Aires de Libertad

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    David Huerta (1949-2022)

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    David Huerta (1949-2022) Empty David Huerta (1949-2022)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 11 Oct 2022, 12:28

    .


    David Huerta (Ciudad de México, 8 de octubre de 1949 - ibídem, 3 de octubre de 2022), fue un poeta, editor, ensayista y traductor mexicano.

    Biografía

    Hijo del poeta mexicano Efraín Huerta, David Huerta se vio envuelto desde su infancia en el ambiente literario del país. Estudió filosofía y letras inglesas y españolas en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Allí conoció a Rubén Bonifaz Nuño y a Jesús Arellano, quienes en 1972 le publicaron su primer libro de poemas, El jardín de la luz. Huerta pertenece a la generación del movimiento estudiantil-popular de 1968. Fue uno de tantos brigadistas que salieron a las calles para defender el pliego petitorio de seis puntos que el movimiento enarbolaba como su principal bandera de exigencias democratizadoras.​ Fallece el 3 de octubre de 2022.

    En el Fondo de Cultura Económica aprendió los rudimentos del oficio editorial y fue secretario de redacción de La Gaceta de esa casa. Además de su obra poética y ensayística, escribió durante años una columna de opinión en el semanario de política Proceso y de 2007 a 2017 sostuvo una columna sobre temas poéticos en la Revista de la Universidad. David Huerta se opuso a los recortes presupuestales para la cultura por parte del gobierno mexicano, principalmente pugnando para preservar la Casa del Poeta (en cuya biblioteca se resguardan colecciones de libros de su padre y de Salvador Novo), muchas veces amenazada por la escasez de sus recursos.

    Entre los premios que recibió, destacan el de Poesía Carlos Pellicer, en 1990, y el Premio Xavier Villaurrutia, en 2006.​ Fue también becario del Centro Mexicano de Escritores (1970-1971), de la Fundación Guggenheim (1978-1979) y del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca). En diciembre de 2015 se le otorgó el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el campo de Lingüística y Literatura; por ello, fue desde enero de 2016 creador emérito del Sistema Nacional de Creadores de Arte.​ En septiembre de 2019 ganó, por unanimidad, el Premio FIL de Literatura en Lenguas Romances.

    Su labor de difusión de la literatura y de la poesía fue amplia, como coordinador de talleres literarios en la Casa del Lago de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, 1978), del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales para los Trabajadores del Estado (ISSSTE, así como maestro de literatura en cursos de la Fundación Octavio Paz y de la Fundación para las Letras Mexicanas. Fue maestro universitario: desde 2005, en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y en la Universidad Nacional Autónoma de México: aquí mantuvo una cátedra llamada “Poesía en lengua española”. Dio conferencias y lecturas de poesía en todo el país y en diversos lugares del extranjero: entre otras, en las universidades de Princeton y Harvard, en los Estados Unidos, y en las de Oxford y Cambridge, en Inglaterra.

    (Sacado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] )


    *


    Algunos poemas de David Huerta:


    De El jardín de la Luz, 1972:


    SUEÑO DIURNO

    La luz del otoño
    prende sus emblemas
    en el cristal de la ventana.
    Las manos y los ojos
    buscan, bajo este resplandor,
    la sustancia del tiempo.
    Navegación de lento
    itinerario, leves
    exploraciones
    al torso de este día.
    En la fiebre
    de las cosas más próximas
    abren sus espirales
    los dorados inventos
    de la imaginación.




    De Cuadernos de noviembre, 1976:


    UN DÍA RETROCEDE...

    Un día retrocede, su arcilla no encierra más que un aire
    de pedacería "filosófica", de páginas rayadas en desesperación de la literatura,
    de burla y pesadumbre. En la amistad del lenguaje hay una fibra de quemadura,
    el peso de una palabra es una expiación de la persona sola,
    una pulida travesía sobre la luz del aire.

    El espacio no es sucesivo, sí lo que se dice: en la intersección de estos posibles aparece un planeta
    frágil y obstinado. Cuando respiro me adueño del mundo:
    no hay extravío, hay imágenes, la sangre está escrita en la secreta red del cuerpo.

    Un paso es un poema. Un destino en la literatura no desea solo un repertorio, sino un movimiento.

    Lo que no se ha dicho es milenario: está en el corazón de un silencio
    encendido como una lámpara; la suma de lo virtual y de lo postergado es la tenacidad de la escritura.




    De Versión, 1978:


    ESCENA DE COSTUMBRES

    La región que buscabas en el azul del sábado es una reliquia desprendida del corazón húmedo del aire: una zona de poca fortuna
    para la riqueza de tus manos —rectas y dolorosas, metidas en el azar de un brusco acercamiento
    o penetradas por el disturbio de una desnudez que nadie sospecharía.

    Ahora tu escena es una composición de velocidades e imaginaciones nuevas:
    acccidentes de cacería, oscuros trapos, paredes repletas para tu ojo sin costumbre.
    Tu cuerpo es un vino que atravesaba la confusión de cuerdas y relojería sin manchar el mantel,
    una medicina en la atmósfera de cabellos del sábado, una pálida risa que se desvaneció detrás de ti.

    Escucha cómo se propaga la escasa conversación de los otros,
    tensa en las bocas cuidadas para la muerte, ilesa y reflejante
    como una gastada maquinaria sobre la carne del mundo,
    tocada una y otra vez por la salud y el orgullo, invadida por un enorme paisaje conmovedor.



    NUEVE AÑOS DESPUÉS
    Un poema fechado

    Yo aparecí en la sangre de octubre, mis manos estaban fúnebres de silencio
    y tenía los ojos atados a una espesa oscuridad.

    Si hablaba, mi voz me sonaba como una materia desalojada,
    mis huesos estaban empapados de frío,
    mis piernas fluían con el tiempo, moviéndose hacia afuera de la plaza,
    en una dirección extraña y sin sentido: de renacimiento,
    llevándome a los espejos y las calles desordenadas.

    La ciudad estaba arrasada por el silencio,
    cortada como un cuarzo, tajos de luz diagonal daban sus raciones apretadas
    a las esquinas, los cuerpos estaban callados y aplastados contra su vida,
    pero había otros cuerpos también, pero había otros cuerpos también.

    Hablo con mi sangre entera y con mis recuerdos individuales. Y estoy vivo.

    Yo me pregunto: ¿cómo tenemos los ojos, las manos, el cerebro y los huesos
    después de que salí de la plaza? Todo es denso, voluminoso y fluye,
    después de que salí de la plaza.

    El aire me decía que todo estaba quieto, esperando.

    Yo me moví hacia afuera de la plaza, mi boca estaba quemada por los recuerdos,
    y mi sangre estaba fresca y luciente como un anillo continuo
    en el interior de mi cuerpo absolutamente vivo. Pues me movía
    hacia afuera de la plaza, entero y respirando.

    Respiraba imágenes y desde entonces todas esas imágenes me visitan en sueños,
    rompiéndolo todo, como caballos delirantes.

    Estaba en el amasijo del día el espejo de la muerte.
    Y una palabra de mi vivir colgaba de un borde infinito.

    Yo no quisiera hablar del tamaño de aquella tarde,
    no poner aquí adverbios, gritar o lamentarme.

    Pero quisiera, sí, que se viera toda una quemadura de cólera
    manchando el espejo de la muerte.

    ¿Dónde podría poner mi vivir, mis palabras
    sino ahí, nueve años después, en esa cólera fría,
    en ese animal de ira que se despierta a veces para esmaltar mi sueño
    con su aliento sanguinario?
    Toda mi sangre circula por mi vivir, entera, incuestionable.
    Pero entonces oí cómo se detenía, amarrada a mi respiración,
    y golpeando, con el sordo llamado de su inmovilidad, golpeando
    mis voces interiores, mis gestos de vivo humano,
    el amor que he podido dar y la muerte que mismamente entregaré.

    Luego vino el miedo a mis ojos para cubrirlos con sus dedos helados.

    Todo el silencio de mi cuerpo abría sus alveolos
    frente a los cuerpos arrasados, escupidos hacia la muerte por el ardor de la metralla:
    esos cuerpos brillando, sanguíneos y recortados contra la desmenuzada luz de la tarde,
    otros cuerpos diferentes del mío y más diferentes aún,
    porque habían sido extirpados a la vida humana por un tajo enorme,
    por una vertiginosa ferocidad, por manos de una fuerza doliente que se lanzaba, aullando,
    contra esos cuerpos más tenues ya que la tarde
    y más y más brillantes, en mi sueño de todavía vivo ser humano.

    Es verdad que escuché la metralla y ahora esto escribo,
    y es verdad que mi sangre fluye de nuevo y todavía sueño
    con una especie de muerta duda, y veo a veces mi cuerpo desnudo
    como un espacioso alimento para la boca devoradora del amor.

    ¿Dónde estuvieron las ataduras de mi vivir,
    mis espejos y mis días, cuando sobrevino la tarde en la plaza?

    Si tomo un pedazo, una brizna de mi cuerpo para ponerla contra el recuerdo de esa tarde en esa plaza,
    retrocedo asustado a mi vida como si me hubieran golpeado en la boca
    los dedos levísimos de cientos de fantasmas.
    Hablo de estos recuerdos inmensos porque tenía que hacerlo alguna vez, así o de otra manera.

    Yo salía de la plaza con un vivo estupor en la boca y los ojos
    y sentía mi saliva y mi sangre, vivo aún.
    Era una noche fresca, dada al tiempo.
    Pero en las calles, en las esquinas, en las habitaciones,
    había cuerpos aplastados y sellados contra su vida por un miedo gigantesco y amargo.
    Un anillo de miedo estaba cerrándose sobre la ciudad
    como un sueño extraño que no cesaba y que no conducía a ningún despertar.

    Era el espejo de la muerte lo que sobrevenía.
    Pero la muerte había ya pasado con sus armaduras y sus instrumentos
    por todos los rincones, por todo el aire abolido de la plaza.
    Era el espejo de la muerte con sus reflejos de miedo
    lo que nos daba sombra en una ciudad que era esta ciudad.

    Y en la calle era posible ver cómo una mano se cerraba,
    cómo sobrevenía un parpadeo, cómo se deslizaban los pies, con un silencio espeso,
    buscando una salida,
    pero salidas no había: solamente había
    una puerta enorme y abierta sobre los reinos del miedo.


    Octubre de 1977




    De Incurable, 1987:


    EL MUNDO ES UNA MANCHA EN EL ESPEJO...

    El mundo es una mancha en el espejo.
    Todo cabe en la bolsa del día, incluso cuando gotas de azogue
    se vuelcan en la boca, hacen enmudecer, aplastan
    con finas patas de insecto las palabras del alma humana.

    El mundo es una mancha sobre el mar del espejo,
    una espiga de cristal arrugado y silencioso,
    una aguja basáltica atorada en los ojos de la niña desnuda.

    En medio de la calle, con el ruido de la ciudad como otra ciudad
    .....conectada en la pantalla de la respiración,
    veo en mis manos los restos del espejo: tiro todo a la bolsa y
    .....sigo mi camino,
    todo cabe en la bolsa del día, incluso la palabra incluso,
    un manchón negro en la línea que se va deshojando en la boca.

    Si me acercara, con un sonido genital y absolutamente húmedo,
    tocando las paredes del miedo con manos espaciosas y una
    Vcirculación de letras aplastadas contra la linfa color de olvido;
    si me acercara, seco y coordinado en los pliegues, oyendo el
    .....paso de los otros en el techo,
    una legión sorda, un estertor de marabunta, un hueso
    .....desmoronándose,
    una lluvia caliza por el suelo, en el paladar;
    si me acercara, si desmenuzara una figurilla con los dedos que
    .....gotean vino;
    si me procurara un placer, un desvío, un tocamiento de nubes o
    .....un roce plateado,
    un manoseo en el oro, un deslizarse en la entrepierna de los
    .....muebles para dormir ahí un sueño de saliva y silencio;
    si me acercara, dando en el tiempo un acorde caliginoso, un
    .....tempo fúnebre de reunión a oscuras...

    ¿Cómo comprobar entonces que estás ahí,
    construido en el plinto de tu ser sujeto, continuo y manifestado
    .....como un dato hundido en el fango de la evidencia,
    pensando en medio de las cosas, entero y positivo como un
    .....número estupendo? ¿Cómo saberlo, cómo sacarte de la multitud
    del tiempo, de los apretados espacios ponerte frente a mis ojos
    .....como un discurso impreso,
    como una tinta fluvial en las venas del mediodía?
    ¿Cómo sentir el jugo de tu vuelo, tu anatomía que fluye entre los
    .....objetos maltratados;
    tu percepción que registra el mundo como lo que es, la mancha
    .....en el espejo, el simulacro?




    De Los objetos están más cerca de lo que aparentan, 1990:


    ASTRO

    El agua cabe en el vaso
    Como el beso en la boca

    La tinta cabe en estas líneas
    Como el oro en el sueño
    Del poderoso

    Como la mano del cirujano
    En la víscera reconstruida

    Como el instante del eclipse
    En el astro oculto



    BARRO

    La forma del barro
    Es hija de la tribu

    Las proyecciones de la arcilla

    Los instrumentos de madera

    Las armas de hierro

    Todo ello salió
    Del sueño de la tribu

    Y esta ciudad de tinta

    Su destino frágil
    Sobre los hemisferios del papel

    Sobre los mundos
    De la hoja rectangular

    Igual que el primer barro
    Que la arcilla del gólem



    De Lápices de antes, 1993:


    ANTES DE DECIR  CUALQUIERA
    DE LAS GRAVES PALABRAS

    Ya se sabe: primero tenemos que ponernos de acuerdo
    en cuáles son, pero convengamos en que existen:

    se escuchan con todo su peso y gravedad
    por la Perspectiva Nievski, en el murmullo de Raskolnikov,

    y Cortázar se burla de ellas a cada rato
    y las aligera, las despeina, las reconcilia

    con el resto del vocabulario, para que puedan rozarse
    sin daño con las demás y libertad no lastime demasiado

    con su tonelaje de mármol griego
    y su tufillo existencialista y su indudable grandeza trágica

    a tenedor, a janitor, a bibelot –aunque esta última
    es sospechosa de grandeza por culpa de Mallarmé,

    también están las cortas y decisivas, sí, no, ahora, nunca,
    la turbia amor, la limpia muerte, la zarandeada poesía,

    otras que son como el arte por el arte, sándalo,
    por ejemplo, y algunas como desoxirribonucleico, telescópica

    y de indudable elegancia científica, de una manera vaga
    e intensa y laberíntica, al mismo tiempo, conectada

    con esa otra, vida, y están las combinaciones, claro,

    tu boca, esta carta
    , docenas de objetos verbales
    que sólo tienen importancia por razones inexplicables,

    pronunciadas en la noche o el día, dichas

    o guardadas en el silencio, en la red aterciopelada
    de la memoria, en la fortaleza transparente y enérgica

    del olvido, ese cuerpo o tejido del que también
    están hechas las grandes palabras, el tiempo, tantas cosas.



    ANTES DE TIRAR LA BASURA

    Frente al papel de estaño y un torbellino orgánico—
    frente a la lechuga que amarillea o pardea

    y las infames colillas de la Noche Que Pasó, antes
    de tirar la basura conviene

    mirar el mundo con una paz de atardeceres
    y una dulzura de adagios, rodeándose una o uno,

    de ser posible, con los perfumes de la serenidad
    y los acentos de un noble impulso evangélico, entender

    con franciscanismo que la materia así depositada
    (pues debe ser depositada, no arrojada) es,

    sí, mal que nos pese, nuestra también, y que el hecho
    de desecharla o sacarla de la Casa

    no significa nada, nada, nada—
    pues seguirá en el mismo planeta donde padecemos

    con esta materia nuestra, el cuerpo, las lágrimas,
    las manos extendidas y abiertas

    que alguna vez serán basura y no deberán ser arrojados
    sino depositados otra vez en el mundo

    para las celebraciones, las mutaciones, la maravilla
    de ser, aun en el fondo de los basurales.




    De La sombra de los perros, 1996:


    DESPEÑADERO

    La noche es la desolación
    de tus ojos, la flor
    invertida en el reflejo
    del agua más oscura,
    la geometría del anhelo
    y las abdicaciones, el
    muerto juramento
    de las estrellas adversas,
    el espejo de la
    resurrección y del brillo,

    la fracturada prosa
    de estos versos.

    ¿Sabes lo que es la noche?

    Mira detrás de tus ojos
    la navajera certeza
    de las separaciones.

    Toca, en fin, el agrio
    despeñadero azul
    del abandono.



    PARAÍSO

    Esperar es este paraíso
    de ojos derretidos.

    No: esperar no es este paraíso
    ni la hoja encendida
    del cuchillo
    que derrama sus filos
    como un espejo anegado
    de imágenes, de diamantes,
    de migajas doradas.

    No: el paraíso
    no es esperar
    ni dejar de esperar.

    El paraíso es el viento,
    dijo Pound,
    ....................su cabellera
    en libertad, su cascada
    en millar de remolinos,
    su aquí, su gaviota deswcoyuntada,
    su desnudez que fluye.




    De La música de lo que pasa, 1997:


    SHARP AS A RAZOR BLADE

    Los poetas suelen declarar,
    en algún momento exaltado y profuso,
    que la poesía es
    o debería ser, para ellos, tal y cual otra cosa.

    Yo no querría sumar el estilo de mi declaración
    al de aquellas. Básteme pedirle
    al curioso lector
    que traduzca y entienda ("filo
    para cortar el tiempo en dos pedazos
    de espejo, de sílaba o fuego, de ropaje
    caliente o de hospitalaria desnudez")

    la breve frase en inglés
    que encabeza estas líneas.



    PLEGARIA

    Señor, salva este momento.
    Nada tiene de prodigo o milagro
    como no sea una sospecha
    de inmortalidad, un aliento
    de salvación. Se parece
    a tantos otros momentos...
    Pero está aquí entre nosotros
    y crece como una luz amarilla
    de sol y de encendidos limones
    - y sabe a mar, a manos amadas,
    huele a una calle de París
    donde fuimos felices. Sálvalo
    en la memoria o rescátalo
    para la luz que declina
    sobre esta página,
    aunque apenas la toque.



    ALGUNOS DESEOS

    Que vuelvas a ver la enorme catedral
    y la erizada Capilla
    y sientas el paso distante, los rumores
    de los Cruzados y de San Luis.

    Que vuelvasa la calle Monsieru le Prince
    para asomarte a los escaparates
    y, luego, en la calle Vavin,
    a los inventos de los herboristas
    y su lento prodigio -la invisibilidad de los olores.

    Que vuelvas a recoger el brillo
    de una escritura anhelada
    en las tardes coyoacanenses.

    Que abraces los árboles
    y bebas el agua dulce
    junto al amargo mar resplandeciente.

    Que te inclines una vez más y siempre
    sobe mi rostro
    y que yo abra los ojos para verte.



    EL OTRO EJÉRCITO

    Entonces Garcilaso de la Vega
    movió la mano y en la página
    apareció la Flor de Gnido.

    El poeta caballero levantó luego la pluma,
    entrecerró los ojos y pensó en el amigo
    que le había rogado escribir
    algunos versos amatorios. Reflexionó:


    “Ella leerá. Ella, acaso, sentirá
    el hondo fuego que late
    en los versos, en las estrofas.”

    Garcilaso volvió a la escritura,
    al arroyo del canto. Puso las últimas
    palabras del poema. Vio Nápoles,
    vio caballos indómitos, vio
    las aves de cetrería, vio el rostro
    de una mujer distante. Vio
    su propia muerte en el asalto y vio
    el otro ejército, los poetas
    que seguirán su huella, el brillo
    de la prosodia castellana —y se distrajo
    con su propia sonrisa,
    mientras la tarde mediterránea
    se disolvía con ardiente dulzura.



    ABRAZADOS

    Te abrazo y en el agua de oro
    se inicia
    una perfumada ondulación.

    Te abrazo, cierro los ojos
    y estamos en Bagdad.

    Te abrazo lentamente
    hasta que una electricidad
    de sábanas y relojes
    me enciende cada hueso.

    Te abrazo, en fin: cierras los ojos,
    abro las manos
    para sentir la playa delgada
    de tu espalda. Me abrazas

    y caemos en un arroyo, alveolo,
    filo de olvido,
    fijeza de espuma y llamarada.


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    David Huerta (1949-2022) Empty Re: David Huerta (1949-2022)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 12 Oct 2022, 14:05

    .


    De El azul en la flama, 2002:


    CENIZA QUE CAE

    Cae la ceniza sobre mi mano y el instante es egipcio.
    Escribo esto y en el humo del cigarrillo se aclaran
    siluetas de pirámides, largas caravanas. Las dunas
    dibujan formas humanas y figuras sobrehumanas.

    Cae de nuevo la ceniza sobre la tela de mi camisa
    y la escena florentina se llena de una luz dantesca:
    puentes, altas torres labradas, ríos y colinas
    -y las sandalias del poeta en los senderos toscanos.

    Cae ceniza amarga, testimonio del tiempo: guerras,
    fundaciones de ciudades, cataclismos y ruina
    para la devoradora simiente activa del devenir
    en sus ropajes instantáneos y en su aliento de siglos.

    Cae la ceniza de la punta de mi cigarrillo
    y estoy de nuevo en México. La tarde se llena
    de luminosas manchas violáceas. Apago el fuego
    del cigarrillo en el cenicero. Todo empieza de nuevo.



    CÓMO HARÍA

    Cómo haría él, ante la página en blanco
    de la que tanto se dice ―y nada que valga
    de veras la pena—, para ser concreto,
    para no perderse miserablemente
    en vaguedades leopardianas, para esquivar
    las resquebrajaduras de la sintaxis
    y los afantasmados esguinces
    de una prosodia tartamuda. Cómo
    de cada palabra podría surgir, claro y lleno
    de energía, lo que quiere decir, escribir,
    mandar allá, donde están los otros,
    los lectores, en la niebla, en la distancia.
    Le da una fumada al cigarrillo fiel
    y espera. Una palabra viene, otra, y otra más.
    En una línea, blanco sobre negro, aparecen.
    Si solo fuera eso... Si solo... Cómo seguir
    entonces, y redondear el párrafo, la estrofa.
    Borra, vuelve a empezar. Dentro de él, o fuera,
    no importa ya, las palabras se mezclan,
    se entrecruzan, se alaberintan y se pierden.
    Y se ganan: cada vez más, cada vez menos.



    PLIEGO DE SOMBRA

    Bécquer fue herido cuando ella
    se recató en las sombras. Pero esta sombra
    es diferente. Tiene su plenitud una hora
    antes del amanecer. Tú estás dormida.
    Yo abro los ojos, no del todo despierto.
    La sombra parece recogerse en sí misma;
    luego se extiende: pliego lento sobre tus hombros.
    Pliego de promesas. Respiro con lentitud
    para que el tiempo no pase. Te miro de nuevo.
    Te agitas tenuamente. Amanece.




    De Hacia la superficie, 2002:


    LUSTRO


    Retrocede la sombra cinco años después,
    lenta en su líquida pestilencia como una criatura
    de la noche, el espanto, la desesperación.
    Retroceden el miedo, la corrupción de un lazo
    más delicado y poderoso que la vida que destruye;
    retroceden sus mínimos garfios de visibilidad
    y derrame, sus precisos asedios y su esfinge gota a gota.

    Hace cinco años me incliné por última vez
    hacia los ateridos umbrales del trasmundo
    y retrocedí asimismo, mientras el vaso recorría
    la mano que lo empuñaba. De ese recipiente
    salía un anillo de terso, hiriente fuego.

    Un vaso nada más bordeaba el instante
    anterior al paso que yo no daba
    como si no fueran mis dedos los que lo sostenían
    sino el cristal el que se hubiese apoderado de mí,
    de mis entrañas laceradas, de mis ojos irritados.
    Mi amigo se acercó y le di ese vaso. Cinco años
    han pasado. Estoy aquí, ahora, escribiendo esto,
    mirando la noche en derredor,
    desvelado y sobrio, entregado al amor,
    lento en el mundo raudo,
    ráfaga de materia ensimismada.



    EL INTRUSO

    Agarrado de las luces y del viento, circulo
    por todos los salones de la buena sociedad
    y nadie alcanza a reconocerme porque
    salgo a través de las ventanas antes de que lleguen
    a examinar mi rostro, que está cubierto
    de escarificaciones rituales.

    Una vez encontré en un salón de artesonados
    decadentes y altísimos a una muchacha
    de ojos verdes y grandes pechos,
    delgada y atlética, no muy inteligente,
    detrás de una fuente neoclásica. Creo que era
    el jardín de una casona en Provincetown.
    La prendí por los cabellos y conseguí
    que me contara su vida y me hablara
    de haute cuisine. Yo ya no sabía dónde meterme.

    Siempre he sido un intruso. No tengo modales
    pero suelo fornicar con una avidez irresistible
    y eso me allega amantes formidables, de altos peinados
    e inagotables tarjetas de crédito color platino.

    Las mujeres me utilizan y se van. Los hombres
    me miran con desconfianza y tratan de hacer amistad,
    midiéndome de arriba abajo con altanería.
    Los niños me admiran y suelen seguirme
    por los corredores de los castillos y las embajadas.

    Los ancianos científicos me examinan con curiosidad
    y dictaminan que no hay en mí nada anormal
    pero que el brillo de mis ojos revela
    un talante jaspeado de paranoia.

    Tengo ante mí un libro francés decimonónico.
    No sé si voy a terminar de leerlo. No me gusta leer
    pero me lo recomendó una mujer
    de la que creo que estoy enamorado.
    No es que me importen demasiado el amor
    ni el libro, pero algo hay que hacer.

    Yo puedo decirles que ser un intruso
    es arduo y desalentador, a la larga.
    He perdido montones de palabras y ríos
    de energía de esa manera: es decir, sólo siendo un intruso.
    Estoy cansado y deseo retirarme.
    Pero ningún lugar del mundo y de los salones
    tendría para mí un rincón que yo pudiera tomar
    con naturalidad –y la arrogancia de los pobres
    me desazona y me deprime, así que no haré nada
    por ese lado. Retirarme, tan sólo, sí: ¿pero a dónde?

    Es lo que estoy buscando en el libro francés
    que me prestó esa mujer. No encuentro nada y busco
    detrás de las páginas como si allí pudiera brillar de pronto
    el prometido paraíso de mi retiro.

    Estoy cansado. Me refugiaré en el sueño. Pesadillas o no,
    es posible que en esa manera flotante
    y desapegada de estar en el mundo
    encuentre mi vía de salvación. No quiero entrometerme más.
    He sido un intruso, un entrometido. La paz sea conmigo.




    De La olla, 2003:


    ESTOS ERRORES

    Raudos como la sal de un navajazo,
    con un frío temor,
    aparecen ahora los errores
    -albos de tan perfectos-
    con su circunferencia púrpura.
    Estos errores míos
    que me conmueven
    y por los que me odio.

    Largo ha sido el día de conocerlos,
    larga la madrugada para paladearlos -su sabor
    en mis conversaciones convergentes
    y en los puñales áridos del cuerpo.
    Con su circunferencia póstuma, empapados
    de mi manera de ser, navegan
    por estas aguas de conocer y no saber;
    aguas de malquerer, doradas
    de ternura impuntual o meras antipatías.

    Los tomo en mis manos enfermas, los acerco
    a mi pecho. Me dan lástima
    de tan sinceros y directos.
    Errores, manchas turbias
    en lo que otros llaman Experiencia.




    De La calle blanca, 2006:


    CONJURO DESDE SEPTIEMBRE

    Fuego verde, niebla en el aire
    […]
    En una hora, en media hora, para que se vaya como una niebla,
    que se vaya como una mariposa…


    REZO TZOTZIL PARA CURAR LA EPILEPSIA

    Que la mano se abra hacia el espejo del sueño
    Que el ojo se cierre hacia el manojo de los nervios
    Que la espalda se suavice en el reposo cristalino
    Que la boca se distienda bajo la electricidad de la noche
    Que el cuello se afloje en la flor del reposo
    Que la nariz se eleve en el perfume blanco del día
    Que la pierna se alargue detrás del magnetismo del viaje
    Que el pubis se encienda en el terciopelo del abrazo
    Que la cadera se curve en el esplendor de la brisa
    Que la oreja se despierte bajo el tintineo del contacto
    Que el pelo se derrame desde el muro del cráneo
    Que el pecho se ilumine entre las astillas del grito
    Que el hombro se duerma ante la huella del neblí
    Que el pie se extravíe entre las magias del tiempo
    Que la garganta se oscurezca con la sílaba del espacio



    DECLARACIÓN DE ANTIPOESÍA

    Ya no quiero escribir acerca de la ciudad-tendida-a-mis-pies
    ni de una clase de luz que nada más yo puedo percibir y entender.
    Preferiría hacer versos donde los rechinidos y las crepitaciones
    que me circundan algunas noches, no demasiadas
    –ruidos y sombras cuyo significado ignoro–,
    tengan un lugar y les den a los lectores
    esa sensación de inquietud semejante
    a la de sueños inolvidables por razones ignotas. Quisiera
    un poco de claridad en el misterio y un poco de misterio
    en el paso de una palabra a otra. Estoy cansado de la vanilocuencia
    y de la trascendencia de tantos poemas que no me convencen,
    me irritan, me dejan exhausto de pompa y de mensajes
    –como D. H. Lawrence estaba cansado
    de las mujeres que fingen un amor que no sienten y exigen,
    con estridencia, una reciprocidad, acaso igualmente fingida.
    Sin embargo, ¿qué haré cuando la ciudad se tienda a mis pies
    y la inunde una luz de ultramundo? Haré a un lado esa imagen
    y me concentraré en otras cosas: ese gesto perdido que tenía
    un aroma de salvación, la giración de ciertas moscas, el silbido
    de los comerciantes callejeros. No sé si podré. Pero no saberlo
    me da un gran sentimiento de alivio lleno de contradicciones.




    De Canciones de la vida común, 2008:


    UNA SOMBRA

    Iba yo envuelto en el ardor de la calle,
    asediado por el miasma, jadeante,
    alejado y lento de mil turbulencias,
    y una sombra me habló entre la multitud:
    “Hemos estado juntos en hospitales
    y en medio de la sombra acezante del alcohol,
    exaltados, confusos, y locamente esperanzados,
    no sabiendo cómo llegamos ahí, exhaustos
    de tantos versos dichos y repetidos. ¿Y no puedes
    comenzar el poema? Eres incapaz de atrapar
    esas palabras que nos rodearon tantos días
    como ahora te envuelve este calor deletéreo…".

    Bajé la mirada y le respondí a la sombra:
    “No sé cómo he llegado hasta aquí. Estuve perdido
    en los caminos más tortuosos, contigo. Tú
    me sacaste de aquel pozo y me devolviste
    al tráfago de los días: vivo. Ahora
    no sé cómo puedo regresar
    a donde siempre he estado
    y comenzar el poema”.

    “Recuerda ―dijo la sombra― el mediodía
    en que te llevé por estas mismas calles
    y hablamos de cierta serenidad,
    de ciertas oscuridades. En esa certeza múltiple
    debes encontrar el poema”.

    Le dije entonces: “Hay una oscuridad que no puedo
    entender. Es la confusión de las palabras, la imposibilidad
    de que digan lo que quiero decir”.

    Y la sombra me dijo: “Busca en todos lados
    de cada palabra y aun detrás de ellas. Obedécelas.
    Corta cada experiencia con el filo de cada una
    y desata, como si fuera niebla, con tu mano escribiente,
    las voces ocultas, los misterios
    del ritmo, de la conversación y de los libros”.

    Luego la sombra se desvaneció y en el eco
    de su murmullo al desaparecer
    pude mirar con ojos frescos y sentir con otros sentidos
    el ardor de la calle y cada una de sus palabras.




    De Filo de sombra, 2011


    LA MANO DE MI MADRE

    Soy hijo de una muerta.
    No soy más que gris ropa,
    más que polvo en la playa.

    Una vez alcé los ojos al cielo
    y vi la mancha
    de tu saliva,
    Dios.

    Soy hijo de una muerta.

    ¿Oyes la cercanía de barro
    en esta quebradura
    de bocas
    y de huesos?

    No comenzó el mundo
    esta semana.

    Sólo veré, una vez más,
    la mano de mi madre
    en el temblor del agua,
    cayendo:
    interminable.




    De After Auden, 2018:


    OBJETOS QUE ME GUSTARÍA VER
    EN LAS VITRINAS DE UN MUSEO

    La tablatura con el  Canto de las Sirenas,

    el pergamino donde revela Roger Bacon
    la clave del Manuscrito Voynich,

    las plumas con que el escriba
    contratado por el Señor de Polvaranca
    caligrafió los poemas de Góngora,

    el arpón que atravesó en los mares del norte
    el narval cuyo colmillo se muestra,
    en un anillo de hierro, en el museo clunicense de París,

    los huesos del Capitán Andrada sacados
    de una fosa común en San Luís Potosí,

    los papeles del juicio secreto de Quevedo
    y la razones de su "prisión última",

    una escama del Kraken, las crines de un centauro,
    la pupila muerta de un Catoblepas, el ejemplar de Lucano
    que perteneció a Juan de Jáuregui, las papeletas
    de Sebastián de Covarrubias, los primeros ejemplares
    de Garcilaso de la Vega que llegaron a Cartagena de Indias,
    la redoma donde se guarda en rebanadas el cuerpo mágico
    de Enrique de Villena, el libro artúrico que una tarde leyeron
    Paolo y Francesca, las llaves ensangrentadas y sombrías
    mencionadas en un poema amoroso, la vibración de una mirada
    de Virgilio sobre las prendas de Dido reveladas por un dios,

    las mantas debajo de las cuales Virgilio prefiguró a Dante
    en Brindisi, los tapices de las ninfas del Tajo,

    la esfera de vidrio con la que se caza a una tigra
    dentro de las páginas de un diccionario.




    De El ovillo y la brisa, 2018:


    PRECRISTIANISMO DE LA JOVEN POESÍA

    Cuando el joven poeta pone la palabra “demonio” en un verso, no se detiene a pensar. En la llovizna lenta de su sintaxis esa palabra cunde por todo el texto.
    .....Si la escribe sin convicción, de todas formas ella se desdobla y contamina —con una anemia medicamentosa, iatrogénica— la prosodia circundante.
    .....Si la escribe convencido de saber lo que hace, sobreviene una pululación, un desarrollo de enrojecidos tentáculos y una diversidad de perfiles de pobreza inaudita, de precariedad y desesperación.
    .....Puede ser también que sólo sepa a medias, que titubee y escriba sin cautela, con una eclipsada seguridad de falso y fiero sabio: entonces el efecto centuplicado del vocablo se dejará sentir en el poema final más allá de la grafía, consecuencia penosa.
    .....El rostro del joven poeta se verá rodeado de ceniza, de rabos cortados de mala manera, de cuernos arrancados de prisa, de cerdas quemadas de cualquier modo, de altares tajados y de escapularios escupidos.
    .....El esternón del poeta joven se transformará en un templo y en una cruz simultáneos; no podrá inclinarse debido a la rigidez del pecho; permanecerá enquistado, con una verticalidad de mártir, en medio de las tres cuartas partes de su tormento, sin sonrisa ni beatitud; terminará empapado en la vibración pagana, precristiana, de una poesía anhelada, sólo constituida por la miseria irradiante de su escritura.



    EL OVILLO Y LA BRISA

    Para poder avanzar, debía imaginarse un objeto aovillado, vuelto hacia adentro de sí mismo, y al mismo tiempo volcado hacia afuera como si se derramara, sin perder su maciza concentración centrípeta: un objeto conjetural, imposible, con el dinamismo de un tigre y la poderosa fragilidad de una saltadora rusa de garrocha. Rota la antinomia dentro-fuera, el objeto podía ingresar en el discurso, primero, y luego en la realidad; el acceso sería la puerta giratoria, hecha de bronce y de cristales, de su pensamiento, de sus tesis “avanzadas”. Él sostenía ideas extrañas acerca de ese objeto: “así es un poema”, y agregaba: “cuando el poema funciona bien”, pero na die le hacía caso. Era inútil: podía citar autoridades académicas o leyendas inmarcesibles de la historia del arte para apuntalar sus opiniones “revolucionarias”, pero seguirían ignorándolo minuciosamente.
    .....Cómo un poema puede “ingresar en la realidad” era algo difícil de explicar, pues le replicaban: “un poema pertenece forzosamente al orden del discurso. Un poema no es una escultura; su materialidad es inasible, como la de la música. Esa materialidad es sensibilidad pura”. Los más impacientes le decían: “un buen poema ya ingresó en la realidad”, pero entonces se daba cuenta de la incomprensión circundante.
    .....La incomprensión se parecía a su objeto-poema. Estaba vuelta hacia adentro pero sus irradiaciones lo alcanzaban fatalmente. Para aliviar, mitigar o sanar los efectos deletéreos de la incomprensión, se encerraba en su cuarto durante largos minutos para redactar desencuadernadas “prosas intempestivas” en las cuales insultaba, redargüía, trataba de persuadir (persuadirse), contra-argumentaba y, en general, tiraba lanzazos contra formidables molInos de viento parecidos a un puñado de profesores de posgrado, conocidos de él y aborrecidos con fruición pantagruélica en altas noches insomnes.

    *

    Todo lo había olvidado y todo regresó en un instante. La memoria creaba circunvoluciones y tornasoles en torno de su cuerpo declinante. Estaba sentado y miraba el suelo: un alma corva, una figura reclinada, una silueta melancólica.
    .....“Miraba el sueño”: una falla mecanográfica había desencadenado esa imagen. Pero no sería: el sueño estaba en lo alto y para verlo debía colocar su cabeza, por fuerza, en una dirección nor/noroeste, como si su cuello fuese un tubo de telescopio.
    .....Las razones del sueño situado en lo alto no son fáciles de entender, pero intervienen en su formulación una visión ásperamente romántica de los fenómenos y las leyes de un cerebro arduamente poético. Y él debía concentrarse en la tierra con una voluntad de guiñapo crónico: ectoplasma, leve fantasma, títere de la inercia.
    No podía distraerse con el sueño, con las estribaciones de un fantaseo por los Himalayas del desvarío a mediodía. Debía tener las suelas de los zapatos firmemente colocadas sobre el pavimento de la calle, extraña reconfiguración de la frase indicativa de un cierto realismo pragmático: “tener los pies en el suelo”. Así era su pobreza de espíritu.
    .....La parte más rica de esa pobreza era la memoria. Hacía poco le explicaba a una amiga cómo memorizó unos versos: los había escuchado por vez primera dichos por Juan José Arreola y nunca los había olvidado. Ella le respondió contándole cuántas veces leía un poema hasta memorizarlo, pero eso estaba al alcance de cualquiera; no tenía relación alguna con la historia de él y esos versos y Arreola.
    .....Memorizaba con una facilidad asombrosa pero luego, aturdido por diversos estímulos mundanales, olvidaba hasta su propio nombre. Las irisaciones de la memoria se volvían entonces penumbras erizadas: eran estas el olvido proliferante, una gentil tarántula, criatura aterrorizante y magnífica. Recordaba la sangrienta aniquilación de una tarántula. “Temible únicamente por su apariencia”, decía; en realidad, un animal por completo inofensivo.
    .....Recordaba demasiado para la santidad de su alma (y eso no le convenía a la santidad de su espíritu), pero le producía un estupor lleno de trémula admiración tratar de imaginarse la cabeza de un director de orquesta sinfónica. “Eso sí es buena memoria”, y luego añadía: “es como tener presentes en la cabeza del testigo, vista una sola vez la criatura, los pelos todos de la tarántula”.
    .....Tarántulas aparte, bailaba la tarantela de los recuerdos como otros danzan al son interpretado por jaraneros lúgubres en la noche imaginada de Tlacotalpan. Decía “imaginada” pues nunca había asistido a esos festejos animadísimos, llenos de ornato y alborozo, inundados por una serie de músicas de cuerda y tararira, sones dueños de un “encanto inescrutable”, según la noticia proporcionada por el maestro Nicanor, su amigo del País de los Lagos, individuo empeñado en averiguar si el Preste Juan —o por lo menos alguno de sus emisarios— conoció América. La música y la memoria...: temas como este lo desvelaban. No recordaba desde cuándo.

    *

    Aquella mañana de noviembre iba él por la mitad de la calle llevando en las manos dos enormes bolsas negras de plástico llenas de basura. Su calzado no podía ser peor para esa diligencia basurera, o para cualesquiera otras: sandalias desvencijadas y un número más grande del suyo, razón por la cual parecía bambolearse levemente al dar pasos largos; estaba constreñido a dar pasitos cortos, como una viuda china. Enfundado en una bata enorme de color verde y portando unos temibles lentes oscuros —redondos, breves, con una vulgar montura de plástico, imitación de un carey de dandy o de cinturita—, se sentía portador de un microclima moral más allá de imaginaciones novelescas en torno de la “construcción de un personaje”.
    .....¿Un personaje así, en medio de la calle, con ese cargamento oprobioso, vestido en tal manera y con la mirada cegada por esos dos discos ahumados, envuelto en la tela abullonada y mendaz de la bata infame, podría tener, acaso, verosimilitud alguna, posibilidades de tragedia, hondura psicológica alguna, viabilidad irónica, siquiera?
    .....No era ridículo ni patético; apenas un esbozo de antihéroe, malogrado por la pretenciosa y falsa facha de riquillo, desmentida con plenitud por la baja calidad de todos y cada uno de los materiales de vestidura y calzado. Ninguna novela para él, ningún cuento. Ninguna etopeya. Ningún esbozo, hecho como con punta de plata, evocador de Daumier o de Grosz, de Posada o de los grotescos de Orozco, las figuras acezantes de Goya. Avanzaba por la mitad de la callecita, a esas horas apenas transitada; no tan desierta, empero: suscitó dos o tres claxonazos, y con cada uno se hizo a un lado con brusquedad. En la cara se le dibujaba un gesto desdeñoso; en la mente se le despertaba una rencorosa invectiva contra los automovilistas.
    .....Aquello no podía durar. El final debió ser cataclísmico pero fue apenas tristón.
    .....Vio a lo lejos el camión de la basura, espantoso navío lleno de servidores municipales de una jovialidad inexplicable. Lejos, lejos: “También el alma tiene lejanías”, recordó. Luego olvidó el versito obsesionante y con decisión avanzó sobre el asfalto impuro. Creyó ver un movimiento inesperado, micrométrico, del camión de la basura: ¿arrancaba, se iba, se despedía, lo abandonaría esa mañana como si esa mañana fuera un “para-siempre”? Ladeó la cabeza en un intento de ver mejor: no era posible ver nada bien con esos lentezuelos sombríos, cegadores.
    .....Sintió una brisa a sus espaldas. El borde de la bata se levantó sin gracia un par de centímetros: la levísima ráfaga se llevó con ella cualquier huella de poema. Aceleró el paso y en cuatro segundos ya las piernas lo llevaban a un trote discreto, casi cómico, ineficaz.
    .....No era posible discernir si el camión de la basura estaba inmóvil, se movía, daba vuelta sobre sí mismo, se sumergía en la cinta bituminosa, se elevaba como en un vuelo místico. Él ya estaba corriendo, muy despacio. En ese preciso momento lo olvidó todo pues el mundo dio una voltereta. Vio cómo las bolsas negras lo odeaban y luego se movían rápidamente hacia sus hombros y vio, además, otro ámbito: un plano gris, abrupto, granulado; vio cómo la calle lo rodeaba. Y no era eso, claro: él rodaba. Se había caído en pleno trotecillo. Su cuerpo débil, enfermizo y despiadado, severamente sujeto al imperio de diversos medicamentos, diagnosticado con fervor y exactitud milimétrica por un galeno (así lo había llamado) aquejado por esa misma enfermedad, se había derrumbado sin estrépito, escorado con lasitud y despojado de toda arboladura, de toda verticalidad y de todo resto de orgullo y, diría uno, de dignidad. Dignidad, sí, por supuesto, en la caída de su cuerpo herido por la enfermedad... si no hubiera llevado esa ropa vergonzosa, esos lentes, y en las manos las dos bolsas negras de plástico llenas de basura.

    *

    Algunas noches, las cosas tenían cara de pocos amigos. Las cosas en general; las cosas directas, multitudinarias, repletas de aristas, con espantosas protuberancias en su salida, llenas de flancos y honduras en su entrada, y agobiadas de tridimensionalidad, empapadas de prosaísmo, apasionantes solo hasta cierto punto, insistentes en su cosidad y en la brutalidad de su inmanencia.
    .....El estar-ahí de las cosas lo avasallaba con hirsutas emanaciones filosofantes que únicamente conseguían aburrirlo. El aburrimiento lo había asimilado de un solo bocado. Estaba dentro del aburrimiento como en un acuario; era él, ahí, apenas un pececillo, un peñasco submarino de plástico industrial, un granito de arena artificial.
    .....Dijo: “todo esto me aburre hasta la pared de enfrente”. No pudo imaginarse la conducta de sombra apabullante y de demonio electromagnético de la pared de enfrente. No pudo imaginarse la proliferación de susto y batacazo desprendida, como un enjambre de drones o chilpanes, de ese aburrimiento del cual comenzaba a sentirse estúpidamente orgulloso.
    .....Se asomó al cubo de la escalera. Bajó unos escalones y trató de ver por el ventanuco, entre el aire neblinoso, hacia afuera, hacia allá, hacia el mundo. Su mirada encontró la pared de enfrente y el corazón le dio un brinco. La pared parecía una admonición de piedra, un monumento vertical a todas sus semejantes caídas en las demoliciones, una dimensión egipcia de su barrio nunca sospechada. Miró con detenimiento. La pared estaba allí, no podía no estar allí; era su condición, como la de tantas cosas adversas. La pared, además de estar allí, lo interpelaba; sintió cómo se le movían las entrañas y cómo le subía a la boca un indeleble sabor de vómito.
    .....Se agarró del pasamanos sin despegar la mirada de la pared de enfrente. No estaría aburrido nunca más,se dijoempavorecido.


    DAVID HUERTA


    Última edición por Pedro Casas Serra el Jue 13 Oct 2022, 11:23, editado 1 vez


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    Mensaje por cecilia gargantini Miér 12 Oct 2022, 15:41

    Me gustó mucho este autor. Destaco los textos que más me gustaron:


    Un día retrocede, Antes de decir cualquiera de las graves palabras (además menciona a Cortázar- que tanto me gusta) y Cómo haría...

    "Una palabra viene, otra, y otra más.
    En una línea, blanco sobre negro, aparecen.
    Si solo fuera eso... Si solo... Cómo seguir
    entonces, y redondear el párrafo, la estrofa.
    Borra, vuelve a empezar. Dentro de él, o fuera,
    no importa ya, las palabras se mezclan,
    se entrecruzan, se alaberintan y se pierden.
    Y se ganan: cada vez más, cada vez menos".

    Gracias Pedro!!!!!!!!!!!! Muy bueno
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    Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 13 Oct 2022, 11:26

    Gracias a ti por tu interés, Cecilia. Además, en este caso, tenemos también en el foro obra del padre de David Huerta, Efraín Huerta ( [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] ), grandes poetas los dos.

    Un abrazo.
    Pedro


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    Mensaje por cecilia gargantini Jue 13 Oct 2022, 14:50

    Ni bien pueda leeré también algo de Efraín.
    Gracias Pedro!!!!!!!!!! Besossssssssss
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    Mensaje por Amalia Lateano Jue 13 Oct 2022, 19:31

    Oh... que Poetas!!!!
    Me conmueve que David Huerta, haya muerto hace tan poco.El 3 de octubre de 2022, a los 72 años de edad. De su obra he leído solo algunos poemas, de su primer Poemario.

    AYOTZINAPA
    Mordemos la sombra
    Y en la sombra
    Aparecen los muertos
    Como luces y frutos
    Como vasos de sangre
    Como piedras de abismo
    Como ramas y frondas
    De dulces vísceras

    Los muertos tienen manos

    Empapadas de angustia
    Y gestos inclinados
    En el sudario del viento
    Los muertos llevan consigo
    Un dolor insaciable

    Esto es el país de las fosas
    Señoras y señores
    Este es el país de los aullidos
    Este es el país de los niños en llamas
    Este es el país de las mujeres martirizadas
    Este es el país que ayer apenas existía
    Y ahora no se sabe dónde quedó

    Estamos perdidos entre bocanadas
    De azufre maldito
    Y fogatas arrasadoras
    Estamos con los ojos abiertos
    Y los ojos los tenemos llenos
    De cristales punzantes

    Estamos tratando de dar
    Nuestras manos de vivos
    A los muertos y a los desaparecidos
    Pero se alejan y nos abandonan
    Con un gesto de infinita lejanía

    El pan se quema
    Los rostros se queman arrancados
    De la vida y no hay manos
    Ni hay rostros
    Ni hay país

    Solamente hay una vibración
    Tupida de lágrimas
    Un largo grito
    Donde nos hemos confundido
    Los vivos y los muertos

    Quien esto lea debe saber
    Que fue lanzado al mar de humo
    De las ciudades
    Como una señal del espíritu roto

    Quien esto lea debe saber también
    Que a pesar de todo
    Los muertos no se han ido
    Ni los han hecho desaparecer

    Que la magia de los muertos
    Está en el amanecer y en la cuchara
    En el pie y en los maizales
    En los dibujos y en el río

    Demos a esta magia
    La plata templada
    De la brisa

    Entreguemos a los muertos
    A nuestros muertos jóvenes
    El pan del cielo
    La espiga de las aguas
    El esplendor de toda tristeza
    La blancura de nuestra condena
    El olvido del mundo
    Y la memoria quebrantada
    De todos los vivos

    Ahora mejor callarse
    Hermanos
    Y abrir las manos y la mente
    Para poder recoger del suelo maldito
    Los corazones despedazados
    De todos los que son
    Y de todos
    Los que han sido.

    Autor del poema: David Huerta
    Pedro Casas Serra
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    David Huerta (1949-2022) Empty Re: David Huerta (1949-2022)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 14 Oct 2022, 02:47

    Gracias, Cecilia, por tu interés.
    Gracias, Amalia, por traer un poema de David Huerta. A> mí también me impresionó su muerto, pues cuando retiré su libro de la biblioteca aún estaba vivo y cuando fui a abrirle el tema en el foro, conocí su muerte. Siempre nos quedará su obra.

    Un abrazo.
    Pedro


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