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    Francisco Umbral (1932-2007)

    Pedro Casas Serra
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    Francisco Umbral (1932-2007) Empty Francisco Umbral (1932-2007)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 05 Jun 2023, 04:57

    .


    Francisco Umbral  (Madrid, 11 de mayo de 19321​ - Boadilla del Monte, Madrid, 28 de agosto de 2007) fue un novelista, columnista, poeta, periodista, biógrafo y ensayista español. Es autor de Mortal y rosa, uno de sus mejores títulos, publicado en 1975.

    Biografía

    Fruto de la relación entre Alejandro Urrutia, un abogado cordobés padre del poeta Leopoldo de Luis, y su secretaria, Ana María Pérez Martínez,​ nació en Madrid el 11 de mayo de 1932,​ en el hospital benéfico de la Maternidad, entonces situado en la calle de Mesón de Paredes, en el barrio de Lavapiés,​ como acreditó la profesora Anna Caballé en su biografía Francisco Umbral. El frío de una vida.​ Su madre residía en Valladolid, pero se desplazó hasta Madrid para dar a luz con el fin de evitar las habladurías, ya que era madre soltera.​ El desapego y distanciamiento de su madre respecto a él habría de marcar su dolorida sensibilidad. Pasó sus primeros cinco años en la localidad vallisoletana de Laguna de Duero y fue muy tardíamente escolarizado, según se dice por su mala salud, cuando ya contaba diez años; no terminó la educación general porque ello exigía presentar su partida de nacimiento y desvelar su origen. El niño era sin embargo un lector compulsivo y autodidacta de todo tipo de literatura, y empezó a trabajar a los catorce años como botones en un banco.

    En Valladolid comenzó a escribir en la revista Cisne, del S.E.U., y asistió a lecturas de poemas y conferencias. Emprendió su carrera periodística en 1958 en El Norte de Castilla promocionado por Miguel Delibes, quien se dio cuenta de su talento para la escritura. Más tarde se traslada a León para trabajar en la emisora La Voz de León y en el diario Proa y colaborar en El Diario de León. Por entonces sus lecturas son sobre todo poesía, en especial Juan Ramón Jiménez y poetas de la generación del 27, pero también Valle-Inclán, Ramón Gómez de la Serna y Pablo Neruda.

    El 8 de septiembre de 1959 se casó con María España Suárez Garrido, posteriormente fotógrafa de El País, y ambos tuvieron un hijo en 1968, Francisco Pérez Suárez «Pincho», que falleció con tan solo seis años de leucemia, hecho del que nació su libro más lírico, dolido y personal: Mortal y rosa (1975).​ Eso inculcó en el autor un característico talante amargo y envarado, absolutamente entregado a la escritura, que le suscitó no pocas polémicas y enemistades.

    En 1961 marchó a Madrid como corresponsal del suplemento cultural y chico para todo de El Norte de Castilla, y allí frecuentó la tertulia del Café Gijón, en la que recibiría la amistad y protección de los escritores José García Nieto y, sobre todo, de Camilo José Cela, gracias al cual publicaría sus primeros libros. Describiría esos años en La noche que llegué al café Gijón. Se convertiría en pocos años, usando los seudónimos Jacob Bernabéu y Francisco Umbral, en un cronista y columnista de prestigio en revistas como La Estafeta Literaria, Mundo Hispánico (1970-1972), Ya, El Norte de Castilla, Por Favor, Siesta, Mercado Común, Bazaar (1974-1976), Interviú, La Vanguardia, etcétera, aunque sería principalmente por sus columnas en los diarios El País (1976-1988), en Diario 16, en el que empezó a escribir en 1988, y en El Mundo, en el que escribió desde 1989 la sección Los placeres y los días. En El País fue uno de los cronistas que mejor supo describir el movimiento contracultural conocido como movida madrileña. Alternó esta torrencial producción periodística con una regular publicación de novelas, biografías, crónicas y autobiografías testimoniales; en 1981 hizo una breve incursión en el verso con Crímenes y baladas. En 1990 fue candidato, junto a José Luis Sampedro, al sillón F de la Real Academia Española, apadrinado por Camilo José Cela, Miguel Delibes y José María de Areilza, pero fue elegido Sampedro.

    Ya periodista y escritor de éxito, colaboró con los periódicos y revistas más variadas e influyentes en la vida española. Esta experiencia está reflejada en sus memorias periodísticas Días felices en Argüelles (2005). Entre los diversos volúmenes en que ha publicado parte de sus artículos pueden destacarse en especial Diario de un snob (1973), Spleen de Madrid (1973), España cañí (1975), Iba yo a comprar el pan (1976), Los políticos (1976), Crónicas postfranquistas (1976), Las Jais (1977), Spleen de Madrid-2 (1982), España como invento (1984), La belleza convulsa (1985), Memorias de un hijo del siglo (1986), Mis placeres y mis días (1994).

    En 2003, sufrió una grave neumonía que hizo temer por su vida. Murió de un fallo cardiorrespiratorio el 28 de agosto de 2007 en el hospital de Montepríncipe, en la localidad de Boadilla del Monte (Madrid), a los setenta y cinco años de edad. Fue incinerado y sus cenizas reposan en la sepultura de su hijo Francisco (fallecido a los 6 años) en el Cementerio de la Almudena de Madrid.

    Estilo literario

    Su calidad literaria viene dada por su fecundidad creativa, su sensibilidad lingüística y la extrema originalidad de su estilo, muy impresionista, de sintaxis muy suelta, metafóricamente muy elaborado y complejo, flexible para los matices más esquivos de la actualidad, abundante en neologismos y alusiones intertextuales y, en suma, de una exigente calidad lírica y estética. Esta particularidad le hace especialmente intraducible y en consecuencia es un autor apenas vertido a otros idiomas y casi desconocido en el extranjero. Francisco Umbral es «uno de los primeros prosistas de la lengua española del siglo XX», según Fernando Lázaro Carreter, y Miguel Delibes lo califica como «el escritor más renovador y original de la prosa hispánica actual». Por otro lado, Arturo Pérez-Reverte señala entre sus defectos la superficialidad y el plagio.​ Mientras que Ricardo de la Cierva calificó a Umbral y a Fernando Savater como «intelectuales de pandereta» que pugnaron en las páginas de El País «por el récord del despropósito que antes se llamaba blasfemia».​

    Mas Francisco Umbral posee[¿según quién?] la característica esencial de los grandes escritores: un gran poder de síntesis, que a menudo muchos solo perciben en su parte satírica. Por ejemplo, cuando formula juicios atrabiliarios sobre grandes escritores: "Baroja fue un escritor de mesa camilla, sin recursos ni imaginación, sin gran interés por el mundo ni para el mundo"; "Antonio Machado era un zapatero remendón"; "Leopoldo Alas "Clarín" fue un crítico que hoy resulta de una vulgaridad casi intolerable"; "Luis Cernuda era gran poeta y mala persona"; "Rosa Chacel es una bruja cruzada de Mary Poppins"; "Francisco Ayala es la mínima cantidad de escritor que puede darse en un escritor" o "De Salvador de Madariaga dijo Ortega, y dijo bien, que era un tonto en cinco idiomas"; esta manera ácida (y al mismo tiempo afectiva) de referirse a los demás tiene que ver con lo que llamaba él "la rosa y el látigo" (título de una antología preparada por él mismo de sus textos),​ pues no en vano definía la ironía como "la ternura de la inteligencia"; su abrupta sinceridad le servía para épater le bourgeois con este tipo de oxímoros y boutades. Por otra parte, sus extensísimas lecturas, particularmente de poesía lírica, le deparaban siempre tres admirados puntos de orientación en la prosa: Ramón María del Valle-Inclán, Ramón Gómez de la Serna y Marcel Proust.​

    El crítico Diego Vadillo López teorizaba acerca de algunas de las claves de la eufonía y musicalidad de la prosa umbraliana en Francisco Umbral. El oferente de retales preciosos (Manuscritos, 2020) y aducía el entreverado de una serie de medidas versales en los formatos prosísticos: “era bastante dado a la inserción, al entreverado, de vetas versales por entre la fronda de sus discriminadas prosas, motivo por el cual, una vez entras a hacer senderismo lector-descifrador por tan edificantes parajes, no es extraño, si vas un poco alerta y preavisado, que halles un endecasílabo o un alejandrino” (pp. 13-14).

    Juan Manuel de Prada declaró: "lo digo sin hipérbole: quizá haya sido el mejor escritor de la segunda mitad del siglo XX".​

    Con respecto a la polémica que acompaña a Umbral sobre Galdós, a la pregunta de una periodista sobre si Umbral era un escritor galdosiano, el propio Diego Vadillo López apuntaba lo siguiente en dicha entrevista: “–Podríamos decir que tanto Galdós como Umbral son balzacquianos en el sentido de poner empeño en dejar retratada literariamente una sociedad y una época, divergiendo ambos en el modo de hacerlo, pues Galdós, aunque cuenta con pasajes de alto componente sugestivo en un sentido lírico en sus novelas, dicha voluntad de estilo queda circunscrita a la historia, a la que sin duda amabiliza, pero Umbral desliga el estilo de lo literariamente referido, haciéndolo brillar con luz propia, quedando la historia subyugada y, a la vez, realzada por este, si bien en un sentido opuesto a Galdós. Umbral siempre tuvo una muy viva voluntad experimentalista, por eso muchos afirman de él lo mismo que de Gómez de la Serna: que es un mal novelista en el sentido canónico del término. El propio Umbral se defendía, precisamente en su biografía de Gómez de la Serna, apuntando que, hacia la mitad, la novela se le obturaba a Ramón por exceso de dones (algo que también le sucedía a él). Quizá la intención de Umbral al denostar el realismo “galdobarojiano” era afirmar otro modo de afrontar la literatura, más estilístico, haciendo uso de una sintaxis y un léxico más autónomos, discriminados y esplendentes” (Majadahonda Magazín).

    Como columnista practicó una especie de costumbrismo desclasado y antiburgués que no renunciaba al yo más intensamente romántico e intentaba dar a lo cotidiano, en palabras de Novalis, la dignidad de lo desconocido, mezclando calle y cultura e impregnándose a veces de una desolada ternura. Como cronista político Umbral hizo gala, además, de una gran acidez y mordacidad y una increíble intuición para captar la epidermis oculta de los asuntos. En 1993 se vio envuelto en una agria polémica por llamar «paletos» a las personas de Aranda de Duero en el programa Queremos saber, de Antena 3. El candidato a la presidencia del gobierno José María Aznar había sido recibido en esta localidad en olor de multitudes mientras que Felipe González había sido abucheado en la Universidad por esos mismos días. En ese mismo programa se produjo también la célebre anécdota de «yo he venido a hablar de mi libro», en la que Umbral pidió la palabra para reclamar, de manera muy airada e insistente, que no se estaba abordando el tema de su libro La década roja como se le había prometido, mientras Mercedes Milá intentaba apaciguarle.​

    Otros pasajes de su trayectoria columnística quedan expuestos en el libro Ladrón de fuego de Gómez Calderón, profesor de la Universidad de Málaga que, hasta la fecha, ha realizado la aproximación más completa a la retórica del fecundo escritor madrileño.

    El personaje de Octavio Saldaña de la novela de Juan Manuel de Prada "Mirlo blanco, cisne negro" está inspirado en parte en Francisco Umbral.​

    Entre sus influencias destacan Edmondo De Amicis, Alphonse Daudet, Blasco Ibáñez, Lord Byron, Valle-Inclán, Miguel Delibes, Camilo José Cela o Baudelaire.​

    (Sacado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] )


    Algunos poemas de Francisco Umbral:


    De Crímenes y baladas (1981):


    VOY A PONER PRIMERO...

    Voy a poner primero, donde empieza este libro,
    un cuchillo de tiempo que he visto en la cocina,
    voy a poner delante, porque el lector lo use,
    un bruñido abrecartas, pulcro de asesinatos.
    Quiero abreviar las cosas o dar facilidades,
    que las páginas negras, duras por todas partes,
    pueda el lector abrirlas como matando un primo.
    Voy a poner delante, donde este libro acaba,
    un puñal que sujete su dispersión de puta:
    crímenes y baladas, cosas que me pasaban
    cuando el color del pene era de oro molido.

    Hay que echar a puñados, como se coge fruta,
    páginas y palabras en las manos de nadie.
    Hay que ordenar la tinta como un mar que se peina,
    y que el hilo del tiempo, de donde cuelga ropa,
    ponga a secar la prosa, las bragas de una chica.
    Luego el lector, despacio, con aterido acento,
    dice en voz alta cosas, frases que le han quedado,
    vive ya del veneno gris de los malos libros,
    pero se ha acostumbrado, ha de seguir leyendo:
    toma el puñal o copa, abrecartas o libro,
    bebe por cualquier parte, huye declamatorio,
    vuelve a la librería, recobra su dinero
    y en un rapto que repta se suicida cantando.
    Ya está todo cumplido, la muerte ordena el mundo,
    mi libro iba por libre y hoy se viste de entierro:
    hemos matado a un dulce y terco seminarista.
    Antologías letales o dagas de cocina,
    lentos alejandrinos, prosas como emboscadas,
    trampas para muchachas, el corazón o el sexo.
    Hay que reunir esfuerzos, libros, antologías,
    y hacer con ello fuego, luces de fin de mes
    a ver si alguien nos mira, si una preadolescente
    comprende que su vulva, rosa de Alejandría,
    es el lugar de un crimen, cópula o pie de imprenta.



    EL ABANDONO AZUL DE LA COCINA

    Tu cuerpo es un hermoso fragmento
    de no sé qué grandeza rota.
    El cesto de frutas de tu vida
    se renueva por sí solo todos los días.
    En tu boca destrozada habla la tristeza del martes
    y en tus dedos minuciosos arden páginas de luz.
    Le abultas al mundo como una planta excesiva
    y dejas magnitudes de olor por donde nadie pasa.
    Has oxidado el aire con tu cansancio,
    has enterrado todos los clarinetes,
    tienes senos destruidos como la antigüedad
    y muslos de cosecha que le pesan al día.
    Busco en tu alma un tabaco de infancia,
    busco en tu sexo un mar desalentado,
    y comprendo que los muertos, realquilando tu casa,
    hacen un poco más alegre
    el destrozo del amor y el abandono azul de la cocina.



    CADÁVER DEL DOMINGO

    Pega, muchacha, pega, con tu melena látigo,
    azota la tristeza sobre mis atrios fríos,
    despójame de historia, repite el vuelo lento
    de tu melena negra, pájaro tan tupido,
    que como un ala sola, muy cargada de sexo,
    pasa sobre los cuerpos, cadáver de domingo.
    Qué incendio entre vecinos, qué barrizales negros;
    improvisamos noche sobre los extramuros
    y sonaba tu cuerpo, ah los pechos cervales,
    como el gemido rojo de los asesinatos.

    Pega, muchacha extraña, cuerpo de otros países,
    hiende mi vieja historia, hiere donde más duele,
    y que la casa sola, habitaciones negras,
    hunda en el suelo antiguo cimientos de hombre vivo.
    Prendiste alegre fuego a los manojos negros
    de la tristeza lenta de todos los domingos
    y un sonido de copas se apagaba allá lejos
    mientras el dulce crimen se consumaba solo.

    Duele, muchacha, duele, pega inmisericorde,
    azota hasta la muerte con tu blancor helado,
    batalla con tu cuerpo sobre las biografías
    que yacen sin zapatos bajo tu voz de ave.
    (Perdóname el amor, perdóname los besos,
    pero recuerda el odio que nos hizo más bellos;
    recuerda las ciudades que arden como incunables
    en torno a nuestro lecho, en el que ya no estamos.)
    Hiere, muchacha, hiere, cuerpo lejano y mío,
    canta con sexo y noche, pega donde más duele:
    destrózate despacio, con rito y jerarquía,
    sobre los hombros duros de una ciudad sin nadie.

    Cadáver del domingo, cuerpo que violentamos,
    noche de los despojos hasta la madrugada,
    el hilo de oro puro que se quebró despacio
    y el ritual sacrílego de tus sabidurías.
    Cómo has quemado el mundo, cómo has prendido fuego
    a las palabras puras y sus inmediaciones,
    cómo te has hecho boca, cómo te has hecho manos
    para cobrar cabellos y pétalos y sangre,
    hasta dejar en seco, tan alto combustible,
    los venenosos pozos de mi autobiografía.



    HERRAMIENTA DEL CIELO

    Doblada por la mano suave del firmamento, la cabeza del hombre se piensa una rodilla, doblada por la ausencia rosa de compañía, la cabeza del hombre pesa como el silencio.

    Herramienta del cielo, cuerpo de oro investido, el muchacho reposa entre las estaciones. Y hay unj ocre levísisimo, un oxidado acento que en su epidermis luce, lento como la tarde. Herramienta del cielo, lugar de los encuentros, en el cuerpo del hombre va espesando el esfuerzo. La mujer es ausencia, una armónica nada, la mujer es el aire, es lo que ha de venir, y en el pecho incompleto del muchacho que sueña se dibujan las tardes de la vida a dos voces. Nada como ese cuerpo, nada como esa nada, nada como el reposo tenso del presentido. Herramienta del cielo, la callada epidermis, dorada para nadie, llenando sola el mundo. Cobres, mitologías, pasan por otros aires.

    La mujer es ausencia, un desvarío sueño, el dibujo que buscan acertar las auroras, lánguida autonomía que los ríos ensayan. La soledad del hombre, herramienta del cielo, se cincela a sí misma cálida y desde dentro. Un desnudo sin réplica, pátina ya sin dioses, pedestal de sí mismo, ligeramente pesa. Doblada por la mano suave del firmamento, la cabeza del hombre sueña lo venidero.



    ATENIDOS

    Atenidos a sí, los amantes meditan; atenidos a sí, los amantes ya callan. Callan de otro silencio que más alto sonaba: ahora están en lo hondo con su paz y su nada.

    La muchacha sentada en sí misma y desnuda, la muchacha en los brazos que sujetan y abrasan. Atenidos al tiempo, descendidos al día, los amantes reposan y su dicha les mira. Atenidos al tiempo, descendidos al día, apeados, tan grises, de la mitología. Eran soles los sexos, eran sexo los cielos. Si la muerte es pregunta, es el sexo respuesta. Y ahora callan callados, en este otro silencio, los amantes dormidos, mutilados de sí.

    Se han quedado en sí mismos, atenidos al número, son ya dos los amantes, dos figuras cansadas. Ya no el uno glorioso, abolida la cifra, ya no las multitudes clamantes del orgasmo. No son uno ni muchos, ya son dos los amantes. Sólo dos los amantes, qué contable la cifra. Ha pasado ese viento rojo de las respuestas. Sólo quedan preguntas, sólo quedan silencios. Sólo quedan dos cuerpos como bronces tatuados.

    Atendidos a sí, los amantes se abrazan. Eslabones de tiempo les anudan al día. La ternura es un agua que restaña los crímenes.



    UN MAR ASUSTA MENOS
    SI APRENDEMOS SU NOMBRE

    Y puede venir un golpe de soledad,
    como salir de pronto a las traseras del mundo. Es
    en un día oscuro, complicado,
    dificultosamente cotidiano,
    que, al fin, resulta llevar dentro de sí otro día más claro,
    más ligero.
    En cierto minuto se produce el rompimiento,
    el soltar amarras,
    cortar cables,
    el levar anclas una libertad, una facilidad.
    Y ya estoy solo.
    (Tan indiferente que parezco alegre.)

    Nadie podrá nunca acompañarme por los ecos últimos de mi soledad.
    La soledad,
    como las movedizas ciudades de la costa,
    tiene sus muelles por donde acercarse al mar, y un largo vacío como escamas.
    Se ven paisajes, mundos, desde la soledad;
    pero duele no saber de dónde son, cómo se llaman.
    (Un mar asusta menos si aprendemos su nombre.)
    La soledad me acerca un catalejo, me alarga la mirada,
    es como una videncia ya angustiosa, perpetua,
    que me hace presentes
    los bosques y las tardes donde nunca estaré,
    el dolor de no estar en aquel campo atardecido donde sé que alguien deja que le crezca la sombra,
    donde alguien va a morir por un momento cuando más bella era su larga sombra en tierra.
    El dolor de saber dónde no estamos.
    Será un mundo inhabitado
    por donde pasan barcos camino de algún mar.

    Sé que al anochecer muere un velero cada día,
    una ilusión marina que echa a volar en mí
    como la gaviota de cada crepúsculo.
    Pero soy tierra adentro, algún día lo sabré,
    y voy de plaza en plaza hasta donde mi soledad haya de prolongarse.
    En soledad sé cosas, sé más cosas; la soledad me da
    conocimiento,
    pero me quita vida,
    espumas,
    mundo.
    Hasta que me sorprendo con sólo una moneda o un metal o una rueda,
    cualquier sencillo objeto invariable y opaco,
    repetido en mis manos, pesándome en los dedos, empañado de tacto.
    Le vengo dando vueltas desde mi soledad
    y me es ya extraño como algo recogido en otra estrella.
    De una ciudad sin parentescos, desabrigado y lento, estremecido, voy regresando a todo.
    Aún traigo en la cabeza los astros que he mirado.
    Pero se va invadiendo de mundo nuestro mundo.
    Qué lentamente —y un calor despierta— se me puebla la vida,
    se me habita una vaga humanidad,
    .......................................les vuelve la mirada a las distancias.
    Cuándo he dejado de estar solo.

    Aún traigo en la cabeza los astros que he mirado.



    MI HIJO EN EL MERCADO...

    Mi hijo en el mercado, entre el fragor de la fruta, quemado por todas las hogueras de lo fresco,iluminado por todos los olores del campo. La fruta -ay- le contagia por un momento su salud, y el niño ríe, mira, toca, corre, sintiendo y sin saber un mundo natural, el bosque poblado en que se encuentra, esa consecuencia de bosque que es un cesto de fruta, una frutería. Mi hijo en el mercado, entre el crimen matinal de las carnes, el naufragio azteca de los pescados y, sobre todo, entre los fuegos quietos de la fruta, que le abrasa de verdes, de rojos, de malvas, de amarillos. Él, fruta que habla, calabaza que vive, está ahora entre los dos fuegos, entre los mil fuegos fríos de la fruta, y grita, chilla, ríe, vive, lleno de pronto de parientes naturales, primo de los melocotones, hermano de los tomates, con momentos de hortaliza y momentos de exquisita fruta tropical. Es como si le hubiéramos traído de visita a una casa de mucha familia, a un hogar con muchos niños. Como cuando se reencuentra con la hueste ruidosa de los primos. Qué fragor de colores en el mercado de fruta. El niño corre entre las frutas, entre los niños, entre los primos, entre los albaricoques.



    AHORA TENGO AL NIÑO ENTRE LOS NIÑOS ENFERMOS...

    Ahora tengo al niño entre los niños enfermos, en el pabellón de las sombras por donde un pequeño saltamontes humano, niño roto e inquieto, o una niña destrozada por un automóvil, con su sueño de manzana pisada, bullen y mueren. Tengo al hijo pendiente de esa salud que gotea, de esa gota de suero, de luz, de vida. En torno de su silencio, el dolor del pueblo, madres jóvenes y oscuras como entes calcinados, hombres como pájaros hambrientos, de graznido triste, el fondo del mundo, el hondón de la existencia, la verdad pueril y desoladora de la vida.

    Niños que sufren, niños que mueren, madres con los ojos pardos como lobas del pueblo, algo que gotea vida o muerte. Y nada más. Zumba el dolor en patios interiores, pasan mujeres con palanganas en la mano, orinan los niños su tristeza y huele el mundo a herida infectada. He ido, con el hijo en los brazos, llevados de la velocidad, hasta estrellarnos contra el fondo del silencio. Era como la visualización de nuestro destino. Ahora lo tengo aquí, enfermo siempre, mirando por la muerte, y su gloria es el dolor de otros niños, el débil varillaje humano pinchando las esquinas de un lienzo pobre.

    La mano pura que sabe crear colores de la nada, el loto infantil y breve que pinta el día con luces nuevas, cae ahora herido, con una aguja en su vena más fina, en una inmensa clínica de hierro donde los platos humeantes de muerte van solos, en multitud, por ascensores lentos, y la sangre que ya no es de nadie, anónima y sagrada, sueña formas de serpiente debajo de las lágrimas crueles. Me quedan los colores que ha creado el niño, oros enigmáticos de un Universo que se ignora a sí mismo.



    Y ENTRE TODO EL DESORDEN MIRO LAS FOTOS DEL HIJO..

    Y entre todo el desorden miro las fotos del hijo, esa foto de una mañana en la sierra,el niño con un tazón en la mano, aquel desayuno, aquel día entre los días. Me mira por encima de la taza, por debajo del flequillo, con unos ojos grandes y lentos donde se cuaja la vida. El niño desnudo en veranos blancos, con espuma en el alma, estrellado contra los vidrios de la felicidad. El niño serio, quieto, en una gran foto, desvalido y grave, o esa otra imagen suya, en la terraza, a contraluz, con la risa adivinada, un tenedor en la mano, algo que le brilla, el apretado resumen de vida y gozo que es, que era todo él. Momentos del niño, instantes de su vida, ráfagas de hijo, fotos con animales, los grandes picos, las pesadas pezuñas, los hocicos amigos, el niño en el lodo gozoso de la vida, el niño disfrazado de otra cosa, colores y luces, una cabeza muy tierna, quizás un año de vida, cierta majestad que a veces tienen los niños a esa edad, el niño triste, el niño alegre. Entre todas las risas infantiles, la suya tiene para mí un doble fondo de tristeza, un quiebro de debilidad, algo que me la hace estremecedora y querida. El niño serio, en algunas fotos, de qué fondo le viene esa seriedad a un niño, la cabeza erguida, los ojos mortecinos, una energía incipiente en sus mejillas banales. El hijo en una ventana, con luz de mañana o de tarde, instantáneas de una vida erizada de instantes.



    TU MUERTE, HIJO...

    Tu muerte, hijo, no ha ensombrecido el mundo. Ha sido un apagarse de luz en la luz. Y nosotros aquí, ensordecidos de tragedia, heridos de blancura, mortalmente vivos, diciéndote.



    AYER, HIJO, YA SABES...

    Ayer, hijo, ya sabes, era el día de nuestro encuentro, y en la puerta del cementerio compré unos claveles blancos que me olieron a ti,al fondo blanco y húmedo de la vida, bajo el calor envilecido de la tarde madrileña.

    Allí estuve, allí estuvimos, hijo, charlando de ti, contigo, llorando, mirándote en las fotos, dejando que nos mirases, dejándome yo ver de ti, hijo, como sé que me ves y miras desde tu nada que en mí vive y habita como un todo. Coloqué los claveles a tu altura, hijo, estirándome en un esfuerzo que ya me es conocido, repetido y entrañable, como el último y eterno gesto que hacia ti hago, como la definitiva gimnasia paternal a que me obligas. Se paró el tiempo, hijo, perdió el viento sus relojes, había más sombra en la sombra y más luz en la luz, y estuve sentado en el suelo, durante una hora que ha sido la más pura, neta y limpia de mi vida, existiendo contigo.

    El fuego, hijo, el fuego, cómo amo el fuego en que pude rescatarte, al fin, de la muerte que te deshacía. Como amo el fuego, con gratitud mortal, porque en él se purificó para siempre tu pureza, ese fuego ensañado en ti, que habría sido intolerable sobre tu vida, pero que fue piadoso sobre tu muerte, incineración del oro en el oro, dejándome la escoria sagrada que amo desesperadamente, y no la carroña que tú nunca habrías podido ser.

    En el fuego te salvamos, hijo, al fin y al cabo, para no dar a la tierra sórdida y devorante la ternura de tu luz, sino al mediodía del fuego la luz de tu muerte. Cómplice veloz, camarada siniestro y eficaz, ladrón que te robó a la tierra, gracias al fuego te salvamos en la pureza de los elementos, te esquivamos la transubstanciación indeseable y lóbrega de los gusanos. Cómo hemos conversado, hijo, perdidos del cementerio en el cementerio, tú y yo, poniendo en voz alta nuestra murmurada conversación de todos los días y todas las noches. Yéndome ya, hijo, bebí un agua gorda y cálida, estival, un agua de muertos en un grifo entre tumbas, y otra vez tuve el sabor a ti, como el olor a ti entre los claveles, porque estás (nada de panteísmo aquí, lector intruso) en todo lo blanco, en todo lo fluyente, en todo lo fragante en que no estás. Me fui, hijo, quiero que lo sepas, lleno de ti, y un clavel blanco y pequeño,como uno de tus puños, se ha venido a mi cuarto, cerca de mi cama, en la pared. Cómo lo llena todo desde la muerte. Cómo puedes, perdido para siempre, salvar un clavel o cualquier cosa que se te acerque.

    Hoy domingo, hijo, en la mañana poblada, me quedo lejos de la gente, lejos de los cuerpos, lejos de los vivos, y hago un alto en mi trabajo estúpido, odio a la humanidad entera y prolongo con lágrimas que son soledad, con soledad que es llanto, esa hora entera, de cinco a seis, que estuvimos en el cementerio, a la sombra leve y fija de ti, tan dulcemente.



    SÓLO HE VIVIDO...

    Sólo he vivido cinco años de mi vida. Los cinco años que vivió mi hijo. Antes y después, todo ha sido caos y crueldad.



    CALLE DE TANTOS ASTROS...

    Calle de tantos astros, rinconada del tiempo, la dimensión del mundo me la daba un vencejo. Oro de las mañanas empobreciendo el cielo, soles de cada tarde en un ladrillo eterno. De los paises del alba venían los buhoneros y en sus pregones altos flotaba un hombre muerto. Calle de tanta noche, mitología del miedo, madres de los difuntos en las tapias de enero. Sonaban las iglesias enormes de silencio y pasaba la yegua inmensa de los tiempos. El hombre más remoto era sólo un lechero y el Dios de los espacios era sólo mi abuelo.



    LOS CIPRESES

    Los cipreses, los altos y jóvenes cipreses de la puerta de casa, nada funerarios, que llevaban diez años ahí, mirándonos cada vez desde más arriba, se han venido abajo. Bueno, se han venido abajo unos cuantos, con la nevada, como derrotados por un ejército de ángeles espartanos, por una legión de vírgenes violentas. Estaban plantados en falso, supongo, como casi todo árbol urbano, tenían ya más cielo que raíz, más estrellas en la imaginación que tierra en el suelo, y la nevada de anoche —no sé si la primera del año o la última del anterior— los ha derribado con la callada violencia de lo blanco. También lo blanco es una violencia y ahora sé que en la nieve viven asesinos gélidos y en la blancura conspiran concejales sangrientos.

    Con esos cipreses que no mirábamos, el cielo iba teniendo algo de huerto. Había sobre nuestras cabezas un huerto que todos quisiéramos tener bajo nuestros pies, y sólo ahora que los cipreses están tendidos de través en el pequeño jardín, como mástiles con las banderolas ensangrentadas, como banderas de una revolución derrotada anoche, como hombres, ahora nos miramos unos a otros, en el silencio, y nos preguntamos por el huerto que teníamos y nunca hemos disfrutado.

    Estos cipreses se hundían en el cielo, pero no crecían hacia abajo en la tierra, como Gustavo Adolfo Bécquer o cualquier otro romántico, y ahora les ha barrido el viento de las antologías y la nieve de olvido literario. Lo que pasa es que los cipreses han dejado un vacío en el cielo, un patio azul donde no vive nadie, un hueco por el que pasan volando cadáveres de otro barrio y nubes en forma de tractor, que es la forma más frecuente que suelen adoptar las nubes.



    LETICIA Y LA HORTENSIA

    Un día decidí robar una hortensia para Leticia/Lutecia, que tenía toda clase de plantas en su gran copa de cristal. Para ello me infiltré muy de mañana en una gran floristería que era como una selva bien educada, y allí entré en conversación con el florista, un hombre joven, con algo clerical y masturbatorio, limpiamente precalvo, un hombre de ojos vegetales, rostro muy lavado y voz fría y cálida, que es justamente la voz con que hay que hablar a las plantas para que crezcan, repten, engorden y enverdezcan.

    En torno de nosotros, mientras hablábamos de la prímula homosexual y la hierbaluisa, las plantas de la tienda crecían y se reproducían con un desafío puramente botánico, con una desvergüenza meramente marceña, y todo el fondo verde de la tienda, con los escaparates, las trastiendas y los espejos, era una fornicación movible y variable de las plantas con las plantas, de lo verde con lo verde, un apogeo de falos violetas y corolas amarillas que dejaban caer entre la tierra y las raíces gruesos goterones de luz y actualidad.

    Por algún sitio cruzaban peces y yo tenía a mi hombre mareado a fuerza de mezclarle catálogos, confundirle láminas y cambiarle de sitio los tiestos. Había ido desplazando hacia la puerta un tiesto con hermosas hortensias blancas, que el florista me había explicado virarían hacia el azul en cuanto les diese el sol. La obscenidad vegetal se iba haciendo más espesa a medida que avanzaba la mañana, y llegó a nublar el cielo con su pululación, transportándonos a una tarde mediocre, pero intensamente perfumada por regueros de agua y flores artificiales.



    EL MONO Y EL LORO

    Algunas noches voy a cenar a los grandes palacios de Madrid, y del fondo confuso de las genealogías, de la perspectiva fría de las grandes escalinatas, se destaca hacia mí, caminando como fuera del tiempo, la figura femenina, usada y de oro, ese resultado de voz y siglos que los escudos arrojan, y los cuadros y la Historia.

    Algunas noches voy a cenar a los grandes palacios de Madrid y el silencio piafa en los caballos de Tiziano, y el frío es un arpa inmensa que musicaliza las estancias, y del techo descienden batallas y constelaciones, mientras Picasso y Corot, sentados en un rincón, hablan de sus cosas. La gran mesa oblonga es el lado sólido y ondulante adonde nos asomamos, del que emergen los menús como flores del agua, y hay jóvenes rígidos, con un heráldico dolor de cabeza, y efebos con cuello de cisne, muy vestidos para la cena, que dudamos si serán el discóbolo desnudo, de jade y olvido, que acabamos de ver en el rellano de la escalera.

    Hay asimismo puntiagudas mujeres que fuman en boquilla de estaño los tabacos más caros del mundo, y de algún lugar llega, envileciendo el rumor elegante de la cena, la reyerta de un mono con un loro, en los trasfondos del palacio, allí donde las mujeres de Rubens ya no abrevan y los héroes de Goya no alcanzan con la red de su sangre.

    Arden chimeneas simétricas en la nieve sepulcral de la casa, y en cada chimenea veo un criado, enroscado como un leño, feliz y desgraciado entre las llamas, pero cuando me acerco para darle a probar un poco de agua, es ya sólo el torso negro de un árbol que se entrega al fuego como la negra Duval se entregaba al poeta.



    BAUDELAIRE EN LA CAFETERÍA

    El poeta, o sea Baudelaire, ya lo he anotado alguna vez, me visita de vez en cuando, o se hace el encontradizo, y el último día ha sido en un café encristalado, en una heladería que es como un poliedro de luz tallado en la materia del día.

    Baudelaire, esta vez, viene aún con menos pelo que de costumbre (ya en la foto clásica se le ve que va mal lo del pelo), con la barba de tres noches (de noche es cuando crece la barba), con unas gafas que nunca hubieran imaginado en él sus biógrafos y que le agrandan los ojos como a un médico.

    Baudelaire viene de suéter sucio, verde, y por debajo le asoma la tira de una camisa deportiva, también verde, y trae un diente de menos y fuma un tabaco de limosna y bebe algo dulce, alcohólico, anisado y atardecido.

    Baudelaire trae las uñas sucias, como siempre, y se limpia la palma de las manos en las rodillas del pantalón de pana y me cuenta que ha estado en la Academia Española, visitando a los académicos, por si le pueden dar algo, hacer algo. Me parece que sigue con su manía de ser académico, aquí, en Francia o en Gabón.

    —Cocteau decía que el académico es un señor que al morir se convierte en sillón —le comento.

    Pone cara de que le amargase el dulce del anisado:
    —Sí, pero Cocteau acabó en la Academia, y yo morí sin entrar en ella. Cocteau era un Baudelaire de gran hotel.

    Los poetas siempre están hablando mal unos de otros. Baudelaire me cuenta una larga historia de hipotecas, letras bancarias, descuentos, intereses y demoras, a través de la cual veo avanzar, como una mano tendida y amenazadora, con algo empuñado, no sé si un cuchillo o una escudilla, la petición de dinero, la limosna vergonzante, el limosneo de los poetas, eso que antes se llamaba el sablazo.



    RODOLFO WALSH

    Rodolfo, novelista, dramaturgo, compadre,
    ensayista, Rodolfo, periodista, guerrero,
    naciste allá en Río Negro y el río se ha puesto rojo
    desde que tu honda sangre corre fluvial, mortuoria.
    El año veintisiete, cuando España era un verso,
    tú naciste a la lengua y la demografía,
    y treinta años más tarde, «Operación masacre»,
    contra Aramburu y Valle, te llamabas Rodolfo.
    Di quién mató a Rosendo, Rodolfo, periodista:
    ay Rosendo García, metalúrgico trágico,
    ay el sindicalismo vestido de heliotropo.
    Periodistas del pueblo, populares y duros,
    una escuela en el aula varonil de tu pecho,
    la amistad con Urondo, muerto como urogallo.
    Pero tu hija Victoria, pero tu hija Victoria,
    cómo la fallecieron, milites de lo negro,
    pero tu hija Victoria, la revolucionaria,
    pero tu hija Victoria, montonera, tan muerta.
    Veinticinco de marzo, año setenta y siete,
    el desaparecido entre la hora y el número,
    y los tanques de plomo, como sapos y estruendo,
    cañonazos de piedra contra el festón doméstico,
    casa de San Vicente, minuciosa de ausencias,
    la pedrada de fuego contra el leve visillo.
    Pero hay gente, Rodolfo, argentinos de pausa,
    exiliados, amigos y revolucionarios,
    que con barro de España, dulce tipografía,
    te recaudan en libro, te troquelan en tiempo,
    para que el galernazo ancho de la esperanza
    o el amor de Río Negro, como un agua natal,
    te recorra las sienes, te refresque la muerte,
    y pronuncie tu nombre puro la libertad.



    HOY QUE LA LLUVIA ME ABRE...

    Hoy que la lluvia me abre lúgubre sus salones, cuando el silencio sube negro hasta las palabras, hoy que la muerte toma forma casi apacible, quiero evocar con humo, como se le habla al fuego, esa voz tan dolida, esos perennes ojos. Hoy que la tarde tiene color autobiográfico, me pregunto despacio, como piensa un espejo, por el enigma simple, sólo mirada y sueño, de una mujer tendida, leve entre enormidades. Por qué su cuerpo tenue, pregunta de agua clara, por qué la interrogante desnuda de su vida: mujer, cisne de sangre, caballo desvelado; mujer, reloj caliente, vivido calendario. Por qué el secreto claro, ópalo que nos mira.


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    Mensaje por Lluvia Abril Lun 05 Jun 2023, 22:57

    Me doy cuenta que no conocía a Francisco Umbral. Solo veía un escritor, descarado, déspota, maleducado...que también tengo que decirlo, me gustaba así, como era.
    He comenzado a conocerle un poco más desde esta ventana que has abierto, Pedro y te doy las gracias.
    Seguiré conociéndolo, sobre todo, porque sabía de sus libros, pero no de su poesía, no sabía que también era poeta.
    Lo dicho; gracias, Pedro.


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    pero no detener la primavera".

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    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 06 Jun 2023, 04:59

    Gracias a ti por tu interés, Lluvia. Yo tampoco conocía al Umbral poeta, y muy poco al Umbral persona.

    Un abrazo.
    Pedro


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    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 06 Jun 2023, 08:14

    .


    Otros poemas (2000-2001):


    LA TOTOVÍA

    A 15 de marzo da el sol en la umbría
    y cantan las totovías.

    (Refranero castellano)

    Totovía, pájaro raro
    que me suena todavía
    de cuando los campos niños
    y las niñas en la vía.
    Totovía.
    .....Qué palabra, totovía,
    viviendo en el refranero,
    que es vivir en la alegría.
    Todo muy de cuando entonces,
    de cuando el mundo reía,
    de cuando andaban pinares
    los domingos de mi vida.
    Qué palabra y qué ave breve
    en los campos de Castilla,
    qué pluma marrón al viento,
    aquel pájaro que huía,
    pájaro de aquel entonces,
    de cuando yo te quería.

    15-III-2000



    LA LLUVIA

    La lluvia.
    Ha venido la lluvia con cara de serpiente,
    ha venido la lluvia con paso de serpiente,
    ha venido la lluvia, esa fresca serpiente.
    Al fin, mediado marzo, ha venido la lluvia,
    y sus pasos de agua enlagunan la tierra
    y los trigos, las frutas, las rosas sin poema,
    se cambian de vestido, se ponen otro traje,
    como las bailarinas que han llegado a otro pueblo.
    .....La lluvia es un paraguas
    que perdió las varillas,
    la lluvia es un caballo
    que se escapa en la noche,
    la lluvia va desnuda,
    es la loca del pueblo,
    y lleva en la cabeza las coronas de agua
    que trae la primavera a los dioses en seco.
    .....Cómo se abren los campos,
    como se abrió el Mar Rojo,
    porque pase la lluvia, ese Moisés de agua,
    y detrás viene el Nilo,
    vestido de afluente,
    con la fiesta y la plata
    y una vasta cosecha como diosa desnuda,
    mitología del pan y la manzana,
    beso de agua.

    22-III-2000



    EL OZONO

    El ozono es el duende de Madrid,
    es un diablo cojuelo y posmoderno.
    El ozono es el duende de los niños.
    Pero es bueno y es malo, eso según,
    y hay señores con barba que estudian el ozono,
    y hay señores muy malos que le dejan valor.
    El ozono trabaja con la ayuda del sol,
    al sol le hace recados convenientes,
    peligrosos recados,
    y te avisa con tiempo la contaminación.
    Antes no hubiera ozono, todo limpio,
    eran otros los duendes de Madrid,
    pero este colegial de la escuela del sol
    se va siempre de clase y mata a un niño
    le da un susto al alcalde,
    juega con la gripe, mala chica.
    Atención al ozono, niños a esconder,
    a ver mayo y el viento si se llevan el duende,
    y se aclara Madrid, ciudad de ozono.
    En el ozono anda Gallardón.

    3-V-2000



    EL FUEGO

    En una pirotécnica de Valencia y en otra de Holanda
    se han producido sendos incendios con cadáveres,
    heridos y grandes daños.

    (De los periódicos)

    El fuego es una estrella no enterrada,
    el fuego es una idea de un dios eléctrico,
    el fuego se le ocurre al cielo ardiente
    y prende en los sombrajos de la noche.
    El fuego no es gran cosa, sólo chispa,
    pero muerde a los hombres como un lobo:
    lobo de llama, alobado fuego,
    hoguera de mastines ladradores
    que ladran sus demonios al que pasa.

    El fuego es lo contrario de la muerte,
    es la imaginación del universo,
    lo último que se inventa algún vecino
    para encender su vida, tan oscura.
    El fuego es la metáfora del diablo,
    el fuego deja un rastro de cadáveres
    que son la carretera del infierno.
    Morir a fuego lento es de otro tiempo.
    Ahora la silla eléctrica no falla:
    máquina de coser muerte con muerte.
    Ardió el mar en Valencia, amigo Pere,
    y tú eres sospechoso por poeta.

    18-V-2000



    EL SEXO

    Lo llamamos amor porque nos turba,
    pero el sexo es la espada del amor,
    la hoguera que embellece las miradas,
    ese fuego que incendia las cortinas,
    el pecado de todos los crepúsculos,
    la antorcha blanca de la madrugada.

    .....Lo llamamos amor para que dure,
    pero el sexo es la vuelta de la especie,
    la hermosa zoología de nuestras vidas,
    la numerología de los abrazos,
    el cuerpo a cuerpo con la alegre muerte.
    No hay más amor que el sexo con sus crímenes,
    no hay más sexo que el amor que pasa.
    El sexo y el amor, el mes de junio,
    descalzos en la lluvia, los amantes
    recorriendo sus parques interiores,
    pisando la sonrisa de las aguas,
    besando las axilas de los árboles,
    llenando a las muchachas de pecado.

    .....Lo llamamos amor porque nos turba
    pero es la hoguera atroz de nuestra vida,
    pero es la herida azul de nuestra muerte,
    pero es el candelabro y la manzana
    unidos sobre el lecho de la aurora.

    5-VI-2000



    LOS VIEJOS

    Ya son chatarra humana y no nos valen.
    Los viejos van muriendo en residencias,
    ya no mueren en casa, lentamente,
    bajo el coro de añil de la familia.
    Los viejos son ferralla, estorbo vivo.
    Tenemos más dinero y menos tiempo,
    tenemos más fortuna y menos dios.

    .....Un cuarto de los trastos para el viejo,
    pero ya no hay trastero, qué más da.
    Los viejos van volando, como trapos,
    en el viento de junio, primavera.
    Los viejos van cayendo blandamente
    como dulces montones de pasado.
    Nadie les dice nada, alguien los riega,
    son el otoño de la primavera
    y huelen a tabaco y ya no fuman,
    y huelen a pasado y soledad.
    Los viejos no traen suerte, no nos gustan.
    España va muy bien, salvo los muertos,
    pero los viejos vuelan por el aire
    perseguidos por sucias residencias,
    perseguidos por lentos hospitales,
    y el día se los lleva, aves de paso,
    vieja ornitología de la vida,
    a morir en un palo de gallina,
    muertos sin vecindad, lejos de dios.

    6-VI-2000



    LA MÁQUINA DE ESCRIBIR

    Pequeña metralleta entre mis manos,
    máquina de matar con adjetivos,
    máquina de escribir, arma del tiempo.
    .....En todas las mañanas de mi vida,
    el tableteo audaz de mi olivetti,
    este ferrocarril de ortografía
    en que viajo muy lejos de mí mismo
    o retorno a los campos de la prosa
    para reñir batallas en mi lengua
    con todos los que mienten, los que gritan,
    con los que escriben en feroz tanqueta
    para no decir nada y meter miedo.

    .....Vieja Olivetti verde, azul o negra,
    escalinata alegre de las letras,
    sobre esta escalinata, una mañana,
    me encontrarán tendido, no vencido.
    Libro, papeles, cosas y poemas
    han salido y saldrán de este cacharro.
    Pavonado revólver de mi prosa,
    sus muescas son ministros fusilados,
    canto de codorniz, canto de urraca
    como las que ahora pueblan el jardín.
    Alegría y salud, mi vieja máquina
    me regala un estilo, una escritura,
    y las gentes se paran para verlo.

    14-VI-2000



    EL PINO

    En mi huerto hay un pino o catedral,
    un templo de verdor, un árbol macho.
    Todo un siglo de pino huele como mi abuelo,
    arquitrabes del cielo se le llenan de pájaros.
    Su tronco es un gran torso de guerrero
    y tiene inclinaciones de navío.
    Se escora hacia la luz, este gran pino,
    llenando el cielo de filosofía.

    .....Quizá es un pino del 98,
    abrazar este pino es abrazar
    a Miguel de Unamuno o a Machado.
    Perfuma como España cuando hay paz,
    catedral de los pájaros y el gato,
    nobilísimo pino, árbol honrado,
    personaje del huerto,
    voz tan verde.
    De vez en cuando, o muy de tarde en tarde,
    deja caer una piña lentamente,
    como hondo pensamiento,
    como madura idea,
    como el siglo que cumple este muchacho.

    19-VI-2000



    LA GATA

    La gata usa pescado cuando puede.
    El pescado lo roba, que es ladrona.
    Si no, no sería gata, y tan dispuesta.
    La gata duerme al sol, duerme a la sombra,
    o sobre el gran cristal del comedor.
    La gata es un sistema de defensas,
    unos ojos que ven crecer la yerba
    cuando no hay yerba alguna y nada crece.
    La gata mueve el rabo,
    radar de terciopelo,
    controlando la noche que atrás deja.
    Ha dormido diez soles sucesivos
    y ahora estrangula urracas en las copas,
    está tan despejada que da miedo
    y da en la oscuridad su luz de robo.
    Amo mucho a mi gata, que es mimosa,
    le sujeto las garras criminales
    y ella esconde las uñas,
    inocente,
    como una emperatriz guarda su daga.
    Tiene mi gata mucha biografía,
    no se aburren jamás los animales,
    pero tampoco sueña fantasías,
    sino que bebe, poco a poco, el cloro verde
    de la inmensa piscina que la mira,
    y luego, junto a mí, mira la tele,
    y otra vez a dormir sus veinte horas.

    13-VII-2000



    LA PAZ

    La paz viene despacio, como un himno,
    la paz ha sonreído esta semana
    con sonrisa de paz,
    largo domingo.
    .....La paz viene despacio, como un sueño,
    y va ganando nombre, uno a uno.
    Echemos las volantas de la paz
    en el mar litográfico de otoño,
    y así acuden murallas,
    malecones,
    trincheras por la paz,
    contra la paz,
    y así comprende el hombre,
    lentamente,
    que vivir no es matar, ni apuntar nombres,
    que vivir es amar
    y olvidar mucho.

    18-IX-2000



    LA MUERTE

    La muerte anda probándose los trajes del armario.
    La muerte es ese mazo que se cae por sí solo.
    La muerte vive en casa desde hace ya algún tiempo.
    .....Hay que gritar a media noche
    y encender candelabros para ahuyentar la muerte.
    Las tres de la mañana es su hora preferida
    para asustar mendigos y burgueses diabéticos.
    Yo a las tres me levanto y rompo una ventana
    y despido a la muerte, huéspeda que no paga,
    para seguir durmiendo,
    ahora más vivo que antes,
    despierto entre mi sueño, dormido en mi desvelo.

    .....No es que venga a matarnos la muerte vecindona,
    sino que se ha instalado cual señora de piso,
    prueba nuestras comidas, nos asusta a la gata,
    toca un viejo piano que en casa nunca hubo
    y se pone pamelas en su cara de muerta.
    Es la vieja parienta de todas las familias,
    aquella tía soltera que prendía las escobas,
    la solterona ilustre, hija de un cuadro al óleo.
    Yo me voy a la playa por una temporada,
    aconsejo a los perros que coman de la muerta,
    que coman de la muerte, de la parienta pobre.
    Luego, cuando volvemos, después del veraneo,
    de la muerte encontramos un rosario de nácar,
    una bolsa de agua, una atroz dentadura
    y una carta muy larga adonde se despide.
    .....La muerte, esa solterona,
    que no amargue nuestra vida,
    ha llegado a destiempo, pero ya un tren lejano
    se la lleva rezando y comiendo naranjas.

    17-X-2000




    LA TRISTEZA

    La tristeza ha venido como un buque vacío,
    la tristeza ha encallado en mi pecho de piedra.
    Me trae en sus bodegas toda una vida vieja,
    quintales de nostalgia
    y el whisky que he bebido.
    La tristeza ha venido con faros apagados.
    No sé de dónde viene ni por qué me visita
    yo mismo soy un puerto donde para la noche
    el mar, como noviembre, va ya de retirada.
    Somos un puerto unánime,
    puerto de tierra adentro
    donde llegan los meses
    como veleros lánguidos.
    La tristeza ha venido
    y me golpea despacio
    como el agua golpea
    en los acantilados.
    Soy un acantilado
    de muertos sucesivos
    y estoy aquí parado,
    bajo una lluvia fina,
    junto al silencio frío
    del buque de la pena.
    ¿Cuánto dura noviembre, cuánto dura una vida,
    cuánto durará un hombre que tiene ya en el pecho
    ese peso dormido de los buques sin gente,
    de los mares sin luna, de los mortuorios días?

    22-XI-2000



    EL CATALÁN

    El poeta catalán Pere Gimferrer ha leído sus
    versos en el Palacio Real de Madrid.

    (De los periódicos)

    El catalán, palabra tan profunda,
    con sus úes fecundas como valles,
    con esas tes finales,
    campanilla de plata de una sílaba,
    con sus íes latinas,
    con sus jotas que cortan como espadas.

    .....El catalán, que suena a Maragall,
    a poeta campesino,
    a soprano famoso del Liceu,
    a orador liberal del Ateneu.
    El catalán, sonoro como el mar,
    grave como una salve de Montjuïc,
    dulce en la voz de la telefonista:
    lengua para el poema decorado,
    cargado de tardor y de tristeza,
    lengua de intimidades, confidencia
    del mar Mediterráneo a sus poetas.

    23-XI-2000



    LA GATA Y LA NIEVE

    Mi gata mira la nieve
    y lo que ve es un gato grande y blanco.
    Y lo que ve es un gato en copos.
    Y lo que ve
    son los suaves zarpazos de la nieve,
    las delicadas garras de un gran gato.

    .....Un gato frío,
    misterioso gato
    venido de las azoteas del cielo,
    gato de otros tejados sin ratones,
    pisada blanda y pura de la nieve,
    con su rabo de gato, sus mil rabos
    y esos ojos de gato
    con que la nieve mira nuestra vida.
    Gato recién llegado, inmenso gato,
    manos y pies de sigilo y blancura,
    bello, soluble gato
    que me asusta a la gata
    o me la aburre
    como acaba aburriendo la pureza.

    12-I-2001



    LAS PALABRAS

    Las palabras son de agua, son de piedra,
    las palabras son de oro,
    son de luz,
    y suenan, de una en una,
    a moneda, a llamada, a aldabonazo.
    No son, las palabras,
    de la gramática ni de los gramáticos,
    no están llenas de aire ni mentira,
    las palabras no son del mercader,
    no son del que las vende ni las compra,
    las palabras son piedras de los ríos,
    pequeñas almas duras y purísimas,
    conchas del gran galápago del tiempo,
    las palabras son cuanto tenemos.

    .....Por eso, no tiremos las palabras,
    no las hagamos barro, flecha torpe,
    y que no suenen a tonada falsa,
    como suenan a veces,
    hasta que un hombre bravo,
    una mujer intacta,
    dicen pálidamente su palabra.

    24-I-2001



    LA CASA DERRIBADA

    Se hunde un edificio en Argüelles.
    (De los periódicos)
    La casa derribada,
    el barco vuelto al cielo,
    qué entrañable escenario de mil vidas,
    alcobas en jirones,
    dormitorios antiguos,
    los muebles tan antiguos,
    una novela vuelta del revés.
    Esa casa de Argüelles,
    la casa de muñecas de la vida.

    .....Derrumbamiento del pastel del tiempo,
    las casas son enfermos que se callan,
    de pronto se abren puertas hasta el cielo
    y aparece la casa ante la gente,
    la casa con su edad,
    sus orinales,
    su espejo moda años veinte,
    su intimidad de pianos e hipotecas,
    la casa de muñecas de los viejos,
    la intimidad profunda era mentira,
    sólo un vil panderete nos separa
    del viento canallesco de la calle.
    Vivir a la intemperie y no saberlo.

    9-III-2001



    LA GLORIA

    La gloria no es un oro,
    ni un anillo.
    La gloria no es un broche,
    o una cinta,
    o un imperdible en plata,
    la gloria no son cosas
    que han perdido su nombre,
    caligrafía de reyes,
    esas fotos que tienen
    el color de pasado.
    La gloria es otra cosa.

    .....Ni diademas de cartón,
    ni cartas de azul perfume.
    No seamos traperos de la gloria.
    No seamos la prendería de la fama,
    no guardemos recortes
    ni bombones mohosos,
    ni vestidos rozados por el tiempo.
    La gloria es un gran pájaro tranquilo
    que se posa en el alma,
    como abriendo su cola,
    y da serenidad, paz y más vida.

    18-IV-2001



    LA SOLEDAD

    Hablo de soledad
    porque estoy solo.
    Soledad es un pez que nada el tiempo,
    la soledad es una puerta abierta
    que da a puertas abiertas
    y vacías.
    No es ausencia de gente el estar solo.
    Es ausencia de mí entre la gente.
    El que no está soy yo,
    y ellos no saben,
    soledad es morirse a cualquier hora
    junto al museo de los medicamentos.

    .....Soledad es un agua que no hay,
    un sol que se ha dormido en los cristales,
    silla que no hace juego,
    un hueco en la memoria,
    soledad es un hombre solitario
    que se acerca a mirar las papeleras.
    Hoy me he visto a mí mismo,
    fastuoso de soledad, como un mendigo,
    mirando una lejana papelera
    y sacando un periódico del fondo,
    que es el mismo que lleva en el bolsillo,
    porque lo sacó ayer, y así por siempre.

    23-IV-2001





    UN MAGNOLIO

    No sé si he escrito cosas de magnolios,
    pero el magnolio envía su carta anual,
    dos hojas perfumadas,
    con su blancor espeso,
    cual dos rizados pliegos
    de un mensaje muy antiguo.

    .....Que ha venido el verano
    o toca a primavera
    en el convento blanco del magnolio.
    Este olor a mujer,
    a monja despiadada,
    esta oblea de carne,
    este contacto:
    el magnolio despierta el mes de junio,
    lleno de monjas,
    flores y novelas.
    Salgo a ver el magnolio,
    sin duda un árbol hembra,
    y pienso en Ava Gardner,
    en películas,
    porque el romanticismo que nos queda
    es ya cosa del cine
    o de la tele

    15-V-2001



    EL DOLOR

    El dolor tiene noches y rasguños. Acuden al dolor sombríos albañiles, hipogastrios y pican los escudos de nuestra dinastía biometalúrgica. La gata vertical, arpista de los muebles ya vencidos. Acuden los dolores al dolor, el latigazo ruin de la jaqueca. El dolor es una luna inversa poblada como cráteres de vértigos. Me reconozco al fin en mi dolor, que es el revés del yo, fuego sombrío. Me reconozco al fin en otro que arde mientras aquí agonizo oscuramente escuchando a la gata su rebelde concierto de arañazos.

    25-VI-2001



    POETA, ALA DE OXÍGENO

    Poeta, ala de oxígeno,
    buscando campanarios de más viento,
    y así recorre España por el cielo,
    frecuentando cigüeñas y vencejos.
    Poeta, ala de oxígeno,
    siempre diciendo versos que le ahogan,
    que le llegan al pecho
    en su belleza,
    que le llegan al rostro hasta la lágrima,
    poeta, ala de oxígeno,
    último trovador de las Españas,
    alternando hospitales y ateneos
    con su presencia rauda y metafórica.
    .....(Algunas tardes de domingo, con sol de Madrid, que es el sol pétreo de Gredos, me voy a visitarle al hospital Carlos III; y le llevo unas flores o no le llevo nada, y está con su pijama que le viene muy grande, es un pijama azul que ya se pone más que la chaqueta. Comparte habitación con uno del Seguro y cumple sus encargos, riguroso, de pintar o escribir o ambas cosas; lo cierto es que trabaja junto al lecho, su impaciencia de vivo cumple años, le arrebata los años a la vida, tengo que hacer un encargo, hombre, que se lo prometí a los de Albacete, o le traen la merienda muy temprano y merienda galletas con café como un buen colegial de las aulas azules de estar enfermo.)

    Poeta, ala de oxígeno,
    ahora que se le opina en toda España
    poeta posterior al postnovismo,
    los lujos descendentes de la música
    alhajan su poesía con nombres propios.
    Vive una confusión de vida y música.
    Beethoven le visita en su taberna,
    adonde baja a veces sin tabaco,
    donde escribe despacio, con chinchón,
    estos primeros versos de aguardiente
    que no son los finales de su vida
    sino los actualísimos y nuevos,
    escritos ahora mismo, letra a letra,
    con la calma nerviosa de su voz,
    [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] - Página 189
    con la belleza inédita que había detrás del tiempo,
    amigo Pepe.

    Poeta, ala de oxígeno,
    viajando campanarios, torres góticas
    que llaman hospitales por decoro,
    y allí anida su huelgo, dulcemente,
    acumulando cielo para luego.
    Sigamos a este poeta
    mayor de las Españas
    en su ronda de versos y de amigos
    por la plaza mayor del universo.
    Ha traspasado el tiempo y el espacio,
    vive una eternidad que es la poesía,
    donde tanto alojó su juventud.
    Tercera juventud aristotélica,
    escafandra de leve nibelungo
    deslizado en sus mares de otro tiempo.
    Escalante con él, melancolía,
    la máscara de oxígeno es un casco
    para su vivo cráneo de guerrero.
    Hoy los mares del cielo, tan azules,
    ya le han colmado el pecho de verano.
    .....(Hoy le he traído unas flores que corté en mi jardín con las tijeras de la
    cocina, son flores incluseras, sólo la rosa tiene nombre pleno, pues la rosa es su
    nombre dicho en pétalos: Me acompaña al ascensor cuando me voy, tirando de la
    cuerda del oxígeno, tirando de una cabra loca y lírica.)
    .....Poeta, ala de oxígeno, etc.

    El Mundo (Madrid), 22-XII-2002


    FRANCISO UMBRAL, Obra poética (1981-2001), Seix Barral, 2009


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    Francisco Umbral (1932-2007) Empty Re: Francisco Umbral (1932-2007)

    Mensaje por Amalia Lateano Mar 06 Jun 2023, 11:38

    Buen día
    Estoy como la colega Cecilia...
    Me estoy informando de este Poeta

    EL DOLOR El dolor tiene noches y rasguños. Acuden al dolor sombríos albañiles, hipogastrios y pican los escudos de nuestra dinastía biometalúrgica. La gata vertical, arpista de los muebles ya vencidos. Acuden los dolores al dolor, el latigazo ruin de la jaqueca. El dolor es una luna inversa poblada como cráteres de vértigos. Me reconozco al fin en mi dolor, que es el revés del yo, fuego sombrío. Me reconozco al fin en otro que arde mientras aquí agonizo oscuramente escuchando a la gata su rebelde concierto de arañazos. 25-VI-2001 escribió:

    Feliz martes!
    Gracias Maestro
    Besos
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    Francisco Umbral (1932-2007) Empty Re: Francisco Umbral (1932-2007)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 07 Jun 2023, 04:01

    Muchas gracias por tu interés, Amalia.

    Un abrazo.
    Pedro


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    Francisco Umbral (1932-2007) Empty Re: Francisco Umbral (1932-2007)

    Mensaje por Lluvia Abril Miér 07 Jun 2023, 23:32

    LAS PALABRAS

    Las palabras son de agua, son de piedra,
    las palabras son de oro,
    son de luz,
    y suenan, de una en una,
    a moneda, a llamada, a aldabonazo.
    No son, las palabras,
    de la gramática ni de los gramáticos,
    no están llenas de aire ni mentira,
    las palabras no son del mercader,
    no son del que las vende ni las compra,
    las palabras son piedras de los ríos,
    pequeñas almas duras y purísimas,
    conchas del gran galápago del tiempo,
    las palabras son cuanto tenemos.

    .....Por eso, no tiremos las palabras,
    no las hagamos barro, flecha torpe,
    y que no suenen a tonada falsa,
    como suenan a veces,
    hasta que un hombre bravo,
    una mujer intacta,
    dicen pálidamente su palabra




    Pues muy grata sorpresa me llevo en cada lectura de un poema de Umbral.
    Seguiré por aquí y gracias, Pedro.


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    Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 08 Jun 2023, 03:14

    Gracias por tu interés, Lluvia.

    Un abrazo.
    Pedro


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    Francisco Umbral (1932-2007) Empty Re: Francisco Umbral (1932-2007)

    Mensaje por Lluvia Abril Dom 02 Jul 2023, 02:54

    LA GLORIA

    La gloria no es un oro,
    ni un anillo.
    La gloria no es un broche,
    o una cinta,
    o un imperdible en plata,
    la gloria no son cosas
    que han perdido su nombre,
    caligrafía de reyes,
    esas fotos que tienen
    el color de pasado.
    La gloria es otra cosa.

    .....Ni diademas de cartón,
    ni cartas de azul perfume.
    No seamos traperos de la gloria.
    No seamos la prendería de la fama,
    no guardemos recortes
    ni bombones mohosos,
    ni vestidos rozados por el tiempo.
    La gloria es un gran pájaro tranquilo
    que se posa en el alma,
    como abriendo su cola,
    y da serenidad, paz y más vida.


    18-IV-2001

    Así, así es como se disfruta de la gloria, y así disfruto de estos versos.
    Hoy vine a pasear los versos de Umbral y lo hago desde esa paz y serenidad que menciona.
    Gracias de nuevo, Pedro, por este descubrimiento gratificante.


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    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 02 Jul 2023, 04:24

    Gracias a ti, lluvia, por tu interés.

    Un abrazo.
    Pedro


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    Mensaje por cecilia gargantini Dom 02 Jul 2023, 15:20

    Conocía su prosa y algunos artículos.
    A Umbral poeta lo desconocía realmente.
    Aquí destaco...

    ....Quizá es un pino del 98,
    abrazar este pino es abrazar
    a Miguel de Unamuno o a Machado.
    Perfuma como España cuando hay paz,
    catedral de los pájaros y el gato,
    nobilísimo pino, árbol honrado,
    personaje del huerto,
    voz tan verde.
    De vez en cuando, o muy de tarde en tarde,
    deja caer una piña lentamente,
    como hondo pensamiento,
    como madura idea,
    como el siglo que cumple este muchacho.

    Me gustó mucho llegar a estos versos, ya que es un poeta muy interesante con abordajes diferentes.
    Besossssssssss y graciassssssss, querido amigo
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    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 03 Jul 2023, 10:28

    Gracias, Cecilia, por tu interés.

    Un abrazo.
    Pedro


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