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    Joseph Brodsky (1940-1996)

    Pedro Casas Serra
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    Joseph Brodsky (1940-1996) Empty Joseph Brodsky (1940-1996)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 08 Ago 2023, 05:09

    .


    Joseph Brodsky ( Leningrado —actual San Petersburgo—, 24 de mayo de 1940-Nueva York, 28 de enero de 1996), fue un poeta rusoestadounidense de origen judío. Se lo considera el poeta más grande nacido en la época soviética y, acaso con la sola excepción de B. Pasternak y A. Ajmátova, el más importante en lengua rusa de la segunda mitad del siglo XX. Ganó el Premio Nobel de Literatura en 1987.

    Biografía

    Estancia en URSS (1940-1972)

    Nació en la familia de un fotógrafo judío que trabajaba para la marina soviética. Expulsado de siete escuelas, a la edad de 15 años tenía trabajos eventuales, generalmente, aparte de los de la traducción, de mecánico.​ Reconocido como un extraordinario traductor desde la edad de diecinueve-veinte años por los maestros de la traducción en Rusia, Joseph Brodsky tenía sin embargo dos características que no le gustaban a muchos: los poemas que escribía eran líricos, no cantaban la gloria de la URSS sino la fatalidad humana, y estaba excesivamente seguro de sí mismo y de su poesía. En una ocasión, una revista de Moscú le pidió unos poemas suyos. Cuando Brodsky les llamó para saber cómo iba la edición, le comunicaron que publicarían solamente una selección. Brodsky se molestó porque el poemario debía salir completo por su coherencia, y ante el rechazo, retiró los poemas y los insultó por teléfono desde Leningrado. Asistió a la secundaria hasta sus quince años y luego se convirtió en autodidacta.

    Formó parte de los Huérfanos de Ajmátova junto a Eugeny Rein, Anatoly Naiman, y Dmitri Bobyshev, un grupo de poetas protegidos por Ajmátova. En 1964 se lo acusó de "parasitismo social" y se lo condenó a cinco años de trabajos forzados,​ de los cuales cumplió solo uno gracias a la intervención de Kornei Chukovsky, Dmitri Shostakovich, Anna Ajmátova, Samuil Marshak, Yevgeni Yevtushenko, el filósofo francés Jean-Paul Sartre.​ Desde entonces conservó una actitud de discreción hacia el régimen y, si bien nunca fue afiliado a la discrepancia política que tantos intelectuales compartían, sí mostró reserva en su relación con las autoridades soviéticas, como lo demuestra su negativa a pedir visado para concurrir a un encuentro internacional de poesía celebrado en Londres en 1969 y al Festival de los Dos Mundos de Spoleto (Italia).

    Emigración a los Estados Unidos (1972-1996)

    En mayo de 1972, las autoridades soviéticas le sugirieron que abandonara la URSS amenazándole, en caso contrario, con unos "días calientes", según la expresión del propio Brodsky.​ El 4 de junio de 1972, Brodsky abandonó su país con una maleta​ que contenía la máquina de escribir y un libro de poemas de John Donne.

    En 1972 tuvo dos breves estadías en Viena y Londres y finalmente se asentó en Estados Unidos, donde compaginó su labor poética con clases de literatura en diversas universidades norteamericanas. Adquirió su nueva nacionalidad en 1977.5​ En uno de sus poemas describe los obstáculos que encontró para plasmar sus ideas y sentimientos en inglés, su nuevo idioma.

    Su conocimiento de la poesía inglesa, y su enraizado sentido del aislamiento y la melancolía, lo llevaron a cultivar una poesía de meditación nocturna, como el largo poema Elegy to John Donne (1967). De su período en el exilio, que constituye la mayor parte de su vida, cabe destacar los poemarios El fin de la bella época (1976), Parte de la oración (1977), En Inglaterra (1977), Nuevas estancias a Augusta (1983), Urania (1987) y Paisaje con inundación (1996).

    También fue miembro de la sección de traductores de la Unión de Escritores de San Petersburgo, llamándose a sí mismo "poeta-traductor". Fue miembro asimismo de la American Academy of Arts and Letters. Publicó, además, dos obras de teatro y un gran número de ensayos recogidos en varios volúmenes, entre ellos Del dolor y la razón (1995).

    Joseph Brodsky falleció en Nueva York el 28 de enero de 1996 de un ataque al corazón.​ Por expreso deseo suyo, sus cenizas se enviaron a Venecia, siendo enterradas en el cementerio histórico de la Isla de San Michele.

    Reconocimientos

    En 1981 recibió el premio John D. y Catherine T. MacArthur,​ seguido de un premio Guggenheim. También el Premio Nacional del Libro por el libro de ensayos Less Than One.​ Se le otorgó el Premio Nobel de Literatura en 1987 por toda una obra que singulariza por su vitalidad y por su esfuerzo analítico de un Universo en equilibrio, sobre un fundamento religioso, aunque no testimonial.

    (Sacado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] )


    *


    Algunos poemas de Joseph Brodsky:


    DIOS EN EL CAMPO NO VIVE EN UN RINCÓN

    Dios en el campo no vive en un rincón
    como creen algunos burlones, sino en todas partes.
    Él santifica el techo, el  fogón
    y honrado reparte los portales.
    Llena de él todo el campo a rebosar.
    Prepara ollas de cocido el sábado
    y baila soñoliento en el hogar
    guiñándome el ojo, como a un testigo.
    Busca una esposa al guarda del lugar.
    Levanta los cercados.
    Y al visitante que viene a cazar,
    jocoso, le yerra eternamente el tiro.

    Y es que, ciertamente, esta mirada
    y escuchar el silbido del otoño
    es, en verdad, el único placer
    del que goza un ateo en la campiña

    6 de junio de 1965



    PARADA EN EL DESIERTO

    Ahora en Leningrado tan pocos griegos hay
    que hemos derribado la que fue su iglesia
    y se construirá una sala de conciertos
    en el lugar vacío. En tal arquitectura
    hay algo parecido a la esperanza vana.
    Si bien una sala de más de mil asientos
    no es algo tan inútil: pues representa un templo,
    y un templo al arte. ¿A quién culpar entonces
    de que la habilidad vocal reúna
    a más gente que los signos de la fe?
    Es lástima, no obstante, que a partir de ahora
    de lejos una cúpula normal ya no veamos,
    sino una horrible línea plana. Ahora bien,
    en cuanto a lo deforme de las proporciones,
    no es que dependa de ellas el hombre, más bien depende
    de la desproporción de lo deforme.

    Recuerdo yo muy bien cómo la derribaron.
    Era primavera, yo entonces frecuentaba
    la casa de unos tártaros
    que no vivían lejos. Y al mirar afuera
    por aquella ventana, veía yo la iglesia.
    Todo empezó aquel día con una charla tártara;
    después sobre la charla se entremezcló un rumor
    que si al principio se fundía en las voces
    muy pronto las ahogó.
    En el jardín del templo entró aquella grúa
    con su  bola de hierro colgada de la aguja.
    Y empezaron las paredes quedamente a ceder.
    Si no eres más que un muro y un destructor te embiste
    sería muy ridículo no hacerlo de esa forma.
    Por lo demás, la grúa allí podía verlo
    como a un objeto inanimado más,
    como algo, en cierta forma, a ella semejante.
    Y no existe costumbre en el mundo inanimado
    de devolverle a uno las vueltas de su cambio.
    Mandaron al lugar más tarde los volquetes,
    también excavadoras... Y cierta noche, tarde,
    me hallaba yo sentado sobre el ábside en ruinas.
    Encima del altar la noche que se abría.
    Y yo desde allí mismo por estos orificios
    miraba los tranvías en su huida avanzar,
    así como la hilera de pálidas farolas.
    Y aquello que en un templo jamás encontrarás
    ahora lo veía por el prisma de la iglesia.

    Un día, cuando ya nosotros no estaremos,
    o, digamos, tras nosotros, en nuestro lugar
    también asomará alguna cosa semejante,
    que hará sentir horror a quien nos haya conocido.
    Aunque tampoco serán muchos quienes nos recuerden.
    Así los perros siguen la vieja tradición,
    y alzan la pata en el lugar de siempre.
    La valla la han tirado, ocurrió hace siglos,
    pero, según parece, ellos se la imaginan.
    Sus sueños van tachando lo que es evidente.
    O puede ser que guarde aquel olor la tierra:
    y no pueda el asfalto con el hedor a perro.
    ¡Qué puede importarles esta casa horrible!
    Aquí hay para ellos un jardín; sí, un jardín.
    Y lo que para el hombre es algo evidente
    al perro le será del todo indiferente.
    A esto se le llama "fidelidad de perro".
    Mas puesto ya a hablar con toda seriedad
    de cómo se relevan nuestras generaciones,
    diré que creo sólo en este tipo de relevos.
    Y mejor dicho, en quienes perciben el olor.

    Tan pocos griegos hoy quedan en Leningrado,
    y más allá de Grecia, no son muchos tampoco.
    Al menos no son los suficientes como
    para conversar los edificios de su fe.
    Y nadie les obliga a creer en aquello
    que construimos nosotros. Pues una cosa es,
    según parece, llevar la cruz a una nación
    y es otra muy distinta, cargar con ella.
    Tenían ellos sólo una obligación.
    Y no supieron cómo acabar de cumplirla.
    El campo sin labrar se convirtió en barbecho.
    "Tú, sembrador, puedes guardar tu arado,
    que ya decidiremos cuando hemos de espigar."
    Ellos no han sabido conservar el suyo.

    Hoy, por la noche, por la ventana miro
    y me pongo a pensar: ¿adónde hemos llegado?
    ¿De qué más alejados nos hallamos:
    de la ortodoxia, de la herencia helena?
    ¿Qué nos queda más cerca? ¿Qué hay allá a lo lejos?
    ¿Acaso otra era ahora nos aguarda?
    Y si es así, ¿cuál es nuestro deber común?
    ¿Y qué hemos de ofrecerle a ella en sacrificio?

    1ª mitad de 1966



    NOCHE DE ENERO EN YALTA

    Un seco rostro levantino
    con marcas de viruela bajo las patillas.
    Mientras busca un cigarrillo en el paquete
    el mate anillo que luce en su anular
    refracta unos doscientos watts de golpe,
    mi pupila no soporta ese fulgor
    y entorno los párpados. Entonces se disculpa
    mientras aspira el humo.

    Enero en Crimea. A orillas del Mar Negro
    el invierno nunca llega a ser invierno:
    la nieve resbala sobre los agavez
    afilados como a navajas.
    Abren, vacíos, los restaurantes. Como sucios
    ictiosauros, los vapores humean en la rada,
    flota el olor a la pútrida hojarasca del laurel.
    "Le sirvo este brebaje." -"Sírvalo."

    En suma: una sonrisa, crepúsculo, garrafa.
    A lo lejos el barman, frotándose las manos,
    da vueltas como un joven delfín
    alrededor de una barca con pescado fresco.
    El cielo en la ventana. Un alhelí amarillo en su maceta.
    Pasan volando los copos de nieve.
    ¡Detente, instante! No eres maravilloso
    sino irrepetible.

    Enero de 1969



    CARTA A UN AMIGO ROMANO

    (De Marcial)

    Sopla el viento hoy, las olas se encaraman.
    ......Se acerca el otoño y trocará toda la vista.
    Y, Póstumo, este mudar de tonos te llega más al alma
    ......que ver cómo se cambia de vestido la amiga.

    De una doncella gozas hasta un punto cierro,
    ......que no supera el codo, la rodilla.
    Cuánta más dicha en la belleza ajena al cuerpo:
    ......a salvo del abrazo, la perfidia.

    *

    Te mando Póstumo, estos escritos.
    ......¿Y en la capital? ¿La cama te hacen blanda, o te resulta dura?
    ¿Qué es del César? ¿Sigue aún con sus intrigas?
    ......Con ellas sigue, imagino, y con su gula.

    Me encuentro en mi jardín, arde una tea.
    ......Sin una amiga, sin siervos, sin afectos.
    Y en lugar de los pequeños y grandes de la tierra,
    ......suena en concierto un zumbar de insectos.

    *

    Aquí yace un mercader de Asia. El mercader valía;
    ......era hábil, aunque fuera discreto.
    Murió deprisa: de unas fiebres. A hacer negocio había venido
    ......y no, ciertamente, a acabar en esto.

    Junto a él yace un legionario bajo un cuarzo grueso.
    ......Dio gloria al Imperio en la batalla.
    ¡Pudo caer tantas veces! Pero murió de viejo.
    ......Tampoco aquí, mi Póstumo, hay norma que valga.

    *

    Tal vez una gallina, en verdad, no llegue a ave,
    ......mas hasta con su seso te lloverán los palos.
    Si por fortuna en tierras del Imperio naces,
    ......mejor que vivas junto al mar, en un rincón lejano.

    Lejos del César, de fieros nubarrones,
    ......de la adulación, el miedo, la premura.
    ¿Que todos sus gobernadores, dices, son ladrones?
    ......Mejor quien roba que el que tortura.

    *

    Acepto esperar contigo que pase el aguacero,
    ......hetera, pero sin regateos de mercado:
    cobrar de quien te está cubriendo el cuerpo
    ......es como reclamar las tejas a un tejado.

    ¿Tengo goteras, dices? Mas ¿y la prueba del delito?
    ......No he dejado charco alguno en mi vida.
    Verás, el día en que encuentres un marido,
    ......como te dejará las sábanas perdidas.

    *

    Ya ves, ya hemos recorrido media vida.
    ......Como me dijo un viejo esclavo en la taberna:
    «Mirando alrededor tan sólo vemos ruinas».
    ......Dura opinión, lo reconozco, pero cierta.

    Estuve en las montañas. Un ramo aderezo con las flores.
    ......Un jarro he de hallar, llenarlo de agua fresca...
    ¿Por Libia cómo va, mi Póstumo, o dónde te encuentres?
    ......¿Será posible que aún siga la guerra?

    *
    ¿Recuerdas, Póstumo, la hermana que el gobernador tenía?
    ......Aquella delgadita, pero de gruesas ancas.
    Llegaste a dormir con ella... Ahora es sacerdotisa.
    ......Sacerdotisa, Póstumo, y con los dioses habla.

    Ven, tomaremos vino, de pan acompañado.
    ......O con ciruelas. Me contarás las nuevas.
    Te pondré el lecho en el jardín, bajo el cielo despejado
    ......y te diré cómo se llaman las estrellas.

    *

    Mi Póstumo, pronto tu amigo, amante de las sumas,
    ......su vieja deuda pagará a tanta resta.
    Encontrarás dinero bajo el cojín de plumas;
    ......para el entierro al menos basta, me parece.

    Ve en tu yegua negra donde las heteras viven,
    ......allá, donde la villa alcanza la muralla.
    Y págales lo mismo que por su arte piden,
    ......para que por suma igual lloren mi marcha.

    *

    El verde del laurel que el temblor alcanza.
    ......De par en par la puerta y polvo en la rejilla.
    La silla, abandonada, vacía la estancia.
    ......Y una tela que bebe el sol del mediodía.

    El Ponto ronca sordo tras los pinos negros.
    ......Combate con el viento un buque junto al cabo.
    En un reseco banco se sienta Plinio el Viejo.
    ......Murmura quedo un mirlo en un ciprés crespado.

    Marzo de 1972



    A EUGENIO

    En cualquier elemento el hombre
    es tirano, prisionero o traidor...

    A. Pushkin

    Yo estuve en México, escalé las pirámides
    impecables moles geométricas
    desparramadas por el istmo de Tehuantepec.
    Quiero creer que las hicieron visitantes del cosmos
    pues estas obras suelen edificarlas los esclavos
    y el istm0 está cubierto de hongos pétreos.

    Los ídolos de arcilla son tan fáciles
    de falsificar que propician rumores.
    Bajorrelieves varios, con cuerpos de serpientes
    y el alfabeto indescifrable de una lengua
    que ignoró siempre la conjunción o.
    ¿Qué contarían si empezaran a hablar?

    Nada. En el mejor de los casos, las victorias
    sobre tribus vecinas y cabezas partidas.
    Que la sangre del hombre vertida en el altar
    del Dios del Sol le fortalece un músculo.
    Que el sacrificio nocturno de ocho jóvenes fuertes
    garantiza el alba con mayor seguridad que un despertador.

    De cualquier modo es preferible la sífilis o las fauces
    mortíferas de aquellos unicornios de Cortés, al sacrificio.
    Si te toca en suerte alimentar con tus ojos a los cuervos
    es preferible que el asesino sea asesino y no un astrónomo.
    En general, sin esos españoles es muy poco probable
    que hubiesen llegado a tener la certeza
    de que alguna cosa les había pasado.

    Es aburrido vivir, querido Eugenio. Dondequiera que vas
    la estupidez y la crueldad te siguen.
    Me da pereza encerrar eso en versos.
    Como dijo el poeta: «En cualquier elemento...».
    ¡Qué lejos vio desde sus marismas natales!
    Yo agregaría: en cualquier latitud.



    EL BALLET CLÁSICO ES TEMPLO DE LO BELLO

    A Mijail Barýshnikov

    El ballet clásico es templo de lo bello
    cuyos sutile moradores se hallan separados del andar
    severo de los días por el silbante foso orquestal.
    Y los puestes están abiertos.

    Hundimos el trasero en blanda felpa imperial
    y, aleteando a vuelapluma una doncella
    su muslamen -no has de acostarte con ella-,
    se posa en el jardín de un salto.

    Y vemos enfundado de marrón al príncipe del mal,
    y al buen ángel, sin par paquete el del dueño.
    Y la ovación, de su elíseo sueño
    a un Chaikovski y Cia. puede despertar.

    ¡La danza clásica! ¡Arte de la mejor edad!
    Cuando hervía vuestro grog y se comía a besos,
    se cantaba cualquier cosa y volaban los cocheros,
    y si había un enemigo era Ney, el mariscal.

    Las cúpulas doraban las pupilas del municipal.
    Y morías donde habías nacido, en aquel mismo nido.
    Y si veías algo en el aire volar
    no un puente sino Pávlova había sido.

    Qué placer, lejos de Todas las Rusias, al llegar la noche,
    ver a Barýshnikov. ¡Su arte sigue incólume!
    El impulso del pie, el torso estremecido,
    en torno al propio eje un giro

    engendran el volar con que el alma, viéndose ya soltera
    está dispuesta a enfurecerse.
    Y en cuanto a dónde toque tomar tierra,
    es dura en todas partes; les recomiendo EE.UU.

    1976



    EL EXPLORADOR POLAR

    Todos los perros devorados. En el diario
    no queda una hoja en blanco. La foto de la esposa
    se cubre de palabras a modo de rosario,
    clavado en su mejilla el lunar de una fecha dudosa.
    Le sigue la foto de la hermana. Tampoco la respeta:
    ¡se trata de la latitud alcanzada! Y, cada vez
    más negra, por la cadera trepa la gangrena
    como la media de una corista de varietés.

    22 de julio de 1978


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    Joseph Brodsky (1940-1996) Empty Re: Joseph Brodsky (1940-1996)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 08 Ago 2023, 14:56

    .


    EL BUSTO DE TIBERIO

    Yo te saludo, pasados dos mil años.
    También tú fuiste marido de una puta.
    Es algo que tenemos en común. Por lo demás,
    en torno a ti está tu urbe. Estruendo, coches,
    chusma con jeringas en húmedos portales,
    ruinas. Yo, un viajero del montón,
    saludo ahora tu busto polvoriento
    en la desierta galería. Ah, Tiberio,
    aquí no alcanzas ni los treinta. Del rostro
    mana la confianza de quien domina el músculo
    más que el futuro de su suma. Y la cabeza,
    que el escultor cortara en vida,
    muestra en esencia el augurio del poder.
    Todo lo que queda bajo el mentón es Roma:
    provincias, cohortes y también rentistas,
    más un sinfín de infantes que besan tu aguijón
    -placer en clave de la loba
    que alimenta a los críos Remo
    y Rómulo-.(¡Los mismos labios!,
    musitando, dulces, inconexos
    entre los pliegues de la toga.) A fin de cuentas:
    un busto en señal de independencia entre cuerpo y cerebro.
    De hecho, incluido el del Imperio.
    De dibujar tú mismo tu retrato,
    sería todo él circunvoluciones.

    Aquí no alcanzas ni los treinta. Nada
    en ti detiene la mirada.
    Ni, a su vez, tu firme observar
    está dispuesto a detenerse en algo:
    ni en rostro alguno ni en un
    paisaje clásico. ¡Ah, Tiberio!
    ¡Qué más te da lo que rezonguen
    Tácito o Suetonio en busca de las causas
    que te hicieron cruel! No hay causas en el mundo,
    tan sólo efectos. Los hombres son sus víctimas.
    Y sobre todo en las mazmorras donde todos confiesan;
    no en vano confesar bajo tortura,
    como las confidencias del niño,
    se torna monocorde. Lo mejor es
    no tener nada que ver con la verdad.
    Por lo demás, ésta no eleva. A nadie.
    Menos aún al César. Al menos,
    tú apareces más capaz de ahogarte
    en tu baño que por una gran idea.
    Y en general, ¿ser cruel no es acaso
    precipitar tan sólo el común destino
    de toda cosa, o la caída libre
    de un cuerpo simple en el vacío? En él
    siempre acabas en el momento de caer.
    No vendrá el diluvio tras nosotros

    Enero. Un aluvión de nubes
    sobre la invernal ciudad a modo de mármol sobrante.
    El Tíber, que huye de la realidad.
    Las fuentes, que echan agua hacia el lugar
    de donde nadie mira, ni cómo quien no ve,
    ni entornando la mirada. ¡Es otro tiempo!
    Y no hay modo de atrapar al lobo
    enloquecido. ¡Ah, Tiberio!
    ¿Quiénes somos nosotros para ser tus jueces?
    Has sido un monstruo, mas fiera impasible.
    Pues la naturaleza, cuando crea sus monstruos
    -las víctimas jamás-, los plasma, no obstante,
    a semejanza suya. Más nos vale mil veces
    -si escoger nos es dado-
    que venga a destruirnos un engendro del infierno
    antes que un neurasténico. Con treinta sin cumplir,
    el rostro hecho en piedra, cara rocosa,
    creada para dos milenios,
    te asemejas a un instrumento natural
    de exterminio, y en nada a un esclavo
    de pasión humana alguna, o a un forjador de ideas
    y demás. Y defenderte de las invenciones
    es como proteger al árbol de sus hojas,
    con su complejo de que ellas son, entre susurros
    inconexos pero claros, mayoría.

    En la desierta galería. En mediodía gris.
    El ventanal tiznado con las luces del invierno.
    El ruido de la calle. Ajeno por completo
    a la textura del espacio, el busto...
    ¡No puede ser que no me oigas!
    Pues yo también huí, sin mirar hacia atrás,
    de todo lo que me había sucedido; me convertí en isla
    con sus ruinas, sus cigüeñas. También me esculpí
    el rostro por medio de un candil.
    A mano. Y lo que llegase a decir,
    lo que haya dicho, a nadie le interesa,
    y no en su momento, sino hoy mismo.
    ¿No es esto también un modo de acelerar
    la historia? ¿No es un intento -logrado por desdicha-
    de colocarse el efecto delante de la causa?
    Y además, también en el total vacío,
    lo cual no garantiza un gran aplauso.
    ¿Arrepentirse? ¿Rehacer tu suerte?
    ¿Jugar, como se dice, con otra baraja?
    Pero, ¿vale la pena acaso? La lluvia radiactiva
    nos cubrirá no mucho peor que tu historiador.
    ¿Y quién vendrá a maldecirnos? ¿Una estrella?
    ¿La luna? ¿Una termita enloquecida por
    las incontables mutaciones, de tronco fofo, eterna?
    Todo es posible. Pero, cuando, como un objeto duro,
    se tope con nosotros, ella también, tal vez,
    algo turbada, detendrá la excavación.

    «Un busto -exclamará en el lenguaje de las ruinas,
    del músculo abreviado-, un busto, un busto.»

    1985



    INFORME PARA UN SIMPOSIO

    Les propongo un pequeño tratado
    sobre la autonomía de la vista. La vista es autónoma
    debido a lo dependiente del objeto
    de nuestra atención, sin remedio aquel
    externamente dispuesto; el ojo nunca se ve a sí mismo.
    El ojo, entornado, navega tras la nave,
    levanta el vuelo tras el gorrión desde la rama,
    se envuelve en la nube de la escena en sueños,
    como una estrella; sin verse a sí mismo, sin embargo, nunca.
    Precisemos esta idea, tomemos a una bella dama.
    A determinada edad ustedes no observan a las damas,
    perdida la esperanza de cubrirlas, sin un pragmático
    interés. Pero, a pesar de ello, el ojo,
    como un televisor sin apagar
    en un piso vacío, sigue emitiendo la imagen.
    Y uno se pregunta: ¿para qué?
    Siguen a lo dicho varias tesis del capítulo dedicado a lo bello.
    La vista es un medio de adaptación
    del organismo a un medio adverso. Incluso cuando
    se haya acoplado por completo a él, dicho medio sigue siendo
    absolutamente hostil. Y la hostilidad del medio crece
    en la misma medida en que permanezcáis en él;
    y se aguza la vista. Lo bello no amenaza
    a nada. Lo bello no esconde
    peligro alguno. La estatua de Apolo
    no muerde. La sábana, tampoco.
    Y os lanzáis tras el fru-fru de una falda
    en búsqueda del mármol. El gusto estético
    es en esencia copia del instinto de conservación
    y es más seguro que la ética. Lo monstruoso
    cuesta más el convertirlo en bello, que destrozar
    lo hermoso. Necesitamos a un zapador
    para desactivar lo peligroso.
    Estos empeños merecen un aplauso
    y ofrecerles todo género de apoyo.
    Pero, separado del cuerpo, el ojo
    antes preferirá instalarse en algún lugar
    de Italia, de Holanda, o de Suecia.

    Agosto de 1989
    Toró




    HOLANDA ES UNA TIERRA LLANA

    Holanda es una tierra llana
    a fin de cuentas convertida en mar,
    que, en conclusión, no es otra cosa
    que Holanda. Los peces sin pescar,
    charlando en holandés entre ellos,
    no dudan que sea su libertad
    mezcla de gravados y encajes. Morir de sed,
    subir a una montaña, en Holanda es imposible.
    Todavía cuesta más dejar un rastro fiel,
    cuando te vas de casa montado en bicicleta,
    y en barco, no digamos. Pues los recuerdos son
    Holanda. Y no hay un solo dique
    que pueda contenerlos. Interpretado así,
    yo vivo en Holanda desde hace mucho más
    que de su mar las olas, que corren a lo lejos
    sin destino. Como estos versos.

    (1993)



    INVITACIÓN AL VIAJE

    Primero con un adoquín rompe el cristal.
    De la cocina pasa al comedor (recuerda: hay dos escalones).
    Echa del piano a Piotr Ilich y a Beethoven
    separa la tercera pata y el dinero encontrarás.

    No dobles a la alcoba y no vacíes los cajones,
    si no, onanizarás. Allí y en el guardarropa
    huele a perfume; pero aparte de trapos de Dior,
    no hay nada vendible en Europa.

    Al cabo de dos horas, cuando anuncien el vuelo,
    ten calma; estírate, reprime un bostezo.
    En cualquier grupo de viajeros, por lo común, hay un judío
    con patillas y con niños: únete a su cortejo.

    Por la mañana, cuando Zizi abra las cortinas e informe
    que el Louvre está cerrado, atrapa su pelo mojado, hunde
    su cara boba en la almohada y tras rugir un "toma"
    hazle aquello tras lo cual una cantante queda muda.

    (1993)



    INTERVENCIÓN EN LA SORBONA

    Conviene, en todo caso, estudiar filosofía
    después de los cincuenta. Y más, si cabe, edificar
    modelos de una sociedad. Antes debemos
    aprender a cocinar un caldo y a freír, no digo ya a pescar,
    pescado, hacer un café como es debido.
    De lo contrario, las leyes éticas
    huelen a cinturón paterno o bien a traducción
    del alemán. Hay que aprender primero
    a perder las cosas, más que a adquirirlas,
    odiarse más que a un tirano,
    apartar años enteros la mitad de tu exigua paga
    para la habitación, y luego razonar
    sobre la victoria final de la justicia. Que llega siempre
    con retraso, por lo menos al cabo de un cuarto de siglo.

    Conviene estudiar la obra de un filósofo por el tamiz
    de la experiencia, con gafas (que de hecho es lo mismo),
    cuando las letras se derriten, o cuando una señora
    en cueros sobre una sábana arrugada de nuevo
    os parece una foto o la reproducción
    del cuadro de un pintor. El verdadero amor
    a la sabiduría no pide ser correspondido
    y desemboca no en boda
    a modo de ladrillo editado en Göttingen,
    sino en una imposible actitud hacia uno mismo,
    en el color de la vergüenza, a veces, en una elegía.
    (Suena el tranvía en algún lugar, los ojos se te pegan,
    regresan entre coplas los soldados del burdel,
    llueve y es lo único que os recuerda a Hegel).

    La verdad es que la verdad
    no existe. Más ello no os libra
    de toda responsabilidad, sino justo al revés.
    La ética no es más que el mismo vacío que llena,
    constantemente casi, la conducta humana;
    no es más, si les parece, que el propio cosmos.
    Los dioses no aman la bondad por su cara bonita,
    sino porque, de no existir el bien, ellos no existirían.
    Así que, a su vez, también los dioses llenan el vacío.
    Y con afán tal vez aún más sistemático
    que el nuestro, pues con nosotros más vale
    no contar. Aunque somos mucho más
    de lo que nunca fuimos, y no estamos en Grecia:
    nos pierden las nubes bajas, y la lluvia, como ya se ha dicho.

    Hay que estudiar filosofía cuando ésta
    no nos hace falta. Cuando adivináis ya
    que los asientos de vuestro comedor y la Vía Láctea
    están relacionados de modo más estrecho
    que los efectos y las causas, más que vosotros mismos
    con vuestros familiares. Que sillas y estrellas
    tienen en común su cualidad de insensibles, su inhumanidad.
    ¡Y eso es algo que une con más fuerza que la propia sangre,
    Y que cópula alguna! Naturalmente, no es bueno
    Pretender asemejarse a las cosas. Pero, por otra parte,
    Cuando enfermáis no tenéis por qué curaros, tampoco temblor
    por cómo os veáis. Esto es lo que la gente sabe
    después de los cincuenta. Y es la razón por la que,
    al verse en el espejo, mezcla metafísica y estética.

    Marzo de 1989


    JOSEPH BRODSKY, No vendrá el diluvio tras nosotros. Antología poética (1960-1996), Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2000.


    Última edición por Pedro Casas Serra el Mar 08 Ago 2023, 15:19, editado 1 vez


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    Joseph Brodsky (1940-1996) Empty Re: Joseph Brodsky (1940-1996)

    Mensaje por cecilia gargantini Mar 08 Ago 2023, 15:04

    Qué pena que muriera tan tempranamente!!!!!!!!!
    Tiene mucha fuerza su escritura y lo siento bastante existencialista.
    Tal vez el germen esté en sus raíces y en todo lo vivido.
    Gracias Pedro, una vez más!!!!!!!!!!
    A continuación señalo algunos versos...


    y es que, ciertamente, esta mirada
    y escuchar el silbido del otoño
    es, en verdad, el único placer
    del que goza un ateo en la campiña
    ---------------------------------------------

    Hoy, por la noche, por la ventana miro
    y me pongo a pensar: ¿adónde hemos llegado?
    ¿De qué más alejados nos hallamos:
    de la ortodoxia, de la herencia helena?
    ¿Qué nos queda más cerca? ¿Qué hay allá a lo lejos?
    ¿Acaso otra era ahora nos aguarda?
    Y si es así, ¿cuál es nuestro deber común?
    ¿Y qué hemos de ofrecerle a ella en sacrificio?

    ----------------------------------------------------------------

    Me encuentro en mi jardín, arde una tea.
    ......Sin una amiga, sin siervos, sin afectos.
    Y en lugar de los pequeños y grandes de la tierra,
    ......suena en concierto un zumbar de insectos.
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    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 08 Ago 2023, 15:21

    Muchas gracias, Cecilia, por tu interés. ¡Y nos llega traducido, que siempre pierde en la traducción la poesía!

    Un abrazo.
    Pedro


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