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    Mensaje por Maria Lua Mar 13 Dic 2022, 20:14

    La Argentina, Brasil y Uruguay, cuna del genio gauchesco




    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay 4ZGBOXYZPJGSJNDMYC7O2SDMV4


    Las historias de la Argentina, Brasil y Uruguay, en donde se constituye nuestra llamada región gaucha, transitaron épocas distintas, plenas de episodios diversos. Sin embargo, existe entre ellas una estrecha relación y tienen eco en la poesía popular, denominada gauchesca, en la que reflejan la existencia de un mismo ser original y típico: el gaucho.

    Esta región gaucha abarca ambas márgenes del Río de la Plata y el estado de Rio Grande do Sul donde el origen de sus pueblos posee base común: es la región en la cual se desarrolló una forma peculiar de vida, la de los gauchos, casi al mismo tiempo y con características muy similares.

    Podría citar muchas coincidencias que expresen las características propias de los gauchos argentinos, riograndenses y uruguayos, pero mejor que yo lo dice el mentado payador brasileño Jayme Caetano Braun en su "Milonga de tres banderas": Brasileño y Oriental,/ Riograndense y Argentino,/ Piedras de un mismo camino,/ Aguas de un mismo caudal, (...)

    Los rasgos distintivos del hombre de campo en la región gaucha son muy similares: el gaucho se sirve de los recursos naturales necesarios para sus actividades campesinas y usa vestimentas y elementos acordes con esa forma de vida. Lo acompaña una "prenda o china" y su infaltable guitarra, experimenta casi una identificación de amistad con su caballo y es excelente jinete. Es un ser que se siente libre y ama la naturaleza que conoce con admirable precisión. Así lo expresa el poeta uruguayo Elías Regules en "Rumbo": Pisa lomas, cruza el llano,/ Pasa el arroyo y la sierra,/ Como arreglando la tierra/ Con la palma de su mano./Y es tan seguro baqueano/ Aquel resuelto jinete/ Que, cual si fuera un juguete, / Abras, sendas y picadas / Parece que están atadas / Al cabresto de su flete.

    El gaucho cuenta con el don original de la expresión de su alma en el canto, que acompaña con la guitarra y que ejerce intuitivamente. Esta capacidad creadora fue la que dio lugar a que surgieran obras literarias originales, como el Martín Fierro de José Hernández, quien lo dice claramente en esta expresiva sextina: Cantando me he de morir/ Cantando me han de enterrar,/ Y cantando he de llegar/ Al pié del Eterno Padre / Dende el vientre de mi madre/ Vine a este mundo a cantar.

    Estas obras, surgidas del genio de escritores de cultura urbana pero de auténtica prosapia gauchesca, tratan de conservar el lenguaje propio del gaucho y alcanzan su máxima expresión en el mismo momento en que el mundo que recrean artísticamente inicia su transformación.

    Sin embargo, los valores que en sus páginas contienen son siempre vigentes, aún ya iniciado el siglo XXI, en el paisano de hoy, en el que vive el gaucho de ayer: la creencia y confianza en Dios, la devoción a María, el culto de la amistad, la generosa hospitalidad, la valentía ante el peligro, la seguridad en sí mismo, la sobriedad en los hábitos, la certera habilidad física para toda exigencia campestre y, como inimitable don, el genio de payador.

    Estos valores, que sin duda provienen del gaucho ancestral, son los que quedaron plasmados poéticamente en obras como Martín Fierro de José Hernández (Argentina), Contos gauchescos, de João Simões Lopes Neto (Brasil) y Rumbo de Elías Regules Uriarte (Uruguay), que por ese motivo son obras siempre de permanente actualidad.



    Alicia Lidia Sisca

    https://www.lanacion.com.ar/economia/campo/la-argentina-brasil-y-uruguay-cuna-del-genio-gauchesco-nid2282846/


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    Mensaje por Maria Lua Mar 13 Dic 2022, 20:28

    Gaucho o gaúcho ( en portugués)


    Gaucho​ es la denominación utilizada para nombrar al habitante característico de las llanuras y zonas adyacentesnota 2​ de Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil (Río Grande del Sur), también por la zona austral de Chile (Región de Los Lagos, Región de Aysén y Región de Magallanes), en la región al sur de Bolivia en todo el departamento de Tarija1​ y el chaco chuquisaqueño, en el curso del siglo XVII hasta mediados del siglo xix. Se identificaba por su condición de hábil jinete y por su vínculo con la proliferación de vacunos en la región; además, por las actividades económicas y culturales derivadas de ella, en especial la del consumo de carne y la utilización del cuero.

    En cuanto a su ocupación, los sistemas de trabajo impuestos por algunos terratenientes tras la independencia dieron forma al particular régimen clientelar del peón de campo. Y en cuanto a su forma de vida, tenían un estilo pseudo nómada.

    A la mujer gaucha tradicionalmente se la ha llamado «china» (del quechua: muchacha y, por extensión, hembra),​ «paisana», «guaina» (en el norte litoraleño), «gaucha» y «prenda».

    La figura del gaucho en las culturas argentina, paraguaya y uruguaya, así como en la región de Río Grande del Sur (Brasil) y en la Patagonia chilena es considerada como un icono nacional que representa la tradición y las costumbres rurales. Los gauchos lucharon en las guerras de la independencia y civiles. En torno a su figura se formó la denominada literatura gauchesca, cuyo principal eje temático fue la denuncia de la injusticia social, que tuvo como punto culminante los libros El gaucho Martín Fierro (1872) y La vuelta de Martín Fierro (1879).

    Por ser habitante del campo, mantiene semejanza con otros habitantes rurales de a caballo, y sobre todo como jinete, como por ejemplo el huaso chileno, el charro mexicano, el chalán peruano, el chagra ecuatoriano, el llanero colombo-venezolano, el cowboy estadounidense y el vaquero paraguayo (el actualmente llamado «vaquero» en Paraguay muchas veces también ha recibido, por razones histórico-culturales, el nombre de gaucho).​



    Etimología

    Existen varias teorías sobre el origen del vocablo, entre otras hipótesis, que puede haber derivado del quechua "huachu" (huérfano, vagabundo), del gentilicio guanches o guanchos de los canarios llevados en 1724 para refundar Montevideo, o del árabe "chaucho" (un látigo utilizado en el arreo de animales). Según el investigador Mariano Polliza deriva de la palabra de origen portugués "gauderio" con la que se designaba a los andariegos habitantes de las grandes extensiones de campo de Río Grande del Sur y del este de la Banda Oriental, pasando al Río de la Plata en el siglo XVIII, donde hasta entonces no era conocida, otro supuesto origen sería garrucho palabra portuguesa que señala a un instrumento usado por los gauchos para atrapar y desjarretar a los ganados.

    En el árabe mudéjar existía la palabra hawsh para designar al pastor y al sujeto vagabundo. Por otra parte se ha señalado la probable influencia de inmigrantes moriscos clandestinos en la génesis del gauchaje, tal cual lo indicaba Diego de Góngora en sus informes capitulares a la corona española.7​ Aún hoy en Andalucía —especialmente en la lengua gitana caló— se habla de gacho para denominar al campesino y, de modo figurado, al amante de una mujer. En el siglo XVIII, Concolorcorvo habla de gauderios cuando menciona a los gauchos o huasos: "Estos son unos mozos nacidos en Montevideo y en los vecinos pagos. Mala camisa y peor vestido procuran encubrir con uno o dos ponchos...", gauderio parece ser una especie de "latinización" de las palabras antedichas, latinización asociada al término latino —muy conocido entonces, ya que era usual en la liturgia católica— gaudeus, que significa "regocijo", e incluso "libertinaje", es decir la palabra "gaucho" como la palabra "huaso" —metátesis una de la otra— parecen indudablemente plurietimológicas, y forjadas en un contexto temporal y territorial específico, el ámbito ganadero del Cono Sur. A la formación del gaucho también contribuyeron los camiluchos, estos eran los antiguos peones o "camilos" de las Misiones Jesuíticas, los cuales, al ser expulsada la orden jesuítica en 1767 e invadidas las "reducciones", marcharon hacia la región pampeana o llanura de la pampa argentina.




    https://es.wikipedia.org/wiki/Gaucho


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    Mensaje por Maria Lua Sáb 31 Dic 2022, 19:18

    Dalibor Soldatić


    LITERATURA GAUCHESCA



    El jinete solitario, nómada, vaquero sobre los vastos espacios de la pampa,
    el gaucho, ha estado desde siempre presente en la literatura argentina. Hay
    gauchos en Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia y Brasil. Viven en las
    zonas rurales y se dedican ante todo a la ganadería, especialmente a domar
    caballos salvajes, y la agricultura.
    En el caso de la literatura argentina hay que distinguir dos conceptos: la
    literatura gaucha y la literatura gauchesca.

    La literatura gaucha surge ya en la época de la Colonia y es literatura
    popular de tradición oral, de carácter lírico narrativo que transmiten los
    ambulantes cantores populares ― los payadores acompañados por una
    guitarra o vihuela, quienes cantan e improvisan canciones y poemas sobre
    personajes y acontecimientos famosos. Puede decirse que esa poesía y las
    modalidades de su realización han servido de punto de partida para la
    literatura que apareció en el siglo XVIII y en la que el protagonista será el
    gaucho.
    La literatura gauchesca apareció a fines del siglo XVIII e comienzos del XIX
    en Argentina y Uruguay como parte de un movimiento más extenso de los
    escritores hispanoamericanos de esa época: el americanismo.
    Efectivamente, después de conquistar la independencia de la Corona
    española, cuando se constituyen los jóvenes estados hispanoamericanos,
    resulta lógico que se plantee la pregunta: ¿quiénes somos?, o sea la cuestión
    de la identidad nacional.
    La literatura gauchesca abarca todos los géneros: poesía, narrativa y obras
    dramáticas, aunque los máximos alcances se registren en el campo de la
    poesía.

    La literatura gauchesca eleva la figura de este nómada al nivel de un mito
    nacional. Autores cultos se identifican con la figura de esta gente del
    campo, ofreciendo el testimonio sobre un pasado irrecuperable. En sus
    obras se presentan las zonas rurales, paisajes, la vida del gaucho en las
    ásperas condiciones de la pampa, su modo de pensar y actuar. El eje
    principal en torno al que gira todo, hasta las ideas políticas, la crítica de la
    sociedad y de los gobernantes, igual que diferentes hazañas, sea positivas,
    sea negativas, es precisamente el gaucho.
    Esto no quiere decir que la imagen del gaucho en las obras literarias sea
    siempre positiva. Hay algo romántico en ese destino fatal del gaucho, el
    jinete libre y solitario, condenado a desaparecer por las circunstancias
    económicas y sociales que se vienen imponiendo. La industrialización del
    país exige que el gaucho se incorpore al proceso de la producción moderna.
    De hecho, se ve obligado a convertirse en jornalero, sirviente o soldado. Por
    eso responde a los cambios que se le imponen muchas veces con la
    violencia. A menudo sirve a los caudillos autoritarios, siendo

    frecuentemente, al mismo tiempo, víctima de la represión. En qué medida
    la literatura argentina ofrece diferentes imágenes del gaucho puede verse
    muy bien en el libro híbrido de Domingo Faustino Sarmiento Facundo y la
    famosa novela de Ricardo Güiraldes Don Segundo Sombra.

    Martín Fierro es considerado el máximo alcance de la literatura gauchesca.
    Esta obra de José Hernández figura entre los clásicos de la literatura
    argentina. Con Martín Fierro se inicia el culto directo y general del valor y
    de la audacia individual del gaucho en su sentido épico. Algunos críticos lo
    consideran una obra mitopoética. En ella el gaucho es presentado más bien
    como un tipo social que étnico, producto de una ganadería primitiva. De
    allí su rechazo a aceptar la modernización, y por ende, la ciudad y la
    civilización en el sentido de Sarmiento. Ese gaucho, desafortunadamente,
    puede ser utilizado con fines políticos negativos, aunque en su
    individualidad rebelde también puede elevarse a niveles superiores.

    Martín Fierro fue publicado entre 1872 y 1879. Su autor José Hernández
    (1884 ―1886) conoce bien de su propia experiencia el ambiente rural
    argentino y sus habitantes. Su imagen del gaucho no es pintoresca ni
    folklórica, sino que se empeña en presentarnos un personaje representativo
    del gaucho argentino, concentrándose en su modo de vida, de pensar y de
    expresarse. La imagen de la sociedad argentina que nos ofrece Hernández
    es amarga. Representa al mismo tiempo una protesta contra las injusticias y
    la marginalización del gaucho, mientras que enaltece los auténticos valores
    espirituales de un mundo natural. Martín Fierro reacciona contra las
    autoridades, el ejército, la justicia, la ciudad y la civilización, y se eleva al
    nivel del mito del individuo libre que no se deja domar, quien no tolera las
    injusticias sociales, la opresión y se empeña por un orden distinto, más
    justo.

    El argumento es relativamente sencillo. Las autoridades han arrebatado a
    Martín Fierro de su familia y de la pampa, y se lo han llevado por la fuerza
    para que luche contra los indios rebeldes. La vida en la frontera está
    marcada por los abusos, arbitrariedades e injusticias. Al final un Martín
    Fierro indignado y amargado va a desertar. Volverá a su pueblo tres años
    más tarde para encontrarse con su rancho destruido, mientras que han
    desaparecido su mujer e hijos. Se va por la vía de la venganza,
    convirtiéndose en el gaucho malo, violento, cae en vicios, siendo
    vagabundo, aunque siga llevando en sí lo noble de su naturaleza. En
    compañía de otro fugitivo, Cruz, al final de la primera parte, huye de las
    autoridades y se refugia entre los indios salvajes. Así se ha presentado a
    través de un individuo el mundo mítico idealizado de la pampa que la
    civilización moderna y las autoridades vienen destruyendo.

    Hernández publicó en 1878 la segunda parte de su poema “Vuelta de
    Martín Fierro”, en la que el rebelde vuelve a la civilización y la sociedad de
    las que había huido, convencido que al final lo van a comprender. La
    experiencia de la vida entre los indios salvajes ha resultado ser negativa.
    Después de la muerte de Cruz y un incidente en el que mataron a un niño,
    despiertan en Martín Fierro sentimientos nobles, se vuelve contra los indios
    y regresa a la civilización.
    De nuevo es feliz por haber encontrado a sus hijos, ve un futuro claro,
    mientras que detrás de todo permanece la pampa como fundamento de
    una Argentina grande en el futuro.

    De esta manera se nos ha ofrecido una imagen poética de aquel conflicto
    entre la civilización y la barbarie, sobre el cual escribía Sarmiento y que se
    resuelve con el respeto a la libertad del individuo y la necesidad de
    imponer un orden social que asegure la paz y la prosperidad a la nación.
    El poema está escrito en el lenguaje de los gauchos que Hernández, de un
    modo original, eleva a un nivel estético superior, creando un lenguaje
    original, pero al mismo tiempo verosímil. El gran escritor argentino Jorge
    Luis Borges calificó Martín Fierro como una de las cumbres de la literatura
    argentina desde el punto de vista estético y literario por más que no
    sintiera simpatía hacia el héroe del poema.




    file:///E:/Maria%20Lua/Downloads/DOC_40461_Master.pdf


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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 06:54

    La literatura gauchesca es un subgénero propio de la literatura latinoamericana que intenta recrear el lenguaje del gaucho y contar su manera de vivir. Se caracteriza principalmente por tener al gaucho como personaje esencial, y transcurrir las acciones en espacios abiertos y no urbanizados (como la pampa argentina). 1​2​3​4​5​

    El género gauchesco se considera inédito en la región americana (en el entendido de América del Norte y América del Sur), ya que presenta los rasgos de un modo de vivir, sentir y pensar de un estrato de la sociedad que se ubica geográficamente en la zona rioplatense, que forma parte de Argentina y Uruguay. También se incluyen otros extensos territorios, como los de las provincias de Salta, Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires, Entre Ríos, Tucumán, Río Grande del Sur (en Brasil) y la Banda Oriental (actual Uruguay).

    Esta literatura presenta descripciones de la vida campesina y sus costumbres, así como de los personajes sociales de ese entonces: criollos, indios, mestizos, negros y gringos, entre otros. Suele haber una exaltación de lo folclórico y cultural, y se emplea como protesta y para realizar una crítica social. En la forma y el lenguaje, se distingue por el empleo abundante de metáforas, neologismos, arcaísmos y términos aborígenes. Suele haber poco uso de sinónimos, y predomina el monólogo sobre el diálogo.

    Aunque hay casos aislados de literatura gauchesca desde el siglo xviii, es en el siglo xix cuando se establece firmemente como un género.

    Los ejemplos del siglo xix son fundamentalmente poéticos: los versos políticos de Bartolomé Hidalgo, la poesía en el exilio de Hilario Ascasubi, el Santos Vega de Rafael Obligado, y la obra de Estanislao del Campo y Antonio Lussich.

    El poema gauchesco más famoso es Martín Fierro de José Hernández. La primera parte del poema apareció en 1872 y la segunda, La vuelta de Martín Fierro en 1879. En el personaje de Martín Fierro, Hernández presentó un gaucho que representaba a todos los gauchos, describiendo su forma de vida, su manera de expresarse y su forma de pensar y actuar según las circunstancias.




    Cronológicamente su surgimiento y despertar lo podemos ubicar en el período previo al de la Independencia con tres etapas bien marcadas y definidas una de la otra adquiriendo así sus características propias:

    En 1818, el poeta oriental Bartolomé Hidalgo publicó, en Buenos Aires, "Cielito Patriótico" en el que le otorga al gaucho una voz enunciativa para contar la acción de la Batalla de Maipú, en la que triunfa el ejército de San Martín sobre las tropas realistas. Ese procedimiento que sistematiza Hidalgo con otros “cielitos” y con sus “diálogos gauchescos” es retomado por otros escritores, algunos anónimos y otros como Luis Pérez, Juan Gualberto Godoy e Hilario Ascasubi quienes retoman la voz del gaucho para cantar sobre las luchas por la Independencia y las vicisitudes de la guerra civil y la política. En sus composiciones, se mezclan la violencia, el humor y los géneros discursivos del periodismo de combate y de guerra, el léxico y el fraseo. Como por ejemplo, el célebre poema de Ascasubi “La refalosa”, aparecido por primera vez en el periódico Jacinto Cielo (Montevideo, 1843) en el que se le da voz al enemigo político (en este caso, un gaucho “mazorquero” del ejército del general Manuel Oribe que, por entonces, sitiaba la ciudad de Montevideo), para que, al describir una forma de tortura y ejecución llamada popularmente “la refalosa”, el placer del torturador le dé una vuelta de tuerca más al terror de la política. Cabe destacar que en 1845, Domingo F. Sarmiento, en su obra "Facundo", coloca al gaucho en la esfera de la "barbarie" y establece una tipología gaucha.
    En 1866, Estanislao del Campo, con su obra Fausto, retrata una imagen jocosa del gaucho: narra, en versos gauchescos,el diálogo de dos paisanos sobre la visita de uno de ellos al Teatro Colón (en la ciudad de Buenos Aires) en el que se ofrece la ópera "Fausto" de C. Gounod. Aquí el desacomodo del personaje para comprender lo que contempla, debido a un espacio ajeno a su universo rural, es lo que constituye la principal fuente de comicidad. Sin embargo, el humor también apunta contra ciertos rituales y convenciones de los sectores urbanos acomodados.
    Finalmente, en la tercera etapa, hacia fines de 1872, José Hernández publica un folleto en el que se narra la vida de "El gaucho Martín Fierro" pero la novedad es que se le da voz al gaucho para que cuente su historia de vida, en una especie de autobiografía ficcional, en la que cuenta lo extraordinario de su pena, causada por un sistema político que cuestiona y que irrumpe en su vida para cambiarla para siempre. Luego en 1879, el autor retoma la vida del gaucho Martín Fierro y agrega otras historias de gauchos, payadores y consejos de padres a hijos en su libro "La vuelta de Martín Fierro". Sin embargo, Lucio V. Mansilla, con su historia "Miguelito" de su libro "Una excursión a los indios ranqueles" (1870) anticipa la de Martín Fierro.
    Es decir, vemos una evolución del género desde la opinión a la literatura elegíaca, transformando también el género literario propiamente dicho, ya que en la primeras etapas, prolifera la poesía, un realismo poético lingüístico y vivencial que da paso al idealismo en prosa.

    Es la literatura gauchesca,el material formativo de los sectores que no tienen acceso al libro , a la imprenta ni a la educación y que luego de migrar a la ciudad se asientan en los suburbios, dicho esto es que se apuntaba a un número muy abundante de personas.

    Si reflexionamos acerca del género, hallamos sus orígenes en tres factores variados: la economía liberal que transforma los modos de producción y la economía de la región, el paulatino asentamiento urbano y la expansión de la educación en ambas márgenes del Río de la Plata con José Pedro Varela y Domingo Faustino Sarmiento como propulsores del cambio.

    Lauro Ayestarán considera el género como una alquimia literaria, ya que es una búsqueda desde el siglo xviii por transmitir el pensar y el sentir de un sector en particular de la sociedad pero más aún las ansias de retratar la figura emblemática del gaucho para las postrimerías. Al principio el gaucho no fue un hecho foloclórico, era un "tipo aislado del ámbito cultural rioplatense" y es este género que lo recrea literariamente.

    Bartolomé Hidalgo es considerado el "primer poeta gaucho", sus Diálogos patrióticos (1822) inician la literatura gauchesca; Estanislao del Campo, en El Fausto Criollo (1866), Hilario Ascasubi, en su obra referida a Santos Vega (1870).6​

    Antonio Lussich, considerado por Jorge Luis Borges un antecesor del "Martín Fierro", y su coetáneo y conocido José Hernández, uno en Los tres gauchos orientales, el otro en el Martín Fierro (editados ambos en 1872), presentan un gaucho idealizado, de espíritu noble, respetado por los campesinos por su fuerza física y moral. Asimismo desde los 1830 se destacan las más grandiosas del siglo xix obras de Juan Baltasar Maciel; mientras que en una especie de limbo literario en cuanto a los gauchos se encuentra la principal obra del sanjuanino Sarmiento; prácticamente el hijo de un gaucho, en su Facundo (1845), tiene una relación de amor y odio hacia lo gaucho: caracteriza al gaucho en bueno: rastreador y baqueano, que vive en un estado de armonía con la naturaleza; y malo: «...hombre divorciado con la sociedad, proscrito por las leyes;... salvaje de color blanco» que incluye al cantor, que anda «de tapera en galpón» cantando hazañas propias y ajenas.

    En 1857 obtuvo cierta fama Santiago Ramos con su obra “El gaucho de Buenos Aires”.

    Eduardo Gutiérrez alcanzó especial popularidad con casi una docena de novelas sobre el gaucho, frecuentemente centradas en el gaucho malo, y por lo tanto sus novelas están llenas de peleas sangrientas, violaciones y otros episodios dramáticos. Su novela más famosa es Juan Moreira (1879), basada en la historia de un gaucho que osciló entre la vida delictiva y la violencia política. Otro gran autor gauchesco es el oriental Elías Regules quien fuera muy leído entre los paisanos de las dos orillas a fines del s. XIX tal cual lo señala Jorge Luis Borges en su cuento «Historia de un niño que vio un duelo». Otro de los más destacados autores literarios que llega a tomar temáticas gauchas es el entrerriano Martiniano Leguizamón.

    En 1895 los autores gauchescos rioplatenses fundaron la publicación El Fogón dedicada a la literatura gauchesca.

    La popularidad de los cuentos y novelas gauchescas a principios del siglo xx creció de forma considerable al crearse numerosas sociedades cerca de Buenos Aires (y también en Uruguay) cuyos socios eran sobre todo emigrantes que se vestían como gauchos, e imitaban sus costumbres. Al tiempo, se fundaron periódicos que trataban temas gauchos.

    A algunos les pareciera que aquella distinción entre el gaucho «bueno» y el «malo», dentro del mito asimismo es muy relevante porque permite entender lo paradójico de este mito. Sarmiento hace hincapié en la existencia nómada del gaucho, en su comportamiento rústico, en su capacidad de sobrevivir en la Pampa, cuya misteriosa belleza y peligro oculto le fascinan, pero sobre todo identifica al habitante de la Pampa como un ser incivilizado, opuesto al avance del progreso en comparación con los refinados ciudadanos «que visten traje europeo, viven de la vida civilizada... [donde] están las leyes, las ideas de progreso, los medios de instrucción... etc».

    La imagen del «gaucho malo» se encuentra también en el Juan Moreira (1880), la novela de Eduardo Gutiérrez. Este texto relata la vida de un personaje existente y típico del paisaje tradicional pampeano: Juan Moreira. Nos cuenta los juegos valientes de este «Robin Hood» argentino, cuya nobleza contrasta con un rastro de crímenes horrendos y muertes insidiosas. Sin embargo, aquella violencia tiene una razón que le disculpa al gaucho. En la obra de Gutiérrez, el gaucho, víctima de la sociedad, vuelto malo por la injusticia a la cual se ve sometido, se rebela contra la ley. Su astucia y su temeridad son la base del mito criollo (iniciado por el Martín Fierro). Su inferioridad social, y su mala reputación le obligan al gaucho a aislarse, volviéndose un ser violento y antisocial. Este gaucho lo llamaremos según la expresión popular «gaucho matrero».

    A fines de siglo xix el francés Gaston Maspero publicó su estudio llamado (“Sur quelques singularités phonétiques de l’espagnol parlé dans la campagne de Buenos-Ayres et de Montevideo” («Sobre algunas singularidades del español hablado en la campaña de Buenos Aires y Montevideo») tal ensayo merece una mención especial al referirse a las características fonológicas del habla de los habitantes de la campaña en los transpaíses de los puertos de Buenos Aires y Montevideo. También en esa época y hasta la primera mitad del siglo xx son recordables las obras del entrerriano Eleuterio F. Tiscornia.


    Primera edición de Don Segundo Sombra (1926).
    Ricardo Güiraldes, en Don Segundo Sombra (1926), vuelve a transformar el campo en poesía. En palabras de Lugones: «Paisaje y hombre ilumínanse en él a grandes pinceladas de esperanza y fuerza. Qué generosidad de tierra la que engendra esa vida, qué seguridad de triunfo en la gran marcha hacia la felicidad y a belleza». Al idealizar al gaucho con líricos toques de virtud y heroísmo en una relación de completa armonía con la naturaleza, nutre el concepto que ha creado el estereotipo del gaucho tan evocado en el folclore argentino.

    Si quisiéramos contar la historia del gaucho malo, habría que comenzar con el Santos Vega donde el gaucho es malvado y culpable, y continuar en el Martín Fierro donde es forzado por la autoridad injusta a matar y pelear a ”la partida”, pero se incorpora finalmente al Sistema. En cambio en Moreira, el gaucho matrero se convierte en un superhéroe peleador quién, herido mortalmente por la policía, se muere finalmente en su ley. Todavía ahí no termina la línea del mito del héroe rebelde: encontramos, hasta el segundo tercio del siglo pasado, al bandido-héroe Mate Cosido que, perseguido en el Chaco por la policía, es querido y protegido por los pobladores porque no roba a los pobres sino a las grandes empresas explotadoras y se convierte, así, en una forma de vengador del oprimido. Hay que considerar, sin embargo, que tanto Juan Moreira como Mate Cosido fueron personas reales y no meros personajes literarios, como sí es el caso de Martín Fierro. En cuanto a Santos Vega, el personaje literario parece estar basado en alguien que realmente existió pero de quien prácticamente nada se sabe.

    A lo largo del siglo xx declina la literatura gauchesca (si bien pervive, sobre todo en las payadas y en las letras de las canciones folclóricas como las poesías del salteño Manuel J. Castilla y de su comprovinciano El "Cuchi" Leguizamón, o las del bonaerense con orígenes norteños Héctor Roberto Chavero mucho más conocido por su pseudónimo de Atahualpa Yupanqui, quien con su esposa francesa Paula Nenette Pepín en el norte de la Provincia argentina de Córdoba compuso gran cantidad de poesías gauchescas durante la segunda mitad del siglo xx), aunque se produce un curioso fenómeno: la aparición del gaucho en la historieta (son los casos de Lindor Covas -de Walter Ciocca-, Santos Leiva -de Ricardo Villagrán y Raúl Roux-, El Huinca, Fabián Leyes -obras de Enrique José Rapela-, las obras de Carlos "Chingolo" Casalla como "El cabo Savino" con guiones del propio dibujante y de Julio Álvarez Cao, Chacho Varela y Jorge Morhain etc. que presentan al gaucho decimonónico en sus aspectos más virtuosos), estos gauchos de historieta idealizados en exceso ya tenían su contrapartida en la narrativa visual de las viñetas realizadas a fines de siglo xix e inicios del siglo xx por Cao (padre) y las pinturas hechas por Florencio Molina Campos en donde con gracia es presentado un gauchaje más humano, en los 1970s la tradición visual que representa graciosamente si bien con respeto al gauchaje es proseguida por otros gauchos de historieta: El gaucho Carayá y, especialmente, Inodoro Pereyra (El Renegau), un excelente homenaje en clave humorística realizado por Roberto Fontanarrosa. En marzo del año 2000 se editó el Martín Fierro con ilustraciones del ya citado Carlos "Chingolo" Casalla. En el 2014 aparece una edición del Martín Fierro ilustrada por Carlos Montefusco.

    Narradores gauchescos importantes han sido Benito Lynch (realista), autor de El inglés de los güesos (1924) y de El romance de un gaucho (1936); Leopoldo Lugones, que publicó su obra La guerra gaucha en 1905; y, sobre todo, Ricardo Güiraldes, autor de Don Segundo Sombra (1926), la considerada obra maestra de la literatura gauchesca, cuyo interés por el gaucho está patente desde sus primeros trabajos literarios. En Don Segundo Sombra, Güiraldes presenta un personaje literario que es el retrato ideal y casi mítico del gaucho, con su concepto plenamente asentado de la libertad y del individualismo absoluto.

    En cuanto al teatro gauchesco —del siglo xix e inicios del siglo xx— en el mismo se destacaron los Hermanos Podestá, en el mismo por lo general se aprovechaban de los elementos sensacionalistas de la vida gaucha y el elemento folclórico y no era una verdadera representación de su vida y sus problemas. Florencio Sánchez es uno de sus representantes más calificados. En uno de sus dramas, M'hijo el dotor (1903), hay una confrontación entre padre e hijo, con la particularidad de que el padre es un viejo gaucho y el hijo ha sido educado en la ciudad. Es una representación de la lucha entre la época antigua y la moderna, M'ijo el dotor aunque es una obra influida por la literatura gauchesca está fuera del ámbito propiamente gauchesco ya que narra la tragedia de un pobre inmigrante italiano que ha enviado a su hijo primogénito a estudiar en la universidad y el hijo tras tratar con los "niños bien" o "paquetes" ("patriciado" acaudalado) se avergüenza de su humilde familia de origen.

    La literatura gauchesca como tal se inicia definidamente en el siglo xix con autores como Hilario Ascasubi, Bartolomé Hidalgo, Estanislao del Campo y el descollante José Hernández. Estos autores para escribir sus obras literarias frecuentemente recurrieron (tal cual lo ha hecho notar el docto tucumano Ricardo Rojas) a una métrica típicamente gaucha; la de los versos en octosílabos. Esa es la métrica del payador que resulta perfecta para transmitir las más profundas emociones improvisando, esa es entonces la métrica del Martín Fierro calificado como «La Biblia Gaucha» por el cordobés Leopoldo Lugones mientras que el porteño con madre orientala Jorge Luis Borges ha considerado que el Martín Fierro es el libro más perdurable de los argentinos. Por su parte el filósofo y antropólogo Rodolfo Kusch analiza a la típica obra literaria gauchesca como es el caso del Martín Fierro y nota que es una apelación numénica a la naturaleza y a la memoria para persistir dignamente en el tiempo, en la historia.

    En cuanto al porteño citadino de la segunda mitad del s. XIX Estanislao del Campo quien haciéndose el "gauchesco" llegó a usar como seudónimo el de "Anastasio el Pollo", su obra más importante, aunque no carece de méritos, es una vista porteña burguesa con pretensiones de "sátira" en la que se intenta ridiculizar a los gauchos; tal obra se titula Fausto, Impresiones del gaucho Anastasio el Pollo en la representación de la Ópera (más comúnmente se la conoce como "El Fausto de Estanislao del Campo").

    La literatura gauchesca tiene una característica de homogeneidad, es compacta, una trama unida, que si bien varía en el tiempo, es muy difícil de distinguir sus autores, ya que el estilo es de unidad inquebrantable, una superestructura.

    Se destaca el vínculo que une al gaucho con la naturaleza en una especie de "paralelismo psicocósmico", denotando la influencia de la naturaleza en el personaje de este género.


    https://es.wikipedia.org/wiki/Literatura_gauchesca



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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 07:11

    TRÊS POEMAS GAUCHESCOS (Rio Grande do Sul- Brasil)



    por Altair de Oliveira


    Numa missão quase especial, nesta semana apresentamos 3 poemas de formas diversas, mas que tem em comum as características da poesia regional que é praticada por muito tempo no sul do Brasil, a poesia dita "gauchesca", visto que hoje em dia ela é divulgada em todo o país pelos gaúchos, principalmente através dos CTGs (Centros de Tradições Gaúchas).

    Se poesia fosse algo comum, nós poderíamos dizer que a poesia dita gauchesca diferencia-se da poesia comum praticada no Rio Grande do Sul (Mário Quintana, Carlos Nejar, Carpinejar, etc) principalmente pelo apelo popular, que normalmente trata de cenas e de histórias da vida comum, por trabalhar uma linguagem com tendências regional e pelo apelo histórico de marcantes acontecimento passados, nitidamente tentando preservar a tradição do povo gaúcho. Além disto, ela é uma poesia feita principalmente para ser declamada. Alguns destes poemas são tão conhecidos pelos frequentadores de CTGs que já são considerados clássicos do nativismo.

    Um dos tipos de poesia gauchesca é a "Pajada", onde o poeta repentista canta os seus versos de improviso, em versos Décima Espinela, acompanhado por um violão que normalmente executa uma milonga. Para se ter uma idéia da importância dada no Rio Grande do Sul à poesia, existe uma lei estadual que determina o "Dia do Pajador Gaúcho", quando várias celebrações e encontros de pajadores são realizados.

    Entretanto, não ressaltamos aqui nenhum sentimento patriótico ou tradicionalista regionais, mas sim à beleza de certos versos ou certos poemas que fazem de seus poetas populares, uns Jaymes Caetano Braun ou Patativas do Assaré, tão importantes no coração do povo quanto os autores consagrados da dita literatura culta brasileira, algumas vezes poetas impopulares. A todos uma leitura deliciosa e uma semana bem bacana!


    ***


    OS POEMAS GAUCHESCOS



    HERANÇA


    Naqueles tempos, sim,
    naqueles tempos as casas já nasciam velhas.
    Naqueles tempos, sim, naqueles tempos, sim,
    naqueles tempos as casas já nasciam velhas.
    Eram uma casas cálidas, solenes
    sob as telhas portuguesas, maternais.
    Em pálidos azuis eram pintadas
    e em brancos, em ocres e amarelos.
    Algumas nem mesmo tinham reboco.
    Na carne dos tijolos mostravam-se nuas,
    abertas em janelas que espiavam
    da sombra verde para o sol das ruas.

    Naqueles tempos, sim,
    naqueles tempos
    tinham balcões e sacadas essas casas
    e úmidos porões e sótãos com fantasmas.
    E tinham jasmineiros sobre os muros
    e acolhedoras latrinas de madeira
    disfarçadas entre as plantas dos quintais.
    E laranjeiras e galos e cachorros
    um barril barrigudo cheio d'água
    e uma concha de lata para a sede.
    Nas varandas que eram frescas e abertas
    a moleza da sesta numa rede...

    Naqueles tempos, sim,
    naqueles tempos
    as portas eram altas
    e alto o pé-direito das salas dessas casas.
    Mas eram simples as pessoas que as casas abrigavam.
    Os homens chamavam-se Bento, Honorato, Deoclécio,
    as mulheres eram Carlinda, Emerenciana, Vicentina.
    Os homens usavam barbas e picavam fumo em rama,
    as mulheres faziam filhos, bordados e rosquinhas.
    Os homens iam ao clube, as mulheres À missa,
    e homens e mulheres aos velórios.
    Morriam discretamente e ficavam nos retratos.

    Naqueles tempos, sim,
    naqueles tempos
    a igreja tinha santos nos altares
    e havia mulheres rezando ao pé do santos.
    O padre usava uma batina cheia de manchas e botões,
    batizava crianças, encomendava os mortos,
    rezava a missa em latim: "Agnus Dei"...
    e comia cordeiro gordo na mesa do intendente.
    Os homens ajudavam nas obras da igreja,
    mas acreditavam mais nas armas que nos santos.

    Naqueles tempos, sim,
    naqueles tempos
    os chefes eram chamados "coronéis".
    Ganhavam seus galões debaixo da fumaça
    em peleias a pata de cavalo,
    garruchas de um tiro só e espadas de bom aço.
    As mulheres plantavam flores e temperos
    pois tinham mesma valia o espírito e o corpo.
    Sabiam receitas de panelas fartas,
    faziam velas de sebo e tachadas de doce
    e de graxas e cinzas inventavam sabão.

    Naqueles tempos, sim,
    naqueles tempos
    os bois mandavam nos homens,
    e por isso a vida era mansa na cidadezinha
    arrodeada de ventos, chácaras e estâncias.
    Os touros cumpriam devotamente o seu mister
    e as vacas, pacientes,
    pariam terneiros e terneiros
    e terneiros. O campo engordava os bois,
    as tropas de abril engordavam os homens
    e os homens engordavam as mulheres.

    Por isso a cidade chegou até aqui.
    Por isso estamos aqui
    - netos e bisnetos desses homens,
    dessas mulheres, netas e bisnetas.

    Por isso um berro de boi nos toca tanto
    e tão profundamente.
    Por isso somos guardiões de casas velhas,
    almas de sesmarias e de estâncias,
    paredes que suportam seus retratos.

    O músculo do boi na força que nos leva.
    A barba dos avós como um selo no queixo.
    O doce das avós na memória da boca
    e nela este responso:

    - Naqueles tempos, sim, naqueles tempos...




    Poema de Aparicio Silva Rillo. Martins Livreiro Editor. 1981.



    ***

    QUERO-QUERO

    Que é que tu queres, quero-quero? Implico
    Com teu grito, que aos tímidos maneia,
    Pois vêem fantasmas de que o pampa é rico,
    Quando tu gritas numa noite feia.

    Aborrecido, quando te ouço, fico,
    E uma grande saudade me esporeia,
    Porque dizem que gemem no teu bico
    Os gaúchos que morreram na peleia.

    És a ronda do pampa com teu bando...
    A noite tôda passas denunciando
    Cruzada de viajante ou de índio vago.

    E os mistérios das lendas entropilhas,
    Quando gritas na dobra das coxilhas,
    Sentinela perdida do meu pago.



    Poema de Vargas Neto, In: "Tropilha Crioula e Gado Xucro", editora Globo, 1955, que juntava os 2 livros publicados pelo autor em 1929.

    ***

    LAVADEIRAS

    Na singeleza do ritual da lida
    ela matiza ao sol dias inteiros,
    e o rio que faz possível seu labor
    recebe em oferenda roupa e cor
    nas pedras do "Porto dos Aguateiros".

    Na mão sofrida da mulher morena
    o suor da trouxa enorme ganha o rio
    e é ele que de noite, feito pão,
    vem para a mesa pela mesma mão
    que acende a lamparina de pavio.

    Na madrugada, quase por silêncios,
    o rio faz serenatas nas cachoeiras,
    e os cantos que ele tem não são das águas
    são dos ranchos costeiros, são das mágoas,
    que embalam o lavar das lavadeiras.

    Sonhando um mundo melhor
    vai ela estendendo a vida,
    nestes poemas de cor
    com a cor da roupa estendida.


    Poema de Gilberto Carvalho, In: "Negro da Gaita" - Porto Alegre: Edição do Autor,1981

    ***





    https://revistacontemporartes.blogspot.com/2011/05/tres-poemas-gauchescos.html


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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 07:15


    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Ga%C3%BAcho+com+pala



    Gaúcho

    João Simões Lopes Neto

    Eu não nasci para o mundo,
    Para este mundo cruel.
    Só quero cortar os Pampas,
    No dorso do meu corcel
    Este meu pingo galhardo,
    Este meu pingo fiel.

    Eu sou como a tempestade,
    Sou como o rijo tufão,
    Que esmaga os vermes na terra,
    E sobe para a amplidão.
    Eu sou senhor dos desertos,
    Monarca da solidão!




    O Tropeiro

    Chico Ribeiro

    De pelo a pelo, sem visar pousada,
    Riscando o chão de todos os caminhos...
    Tropeiro que, depois de uma arrancada,
    Pede rodeio entre s rincões vizinhos!

    De laço aos tentos, de sinuelo à frente,
    Tranco seguro e olhos de quem sonda,
    De quem procura, e, insistentemente,
    Juntar a tropa que estourou na ronda!

    Assim eu venho pela vida a fora,
    Sorvendo poeira, respirando auroras,
    Neste tranqüilo de vencer distâncias...

    Na esperança de achar nalgum rincão,
    ‒ Inda que rasto, amigos da ilusão,
    Tropa das tropas que rondei na infância!




    Cuia

    Apparício Silva Rillo

    Cuia morena queimada
    confeccionada a lo bruto
    rude cálice matuto
    de amarguentas comunhões,
    na tradição campechana
    serves o vinho que irmana
    dono de estância e peões.

    Velho utensílio crioulo
    da utilidade nativa,
    que misturando saliva
    no ritual dos chimarrões,
    estarrece gente estranha
    que não sabe que a campanha
    não conhece convenções.

    Quando em teu bojo recebes
    a erva do chimarrão,
    e da tua carnação
    verde o sangue se desata,
    me entristeço, imaginando,
    que és um coração sangrando
    por uma artéria de prata!



    Retrato dos Pampas

    Caramuru

    Na fazenda crioula um galo canta
    Acordando a gaúcha peonada;
    Na coxilha o mugido da boiada,
    Fala ao rebanho – é dia. Te levanta!

    Vem vindo o sol festivo, sorridente.
    Convidando o gaúcho à camperiada;
    No zaino recorrendo à invernada,
    Vai ele bem feliz e bem contente.

    Vai dizendo à alfombra das campinas,
    De verdes promessas de esperanças,
    Beijadas pelas auras peregrinas:

    Aqui, sou bem feliz sendo gaúcho,
    Neste recanto onde o viver não
    cansa, Longe das multidões... longe do luxo!...


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 07:18

    ANTONIO AUGUSTO CORONEL CRUZ
    Gauchesca

    Canto agora nestes versos
    com meu grito entusiasmado
    a lida e o povo gaúcho
    neste rincão abençoado

    Quero falar do chimarrão
    do churrasco e do gaiteiro
    da linda prenda cheirosa
    e do ginete faceiro

    Das tropas cruzando as coxilhas
    na toada mansa do tropeiro
    nos tombos nas domas renhidas
    e do galpão hospitaleiro

    Canto o minuano cortante
    o poncho amigo e o laço
    a disparada da ema
    e a boleadeira cortando o espaço

    Exalto a história dessa gente
    valente, simples e altiva
    que tem a liberdade como semente
    brotando da terra nativa

    Sendo farrapo, chimango, maragato
    ou peleador no Paraguai
    são os rebentos deste Rio Grande
    os filhos honrando o pai

    Canto um tempo iluminado
    pelas faíscas das adagas
    pela prata dos arreios
    e pelos olhares das amadas

    Um tempo de muitas distâncias
    vencidas num lombo tobiano
    das frescas sangas de pedras
    e das noites no chão pampeano

    Vendo a tapera silenciosa
    sinto um aperto no peito
    lembrando o fio do bigode
    e outras tradições de respeito

    E me vem uma nostalgia infinita
    dessa vida gaudéria e passada
    uma amarga solidão sem consolo
    como a perda da mulher amada

    Mas sigo alimentando o braseiro
    e ao patrão do céu peço, sincero,
    que proteja este mundo campeiro
    e o grito do quero-quero


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 07:19

    ANTONIO AUGUSTO FAGUNDES


    Lenço Branco

    Nascido de alma caudilha
    - nem por isso menos franca -
    Deus te deu essa cor branca
    que até de noite rebrilha.
    Lua do herói na coxilha,
    por de eu for, onde eu ande
    e sem que ninguém me mande
    eu te canto, troféu mudo
    que é puro neste Rio Grande!

    Do pica-pau ao chimango
    vai um pedaço de glória
    e engarupo na memória
    com um guascaço de mango
    recuerdos de algum charango
    que no passado ficou.
    Se eu sou assim como sou,
    entonado e orgulhoso,
    devo a ti, lenço glorioso,
    que eu herdei do meu avô.

    Das lágrimas de uma china
    quando seu índio partia,
    de uma lua que alumia
    debruçada na campina,
    de uma sanga cristalina
    que murmurava merencória,
    do clarão de uma vitória
    deste povo leal e franco
    nasceste, meu lenço branco,
    para bandeira de glória!

    Teu gosto é andar voejando
    entre guerreiros e lanças
    e acalentar esperanças
    entropilhadas em bando.
    O futuro está chamando,
    já cumpriste o teu ideal
    porque o Rio Grande imortal
    fez de ti o seu retrato:
    oposto do maragato,
    puro, atrevido e bagual!


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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 07:21

    APPARICIO SILVA RILLO



    Pago Vago

    Vago é meu pago.
    Este que trago,
    cicatriz em mim,
    Raiz de minhas íntimas origens,
    veio subterrâneo de onde vim.

    Vago é meu pago.
    Este que trago,
    em músculos e ossos.
    Inteiro como foi porque é memória,
    flor de perenidade entre destroços.

    Vago é meu pago.
    Este que trago,
    como sombra e manto.
    É meu destino a cruz de sustentá-lo
    nos alicerces de vento de meu canto.


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 07:22


    AURELIANO DE FIGUEIREDO PINTO



    Romance do Gaúcho Velho Solito

    dedicado a Eurípedes Jobim de Oliveira




    Quando arranchei neste chão
    empecei pelas mangueiras
    com essas tronqueras que aí 'stão.
    - Já mudei muitas madeiras
    mas são as mesm'as tronqueras
    que do tempo aguentando vão.

    Quando a maior ficou pronta
    veio um barrero mui ancho,
    e empeçou a erguer seu rancho
    de uma tronquera na ponta.

    Chegou ... Gostou do lugar.
    Deixou de ser cruzador.
    E, como eu, pegou na lida,
    cada um cuidando sua vida
    nenhum pedindo favor.
    Porque este rincão convida
    para ficar morador.

    Eu e ele, dois viventes,
    dois tentos da mesma trama.
    Eu com os braços, êle com as asas,
    cada um barreando a sua casa
    tudo a capricho e de fama
    nesta chapada campera.
    A dele - lá na tronquera !
    A minha - em riba da grama.

    Ele cantava em sobrado,
    fachudo moço bonito
    mudando pena em agosto.
    Eu ... chimarreava com gosto
    meu mate de índio solito.

    Outubro chegou, trazendo
    promessas de nova era.
    Ele avoou longe ... E, na vinda,
    trouxe uma amiga tão linda
    dourada de primavera.

    É bicho invejoso o homem!
    No redomão Polvadera
    me fui ... ! galope ... teatino ...
    aventurando o destino
    para campear companhera.

    Achei... Trouxe ela ... E empecei
    a aquerenciar minha flor,
    linda triguera paisana.
    Mas no olhar de ressolana
    tinha algo que não engana
    o tino de um domador ...

    O barrerito amoroso,
    clareando o dia em verão
    abria o bico e cantava.
    Eu com a prenda chimarreava
    sobre o recosto do oitão.

    Domei ... Tropiei ... Plantei muito...
    Juntei plata, ... Mas despois ...
    Cheguei de viage ... Era um frio !
    E achei o rancho vazio!
    O rancho que eu fiz pra dois ...

    E o que eu passei... Ninguém viu!
    No pobre rancho vazio!
    No rancho que eu fiz pra dois ...

    E o par de barreros?... Lindo!
    Quanto mais o tempo andava
    mais amizade sem fim!
    Um do outro não se esquecia.
    Se não cantavam, se via
    que era por pena de mim!

    Segui mateando solito!
    Quis tanto bem ... mal me quis !

    E irei pensando até à morte:
    - Por que é que eu não tive a sorte
    do barrerito feliz?! ...




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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 07:23

    CACO COELHO



    Sonhada Querência


    Queria que, de repente, tudo fosse diferente,
    da vida que tenho aqui, da cidade ir me embora,
    Viver a vida de outrora, dos meus tempos de guri..

    Queria que a minha casa fosse um ranchito campeiro,
    Amigos, gente chegando,
    E no fogão , um braseiro,
    A carne gorda pingando, na festança do assado,
    E a gaita velha tocando um chote bem compassado..

    Que os espigões que nos cercam,
    Fossem Umbus pro aconchego
    Dos gaudérios assoleados, descansando nos pelegos,

    Que buzinas, telefones, ruídos que nos consomem,
    Martirizando a existência,
    Fossem pássaros cantores, nativos,
    anunciadores de uma sonhada querencia,

    Queria que, de repente, tudo fosse diferente,
    da vida que tenho aqui,
    Da cidade ir-me embora, viver a vida de outrora,
    dos meus tempos de guri.

    A cambona no costado, do forte calor do fogo,
    no terreiro o eterno jogo do sol nascendo e se pondo...
    De mão em mão o porongo, no apojo do mate amargo..
    Um cusco junto comigo,
    Olfateando por churrasco...
    Ouvindo o bater dos cascos, de alguém que ao longe se vai ...
    Pisando o treval maduro, das barrancas do Uruguai ..

    Queria que, de repente, tudo fosse diferente,
    Da vida que tenho aqui, da cidade ir-me embora,
    Viver a vida de outrora, dos meus tempos de guri ...


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 07:26

    INOEMA NUNES JAHNKE




    Orgulho gaúcho


    No sul quando nasce o dia
    Nasce também à magia,
    Esta estranha alegria,
    Que se tem ao respirar.

    Cevo um mate amargo
    Do lado do meu amado,
    Em silêncio uma oração
    Agradece meu coração.

    Agradeço minha terra
    Meu pampa sul-rio-grandense,
    O Patrão velho lá no céu
    Por certo está contente.

    Por ver tanto orgulho
    Pela sua criação,
    Que traz cada gaúcho
    Dentro do seu coração.

    Sou gaúcha, e isso é certo!
    Trago a chama da emoção,
    O amor por esta terra
    Honrando sua tradição.

    Reconheço a beleza
    Da nossa amada querência,
    Ressaltando na consciência
    A minha essência gaúcha.

    Fiel as suas tradições
    E disso, não abro mão!
    Churrasco campeiro...
    Fogo de chão...

    E um gostoso chimarrão
    Nos braços do meu peão.



    ************


    INOEMA NUNES JAHNKE


    Aventuras no Travesseiro



    Tive um sonho meio guapo
    Sonhei que era maragato,
    De lança e espada na mão,
    Lenço amarrado ao pescoço
    Pelejando que dava gosto.

    Meu cavalo ventania
    Pingo malhado
    Bem postado
    Era minha companhia.

    Zumbia lanças ao vento,
    Retinia o aço da espada,
    Daqueles bravos gaúchos
    Que lutavam a meu lado,

    Anita de Garibaldi
    Passou por mim galopando,
    Lado a lado com Garibaldi
    Pelejando, pelejando.

    Lanceiros negros
    Lanças na mão
    Com o bravo Teixeira Nunes
    Lutando por este chão.

    Índios guaranis
    E seus cavalos
    Tinham pra todo o lado,
    Flechas cortando o minuano gelado.

    Chimangos e maragatos
    Escravos e guaranis,
    Sepé Tiaraju herói missioneiro,
    Todos os bravos guerreiros.

    Juntos lado a lado
    Lutando por este pago,
    Defendendo nosso estado
    Este rincão amado.

    A história passou por mim
    Como um livro desfolhado,
    Cruzando época, tempo, espaço...
    Fazendo um estardalhaço.

    Dormi lado a lado com o passado
    Lutando, pelejando,
    Neste mundo encantado
    Que trago em mim guardado,
    Onde todos os nobres guerreiros
    Encontrarão-me no entrevero
    Em novas aventuraras no meu travesseiro.





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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 07:45

    Black]]Poesias recitadas em festival tradiciomalista















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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 08:10

    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay 4b6053a3f7f06281cd33a62c09fb8974


    Jayme Caetano Braun





    Chimarrão e Poesia



    Sempre grudado no posto
    O payador missioneiro
    Sente o calor do braseiro
    Batendo forte no rosto
    E vai mastigando o gosto
    Da velha infusão amarga,
    Sentindo o peso da carga
    Que algum ancestral comanda
    Enquanto o mundo se agranda
    E o coração se me alarga

    Sempre a mesma liturgia
    Do chimarrão do meu povo,
    Há sempre um algo de novo
    No clarear de um outro dia,
    Parece que a geografia
    Se transforma - de hora em hora
    E o payador se apavora
    Diante um mundo convulso
    Sentindo o bárbaro impulso
    De se mandar campo fora!

    Muito antes da caverna
    Eu penso - enquanto improviso,
    Nos campos do paraíso
    O patrão que nos governa,
    Na sua sapiência eterna
    E eterna sabedoria,
    Deu o canto e a melodia
    Para os pássaros e os ventos
    Pra que fossem complementos
    Do que chamamos poesia!

    Por conseguinte - o Adão,
    Já nasceu poeta inspirado,
    Mesmo um tanto abarbarado
    Por falta de erudição
    E compôs um poema pagão
    À sua rude maneira,
    Para a sua companheira,
    A mulher - poema beleza,
    Inspirado - com certeza
    Numa folha de parreira!

    Os Menestréis - os Aedos,
    Os Bardos - Os Rapsodos,
    Poetas grandes - eles todos,
    Manejando a voz e os dedos
    Vão desvendando os segredos
    Nas suas rudes andanças,
    As violas em vez de lanças,
    Harpas - flautas - bandolins,
    Semeando pelos confins
    As décimas e as romanzas!

    Tanto os poetas orientais
    Como os poetas do ocidente,
    Cada qual uma vertente,
    Todos eles mananciais,
    Nos quatro pontos cardeais
    Esparramando canções
    E - no rastro das legiões
    Do lusitano prefácio,
    A última flor do lácio
    Nos deu Luiz Vaz de Camões!

    No Brasil continental
    Chegaram as caravelas
    E vieram junto com elas
    As poesias - com Cabral,
    Para um marco imemorial
    Nestas florestas bravias
    Perpetuando melodias
    De imorredouro destaque:
    Castro Alves e Bilac
    E Antônio Gonçalves Dias!

    Neste garrão de hemisfério
    Quando a pátria amanhecia
    Surgiu também a poesia
    No costado do gaudério
    Na pia do batistério
    Das restingas e das flores
    E a horda dos campeadores
    Bárbara e analfabeta
    Pariu o primeiro poeta
    No canto dos payadores!

    E foi ele - esse vaqueano
    Do cenário primitivo,
    Autor do poema nativo
    Misto de pêlo e tutano,
    De pampeiro - de minuano,
    Repontando sonhos grandes;

    Hidalgo - Ramiro - Hernández
    El Viejo Pancho - Ascassubi
    Mamando no mesmo ubre
    Desde o Guaíba aos Andes!

    Há uma grande variedade
    De poetas no meu país,
    Do mais variado matiz
    Cheios de brasilidade,
    De um Carlos Drummond de Andrade
    Ao mais culto e ao mais fino,
    Mas eu prefiro o Balbino,
    Juca Ruivo e Aureliano,
    Trançando de mano a mano
    Com lonca de boi brasino

    João Vargas - e o Vargas Neto
    E o Amaro Juvenal,
    Cada qual um manancial
    Que ilustram qualquer dialeto,
    Manuseando o alfabeto
    No seu feitio mais austero,
    Os discípulos de Homero
    De alma grande e verso leve,
    Desde sempre usando um "breve"
    De ferrão de quero-quero!

    Imagino enquanto escuto
    Esse bárbaro lamento
    Que a poesia é o som do vento
    Que nunca pára um minuto,
    Picumã vestiu de luto
    A quincha do Santafé,
    Mas nós sabemos porque é
    Que o vento xucro não pára:
    São suspiros da Jussara
    Chamando o índio Sepé!



    *******************



    : Relho Prateado


    No gancho dos meus recuerdos
    Te vejo relho prateado
    Traste gaúcho encapado
    De lonca e de couro cru,
    A papada de zebu
    Que te serve de ponteira,
    Bem como o fiel e a soiteira
    Feitos de couro de lei
    Me lembram que foste rei
    Nos bochinchos da fronteira!


    A soiteira, trança de oito,
    Torcida perto do cabo
    Em muito fandango brabo
    Levou riscos de xerenga
    E andou buscando pendenga
    Nos entreveros de bala,
    E até parece que fala
    De tanta prenda querida
    Que bombeou meio escondida
    Por entre as franjas do pala!


    Te evoco, relho trançado
    No cruzador das coxilhas
    Amanunciando as virilhas
    Do redomão corcoveando
    Sempre subindo e baixando
    No mais chucro desapego
    Sem perturbar o sossego
    Daquele nobre paisano
    Que foi guasca e soberano
    Sobre um trono de pelego!


    Entre os demais apetrechos
    Rédeas, cabresto e buçal
    Maneador, cincha e bocal
    Dependurados num torno,
    Recordas o sangue morno
    Pingando da carne assada,
    E essa cabeça prateada
    Como uma melena branca
    Já andou batendo na anca
    De muita china aporreada!


    Nos entreveros da dança
    Na faca dependurado
    Andaste relho prateado
    Como pra um quero, no jeito,
    Sempre olhado com respeito
    Por muito taura manheiro
    Que pagou vale ligeiro
    Depois de ganha a parada
    Para fugir da mirada
    Do teu olhar caborteiro!


    Andaste tirando baldas
    No potro arisco de em pêlo
    E acalmando no sinuelo
    Muito turuno maleva,
    E é por isso que tu levas
    De cada lida um sinal,
    Manotaços de bagual
    Entre dentadas de cusco,
    E algum aperto mais brusco
    Inda hoje te assinala
    No rasto de muita bala
    Que te cruzou de chamusco!


    São relíquias como tu,
    Relho de cabo prateado
    Que refugando o passado
    E o sinuelo do presente,
    Deixaram na cinza quente
    Esse atavismo tão grande
    Como fogo que se expande
    Desde o confim de outras eras
    Fazendo de cada cuera
    Um pedaço do Rio Grande!



    Entre o choro da cordeona
    Sob a tolda das carretas
    Nos bolichos e carpetas
    Na carreirada e na farra
    Estes pialos de cucharra
    Tiros de laço e de bola
    Emparceirado na viola
    Nas noites de serenata
    Viveste relho de prata
    Sempre compadre a pachola!



    Por isso quero te ver
    Esse é um pedido que faço
    Enfiado sempre no braço
    Desse rio-grandense altivo
    Em cujo vulto revivo
    O chão lendário do pampa
    Quando se formava a estampa
    Do gaúcho primitivo!


    *********************



    Remorsos de Castrador




    Um pealo ---, um tombo ---
    grunhidos de impotente rebeldia,
    o sangue da cirurgia
    No laço e no maneador.
    Nada pra tapear a dor
    do potro que --- sem saber,
    perdeu a razão de ser
    na faca do castrador.


    Há um bárbara eficiência
    nessa rude medicina,
    a faca é limpa na crina
    que alvoroçada revoa,
    pouco interessa que doa,
    a dor faz parte da vida.
    Há de sarar em seguida,
    desde guri tem mão boa.


    Aprendeu --- nem sabe como,
    a estancar uma sangria.
    Sem noções de anatomia
    é um cirurgião instintivo
    que --- por vezes --- pensativo,
    afundou na realidade
    da crua barbaridade
    desse ritual primitivo.


    Já faz tempo --- muito tempo,
    que um dia --- na falta doutro,
    castrou seu primeiro potro,
    um zaino negro tapado.
    Que pena vê-lo castrado,
    o entreperna coloreando
    e os olhos recriminando,
    num protesto amargurado.

    Depois do zaino --- um tordilho,
    depois --- baios e gateados,
    um por um sacrificados
    pela faca carneadeira
    e o rude altar da mangueira
    a pedir mais sacrifícios
    dos bravos fletes patrícios,
    titãs de campo e fronteira.

    Por muitos e muitos anos
    andou nos galpões do pampa,
    castrando pingos de estampa
    com renomada experiência,
    cavalos reis de querência,
    parelheiros afamados,
    pela faca condenados
    a morrer sem descendência.

    Às vezes, durante a noite,
    um pesadelo o volteia
    e o remorso paleteia.
    Castrador!... que judiaria!
    E quando sem serventia
    por aí deixar semente
    no mundo onde há tanta gente
    pedindo essa cirurgia.

    **********



    Vento Sul





    Cruzando a linha,
    imaginária, apenas,
    o vento livre que nasceu nos Andes,
    busca a lonjura
    de horizontes grandes,
    na ronda velha de arrastar chilenas!

    Ponteando pátrias,
    na amplidão pampeana,
    hino dos livres
    que floreando passa;
    com o mesmobraço
    que peleia
    abraça,
    com a mesma fúria
    que esparrama
    irmana!

    De poncho azul,
    pingo de gelo,
    é o vento sul,
    cruzando em pêlo!

    Desquinchou ranchos,
    destoldou carretas,
    que o tempo velho
    carregou nas ancas,
    redemoinhando
    nas clineras brancas,
    maçaroqueando,
    nas melenas pretas!

    Na eterna lida,
    de cuidar das águas,
    reponta nuvens
    no mudar das luas,
    e ensaia cantos,
    no desvão das ruas,
    onde o "sem casa",
    vem dormir as mágoas!

    Clarim dos fortes
    que irmanou bandeiras,
    buscando o rumo
    que sonhou na frente,
    o vento sul
    é a pulsação da gente
    contra a miséria
    que não tem fronteiras!

    De poncho azul,
    pingo de gelo,
    é o vento sul,
    cruzando em pê


    E ali está --- defronte ao rancho,
    pastando o mouro do arreio,
    pingo de campo e rodeio
    que castrou --- quando potrilho.
    O mouro --- mesmo que filho
    do xirú velho campeiro,
    o último companheiro
    do seu viver andarilho.

    Na primavera --- outro dia,
    um potranca lazona,
    linda como temporona,
    vestida em pelagem de ouro,
    veio se esfregar no mouro,
    mordiscando pelo e crina,
    mais amorosa que china
    num princípio de namoro!


    E o mouro? --- pobre do mouro!
    Não pode ter namorada.
    Veio, direto à ramada,
    numa agonia sem fim,
    olhando pro dono, assim,
    num bárbaro desespero,
    como dizendo: parceiro,
    vê o que fizeste de mim!!


    ***************




    Jayme Caetano Braun
    nasceu na Timbaúva ( 30 de janeiro de 1924 - 8 de julho de 1999) na época distrito de São Luiz Gonzaga, na Região das Missões no Rio Grande do Sul.
    Hoje considerado um ícone da música tradicionalista gaúcha, seu nome batiza ruas, praças e principalmente CTGs no Rio Grande do Sul e em todo o Brasil. É considerado o patrono do Movimento Pajadoril no Brasil.
    Jayme se tornou um autodidata principalmente nos assuntos da cultura sulina e remédios caseiros, e afirmava que "todo missioneiro tem a obrigação de ser um curador".


    Foi membro e co-fundador da Academia Nativista Estância da Poesia Crioula, no final dos anos 50, na capital gaúcha. Trabalhou publicando poemas em jornais como O Interior e A noticia (de São Luiz Gonzaga), também em programas radiofônicos e como funcionário público no Instituto de Pensões e Aposentadorias dos Servidores do Estado e na Biblioteca Pública do Estado, aposentando-se em 1969.
    Algo curioso sobre Jayme é que ele usou de sua pajadas como propagandas de campanha política em palanques de comício, “O Petiço” por exemplo fala de Getúlio Vargas, “O Mouro do Alegrete”, fala de Ruy Ramos, que também ligado ao tradicionalismo, lançou Jayme Caetano Braun como pajador, no 1º Congresso de Tradicionalismo do Rio Grande do Sul, em 1954.
    Casou duas vezes, em 1947 com Nilda Jardim, e em 1988 com Aurora de Souza Ramos. Teve três filhos, Marco Antônio e José Raimundo do primeiro casamento, e Cristiano do segundo.


    Anos mais tarde participaria das campanhas de Leonel Brizola, João Goulart e Egidio Michaelsen e em 1962 concorreria a uma vaga na Assembleia Legislativa do Rio Grande do Sul pelo PTB, ficando como suplente.
    Em 8 de Julho de 1999 todos tiveram que lidar com a grande perda deste Pajador, devido a uma parada cardíaca. Seu corpo foi velado no Palácio Piratini, e enterrado no cemitério João XXIII, em Porto Alegre. Para o dia seguinte estava programado o lançamento de seu último disco: Exitos.


    Obra: José Francisco dos Santos Silveira (Gaúcho que nasceu em Uruguaiana) influenciou muito a carreira de Jayme, pois incentivou o Pajador na produção de suas obras.
    Jayme Caetano Braun teve diversas obras, sendo elas: Livros de poesias, Galpão de Estância (1954), De fogão em fogão (1958), Potreiro de Guaxos (1965), Bota de Garrão (1966), Brasil Grande do Sul (1966), Passagens Perdidas (1966) e Pendão Farrapo (1978), alusivo à Revolução Farroupilha. Em 1990 lança Pajador e Troveiro, e seis anos depois a antologia poética 50 Anos de Poesia, sua ultima obra escrita.
    Publicou ainda um dicionário de regionalismos, “Vocabulário Pampeano - Pátria, Fogões e Legendas”, lançado em 1987.
    Jayme gravou diversos discos em sua carreira, sendo eles: Payador, Pampa e Guitarra de Noel Guarany (convidado especial) (1974), Payador (1983), A volta do payador (1984), Troncos Missioneiros (juntamente com Noel Guarany, Cenair Maicá e Pedro Ortaça) (1987), Poemas Gaúchos (1993), Payadas (1993), Paisagens Perdidas (1994), Jayme Caetano Braun (1996), Acervo Gaúcho (1998), Êxitos 1 (1999), Êxitos 2 (2000), Payada, Memória & Tempo (2006), Payada, Memória & Tempo Vol. 2  e Payada, Memória & Tempo Vol. 3 (2009) que foram resgates do acervo de Jayme.


    Entre seus poemas mais declamados pelos poetas regionalistas do país inteiro, destacam-se Bochincho, Tio Anastácio, Amargo, Paraíso Perdido, Payada a Mário Quintana, Payada para o Irmão Negro e Galo de Rinha.





    http://culturanativa.no.comunidades.net/poesia-gaucha


    https://www.portaldasmissoes.com.br/site/view/id/1624/jayme-caetano-braun-biografia.html


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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 08:23

    O PAJADOR



    O que é Pajador: É o repentista que canta seus versos de improviso com o acompanhamento de milonga, feito por guitarra. No sul do Brasil, o pajador canta seus versos em Décima Espinela (ABBAACCDDC) no estilo recitado e não se acompanha musicalmente como nos Países do Prata. Um músico de apoio executa a milonga para a pajada.  


    Pajador (ou payador em espanhol) quer dizer repentista. A origem da palavra não tem uma definição convencionada. Há algumas hipóteses: alguns autores afirmam que venha de "payo" nome do primitivo habitante de Castilla, outros que seria de "pago" ou "pagueador" e ainda há quem sugira que venha de "palla" nome dado pelos Quichuas aos grupos de índios que sentavam nas praças a cantar. Há quem afirme que possa vir da palavra "pajé", chefe espiritual dos índígenas, misto de sacerdote, médico e feiticeiro. Contudo ninguém sabe ao certo.


    A grafia da palavra em espanhol é Payador e em português, convencionamos, Pajador, porém sua pronúncia é a mesma: PAJADOR.  

    O pajador foi o andejo ou gaudério que surgiu na origem do gaúcho (ou el gaucho). Cruzava os campos em busca de lonjuras, quando o sul da América tinha suas fronteiras imprecisas. Até que provem o contrário, pode-se afirmar que ele esteve em terras, hoje brasileiras, do mesmo jeito e no mesmo período em que, em uruguaias, argentinas e chilenas.   Dia do Pajador Gaúcho é comemorado oficialmente em 30 de janeiro.


    Pela primeira vez, o Dia do Pajador Gaúcho é comemorado oficialmente no Rio Grande do Sul, haja vista que a Lei 11.676, que institui a data, foi publicada no Diário Oficial, dia 16 de outubro de 2001, depois de aprovada por unanimidade na Assembléia Legislativa e sancionada pelo Executivo.


    A data comemorativa aos repentistas gaúchos presta uma homenagem ao dia de nascimento do pajador-dos-pajadores, Jayme Caetano Braun, e se originou de um projeto de lei do Deputado João Luiz Vargas.



    MONUMENTO DO GRANDE PAJADOR: JAYME CAETANO BRAUN  
    em São Luiz Gonzaga, RS


    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay 0000356_regular_praca-jayme-caetano-braun-praca-pajador-jayme-fone-sao-luiz-gonzaga-regiao-das-missoes-monumento-(2)





    http://culturanativa.no.comunidades.net/pajador
    https://www.portaldasmissoes.com.br/site/view/id/356/monumento-jayme-caetano-braun.html


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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 08:28






    Chimarrão e poesia


    Jayme Caetano Braun



    O payador missioneiro

    Sente o calor do braseiro
    Batendo forte no rosto
    E vai mastigando o gosto
    Da velha infusão amarga,
    Sentindo o peso da carga
    Que algum ancestral comanda
    Enquanto o mundo se agranda
    E o coração se me alarga

    Sempre a mesma liturgia
    Do chimarrão do meu povo,
    Há sempre um algo de novo
    No clarear de um outro dia,
    Parece que a geografia
    Se transforma - de hora em hora
    E o payador se apavora
    Diante um mundo convulso
    Sentindo o bárbaro impulso
    De se mandar campo fora!

    Muito antes da caverna
    Eu penso - enquanto improviso,
    Nos campos do paraíso
    O patrão que nos governa,
    Na sua sapiência eterna
    E eterna sabedoria,
    Deu o canto e a melodia
    Para os pássaros e os ventos
    Pra que fossem complementos
    Do que chamamos poesia!

    Por conseguinte - o Adão,
    Já nasceu poeta inspirado,
    Mesmo um tanto abarbarado
    Por falta de erudição
    E compôs um poema pagão
    À sua rude maneira,
    Para a sua companheira,
    A mulher - poema beleza,
    Inspirado - com certeza
    Numa folha de parreira!

    Os Menestréis - os Aedos,
    Os Bardos - Os Rapsodos,
    Poetas grandes - eles todos,
    Manejando a voz e os dedos
    Vão desvendando os segredos
    Nas suas rudes andanças,
    As violas em vez de lanças,
    Harpas - flautas - bandolins,
    Semeando pelos confins
    As décimas e as romanzas!

    Tanto os poetas orientais
    Como os poetas do ocidente,
    Cada qual uma vertente,
    Todos eles mananciais,
    Nos quatro pontos cardeais
    Esparramando canções
    E - no rastro das legiões
    Do lusitano prefácio,
    A última flor do lácio
    Nos deu Luiz Vaz de Camões!

    No Brasil continental
    Chegaram as caravelas
    E vieram junto com elas
    As poesias - com Cabral,
    Para um marco imemorial
    Nestas florestas bravias
    Perpetuando melodias
    De imorredouro destaque:
    Castro Alves e Bilac
    E Antônio Gonçalves Dias!

    Neste garrão de hemisfério
    Quando a pátria amanhecia
    Surgiu também a poesia
    No costado do gaudério
    Na pia do batistério
    Das restingas e das flores
    E a horda dos campeadores
    Bárbara e analfabeta
    Pariu o primeiro poeta
    No canto dos payadores!

    E foi ele - esse vaqueano
    Do cenário primitivo,
    Autor do poema nativo
    Misto de pêlo e tutano,
    De pampeiro - de minuano,
    Repontando sonhos grandes;

    Hidalgo - Ramiro - Hernández
    El Viejo Pancho - Ascassubi
    Mamando no mesmo ubre
    Desde o Guaíba aos Andes!

    Há uma grande variedade
    De poetas no meu país,
    Do mais variado matiz
    Cheios de brasilidade,
    De um Carlos Drummond de Andrade
    Ao mais culto e ao mais fino,
    Mas eu prefiro o Balbino,
    Juca Ruivo e Aureliano,
    Trançando de mano a mano
    Com lonca de boi brasino

    João Vargas - e o Vargas Neto
    E o Amaro Juvenal,
    Cada qual um manancial
    Que ilustram qualquer dialeto,
    Manuseando o alfabeto
    No seu feitio mais austero,
    Os discípulos de Homero
    De alma grande e verso leve,
    Desde sempre usando um "breve"
    De ferrão de quero-quero!

    Imagino enquanto escuto
    Esse bárbaro lamento
    Que a poesia é o som do vento
    Que nunca pára um minuto,
    Picumã vestiu de luto
    A quincha do Santafé,
    Mas nós sabemos porque é
    Que o vento xucro não pára:
    São suspiros da Jussara
    Chamando o índio Sepé!


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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 08:47

    POESIA RECITADA E CANTADA:




    Apresentação completa do trio missioneiro no programa Oigalê Tchê, da RBS TV de Chapecó, Santa Catarina. Cenair Maicá, Chaloy Jara e Jayme Caetano Braun cantaram, tocaram e declamaram payadas em duas noites no Clube Industrial da cidade no ano de 1984.

    Tenho essa apresentação em DVD, o qual me foi passado pelo primo Roger Izaguirry. Devido à escassez de gravações em vídeo dos artistas aí presentes, decidi que deveria compartilhar este valioso material, que já se encontra em partes no Youtube, mas não completo.

    Repertório:
    1. KM 11 2:14
    2. Payada de Apresentação 2:53
    3. Rio Ibicuí 05:06
    4. La Suerte 08:57
    5. Payada da Luz 11:24
    6. Payada do Cordeiro Guacho 12:07
    7. Baile do Sapucay 15:41
    8. Bolicho 20:10
    9. Don Elizer Cañete 23:21
    10. Payada da Água 26:31
    11. Payada do Bochincho 27:06
    12. Balaio, Lança e Taquara 34:15
    13. Merceditas 41:53
    14. Payada Joel Furtado e Jairo 45:29
    15. Payada das Duas Cruzes 46:41
    16. Homem Rural 49:45
    17. Payada da Despedida 53:41
    18. Terra Vermelha* 1:02:23
    19. Última Lembrança 1:07:14
    *Erroneamente chamada de "Canto dos Livres" na gravação.

    Todos os créditos à RBS TV e à produção do programa Oigalê Tchê.


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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 09:39

    La poesía gauchesca y la poesía nativista en Uruguay

    Juan Ilaria



    La poesía gauchesca en nuestro país fue cultivada al principio, por gente de cultura urbana, lo que presupone una canonización académica. Después de los "cielitos" de Bartolomé Hidalgo y tras el Coloniaje, se cumplen numerosas experiencias que acreditan, en los poetas épicos y líricos, el deseo de trascender el tópico costumbrista de los poetas intuitivos, sin barroquismo ideológico, ni lo que tienda a parecer una idealización de los elementos sociales.

    Prosperaba una ley válida entonces: el hallazgo de fuentes anti-nihilistas, la devoción a la tradición española, la nostalgia, cierto patetismo que linda con lo melodramático, el canto a la tierra y a míticos ancestros.

    La poesía gauchesca, no es nunca engolada; se integra con la anécdota, en función de los valores psicológicos del gaucho, y aunque el tratamiento formal de los temas, no es un testimonio del alejandrinismo aborigen, llega a estimular a escritores de todo jaez, pero lejos de un elitismo intransferible.

    Pero agotada la vena popular, o resentida la evolución natural del género, surgen los poetas de volitiva decisión, que concilian la tradición, con una nueva percepción del alma campesina, del psiquismo gaucho.



    El tono fue siempre adecuado a las vivencias del gaucho. Situaciones dramáticas o bien la juglaría criolla, pero siempre la espontaneidad, salvo cuando hacen irrupción los poetas cultos.

    El tono fue siempre adecuado a las vivencias del gaucho. Situaciones dramáticas o bien la juglaría criolla, pero siempre la espontaneidad, salvo cuando hacen irrupción los poetas cultos.

    Con Elías Regules vinieron los versos placenteros, equilibrados, ortodoxos, de métrica regular, adscritos a situaciones, evocaciones, exaltaciones sentimentales, que fueron trasmitiéndose oralmente y constituyendo audiencias, que placían, en lo posible, de lo retórico.

    No se vislumbraban innovadores, porque los auditorios y lectores devotos, gustaban, entonces, de los viejos criterios estéticos. El paisano palabrero no se oponía al poeta abachillerado, de mester convencional pero legítimamente historiable.

    Alberto Zum Felde veía, en Regules, al poeta de triviales tropos románticos, pero hay que convenir que era el gusto de la época, tiempo no intimista, pero sí de melancolía piadosa. Otro de los méritos de Regules fue el de rescatar modismos, sistematizar los elementos autóctonos y hacer prevalecer el sentimiento gaucho, contra el prejuicio de la metrópolis, que, por "snobismo", cultivaba o admiraba el parnasianismo francés.

    A Regules habrían de acompañarlo, o seguirlo, epígonos un tanto docentes, que escribían versos, por simpatizar con la causa del gaucho, en una política literaria. Junto a él se alinearon muchos. Ennoblecieron, sin presupuestos previos, pero con adhesión fervorosa a un idealismo que no impedía la circunstancia vital, la situación concreta, una libertad sin rutina, la simple complejidad (y esto no es paradoja), del hombre de campo, arraigado a un tiempo y a un lugar. Se esfumaban los "espectros abstractos" de una incipiente metafísica, para dar lugar a una sabia simpatía por lo nuestro, por lo aborigen.

    Y debemos evocar, a Yamandú Rodríguez, a María de Nava, a Hilario Ascasubi, Casiano Monegal, Agustín Smith, Enrique De María, Orosmán Moratorio, Juan Escayola, Pedro Bermúdez, Manuel Benavídez, Estanislao del Campo, Guillermo Cuadri, Serafln J. García, "El Viejo Pancho", Antonio D. Lussich, y muchísimos más. Unos hacían versos gauchescos; otros, que llegaron posteriormente, con un estilo propio y una cultura acendrada, escribieron sobre temas campesinos, no vitalmente, sino estéticamente.

    Pedro Leandro Ipuche, fundó lo que ha dado en llamarse "gauchismo cósmico", renovando los manidos temas nativos. Ipuche se respalda en su poesía lírica, en el endecasílabo. Silva Valdés en el alejandrino. Ambos tenían la misma preocupación, pero con distintas formas expresivas. Silva escribe "La Carreta" y a su vez Ipuche, "Los Carreros". Es casi, un contrapunto lírico, pero uno mas estilizado que el otro. El nativismo y ya lo sugería Eduardo Couture en una conferencia, se manifestaba en música, pintura y poesía (Eduardo Fabini, Pedro Figari y Fernán Silva Valdés, eran sus respectivos exponentes). Ya iban desapareciendo los gauchos episódicos, melodramáticos, de ejemplaridad un tanto falsa.

    Fernán había sido el neo-simbolista, con alguna reminiscencia del decadentismo francés. Pero reaccionó a tiempo. Se desligó de influencias europeas, de los epígonos de ultramar. Ya no fue tributario de ningún ismo. Y sucesivamente aparecieron "Agua del tiempo", que constituyó una verdadera y gratísima revelación y "Romances chúcaros". Eran libros reveladores de una emancipación. Desafiantes. De efusión limpia.
    Ipuche, que coincide con Silva, en los temas, adopta otras formas. El mismo se define: "Con 'La pajarera nativa', me anticipaba al nativismo. La osadía del tratamiento rítmico y temático, daba un aire renovador a la viviente coloración bucólica. Con rigor vigilante, me armé para las grandes responsabilidades literarias. Vinieron después otros libros, como un crecimiento confirmatorio de las raíces solariegas".

    Pero ¿"qué es el gauchismo cósmico" de Ipuche? Es salir del fetichismo, de la vejez litúrgica del campesinado; cultivar, en cierto modo, una mística racial, poseer, como postulaba Juana de lbarbourou, un gran aliento pánico; llegar a lo áspero, no a lo idílico, fundar cierto esoterismo, ennoblecer la temática gauchesca, estimular la individualidad creadora, llegando a una evolución vital, profesando una filosofía de la naturaleza, pero lejos de una civilización prometeica. Ahí veía Ipuche nuestra oriundez. Gauchismo cósmico es algo mágico, con un sentimiento de proximidad a lo alto, fuera de los lugares comunes. Tierra y cosmos, pues. Se sobrepasa lo inmediato, el rito cotidiano. Es, pues, el sentimiento cósmico de la naturaleza, a que aludía Cirlot. La patria se hace cielo arriba, sin texturas pintorescas.

    En cambio Silva Valdés es un impresionista de temática fluida, que gusta del costumbrismo, de reflejar sus valoraciones, siendo risueño, nostálgico. Las cosas se le van haciendo versos. Está en el mester de juglaría; Ipuche, en el mester de clerecía. Ipuche padece la angustia de la expresión, pero no orilla nunca responsabilidades. Organiza mejor los elementos del complejo criollista y su paisaje es amplio, donde el espectro es luminoso. Está en lo telúrico, en la música del aire, frente a la tierra vieja, sin Ceres mitológica, donde los días se apagan misteriosamente, en la memoria de la vida, con un refranero sacramentado.

    Silva Valdés es más diáfano, aunque también ladino, a veces de cierta placidez cimarrona. Pero es un poeta auténtico, con metáforas admirables, funda o recrea leyendas, rescata tradiciones envejecidas y es un hombre de clara vocación gaucha. Las imágenes de Silva, contienen seres y cosas; en Ipuche, juegan las sombras, el río de la querencia, la criolla baguala del Cebollatí y su querido Río Olimar.

    Ipuche mezcla, en una simbiosis admirable, el regionalismo y el gauchismo. Silva Valdés crea el nativismo; depuración del gauchismo tradicional. Hay más hondura en Ipuche, pero más gracia en Silva, con otro estilo de vida. Ipuche va al infinito. Silva ennoblece lo circundante. Ipuche cae en el éxtasis contemplativo y su mayor cultura, lo hace fuera de toda frivolidad, íntimamente racional.

    El nativismo no es el nacionalismo, el cultivo consciente y sistemático de las particularidades de lo nacional. No es una moda ni un estilo, ni una política estética, sino el cultivo consciente de grupos humanos, con sus ancestros y vivencias, sus peculiaridades étnicas y hábitos sociales. El nativista se ha dicho bien, "es una voluntad inscrita en el destino de una colectividad, con rasgos propios, sin forzosidades académicas".

    Y así, mientras Pedro Leandro Ipuche, es un poeta órfico, Silva Valdés, con una escenografía arcádica, despierta la tarde gaucha, con penitencia de juglares, la tarde bucólica de la última soledad.

    Juan Ilaria
    Almanaque del Banco de Seguros del Estado - Año 1986




    http://letras-uruguay.espaciolatino.com/ilaria_juan/la_poesia_gauchesca_y_la_poesia_nativista.htm


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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 09:43

    A BARTOLOMÉ JOSÉ Hidalgo se le considera, en ambas márgenes del Plata, el padre de la poesía gauchesca. Es, sin duda, un autor esencial para poder comprender las gestas patrias, y en la República Oriental del Uruguay es considerado el primer poeta que canta a la Patria por medio de la denominada Marcha Nacional Oriental.

    Esa Marcha Nacional se compuso con motivo de la conmemoración y festejo del Armisticio firmado entre Buenos Aires y el virrey de Montevideo en 1811, Francisco Javier de Elío, el cual permite la retirada del ejército sitiador de la hoy capital uruguaya.

    Pasan los años y viaja a Buenos Aires, tierra de origen de sus padres, donde Bartolomé pasará una vida marcada por las carencias, y sobrevivirá vendiendo sus cuartetas y otras composiciones. En este periodo compondrá sus obras más destacadas, los Cielitos (Cielito, Cielito oriental, Cielito de la Independencia, Cielito patriótico, Cielito patriótico…) y los Diálogos (Diálogo patriótico interesante, Nuevo diálogo patriótico…).

    Según el antropólogo uruguayo Daniel Vidart, el género gauchesco encontró continuadores cuando el gaucho ya vivía su extinción. Lo considera el mensaje poético de hombres con formación y mentalidad urbanas que imitan la sintaxis, los tropos y el habla de los poetas rurales, en general analfabetos e indoctos.

    Estos relatos tienen como paisaje central el campo, y obvio es decir que los personajes de los mismos son sus pobladores. Tal es el caso de Bartolomé Hidalgo, que, sin ser de origen gaucho, da muestras, sin embargo, de una extraordinaria precisión en su descripción del hombre de campo. Las canciones sirvieron, además, como elemento propagandístico en la Guerra de Independencia y su obra en general contribuyó a elevar la reputación de ese habitante del campo rioplatense.

    El primer retrato del gaucho aparece en la obra de Hilario Ascasubí, titulada Santos Vega, extenso y ambicioso poema gauchesco luego conocido como Los mellizos de La Flor (1872), su obra maestra:

    «El gaucho es el habitante de los campos argentinos, es sumamente experto en el manejo del caballo y en todos los ejercicios del pastoreo. Por lo regular es pobre pero libre e independiente a causa de su misma pobreza y de sus pocas necesidades, es hospitalario en su rancho, lleno de inteligencia y de astucia, ágil de cuerpo, corto de palabras, enérgico y prudente en sus reacciones, muy cauto para comunicarse con los extraños, de un tinte poético y supersticioso en sus creencias y lenguaje, y extraordinariamente diestro para viajar solo por los inmensos desiertos del país, procurándose alimentos, caballos, y demás con sólo su lazo y las bolas».

    Según el investigador uruguayo Ángel Rama en su obra Los gauchospolíticos rioplatenses, es posible la distinción de tres fases en el desarrollo de la poesía gauchesca: Bartolomé Hidalgo (1788- 1822), una segunda etapa representada por Hilario Ascasubí (1807- 1875) y otra tercera fase denominada “de agotamiento”, representada por el Fausto (1866), de Estanislao del Campo.

    Aunque otros investigadores, como Josefina Ludmer, consideran que la última fase culmina con La vuelta de Martín Fierro (1879) de José Hernández, porque, literariamente y sociológicamente hablando, Hernández, en el prólogo de 1872, testimonia la futura extinción del gaucho: «al paso que avanzan las conquistas de la civilización, (el gaucho) va perdiéndose casi por completo».

    De ahí que su obra cierre de forma definitiva el género de la lírica gauchesca. Las siguientes novelas que producirá el género representarán a un tipo idealizado que solo vive en la imaginación y en el pasado de los autores, o se trata de un tipo degenerado, que no se adapta a los nuevos tiempos, a los nuevos modos de vida, como lo muestra en su obra Gaucha (1899) el escritor uruguayo Javier de Viana.

    «Ya en la época contemporánea, en la década de los 70 del siglo pasado, el autor argentino Juan Filloy escribe, en el cuento final de la saga de Los Ochoa, un texto en el que maneja la dualidad civilización-barbarie que en su momento manejara Domingo Faustino Sarmiento, y le da “el tiro de gracia” al gaucho protagonista de la literatura gauchesca y a esta:



    «En materia de doma de potros, los salvajes somos nosotros, no los mapuches chilenos que ocuparon hasta 1879 la mitad de la Argentina. Los indios (…) no domaban al bagual, lo amansaban, (…). Ya no hay indios en nuestra tierra ni gauchos errantes en ella».

    Porque ni bien el gaucho se apeó y se sentó ante una mesa y comió con cuchara y tenedor, se hizo peón. Es decir, obrero rural. Es decir, “ciudadano argentino”. Y como estamos refiriéndonos a la lírica gauchesca el Río de la Plata, le agregamos “oriental” o “ciudadano uruguayo”.





    https://gibralfaro.uma.es/criticalit/pag_2154.htm


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    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Empty Re: La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay

    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 09:55

    El gaucho en Uruguay y su contribución a la literatura



    The Gaucho in Uruguay and its contribution to literature





    Pablo Lacasagne*


    * Licenciado en Ciencias Históricas. Profesor Adjunto en la Escuela Universitaria de Bibliotecología y Ciencias Afines. Montevideo, Uruguay. biblos.documenta@gmail.com




    Resumen

    Este trabajo intenta dar a conocer la aparición del gaucho en el Uruguay del siglo XVIII y su aporte a la literatura de este país. En este territorio, llamado en la época colonial Banda Oriental, donde la frontera entre dos imperios no siempre estuvo bien delimitada, surge un grupo humano vinculado a las tareas pastoriles y sobre todo a la actividad comercial en esa frontera con el Brasil. Fue un grupo humano que se caracterizó porque hizo un culto de la libertad, por su aspecto temible y su actitud a veces temeraria. Tuvo una forma peculiar de vestirse así como fama de ser alegre y conversador. Sus canciones y narraciones, transmitidas de generación en generación, dieron lugar a la aparición de una literatura que llegó al libro una vez que la imprenta ingresó y se expandió en el país.

    La literatura gauchesca muchas veces nos permite reconstruir la forma de vida y los valores del primitivo poblador errante de nuestras praderas. Debemos indicar que muestra no solamente la visión del gaucho sobre sí mismo, ya que una vez que el libro oral se transforma en libro escrito y sobre todo a fines del siglo XIX, la visión de esta literatura cambia y comienza a expresar la imagen que tienen del gaucho las clases cultas y dirigentes del país.

    Palabras clave:Uruguay, historia, testimonios de los viajeros, literatura guachesca

    Cómo citar este artículo: LACASAGNE, Pablo. El gaucho en Uruguay y su contribución a la literatura. Revista Interamericana de Bibliotecología. Ene. –Jun. 2009, vol. 32, no. 1; p. 173–191.



    Abstract

    TThis paper attempts to present the appearance of the gaucho in eighteenth century Uruguay and his contribution to the literature of this country. In this territory, known in colonial times as Banda Oriental, where the frontier between two empires was not always well defined, emerged a group of people linked to the pastoral work and especially their trade at the border with Brazil. This was a group of people characterized by their cult of liberty, for their fearsome appearance and their sometimes reckless attitude. They had a particular way of dressing, as well as fame for their joy and conversation. Their songs and stories, passed down from generation to generation, led to the emergence of a literature that reached the book once the printing press came and expanded in the country.

    Gaucho literature often allows us to reconstruct the lifestyle and values of the original wandering inhabitants of our meadows. We must point out that it shows not only the gaucho's view of himself but once the oral book is transformed into written book in the late nineteenth century, it began to express the image of the educated and ruling classes of the country had of the gaucho.

    Key words:Uruguay, history, testimonials of the travelers, Gaucho poetry,

    How to cite this article: LACASAGNE, Pablo. The Gaucho in Uruguay and its contribution to literature. Revista Interamericana de Bibliotecología. Jan. – Jun. 2009, vol. 32, no. 1; p. 173–191





    Introducción

    El Uruguay fue un territorio colonizado en forma tardía por España. Los portugueses se anticiparon al fundar, en el año 1680, la Colonia del Sacramento, sobre el Río de la Plata, en un lugar muy estratégico. Posteriormente comenzó el proceso colonizador de Montevideo con la finalidad de castellanizar la región y establecer una marca segura en la frontera entre los dominios de España y los de Portugal. También comenzaron las luchas por la posesión de la ciudad de Colonia, ubicada frente a Buenos Aires y a la entrada de los grandes ríos de la región. Estaba en juego el dominio del Río de la Plata.

    Además de la colonización emprendida por los países ibéricos comenzaron a aparecer en el territorio de la Banda Oriental, bastante más extenso que el Uruguay actual, grupos de desertores del ejército o fugitivos, que se relacionaron con los indios. A este grupo de hombres se les agregaron marinos desertores o sobrevivientes de naufragios, lo que explica el origen de muchos términos propios de la marina incorporados al lenguaje de aquella época.

    En este territorio, que será escenario constante de enfrentamientos entre los dos imperios aparece, a partir de este grupo de hombres, el gaucho. El término gaucho, para algunos autores como Paul Groussac, proviene del portugués gauderio. Este término viene del latín, gaudere: alegrarse, estar contento, satisfecho, alegre. Para otros autores, como Vicente Rossi, proviene del guaraní ''huachu'' y de allí huacho y gaucho.

    El origen racial del gaucho se debe buscar en la mezcla de estos ''gauderios'' errantes, de origen europeo o criollo, con las mujeres indígenas, un grupo humano que habita las llanuras y es original de nuestro territorio.

    Es de interés sondear en aquellos actores de nuestra historia que nos diferencian de los demás pueblos, y en el caso del gaucho, interpretar algunos de sus aportes a la cultura del Uruguay.

    En el siglo XVIII la subsistencia estaba garantizada para los escasos habitantes de la Banda Oriental, gracias al desarrollo pecuario de la región, pero el país imponía a los pobladores de su campaña el duro ejercicio de las faenas de campo.

    Las grandes manadas de ganado poblaban la campaña agreste, la extensa pradera. A veces, la quietud del campo se veía interrumpida por la brusca estampida del ganado o por el ladrido de los perros cimarrones. Otras, en cambio, en la tranquila soledad del día, se sentía sólo el canto de los pájaros, el golpear del mar entre las rocas, el suave rumor de la brisa moviendo la copa de los árboles.

    El gaucho fue visto como un hombre adaptado a esta realidad pastoril y caudillesca, un gran jinete y un hombre feliz, que disfrutaba de su libertad. No obstante, su imagen fue cambiando en la interpretación que de él y de sus hábitos y canciones hacía el hombre de la ciudad, y sobre todo los intelectuales de Montevideo. Para los románticos fue el héroe solitario de la pradera, el defensor de nuestra independencia a costa de grandes sacrificios. En cambio, los jóvenes principistas, doctores formados en la nueva Universidad que deseaban que se respetaran la constitución y las leyes, lo consideraron un obstáculo para la modernización del país.

    La aparición de la estancia moderna, el desarrollo de las comunicaciones, y sobre todo el alambrado de los campos, conspiraron contra el gaucho tradicional y su vida libre. Sin embargo, muchas de sus costumbres, canciones e historias fueron adoptadas por el campesino sedentario que siempre admiró a este arquetipo de nuestra campaña.

    Es conveniente advertir que este trabajo enfoca fundamentalmente al gaucho originario de Uruguay, y que su cometido no abarca el estudio del gaucho argentino ni del brasileño.



    1. Descripción de las fuentes utilizadas

    Para la elaboración de este trabajo fueron utilizados documentos impresos e inéditos, bibliografía, mapas de la época, tratados de límites entre España y Portugal en América y documentos de archivos.

    Para el personaje del gaucho en particular se estudiaron, además de las que aparecen citadas en las notas, obras de los autores: Martiniano Leguizamón, Emilio Coni, Vicente Rossi, Juan Carlos Guarnieri, Fernando O. Asuncao. También se visitaron museos, buscando información sobre su indumentaria y costumbres, lo que fue completado con iconografía de la época.

    En el tema literatura gauchesca, el principal autor seguido fue Lauro Ayestarán (1913 – 1966) y su libro: La primitiva poesía gauchesca en el Uruguay. Tomo 1. Se analizaron los textos de literatura gauchesca de los siglos XVIII y XIX y se tuvieron presentes las tradiciones orales en el interior del país.

    Del estudio, análisis y comprobación de los datos expuestos en las fuentes se elaboró una síntesis y se obtuvo como resultado un breve capítulo de la historia del libro uruguayo, tratando de rescatar el aporte del libro oral al libro escrito y demostrando cómo, a medida que se va produciendo la modernización del país, el personaje histórico de nuestra campaña se va transformando en una leyenda que influye en la literatura, en la historia y en la visión que las generaciones posteriores se han formado de él. De esta manera se trata de analizar su aporte, no solamente a la cultura uruguaya sino, a través de ella, a la de toda Latinoamérica.



    2. El Gaucho y su medio

    El gaucho fue el poblador de muchas regiones de Argentina, Uruguay y Brasil, en épocas en que estos países, dependientes de España y de Portugal, tenían grandes regiones desérticas, despobladas.
    Sin desconocer las hipótesis sobre el origen del gaucho que se encuentran en la historiografía argentina y la brasileña, consideramos que este personaje apareció en la Banda Oriental en el siglo XVIII, por múltiples razones:

    – En el plano económico, el cambio que experimenta el mercado europeo, que no busca ya los productos exóticos, las especias y los metales preciosos, sino materias primas y alimentos.

    – En el siglo XVIII el eje económico se desplazó hacia el sur de Brasil, con el comienzo del ciclo minero, con lo que se abrió en el país nórdico un mercado que necesitaba de animales vacunos, que abundaban en el Uruguay de aquella época.

    – Para las poblaciones rioplatenses vecinas de la Banda Oriental ésta significaba una gran estancia de donde extraían la riqueza ganadera para su provecho. De ella se valieron los porteños, los santafesinos y también los jesuitas de las Misiones, que tuvieron una extensa estancia al norte del país, hasta la fecha de su expulsión, por la Pragmática Sanción de 1767.

    – El primer elemento poblador de la campaña se vio requerido por estos intereses, y sobre todo por el interés de Portugal e Inglaterra en el comercio de cueros.

    – Muchos de los primeros pobladores fueron desertores del ejército y criminales buscados por la justicia. Náufragos y sobrevivientes de expediciones coloniales fracasadas o baquianos de las vaquerías realizadas en el sur, oriundos de otras regiones del Río de la Plata, que no regresaron a sus ciudades.

    El gaucho oriental trabajó para satisfacer los requerimientos de las poblaciones de las regiones vecinas. Ayudó como peón en las pocas estancias del oeste, intervino en las vaquerías que realizaban los vecinos rioplatenses y, luego, atraído por la recompensa, practicó el contrabando.

    Zum Felde dice al respecto:

    ''El llamado contrabando – porque contravenía las ordenanzas del régimen aduanero español aplicado a estas colonias no era, en verdad, otra cosa que el comercio libre, es decir, el comercio propiamente tal. Pues, privada en absoluto de todo derecho de comerciar, por los prohibitivos privilegios del monopolio, ejercido exclusivamente en beneficio de España y en perjuicio de América, los habitantes de esta región no tenían más recurso que el contrabando – el comercio como actividad ilegal – para escapar al peso agobiante de aquel sistema despótico, que mantenía en la mayor pobreza y atraso a esta zona de las Indias''.1

    La abolición del Monopolio, en 1778, no cambió la situación en la Banda Oriental, tierra de frontera habitada en su campaña por el gaucho, pues para éste las fronteras eran un mero hecho formal, una línea trazada por la autoridad en el territorio de los hombres libres, un límite impreciso a su indomable voluntad que no reconocía otra ley que la propia.

    El gaucho es un producto, no sólo de la pampa argentina y de las grandes extensiones riograndenses, sino, sobre todo de la pradera uruguaya y de una frontera que, a lo largo del siglo XVIII cambia repetidas veces, con el Tratado de Madrid o de Permuta en 1750, y luego con el Tratado de San Ildefonso en 1777.

    Los cambios en esta frontera ayudan a formar la conciencia de un límite vago, que ni siquiera los conquistadores tienen completamente definido desde el Tratado de Tordesillas en 1494 e hicieron aparecer en la frontera entre los dos imperios verdaderos vacíos de poder, llevando a que el límite terminara siendo menospreciado en esas regiones por nuestros gauderios o gauchos. Abundantes documentos de la época, radicados en archivos del Río de la Plata, demuestran que la frontera no ponía límites a la actividad de los gauchos.

    Montevideo, sede de la autoridad española, centro del poder y de las fuerzas militares, es una ciudad ajena a la realidad gauchesca desde su fundación. Más adelante, en el país independiente, de aquella ciudad partirán, a lo largo del siglo XIX, las leyes e innovaciones que ocasionarán a la larga la desaparición de este típico habitante libre de la campaña.

    El escenario del gaucho oriental era la pradera. Cuenta allí con el beneplácito de sus pocos habitantes y la conoce como a la palma de su mano. Ese escenario fue el que le permitió sustraerse y vivir holgadamente, sin ataduras de ninguna especie. Se puede decir que la frontera fue un factor decisivo, que influyó poderosamente en la vida del país y de sus habitantes, sobre todo en el periodo colonial.

    Desde la fundación de la Colonia del Sacramento, el antagonismo hispano – lusitano marcó toda la vida de la Banda Oriental. La misma fundación de Montevideo no fue más que un capítulo en las sucesivas contiendas entre una y otra parte. Por este motivo, la ciudad surge amurallada, como fuerte defensora de aquella marca de los dominios españoles en el Río de la Plata.

    El temor obsesivo al portugués, la amenaza del indio charrúa, la habilidad del gaucho y su accionar sin límites, y la práctica extendida del contrabando, son pruebas de hasta qué punto era vulnerable el proceso de poblar aquel país, mucho más extenso que el actual.



    3. Orígenes del gaucho

    Antes de la fundación de Montevideo (1724 – 1730) el territorio se fue poblando con un elemento muy heterogéneo, que a veces entró en relación pacífica con los aborígenes, como fue el caso de algunos europeos que convivieron con ellos.

    Desde sus territorios en Brasil, los portugueses trataron de atraer a este grupo humano, individualista y rebelde, como aliado en su lucha contra España, y sobre todo para introducir mercaderías de contrabando a regiones del Río de la Plata.

    En este período, los españoles y los jesuitas lucharon contra los primitivos habitantes del Uruguay, ocasionando el declive de la llamada nación charrúa. Nación indígena indómita, con la que el gaucho oriental aparece vinculado no solo por el mestizaje sino también culturalmente.

    Por otro lado debe mencionarse la acción de los faeneros santafesinos, en el sur, que atraídos por las vaquerías, se establecen en esa región. Algunos de ellos se afincaron en el país y se transformaron luego en paisanos o en gauchos.

    El faenero del oeste, el bandeirante del norte, los desertores del ejército español y lusitano, los indios guaraníes y minuanes, fueron el heterogéneo elemento étnico que dará nacimiento al gauderio, como también se lo llama en los documentos de la época, fruto de una colonización ingenua, hecha por aventureros, bandoleros e indígenas.

    Aquí es preciso expresar que en torno al tema del origen del gaucho, han surgido disputas de toda índole que se hacen muy acaloradas en el ámbito rioplatense. Algunos historiadores argentinos, basándose en diferentes razones, como el hecho de que la Banda Oriental es tierra de colonización tardía y que, además, la ganadería en nuestro país fue posterior en casi medio siglo a la de la pampa húmeda, consideran que el gaucho nació en la Argentina.

    Así el escritor argentino Martiniano Leguizamón, en su obra La cuna del gaucho expresa que su estudio tiende a: ''comprobar la aparición del gaucho argentino un siglo antes que los camiluchos o gauderios en la Banda de los Charrúas, como primitivamente se denominó a la Banda Oriental del Uruguay''.2

    También el autor argentino Emilio A. Coni afirma en su obra El gaucho, Argentina, Brasil, Uruguay que la primera prueba documental de la existencia de individuos de ''tipo gauchesco'', la encuentra en Santa Fé.3

    En otra obra del mismo autor, Contribución a la historia del Gaucho. Los gauchos del Uruguay antes y después de la fundación de Montevideo, el historiador argentino nos dice: ''En 1716 los santafesinos están en plena colonización gauchesca del Uruguay''. 4

    En cambio otros historiadores argentinos, como Vicente A. Rossi, y uruguayos, como Pablo Blanco Acevedo, consideran que la cuna del gaucho es la Banda Oriental, en el siglo XVIII.

    Sin decidirnos en especial por ninguna de estas hipótesis, (porque consideramos que el fenómeno gauchesco no se circunscribe a ninguna frontera) tomaremos como referencia, por tratarse de un uruguayo, al historiador Pablo Blanco Acevedo.

    Para este autor el gaucho rioplatense, el montonero artiguista, oriental o del litoral argentino: ''(...) fue en su origen una expresión única y genuina de la campaña uruguaya. Surgió en el período anterior a la guerra guaranítica y constituyó una entidad definida cuando España y Portugal se disputaban el tesoro de los ganados que pastaban libremente en las praderas del país.''5 Hace referencia a Boungainville, que ubica la aparición del gaucho en la región nórdica de Maldonado.

    En su intento por rescatar aspectos genuinos de nuestra identidad, Pablo Blanco Acevedo escribió:

    ''(...) el gaucho del S XVIII o de las primeras décadas del S. XIX, tal como se exhibió en la campaña oriental, representó un tipo absolutamente autóctono y originario, legítimo, de su ambiente, sin que sea permitida su confusión con el campesino argentino o con paulista o mameluco brasileño, de quienes lo separaron diferencias esenciales. El primero, el gaucho oriental, es anterior a la formación genérica de gauchos aplicada después a todos los campesinos del Río de la Plata y del interior argentino, derivó de aquellos gauderios de Maldonado y de Río Negro descritos por Boungainville, Concorlocorvo, Azara y Lastarria''. 6

    4. Características de nuestro gaucho

    El explorador Luis de Boungainville expresó cuando estuvo en Uruguay, en 1767, lo siguiente sobre los gauderios o gauchos:

    ''Desde hace algunos años se ha formado al Norte del río una tribu de bandidos que cada vez será más peligrosa para los españoles si no se toman medidas para exterminarla. Algunos malhechores escapados al castigo de la justicia se han establecido en la parte norte de las Maldonadas. A ellos se han unido los desertores. De a poco su número ha crecido. Tomaron mujeres entre los indios y de tal manera han dado origen a una raza que ha hecho del pillaje su modo de vida. Roban ganados en las posesiones españolas y se dirigen hacia el Brasil, donde los comercian con los paulistas, canjeándolos por armas y ropa. Pobre [sic] de los viajeros que lleguen a caer en sus manos. Se afirma que en la actualidad son más de seiscientos. Han dejado su antiguo lugar de residencia y se han retirado mucho más lejos, hacia el lado del Noroeste''.7

    Tenemos pues que este autor, navegante y explorador francés, registró para la historia el momento de expansión del gaucho hacia otro territorio del país, que en aquella época se denominaba Banda Oriental y era mucho más extenso que el actual; y la actividad de comercio que estos primitivos pobladores de Uruguay realizaban con el sur de Brasil, que era contrabando, pues contravenía las leyes relativas al comercio impuestas por la Corona española.

    Buscando también la visión de los españoles colonizadores, nos encontramos con lo que decía don Félix de Azara de los gauchos:

    ''Por ningún motivo ni interés quieren servir a nadie, y sobre ser ladrones roban también mujeres. Las llevan a los bosques, y viven con ellas en una choza, alimentándose con vacas silvestres. Cuando tienen alguna necesidad o capricho el gaucho roba algunos caballos o vacas, las lleva y vende al Brasil, de donde trae lo que le falta (...)''.8

    Sus accesorios más característicos fueron el chiripá, prenda ajustada a la cintura, dispuesta de adelante para atrás, de origen indígena (el término parece proceder del quechua), el poncho con el que cubría su cuerpo. Debemos mencionar también la vincha, de procedencia india (es una voz guaraní). A estos accesorios debemos agregar las boleadoras, arma indígena originalmente formada con dos piedras a la que el gaucho le agregó una más y que utilizó para la caza y para la guerra.

    El caballo era muy importante para él, por su actividad como pastor y por las grandes distancias que debía recorrer. Los gauderios y gauchos se destacaron, al igual que los indios de la Banda Oriental, por ser grandes jinetes, muy ágiles y rápidos (ver Figura 2).

    Sus juegos preferidos eran los naipes, la taba, el palillo, los dados, el trompillo, la perinola, entre otros.

    Santiago Arago en su obra Viaje alrededor del Mundo, se refiere así al gaucho:

    '' El gaucho se parece al patagón por el clima, por las costumbres y por la audacia, pero sin embargo es antípoda por la forma; por que este es alto, atleta, imponente, hablador y quiere al parecer animar las soledades que atraviesa; y aquel, por el contrario, se pone en armonía con ellas, y sólo se digna responder a la voz del jaguar o al bramido de la tempestad, porque en este caso es el jaguar quien teme y no el gaucho, pues tiene junto a sí dos amigos formidables con quienes no teme ningún poder en el mundo, dos amigos a quienes jamás abandona desde que parte a tierras que los demás hombres desconocen; estos amigos son su caballo y su lazo.'' 9

    continuará



    http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-09762009000100009


    _________________



    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Marialuaf


    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Jue 16 Mar 2023, 09:58

    5. Música, tradición oral y libro impreso

    Con respecto a la música y las coplas de los gauchos nos ilustró Concorlocorvo:

    ''Se hacen de una guitarrita que aprenden a tocar muy mal y a cantar desentonadamente varias coplas que estropean y muchas que sacan de su cabeza, que regularmente ruedan sobre amores. Se pasean a su albedrío por toda la campaña y con notable complacencia de aquellos semibárbaros colonos, comen a su costa y pasan las semanas enteras tendidos sobre un cuero, cantando y tocando (...)''.10

    Efectivamente, los gauchos tomaron la guitarra introducida por los españoles y la adaptaron a su propia forma de expresión, para la payada, otra de las expresiones folclóricas que forman parte del legado de los gauderios o gauchos. Lo mismo sucederá con la literatura gauchesca y con el teatro.

    Lamentablemente mucha literatura oral se perdió hacia 1880, alguna se conserva en ciertas regiones de nuestro país, esperando todavía ser recopilada y copiada.

    La poesía gauchesca se inspira muchas veces en este libro oral, anónimo, en las leyendas y mitos de la campaña. Toma como matriz la poesía tradicional castellana, adaptándola a la geografía y la gente del país. Lauro Ayestarán, en La primitiva poesía gauchesca en el Uruguay, recopiló textos impresos en los primeros periódicos uruguayos y su obra ilustra muy bien la evolución de la poesía gauchesca.

    En esa obra encontramos Perico Cielo dirigida al ''Sr. Maestro Imprentero''; la Carta del paisano Chano y, también, Un gaucho de la guardia del Monte, entre otros textos. En éste último, atribuido a Bartolomé Hidalgo, encontramos esta referencia a la actitud del Rey de España en Bayona, cuando abdica la Corona a favor de Napoleón Bonaparte y luego éste, a su vez, hace lo mismo a favor de su hermano, José:

    ''Cielito, digo que sí

    Hoy se acostó con corona

    Y cuando se recordó

    Se halló sin ella en Bayona.

    Para la guerra es terrible

    Balas nunca oyó sonar,

    Ni sabe que es entrevero,

    Ni sangre vio colorear.

    Cielito, cielo que sí

    Cielito de la herradura,

    Para candil semejante

    Mejor es dormir a obscuras''

    De Bartolomé Hidalgo (1788 –1822), debemos decir que su obra alcanzó una gran repercusión rioplatense, compuso cielitos combativos y canciones patrióticas que todavía están en vigencia en Uruguay, como la Marcha Oriental.

    En la poesía gauchesca se nota la preferencia por el verso octosílabo, que, con su fácil línea, permite expresar de una forma sencilla las inquietudes del hombre del campo. En lo que se refiere al lenguaje predomina, al menos en la región del Río de la Plata, el castellano, con arcaísmos y regionalismos.

    La temática, a partir de 1811 y como consecuencia del levantamiento artiguista, se torna más política, independentista y contraria a la dominación española, porque el gaucho se incorpora a la lucha por nuestra independencia.

    El personaje principal de este libro es el gaucho. Pero se encuentran también referencias a otros pobladores de nuestro país en aquella época colonial: los indios, negros, mestizos e inmigrantes procedentes de Europa, todos ellos colaboraron, de alguna forma, en la gesta por nuestra independencia.


    La acción de las obras transcurre en espacios abiertos y despoblados. Para componer, se usa una terminología dura, combativa frente al godo y al portugo, invasores en un territorio que se considera propio. Se busca la expresión de una forma de ver y de sentir, recalcando la identidad del hombre de campo, asimismo muchas veces, el campesino sedentario también se identifica con una filosofía de vida muy anárquica, propia del gaucho.

    Se utilizan dos fórmulas eutróficas: el romance, fragmentado en cuartetas, y la décima:

    '
    'Cielito de los gallegos

    ¡ay!, cielito del dios Baco

    que salgan al campo limpio

    y verán lo que es tabaco.''

    El estribillo se fue enriqueciendo a partir de 1820 y se van agregando al cielito fórmulas de despedida o remate.

    Las cartas y los partes son otra variable de la poesía gauchesca. Tenemos como ejemplo la Carta de un gaucho a un proyectista del Banco de Buenos Aires:

    ''Que patriotas que desean

    sacarnos de entre el pantano

    ¿Cómo quieren que se meta

    El Gobierno con el Banco?

    ¿Cómo quieren que se junte

    a los perros con los gatos?
    Este fragmento pertenece a la popular obra de Manuel de Araucho, Un paso en el Pindo; impresa en Montevideo en el año 1835. El autor lo dedicó a Don Manuel Oribe, segundo presidente del Uruguay y caudillo de las primeras guerras civiles.

    Si bien la poesía gauchesca es muchas veces anónima, también es un género en el que incursionaron posteriormente importantes figuras de nuestras letras, como Francisco Acuña de Figueroa. Nace en el siglo XVIII, se desarrolla a lo largo del siglo XIX, y con la introducción al país de la imprenta, en 1807, y la posterior difusión de dicho invento, el libro oral se va transformando en un libro escrito que trata de respetar todas sus características esenciales.

    Entonces a medida que el libro escrito deja de tener un papel secundario, la anonimia retrocede.

    La literatura sobre el gaucho comienza con los relatos de los viajeros extranjeros, de los que Concorlocorvo, ya citado, es un ejemplo. Luego aparece el género gauchesco propiamente dicho con las composiciones poético – políticas contra la dominación española y luego portuguesa. En tercer lugar hay que mencionar las narraciones novelescas, que muestran al gaucho rebelde y justiciero, y las primeras manifestaciones dramáticas que se desprenden de los espectáculos del llamado ''circo criollo''.

    El Martín Fierro, del escritor argentino José Hernández, es considerado como la máxima expresión de esta literatura gauchesca. Significativamente su primera parte fue compuesta en la frontera brasileño – uruguaya, en la ciudad de Santa Ana do Livramento, a pocos metros de nuestro territorio actual y en una región que pertenecía a la Banda Oriental en el período colonial.

    En esta obra, José Hernández resume las características más destacables de la campaña argentina después de la caída de Juan Manuel de Rosas. La obra encierra una denuncia social y representa la visión política de su autor, pero además, ilustra un período de la historia argentina, de sus usos, costumbres e instituciones. El personaje central enfrenta a la justicia y, como consecuencia, debe afrontar la persecución, la condena, y huir a las tolderías, en una constante lucha.

    La obra, escrita durante el exilio de Hernández en el sur del Brasil, fue publicada por primera vez en Buenos Aires, en 1872, y en siete años alcanzó once ediciones con 48.000 ejemplares.

    Coincidentemente, el autor uruguayo Antonio D. Lussich, publica ese mismo año, con éxito, su obra Los tres gauchos orientales. Era un momento histórico en que la oligarquía ganadera se disponía a desplazar al gaucho del seno de la sociedad rural activa. El gaucho estaba siendo despojado de las garantías a las que tenía derecho como ciudadano de dos pueblos libres y en ese sentido se transformó en un símbolo de la lucha por la justicia en ambas orillas del Plata.

    En este período la literatura popular, tanto en Uruguay como en Argentina exalta el coraje, el decidido enfrentamiento a la corrupta autoridad judicial, que tiene su raíz en el período colonial. Este culto al coraje se manifiesta también en el Juan Moreira, de Eduardo Gutiérrez, y en el drama criollo de este mismo período, con el que alcanzó los mayores éxitos el naciente teatro nacional.

    La poesía gauchesca en el Uruguay llega a su punto más alto con escritores de la talla de Orosmán Moratorio, Alcides de María y el mencionado Antonio D. Lussich, con su obra Los tres gauchos orientales, publicada en Montevideo el 15 de julio de 1883.

    Alcides de María publicó en Montevideo, en 1909, las Poesías criollas por Calisto el ñato, en la Imprenta La Propaganda. En un fragmento dice:

    De lo que al gaucho fascina,

    lo subyuga y enamora;

    su guitarra gemidora

    y el caballo que se arrocina;

    de su rancho y de su china,

    sus lecheras, su majada;

    de una existencia pasada

    a la orilla del fogón,

    de toda una tradición

    pucha!... que no vale nada.

    Dornaleche y Reyes, una de las imprentas más destacadas de fines del siglo XIX y principios del siglo XX en Uruguay, publicaron en Montevideo, en 1906, Guitarra Nacional. Canciones criollas, por Orosmán Moratorio, autor seleccionado para incluir en esta breve reseña sobre la poesía gauchesca en nuestro territorio. Transcribimos un fragmento de Las cuerdas de mi guitarra:

    Las cuerdas de mi instrumento

    son seis, y aunque destempladas

    pueden en horas marcadas

    lanzar sus sones al viento.

    Al calor del sentimiento

    vibran si son oprimidas;

    no son sus notas perdidas

    como las de otros cantores,

    ni revelan más primores

    que ser francas y sentidas.

    Debemos mencionar también otras manifestaciones de la literatura gauchesca, leyendas y narraciones históricas que han pasado de generación en generación en pequeños poblados del país, que han permanecido como expresión puramente oral y no han pasado aún a la letra impresa.

    Especial atención merece la payada, que era el contrapunto de versos entre gauchos. El arte del payador consistía en la ágil y oportuna improvisación en el contrapunto. Entre dos payadores se forma una contienda ''amistosa'' y la contestación rápida y acertada crea interés en el público.

    Hay en la payada y en otros ejemplos de la canción gauchesca cierta expresión teatral, en la que los autores improvisan un texto que proviene exclusivamente de su ingenio. Los payadores llegaron a ser los intérpretes populares de los problemas, vivencias, y esperanzas de los criollos que esperaban el respeto de sus derechos en ambas orillas del Plata.

    Como vemos, la temática de la literatura gauchesca era variada. Debemos destacar su aspecto testimonial y la denuncia social de un sector de la población rural que fue marginado por el proyecto de modernización del país.

    En el teatro rioplatense vemos también una manifestación temprana de esta literatura gauchesca. Ya en 1787 encontramos la obra El amor de la estanciera, y Las bodas de Cívico y Pancha.

    Sin detenernos en el siglo XIX llegamos a la década de 1880, cuando surge Gutiérrez – Podestá, con su Juan Moreira, primero, en 1884, como pantomima con argumento, luego, a partir de 1886, como drama.

    En este teatro encontramos escritores como Elías Regules con sus obras: Los gauchitos y el juguete cómico Las vivezas de Juancito; a Orosmán Moratorio con: La flor del pago y Polleras y Chiripás; a Benjamín Fernández y Medina autor de El Fausto criollo. También M' hijo el dotor, Barranca abajo y La gringa, de Florencio Sánchez (1875 – 1910) representan este tipo de teatro.

    M' hijo el dotor (Las dos conciencias) fue estrenada en Buenos Aires, en 1903, en el Teatro de la Comedia, por la Compañía de Gerónimo Podestá. En ella se enfrenta la forma de pensar del padre gaucho con la del hijo que ha podido estudiar y doctorarse; de una forma magistral demuestra el autor el cambio de vida y de costumbres del hijo y también de su forma de pensar, frente a la más anticuada de su padre, creándose no solo una brecha generacional sino la confrontación de dos formas distintas de interpretar la vida. Cabe agregar que M' hijo el dotor, drama en tres actos, que originalmente tenía otro título y cuatro actos, fue traducida meses después de su estreno al italiano por Vicente di Nápoli – Vita para la compañía Cavalli – Bolognesi.

    La gringa fue estrenada en 1904, en el Teatro San Martín, de Buenos Aires, por la compañía de Angelina Pagano, y Barranca abajo, en 1905, también en Buenos. Aires, por la compañía de los hermanos Podestá. Es así que la pluma de Florencio Sánchez logra internacionalizar el teatro gauchesco.

    M' hijo el dotor marcó un antes y un después en la evolución dramática del Río de la Plata. Fue la obra consagratoria del dramaturgo uruguayo, pero también de todo un teatro y una forma de expresión.

    De esta manera se va completando el círculo del libro gauchesco, que comienza en forma oral, para poco a poco irse difundiendo a través de la imprenta y del teatro. Al principio, el libro escrito trata de ser fiel al libro oral, luego, con la influencia del romanticismo, se produce un cambio importante en la visión que los otros grupos sociales tienen del gaucho y esta visión romántica se manifiesta también en la literatura.

    En este período hay una valoración de la importancia cultural del gaucho, y la exaltación de su figura lleva implícita la crítica hacia las clases altas que lo discriminan. Se describe la forma de expresarse y de pensar de este hombre de la pradera uruguaya que ama la libertad y se define como ''oriental'', destacándose la búsqueda del color local y el nacionalismo subyacentes en el romanticismo tardío del Río de la Plata.

    Posteriormente, esta figura representativa de nuestro campo se transforma a los ojos de la juventud principista del país, influida por el pensamiento positivista, en un elemento social que obstaculiza el desarrollo de la campaña oriental, pastoril y caudillesca, impidiendo que se transforme en una ''campaña'' al estilo europeo, ''civilizada y próspera'', de acuerdo con los proyectos de la clase dirigente del país que se abre al aporte de mano de obra y capitales procedentes de Europa.

    El escritor uruguayo, Eduardo Acevedo Díaz, fue el que elevó la figura del gaucho en sus novelas como el gran héroe de la independencia de nuestro país, canalizando todo su potencial humano y su coraje para luchar por los ideales de libertad e independencia. En Ismael (1888) y en Nativa (1890), el gaucho oriental representa la fuerza que destruye con una finalidad constructiva, crear un país independiente y libre.

    No obstante, en el último cuarto del siglo XIX la narrativa gauchesca se transforma en la visión que tiene la clase alta urbana de un grupo social que ya comienza a desaparecer debido a la modernización del país y sus estancias, el desarrollo de las comunicaciones y el alambrado de los campos. En este período se destacan importantes figuras de escritores uruguayos y argentinos. De Argentina debemos mencionar a Benito Lynch y Leopoldo Lugones.

    Esta narrativa, que encierra la visión de las clases altas europeizadas, culmina, ya avanzado el siglo XX, con el escritor argentino Ricardo Güiraldes en una interesante, rica y vívida visión elegíaca del gaucho, Don Segundo Sombra, sin duda la obra más interesante y representativa de esta leyenda rioplatense. En un libro en el que es notoria la influencia de Kipling, el autor ofrece el camino para evocar una identidad ya casi perdida en una Buenos Aires expandida, cosmopolita y europeizada.

    Como una contradicción más de nuestra historia, finalmente la misma clase social que anteriormente lo discriminaba y perseguía es la que lo ubica en su lugar en la historia y lo lleva al bronce.

    Llega, de la mano de escritores de ambas orillas del Plata, un reconocimiento final a la desinteresada lucha del gaucho por la independencia de nuestra patria, primero durante las invasiones inglesas, luego frente a la invasión de Portugal, finalmente en las guerras civiles. Aparece el reconocimiento al héroe anónimo y una nueva literatura que trata de representarlo, aunque su propia literatura continuaría siendo menospreciada por la crítica erudita.

    Más adelante el americanismo, de principios del siglo XX, dio lugar a la aparición del movimiento nativista, que pretendía un retorno a los motivos nacionales. En la poesía nativista comienzan a aparecer los temas del Uruguay tradicional, las referencias a los grandes símbolos de su campaña: al pago, al ombú, y desde luego al gaucho. De todas formas el criollismo se encontraba ya en vías de desaparición.

    Dentro de ese movimiento tenemos esta descripción que hace del gaucho el escritor montevideano Fernán Silva Valdés (1887 – 1975) en su libro Intemperie, publicado en Montevideo en 1930:

    '
    'Con un poco de tierra y otro poco de cielo,

    amasaste el adobe para construir tu rancho

    –mismo como el hornero–.

    Por eso yo te veo ascendencia de pájaro.

    Eras,

    una mitad liada abajo y otra mitad hacia arriba;

    una mitad de tierra y otra mitad de cielo;

    un mitad de carne y otra mitad de alas;

    carne tu forma física;

    alón tu forma lírica;

    y si eso no bastara para llamarte alado:

    alas en tu caballo,

    alas en tu sombrero,

    alas todo tu poncho.

    alas, a media espalda flameando en tu pañuelo;

    y alas también llevabas fijas en los talones:

    las agudas rodajas de tus espuelas.

    Gaucho:

    naciste en la juntura de dos razas

    como nacen los talas

    en el tajo de dos piedras.''

    Desaparecido el gaucho nómade y libre debido al desarrollo de estos países y a la influencia de la inmigración europea en Uruguay, Argentina y sur de Brasil, el campesino adoptó muchos de sus elementos característicos, como su forma de vestir, de hablar, sus juegos y sus canciones. También adoptó sus narraciones, muchas de las cuales se conservaron por la transmisión oral, de generación en generación.

    Si bien entre los accesorios de los gauchos no podemos mencionar el libro, ya que la mayoría eran analfabetos, este trabajo se ha propuesto rescatar el aporte que hicieron a través de su libro oral, a la literatura del Uruguay en los siglos XIX y XX.




    http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-09762009000100009


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    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Empty Re: La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay

    Mensaje por Maria Lua Vie 17 Mar 2023, 08:25

    El gaucho Martín Fierro de José Hernández

    (comp.) Justo Fernández López

    Historia de la literatura hispanoamericana

    www.hispanoteca.eu

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    EL GAUCHO MARTÍN FIERRO DE JOSÉ HERNÁNDEZ
    Desde su publicación en 1872, el personaje se fue transformando en un mito que encarnó el individualismo del gaucho en la libertad de la pampa frente a la creciente urbanización del país. La figura del matrero desertor denuncia los abusos de la sociedad de su época.

    El poema de Hernández alcanzó once ediciones en seis años, lo que obligó al autor a escribir en 1879 la continuación de la historia, La vuelta de Martín Fierro.

    El Martín Fierro ha sido leído desde un principio no solo como producto estético, sino como el poema de identidad argentina, como la historia de un gaucho pendenciero, como la Ilíada argentina, como un texto de denuncia, como una recuperación de la tradición o simplemente como una novela de aventuras.

    Martín Fierro es la encarnación del individualismo, la libertad y la sabiduría popular.

    ARGUMENTO DEL MARTÍN FIERRO

    El poema consta de dos partes: El gaucho Martín Fierro (1872), compuesta por 13 cantos, y La vuelta de Martín Fierro (1879), por 33; ambas con una cantidad variable de estrofas octosílabas.

    El gaucho y payador Martín Fierro, rodeado de curiosos, cuenta sus desventuras en una pulpería (donde se venden diferentes géneros para el abasto), haciendo una evocación de la época en que vivía contento y seguro en su rancho, como esposo y padre, con un trabajo placentero y el orgullo de ser libre. Recuerda su vida feliz en la campaña, con su mujer y sus hijos, dedicado a las faenas cotidianas del campo. Pero lo detienen y enganchan para el servicio militar en los cuarteles de la frontera, junto con otros de su misma condición. Es arrancado de su rancho para ir a servir en la frontera, en la lucha contra el indio.

    A su regreso, después de tres años de servicio, de maltratos, trabajo duro, guerras contra los indios, sufrimientos y privaciones, sin recibir paga alguna, encuentra su tierra y hacienda vendidas, su familia despojada por las autoridades y dispersa, con paradero desconocido, y el rancho convertido en tapera: desertor, pobre y desnudo / a procurar suerte nueva. Pero al llegar: no hallé ni rastro del rancho / ¡sólo estaba la tapera! / [...] sólo se oían los aullido s/ de un gato que se salvó. Transido de pena y perseguido por desertor, Martín Fierro jura vengarse y se hace gaucho malo. Vaga por la pampa y frecuenta las pulperías.

    Un día, estando ebrio, mata a un negro a quien había provocado. Huye del lugar y se refugia en el campo. Hasta allí lo persigue la policía y lo acorrala. Pero él no se rinde y se enfrenta a los milicos. El sargento Cruz, miembro de la policía perseguidora, impresionado por el valor de Fierro, se une a él y entre los dos derrotan a los perseguidores y luego buscan refugio en territorio indio, a pesar del riesgo que ello conlleva. Martín Fierro encuentra en el gaucho Cruz un amigo leal y valeroso que ya se enfrentó a los abusos de las autoridades. La primera parte, concluye con la decisión de los dos gauchos, ahora amigos, de irse a vivir entre los indios.

    En La vuelta de Martín Fierro se inicia con el relato de la vida de Martín Fierro entre los indios y la muerte de Cruz durante una epidemia de viruela. El gaucho payador (cantor popular que, acompañándose con una guitarra y en contrapunto con otro, improvisa sobre temas variados) relata cómo él y Cruz, luego de atravesar el desierto, llegaron a territorio de indígenas. Allí fueron hechos prisioneros y durante cinco años llevaron una vida de penurias junto a los indios.

    Las costumbres salvajes de los indígenas empavorecieron a los dos gauchos. Martín Fierro también describe los bailes, fiestas y malones (fechorías) de los indios. Más tarde, Cruz muere a causa de una epidemia de viruela entre los nativos. Al final, el payador huye después de dar muerte a un indio que se complacía en azotar a una cautiva blanca. Con ella llega a tierras cristianas, se despiden y él regresa a la frontera.

    Marín Fierro decide volver del desierto hacia la frontera. Se entera de que ya no es perseguido de que su mujer ha muerto, y se reencuentra con sus dos hijos que también cantan y cuentan su vida: El mayor de ellos estuvo injustamente en la cárcel, y el menor fue estafado por su propio tutor y por el juez que conocía su causa.

    Se reúnen asimismo con Picardía, el hijo del sargento Cruz, que también entona sus desventuras de huérfano y demuestra su talento para sobrevivir, ya sea como guardia nacional o como jugador: Él también, por instigaciones de un individuo al servicio de un juez corrupto, fue enrolado en el ejército para pelear en la frontera. A estos cantos, les sigue la payada con el Moreno –hermano menor de aquel negro que Martín Fierro había matado en una pendencia– que viene en busca de venganza y comienza a increpar a Martín Fierro. Ambos se traban en ingenioso diálogo cantado y demuestran tener conocimientos e inteligencia suficientes. El negro quiere vengar a su hermano, pero la concurrencia evita la pelea y Martín Fierro se marcha con sus hijos. Martín Fierro prefiere alejarse pacíficamente en lugar de darle la revancha. Finalmente, y tras cambiarse los nombres, Fierro y los tres muchachos se despiden y se separan.

    Sin embargo, la pobreza les impide permanecer juntos y deben separarse; Martín Fierro aconseja paternalmente a sus hijos y a Picardía: es mejor que aprender mucho / el aprender cosas buenas. El gaucho les habla de la amistad, la lealtad y la prudencia. Luego se despiden con gran emoción y cambian sus nombres para no ser reconocidos.

    Interviene el autor, convertido ahora en narrador. Sueña con un mundo que reconozca todos sus derechos a los hombres de la pampa y termina afirmando: Y si canto de este modo, por encontrarlo oportuno, no es para mal de ninguno sino para bien de todos.



    MOTIVOS QUE DESTACAN EN LA NARRACIÓN

    En una sucesión de hechos desgraciados destacan tres motivos:

    La narración de la propia vida



    El poema es la historia del gaucho protagonista. Junto al protagonista hay que mencionar la historia del sargento Cruz, en la parte primera, y las de los dos hijos de Fierro, y Picardía, hijo de Cruz, en la segunda.

    La pelea



    Tiene más importancia en la ida. Fierro da muerte a dos hombres de forma accidental y fatalmente en el desafío del baile del “boliche” y tiene que huir como “gaucho malo”. Los dos hombres son un “moreno” y un gaucho “guapo”. Luego se enfrenta a los soldados de Cruz, otro gaucho que forma parte d ela ptrulla que persigue a Fierro. Cruz, impresionado por la bravura de Fierro, se pone a su lado, y ambos logran huir. Huyen a la inmensa Pampa. Y a Fierro dos lagrimones le rodaron por la cara al partir para el destierro.

    Siete años después, Fierro vuelve a sus “pagos” (del latín pagus = aldea; de ahí país, “payés”, payador, payo). Ton tomados rehenes por unos indios y el gaucho cuenta las crueldades de los indígenas. En la Vuelta de Fierro mata a un indio, que acaba de matar al hijo de una cautiva blanca:

    Tres figuras imponentes formábamos aquel terno:

    ella, en su dolor materno; yo, con la lengua dejuera,

    y él, salvaje, como fiera disparada del infierno.

    El viaje



    Los personajes, inadaptados, desarraigados, son incapaces de permanecer en un lugar más tiempo del que dure la narración de su historia; en la primera parte Fierro es arrastrado con el ejécito a la frontera; escapa y vuelve a casa, donde no queda nadie; vaga por las pulquerías; tras el incidente con la partida, se traslada a territorio indio con el sargento Cruz que de perseguidor se convierte en amigo.

    En la Vuelta de Fierro, muerto el compañero Cruz en una epidemia, Fierro regresa a tierras civilizadas, se reúne con el viejo Vizcacha, encarnación de la experiencia gauchesca; con el hijo de Cruz, Picardía, y un negro que es hermano de uno a quien Fierro dio muerte hace diez años. Encuentran finalmente a dos de sus hijos, pero tiene que separarse de ellos por pobreza.

    Tras relatarse mutuamente sus desventuras, se separan, continúan su deambular por la Pampa sin objeto definido: Después a los cuatro vientos / los cuatro se dirijieron. Fierro se despide de los hijos, pidiendo a la civilización que ayude a la barbarie del gaucho, para bien de todos debe el gaucho tener casa, escuela, iglesia y derechos.




    continuará


    http://hispanoteca.eu/Literatura%20LA/El%20gaucho%20Mart%C3%ADn%20Fierro%20de%20Jos%C3%A9%20Hern%C3%A1ndez.htm


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    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Empty Re: La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay

    Mensaje por Maria Lua Vie 17 Mar 2023, 08:30

    LA LENGUA LITERARIA DEL MARTÍN FIERRO

    La lengua literaria del Martín Fierro ha sido objeto de varios estudios. Es una reelaboción culta del habla del gaucho, del mismo modo que el sayagués era el lenguaje que en España Juan del Encina y Lucas Fernández ponían en boca de sus rústicos pastores. El lenguaje del Martín Fierro presenta una curiosa mezcla de elementos populares procedentes del español arcaico de la Conquista y del sustrato indígena americano. Es el lenguaje popular de Castilla del tiempo de la Conquista, conservado por los gauchos, pero con modismos propios de la Pampa argentina:



    Aquí me ponto a cantar al compás de la vigüela,

    que al hombre que lo desvela una pena extraordinaria,

    como el ave solitaria, con el cantar se consuela.

    Yo no soy cantor letrao, mas si me pongo a cantar

    ni tengo cuando acabar ni me envejezco cantando.

    Las coplas me van brotando como agua del manantial.

    Es frecuente la tendencia a la diptongación: pueta (poeta), peliando (peleando). Alternancia en el timbre de las vocales átonas: confisión, siguro. Se recucen a una sola las vocales en hiato: ler (leer), crer (creer). Se reducen los grupos consonánticos de origen culto: dotores (doctores), inorancia (ignorancia). La –d- intervocálica o al final de palabra desaparece: virtú (virtud), así como en los participios: hallao (hallado). Formación de –g- protética – diptongo güe: güeno (bueno). Aspiración de la –h- inicial que se convierte en fricativa velar sorda: jedentino (hedentino, hediondo). La –f- inicial se velariza: jueron (fueron), juego (fuego). Se palatiza la –n-: ñudo (nudo). Reducción a –f- del grupo –sb-: refaló (resbaló). Formas verbales con pronombre enclítico y acento agudo: entiendaló (entiéndalo).

    En cuanto a la morfosintaxis, el rasgo rioplatense es el voseo y su repercusión en las formas verbales. El presente histórico se emplea con frecuencia para intensificar la acción descrita, alternando a veces con otras formas verbales, dando lugar a un eficaz cambio de perspectiva:




    Ni por respeto al cuchillo

    dejó el indio de apretarme.

    Allí pretende ultimarme

    sin dejarme levantar,

    y no me daba lugar

    ni siquiera a derezarme. (Vuelta, vv. 1237 y ss.)


    Las peculiaridades léxicas son muy abundantes. Se encuentran vulgarismos: naide (nadie), resertor (desertor); palabras del sustrato indígena: macá, naco, mate; o del habla del Río de la Plata: pollera, matrero; la interjección “¡la pucha!” (para expresar sorpresa, disgusto); arcaísmos procedentes del español: peje (pez), reyunos (caballos del Estado, antiguamente del rey).

    Algunos editores conservan la tosca y titubeante grafía original del texto, para mantener los valores semiológicos de la poesía oral de los gauchos cantores, que se perdería al reproducir el texto según la moderna ortografía.

    En cuanto a la métrica, predomina la sextilla (combinación métrica de seis versos de arte menor aconsonantados alternadamente o de otra manera), estrofa inventada por el mismo Hernández. Consta de seis versos octosílabos, cuyo esquema más frecuente es abbccb. Cada una de ellas constituye una unidad de sentido. Lo habitual es la rima consonante. De forma esporádica se usa el romance castellano, la redondilla y la seguidilla.

    Hernández emplea con habilidad recursos expresivos para captar la realidad del gaucho y recrearla artísticamente. Los recursos expresivos más significativos son:

    -

    La comparación para dibujar el entorno vital del protagonista. La mayoría de ellas aluden al mundo animal: Fierro recuerda a sus hijos como pichones sin acabar de emplumar. El término más frecuente de comparación son los mamíferos: toros, borregos, terneros y toda la gama de los equinos, ya que el caballo es el compañero inseparable del gaucho: Viva el gaucho que anda mal como zorro perseguido. Hay coparaciones referidas al mundo natural: las nubes, arbolillo que crece, la lluvia; al mundo extrahumano: Satanás; o a la religión: más trista que Jueves Santo.

    -

    Las enumeraciones se emplean con justeza y precisión, creando con ello un gran dinamismo:


    Yo primero sembré trigo

    y después hice el corral;

    corté adoba pa un tapial,

    hice un guincho, corté paja...

    -

    Las hipérboles, en boca del gaucho, reafirman su índole valerosa y un tanto achulada: Ay lo dejé con las tripas / como pa que hiciera cuerdas.

    -

    Abundan las exclamaciones en la primera parte del poema. Es corriente la fórmula Qué + perífrasis verbal: y ¡qué habíamos de alcanzar / en unos bichocos viejos!

    -

    Sentencias y refranes, muchos de ellos procedentes de la literatura castellana, acercan la obra al lector popular: el diablo sabe por diablo / pero más saber por viejo... Sin naide que los proteja / y sin perro que los ladre... Cuando la mula recula / señal que quiere cosiar.

    -

    Las metáforas rara vez idealizan la realidad. Los individuos ven la realidad como una sucesión de desgracias. Fierro alude así a la ausencia de su mujer: Me dicen que se voló / no sé con qué gavilán. Para referirse a las cosas desagradables que se dispone a contar: Hay trapitos que golpiar.



    ESTRUCTURA LITERARIA DEL MARTÍN FIERRO


    El largo poema ha de ser examinado a la luz de una doble tradición.

    -

    La literatura gauchesca anterior, con la que comparte el uso del octosílabo; el diálogo entre paisanos; el desarrollo del tema de la amistad y no del amor; las quejas contra el Gobierno.

    -

    La poesía popular de la Pampa, de carácter oral, con elementos indios, españoles e incluso negros. Se alude a menudo al público que escucha el poema: Atención pido al silencio / y silencio a la atención... Digo que no han de reír todos, / algunos han de llorar.

    -

    Influencia de la picaresca española que se aprecia en el personaje del viejo Vizcacha, que recoge al hijo segundo de Fierro y mantiene con él la clásica relación amo-criado, establecida en la picaresca española. El hijo del sargento Cruz, Picardía, es otro personaje picaresco que vive del juego y de las trampas para subsistir.

    -

    El poema narra desde la perspectiva de Martín Fierro: Y sepan cuantos escuchan / de mis penas el relato. Pero el autor del poema aparece de vez en cuando: En este punto el cantor buscó un porró pa consuelo / echó un trago como un cielo, / dando fin a su argumento... Y aquí me despido yo / que he relatao a mi modo.

    La identificación del narrador subraya la índole oral, juglaresca o rapsódica del poema.



    CONTEXTO SOCIAL E IDEOLÓGICO DEL MARTÍN FIERRO


    La publicación del Fausto criollo por Estanislao del Campo en el 1866, en el que un gaucho va a Buenos Aires a la ópera y presencia el Fausto de Gounod y luego lo cuenta a su gente a la manera gaucha, provocó la discusión de si había o no una “literatura nacional” argentina.

    En el 1870 se hace un balance, y algunos dicen que no hay tal literatura; para ello el Fausto no es literatura nacional, pues no basta la descripción externa de la lengua, ropas y costumbres para considerar “nacional” una obra literaria. José Hernández vivía en medio de estas discusiones. Simpatizada con la causa de los gauchos y desconfiaba del espíritu europeísta de los políticos de entonces: Sarmiento (autor del Facundo) había sustituido en el poder al dictador gaucho Rosas.

    Hernández, antes de escribir su Martín Fierro, había hecho una amplia labor periodística, presidida por una idea, opuesta diametralmente a los planteamientos de Sarmiento y el grupo de exiliados, enemigos de la dictadura de Rosas. Hernández quiere defender a los campesinos y habitantes de la Pampa, frente a la modernidad y el falso progreso, que trata de exterminarlos y condena su “barbarie” en defensa de una “civilización” de corte europeo.

    Para Hernández, mientras la ganadería fuera la fundamental fuente de riquezas del país, el gaucho seguiría siendo fundamental. La europeización, la destrucción de ferrocarriles y alambradas, los fuertes contingentes de emigrantes, contribuían a arrinconar a este personaje, antes arbitrariamente identificado con la barbarie. Cansado de leer en la prense que la literatura gauchesca no tenía calidad literaria, comparada con la europea; que lo que se escribía sobre los gauchos era solo divertido, como el Fausto criollo, Hernández decidió escribir algo serio sobre los gauchos, algo más cercano a la realidad. La inutilidad de las campañas de prensa le hacen pensar en la necesidad de usar un procedimiento más efectivo, y decide crear este personaje de Martín Fierro, especie de “buen salvaje”, que es el reverso de los gauchos pintados por Sarmiento en su Facundo.

    En sus versos hay una polémica sorda contra el grupo europeísta, indiferente a lo gaucho; europeístas que creen que Fasto es la medida de lo que el género gauchesco podía dar. Hernández rompe a cantar con la conciencia seria de que hay quienes no creen en él o en la literatura criolla. Reprocha a los poetas gauchescos el haber dejado una tarea a medio hacer. Para ello, Hernández remeda con más talento que nadie, la voz auténtica del gaucho. Martín Fierro tiene, pues, un doble público: se dirige a los lectores cultos y a los gauchos. Con las mismas palabras ofrece dos mensajes distintos: ante los cultos, reclama justicia para los gauchos; ante los gauchos, procura darles lecciones morales que cambien su condición.

    Así, era Martín Fierro un poema político cuando se lo leía en la ciudad y un poema pedagógico cuando se lo leía en el campo. Logró una identificación emocional con el gaucho. El Martín Fierro no es un poema épico en el sentido estricto de la palabra, sino un poema popular al servicio de una tradición oral. El impulso es individual; la fuente es popular, en la tradición del payador (cantor popular que improvisa sobre temas variados). Por eso los gauchos lo leyeron como cosa propia.

    En 1872 sale a la luz la primera parte del Martín Fierro (la Ida), precedida de una carta de Hernández dirigida a D. José Zoilo Miguens, exponiendo su intención:



    Mi objeto ha sido dibujar a grandes rasgos, aunque fielmente, sus trabajos, sus hábitos, su vida, su índole, sus vicios, sus virtudes; ese conjunto que constituye el cuadro de su fisionomía moral, y los accidentes de su existencia llena de peligros, de inquietudes, de inseguridad, de aventuras y de agitaciones constantes.

    En la primera parte, cuenta el gaucho su vida desde la perspectiva dolorida:




    Ninguno me hable de penas

    porque yo penando vivo...

    que nunca peleo ni mato

    sino por necesidá,

    y que a tanta adversidá

    solo me arrojó el mal trato.


    Esta primera parte presenta un mundo en el que son transgredidos sistemáticamente numerosos derechos humanos por parte de los que poseen alguna forma de poder. Las víctimas, envueltas en situaciones de violencia, tienen que cometer también acciones violentas, impulsados por la necesidad de la supervivencia. Menudea la crítica a usos y estamentos sociales bien conocidos: la costumbre de enrolar a la fuerza a gauchos para conjurar el peligro del indio en el desierto; los militares no tienen interés en acabar la contienda, pues el soldado supone mano de obra gratuita para sus estancias y haciendas:




    Yo he visto en esta milonga

    muchos jefes con estancia,

    y piones con abundancia,

    y majadas y rodeos;

    he visto negocios feos,

    a pesar de mi inorancia.


    Un comandante viejo asedia a la mujer de Cruz y ocasiona el fracaso conyugal. Los extranjeros no son bien vistos: cobardes, torpes, no se adaptan bien a las labores de la milicia; su carácter escurridizo se contrapone con la simplicidad y rectitud del gaucho. Es sintomático que el clímax argumental de esta primera parte se produzca en el canto IX, cuando el protagonista se enfrenta y derrota a la partida que representa el poder constituido, con la ayuda del sargento Cruz, jefe de los gubernamentales, que se convierte desde entonces en su compañero.

    La violencia ha permitido al gaucho por una vez imponer la justicia, por encima de los representantes del gobierno central. En la Ida Hernández levanta un retablo sociológico y sobre él mueve a la figura anárquica, orgullosa y maltratada del gaucho. Hay alusiones a los doctores de Buenos Aires, a la política de Sarmiento (antes enemigo del dictador Rosas, y ahora en el poder como presidente), a los abusos del Gobierno. Alegóricamente, Fierro huye y no tiene más esperanza que la que le ofrece la “indiada” al otro lado de la civilización (Sarmiento había luchado por una “civilización” y contra la “barbarie”, en su Facundo).

    La publicación de La vuelta de Martín Fierro muestra un descenso en el espíritu combativo del protagonista. Los siete años entre la “Ida” y la “Vuelta” de Martín Fierro acentúan la intención reformadora del poema. Los móviles de la conducta del gaucho Fierro son diferentes. Aparece una visión europea y progresista del trabajo: que la tierra no da fruto / si no la riega el sudor. Ya concluyó el “vandalaje” (vandalismo, bandidaje). Ahora Fierro elude la pelea y da explicaciones de por qué antes mató; justificaciones legales que muestran que Hernández, en el fondo, era un conservador respetuoso de la ley. Ahora, Hernández recomienda que se instruye a los habitantes de las vastas campañas argentina:



    «Enseñando que el trabajo honrado es la fuente principal de toda mejora y bienestar... Enalteciendo las virtudes morales que necen de la ley natural y que sirven de base a todas las virtudes morales... Inculcando en los hombres el sentimiento de veneración a su Creador... Afirmando en los ciudadanos el amor a la libertad, sin apartarse del respeto que es debido a los superiores y magistrados».

    Y es que, en 1879, ya no gobierna en Argentina Sarmiento, Avellaneda es el nuevo presidente. Ahora, Hernández reconoce a la “sociedad” que había condenado en la Ida. Hay dos morales en la Vuelta: la que Hernández propone y la que el cinismo del viejo Vizcacha documenta como una realidad; una moral ideal y otra oportunista. Idealismo de Hernández y realismo de Vizcacha. Una Argentina pragmática y una Argentina moral. Luces y sombras. Parece que aquí Hernández coincide a la postre con Sarmiento: Civilización contra Barbarie. Fierro recomienda ahora a sus hijos, antes de la separación final, que acepten la injusticia como precio inevitable que los débiles han de pagar para lograr algunas mejores:



    O

    bedezca el que obedece

    y será bueno el que manda.

    Contra la rebeldía de la Ida:



    Yo juré en esa ocasión

    ser más malo que una fiera.


    El hijo mayor narra los sufrimientos pasados en la cárcel y esta narración muestra más bien resignación que protesta contra la arbitrariedad con él cometida al encerrarlo por un crimen que no cometió. Ahora quedan atrás las peleas a cuchillo y la reacción contra el poder gubernamental: las letras han suplantado a las armas en Hernández. La voz de Hernández es ahora la de “un hombre tan defensor como siempre de del gaucho, pero convencido de que el mejor servicio que podía hacerle, luego de haber puesto en evidencia los infortunios que padecía, era instarle a adaptarse en cuanto le fuera posible a un modelo de sociedad irreversible” (Sainz de Medrano, 1979, p. 25). Para Miguel de Unamuno, la segunda parte tiene un sentido en exceso didáctico y moralizador, sin la espontaneidad y frescura de la primera.

    ANTIFEMINISMO Y ANTIMILITARISMO

    Menéndez y Pelayo distinguió entre “poesía popular” y “poesía tradicional”. Martín Fierro pertenecería a la “poesía popular” cuyos rasgos serían el antifeminismo y el antimilitarismo.

    El antifeminismo fue un componente importante en los niveles literarios populares en Occidente desde la Edad Media, que se mantuvieron al margen de la exaltación de la mujer propia del amor cortesano, trovadoresco y de tradición petrarquista. En el Martín Fierro, Cruz reacciona violentamente ante el agravio que supone el que su mujer se deje querer por el viejo militar, y decide abandonarla para siempre. Fierro, menos intransigente, es capaz de perdonar a la suya, a pesar de que se voló / con no sé qué gavilán, sin preocuparse de los hijos, cuando el protagonista fue militarizado.

    Los personajes que aparecen en el poema viven sin compañía femenina. La amistad es para el gaucho mucho más importante que el amor, y en la obra impera un machismo que sitúa a la mujer en un plano subordinado y secundario. De hecho, Hernández no aprovecha las posibilidades romántico-novelescas que podrían derivarse de un idilio de Fierro con la cautiva cristiana que rescata de los indios, en el canto X de la Vuelta.




    Cuando la mula recula,

    señal que quiere cosiar,

    ansí se suele portar,

    aunque ella lo disimula:

    recula como la mula

    la mujer, para olvidar.

    Alcé mi poncho y mis prendas

    y me largé a padecer

    por culpa de una muger

    que quiso engañar a dos;

    al rancho le dije adiós,

    para nunca más volver.

    Las mujeres, dende entonces,

    conocí a todas en una;

    ya no he de probar fortuna

    con carta tan conocida;

    muger y perra parida,

    no se me acerca ninguna.


    En cuanto al antimilitarismo, es conocida la desconfianza atávica de minorías étnicas y sectores alejados de la ciudad frente al ejército. Más el odio al servicio militar, en una época en la que la institución militar tenía la función de consolidación nacional en América. Aquí aparece un comandante con rasgos claramente negativos: viejo, taimado y cobarde. Y, sin embargo, es este militar ridículo el causante de la tragedia de Cruz, que tiene que por su causa abandonar el hogar.

    Lo mismo le ocurre a Fierro: la milicia lo moviliza para luchar en la frontera con el indio, obligándolo a dejar en la indigencia a su mujer e hijos. Hay un paralelismo entre los dos personajes: maltratados por sus esposas; víctimas del abuso de autoridad del ejército, que es uno de los blancos contra los que Hernández escribe su obra.



    RECEPCIÓN


    El poema gozó desde un principio de una popularidad extraordinaria entre el público, pero no fue aceptado con entusiasmo por la crítica, que lo consideraba como una manifestación de la literatura de masas. A comienzos del siglo XX, surgen opiniones favorables, como la de Unamuno, Leopoldo Lugones y Borges. Hoy es el Martín Fierro una de las obras clásicas y más representativas de la literatura hispanoamericana de todos los tiempos. Es uno de los poemas más originales que ha dado el romanticismo hispano: la literatura como expresión de la sociedad; el colorido local; el nacionalismo; la simpatía por lo popular; el exotismo de las costumbres indígenas; el héroe, víctima de la sociedad, exiliado y doliente; la noble amistad con Cruz; episodios de violentos contrastes, como la muerte de Vizcacha, la pelea entre el indio y Fierro ante la mujer y su hijo degollado; los felices y casuales encuentros de Fierro con sus hijos y con los de Cruz.

    En el plano político, la protesta de Hernández consiguió que se suprimera el servicio forzoso en las fronteras con los indios, y si no logró defender al gaucho frente a los avances del progreso, al menos lo inmortalizó en la figura de Martín Fierro. Con ello quedó el gaucho para siempre presente en la memoria del pueblo argentino. La obra es la contemplación del mundo desde la perspectiva de un gaucho, que se expresa en su lengua, con su propio código referencial, y que opina sobre lo que le rodea con su propio criterio, al margen de la polarización socio-política a que lo sometió Sarmiento, o de las burlas y estereotipos con los que lo presenta la literatura gauchesca anterior a Hernández.

    El tema gauchesco continúa en la novela: Eduardo Gutiérrez (1853-1890), Roberto Payró (1867-1928) y el primer novelista uruguayo del Modernismo, Eduardo Acevedo Díaz (1861-1924), etc. Pero la cumbre del género gauchesco será Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes (1886-1927).

    Sarmiento presenta al gaucho como encarnación de la barbarie.

    Hernández defiende la barbarie contra una civilización injusta.

    Güiraldes hace del gaucho una figura humana universal, sin dejer de ser prototipo argentino.





    http://hispanoteca.eu/Literatura%20LA/El%20gaucho%20Mart%C3%ADn%20Fierro%20de%20Jos%C3%A9%20Hern%C3%A1ndez.htm






    Última edición por Maria Lua el Vie 17 Mar 2023, 08:40, editado 1 vez


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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
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    Mensaje por Maria Lua Vie 17 Mar 2023, 08:38

    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Ff29ee5a-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2


    El gaucho Martín Fierro

    José Hernández


    - I -

    Aquí me pongo a cantar
    al compás de la vigüela,
    que el hombre que lo desvela
    una pena estraordinaria,
    como la ave solitaria 5
    con el cantar se consuela.

    Pido a los Santos del Cielo
    que ayuden mi pensamiento,
    les pido en este momento
    que voy a cantar mi historia 10
    me refresquen la memoria,
    y aclaren mi entendimiento.

    Vengan Santos milagrosos,
    vengan todos en mi ayuda,
    que la lengua se me añuda 15
    y se me turba la vista;
    pido a mi Dios que me asista
    en esta ocasión tan ruda.

    Yo he visto muchos cantores,
    con famas bien obtenidas, 20
    y que después de alquiridas
    no las quieren sustentar-:
    parece que sin largar
    se cansaron en partidas.

    Mas ande otro criollo pasa 25
    Martín Fierro ha de pasar,
    nada lo hace recular
    ni las fantasmas lo espantan;
    y dende que todos cantan
    yo también quiero cantar. 30

    Cantando me he de morir,
    cantando me han de enterrar,
    y cantando he de llegar
    al pie del Eterno Padre-
    dende el vientre de mi madre 35
    vine a este mundo a cantar.

    Que no se trabe mi lengua
    ni me falte la palabra
    el cantar mi gloria labra
    y poniéndome a cantar, 40
    cantando me han de encontrar
    aunque la tierra se abra.

    Me siento en el plan de un bajo
    a cantar un argumento-
    como si soplara el viento 45
    hago tiritar los pastos-
    con oros, copas y bastos,
    juega allí mi pensamiento.

    Yo no soy cantor letrao,
    mas si me pongo a cantar 50
    no tengo cuándo acabar
    y me envejezco cantando;
    las coplas me van brotando
    como agua de manantial.
    —4→

    Con la guitarra en la mano 55
    ni las moscas se me arriman,
    naides me pone el pie encima,
    y cuando el pecho se entona,
    hago gemir a la prima
    y llorar a la bordona. 60

    Yo soy toro en mi rodeo
    y toraso en rodeo ageno,
    siempre me tuve por güeno
    y si me quieren probar,
    salgan otros a cantar 65
    y veremos quién es menos.

    No me hago al lao de la güeya
    aunque vengan degollando,
    con los blandos yo soy blando
    y soy duro con los duros, 70
    y ninguno, en un apuro
    me ha visto andar titubiando.

    En el peligro ¡qué Cristos!
    el corazón se me enancha
    pues toda la tierra es cancha, 75
    y de esto naides se asombre,
    el que se tiene por hombre
    ande quiera hace pata ancha.

    Soy gaucho, y entiendanló
    como mi lengua lo esplica, 80
    para mí la tierra es chica
    y pudiera ser mayor,
    ni la víbora me pica
    ni quema mi frente el Sol.

    Nací como nace el peje 85
    en el fondo de la mar,
    naides me puede quitar
    aquello que Dios me dio
    lo que al mundo truje yo
    del mundo lo he de llevar. 90

    Mi gloria es vivir tan libre
    como el pájaro del Cielo,
    no hago nido en este suelo
    ande hay tanto que sufrir;
    y naides me ha de seguir 95
    cuando yo remonto el vuelo.

    Yo no tengo en el amor
    quien me venga con querellas,
    como esas aves tan bellas
    que saltan de rama en rama- 100
    yo hago en el trébol mi cama,
    y me cubren las estrellas.

    Y sepan cuantos me escuchan
    de mis penas el relato
    que nunca peleo ni mato 105
    sino por necesidá;
    y que a tanta alversidá
    sólo me arrojó el mal trato.

    Y atiendan la relación
    que hace un gaucho perseguido 110
    que fue buen padre y marido
    empeñoso y diligente,
    y sin embargo la gente
    lo tiene por un bandido.






    continuará

    https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-gaucho-martin-fierro--1/html/ff29ee5a-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html


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    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Empty Re: La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay

    Mensaje por Maria Lua Vie 17 Mar 2023, 08:43

    - II -

    Ninguno me hable de penas 115
    porque yo penando vivo-
    y naides se muestre altivo
    aunque en el estribo esté,
    que suele quedarse a pie
    el gaucho más alvertido. 120

      Junta esperencia en la vida
    hasta pa dar y prestar,
    quien la tiene que pasar
    entre sufrimiento y llanto;
    porque nada enseña tanto 125
    como el sufrir y el llorar.

      Viene el hombre ciego al mundo
    cuartiándolo la esperanza,
    y a poco andar ya lo alcanzan
    las desgracias a empujones; 130
    ¡Jue pucha! que trae liciones
    ¡el tiempo con sus mudanzas!

      Yo he conocido esta tierra
    en que el paisano vivía.
    Y su ranchito tenía 135
    y sus hijos y mujer...
    Era una delicia el ver
    cómo pasaba sus días.

      Entonces... cuando el lucero
    brillaba en el cielo santo 140
    y los gallos con su canto
    la madrugada anunciaban,
    a la cocina rumbiaba
    el gaucho... que era un encanto.


      Y sentao junto al jogón 145
    a esperar que venga el día,
    al cimarrón le prendía
    hasta ponerse rechoncho,
    mientras su china dormía
    tapadita con su poncho. 150

      Y apenas el horizonte
    empezaba a coloriar,
    los pájaros a cantar,
    y las gallinas a apiarse,
    era cosa de largarse 155
    cada cual a trabajar.

      Éste se ata las espuelas
    se sale el otro cantando,
    uno busca un pellón blando,
    éste un lazo, otro un rebenque, 160
    y los pingos relinchando
    los llaman desde el palenque.

      El que era pión domador
    enderezaba al corral,
    ande estaba el animal 165
    bufidos que se las pela...
    Y más malo que su agüela
    se hacía astillas el bagual.

      Y allí el gaucho inteligente
    en cuanto al potro enriendó, 170
    los cueros le acomodó
    y se le sentó en seguida,
    que el hombre muestra en la vida
    la astucia que Dios le dio.

      Y en las playas corcobiando 175
    pedazos se hacía el sotreta,
    mientras él por las paletas
    le jugaba las lloronas,
    y al ruido de las caronas
    salía haciéndose gambetas. 180

      ¡Ah! ¡tiempos!... era un orgullo
    ver ginetiar un paisano-
    Cuando era gaucho vaquiano
    aunque el potro se boliase
    no había uno que no parase 185
    con el cabresto en la mano.

      Y mientras domaban unos,
    otros al campo salían,
    y la hacienda recogían,
    las manadas repuntaban, 190
    y ansí sin sentir pasaban
    entretenidos el día.

      Y verlos al caer la noche
    en la cocina riunidos
    con el juego bien prendido 195
    y mil cosas que contar,
    platicar muy divertidos
    hasta después de cenar.

      Y con el buche bien lleno
    era cosa superior 200
    irse en brazos del amor
    a dormir como la gente,
    pa empezar al día siguiente
    las faenas del día anterior.

      ¡Ricuerdo!... ¡Qué maravilla! 205
    cómo andaba la gauchada,
    siempre alegre y bien montada
    y dispuesta pa el trabajo...
    pero hoy al presente... ¡barajo!
    no se le ve de aporriada. 210

      El gaucho más infeliz
    tenía tropilla de un pelo,
    no le faltaba un consuelo
    y andaba la gente lista...
    tendiendo al campo la vista 215
    sólo vía sino hacienda y cielo.

      Cuando llegaban las yerras,
    ¡cosa que daba calor!
    tanto gaucho pialador
    y tironiador sin yel-. 220
    ¡Ah tiempos!... pero sin él
    se ha visto tanto primor.

      Aquello no era trabajo,
    más bien era una junción,
    y después de un güen tirón 225
    en que uno se daba maña,
    pa darle un trago de caña
    solía llamarlo el patrón.

      Pues vivía la mamajuana
    siempre bajo la carreta, 230
    y aquel que no era chancleta
    en cuanto el goyete vía,
    sin miedo se le prendía
    como güérfano a la teta.

      ¡Y qué jugadas se armaban 235
    cuando estábamos riunidos!
    Siempre íbamos prevenidos
    pues en tales ocasiones,
    a ayudarles a los piones
    caiban muchos comedidos. 240


      Eran los días del apuro
    y alboroto pa el hembraje,
    pa preparar los potajes
    y obsequiar bien a la gente,
    y ansí, pues, muy grandemente, 245
    pasaba siempre el gauchage.

    Venía la carne con cuero,
    la sabrosa carbonada,
    mazamorra bien pisada
    los pasteles y el güen vino... 250
    pero ha querido el destino,
    que todo aquello acabara.

      Estaba el gaucho en su pago
    con toda siguridá:
    pero aura... ¡barbaridá! 255
    la cosa anda tan fruncida,
    que gasta el pobre la vida
    en juir de la autoridá.

      Pues si usté pisa en su rancho
    y si el alcalde lo sabe 260
    lo caza lo mesmo que ave
    aunque su mujer aborte...
    ¡No hay tiempo que no se acabe
    ni tiento que no se corte!

      Y al punto dese por muerto 265
    si el alcalde lo bolea,
    pues ay nomás se le apea
    con una felpa de palos-,
    y después dicen que es malo
    el gaucho si los pelea. 270

      Y el lomo le hinchan a golpes,
    y le rompen la cabeza,
    y luego con ligereza
    ansí lastimao y todo,
    lo amarran codo con codo 275
    y pa el cepo lo enderiezan.

      Ay comienzan sus desgracias,
    ay principia el pericón;
    porque ya no hay salvación,
    y que usté quiera o no quiera, 280
    lo mandan a la frontera
    o lo echan a un batallón.

      Ansí empezaron mis males
    lo mesmo que los de tantos,
    si gustan... en otros cantos 285
    les diré lo que he sufrido-
    después que uno está... perdido
    no lo salvan ni los santos.




    continuará

    https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-gaucho-martin-fierro--1/html/ff29ee5a-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html


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    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Empty Re: La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay

    Mensaje por Maria Lua Vie 17 Mar 2023, 08:47

    - III -

    Tuve en mi pago en un tiempo
    hijos, hacienda y mujer, 290
    pero empecé a padecer,
    me echaron a la frontera,
    ¡y qué iba a hallar al volver!
    Tan sólo hallé la tapera.

      Sosegao vivía en mi rancho 295
    como el pájaro en su nido-
    allí mis hijos queridos
    iban creciendo a mi lao...
    Sólo queda al desgraciao
    lamentar el bien perdido. 300

      Mi gala en las pulperías
    era en habiendo más gente,
    ponerme medio caliente
    pues cuando puntiao me encuentro
    me salen coplas de adentro 305
    como agua de la virtiente.

      Cantando estaba una vez
    en una gran diversión;
    y aprovechó la ocasión
    como quiso el Juez de Paz... 310
    se presentó, y ahí no más
    hizo una arriada en montón.

      Juyeron los más matreros
    y lograron escapar-
    yo no quise disparar- 315
    soy manso y no había por qué-
    muy tranquilo me quedé
    y ansí me dejé agarrar.

      Allí un gringo con un órgano
    y una mona que bailaba, 320
    haciéndonos reir estaba
    cuando le tocó el arreo-
    ¡tan grande el gringo y tan feo!
    lo viera cómo lloraba.

      Hasta un Inglés sangiador 325
    que decía en la última guerra,
    que él era de Inca la perra
    y que no quería servir,
    tuvo también que juir
    y guarecerse en la Sierra. 330


      Ni los mirones salvaron
    de esa arriada de mi flor-
    fue acoyarao el cantor
    con el gringo de la mona-
    a uno sólo, por favor, 335
    logró salvar la patrona.

      Formaron un contingente
    con los que del baile arriaron-
    con otros nos mesturaron
    que habían agarrao también- 340
    Las cosas que aquí se ven
    ni los diablos las pensaron.

      A mí el Juez me tomó entre ojos
    en la última votación-
    me le había hecho el remolón 345
    y no me arrimé ese día,
    y él dijo que yo servía
    a los de la esposición.

      Y ansí sufrí ese castigo
    tal vez por culpas agenas- 350
    que sean malas o sean güenas
    las listas, siempre me escondo-
    yo soy un gaucho redondo
    y esas cosas no me enllenan.

      Al mandarnos nos hicieron 355
    más promesas que a un altar-
    el Juez nos jue a ploclamar
    y nos dijo muchas veces:
    «muchachos a los seis meses
    »los van a ir a revelar». 360

      Yo llevé un moro de número,
    ¡sobresaliente el matucho!
    Con él gané en Ayacucho,
    más plata que agua bendita
    siempre el gaucho necesita 365
    un pingo pa fiarle un pucho.

      Y cargué sin dar más güeltas
    con las prendas que tenía,
    jergas, poncho, cuanto había
    en casa, tuito lo alcé- 370
    a mi china la dejé
    media desnuda ese día.

      No me faltaba una guasca,
    esa ocasión eché el resto;
    bozal, maniador, cabresto, 375
    lazo, bolas y manea...
    ¡el que hoy tan pobre me vea
    tal vez no crea todo esto!

      Ansí en mi moro escarciando
    enderesé a la frontera; 380
    aparcero, si usté viera
    lo que se llama Cantón...
    Ni envidia tengo al ratón
    en aquella ratonera.

      De los pobres que allí había 385
    a ninguno lo largaron;
    los más viejos rezongaron,
    pero a uno que se quejó
    en seguida lo estaquiaron
    y la cosa se acabó. 390

      En la lista de la tarde
    el Gefe nos cantó el punto
    diciendo: «quinientos juntos
    »llevará el que se resierte,
    »lo haremos pitar del juerte 395
    »más bien dese por dijunto».

      A naides le dieron armas
    pues toditas las que había
    el Coronel las tenía,
    sigún dijo esa ocasión, 400
    pa repartirlas el día
    en que hubiera una invasión.

      Al principio nos dejaron
    de haraganes criando sebo,
    pero después... no me atrevo 405
    a decir lo que pasaba-
    Barajo... si nos trataban
    como se trata a malevos.

      Porque todo era jugarle
    por los lomos con la espada, 410
    y aunque usté no hiciera nada
    lo mesmito que en Palermo,
    le daban cada cepiada
    que lo dejaban enfermo.

      Y ¡qué indios, ni qué servicio! 415
    no teníamos ni Cuartel-
    Nos mandaba el Coronel
    a trabajar en sus chacras,
    y dejábamos las vacas
    que las llevara el infiel. 420

      Yo primero sembré trigo
    y después hice un corral,
    corté adobe pa un tapial,
    hice un quincho, corté paja...
    ¡La pucha que se trabaja 425
    sin que le larguen ni un rial!


      Y es lo pior de aquel enriedo
    que si uno anda hinchando el lomo,
    se le apean como plomo...
    ¡quién aguanta aquel infierno! 430
    Si eso es servir al Gobierno,
    a mí no me gusta el cómo.

      Más de un año nos tuvieron
    en esos trabajos duros-,
    y los indios, le asiguro, 435
    dentraban cuando querían:
    como no los perseguían
    siempre andaban sin apuro.

      A veces decía al volver
    del campo la descubierta, 440
    que estuviéramos alerta
    que andaba adentro la indiada;
    porque había una rastrillada,
    o estaba una yegua muerta.

    Recién entonces salía 445
    la orden de hacer la riunión-
    y cáibamos al cantón
    en pelos y hasta enacaos,
    sin armas, cuatro pelaos
    que íbamos a hacer jabón. 450

      Ay empezaba el afán
    se entiende de puro vicio,
    de enseñarle el ejercicio
    a tanto gaucho recluta,
    con un estrutor... ¡qué bruta! 455
    que nunca sabía su oficio.

    Daban entonces las armas
    pa defender los cantones,
    que eran lanzas y latones
    con ataduras de tiento... 460
    las de juego no las cuento
    porque no había municiones.

      Y un sargento chamuscao
    me contó que las tenían,
    pero que ellos las vendían 465
    para cazar avestruces;
    y ansí andaban noche y día
    dele bala a los ñanduces.

      Y cuando se iban los Indios
    con lo que habían manotiao, 470
    salíamos muy apuraos
    a perseguirlos de atrás;
    si no se llevaban más
    es porque no habían hallao.

      Allí sí, se ven desgracias 475
    y lágrimas y afliciones:
    naide le pida perdones
    al Indio, pues donde dentra
    roba y mata cuanto encuentra
    y quema las poblaciones. 480

      No salvan de su juror
    ni los pobres anjelitos;
    viejos, mozos, y chiquitos
    los matan del mesmo modo-
    el indio lo arregla todo 485
    con la lanza y con los gritos.

      Tiemblan las carnes al verlo
    volando al viento la cerda-
    la rienda en la mano izquierda
    y la lanza en la derecha- 490
    ande enderieza abre brecha
    pues no hay lanzaso que pierda.

      Hace trotiadas tremendas
    dende el fondo del desierto-
    ansí llega medio muerto 495
    de hambre, de sé y de fatiga,
    pero el indio es una hormiga
    que día y noche está dispierto.

      Sabe manejar las bolas
    como naides las maneja, 500
    cuanto el contrario se aleja
    manda una bola perdida,
    y si lo alcanza, sin vida
    es siguro que lo deja.

      Y el indio es como tortuga 505
    de duro para espichar,
    si lo llega a destripar
    ni siquiera se le encoje,
    luego sus tripas recoje
    y se agacha a disparar. 510

      Hacían el robo a su gusto
    y después se iban de arriba,
    se llevaban las cautivas
    y nos contaban que a veces
    les descarnaban los pieses 515
    a las pobrecitas vivas.

      ¡Ah! ¡si partía el corazón
    ver tantos males, canejos!
    los perseguíamos de lejos
    sin poder ni galopiar; 520
    ¡y qué habíamos de alcanzar
    en unos bichocos viejos!


      Nos volvíamos al cantón
    a las dos o tres jornadas,
    sembrando las caballadas: 525
    y pa que alguno la venda
    rejuntábamos la hacienda
    que habían dejao resagada.

      Una vez entre otras muchas
    tanto salir al botón, 530
    nos pegaron un malón
    los Indios, y una lanciada,
    que la gente acobardada
    quedó dende esa ocasión.

      Habían estao escondidos 535
    aguaitando atrás de un cerro
    ¡lo viera a su amigo Fierro
    aflojar como un blandiso!
    salieron como maíz frito
    en cuanto sonó un cencerro. 540

      Al punto nos dispusimos
    aunque ellos eran bastantes,
    la formamos al istante
    nuestra gente que era poca,
    y golpiándose en la boca 545
    hicieron fila adelante.

      Se vinieron en tropel
    haciendo temblar la tierra,
    no soy manco pa la guerra
    pero tuve mi jabón 550
    pues iba en un redomón
    que había boliao en la sierra.

      ¡Que vocerío! ¡qué barullo!
    ¡qué apurar esa carrera!
    la Indiada todita entera 555
    dando alaridos cargó-
    Jue pucha... y ya nos sacó
    como yeguada matrera.

      Qué fletes traiban los bárbaros
    como una luz de lijeros- 560
    hicieron el entrevero
    y en aquella mescolanza,
    éste quiero, éste no quiero,
    nos escojían con la lanza.

      Al que le dan un chuzazo, 565
    dificultoso es que sane,
    en fin para no echar panes,
    salimos por esas lomas,
    lo mesmo que las palomas,
    al juir de los gavilanes. 570

      ¡Es de almirar la destreza
    con que la lanza manejan!
    De perseguir nunca dejan-
    Y nos traiban apretaos-
    si queríamos de apuraos 575
    salirnos por las orejas.

      Y pa mejor de la fiesta
    en esta aflición tan suma,
    vino un indio echando espuma,
    y con la lanza en la mano 580
    gritando «Acabau cristiano
    »metau el lanza hasta el pluma».

      Tendido en el costillar
    cimbrando sobre el brazo
    una lanza como un lazo 585
    me atropeyó dando gritos-
    Si me descuido... el maldito
    me levanta de un lanzazo.

      Si me atribulo, o me encojo,
    siguro que no me escapo: 590
    siempre he sido medio guapo
    pero en aquella ocación,
    me hacía buya el corazón
    como la garganta al zapo.

      Dios le perdone al salvaje 595
    las ganas que me tenía...
    Desaté las tres marías
    y lo engatusé a cabriolas...
    Pucha... si no traigo bolas
    me achura el indio ese día. 600

      Era el hijo de un cacique
    sigún yo lo averigüé-
    la verdad del caso jue
    que me tuvo apuradazo
    hasta que al fin de un bolazo 605
    del caballo lo bajé.

      Ay no más me tiré al suelo
    y lo pisé en las paletas-
    empezó a hacer morisquetas
    y a mesquinar la garganta... 610
    Pero yo hice la obra santa,
    de hacerlo estirar la geta.

      Allí quedó de mojón
    y en su caballo salté,
    de la indiada disparé, 615
    pues si me alcanza me mata,
    y al fin me les escapé
    con el hilo de una pata.







    continuará

    https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-gaucho-martin-fierro--1/html/ff29ee5a-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html


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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
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    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Empty Re: La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay

    Mensaje por Maria Lua Vie 17 Mar 2023, 08:51

    - IV -

    Seguiré esta relación
    aunque pa chorizo es largo: 620
    el que pueda hágase cargo
    cómo andaría de matrero,
    después de salvar el cuero
    de aquel trance tan amargo.

    Del sueldo nada les cuento 625
    porque andaba disparando
    nosotros de cuando en cuando
    solíamos ladrar de pobres-
    nunca llegaban los cobres
    que se estaban aguardando. 630

    Y andábamos de mugrientos
    que el mirarnos daba horror;
    le juro que era un dolor
    ¡ver esos hombres por Cristo!
    En mi perra vida he visto 635
    una miseria mayor.

    Yo no tenia ni camisa
    ni cosa que se parezca
    mis trapos sólo pa yesca
    me podían servir al fin... 640
    No hay plaga como un fortín
    para que el hombre padezca.

    Poncho, jergas, el apero;
    las prenditas, los botones,
    todo, amigo, en los cantones 645
    jue quedando poco a poco,
    ya nos tenían medio loco
    la pobreza y los ratones.

    Sólo una manta peluda
    era cuanto me quedaba- 650
    la había agenciao a la taba
    y ella me tapaba el bulto
    yaguané que allí ganaba
    no salía... ni con indulto.

    Y pa mejor hasta el moro 655
    se me jue dentre las manos-
    no soy lerdo... pero hermano
    vino el comendante un día
    diciendo que lo quería
    «pa enseñarle a comer grano». 660

    Afigúrese cualquiera
    la suerte de este su amigo
    a pie y mostrando el umbligo,
    estropiao, pobre y desnudo,
    ni por castigo se pudo 665
    hacerce más mal conmigo.

    Ansí pasaron los meses
    y vino el año siguiente,
    y las cosas igualmente,
    siguieron del mesmo modo- 670
    adrede parece todo
    pa atormentar a la gente.

    No teníamos más permiso,
    ni otro alivio la gauchada,
    que salir de madrugada 675
    cuando no había indio ninguno,
    campo ajuera a hacer boliadas
    desocando los reyunos.

    Y cáibamos al cantón
    con los fletes aplastaos- 680
    pero a veces medio aviaos
    con plumas y algunos cueros-
    que pronto con el pulpero
    los teníamos negociaos.

    Era un amigo del Gefe 685
    que con un boliche estaba,
    yerba y tabaco nos daba
    por la pluma de avestruz,
    y hasta le hacía ver la luz
    al que un cuero le llevaba. 690

    Sólo tenía cuatro frascos
    y unas barricas vacías,
    y a la gente le vendía
    todo cuanto precisaba...
    algunos creiban que estaba 695
    allí la proveduría.

    ¡Ah! pulpero habilidoso
    nada le solía faltar-
    ay juna y para tragar
    tenía un buche de ñandú, 700
    la gente le dio en llamar
    «El boliche de virtud».

    Aunque es justo que quien vende
    algún poquito muerda,
    tiraba tanto la cuerda 705
    que con sus cuatro limetas
    él cargaba las carretas
    de plumas, cueros y cerda.


    Nos tenía apuntaos a todos
    con más cuentas que un rosario, 710
    cuando se anunció un salario
    que iban a dar, o un socorro-
    pero sabe Dios que zorro
    se lo comió al comisario.

    Pues nunca lo vi llegar 715
    y al cabo de muchos días-
    en la mesma pulpería
    dieron una buena cuenta-
    que la gente muy contenta
    de tan pobre recebía. 720

    Sacaron unos sus prendas
    que las tenían empeñadas,
    por sus deudas atrasadas
    dieron otros el dinero,
    al fin de fiesta el pulpero 725
    se quedó con la mascada.

    Yo me arrecosté a un horcón
    dando tiempo a que pagaran,
    y poniendo güena cara
    estuve haciéndome el poyo, 730
    a esperar que me llamaran
    para recibir mi boyo.

    Pero hay me pude quedar
    pegao pa siempre al horcón-
    ya era casi la oración 735
    y ninguno me llamaba-
    la cosa se me ñublaba
    y me dentró comezón.

    Pa sacarme el entripao
    vi al Mayor, y lo fi a hablar- 740
    Yo me le empezé a atracar
    y como con poca gana
    le dije: «tal vez mañana
    »acabarán de pagar».

    «-Qué mañana ni otro día» 745
    al punto me contestó,
    «la paga ya se acabó,
    »siempre has de ser animal»-.
    Me raí y le dije: «-yo...
    »no he recebido ni un rial». 750

    Se le pusieron los ojos
    que se le querían salir,
    y ay no más volvió a decir
    comiéndome con la vista:
    «-¿y qué querés recebir 755
    »si no has dentrao en la lista?-».

    «-Esto sí que es amolar»
    dije yo pa mis adentros,
    «van dos años que me encuentro
    »y hasta aura he visto ni un grullo, 760
    »dentro en todos los barullos
    »pero en las listas no dentro».

    Vide el plaito mal parao
    y no quise aguardar más...
    es güeno vivir en paz 765
    con quien nos ha de mandar-
    y reculando pa trás
    me le empezé a retirar.

    Supo todo el Comendante
    y me llamó al otro día, 770
    diciéndome que quería
    aviriguar bien las cosas-
    que no era el tiempo de Rosas,
    que aura a naides se debía.

    Llamó al cabo y al sargento 775
    y empezó la indagación,
    si había venido al cantón
    en tal tiempo o en tal otro...
    y si había venido en potro
    en reyuno o redomón. 780

    Y todo era alborotar
    al ñudo, y hacer papel,
    conocí que era pastel
    pa engordar con mi guayaca,
    mas si voy al Coronel 785
    me hacen bramar en la estaca.

    ¡Ah! hijos de una... la codicia
    ojalá les ruempa el saco;
    ni un pedazo de tabaco
    le dan al pobre soldao, 790
    y lo tienen de delgao
    más lijero que un guanaco.

    Pero qué iba a hacerles yo,
    charabón en el desierto,
    más bien me daba por muerto 795
    pa no verme más fundido-
    y me les hacía el dormido
    aunque soy medio dispierto.





    continuará

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    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Empty Re: La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay

    Mensaje por Maria Lua Vie 17 Mar 2023, 08:53

    - V -

    Yo andaba desesperao,
    aguardando una ocasión 800
    que los indios un malón
    nos dieran y entre el estrago
    hacérmeles cimarrón
    y volverme pa mi pago.

    Aquello no era servicio 805
    ni defender la frontera-
    aquello era ratonera
    en que sólo gana el juerte-
    era jugar a la suerte
    con una taba culera. 810

    Allí tuito va al revés:
    los milicos son los piones,
    y andan por las poblaciones
    emprestaos pa trabajar-
    los rejuntan pa peliar 815
    cuando entran Indios ladrones.

    Yo he visto en esa milonga
    muchos Gefes con estancia,
    y piones en abundancia,
    y majadas y rodeos; 820
    he visto negocios feos
    a pesar de mi inorancia.

    Y colijo que no quieren
    la barunda componer
    para esto no ha de tener 825
    el Gefe, que esté de estable,
    más que su poncho, y su sable,
    su caballo y su deber.

    Ansina, pues, conociendo
    que aquel mal no tiene cura, 830
    que tal vez mi sepoltura,
    si me quedo iba a encontrar,
    pensé en mandarme mudar
    como cosa más sigura.

    Y pa mejor, una noche 835
    que estaquiada me pegaron,
    casi me descoyuntaron
    por motivo de una gresca-
    Ay juna, si me estiraron
    lo mesmo que guasca fresca. 840

    Jamás me puedo olvidar
    lo que esa vez me pasó-:
    dentrando una noche yo
    al fortín, un enganchao
    que estaba medio mamao 845
    allí me desconoció.

    Era un gringo tan bozal,
    que nada se le entendía-
    ¡quién sabe de ande sería!
    Tal vez no juera cristiano; 850
    pues lo único que decía
    es que era pa-po-litano.

    Estaba de centinela
    y por causa del peludo
    verme más claro no pudo 855
    y esa fue la culpa toda-
    el bruto se asustó al ñudo
    y fi al pavo de la boda.

    Cuando me vido acercar:
    «Quen vivore»... preguntó 860
    «Qué vívoras» -dije yo-
    «Ha-garto» -me pegó el grito:
    y yo dije despacito
    «más lagarto serás vos».

    Ay no más- ¡Cristo me valga! 865
    Martillar el jucil siento-
    me agaché, y en el momento
    el bruto me largó un chumbo-
    mamao, me tiró sin rumbo
    que si no, no cuento el cuento. 870

    Por de contao, con el tiro
    se alborotó el abispero-
    los Oficiales salieron
    y se empezó la junción-
    quedó en su puesto el nación- 875
    y yo fi al estaquiadero.

    Entre cuatro bayonetas
    me tendieron en el suelo-
    vino el Mayor medio en pedo
    y allí se puso a gritar 880
    «pícaro, te he de enseñar
    »a andar declamando sueldos».

    De las manos y las patas
    me ataron cuatro sinchones-
    les aguanté los tirones 885
    sin que ni un ¡ay! se me oyera,
    y al gringo la noche entera
    lo harté con mis maldiciones.


    Yo no sé por qué el Gobierno
    nos manda aquí a la frontera, 890
    gringada que ni siquiera
    se sabe atracar a un pingo-
    ¡Si creerá al mandar un gringo
    que nos manda alguna fiera!

    No hacen más que dar trabajo 895
    pues no saben ni ensillar,
    no sirven ni pa carniar,
    y yo he visto muchas veces,
    que ni voltiadas las reses
    se les querían arrimar. 900

    Y lo pasan sus mercedes
    lengüetiando pico a pico-
    hasta que viene un milico
    a servirles el asao-
    y eso sí, en lo delicaos, 905
    parecen hijos de rico.

    Si hay calor, ya no son gente,
    si yela, todos tiritan-
    si usté no les da, no pitan
    por no gastar en tabaco-, 910
    y cuando pescan un naco
    uno al otro se lo quitan.

    Cuando llueve se acoquinan
    como el perro que oye truenos-
    ¡Qué diablos! sólo son güenos 915
    pa vivir entre maricas-
    y nunca se andan con chicas
    para alzar ponchos ajenos.

    Pa vichar son como ciegos,
    ni hay ejemplo de que entiendan, 920
    ni hay uno solo que aprienda
    al ver un bulto que cruza,
    a saber si es avestruza,
    o si es ginete, o hacienda.

    Si salen a perseguir 925
    después de mucho aparato,
    tuitos se pelan al rato
    y va quedando el tendal-
    esto es como en un nidal
    echarle güevos a un gato. 930




    continuará

    https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-gaucho-martin-fierro--1/html/ff29ee5a-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html


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    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Empty Re: La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay

    Mensaje por Maria Lua Vie 17 Mar 2023, 08:55

    VI -

    Vamos dentrando recién
    a la parte más sentida,
    aunque es todita mi vida
    de males una cadena-
    a cada alma dolorida 935
    le gusta cantar sus penas.

      Se empezó en aquel entonces
    a rejuntar caballada,
    y riunir la milicada
    teniéndole en el cantón, 940
    para una despedición
    a sorprender a la Indiada.

      Nos anunciaban que iríamos
    sin carretas ni bagajes,
    a golpiar a los salvajes 945
    en sus mesmas tolderías-
    que a la güelta pagarían
    licenciándolo al gauchaje.

      Que en esta despedición
    tuviéramos la esperanza, 950
    que iba a venir sin tardanza
    sigún el Gefe contó,
    un ministro o qué sé yo-
    que le llamaban Don Ganza.

      Que iba a riunir el Ejército 955
    y tuitos los batallones-
    y que traiba unos cañones
    con más rayas que un cotín-
    Pucha... las conversaciones
    por allá no tenían fin. 960

      Pero esas trampas no enriedan
    a los zorros de mi laya,
    que esa Ganza venga o vaya
    poco le importa a un matrero-
    yo también dejé las rayas... 965
    en los libros del pulpero.

      Nunca jui gaucho dormido,
    siempre pronto, siempre listo-
    yo soy un hombre, ¡qué Cristo!
    que nada me ha acobardao, 970
    y siempre salí parao
    en los trances que me he visto-.


      Dende chiquito gané
    la vida con mi trabajo,
    y aunque siempre estuve abajo 975
    y no sé lo que es subir-
    también el mucho sufrir
    suele cansarnos- ¡barajo!

      En medio de mi ignorancia
    conozco que nada valgo- 980
    soy la liebre o soy el galgo
    a sigún los tiempos andan,
    pero también los que mandan
    debieran cuidarnos algo.

      Una noche que riunidos 985
    estaban en la carpeta
    empinando una limeta
    el Gefe y el Juez de Paz-
    yo no quise aguardar más,
    y me hice humo en un sotreta. 990

      Me parece el campo orégano
    dende que libre me veo-
    donde me lleva el deseo
    allí mis pasos dirijo-
    y hasta en las sombras, de fijo 995
    que donde quiera rumbeo.

      Entro y salgo del peligro
    sin que me espante el estrago,
    no aflojo al primer amago
    ni jamás fi gaucho lerdo-: 1000
    soy pa rumbiar como el cerdo
    y pronto caí a mi pago.

      Volvía al cabo de tres años
    de tanto sufrir al ñudo,
    resertor, pobre y desnudo- 1005
    a procurar suerte nueva-
    y lo mesmo que el peludo
    enderecé pa mi cueva.

      No hallé ni rastro del rancho,
    ¡sólo estaba la tapera! 1010
    Por Cristo si aquello era
    pa enlutar el corazón-
    Yo juré en esa ocasión
    ser más malo que una fiera.

      ¡Quién no sentirá lo mesmo 1015
    cuando ansí padece tanto!
    Puedo asigurar que el llanto
    como una mujer largué-
    ¡Ay! mi Dios si me quedé
    ¡más triste que Jueves Santo! 1020

      Sólo se oiban los aullidos
    de un gato que se salvó;
    el pobre se guareció
    cerca, en una viscachera-
    venía como si supiera 1025
    que estaba de güelta yo.

      Al dirme dejé la hacienda
    que era todito mi haber-
    pronto debíamos volver
    sigún el Juez prometía, 1030
    y hasta entonces cuidaría
    de los bienes la mujer.

    [...]
    [...]
    [...] 1035
    [...]
    [...]
    [...]

    Después me contó un vecino
    que el campo se lo pidieron- 1040
    la hacienda se la vendieron
    en pago de arrendamientos,
    y qué sé yo cuántos cuentos,
    pero todo lo fundieron.

    Los pobrecitos muchachos 1045
    entre tantas afliciones,
    se conchavaron de piones.
    ¡Mas qué iban a trabajar
    si eran como los pichones
    sin acabar de emplumar! 1050

    Por hay andarán sufriendo
    de nuestra suerte el rigor:
    me han contado que el mayor
    nunca dejaba a su hermano-
    puede ser que algún cristiano 1055
    los recoja por favor.

    ¡Y la pobre mi mujer,
    Dios sabe cuánto sufrió!-
    Me dicen que se voló
    con no sé qué gavilán- 1060
    sin duda a buscar el pan
    que no podía darle yo.

    No es raro que a uno le falte
    lo que algún otro le sobre-
    si no le quedó ni un cobre, 1065
    sino de hijos un enjambre,
    ¡qué más iba a hacer la pobre
    para no morirse de hambre!


    ¡Tal vez no te vuelva a ver
    prenda de mi corazón! 1070
    Dios te dé su proteción
    ya que no me la dio a mí-
    y a mis hijos dende aquí
    les echo mi bendición.

    Como hijitos de la cuna 1075
    andarán por ay sin madre-
    ya se quedaron sin padre
    y ansí la suerte los deja,
    sin naides que los proteja
    y sin perro que los ladre. 1080

    Los pobrecitos tal vez
    no tengan ande abrigarse,
    ni ramada ande ganarse,
    ni rincón ande meterse,
    ni camisa que ponerse, 1085
    ni poncho con que taparse.

    Tal vez los verán sufrir
    sin tenerles compasión-
    puede que alguna ocasión
    aunque los vean tiritando, 1090
    los echen de algún jogón
    pa que no estén estorbando.

    Y al verse ansina espantaos
    como se espantan a los perros
    irán los hijos de Fierro 1095
    con la cola entre las piernas,
    a buscar almas más tiernas
    o esconderse en algún cerro.

    Mas también en este juego,
    voy a pedir mi bolada- 1100
    a naides le debo nada,
    ni pido cuartel ni doy-
    y ninguno dende hoy
    ha de llevarme en la armada.

    Yo he sido manso primero, 1105
    y seré gaucho matrero-
    en mi triste circustancia
    aunque es mi mal tan projundo,
    nací, y me he criao en estancia,
    pero ya conozco el mundo. 1110

    Ya le conozco sus mañas
    le conozco sus cucañas,
    sé cómo hacen la partida,
    la enriendan y la manejan-.
    Deshaceré la madeja 1115
    aunque me cueste la vida.

    Y aguante el que no se anime
    a meterse en tanto engorro,
    o si no aprétese el gorro
    o para otra tierra emigre- 1120
    pero yo ando como el tigre
    que le roban los cachorros.

    Aunque muchos cren que el gaucho
    tiene un alma de reyuno-
    no se encontrará ninguno 1125
    que no lo dueblen las penas-
    mas no debe aflojar uno
    mientras hay sangre en las venas.








    continuará

    https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-gaucho-martin-fierro--1/html/ff29ee5a-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html


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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay Empty Re: La poesía gauchesca de Argentina, Brasil y Uruguay

    Mensaje por Maria Lua Vie 17 Mar 2023, 09:18

    VII -

    De carta de más me vía
    sin saber a dónde dirme 1130
    mas dijeron que era vago
    y entraron a perseguirme.

      Nunca se achican los males-
    van poco a poco creciendo,
    y ansina me vide pronto 1135
    obligao a andar juyendo.

      No tenía mujer ni rancho,
    y a más era resertor;
    no tenía una prenda güena
    ni un peso en el tirador. 1140

      A mis hijos infelices
    pensé volverlos a hallar-
    y andaba de un lao al otro
    sin tener ni qué pitar.

      Supe una vez por desgracia 1145
    que había un baile por allí-
    y medio desesperao
    a ver la milonga fui.

      Riunidos al pericón
    tantos amigos hallé, 1150
    que alegre de verme entre ellos
    esa noche me apedé.

      Como nunca, en la ocasión
    por peliar me dio la tranca,
    y la emprendí con un negro 1155
    que trujo una negra en ancas.


    Al ver llegar la morena
    que no hacía caso de naides
    le dije con la mamúa:
    -«va... ca... yendo gente al baile». 1160

      La negra entendió la cosa
    y no tardó en contestarme
    mirándome como a perro:
    -«más vaca será su madre».

      Y dentró al baile muy tiesa 1165
    con más cola que una zorra,
    haciendo blanquiar los dientes
    lo mesmo que mazamorra.

      -«Negra linda»... dije yo,
    «¡Me gusta pa la carona!» 1170
    Y me puse a champurriar
    esta coplita fregona:

       «A los blancos hizo Dios,
       »a los mulatos San Pedro,
       »a los negros hizo el diablo 1175
       »para tizón del infierno».

      Había estao juntando rabia
    el moreno dende ajuera-
    en lo escuro le brillaban
    los ojos como linterna. 1180

      Lo conocí retobao,
    me acerqué y le dije presto:
    «po... r... rudo que un hombre sea
    »nunca se enoja por esto».

      Corcobió el de los tamangos 1185
    y creyéndose muy fijo:
    -«más porrudo serás vos,
    »gaucho rotoso» me dijo.

      Y ya se me vino al humo
    como a buscarme la hebra- 1190
    y un golpe le acomodé
    con el porrón de giñebra.

      Ay no más pegó el de hollín
    más gruñidos que un chanchito
    y pelando el envenao 1195
    me atropelló dando gritos.

      Pegué un brinco y abrí cancha
    diciéndoles: -«caballeros,
    »dejen venir a ese toro,
    »solo nací... solo muero». 1200

      El negro después del golpe
    se había el poncho refalao
    y dijo: -vas a saber
    »si es solo o acompañao».

      Y mientras se arremangó 1205
    yo me saqué las espuelas,
    pues malicié que aquel tío
    no era de arriar con las riendas.

      No hay cosa como el peligro
    pa refrescar un mamao, 1210
    hasta la vista se aclara
    por mucho que haiga chupao.

      El negro me atropelló
    como a quererme comer-
    me hizo dos tiros seguidos 1215
    y los dos le abarajé.

      Yo tenía un facón con S
    que era de lima de acero,
    le hize un tiro, lo quitó
    y vino ciego el moreno. 1220

      Y en el medio de las aspas
    un planazo le asenté
    que le largué culebriando
    lo mesmo que buscapié.

      Le coloriaron las motas 1225
    con la sangre de la herida
    y volvió a venir furioso
    como una tigra parida.

      Y ya me hizo relumbrar
    por los ojos el cuchillo, 1230
    alcanzando con la punta
    a cortarme en un carrillo.

      Me hirvió la sangre en las venas
    y me le afirmé al moreno,
    dándole de punta y hacha 1235
    pa dejar un diablo menos.

      Por fin en una topada
    en el cuchillo lo alcé,
    y como un saco de güesos
    contra un cerco lo largué. 1240

      Tiró unas cuantas patadas
    y ya cantó para el carnero-
    Nunca me puedo olvidar
    de la agonía de aquel negro.


      En esto la negra vino, 1245
    con los ojos como agí-
    y empezó la pobre allí
    a bramar como una loba-
    Yo quise darle una soba
    a ver si la hacía callar 1250
    mas, pude reflesionar
    que era malo en aquel punto,
    y por respeto al dijunto
    no la quise castigar.

      Limpié el facón en los pastos, 1255
    desaté mi redomón
    monté despacio, y salí
    al tranco pa el cañadón.

      Después supe que al finao
    ni siquiera lo velaron 1260
    y retobao en un cuero
    sin resarle lo enterraron.

      Y dicen que dende entonces
    cuando es la noche serena
    suele verse una luz mala 1265
    como de alma que anda en pena.

      Yo tengo intención a veces
    para que no pene tanto,
    de sacar de allí los güesos
    y echarlos al campo santo. 1270




    https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-gaucho-martin-fierro--1/html/ff29ee5a-82b1-11df-acc7-002185ce6064_2.html

    ************************

    continuará en

    https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/hernandez_jose_-_el_gaucho_martin_fierro.pdf


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