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Fernando Pessoa: Libro del desasosiego

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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 25 Ene 2022, 03:49

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464

Parecerá a muchos que este diario mío, hecho para mí, es demasiado artificial. Pero es de mi naturaleza el ser artificial. ¡Con qué he de entretenerme, además, sino con escribir estos apuntes espirituales! Por lo demás, no cuidadosamente los escribo. Es, incluso, sin cuidado limador como los agrupo. Pienso naturalmente en este lenguaje mío refinado.

Soy un hombre para quien el mundo exterior es una realidad interior. Siento esto, no metafísicamente, sino con los sentidos usuales con que captamos la realidad.

Mi frivolidad de ayer es hoy una nostalgia (constante) que me roe la vida.

Hay claustros en esta hora. Ha atardecido en los retraimientos. En los ojos azules de los estanques, una última desesperanza refleja la muerte del sol. ¡Éramos tantas cosas de los parques antiguos, de tan voluptuoso modo estábamos incorporados en presencia de las estatuas, en la /poda inglesa de los paseos/! ¡Los vestidos, los espadines, las pelucas, los meneos y los cortejos pertenecían tanto a la substancia de que está hecho nuestro espíritu! ¿Nosotros quién? El surtidor apenas, en el jardín desierto, agua alada, onda ya menos alta en su acto triste de /querer volar/.

(Posterior a 1915.)


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 26 Ene 2022, 04:32

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465

Hay criaturas que sufren realmente porque no han podido vivir en la vida real como el Sr. Pickwick y estrechar la mano al Sr. Wardle. Soy uno de ésos. He llorado lágrimas verdaderas sobre esa novela porque no he podido vivir en aquel tiempo, con aquella gente, gente real.

Las desgracias de las novelas son siempre bellas porque en ellas no corre sangre auténtica, ni se pudren los muertos en las novelas, ni la podredumbre está podrida en las novelas.

Cuando el Sr. Pickwick es ridículo, no es ridículo, porque lo es en una novela.¿Quién sabe si la novela será una realidad y vida más perfecta que Dios crea a través de nosotros, que nosotros —quién sabe— existimos sólo para crear? Las […] parecen no existir sino para producir literatura; es, palabras, lo que de ellas habla y queda. ¿Por qué no serán esas figuras extrahumanas verdaderamente reales? Me duele malamente en la existencia mental pensar que esto pueda ser así…


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 27 Ene 2022, 04:16

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466

El haber tocado los pies de Cristo no es disculpa para las faltas de puntuación.

Si un hombre escribe bien sólo cuando está borracho, le diré: emborráchate. Y si me dice que su hígado sufre con ello, le responderé: ¿qué es tu hígado? Es una cosa muerta que vive mientras tú vives, y los poemas que escribas viven sin plazo.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 28 Ene 2022, 05:16

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467

Si yo hubiese escrito el Rey Lear, soportaría con remordimiento toda mi vida posterior. Porque esa obra es tan grande, qué enormes abultan sus defectos, sus monstruosos defectos, las cosas hasta mínimas que hay entre ciertas escenas y su posible perfección. No es el sol con manchas; es una estatua griega rota. Todo cuanto ha sido hecho está lleno de errores, de faltas de perspectiva, de ignorancias, de rasgos de mal gusto, de debilidades y distracciones. Escribir una obra de arte del tamaño preciso para ser grande, y la perfección precisa para ser sublime, nadie posee el don divino de hacerlo, la suerte de haberlo hecho. Lo que no puede salir de una vez sufre de lo accidentado de nuestro espíritu.

Si pienso en esto, entra en mi imaginación un desconsuelo enorme, una dolorosa certeza de nunca poder hacer nada de bueno y útil para la Belleza. No hay método para conseguir la perfección excepto ser Dios. Nuestro mayor esfuerzo dura tiempo; el tiempo que dura atraviesa diferentes estados de nuestra alma, y cada estado de alma, como no es otro cualquiera, perturba con su personalidad la individualidad de la obra. Sólo tenemos la seguridad de escribir mal cuando escribimos; la única obra grande y perfecta es aquella que nunca se sueñe realizar.

Sigue escuchándome y compadécete. Oye todo esto y dime después si el sueño no vale más que la vida. El trabajo nunca da resultado. El esfuerzo nunca llega a ninguna parte. Sólo la abstención es noble y elevada, porque ella es la que reconoce que la realización es siempre inferior, y que la obra hecha es siempre la sombra grotesca de la obra soñada.

Poder escribir, en palabras sobre papel, que se puedan después leer en voz alta y oír, los diálogos de los personajes de mis dramas imaginados: Esos dramas tienen una acción perfecta y sin interrupción, diálogos sin quiebra, pero ni la acción se esboza en mí en longitud, para que yo la pueda proyectar en realización, ni son propiamente palabras lo que forma la substancia de esos diálogos íntimos, para que, oídas con atención, yo las pueda traducir a escritas.

Amo a algunos poetas líricos porque no fueron poetas épicos o dramáticos, porque tuvieron la justa intuición de nunca querer más realización que la de un momento de sentimiento o ensueño. Lo que se puede escribir inconscientemente —tanto mide lo posible perfecto. Ningún drama de Shakespeare satisface como una poesía lírica de Heine. Es perfecta la lírica de Heine, y todo drama —de un Shakespeare o de otro— es imperfecto siempre. ¡Poder construir, elevar un Todo, componer una cosa que sea como un cuerpo humano, con perfecta correspondencia de sus partes, y con una vida, una vida de unidad y congruencia, que unifique la dispersión de hechuras de las de sus partes!

¡Tú, que me oyes y apenas me escuchas, no sabes lo que es una tragedia!Perder padre y madre, no conseguir la gloria ni la felicidad, no tener un amigo ni un amor —todo eso se puede soportar; lo que no se puede soportar es soñar una cosa bella que no sea posible lograr en acto o palabras. La conciencia del trabajo perfecto, la hartura de la obra conseguida —suave es como el sueño bajo esa sombra de árbol, en el verano tranquilo.


(Continuará)

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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 29 Ene 2022, 04:25

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468

Las mujeres contemporáneas tales arreglos de su porte y de su rostro preparan, que dan la dolorosa impresión de efímeras e insustituibles…

Sus (...) y aderezos tales las pintan y colorean, que más decorativas se vuelven que carnalmente vivientes…

El mero voltear de un chal por cima de los hombros usa hoy más conciencia de la visión del gesto en quien lo hace que antaño. Antes, el chal era /parte del traje; /hoy es un detalle resultante de intuiciones de puro /gozo estético/.

Así, en estos días nuestros, tan vividos a través de hacer de todo arte, todo arranca pétalos a lo consciente y se integra (...) en volubilidades de extático.

Tránsfugas de cuadros no-hechos, todas esas figuras femeninas... Hay, a veces, detalles demás en ellos... Ciertos perfiles existen con exagerada nitidez. Juegan a irreales por el exceso con que se separan, líneas puras, del fondo ambiente.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 30 Ene 2022, 03:35

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469

A veces, en mis diálogos conmigo mismo, en las tardes exquisitas de la Imaginación, en coloquios importunos en crepúsculos de salones supuestos, me pregunto, en esos intervalos de la conversación en que me quedo a solas con un interlocutor más yo que los otros, por qué razón verdadera no habrá nuestra época científica extendido su voluntad de comprender hasta los asuntos que son artificiales. Y una de las preguntas en que con más languidez me demoro es la de por qué no se hace, a la par de la psicología usual de las criaturas humanas e infrahumanas, una psicología también —que la debe haber— de las figuras artificiales y de las criaturas cuya existencia transcurre tan sólo en los tapices y en los cuadros. Triste noción tiene de la realidad quien la limita a lo orgánico y no pone la idea de un alma dentro de las estatuillas y de los tejidos. Donde hay forma hay alma.

No son una ociosidad estas consideraciones mías conmigo mismo, sino una elucubración científica como cualquier otra que lo sea. Por eso, antes de, y sin tener una respuesta, supongo lo posible actual y me entrego, en análisis interiores, a la visión imaginada de aspectos posibles de este /desiderátum/ realizado. Apenas pienso en ello, surgen en seguida dentro de la visión de mi espíritu científicos inclinados sobre estampas, sabiendo bien que ellas son vidas; microscopistas de la textura surgen de los tapices; físicos del diseño ancho y oscilante en los contornos; químicos, sí, de la idea de las formas y de los colores de los cuadros; geólogos de las capas estráticas de los camafeos; psicólogos, en fin —y es lo que más me interesa— que una a una anotan y congregan las sensaciones que debe sentir una estatuilla, las ideas que deben pasar por el psiquismo estrecho de una figura de cuadro o de vitral, los impulsos locos, las pasiones sin freno, las compasiones y odios ocasionales y (...) que sienten en una conciencia, la especie de tenacidades y muerte en los gestos eternos de los bajorrelieves, en las conciencias ocasionales de los figurantes de las telas.

Más que otras artes, son la literatura y la música propicias a las sutilezas de un psicólogo. Las figuras de novela son —como todos saben— tan reales como cualquiera de nosotros. Ciertos aspectos de unos sonidos tienen un alma-alada y rápida, pero susceptible de psicología y sociología. Porque, bueno es que lo sepan los ignorantes: las sociedades existen dentro de los colores, de los sonidos, de las frases y hay regímenes y revoluciones, reinados, políticas y (...) —lo hay en absoluto y sin metafísica— en el conjunto instrumental de las sinfonías, en todo organismo de las novelas, en los metros cuadrados de un cuadro complejo, donde gocen, sufran y se mezclen las actitudes coloreadas de guerreros, de amantes o de simbólicos.

Cuando se rompe una taza de mi colección japonesa, sueño que más que un descuido de las manos de una criada haya sido la causa, o hayan sido las ansiedades de las figuras que habitan las curvas de aquella (...) de loza; la resolución tenebrosa de suicidio que las posee no me causa espanto: Se ha servido de la criada, como me sirvo de un revólver. Saber esto es estar más allá de […] ¡y con qué precisión sé esto!


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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 31 Ene 2022, 04:29

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470

EL AMANTE VISUAL

Ni en torno a esas figuras, con cuya contemplación me entretengo, es mi costumbre urdir cualquier enredo de la fantasía. Las veo, y su valor para mí está en ser vistas. Todo lo demás que les añadiese las disminuiría, por que disminuiría, por así decirlo, su «visibilidad».

Cuanto yo fantasease sobre ellas, forzosamente, en el propio momento de fantasear, yo lo conocería como falso; y, si lo soñado me agrada, lo falso me repugna. El sueño puro me encanta, el sueño que no tiene relación con la realidad ni puntos de contacto con ella. El sueño imperfecto con punto de partida en la vida, me disgusta o, más bien, me disgustaría si me embreñase en él.

Para mí, la humanidad es un vasto motivo de decoración que vive gracias a los ojos y los oídos y, además, mediante la asociación psicológica. Nada más quiero de la vida que asistir a ella. Nada más quiero de mí que asistir a la vida.

Soy como un ser de otra existencia que pasa indefinidamente interesado a través de ésta. En todo soy ajeno a ella. Hay entre mí y ella una especie de cristal. Quiero ese cristal siempre muy claro para poderla examinar sin defecto de medio intermedio; pero quiero siempre el cristal.

Para todo espíritu científicamente constituido, ver en una cosa más de lo que allí está es ver menos esa cosa. Lo que materialmente se añade, espiritualmente la disminuye.

Atribuyo a este estado de alma mi repugnancia por los museos. El museo, para mí, es la vida entera, en que la pintura es siempre exacta, y sólo puede haber inexactitud en la imperfección del contemplador. Pero esa imperfección, o hago por disminuirla, o, si no puedo, me contento con que así sea, puesto que como todo, no puede ser más que así.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 01 Feb 2022, 04:06

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471

El curioso hecho de que todos los grandes constructivos hayan sido hombres de carácter, por lo menos de limpieza moral. (Milton, Dante, Virgilio (Flaubert), Hugo relativamente, normal y fuerte en el grado de carácter correspondiente a su grado de construcción.)


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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 02 Feb 2022, 04:32

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472

La mayoría de la gente se enferma de no sabe[r] decir lo que ve o lo que piensa. Dicen que no hay nada más difícil que definir con palabras una espiral: es preciso, dicen, hacer en el aire, con la mano sin literatura, el gesto, ascendentemente enrollado en orden, con que esa figura abstracta de los muelles o de ciertas escaleras se manifiesta a los ojos. Pero, siempre que nos acordemos de que decir es renovar, definiremos sin dificultad una espiral: es un círculo que sube sin conseguir cerrarse nunca. La mayoría de la gente, lo sé bien, no osaría definir así, porque supone que definir es decir lo que los demás quieren que se diga, que no lo que es preciso decir para definir. Lo diré mejor: una espiral es un círculo virtual que se desdobla subiendo sin realizarse nunca. Pero no, la definición es todavía abstracta. Buscaré lo concreto, y todo será visto: una espiral es una serpiente sin serpiente enroscada verticalmente en ninguna cosa.

Toda la literatura consiste en un esfuerzo por tornar real a la vida. Como todos saben, hasta cuando hacen sin saber, la vida es absolutamente irreal en su realidad directa; los campos, las ciudades, las ideas, son cosas absolutamente ficticias, hijas de nuestra compleja sensación de nosotros mismos. Son intransmisibles todas las impresiones salvo sí las convertimos en literarias. Los niños son muy literarios porque dicen como sienten y no como debe sentir quien siente según otra persona. Un niño, al que una vez oí, dijo, queriendo decir que estaba al borde del llanto, no «tengo ganas de llorar», que es lo que diría un adulto, es decir, un estúpido, sino esto: «Tengo ganas de lágrimas.» Y esta frase, absolutamente literaria, hasta el punto de que resultaría afectada en un poeta célebre, si él la pudiese decir, alude decididamente a la presencia caliente de las lágrimas rompiendo en los párpados conscientes de la amargura líquida. «¡Tengo ganas de lágrimas!» Aquel niño pequeño definió bien su espiral.

¡Decir! ¡Saber decir! ¡Saber existir por medio de la voz escrita y la imagen intelectual! Todo esto es cuanto la vida vale: lo demás es hombres y mujeres, amores supuestos y vanidades falsas, subterfugios de la digestión y del olvido, gentes que se agitan, como bichos cuando se levanta una piedra, bajo el gran pedrusco abstracto del cielo azul sin sentido.

27-7-1930.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 03 Feb 2022, 04:32

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473

El arte nos libra ilusoriamente de la sordidez de ser. Mientras sentimos los males y las injurias de Hamlet, príncipe de Dinamarca, no sentimos los nuestros —viles porque son nuestros y viles porque son viles.

El amor, el sueño, las drogas e intoxicantes, son formas elementales del arte, o, más bien, de producir el mismo efecto que él. Pero amor, sueño y drogas tienen cada uno su desilusión. El amor harta o desilusiona. Del sueño se despierta y cuando se ha dormido no se ha vivido. Las drogas se pagan con la ruina de ese mismo físico para estimular al cual han servido. Pero en el arte no hay desilusión porque la ilusión ha sido admitida desde el principio. No hay que despertar del arte, porque en él no dormimos, aunque soñásemos. En el arte no hay tributo o multa que pagar por haber gozado de él.

El placer que nos ofrece, como en cierto modo no es nuestro, no tenemos que pagarlo o que arrepentimos de él.

Por arte se entiende todo lo que nos deleita sin que sea nuestro —el rastro del paso, la sonrisa ofrecida a otro, el ocaso, el poema, el universo objetivo.

Poseer es perder. Sentir sin poseer es guardar, porque es extraer la esencia de algo.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 04 Feb 2022, 04:16

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474

ESTÉTICA DEL DESALIENTO

Ya que no podemos extraer belleza de la vida, busquemos al menos extraer belleza de no poder extraer belleza de la vida. Hagamos de nuestro fracaso una victoria, algo positivo y erguido, con columnas, majestad y aquiescencia espiritual.

Si la vida [no] nos ha dado más que una celda de reclusión, hagamos por ornamentarla, aunque más no sea, con las sombras de nuestros sueños, diseños y colores /mezclados/, esculpiendo nuestro olvido bajo la quieta exterioridad de los muros.

Como todo soñador, siempre he sentido que mi oficio era crear. Como nunca he sabido hacer un esfuerzo o activar una intención, crear me ha coincidido siempre con soñar, querer o desear; y hacer gestos, con soñar los gestos que desearía poder hacer.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 05 Feb 2022, 04:11

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475

La literatura, que es el arte casado con el pensamiento, y la realización sin la mácula de la realidad, me parece ser el fin hacia el que debería tender todo esfuerzo humano, si fuese verdaderamente humano, y no una superfluidad de lo animal. Creo que decir una cosa es conservarle la virtud y quitarle el terror. Los campos son más verdes en el decirse que en su verdor. Las flores, si son descritas con frases que las definan en el aire de la imaginación, tendrán colores de una permanencia que la vida celular no permite.

Moverse es vivir, decirse es sobrevivir. No hay nada real en la vida que no lo sea porque se ha descrito bien. Los críticos de casa pequeña suelen señalar que tal poema, generosamente rimado, no quiere, al final, decir sino que hace un buen día. Pero decir que hace un buen día es difícil y el día bueno, él mismo, pasa. Tenemos, pues, que conservar el buen día que hace en una memoria florida y prolija, y que constelar así de nuevas flores o de nuevos astros los campos o los cielos de la exterioridad vacía y pasajera.

Todo es lo que somos, y todo será, para los que nos sigan en la diversidad del tiempo, conforme nosotros lo hayamos imaginado intensamente, es decir, lo hayamos, con la imaginación metida en el cuerpo, verdaderamente sido. No creo que la historia sea más, en su .gran panorama desteñido, que un decurso de interpretaciones, un consenso confuso de testimonios distraídos. El novelista es todos nosotros, y narramos cuanto vemos, porque ver es complejo como todo.

Tengo en este momento tantos pensamientos fundamentales, tantas cosas verdaderamente metafísicas que decir, que me canso de repente y decido no escribir más, no pensar más, sino dejar que la fiebre de decir me dé sueño, y yo haga fiestas con los ojos cerrados, como un gato, a todo cuanto podría haber dicho.


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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 06 Feb 2022, 03:46

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Y 476

Me sosiego por fin. Todo cuanto ha sido vestigio y desperdicio se me borra del alma como si no hubiera sido nunca. Me quedo solo y tranquilo. La hora que ha pasado es como aquella en la que me convirtiese a una religión. Nada, sin embargo, me atrae hacia lo alto, aunque nada me ataría ya para abajo. Me siento libre, como si dejase de existir, conservando la conciencia de ello.

Me sosiego, sí, me sosiego. Una gran calma, suave como una inutilidad, desciende en mí hasta el fondo de mi ser. Las páginas leídas, los deberes cumplidos, los pasos y los acasos del vivir —todo esto se me ha vuelto una vaga penumbra, un halo apenas visible, que rodea a algo tranquilo que no sé lo que es. El esfuerzo en que puse, una u otra vez, al olvido del alma; el pensamiento, en que he puesto, una vez u otra, el olvido de la acción —ambos se me convierten en una especie de ternura sin sentimiento, de compasión vulgar y vacía.

No es el día lento y suave, nublado y blando. No es la brisa imperfecta, casi nada, poco más que el aire que ya no se siente. No es el color anónimo del cielo acá y allá azul, débilmente. No. No, porque no siento. Veo sin intención ni remedio. Asisto atento a ningún espectáculo. No siento alma, pero me sosiego. Las cosas exteriores, que están nítidas y paradas, aun las que se mueven, son para mí como para el Cristo sería el mundo, cuando desde la altura de todo, Satán le tentó. Son nada, y comprendo que el Cristo no se tentase. Son nada, y no comprendo cómo Satán, viejo de tanta ciencia, pensara que con eso tentaría.

¡Corre leve, vida que no se siente, riachuelo en silencio móvil bajo árboles olvidados! ¡Corre blanda, alma que no se conoce, murmullo que no se ve más allá de las grandes ramas caídas! ¡Corre inútil, corre sin razón, conciencia que no lo es de nada, vago brillo a lo lejos, entre claros de hojas, que no se sabe de dónde vienen ni a dónde van! ¡Corre, corre, y déjame olvidar! Vago soplo de lo que no oso vivir, remedio ruin de lo que nada puede sentir, murmullo inútil de lo que no quise pensar, ve lento, ve débil, ve en torbellinos que tienes que tener y en declives que te dan, ve hacia la sombra o hacia la luz, hermano del mundo, ve hacia la flor o hacia el abismo, hijo del caos y de la Noche, recordando todavía, en cualquier rincón tuyo, que los Dioses vinieron después, y que los Dioses también pasan.

5-6-1934.


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