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    Mensaje por Lluvia Abril Vie 03 Ago 2018, 02:14

    MÉXICO

    VICTOR SANDOVAL



    CUANDO ENTREABRE SUS PÁRPADOS...

    Cuando entreabre sus párpados el día
    pasan los escuadrones de la lluvia
    y descargan sus armas en tu pelo.
    Es el tiempo de decir que en tus pupilas
    se queman estandartes
    y agobia su cosecha el campesino.
    Eres la primavera que se busca,
    la luz dominadora de horizontes;
    la que avanza entre ruinas
    con el deseo despierto sobre el vientre
    y el mar amotinado en la cintura.
    Todos los que te amaron se perdieron.
    Todos los que aguardaron anhelantes,
    en medio de vigilias
    tu paso de enjoyada mariposa,
    de ráfaga profunda por el cielo.

    Agua de temporal, 1988



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    Mensaje por Lluvia Abril Vie 03 Ago 2018, 02:16

    MÉXICO

    VICTOR SANDOVAL



    LA HORA EN QUE UNO PIENSA...

    A la memoria de
    Ramón López Velarde


    La hora en que uno piensa en la muerte,
    más cerca que lejana
    y suenan en el aire lúgubre
    las tres de la mañana.
    La hora en que se escucha el grito
    del asaltado y sus andares
    y la noche es como el mar
    más negro de los mares.
    Las tres de la mañana,
    cuando el poeta prisionero
    de la ciudad
    se asfixia en su cuarto de soltero
    en olor de santidad.
    La hebilla del preso y su corbata
    que tanto inquieta en su carmín desnudo;
    la mano que purifica y desbarata
    la cinta del zapato, el ciego nudo.
    La casa de asistencia que demora
    su destino final
    —la pavorosa vecindad de ahora—
    de putas y arrabal.

    Agua de temporal, 1988


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    Mensaje por Lluvia Abril Vie 03 Ago 2018, 02:18

    MÉXICO

    VICTOR SANDOVAL




    LA IMAGEN Y EL RECUERDO

    Restañar las heridas en Fraguas no fue fácil.
    Toda la noche mi padre estuvo cavilando.
    La luna gemía despacio entre el saucedal y el agua.
    Las banderitas de papel en las acequias cautelosas.
    El costillar herido de las puertas.
    Los centuriones a la ronda en círculos
    estrechando el cerco con su collar de lanzas.
    El alto poder del M-1 a tumbos en el puente.
    La noche llena de flores desdentadas.
    Es tan intenso el miedo
    que hasta los mismos guardias delante de la iglesia
    esconden sus temores.
    Mi padre cavilando, toda la noche cavilando.
    La casa de las fieras abierta y encendida.
    Sus aullidos dominan nuestro sueño.
    Y la lluvia en espera para lavar la sangre.


    *

    Una veleta de lámina
    El gallo en su gallinero
    Gargantón el gallo canta
    El águila y su calvicie
    —Yo te perdono padre
    Un tigre de doble filo
    Un día de ámbar enjaulado en la piel
    El viborezno en su zarzal
    Los dientes del tigre
    Sus cuatro engarraduras
    —Yo te perdono padre
    Y agazapado espero tanta sangre exquisita
    La veleta girando al viento de las dalias
    La noria tumba del agua
    El águila coja sin la doble cabeza
    La lagartija arqueada sobre el tractor Ford Major


    *

    Mi tiempo, padre:
    Himnos de guerra y tableteo de metralletas.
    Lo estoy viviendo apenas pero lo estoy viviendo.
    Soy el aire del arquero y su brazo.
    Te veo escribiendo tus poemas
    como éste, padre, como éste.
    ¿Para qué, para quiénes?
    ¿Para quiénes abres tu cartapacio,
    tu horrenda máquina de escribir
    como dentadura postiza?
    A veces te leo en los periódicos
    lleno de mosquitos proditorios.
    Hace cincuenta largos años
    que estás sobre la tierra.
    Yo, padre, soy yo-padre desde que tú naciste.
    El beso que pongo en tu mejilla
    es el bien común,
    el orden que rodea nuestra cisterna.
    Por este lento avanzar del poemario,
    del poema-río de tu consagración,
    te despega la muerte de la vida
    con paciencia de coleccionista.


    *

    No soy una pancarta
    ni un desfile de aguas triunfalistas.
    No luciré jamás la escarapela tricolor;
    no pertenezco a esa estirpe.
    El himno nacional no me conmueve.
    Mármol y bronce de los monumentos patrios
    no son sino mármol y bronce.
    Nunca he ido a la plaza la noche de las celebraciones.
    Definitivamente no soy un buen ciudadano.
    Soy, eso sí, un hombre
    al que se le humedecen los ojos
    cuando le preguntan por su patria.

    *

    Tenemos nostalgia de las piedras.
    Nos custodian muros de frentes amplias
    donde se han escrito sentencias ineludibles,
    actas constitutivas, horas de pozo adentro
    con su latir a ciegas.
    Nos custodian la ciudad y su cauda
    procesional de lagrimones de salitre,
    sus herrajes y puertas,
    aire de resplandores en las testas insignes.
    Nos custodian labios denunciatorios
    contra infames costumbres,
    por ejemplo: la exquisita cortesía de ese loco
    que saluda al suicida y su féretro de crisantemos,
    su escandalosa muerte de cianuro.
    Nos custodian la noche y el tramonte
    en su hecho de relámpagos.
    La ciudad nos custodia desde su plaza en armas,
    ágora de pavores y codicias;
    estatuas de crisólitos vigilan este sitio
    y nos preservan de cualquier transparencia.

    *

    Abril no es cruel sino prediluviano
    en esta tierra baldía.
    Sobre un cadáver calle abajo
    Eliot sigue viviendo.
    Desde entonces se me han recrudecido
    los dolores y el asma.
    Me gusta ver cómo envejecen,
    cómo se les pringa la piel
    a mis amigos.
    El hielo y el espejo se pudren
    en el vaso prudente,
    plic, plac, plic, plac.
    Se pudren el mesero,
    su día de descanso,
    la ingle con su hernia
    y la chaqueta blanca.
    Un hombre joven, pero ya no tanto,
    viudo de siete meses,
    hace planes
    con la muchacha de avellana y níspero.
    Abajo la discusión prosigue
    ahora con Vallejo, Trilce
    y la lingüística.
    Y los amigos envejecen otra vez.
    El cadáver se alarga,
    no acaba de pasar,
    debe ir en el primo trigésimo segundo.
    En nuestra mediedad tan peligrosa,
    medio siglo a la noche, más o menos,
    despreciamos sin tregua
    a los amantes.
    La discusión entre los obcecados,
    una espada en la mesa,
    una espada de luz
    para los descreídos.
    Y la reunión a punto de acabar
    porque son las seis de la tarde
    en el Café de Andrea.
    Arriba en el Hotel
    el viudo y la muchacha de avellana
    y níspero.
    El fruto del níspero es pubescente
    de forma apeonzada,
    coronado por los sépalos
    y ahuecado en el ápice;
    su carne dura y acerba al principio
    se torna blanda y azucarada
    por la pacificación.
    Su carne es perfumada y agridulce.
    Ella le mira el hombro,
    la piel de línea dura,
    la manzana de Adán;
    hace nuevas comparaciones
    y le marca sus dedos en la espalda.




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    Mensaje por Lluvia Abril Vie 03 Ago 2018, 02:21

    MÉXICO

    VICTOR SANDOVAL


    Y por último dejo un trabajo realizado por Luis Mario Schneider, en el que define al autor frente a su obra, cómo se identifica, afirma, hace critica…
    Analiza soledades y tristezas, y…mejor leemos porque me parece muy interesante ver cómo nacen y el por qué nacen sus poemas.

    Víctor Sandoval (Aguascalientes, 31 de octubre de 1930) cayó al incendio de la palabra a los 30 años. El viento de Norte (1959) inaugura una voz sin titubeos, atrevida. Osadía vanguardista con imágenes y metáforas equilibradas en una sed, en una armonía pertinaz de búsquedas. Es un docenario de poemas que recuerdan la sintaxis y las formas de aquel movimiento estridentista que provocó una ruptura en la literatura nacional. De paso, Víctor Sandoval compartió tertulias y amistad con Salvador Gallardo Dávalos, uno de los exponentes máximos del estridentismo. También El Viento Norte descubre esa tónica terca del futuro canto de Víctor Sandoval: fecundar en la tierra; su vinculación con la poesía cívica y la circunstancialidad amorosa llena de respiros, de esencia erótica.

    Un año más tarde, Hombre de soledad (1960). Cinco sonetos donde el poeta, irritante y amatorio, se identifica con el ambiente campesino. Con ausencia de Dios, la llanura inmensa abraza y abrasa al hombre, lo envuelve en una tierna matriz para más tarde arrojarlo, libre y despechado, al mundo colectivo. Hálitos de espiga germinada, grano que se hará pan; penca nopalera y viento de horizontes, conductor de esfuerzos y experiencias.

    Poema del veterano de guerra aparece en 1965. Años más tarde con pequeñas transformaciones se fusionará en Para empezar el día. Aquí, la guerra de Vietnam es el personaje, diría más, la protesta desoladora ante una contienda inútil, desgarrante. Nada de combates, nada de fragor de metrallas sino la desolación, los sueños en desusos, una esperanza de frustraciones. También una crítica a la burocracia gris que los hombres van llevando a cabo para ensombrecer felicidades.

    En 1967, El Retorno. El poeta ausente de su ciudad natal que se atiza en el regreso. Una serena agitación que los caminos extraños exigieron un día pero que el olvido jamás existió porque los ojos cerrados permitían la presencia continua del hogar, de los patios, de los árboles, del viento y de las rocas, de la ciudad familiar. Es un retorno a la presencia, a la afirmación.

    En la plaqueta Che, editada en 1969 y firmada también por Desiderio Macías Silva y por Héctor Hugo Olivares, Víctor Sandoval da su presencia con El viento combativo. Son cuatro composiciones de intensidades interiores, de admiración al guerrillero argentino. Hay estruendos, pero por sobre todo, una visión del combatiente a nivel personal. No tanto al héroe, sino una postración arrogante ante la misión. Presencia de hermandad; finalmente de un hermano desconocido, pero latente en el ímpetu y en la transformación.

    Para empezar el día (1974) es una reunión de pequeños libros. Después de “El veterano de guerra”, “Antes del diluvio”, segunda etapa donde sé retoma la naturaleza, el paisaje entremezclado de panteísmo. Es una crítica al desorden, mejor al orden desordenado; es un insulto donde el insomnio descubre la ciudad basural del hombre. Análisis de soledades y de tristezas, de descreencias porque al parecer el caos no existe como actitud redentora. Es una solicitud antes de la tormenta, mucho antes de que se provoquen rupturas y desquiciamientos.

    La tercera etapa “Los jardines de niebla” son cantos a la dualidad que da la vida y la muerte. Desfilan, entonces, experiencias personales con mitos antiguos, con personajes de vidas anteriores y vidas presentes que conforman realidades y deseos.

    “Poemas de la Habana”, el nombre lo aclara, son resplandores de un viaje real, palpable. La ciudad y sus alrededores llenos de color y de ruinas atemperadas por una adhesión revolucionaria. A este nivel Víctor Sandoval juega con ironías, en circunstancias que se oponen, en justificaciones hacia un ideal que permite la quiebra de esquemas, la armonía de una ética conformista.

    La última sección, “La vida breve”, se sitúa dentro del tiempo diario, en la ansiedad del tiempo pasajero. Poemas dramáticos, sufrientes, donde el poeta solidifi-ca la palabra en un estado de angustia, fruto de una inteligencia despierta, vigilante.

    El ascenso triunfal de la poesía de Víctor Sandoval es Fraguas (1980). Extenso poema dividido en tres odas: “El fugitivo y sus presagios”, “La imagen y el recuerdo” y “La señal en el muro”. Pero es sobremanera la reunión de diversos elementos que paulatinamente se exponen en sus libros anteriores. La ciudad del nacimiento aflora total, hegemónica, centro y bisectriz de la familia con el padre tribal que a manera de un coloso domina la tradición a la vez que la prolonga. También sus hijos la prolongan; notable es la ausencia de la mujer, de la madre. Es el padre envuelto en el trabajo diario, también envuelto en una ciudad plagada de maquinarias y silbidos. Fraguas es asimismo una voz recogida en orfandades, en tristezas, en nostalgias, donde el hombre a la vez se protege con la acción para seguir creyendo, para no desfigurarse de la propia vida.

    Víctor Sandoval es un poeta del sortilegio de lo cotidiano que nos apresa y nos libera. En resumen, la palabra en fragua alimentada en llamas donde se forja el barro humano, contradictorio pero enaltecido.

    LUIS MARIO SCHNEIDER




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    Mensaje por Lluvia Abril Vie 03 Ago 2018, 02:24

    Dejo un adelanto de nuestro siguiente autor y su obra:

    Marco Antonio Montes de Oca (1932)

    De Ruina de la infame Babilonia, 1953
    "Ruina de la infame Babilonia" (fragmentos)
    De Contrapunto de la fe, 1955
    "Contrapunto de la fe"
    De Delante de la luz cantan los pájaros, 1959
    "El jardín que los dioses frecuentaron"
    "La luz en riestre"
    De Vendimia del juglar, 1965
    "Ala"
    De El corazón de la flauta, 1968
    "El corazon de la flauta"


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 04 Ago 2018, 00:54

    MÉXICO

    ROSARIO CASTELLANOS

    ANTOLOGÍA UNAM

    7) LAMENTACIÓN DE DIDO

    a)

    Guardiana de las tumbas; botín para mi hermano, el de
    la corva garra de gavilán;
    nave de airosas velas, nave graciosa, sacrificada al
    rayo de las tempestades;
    mujer que asienta por primera vez la planta del pie en
    tierras desoladas
    y es más tarde nodriza de naciones, nodriza que
    amamanta con leche de sabiduría y de consejo;
    mujer siempre, y hasta el fin, que con el mismo pie de
    la sagrada peregrinación
    sube —arrastrando la oscura cauda de su memoria—
    hasta la pira alzada del suicidio.

    Tal es el relato de mis hechos. Dido mi nombre. Destinos como el mío se han pronunciado desde la antigüedad
    con palabras hermosas y nobilísimas.
    Mi cifra se grabó en la corteza del árbol enorme de las
    tradiciones.
    Y cada primavera, cuando el árbol retoña,
    es mi espíritu, no el viento sin historia, es mi espíritu
    el que estremece y el que hace cantar su follaje.

    Y para renacer, año con año,
    escojo entre los apóstrofes que me coronan, para que
    resplandezca con un resplandor único,
    éste, que me da cierto parentesco con las playas:
    Dido, la abandonada, la que puso su corazón bajo el
    hachazo de un adiós tremendo.
    Yo era lo que fui: mujer de investidura desproporcionada
    con la flaqueza de su ánimo.
    Y, sentada a la sombra de un solio inmerecido,
    temblé bajo la púrpura igual que el agua tiembla bajo
    el légamo.
    Y para obedecer mandatos cuya incomprensibilidad me
    sobrepasa recorrí las baldosas de los pórticos con la
    balanza de la justicia entre mis manos
    y pesé las acciones y declaré mi consentimiento para
    algunas —las más graves—.
    Esto era en el día. Durante la noche no la copa del
    festín, no la alegría de la serenata, no el sueño
    deleitoso.
    Sino los ojos acechando en la oscuridad, la
    inteligencia batiendo la selva intrincada de los textos
    para cobrar la presa que huye entre las páginas.
    Y mis oídos, habituados a la ardua polémica de los mentores,
    llegaron a ser hábiles para distinguir el robusto sonido del
    oro
    del estrépito estéril con que entrechocan los guijarros.

    De mi madre, que no desdeñó mis manos y que me las
    ungió desde el amanecer con la destreza,
    heredé oficios varios; cardadora de lana, escogedora
    del fruto que ilustra la estación y su clima,
    despabiladora de lámparas.

    Así pues tomé la rienda de mis días: potros domados,
    conocedores del camino, reconocedores de la querencia.
    Así pues ocupé mi sitio en la asamblea de los mayores.
    Y a la hora de la partición comí apaciblemente el pan
    que habían amasado mis deudos.
    Y con frecuencia sentí deshacerse entre mi boca el
    grano de sal de un acontecimiento dichoso.

    Pero no dilapidé mi lealtad. La atesoraba para el
    tiempo de las lamentaciones,
    para cuando los cuervos aletean encima de los tejados
    y mancillan la transparencia del cielo con su graznido
    fúnebre
    para cuando la desgracia entra por la puerta principal
    de las mansiones
    y se la recibe con el mismo respeto que a una reina.

    (Cont.)



    Última edición por Pascual Lopez Sanchez el Sáb 04 Ago 2018, 00:57, editado 1 vez


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    "No hay  cañones que maten la esperanza."  Walter Faila


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     ISRAEL: ¡GENOCIDA!
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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 04 Ago 2018, 00:56

    MÉXICO

    ROSARIO CASTELLANOS

    ANTOLOGÍA UNAM

    7) LAMENTACIÓN DE DIDO

    b)

    De este modo transcurrió mi mocedad: en el
    cumplimiento de las menudas tareas domésticas; en
    la celebración de los ritos cotidianos; en la
    asistencia a los solemnes acontecimientos civiles.

    Y yo dormía, reclinando mi cabeza sobre una
    almohada de confianza.
    Así la llanura, dilatándose, puede creer en la
    benevolencia de su sino,
    porque ignora que la extensión no es más que la pista
    donde corre, como un atleta vencedor,
    enrojecido por el heroísmo supremo de su esfuerzo, la
    llama del incendio.
    Y el incendio vino a mí, la predación, la ruina, el
    exterminio
    ¡y no he dicho el amor!, en figura de náufrago.

    Esto que el mar rechaza, dije, es mío.

    Y ante él me adorné de la misericordia como del
    brazalete de más precio.
    Yo te conjuro, si oyes, a que respondas: ¿quién
    esquivó la adversidad alguna vez? ¿Y quién tuvo a
    desdoro llamarle huésped suya y preparar la sala
    del convite?
    Quien lo hizo no es mi igual. Mi lenguaje se entronca
    con el de los inmoladores de sí mismos.

    El cuchillo bajo el que se quebró mi cerviz era un
    hombre llamado Eneas.
    Aquel Eneas, aquel, piadoso con los suyos solamente;
    acogido a la fortaleza de muros extranjeros; astuto,
    con astucias de bestia perseguida;
    invocador de númenes favorables; hermoso narrador
    de infortunios y hombre de paso; hombre
    con el corazón puesto en el futuro.

    —La mujer es la que permanece; rama de sauce que llora en las orillas de los ríos—.

    Y yo amé a aquel Eneas, a aquel hombre de promesa
    jurada ante otros dioses.

    Lo amé con mi ceguera de raíz, con mi soterramiento
    de raíz, con mi lenta fidelidad de raíz.

    No, no era la juventud. Era su mirada lo que así me
    cubría de florecimientos repentinos. Entonces yo
    fui capaz de poner la palma de mi mano, en signo
    de alianza, sobre la frente de la tierra. Y vi
    acercarse a mí, amistadas, las especies hostiles. Y
    vi también reducirse a número los astros. Y oí que
    el mundo tocaba su flauta de pastor.

    Pero esto no era suficiente. Y yo cubrí mi rostro con la
    máscara nocturna del amante.
    Ah, los que aman apuran tósigos mortales. Y el
    veneno enardeciendo su sangre, nublando sus ojos,
    trastornando su juicio, los conduce a cometer actos
    desatentados; a menospreciar aquello que tuvieron
    en más estima; a hacer escarnio de su túnica y a
    arrojar su fama como pasto para que hocen los cerdos.
    Así, aconsejada de mis enemigos, di pábulo al deseo y
    maquiné satisfacciones ilícitas y tejí un espeso
    manto de hipocresía para cubrirlas.
    Pero nada permanece oculto a la venganza. La
    tempestad presidió nuestro ayuntamiento; la
    reprobación fue el eco de nuestras decisiones.

    Mirad, aquí y allá, esparcidos, los instrumentos de
    la labor. Mirad el ceño del deber defraudado.
    Porque la molicie nos había reblandecido los tuétanos.
    Y convertida en antorcha yo no supe iluminar más que
    el desastre.

    Pero el hombre está sujeto durante un plazo menor a la
    embriaguez.
    Lúcido nuevamente, apenas salpicado por la sangre de
    la víctima,
    Eneas partió.

    Nada detiene al viento. ¡Cómo iba a detenerlo la rama
    de sauce que llora en las orillas de los ríos!

    En vano, en vano fue correr, destrenzada y frenética,
    sobre las arenas humeantes de la playa.

    Rasgué mi corazón y echó a volar una bandada de
    palomas negras. Y hasta el anochecer permanecí,
    incólume como un acantilado, bajo el brutal
    abalanzamiento de las olas.

    He aquí que al volver ya no me reconozco. Llego a mi
    casa y la encuentro arrasada por las furias. Ando
    por los caminos sin más vestidura para cubrirme
    que el velo arrebatado a la vergüenza; sin otro
    cíngulo que el de la desesperación para apretar mis
    sienes. Y, monótona zumbadora, la demencia me
    persigue con su aguijón de tábano.

    Mis amigos me miran al través de sus lágrimas; mis
    deudos vuelven el rostro hacia otra parte. Porque la
    desgracia es espectáculo que algunos no deben
    contemplar.

    Ah, sería preferible morir. Pero yo sé que para mí no
    hay muerte.
    Porque el dolor —¿y qué otra cosa soy más que
    dolor?— me ha hecho eterna.

    (De Poemas ,1953-1955)



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 04 Ago 2018, 00:59

    MÉXICO

    ROSARIO CASTELLANOS

    ANTOLOGÍA UNAM

    8) EL OTRO

    ¿Por qué decir nombres de dioses, astros,
    espumas de un océano invisible,
    polen de los jardines más remotos?
    Si nos duele la vida, si cada día llega
    desgarrando la entraña, si cada noche cae
    convulsa, asesinada.
    Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
    al que no conocemos, pero está
    presente a todas horas y es la víctima
    y el enemigo y el amor y todo
    lo que nos falta para ser enteros.
    Nunca digas que es tuya la tiniebla,
    no te bebas de un sorbo la alegría.
    Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
    Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
    lo que come es tu hambre.
    Muere con la mitad más pura de tu muerte.

    (De Al Pie de la Letra.)


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 04 Ago 2018, 01:03

    MÉXICO

    ROSARIO CASTELLANOS

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    9) NOCTURNO (*)

    Me tendí, como el llano, para que aullara el viento.
    Y fui una noche entera
    ámbito de su furia y su lamento.

    Ah, ¿quién conoce esclavitud igual
    ni más terrible dueño?

    En mi aridez, aquí, llevo la marca
    de su pie sin regreso.

    (De Al Pie de la Letra , 1959)

    (*) Rosario Castellanos tiene más de un poema con este mismo nombre.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 04 Ago 2018, 01:06

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    ROSARIO CASTELLANOS

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    10) DESTINO

    Matamos lo que amamos. Lo demás
    no ha estado vivo nunca.
    Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
    un olvido, una ausencia, a veces menos.
    Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
    de respirar con un pulmón ajeno!
    El aire no es bastante
    para los dos. Y no basta la tierra
    para los cuerpos juntos
    y la ración de la esperanza es poca
    y el dolor no se puede compartir.

    El hombre es animal de soledades,
    ciervo con una flecha en el ijar
    que huye y se desangra.

    Ah, pero el odio, su fijeza insomne
    de pupilas de vidrio; su actitud
    que es a la vez reposo y amenaza.

    El ciervo va a beber y en el agua aparece
    el reflejo de un tigre.

    (De Lívida Luz)



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 04 Ago 2018, 01:13

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    ROSARIO CASTELLANOS

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    11) LÍMITE

    Aquí, bajo esta rama, puedes hablar de amor.

    Más allá es la ley, es la necesidad,
    la pista de la fuerza, el coto del terror,
    el feudo del castigo.

    Más allá, no.

    (De Lívida Luz)



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 04 Ago 2018, 01:15

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    12) NOCTURNO

    Para vivir es demasiado el tiempo;
    para saber no es nada.
    ¿A qué vinimos, noche, corazón de la noche?

    No es posible sino soñar, morir,
    soñar que no morimos
    y, a veces, un instante, despertar.

    (De Lívida Luz)


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 04 Ago 2018, 01:17

    MÉXICO

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    13) AMANECER

    ¿Qué se hace a la hora de morir? ¿Se vuelve
    la cara a la pared?
    ¿Se agarra por los hombros al que está cerca y oye? ¿Se echa uno a correr, como el que tiene
    las ropas incendiadas, para alcanzar el fin?

    ¿Cuál es el rito de esta ceremonia?
    ¿Quién vela la agonía? ¿Quién estira la sábana?
    ¿Quién aparta el espejo sin empañar?

    Porque a esta hora ya no hay madre y deudos.

    Ya no hay sollozo. Nada, más que un silencio atroz.

    Todos son una faz atenta, incrédula
    de hombre de la otra orilla.

    Porque lo que sucede no es verdad.

    (De Lívida Luz)


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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb 04 Ago 2018, 01:33

    MÉXICO

    MARCO ANTONIO MONTES DE OCA

    BIOGRAFÍA

    Montes de Oca, Marco Antonio (1932-VVVV).

    Poeta y pintor mexicano, nacido en la ciudad de México en 1932. Autor de una honda y brillante producción lírica que aprovecha los mayores logros poéticos de la Vanguardia (fundamentalmente, del surrealismo y el creacionismo) para adentrarse por un nuevo sendero bautizado con el nombre de "poeticismo", está considerado como una de las voces más relevantes de la poesía azteca de la segunda mitad del siglo XX. Las altas cotas de calidad literaria alcanzadas por sus versos le han hecho acreedor a algunos de los galardones y reconocimientos más prestigiosos de su entorno cultural, como el Premio Xavier Villaurrutia (1959), el Premio Mazatlán de Literatura (1966) y el Premio Nacional de Lingüística y Literatura (1985). Además, Marco Antonio Montes de Oca ha sido becario de la Fundación Guggenheim, del Colegio de México y del Centro Mexicano de Escritores, así como fundador de la delegación mexicana del relevante PEN Club, en cuya junta directiva ha ocupado durante muchos años varios cargos de elevada responsabilidad. Por todo ello, tanto su obra como su persona ocupan un primer plano en la actualidad literaria no sólo de México, sino de todo el ámbito geo-cultural hispanoamericano, donde sus composiciones poéticas han sido incluidas en numerosas selecciones antológicas de la lírica actual escrita en lengua castellana.

    Inclinado desde su juventud hacia el conocimiento de las disciplinas humanísticas y el cultivo de la creación literaria, Marco Antonio Montes de Oca cursó estudios superiores de Letras y de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, aunque no llegó a culminar ninguna de estas dos carreras. Ligado, empero, desde aquellos años estudiantiles a cualquier actividad relacionada con el mundo de las Letras, ejerció oficios que le permitieron mantenerse siempre en contacto con el fecundo bullicio literario que estallaba por doquier en la capital azteca (como el de corrector tipográfico en la Imprenta Universitaria), hasta que el renombre alcanzado merced a la publicación de sus poemarios le permitió acceder a otros cargos de mayor relieve, como el de cónsul de México en España.

    Pero antes de llegar a la carrera diplomática había realizado ya varias notables incursiones en el campo de la creación poética, en el que se adentró por vez primera a mediados de los años cincuenta, con la publicación del poemario titulado Ruina de la infame Babilonia (México: Stylo, 1953), una espléndida opera prima que recabó de inmediato la atención de los lectores y la crítica especializada, y colocó su nombre entre los de las grandes promesas literarias de mediados de siglo. A pesar de haberlo dado a la imprenta cuando apenas contaba veintiún años de edad, este primer cancionero de Montes de Oca anunciaba ya la aparición de un poeta sorprendentemente serio y maduro, dotado de una brillante imaginación poética y de una singular intuición creativa en la expresión lingüística y la invención metafórica.

    La publicación de Ruina de la infame Babilonia propició, además, la plena integración de Marco Antonio Montes de Oca en todos los foros y cenáculos literarios que, a la sazón, bullían en ese fructífero hervidero cultural en que se estaba convirtiendo por aquellos años la capital mexicana. Se relacionó especialmente, durante aquellos años, con el poeta de su generación Eduardo Lizalde y con otro autor de mayor edad que ya era conocido en el panorama literario azteca por su adscripción al célebre grupo poético "Contemporáneos", Enrique González Rojo; y, entre los tres, idearon y difundieron un novedoso movimiento vanguardista -bien es verdad que ligado ya a un vanguardismo ciertamente tardío- al que denominaron "poeticismo", movimiento que, en opinión de uno de sus creadores (el citado Lizalde) fue tan fugaz como fracasado. Sus propuestas, empero, no fueron baldías, al menos en lo referido al proceso de elaboración de la imagen poética, aspecto de la creación en el que ponía un especial énfasis el "poeticismo". Según los tres autores que lo habían fundado, desde este movimiento se trataba de imprimir un rigor científico a la invención, con la finalidad de obtener una serie de imágenes en las que se reunieran por igual la brillantez plástica, la originalidad creativa y la eficacia expresiva. Y, a pesar del innegable fracaso del "poeticismo" (al menos, en lo que se refiere a su aceptación y asimilación entre otros poetas coetáneos a sus fundadores), lo cierto es que este riguroso proceso de elaboración del lenguaje poético dejó una huella indeleble en el resto de la producción lírica de Marco Antonio Montes de Oca.

    Tanta importancia cobró, en efecto, la creación de imágenes dentro de la necesidad expresiva del poeta mexicano, que al cabo del tiempo se vio impulsado a compaginar su dedicación a la escritura poética con una poderosa vocación pictórica de madurez, íntimamente ligada -eso sí- a los mismos afanes estéticos que habían dado razón de ser a su obra literaria ("mi poesía escrita durante las últimas cuatro décadas tiene raíz visual. Vía autónoma del saber, el poema no encuentra más centro que la realidad vista o entrevista. Pasa lo mismo con la pintura"). Continuó, de todas formas, cultivando una poesía profunda y encendida, de honda raigambre vanguardista, que, al paso que le convirtió en uno de los mejores exponentes de la denominada "Generación del 40", le acercaba por un lado a los postulados estéticos de otros grandes poetas mexicanos (como Octavio Paz y Carlos Pellicer) y, por otro lado, a la obra universal de algunos grandes vanguardistas hispanoamericanos que habían conmovido los cimientos de la literatura mundial unas décadas atrás (como el chileno Vicente Huidobro). Testimonio de este legado heredado por las mejores composiciones de Marco Antonio Montes de Oca son otros poemarios suyos como Delante de la luz cantan los pájaros (México: Fondo de Cultura Económica, 1959), Vendimia del juglar (México: Joaquín Mortiz, 1965), Cantos al sol que no se alcanza(1961), Fundación del entusiasmo (1963), La parcela en el Edén (1964), Poesía reunida (1953-1970) (México: Fondo de Cultura Económica, 1971), Se llama como quieras (México: Universidad Nacional Autónoma de México, 1974), El surco en la brasa (México: Fondo de Cultura Económica, 1974) y Comparecencias (1968-1980)(1980).

    A mediados de los años ochenta, ya consagrado como una de las grandes voces de la lírica hispanoamericana del siglo XX, Marco Antonio Montes de Oca dio a la imprenta su obra poética completa, recopilada bajo el título de Pedir el fuego (1953-1985) (México: Planeta-Mortiz, 1986).

    información tomada desde: www.mcnbiografías.com


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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb 04 Ago 2018, 01:35

    MÉXICO

    MARCO ANTONIO MONTES DE OCA




    De ahora para nunca


    Aquí en mi morada cada rama es una aguja de música.
    El huracán fatigado revolotea en la divinidad inmóvil,
    todo se llama amapola aunque no se mezcla ni sea roja;
    pero el diamante ya no tiene ganas de llorar y el fuego se despluma.
    Dios quiera que nadie descomponga esta relojería de cien mil almas.
    ¡Yo solito he sobrevivido con el soberano latido de mis puños!
    Yo sólo he dicho lo que sabe solamente el aire.
    Yo conozco la carne viva de la muerte.
    ¡Por eso lloro tanto granizo!
    Por eso habitas tanto con un suspiro.
    NADIE RECONOCE NUESTRAS NEBULOSAS DE RESINA
    y llegaremos despacio, pero cantando a más no poder.
    Llegaremos cantando sin saber de qué color es nuestro país,
    ni nuestro dolor, ni el tamaño de las discordias y reconciliaciones
    de la carne.



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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb 04 Ago 2018, 01:36

    MÉXICO

    MARCO ANTONIO MONTES DE OCA




    Latidos de agua


    En el centro de la plaza
    la rota cabeza del poeta es una fuente;
    la fuente canta para todos.
    Octavio Paz



    A solas habla la fuente
    sin respuestas para el silencio.
    Blancos mechones caen desde su frente,
    a cada momento un siglo se derrama
    sin que su parpadeo tenaz concluya,
    inclinada sobre sí misma, siempre en blanco:
    ávida luz ciega de altura.


    Yo tampoco descanso,
    si reposara el árbol que soy, cesaría.
    No hay savia más ruidosa que ésta con pensamiento y huesos.
    Tintineo y fulgor rebotan en mi corteza.
    Aquí estoy, no conozco mis raíces,
    surtidor de ojos cerrados.
    Sólo el habla me mantiene erguido
    para nadie y para todos.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 05 Ago 2018, 00:59

    "Yo tampoco descanso,
    si reposara el árbol que soy, cesaría.
    No hay savia más ruidosa que ésta con pensamiento y huesos.
    Tintineo y fulgor rebotan en mi corteza.
    Aquí estoy, no conozco mis raíces,
    surtidor de ojos cerrados.
    Sólo el habla me mantiene erguido
    para nadie y para todos."

    Desde luego vas mucho más adelantada que yo... Pero mientras me sigas descubriendo autores como MARCOS ANTONIO MONTES DE OCA, por no decir a todos los que ya expusiste, pues adelante: vamos de sorpresa en sorpresa: una suerte de Caja de Pandora de donde surge versos magistrales.

    Gracias, amiga mía.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 05 Ago 2018, 01:03

    MÉXICO

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    14) LO COTIDIANO

    Para el amor no hay cielo, amor, sólo este día;
    este cabello triste que se cae
    cuando te estás peinando ante el espejo.
    Esos túneles largos
    que se atraviesan con jadeo y asfixia;
    las paredes sin ojos,
    el hueco que resuena
    de alguna voz oculta y sin sentido.

    Para el amor no hay tregua, amor. La noche
    no se vuelve, de pronto, respirable.
    Y cuando un astro rompe sus cadenas
    y lo vez zigzaguear, loco, y perderse,
    no por ello la ley suelta sus garfios.
    El encuentro es a oscuras. En el beso se mezcla
    el sabor de las lágrimas.
    Y en el abrazo ciñes
    el recuerdo de aquella orfandad, de aquella muerte.

    (De Lívida Luz ,1960)



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 05 Ago 2018, 01:04

    MÉXICO

    ROSARIO CASTELLANOS

    ANTOLOGÍA UNAM

    15) CHARLA

    ...porque la realidad es reducible
    a los últimos signos
    y se pronuncia en sólo una palabra...

    Sonríe el otro y bebe de su vaso.
    Mira pasar las nubes altas del mediodía
    y se siente asediado (bugambilia, jazmín,
    rosal, dalias, geranios,
    flores que en cada pétalo van diciendo una sílaba
    de color y fragancia)
    por un jardín de idioma inagotable.

    (De Materia Memorable)



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 05 Ago 2018, 01:07

    MÉXICO

    ROSARIO CASTELLANOS

    ANTOLOGÍA UNAM

    16) ELEGÍA

    Cuerpo, criatura, sí, tú y yo nos conocimos.

    Tal vez corrí a tu encuentro
    como corre la nube cargada de relámpagos.

    Ay, esa luz tan breve, esa fulminación,
    ese vasto silencio que sigue a la catástrofe.

    Quienes ahora nos miran (piedras oscuras, trozos
    de materia ya usada)
    no sabrán que un instante nuestro nombre fue amor
    y que en la eternidad nos llamamos destino.

    (De Materia Memorable)



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    Mensaje por Lluvia Abril Dom 05 Ago 2018, 02:28

    Seguimos descubriendo, y la verdad es que yo, personalmente voy de sorpresa en sorpresa, positivamente siempre. Enriquecerse paseando lo desconocido siempre es positivo y emocionante.
    Gracias.


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    Mensaje por Lluvia Abril Dom 05 Ago 2018, 02:30

    MÉXICO

    MARCO ANTONIO MONTES DE OCA


    Frente a frente


    Encuentro pesadísimas piedras huecas,
    orbes sin pulpa que no son fuego
    sino la piel del aroma y también del aire,
    carne del éxtasis, inexistencia palpitante.

    No amo tanto la paradoja,
    sólo es mi necesidad de un choque entre lo opuesto
    que anda sobre ruedas, sólo odio lo que navega en doble sentido;
    en sentido correcto, propio, anodino.

    Verdea la esposa del cambio,
    un racimo de globos, sube con fulgor diverso
    por una ladera impalpable de cielo y alma
    y leo entre el uñazo de mis párpados
    mi vehemencia aquietada por el embeleso.





    _________________
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    Mensaje por Lluvia Abril Dom 05 Ago 2018, 02:33

    MÉXICO

    MARCO ANTONIO MONTES DE OCA




    COLIBRÍ

    Astilla que vuelas hacia atrás
    y te detienes
    y en picada avanzas
    contra el pecho milenario del perfume:
    En tus manos encomiendo
    las generaciones todavía plegadas a mi carne,
    las llamaradas de nieve en el diamante
    y la coraza de súplicas que protege a la ruina
    contra el definitivo polvo.
    En tus manos y alas encomiendo
    al siempre silencioso, al poeta
    que rasga sus vestiduras hasta el hueso
    y acoge a sus espectros
    y les trasmite nueva niebla
    soplando una canción entre sus labios secos.
    En tus manos encomiendo al niño marinero
    que crece cuando le falta piel
    para tatuarse el perfil de cuanto sueña;
    pues no le duele al revés del párpado
    su propia carne viva,
    ni el hombre al hombre,
    ni la sal a las heridas del mar.
    En cambio los niños
    sufren lacerantes vértigos
    cuando a punto de nacer,
    —completamente vendados por un vientre—
    sólo contemplan la luna
    cuando su madre bosteza.
    Por lo menos un niño sufre,
    pasa las de Caín y las de Abel
    cuando en la fiesta en que el adulto se complace,
    deshila o masca un pezón de trapo,
    en el sofá que doran por igual
    sus bucles y el siglo xviii.
    Mas yo voy a halarte de tus lágrimas,
    niño de huesos y encajes,
    flama, lumbre abovedada
    que no decreces cuando más te brilla la cabeza.
    Y a ti, niño sin zapatos ni pan,
    te alzaré por el lóbulo de la oreja,
    —asa por donde otros toman tu pequeña malicia—
    para extraerte de tu overol,
    ese caracol azul pegado en las esquinas
    donde tu hambre se enrosca
    junto a la pupila de los ricos.
    Voy a librarte de los espejismos que cortan.
    Sabe que hay para ti inéditos lugares,
    países envueltos en celofán
    y luces nacidas en el arco iris
    que empapelan de mariposas la carne al descubierto;
    hay altos pinos que ahorran caminatas a la lluvia,
    juncos alzándose en llanuras de espuma
    donde uno parte golpeándose en un cuadril
    y monta escobas de rubios belfos
    que van a buscar cebada al horizonte.
    Entretanto, olvidaré fastuosos convoyes que riegan zafiros
    mientras avanzan;
    olvidaré funámbulas imágenes que atraviesan el aro
    incendiado de una mirada;
    pero tú, colibrí, nunca olvides a los niños.


    Aprisa fuego, nube, espuma invencible
    que soportas meteoros en tu pecho:
    álzate más aún,
    calza los invisibles coturnos del halcón
    y ve si el ojo como el pez,
    salado para la única travesía memorable,
    al epitafio de todo esplendor supera;
    di si habrá siempre polvo sobre el polvo,
    espinas sin fin emponzoñando
    ese aire de oro que guarece a los lactantes.
    Aprisa fuente, borbollón, agua en ristre,
    hombre súbito de mica:
    ábrenos camino a la venerada complacencia del sol;
    pues el corazón merece ser inmortal
    y lo que muere,
    tiene poco tiempo para volverse eterno,
    para llevar dos ejemplares de cada alegría
    a su bamboleante Arca de Noé;
    poco tiempo para morir
    con la mano del mundo entre sus manos
    o retratarse en la yerba,
    flanqueado por la familia
    y el apacible colibrí.
    Mas si la pluma pierde al pájaro,
    que alivie su nostalgia
    montando en la cola de la flecha;
    si la puerta del cielo ya no se abre
    que el cucú regrese y con alas de madera la entorne
    nuevamente.
    Cuando haya anemia en el sol
    y lívida se torne la pradera,
    que el amor nos extienda su dulce contraseña
    y entremos a los talleres de la luz
    entre formas hambrientas de menos forma,
    entre ausentes pegasos
    que calzan herraduras de flores,
    por si alguna vez hubieran de pisar
    las atropelladas impurezas de la tierra.
    Tan hondo como las estaciones
    las criaturas se disfrazan.
    No es fácil que un palo ya ceniza
    abra las valvas de los astros,
    ni que haya en alguna parte
    sonajas que despierten a los moribundos.
    Tal vez entre gastados poliedros de una sola cara,
    se libere lo que es inútilmente libre
    y al fin el barco perdido en el Sahara,
    cruce mareas inmóviles,
    olas de arena fija.
    Tal vez, no sé, pero quizá
    uno se procure la dicha de ver al mundo como no es,
    el cuidado que nos merece la torre desde que es un
    ladrillo,
    la fuerza, la suplicante fuerza
    que no es dolor sino paciencia,
    paciencia para limpiar el lirio limpio,
    la ola de tiempo que descarna
    y lava hasta la invisibilidad
    la ropa íntima del fósil.
    En esa paciencia
    crecen los sencillos héroes
    que no fastidiaron a sus huesos
    con monumentos pesadísimos.
    Ellos redujeron al tigre a su última mancha,
    inflaron huesos hasta la escultura
    y polvearon de nuevo las apagadas mejillas de Neptuno.
    Tras ellos una transparencia se alzó
    como bocanada de celofán en el eje de las cuevas;
    el éter vio sus fronteras
    al amparo de noctívagos hachones;
    de las perlas salió la gota de bruma
    infundida por la tarde
    y hasta la incandescencia transparente
    se querellaron entre sí las joyas.
    Los sencillos héroes hicieron añicos
    sus escafandras de corcho
    y los escarceos en la superficie;
    con sus manos blindaron al mundo
    y gracias a su desolada insistencia
    se aclimataron en la tierra
    especies casi extintas de rocío.
    Ellos fueron naipes sobre castillos izados a pulso,
    diques de agua frente al infierno encrespado.
    Guardaron el silencio más difícil
    con un topo vivo emboscado en el pecho;
    mas no parecían llevar más allá del fin
    al delfín de sus hazañas;
    desfalcados por su abundancia de virtud,
    semejaban un vellón sin esperanza de cordero.
    Sin embargo, para siempre se mecen ahora
    en la rama de aire que habita el colibrí.

    De Poesía Reunida


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    Mensaje por Lluvia Abril Dom 05 Ago 2018, 02:54

    MÉXICO

    MARCO ANTONIO MONTES DE OCA



    A LA CUSTODIA DEL REINO NATURAL

    Termina la hilandera con su hilo
    y sigue con sus manos,
    tejiendo sólo tejiendo
    doradas guirnaldas para las sienes sin medida.
    Y sonríe la joya entre las comisuras del cofre,
    cunde su fabuloso esplendor de nebulosa a nebulosa,
    de civilización a civilización abriendo
    como un ariete sin reposo
    o una impávida corriente de miradas,
    el camino que enardece al girasol enamorado.
    Porque es el turno de la realidad
    y a ella toca vendarse las pupilas
    y adivinar a quien la vive;
    dígalo si no cada milagro,
    cada letra incrustada más allá de donde el hierro
    la grabó,
    la pena evaporada
    como la frescura del vino entre la mancha y el mantel,
    la piedra y el silencio que se esfuerzan en la misma
    estatua.
    Dígalo si no
    la fuerza del sueño que transforma herraduras en
    anillos de Saturno,
    la fuerza del sueño que abre pavorreales de jade entre
    las olas.
    Alta es nuestra fábula sin duendes,
    invisible el espejo que ningún moribundo empaña;
    breve la noche en que habremos de pulir
    la faz de las constelaciones,
    con la estopa, la prisa
    y la eficiencia de los ángeles.
    Talada por un aletazo la fuente se desploma.
    Alanceados por la música divina
    los charcos, como si fueran monedas de plata se
    incorporan y se ponen a rodar en plena calle.
    Trepada sobre los zancos del ingenuo papalote
    el alma se para de puntillas y profiere su secreto al éter
    memorable.
    Sobrevive el viento al molino
    y en el ojo aplanado de la ventana
    los rostros pasan, el vidrio queda;
    queda la fugaz maravilla atrapada en el rabillo del ojo del
    profeta,
    entre la espesura queda el rumbo ilustre que han
    tomado nuestros sueños,
    la estrella que ilumina su propia ciudad,
    la estrella que contra el cielo se vuelve y lo refleja.
    *

    No importa, de veras no importa adivinar
    en este momento para qué sirve la cabeza;
    no importa dónde nos pongamos el sombrero,
    no importa si me tomo una cucharada de perfume
    en vez de la medicina de las cuatro.
    Algo terrible pasa
    cuando los dioses demasiada confianza nos otorgan,
    cuando los hombres vuelan,
    queman, encabezan terribles minerías;
    sombras de materia igual
    vomitadas por distintos cráteres.
    Al arribo de la noche el tigre se ha manchado por
    completo,
    ruedan los huesos del lecho, malheridos,
    y ya nada quiero en esta fúnebre extensión
    que ofrece una guadaña para cada hormiga.
    Nada, ni relucientes arados para quien ha terminado
    el surco con las uñas,
    ni la sarta de águilas en el cuello de la estación
    degollada,
    ni cortinajes de cascada en el umbral de un paraíso
    demolido.
    Sólo quiero la rebanada aleteante de un crespón,
    murciélago de trapo anunciando muerte
    a la entrada del planeta.
    Sobre los túneles que como una boa de argamasa
    parecen devorar al ferrocarril,
    y en todas partes, en cada pie de ciempiés, en cada
    anillo del gusano,
    en los hoyos del salero,
    en cada hexágono de la piel del caimán,
    entre el filo y el resto del cuchillo,
    entre la alfombra y la madera polvorienta,
    se encuentra la señal que nos veda el paso,
    el tatuaje floreciente que azulea
    incendiando la transparencia y volviendo suya nuestra
    piel.
    Y cerca del invierno donde he plantado hierba
    demacrada
    y expuesto llanuras a otras mortales palideces,
    pasa el serafín comido por sus alas,
    pasa el hombre que es una hebra más,
    un rabo en la agitación de estiércoles,
    un blanco, un abisinio más contrario al ala.
    Mi mano ya es comba todo el tiempo,
    pide intensamente lo perdido,
    tal escudilla que pongo bajo la luna generosa,
    desarmado y triste,
    mientras mi suerte se esconde
    en un seto gris tupido de ásperos fantasmas.
    ¿A dónde vamos, alma, cuerpo,
    siameses unidos por un tridente,
    si un sol atizado con miradas
    apenas nos sostiene?
    Día vendrá en que a fuerza de cargar el cuerpo terrible
    de la belleza
    los hombres del crepúsculo cedan.
    Será el día en que los hijos nazcan a pocos minutos de
    los padres
    y con los cartílagos todavía muy endebles
    asuman su puesto en las barricadas.
    Bajo un rayo lento
    o una estalactita sin prisa por el suelo,
    la madurez para la muerte nos oprime.
    Y entre todos, el afanoso demente civilizado
    descuella por su fervor al fuego negro:
    por los intestinos de cristal del alambique se interna,
    por los agudos túneles del serpentín se desliza;
    todo lo investiga el minucioso infame,
    busca la cuadatrura del milagro
    en la vacía infinidad tranquila;
    a bordo de cabalgatas lunares se desplaza,
    hurga entrañas de la constelación remota
    y aún más allá:
    donde ni baldosas de viento existen
    ni existe el grueso blindaje de los conquistadores,
    ni grutas que el silbo de una distante flecha desmorona.
    Y mientras revientan sin explosivos los continentes
    y una roja escarcha de jueves santo
    hiere el muro tibio de las frentes,
    tú, afanoso demente, necesitas más:
    blanquear nuestras venas con la harina
    que a los gusanos embellece
    y ver si en Marte son posibles nuestras tumbas.
    Tal una procesión descontenta de difuntos
    cambiando su definitiva muerte
    por otra, en apariencia más profunda.
    Pero todo esto es cosa del diablo de la palabra.
    Del omnímodo diablo que en las infinitas recámaras de
    arena se recuesta
    para urdir cepos llameantes, húmedas mazmorras
    empapeladas de lama,
    trampas de poderosas sílabas y cerrojos,
    helados rascacielos de palabras.
    El discurso patrulla el aire con su invisible langosta de
    sonidos
    y con pájaros que por falta de espacio,
    turbiamente, unos a otros se acuchillan con las alas.
    La palabra está ennegrecida como el pasamanos
    que las razas frecuentan.
    Manoseada, cargada de creencias,
    lustrada hasta la desaparición de sus bellísimas
    láminas de esplendor,
    se hincha la palabra como un huesudo armario
    que en vez de camisas contuviera
    larvas como puntas de taladro
    para ahuecar el corazón de la luz.
    ¿Y para esto, sólo para hincharnos de huecas promesas
    escribimos sobre el vidrio más enrarecido
    y desechamos la pluma quebradiza, el gis del alcatraz,
    y usamos en su lugar la garra viva de alguna pantera,
    el mástil de naves imposibles,
    la piedra más entusiasta del cráter más furioso?
    ¿Sólo para que las trompas de caza no fueran
    presentidas por el ciervo
    y creciera la traición y nuestras más sagradas heridas
    se voltearan para mordernos,
    hundimos el relámpago
    en la yugular de una noche que duraba demasiado?
    Sí, nada más para el olvido hemos escrito,
    nada más para el olvido
    hemos atrapado lucientes migraciones con la sombra
    del muñón
    y dispuesto que nuestra mente sea un eterno
    invernadero de centellas
    y un secreto hospital que envarille las patas
    de la garza rota.
    Para eso nada más, para soltar andanadas que nadie
    escucha
    hemos descuidado el jardín de nuestra casa,
    el gozo entre recién nacidos,
    cuyas manos tan breves, pueden jugar a las canicas
    con los frutos del pirú,
    cuyos cuerpos tan breves, pueden refugiarse en una
    hoja de parra
    como detrás de un biombo.
    Todo fue tan inútil como adornarse
    con satélites de humo
    y con las negras palabras inconsistentes;
    fue ensangrentarse la cara con betún, fingir,
    emplumarse el cabello con aureolas enmohecidas y
    rajar las perlas
    en busca de un tesoro más hondo.
    ¿Te acuerdas?
    Luciérnagas había que deslumbraban al incendio.
    El aguacero caía sobre el barco de papel sin desdoblarlo
    y vanamente sola, triste, nunca vuelta
    sobre el hombro y orgullosa,
    al compás de ciertos címbalos
    la doncella daba clases de frialdad al páramo
    sin que el fervor de sus amantes decayera.
    Ahora, en cambio, gimen estatuas acribilladas por la
    nieve;
    dondequiera hay, existe,
    la conspiración de ruiseñores en voz baja.

    Pero el mar conviene a todos.
    *
    En el mar la voz comienza por el eco.
    El mar exhorta navíos con suaves empellones de bestia
    maternal,
    orientando sus travesías hacia playas donde, son piedras
    las piedras;
    no fetiches esculpidos con el tallido supersticioso de las
    uñas,
    tampoco losas frías en pugna con la espiga, ni piedras
    de sacrificio;
    sino piedras surgidas a la custodia del reino natural.
    En este reino seremos un dios fragmentado en
    muchas almas.
    En ti, paraíso abrumador
    habrá la luz de siempre celebrando el natalicio de los bosques
    y aniversarios de la aparición de un pájaro más alto que su vuelo;
    ahí los trozos de mezclilla desteñida serán como
    banderas,
    ahí tu imagen futura se pone túnica de espejos,
    se abre paso en la noche con un gusano de fósforo en
    la mano
    y tira del cordel de la luz hasta que el día se viene abajo.
    Cuando te ausentas, el velo de la cascada se parte en dos
    y el río que pule guijas, frotándolas con el pálido
    reverso de su sangre,
    en su diezmada soledad esconde el rostro.
    Pero si te quedas a dormir a nuestro lado,
    el arpa de cabellos más blancos es siempre la más pura
    y el árbol y la noche crecen juntos.
    Háse encumbrado la ilusión hasta ella sola.
    Contraria a todo,
    nacida al revés como el vástago difícil o la lluvia o el
    milagro,
    nos promete ahora la tierra prometida,
    que es la de antes,
    la nunca abandonada,
    la que nos guarda cuando los entorchados de lujo
    crecen hasta volverse alas,
    o cuando una astilla de silencio atraviesa para siempre
    los amargos labios del poeta.

    De Poesía Reunida




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    Mensaje por Lluvia Abril Dom 05 Ago 2018, 02:57

    MÉXICO

    MARCO ANTONIO MONTES DE OCA




    III

    No en palabras de amante que el tiempo vuelve
    mentirosas,
    sino en orgullo,
    el héroe al dios iguala.
    Y es que la vida abraza nuestro divino nivel
    cuando reside en el desarrollo y no en el fruto,
    cuando está en el movimiento y no en la flecha,
    en el rastro que deja la rodante naranja y no en el árbol,
    en el memorable, alucinado viaje que sólo un niño
    emprende a veces.
    Así el instante a la vida otorga el ser,
    porque con instantes,
    con arrugas que al siguiente vuelco de la ola ya no
    están,
    brotará alguna vez el sólido poema.
    Lento al principio, como flecha que un gallo arrastra,
    torpe, como el contoneo del pingüino en la pista
    del circo,
    tembloroso, como el zigzagueante manubrio que lleva
    un oro atravesado
    entre los cuernos de metal,
    y ágil, definitivamente ágil
    cuando el verso vaya como los humildes veleros
    impulsados por una camisa blanca,
    o los zapatos de oro de las hojas
    que sin conducir a nadie, viajan.
    Y tú señora que haces temblar al pez después de muerto,
    que pones en cabestrillo los rayos lunares heridos en la
    montaña;
    adorable señora que refuerzas las peceras resquebrajadas
    con los esparadrapos de tus lágrimas,
    míranos aunque no nos reconozcas.
    Y que el mundo de oro que yace amortajado entre mis
    viejos cuadernos,
    vuelva a sonreírme.
    Que las piedras abandonen el muro al son de la vihuela
    y tu invisible semáforo detenga mis pisadas
    en la orilla movediza.
    Considérame, oh poesía, como un rojo caracol pegado
    a tu torre incandescente.
    Acércate a mí con los senos reventando de agua marina
    y una flor extraña nadando en los ojos.
    Has venido a la guarida de un hombre desacostumbrado
    a respirar y a vivir.
    Infla entonces este mundo, más arrugado que
    una bellota,
    y que en tus hombros se reclinen las pagodas
    como grandes racimos de cabecitas de pájaros.
    Comienzo a callarme.
    ¿De qué seguiría hablando si todo leva anclas,
    si el aire atravesado en la noche por un estilete de finas
    larvas luminosas,
    se levanta desde temprano y purifica la cima azul?
    ¿De qué hablar si no del hombre,
    loco de alegría, valsando con su propia sombra
    cuando a la nieve le nace un hijo tan puro como ella?
    Tal es mi plegaria comenzada en diciembre,
    en el mes más amado de las estrellas,
    cuando toda invocación es dos veces escuchada.

    De Poesía Reunida


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    Mensaje por Lluvia Abril Lun 06 Ago 2018, 00:27

    MÉXICO

    MARCO ANTONIO MONTES DE OCA




    VISIÓN SOBREVIVIENTE

    Bullían bajo tu almohada las estrellas
    como bajo la piedra los insectos.
    El polvo dorado que dejan las mariposas en los dedos
    llenó los graneros.
    Eran blancos los lirios desde el comienzo de su tallo
    y tú, caminando por un largo entarimado con reflejos,
    cambiabas a cada instante
    como el camaleón que se muda de vestido todas las
    horas del año.
    Allí hubo de todo
    como en un aquelarre dirigido por lémures hambrientos.
    Y aunque el miraje delicioso se deshizo
    igual que un puñado de arena entre la lluvia
    o una medusa que se vuelve agua en un pañuelo,
    tú sigues dispersando a los hombres en tu babel
    de sencillez;
    suprimes como siempre y de inmediato
    el lugar donde reverdece la cizaña
    y continúas la erección de castillos incipientes
    jamás concluidos en la arena ni en el sueño.
    Y es que la desaparecida visión vivió lo suficiente
    para colmar tu manto y mi capa con sus frutos.
    El sagrado espejismo ya no era indispensable:
    sus cristales corren disueltos por nuestras venas
    y es nuestro pecho su alimento y su velada eternidad.

    De Poesía Reunida





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    Mensaje por Lluvia Abril Lun 06 Ago 2018, 00:28

    MÉXICO

    MARCO ANTONIO MONTES DE OCA


    LA DESPEDIDA DEL BUFÓN

    Se ajaron mis ropas de polvo colorido,
    al fondo del mar mis vestiduras devolví;
    ciego quedé junto al estanque,
    junto al río desmayado por un coletazo de su propia
    espuma.

    En vano busqué la imagen mía
    mirándome en el espejo oscuro de los girasoles;
    perdí el brillo inmortal liquidándolo a grandes sorbos
    y también mi franela para limpiar la luna
    y el puerto donde el atardecer cae de rodillas.

    Perdí mis entrañables pertenencias,
    mis lujos de hombre sin nada,
    la mirada antigua que crecía
    a la velocidad con que el tallo persigue su follaje.

    ¿Dónde quedarían mis palacios de agua con sueño,
    dónde las enormes hojas blancas
    que el invierno desprendió del mástil?

    ¿Las águilas del centro de la tierra,
    los dulces inventos de aserrín,
    mis bienes todos, apenas mensurables en latidos
    y alegría,
    en qué pliegue del caos hallaron sepultura?

    Damas y caballeros, piedras y pájaros:
    es la hermosura de la vida lo que nos deja tan pobres,
    la hermosura de la vida
    lo que lentamente nos vuelve locos.

    Oh señores, señoras, niños, flores:
    mi corazón comparece por última vez ante vosotros,
    se ajaron mis ropas de polvo colorido
    al fondo del mar mis vestiduras devolví.

    De Poesía reunida


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    Mensaje por Lluvia Abril Lun 06 Ago 2018, 00:30

    MÉXICO

    MARCO ANTONIO MONTES DE OCA



    EL AVE DESERTORA

    A mediodía visito al porvenir
    Por la mañana el porvenir me encanta
    A todas horas quiero
    Mi dotación de mariposas
    Con ojos verdes
    Pintados en las alas
    Estoy en mi derecho
    El cielo que pido es mío
    Quiero ser otra y amanecer la misma
    Denme mis bodas de fuego
    Con la infancia ensimismada
    Me voy me voy me voy
    Soy el ave de cresta roja
    Y huesos y alas transparentes
    Ustedes entienden todo
    No quiero abandonar a nadie
    Lo siento dispénsenme
    Me voy porque me necesito
    Cascadas esbeltas de animales
    Surgen de una sola nube
    Ellos vendrán con panes como nieve
    Ellos vendrán a sustituir
    La tajada de sol que yo me llevo.

    De Poesía Reunida


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 06 Ago 2018, 05:57

    MÉXICO

    ROSARIO CASTELLANOS

    ANTOLOGÍA UNAM

    17) RETORNO

    Has muerto tantas veces; nos hemos despedido
    en cada muelle,
    en cada andén de los desgarramientos,
    amor mío, y regresas
    con otra faz de flor recién abierta
    que no te reconozco hasta que palpo
    dentro de mí la antigua cicatriz
    en la que deletreo arduamente tu nombre.

    (De Materia Memorable ,1969)



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 06 Ago 2018, 06:04

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    18) ELEGÍA

    Nunca, como a tu lado, fui de piedra.

    Y yo que me soñaba nube, agua,
    aire sobre la hoja,
    fuego de mil cambiantes llamaradas,
    sólo supe yacer,
    pesar, que es lo que sabe hacer la piedra
    alrededor del cuello del ahogado.

    (De En la Tierra de enmedio)




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