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    Luis Antonio de Villena (1951- Empty Luis Antonio de Villena (1951-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 24 Jun 2023, 13:22

    .


    Luis Antonio de Villena
    (Madrid, 31 de octubre de 1951)​ es un poeta, narrador, ensayista, crítico literario y traductor español.​ Como poeta se le asocia con el grupo de los novísimos o venecianos. Su lírica y prosa, sensible al pasado cultural y a la contemporaneidad, su postura estética,​ cercana al movimiento dandi, se resume en un epicureísmo homoerótico​ que asume tradiciones culturalistas​ y decadentes.​ En su obra se percibe una tendencia cada vez más centrada en el fracaso y la marginación, aunque abundan los cambios de perspectiva —desde los sonetos de Desequilibrios a los renovados poemas en prosa de La prosa del mundo—. Es uno de los autores más reconocidos de la literatura homosexual en España, abordada en el conjunto de su polifacética obra.

    Biografía

    Primero escribí ensayos porque quería ser sabio y luego poesía después de leer a los modernistas y los simbolistas (Manuel Machado, Verlaine, Baudelaire…). A los quince o dieciséis años ya tenía escrito algún libro. Creo que el primero se llamaba «Aromas de ensueño». Luego lo rompí. Posteriormente, en segundo de carrera, ya en la Universidad, tuve un profesor que me empujó a la literatura en vivo, al mundo editorial. Mi primer libro publicado es de cuando yo tenía 19 años, pero ya era mi octavo libro.
    Luis Antonio de Villena​

    Fue alumno del Colegio del Pilar de Madrid​ en el que sufrió bullyng. En su formación influyeron los clásicos grecolatinos y, sobre todo, algunos poetas de la modernidad como Pound o Cernuda. Es licenciado en filología románica y estudió además lenguas clásicas y orientales.​ Su obra creativa en verso o prosa ha sido traducida a varias lenguas —entre ellas, alemán, japonés, italiano, francés, inglés, portugués o húngaro—.​ Ha recibido los premios Nacional de la Crítica en poesía (1981), el Azorín de novela (1995), el internacional Ciudad de Melilla de poesía (1997), el Sonrisa Vertical de narrativa erótica (1999) y el premio de poesía «Generación del 27» (2004).​ En 2007 obtuvo el II Premio Internacional de Poesía El Viaje del Parnaso, por su libro titulado «La prosa del mundo».​

    Es doctor honoris causa por la Universidad de Lille (Francia) desde noviembre de 2004 y ha realizado traducciones de William Beckford (la Excursión a Batalha y Alcobaça), de los sonetos de Miguel Ángel, del poeta inglés Ted Hughes (exmarido de Sylvia Plath), del francés Du Bellay, del latino Catulo, de la poesía goliárdica medieval y de la parte de la Antología Palatina denominada «Musa de los muchachos» y compilada por Estratón de Sardes, que reúne poemas homoeróticos de varios autores.​ Ha escrito numerosos ensayos de crítica literaria y colabora habitualmente en la prensa con artículos de opinión;​ también ha sido antólogo de poesía joven y ha realizado diversas ediciones críticas.​ Es, asimismo, un habitual conferenciante y contertulio en radio y televisión. Desde octubre de 2008 a julio de 2010 dirigió y presentó el programa Las aceras de enfrente, en Radio 5 de RNE, dirigido al colectivo LGTB. Actualmente habla de libros en el programa de RNE El ojo crítico.

    (Sacado de https://es.wikipedia.org/wiki/Luis_Antonio_de_Villena#Obra_narrativa )


    *


    Algunos poemas de Luis Antonio de Villena:


    De El viaje a Bizancio (1972-1974):


    PASEO EN LA MAÑANA

    El hermoso, el vivaz, el virgen hoy
    cunde y desteje en muchedumbre lenta,
    la luz se engarza oscura en un cabello
    y el sol de tan oscuro-dulce nos sorprende.

    Te brilla y multiplica en todas partes
    ese giro de luz. Acá, allí, andas
    y te detienes. Te apoyas, bebes, cruzas.
    Ver delicado esplendor o virales turgencias.

    Aquí el negro río de los ojos, aves
    maravillosas. Allí el inflexible tallo que se
    inclina. Su apariencia de cuerpo. Su tersura.

    Allí el cabello rubio, el oro oscuro, la
    codiciada piel que aman los tactos. La mirada.
    El hoy te multiplica en gozo por la tierra.



    PISCINA

    Con un ligero impulso la palanca palpita,
    y el desnudo se goza un instante en el aire,
    para astillar después en vibraciones verdes
    el oro y el azul y la espuma que canta.

    Desciendes un momento. Y riela en los visos
    del cristal transparente el fuego que galopa
    entre las ramas verdes, y es túnica
    de seda que amorosa recoge la selva de tu cuerpo.

    Te detienes y nadas. El fondo es tu capricho.
    Como un solaz de algas que amase tu cabello
    te complaces en verte por grutas submarinas.

    Y al regresar al sol, nos miras en la orilla,
    mientras, toda codicias sexuales, el agua
    deseosa, se goza solitaria en tu cintura.




    De Hymnica (1974-1978):


    IDILIO

    Para Juan Gil-Albert


    Mira, lector, la luminosa mañana
    del verano. Observa el sol que todo
    lo enciende y lo despierta. El verdor
    de los árboles. La luz prodigiosa
    en la que pájaros se embriagan.
    Y míralos a ellos, ahora, caminar
    hacia la piscina sabiendo que un día
    feliz les aguarda. ;ira sus cuerpos
    jovencísimos y sus rostros radiantes.
    Míralos andar bajo la gran mañana.
    Y al desvestirse ya, el roce tan leve
    de la piel, como un cálido vaho,
    y la cómplice sonrisa franca. Mira
    el agua que quiebra sus pechos. El bronce
    que fulge al sol y la tersa espalda.
    Dormirán a la tarde, y por la noche
    volverán a reunirse, limpios,
    prodigiosos. Obsérvalos ahora, juntos
    en la habitación en penumbra.
    El cigarrillo que humea, las sonrisas,
    la atmósfera estival, el tacto apetecido.
    Míralos desnudos sobre el lecho,
    brillantes y felices en la noche.
    Y regocíjate, que en tales días
    lo que vaya a venir, no importa nada.



    UN ARTE DE VIDA

    Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa,
    tu corbata de tarde, la carta que le escribes
    a un amigo, la opinión sobre un lienzo, que dirás
    en la charla, pero que no tendrás el torpe gusto
    de pretender escrita. Beber, que es un placer efímero.
    Amar el sol y desear veranos, y el invierno
    lentísimo que invita a la nostalgia (¿de dónde
    esa nostalgia?). Salir todas las noches, arreglarte
    el foulard con cariño esmerado ante el espejo,
    embriagarte en belleza cuanto puedas, perseguir
    y anhelar jóvenes cuerpos, llanuras prodigiosas,
    todo el mundo que cabe en tanta euritmia.
    Dejar de amanecida tan fantásticos lechos,
    y olerte las manos mientras buscas taxi, gozando
    en la memoria, porque hablan de vellos y delicias
    y escondidos lugares, y perfumes sin nombre,
    dulces como los cuerpos. ¡Qué frío amanecer entonces,
    qué triste es, qué bello! Las sábanas te acogerán
    después un tanto yermas, y esperarás el sueño.
    Del día que vendrá no sabes .nada. (No consultas
    oráculos). Te quemarán hastíos y emociones,
    tertulias y bellezas, las rosas de un banquete
    suntuario, y las viejas callejas, donde se siente
    todo, en el verano, como un aroma intenso.
    Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa.
    y si todo va mal, si al final todo es duro,
    como Verlaine, saber ser el rey de un palacio de invierno.



    EPINICIO

    Salta al aire, y arde al sol en un brillo encendido.
    El músculo se estira victorioso. Ondea el pelo rubio,
    y bailan sedas de agua sobre una piel de oro.
    Bulle un río, y el cuerpo es la sed de una batalla.
    Los brazos se alargan, y las piernas armoniosas
    y brillantes. Se cierra un bosque al cerrar los ojos.
    Cantan las manos. El cuerpo adolescente reta al aire.
    Como un himno se eleva la figura, y se ondula.
    El pelo nada, la piel seduce al ámbar, y el impulso
    se transforma en joven música encendida. Salta ahora.
    Y es todo victoria. Quien saltó y quien baja es otro distinto.
    Y va más allá el milagro porque es otro el que mira.




    De Huir del invierno (1977-1981):


    LE POÈTE DE DIX-SEPT ANS

    Ausente y raro te dirán muchas veces.
    Melancólico, vago y quizá, pervertido.
    Alguien (también) te mirará los grandes ojos
    azules, pensando, un nómade exquisito.
    Es extraño, se dirán, que lea tanto
    y saque tan poco oficio; y que simulando
    escrupulosa timidez, perfecta cortesía, llegue
    a casa tan tarde, de no se sabe dónde,
    acaso sin camisa y el mirar vacilante...
    Y ahora caes en la cama recordando
    las páginas leídas de Novalis, un caballo
    nocturno galopando en el mármol, mientras
    ella accedía a las tardes oscuras —contigo—
    de Venecia: Dos leones dorados en el palacio viejo.
    Y los vinos bebidos, y el ron en los bares
    de barrio, y los paseos sin rumbo entre
    las avenidas vacías al filo de la madrugada...
    Mientras la mano larga va del cabello rubio
    a los labios perfectos y al imberbe claror
    de la mejilla, el sueño convocando.
    Serías Perceval en los fuegos de Nietzsche.
    Chatterton, tal vez, en el lienzo de Wallis
    (por el cabello y por el cuerpo largo, como
    prerrafaelita). Tiene mucho de tópico romántico...
    Hay razzias, vagabundos, hermosura, poemas
    abrasados al teclear la máquina, una lluvia
    de plata, por la piel al tocaros, y los ojos pausados,
    llenos de tanta luz, al hablar con amigos
    (otra tarde) de proyectos y líneas en futuro...
    Imposible, te piensan, y tan inmensamente
    fácil: Un piso sin muebles, y las llamas y el marfil
    desnudo. ¿No ves la Luna arriba?
    Demasiada erudición (dirán otros) en un paso
    inseguro. Desconocen el tema del ensayo.
    Ni sofocos de jazz, ni ensueño en Selinunte.
    Acaso seas también fugacísimo y breve.
    Pero dormido ahí, la ropa retirada sólo
    a medias, gozando tantos sueños e ignorando
    tu fuego, nos salvas hoy el mundo:
    El gozo, la pasión, la luz, la insólita alegría.



    RAZÓN DE AMOR

    Contestaré a tu pregunta:
    La verdad es que historias de amor,
    lo que se dice amor, yo no las he tenido.

    El bellísimo amor coronado de flores
    que arrastra al peregrino
    (véase Geoffrey Chaucer, y el cuadro de Burne-Jones),
    el amor que hace al alma brotar alas,
    el amor constante más allá de la muerte,
    el que obliga a escribir a sangre y tinta:
    de vos no quiero más que lo que os quiero,
    ese (posiblemente) aún no lo conozco.
    Y me pregunto ahora qué me falta
    (o qué me ha faltado) para ello.
    Porque la pasión me ha raptado a menudo,
    y he tenido locuras y delirio
    por cuerpos muy concretos. Y con ciertas personas
    (aunque pocas) una leve inclinación sentimental
    hacia algo más allá, desconocido,
    empantanado luego en tal o cual laguna,
    charco, aburrimiento,
    que sería largo y sin gracia narrar ahora.
    Tú entonces me decías:
    Debes seguir, empeñar algo, insistir de nuevo.
    Pero no. Me faltaba (y me falta)
    el arrebato ese, que dicen, del amor verdadero.
    ¿En exceso he gustado la belleza física
    o —platónico impenitente
    la quiero concordar con un alma perfecta?
    Y es que el amor —lo que se dice amor
    llega muy pocas veces, aunque se obstinen tantos
    en convertir el aureus en moneda corriente...
    Porque debe la belleza picar dentro del cuerpo,
    y debes sentir cómo las alas surgen,
    y volar hacia arriba, y encontrarte a ti mismo
    (diferente) en codiciable espejo.
    Mas puede también ser que el amor —incipit
    vita nova
    — no te aparezca nunca.
    Pues antes lo tuviste, o —es justicia—
    habrás de tenerlo luego.
    Goza en ese caso de los mensajeros. Acepta
    el cariño, la leve disposición al fuego...
    Las camas (si es posible) y los hermosos cuerpos.
    Pero ten presente (y ahí estoy contigo de acuerdo)
    que eso no es el amor.
    El verdadero amor, coronado de yedra y de violetas,
    el muchacho de sandalias doradas,
    que llega, como Alcibíades, al final
    del discurso y del banquete, ebrio en la oscura noche,
    hijo de Poros y de Penia,
    gozoso, joven eternamente, limpio y puro,
    y dà per li occhi una dolcezza al core...



    AL SUR, EN UNA PEQUEÑA CIUDAD PROVINCIANA

    Me iría, como tantos han hecho.
    Aún me pregunto qué me retiene aquí.
    Y me imagino paseando aquellas calles
    donde llegará el olor del mar y el del campo.
    Recorriendo, un poco ocioso, aljamas
    y juderías, y bebiendo —a la tarde— el vino
    caliente de las tabernas. Charlando
    de pescado y flores, con vecinos. Ofreciendo
    cigarros, y guardando para mí las alegrías
    más íntimas: la cabeza vista en el Museo,
    las páginas del libro leídas por la noche,
    mientras el sueño me llega con murmullo
    de mar, y arde entre los labios la metáfora.
    Tardes bajo el parral en los veranos,
    noches en la campiña con olor de cuerpo
    y de retama, mañanas marinas con
    el brillo de un metal ardiendo el aire.
    ¿Qué ha sido de él?—preguntarían.
    A mí me pareció siempre un tipo raro.
    Y me imagino paseando aquellas calles
    entre vaho de jazmín y de albahacas.
    Pequeñas calles moras con sillas a la puerta,
    donde hablo con la mujer del precio de la compra,
    y un muchachillo oscuro me sonríe:
    Juan, al que ayudo en sus deberes por la tarde.

    ***

    Hacia el sol y el sur el camino es muy largo.
    Hay que despojarse y enriquecerse de muchas cosas.
    Pero no tengo miedo. Sé que me hablarán las gentes
    que amo, y que no me faltará un cuerpo joven
    en la noche de invierno. Primigenia belleza
    que ya admiro. Vello y joyel como un poema
    leído en Ibrahim Ibn Sahl, musulmán sevillano.

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    Luis Antonio de Villena (1951- Empty Re: Luis Antonio de Villena (1951-

    Mensaje por cecilia gargantini Sáb 24 Jun 2023, 14:52

    Del día que vendrá no sabes .nada. (No consultas
    oráculos). Te quemarán hastíos y emociones,
    tertulias y bellezas, las rosas de un banquete
    suntuario, y las viejas callejas, donde se siente
    todo, en el verano, como un aroma intenso.
    Vivir sin hacer nada. Cuidar lo que no importa.
    y si todo va mal, si al final todo es duro,
    como Verlaine, saber ser el rey de un palacio de invierno.

    ------------------------------------------------------------------


    Me gustó mucho este autor, sobre todo los versos que destaco!!!!!!
    Graciasssssssssss Pedro y buen finde
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    Luis Antonio de Villena (1951- Empty Re: Luis Antonio de Villena (1951-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 25 Jun 2023, 04:01

    Celebro que te haya gusto, Cecilia. Gracias por tu comentario.

    Un abrazo.
    Pedro

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    Luis Antonio de Villena (1951- Empty Re: Luis Antonio de Villena (1951-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 25 Jun 2023, 06:34

    .


    De La muerte únicamente (1981-1984):


    DIOS DEL AMOR

    Podrías ser la vida, pero está muy lejana.
    Ni siquiera engañarse resultaría fácil...
    La imperfección y el tiempo - la vida- nos separa.
    Así es que tú también eres muerte de nuevo.

    Hermosa muerte dulce, cuerpo de belleza
    perfecta, plenitud, gracia, vida, muerte absoluta.
    Y su risa de ensalmo era también la muerte,
    y ayer la muerte rubia, y la forma soberbia

    de contundente oro, y el sexo y la mirada.
    Todo muerte. Su longura de río, el alhelí que
    palpas, la humedad de los labios, la penumbra,

    el olor suave de su piel y las rosas... Muerte todo.
    Fríos mis labios ya de besar tanta muerte,
    desnudo y solo, espero la nada o el engaño.



    TEMAS CREPUSCULARES

    Las primeras ilusiones que se pierden
    (y hablo de sentimientos)
    mueven mucho aparato de tragedia,
    pero en realidad que poco importa.
    El jersey roto se sustituye por uno nuevo aún mejor,
    o cuando menos,y a nuestro parecer, aún más hermoso.
    La verdad es que en esos momentos
    la vida pugna por salir, el agua es clara, se cuela la ilusión
    (vivaz y alegre aunque se derrumbe y vuelva)
    por todos los resquicios, por todas partes.
    Y el crepúsculo no es sino la esperanza de un día nuevo.
    Pero después (lo sabes) es distinto.
    Se cruza el horizonte como sin darse cuenta.
    Se tacha un teléfono (o te cansa la voz)
    mas no hay con quien sustituirla. Y cuanto queda en lejanía,
    ese te llamaré dentro de dos semanas,
    que tú hubieses querido inminente y ahora,
    saber que la novedad se vuelve cuesta arriba,
    y que a menudo no se cambia el jersey
    sino que se acude al arte muy pobre del remiendo;
    todo eso te va llenando de nostalgia,
    te va tornando irremisiblemente más absurdo, más lejos,
    y cuando recuerdas como te ilusionaron ciertas cosas,
    el gozo que viviste tan intenso,
    tantas puertas bien dispuestas por delante,
    has de decirte que ya no eres aquel,
    te preguntas qué ha pasado, pues no hace aun mucho tiempo,
    y cuando intentas colocarte la vieja máscara
    no cabe, los rasgos no corresponden,
    hay sutiles variaciones, pero definitivas e ineluctables.
    Así es que sueñas quedarte en una isla,
    empiezas a ser escéptico con el futuro,
    te tiñes de añoranza, no te importa rebajarte
    para pedir amor (cariño, acaso, que es palabra más débil)
    aún esperando ya -y casi de antemano-
    las dos inevitables semanas (perpetuas)
    que habrá por medio.
    Y aunque veas que todavía brilla el sol,
    tú dices que ya no es como antes.
    Y cuando los chicos se marchan de la isla, anocheciendo,
    al que (como tú) pregunta si no es muy duro quedarse solo,
    le respondes, sirviéndote una copa y con triste sonrisa,
    esa frase que tanto has estudiado, esa frase tan tuya:
    Querido, pero si todos estamos solos. ¿No lo sabes?



    TRABAJOS DE AMOR PERDIDOS

    Por cierto que es absurdo pedir un futurible.
    Y muy vano igualmente invocar el pasado.
    Pero esta noche yo daría cuanto tengo en la vida
    porque algún día de entonces, cuando nos conocimos,
    cuando yo contemplaba tu radiante sonrisa,
    la magia de tus ojos por la emoción transido,
    al despedirnos,me hubieses dicho también que me querías.
    (¡Oh júbilo del mundo brotando enardecido...!)

    Por lo demás este ejercicio tan vacuo, tan vacío,
    no es inútil del todo, ya que haciendo memoria
    se aprende a bien morir, pues no se ha vivido.



    DÍAS DE OCIO EN EL PAÍS DE YANN

    ¿Qué verano fue? ¿El del 78, el del 79?
    Hubo días -¿te acuerdas?- en que parecía no existir
    el mundo. Quiero decir el trajín, las guerras,
    el crimen, la política, la constante mentira que se nutre
    con todos… Como si el sol –dijéramos–
    lo envolviese todo. Sólo el latir de la sangre
    en los miembros, la noche que se abría como
    damas de noche, su perseguido cuerpo tan silvestre
    y tan dulce, untado aquel amanecer de pachulí
    o frambuesa. Que lo hacía imbesable ¿te acuerdas?
    No existía el mundo ni el tiempo (fueron cuatro
    o cinco días, acaso seis seguidos) en que la vida,
    eso que llamamos vida –la pasión de los labios,
    el corazón ardiendo, la embriaguez de las horas cuando
    rompe los límites, un júbilo de sol y de cuerpo
    asentido– la vida, coincidía por entero con los vivos,
    y vivir era exactamente igual que estar viviendo.
    Te lo conté, Higinio, ¿te acuerdas? Un verano, hace tiempo…
    Y se me ocurre ahora (ahora que noto de nuevo
    -ponme otra copa, sí- que huele ya a fin del invierno, y tal vez
    tornen a ocurrir días milagrosos como ésos) pienso,
    fíjate, que la plenitud de estar vivo debe parecerse
    enormemente a todas las demás plenitudes: El gran
    amor, el gozo de ser otro, el hondo fin en que un dolor se muda,
    y sobre todo estar muerto. La plenitud de estar vivo
    debe ser casi igual a la muerte. Pues morir (o vivir) es sólo
    desentenderse del mundo, de su miseria, y del tiempo.




    De Como a lugar extraño (1985-1989):


    A QUIENES BUSCAN LA ALEGRÍA

    A Ricardo Almenar. In memoriam.

    II

    Parece poca cosa y la desprecian todos los que no la conocen.
    No es profunda, dicen, no entra en los hondos laberintos del mundo.
    Es retintín de vidrio; nada sólido se fundamenta en ella.
    Mas cuando conocemos a uno de los seres
    que sin saber por qué, donosamente, la poseen
    y erigen en sí mismos su arquitectura exacta
    ¡ah, qué luz de mañana veraniega,
    qué olor de celindas en la noche del sur,
    qué sonar de una música barroca,
    continua, esplendente, bullente y rumorosa!
    Es como un regalo que uno no mereciera,
    una nieve fina y sueva que te cae de improviso,
    un templo construido alto, lleno de sol,
    y abajo el mar azul, feliz, pleno de espuma...
    La alegría es un don portentoso y absurdo,
    y sólo nuestra pobre condición desdice o menosprecia la alegría.
    No se puede pensar: se posee sólo.
    No tiene definición: es música.
    No contiene ideas, pero las cumple todas.
    Es un viento de magia y el olor de unas rosas.
    Quien nunca la conoció
    o quien no la merece,
    quien nunca vio ese mármol límpido en la altiva colina,
    y ya olvidó que un día la rozó muy suave,
    cuando oye hablar de ella,
    cuando siente su risa,
    el mágico tintín de una copa perfecta,
    el alado cendal que sin tocarse vive;
    el denso, el menesteroso, el torpe,
    el que sueña durezas y asperezas de vida,
    pregunta sorprendido
    ¿quién es, de quién habláis, qué estáis diciendo?
    ¿por qué, tan de repente, os habéis puesto frívolo?




    De Marginados (1993):


    MADRUGADA EN MADRID, AGOSTO, 1990

    Gran Vía noche arriba, florece la heroína en traje negro.
    En las miradas sientes agujas sucias, pensiones de miseria,
    ojos buscando no sabrías si tumba u otro cuerpo.
    Tanta delgadez lunar florece en la Gran Vía,
    tanto temblor de manos, tanta ruina de infección y hambruna,
    manchas cutáneas, acaso, sidosos fantasmas que murieron,
    temor a casi todo, mientras la leche cae del tetrabric abierto,
    como ese último sueño de aferrarse a una norma...
    Escuchas pillar algo. Hay un dolor tan denso subiendo
    la Gran Vía, la enfermedad vagando, aliada del sexo,
    y aquel muchacho en pantalones cortos, sucios, la chica revestida
    de huesos esqueléticos, dirías silicóticos peones gaseados.
    La Gran Vía nocturna es un hondo pasillo de antracita,
    y hay cuartos por detrás de agonizantes solos, sollozos y rateros.
    Bajo las casas nobles de principio de siglo -polvorientas-
    africanos y yonquis, navajas, viejas putas,
    jovencitos oscuros, jeringuillas, travestís y camellos
    cantan la gloria opaca, la cochambre sin letra de este fin de milenio macilento




    De Asuntos de delirio (1996):


    EL AÑO EN QUE VIVÍ MI JUVENTUD

    Cuando acababa de cumplir veinte años,
    harto del romo ambiente de Madrid
    y de aquella facultad de progres aburridos,
    me largué a Italia, en busca de placer
    y doctrina, y llegué muy pobre a la hermosa Ferrara...
    ¡Aún recuerdo sus altas torres de ladrillo
    románico, y los tapices prerrafaelitas de sus nobles casas,
    o el pozo de un cortile que manaba agua de Grecia!
    ¡El salón de espejos vénetos y columnas toscanas,
    la dama Graffi que tocaba la espineta oscurecido
    y tenía un hijo con alas al que llamaban Chat de-lys...!
    Los espiritistas evocaban a Catuloo por las tardes
    y los que íbamos de jarana y chianti
    por las húmedas callecillas estrechas,
    bajo la luna, evocábamos a la reina Leonor,
    que cabalgó desnuda en Antioquía.
    Ferrara estaba llena de golfos y eruditos
    y se decían palabrotas en latín,
    y las putas del barrio judío traducían del parsi
    libros eróticos secretos, y bebían vino de Chiraz,
    porque Ferrara tiene algo de luna de Oriente...
    ¡Que me lo digan a mí! Una noche llamó
    un estudiante a mi buhardilla y me dijo que
    su nombre era Karim, nacido en Delhi, musulmán...
    Y le invité a beber té chino, y a escuchar a Haendel,
    y Karim me dijo que me regalaría una perla,
    porque íbamos a ser amigos toda la vida y esa noche entera...
    Y a la hermana de Karim le decían Hindu,
    y los tres galopamos muchas tardes entre los pinos,
    extramuros de Ferrara, y una noche nos pintamos
    los labios para amarnos y recitarnos los tres una canción
    goliárdica que había compuesto aquel muchacho húngaro...
    Ferrara era una fiesta de música y amores,
    rumor de besos, resonar de copas,
    y de los palacios colgaban cintas de seda
    y sones de rabel, como abejitas de un oro muy blanco...
    Había fuegos y gitanos por las noches,
    negros de Sudáfrica, indios de Amazonas
    con collares de ignotos colmillos sobre su piel finísima
    y todos -por la noche- nos reuníamos a bailar,
    comer betel con anís, y hacer ofrendas a Hathor...
    Las callejuelas olían a ostras y a líquenes
    y en el río, a mediodía, había chicos desnudos
    y princesas de Bassani en fábulas doradas...
    La dama Armida murió de amor.
    Y el príncipe Fauzhi llevaba un guepardo
    cuando le invitabas a sandwiches...
    Pero Karim y Hindu volvieron a La India.
    Y mi familia me llamó desde Madrid, indignada.
    -¿Te has dado cuenta de que ya tienes veintiún años?
    Vamos, querido, es hora de volver y trabajar...
    Debes pensar seriamente en el futuro.

    Así es que dije adiós, adiós para nunca jamás a Ferrara.



    EL INVIERNO DE LA EDAD MEDIA

    Desaté tus sandalias
    y te besé los pies. Fríos, estaban fríos
    y hermosamente rojos de la nieve.
    Tumbados junto a un fuego de encina,
    entre ese olor vegetal y cálido del mundo,
    oíamos a los monjes cantar salmos, muy oscuramente...
    ¡Tu cuerpo hermoso! ¡Cómo besé tu cuerpo,
    tan blanco, dulce y fuerte, mientras te entredormías!
    Tragué tu sexo entero.
    No podía olvidar que caminábamos juntos, flagelantes,
    hacia el perdón y hacia la penitencia...
    El silencio parecía un gigante
    y el rezo de los monjes el retumbe de un barco en la galerna.
    No sé si me decías:
    ¿Estamos cerca ya del final de los tiempos?
    Tu cuerpo de tan recio me parecía dulce.
    Dulces fríos tus pies. Dulce tu axila.
    Tu cuerpo, con el sayal subido.
    Tu cuerpo erecto allí.
    No sé adónde íbamos. Era el más duro invierno.
    La nieve más profunda. y la voz de los monjes
    retumbaba en la piedra.
    La música -dijiste- la música...
    Tus labios eran rosas, suavemente rojos
    como tu dulce cuerpo...
    Hermano mío de tiempo y penitencia.
    ¿Qué hacemos los dos juntos? ¿Dónde vamos?
    ¿Dónde nos lleva el miedo? No es la peste, no el hambre.
    El viento ruge en el claustro de piedra.
    Los monjes cantan en plegaria de sombra.
    Estamos solos, tú y yo, hermano. Solos...
    Es una Edad media interminable. Fuego ahí, en la noche oscura.



    UN CUENTO EN AZUL

    Seguramente estaba sola.
    Llevaba los ojos muy cercados de negro.
    Era mayor, vieja, con ropas gastadas.
    Por la noche -más aún en invierno-
    se acercaba a los jardines del convento o del parque
    con su bolsa de plástico
    llena de despojos para gatos.
    Junto a las verjas, entre las plantas, por las aceras nocturnas,
    la vieja dama de los ojos negros,
    más sola que el más solo de la tierra,
    buscaba a los gatos.
    Bonito ven. Ven, mi rey. Para ti también, mimosa.
    Toma, linda. Ay, qué bueno, tesoro...
    y los gatos callejeros, los gatos atigrados del jardín,
    la iban rodeando zalameros, altivos, dulces,
    formando una Piedad extraña
    de una madre y sus hijos, en el fin de los tiempos.
    Mira a la gatera (oí decir otra noche
    a unos que pasaban) vaya vieja loca...
    Pero la vieja dama de los ojos negros,
    con su bolsita de plástico y despojos,
    ya no oía. Nunca oía. Porque el mundo
    -desde hacía mucho tiempo-
    no era afortunadamente real para ella.
    Por ello nos sorprendió saber
    que una noche de aquellas,
    un hermoso muchacho con uniforme azul
    se acercase a la dama y le dijese:
    Soy el Rey de los Gatos, madame.
    Y se cruzaron sus miradas.
    Y el muchacho de los ojos gatunos la besó en la boca.
    Los gatos se restregaban en sus piernas.
    Y tomó de la mano a la dama.
    Y se fueron hacia un mundo perfecto,
    un maravilloso mundo de luz
    que un benévolo dios creó para las viejas locas,
    donde los gatos son chicos
    y los chicos son gatos
    que tienen siete almas, y no envejecen nunca,
    como quiso aquel Rey
    del Día Primero del Antiguo Mundo Bien Hecho.




    De Celebración del libertino (1996-1998):


    CIUDADES DE LA LLANURA I

    Eran torres altas, verticales.
    Rubios guardianes en la puerta.
    Baños de piedra negra y lisa.
    Toallas, masajistas, flautas...
    Mujeres cantando en los pasillos,
    jovenes guerreros litigando.
    Carreras de motos y de carros,
    caballos, adolescentes crinados.
    Sonaba música extrema
    y los amantes dormían en brazos
    de idénticos amantes delicados.
    Lucha libre, tiro al arco.
    Púgiles, bailes, torsos,
    atletas, jabalinas, émbolos
    de aceite sobre muslos llanos...
    Hermosa perfección de hombres
    libres: Ejecutivos amando.
    Soldados, modelos, actores
    del desnudo, dioses del estadio...

    Eran torres altas, verticales.
    Guardias rubios en la muralla.
    ¿Por qué empezó a llorar sal
    ardiendo? ¿Quién odiaba?




    De Las herejías privadas (1998-2001):


    HIMNO DE ADORACIÓN EN SILENCIO

    Eras de oro. En calzoncillos, de oro.
    Y así, una tarde, creí que luchabas por mí.
    Para verte. Como la pelusa en tus tobillos
    crecía tu sexo y mi sexo para nunca. No sé.
    Eras de sol y dulzura. De fuego solar.
    Ingrávido, lujoso, cotidiano, imperceptiblemente
    compañero, hermoso y vulgar.
    ¡Cuánto amé tus piernas, cómo soñé tu ternura!
    Ligero y alto, brillabas de gimnasia y monte.
    Inmaculado, erecto, sucio en mi amor inmaculado.
    Compañerito, ¿te dabas cuenta? Estoy seguro de
    que, como yo en esos días, nadie te quiso.


    LUIS ANTONIO DE VILLENA, Alejandrías (Antología 1970-2003), Renacimiento, 2004.


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