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“Edith Södergran. La poeta libre y transfronteriza” por José María Puig de la Bellacasa (La Vanguardia, 08-08-2018)

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Pedro Casas Serra
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“Edith Södergran. La poeta libre y transfronteriza” por José María Puig de la Bellacasa (La Vanguardia, 08-08-2018)

Mensaje por Pedro Casas Serra el 09.08.18 5:43

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“Edith Södergran. La poeta libre y transfronteriza” por José María Puig de la Bellacasa (La Vanguardia, 08-08-2018)


Se publica la poesía completa de Edith Södergran, la controvertida autora finlandesa que escribía en sueco.


Las personas no saben mucho sobre sí mismas / (…) no saben que los dioses habitan en su pecho / sin ser reconocidos”, canta la poesía de Edith Södergran (San Petersburgo, 1892 – Raivola, 1923), en Que vienen los dioses, 1918. Nació en el seno de una familia acomodad y pertenecía a la población suecohablante de Finlandia. La familia, debido al cólera, se trasladó a Raivola (actualmente Roshchino), donde Sôdergran viviría la mayor parte de su vida, enferma de tuberculosis. Era vital, originalísima, desequilibrada, inteligente, dulce, a veces sarcástica e irónica y otras vecs amable, como dice su traductora Neila García Salgado en Encontraste un alma, Poesía completa (Nórdica Libros).

En 1917 comenzó a leer a Nietzsche y viajó a Helsinki; conoció los círculos literarios y en sus diarios se preguntaba si creían que iba a ser feliz (lycklig, feliz y afortunada). Södergran escribió La lira de septiembre, una de sus obras más conocidas, con envenenadas críticas e incluso dicterios hacia su persona. Su alma y su cuerpo enfermo cristalizaron en un pathos exacerbado que atraviesa toda su poesía. No obstante, tuvo buenas reseñas de Hagar Olsson, que alabó la calidad de sus poemas y que con tiempo sería su amiga y con la que se comunicaba de forma epistolar. Olsson dijo que Södergran hablaba desde el espíritu y no desde el ego y sacó a la luz la correspondencia entre ambas.

Södergran leyo la obra de Rudolf Steiner, a quien hubiera visitado si su salud se lo hubiera permitido. En su tumba están sus versos “Aquí está la orilla de la eternidad / aquí ruge la corriente / y en los arbustos toca la muerte / su misma melodía monótona”. Elena Medel, que prologa su poesía, apunta que en su biografía se bifurcan las ramas de la identidad, del origen o del lenguaje. Reivindica la identidad, la agudeza y lo pequeño en su circunstancia personal de exilio geográfico y lingüístico, enfermedad, condición y conciencia femenina, desde donde se forja su poesía. “No soy una mujer / soy un neutro” llega a decir, inquietantes palabras que no invalidan su postura de integrarse en la sociedad con y por las mujeres.

En Atardeceres violeta anticipa las alusiones posteriores a la hermana Olsson: “Bellas hermanas, venid hasta las rocas más abruptas, / somos todas guerreras, heroinas, amazonas...”. Södergran piensa en quienes la leerán en el futuro (“no me conviene hacerme menos de lo que soy”). Tras la revolución rusa, en que su familia lo perdió todo, plantea: “¿Qué es mi patria? ¿Es la lejana Finlandia, salpicada de estrellas? / ¡Qué más da!”. Quizá por el choque entre la influencia posromántica y el contacto con las vanguardias, no escribe ignorando a quienes la precedieron, no escribe desdeñando a quienes la acompañaban y asume que el diálogo con los lectores no prenderá hasta próximas generaciones. Da preferencia a la impresión frente a la certeza: “Buscabas una mujer / y encontraste un alma / estás decepcionado”. Södergran fue fruto y mar, alma y árbol. “Tengo un solo nombre para todo, y es amor”, dejó dicho. “Soy yo a quien amas y siempre habrás de amar”, concluyó y añadió: “Sin belleza no hay quien viva ni un segundo”.

José María Puig de la Bellacasa


VER POEMAS DE EDITH SÖDERGRAN: https://www.airesdelibertad.com/t20022-edith-sodergran


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