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Fernando Pessoa: Libro del desasosiego

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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 22 Dic 2020, 05:24

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91

La tragedia principal de mi vida es, como todas las tragedias, una ironía del Destino. Recuso la vida real como una condenación; recuso el sueño como una liberación innoble. Pero vivo lo más sórdido y lo más cotidiano de la vida real; y vivo lo más intenso y lo más constante del sueño. Soy como un esclavo que se emborracha por la siesta —dos miserias en un solo cuerpo.

Si veo nítidamente, con la claridad con [que] los relámpagos de la razón hacen destacarse de la negrura de la vida a los objetos cercanos que nos la forman, lo que hay de vil, de laso, de abandonado y de facticio, en esta Calle de los Doradores que es para mí la vida entera —esta oficina sórdida hasta su médula de gente, este cuarto mensualmente alquilado donde no sucede otra cosa que vivir un muerto, esta tienda de ultramarinos de la esquina a cuyo dueño conozco como la gente conoce a la gente, estos muchachos de la puerta de la taberna antigua, esta inutilidad trabajosa de todos los días iguales, esta repetición persistente de los mismos personajes, como un drama que consistiese tan sólo en el escenario, y el escenario estuviese del revés…

Pero veo también que huir de esto sería o dominarlo o repudiarlo, y yo no lo domino, porque no lo excedo dentro de lo real, ni lo repudio porque, sueñe lo que sueñe, me quedo siempre donde estoy.

¡Y el sueño, la vergüenza de huir hacia mí, la cobardía de tener como vida esa basura del alma que los otros sólo tienen en el sueño, en la figura de la muerte con que roncan, en la calma con que parecen vegetales que han progresado!

¡No poder tener un gesto noble que no sea de puertas adentro, ni un deseo inútil que no sea de veras inútil!

Definió César toda la estatura de la ambición cuando dijo aquellas palabras: «¡Antes el primero en la aldea que el segundo en Roma!» Yo no soy nada ni en la aldea ni en Roma ninguna. Por lo menos, el tendero de la esquina es respetado desde la calle de la Asunción hasta la calle de la Victoria; es el César de una manzana. ¿Yo superior a él? ¿En qué, si la nada no admite superioridad, ni inferioridad, ni comparación?

Es César de toda una manzana y les gusta a las mujeres condignamente.

Y así arrastro haciendo lo que no quiero, y soñando lo que no puedo tener, mi vida (...), absurda como un reloj público parado.

Aquella sensibilidad tenue, pero firme, el sueño largo pero consciente (...) que forma en su conjunto mi privilegio de penumbra.

(Posterior a 1923.)


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 23 Dic 2020, 04:23

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92

Después de que el fin de los astros ha blanqueado para nada en el cielo matutino, y la brisa se ha tornado menos fría en el amarillo mal anaranjado de la luz sobre las pocas nubes bajas, he podido por fin levantar lentamente el cuerpo exhausto de nada de la cama desde la que he pensado en el universo.

Me he acercado a la ventana con los ojos calientes de no estar cerrados. Sobre los tejados lentos, la luz creaba diferencias de amarillo pálido. Me he quedado contemplándolo todo con la gran estupidez de la falta de sueño. En los volúmenes erguidos de las casas altas, el amarillo era aéreo y nulo. Al fondo del occidente, hacia donde yo estaba vuelto, el horizonte era ya de un blanco verde.

Sé que el día va a ser para mí pesado como no entender nada. Sé que todo cuanto haga hoy va a participar, no del cansancio del sueño que no he disfrutado, sino del insomnio que he padecido. Sé que voy a vivir un sonambulismo más acentuado, más epidérmico, no sólo porque no he dormido, sino porque no he podido dormir.

Hay días que son filosofías, que nos insinúan filosofías de la vida, que son notas marginales, llenas de una gran crítica, en el libro de nuestro destino universal. Este día es uno de los que siento tales. Me parece, absurdamente, que es con mis ojos pesados y mi cerebro nulo con los que, lápiz absurdo, se van trazando las letras del comentario inútil y profundo.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 24 Dic 2020, 03:50

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93

El cielo del estío prolongado despertaba todos los días de azul verde empañado, y en breve se tornaba de azul ceniciento, de blanco mudo. En el occidente, sin embargo, era del color que suelen llamarlo, a todo él.

Decir la verdad, encontrar lo que se espera, negar la ilusión de todo —¡cuántos lo usan en la subsidencia y en el declive, y de qué manera los nombres ilustres manchan de mayúsculas, como las de las tierras geográficas, las agudezas de las páginas sobrias y leídas!

¡Cosmorama de suceder mañana lo que no podría haber sucedido nunca!¡Lapislázuli de las emociones discontinuas! ¿Cuántas memorias alberga una suposición facticia, te acuerdas, visión solamente? Y en un delirio intersticiado de certidumbres, leve, breve, suave, el murmullo del agua de todos los parques nace, emoción, del fondo de mi conciencia de mí. Sin nadie los bancos antiguos, y las avenidas arrastran donde están ellos su melancolía de trazados vacíos.

¡Noche en Heliópolis! ¡Noche en Heliópolis! ¡Noche en Heliópolis! ¿quién te dirá las palabras inútiles, me compensará la sangre e indecisión?


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 24 Dic 2020, 03:53

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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 25 Dic 2020, 04:19

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94

El reloj que está allá detrás, en la casa desierta, porque todos duermen, deja caer lentamente el cuádruple son claro de las cuatro de cuando es de noche. Todavía no me he dormido, ni espero dormir. Sin que nada me ocupe la atención, y así no duerma, o me pese en el cuerpo, y por eso no me tranquilice, acuesto en la sombra, que el lugar vago de los faroles de la calle torna más desacompañada todavía, al silencio amortecido de mi cuerpo extraño. No sé pensar, de tanto sueño como tengo; no sé sentir, de tanto sueño que no consigo tener.

Todo en torno a mí está el universo, desnudo, abstracto, hecho de negaciones nocturnas. Me divido entre cansado e inquieto, y llego a tocar con la sensación del cuerpo un conocimiento metafísico del misterio de las cosas. A veces se me ablanda el alma, y entonces los pormenores sin forma de la vida cotidiana se me flotan a la superficie de la conciencia, y estoy efectuando botaduras a la superficie de no poder dormir. Otras veces me despierto desde dentro del mediosueño en que me he estancado, e imágenes vagas, de un colorido poético e involuntario, dejan escurrir por mi distracción su espectáculo sin ruidos. No tengo los ojos completamente cerrados. Me orla la vista débil una luz que viene de lejos; son los faroles públicos encendidos allá abajo, en los confines abandonados de la calle.

¡Cesar, dormir, substituir esta conciencia intervelada por mejores cosas melancólicas, dichas en secreto al que me desconociese!... ¡Cesar, pasar fluido y ribereño, flujo y reflujo de un mar vasto, en costas visibles por la noche en que verdaderamente se durmiese!... ¡Cesar, ser incógnito y exterior, movimientos de ramas en paseos apartados, tenue caer de hojas, conocido por el ruido más que por la caída, mar alto fino de los surtidores a lo lejos, y todo lo indefinido de los parques por la noche, perdidos entre enmarañamientos continuos, laberintos naturales de las tinieblas!... Cesar, acabar finalmente, pero con una supervivencia translaticia, ser la página de un libro, la madeja de un cabello suelto, el oscilar de la enredadera al pie de la ventana entreabierta, los pasos sin importancia en la grava fina de la curva, el último humo alto de la aldea que duerme, el olvido del látigo del arriero a la vera matutina del camino... El absurdo, la confusión, el apagamiento —todo lo que no fuese la vida…

Y duermo, a mi manera, sin sueño ni reposo, esta vida vegetativa de la suposición, y bajo mis párpados sin sosiego flota, como la espuma quieta de un mar sucio, el reflejo lejano de las farolas mudas de la calle.

Duermo y desduermo.

Del otro lado de mí, allá por detrás de donde yazgo, el silencio de la casa toca al infinito. Oigo caer al tiempo, gota a gota, y ninguna gota que cae se oye caer. Siento a la cabeza materialmente colocada en la almohada en que la tengo haciendo un valle. La piel de la funda tiene, con mi piel, un contacto de persona en la sombra. La propia oreja, sobre la que me acuesto, se me graba matemáticamente contra el cerebro. Pestañeo de cansancio, y mis pestañas producen un ruido pequeñísimo, inaudible, en la blancura sensible de la almohada erguida. Respiro, suspirando, y mi respiración sucede: no es mía. Sufro sin sentir ni pensar. El reloj de la casa, lugar seguro allá en medio del infinito, da la media hora seca y nula. ¡Todo es tanto, todo es tan hondo, todo es tan negro y tan frío!

Paso tiempos, paso silencios, mundos sin forma pasan por mí.

Súbitamente, como una criatura del Misterio, un gallo canta sin saber de la noche. Puedo dormir, porque es mañana en mí. Y siento a mi boca sonreír, dislocando levemente las arrugas de la funda que me prende el rostro. Puedo abandonarme a la vida, puedo dormir, puedo ignorarme... Y, a través del sueño nuevo que me oscurece, o recuerdo al gallo que ha cantado, o es él, de veras, quien canta por segunda vez.

¿1929?


(C0ntinuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 26 Dic 2020, 05:20

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95

FLORESTA

¡Pero ah, ni la alcoba era verdad: era la alcoba vieja de mi infancia perdida! Como una niebla se ha alejado, ha atravesado /materialmente/ las paredes blancas de mi cuarto real, y éste ha emergido nítido y menor de la sombra, como la vida y el día, como el paso del carretero y el chasquido vago del látigo que ponen músculos de levantarse en el cuerpo echado de la bestia somnolienta.

¿1930?


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 27 Dic 2020, 05:37

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96

Vivir es ser otro. Ni sentir es posible si hoy se siente como ayer se sintió: sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir: es recordar hoy lo que se sintió ayer, ser hoy el cadáver vivo de lo que ayer fue la vida perdida.

Apagarlo todo en el cuadro de un día para otro, ser nuevo con cada nueva madrugada, en una revirginidad perpetua de la emoción: esto, y sólo esto, vale la pena ser o tener, para ser o tener lo que imperfectamente somos.

Esta madrugada es la primera del mundo. Nunca este color rosa amarilleciendo para blanco caliente se ha posado así en la faz con que el caserío del oeste encara lleno de ojos vidriados el silencio que viene en la luz creciente. Nunca hubo esta hora, ni esta luz, ni este ser mío. Mañana, lo que sea será otra cosa, y lo que yo vea será visto por unos ojos recompuestos, llenos de una nueva visión.

¡Altos montes de la ciudad! Grandes arquitecturas que las cuestas escarpadas sostienen y engrandecen, resbalamientos de edificios diferentemente amontonados, que la luz teje de sombras y quemazones, sois hoy, sois yo, porque os veo sois lo que [...] y os amo desde la amurada como un navío que pasa junto a otro navío y tiene añoranzas desconocidas111 en el paisaje.

18-5-1930.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 28 Dic 2020, 03:39

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97

Desde la terraza del café miro trémulamente hacia la vida. Poco veo de ella —el bullicio— en esta concentración suya en esta plazuela nítida y mía. Un marasmo como un comienzo de borrachera me elucida el alma de cosas. Transcurre fuera de mí en los pasos de los que pasan [...] la vida evidente y unánime.

En este momento, los sentidos se me han paralizado y todo me parece otra cosa: mis sensaciones un error confuso y lúcido, abro las alas pero no me muevo, como un /cóndor/ ficticio.

Hombre de ideales que soy, ¿quién sabe si mi mayor aspiración no es realmente no pasar de ocupar este lugar a esta mesa de este café?

Todo es vano, como remover cenizas, vago como el momento en que todavía no es alborada.

¡Y la luz brota tan serenamente y perfectamente en las cosas, las dora tan de realidad sonriente y triste! Todo el misterio del mundo baja hasta delante de mis ojos a esculpirse en trivialidad y calle!

¡Ah, de qué manera las cosas cotidianas rozan misterios para nosotros! ¡De qué manera en la superficie, que la luz toca, de esta vida compleja de tan humana, la Hora, sonrisa incierta, sube a los labios del Misterio! ¡Qué moderno suena todo esto! ¡Y, en el fondo, es tan antiguo, tan oculto, tan teniendo otro sentido que el que luce en todo esto!


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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 29 Dic 2020, 05:36

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98

Sabiendo cómo las cosas más pequeñas tienen con facilidad el arte de torturarme, a propósito me esquivo al roce de las cosas más pequeñas. Quien como yo, sufre porque una nube pasa por delante del sol, ¿cómo no ha de sufrir en lo oscuro del día siempre cubierto de su vida?

Mi aislamiento no es una busca de felicidad, que no tengo alma para conseguir; ni de tranquilidad, que nadie obtiene sino cuando nunca la pierde, sino de sueño, de apagamiento, de renuncia pequeña.

Las cuatro paredes de mi cuarto son para mí, al mismo tiempo, celda y distancia, cama y ataúd. Mis horas más felices son aquellas en que no pienso nada, no quiero nada, no sueño querer, perdido en un torpor de vegetal /equivocado/, de mero /musgo/ que creciese en la superficie de la vida. Disfruto sin amargor de la conciencia absurda de no ser nada, el antesabor de la muerte y del apagamiento.

Nunca he tenido a nadie a quien pudiese llamar «Maestro». No ha muerto por mí ningún Cristo. Ningún Buda me ha indicado el camino. En lo alto de mis sueños, ningún Apolo o Atenea se me han aparecido, para que me iluminasen el alma.

¿1920?


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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 30 Dic 2020, 05:00

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99

Todo se me ha vuelto insoportable, excepto la vida: la oficina, la casa, las calles; hasta lo contrario, /si lo tuviese/, me sobresalta y me oprime; sólo lo contiguo me alivia. Sí, algo de todo esto es suficiente para consolarme. Un rayo de sol que entra eternamente en la oficina muerta; un pregón disparado que sube rápido hasta la ventana de mi cuarto; la existencia de gente; el existir del clima y el cambio de tiempo, la asombrosa objetividad del mundo…

El rayo de sol ha entrado de repente para mí, que lo he visto de repente… Era, sin embargo, un trazo de luz agudo, casi sin color cortando a cuchillo desnudo el suelo negro y maderoso, avivando, alrededor de donde pasaba, los clavos viejos y los surcos de entre las tablas, negras pautas de lo no-blanco.

Durante minutos seguidos he seguido el efecto insensible de la penetración del sol en la oficina tranquila... ¡Ocupaciones de cárcel! Sólo los enclaustrados ven así moverse al sol, como quien mira a las hormigas.


(Continuará)

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Mensaje por cecilia gargantini Miér 30 Dic 2020, 14:26

Vuelvo a agradecerte este regalo, querido amigo Pedro!!!!!!!!!!!!!!
chin chin y MUY FELIZ 2021
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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 31 Dic 2020, 04:10

¡MUY, MUY FELIZ 2021, Cecilia,, te deseo!
Un abrazo.
Pedro

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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 31 Dic 2020, 04:11

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100

Espaciada, una luciérnaga va sucediéndose a sí misma. En torno, oscuro, el campo es una gran falta de ruido que huele casi bien. La paz de todo duele y pesa. Un tedio informe me ahoga.

Pocas veces voy al campo, casi ningunas paso allí un día, o de un día para otro. Pero hoy, que este amigo, en cuya casa estoy, no me ha dejado de aceptar su invitación, he venido aquí lleno de embarazo —como un tímido a una fiesta grande—, he llegado aquí con alegría, me ha gustado el aire y el paisaje amplio, he comido y cenado bien, y ahora, noche honda, en mi cuarto sin luz, el lugar vago me llena de angustia.

La ventana del cuarto donde voy a dormir da al campo abierto, a un campo indefinido, que es todos los campos, a la gran noche vagamente constelada donde una brisa que no se oye se siente. Sentado junto a la ventana, contemplo con los sentidos toda esta cosa ninguna de la vida universal que está ahí fuera. La hora se armoniza en una sensación inquieta, desde la invisibilidad visible de todo hasta la madera vagamente rugosa por haber estallado la pintura vieja del antepecho blanqueante, donde está extendidamente apoyada de lado mi mano izquierda.

¡Cuántas veces, a pesar de todo, no ansío visualmente esta paz de la que casi huiría ahora, si fuese fácil o decente! ¡Cuántas veces juzgo creer —allá abajo, entre las calles estrechas de casas altas— que la paz, la prosa, lo definitivo estarían antes aquí, entre las cosas naturales, que allí donde el tapete de la civilización hace olvidar el pino ya pintado en que se asienta! Y ahora, aquí, sintiéndome saludable,cansado y bien, estoy intranquilo, estoy preso, estoy añorante.

No sé si es a mí a quien le sucede, si a todos los que la civilización hizo nacer por segunda vez. Pero me parece que para mí, o para los que sienten como yo, lo artificial ha pasado a ser lo natural, y es lo natural lo que es extraño. No digo bien: lo artificial no ha pasado a ser lo natural; lo natural ha pasado a ser lo diferente. Prescindo de ellos y detesto los vehículos, prescindo de ellos y detesto los productos de la ciencia —teléfonos, telégrafos— que hacen la vida fácil, o los subproductos de la fantasía —gramófonos, receptores hertzianos— que, a los que divierten, se la hacen divertida.

Nada de esto me interesa, nada de esto deseo. Pero amo al Tajo porque hay una ciudad grande a su orilla. Disfruto del cielo porque lo veo desde un cuarto piso de una calle de la Baja. Nada el campo o la naturaleza me puede dar que valga la majestad irregular de la ciudad tranquila, bajo la luna, vista desde la Gracia o desde San Pedro de Alcántara. No hay para mí flores como, bajo el sol, el colorido variadísimo de Lisboa.

La belleza de un cuerpo desnudo sólo la sienten las razas vestidas. El pudor vale sobre todo para la sensualidad como el obstáculo para la energía.

La artificialidad es la manera de disfrutar la naturalidad. Lo que he disfrutado de estos campos vastos, lo he disfrutado porque no vivo aquí. No siente la libertad quien nunca se ha visto oprimido.

La civilización es una educación de naturaleza. Lo artificial es un camino para una aproximación a lo natural.

Lo que es preciso, sin embargo, es que nunca tomemos lo artificial por natural.

Es en la armonía entre lo natural y lo artificial en lo que consiste la naturalidad del alma humana superior.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 01 Ene 2021, 04:35

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101

Una vista breve del campo, por cima de un muro de los alrededores, me libera más completamente que un viaje entero liberaría a otro. Todo punto de vista es un ápice de una pirámide invertida cuya base es indeterminable.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 02 Ene 2021, 05:30

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102

En los primeros días del otoño súbitamente entrado, cuando el oscurecer muestra una evidencia de algo prematuro, y parece que tardamos mucho en lo que hacemos de día, disfruto, incluso entre el trabajo cotidiano, esta anticipación de no trabajar que la propia sombra trae consigo, por eso de que es de noche y la noche es sueños, hogares, liberación. Cuando las luces se encienden en la oficina amplia que deja de ser oscura, y hacemos tertulia sin que dejásemos de trabajar de día,siento un consuelo absurdo como un recuerdo de otra persona, y estoy tranquilo con lo que escribo como si estuviese leyendo hasta sentir que voy a dormirme.

Somos todos esclavos de circunstancias exteriores: un día de sol nos abre campos anchos en medio de un café de callejuela; una sombra en el campo nos encoge hacia dentro, y nos abrigamos mal en la casa sin puertas de nosotros mismos; un llegar de la noche, hasta entre cosas del día, ensancha, como un abanico [que] se abriese lento, la conciencia íntima de deber descansar.

Pero, con esto, el trabajo no se atrasa: se anima. Ya no trabajamos; nos recreamos con el asunto al que estamos condenados. Y, de repente, por la hoja vasta y pautada de mi destino numerador, la casa vieja de las tías antiguas alberga, cerrada contra el mundo, el té de las diez somnolientas, y la lámpara de petróleo de mi infancia perdida brillando solamente sobre la mesa lino, me oscurece, con la luz, la visión de Moreira, iluminado con una electricidad negra a infinitos más allá de mí. Traen el té —es la criada más vieja que las tías quien lo trae con los restos del sueño y el mal humor paciente de la ternura del viejo vasallaje— y yo escribo sin equivocarme una partida o una suma a través de todo mi pasado muerto. Me reabsorbo, me pierdo en mí, me olvido de las noches lejanas, impolutas de deber y de mundo, vírgenes de misterio y de futuro.

Y tan suave es la sensación que me enajena del debe y el haber que, si acaso una pregunta me es hecha, respondo suavemente, como si tuviese hueco mi ser, como si no fuese más que una máquina de escribir que llevo conmigo, portátil de mí mismo abierto. No me choca la interrupción de mis sueños: de tan suaves como son, continúo soñándolos detrás de hablar, escribir, responder, hasta conversar. Y a través de todo el té perdido termina, y la oficina se va a cerrar... Levanto el libro, que cierro lentamente, los ojos cansados del llanto que no han llorado, y, en una mezcla de sensaciones, sufro que, al cerrar la oficina, se me cierre también el sueño; que, con el gesto de la mano con que cierro el libro, encubra también el pasado irreparable; que me vaya a la cama sin sueño, sin compañía ni sosiego, en el flujo y reflujo de mi conciencia mezclada, como dos mareas en la noche negra, al fin de los destinos de la añoranza y de la desolación.

¿1929?


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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 03 Ene 2021, 05:37

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103

Una ráfaga de sol torvo quemó en mis ojos la sensación física de mirar. Un amarillo de calor se estancó en el verde oscuro de los árboles. El torpor (…)


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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 05 Ene 2021, 05:15

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La espada de un relámpago flojo volteó sombríamente en el cuarto ancho. Y el sonido venidero, suspenso un huelgo amplio, retumbó, emigrando profundo. El ruido de la lluvia lloró alto, como plañideras en el intervalo de las conversaciones. Los pequeños ruidos se destacaron acá dentro, inquietos.

(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 06 Ene 2021, 05:53

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105

¿Niebla o humo? ¿Subía de la tierra o bajaba del cielo? No se sabía: era más como una enfermedad del aire que una bajada o una emanación. A veces, parecía más una enfermedad de los ojos que una realidad de la naturaleza.

Fuese lo que fuese, iba por todo el paisaje una inquietud turbia, hecha de olvido y de atenuación. Era como si el silencio del mal sol tomase por suyo un cuerpo imperfecto. Se diría que iba a suceder algo y que por todas partes había una intuición, debido a la cual lo visible se velaba.

Era difícil decir si el cielo tenía nubes o más bien nieblas.

Era un torpor empañado, aquí y allí colorido, un acenizamiento imponderablemente amarillento, salvo donde se deshacía en color rosa falso, o donde se estancaba azuleando, pero allí no se distinguía si era el cielo que se revelaba, si era otro azul que lo encubría.

Nada era definido, ni lo indefinido. Por eso apetecía llamar humo a la niebla, porque no parecía niebla, o preguntar si era niebla o humo, porque no se advertía nada de lo que era. El mismo calor del aire colaboraba en la duda. No era calor, ni frío, ni fresco; parecía componer su temperatura con elementos sacados de otras cosas que el calor. Se diría, de verdad, que una niebla fría a los ojos era caliente al tacto, como si tacto y vista fuesen dos modos sensibles del mismo sentido.

No era, en torno a los contornos de los árboles, o de las esquinas de los edificios, aquel esfumarse de salientes o de aristas, que la verdadera niebla trae, al estancarse, o el verdadero humo, natural, entreabre y entreoscurece. Era como si cada cosa proyectase una sombra vagamente diurna, en todos los sentidos, sin luz que la explicase como sombra, sin lugar de proyección que la justificase como visible.

Ni visible era: era como un comienzo de ir a verse algo, pero en todas partes por igual, como si lo a revelar dudase en ser aparecido.

¿Y qué sentimiento había? La imposibilidad de tenerlo, el corazón deshecho en la cabeza, los sentimientos confundidos, un torpor de la existencia despierta, un apurar de algo anímico como lo oído, hacia una revelación definitiva, inútil, siempre apareciendo ya, como la verdad, siempre, como la verdad, gemela del nunca aparecer.

Hasta las ganas de dormir, que recuerdan al pensamiento, desaparté, por parecer un esfuerzo el mero bostezo de tenerlas. Hasta dejar de ver hace doler los ojos. Y, en la abdicación incolora del alma entera, sólo los ruidos exteriores, lejos, son el mundo imposible que todavía existe.

¡Ah, otro mundo, otras cosas, otra alma con que sentirlas, otro pensamiento con que saber de esa alma! ¡Todo, hasta el tedio, menos este esfumarse del alma y de las cosas, este desamparo azulado de la indefinición de todo!

2-11-1932.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 07 Ene 2021, 09:48

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Después de todos los días de lluvia, de nuevo el cielo trae el azul, que había escondido, a los grandes espacios de lo alto. Entre las calles, donde los charcos duermen como charcas del campo, y la alegría clara que se enfría en lo alto, hay un contraste que torna agradables las calles sucias y primaveral el cielo del invierno empañado. Es domingo y no tengo nada que hacer. Ni soñar me apetece, de tan bueno como está el día. Disfruto con una sinceridad de sentidos a los que se abandona la inteligencia. Paseo como un dependiente liberado. Me siento viejo, sólo para tener el placer de sentirme rejuvenecer.

En la gran plaza dominical hay un movimiento solemne de otra especie de día. En Santo Domingo hay una salida de misa, y va a empezar otra. Veo a unos que salen y a los que todavía no entran, esperando a algunos que no están viendo quién sale.

Todas estas cosas carecen de importancia. Son, como todo en lo vulgar de la vida, un sueño de los misterios y de las almenas, y yo miro, como un heraldo que ya ha dicho a qué iba, la planicie de mi meditación.

Otrora, siendo niño, yo iba a esta misma misa, o por ventura a otra, pero debía de ser a ésta. Me ponía, con el debido esmero, mi mejor traje, y disfrutaba de todo, hasta de lo que no tenía razón de disfrutar. Vivía por fuera, y el traje era limpio y nuevo. ¿Qué más quiere quien tiene que morir y no lo sabe de la mano de su madre?

Otrora disfrutaba de todo esto, por eso es sólo ahora, quizás, cuando comprendo cuánto lo disfrutaba. Entraba a oír misa como a un gran misterio, y salía de la misa como hacia un claro. Y así es como era de verdad, y todavía es de verdad. Sólo para el ser que no cree y es adulto, con alma que recuerda y llora, son la ficción y el trastorno, el desaliño y la losa fría.

Sí, lo que yo soy sería insoportable si no pudiese acordarme de lo que he sido. Y esta multitud ajena que persiste todavía en salir de la misa, y el principio de la multitud posible que empieza a llegar para entrar a otra —todo esto son como barcos que pasan junto a mí, río lento, bajo las ventanas abiertas de mi hogar alzado sobre la orilla.

Memorias, domingos, misas, placer de haber sido, milagro del tiempo que quedó por haber pasado, y no olvida nunca porque ha sido mío... Diagonal absurda de las sensaciones probables, ruido súbito del carruaje de la plaza que suena ruedas en el fondo de los silencios ruidosos de los automóviles, y de cualquier modo, por una paradoja maternal del tiempo, subsiste hoy, aquí mismo, entre el que soy y el que he perdido, en el anteromirar mío que soy yo…

¿Qué sé? ¿Qué busco? ¿Qué siento? ¿Qué pediría si tuviese que pedir?

1-2-1931.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 08 Ene 2021, 04:09

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Devaneo entre Cascaes y Lisboa. He ido a pagar en Cascaes una contribución del patrón Vasques, de una casa que tiene en Estoril. Disfruté anticipadamente el placer de ir, una hora para allá, una hora para acá, viendo los aspectos siempre diferentes del gran río y de su desembocadura atlántica. En verdad, al ir, me perdí en meditaciones abstractas, viendo sin ver los paisajes acuáticos que me alegraba ir a ver, y al volver me he perdido en la fijación de estas sensaciones. No sería capaz de describir el más pequeño pormenor del viaje, el más pequeño trecho de visible. He ganado estas páginas por olvido y contradicción. No sé si eso es mejor o peor que !o contrario, que tampoco sé lo que es.

El tren afloja, es el Caes do Sodré. He llegado a Lisboa, pero no a una conclusión.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 09 Ene 2021, 06:00

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108

Hoy, como me oprimiese la sensación del cuerpo aquella angustia antigua que a veces rebosa, no he comido bien, ni he bebido lo de siempre, en el restaurante, o casa de comidas, en cuyo entresuelo fundamento la continuidad de mi existencia. Y como al salir yo, el camarero comprobase que la botella de vino había quedado mediada, se volvió hacia mí y dijo: «hasta luego, Sr. Soares, que se mejore».

Al toque de clarín de esta frase sencilla mi alma se alivió como si en un cielo de nubes las apartase de repente el viento. Y entonces reconocí lo que nunca había reconocido claramente: que en estos camareros de café o restaurante, en los barberos, en los mozos de cuerda de las esquinas, yo provoco una simpatía espontánea, natural, que no puedo enorgullecerme de recibir de los que me tratan con más intimidad, impropiamente dicha…

La fraternidad tiene sus sutilezas.

Unos gobiernan el mundo, otros son del mundo. Entre un millonario americano, con bienes en Inglaterra o Suiza, y el jefe Socialista de la aldea no hay diferencias de calidad, sino de cantidad. Abajo [...] de éstos, nosotros, los amorfos, el dramaturgo inadvertido William Shakespeare, el maestro de escuela John Milton, el vagabundo Dante Alighieri, el mozo de cuerda que me hizo ayer el recado, el barbero que me cuenta chistes, el camarero que acaba de hacerme la fraternidad de desearme esa mejoría, porque sólo me he bebido la mitad del vino.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 10 Ene 2021, 05:22

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El hombre delgado sonrió indolentemente. Me miró con una desconfianza que no era malévola. Después sonrió de nuevo, pero con tristeza. Bajó, después, otra vez, los ojos al plato. Continuó cenando en silencio y absorción.

18-9-1917.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 11 Ene 2021, 03:56

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Los carros de la calle runrunean, ruidos separados, lentos, de acuerdo, parece, con mi somnolencia. Es la hora del almuerzo pero me he quedado en la oficina. El día está templado y un poco velado. En los ruidos hay, por alguna razón, que tal vez sea mi somnolencia, lo mismo que hay en el día.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 12 Ene 2021, 09:27

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He descubierto que pienso siempre, y atiendo siempre, a dos cosas al mismo tiempo. Todos, supongo, serán un poco así. Hay ciertas impresiones tan vagas que sólo después, porque nos acordamos de ellas, sabemos que las hemos tenido; de esas impresiones, creo, se formará una parte —la parte interior, quizás— de la doble atención de todos los hombres. /Me sucede que tienen igual relieve las dos realidades a que atiendo. En esto consiste mi originalidad. En esto, tal vez, consiste mi tragedia, y su comedia./

Escribo atentamente, inclinado sobre el libro en que hago con los asentamientos la historia inútil de una firma oscura; y, al mismo tiempo, mi pensamiento sigue, con igual atención, la ruta de un navío inexistente por paisajes de un Oriente que no existe. Las dos cosas son igualmente nítidas, igualmente visibles para mí: la hoja en que escribo con cuidado, en las líneas pautadas, los versos de la epopeya comercial de Vasques y Cía., y el convés donde veo con cuidado, un poco al lado de la pauta alquitranada de los intersticios de las tablas, las tumbonas alineadas, y las piernas salidas de los que descansan del viaje.

(Si yo fuera atropellado por la bicicleta de un niño, esa bicicleta infantil se volvería parte de mi historia.)

Interviene el saliente de la sala de fumar; por eso, sólo se ven las piernas.

Adelanto la pluma hacia el tintero y de la puerta de la sala de fumar —[...]incluso al pie de donde siento que estoy— sale la figura de un desconocido. Me da la espalda y avanza hacia los otros. Su manera de andar es lenta y el trasero no dice mucho [...] Empiezo otro asiento. Trato de ver por qué me había equivocado. Es en el debe y no en el haber la cuenta de Marques (Le veo gordo, amable, chistoso y, en un momento, el barco desaparece).


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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 13 Ene 2021, 05:21

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Por entre el caserío, en intercalaciones de luz y sombra —o, mejor, de luz—, la mañana se desata sobre la ciudad. Parece que no viene del sol, sino de la ciudad, y que es de los muros y de los tejados de donde la luz de lo alto se desprende —no de ellos físicamente, sino de ellos porque están allí.

Siento, al sentirla, una gran esperanza; pero reconozco que la esperanza es literaria. Mañana, primavera, esperanza —están unidas en música por la misma intención melódica; están unidas en el alma por el mismo recuerdo de una igual intención. No: si me observo a mí mismo, como observo a la ciudad, reconozco que lo que tengo que esperar es que este día se acabe, como todos los días. La razón también ve a la aurora. La esperanza que he puesto en ella, si la hubo no fue mía: fue la de los hombres que viven la hora que pasa, y de quienes he encarnado, sin querer, el entendimiento exterior de este momento.

¿Esperar? ¿Qué tengo yo que espere? El día no me promete más que el día, y yo sé que éste tiene transcurso y fin. La luz me anima pero no me mejora, pues saldré de aquí como para acá vine —más viejo en horas, más alegre una sensación, más triste un pensamiento. En lo que nace, tanto podemos sentir lo que nace como pensar lo que ha de morir. Ahora, a la luz amplia y alta, el paisaje de la ciudad es como de un campo con casas —es natural, es extenso, es combinado. Pero, aun en el ver de todo esto, ¿podré yo olvidar que existo? Mi conciencia de la ciudad es, por dentro, mi conciencia de mí.

Me acuerdo de repente de cuando era niño y veía, como hoy no puedo ver, a la mañana rayar sobre la ciudad. Entonces no rayaba para mí, sino para la vida, porque yo, entonces (no siendo consciente), era la vida. Veía la mañana y sentía alegría; hoy veo la mañana, y siento alegría, y me pongo triste. Ha quedado el niño, pero ha enmudecido. Veo como veía, pero por detrás de los ojos me veo viendo; y sólo con ello se me oscurece el sol y el verde de los árboles es viejo y las flores se marchitan antes de aparecer. Sí, antes yo era de aquí; hoy, a cada paisaje, por nuevo que sea para mí, regreso extranjero, huésped y peregrino de su presentación, forastero de lo que veo y oigo, viejo de mí.

Ya lo he visto todo, hasta lo que nunca he visto, y lo que nunca veré. Por mi sangre corre hasta el mejor de los paisajes futuros, y la angustia del que tendré que ver de nuevo es para mí una monotonía anticipada.

Y asomado al antepecho, disfrutando del día, sobre el volumen variado de la ciudad entera, sólo un pensamiento me llena el alma: el deseo íntimo de morir, de acabar, de no ver más luz sobre ninguna ciudad, de no pensar, de no sentir, de dejar atrás, como un papel de envolver, el curso del sol y de los días, de quitarme, como un traje pesado, al borde del gran lecho, el esfuerzo involuntario de ser.

¿1932?


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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 14 Ene 2021, 03:41

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113

La vulgaridad es un hogar. Lo cotidiano es maternal. Después de una incursión prolija en la gran poesía, hacia los montes de aspiración sublime, hacia los peñascos de lo transcendente y de lo oculto, sabe mejor que bien, sabe a cuanto es cálido en la vida, regresar al albergue donde ríen los necios felices, beber con ellos, necio también, como Dios nos ha hecho, contento del universo que nos ha sido dado y dejando lo demás a los que escalan montañas para no hacer nada allí en lo alto.

Nada me conmueve que se diga, de un hombre al que tengo por loco o necio, que supera a un hombre vulgar en muchos casos y éxitos de la vida. Los epilépticos son, durante el ataque, fortísimos; los paranoicos raciocinan como pocos hombres normales consiguen discurrir; los delirantes con manía religiosa reúnen multitudes de creyentes como pocos (si alguno hay) demagogos las reúnen, y con una fuerza íntima que éstos no logran transmitir a sus secuaces. Y todo esto no prueba sino que la locura es locura. Prefiero la derrota con el conocimiento de la belleza de las flores a la victoria en medio de los desiertos, llena de la ceguera del alma a solas con su nulidad apartada.

Qué de veces el propio sueño fútil me deja un horror a la vida interior, una náusea física de los misticismos y las contemplaciones. Con qué prisa me alejo corriendo de casa, donde así he soñado, hacia la oficina; y veo la cara de Moreira como si por fin arribase a puerto. Considerándolo bien todo, prefiero a Moreira al mundo astral; prefiero la realidad a la verdad; prefiero la vida, vamos, al Dios que la ha creado. Así me la ha dado, así la viviré. Sueño porque sueño, pero no sufro el mal propio de dar a los sueños otro valor que el de ser mi teatro íntimo, como no doy al vino, del que todavía no me abstengo, el nombre de alimento o de necesidad de la vida.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 15 Ene 2021, 05:05

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114

He rechazado siempre que me comprendiesen. Ser comprendido es prostituirse. Prefiero ser tomado en serio como el que no soy, ignorado humanamente, con decencia y naturalidad.

Nada podría indignarme tanto como que me extrañasen en la oficina. Quiero gozar conmigo la ironía de que no me extrañen. Quiero el cilicio de que me crean igual a ellos. Quiero la crucifixión de que no me distingan. Hay martirios más sutiles que aquellos que se mencionan de los santos y de los eremitas. Hay suplicios de la inteligencia como los hay del cuerpo y del deseo. Y de estos, como de los otros,suplicios existe una voluptuosidad.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 16 Ene 2021, 04:52

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115

...desdeñable como los fines de la vida que vivimos, sin que queramos nosotros tales fines.

La mayoría, si no la totalidad, de los hombres vive(n) una vida desdeñable, desdeñable en todas sus alegrías, y desdeñable en casi todos sus dolores, salvo en aquellos que se fundamentan en la muerte, porque en éstos colabora el Misterio (y la misma vida se desmiente).

Oigo, filtrados por mi distracción, los ruidos que suben /fluidos/ y dispersos, en ondas interfluyentes al acaso y desde fuera, como si viniesen de otro mundo: gritos de vendedores, que venden lo natural, como hortalizas, o lo social, como lotería; rayar redondo de ruedas —carros y coches a saltos— automóviles, más oídos en el movimiento que en la rotación; el tal sacudir de cualquier tejido en cualquier ventana; el silbido del chico; la carcajada del piso alto; el gemido metálico del tranvía en la otra calle; lo que de mezclado emerge de lo transversal; subidas, bajadas, silencios de lo variado; truenos torpes del transporte; algunos pasos; principios, medios y fines de voces —y todo esto existe para mí, que duermo pensarlo, como una piedra entre hierba, de cualquier modo atisbando desde fuera de lugar.

Después, y al lado, es dentro de la casa donde los ruidos confluyen con los otros: los pasos, los platos, la escoba, el cantar interrumpido —(medio-fado)—; la víspera en la combinación del balcón; la irritación de lo que falta en la mesa; la petición de los cigarros que se han quedado encima de la cómoda —todo esto es la realidad, la realidad anafrodisíaca que no entra en mi imaginación.

Leves los pasos de la doncella, chinelas que revisualizo de trencilla encarnada y negra y, si así las visualizo, el sonido toma algo de la trencilla encarnada y negra; seguros, firmes, los pasos de botas del hijo de la familia que sale y se despide alto,con el portazo cortando el eco del luego que viene después del hasta; un sosiego,como si el mundo se acabase en este cuarto piso alto; ruido de loza que va a ser lavada; correr de agua; «pues no te dije que» ...y el silencio pita desde el río.

Pero yo me amodorro, digestivo e imaginador. Tengo tiempo, entre cenestesias. Y es prodigioso pensar que yo no querría, si ahora me preguntasen y yo respondiese, mejor breve vida que estos lentos minutos, esta nulidad del pensamiento, de la emoción, de la acción, casi de la misma sensación, el ocaso nato de la voluntad dispersa. Y entonces reflexiono, casi sin pensamiento, que la mayoría, si no la totalidad, de los hombres, así vive, más alto o más bajo, parados o andando, pero con la misma modorra para los fines últimos, el mismo abandono de los propósitos formados, la misma /sensación/ de la vida. Siempre que veo un gato al sol me recuerda a la humanidad. Siempre que veo dormir me acuerdo de que todo es sueño. Siempre que alguien me dice que ha soñado, pienso si piensa que nunca ha hecho más que soñar. El ruido de la calle aumenta, como si una puerta se abriese, y tocan el timbre.

Lo que ha sido no era nada, porque la puerta se ha cerrado en seguida. Los pasos cesan al final del pasillo. Los platos llevados alzan la voz de agua y loza. [...]


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Mensaje por cecilia gargantini Sáb 16 Ene 2021, 14:27

Uno no se cansa de leer una y otra vez El libro del desasosiego. Lo he leído muchas veces y siempre encuentro algo más para pensar, para disfrutar.
Gracias, querido Pedo, por este gran trabajo
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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 17 Ene 2021, 05:29

Gracias a ti por tu interés, Cecilia. Para mí, que no lo conocía, el Libro del desasosiego ha sido un gran descubrimiento. En efecto, siempre se encuentran en él nuevos pasajes nde interés.

Un abrazo.
Pedro


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