Aires de Libertad

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    Valerio Magrelli (1957-

    Pedro Casas Serra
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    Valerio Magrelli (1957- Empty Valerio Magrelli (1957-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 11 Jul 2022 - 19:13

    .


    Valerio Magrelli (Roma, 10 de enero de 1957) es un poeta, escritor, traductor, crítico literario y académico italiano .

    Licenciado en filosofía por la Universidad de Roma, es experto en literatura francesa, materia que imparte en la Universidad de Pisa y en la Universidad de Cassino. A los veintitrés años debutó como autor con un poemario titulado Ora serrata retinae.

    ( Sacado de: https://it.wikipedia.org/wiki/Valerio_Magrelli )


    *


    Algunos poemas de Valerio Magrelli, de su obra El comisario Magrelli, Visor, 2021, en traducción de Ernesto Hernández Busto:


    VII

    Si el comisario viviera en América
    habría tiroteos en escuelas
    a troche y moche.
    En estos casos, las pesquisa no sirven.
    Sirve tal vez remontarse al mal
    que lleva a un muchacho a asesinar,
    luego de aparecer en las redes
    armado hasta los dientes.
    Por supuesto, vender metralletas no ayuda.
    Y a partir de aquí una serie de consideraciones
    del comisario-filósofo:
    "Basta poder matar, para decidirse a matar";
    "El mejor seguro no está en la pistola,
    sino en quien la vende";
    "Si se pudiese matar con solo pensarlo,
    la especie humana ya no existiría";
    "Freno, se llama, y sirve para gobernar
    a la bestia rampante";
    "Salvación significa obstáculo:
    quien lo quita está perdido".



    VIII

    El candidato a las presidenciales en Francia
    roba.
    El yerno del rey de España
    roba.
    El tatuador roba
    modificando el recibo.
    El tapicero roba
    no emitiendo el recibo.
    Las compañías telefónicas roban
    con el vencimiento de las facturas.
    Un inquilino suyo le roba las facturas.
    ¿Es que nunca les basta?
    No sois ladrones, lo que sois es bulímicos.
    "Cuánto trabajo...", murmura el comisario.
    Tal vez sería mejor un terapeuta,
    para arreglar el cubo desfondado
    de estos insaciables ladrones,
    muertos de hambre,
    de hambre psicológica.



    XI

    También, de vez en cuando, el comisario
    tiene que trabajar en el estadio.
    Le da la espalda al campo
    y durante dos horas contempla a esos hinchas
    que hinchan y lo insultan.
    Parece que es así desde la Prehistoria,
    pero él no lo comprende.
    ¡Por esto es que se matan! ¡Matan
    por una falta no silbada!
    He aquí a los verdaderos Estilistas del Mal:
    ¿para qué perder tiempo buscando un motivo?
    Envidia, odio, celos, líbido...
    todos pretextos, mientras
    la violencia en el fútbol es un destilado
    sin necesidad de justificaciones.
    Golpeo por el placer de golpear.
    Y estamos en el abstraccionismo.
    Los ultras son como Pollock,
    artistas no figurativos.
    Mira las cuchilladas de Fontana.



    XIV

    Del mosntruoso trasvase,
    del inmenso trasvase,
    del cruel transporte, puerto y parto,
    del tirón y el estupro, entre nuestros continentes,
    el comisario ve solo las virutas,
    los residuos del proceso industrial
    que cepilla pueblos enteros, hueso y sangre.
    Conoce solamente los descartes de fábrica,
    gente encallada aquí
    como huesos de sepia o neumáticos.



    XVI

    El comisario no lee, pero una vez
    encontró este poema
    (divertido, decía: el autor
    se llama igual que yo):

    .......Reposa la Península, tranquila
    .......envuelta en una ristra preocupante
    .......de ahogados. Como migas, una fila
    .......tiradas para hallar la senda de antes.

    .......Pero los peces se las comieron, y los clandestinos
    .......perdidos en el mar ya sin retorno,
    .......vagan como otros tantos Pulgarcitos
    .......diseminados por el agua en torno.


    No, la idea de la fábula me gusta,
    incluso si Pulgarcito casi me rompe un brazo
    ayer, que lo atrapé en Via Collodi
    mientras trapicheaba.



    XVIII

    Pobre viejo, bromea el comisario:
    la ciática te absuelve, Pinochet...
    ¿Cuántas víctimas vale un uñero?
    ¿Y una gastritis? Una buena diabetes, entonces,
    habría puesto a salvo incluso a Goebbels.
    Ah, los ancianos culpables...
    Todos libres y corre que te pillo.
    Llegados los ochenta, vence la impunidad.
    Con reumatismos arreglas un genocidio:
    ¡no querrás ensañarte con patriarcas!
    Es la "tarjeta plateada" del crimen,
    el bonus del longevo.
    Si envejeces a tiempo
    ya no eres responsable de nada.
    Efecto Chile.
    Son los "desaparecidos" del delito.



    XXIV

    El comisario quiere precisar
    otra cuestión concerniente al culpable:
    su pronunciada fotogenia.
    He aquí por qué querría la par conditio
    con respecto a las fotos de presas y predadores.
    ¡En cuántas imágenes sale el homicida!
    Mil veces más que en las que sale el muerto,
    y eso sin contrar que su pressbook
    se puede renovar constantemente.
    Vamos, otras secuencias...
    A fuerza de entrevistas o apariciones en TV,
    el asesino se vuelve familiar.
    El otro, en cambio, qué aburrido.
    Siempre las mismas tomas.
    Nunca publica nada,
    nunca un rastro de vida.
    ¡Qué demonios!



    XXVI

    Quien prende fuego a un bosque
    a menudo es alguien que vive en los bosques,
    pero como un lobo, un árbol o una piedra:
    no percibe la belleza inerme a la que pertenece,
    y por lo tanto la destruye
    sin advertirla siquiera.
    Hagamos algo para que la comprenda,
    bien con la escuela, o bien con las sanciones:
    hay que aterrorizar e instruir.
    El incendio es un genocidio
    (brama el comisario),
    pensar en un hermanamiento entre árboles y niños.
    Quemar un bosque,
    embestir la multitud con un camión,
    se trata de lo mismo,
    aunque aquellos del ISIS lo hagan por la fe,
    no por dinero.
    Hace falta que entiendan la enormidad del hecho,
    para que quien atente retroceda aterrado
    incluso ante la sola idea de realizarlo.
    Banderas a media asta, funerales de Estado,
    silencio en las escuelas y oficinas públicas.
    La belleza debería infundir conmoción.
    La belleza dbería infundir un temor
    reverencial.



    XXXI

    ¿Piratas de las calles?
    Otra cosa que le repugna.
    ¿Así que hieres y te das a la fuga?
    ¿Golpeas y te escapas?
    Tal vez solo el exilio baste,
    exiliarlos de todo el consorcio civil.
    No te puedes quedar entre los hombres si no muestras piedad.
    A menos que te sometas a un invasivo
    trasplante de neuronas espejo
    que te trasforme en una criatura
    sensibilísima, con supersensaciones,
    una verdadera fragua de empatía,
    abierta a todo tipo de emociones.
    Hermoso, sin embargo, imaginar la paridad en donde
    en vez de ser "condenado a muerte",
    el criminal sea "condenado al amor".



    XXXII

    Y está también el ácido.
    ¿Qué se puede decir?
    El que llega a borrar un rostro humano
    debiera ser borrado de lo Humano,
    apartado.
    Sin la menor violencia, último don
    que ofrecen los humanos a quien no lo es.
    Lo irremediable exige simetría.
    En una celda aireada, buena comida y baño,
    pero escindido, se-pa-ra-do.
    Tener un rostro implica obligaciones.
    Desfigurar el rostro significa firmar
    una eterna renuncia a la comunidad.



    XXXIV

    También esto es curioso, observa el comisario:
    la buena conducta no le evita el mal a la presa,
    incluso, a menudo, es causa de su mal
    (véase al magistrado,
    asesinado justo por su ejemplar
    comportamiento). Pero, no obstante,
    sirve para exonerar al predador.
    Así, la misma acción que condena a la víctima
    regala la salvación al comitre.
    Un comodían, como en las cartas.
    Dicho de otra manera: debes ser bueno
    cuando conviene, o sea, después del delito
    contra quien había sido bueno
    anteriormente.
    Una ética "on demand".



    XXXVII

    El horror de la precariedad.
    Los ciclistas que te llevan la pizza.
    Los licenciados que comen la pizza
    sobre el escritorio de los call centers.
    El comisario no es que gane mucho,
    pero aprecia su honrado puesto fijo,
    fijo como la vida que te fija,
    como el futuro que te escruta hostil.
    Esa pobre gente en el auricular,
    y esos condenados a pedalear...
    Trabajadores autónomos, es decir, "no dependientes",
    escribió el Tribunal de Turín en primavera,
    la época de las golondrinas...
    Autónomos, de derechos y tutelas;
    dependientes, de la madre, el padre y los abuelos;
    libres cual golondrinas en el cielo



    XXXVIII

    La camioneta, a veces,
    carga muchachas de Ucrania o de Nigeria
    y se las lleva, pena infinita,
    de la cadena de montaje de un sexo
    sin horizonte. Como en clausura,
    una clausura estrecha,
    en la celda del sexo,
    en la condena a la repetición.
    Se parece a la venta de órganos
    pero con el donante obligado a asistir.



    XLII

    Un caso al azar. Esos bancarroteros
    que hacen que tanta gente se suicide,
    ¿queremos realmente reintegrarlos,
    podemos estimarlos reintegrables?
    Políticas penales reprobables
    los absuelven.
    Ah, dolor, dolor,
    ¿por qué no te derramas sobre ellos?
    ¿Por qué no ayudarlo a derramarse
    sobre todos ellos?
    Y aquí interviene la Indulgencia Plenaria:
    la máxima condena es la domiciliaria,
    en casas con piscina y un barcito.



    XLVI

    Aldovrandi Bolzaneto Cucchi Díaz,
    un ABC más D que el comisario
    no quisiera tener que deletrear.
    Siempre la misma historia: absueltos todos
    o sancionados a penas irrisorias.
    Tener el monopolio de la fuerza,
    como Fuerza del Orden, implica
    una absoluta fe en quienes la ejercen.
    Transgredir ese pacto significa minar
    las bases mismas de la democracia.
    Que cuatro policías condenados
    por "exceso en el uso de la fuerza",
    a tres años y medio, O SEA, a seis meses,
    puedan volver a vestir uniforme
    es para el comisario una ofensa incurable.
    Y dicho sea de paso, el muerto tenía dieciocho años
    (la víctima siempre se muere "de paso").



    XLIX

    Y ahora ese que reside en el extranjero...
    Lo entendería si fuese un interino, un peón
    que lo hiciera para salvar lo poco
    de que dispone,
    dice el comisario. ¡Nada de eso!
    Es especialidad de superricos.
    Los únicos que se mudan para evadir impuestos
    son justo aquellos que podrían pagarlos
    sin problemas. Misterio del dinero:
    puesto que tengo mucho
    me niego a compartirlo.
    Entonces, que al menos se te prohiba
    poder pisar de nuevo
    el País engañado.



    LIII

    La policía sueca sugiere a las mujeres
    que no salgan de noche,
    para evitar ser violadas.
    ¡Cuánta delicadeza! Al contrario,
    el comisario ordenaría a los hombres
    no salir por las noches
    para evitar ser arrestados.
    Que alguien roce a Caín,
    en vez de protegerlo a ultranza.



    LVII

    Que dos mujeres o dos hombres
    no puedan besarse por la calle,
    sin escarnio ni golpes,
    el comisario no puede tragarlo.
    Sabe que la libertad no existe en la natura:
    fruto de la cultura
    tiene que ser cuidada,
    de otro modo no dura.



    CORO SOBRE LA LEGALIDAD

    La legalidad es legítima si amarra al fuerte,
    si tutela al débil.

    Es el nudo que desata lo Humano
    amarrando sus lazos.

    No hay legalidad fuera de esta atadura
    donde se aprieta para poder liberar.



    VALERIO MAGRELLI, El comisario Magrelli, Visor, 2021

    (Traductor: Ernesto Hernández Busto)

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