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    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) - Página 11 Empty Re: JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:24

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO PRIMERO

    ESCENA IV

    BLANCA, LEONOR, ENRIQUE, embozado.

    LEONOR
    Entrad, propicia

    Nos es la suerte: si mi padre llega,
    Yo al punto advertiré.

    (Vase.)
    ENRIQUE
    ¡Dichoso día!

    Al fin te encuentro, idolatrada Blanca.
    BLANCA
    ¡Enrique! ¡Oh Dios! ¿Y tú te sacrificas
    Generoso por mí? ¿Qué intento ahora
    Pudo traerte hasta mi cárcel misma
    A aumentar mi inquietud? ¿Acaso, Enrique,
    No conoces tu riesgo?
    ENRIQUE
    Tranquiliza,

    Blanca, tu corazón: mi único intento
    Es salvarte o morir: toda mi dicha,
    Mi ventura mayor cifro en salvarte.
    Salvarte, sí, para que Enrique viva.
    Este déspota atroz, ese inhumano
    Tigre, que en ti furioso se encarniza,
    Salva de su furor, libre ha de verte
    Cuando mas en sus garras te imagina.
    Prófugo, en mi destierro yo he llevado
    Siempre tu imagen en mi mente fija,
    Y entregada al dolor, en triste cárcel,
    Contino ante mis ojos te veía;
    Por ti, gozoso en el mayor peligro
    Me lanzaba con ávida codicia,
    Por ti, contra mi rey, contra mi hermano,
    Fiero empuñé la espada vengativa,
    junté guerreros, me arrojé al combate,
    Luché con él en desigual porfía:
    La suerte en las batallas caprichosa,
    Mostróse a mis valientes enemiga.
    Entonces, ¡ah!, mis odios, mi venganza,
    Mi rabia, cual jamás sentí encendida
    Roer mi corazón, no me es bastante.
    El nombre de traidor que me designan
    Es para mí un blasón. ¡Ah! Si es forzoso
    Para salvarte arrebatar su vida,
    Quiero añadir al nombre de rebelde
    El título también de fratricida.
    BLANCA
    ¡Cielos, Enrique! ¿Adónde despeñado
    La cólera te arrastra? Tú deliras:
    Huye, Enrique, por Dios. ¡Ah! No conoces
    Cuánto se arriesga hasta mi vida misma
    Si el rey descubre tu imprudente arrojo.
    ¿Quién sabe si ahora mismo cien espías
    Te han conocido ya, siguen tus pasos,
    Te cercan, oyen, si pendiente brilla
    Sobre tu propio corazón la daga
    Que a asesinar a entrambos se destina?
    ENRIQUE
    Primero yo la enclavaré en el suyo.
    Oyeme, Blanca: mi dolor respira
    Sólo venganza; la ternura, el fuego
    En que otro tiempo el corazón me ardía,
    Esta insaciable sed los ha trocado
    Ya en desesperación. ¡Ah! ¿Tú creías
    que era sólo por ti? ¿Tal vez pensabas
    Que esta pasión que el alma me domina
    Me la inspirabas tú, tú únicamente?
    No, Blanca, no, que por venganza gritan
    Madre y hermanos por mi hermano muertos,
    Y el seno dejan de la tumba fría,
    Sombras inexorables: mis furores
    No has encendido tú; la saña mía,
    Horror tan negro, tan funesta llama...
    Es imposible, no, tú no la inspiras.
    BLANCA
    Basta, Enrique, no mas: yo le idolatro:
    Yo a mi pesar le adoro, aunque me oprima
    Y me desprecie y me abandone.
    ENRIQUE
    ¿Acaso
    Yo te hablaba del rey? ¡Oh, Dios! ¡Qué ira!

    Un astro mismo, sí, cuando nacimos,
    Blanca, tú y yo, sin duda presidía.
    Feroz el rey te oprime, te abandona;
    A una ramera vil te sacrifica...
    Y tú le adoras, y su nombre odioso
    Está y su imagen en tu pecho escrita...
    Y yo, entre tanto, que doquier me vuelvo
    En torno al mundo la anhelante vista
    Un solo punto en todo el universo
    Encuentro para mí: yo, que mi vida
    Cifrara en poseerlo; yo, arrojado
    Lejos de allí y opreso de codicia,
    Como un segundo Tántalo, a mis labios
    Llegó apenas el agua apetecida.
    BLANCA
    Sí, Enrique, sí, es verdad; los dos nacimos
    Para ser infelices: destruida
    Nuestra esperanza está; nunca yo he visto,
    Desque a tu hermano amé, lucirme un día
    De ventura y quietud. La blanda calma,
    Los dulces juegos, la inocente risa,
    Placer de los amantes venturosos,
    No halagarán jamás el alma mía.
    ¡Desdichada de mí! Si acaso busco,
    Durante el curso de mi corta vida,
    Momentos de placer, sólo me quedan
    Tristes memorias de los breves días
    de mi infancia feliz, tristes memorias
    Que, acaso más, mi pecho martirizan.
    Y tú también sin esperanza, Enrique,
    Por un mísero amor, cual yo, suspiras.
    ENRIQUE
    ¿Y tú lloras por mí? Blanca, tu llanto
    Es regalado bálsamo que alivia
    Mi amargo padecer: jamás mi pecho,
    Jamás sintió tan plácida alegría.
    Yo no soy infeliz; yo soy dichoso;
    La más dulce esperanza me reanima,
    Yo puedo liberarte, hacer que vuelvas
    Al seno de tu patria, a las delicias
    De tu primera edad: tu alma inocente
    Allí tal vez reposará tranquila.
    Los años vuelan y el pesar con ellos;
    Allí se trocará en melancolía,
    En recuerdo pacífico y sensible,
    Ese dolor que el corazón te agita.
    Yo puedo liberarte. Óyeme, Blanca:
    Aún tengo amigos; Aragón, Castilla,
    Sevilla misma, auxiliarán mi empresa;
    Mil descontentos de su rey me brindan
    Con todo su poder; Lara, Manrique,
    Sólo esperan mi voz, todos me animan
    A volver a lidiar... Guerra y venganza
    Contra mi hermano en su poder respiran.
    Hoy mismo, cuando salgan del torneo,
    vendrán conmigo a concertar el día
    Que debemos romper.
    BLANCA
    ¿Y qué...? ¿Mi esposo...?

    ENRIQUE
    Si es necesario...
    BLANCA
    ¡Enrique, me horrorizas!

    ENRIQUE
    Si es necesario, morirá. Es forzoso
    Que tú seas libre; ante las aras mismas,
    Sobre la hostia lo juré. Esta tarde,
    Al declinar el sol, cuando sombría
    Tienda la noche su estrellado manto,
    Yo volveré a avisarte la hora fija
    En que libre has de ser. Tú, a alguna reja
    De las que al Betis sobre el margen miran,
    Atenta esperarás, y cuando un barco
    Atraviese las aguas cristalinas,
    La voz del trovador y el son del arpa
    Te anunciarán cantando mi venida.


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    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) - Página 11 Empty Re: JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:25

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO PRIMERO

    ESCENA V

    Dichos, LEONOR, muy apresurada.

    LEONOR
    ¡Cielos! ¡Mi padre!... ¡Apresuraos!
    BLANCA
    ¡Enrique!

    LEONOR
    Aún es tiempo, venid...
    ENRIQUE
    ¡Blanca divina!

    O muero, o te liberto. Adiós.


    (Vase con LEONOR por otra puerta.)





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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:28

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO PRIMERO

    ESCENA VI

    BLANCA, sola.


    Tu furia

    Te perderá, ¡infeliz! ¡Ah! Si la dicha
    Lograra yo de abandonar por siempre
    Este suelo fatal... Cuál me palpita
    Entre el temor y la esperanza el pecho,
    ¿Qué será de mi suerte?


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:30

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO PRIMERO

    ESCENA VII

    BLANCA, DON TELLO y DIEGO GARCÍA

    DON TELLO
    Aquí, García,

    La inocente tenéis.
    GARCÍA
    Basta, don Tello:

    Ya os podéis retirar. El rey me manda.
    BLANCA
    ¡Nuevos ultrajes siempre! ¡No hay momento
    De quietud para mí!
    GARCÍA
    Siempre la calma

    Huyó del criminal.
    BLANCA
    ¡Dios! ¿Hasta cuándo

    La vil calumnia me herirá? ¿No basta,
    A par del reino, arrebatarme injusto
    Mi propia libertad, y verme hollada,
    Lejos del rey que se llamó mi esposo,
    Por la que ser debiera mi vasalla?
    ¿No está, tal vez, cansada mi enemiga
    De verme padecer?
    GARCÍA
    Está cansada

    La paciencia del rey; cuando engañado
    Cedió otro tiempo a las inicuas tramas
    Del pérfido Albuquerque, y con su mano
    Os ciñó la diadema soberana,
    Nunca pensó que a un tiempo con su esposa
    La discordia en el reino penetrara.
    Vuestro alevoso amor con D. Fadrique
    Benigno os perdonó, cual leves faltas...
    BLANCA
    ¡Es falso, es falso! La calumnia sólo
    Pudo inventar iniquidad tan baja.
    ¿Qué delito, decid, he cometido
    Para que el rey jamás me perdonara?
    Yo inocente, ¡ay de mí!, feliz vivía
    Allá en el seno de mí dulce patria
    Con mis ilustres padres. Sus heraldos
    vinieron en su nombre, y cuando ufana
    Firmemente adorándole, mi dicha
    Eterna entre sus brazos figuraba,
    Otra mujer, ¡gran Dios!, ya poseía
    El único tesoro de mi alma...
    ¡Y soy yo criminal...! ¡Y él me perdona...!
    Yo sin razón de su injusticia esclava...
    GARCÍA
    Yo doy que entonces inocente fueseis,
    Blanca, ¿y ahora me diréis osada,
    Si os pruebo yo vuestro reciente crimen,
    Que es injusta la lengua que os agravia?
    ¿Tenéis, ahora, el corazón tranquilo?
    ¿Nada os remuerde la conciencia?
    BLANCA
    Nada.

    GARCÍA
    ¿Nada os reconvenís? Mitad que escucha
    El Dios de la verdad vuestras palabras.
    BLANCA
    El ve mi corazón.
    GARCÍA
    Decid: ¿Si Enrique...?

    BLANCA

    (Aparte.)
    ¡Enrique, oh Dios!
    GARCÍA
    Estáis muy agitada,

    Blanca, calmaos. Al escuchar su nombre,
    ¿Por que tu corazón se sobresalta?
    ¿Sabríais acaso de él?
    BLANCA

    (Aparte.)
    ¡Cielos! ¿Podrían

    Ya saber su intención?
    GARCÍA

    (Con sarcasmos.)
    ¡Ah! Sus desgracias

    Os conmueven tal vez; tranquilizaos;
    ¿Qué? ¿No sois inocente? ¿No son falsas
    Calumnias vuestros crímenes? ¿Y ahora
    Por qué no respondéis? ¿Acaso os ata
    La inocencia la lengua?
    BLANCA

    (Con dignidad.)
    ¿Y cómo puedo

    Responder a denuestos y palabras
    De escarnio y de baldón?
    GARCÍA
    ¿Y es eso sólo

    Lo que tanto te turba, desdichada?
    BLANCA
    Me turba tu insolencia.
    GARCÍA
    ¿Mi insolencia?

    BLANCA
    De un pérfido cual tú la indigna audacia.
    GARCÍA

    (Con serenidad.)
    Pérfido es el traidor, el vil rebelde
    Que contra el rey y su señor se alza,
    El que olvidando su deber, perjuro,
    Mueve guerra civil contra su patria;
    El que eleva pendón en vuestro nombre.
    Y a un vil bastardo por su rey proclama.
    Pérfida es la infame que promueve
    Esa vil rebelión, la que en su alma,
    Bajo el vellón de tímido cordero,
    Del tigre encubre la traidora garra.
    ¿Dónde está ese candor, esa inocencia
    De que tanto os jactáis? ¿Veis esta carta?
    Ella os alegrará: vuestros amigos
    Con ella animarán vuestra esperanza.
    Lástima es que el noble don Enrique
    No esté reunido ya con los que aguardan
    Proclamarle por rey, los que anhelantes,
    Por sólo daros libertad se arman;
    Los insensatos que el infierno mismo
    A eterna muerte y perdición arrastra.
    Vedla y negad después.
    BLANCA
    ¡Fatal desdicha!

    ¡Desventurado Enrique! Mi desgracia
    Se extiende a ti también.
    GARCÍA
    Todo os confunde.

    ¿No os hallabais acaso preparada
    A golpe tan fatal?
    BLANCA
    ( ¡Ah! ¡Ya respiro! )

    No es para mí esta carta.
    GARCÍA
    No; esta carta

    Es Para Enrique. Mas, decid: ¿Acaso
    No habla siempre de vos? ¿Su confianza
    No está cifrada en la extranjera hueste
    Que por su influjo de la Francia aguarda?
    ¿Qué? ¿No le ofrecen la corona a Enrique?
    ¿No le ofrecen tu mano, si te salva?
    ¡Infeliz! ¡Infeliz! Tú, sí, tú misma,
    A par del suyo, tu sepulcro labras.
    ¡Mísero Enrique! Acaso se imagina
    Que el rey ignora su traidora trama,
    Y mientra oculto aquí necio se piensa,
    Ya tu mansión, su intento, sus palabras...
    Todo patente está. Sus enemigos
    Han penetrado ya dentro su alma.
    ¿Os turbáis otra vez?
    BLANCA

    (Aparte.)
    ¡Oh, Dios! ¡Si fuese

    Fingido este papel!... ¡Ah! Si intentara
    Sorprenderme y saber... Decid, García:
    ¿Cómo, por quién se os entregó esta carta?
    GARCÍA
    ¿Dudáis de su verdad? Yo os aseguro
    Vuestra duda calmar. ¿Veis esta banda?
    BLANCA
    ¡Teñida en sangre! ¡Oh, Dios!
    GARCÍA

    (Con calma.)
    Prenda de Enrique,

    Aguilar el rebelde la enviaba,
    y el triste mensajero la traía
    Para entregar y acreditar su carta.
    BLANCA
    ¿Y él mismo os la entregó?
    GARCÍA

    (Sin alterarse.)
    Sin duda, él mismo

    Nos la entregó, cuando entregó su alma
    Al infierno también.
    BLANCA
    ¡Qué horror! ¡Acaso

    La misma mano ensangrentada amaga
    Ya el corazón de Enrique!
    GARCÍA

    (Una pausa.)
    En vano ahora

    Los hechos negarás con tus palabras:
    Harto sabidos son y en vano fuera
    Por más tiempo fingir. Óyeme, Blanca:
    Tú ves en mí tan sólo un enemigo,
    Digno ministro de mi altiva hermana;
    Tú imaginas que gozo en tu desdicha,
    Que vengo ansioso aquí para amargarla.
    Pues no, te engañas: mi venida es otra,
    otro mi intento; tu única esperanza
    Se cifra en mí no más. Sí, yo he venido
    Sólo para salvarte.
    BLANCA
    ¿Mi esperanza

    Sólo se cifra en ti? ¡Pérfido! ¿Intentas
    Deslumbrarme, tal vez? ¡Ah! Tus palabras
    Son astutas y falsas: son floridas
    Como el sendero del infierno.
    GARCÍA
    Acaba;

    Desahógate, sí: bastante tiempo
    Aquí exhalaste en lágrimas calladas
    Tu penoso dolor. Justo es ahora,
    Que libre puedas desahogar tus ansias.
    Óyeme, por tu bien; mayor tormento,
    Desventura mayor, Blanca, te aguarda,
    Si no escuchas mi voz.
    BLANCA
    ¿Y qué tormento,

    Qué desdicha mayor, puede mi alma
    Padecer que tu vista?
    GARCÍA

    (Con frialdad.)
    ¿Qué? La muerte.

    BLANCA
    Ella me librará de mis desgracias
    A par de tus insultos.
    GARCÍA
    No; la muerte

    Yo sé que acaso el infeliz la ansía.
    Sé que jamás se estremeció turbado
    Un corazón valiente al arrostrarla.
    Mas no es la muerte por que el triste anhela
    El espantoso fin que te amenaza;
    Es la muerte cruel, ignominiosa,
    Lenta, bárbara, atroz, acompañada
    De tormentos horribles, de agonía,
    Cubierta del oprobio que arrebata
    Hasta el placer efímero, muriendo,
    De inspirar compasión, la que acompaña
    La amarga pena de dejar al mundo
    Indigna, vil y sempiterna fama.
    Tú, ante tus ojos, mirarás a Enrique
    Morir penando en angustiosas ansias,
    Mientras maldita por el pueblo entero
    Como adúltera...
    BLANCA
    ¡Oh, Dios! ¡Ah! ¿No bastaba

    La muerte sólo por castigo mío?
    ¿Era forzoso, aún, añadir la infamia?
    GARCÍA
    He aquí la muerte que te espera, muerte
    Que aún, puedes evitar: tus dulces gracias,
    Tu amable juventud, tu desventura,
    Todo en mi corazón por ti me habla.
    Tú amas a Enrique; pero Enrique en vano
    Presume libertar la que idolatra.
    Tú tienes ambición; tal vez deseas
    Lograr del rey y tu rival venganza,
    Volver de nuevo al esplendor perdido
    Y el cetro augusto asegurar de España.
    Yo te puedo auxiliar; triunfo y corona
    Partiremos los dos: yo te amo, Blanca.
    Todo lo ignora el rey; yo, únicamente,
    Sé donde Enrique está, sé de esta carta,
    Y nunca al rey la mostraré, si ofreces
    Callar, ceder, cumplir con mi demanda;
    Y yo te doy la libertad, la vida,
    Mi corazón...

    (Se acerca a BLANCA y trata de arrebatarle una mano.)
    BLANCA

    (Con dignidad.)
    Jamás.
    GARCÍA

    (Con frialdad.)
    Cálmate, Blanca;

    Siento piedad por ti, tú eres hermosa,
    Y la muerte es cruel; tal vez mañana
    Serás cadáver ya; sí, considera
    Tu respuesta mejor; cálmate, Blanca.
    BLANCA
    Tranquila estoy: mi corazón, García,
    Sólo se turba atónito a tu infamia.
    ¡Huye, monstruo, de mí!
    GARCÍA
    Blanca, ¿deliras?

    Piensa en las dichas que el vivir te guarda;
    Piensa que están tu libertad, tu vida,
    Pendientes de mi voz: tiembla, si agravias
    Al que te ofrece tanto. Un solo premio,
    Y el trono mismo ocuparás de España,
    Augusta Reina, independiente, libre;
    Yo te lo juro por mi honor y espada.
    Ya no exijo tu amor, tu nombre ahora
    Sólo exijo de ti; cédeme, Blanca:
    Aquí la dicha y el placer te esperan,
    Allí la muerte y el dolor te aguardan.
    Nada hay ya que dudar: elige y tiembla.
    BLANCA
    Tu odiosa vista con horror me espanta,
    Tu corazón está más corrompido
    Que el aire del sepulcro. ¡Alma villana!
    Vuélvete al rey, inventa tus calumnias,
    Cubre mi nombre con eterna infamia,
    Y apresura mi muerte: yo no tiemblo.
    GARCÍA
    Tú, pues lo quieres, morirás. Mi alma
    He mostrado ante ti; la muerte sólo,
    Una vez dicho, mi secreto guarda,
    Si alguno lo escuchó.
    BLANCA
    Basta, García;

    Basta de insultos ya.

    (Vase.)


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:31

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO PRIMERO

    ESCENA VIII

    GARCÍA
    Sí, Blanca, basta;

    Y, pues lo quieres tú ¡morirás! Tu muerte
    Lisonjeará el orgullo de mi hermana,
    Y al ver a Enrique perecer contigo
    Yo gozaré cumplida mi venganza.
    ¡Morirás! ¡Morirás!... ¿Sois vos, Don Tello?





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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:32

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO PRIMERO

    ESCENA IX

    Dichos y DON TELLO

    DON TELLO
    Un hombre ahora encapotado acaba
    De salir del castillo. Entre los bosques
    Le vi perderse con ligera planta;
    Quise en vano seguirle. Aún no he podido
    Conocer cómo entró. Todos los guardias
    Niegan haberle visto.
    GARCÍA
    Bien; dejadle,

    Y si vuelve otra vez... Enrique vaga
    Siempre alrededor de aquí. Vuestra cabeza
    Responde al rey de la prisión de Blanca.
    Adiós, Don Tello.

    (Vase.)
    DON TELLO
    Sí: ya te he entendido;

    Yo doblaré mi celo y vigilancia,
    Y si intentan librarla, yo te juro
    Que antes muerta tal vez podrás hallarla.



    FIN DEL ACTO PRIMERO


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:36

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO SEGUNDO

    Un salón del Alcázar de Sevilla, adornado de una columnata morisca que termina en un jardín en el fondo del teatro. (Adorno de la época.)


    ESCENA I



    LA PADILLA, GARCÍA.

    GARCÍA
    Sí, no lo dudes; pronunció tu nombre
    Con orgullo y desdén. «En vano intenta
    Mi enemiga humillarme -dijo altiva-;
    Ella es súbdita, al fin, yo soy su reina.»
    LA PADILLA
    ¡Mi reina! ¡Sí, mí reina! Su arrogancia
    Es la del necio que apagar quisiera
    El resplandor del sol de un leve soplo.
    ¿Y aún osa en su prisión llamarse reina?
    GARCÍA
    ¿Y acaso no lo es? ¿Qué? ¿Te imaginas,
    Tal vez que lo eres tú? ¡Mísera, tiembla!
    Tiembla que el rey se reconozca un día,
    Y a ti te olvide por amarla a ella!
    Blanca es su esposa al fin.
    LA PADILLA
    ¡Ah, sí! ¡Su esposa!

    ¡Y yo...! ¡Yo, sólo soy...!
    GARCÍA
    Tú, su manceba.

    LA PADILLA
    ¡Calla, lengua infernal!
    GARCÍA
    ¿Tanto te irrita

    Escuchar la verdad? ¿Acaso piensas
    Que, allá en tu pecho, tus amigos mismos
    De otro modo que yo te consideran?
    ¿Que te dan otro nombre? No, te engañas;
    Si ellos te adulan hoy, si se prosternan
    Ante tus pies, cual cortesanos viles,
    No menos te abominan y desprecian.
    Amarga es la verdad; mas yo, tu hermano,
    Yo, que te puedo en la difícil senda
    De la corte guiar, yo no te amara
    Si revistiese de oropel mi lengua.
    Si cuando al lado del monarca mismo
    Brillabas sola en la pomposa fiesta,
    Dama del rey te titulaba el pueblo;
    Y para más ajar nuestra soberbia,
    Por nombre vil te llaman La Padilla,
    Mientras a Blanca la titulan reina.
    LA PADILLA
    Y bien, ¿qué importa? A su despecho mismo
    El polvo de mis pies humildes besan.
    GARCÍA
    ¡Guarda, no sea bajo el suyo un día
    Te sepulten tal vez!
    LA PADILLA
    Míseros tiemblan

    A mi vista no más; ¿y osar podrían?...
    GARCÍA
    Todo osarán, si a despertarse llegan
    Del letargo en que están, y Blanca entonces,
    Libre, aclamada por Castilla entera...
    LA PADILLA
    ¡Oh, Blanca! ¡Blanca! ¡Aborrecido nombre!
    Siempre en mi oído con espanto suena.
    GARCÍA
    Con más espanto sonará algún día,
    Cuando humillada ante sus pies te veas
    Y al pronunciar su labio tu castigo,
    Llorosa implores su fatal clemencia.
    LA PADILLA
    ¿Yo implorar su clemencia? ¿Yo postrada
    Al pie de mi rival? ¿Yo, su insolencia,
    Su escarnio he de sufrir? ¡Mil veces antes
    Padezca yo las incesantes penas
    Del mismo infierno, al filo del cuchillo
    Entregando yo misma mi cabeza!
    GARCÍA
    Enrique oculto aquí...
    LA PADILLA
    ¿Qué escucho? ¿Enrique?

    GARCÍA
    Sin duda, él mismo. ¿Pero qué? ¿Te aterras
    Sólo de que esté aquí? ¿Qué? ¿Te sorprende?
    LA PADILLA
    ¿Cómo? ¿Y adónde está?
    GARCÍA
    ¿Tanto te inquieta

    Saber adónde está? ¿Tú no burlabas
    Hace un momento de él? ¿Por qué ahora tiemblas?
    ¿Temes a un miserable?
    LA PADILLA
    ¿Yo temerle?

    Nunca temió el león en su caverna
    Al cordero infeliz, que osó atrevido
    Penetrar en su umbral.
    GARCÍA
    No; mas si fuera

    Enrique ahora el cazador astuto,
    Que vigilante sin cesar le acecha...
    Si él intentara sorprenderte...
    LA PADILLA
    Entonces

    Su propia sangre pagará su ofensa.
    GARCÍA
    Antes que llegues a saber tu riesgo,
    Abatirá su mano tu soberbia.
    ¡Insensata mujer! Piensa que Enrique
    Adora a Blanca, que elevarla intenta
    Al trono de tu amante, que te odia,
    Que ya Castilla en su favor se apresta,
    Que él ansía sólo libertar a Blanca
    Para ofrecerte en holocausto a ella;
    Y es necesario...
    LA PADILLA

    (Con ansiedad.)
    ¿Qué?
    GARCÍA
    Sacrificarlos

    A nuestro bien, nuestra quietud: que mueran.
    LA PADILLA
    ¿Pedro consentirá?
    GARCÍA
    ¿Pedro? Su muerte

    Es lo que más su corazón desea.
    Pedro aborrece a Enrique.
    LA PADILLA
    ¿Y sus amigos?

    GARCÍA
    Uno, no más, mi previsión recela:
    Castro impaciente, belicoso joven
    Ansioso ahora de vengar su afrenta
    Y la oprobiosa muerte de su hermana
    Que el monarca engañó. Castro no piensa
    Sino en vengarse, o perecer. Su arrojo,
    Su orgulloso valor, su independencia
    Fueran temibles, si imprudente él mismo
    No ya el camino de su muerte abriera
    Con su loco furor.
    LA PADILLA
    ¿Y tanta sangre...?

    GARCÍA
    ¿Aún no estás acostumbrada a verla
    Continuo derramar? Bastantes veces
    Pedro, tu mismo amante, en tu presencia
    La hizo correr; elige ahora:
    Verter la tuya, o derramar la ajena;
    Vivir humilde y despreciable a todos,
    O ser de todos absoluta reina.
    LA PADILLA
    Determinada estoy. El rey, García.



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:38

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO SEGUNDO

    ESCENA II

    Dichos, EL REY, HERNANDO y acompañamiento.

    EL REY
    ¿Por qué, María, en tu semblante muestras
    Señas de turbación? Tú, que gozosa
    Hoy fuiste gala de la alegre fiesta,
    Hora con triste faz... Habla, responde.
    LA PADILLA
    La traición contra ti su dardo asesta.
    EL REY

    (Sonriéndose con desdén.)
    ¿La traición contra mí? Tu fantasía
    Engaña tu razón; los que se atrevan
    En mí a fijar sus ojos enemigos,
    Fíjenlos sin temor; di: que perezcan.
    HERNANDO
    No os sorprendáis, señor, de sus temores;
    Un dulce miedo la hermosura aumenta.
    LA PADILLA
    Oye, Pedro: no frívolos recelos
    De un miedo mujeril mi pecho encierra.
    Cercado está tu trono de peligros,
    Y oculto acero la traición apresta.
    EL REY
    Él volverá contra el cobarde pecho
    Del que ose alzarlo, cuando brille apenas.
    GARCÍA
    Pensad, señor, que con atento oído
    El consejo que dicta la prudencia
    Debe escuchar un rey.
    EL REY

    (Con altivez.)
    Un rey tan sólo

    Debe escuchar su voluntad suprema.
    GARCÍA
    Vuestro interés, el bien de vuestro reino,
    A hablar sin miedo la verdad me fuerzan;
    Me son más caros que mi vida misma.
    Si os causa enojo lo que sólo prueba
    Fidelidad y amor, si os hiere tanto
    La audacia de un vasallo y su firmeza
    Al hablar la verdad, alzad el brazo
    Y al punto yo vuestro castigo sienta:
    Mas antes pido que me oigáis.
    EL REY
    García,

    Esas palabras arrogantes templa;
    ¡Piensa que hablas al rey...!
    GARCÍA
    Nunca mi labio

    Disfrazar supo la verdad austera.
    EL REY

    (Arrojándose a él.)
    ¡Traidor! ¿Y osas a mí...?
    LA PADILLA
    Señor, teneos.

    Perdonadle, señor, ¡ah!, si me amas,
    Si de una amante tímida las quejas
    Pueden mover tu corazón altivo,
    Ya que tu propio bien no te conmueva,
    Óyele por mi amor: cuando le escuches
    Premiarás su lealtad.
    EL REY
    Basta; sosiega,

    Hermosa, tu inquietud.
    GARCÍA
    Rey de Castilla,

    Vuelve la vista al riesgo que te cerca,
    Contra el que todo tu poder sería
    Ahora nada sin mí: vuélvela y piensa
    Si habrás de oír al que a tus propios ojos
    Su celo y tu peligro te presenta.
    EL REY
    Di lo que has de decir; cansan, García,
    Frívolas y atrevidas advertencias.
    GARCÍA
    Es un misterio; retirad la corte.
    EL REY
    Dejadnos solos; alejaos.


    (Vanse los cortesanos.)

    LA PADILLA
    Mis penas

    Compadece, señor; por ti yo vivo,
    Guarda por mí la vida que desprecias.
    EL REY
    Yo sabré defenderte. ¡Miserable
    De aquel que insano contra ti se atreva!



    (Vase LA PADILLA.)


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:49

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO SEGUNDO

    ESCENA III

    EL REY, GARCÍA.



    (EL REY, como indiferente al principio.)

    GARCÍA
    Rey de Castilla, la verdad escucha.
    Mientras que en medio de pomposas fiestas,
    Augusto rey, en tu opulenta corte,
    Al dulce sueño del placer te entregas,
    Maquina la traición, y acaso el rayo
    Está pronto a estallar; Castilla entera
    Levanta ya su bélico estandarte
    En favor de un rebelde, las revueltas
    Tornan a renacer, y aun aquí mismo
    Blanca en su cárcel con amigos cuenta,
    Mientras que Enrique...
    EL REY

    (Interrumpiéndole muy furioso.)
    ¡Enrique!
    GARCÍA
    Enrique ahora

    Trama aquí mismo levantar la guerra.
    EL REY
    ¿Dónde se oculta, di? ¡Pronto! Responde.
    Morirá al fin, pues en morir se empeña.
    GARCÍA
    Aquí le ha descubierto un moro esclavo
    Que sus intentos de continuo observa,
    Y hoy sorprendió a un rebelde mensajero
    Del traidor Aguilar; en lid sangrienta
    Con él luchando, le arrancó esta carta.
    EL REY

    (Tomando la carta sin leerla.)
    Hazle venir a mi presencia: es fuerza
    Que yo mismo le hable, es necesario
    Ya que Enrique me busca, que me vea.
    GARCÍA
    ¿Y qué, señor, pensáis...?
    EL REY
    Tráeme ese esclavo;

    No me fatigues más.


    (Vase GARCÍA.)


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:50

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO SEGUNDO

    ESCENA IV

    EL REY, solo.



    (Muy agitado.)
    ¿Y qué? ¿Mi ofensa

    No he de vengar yo mismo? ¡Miserable!
    Un vil bastardo arrebatarme intenta
    Mi trono y mi poder. ¡Ah! Yo le juro:
    Yo anegaré en su sangre su soberbia.
    ¡Mi hermano...! Sí; mi hermano... Cuando ahora
    Dentro en su corazón mi espada sienta,
    Cuando yo mismo sus entrañas rasgue,
    Cuando expirar en su dolor le vea...
    Entonces yo le nombraré mi hermano.
    ¿Y Blanca? Blanca... el insensato piensa
    Libertarla. ¡Infeliz! Entre tus brazos
    Yo te la arrojaré, sí; pero muerta.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:51

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO SEGUNDO

    ESCENA V

    EL REY, GARCÍA y ABENFARAX, vestido de un marsellés, una faja, un puñal, calzones anchos, la pierna desnuda y babuchas moriscas. Rudo y bárbaro en su apostura.

    GARCÍA
    He aquí, señor, el que vigila a Enrique.
    EL REY
    ¿Tu nombre?
    ABENFARAX
    Abenfarax.
    EL REY
    ¿Cuándo, en qué sitio

    Le has encontrado, di?
    ABENFARAX
    Vile ha dos días

    Vagando en torno del castillo mismo
    Donde la reina está.
    EL REY
    ¿Le conociste?

    ABENFARAX

    (Con estupidez.)
    No; mas mi madre, la potente maga
    De la caverna del espectro, dijo
    Que el hombre aquel que pareció ocultarse,
    Era hermano del rey.
    EL REY
    ¿Y tú has seguido

    Siempre sus pasos desde entonces?
    ABENFARAX
    Siempre


    (Sonriéndose ferozmente.)
    Y tuve ya dos veces el cuchillo
    Puesto a su corazón cuando dormía.
    EL REY
    ¿Y qué te anima tanto a perseguirlo?
    ABENFARAX
    La sed de sangre, y alcanzar tu premio.
    EL REY
    ¿Y el mensajero de Aguilar?
    ABENFARAX

    (Con sonrisa.)
    Tendido

    Quedó en el campo; el golpe de mi daga
    Siempre en el corazón halla el camino.
    ¿Cuánto me pagarás si te presento
    Manando sangre el de tu hermano mismo?
    GARCÍA
    ¡Abenfarax, respeta a tu monarca!
    ABENFARAX
    Vosotros, cortesanos, sus caprichos
    Aduláis con palabras; yo tan sólo
    Sé con sangre adular.
    EL REY
    Tiembla, asesino,

    Tiembla, no sea que te dé mi mano
    El premio que merecen tus delitos.
    ABENFARAX
    ¿Es un crimen servirte?
    EL REY
    ¡Miserable!

    Servirme es tu deber. Junto al castillo
    Esta noche estarás en tu caverna;
    Yo iré allá solo y llevarásme al sitio
    Donde habita el traidor. (Aparte.): El me buscaba;
    El me hallará, le acortaré el camino.
    Déjame, Abenfarax.


    (Vase ABENFARAX.)


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:53

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO SEGUNDO

    ESCENA VI

    Dichos, menos ABENFARAX, LA PADILLA, LEONOR.

    LA PADILLA
    ¡Cómo! ¿Y te atreves

    A alzarte contra mí? ¿Burlas conmigo?
    ¡Teme mi rabia...!
    LEONOR
    Perdonad, señora;

    Es para el rey; dejadme, yo he ofrecido
    Entregársela a él mismo.
    LA PADILLA
    ¿Y tu osadía

    Se niega a obedecerme?
    LEONOR
    Mi designio

    Es entregarla al rey. ¡Ah! Perdonadme:
    Ved, señor, esta carta.

    (Se la da al REY.)
    LA PADILLA
    ¡Ultraje indigno!

    ¡Carta de Blanca! ¡De tu esposa...! ¿Y dejas
    Que así se alegre en el tormento mío
    Esta aleve mujer?
    EL REY

    (Con ironía.)
    ¿Blanca te envía?

    ¿Pide su libertad? ¿Teme el castigo
    Que merecen sus crímenes?
    GARCÍA
    Sin duda

    Os dará quejas con dolor mentido,
    Os dirá ingrato, os hablará de amores
    Con dolosas palabras de cariño.
    Por consejo de Enrique...
    EL REY

    (Repasando la carta.)
    ¿Y pide verme?

    LEONOR
    Muestra, señor, el pecho compasivo,
    Y oye la voz de tu inocente esposa.
    Yo os ofendo, tal vez; mas si vos mismo
    Llorar la vieseis en su triste cárcel,
    Pálida y abatida, sin alivio
    En su acerbo dolor, era forzoso
    Tener el corazón empedernido
    Para no sentir lástima. En sus labios
    Se escucha vuestro nombre de continuo.
    EL REY

    (Con sarcasmo.)
    ¿Sólo mi nombre? ¿Y el de Enrique, dime,
    No la oíste jamás juntar al mío?
    LA PADILLA
    ¿No te cansas de oírla? ¿No te enoja
    A par de su maldad ver su artificio?
    LEONOR
    No os irritéis; la reina es inocente.
    No deis, señor, a la calumnia oídos;
    La reina es inocente; ella os adora;
    Su amor aumenta su fatal martirio
    En su negra prisión. Sola, en perpetuo
    Abandono y horror, nunca el delito,
    Manchó su alma. Su continuo llanto,
    Su único pensamiento, sus gemidos,
    Son tan sólo por vos. ¡Ah!, pide hablaros,
    Vos, su sola esperanza, si ahora impío
    Sus quejas desoís...
    EL REY

    (Con sarcasmo.)
    ¡Yo, su esperanza!

    Bien; me verá: la mostraré yo mismo
    Su atrevimiento y su maldad.
    GARCÍA
    Si acaso

    Útil creyerais el consejo mío,
    Temed verla, señor; un alma fuerte
    Suele tal vez rendirse a los suspiros
    De una débil mujer.
    LA PADILLA

    (Aparte.)
    Y yo, ¿ultrajada,

    Habré de verme ante sus ojos mismos?
    ¡Antes perecerá!
    EL REY
    Leonor, ve y dile

    Que ha descubierto el rey un intento inicuo,
    Su perversa traición; que ya es inútil
    Cubrir so el velo del candor fingido
    Su corazón hipócrita; que es tiempo...
    LEONOR
    Piedad, señor, piedad; en su martirio
    Vais a darla la muerte.
    EL REY
    Sí, ve y dile

    Que me verá mañana.
    LEONOR

    (Aparte.)
    ¡Ya rendido

    A mi súplica está! ¡Mísera reina!
    Va a endulzar la esperanza tu destino.

    (Vase.)


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:55

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO SEGUNDO

    ESCENA VII

    Dichos, menos LEONOR.

    EL REY
    Sí, me verá y encontrará su amante
    Galán y hermoso, cual jamás le ha visto
    Yo mismo, yo, le mostraré a sus ojos.
    ¡Oh! Cuán alegre su cadáver frío
    Contemplará, cuando le mire yerto,
    Y a mí gozoso y en su sangre tinto.
    Sí, me verá.
    LA PADILLA
    Los celos te arrebatan.

    ¡Tú la adoras infiel! Sí, tu delirio
    Es delirio de amor: si tú la odias,
    Es porque Blanca adora a tu enemigo,
    Por celos, nada más.
    EL REY
    ¿Celos? Yo nunca

    La amé, ni aborrecí; su suerte ha sido
    Siempre a mi vista indiferente; ahora
    Es mi enemiga; justo es el castigo.
    GARCÍA
    Harto es penoso su fatal tormento.
    Muera, si es justo; pero no impasivo
    Querréis, señor, que la crueldad sentencie,
    En vez de la justicia, sus delitos.
    EL REY
    ¿Tú me aconsejas la piedad? ¿Te olvidas
    Que hablaste del rigor?
    GARCÍA
    Rigor benigno,

    Propio de la justicia.
    EL REY
    ¿Y tú imaginas

    Que debo yo marchar por el camino
    Que te dignes trazarme?
    GARCÍA

    (Muy turbado.)
    Yo... tan sólo...

    Intentaba, señor...
    EL REY
    ¡Calla! Ya he visto

    Cual era tu intención.
    LA PADILLA

    (Con sentimiento.)
    ¡Y yo la tuya!

    ¡Su castigo! ¡Infeliz! ¡Y yo he de verme
    De esa tu esposa al insolente arbitrio,
    Posternada a tus pies!... Antes la muerte
    Terminará el rigor de mi destino,
    Que verla yo gozando tus caricias,
    Y árbitra, ¡oh Dios!, del corazón que es mío:
    Árbitra, sí, del corazón que un día
    Mi único orgullo y mi ventura hizo,
    Que era mi único bien.
    EL REY
    ¡Cómo! ¿Tú piensas

    Que postrada a mis pies, débil suspiro,
    Falso como su alma, me enternezca?
    Yo sé oponer a frívolos gemidos
    Un corazón de bronce.
    LA PADILLA
    Tú imaginas

    Que podrás oponerlo; un falso brío
    Engaña tu razón: Blanca es hermosa
    Y aun más hermosa la verás; el brillo
    De su lánguida faz bañada en llanto
    Realzará su dolor; tú, compasivo,
    La verás a tus pies, oirás sus quejas,
    Y, acaso de sus lágrimas sentido,
    Olvidarás mi amor; y yo, entre tanto,
    Ya de su orgullo mísero ludibrio,
    Iré a llorar en su prisión un día
    Que osé elevar mi pensamiento altivo
    Al amor de un monarca, en que gozosa,
    Feliz me contemplé madre de un hijo...
    Dulce ilusión de mí esperanza; ahora,
    ¡Hijo infeliz para llorar nacido
    Con su madre también! ¡Ah! Tú creías
    Que Blanca, presa y en perpetuo olvido,
    Jamás podría dominar un pecho
    Que todo entero imaginaste mío.
    ¿Tú lo piensas aún? Tú no me amas;
    Yo he sido sólo efímero capricho
    De tu inconstante corazón; ahora,
    Al ver tu esposa que ama a tu enemigo,
    Los celos se apoderan de tu alma
    Viendo a tu odioso hermano preferido.
    Sí, no lo dudes; el amor de Enrique
    Es a tu vista el único delito
    Que ha cometido Blanca.
    EL REY
    Y bien, mañana

    Tú brillarás sobre su trono mismo,
    Al lado de su esposo: ante sus ojos
    Desplegarás la pompa, el atavío
    Por que suspira Blanca, y tú, tú propia
    Decretarás altiva su castigo,
    Y harás tu voluntad; el reino todo
    Se postrará obediente a tu albedrío,
    Y, ¡ay del que osado a murmurar se atreva
    De la beldad ante quien yo me rindo!
    GARCÍA
    Castro, señor, el temerario Castro,
    Intrépido se acerca hacia este sitio.


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    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) - Página 11 Empty Re: JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:56

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO SEGUNDO

    ESCENA VIII

    Dichos y CASTRO.

    CASTRO
    Un noble ante su rey pide justicia.
    EL REY
    ¡Justicia! ¿Contra quién?
    CASTRO
    Contra ti mismo.

    EL REY
    ¿Y de qué contra mí?
    CASTRO
    ¿Qué? De la afrenta

    Con que tú propio has empañado el limpio
    Lustre de mi familia, de la mancha
    Con que has borrado el esplendente brillo
    Del ínclito blasón de mis abuelos,
    Que en vano con mi sangre yo he querido
    Intacto conservar; del torpe engaño
    Con que víctima fue de tu capricho
    La honra de mi hermana. Sí, justicia,
    justicia ahora contra ti yo exijo.
    EL REY
    ¡Silencio! Castro, tu furor perdono;
    Necio, no intentes encender el mío.
    ¡Yo soy tu rey!
    CASTRO
    ¡Mi rey! Yo soy un noble,

    ¡Yo soy igual a ti! Sí, tan antiguo
    Es mi linaje como el tuyo; ahora,
    Si tu lascivia lo dejó abatido,
    Tuyo es el crimen, la vergüenza mía.
    Sólo porque eres rey justicia exijo.
    EL REY
    ¿Y si no fuera rey, habla, qué harías?
    CASTRO
    Ya hubiera hollado tu cadáver frío.
    EL REY
    Piensa que no lo soy; no te deslumbre
    El brillo de mi frente; muestra el brío
    De que tanto te jactas, ¡miserable!
    CASTRO
    ¿Yo, miserable? Ven. ¿Mi regocijo
    Tú no conoces ya?
    EL REY
    Yo te prometo

    Humillar tu altivez.
    GARCÍA
    Señor, no es digno

    De que vos mismo vuestra regia espada
    En su sangre empañéis.
    CASTRO

    (A GARCÍA.)
    ¡Cobarde inicuo!

    Tú sí mereces derramar la tuya
    En un cadalso vil.
    GARCÍA

    (Aparte.)
    (Yo necesito

    Que tú vivas aún, necio; no es este
    El precipicio a donde yo te guío.)
    EL REY
    ¡Cómo! ¿Y aún osas insultar a todos?
    Tú, delante del rey, osas altivo
    Su cólera irritar? ¡Mal caballero!
    CASTRO
    Yo, delante del rey, justicia exijo;
    Tú, por tu voluntad dejas de serlo
    Y yo, ya igual a ti, tan sólo pido
    Que decidan las armas.
    EL REY
    Bien, las armas

    Decidirán. Si un hombre en mis dominios
    Más valiente que yo se figurara...
    ¡Vive Dios...!
    LA PADILLA
    ¿Y por qué ciego, al capricho

    Has de arrojarte de la suerte? Piensa
    Que eres rey de Castilla, que el destino
    De un pueblo entero de tu vida pende;
    Que eres mi único bien, padre de mi hijo
    Que quedará en la tierra sin amparo,
    Si tú faltas, señor.
    CASTRO

    (Colérico.)
    Hijo maldito,

    Que en pecado y deshonra concebiste,
    Ramera despreciable; si tu brío
    Contiene una mujer; rey de Castilla,
    No hagas alarde de él: vuelve en ti mismo,
    Y abandónala ya: la espada empuña,
    Al campo corre a batallar conmigo;
    Allí te vengarás, o mi venganza
    Satisfecha será con tu suplicio.
    EL REY

    (Arrojándose a él.)
    ¡El tuyo aquí satisfará la mía!

    (LA PADILLA y GARCÍA le contienen.)
    ¿Y vos me contenéis, y así ese inicuo
    Se ha de burlar de mí?
    GARCÍA
    Señor, dejadle.

    LA PADILLA
    Despreciadle, señor; venid conmigo,
    No más tiempo escuchéis sus demasías.
    EL REY

    (Retirándose entre GARCÍA y LA PADILLA como a despecho suyo.)
    ¡He de arrancarte el corazón yo mismo!




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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:57

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO SEGUNDO

    ESCENA IX

    CASTRO, solo.


    Anda, cobarde, más para verdugo
    Que para el cetro y el poder nacido.
    ¡Tiembla! Mil brazos se armarán; mi furia
    Encenderá la guerra en tus dominios,
    Guerra cruel, interminable, eterna,
    Guerra de maldición: en sangre tinto
    Tú me verás ante tu propio trono
    Arrojarme a matarte. Sí, el cariño
    Goza de tu manceba; mi venganza
    Será cruel cual tu delito ha sido.
    ¡Yo he de hacer ver al asombrado mundo
    Otro nuevo Julián y otro Rodrigo!




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    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) - Página 11 Empty Re: JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 18 Sep 2020, 06:59

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO SEGUNDO

    ESCENA X

    HERNANDO, CABALLEROS y dichos.

    HERNANDO
    Huye, Castro, de aquí. Pedro me envía,
    En ira y saña contra ti encendido,
    Para prenderte.
    CASTRO
    ¿Y qué? ¿Piensas, Hernando,

    Sus órdenes seguir?
    HERNANDO
    ¿Y tú, hijo mío,

    Lo preguntas? Jamás: Huye, no sea
    Que cumpla su mandato un enemigo
    Nuestro.
    CASTRO
    Yo huiré, para volver más tarde

    A clavarle un puñal.
    PRIMER CABALLERO
    En estos sitios

    Ha llegado ya Enrique; está dispuesto
    Todo para romper.
    HERNANDO
    ¿Y aquí tranquilos

    A conspirar os atrevéis?
    PRIMER CABALLERO
    La reina

    Mañana mismo dejará el castillo,
    Y libre al fin, se asentará en el trono,
    Que con Enrique cobrará el perdido
    Castellano esplendor.
    CASTRO
    De su venganza

    Seré yo ejecutor: si mi destino
    Es perecer vengándome, ¡dichoso
    Rendiré entonces mi postrer suspiro!
    Yo daré el primer golpe, yo el primero
    Me arrojaré a la lid, yo mi cuchillo
    El primero hincaré.
    SEGUNDO CABALLERO
    Nosotros todos

    Secundaremos tu animoso brío.
    HERNANDO
    ¡Qué! ¿No tembláis de conspirar ahora,
    Del rey cruel en el palacio mismo?
    ¿Queréis hacer vuestro valor inútil,
    Dando tal vez del alzamiento indicios?
    Vamos presto de aquí.
    PRIMER CABALLERO
    Vamos a Enrique,

    A libertar a Blanca.
    CASTRO
    El asesino

    De mi hermana caerá; yo os lo prometo.
    El agravio de Blanca ya es el mío.




    FIN DEL ACTO II


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    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) - Página 11 Empty Re: JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:26

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO TERCERO

    El teatro representa el campo; a la derecha está el castillo, prisión de BLANCA, con rejas de hierro salientes; a la izquierda se eleva una montaña escabrosa, toda coronada de rocas, entre las cuales, a cierta altura, se ve la boca de una caverna. De la cima de esta montaña, así como alrededor y al lado del castillo, siguen dos bosques dejando un claro por donde se descubre el Guadalquivir. El fondo del teatro es la otra orilla del río. Es de noche y sólo alumbra la luz que arde dentro de la caverna.


    ESCENA I



    LA MAGA y ABENFARAX, aguzando un puñal.

    ABENFARAX
    Mejor después lo aguzaré en su sangre.


    (Mostrándole el cuchillo a su madre.)

    ¿No está bastante ya? Pronto en su pecho
    Ha de hacerse la prueba.
    LA MAGA
    No, hijo mío;

    Tú no le has de matar; su hermano mismo
    Tiene que asesinarle. ¿No concibes
    Mi regocijo, cuando Enrique muerto
    Por la espada de Pedro yo contemple,
    Al un hermano hollar del otro el cuerpo?
    ABENFARAX
    Sí, madre, sí; pero su sangre entonces
    No verás humeando en el acero
    De tu hijo; ni al dártelo en tu mano;
    Oiré las carcajadas del espectro
    Que vaga en la caverna.
    LA MAGA
    Cuando Enrique

    A los pies de su hermano caiga yerto,
    En las redoblará: yo le he ofrecido
    Un fratricidio horrible; en el infierno
    Festejarán al recibir a Enrique,
    Y aprestarán a Pedro otro festejo.
    ¡Jamás sentí tan puro regocijo!
    Ni aunque volviera al fortunado tiempo
    Cuando, en mi patria venturosa y joven,
    Libre viví de los cristianos hierros,
    ¡Tanto gozo y placer sentir pudiera!
    Es imposible, no; los amos nuestros
    Entre sí se encarnizan. ¡Ah!, su sangre
    Al fin mi pecho beberá sediento.
    Y venganza juré: para saciarla
    Yo os evoqué, demonios del Infierno,
    Y vosotros vinisteis, y mi dicha,
    Mi único gozo, mi mayor contento,
    Fue cuando vi que, a mi furor sensibles,
    Un hijo como tú me concedieron:
    Un hijo en que a mi vista se retrata
    La propia forma y el semblante de ellos.
    ABENFARAX

    (Con alegría brutal.)
    Tus furores, ¡oh madre!, son mi halago;
    Son mi mayor placer, cuando te veo
    Correr el bosque en la sombrosa noche,
    Con alaridos y horrorosos gestos;
    Cuando te escucho hablando solitaria
    Y oigo de los demonios el acento,
    Entonces yo con júbilo y con risa
    Contemplo tu furor.
    LA MAGA
    ¡Júbilo horrendo

    Que refresca mi alma! Sí, tu risa
    Es la luz del relámpago funesto,
    Precursora del rayo. ¡En tu miseria,
    Tú, al cabo, eres feliz! Tu horrible aspecto
    Es terror de los hombres, tu cuchillo
    De su maldita sangre está cubierto,
    Goteándola siempre; tu alegría
    Es verlos a tus pies; hasta el tormento,
    La furia misma de tu misma madre
    Es para mí un placer.
    ABENFARAX
    Yo te prometo

    Darle el tuyo también; pronto a ofrecerte
    Vendré de Enrique o de su hermano el cuerpo,
    Y, sin ir a excavar las sepulturas
    Para traerte descarnados huesos,
    Su vil cadáver palpitante acaso,
    Servirá a tus encantos.
    LA MAGA
    Y otro luego

    Me servirá también: la del castillo,
    La que allí gime en miserable encierro,
    También perecerá. Blanca es cristiana,
    Y esposa fue del delincuente Pedro.
    La Padilla, celosa, la detesta,
    Y aguarda sólo mí fatal consejo
    Para matarla; sí, Regó ya el día
    De hartar de sangre mi sediento pecho.
    ABENFARAX
    Regocíjate, ¡oh, madre! Yo te juro
    Traértela también.
    LA MAGA
    Allá entreveo

    Por el bosque una sombra; si es Enrique,
    Antes que llegue, en la caverna entremos.
    ABENFARAX
    Si me dejaras, madre, asesinarle...
    LA MAGA
    No; su hermano lo hará.

    (Entran en la caverna.)


    Última edición por Pascual Lopez Sanchez el Sáb 19 Sep 2020, 00:28, editado 1 vez


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    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) - Página 11 Empty Re: JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:27

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO TERCERO

    ESCENA II

    LA PADILLA, sola (Aparece por la espalda del castillo.)


    ¡Qué hondo silencio

    Reina en la soledad! ¡Qué triste calma!
    Tal vez el ruido súbito del viento
    Me hace estremecer. ¡Oh cuánto el crimen
    Aquí en la soledad remuerde el pecho!
    No hay voz de cortesanos que lo halague;
    No aquí lo aplaude el engañado pueblo,
    Y el grito de la tímida conciencia
    Se eleva a resonar en el silencio,
    Más tremendo que nunca, y nunca el día
    Llega de arrepentirme. Amor funesto,
    Precipita mis pasos en el crimen;
    Y yo su senda abandonar no puedo,
    Y arrastrada por mano del destino
    La sigo con vergüenza a mi despecho.
    Pero la sigo, al fin. Tal vez mañana
    Reciba yo el castigo que merezco.

    (Se para delante del castillo.)
    Aquí está mi rival; he aquí su cárcel.
    ¿Quién sabe acaso si rompió sus hierros,
    Y, libre al lado de su amante Enrique,
    Espera ahora recobrar el cetro
    Que mi amor le robó? ¿Quién, si yo misma
    Vendré a ocupar el solitario encierro
    Donde yo la arrojé? Tal vez... ¡Ah! Blanca
    Al fin inspira compasión al pueblo.
    Mientras que yo, infeliz, yo únicamente
    Puedo esperar su escarnio y su desprecio.
    ¿Y mi hijo? ¡Gran Dios! ¡Ah! Nunca, nunca
    Yo me arrepentiré, no; consultemos
    La Maga de estos bosques; sus furores
    Yo misma igualaré: cólera y fuego
    Brotará el corazón. ¡Oh!, si es forzoso
    Perder al fin el esperado reino
    Y verme puesta a voluntad de Blanca
    Implorando perdón, yo haré un veneno
    Que ella habrá de gustar, y ambas entonces
    Gozaremos al ver nuestros tormentos
    Moribundas las dos: nuestra venganza
    Así veremos satisfecha a un tiempo.

    (Se acerca a la cueva y dice):
    Maga de la caverna, yo te imploro;
    Una infeliz demanda tus consejos.




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    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) - Página 11 Empty Re: JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:30

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO TERCERO

    ESCENA III

    LA MAGA desde la caverna, responde:


    ¿Quién interrumpe con su grito ahora
    Mi trabajo infernal? Mujer, tu intento
    Me es conocido ya; yo sé quién eres;
    Vienes, Padilla, a consultar mi espectro.
    ¡No entres en la caverna!
    LA PADILLA
    Si mis males

    Te ha revelado el poderoso genio
    Que te protege, ¡oh Maga!, sé piadosa,
    Ten de mí compasión.

    (Se oye un ruido dentro de la caverna, seguido de una carcajada horrible.)
    LA MAGA

    (Dentro.)
    Inútil ruego.

    ¡Compasión! ¡Compasión! ¡Ah! Los cristianos
    Imploran compasión... ¿Y cuándo ellos
    La tuvieron jamás? Mas tú, María,
    Eres también querida del infierno,
    Querida como yo; tú, sí, mereces
    Llegar a ver cumplidos tus deseos.
    Ánimo y me verás.

    (Sale de repente con una antorcha en la mano, desgreñada y como de en medio de las llamas.)
    ¡Mujer!, qué, ¿tiemblas?

    Acostúmbrate ya. ¿Ves este incendio...?
    En él ha de acabarse tu hermosura.
    Tus gustos, tu poder. ¡Ese es el fuego
    Que en el infierno abrasará tu alma
    Toda una eternidad! ¡Qué! ¿Te amedrentas?
    Acostúmbrate ya; justo, muy justo,
    Es que corone tu trabajo un premio
    Digno de tu maldad. ¿Cuándo gozará
    Placer el triste, si, después de muerto,
    No pudiera reír del poderoso
    Y burlar de su angustia?
    LA PADILLA
    Esos tormentos

    Te guarda el cielo a ti. ¡Calla! ¿No sabes
    Que yo, si irritas mi furor, te puedo
    Hacer arrepentir? ¿No me conoces?
    ¿Sabes tú quién yo soy?
    LA MAGA
    En ti yo veo

    La manceba del rey. ¡Desventurada!
    Tu furia es impotente; mi recreo
    Es verte así sufrir, verte así humilde
    Ajar tu orgullo y tu esplendor soberbio
    ¿Y qué puedes tú hacerme? Tu destino
    Está en mi mano; en mi poder yo tengo
    Tu vida, todo; y el monarca mismo,
    Que humilde pone ante tus pies su cetro
    Y que te anima a amenazarme, sólo,
    Cuando tú fueras muerta, con lamentos
    Te pudiera vengar; tú no conoces
    Que, árbitra yo de poderosos genios,
    Trastornar puedo a mi placer el mundo,
    Hacer dejar sus tumbas a los muertos,
    Mover tormentas, a mi voz calmarlas,
    Hacer estremecerse los infiernos
    Y mostrar sus abismos. ¡Miserable!
    Yo sí que ahora aniquilarte puedo
    Sólo de una mirada; si no fuera
    Que seres como tú son instrumentos
    Siempre de mi furor, aquí, ahora mismo,
    Se abrieran a tus pies bocas de fuego
    Para sumir tu orgullo.
    LA PADILLA

    (Con temor.)
    ¡Ah! Yo te pido

    Que me escuches no más. Ya que encubierto
    No hay nada para ti, di: ¿mi destino
    Será siempre feliz, o quizá adverso
    Ha de tornarse pronto? ¿El rey acaso
    Olvidará mi amor? ¿Veré yo el reino
    Gobernado por Blanca?


    (Aparece la luna por cima del monte y refleja el río.)

    LA MAGA
    No, tu estrella

    Radiante siempre brillará en el cielo,
    Aunque ahora alumbre opaca y temerosa.
    Mas te es forzoso exterminar primero
    La esposa de tu rey. Blanca es forzoso
    Que muera al punto. El inconstante pecho
    De Pedro la amará, si tú retardas
    La muerte de su esposa que...


    Se oye una voz cantando acompañada de un arpa, acercándose por el río; todo van sucediendo como dice LA MAGA.

    LAVOZ
    Lloraba la hermosa Elvira
    En su lóbrega prisión,
    Donde tirano su esposo
    Por otro amor la olvidó.
    ¡Ay, Elvira! ¡Elvira! ¡Elvira!
    Sólo te llora
    Tu trovador.
    LA MAGA
    ¡Silencio!

    ¿No oyes, Padilla, un armonioso canto
    Y el son de un arpa resonar no lejos,
    Y de un barco el rumor...?
    LA VOZ

    (Más cerca.)
    Todo sirve a recordarla
    La libertad que perdió;
    Responden sólo a sus quejas
    Los ecos de su prisión.
    ¡Ay, Elvira! ¡Elvira! ¡Elvira!
    Sólo te llora
    Tu trovador.
    LA MAGA
    En el castillo

    La silenciosa reja han entreabierto;
    He allí Blanca y Leonor: aquí a esta sombra
    Ocultémonos, pues.


    Pasan LA MAGA y LA PADILLA a la derecha del teatro, cerca del castillo de BLANCA, entre los árboles, sin abandonar el foro. La reina y LEONOR, aparecen en una ventana del castillo.

    LAVOZ

    (Ya junto al foro.)
    Todos olvidan la hermosa
    Que un tiempo reina brilló,
    Sólo la llora el que siempre
    Sin esperanza la amó.
    ¡Ay, Elvira! ¡Elvira! ¡Elvira!
    Sólo te llora
    Tu trovador.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:31

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO TERCERO

    ESCENA IV

    Dichos, BLANCA, LEONOR.

    BLANCA
    ¿Leonor, es cierto?

    ¿Será la voz de Enrique?
    LEONOR
    Sus promesas

    Ved cómo, al fin, cumplió; llegó el momento
    En que va a renacer nuestra esperanza,
    En que vais a ser libre: yo he de veros,
    Reina, otra vez feliz...
    BLANCA
    ¡Ah! Tú deliras

    Y te finges, Leonor, sabrosos sueños
    Que están lejos de ser.
    LEONOR
    Dejad, señora,

    Esas tristezas ya; mostrad esfuerzo;
    Estad alegre como yo; el sonido
    Cesó del canto y lo repite el eco;
    Ved, Enrique está allí.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:33

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO TERCERO

    ESCENA V

    Dichos y ENRIQUE, que embozado en su capa, salta en tierra.

    LA MAGA

    (A LA PADILLA.)
    ¿No le conoces?

    Ve allí el bastardo que se lanza al riesgo
    Sin conocer el lazo.
    LA PADILLA
    ¿Es éste Enrique?

    LA MAGA
    ¿Por qué tiemblas, mujer? Tu triunfo es cierto;
    Él viene a perecer.


    (ENRIQUE pasa al pie del castillo y reconoce a BLANCA.)

    BLANCA
    ¡Enrique!
    ENRIQUE
    ¡Blanca!

    ¡Cuánto es sabroso al corazón tu acento!
    Cobra esperanza ya; mañana el día
    Es de tu libertad; cien caballeros
    Hoy por la cruz juraron de su espada
    Salvarte o perecer: mi hermano mesmo
    Nos presta la ocasión. ¡Ah! No lo dudes,
    Mañana el cielo auxiliará su esfuerzo.
    BLANCA
    ¿Y tú, dónde estarás? ¡Ah! Teme, Enrique,
    Y no al peligro te despeñes ciego.
    ¿Por qué mañana, di?
    ENRIQUE
    Nunca, o mañana.

    Ninguno es el peligro; el triunfo es nuestro.
    Y va a abrirse tu cárcel; mis amigos
    La súplica que hiciste al rey supieron,
    Y su intento también. Cuando tú salgas
    Mañana de su corte y piensen ellos
    Volverte a tu prisión, Castro animoso,
    Espada en mano, romperá tus hierros,
    Sorprendiendo tu guardia: yo, entretanto,
    Cerca te aguardaré; todo dispuesto
    Allí estará para auxiliar tu fuga,
    Y verte libre y en tu patrio suelo.
    LA PADILLA
    Muerta primero la verás.

    (Siempre al paño.)
    LA MAGA
    ¡Ah! ¡Libre...!

    La habrás de libertar después de muerto.

    (Suelta una carcajada.)
    BLANCA
    ¿No has entendido hablar?
    ENRIQUE
    No temas, Blanca:

    Nadie puede escucharnos.
    BLANCA
    ¡Ah! Yo tiemblo.

    ¿No has sentido una voz?
    ENRIQUE
    No, nada temas.


    (Registra a un lado y a otro y vuelve.)
    Era sólo ilusión; reina el silencio.
    El ruido melancólico del agua,
    O el rumor en los árboles del viento,
    Te ha engañado tal vez; mañana el día
    Con nueva luz alumbrará sereno
    Y calmará tu sobresalto, Blanca,
    Nada exijo de ti; ¿nada merezco?
    ¡Ah! Tú jamás te acordarás de Enrique:
    Tus lágrimas, tu amor, tu pensamiento,
    Sólo posee el tirano que te oprime,
    ¿No tendrás una lágrima, un recuerdo
    Al menos para mí?
    BLANCA
    ¿Por qué mis penas

    Gozas en amargar? ¡Ah! Tu tormento
    Agrava, más que todo, mi desdicha.
    Yo le idolatro, Enrique, a mi despecho.
    Ten lástima de mí: calma tu gente
    Y reprime su ardor; retarda al menos
    Tu aventurada empresa; si, mañana
    Tal vez el rey se doblara a los ruegos
    De su esposa infeliz; tal vez entonces
    Dichosa y libre me veré, sin riesgo,
    Sin que peligres tú.
    ENRIQUE
    Piensas en vano

    Que han de ablandar tus lágrimas el pecho
    De un monstruo de crueldad. ¿Cuándo el balido
    Del corderillo mísero al hambriento
    Lobo compadeció? Llegó ya el día
    De alzar la frente, de blandir el hierro,
    De lanzarse a la lid: mañana mismo
    Es forzoso empezar.
    BLANCA
    ¡Oh! Quiera el cielo

    tu vida proteger.
    LEONOR
    La ronda ahora

    Hace mi padre del castillo, y siento
    Sus pasos acercarse.
    BLANCA
    Adiós, Enrique,

    Ten compasión de mí.
    ENRIQUE
    Blanca, a lo menos

    Guárdame tu amistad; piensa que Enrique
    Es infeliz por adorarte ciego.


    (BLANCA y LEONOR cierran la ventana y se retiran.)


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:34

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO TERCERO

    ESCENA VI

    ENRIQUE se retira por la espalda del castillo, haciendo de modo que cruce a colocarse detrás de la caverna. LA MAGA y LA PADILLA vuelven a donde estaban antes de ocultarse.

    LA PADILLA
    Blanca ya se alejó.
    LA MAGA
    Su muerte ahora

    Es fuerza apresurar.
    LA PADILLA
    ¿Y quién su brazo

    Prestará a mi furor?
    LA MAGA
    Tienes el hierro,

    Y el veneno a elegir: si el rey acaso
    No consiente que muera, yo te ofrezco
    Asesino y puñal.


    (ENRIQUE aparece a poca distancia de ellas, y recatándose.)

    ENRIQUE

    (Aparte.)
    Aquí el encanto

    De estas selvas está, la voz que a Blanca
    Ahora sobresaltó.
    LA PADILLA
    Y el vil bastardo

    Que intenta darla libertad mañana,
    ¿Piensa que vencerá?
    LA MAGA
    ¿Vencer?, sus pasos

    Sin él saberlo a perecer le guían.
    Antes que nuevo sol tienda sus rayos
    Habrá expirado; la postrera noche
    Es esta de su vida.
    LA PADILLA

    (Con sarcasmo.)
    ¡Temerario!

    El mismo causará la justa muerte
    De su adorada Blanca: el insensato
    De nuevo ya mi enemistad provoca:
    ¡Triste de aquel que, en medio del océano
    Desprecie su furor, viéndole en calma!
    Él se abrirá para tragarle airado.
    ENRIQUE

    (Aparte.)
    Nombran a Blanca: mis intentos saben;
    Los suyos yo descubriré: atendamos.
    LA MAGA

    (Con alegría infernal.)
    Esa orgullosa cólera me alegra.
    Me ensancha el alma. ¡Réprobos cristianos!
    Corred a la matanza; en vuestra sangre
    Hundid los brazos, reteñid los labios;
    Hartaos de matar; nunca descanse
    Vuestro horrible puñal; exterminaos.
    ¡Oh!, quién me diera contemplar muriendo
    Vuestra maldita raza, vuestras manos
    Rasgando vuestros pechos, vuestros hijos
    El seno de sus madres destrozando;
    Y ver vuestras entrañas palpitantes
    De hambrientos perros regalado pasto,
    Y el hondo abismo del infierno abierto,
    Sus gargantas de fuego, jadeando,
    Los demonios abrir, entre humo y llamas,
    Ciudades sepultar, reinos cristianos.

    (Asiendo fuertemente del brazo a LA PADILLA.)
    Mujer que anhelas sangre, un hijo mío
    vuestra sed calmará. Sangre en el cráneo
    De Blanca beberás.
    LA PADILLA
    ¡Ah! Tus furores

    Me estremecen. ¡Gran Dios!
    LA MAGA
    ¿Dios? Es en vano

    Que le llames aquí, sólo a ese nombre
    Pudiera el cielo responder tronando,
    Si te escuchara Dios, Mujer responde:
    ¿Quieres que muera Blanca? Ya ni un paso
    Puedes retroceder; un hondo abismo
    Se abre detrás de ti, vano es el llanto,
    Vano es rogar, arrepentirse inútil;
    Fuerza es seguir por el camino usado.
    ¿Quieres que muera Blanca?
    LA PADILLA
    Sí; es forzoso,

    Es forzoso que Blanca o yo muramos.
    ENRIQUE

    (Se presenta delante de ellas con la espada desnuda y armado.)
    Nunca; vosotras, infernales furias,
    Sí que vais a morir. Temblad; mi brazo
    Blande la espada con que el cielo mismo
    Va a castigar vuestro delito infando.
    LA MAGA

    (Sonriéndose.)
    ¿Vienes tú a castigarnos?
    LA PADILLA
    Caballero...

    ¿Y osas cobarde levantar tu mano
    Contra mujeres débiles?
    ENRIQUE
    ¿Mujeres?

    Con rostro de mujeres, sanguinarios
    Corazones de tigres son los vuestros:
    Corazones de hiena, cuyo pasto
    Es sangre de inocentes.
    LA MAGA
    Sí; y el tuyo

    Inocente es también, infame hermano
    Del rey infame del cristiano pueblo.
    ¡Ah, ya caíste en el tendido lazo!
    Cerca está de sonar tu última hora;
    La muerte ya con silencioso amago
    Te estrecha en derredor, ¡Genios terribles!
    ¡Espíritus del tártaro, alegraos!
    Vuestra víctima es esta: aquí ella misma
    Codiciosa su fin viene buscando.
    ¡Angeles de la muerte, y tú, hijo mío,
    Ministros de mi furia, aquí mostraos!
    ENRIQUE
    Tus gritos no me espantan, ¡miserable!
    Llama en tu auxilio los agentes vanos
    De tu necio furor, llámalos, grita;
    No salvarán tu vida tus encantos.


    (Se arroja a ella, y LA MAGA de un salto, deshaciéndose de él, se pone a la boca de la caverna.)

    LA MAGA
    Impotente es tu cólera, ¡Demonios!
    ¿No piden sangre vuestros secos labios?
    Aquí está vuestra víctima. Hijo mío,
    ¿No tiembla tu cuchillo entre tus manos?
    ¡Qué! ¿No te dice el corazón que hay sangre?
    ¡Ministros de mi furia! ¡Aquí mostraos!


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:37

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO TERCERO

    ESCENA VII

    Dichos y ABENFARAX,con serenidad estúpida. ENRIQUE retrocede, como asombrado.

    ABENFARAX

    (Sobre las breñas.)
    ¿Hay, madre, ya que asesinar a alguno?
    LA MAGA
    Regocíjate, sí.
    ABENFARAX
    Su mismo hermano,

    ¿No le había de matar?
    ENRIQUE
    Hombre o demonio.

    Sólo un ser como tú puede ser parto
    De esta furia infernal. Baja, que el cielo
    Redobla ya el esfuerzo de mi brazo,
    Que se alza a castigarte.
    ABENFARAX

    (Mofándose brutalmente y bajando muy despacio.)
    Ya hace tiempo

    Que te persigo yo. ¿Te causo espanto?
    Nada ternas de mí; yo intento sólo
    Retorcer mi puñal, cuando a enclavarlo
    llegue en tu corazón.
    ENRIQUE
    ¡Vil asesino!

    Vosotros, si matáis, matáis temblando,
    No frente a frente. Un solo caballero
    Mil como tú desprecia; tú, malvado,
    Vas a morir; yo libraré a la tierra
    De tu madre y de ti, monstruo inhumano.


    (Se va hacia él y LA PADILLA se interpone.)

    LA PADILLA

    (A LA MAGA.)
    Detén tu hijo.
    LA MAGA

    (A LA PADILLA.)
    ¡Y qué! ¿No es tu enemigo?

    LA PADILLA
    Es mi enemigo, sí; pero es hermano
    También del rey, y su valor merece
    Otra espada más digna, otro contrario.
    Detén, Maga, tu hijo.
    ABENFARAX
    Yo ya es fuerza

    Que beba sangre. Para ti he aguzado
    Esta noche el puñal.
    ENRIQUE
    ¡Muere, asesino!


    (Arrojándose a él y luchando los dos.)


    (EL REY y GARCÍA, embozados, salen por el lado del castillo.)

    EL REY

    (Aparte a GARCÍA.)
    Las voces son en la caverna; en alto
    Una espada relumbra; apresuremos
    Nuestros pasos allí: pronto, corramos.
    LA MAGA

    (Animando a su hijo.)
    ¡Lánzate a él, devórale, hijo mío!
    LA PADILLA

    (Aparte.)
    Dos hombres llegan con veloces pasos.
    ¡Triste de mí si me conocen! ¡Cielos!
    ¡Verme reunida a seres tan malvados...!

    (Ocúltase entre los árboles.)
    GARCÍA

    (Al REY.)
    Son Enrique y Farax.
    EL REY

    (En voz alta a los que pelean.)
    ¡Tened, cobardes!

    (Suspenden el combate y miran al REY.)
    ENRIQUE
    ¿Y quién cobarde me apellida? ¿Acaso
    Otro asesino vil? ¡Eh! Caballeros,
    Quien quiera que seáis, podéis marcharos.
    EL REY
    O acometerte y arrancarte el alma.
    Y darte así de tu traición el pago.
    ENRIQUE
    ¡Traición! ¡Traición! Y bien, acometedme
    juntos todos, venid: solo os aguardo.
    ABENFARAX
    Sobre ti nos verás.
    EL REY

    (Deteniéndole bruscamente.)
    ¡Tente, asesino!

    Yo juro a Dios que el que adelante un paso
    Cae tendido a mis pies.
    LA MAGA
    Ven, hijo mío;

    Ellos se matarán.
    EL REY

    (Siempre sin descubrirse.)
    ¡Traidor villano!

    Yo vengo a hundir mi espada en tus entrañas
    ¿Tú me buscabas?, ya me has encontrado:
    Yo salgo a recibirte.
    ENRIQUE
    No imagines

    Que el duelo yo retarde; mas si acaso
    Iguala tu linaje a tu osadía,
    Sepa tu nombre el que aborreces tanto,
    El que tu reto acepta.
    EL REY
    ¡Miserable!

    No pregunto yo nunca a mi contrario
    Su nombre en la batalla; empero, sabe
    Que no me nombran, como a ti, el bastardo,
    Ni me llaman traidor; que espada en mano
    Decido siempre diferencias mías,
    Y nunca con traición.
    ENRIQUE
    ¡Traición! ¿Y cuándo

    La he cometido yo? Sólo ese nombre
    Diera a mis hechos el indigno esclavo
    Que el lodo inmundo encenagado vive,
    Gozoso en su baldón. Vil cortesano,
    Si el rey mi hermano a batallar te envía
    Contra el que osaste apellidar bastardo,
    Tiembla no sea que mi espada vengue
    En ti mi injuria, y que escarmiente al bajo
    Cobarde adulador, que a ser se ofrece
    Ministro vil del mísero tirano,
    A cuya vista tiembla.
    EL REY
    ¿Y qué, tu sólo

    No le habías de temblar? Más humillado
    Has de verte a sus pies que los que, altivo,
    Osas ahora apellidar esclavos.
    ¡Defiéndete!

    (Quítase el embozo y se presenta armado.)
    ENRIQUE

    (Retrocediendo.)
    ¡Es el rey!


    (LA PADILLA sale de donde estaba.)

    LA PADILLA
    ¿El rey? ¡Oh, cielos!

    ¿Piensas, Enrique, asesinar tu hermano?
    EL REY
    Huye de aquí, mujer; mírame, Enrique.
    ¿Me conoces? Defiéndete.
    LA PADILLA
    ¡Insensato!

    Si así tu vida en despreciar te empeñas,
    He aquí mi corazón; tu acero insano
    Clava bárbaro en él.
    ENRIQUE

    (Envainando la espada, con extrañeza.)
    ¿Tú me buscabas?

    EL REY
    ¿No te mostró mi cólera tu hermano?
    Yo te buscaba, sí; yo te aborrezco.
    Vengo para satisfacer nuestros agravios.
    Sé tus ofertas, tu traición, tu infamia;
    Todo, Enrique, lo sé; piensas en vano
    Tus tramas ocultar: fuerza es ahora
    La máscara arrojar, lanzarte al campo,
    Exponerte a morir. ¡Pérfido! Sabes
    Que estoy al fin de tus maldades harto.
    ENRIQUE
    ¡Tú me llamas traidor! Ese es el nombre
    Con que siempre los déspotas tacharon
    Al que brioso, independiente y libre,
    Osa arrostrar sus bárbaros mandatos.
    ¿Con qué derecho a tu capricho piensas
    Los hombres todos sujetar esclavos?
    EL REY
    Mi esfuerzo y mi valor me dan seguro,
    Y en mi propio derecho me afianzo,
    Y al vil traidor que mi enemigo sea
    Para hacerle morir basta mi brazo.
    ENRIQUE

    (Con despecho.)
    Eres mi hermano al fin.
    EL REY
    ¡Bajo cobarde!

    ¿Me das ahora el nombre de tu hermano
    Por dar disculpa de tu miedo indigno?
    ¿No era tu hermano yo cuando has osado
    Alzarte contra mí, juntar secuaces,
    Salvar a Blanca, arrebatarme el mando
    Y aun la vida? ¡Pérfido! Ahora
    Hiéreme si te atreves, yo te aguardo,
    Diversa sangre por tus venas corre
    Que la que hierve en mí. ¿Quién? ¿Tú, mi hermano?
    Vergüenza eterna para mí sería
    Dar tan honroso título a un bastardo.
    ENRIQUE
    Quien nos ha dado el ser fue un mismo padre,
    Que hizo un hombre de mí; de ti, un tirano.
    EL REY
    La que te dio a ti a luz fue una ramera
    Y de ella hubiste lo cobarde y bajo
    De tu alma ruin.
    ENRIQUE
    ¿Y quién más causa

    Ha dado a la venganza? Mis agravios,
    Tus injusticias, tu altivez, tu furia,
    Harto disculpan mi traición si acaso
    Llamarse así mis hechos merecieran...
    EL REY
    Si te resienten mis ofensas tanto,
    Yo ante ti mismo las mantengo todas,
    Para unir el baldón a los agravios.
    Satisfácete ya, la espada sea
    Único juez y mediador de entrambos.
    LA PADILLA

    (Al REY.)
    ¿Y siempre tú te arrojarás al riesgo
    De morir o matar? ¿Nada mi llanto
    Puede alcanzar de ti?
    EL REY
    ¿Qué? ¿Tú proteges

    También a mi enemigo?
    ENRIQUE
    Yo retado

    Yo al duelo respondí siempre; mi espada
    Pronta y mi brazo está para aceptarlo.
    Testigo Dios y el universo entero
    Que si mi mano contra ti levanto,
    Es pesaroso y a despecho mío,
    Es porque tú me fuerzas.

    (Pone mano al puño de su espada.)
    EL REY
    Cuanto hago

    Y quise hasta aquí hacer está bien hecho
    Por haberlo hecho yo, que nunca he dado
    De mis gustos razón: Sí, yo insulto,
    Yo te fuerzo a lidiar, yo, porque ansío
    Verte a mis pies y sin razón alguna,
    Sólo por ser mi voluntad lo hago.
    ENRIQUE

    (Con pesadumbre.)
    ¿Y habré yo al fin de desnudar la espada
    Contra un hermano, yo?
    EL REY
    Tú, al fin, bastardo

    Y cobarde a la vez, la luz del día
    Te halle lejos de aquí. Lleva tus pasos
    Donde tu nombre yo jamás escuche,
    Y olvide así tu nacimiento aciago
    Y que existes también; yo te desprecio,
    Te juzgo indigno de probar mi brazo,
    Y te ordeno partir. ¡Ah!, si mañana
    Tus intentos seguir piensas acaso,
    Y aún te ocultas aquí, por cielo y tierra
    Juro hacerte morir en un cadalso
    Para infamia mayor; huye, y si osas
    Con los tuyos volver, llámame al campo.


    (Le vuelve la espalda. ENRIQUE le mira con desdén y se retira despacio a emboscarse por la derecha.)

    GARCÍA
    ¿Y así dejáis vuestro enemigo libre,
    Para que junte su ominoso bando
    Y vuelva contra vos?
    LA MAGA

    (Aparte a su hijo.)
    Síguele, y muera.

    ABENFARAX

    (Aparte a LA MAGA.)
    Yo te lo juro: morirá a mis manos.


    (Vase por donde se fue ENRIQUE.)

    EL REY
    Cobarde ahora se mostró a mis ojos;
    Yo le desprecio ya; lleno de espanto
    Temblará siempre al recordar mi nombre
    Y nunca más parecerá en el campo
    A arrostrar mi furor. Darle la vida
    Es aun mayor castigo que matarlo.


    (Va a retirarse, y LA MAGA se presenta delante de él como inspirada de repente.)

    LA MAGA
    El denso velo que el destino cubre
    Miro rasgarse ya. Rey de cristianos,
    Oye mi voz, y a mi tremendo acento
    Ronco responda el tártaro tonando.
    Próximo está tu fin; ya tu enemigo
    Con alta pompa y esplendente fausto
    Va muy pronto a brillar; óyeme y tiembla:
    ¡La vida, sí, te arrancará tu hermano!


    (EL REY titubea un momento como sorprendido; la mira después con desprecio, y hace ademán de irse, y cae el telón.)



    FIN DEL ACTO TERCERO.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:40

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO CUARTO

    Un salón con dos tronos, varios caballeros armados.


    ESCENA I

    PRIMER CABALLERO
    Mano y guante te doy.
    SEGUNDO CABALLERO
    Yo lo recibo

    Y a fe de noble por mi honor te ofrezco
    Salvar a Blanca o perecer.
    HERNANDO
    ¿Y Castro?

    SEGUNDO CABALLERO
    Aguarda sólo la señal.
    HERNANDO
    Silencio.

    Aquí se acerca el suspicaz García.
    La cólera ocultad; sus pasos siento.





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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:41

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO CUARTO

    ESCENA II

    Dichos y GARCÍA.

    GARCÍA
    ¿De guerra armados, y en la corte ahora?
    ¡Brillante es el arnés! ¡Cuánto es más bello
    Vestido un noble de lucientes armas
    Que no de sedas y perfumes lleno!
    ¿Y qué intento traéis?
    PRIMER CABALLERO
    Contra Granada

    El rey se apresta a desnudar su acero,
    Y contra el moro; cual vasallos fieles,
    Venimos a ofrecerle nuestro esfuerzo.
    GARCÍA
    Y el rey lo aceptará; firme está el trono
    Que se apoya en tan sólidos cimientos.
    Vuestra noble lealtad, vuestra bravura
    Harán el cetro de Castilla eterno.
    SEGUNDO CABALLERO

    (Mirando fijamente a GARCÍA.)
    Más brilla el noble en la sangrienta lucha,
    Defendiendo su patria y sus derechos,
    Que el cortesano vil que torpe emplea
    En intrigar y en adular su tiempo.
    GARCÍA

    (Como enajenado de gozo.)
    ¡Cuál me palpita el corazón brioso
    Al contemplar vuestro valor!
    SEGUNDO CABALLERO

    (Aparte.)
    El miedo

    Es quien le hace latir.
    HERNANDO
    El rey se acerca.


    (Aparte a los otros caballeros.)
    Vamos lejos de aquí.
    PRIMER CABALLERO

    (Irónicamente a GARCÍA.)
    Pronto volvemos.

    GARCÍA
    Id, oh, nobles, con Dios.
    SEGUNDO CABALLERO

    (Con el mismo tono irónico.)
    Adiós, García.



    (Vanse.)

    GARCÍA

    (Solo.)
    Pronto, bien pronto nos veremos, necios.
    El volcán va a tronar; yo haré que estalle
    Y allá os sepulte en su profundo seno.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:42

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO CUARTO

    ESCENA III

    LA PADILLA, EL REY, GARCÍA y acompañamiento

    LA PADILLA

    (Muy agitada, aparte, a su hermano.)
    ¿Y viene hermosa, di?
    GARCÍA
    Sí, pero pronto

    Allá en la tumba dejará de serlo.
    LA PADILLA
    ¿Y los que intentan libertarla?
    GARCÍA
    Apenas

    Alcen la voz serán presos o muertos.


    (EL REY sube al trono y hace subir a LA PADILLA en el otro.)

    EL REY
    He aquí, Padilla, el esplendente trono
    Donde a la par de mí te doy asiento.
    Hoy a tus pies tributará homenaje
    Rendido todo el castellano imperio;
    Y hoy prosternada mirará tu brillo
    La que perdió por crímenes el cetro,
    Y aún trama en su prisión. ¡Perezca Blanca!
    ¡Guardias! Hacedla entrar.


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    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) - Página 11 Empty Re: JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:43

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO CUARTO

    ESCENA IV

    Dichos y BLANCA, trémula y temerosa.-LA PADILLA, muy agitada.-Un momento de silencio

    EL REY
    Todos atentos

    A escucharos están, hablad, si el crimen,
    ¡Oh Blanca de Borbón!, no os turba el pecho.


    (BLANCA alza la vista, la fija en el trono en que está LA PADILLA y vuelve a bajarla.)

    BLANCA
    ¿Qué he de decirte yo?
    EL REY
    ¡Basta de llanto!

    Si con fingidas lágrimas tu intento
    Es ablandar mi corazón, te engañas.
    Yo sé que, a tu placer, cambias de aspecto
    Sé que sabes mentir.
    BLANCA
    Y yo te adoro...

    Y yo del pecho disipar no puedo
    Tan funesta pasión.
    EL REY
    Blanca, es inútil

    Que me finjas amor; yo lo desdeño.
    BLANCA
    ¿Fingirte amor? ¿Por qué? ¿Por qué fingirlo
    Cuando por ti y a mi pesar lo siento?
    ¿Por qué hablarte de amor, cuando a tu lado
    Brillante en gloria a mi enemiga veo?
    ¿Qué he de decirte yo? Yo, aquí traída
    Como cautiva mísera entre hierros,
    Para adornar con mi humildad su triunfo
    Y escarnio ser de su esplendor soberbio.
    EL REY
    A ti mi justa indignación castiga;
    Mi amor a tu rival concede el cetro.
    BLANCA
    Tú eres rey de la tierra; tú, orgulloso,
    Das a tu voluntad castigo y premio.
    Y tú, Padilla, a tu placer te entregas
    Al verme ahora ante tus pies gimiendo:
    Mas hay un Dios, que a los monarcas juzga;
    Omnipotente rey, señor del trueno,
    Preside en su alto asiento a la justicia,
    Y venga siempre al inocente opreso.
    El me protegerá; mas no, Dios mío.
    Si vibras, ¡ay!, tu rayo justiciero,
    ¡Víbralo contra mí! Perezca el justo,
    Si así se salva el delincuente reo.
    EL REY
    ¡Hipócrita infernal! ¿Y tú inocente
    Osas llamarte, ante el monarca mesmo,
    Cuyo poder arrebatar pretendes?
    ¿Tú, que presumes elevar al reino
    Tu amante Enrique, y en viciosa liga
    La alta cerviz del castellano pueblo
    Doblar so el yugo del francés indigno...?
    ¡Huye de aquí, mujer, yo te detesto!
    BLANCA
    ¡Triste de mí, que en mi ilusión creía
    Que al fin triunfaran de tu altivo pecho
    La inocencia y verdad! ¡Ah! La esperanza
    Era el único bien que en tanto duelo
    Yo conservaba aún; era la rosa
    Que derramaba aroma en el desierto
    ¡Voló cual humo la esperanza mía!
    Tú, que me robas mi postrer consuelo,
    No me maltrates más, dame la muerte:
    Yo no veré mi desventura al menos,
    Y ella será feliz; dame la muerte!

    (Mirando a LA PADILLA.)
    EL REY
    En vano son, ¡oh, Blanca!, tus lamentos.
    Si aquí viniste a demandar justicia,
    Enjuga el llanto y abandona el miedo;
    Habla y no tardes más.
    BLANCA
    ¡Ah! Yo venía

    A implorar tu bondad, testigo el cielo
    De que siempre te amé; mas, ¡ah!, ¿qué digo?
    ¡Miserable de mí! Brillante veo
    La cólera en tus ojos; no, la muerte,
    La muerte sola a demandarte vengo.
    Si te irritan mis lágrimas, no tardes;
    Ellas brotan de aquí: hiéreme el pecho.
    EL REY

    (Con ironía.)
    Tal vez a Enrique ablandará tu llanto,
    Y acaso por tu amor perderá el miedo.
    BLANCA
    Al mundo todo enternecer pudiera
    viéndome así infeliz sin merecerlo.
    ¿Qué te hice yo nunca? Por ventura,
    ¿No es mi crimen amarte?
    EL REY
    El fingimiento

    Pudo nunca ser más, Blanca, tu amante
    No alcanza tu valor. Con torpe miedo,
    Te ha abandonado ya. Basta, y no finjas;
    Tu astucia en vano ayudará su esfuerzo:
    Ya Enrique te olvidó.
    BLANCA
    Tú te deleitas

    En verme padecer, ¡verdugo fiero!
    Si está tu gozo en amargar mi muerte,
    Ceba en mí tu furor, rásgame el pecho
    Y muéstrate cruel; mas nunca dudes
    De que siempre te amé. ¡Ah!, no hay tormento,
    No hay injuria mayor; toda mi alma,
    Todo mi corazón arde a despecho
    De mi propia razón. ¡Ah!, yo te adoro,
    La muerte sólo a demandarte vengo.
    LA PADILLA
    Es insufrible ya.
    BLANCA
    Mujer, ¡oh!, nunca

    A verte llegues como yo me veo,
    Sin encontrar piedad; nunca mi nombre
    Te traiga un día tan fatal recuerdo.
    LA PADILLA
    ¿Y osas tú maldecirme?
    BLANCA
    ¿Maldecirte?

    Muéstrame cómo, y te maldigo luego.
    Yo lo oso todo, sí; yo ansío la muerte,
    La busco y llamo, por la muerte anhelo:
    Ella es mi único bien, ella es el árbol
    A cuya sombra reposarme quiero.
    Débil mujer cual soy, ¡ah!, me alimenta
    La desesperación; ya nada temo,
    Yo no sé maldecir, mas si me enseñas,
    También maldeciré. (Al REY.) Mas tú que el fuego
    Arder hiciste que me abrasa el alma,

    (Se va acercando al trono en actitud suplicante.)
    Apiádate de mí. Yo te deseo
    Siempre felicidad. ¡Ah!, sí, perdona,
    Perdóname, ¡infeliz!, sí, yo detesto,
    Si ofendo a esta mujer. ¡Ah, tú la adoras!
    Benigno quiera perdonarla el cielo,
    Cual la perdono yo.

    (Se abraza a sus rodillas.)
    Dame la muerte

    Y a Dios por ti le rogaré muriendo.
    EL REY
    Déjame ya, mujer. ¡Guardias! ¡Llevadla!
    BLANCA
    No me arrojes de ti. Aquí primero
    Yo moriré que separarme; hiere...
    Sé piadoso una vez...

    (EL REY echa mano al puñal; ella le mira con alegría y dice.)
    Hiéreme luego.


    (EL REY deja caer el puñal de la mano.)
    EL REY
    ¡Arrancadla de aquí guardias!


    (Los guardias la separan, y cae desmayada.)

    BLANCA
    ¡Dios mío!



    (La levantan del suelo y GARCÍA sale con ellos, dándoles prisa por señas.)


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    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) - Página 11 Empty Re: JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:44

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO CUARTO

    ESCENA V

    Dichos, menos BLANCA y GARCÍA

    EL REY

    (Muy disgustado.)
    No sé qué pena a mi despecho siento.
    Si ella fuera inocente... ¡Ella inocente!
    jamás sentí tan agitado el pecho...
    Es imposible, no.
    LA PADILLA
    ¿Te compadecen

    Su llanto y su beldad? ¿Serás tan ciego
    Que acaso dudes que su llanto es falso?
    EL REY
    Es falso, sí, Padilla...

    (Levantándose.)
    Mas ¿qué estruendo

    De voces altas y crujir de espadas
    Y sediciosos gritos aquí siento?


    (Dentro, ruido de voces y de cuchilladas.)

    UNA VOZ

    (Dentro.)
    ¡Al arma! ¡Una traición!
    OTRAS VOCES
    ¡Muera el tirano!

    EL REY

    (Saltando del trono.)
    Es Enrique tal vez. ¡Al arma! ¡A ellos!


    (El ruido de armas se acerca.)

    DENTRO
    ¡Muera el tirano y que la reina viva!
    EL REY
    Dadme mis armas y mi espada presto.
    ¡Dadme luego mis armas!


    (Un escudero le trae el casco y la espada; EL REY arroja el manto, se cala el yelmo y desnuda la espada, tirando la vaina, para no tardar en ceñírsela.)

    ¡A encontrarlos!



    (Va a salir y entra CASTRO, herido, luchando con los guardias.)

    CASTRO
    Tirano, ¿dónde estás?
    UN GUARDIA
    ¡Rinde tu acero!

    CASTRO
    Cuando atraviese el corazón del tigre,
    Allí lo rendiré. Sal ya, perverso:
    ¡Castro, Castro te llama!
    EL REY

    (Presentándose delante de él.)
    ¡Tú, villano!

    CASTRO

    (Se arroja a matarle con tal precipitación que falla el golpe.)
    ¡Muere, monstruo feroz!
    EL REY

    (Clavándole una estocada.)
    Vano es tu intento.


    (Tírale otro golpe.)
    ¡Muere tú, miserable! Así perezcan
    Mis enemigos todos a mi acero
    Y hollados como tú.


    (Cae CASTRO y EL REY le pone el pie encima.)

    CASTRO

    (Moribundo.)
    ¡Venganza, amigos!

    La fortuna es del déspota... yo muero.

    (Muere.)
    EL REY
    Ve a acompañar tus viles partidarios.
    Ahí tenéis vuestro jefe: yo os lo vuelvo.


    (Cogiendo el cuerpo y asomándose a una ventana. Se oyen mueras y voces en la calle.)


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    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) - Página 11 Empty Re: JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:45

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO CUARTO

    ESCENA VI

    Dichos y GARCÍA, que entra precipitadamente.

    EL REY
    Salgamos a encontrarlos.
    GARCÍA
    Fugitivo

    Corre a salvarse, amedrentado el pueblo
    Que a Hernán Castro siguió; los otros nobles
    Exhalaron, luchando, sus alientos
    Sin querer someterse.
    EL REY

    (Encendido en cólera.)
    Y bien: perezcan.

    LA PADILLA
    ¿Y Blanca? ¿Blanca se salvó? ¿Pudieron
    Libertarla tal vez?
    GARCÍA

    (Con su acostumbrada frialdad.)
    Blanca, en su cárcel,

    Lamenta ahora sus amigos muertos.
    Ella los vio luchar, y en vano, en vano,
    Tendió los brazos, su favor pidiendo.
    Los vio también morir.
    EL REY
    ¡Mujer malvada!

    LA PADILLA
    Ella es, señor, la que alborota el pueblo.
    GARCÍA
    Su nombre al menos los disturbios mueve,
    Y aparente razón da a los intentos
    Del astuto traidor.
    EL REY

    (Como reflexivo.)
    Si ella es culpable...

    GARCÍA
    Ella es culpable del tumulto mesmo,
    Que acaba de estallar; Blanca y Enrique
    Hoy tramaron romper; hoy presumieron
    Con engaños y lágrimas moverte,
    Para clavarte su puñal sin riesgo.
    La noche, sí, que perdonaste a Enrique
    Castro y los suyos contra ti se unieron,
    Por consejo del pérfido y de Blanca;
    He aquí, señor, de tu bondad el premio.
    EL REY

    (Como fastidiado y distraído el resto de la escena, pregunta con indiferencia:)
    ¿Y Enrique?
    GARCÍA
    Se salvó.
    EL REY
    ¡Cobarde, al cabo!

    GARCÍA
    No fue la causa de su fuga el miedo.
    LA PADILLA

    (Con ironía.)
    Fue por volver a su adorada Blanca
    Y consolarla, y suplicar de nuevo
    Tu clemencia y perdón; fue porque saben
    Que siempre tu furor calman sus ruegos.
    GARCÍA
    Aun ellos guardan la esperanza ahora
    De volver a la lid. Oculto hierro
    Tal vez con risa la traición prepara,
    O la dorada copa del veneno
    Acechándote ya.
    LA PADILLA
    Lo has visto hoy mismo;

    Tu vida sólo libertó tu esfuerzo.
    GARCÍA
    Sólo su muerte libertar pudiera
    De la guerra civil que amaga al reino,
    Y volvemos la paz; sólo su muerte
    Puede calmar la tempestad que siento.
    Prudencia en tanto; publicarla ahora
    También pudiera apresurar el riesgo
    Que yo intento alejar.
    EL REY
    ¡No más, García!

    LA PADILLA
    ¿Dejas a Blanca así?
    EL REY
    Yo te la entrego.


    (Vase.)
    GARCÍA
    Hoy mismo morirá.
    LA PADILLA
    Vuelve al castillo.

    ¡Manda que muera! ¡Ve!
    GARCÍA
    Calma y secreto.





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    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842) - Página 11 Empty Re: JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808-1842)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 19 Sep 2020, 00:46

    JOSÉ DE ESPRONCEDA (1808 - 1842)

    BLANCA DE BORBÓN

    ACTO CUARTO

    ESCENA VII

    Prisión de BLANCA.



    BLANCA y LEONOR.

    BLANCA

    (Como enajenada.)
    ¡La Padilla y el rey! ¡Y ella en el trono!
    Era un sueño, Leonor, todo era un sueno.
    Dime que no es verdad... ¡Ah!, yo la he visto
    Y el rey, feroz, sin escuchar mis ruegos
    Me ha arrojado de sí. Voces, espadas...
    ¿Era un sueño, Leonor? Dímelo al menos.
    LEONOR
    Sosiega, ¡oh reina!, tu dolor.
    BLANCA
    ¿Yo reina?

    Para siempre, Leonor, dejé de serlo.
    Brillante, altiva, en mi dolor triunfando,
    Me vio bañada en lágrimas. Yo sólo
    Pedí la muerte, por consuelo mío,
    Y él me negó la muerte con desprecio.
    LEONOR
    ¡Cálmate, por piedad! ¡Ah!, la esperanza
    No así abandone tu afligido pecho.
    BLANCA
    No me abandona, no; la muerte al cabo
    Es también esperanza. Tú en mi acerbo
    Pesar no puedes consolarme; todos
    Me abandonaron ya: ya no hay remedio.
    Deja que yo desesperada muera
    Y se harte en hiel mi corazón sediento;
    No me consueles más. Pedro la adora,
    La eleva al trono que ocupé yo un tiempo
    Bebe el placer en sus impuros labios,
    Y de mi pena y de mi amor riendo,
    De sí me arroja y mi dolor burlando,
    Calma mi sed con copas de veneno.

    (Se arroja al suelo.)
    He aquí, Leonor, el trono de una reina,
    Que ajada, opresa por su esposo mesmo,
    Sólo en la paz de la callada tumba
    Puede esperar a su dolor remedio.
    LEONOR
    Alguien se acerca; sosegaos.
    BLANCA
    ¡Huyamos!

    Los tigres a gozar vienen hambrientos
    En su presa infeliz. ¡Leonor, huyamos!
    Tintas sus manos en la sangre veo
    De sus hermanos mismos.


    (Huye precipitadamente, llevándose a LEONOR por la puerta de la derecha.)


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