de mascar como pan
    lágrimas como diluvios
    horas vacías
    mundos sin esferas,
    días tristes como guerras vencidas,


    eso que somos los humanos con las alas rotas,
    sombras que flotan en las tardes,
    animales hechos de cenizas
    y burbujas de cerveza

    buscando entre piedras y piedras
    la puerta de la casa
    las abiertas ventanas
    las huellas de la sal
    los caminos

    y los abrazos que se abren como mares
    llenos de flores azules
    en las memoria de los días que nunca se irán
    del corazón,
    oh puerto de tu dolor, mío,
    hijo o hermano,

    palabras sin alas
    que en la soledad de todas las noches
    juntas lloran
    dicen tu nombre de pequeña travesura:
    dibujos y naranjas,
    óleos amarillos,

    niño del alma,
    en locos jardines sedientos
    donde espinas matan rosas,
    vagabundos y guitarras,
    trenes y selvas, patrias heridas,

    las antiguas risas que le dan la vuelta a la Tierra,
    de regreso al vientre del amor,
    disparando relámpagos,
    besos con sabor a ron.

    sí no me preguntes por qué
    yo sé que hay dolores sin nombre
    en la punta de los lápices afilados,
    en todos los nombres
    de las cosas,
    tu risa de sol encendido
    de viento y de árbol

    sombras que flotan en las tardes,
    animales hechos de cenizas
    y burbujas de cerveza,
    tiempos que volverán a ser tiempo,
    nunca sangre de olvidos,

    porque el amor siempre crecerá, crecerá…
    como las mariposas en su limpio día,
    en la eternidad del aire y sus colores,

    días que volverán a ser amaneceres,

    bosques verdes, y sueños como los sueños,
    sin fin.

    Panamá, 23 enero 2014


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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    y tren de tus ilusiones."
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    Mensaje por Maria Lua Miér 05 Jun 2024, 16:41

    Osvaldo Sauma, Costa Rica



    Osvaldo Sauma es poeta y antologista de poesía, ha publicado en este género, los libros: Las huellas del desencanto, 1983; Retrato en familia, Premio Latinoamericano EDUCA, 1985; ASABIS, 1993; Madre nuestra fértil tierra, 1997; Bitácora del iluso, 2000; El libro del adiós, 2006; Elegía temprana, La Canción del oficio, 2013. También ha realizado las antologías: Poesía infantil del Conservatorio Castella, 1986; Antología del Conservatorio Castella, 1990; Los signos vigilantes, antología de poesía ecológica, 1992; Tierra de nadie, antología de nueve poetas latinoamericanos, 1994; La sangre iluminada, antología de seis poetas latinoamericanos, 1998; y Martes de poesía en el Cuartel de la Boca del Monte, 1998.

    Al decir de Raúl Zurita: «El desgarrador acento lúcido y devastado que atraviesa cada una de sus líneas donde «Homero y Ulises vuelven a quemar las naves», como se nos dice en el impresionante verso que finaliza Bitácora del iluso, nos evidencia la tristeza de un mundo y de un tiempo que, como ha sucedido tantas veces antes, tampoco ahora llegó a ser. Así, su poema «Recuento», por ejemplo, que recuerda la conmocionada voz de un Ungaretti escribiendo desde las trincheras de la primera guerra, se alza como el verdadero manifiesto de una derrota generalizada. De un descalabro que pareciera inscrito en el corazón de este fin y comienzo de milenio y que cada vez más se presenta, en medio de la estridente fanfarria del mercado, bajo las formas del vacío y del desencuentro. La poesía de Osvaldo Sauma toca ese desencuentro como pocas veces he podido percibirlo. La tristeza implacable, demoledora de sus poemas, como la del mismo Ungaretti, de Kavafis o de Ciorán, es en suma la nuestra, y si ella se alza finalmente como una radical crítica al mundo, a la existencia, a la realidad tal como la hemos venido experimentando, es porque los poemas que la retratan, directos, concretos, tangibles, alcanzan la maestría»



    *******************


    Raíces


    "La poesía es el oro de los árabes"
    (G. Virgil Georghiu)



    Mis detractores ignoran
    que la memoria espía
    el itinerario de los abuelos
    no advierten
    que el esplendor de los desiertos
    impide que me arrebaten
    el oro de los versos
    y la fuerza de la sangre

    inútiles resultarán
    sus maledicencias
    esta raíz ancestral
    me entrelaza
    a la legendaria feria de Ukaz
    en el tiempo de la Tregua de Dios
    donde los poemas victoriosos
    se transcribían en seda negra
    y un año duraban
    proclamando entre los vientos
    la tesitura del más noble de los árabes :
    el que bajaba la hija del ojo al corazón
    o esculpía una flor entre los labios







    Una mujer baila


    una mujer baila
    amparada a la noche
    despliega sus brazos
    como decir sus alas
    desde el centro del aire
    hacia las afueras del aire
    en diagonal a los espacios de la luz
    entre los costados de la sombra

    una mujer gira
    como un astro
    y sobre sí misma
    esboza
    la ruta del azar y sus conjugaciones
    gira
    baila
    alza un tiempo magnético
    como quien alza un pájaro
    desde la tierra que lo atrapa
    y traza con un carbón encendido
    el lenguaje bermejo de las cavernas
    baila
    y con ello sacude
    los miedos de la infancia
    que aterrados todavía
    nos llaman desde su adentro

    una mujer baila
    sobre el corazón de la madera
    para enardecer
    el latido ciego de la vida
    baila sobre mis heridas
    para recrudecerme
    el camino del remordimiento

    una mujer baila
    sola contra la adversidad
    baila sobre el planeta errante
    sobre un contratiempo de la memoria
    y se fuga en esa fuga de la música
    y vuelve sobre sí misma
    para revelarnos
    un deseo desterrado del Paraíso terrenal







    Mirándola dormir



    todo hombre es su propio sol
    en la media noche del hastío
    cuando los grillos chillan
    como fuego endemoniado
    y las estrellas
    están más distantes que nunca

    bajo la luz del aguardiente
    todo hombre
    apaga
    la lumbre interior de la nada
    mientras mira dormir
    a la mujer que le cedió el destino
    no la que le inventó la ilusión
    todo hombre
    que como yo se emborracha
    junto a la mujer
    que nos huye en sueños

    evade la necesidad del otro
    hace de su fracaso
    un tintineo abstracto
    y se bebe en silencio su perdición






    Equidad



    que nadie se vaya impune de esta fiesta
    ni escape nadie por la puerta trasera
    como si no fuese artífice de su negligencia
    que no olvide la cuota de horror que se merece
    ni diga
    no sabía/ yo pensaba/ tengo el alma noble

    que nadie huya
    de esta fiesta de los taladros
    con licencia de ángel obeso
    que prohíban la venta de bulas papales

    que nadie abandone el barco
    como las ratas
    ni cabe túneles
    como los topos

    que no se salve nadie si no nos salvamos todos


    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/osvaldo.html


    _________________



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    "Ser como un verso volando
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    y en ese vuelo y en ese sueño
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    siendo guardián en tu cielo
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    Mensaje por Maria Lua Miér 05 Jun 2024, 18:49

    Jorge Arturo Venegas (Costa Rica)


    Jorge Arturo Venegas. (San José, 1961 – 2010) Publicó: Se alquila esta ventana (1988), Un paraguas llamado Adrián (1989), El blues del aprendiz (1992), Perrumbre (1994). Dirigió e integró el colectivo y la revista "Kasandra" (1990).


    ***************




    alrededor de la casa de mi infancia
    siembran puñales

    *

    en la casa de mi infancia se celebra el rezo del niño
    bajo un sol de aguardiente

    su cuerpo es un maizal picado de naranjos

    yo lo recorro con el corazón partido al medio
    como una papaya de luz

    a cada paso las cosas me hablan
    ignoro lo que dicen pero me regocijo
    como un atardecer entre bambúes







    todo está bien


    todo está bien
    el girasol es girasol
    la calle calle

    el cuerpo navega entre miradas
    el autobús se tarda
    pero te veo
    en la repentina ventanilla
    que siempre va donde no voy
    entonces
    el girasol es un mordisco en manos de algún ciego
    la calle una lápida sobre mi frente
    mi cuerpo un mapa de mí que no conozco
    y el autobús un túnel sin regreso







    un paraguas llamado adrián




    tocaban unos minué en la pianola
    el papá entró la niña dijo:
    “papi estoy bailando con mi novio”
    —y abrazaba al galante paraguas—
    “se llama adrián”

    mientras me figuro
    crece en el jardín el mundogato
    la mente caminará descalza
    cuidando no estampidar mis fantasías
    sus cuervos hurgarán entre mi multitud
    a ver dónde me encuentro
    pero serán vaho: haré como la niña
    que arroja pececillos al agua al runrún del mundo
    y baila su presentimiento
    con un tal paraguas llamado adrián







    la niña y la vida



    la niña juega en el jardín
    con su perro de hojas
    sus manos arcángeles retirados
    sus movimientos abejas y aviones
    la muchacha juega con el jardín
    alcanza las estrellas de saltito en saltito
    las besa las incita pero se regresa
    la mujer se juega el jardín
    el perro entonces calla y se empequeñece
    parece el ojo de una sonrisa
    de una niña que juega al jardín
    con su perro de hojas


    _________________



    POETAS LATINOAMERICANOS  - Página 5 Marialuaf


    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Miér 05 Jun 2024, 18:53


    Guillermo Fernández (Costa Rica)


    Guillermo Fernández nació en San José de Costa Rica en 1962, es poeta, profesos y cuentista. Realizó Estudios superiores en Filosofía en la Universidad de Costa Rica. Ha publicado los libros de poesía: La mar entre las islas (1983), Atrios (1994), Estocada final (1997), Para días posibles (1997); Danzas, 2002; Hojas de ceniza, 2017. Libros de cuento: Efecto invernadero, 2001; Hagamos un ángel, 2002; Tu nombre será borrado del mundo, 2013; Camino de estelas. Antología de cuento, 2018. Libros de novela: Babelia, 2006; Nebulosa.com, 2007; Ojos de muertos, 2012; Te busco en las tinieblas, 2015; El ojo del mundo, 2019.


    ****************



    (Del libro inédito Danzas)



    Sismo



    Tiembla:
    Las plataformas se abrazan por siete largos segundos.
    Lava contra lava y piedra contra piedra.
    Se hunden en sus grietas los ríos maduros del petróleo,
    el aliento amoroso del azufre,
    los mosaicos donde el fósil espera la impresión de una vida futura.

    Entregadas a sus besos las placas continentales,
    se atenazan mutuamente las moles,
    adorándose como en el tiempo de los gigantes terrestres.

    Dos o tres veces miramos a los cielos.
    Y seguimos por los caminos tocados por nuevas savias.
    Seguimos sin saber que el amor abajo es tan intenso como arriba.
    Y que solo de pasión se caen los edificios.






    Nocturno por un silfo



    ¿Qué extraño aire viene a henchir de signos a esta tu soledad que hiere como un remordimiento incurable? ¿En qué momento la rosa desnuda el sentido del incendio, abandonándote, a la buena de Dios, en esta boca de lobos que no dice la palabra que te invento?

    Dime, hermano invisible, el nombre del camino en que extravías tu rastro.

    Dime cuál es el cuerpo de mi sombra, la fidelidad antigua que te ciñe en todos los rincones de esta noche —huérfana rama de pájaros—; el asedio sin fin a la orilla de esta luz que no se toca con el pensamiento y aventura la huella de tu nomadía.

    Dime la espiga que se guarda el agobiante cuidado senil de la madre que invierte ensueños y ternuras en el unigénito atardecido entre sus manos.

    Dime el santo y seña con que aprehenda la estatura nocturna de tus besos, la deslumbrante geografía que he visto en el floreal mapamundi del sueño.

    Seré el color que abra la puerta de tu laberinto en primavera, la nota que enhebraba el suceso de los juegos más tiernos y remotos.

    Seré el calendario que vaya nominando, escaño a escaño y sin tregua, la escala inexplorada de tu sangre.

    Oigo tu paso perdido entre la noche.

    Mi voz no tiene más patria que tu oído.

    De Visitaciones





    Palinodia



    Flota en la memoria la sombreada humedad que penetra las cosas sin olvidar un sólo espacio virgen, contagiándolas de un peso desconocido.

    Se piensa que las flores caen de sus pequeños campanarios de colores cuando el viento las derriba con arietes invisibles, o que las piedras, fingiendo un retiro sagrado, rompen la quietud de sus estancias al impulso de una señal indescifrable y demoniaca, que viene de la tierra a derretir la parálisis difícilmente duradera.

    En la encumbrada soledad del aire incompartible alguien se orilla a nuestro oído a secretear que no hay nada más cercano que aquello que pensamos desconocido. Se aviva el gesto del sueño vigilante en nuestras manos, disolviendo las islas de la realidad anémica, y se desata una corriente en el cuerpo de todo lo que habrá de venir a gritar desconocidas evidencias, a fundar en espacios descubiertos el ala más callada que abre su vuelo en la entraña de lo existente.

    (Acudiría la calle provinciana si el olvido descuidara el ritual oficio de su celo. Volverían a urdir los enrejados las sombras cedularias; el ventanerío insomne, velado por blancuras sospechosas, defendiéndose de la luz como de una ofensa que tarde o temprano debía de ser padecida. Irías en ella como por un río de riberas hostiles, adivinando miradas enemigas, acechos rencorosos y el hurto a sovoz de una libertad sedentaria y engañosa. Ahondaría en tu paso la aceleración que precede al salto del aullido repetirse en la sombra; escucharías el rumor del lentísimo desgaste de la alfombra bajo unos pies en fuga perpetuamente fracasada. Encontrarías tu nombre en un jarrón coronado de epitafios; la esbeltez de los aromas marchitos en un pañuelo secretamente guardado. Sabrías la duración de tus ausencias si bajaras a los círculos de sombra labrados por el llanto y ardores solitarios de las doncellas agostadas por el in­fierno virginal; sabrías la detenida madurez floreal en los bordados de las almohadas estérilmente blancas, devoradas por una frialdad incurable.)




    Nada queda de ello sino el albor fiel de una posibilidad de olvido remoto…

    Ahora sabes que todo regresa a decir la existencia de una desaparición inconforme que se adhiere a la piel y reseca la voz con avaricia. Sabiente de que nada ocupa el sitial de lo último, reconquista escondrijos usurpados que reclaman sus destinos, para siempre.

    La palabra se reenciende en la tibia humildad de los rescoldos, llena las sienes, anubla el paso por venir y se difunde por los hondos laberintos de la sangre, alimentando la resurrección de lo que no muere nunca del todo.

    Aquí está —aparentemente petrificada en los caminos del tiempo—, humedeciendo la osamenta quebradiza del primer encuentro, reedificando el muro de la hora palmo a palmo y extendiendo una alfombra de piedra en la herida fresca de la calle que escapa a un horizonte de colinas coloreadas por la lejanía.




    Todo sobrevive igual en la pobreza.

    Escalarás el viento hasta aquel alto nido de palomas y sentirás de nuevo en tu pecho el relámpago azul que descendía entre los rebaños promisorios del verano;

    irás cobijando bajo el puño el mismo sueño, que no fue al viento, porque no hubo un viento a su medida;

    llamarás por su nombre a cada una de las piedras que amaste como a tu propia vida y les preguntarás de lo acaecido durante tantos siglos de ausencia.

    Sabrás —al fin— si aún es posible llevar una vida pasada entre los brazos, como si fuera un ramo de amapolas.



    De Visitaciones


    Fugacidad


    Aquella última burbuja, la que vive de tu aliento limpio y suave ¿adónde irá?

    Venial y liviana, un soplo apenas de tu irisado abril, obedece la voluntad del viento, inconsciente de su hermosura y de su perfecta humildad. Un instinto sabio la conduce entre tantos rencores implacables, eludiendo aleros, muros, umbrales surtidores de la entraña enemiga y secreta.

    Mil asechanzas la miran pasar, cumplir la eternidad relativa de todo lo que es hermoso, y tan leve, que una mirada impura la destruirá.

    Aire, vivirá en el aire lo que el aire quiera. Dejará de ser tan pronto y silenciosamente.

    Ese aliento tuyo, la existencia en su forma perfecta, la transparencia de su pensamiento y de sus actos ¿adónde irán? ¿Y por qué?

    Simple en su verdad ¿qué mortal extrañeza invadirá su vida intocable al diluirse en ese otro mundo que no vemos sino a través del dolor, que nos aplasta y persigue a donde vamos? ¿Con cuáles ojos mirará su desamparo?

    Algo de ti desaparecerá con ella. Algo en lo más hondo de mí se rompe y abre un vacío que ya nada habitará.

    De Visitaciones


    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/54_55/fernandez.html


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Miér 05 Jun 2024, 18:56

    Rodolfo Dada (Costa Rica)


    Rodolfo Dada nació en San José de costa Rica en 1952. Poeta y escritor.Integrante del grupo coordinador del Festival Internacional de Poesía de Costa Rica. Escritor de literatura infantil. A nivel de la poesía en el 2004 publicó el libro Cardumen; enesta publicación , en la primera parte, libros inéditos escritos desde la década de los setenta hasta el año dos mil tres, los cuales son: Cardumen (2003); Fotografía en Sepia (1981- 2000), Sobremesa (1984), Pequeño poema Colorado (1977) y Cuajiniquil (1975).En ese conjunto de obras se deriva de la temática del paisaje marino, selva y arena a una nostalgia profunda de los poblados, la infancia y los instantes detenidos en las fotos; luego, sin perder el hilo conductor de la naturaleza y el mar, hace transición a un mundo infantil mucho más marcado, en el que el poeta escribe en dirección a los niños, con historias y episodios coloridos que muestran los poemas como un dibujo coloreado con crayolas, historias en la que la naturaleza devuelve personajes casi mágicos llevados todos por un ritmo sólo comparable con los sonidos de las noches en el trópico.


    ****************


    Digo patria
    y hay un pez azul
    que nada en un mar ilimitado
    recuerdo el vértigo cuando el arrecife termina
    y el mar vuela infinito
    recuerdo también el pez azul de mi infancia
    en estos ríos que cubren la tierra

    la patria es entonces la memoria del agua
    el vuelo de un albatros
    sobre esa memoria
    crecida por los años
    aquí un ejército de peces
    protege el infinito
    la aleta que lo guía como la mano de dios

    aquí la línea azul que separa
    las dos manos se prolonga
    y como un niño pinto pajaritos en ese horizonte





    Camino una calle que no existe

    Lo único que tengo se desliza
    gota a gota entre los dedos

    La gloria de otros años no es la sal
    que ahora me conmueve

    Vi una ciudad, lo juro
    un café perdido entre sitios difusos
    poblado de amigos y muchachas
    Vastedad donde una barca azul
    sólo es visible en la tormenta

    Es una cárcel inmensa esta ventana

    Donde un pulpo desliza sus tentáculos
    y un pez otea desde el vidrio
    mi diminuto espacio





    Sólo la lluvia recuerda al mar en esta ciudad

    Infancia anclada entre fósiles, piedras
    peces en las vitrinas

    Presiento un mar ahogado
    en la intimidad de las almejas

    Saco mis manos
    busco la sal y no la encuentro

    Los pequeños caracoles se han ido,

    el pulpo, los peces de arrecife
    mis pasos de niño detrás de los jureles

    Me adhiero a la roca como un alga
    abro las branquias y me ahogo

    Intento asir el esqueleto del mar





    ¿Quién podría recordar la lluvia?

    En medio de un cielo gris
    sólo se escucha algún retumbo débil
    ¡tanto azul, tanta inmensidad!

    La lluvia es ahora miserable

    No tengo ventanas y todo es una ventana
    Las gotas caen desde el techo de palma
    y en las hojas arden sus bordes de fuego

    La lluvia es la limosna de un avaro



    Esta noche alisto la maleta
    un paraguas sería desastroso

    Afuera los volcanes son soles diminutos

    Me siento a tomar café con los amigos
    en otra mesa, una mujer con una bola de cristal

    Dejo un infierno y sus fuegos nupciales
    un arrecife en desorden con escamas de plata

    Pero ese viejo de Darwin nos quitó las sorpresas

    Salgo del agua, emerjo a tierra vaporosa
    abro la maleta
    y me pongo este disfraz de dinosaurio





    Vos podrías hacer de este papel
    un bodoquito para el cesto
    de este lápiz astillas
    iluminar el pedazo de noche en la ventana

    Podrías caminar entre los pescadores
    ahora que la furia del mar baña las calles

    El agua, los peces que avecina
    la profundidad poblada de esta hoja azul
    donde los barcos sueltan sus amarras

    Vos podrías caminar esta profundidad
    hacer de este cuarto de hotel un incendio
    estar desnuda como esta página
    tan obra maestra
    tan mar Caribe estallando su abanico
    en este malecón de la Habana




    El mar es una tumba
    para los marineros

    Dos barcas mecen
    sus huesos en la noche
    sus quebradas razones

    En una viaja el fuego
    con tu rostro encendido
    entre vanas estrellas

    En otra viaja el agua
    con sus medusas vivas
    sus inasibles peces





    Estoy sentado en una espera
    casi integrado al edificio

    Pero es la última estación
    y busco tu regalo

    entre mis dedos un collar de nácar
    una campana perdida en el naufragio
    alguna estrella de cristales rotos

    La vitrina exhibe tus pendientes de plata

    Una estepa separa tu ciudad y la mía





    FOTOGRAFÍA EN BLANCO Y NEGRO



    Cuando al mirarme en el espejo
    Veo en mi cara la de mi padre...
    José Coronel Urtecho





    Mi padre es mar, infancia
    plato frente a una costa incandescente
    ostión golpeado con un hacha
    cuerda girando en aire matinal

    Un pochote repleto de iguanas y garrobos
    hamaca extendida entre almendros
    papaturro, rama de matapalo

    Mi padre es sueño, el sombrero de paja
    la pijama azul, las pantuflas de cuero

    Cualquier referencia a su muerte
    la niega el espejo. Su misma edad
    Manchas de sol

    Mar azul, plantado, infinito
    Aleta entre las olas, mantarrayas inmensas
    pargos rojos en una esquina de playa

    Ola perdida, arrecife sin corales
    la muerte es un mar vaciado



    El espejo es una canción
    “soy un pobre venadito...”
    la boca, el movimiento de la boca
    el magnetismo en sus dedos ondulantes

    Una caña doblada
    ojarán con su esperanza rota
    pez vela con el pico partido
    Es agua, silla, cuchillo, ostión abierto
    almeja, chinchorro, lisa, tiburón
    Mar desviscerado

    Mi padre es aroma
    una jaula con bastirma bajo el sol enmohecido
    Hijos saliendo de un sueño

    Una almohada en el espejo es mar

    Foto en blanco y negro
    un niño arrastra diez jureles y una cuerda

    Casa amarilla, paredes de pochote del 59

    Un niño mira el mar





    Oigo risas de niños
    en un siglo no vencido aún

    Oigo risas de niños
    sostenidas en la infelicidad
    de este siglo

    Tanta alegría hace a los niños
    olvidar la historia
    en ese mundo donde sonríen
    tan lejos de mí

    Guerra es una palabra
    perdida en el tiempo
    como enfermedad
    miseria, tristeza

    Oigo risas de niños
    tan lejos de mí
    en un siglo no vencido aún



    CANCIÓN DE CUNA


    ¡Dormite Karina,
    dormite Nicole!

    Espera el concierto
    del gran borrador.

    ¡Dormite Karina,
    dormite Nicole!

    Necesita un sueño
    repleto de sol:
    el sueño de un niño
    con un caracol.

    Dice así:

    Borrado está el Coco,
    Calunga y el mal,
    los duendes del río,
    los duendes del mar.

    Borrada está el hambre
    y el gran borrador,
    puso en una mesa
    arroz y pan-bón.



    Borrado está el frío,
    el odio, el dolor
    y entre las fronteras
    sembró un girasol.

    Borrada la guerra,
    el gran borrador,
    puso entre la boca
    del rifle una flor.

    Borrado está el odio,
    los ojos del mal.
    Dibujó entre arenas
    la espuma del mar.

    Borró las espinas,
    dibujó una flor,
    dibujó una escuela,
    con un pizarrón,
    dibujó una madre
    y un gran biberón,
    dibujó un abrazo,
    cantó su canción.


    ¡Dormite Karina,
    dormite Nicole!

    Mañana en el día
    brillará otro sol,
    en el mundo, mundo,
    del gran borrador.




    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/88_89/dada.html


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Miér 05 Jun 2024, 18:59

    Carlos Villalobos (Costa Rica)



    Carlos Villalobos nació en Costa Rica en 1968. Poeta, narrador y ensayista. Ha ganado los premios de poesía Arturo Agüero Chaves, Brunca de la Universidad Nacional de Costa Rica y Editorial de la Universidad de Costa Rica. Es doctor en Letras y Artes en Centro América, máster en Literatura Latinoamericana y licenciado en Periodismo. Ha participado como poeta invitado en festivales literarios en América Latina, Estados Unidos, España, Marruecos y Egipto. Es Profesor de Teoría Literaria y Semiótica en la Universidad de Costa Rica, donde ha fungido como Vicerrector de Vida Estudiantil y director de la Escuela de Filología, Lingüística y Literatura.

    Ha publicado los libros de poesía: Los trayectos y la sangre, 1992; Ceremonias desde la lluvia, 1995; El primer tren que pase, 2001; Insectidumbres, 2009; Trances de la herida, 2015; y El cantar de los oficios, 2015. Publicó igualmente la novela El libro de los gozos, 2001; el libro de cuento Tribulaciones, 2003 y El ritual de los Atriles, disertaciones, 2014.



    *****************


    Oruga de fuego


    A las bailarinas

    “El alma del filósofo habita en su cabeza; el alma del poeta en su corazón; mas, el alma de la bailarina late en todo su cuerpo”.
    Gibrán Jalil Gibrán
    Se mueve el corazón de la semilla
    y ella sabe la espiral de su camino.

    Giran la luna el sol y los cometas
    y ella entiende la magia de la elipse.

    Danza el viento su serpiente de andar por los potreros
    y ella puede seguirle el rastro sin perderse.

    Se mueve el río por las piedras y los valles
    y ella danza como danza el agua cuando salta por la piedra.

    Viene el mar marcando sus amares en la arena
    y ella salta sola, sola salta como el sueño por las olas.

    Ella baila el miedo, la alegría, un pez del arrecife.
    Ella baila la esperanza, el odio, la luz de la mañana.

    Ella baila los espejos, la tristeza, un cuchillo en el costado.
    Ella baila flores, magia, rito y todos los besos de la Tierra.

    Solo ella sabe cómo escribir en el viento una metáfora
    y gritar a gritos con el pie desnudo.

    Solo ella sabe cómo decir un cisne con el ala moribunda
    y a la vez salvarlo con un beso de amor enamorado.

    Mueve el pie, el vientre y cada una de sus alas.
    Mueve la cintura, el silencio y todos los deseos.

    Toda bailarina es una oruga
    que se desgaja el vientre y se convierte en llama.






    El espejo oculto
    A los recolectores de la basura


    Por aquí pasan dos veces: lunes de fijo
    y jueves salvo la Semana Santa.
    Yo les dejo el asco, mi carroña
    y toda la verdad de todo
    en paquetes de silencio.

    Ellos vienen, no preguntan,
    y recogen este rastro de mi sombra.

    Ellos vienen y se llevan
    todo el polvo que le arranco
    a lo que pienso.

    Ellos vienen y tiran al camión
    de la basura
    las huellas que vomito por el alma.

    Ellos vienen y recogen
    uno a uno mis pecados.

    Pasan por aquí temprano,
    no preguntan
    y se llevan mis olores,
    los avisos de la muerte
    y todas las palabras
    que le sobran al poema.

    Ellos vienen y se llevan
    este espejo que ocultamos.






    El afilador


    Es curiosa y casi loca esta manía
    de andar de puerta en puerta
    preguntando por el filo de las cosas.

    Es curioso, pero es cierto:
    poco a poco los puñales van perdiendo
    su donaire,
    y de tanto morder maderas
    los serruchos, diente a diente,
    se desgastan la finura,
    y de tanto cortar los hilos de la vida,
    yarda a yarda,
    las tijeras van perdiendo el apetito.

    Es por eso, que sí, que desde luego,
    que venga y toque el timbre
    el hombre de amolar cuchillos,
    que afile todo en la cocina,
    y de paso afile el ojo,
    la lengua y el oído.

    Que sí, que pase
    y que lo afile todo:
    el espejo que perdió el encanto
    el reloj que se cansó del tiempo,
    los colmillos de la historia
    que dejó el olvido en el olvido.

    Que sí, que entre, desde luego,
    que traiga la piedra de afilar y el esmeril
    y deje con todo el filo de besar
    el beso
    que hace tiempo no besaba
    con locura.





    Alejandría


    Si vas a emprender el viaje hacia Alejandría
    asegúrate de caminar
    por media calle, nunca por acera,
    compite con los autos y el bullicio,
    y deja que el viento te ofrezca
    en el camino cardamomo
    curry, almíbar
    o carne fresca colgando como ropa
    en una esquina.

    Mira el bazar
    que desborda la ciudad,
    la columna de Pompeyo,
    Roma hincada en la piedra de la muerte
    y todos los dioses
    de otro tiempo dibujados en papiro.

    Degusta una paloma al horno con arroz,
    el típico kebab y el humus
    y brinda con un Shay de flores
    y el rito milenario de la shisha.

    No olvides que hay que ir, desde luego,
    a mirar los libros
    en memoria de aquellos
    que quemó la historia.
    Siéntate un momento
    y degusta estas piedras de Babel,
    ya fantasmas
    que te dicen al oído los idiomas del Planeta.

    Que numerosos sean los recuerdos de este viaje
    como aquellos barcos de sed por la palabra
    que venían de tinta en tinta
    a untarse de tinta el corazón.

    Mira ahora el Mediterráneo.
    Aquí hubo una vez un faro
    que fue gemelo de la luna
    y la luciérnaga.

    Aquí los leones llamaron Faraón
    al magno de los magnos, Alejandro.
    Aquí los griegos ptolomeos inventaron el Universo.
    Y aquí Plutarco vino de testigo y dejó su nombre.

    Aquí en este antiguo silabario
    hay una casa casi en el olvido.
    Aquí en este sitio de lenguas enterradas
    hay un recado que espera tu visita.

    Sabrás entonces que es la casa de Cavafis.
    Entra. Siéntate un momento en esta cama.
    Siéntate un momento en esta silla
    que es la silla de sangrar poemas.

    No tengas prisa, Ulises,
    que Alejandría tiene fogatas
    de amor en cada canto
    y esta noche hace frío en la memoria.






    Los castigos del padre


    El tumulto. Mi jaqueca. Un reloj a fuego lento.
    La esquina. El miedo. El paso que pasa mudo.
    El caño. La maraña. Las calles en la calle.
    El maniquí. El mendigo. La limosna de la muerte.
    El parque. Las palomas. Los restos de Dios en la basura.
    Nadie. Todo el mundo. La soledad posando en un afiche.
    El hormiguero. La policía. Los gritos del odio en el claxon de la tarde.
    El asfalto. El humo. Las caderas de la noche bajando de los taxis.
    El mercado. Las iglesias. La subasta de los besos en oferta.
    Un cuchillo. El paraguas. Ceremonias para morder el polvo.
    La lotería. El autobús. El pecado de Sísifo en la última parada.
    Los atascos. El colmo. Un niño que dibuja los castigos de su padre.



    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/19/CarlosVillalobos/


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Miér 05 Jun 2024, 19:03

    Camila Schumacher (Costa Rica)


    Camila Schumacher nació en Argentina, en 1977, es poeta, escritora y docente. Emigró a Costa Rica antes de terminar la escuela primaria. En 1997 publica su primer poemario Pretérito Interior (Ed. Guayacán). También ha publicado los libros para niños Más de una manera, La mariposa y el minotauro ilustrado por el pintor Rafa Fernández, De todo un poco. En el 2018, obtuvo una beca de creación literaria que le permitió investigar y escribir el libro de no ficción ¡Qué valor! relatos polifónicos de mujeres trans-ricences. Es colaboradora de Revista Viva, del diario La Nación, San José de Costa Rica. Sus poemas han aparecido en algunas publicaciones, entre ellas, la de poesía joven latinoamericana Los Amigos de lo Ajeno. Ha trabajado como guionista para programas infantiles en Radio Netherlands Internacional.



    ***************


    De Pretérito interior


    Mi cama es un planeta
    tiene su abecedario
    su dosel
    su lugar para el ocio
    y un agujero al centro

    que tortura la espalda
    Mi cama lleva encima
    casi mil soledades
    y una sola memoria
    donde se las reparte
    las divide por épocas
    y espacios

    Están las del insomnio
    del domingo de octubre
    las de los despertares
    de los lunes
    quejándose
    las de la vela
    el viernes
    comiendo palomitas
    con la tele prendida
    los martes lloronas
    los jueves forzadas
    los miércoles siempre
    empalagosas y tristes

    Mi cama está habitada
    por el cuco y los monstruos
    de mi primera infancia
    por las noches fervientes
    donde casi se podía
    cambiar el mundo

    Y tiene en su recuerdo
    un solo espacio rico
    luminoso
    tranquilo
    amable
    sabio
    humano

    y es el de aquella tarde
    que al calor de la siesta
    llegaste despacito
    y en medio de mi sueño
    pasaste a saludarme





    Plegaria para ahuyentar los sueños


    Despertate
    afuera
    los bombos
    llevan los compases,
    la gente se mueve:

    caderas en círculo
    manos arriba
    salta el corazón
    Abrí los ojos,
    rápido,
    enseñame del color del cielo

    -cuántas tonalidades-
    mostrame la risa
    el temor
    y el llanto,
    la escalera de la vida
    que se empina de pronto
    delante de nosotros
    el apogeo del tiempo
    que nos delimita
    las horas
    los siglos
    los minutos
    en que desde atrás nos dan una palmada
    y el valor de seguir
    a contraluz

    Abrí los ojos
    rápido
    no cargués tu deseo a expensas del otro
    no dejés que nadie
    nunca
    a vos
    te quite
    el reflejo la imaginación

    Salí de la cama
    amanecé pronto
    que afuera
    la lluvia
    yo y la gente
    estamos de fiesta
    en honor a vos




    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/57_58/shumasher.html


    _________________



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    "Ser como un verso volando
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    Mensaje por Maria Lua Jue 06 Jun 2024, 19:16

    Claribel Alegría (El Salvador)



    Claribel Alegría (Estelí, 12 de mayo de 1924-Managua, 25 de enero de 2018)​ fue una escritora, poeta, narradora, ensayista y traductora nicaragüense-salvadoreña. Algunos de sus libros son: Anillo de silencio (1948), Suite (1951), Vigilias (1953), Acuario (1955), Huésped de mi tiempo (1961), Vía única (1965), Aprendizaje (1970), Pagaré a cobrar (1973), Sobrevivo (Premio Casa de las Américas, 1978 -poemarios-; Soltando amarras, Edit. Visor, España,2005; Poemas de amor, Edit. Lunes, San José, Costa Rica, 2006; Mágica tribu, Edit. Berenice, España, 2007; Ars poética (antología), Edit. Leteo, Nicaragua; Mágica tribu, 2a. edición, Índole Editores, El Salvador; Pueblo de Dios y de Mandinga, Dirección de Publicaciones e Impresos, El Salvador, 2008; Mitos y delitos (poesía) Edit. Visor, Madrid, España; Somoza, expediente cerrado. 3.ª edición, Edit. Anamá, Managua, Nicaragua; Ojo de cuervo (antología poética), Colección Pico, México, D.F., 2010; Otredad, Edit. Visor, España, 2011; Claribel Alegría en el país de la realidad, Colección Los Torreones, Gimnasio Moderno, Bogotá (Colombia), 2012; Voces, Edit. Visor, España;

    Algunos d elos reconocimientos obtenidos fueron: Diploma de Honor al Mérito de la Universidad Centroamericana en Managua, 1999; Orden de las Artes y las Letras, gobierno de Francia, 2004; ​Doctorado Honoris Causa de la Universidad de León, 2005; Premio Neustadt, Oklahoma, y la revista World Literature Today, 2006; Gar-Anat, Hotel de peregrinos le dedicó una habitación al mundo de Claribel Alegría denominada Carta al tiempo, 2010; Orden Gabriela Mistral, gobierno de Chile, 2010; Ordine della Stella Della Solidarieta’ Italiana con el grado de Commendatore, Gobierno de Italia, 2010; Mención especial de la Red Internacional de Escritores por la Tierra en los Premios Ondas Mediterráneas, 2011; XXVI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana de la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional de España, 2017; XXVI Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana,13​ que conceden la Universidad de Salamanca y Patrimonio Nacional de España. El premio reconoce el conjunto de la obra de un autor vivo que, por su valor literario, constituye una aportación relevante al patrimonio cultural común de Iberoamérica y España, 2017.

    Traductora de Robert Graves y autora de la antología "Nuevas voces de Norteamérica" (1981).



    *****************


    Sala de tránsito


    ¿Cómo será la muerte ?
    Debe tener olor a hospital
    a una sala de espera
    en cualquier aeropuerto
    ese olor a fenol
    de los hospitales
    ese sabor tedioso
    de los aeropuertos.
    Me siento muerta allí
    ni siquiera se acercan los recuerdos
    me siento hipnotizada
    por las voces exangües
    que anuncian las llegadas
    las salidas
    por toda esa gente ensimismada :
    se levantan
    esperando su turno
    su destino.
    ¿Será eso la muerte
    sólo eso :
    un borroso paréntesis
    un letargo sin fondo
    un limbo organizado
    para el viajero en tránsito ?



    EXTRAÑO HUESPED


    Es extraño este huésped
    este amor
    cuanto más me despoja
    más me colma.



    QUIERO SER TODO EN EL AMOR


    Quiero ser todo en el amor
    el amante
    la amada
    el vértigo
    la brisa
    el agua que refleja
    y esa nube blanca
    vaporosa
    indecisa
    que nos cubre un instante.



    POR LAS NOCHES

    Por las noches
    en sueños
    más de un amigo muerto
    resucita
    al despertar
    me pregunto
    si ellos también
    me han soñado.



    ARS POÉTICA


    Yo,
    poeta de oficio,
    condenada tantas veces
    a ser cuervo
    jamás me cambiaría
    por la Venus de Milo:
    mientras reina en el Louvre
    y se muere de tedio
    y junta polvo
    yo descubro el sol
    todos los días
    y entre valles
    volcanes
    y despojos de guerra
    avizoro la tierra prometida.



    AUTORRETRATO


    Malogrados los ojos
    Oblicua la niña temerosa,
    deshechos los bucles.
    Los dientes, trizados.
    Cuerdas tensas subiéndome del cuello.
    Bruñidas las mejillas,
    sin facciones.
    Destrozada.
    Sólo me quedan los fragmentos.
    Se han gastado los trajes de entonces.
    Tengo otras uñas,
    otra piel,
    ¿Por qué siempre el recuerdo?
    Hubo un tiempo de paisajes cuadriculados,
    de gentes con ojos mal puestos,
    mal puestas las narices.
    Lenguas saliendo como espinas
    de acongojadas bocas.
    Tampoco me encontré.
    Seguí buscando
    en las conversaciones con los míos,
    en los salones de conferencia,
    en las bibliotecas.
    Todos como yo
    rodeando el hueco.
    Necesito un espejo.
    No hay nada que me cubra la oquedad.
    Solamente fragmentos y el marco.
    Aristados fragmentos que me hieren
    reflejando un ojo,
    un labio,
    una oreja,
    Como si no tuviese rostro,
    como si algo sintético,
    movedizo,
    oscilara en las cuatro dimensiones
    escurriéndose a veces en las otras
    aún desconocidas.
    He cambiado de formas
    y de danza.
    Voy a morirme un día
    y no sé de mi rostro
    y no puedo volverme.





    BARAJANDO RECUERDOS


    Barajando recuerdos
    me encontré con el tuyo.
    No dolía.
    Lo saqué de su estuche,
    sacudí sus raíces
    en el viento,
    lo puse a contraluz:
    Era un cristal pulido
    reflejando peces de colores,
    una flor sin espinas
    que no ardía.
    Lo arrojé contra el muro
    y sonó la sirena de mi alarma.
    ¿Quién apagó su lumbre?
    ¿Quién le quitó su filo
    a mi recuerdo-lanza


    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/claribel.html


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    Mensaje por Maria Lua Jue 06 Jun 2024, 19:18

    Mario Noel Rodríguez (El Salvador)


    Mario Noel Rodríguez Poeta, escritor, gestor cultural. Su obra poética se encuentra dispersa en antologías y revistas de América Latina y España. Director y conductor del programa radial “Verso libre”, fundador del grupo literario “Tareya”, del grupo artístico “Cofradía de San Simón”, organizador del “Encuentro Centroamericanos de Escritores por la Paz”, presidente del Foro de Escritores de El Salvador, miembro del grupo literario “La casa de Juan Caminos”. Invitado al X Festival Internacional de Poesía de Medellín. Ha merecido importantes premios hispanoamericanos: en dos oportunidades el de Poesía en Quetzaltenango, Guatemala (1997, 2008), así como el de Caja de Compensación “Javiera Carrera” (Chile, 1984). Sus publicaciones: Breve breve que la vida es breve, Epitalamio, Por aquí pasaba un río, Este andar sobre las aguas, Fotomovida, Rumor del rocío, Agítese antes de leer, Sonectud, y Brasil poemas para cantar un país. Prologuista de importantes antologías salvadoreñas: del grupo “Serpientemplumada”, del colectivo “El Cuervo”. Desarrolla el programa “Literatura y Cine”, dirigido a estudiantes de tercer ciclo y bachillerato.


    *****************


    Amante lucha


    “Un manotazo rudo, un golpe helado,
    un hachazo invisible y homicida”
    Miguel Hernández

    Una camionada de amaneceres,
    un no respirar para que no huya el canario.
    Un sudario sin estrenar para los nazarenos de frontera,
    ansiosos de tocar las arenas movedizas del bienestar.
    Un ramillete de silencios estallando en las manos inertes.
    Una tabla con dibujos a yeso y nostalgia.
    Una mochila acostumbrada al infierno.
    ¿Qué no daré?

    Irma de la ausencia a largos tragos,
    esta mañana el sismo te trae tan clara.
    Grito, grito, y en la mudez tu risa,
    pájaro que bendijo las andanzas locas,
    días esos de tinta negra en el viento.

    Le doy mi pan huidizo –mi luz indoblegable-
    a tu corazón maravillado con lo que ya no viste.

    Irakundia


    “Sangre a caballo, a pie, mural, sin diámetro,
    Sangre muerta de la sangre viva…”
    César Vallejo

    I

    Vedla sin lágrimas con sus hijos en brazos,
    bajo su corazón atesora viejos poemas de invierno,
    ella muerde una canción como olvidando algo.
    Un violín toca desconsuelo tras las murallas...
    Ella va dispuesta a golpear el sol.

    Ahora el viento enfrenta a la ceniza,
    lo que fueron banderas no saben de países,
    una rata en cámara lenta se persigue ella misma,
    el cielo se desploma con todos sus caballos.

    Madre vigilia, miel sometida,
    primavera balando por sus hijos,
    Madre ahogada en yardas de sangre,
    sorda la herida entre mugre y metralla.

    Madre fiel de brazos partidos en cien,
    odiosa la hora de la muerte que escombra.
    Que el extraviado gorrión planee en tu hombro,
    que el arroyuelo humedezca tu corazón de alas.
    Levántate señorial contra el terror, Madre azul.
    Levántate animada contra el odio, Madre arco iris.
    Levántate en trompetas contra la vileza, Madre crepúsculo.
    Levántate acuarelando de amor la crueldad, Madre mayor.

    Madre Tierra, Madre sin tiempo para cruces,
    toma de nuestras manos estos buchitos de paz,
    bebe hasta saciarte de luz,
    ven con nosotros a intentar el mañana.

    II

    “El mundo da tanto miedo”
    Mohammed, niño iraquí

    Yo conviví con otras muertes,
    en lengua muerta pronuncié su cal cayéndome;
    muertes que trataba de abrazar con versos,
    muertes en esquinas que no quiero,
    muertes que no entendían nuestra voz sedienta.

    Yo vi a Mateos partidos por odioso rayo,
    a Martas huérfanas señalándose el estómago,
    a Zenaydas apuñaladas por neblina de metal,
    a Saras maquilladas de ceniza absurda.

    Luto en las pestañas y en los costados,
    luto escalando kilómetros, diámetros, días.
    Un lamento que descose fronteras,
    que se anida en la pared de los refugios.

    Que las sirenas huyan con su angustia,
    que llamen con frenesí la alegría.
    Que nadie nazca humillado entre bombas,
    que el amor sepulte el pasar de la ira.

    Ven te arrullo, ciudad del canto humillado,
    ven que te sacudiré la sombra,
    acércate que haré pedazos la muerte,
    polvillo caótico, maná de odios.



    Lamento

    A Febe Velásquez, sindicalista

    Amargo el aire que la vio pasar,
    quien estuvo la recordará con palidez.
    Turbio el nido que la engendró,
    quien la vio lleva el olfato rancio.
    Las palomas fueron golondrinas un instante,
    el mediodía medianoche de golpe.
    El viento del norte levantó papeles,
    alguien pensó en la cena de los olvidados.

    ¿Cómo llamarte efímera?
    ¿Qué voz usar para denunciarte?
    ¿Qué mundo imaginar para alejarte?
    ¿Qué fuegos purificarán tus pisadas en nosotros?
    Yo te vi y estás presente,
    perdida entre el ruido que escombra,
    bala que te llevaste a la obrera,
    bala que sangraste en el costado a la poesía de esos días.

    Video: Pasión por Frida Kahlo



    BOCANADA DE MONTAÑA


    Canto para que juntemos los alientos en una vertiente,
    subamos a la cama del asombro
    sin más ropa que la memoria,
    sin más escudo que la neblina sin freno.
    Honda la montaña,
    alto el río.
    Seré universo desparramado de tus manos,
    fugitiva penumbra a la hora de enfrentarnos,
    de ser piel y locura, labio y cataclismo.
    Seré para que seamos.
    Desbordada montaña,
    multiplicado río.
    Santa la noche,
    tremenda la vida que empujo a tus entrañas.
    Santa la noche, lindo besar el suelo del cielo.
    Santo el encuentro, bendita la virginidad de las orquídeas.
    Montaña entrando al ensueño,
    río veterano del sueño.



    LA PASIÓN SEGÚN JUAN SEBASTIÁN


    Al mayor de todos,
    a 250 años del viaje. Escribió una sonata de 19 hijos
    y nos amarró a su corazón eléctrico,
    al vuelo de un pájaro besando el sol.
    Juan Sebastián Bach,
    aquí mi corazón lame su misma sal,
    agobiado como está de siglo destripar.
    No es posible el mar sin tus manos sujetándolo,
    niño temblando en una tecla vista desde Marte.
    No es posible la madrugada sin las ventanas del alma
    tapizadas de violines acostumbrados a la ternura,
    con hapsicordios hablando de mujeres y hombres
    que seremos, que fuimos,
    que discutimos de cielos en la estepa de la razón.
    Papá de mi radio mental,
    turbulencia de mansedumbres,
    luces brotarán de otros hoyes
    reclamando tu paz incendiada,
    el laberinto donde se reencuentran los ángeles.
    San Juan Sebastián,
    de tu osamenta tirada en lo eterno
    nazco a vaciar el vino en la frente de los sordos



    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/


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    Mensaje por Maria Lua Jue 06 Jun 2024, 19:21

    Federico Hernández Aguilar (El Salvador)


    Federico Hernández Aguilar nació en San Salvador, El Salvador, en julio de 1974. Es poeta, narrador, ensayista, actor y director teatral, y periodista. Sus trabajos poéticos han sido publicados en periódicos nacionales e internacionales. Desde el año 2000 es responsable del "Proyecto Cultural SUR", que vincula a artistas de México, Argentina, Colombia, Uruguay, República Dominicana, Brasil y Cuba. Libros publicados: Con el Permiso de Ustedes (1997); El segundo verbo (Poesía, 1997); Inconclusiones (Cuatro ensayos filosóficos, 1998); Mordiendo la manzana (Poesía, 1999); Gotas (Aforismos y epigramas, 1999); Brusca prosa (Ideas, juicios y vislumbres, 1999) y Once maneras de iluminar mi sombra (Poesía, 2000).


    ******************


    ¿Quién anda ahí?
    Somos cuentos contando cuentos
    Fernando Pessoa

    El poeta sufí de Córdoba, Al Mutamar-Ibn al Farsi, vivo entre 1118 y 1196, piensa que los grandes emisarios tocan a la puerta con dos nudillos, precisamente cuando la puerta gime cerrada al fondo de algún pasillo obscuro, tan iluso y atravesado de prejuicios como un tren de pasajeros. Mas cuando llegan, los emisarios saben deletrearnos el asombro con una familiaridad preciosa "algo que se aprende tras muchas horas frente a relojes antiguos", y saben guiar el cardumen de los instantes a la vera de un camino silencioso. Cuando llegan, pues, los emisarios, nos devora el tiempo sin fruición, cómplice del bronce y los destierros. Humo convenido puebla voz, garganta, boca de los emisarios. Les apesta el aliento a relicario y a falta de inocencia cada uña. No lo dicen, pero les disgusta el hombre que los ha visto venir, porque es árida la espalda del que sabe, y a su paso, como cangrejos, todos van dejando anillos fugitivos en la arena.

    Y si nadie los conoce, ¡cómo se relamen de gusto los emisarios! Mienten, entonces, por costumbre. Y dejan que los hombres se mueran de repugnancia, de su propia certeza de morirse.
    Así de indescifrantes son los emisarios, que no los detiene ni el olor a bautizo de las horas, ni el crepitar fecundo de la remolacha al ser mojada, ni las torpes hazañas del veneno. Nada es más denso que su inminente sed y nada menos ágil que su absoluta lengua.
    Una vez, hace ya muchos años, un filósofo quiso esperar la visita de los emisarios en compañía de una mujer, prendido en fiebres y al asedio lechoso de un acto consumado. El resultado fue, por cierto, extravagante, y lo menos curioso fue el apetito involuntario de los rudos visitantes.
    Tampoco el Marajá de Iliamina, que se contaba entre los sabios del mundo, pudo evitar que por el tragaluz de su impericia entraran los emisarios, que utilizaron la parcial ramificación de sus venas para doblegarle. De aquel acontecimiento gris da cuenta el honroso testimonio de una palmera, eternizada desde entonces por los poetas ciegos de Iliamina.
    Y hubo quien buscó refugio, desde luego, en los olivos, en las acacias, en las cuatro miradas de la luna, en alguna profecía retadora- Todo inútil. Los emisarios han viajado por los nueve continentes del asma y han hallado su camino entre salivas, corchos, sábanas, cortinas, músicas hirvientes y ufanas lluvias, princesas musulmanas y frisos de epopeyas inmortales. Nadie los ha visto, pero todos han visto sus huellas digitales en el cielo "ese infame pedazo de cartón que se arruga ante el grave, alevoso paso de una nube ensimismada".
    Nadie los ha visto, pero los emisarios han ganado. Han vencido a los escépticos y han acallado sus reclamos, sus torpes reclamos prostituidos de vida conocida.
    Ellos, los emisarios, son implacables; los hombres, aplacables. En una balanza, por supuesto, el equilibrio está condenado al fracaso. Un par de nudillos- y es todo.





    Esta danza que salvan las liturgias


    Esta danza que salvan las liturgias
    Este concepto inoculado hoy
    Esta perpetuación de la inminencia
    Este andar sin las huellas necesarias

    Este pedir que se contagie un alce
    Esta oportunidad de ser pequeño
    Este imaginar párpados gigantes
    Esta mancha de amor en las costillas

    Esta vid Este ver este detalle
    Esta legión de hormigas Este apero
    Este mágico tren a la amapola

    Ya nunca sin mis ojos estas cosas
    Jamás tanta agonía sin mis dedos
    Sin mi vértigo nunca tanto sueño






    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/


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    Mensaje por Maria Lua Vie 07 Jun 2024, 15:21

    Alfonso Fajardo (El Salvador)


    Alfonso Fajardo nació en San Salvador, El Salvador, en 1975. Poeta y crítico literario, es miembro fundador del Taller Literario TALEGA. Libros publicados: Novísima Antología, Mazatli, 1999; La Danza de los Días, Editorial Lis, 2001; y Los Fusibles Fosforescentes, Editorial Cultura, Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala, 2002. Ha publicado artículos y textos en Suplementos Culturales y Revistas Literarias y participado en congresos y encuentros poéticos en Centroamérica. Ha publicado sus poemas en: Antología de una Década, 1985-1995, recopilación de los ganadores de los Juegos Florales Salvadoreños, Zacatecoluca, CONCULTURA, 1997; Juego Infinito, plaquette antológica del Taller Literario TALEGA, CONCULTURA, 1999; Alba de Otro Milenio, Antología de Poetas Jóvenes de El Salvador, CONCULTURA, 2000; y Diccionario de Autores Salvadoreños, compilado por Carlos Cañas Dinarte, 2003.


    ********************


    Brillante



    Y atribulado,
    artificial
    y hasta un poco sencillo,
    guardás el polvo
    de las monedas en tu bolsa;
    tomás el microbús
    y -sin recipiente para el asco-
    aguantás
    el vómito fosforescente de lo tragado;
    tenés sexo
    con la mujer de tus sueños
    y luego ella misma te despierta;
    fumás un cigarro
    que no tiene marca
    y respirás su azul olor en tus dedos;
    caminás por la noche de la ciudad
    y en ella te desvanecés
    como la sombra en el agua de los ojos;
    mandás al diablo al tiempo,
    escupís con desprecio el rostro del santo,
    maldecís a tu familia,
    mordés la mano de tus amigos,
    matás al perro de tu vecino,
    orinás en la iglesia,
    golpeás a las ancianas,
    matás a tu papá,
    a tu mamá, a tus hermanos;
    matás y matás dulcemente
    y luego te sentás a ver la televisión,
    te preparás una deliciosa tasa de café,
    te dormís
    y soñás con los angelitos
    hasta el nuevo
    brillante día que viene.

    Marzo y 14 de 2001.






    Coronación amante



    Como un Nonualco que se corona
    entre pavesas de piedra virgen
    como un poeta que se adhiere
    al abono de luz del calcio
    así me yergo ante los pezones verdes
    trepidando en antiguas brasas
    hasta sangrar de alba mis pasos
    Respiro una bruma indescifrable
    de astillas y pétalos
    su cuerpo moldeable
    por los fríos puñales del tiempo
    Voy rumiando nuevas alas
    tatuadas a la tierra recién reciclada
    de tantos recuerdos innombrables
    y tanta de llama de odio prendida en éxtasis
    Existo en una percepción
    donde palpo abismos y negros
    y rostros amantes de un estigma
    que es el mismo
    para todas las voces del pájaro embriagado
    de acuerdos rosa y sombreros inéditos
    Soy porque digo sal
    a cada herida heredada que hoy me corroe el zurdo corazón
    Pero no bebo los licores de las banderas
    no doy mi canto fúnebre al porcino
    ni al cuervo mi diaria muerte
    Hoy sólo beatifico toda la sangre
    que bulle en mi ventana
    porque como el caudillo
    hoy me corono de tierra y nada más



    Psicografía


    Valproato y Fenobarbital. Botella al mar. Bestiario. Iglesia ensangrentada. Tengo sed. Todos los días, la bestia amarilla, se yergue sobre mis hombros. Abandonado, podrido veintiséis veces, el reloj de gelatina, caminas las empedradas escaleras, sus oscuros y dañados espejos. Pantera, la fútil imagen, se desliza frente a mi ventana. Y la ventana, sometida a una lluvia de ceniza escarlata, reducida al último rincón de la casa en ruinas, mira bailar al mundo exangüe. Todo estéril. El vicio con que me engaño, la mujer con que me lavo, la palabra con que me masturbo. ¡Ah mártir de mí mismo!, ¡despreciable niño sarnoso con alma de perro!.

    Vano el zapato, el asqueroso tambor. El aire, inyectado de crápulas, navega inmune en mis venas. Pentagrama podrido en el cielo. Estructura, adónde tus zonas erógenas, tus cosquillas pederastas. El tiempo cose su musgo en mi mirada, las calles me maldicen y el poro, el único poro adecuado para mi negra sed, corre hacia lo seguro, a lo común y corriente. Toda pintura, pese a sus fugas de nácar, perecedera. Hombre, sinónimo de muerte. Muerte, espina dorsal del mundo. Mundo, pozo plétora de hombres. Jaurías, asambleas de decapitaciones, cuerdas flojas, aquelarres de payasos, llameantes palabras de sombras, sed de otro mar, flores asesinas y orgásmicos espirales de prolongada sangre. Las veintisiete noches de la noche, en el monólogo de la polvosa y abandonada ventana, han fundado su pequeño, mutante y solitario gusano. Infierno, todos te rodeamos. Miro al mundo, y si horizonte me evade; pregunto a los astros, y guano obtengo. ¿Qué quiere, entonces, la drogadicta pintura de mí?. ¿Que licencioso una vida camine, que eternamente espere la cicatriz de mis sueños, que le sea fiel al perro que muerde mi mano que me identifique con las palabras de mi verdugo, que entierre mis demonios, que vomite mis preguntas y que entre el dulce veneno de la mediocridad y el aletargamiento más hereje- amanezca verde fosforescente frente a la basura del tiempo?. ¡Ah, si la vida tan sólo fuera eso!. Dejadme en paz, cobarde, corrupto dedo acusador. ¡Que todos mueran a mi costado!. Que dios se vaya al diablo, que mis amigos ardan en la lepra del odio, que la esperanza se desgarre las vestiduras de lo imposible y que todos, a la mierda, enfilen su hambre. ¡Dejadme en paz, corrupto, usurero mundo inexistente!. El cáncer del tiempo ha crecido en mis venas. Con todos y conmigo estoy en paz, y mi paz es un azaroso, bello infierno.



    El hombre que cruza su segundo

    Maldito disfraz. El que permanece en la célula.
    Aquí, entre la lluvia de la mierda y los pájaros escarlatas,
    un prestidigitador de epitafios en el mínimo país de los sueños.
    Me consume, en efecto, esta hambre literal de horizonte que hunde mis ventanas.
    El hombre, al mundo, para engañar y ser engañado ha nacido,
    es decir, para orgasmos y horas administrativas. Tiene que existir, entonces, otro sol:
    uno que, plétora de agua, no queme, carbonice y ahogue, como lo hace el ojo pervertido del sin rostro,
    a sus hijos bastardos amantes de la miseria.
    Tiene que existir –escupo hacia arriba sin que me caiga en la cara- un astro con más intestinos,
    arterias y ventrículos que el perro de mi vecino.
    ¡Ah mi negra esperma derramándose en los muslos del silencio!
    El hambre del hombre, sin mayores profecías que el tiempo,
    es el que posee siete cabezas con siete gritos fosforescentes.
    Me cansa ensimismarme en el vómito de mi fiebre,
    castrarme el alma con los vidrios afilados del espejo roto e inmolarme,
    como lo hace el insecto cuando que la púrpura lámpara atrae,
    en la luz artificial de la locura. Maldito puente.

    Maldito puente. El que, tatuado y relleno de tierra, va del polvo al polvo.
    A veces, cuando la noche entra a mi casa, un incendio de grandes proporciones se apodera de sus luces:
    ahí sus quemados fusibles, sus sangrientas ventanas, sus erosionados jardines, sus patios ensombrecidos,
    sus cielos falsos negros, adormecidos y embotados. Entre una y otra orilla, un parpadeo.
    Entre la casa y el sol, un puente. Y tú, lector de espejismos,
    estás en esa blanca sala de espera atiborrada de juguetes, sexo y oraciones.
    Estás tirando a la basura tus sonrisas, desperdiciando –mientras la nada llamea en las calles-
    el parpadeo que el puente utiliza mientras, bajo sus podridas maderas,
    corre el agua nocturna con todas sus imágenes. Tiene que existir entonces, otro estadio,
    otra naturaleza dispuesta a tragarnos y, en su bello infierno de despojos, llevarnos a su útero de nubes,
    a sus dunas de miel. Tengo que masticar este segundo. Mientras tanto,
    con todas las posibilidades de la imaginación, del buen humor y la locura, voy consumiendo,
    quemando mis signos vitales, mis fusibles. Y vestido de extranjero cruzo el mundo,
    y extranjero y mundo soy yo. Maldito disfraz. Maldito puente.



    Laberinto


    Parto del tiempo, a sus pies me debo.
    Bajo el azul de la noche mi palabra pretende
    ser neón de algún paraíso furtivo.
    La ciudad lanza su violento oleaje de lenta sangre,
    su corazón es el templo donde se averigua lo prohibido,
    y yo, caminando estas calles de sombras eternas,
    le doy paso a las cuerdas de la tristeza hasta que mis ojos,
    cansados de vida y no de tiempo, reflejan
    el idioma universal de la locura y los diálogos del espiral.
    Mi vida es un cigarro expirando
    en los salones oscuros del hambre.
    ¿Dónde el calor de los caminos?,
    ¿el fuego de los ancestros?,
    ¿las coronas de espinas?.
    Debo confesar la historia de los mares,
    sus aguas que asfixian las islas del pecho, debo comentar.


    Esta calle me llama la atención, me llama
    por mi nombre y me invita a su vientre de luces,
    sus focos rojos me recuerdan la belleza del peligro
    al que me lanzo. Letras, palabras, códigos parpadeantes
    donde se aprende la semiótica del delirio.
    Árboles de la fosforescencia, de frutos de fuego atiborrado,
    rápidos peces bajo la ebriedad de las flores,
    fuentes de la desmesura de la eternidad,
    capiteles macilentos donde duerme el orín,
    laberintos, hermosos laberintos
    donde aprendí a perderme
    sin más luz que la anarquía.


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Vie 07 Jun 2024, 15:25


    Jorge Galán (El Salvador)


    JORGE GALÁN nació en El Salvador en 1971. Libros Publicados: Tarde de Martes, 2004; El Día Interminable, 2004; Una Primavera Muy Larga, 2006; Breve Historia del Alba, 2007 y La Habitación, 2007; El sueño de Mariana (F&G ediciones, Guatemala, 2008); El premio inesperado (Alfaguara, San Salvador, 2008); Los otros mundos (Alfaguara, San Salvador, 2010); El estanque colmado (Visor, Madrid, 2010); La ciudad, (Pre-Textos; Valencia, 2011). Ha recibido, entre otros, el Premio Adonáis de Poesía, 2006 y los premios nacionales de poesía de CONCULTURA, 1996, 1998, 1999.

    Tal como lo afirma Francisco Andrés Escobar: “…La poesía de Jorge Galán debe leerse con gratitud ciudadana. El país, que cuando suena en la orquesta de naciones lo hace desde el atroz instrumento de la violencia, no puede menos que agradecer a quien, entre el griterío del miedo, los fanatismos y las insidias, pulsa su oficio de poeta y lleva al país a los premios internacionales, como el Premio Adonáis, que le fue conferido a Jorge, en España, hace apenas unos meses. (…) Con una alta capacidad de seducción, es una poesía que viene de un largo estudio de la historia, la teoría y la técnica de la expresión poética. Se es poeta por vocación y por formación, afirmaba Lorca. En Galán, esto es insoslayable. Al talento —que le vino de Dios, o de la biología, o de Dios a través de la biología, como quiera admitirse— él le ha puesto un valor agregado: el estudio incansable del instrumental del arte poético. La poesía de Jorge tiene profundidad y sonoridad. La primera virtud le viene del sentimiento auténtico; la segunda, del certero dominio del verso, en sus distintos metros, y del dominio del procedimiento poético para alzar, con palabras, eficaces imágenes y metáforas…”


    *********************


    TRANSEÚNTE


    Parado en la acera, a la orilla de esta calle
    situada a su vez al norte de esta ciudad
    donde puede morir un hombre y su muerte
    tendría la misma importancia
    que la aspiración de una pequeña dama
    que percibe un leve aroma blanco que jamás
    podría ser el aroma de la nieve.
    La muerte no vale mucho aquí,
    solo un poco más que el árbol que se derrumba
    sobre sí mismo en la profundidad del bosque, sin que nadie le note,
    pero debería tener un valor similar al de esa torre
    que se derrumba por el sonido incalculable
    de un millar de trompetas.
    Los gritos aquí, lo mismo que palomas oscuras,
    penden de los aleros o llegan a morir a los techos
    de edificios y casas donde el ratón y el musgo se conocen.
    El viento es el único abrigo aquí, el único edredón.
    Los autos pasan como mínimas olas a mis pies.
    Atrás de mí los transeúntes y la noche son lo mismo.
    Los faroles se han encendido como ojos repentinos
    que recobran la vista.
    La muerte es la única abundancia cotidiana.
    Vuelvo a moverme, camino en línea recta,
    ni a izquierda ni a derecha volteo,
    la sombra de un muchacho se enreda a mis pies
    como algún día un niño lo hizo en las piernas de una madre
    cuyos ojos no miraban el mundo sino la oscuridad.
    Mi paseo me lleva hasta una esquina. Me detengo.
    Pienso que las estaciones andan y se detienen en ese lugar
    donde debían de llegar y que jamás se equivocan de sitio.
    Quisiera ser el invierno estacionado en esta esquina distante,
    la femenina primavera o el enfebrecido verano me interesan muy poco,
    el otoño sólo le interesa a mis ojos y unos ojos no pueden ser un alma,
    si mi alma fuese un martillo yo mismo sería un yunque y el martillo que golpea ese yunque,
    si fuese un animal sería una lombriz que repta en recónditos lugares,
    cavernas parecidas a la inmensidad antes de la creación;
    si fuese un árbol no sería un árbol sino una multitud de bambúes,
    amarillos y esbeltos como las uñas de algún enfermo inútil.
    Me siento, me recuesto en el piso, veo la noche establecida,
    los astros que no puedo leer y la negrura que no puedo explicar ni poseer.
    Quienes me observan prefieren ver un cuerpo tendido y no la eternidad
    que se abre en el cielo como unos brazos llenos de amor
    en torno de otro cuerpo, poco antes de cerrarse;
    prefieren ver la ingenuidad colmando el rostro de la inerte inmundicia,
    el hambre dibujando unos pómulos que alguna vez fueron manzanas frescas,
    prefieren observar la palidez de lo insano y el orgullo de la demencia
    antes que el mapa de la creación que sobre cada una de sus cabezas baja
    como lo haría una corona interminable y espléndida sobre la cabeza de un rey.

    Me siento. Me levanto. Cruzo una calle. Me detengo en la acera,
    en esta acera donde podría morir y no doblaría una campana anunciando mi muerte
    ni se doblaría una rodilla ni caería una lágrima ni se oiría una oración.
    Los automóviles son relámpagos en la oscuridad que se reafirma.
    Me doy cuenta de que soy el sedimento de esa oscuridad y me sonrío
    y creo saber que he descubierto la importancia de una existencia,
    el fin absoluto de la misma, el motivo por el que un hombre fue creado.
    Debiera de haber ángeles abrazando mis pies.
    Debiera de haber una docena de bellísimos niños besándome las manos.
    Debiera de haber un millar de mujeres humedeciéndome el cabello con perfume finísimo.
    Debiera de haber música de panderos a mi espalda y al frente.
    Debiera de ser ésta una playa flanqueada por palmeras y no una triste calle.
    Debo decir que mi aliento me ha descubierto a veces el olor de la muerte.
    Y pensar que fui bello como el cachorro blanco de un León poderoso.
    Atrás de mí los seres y la noche no pueden ni deben ser distintos.
    Mi discurso es la niebla que baja de los árboles.



    LA ADIVINANZA


    Mi capa es la tiniebla pero mi sombra es luz.
    Se haya en mi mano una moneda dispuesta a la limosna
    pero mi voz es lo terrible, cuando así lo desea.
    Si dijera esto a un niño le preguntaría ¿Quién soy?
    Y sería solo una adivinanza y no un enigma y una proclamación.
    Mi espalda es el invierno que oscurece a los árboles
    pero mi rostro es la blancura de la nieve más fría.
    Si hundo mi pie en el fango es tan solo en la hierba que aparece una huella.
    Veo, escalones abajo, los incipientes actos de los magos,
    y escucho, por encima de mí, las palabras de Dios
    en la lengua monumental de sus profetas.
    Veo a los ángeles en un palacio interminable
    jugando como ínfimos infantes en interminables jardines
    y escucho la confesión del viento en los antiguos árboles
    y la profecía del mundo en la boca del mar
    y revelo la edad de las estrellas a los hombres
    y el corazón del hombre a la desolación de los abismos.
    El beso de Dios arde en mi frente.
    Soy hijo y no puedo ser otra cosa más que hijo.
    Los trigales se inclinan a mi paso
    y el rey pide consejo y ejecuta conforme lo que digo.
    Mi mano es pesada como el hacha de piedra.
    Para mis ojos no hay distancia ni tiempo
    ni lugar ni cortina ni pared ni secreto.
    Sobre mi cabeza los gorriones y las ramas altísimas
    y las antiguas torres y el universo mismo.
    Bajo mis pies el mundo
    y bajo el mundo, los nombres de los muertos.
    Si le hablara a los niños, podría preguntarles, fingiendo ser astuto,
    ¿Saben los nombres de los muertos?
    Mi capa es la tiniebla pero mi sombra es luz
    y al revelar aquello que en mí se ha revelado me vuelvo yo el misterio.
    Mi destino es la hora más postrera del hombre:
    La claridad penúltima...
    El último silencio.



    RACE HORSE
    Para Roxana Elena



    Y mira tú, muchacha, de quién viniste a enamorarte,
    a quién viniste a amar para toda la vida,
    a quién decidiste no olvidar:
    es un caballo de carreras, ese muchacho es un caballo de carreras
    y corre siempre junto a la barda colmada por espinos
    y sus músculos inflamados siempre a punto de reventarse.
    ¿Quién lo conduce?
    Sus estribos son ríos a los cuales muerde para intentar romper.
    Sus ojos ven un horizonte de fuego al que no puede dejar de dirigirse.
    Sus cascos son de un cristal incorruptible que aniquila a la piedra.
    Su crin es el viento azotado por el relámpago.
    Una tormenta tiene donde debió tener un breve corazón,
    una tormenta a la cual teme incluso el invierno mismo.
    Su imaginación es la misma que la de la montaña
    y la del grito que corta el silencio de la montaña desolada.
    No es de fiar.
    ¿Quién confiaría su alma a una tormenta?
    ¿Quién brindaría su piel al cuchillo de fuego
    o su voz al silencio de la flauta quebrada por el odio?
    Y mira tú, muchacha dulce, te abriste como un cofre
    lleno de perlas que parecían brotar de la luz misma
    y él ni siquiera pudo notarlo, él es un caballo de carreras
    y no le importa ni la ciudad ni el camino que lleva a la ciudad
    ni las joyas ni un cuello lleno de joyas ni un cofre lleno de joyas,
    solo le importa el bosque y el campo abierto y la playa interminable
    pero sobre todo la pista, esa pista de grama, arena y piedra,
    y mira tú de quién viniste a enamorarte
    a quién quisiste guardar en ti como un corazón nuevo
    a quién quisiste abrazar hasta perder los brazos
    a quién quisiste mirar hasta cerrar tanto los ojos
    que no consigues ya mirar la dicha.
    Mira tú, muchacha linda, a quién quisiste amar,
    a un obstinado caballo de carreras cuya pista es el mundo.




    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Revista/ultimas_ediciones/81_82/galan.html


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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    Mensaje por Maria Lua Vie 07 Jun 2024, 15:30

    Juan Carlos Vilchez (Nicaragua)


    Juan Carlos Vilchez (Estelí, Nicaragua, 1952) es poeta y médico. En 1988 ganó el concurso nacional de Poesía Óscar Turcios. Su primer poemario Viaje y Círculo fue publicado en 1992. Es Secretario del  Pen Internacional, Capítulo de Nicaragua. Algunos de sus libros son: Bestias de papel, Versiones del Fénix, Nicaragua en las redes de la poesía, Zona de perturbaciones, En lugar llamado dónde, Viaje y círculo (1992).


    *****************


    Itaca móvil



    Este hombre carga la bahía
    al igual que una taza de sopa.
    El líquido fluye
    por cisternas y cauces mucosos
    hasta desaguar después en algún mar.
    Un poco de él nutre las raíces
    como una secreción
    donde se ahoga el recuerdo.
    Un día decide rotar la brújula
    con el sedimento atado a las espaldas.
    Sólo entonces sabe
    que Itaca cuelga de sus hombros.
    Así se da cuenta
    que él es el puerto
    y también el navegante.



    Tomates


    El tomate es un mundo rojo        
    un círculo en el mapa            
    de una ciudad perdida            
    tiene el temblor de un témpano    
    que navega hacia un puerto sin edad
    dónde todos los caminos se cruzan.
    Indescifrado                      
    su interior guarda ese combustible
    que inflama —detrás de las cortinas—
    los vientres de la eternidad      
    y se aferra a los precipicios    
    que salen de paseo por las noches
    en nuestra compañía              
    esperando la consumación.        
    ¿Y nosotros?                      
    Convencidos de su redondez        
    y permanencia.    



    De patria y lengua


    De patria y lengua                        
    Primero se vende el territorio            
    lo de las palabras viene después.        
    Ocurre en todas partes                    
    pero en estos confines                    
    se exacerba hasta el delirio.            
    Antes ya lo habían anunciado              
    Pessoa y Saramago                        
    “la patria es solamente la lengua”        
    tierra de inciertos sonidos              
    que  algunas tardes                      
    insisten en florecer.                    
    Después de cada transacción              
    los propietarios arrojan a los campos    
    tercos demonios verdes                    
    y en las miradas ya esquivas              
    otros signos maduran                      
    otras posesiones.                        
    De líquidos y navegaciones                
    Mis amigos hablan siempre de un río      
    cuyas aguas pasan hacia ningún lugar      
    y tampoco se detienen.                    
    No vuelven —dice Heráclito—              
    mientras Zenón insiste                    
    en que son las mismas                    
    y no otras.                              
    ¿Será o no será un líquido                
    de lo cual se habla?                      
    Quizás este fluido no cabe                
    en el cauce del mundo                    
    y tampoco en una vida.                    
                                             
    Tal vez observamos                        
    y al mismo tiempo navegamos              
    de tal manera que flotando                
    nos creamos el hábito del ser            
    aunque verlo no podamos                  
    y si por mirar no somos                  
    se hace imposible entonces                
    navegar.                                  
    Epitafio I                                
    Insistió en perdurar como forma          
    y obviamente no pudo.                    
    La eternidad                              
    —es decir—  la transformación            
    lo acogió como a todos                    
    pues la materia nunca es igual            
    a sí misma                                
    cada instante ya es otra.                
    ¡Ah!... ¿Y las palabras?                  
    Espasmos del azar                        
    excrecencias de la carne                  
    alimento y combustible                    
    del vacío.                                
    Desde lejos                              
    Desde lejos                              
    —sin apenas notarlo—                      
    hemos llegado a esta tarde                
    en la que finalmente contemplamos        
    el crepúsculo.                            
    En lo alto                                
    el sol aún deslumbra                      
    como un espejo                            
    que nos devuelve imágenes                
    tantas veces repetidas.                  
    Habitamos entonces ese instante          
    como una apoteosis                        
    a punto de derrumbarse                    
    bajo la madurez de la luz                
    muy cerca ya de la ausencia.              
    El escenario se comparte con nubes        
    deshilachándose                          
    como un telón en llamas.                  
    Sin embargo... ¿ qué esperamos sentados  
    en la orilla?                            
    si el mundo se incendia otra vez          
    frente a las aguas                        
    y cuando la sombra                        
    borra ya nuestros contornos              
    un giro del azar                          
    tal vez un coraje                        
    germine viscoso                          
    en la cavidad más tibia                  
    de la sal.                                
    Opciones                                  
    Una mente muy lúcida                      
    es algo así como una antorcha            
    un faro que derrama a su alrededor        
    enjambres de luz                          
    para iluminar los rumbos                  
    de la vida.                              
    Tiene sólo dos opciones.                  
    Consumirse en el incendio                
    de sí misma                              
    o provocar desprendimientos              
    de retina                                
    la ceguera en los otros                  
    la marcha a tientas                      
    por la intensidad del brillo              
    capaz de revelarnos las nervaduras        
    y filigranas del abismo                  
    la textura de todas las ausencias        
    del vacío.    



    Acertijo


    Aquí no hay preguntas (No le haces preguntas).          
    Estás solo contra la esfinge                            
    cuya presencia no es más enigma                        
    que tú mismo.                                          
    Siempre le golpeas y desgarras sus entrañas            
    pero el espejo te devuelve                              
    a una flor que sangra dentro de ti.                    
    La tomas con tus manos                                  
    y así sangrando la colocas                              
    entre las suyas                                        
    para recorrer el tiempo                                
    que les fue entregado.                                  
    Al final                                                
    en un límite cualquiera (No hay exactitud en esta trama)
    rehacen la escena en el camino.                        
    Ella para deglutir tus cenizas vorazmente              
    y tú ya olvidado                                        
    para nacer como una larva                              
    de su descomposición.      



    De la inmovilidad


    Máscaras como rostros      
    con la señal                
    de la propia destrucción.  
    De lejos                    
    –es decir– desde la muerte  
    todo luce tan pequeño      
    diminuto en su incidencia  
    al igual que la verdad      
    tan cruel  y obsesiva      
    para poseer los cuerpos    
    y así someterlos            
    a la próxima ilusión.      
    Ella arde                  
    pero quien nos consume      
    es la esperanza            
    esa manera                  
    de agitarse para llegar    
    a cualquier sitio          
    y también al desencanto.    
    Nunca sabremos –claro está–
    si en la inmovilidad anida  
    el germen de la dicha      
    o quizás por un instante    
    su culminación.  



    Siempre Ícaro

    Sólo Icaro me llaman.                  
    Desde el centro                        
    inevitablemente la cúpula del cielo    
    me succiona                            
    y una mancha estelar                    
    incrustada en las líneas de mi mano    
    me persigue.                            
    Así sobre un filo del espacio          
    camino equilibrando la sed de movimientos
    que me acosa.                          
    ¡Pero esta vez iré más lejos!          
    La primera caída siempre fue inmortal  
    los golpes que terminan por hundir      
    a la eternidad                          
    harán un traje nuevo a mi destino.      
    Y héme aquí                            
    horadando la raíz de mis alas          
    escrutando adolorido el ojo de la bóveda
    traduciendo la escritura de mis brazos  
    para ensayar una y otra vez            
    una y otra vez                          
    mi próximo vuelo.  



    Vine
    Todo confluye aquí.
    Son opulentas estas tiendas de ciudad
    con artículos de tantos
    y tantos lugares del planeta.

    Camino por las calles
    y los escaparates concentran
    toda la identidad del mundo
    siendo yo entonces
    un satélite que gira alrededor
    puesto esto es el mundo.

    Pero yo no he venido a comprar
    o vender
    vine a abrir los ojos

    a pagar con palabras
    la vida que me dieron
    vine.

    El estigma
    No conocía el estigma
    o más bien
    no tenía la precisión
    para apartar las hilachas
    y desgarraduras que lo ocultaban
    llevándolo como un adorno ciego
    un resplandor detrás de la mirada.
    La carne fue más inteligente
    e hizo caso omiso de mí mismo
    pasó de largo
    y me otorgó unos minutos
    para organizar una casa
    una heredad
    esas tareas habituales que lo delatan
    y hacen que pierda su poder
    de iluminar con anticipación
    las cerradas fosas del olvido.
    Acertijo





    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Sáb 08 Jun 2024, 20:39

    Gioconda Belli (Nicaragua)



    Gioconda Belli nació en Managua, Nicaragua, el 9 de diciembre de 1948. Participó, desde 1970 en la lucha contra la dictadura de Anastasio Somoza, como miembro del Frente Sandinista. Vivió exiliada en México y Costa Rica. Ocupó varios cargos partidarios y gubernamentales en la Revolución Sandinista en los 80. Su primer libro, Sobre la Grama, 1972, ganó el premio de poesía de la Universidad Nacional de Nicaragua. En 1978, obtuvo el Premio Casa de las Américas, Cuba, por su libro Línea de Fuego. Entre 1982 y 1987, publicó tres libros de poesía: Truenos y Arco Iris; Amor Insurrecto; y De la costilla de Eva. En 1988, publicó su primera novela La Mujer Habitada que obtuvo el Premio de la Fundación de Libreros, Bibliotecarios y Editores Alemanes y el Premio Anna Seghers de la Academia de Artes de Alemania, en 1989. En 1990, publicó la segunda novela, Sofía de los Presagios y posteriormente el cuento para niños: El Taller de las Mariposas, con el que ganó en 1992 el Premio Luchs del Semanario Die ZEIT. En 1996 publicó la novela Waslala y en 1998 otro libro de poemas: Apogeo. En 2001 apareció El País bajo mi piel, una memoria de sus años en el sandinismo y en 2002 ganó el Premio Internacional de Poesía Generación del 27 por su poemario, Mi íntima multitud. El Pergamino de la Seducción, 2005, es su cuarta novela. Tras su publicación en España por Seix Barral en Abril del 2005, aparecerá en Alemania, Holanda y Estados Unidos. En agosto de 2003, en el discurso de ingreso a la Real Academia de la Lengua, expresó, recordando sus inicios en la escritura: «Mujer joven que era, sujeto del amor y del magnetismo lunar que produce el flujo y reflujo del mar, encontré en las palabras las cómplices perfectas para externar la euforia y el desconcierto de vivir. El Verbo se hizo carne para mí. Mi carne. Y desde mi ser femenino hablé sobre las fumarolas que encendían mi epidermis, sobre las grietas, las grutas y los riscos de mi geografía. Recién iniciada en el conocimiento de poderes antiguos, celebré mi sexo de mujer, mi constitución de tierra capaz de abrirse en cráteres o de parir montañas. ¿Qué es el erotismo, con el que se me clasifica y caracteriza, sino la carnalidad de la palabra que hurga en la vida su origen y que transmuta la privacidad de los amantes en espacio de encuentro con los otros y en espejo donde la creación se contempla a sí misma?"...


    ******************


    «Infierno de cielo»



    Velas. Luces.
    Fuegos fatuos sobre la mesa de noche.
    No el cirio pascual
    sino el fuego pagano de los ritos druidas.
    Adoremos al cuerpo
    santuario inequívoco del verbo y del ser.
    Ojos dorados parpadean
    en el brillo bruñido del espejo
    donde sos mi torre de marfil.

    En la redoma pongo el aceite aromático.
    Un olor a jazmines almizcle incienso catedralicio
    impregna el viento las ventanas de la nariz.
    Allá lejos tu cabeza. Tu brazo delineado
    La textura de anchas nervaduras. El anverso extenso del pie.
    Pies de centauro. Feos tus pies, excitantes. Como los cascos
    del unicornio removiendo arbustos con su cuerno de infinitas espirales.

    No hay equilibrio más exacto que éste
    de un hombre y una mujer retornados a la arcilla primigenia.

    Saltan los omoplatos; los fémures se hacen trizas.
    La rigidez del esqueleto se abandona a la carne trémula.
    La luz de las velas estrella en el espejo visiones míticas.
    Medusas. Cíclopes. Saturnos saciados.

    No sé dónde tus manos
    en este laberinto de monstruos magníficos devorándose.
    ¿Quién sos criatura desencajada que así me despojás
    de mi decencia de sacerdotisa?
    Tu piel es fluida y candente.
    La cera se derrite en los recipientes de cristal.
    Chasquea tu boca sobre la mía.
    ¿O es la llama que chisporrotea?
    El fuego encuentra su propio incendio.
    Sobre el aceite de la noche
    velámenes ardientes lamen el lago quieto
    del espejo incandescente.

    Allá mi pie.
    Las uñas rojas. La imposible extensión de una pierna íngrima.
    El paisaje blanco. Las pieles sumergidas en lavas ígneas
    resollando borboteando vaporizándose. El fuego
    viene y va con el sonido del mar sobre los arrecifes.

    Sobre los cuerpos consumidos, carbonizados
    se apagan las velas una a una.

    Me sacudo el cabello. Me levanto, ave Fénix, de las cenizas.
    Soy un infierno de cielo.






    Distancias y cercanías


    a Camilo, en su adolescencia

    En la prehistoria de mi vida,
    mucho antes de que mi padre, o mi madre,
    fueran semilla en el vientre de sus antepasados,
    estas praderas de Wyoming,
    estas colinas,
    fueron fondo de océano, refugio de peces.
    Mi hijo Camilo, a caballo,
    me ilustra sobre este hecho:
    «Ves aquellas mesas -señala-
    «El agua las hizo hace cientos de miles de años»
    Su cuerpo es alto, delgado,
    y el sol alumbra su pelo rojo.
    Parece un ángel posado sobre la montura.
    Me deja atrás, alzándose sobre los estribos.
    Es nervioso, mejor jinete
    y todavía no conoce el miedo.
    Cuando delante de él
    hablo del temor a enfermarme o morir,
    me observa con incomprensión y censura,
    como miran los hijos a los padres
    desde un tiempo demasiado nuevo
    donde la vida es aún como esta pradera de Wyoming
    -lejano el horizonte; una vasta extensión abierta hacia el infinito-
    Descendemos del promontorio
    atravesando pinares y grandes formaciones rocosas.
    El camino es una pendiente brusca
    y él se vuelve para cerciorarse de que aún estoy sobre la montura,
    riéndose sus ojos, burlándose solapados de mi torpeza,
    de mi cuerpo que busca el balance sobre la silla,
    mientras él, gallardo y seguro, maneja las riendas con destreza
    y hasta se atreve a espolear al animal cuesta abajo.
    Desde cuándo, me pregunto, venimos él, o yo
    en esta carrera de relevos,
    afirmándonos frente a los que nos precedieron,
    constantemente comprobando su debilidad y nuestra fuerza,
    un poco crueles, desafiantes, en nuestra juventud?
    Regresamos y me siento otra vez a escribir,
    mientras él sale equipado con su mochila
    a explorar las montañas
    o pescar en las pozas quietas del río
    que baja desde quién sabe qué alturas de las Big Horn.

    Al retornar entra con ímpetu a la habitación
    mientras yo le pido silencio.
    «Vení -me dice con urgencia desatendiéndome- Vení. Tenés que ver esto»
    Resignada, lo sigo hasta la puerta de la terraza.
    Cruzo el umbral hacia el atardecer.
    La cresta de pinares y riscos lejanos,
    exhala a bocanadas
    la cálida, roja, memoria de aquel día.
    Cielo y tierra se tocan y despiden en el largo pasillo circular,
    púrpura y rosa del crepúsculo.
    En lo alto del arco, el ojo vigilante de la oscuridad
    asoma las primeras estrellas.
    Se anuncia la noche, solemne y primigenia, del Oeste.
    Mi hijo sonríe y me pasa el brazo por los hombros.
    Sonrío a mi vez. Íntimamente le agradezco el gesto.
    Pienso cómo en su afán de alejarse
    se aloja también
    el callado deseo
    de estar cerca.






    LUCIÉRNAGAS


    A las cinco de la tarde
    cuando el resplandor se queda sin brillo
    y el jardín se sumerge en el último hervor dorado del día
    oigo el grupo bullicioso de niños
    que salen a cazar luciérnagas.

    Corriendo sobre el pasto
    se dispersan entre los arbustos,
    gritan su excitación, palpan su deslumbre
    Se arma un círculo alrededor de la pequeña
    que muestra la encendida cuenca de sus manos
    titilando.

    Antiguo oficio humano
    este de querer atrapar la luz.

    ¿Te acordás de la última vez que creímos poder iluminar la noche?

    El tiempo nos ha vaciado de fulgor.
    pero la oscuridad
    sigue poblada de luciérnagas.






    AMOR DE FRUTAS


    Déjame rodar manzanas en tu sexo,
    néctares de mango,
    carne de fresas:

    Tu cuerpo son todas las frutas.

    Te abrazo y corren las mandarinas.
    Te beso y las uvas sueltan
    el vino oculto de su corazón
    sobre mi boca.

    Mi lengua siente en tus brazos
    el zumo dulce de las naranjas.
    Y en tus piernas
    el promegranate
    esconde sus semillas incitantes.

    Déjame que coseche los frutos de agua
    que sudan en tus poros.

    ¡Mi hombre de limones y duraznos!
    Dame a beber fuentes de melocotones y bananos,
    racimos de cerezas.

    Tu cuerpo es el paraíso perdido
    Del que
    nunca jamás
    ningún Dios
    podrá expulsarme.






    MANUAL PARA CONDUCIR


    Para surcar mi cuerpo
    sobre iluminadas autopistas,
    despójate de medidas de seguridad
    y avanza
    cuan largo eres
    sobre mí.

    En la piel de este territorio
    no hay más límite de velocidad
    que la destreza de aferrar el volante
    sobre las curvas más densas del camino.

    Con los faros abiertos y encendidos
    habrás de recórreme como una ciudad extendida
    de barrios ensimismados; descubrir tras puertas y ventanas
    el perfume de jardines ocultos.

    Lo mismo te asaltará el aroma
    de las huele noche
    que las plantas carnívoras te arrastrarán
    hasta que aúlles suplicante.

    A vos, amo de los carburadores relucientes,
    yo te enseñaré a desear el agreste terreno de los cauces
    y el abismo donde despeñar
    todos tus artificiosos instrumentos de navegación.

    En el placer de infinitas revoluciones por minuto,
    de nada te servirán los frenos; los engranajes.
    Es mejor que te rindas de antemano
    cuando cruces hipnótico las avenidas anchas y quietas
    donde vagan sueltas las fieras salvajes de mi ciudad encendida.

    Descalzo y desnudo ambularás
    los rascacielos de papel y las sombras solitarias
    que se esconden bajo los puentes de mi espalda.
    Vagarás indefenso por las esquinas ignotasde mis rodillas.


    Creo que te advertí que en mi ciudad no hay candados
    y los zoológicos se abren de par en par al atardecer.
    Un cuerpo de mujer es también un acertijo siniestro
    donde puedes estallar.
    Podrías sucumbir antes de ascender la última colina
    y caer de bruces sobre el ombligo.

    Las posibilidades son innumerables.

    Sin embargo enuncio mi promesa:
    Si te atreves autonauta
    sobre mis iluminadas autopistas,
    aún cuando me lo implores
    no temas, no te lo concederé.

    Hombre. Hombrecito mío.
    Te doy mi palabra.
    No te mataré.







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    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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    Mensaje por Maria Lua Sáb 08 Jun 2024, 20:41

    Francisco de Asis Fernández (Nicaragua)


    Francisco de Asis Fernández nació en Nicaragua en 1945. Poeta y promotor cultural. Es presidente de la Fundación Festival Internacional de Poesía de Granada. Ha publicado los libros: A Principio de Cuentas (Poesía, 1968) con ilustraciones de José Luis Cuevas; La Sangre Constante (Poesía, 1974); En el cambio de Estaciones (Poesía, 1982, con ilustraciones de Fayad Jamís); Pasión de la Memoria (Poesía, 1986); Friso de la de la Poesía, El Amor y la Muerte (1997); Árbol de la Vida (1998); Celebración de la Inocencia (Poesía Reunida, 2001); Espejo del artista (Poesía, 2004), Orquídeas salvajes (Poesía, 2008); Granada: infierno y cielo de mi imaginación (Poesía Completa, 2009) y la antología de poemas Poesía Política Nicaragüense, editada por el Ministerio de Cultura de Nicaragua.


    ********************

    El poeta y su espejo1
    A mi nieta recién nacida Andrea Camila



    Hay una persona que vive en mi espejo
    que se ha hecho con los momentos de mirarme,
    y parece contener, por su edad, el costado perverso de mis sueños.
    Hace años era diferente. Y el tiempo lo ha hecho otro.
    Ahora da la impresión de haber renunciado a mucho
    y no se le ve la belleza que le dio la juventud.
    Parece que en el mundo que vive hace frio y comienza a llover.
    El hombre que me sale en el espejo es reservado y reflexivo
    y solo algunas veces repite mis palabras como en un eco sordo.
    Me entristece que sus grandes pasiones le hayan arrugado la piel
    y lo hayan ensombrecido con soledad, pensamientos de tristeza,
    patas de gallina en los ojos y profundas ojeras.
    Me dan miedo sus miradas de resignación y reproche
    y su rechazo profundo a ser cómplice de la dicha y la mentira.
    Su tono esta hecho de pensamientos y no oye mi guitarra,
    y cada día se parece más a mi padre.
    Tiene la cara de mi padre ya invadida por la tristeza.
    No está de acuerdo con la disipación de mis trabajos y mis días
    y me quiere más fiel a mi casa y a mis sueños.
    El compara su mundo lleno de reflexiones
    con el mío, que no tiene sosiego ni en la alegría ni en la tristeza,
    ni en la verdad ni en la mentira, ni en la prosa ni en la poesía,
    y me ve como un venado joven suelto en los riscos
    en un paisaje de piedras y espinas.
    Cuando se pasa su mano como un rastrillo sobre su pelo
    pareciera que se quiere arrancar de raíz su parecido conmigo
    y que ya no quiere tener mas mi imagen mundana
    apareciendo inesperadamente para perturbar la riqueza de su soledad
    en su recinto de clausura.





    Con mi otro yo


    Hay unos pasadizos secretos entre ese desconocido del espejo
    y el perro rabioso que habita mi corazón y mis arrugas.
    Arrinconado, me hipnotiza y me despierta desgarrado por el llanto.
    Qué esconde su tristeza muda cuando pregunta:
    ¿Bailaste músicas imaginarias y no existió la felicidad de tu niñez?
    ¿Qué sabes de la separación de tus padres y del naufragio de tu familia?
    ¿Quién de los dos tiene el lado tierno
    y quién el lado que sale de la boca del dragon?
    Los peores demonios vienen en la falta de orgullo
    en la soledad frente al espejo.
    Te quitan la sangre del cuerpo, te mienten, te engañan, te traicionan,
    y hacen que tu corazón sea ese perro rabioso
    que se gana la vida abriendo muertos sin saber adónde encaja,
    y atraviesa el maldito infierno para averiguar
    que la poesía prohíbe que un dia se parezca a otro.

    Este nuevo día me descubre que para poner a ese desconocido adentro del espejo,
    sustituyeron el vidrio con ladrillos de agua transparente
    construidos con los ripios sobrantes de los inmensos aguaceros del diluvio
    y los deshechos de lagrimas de las tragedias familiares.




    El temor de la muerte


    Del temor a envejecer pasé al temor de la muerte.
    De todo lo que gané en la vida
    pasé al miedo incontrolable de perderlo todo.
    A esta edad los arrepentimientos son pesadillas y fantasmas,
    que llegan a la memoria y empeoran las noches, acosan y castigan.
    Son una casa encendida con cuartos de memorias clausuradas
    que se apagan y se vuelven a encender uno por uno,
    con grandes zonas de tinieblas avanzando incontrolables.
    Yo quise ser lo que fui
    y no se si es muy tarde para ser lo que quiero ser.
    Siempre me persigue la llama para que arda,
    para que en mi vuelo me crezcan plumas blancas en el cuello y la espalda
    y el sol me calcine y me derribe,
    para que la poesía me extraiga la virtud
    y me arroje íngrimo al desierto humano.
    Pero ahora mi miedo animal es a la muerte,
    a que ya no existan mi desesperación y mi abandono,
    a que lo natural sea que mi yo sea mi nada
    y me crezcan las uñas y el pelo en la soledad de la tierra
    y mi cuerpo vuelva a ser un puñado de polvo;
    miedo a que las agallas y locuras marchitas de mi vida
    estén en ese puñado de polvo
    y nadie las perciba en ese paisaje de la naturaleza de los pájaros,
    o en los labios pálidos de una mujer indefensa.



    Marinero ebrio


    Hay canciones y perfumes que me cambian de nombre,
    la ciudad donde vivo y los vigores y angustias de vivir.
    Me ponen como un marinero ebrio en la tempestad
    con el mar lleno de ballenas entre pecho y espalda,
    con Odiseo sin ardides masticando sirenas bellas y marginales
    y recitando exámetros para aferrar la lucidez.
    Canciones de cuna y de ebriedades. Perfumes de mujeres y de flores.
    El cielo se abre y el mar se parte.
    Y uno embrocado, de la boca de los versos a la hoguera
    con la rabia de las visiones y los sueños
    posponiendo la basura, lo obvio, la sobriedad,
    y la prosa hedionda de despertar por la mañana.





    Borrachera de medianoche
    Un tanto animal y un tanto poeta
    el desperdicio de mi vida me sofoca,
    igual que tocar una página blanca con las manos limpias.
    Quisiera dormirme como un caballo que no sabe dónde duerme
    para no ver las sombras que veo en la penumbra.
    ¿Las veo con mis ojos o están dentro de mi?
    ¿Qué me reclaman, qué quieren de mi mundo?
    Me tocan como un mendigo toca a mi puerta
    y yo toco sus manos con miseria.
    Las veo y se me hunden los ojos
    y la incertidumbre me sale por la boca.
    Dejo las luces encendidas toda la noche
    para no verlas venir con las manos vacías extendidas.
    Lo que drago en mi memoria me hiere con filos usados.
    Son las costas rocosas por donde pasé siendo príncipe y mendigo,
    intentando salvarme de Hiroshimas, Julietas y Ofelias.
    Sueño imaginaciones y pesadillas
    y no logro domar las bestias salvajes de mi memoria.
    Ella aparece como un viento violento,
    como un insecto tierno sobre las nubes metido en mis sueños.
    Alli veo que mis amores solo se comparan a los de las películas,
    pero sin el crayón oscuro sobre la cara del rencor,
    sin la cara del suicida lanzada a la oscuridad.
    La atmósfera de las películas de mi vida
    tiene piel de fauno, incienso, petalos, fuentes de Trevi,
    un músico desquiciado traveseando las cuerdas de los angeles
    y un capitán Lamparilla arrollado en el cruce de las vías del
    ferrocarril.
    Pero ahora soy un cimarron arisco en odres viejos
    y le tengo miedo a la soledad y a una vejez miserable.
    Ahora soy un modelo viejo del 45 descontinuado
    que no quiere deshacerse de mucha basura,
    ni siquiera de los malos amigos miserables,
    ni de las musas ineptas,
    ni de los poetastros racionales y encantadores desnudos de
    virtudes.
    Todos ellos son mejores que nada
    en este país que tiene mas fusiles que palomas.



    Corresponsal de guerra


    A la memoria de mi gran amigo,
    el poeta Alvaro Urtecho.

    Lo que yo afirmo con mi poesía
    lo confirmo con mi llanto.
    Yo soy un corresponsal de guerra
    que hago en poesía los reportajes de mis heridas.
    En esta guerra solo si te rompen el corazón
    puedes entregar un pedazo creíble de ti
    o el secreto de una agonía personal
    escondido en el canto de un pájaro oculto.
    Esta guerra ha hecho en mi cuerpo un mapa de tatuajes:
    este tatuaje de rosas secas habla de mis carencias;
    este otro, de un parque de flores tronchadas,
    dibuja los abandonos y las promesas incumplidas;
    estos nombres que sangran, cuentan de soledades
    y serpientes que durmieron conmigo
    con el veneno que asfixió mi esperanza;
    aquí en éste, yo soy el cazador y esta mujer es mi presa,
    y no se si me gusta la cacería o me gusta la presa;
    en esta, estoy con una gata salvaje que baila músicas imaginarias
    y toca las teclas del clavicordio y las cuatro cuerdas del violin
    que la convierten en carne mística de mi instinto animal,
    me hace un perro rabioso ladrándole a la luna
    y una lombriz buscando su anzuelo.
    Aquí en éste aparezco nadando con ángeles y tiburones.
    Y aquí hay un texto sobre mi espalda que dice
    que hay mil millones de soñadores en el múndo
    y que pueden irse todos ellos al infierno
    porque yo sueño con la vida después de la muerte,
    con la iluminación de mi casa en el firmamento,
    aunque no se si desde ese lado luminoso
    se pueda ver el lado oscuro de la vida.
    Yo soy un corresponsal de guerra
    que tiene ya una fatigada felicidad sin ambiciones,
    la estrella oscura y efimera de cualquier hombre
    que padece la angustia de necesitar una razón,
    que persigue zurcir la verdad con la mentira en mi ropa vieja
    y que sabe que la belleza y el amor son flores carnívoras
    que se deshacen, juntan sus pedazos, se reproducen,
    mueren y vuelven a nacer.





    Crimen perfecto


    Pon tu mano cerca de mi corazón
    que es capaz de cometer un crimen perfecto,
    que es capaz de mirar hacia atrás y desear otro pasado,
    haber sido sin ser y soportar lo que viene,
    que es capaz de olvidar lo que amó.
    La culpa de mis tropiezos y mis traspiés
    la tiene mi corazón que olvida.
    Alma andrajosa la mía
    que deshace, en lo intimo de la noche,
    todo lo que amó, sin poner fin a mi vida.
    En un mundo toco el piano y en otro rompo las cuerdas.
    Mi rosa es vagabunda pero es mi carcelera.
    Cuando alzo los puños es cuando me doy por vencido.
    Muchas islas abandonadas son mi agonía
    y ya no tengo la ansiedad de perder
    ni la inspiración de ganar.
    ¿Cómo puedo creer en mi corazón
    si es capaz de olvidar pedazos de vida tan grandes,
    el dulce tono que tuvo la voz de mi juventud,
    el fraseo y el temperamento de sus versos?
    ¿Cómo puede olvidar la edad de cuando gastaba la vida
    Y pagaba con versos?
    Francisco de Asis era un pájaro expresivo
    con el corazón descuadernado,
    con una hermosa cara de tristeza y otra de alegría.
    El olvido es un crimen perfecto
    pero hace que las paredes de la vida se derrumben
    y que el mago se quede sin pájaro oculto.
    El olvido es una miserable cuerda de violin
    que perturba mi sueño y no logra despertarme.
    El olvido es un crimen perfecto
    que hace que mi amor no haga par con mi amor propio
    y deja huellas imborrables para perseguir al asesino.





    Atrapado


    Mi imagen al revés reflejada en el agua
    y el alma separada de mi cuerpo.
    El cuerpo le pertenece al espacio infinito
    y el alma está prendida en el agua.
    Mi alma cautiva está hundida en su interior
    en un pozo de luz que le teme al vacío
    y al encendido rojo, azul y dorado del sol.
    Estoy reflejado en el agua como una escultura
    liberándose de la piedra.
    En el espacio abierto me siento ficticio y fugaz
    como el poder
    pero mi alma adentro dice la verdad
    porque no aprendí a obedecer ni a desobedecer.
    Afuera, el lunes uno empaca sus cosas hermosas
    y el martes, te matan.
    Afuera, con tristeza y miedo viene uno de lejos
    solo para perder
    y a mi edad ya no me atrevo a rebelarme.
    Adentro escribo para sobrevivir.
    Cuando escribo toco cada parte de mi vida
    con la yema de los dedos.
    Eclipsado por la guerra me refugio en mi letra
    y entro al escondite de mi letra
    buscando mudar de piel.








    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Dom 09 Jun 2024, 13:51



    Joaquín Pasos Argüello ( Nicaragua)



    Joaquín Pasos Argüello (Granada, 14 de mayo de 1914 - Managua, 20 de enero de 1947) fue un poeta, dramaturgo y ensayista nicaragüense. Integrante del Movimiento de la Vanguardia de Nicaragua y su poema más representativo ha sido Canto de la guerra de las cosas.

    Biografía

    Nació en Granada, el 14 de mayo de 1914. Comenzó a escribir poesía, siendo muy joven. Desde 1929, con tan sólo 16 años, entra a formar parte del grupo "Movimiento de Vanguardia", en el que se cuentan, entre otros, José Coronel Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Manolo Cuadra, Alberto Ordóñez Argüello, Luis Alberto Cabrales y Ricardo José García González.

    Pasos fue el miembro más joven del grupo, y abanderó la tendencia que se conoció como "Anti-Parnaso", por la decisiva lucha contra las formas parnasianas imperantes en las letras nicaragüenses de aquella época. En 1932 se graduó en el Colegio Centroamérica.

    Colaboró en diversas publicaciones vinculadas a las vanguardias literarias de la época, como el periódico La Reacción, o la revista humorística Los Lunes, donde alcanzó notable popularidad. En varias ocasiones fue encarcelado por sus sátiras contra el dictador Somoza.

    En 1939 escribió junto a José Coronel Urtecho una pieza teatral titulada Chinfonía burguesa.

    Muerte
    Murió en Managua, el 20 de enero de 1947 a los 32 años de edad debido a problemas de salud provocados por el alcoholismo, sin haber llegado a reunir su obra poética en forma de libro. Su muerte fue devastadora para grandes poetas y familiares cercanos a él, aunque nunca tuvo eso que lo mantuvo en contacto con sus amigos más cercanos. Joaquín Pasos tenía leucemia, enfermedad que lo atormentó desde su infancia y quedó remarcada en su constante creación poética de urgencia.

    Antología póstuma

    En el año de 1947, después de su muerte, fue publicada una antología de su obra titulada Breve Suma. En 1962 Ernesto Cardenal realizó una nueva antología más completa bajo el título de Poemas de un joven.

    Sus poemas fueron agrupados de acuerdo al plan que el mismo Joaquín había diseñado: Poemas de un joven que no ha viajado nunca (que incluía poemas sobre países que nunca visitó); Poemas de un joven que no ha amado nunca (que incluía su poesía amorosa); Poemas de un joven que no sabe inglés (que incluía sus poemas en esa lengua, que aprendió sin maestro desde niño); y además, Misterio indio (sus poemas de temática indígena).

    Poemas destacados

    Su poema Canto de guerra de las cosas está considerado como el más importante de su producción; su poema Coral de mendigos es digno de la antología latinoamericana más exigente, fue su poema más conocido de toda América, junto con Pablo Antonio Cuadra pudo lograr eso.

    ****************


    Fratres: Existimo enim quod non sunt
    condignae passiones hujus temporis ad
    furturam gloriam, quae revelabitur in
    nobis. Nam exspectatio creaturae reve-
    lationem filorum Dei exspectat. Vani-
    tati enim creatura subjecta est non vo-
    lens, sed propter eum, qui subjecit eam,
    in spe quia et ipsa creatura liberabitur a
    servitute corruptionis in libertatem glo-
    riae filiorum Dei. Scimus enim quod
    omnis creatura ingemiscit et parturit
    usque adhuc.

    PAULUS AD ROM., 8, 18-23.

    Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra,
    si es que llegáis a viejos,
    si es que entonces quedó alguna piedra.
    Vuestros hijos amarán al viejo cobre,
    al hierro fiel.
    Recibiréis a los antiguos metales en el seno de vuestras familias,
    trataréis al noble plomo con la decencia que corresponde a su carácter dulce;
    os reconciliaréis con el zinc dándole un suave nombre;
    con el bronce considerándolo como hermano del oro,
    porque el oro no fue a la guerra por vosotros,
    el oro se quedó, por vosotros, haciendo el papel de niño mimado,
    vestido de terciopelo, arropado, protegido por el resentido acero...
    Cuando lleguéis a viejos, respetaréis al oro,
    si es que llegáis a viejos,
    si es que entonces quedó algún oro.

    El agua es la única eternidad de la sangre.
    Su fuerza, hecha sangre. Su inquietud, hecha sangre.
    Su violento anhelo de viento y cielo,
    hecho sangre.
    Mañana dirán que la sangre se hizo polvo,
    mañana estará seca la sangre.
    Ni sudor, ni lágrimas, ni orina
    podrán llenar el hueco del corazón vacío.
    Mañana envidiarán la bomba hidráulica de un inodoro palpitante,
    la constancia viva de un grifo,
    el grueso líquido.
    El río se encargará de los riñones destrozados
    y en medio del desierto los huesos en cruz pedirán en vano que regrese el
    agua a los cuerpos de los hombres.

    Dadme un motor más fuerte que un corazón de hombre.
    Dadme un cerebro de máquina que pueda ser agujereado sin dolor.
    Dadme por fuera un cuerpo de metal y por dentro otro cuerpo de metal
    igual al del soldado de plomo que no muere,
    que no te pide, Señor, la gracia de no ser humillado por tus obras,
    como el soldado de carne blanducha, nuestro débil orgullo,
    que por tu día ofrecerá la luz de sus ojos,
    que por tu metal admitirá una bala en su pecho,
    que por tu agua devolverá su sangre.
    Y que quiere ser como un cuchillo, al que no puede herir otro cuchillo.

    Esta cal de mi sangre incorporada a mi vida
    será la cal de mi tumba incorporada a mi muerte,
    porque aquí está el futuro envuelto en papel de estaño,
    aquí está la ración humana en forma de pequeños ataúdes,
    y la ametralladora sigue ardiendo de deseos
    y a través de los siglos sigue fiel el amor del cuchillo a la carne.
    Y luego, decid si no ha sido abundante la cosecha de balas,
    si los campos no están sembrados de bayonetas,
    si no han reventado a su tiempo las granadas... somos la selva que avanza.

    Somos la tierra presente. Vegetal y podrida.
    Pantano corrompido que burbujea mariposas y arco-iris.
    Donde tu cáscara se levanta están nuestros huesos llorosos,
    nuestro dolor brillante en carne viva,
    oh santa y hedionda tierra nuestra,
    humus humanos.

    Desde mi gris sube mi ávida mirada,
    mi ojo viejo y tardo, ya encanecido,
    desde el fondo de un vértigo lamoso
    sin negro y sin color completamente ciego.
    Asciendo como topo hacia el aire
    que huele mi vista,
    el ojo de mi olfato, y el murciélago
    todo hecho de sonido.
    Aqui la piedra es piedra, pero ni el tacto sordo
    puede imaginar si vamos o venimos,
    pero venimos, sí, desde mi fondo espeso,
    pero vamos, ya lo sentimos, en los dedos podridos
    y en esta cruel mudez que quiere cantar.

    Como un súbito amanecer que la sangre dibuja
    irrumpe el violento deseo de sufrir,
    y luego el llanto fluyendo como la uña de la carne
    y el rabioso corazón ladrando en la puerta.
    Y en la puerta un cubo que se palpa
    y un camino verde bajo los pies hasta el pozo,
    hasta más hondo aún, hasta el agua,
    y en el agua una palabra samaritana
    hasta más hondo aún, hasta el beso,
    Del mar opaco que me empuja
    llevo en mi sangre el hueco de su ola,
    el hueco de su huida,
    un precipicio de sal aposentada.
    Si algo traigo para decir, dispensadme,
    en el bello camino lo he olvidado.
    Por un descuido me comí la espuma,
    perdonadme, que vengo enamorado.

    Detrás de ti quedan ahora cosas despreocupadas, dulces.
    Pájaros muertos, árboles sin riego.
    Una hiedra marchita. Un olor de recuerdo.
    No hay nada exacto, no hay nada malo ni bueno,
    y parece que la vida se ha marchado hacia el país del trueno.
    Tú, que vista en un jarrón de flores el golpe de esta fuerza,
    tú, la invitada al viento en fiesta.
    tu, la dueña de una cotorra y un coche de ágiles ruedas, sobre la verja
    tú que miraste a un caballo del tiovivo
    y quedar sobre la grama como esperando que lo montasen los niños de la escuela,
    asiste ahora, con ojos pálidos, a esta naturaleza muerta.

    Los frutos no maduran en este aire dormido
    sino lentamente, de tal suerte que parecen marchitos,
    y hasta los insectos se equivocan en esta primavera sonámbula, sin sentido.
    La naturaleza tiene ausente a su marido.

    No tienen ni fuerzas suficientes para morir las semillas del cultivo
    y su muerte se oye como el hilito de sangre que sale de la boca del hombre herido.
    Rosas solteronas, flores que parecen usadas en la fiesta del olvido,
    débil olor de tumbas, de hierbas que mueren sobre mármoles inscritos.
    Ni un solo grito. Ni siquiera la voz de un pájaro o de un niño
    o el ruido de un bravo asesino con su cuchillo.

    ¡Qué dieras hoy por tener manchado de sangre el vestido!
    ¡Qué dieras por encontrar habitado algún nido!
    ¡Qué dieras porque sembraran en tu carne un hijo!

    Por fin, Señor de los Ejércitos, he aquí el dolor supremo.
    He aquí, sin lástimas, sin subterfugios, sin versos,
    el dolor verdadero.
    Por fin, Señor, he aquí frente a nosotros el dolor parado en seco.

    No es un dolor por los heridos ni por los muertos,
    ni por la sangre derramada ni por la tierra llena de lamentos
    ni por las ciudades vacías de casas ni por los campos llenos de huérfanos.
    Es el dolor entero.

    No puede haber lágrimas ni duelo
    ni palabras ni recuerdos,
    pues nada cabe ya dentro del pecho.
    Todos los ruidos del mundo forman un gran silencio.
    Todos los hombres del mundo forman un solo espectro.
    En medio de este dolor, ¡soldado!, queda tu puesto
    vacío o lleno.
    Las vidas de los que quedan están con huecos,
    tienen vacíos completos,
    como si se hubieran sacado bocados de carne de sus cuerpos.
    Asómate a este boquete, a éste que tengo en el pecho,
    para ver cielos e infiernos.
    Mira mi cabeza hendida por millares de agujeros:
    a través brilla un sol blanco, a través un astro negro.
    Toca mi mano, esta mano que ayer sostuvo un acero:
    ¡puedes pasar en el aire, a través de ella, tus dedos!
    He aquí la ausencia del hombre, fuga de carne, de miedo,
    días, cosas, almas, fuego.
    Todo se quedó en el tiempo. Todo se quemó allá lejos.


    *****************

    Pequeño canto para bien parir


    Como la Virgen del Carmen
    vas a parir,
    en una cama de nardos.

    En medio de la montaña
    vas a parir
    mañana por la mañana.

    Cuando el sol está naciendo
    el cielo está carmesí,
    estás teñida de sangre,
    vas a parir.

    Nardos teñidos de sangre,
    vas a parir,
    sangre teñida de nardos.

    Como la Virgen del Carmen
    vas a parir,
    un muchachito moreno.

    Alrededor de tu cama
    baila todo Nindirí,
    en tu vientre baila el niño
    vas a parir.

    En una cama de nardos
    vas a parir.
    Como la Virgen del Carmen.



    *******************

    Poema inmenso


    En estas tardes tu perfil no tiene línea precisa
    pues no hay un límite en tu gesto para el principio de tu
    sonrisa
    pero de repente está en tu boca y no se sabe cómo se filtra
    y cuando se va nunca se puede decir si está allí todavía
    lo mismo que tu palabra de la cual jamás oímos la primera
    sílaba
    y nunca terminamos de escuchar lo que decías
    porque estás tan cercana en esta lejanía
    que es inútil preguntar cuándo vino tu venida
    pues entonces nos parece que has estado aquí toda la vida
    con esa voz eterna con esa mirada continua
    con ese contorno inmarcable de tu mejilla
    sin que podamos decir aquí comienza el aire y aquí la
    carne viva
    sin conocer aún dónde fuiste verdad y no fuiste mentira
    ni cuándo principiaste a vivir en estas líneas
    detrás de la luz de estas tardes perdidas
    detrás de estos versos a los cuales estás tan unida
    que en ellos tu perfume no se sabe ni dónde comienza ni
    dónde termina

    ******************

    Despedida


    Es preciso que levantes el brazo derecho
    porque quiero llevar de ti un recuerdo de árbol.
    Quiero saber que dejo sembrada en el horizonte
    tu mano.

    Tu mano que al viento crezca recordada,
    tu mano que lo diga todo. Nada.

    Es preciso que levantes el brazo derecho
    para ver de lejos temblar tu corazón entre tus dedos.
    Tu corazón, fruto que dio, sembrada en mis recuerdos
    tu mano.

    Tu mano que al viento diga de ese modo
    nada. Todo.


    ***************

    Tormenta


    Nuestro viento furioso grita a través de palmas gigantes
    sordos bramidos bajan del cielo incendiado con lenguas
    de leopardos
    nuestro viento furioso cae de lo alto

    El golpe de su cuerpo sacude las raíces de los grandes
    árboles
    salen del suelo los escarabajos
    las serpientes machos.

    Nuestro viento furioso sigue su camino mojado
    es el jugo oscuro de la tarde que beben los toros salvajes
    es el castigador campo.

    Los hombres oyen en silencio los gemidos del aire
    con el alma quebrada, el cuerpo en alto
    los pies y la cara de barro.

    Las indias jóvenes salen al patio, rompen sus camisas
    ofrecen al viento sus senos desnudos, que él se encarga
    de afilar como volcanes.












    https://es.wikipedia.org/wiki/Joaqu%C3%ADn_Pasos
    https://www.poemas-del-alma.com/joaquin-pasos.htm


    _________________



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    y en ese vuelo y en ese sueño
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    siendo guardián en tu cielo
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    Mensaje por Maria Lua Lun 10 Jun 2024, 14:22

    Wenceslao Serra Deliz (Puerto Rico)


    Wenceslao Serra Deliz nació en Puerto Rico. Además de la poesía, ha trabajado la crítica literaria y el ensayo. Ha publicado los siguientes poemarios: Memoria (1970); El trabajo diario (1986); y Abra palabra (1992). En el género de literatura infantil, ha publicado los textos: Fabián (1968); poemas y colores (1968); Mi música (1971); y Yucayeke (1975). Ha ofrecido talleres literarios en escuelas y comunidades marginales, tema sobre el que presentó una ponencia en el congreso Comunidad 98, celebrado en la Habana, titulada "El taller de poesía en una comunidad marginada". Posee una Maestría en Estudios Hispánicos de la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras (San Juan). Ha sido incluido en varias antologías, entre ellas: Antologías de jóvenes poetas, San Juan, ICP (1965); y Hasta el final del fuego: Guajana, 30 años de poesía 1962-1992, San Juan, Ed. Guajana, 1992).


    *****************

    Inéditos



    La casa se hizo sueño


    A Carlos Raquel Rivera

    ¡Que mucho ha corrido esta casa
    por mi pecho!

    Se pegó con pega de tiempo
    en mi mente.

    Se asiló al revés
    en mi cuerpo vidasiempre.

    ¡Como se ha dibujado
    en mis sueños!

    Dicen que va conmigo
    como relámpago en recuerdo.

    Su pared de madera gastada
    mete miedo
    cuando amenaza caerse despacio
    por la noche
    sin fondo
    cuando se cuela el agua más alta
    por el techo
    cuando mi perro ladra un teveo
    desde el suelo

    cuando mi abuela irreal me llama
    para calmar el sueño
    de un muerto familiar
    en su poblado lecho...

    Cuando.

    Esta casa, definitivamente,
    debe ser desalojada de los sueños...

    (1993)





    El sueño del tigre azul


    (Leyenda guaraní relatada por Eduardo Galeano)

    El indio tiene su tigre oculto para ti.
    El tigre tiene la sombra
    de piel azul.
    El tigre sueña
    en fuerte guaraní.

    Ahora duerme
    cerca del sol.
    Ahora duerme
    con corazón
    de duro ají.

    Lo que el tigre sueña
    da mucho temor
    ¡pobre de ti!

    Viene a tragarse el mundo
    a pisar ciudades
    tragar motores
    como duras flores,
    a masticar misiles
    de fuego y calor
    a pisotear
    tus ansiedades.

    Cuando sea la ceniza
    la soberana
    habrá un gran dolor
    de parto duro
    en el horizonte.

    Entonces
    temblando al aire
    en claro monte
    con sangre verde
    brotarán palabras
    en bocas suaves
    sin alambradas.

    La tierra Pacha
    será la Madre
    de gente y árbol
    de sol y agua
    de hueso y alma.

    Mientras tanto
    el tigre adentro
    el tigre afuera
    sueña un desastre
    una quimera
    necesarios
    para la vida vieja
    para la vida nueva...

    (Junio 1992)






    Sueño el misterio


    Globo luminoso de mundo
    universo de cristales
    puerta de sol
    vidrios de luz
    galaxia de estrellas que se pierden
    en larga espiral lumínica
    luz cercana del único sol
    que alumbra germen y universo
    amigos que miran desde su asombro
    asombro sísmico surgido en cálidas palabras
    que huyen hacia la luz
    de un sueño que sigue
    hacia el tenue final
    de la tarde que se acaba
    con un reflejo nuclear de fondo
    donde se fisiona el misterio
    en la infinita
    profusión del mundo…





    Canto al azul mirado



    A Don Carlos Vélez Rieckehoff,
    fiel enamorado de esa playa
    de Esperanza de Vieques.

    Estoy en la claridad
    del azul que se desplaza.
    Miro la transparencia
    de la ola que me agiganta.
    Endulzo la mano asombro
    con arena suave de fondo.


    Me acuesto sobre el paisaje
    azul del mar que me acuna.
    Sé que esta noche la luna
    dejará su oro al oleaje.
    Hundo mi voz pensante
    en tu claridad salada
    para nutrir la mirada
    de corales y arrecifes.

    Pido tu fuerza marina
    para sostener el costado
    de esta clara geografía
    y no quiero ver soldados
    pisando el cristal mirado...
    Abrazo en el agua sutil
    a esta mujer compañera,
    la que detuvo la espera
    y es voz, palabra, sentir,
    es la ola que se ha de ir
    de mi orilla y de mi hoguera...

    En esta agua se pesca
    dignidades y tormentas.
    Ahí está el barco virado
    sobre la orilla que piensa,
    ahí el pescador cruzado
    con su filo de agua dura,
    la larga ruta que suda
    con su dolor arrestado...

    Miro su historia creada,
    su increíble delito
    de una vez haber pisado
    la tierra que lo ha parido,
    espacio que lo ha mirado...

    ¡Oh, tierra! ¡Oh, sangre! ¡Oh, luz!
    Me inclino a besar tu nombre,
    sacudo en el mar su historia
    de azul canción arbolada.
    Me lleno de luz creada
    para poner en tu nombre
    un beso de oración brotado
    de azul delfín, Esperanza,
    ¡cuerpo de sal irisado...!


    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/


    _________________



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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Lun 10 Jun 2024, 14:24

    Angela María Dávila (Puerto Rico)


    Angelamaría Dávila (n. Humacao, 21 de febrero de 1944 - f. Río Grande, 8 de julio de 2003), fue una poeta, compositora y cantante puertorriqueña considerada por muchos como la más destacada poeta de la Generación del 60, y del colectivo literario Guajana. Obra: Homenaje al ombligo (1966) y Animal fiero y tierno (1977, 1981, 1990). En el año 2006, el Instituto de Cultura Puertorriqueña publicó póstumamente su último poemario, La querencia.


    *****************


    A punto de ser domesticada
    A punto de ser domesticada chisporroteando debajo de las ollas o esperando encima de la mesa transcurre inadvertida. al claro del día justo al pie de la noche lava lagañas, dirige los aseos, peina de prisa y besa despidiendo. colada en el café se escurre por el aire mientras resbala imperceptible mojando las paredes. mezcla, combina los sabores milenarios los ordena moviendo. volteando prueba una y otra vez el alimento que bulle en su caldero infinito. luego lava y limpia por las esquinas conjurando los mundos invisibles. clandestina, baja al patio oreando voces y añilosa; sacude, pincha y tiende al sol gigantescos papeles blanco cloro. sube se baña canta. más tarde tiende las camas instalándose ineludible, nocturna por fuerza compite con la noche se desnuda tentando entre la oscuridad y el placer. subrepticia y solapada avanza y vence.

    siempre subversiva. aquí (así) sobrevive la poesía.



    Ante tanta visión
    ante tanta visión de historia y prehistoria,
    de mitos,
    de verdades a medias —o a cuartas—
    ante tanto soñarme, me vi,
    la luz de dos palabras me descolgó la sombra;
    animal triste.
    soy un animal triste parado y caminando
    sobre un globo de tierra.
    lo de animal lo digo con ternura,
    y lo de triste lo digo con tristeza,
    como debe de ser,
    como siempre le enseñan a uno el color gris.
    un animal que habla
    para decirle a otro parecido su esperanza.
    un mamífero triste con dos manos
    metida en una cueva pensando en que amanezca.
    con una infancia torpe y oprimida por cosas tan ajenas.
    un pequeño animal sobre una bola hermosa,
    un animal adulto,
    hembra con cría,
    que sabe hablar a veces
    y que quisiera ser
    un mejor animal.
    animal colectivo
    que agarra de los otros la tristeza como un pan repartido,
    que aprende a reír sólo si otro ríe
    —para ver cómo es—
    y que sabe decir:
    soy un animal triste, esperanzado,
    vivo, me reproduzco, sobre un globo de tierra


    Quise sembrarme todas mis venas
    quise sembrarme todas mis venas
    en la frente
    y ensurcarlas feroces en todos mis latidos
    quise ser yo en mi sueño,
    quise ser yo en mi viento,
    quise volcarme toda en un torrente.
    quise fugarme inmensa de fugas escapantes,
    quise nacerme nuevos conciertos
    y agrandarme
    y me brotaron toscos, violentos,
    rudos y amontonándose.
    así estoy, espantada en mi siglo y mi vena,
    conciertos a montones y amontonadamente,
    ciudades como muertas de ruinas inconclusas
    y la muerte acechándome.
    agitada en lo intacto, convulsa
    con mis piedras,
    recostada de insomne y ojera en mi sonrisa,
    recostada en la risa,
    aferrada,
    abismada en el borde de tantas carcajadas.
    así,
    con mi destino fijo, convulso
    y arteriado.
    arteriado de sangre verde
    y a borbotones,
    con mis dolores rojos
    y mis dolores agrios.
    me llama a voz y a eco
    la voz de tantos pinos.
    me llaman alaridos, gritos
    de flamboyanes:
    el mar me tira ronco
    de mis manos y brazos doloridos.
    me llaman con voz vieja
    voces de adentro, ancianas
    de mis sueños inútiles.
    aquí, frente al abismo
    de siglos putrefactos,
    frente a mis hondonadas.
    aquí, frente a los llantos
    de manos que se agitan.
    frente a mí, con mi risa,
    frente a mí con mis riscos
    y mis llanos.
    abriéndome a empujones senderos y caminos
    por todas mis arterias.



    Déjenme sola con mis cosas
    déjenme sola con mis cosas.
    déjenme sola en el baño con mis pestes
    mis escreciones, mis intimidades. déjenme.
    sola en mi cuarto al desvelo
    alucinada y llena de llagas, o
    ardorosa y aullando.
    dejen que llore cuan-do-me-dé-la-gana
    mientras friego o desconjelo el fríser,
    que rabie
    probando las habichuelas
    que voltee desesperada el arroz.
    –excúsenme el beso por un tiempo–
    DÉJENME YA
    impúdica y maldita; en viaje
    a salvarme o joderme; acosada,
    sitiada por el cerco de marcas de carimbo en el pellejo.
    déjenme por la calle pensando en lo que se me antoje
    dándole mordiscazos al aire. no me sujeten, ahora
    voy a cojer el monte.
    quiero escupir encima del pasto más tierno,
    espantar mariposas amarillas y abofetear margaritas
    chascar retoyos. descoyuntar capullos.
    traigo conmigo mi espátula de hueso
    para vomitar quebrada sobre los chinos y el agua.
    no me saluden, déjenme así: apestada
    espinada con la rosa, hincada.
    en esta piel de lama hedionda.
    no me hablen, no me miren; por lo menos no grito.
    déjenme sola, coño
    déjenme con mis pestes
    DÉJENME QUE ME JODA
    –que esto pasa–



    https://www.festivaldepoesiademedellin.org/es/Festival/Antologia/


    _________________



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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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