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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 20 Nov 2015, 09:04

    Bien, Lluvia. Gracias. Un beso por tu magnanimidad.


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    Ni cañones que maten la esperanza." 
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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb 21 Nov 2015, 06:18

    DE LA SELVA
    (Al poeta José J. Pérez)


    Hasta la selva, donde ensayo a veces
    himno sin forma, fugitiva endecha,
    me llegó tu canción; y su armonía
    aun repiten los ecos de mi selva.

    ¿Qué mucho si engañado por su acento,
    finjo que en luz mi aspiración se anega;
    cuando ese resplandor es el reflejo
    del préstamo de luz con que la obsequias?

    Así, de su abundancia se desprende,
    sin vivo esfuerzo ni ostensible merma,
    y en cascada de flores nos inunda
    con generoso don la Primavera.

    Cierto que en mis impulsos yo he sentido
    lo que sentís vosotros los poetas.
    Dolor ante las grandes pequeñeces
    que el hombre cambia con su igual en guerra.

    Asfixia entre las sordas tiranías
    que han henchido la Historia y el planeta:
    desdén de las sutiles distinciones
    en que sin fin la sociedad se estrella.

    Confusión, cuando -leño entre las ondas-
    de sus pasiones insensibles presa,
    no pude discernir si la arrastraba
    el mar, o si su propia inconsistencia.

    Ante eso, y algo más, nos detuvimos
    mi mente y yo, con no fingida pena.
    Ante eso, y algo más, el bien eterno
    clamoreo en el umbral de la conciencia.

    Cierto que cual vosotros yo he sentido
    -con vehemente emoción el alma trémula-
    retoñar a la vida la esperanza,
    como campo que invade savia nueva.

    Porque vi que aun existen, triunfadoras,
    del espléndido sol la luz perpetua;
    y que un simple episodio del verano
    el truhán invierno con sus nieves era.

    Porque vi que existen, triunfadoras,
    con calidades blandas y risueñas,
    la esperanza en el seno de los hombres,
    la inmensidad, a expensas del poeta.



    SUBJETIVA

    ¡Así es mejor!-Porque de ti atraído
    con ímpetu febril, te amo de veras;
    por eso no te he dicho que te amo;
    y aún pesárame hermosa que lo sepas.

    Por eso no he venido a deshacerme
    en ruego vil ni en desmayada queja,
    porque temo, no tanto tus desdenes,
    como tu blanda y fiel correspondencia.

    En la mas honda y apartada cueva,
    hay un monstruo voraz que a Amor vigila,
    como terco y terrible centinela.

    Cuando prende en dos almas el cariño,
    su ojo apagado entre la sombra acecha;
    y brilla -cuando en una se confunden,-
    como un botón de fuego en las tinieblas.

    El precede a la tarde en que declinan
    albas que los amores encendieran;
    él es el sacerdote que salmodia
    de todo afecto la hora postrimera;

    Oculto en el jardín del sentimiento,
    él es la nube que ensombrece el cielo;
    el petrel que se goza en la tormenta:
    para él lo eterno es irrisión, y sólo
    -si habla de la constancia- es como befa.

    Por eso, porque te amo, yo no quiero
    que hagamos en sus garras mutua presa.
    ¿Quién más pronto o más tarde, del Hastío
    no es juguete en la efímera existencia?...

    Por eso, porque te amo y porque quiero
    amarte siempre, con pasión eterna;
    no te he dicho el cariño que me inspiras
    y no anhelo tampoco que me quieras.

    ¡Así es mejor! -Vivir en el deseo,
    es una llama alimentar perpetua;
    ¡es vivir abrasados, cual vivían
    los mártires, los místicos y ascetas!



    JOSEFA A. PERDOMO


    Ya se integró al espíritu fecundo
    que un tiempo hiciera palpitar su lira,
    ya es átomo y celaje y blando efluvio
    del perfume, la luz y la armonía.

    Nos deja en sus melódicos cantares
    inmaculado resplandor celeste,
    como el halo divino de una estrella
    cuando traspone trémula el Poniente.

    Enamorada del ameno valle
    y del florido soto fue calandria
    que alguna vez al éter ascendiera
    con la serena majestad del águila.

    Gloria y honor del sexo en que el futuro
    vincula honor y gloria y alegría,
    fue de aquellas que irradian las virtudes
    prez del hogar, que los hogares nimban.

    Y es de aquellas criaturas venturosas
    cuya vida fue salmo, hermoso y noble;
    y ante cuyo sepulcro esparce adelfas
    y cíñese la patria de crespones.



    EN EL BOTADO

    Cacique de una tribu de esmeralda,
    aquel palacio indígena, el bohío
    de la corta heredad a que respalda
    un monte, que a su vez respalda un río;
    cuando el idilio de un Adán silvestre
    y su costilla montaraz, le hiciera
    venturoso hospedaje,
    paraíso terrestre;
    lo más saliente y copetudo era
    del ameno paisaje.

    Su flamante armazón de tabla oscura,
    su gris penacho de lucientes yaguas,
    hacían reverberar con nuevas aguas
    la circunstante joya de verdura.

    Aplanada en el techo,
    se oxidaba la luz cual plata vieja:
    o se colgaba a lomos y antepecho,
    en rubia palidísima crineja.

    No era sino común que se trepase
    un ruiseñor a su cumbrera holgada,
    y en fugitivas notas ensayase
    la trémula canción de la alborada.

    O que bajo su alero, en que pendía
    mazorcado maíz de granos de oro,
    el gallo, al enervante mediodía
    victorease sonoro.

    Entonces, ese albergue en que bullía
    la vida crepitante,
    más que un detalle de la huerta, era
    o su tono, o su arteria, o su semblante.

    Pero en una lluviosa primavera,
    la débil cerca desligada y rota
    empujó la pareja enamorada
    a otra huerta remota;
    y en medio a tanta flor recién abierta,
    quedóse la heredad abandonada,
    y la mansión desierta.

    Advertido, no tanto del saqueo,
    entre cuyo costal desaparece
    de la ventana en pos la que fue puerta;
    ni tanto del goloso merodeo
    de la turba infantil, donde perece
    aun no puesto en sazón, el verde fruto;
    mas del monte advertido, porque invade
    con apretadas filas de maleza
    la botada heredad, el Tiempo hirsuto
    a comprender empieza
    que hay algo allí que estorba;
    ¡y aferra en la mansión su garra corva!

    Fue primero una horrible puñalada,
    y después una serie,
    conque se abrió por la techumbre entrada
    a la malsana y húmeda intemperie.

    Si el sol que se filtraba por el techo,
    solía escapar por los abiertos vanos,
    no así las aguas del turbión deshecho;
    cavaban y cavaban hondo lecho
    a turbias miniaturas de pantanos.

    Furiosa ventolera
    por allí no pasara que no hiciera
    de las yaguas decrépitas, añicos;
    y tragedia mayor aconteciera,
    si en júcaro el más negro y más bravío
    no angulara el bohío.

    Torcido, deslustrado,
    por reptiles del cieno visitado;
    el albergue que fuera de la huerta
    lo más noble y sereno,
    gozo, atracción y gala deleitosas,
    ni es más que una verruga del terreno,
    ni menos que un sarcasmo de las cosas!

    Como al herido por la suerte aleve,
    ¡hasta la misma timidez se atreve!...

    Un bejucal de plantas trepadoras,
    que en torno a la vivienda
    cerraban toda senda;
    avanzando traidoras,
    e indicando a la ruina; cuchicheaban:
    ¡ni se defiende, ni hay quién la defienda!

    Y enlazando sus ramos
    como para animarse, murmuraban:
    si tal pasa, y tal vemos, ¿qué esperamos?

    Fue un aguinaldo lívido quien dijo:
    ¡o es que trepáis, o treparé de fijo!

    A lo que una "saudosa" pasionaria
    expuso, comentando la aventura:
    ¡por cierto que es bizarra coyuntura
    para mirar el sol desde más alto!

    Fue la palabra fulminante!, todas
    clamaron en un punto
    trémulas y erizadas, "¡al asalto!"...

    ¡Qué embrollado conjunto
    de hojas, antenas, vástagos, sarmientos!...
    Y cuán terrible asalto presenciaron
    los troncos azorados y los vientos.

    Cual, por la tabla escueta
    tal sube que parece que resbala;
    cual se columpia inquieta
    de algún clavo saliente haciendo escala.

    Cual la mansión en torno circunvala,
    vuelta enroscado caracol, y asciende
    con estrechura tal y tan precisa,
    que es cuestión insoluble e indecisa
    si ahogaría o si mediría es lo que emprende.

    Cual, errando el camino,
    con impaciente afán la puerta allana,
    y luego adentro, recobrado el tino,
    sus músculos asoma a la ventana.

    No hay menudo resquicio
    en que su flujo de invasión no apuren;
    ni hueco ni intersticio
    que sus hojas no tapien y no muren.

    Ya el albergue sombrío
    es un alcor en forma de bohío;
    ya su contorno lúgubre se pierde
    en la gama riquísima del verde;

    ya brota en tanta planta que le enreda,
    con matizada y colosal guirnalda,
    satinados renuevos de esmeralda,
    iris de tul, campánulas de seda...

    ¡Transformación magnifica y divina!
    cómo de ti se cuida generosa,
    Naturaleza, el hada portentosa,
    Naturaleza, el hada peregrina!...

    ¡Renovación piadosa
    que en tan grande esplendor cubre una ruina;
    desde una inerte hechura
    a la humana criatura,
    con hilos invisibles cuán intensa
    relación estableces!...

    ¿Quién dentro, en lo que siente o lo que piensa
    por el dolor severo fulminadas,
    no se ha dejado a veces
    alcázar, quinta o choza abandonadas?...

    ¡Quizás quien no!... Mas a la oculta mina
    labrada por recónditos dolores,
    alguna trepadora se avecina;
    algo que sube a cobijar la ruina,
    algo lozano que revienta en flores!...


    _________________
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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 21 Nov 2015, 06:39

    Te he dejado abandonada: Pero veo que lo llevas estupendamente.

    Un autor del que no nos habíamos percatado y que, sin duda, merece la pena.



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    Mensaje por Lluvia Abril Dom 22 Nov 2015, 18:05

    CANTIGA

    Cuando el viento ladra;
    cuando gruñe el trueno;
    a pares se miran
    los nidos repletos.

    Si el mal confinante
    fulmina certero
    sobre un ala sola,
    ¡herirá dos pechos!

    Así de las almas:
    con doblados nexos
    se juntan y ligan,
    cuando gruñe el trueno,
    cuando el viento ladra,
    cuando oprime el cerco
    de egolatrías sordas
    e intereses ciegos.

    Viandantes amables,
    vosotros -¡sea presto!-
    seréis de la vida
    conjuntos viajeros;
    ¡y el mal circunstante
    no podrá soberbio
    descargar un golpe,
    sin alzar dos ecos!

    Que sólo os fulminen
    (¡mi voto oiga el cielo!)
    nublados de rosas,
    granizos de ensueño.

    Y ya de partida,
    vosotros -¡sea presto!-
    hagáis el gran viaje,
    cantando y riendo.



    SONETOS



    Quisqueyana

    Mientras combate hermano contra hermano,
    la savia tropical fecunda amores,
    y cuaja frutos y burila flores,
    sin aprensión de invierno ni verano.

    Mientras riega la sangre loma y llano,
    espíranse de valles y de alcores
    voluptuosos arrullos gemidores
    que no interrumpe el grito del milano.

    Y cuando para el trueno belicoso,
    quédense los occisos alazanes,
    ¡oh, combustión solar!-a lo que arbitres;

    que en esta tierra donde no hay volcanes,
    donde no hay ofidiano ponzoñoso
    ni felino feroz, tampoco hay buitres.




    Memento

    Los Magnos de la Patria, en lazo estrecho
    tornaron indomable su impericia
    ante el altar donde la unión oficia.
    Abríguese la unión en nuestro pecho.

    Para alentar el ponderoso hecho
    que la victoria diademó propicia,
    amaron el derecho y la justicia.
    Amemos la justicia y el derecho.

    Ese el alto tribute, y no los dones
    de evanescente incienso y vano ruido,
    a su santa memoria y sus blasones.

    Cuando la bien amada ha fenecido,
    recordar sólo el nombre -¡oh, corazones!-
    es una ambigua forma del olvido.




    Entremés olímpico

    La raza de Saturno, derribada
    por el ligero soplo de una idea,
    baja a morar sobre la triste Gea,
    en una lamentable desbandada.

    Con su atributo y distintivo, cada
    dios osa abrir nueva pelea;
    y mueve la dolosa contra-idea,
    penetrante y sutil como una espada.

    A devolver sonrojo por sonrojo
    al nuevo cielo, voluntad y brío
    previene airado su rencor tremendo;

    y se apresta a la acción; pero creyendo
    que el Olimpo a la postre es un enojo,
    y la inmortalidad, un grave hastío.




    Las más gratas primicias

    Las más gratas primicias y más bellas,
    le son donadas con querer jocundo;
    y le consagran, contra amor fecundo,
    su pubertad mancebos y doncellas.

    En cuanto se conoce, están sus huellas
    como un sello de lo Alto y lo Profundo;
    y aun se lanza a ganar un nuevo mundo,
    en cuyo dombo austral bórdanla estrellas.

    Y luego ve que, al conjurado influjo,
    como a la intermitencia del reflujo
    duerme silente en la ribera el mar;

    en torno del neo-bíblico madero
    el entusiasmo, enantes vocinglero,
    ha callado, se calla, o va a callar...






    _________________
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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 23 Nov 2015, 01:16

    Lo has hecho todo en Gastón Fernando Deligne. Te doy las gracias por ello.

    Besos.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 24 Nov 2015, 08:32

    JOSÉ ASUNCIÓN SILVA.- Colombiano . Bogotá, 27 de Noviembre de 1865 - Bogotá 24 de Mayo de 1896. Por tanto dentro de unos días se conmemorará el 150 aniversario de su nacimiento.

    La Biografía se la dejamos a Lluvia.




    AL OÍDO DEL LECTOR

    No fue pasión aquello,

    fue una ternura vaga...

    La que inspiran los niños enfermizos,

    los tiempos idos y las noches pálidas.


    El espíritu sólo

    al conmoverse canta:

    cuando el amor lo agita poderoso

    tiembla, medita, se recoge y calla.


    Pasión hubiera sido

    en verdad; estas páginas

    en otro tiempo más feliz escritas,

    no tuvieran estrofas sino lágrimas.



    _________________
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    Mensaje por Lluvia Abril Mar 24 Nov 2015, 10:29

    Dejo la biografía del poeta José Asunción Silva, y perdón por el retraso. Me vás a despedir, lo estoy viendo.



    José Asunción Silva

    (Bogotá, 1865 - 1896) Poeta colombiano. En la historiografía literaria suele reconocérsele como el gran iniciador del modernismo en Hispanoamérica, que el nicaragüense Rubén Darío llevaría a la cúspide.
    Dotado de una gran sensibilidad humana y artística y de una notable inteligencia, tuvo una formación literaria precoz, resultado de un ambiente familiar cultivado y creativo: José Asunción Silva era hijo del escritor costumbrista y acomodado comerciante Ricardo Silva, un hombre elegante, de refinado gusto y descendiente de aristocráticos granadinos emparentados con el general Santander. Doña Vicenta Gómez, hermosa dama bogotana y madre del poeta, era hija del diputado Vicente Antonio Gómez Restrepo, quien desempeñó importantes labores en los primeros años de la República de la Nueva Granada y falleció tempranamente.
    De los hijos del matrimonio Silva-Gómez sólo llegaron a edad adulta José Asunción, Elvira y Julia, falleciendo en la infancia Alfonso, Inés y Guillermo. Esta temprana relación con la muerte marcaría al poeta. Ya a los dos años de edad, José Asunción tenía fama de prodigio en Bogotá. Parece ser que a esa edad ya sabía leer, escribir e incluso pintar.
    Algo que sin duda marcó su infancia y juventud fueron las tertulias literarias que su padre organizaba, bien en la casona del barrio de La Catedral, bien en el almacén dedicado a la venta de objetos suntuosos. A estas tertulias asistían no sólo miembros del grupo El Mosaico, escritores costumbristas como José Manuel Marroquín, José María Vergara y Vergara, Salvador Camacho Roldán, Ricardo Carrasquilla y José David Guarín, entre otros, sino que también don Ricardo cultivaba amistades dentro de la política. Radical sin fanatismo, fue amigo de José María Samper, Rufino José y Ángel Cuervo, Jorge Isaacs, Francisco Javier Zaldúa y Teodoro Valenzuela.
    En enero de 1869 José Asunción ingresó al Liceo de la Infancia, dirigido por don Ricardo Carrasquilla. Como el niño de tres años recién cumplidos ya sabía leer y escribir, no entró al primer curso sino a dos más avanzados, al lado de compañeros que le aventajaban en edad como José Rivas Groot, Andrés de Santamaría y Juan Evangelista Manrique. En este colegio uno de sus institutores, Nicolás Esguerra, lo apodaría con el mote de "José Presunción". El 2 de marzo de 1870 nació Elvira Inés Silva Gómez, quien llegaría a ser la más cercana confidente de su hermano. Aunque los biógrafos insisten en describir a José Asunción como un niño triste, tímido e introvertido, sus poesías dedicadas a su infancia la recuerdan con nostalgia y dulzura.
    En febrero de 1871 José Asunción Silva ingresó en el Colegio de San José, regentado por Luis María Cuervo, hermano mayor de Ángel y Rufino José. Conoció por entonces a Alirio Díaz Guerra, a quien lo uniría una fuerte amistad. Rafael Pombo, amigo de su padre, le hizo llegar un ejemplar de "El cuervo", de Edgar Allan Poe.
    Fue la relación con Rafael Pombo y con Jorge Isaacs una de las más duraderas y fecundas, tanto para José Asunción como para Elvira Silva. A los diez años, con motivo de su primera comunión, escribió un poema sobre el tema. En 1877 Silva y otros niños ingresaron al Liceo de la Infancia, esta vez regentado por el presbítero Tomás Escobar, pariente de doña Vicenta Gómez; tres años más tarde, concluidos sus estudios, abandonó el colegio, que terminó clausurado por un ruidoso proceso en el que tomó parte activa el ya entonces virulento escritor José María Vargas Vila.
    La vida apacible de esos años dio un vuelco para los Silva: la situación económica de la familia, aunque aún holgada, fue golpeada primero por las drásticas medidas del gobierno radical y, después, por la pérdida de buena parte de la herencia de don Ricardo, debida a los pleitos con sus primos Suárez Fortoul. Terminado el bachillerato, el futuro poeta hubo de atender el almacén familiar. Cuenta Enrique Santos Molano, autor de la biografía más completa que se ha escrito sobre el poeta: "José Asunción Silva armó detrás del mostrador un laboratorio imponderable de observación social y psicológica. Examinaba con penetración rigurosa las personas que entraban de compras, de mirones o de visitantes a R. Silva; espiaba sus gestos, estudiaba sus gustos, procesaba sus opiniones, acechaba sus peculiaridades, sus virtudes, sus defectos, y los anotaba en su memoria de ordenador y en un cuaderno. Detrás del mostrador acrecentó sus conocimientos, devoró cantidades de libros y procuró mantenerse informado de los movimientos literarios, artísticos y políticos de Europa".
    A los 16 años parece ser que tuvo su primer amor; al menos así se intuye en dos de sus poemas pues, como es bien sabido, en este campo mostró siempre el más caballeroso y férreo mutismo. La vida amorosa del poeta es un misterio, siempre acompañado de los más disparatados rumores que van desde una hija secreta, la morbosa garçonière de la calle 19, hasta su afeminamiento (lo llamaron el "Casto José"), pasando por la infamante historia del amor incestuoso con su hermana Elvira.
    En 1881 don Ricardo, que ya empezaba a sentir los acosos de la tiflitis que lo llevaría a la tumba, compró la finca Chantilly en Chapinero, donde tantos momentos de alegría y tristeza viviría el poeta; en esa época Silva intentó reunir de nuevo al Mosaico. Bajo el título de Intimidades se conoce el grupo de poemas escritos entre agosto de 1880 y mayo de 1884 y que, regalados por el bardo a Paquita Martín, se conservan en la Biblioteca Nacional en copia manuscrita hecha por ella. Alguna influencia de Gustavo Adolfo Bécquer se alcanza a percibir en estos tempranos versos que se alternan con traducciones de Victor Hugo o de Beranger.
    En noviembre de 1883 imprimió su libro Artículos de costumbres don Ricardo Silva y regaló el manuscrito, con bella dedicatoria, a su hijo JoséAsunción; un mes más tarde se protocolizó su emancipación económica y se comenzó a planear el viaje a París, donde residía desde hacía muchos años el tío abuelo del poeta, don Antonio María Silva Fortoul. Primero viajó el padre, en abril de 1884 y, tras su regreso, salió rumbo a Europa José Asunción, el 23 de octubre, llegando a París en los primeros días de diciembre.
    Permaneció un año en el viejo continente, donde asistió a cursos del afamado neurólogo Charcot, que tanto le servirían para la descripción de personajes y comportamientos. En París (adonde llegó cuando su tío abuelo ya había muerto) se encontró con los hermanos Cuervo, con quienes entabló tertulias literarias. En 1885 conoció a Stephane Mallarmé. El encuentro con este poeta cuarentón y aún desconocido fue en el apartamento de Mallarmé, en la calle de Roma. Hacia agosto viajó a Londres, donde admiró la pintura de los prerrafaelitas y copió como ejercicio el cuadro de Waller El duelo. Tras un rápido viaje por Holanda, Bélgica, Italia y Suiza, regresó a París, y en diciembre de 1885 se encontraba de nuevo en Bogotá.
    Recién llegado, se enteró del cuantioso robo al Almacén R. Silva. La familia se había mudado a Chantilly. Por entonces formó parte del grupo de poetas de La Lira Nueva, presentado por José Rivas Groot. En la célebre antología (introducción para unos, antesala del modernismo para otros), Silva figura entre los 35 reseñados, junto a autores como Candelario Obeso, Fidel Cano, Ismael Enrique Arciniegas y Julio Flórez. De José Asunción Silva se publicó en esta edición el mayor número de poemas, lo que sirve en parte para demostrar la importancia que se le dio en vida, desmintiendo el tendencioso invento de su supuesto anonimato.
    Casi simultáneamente se publicó El Parnaso colombiano, gran antología en la cual la muestra de Silva, aunque menor en número, no es menos significativa: "Las crisálidas" y "Las golondrinas" serán los poemas publicados y supondrán su verdadero lanzamiento literario. Por esa época, en casa de Antonio José ÑitoRestrepo, vecino de Chantilly en Chapinero, se conocen José Asunción Silva y Baldomero Sanín Cano, antioqueño cuatro años mayor que el primero y con quien mantendría una larguísima y fecunda amistad, una intimidad intelectual.
    La guerra de 1885 y el grave deterioro de la moneda hicieron cancelar a don Ricardo Silva su segundo viaje a Europa y regresó, por Barranquilla, el 27 de agosto. A pesar de la herencia dejada por su tío y de la reputación que tenía el almacén, los negocios de la familia Silva continuaron su inexorable descenso. Invitado por Alberto Urdaneta, José Asunción Silva participó en la Primera Exposición Nacional de la Escuela de Bellas Artes de Colombia, que tuvo como sede el Colegio de San Bartolomé, con el cuadro Un duelo, en la galería de autores contemporáneos, con el número 875. Por ese entonces ya Elvira Silva era una de las mujeres más bonitas y solicitadas de Bogotá. Prueba de ello son las frecuentes reseñas que la prensa hizo de su participación en diferentes bailes y festejos. Memorable fue el baile que Leo S. Kopp ofreció y en el que destacaron Elvira, acompañada del conde italiano Gloria, y José Asunción Silva con la bella Isabel Argáez.
    Don Ricardo Silva falleció la noche del 1 de junio de 1887, en la casa 93 de la calle 12. Pero no fue solamente la triste pérdida lo que ensombreció y transformó totalmente el ambiente familiar; al asumir José Asunción la dirección de los negocios paternos, descubrió que hasta entonces su familia había vivido en una falsa bonanza, basada en créditos respaldados únicamente en la confianza que los acreedores tenían en don Ricardo y que tal vez no era ''heredable''.


    Pero el poeta no se amilanó: decidió renovar el negocio y diversificarlo, invirtiendo en tierras cafeteras, abriendo una sucursal de R. Silva e Hijo llamada Almacén de Cuelgas, y revolucionando la publicidad con poemas-anuncio o bien con enormes letreros nunca vistos en los diarios capitalinos. Leyó en este año de 1888 tres libros claves: El crepúsculo de los dioses, de Federico Nietzsche; La dama gris, de H. Sudermann, y Le bon heure, de Sully-Prudhomme, y empezó los borradores de una serie de novelas que pensaba reunir bajo el título común de Cuentos negros, que aparecieron en periódicos de la época aparecieron. Entre 1889 y 1891, Silva escribió buena parte de su más conocida poesía, como el Nocturno 2 y, también, en prosa,La protesta de la Musa.
    1891 fue uno de los años más terribles en la vida del poeta: El 6 de enero de 1891 su hermana Elvira cayó enferma de neumonía, según el diagnóstico del doctor Josué Gómez, y falleció cinco días más tarde. La partida de defunción fue firmada por el cura de la catedral, Rafael María Carrasquilla. Entre los poemas que se dijeron en honor de Elvira Silva después del sepelio, sobresalió el escrito por Jorge Isaacs, amigo muy cercano de la familia. La muerte de su hermana fue, tal vez, el golpe más fuerte sufrido por José Asunción hasta entonces. Cubrió el cadáver de su adorada hermana y confidente con lirios y rosas, y lo ungió con perfumes.
    Por varios días, José Asunción Silva no pudo levantarse de la cama, y cuando por fin volvió a sus negocios, llegaron a cobrarle el entierro y no tenía en caja ni los seiscientos pesos de la deuda. La situación fue tal que hasta miembros de su familia llegaron a humillarlo; doña Vicenta achacaba la ruina al afán de Silva por los versos. Se acumularon hasta 52 ejecuciones judiciales en su contra. Todos los bienes, sin exceptuar las joyas de su madre ni los muebles de su casa, acabarían en manos de los acreedores.
    No obstante, el poeta no escatimó esfuerzos para revivir la antigua prosperidad: escribió cartas hasta de 103 páginas a los acreedores; cambió mercancía por las deudas contraídas e incluso escribió un cuento para promocionar los pianos Apollo con sordina que él vendía. En 1893 se vio obligado a mudarse del elegante barrio de La Catedral al más modesto de Las Aguas. En compañía de Baldomero Sanín Cano se dedica al periodismo a tiempo completo, escribiendo para El Telegrama entre otras la columna ''Casos y Cosas''".
    Don Miguel Antonio Caro, encargado del poder, influido tal vez por doña Vicenta y su antigua amistad con don Ricardo Silva, nombró secretario de la legación colombiana en Caracas a José Asunción Silva, acto ratificado con la firma del ministro de Relaciones Exteriores Marco Fidel Suárez, el 5 de mayo de 1894. En agosto Silva, ya famoso en todo el país, fue recibido de manera apoteósica en Cartagena; en una mañana llegó a tener hasta quince visitas; la gente recitaba de memoria sus poemas y el presidente Núñez y doña Soledad Román lo acogieron en su casa del Cabrero, de visita. Llegó a Caracas el día 11 de septiembre. Allí no fue menor la acogida que tuvo, no por su cargo diplomático, sino por ser figura destacada de la intelectualidad latinoamericana.
    En la capital venezolana, aparte de los abrumadores deberes diplomáticos, debido a la inoperante actitud del embajador, el general José del Carmen Villa, José Asunción Silva se dedicó a intercambiar ideas con intelectuales venezolanos, a pulir susCuentos negros y a escribir una nueva novela titulada Amor. Inexplicablemente, en diciembre de 1894 solicitó una licencia para "ir a pasar un mes a Bogotá". Embarcó en el vapor francés Amérique el 21 de enero del año siguiente y, una semana más tarde, el barco encalló frente a Bocas de Ceniza; tras varias horas de zozobra los viajeros fueron rescatados, mas no el equipaje, perdiéndose con ello la mayor parte de la obra literaria del poeta.
    De nuevo en Bogotá, la "maldita pobreza" lo seguía acorralando; pero no por ello Silva desmayó en su intento por progresar y volvió a volcar sus energías de una manera feliz en dos actividades: la reconstrucción de su obra literaria, principalmente de la novela De sobremesa, y la construcción y montaje de una fábrica de baldosines, cuya formulación química Silva había patentado. Consiguió máquinas y oficinas, buscó socios y suscriptores para conseguir el capital necesario, pero el dinero nunca apareció.
    En la noche del 23 de mayo de 1896, tras una velada íntima organizada por doña Vicenta, José Asunción Silva se retiró a su habitación, y a la mañana siguiente fue hallado muerto sobre su cama. El poeta se había suicidado de un tiro en el corazón; se cuenta que había preguntado a un médico la localización exacta de dicho órgano. Fue enterrado en Bogotá, en el cementerio destinado a los suicidas.

    Obras de José Asunción Silva

    A pesar de ser considerado como uno de los grandes de la literatura, la obra de José Asunción Silva no es muy extensa. Se ha querido encuadrar al gran poeta colombiano en el romanticismo y en el modernismo, pero en realidad, nos encontramos ante un poeta excepcional con características singulares. Más que romántico, es un posromántico poderosamente influido por Bécquer y Edgar Allan Poe; se resiste a incorporarse a la corriente modernista que acaudilla Rubén Darío, pero es por sus calidades un precursor y hasta un iniciador del modernismo.
    Una primera etapa está marcada por el romanticismo; así lo demuestra su libroIntimidades, poemas escritos entre los 14 y los 18 años de edad. La obra incluye 59 composiciones (por lo menos dos de ellas en forma fragmentaria), entre las cuales, más de 33 permanecían inéditas. Este libro constituye, tal vez, la fuente más rica de la obra escrita en verso por el poeta colombiano (los poemas sólo fueron publicados en su totalidad en 1977).
    En esos primeros escritos, Silva afianza su voluntad de poeta. Desde el primer poema, Las ondinas, se anuncia el tono general, una obra de gótico romanticismo, de textos lúgubres llenos de misterio; el mundo del poeta es el mundo de los muertos, de la luna, de las "húmedas neblinas...", como cita Eduardo Camacho Guizado.
    Dice Silva en su prólogo de 1882 al poema Bienaventurados los que lloran de Federico Rivas Frade (1858-1922) que Bécquer y sus imitadores "encierran en poesías cortas, llenas de sugestiones profundas, un infinito de pensamientos dolorosos". Juan Gustavo Cobo Borda afirma que este prólogo debe leerse a su vez como autobiografía y poética de Silva, que "entiende la poesía como una actividad cercana a lo religioso, como plegaria o rezo, susurro o confidencia". Por lo menos cuatro composiciones de Intimidades son versiones de textos de Víctor Hugo. Silva quiere evadir la realidad santafereña y se refugia en su soledad para ir en busca del más allá, de los "paraísos imaginarios" que le sugiriera Baudelaire.
    Sin embargo, es El libro de versos la obra considerada de mayor relevancia en la producción literaria del poeta. Un primer gran tema de esta compilación poética lo constituye la infancia, que frente al presente negativo y doloroso parece ser la época más feliz de la vida; pero también existen otras preocupaciones: el poeta y su pasado histórico. La evocación de su infancia personal se hace reflexión épica sobre el pasado histórico latinoamericano, sobre su futuro y su presente. Al pie de la estatua es un poema dedicado al Libertador Simón Bolívar, en el cual el prócer se dirige al poeta. Éste es el único poema que Silva escribe sobre América y que muestra su naciente preocupación histórica y política.
    En "Infancia" Silva plasma sus vivencias de niño; aparecen los personajes de los cuentos infantiles: Caperucita, Barba Azul, Gulliver o el ratón Pérez. El vate colombiano describe aquí sus años de escuela, sus juegos, las historias de la abuela, los paseos al campo... Miguel de Unamuno sugiere que el poeta busca la muerte sólo por la imposibilidad de seguir siendo niño: "El mundo le rompió con el sueño la vida".
    Una segunda preocupación de Silva la constituye el amor, como se aprecia en elNocturno II ("Poeta, di paso...") y en el Nocturno. La pretendida ambigüedad de sus sensaciones íntimas, especialmente en relación con su hermana Elvira, expresadas a raíz de la muerte de ésta en el famoso tercer Nocturno, ha sido apasionadamente comentada por la crítica; a pesar de todo, y a pesar también de la caprichosa elaboración de los versos, el prodigioso conjunto de este Nocturno de ritmo tetrasilábico es un monumento lírico indiscutible. En una tercera instancia de esteLibro de versos, Silva quiere abarcar distintos temas; aquí se recuerdan sus composiciones Un poema y Vejeces. En la última sección, Silva nos revela todo su desengaño del mundo y su pesimismo, como lo anunciara el título de su poemaCeniza o Día de difuntos.
    Otro libro unitario en la obra de Silva lo constituye Gotas Amargas. En esta obra las intenciones poéticas de Silva son diferentes y de claro contenido satírico. Existen otros poemas de Silva de tono satírico no incluidos en estas trece gotas, como por ejemplo Psicopatía de El libro de versos. Al parecer, Silva dio poca importancia a estos poemas, que no consideraba dignos de su talento.
    La sátira abarca temas tales como la literatura de la época, a la que Silva califica de sensiblerías "semi-románticas". También son tema de mofa la afectación intelectual, los poetas "grandiosos y sibilinos", los lectores que confunden la literatura con la vida, las creencias religiosas de su sociedad y de su tiempo, así como sus convenciones sociales, morales y sexuales. Los poemas dispersos, recogidos bajo el título de Versos varios, son traducciones y versiones de poemas europeos (franceses en su gran mayoría), así como poemas juveniles y unos pocos posteriores a El libro de versos.
    La narrativa: De sobremesa
    De sobremesa se considera la obra precursora de la novela modernista. El texto nace de una sugerencia que le hace su amigo Emilio Cuervo Márquez, quien insta a Silva a escribir una novela sobre Bogotá; el poeta responde que escribirá la novela cuando Bogotá cuente con más de medio millón de habitantes, es decir, cuando los bogotanos hayan superado su estrecha mentalidad provinciana. Sin embargo, Silva se decide, y De sobremesa pasa de ser una novela sobre Bogotá a la novela de un bogotano que reside en París.
    En la novela el protagonista, José Fernández, reúne a un grupo de intelectuales en su casa, para leer y comentar, después de la cena, su diario de viaje luego de su retorno de Europa. El personaje de José Fernández constituiría el modelo del héroe modernista: mezcla de sibarita y poeta decadente. El personaje no encuentra límite a sus ansias y ambiciones, no excluye la vivencia de ninguna sensación o experiencia y hace del erotismo su estética. Silva, a través del personaje, hace una descripción de lo que él denominara sus cuatro almas: el artista, que se refugia en el pasado clásico encontrando vulgar lo contingente; el filósofo escéptico y nada pragmático; el gozador, que hastiado de los placeres vulgares, va en busca de placeres más profundos y refinados; y, finalmente, el analista, que discrimina sus sensaciones para vivenciarlas con mayor intensidad.
    José Fernández aparece como el sosías de Silva. Las similitudes entre autor y creación resultan sorprendentes: el poeta y el personaje (también poeta) pasan una temporada en Europa; los dos son igualmente nihilistas; como José Fernández, Silva vive obseso por la imagen de una mujer (María Bashkirtseff o Elvira Silva); y los dos poetas comparten las mismas opiniones sobre su oficio: "yo no quiero decir sino sugerir, y para que la sugestión se produzca es preciso que el lector sea un artista", afirma el personaje de la novela.
    La frágil Helena, por su parte, es la imagen de la mujer ideal, que para Edgar Allan Poe debía ser "joven, hermosa y muerta"; pero encontramos también en De sobremesa la idea de la mujer fatal, mejor representada por lo que Fernández llama "las siete horizontales". Éstas son: Marie Lagendre, la más sensual de sus amantes; Nelly, una muchacha adinerada de Chicago; la colombiana Consuelo; Olga, una baronesa alemana; Julia Musellaro, la hembra mediterránea; Nini Rousset, sexo puro; y, finalmente, Constanza Landsier. Por otro lado, Fernández, como el pirata Barba Azul, asesina a las siete mujeres olvidándolas, cuando después del coito éstas le provocan un asco incontenible.


    Última edición por Lluvia Abril el Mar 24 Nov 2015, 18:51, editado 1 vez


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    Mensaje por cecilia gargantini Mar 24 Nov 2015, 11:26

    Sigan ADELANTE, AMIGOS, que yo- en la medida de mis posibilidades- los sigo!!!!!!!!!!
    Besitossssssssssssss para ambos y graciasssssssssssss
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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 25 Nov 2015, 00:51

    Pues, la verdad, Lluvia: no creo que pueda despedir a quien hace un trabajo que yo sería incapaz de hacer. En todo caso, gracias.

    Y a ti Cecilia, te digo que puedes imaginar la alegría que siento al ver que en esta travesía desértica siempre es un aliciente encontrar tu voz : nos indica que, pese a todo, existen los oasis.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 25 Nov 2015, 00:59

    JOSÉ ASUNCIÓN SILVA

    "EL LIBRO DE LOS VERSOS"

    INFANCIA

    - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Esos recuerdos con olor de helecho

    - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - son el idilio de la edad primera. ( G.G.G.)


    Con el recuerdo vago de las cosas

    que embellecen el tiempo y la distancia,

    retornan a las almas cariñosas,

    cual bandadas de blancas mariposas,

    los plácidos recuerdos de la infancia.


    ¡ Caperucita, Barba Azul, pequeños

    liliputienses; Gulliver gigante

    que flotáis en las brumas de los sueños,

    aquí tended las alas,

    que yo con alegría

    llamaré para haceros compañía

    al Ratoncito Pérez y a Urdimalas!


    ¡Edad feliz! Seguir con vivos ojos

    donde la idea brilla,

    de la maestra la cansada mano,

    sobre los grandes caracteres rojos

    de la rota cartilla,

    donde el esbozo de un bosquejo vago,

    frutos de instantes de infantil despecho,

    las separadas letras juntas puso

    bajo la sombra de impasible techo.


    En alas de la brisa

    del luminoso agosto, blanca, inquieta,

    a la región de las errantes nubes

    hacer que se levante la cometa

    en húmeda mañana;

    con el vestido nuevo hecho jirones,

    en las ramas gomosas del cerezo

    el nido sorprender de copetones;

    escuchar de la abuela

    las sencillas historias peregrinas;

    perseguir las errantes golondrinas

    abandonar la escuela

    y organizar horrísona batalla

    en donde hacen las piedras de metralla

    y el ajado pañuelo de bandera;

    componer el pesebre

    de los silos del monte levantados;

    tras el largo paseo bullicioso

    traer la grama leve,

    los corales, el musgo codiciado.


    Y en extraños paisajes peregrinos

    y perspectivas nunca imaginadas,

    hacer de áureas arenas los caminos

    y de talco brillante las cascadas.


    Los reyes colocar en la colina,

    y colgada del techo

    la estrella que sus pasos encamina

    y en el portal el Niño - Dios riente

    sobre mullido lecho

    de musgo gris y verdecino lecho.


    ¡Alma blana, mejillas sonrosadas,

    cutis de níveo armiño,

    cabellera de oro,

    ojos vivos de plácidas miradas,

    cuán bello hacéis al inocente niño!


    Infancia, valle ameno,

    de calma y de frescura bendecida

    donde es süave el rayo

    de sol que abrasa el resto de la vida.

    ¡Cómo es de santa tu inocencia pura,

    cómo tus breves dichas transitorias,

    cómo es de dulce en horas de amargura

    dirigir al pasado la mirada

    y evocar tus memorias!


    _________________
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    Mensaje por Lluvia Abril Jue 26 Nov 2015, 09:52

    José Asunción Silva




    Al pie de la estatua

    A Caracas


    Con majestad de semidiós, cansado
    por un combate rudo,
    y expresión de mortal melancolía
    álzase el bronce mudo
    que el embate del tiempo desafía,
    sobre marmóreo pedestal que ostenta
    de las libres naciones el escudo
    y las batallas formidables cuenta;
    y su perfil severo,
    que del sol baña la naciente gloria,
    parece dominar desde la altura
    el horizonte inmenso de la historia.
    Un mundo de nobleza se adivina
    en la grave expresión de la escultura
    que el triunfador acero a tierra inclina
    con noble y melancólica postura,
    y tiene el monumento soberano
    alzado de los hombres para ejemplo,
    lo triste de una tumba—do no llega
    el vocerío del tumulto humano—
    y la solemne majestad de un templo.
    Amplio jardín florido lo circunda
    y se extiende a sus pies, donde la brisa
    que entre las flores pasa
    con los cálices frescos se perfuma,
    y la luz matinal brilla y se irisa
    de claros surtidores en la espuma;
    y, do bajo lo verde
    de las tupidas frondas,
    sobre la grama de la Tierra negra
    loca turba infantil juega y se pierde
    y del lugar la soledad alegra
    al agitarse en cadenciosas rondas,
    forjando con las risas y los gritos
    de las húmedas bocas encarnadas,
    con las rizosas cabecitas blondas
    y las frescas mejillas sonrosadas,
    un idilio de vida sonriente
    y de alegría fatua,
    al pie del pedestal, donde imponente
    se alza sobre el cielo transparente
    la epopeya de bronce de la estatua.
    Nada la escena dice
    al que pasa a su lado indiferente
    sin que la poetice
    en su alma el patrio sentimiento…
    Fija
    en ella sus miradas el poeta,
    con quien conversa el alma de las cosas,
    en son que lo fascina,
    para quien tienen una voz secreta,
    las leves lamas grises y verdosas
    que al brotar en la estatua alabastrina
    del beso de los siglos son señales,
    y a quien narran leyendas misteriosas
    las sombras de las viejas catedrales.
    Y al ver el bronce austero
    que sobre el alto pedestal evoca
    al héroe invicto de la magna lucha,
    una voz misteriosa que lo toca
    en lo más hondo de su ser escucha
    y en el amplio jardín detiene el paso.
    Dice la voz de la ignorada boca
    que en el fondo del alma le habla paso:
    ¡Oh, mira el bronce, mira,
    cuál se alza, en el íntimo reposo
    de la materia inerte,
    y qué solemne majestad respira
    la estatua del coloso
    vencedora del tiempo y de la muerte.
    Que resuene tu lira
    para decir que el viento de los siglos,
    que al soplar al través de las edades,
    va tornando en pavesas
    tronos, imperios, pueblos y ciudades,
    se trueca en brisa mansa
    cuando su frente pensativa besa!

    ¡En la feraz llanura
    vivió feliz el indio, cuya seca
    momia por mano amiga sepultada,
    duerme en el fondo de la cripta hueca
    ha siglos olvidada.
    A la orilla del lago
    en donde el agua, cuando el sol se oculta
    forja un paisaje tenebroso y vago,
    ha siglos vino hispano aventurero
    atravesando la maleza inculta
    a abrevar el ligero
    corcel cansado del penoso viaje,
    cuyas recias pisadas despertaron
    los dormidos murmullos del follaje!

    ¡Cómo sombras pasaron!
    ¿Quién sus nombres conserva en la memoria?
    ¡Cómo escapa, perdido,
    de las hondas tinieblas del olvido
    un pueblo al veredicto de la historia!
    ¡Cuántas generaciones olvidadas,
    hoy en las sombras de lo ignoto duermen,
    a la fecunda tierra entremezcladas,
    do el humus yace y se dilata el germen,
    que no dejaron al pasar más huellas,
    con sus glorias, sus luchas y sus duelos,
    que la que deja el pájaro que cruza
    el azul transparente de los cielos!

    ¡Cuántas! Y en cambio, escucha:
    ¡Una sola, una sola
    generación se engrandeció en la lucha
    que redimió a la América Española!
    Y legó a los poetas del futuro,
    más nombres que cantar, más heroísmos
    que narrar a las gentes venideras,
    que astros guarda el espacio en sus abismos
    y conchas tiene el mar en sus riberas!

    Cuenta la grande hazaña
    de aquella juventud que decidida
    en guerra abierta con la madre España
    ofrendó sangre, bienestar y vida;
    canta las rudas épocas guerreras,
    de luchas, los potentes paladines
    de cuerpos de titán y almas enteras,
    que de América esclava los confines,
    desplegadas al aire las banderas,
    y al rudo galopar de sus bridones,
    recorrieron, llamando a las naciones
    con el bélico son de sus clarines.
    Y en la oda potente
    que en sus estrofas sonoras cuente
    el esfuerzo tenaz, la lidia dura,
    que dieron libertad a un continente
    y al hispano dominio sepultura,
    haz surgir la figura
    del padre de la Patria, cuyas huellas,
    irradian del pasado
    en el fondo sombrío,
    como en las noches plácidas y bellas
    Júpiter coronado de centellas,
    hace palidecer en el vacío
    la lumbre sideral de las estrellas.

    No lo evoque tu acento,
    cuando el designio soberano toma
    de redimir la América oprimida,
    en la hora sublime y taciturna
    en que pronuncia el grave juramento
    de la cesárea Roma
    en la desierta soledad nocturna;
    no, cuando en el fragor de la batalla ,
    en sus ojos la idea,
    con eléctrico brillo centellea,
    mientras que la metralla
    y el bronco resonar de los cañones
    y el ímpetu de rayo
    de los americanos batallones,
    pavor y angustia extrema
    siembran en los deshechos escuadrones
    de los nietos del Cid y de Pelayo;
    No, cuando la victoria,
    como mujer enamorada sigue
    el paso audaz de su corcel fogoso
    que va a beber del Rímac en las ondas
    y se le entrega loca y lo persigue;
    No, cuando brinda opima
    cosecha de placeres soberanos,
    a sus sentidos la opulenta Lima,
    ni cuando el gran concierto
    de un continente, Padre le proclama
    y “árbitro de la paz y de la guerra”
    y su nombre la Fama
    esparce a los confines de la tierra.
    No, no le cantes en las horas buenas
    en que, unido a los vítores triunfales,
    vibró en su oído el son de las cadenas,
    que rompió de los tiempos coloniales:
    Cántalo en las derrotas,
    en la escena de grave desaliento
    en que sus huestes considera rotas
    por las hispanas filas,
    y perdida la causa sacrosanta,
    y una lagrima viene a sus pupilas,
    y la voz se le anuda en la garganta,
    y recobrando brío,
    y dominando el cuerpo que estremece
    de la fiebre el sutil escalofrío,
    grita “Triunfar”
    Y la tristeza exalta
    de tenebrosa noche de septiembre
    cuyos negros recuerdos nos oprimen,
    en que la turba su morada asalta,
    y femenil amor evita el crimen
    infando… y luego cuenta
    las graves decepciones
    que aniquilan sus er, las pequeñeces
    de míseras pasiones,
    que, por el campo en que soñó, abundante,
    cosecha ver, de sazonadas mieses,
    van extendiendo míseras raíces,
    en torno, cual la yerba
    que el vigor de los gérmenes enerva
    y mata, al envolverlos en sus lazos.
    Di su sueño más grande hecho pedazos.
    Di el horror suicida
    de la primer contienda fractricida,
    en que, perdidos los ensueños grandes
    de planes soberanos,
    las colosales gradas de los Andes
    moja sangre de hermanos.
    ¡Oh! di cuando clarea
    el misterioso panorama oscuro
    que ofrece a sus miradas el futuro,
    y con sus ojos de águila sondea
    hasta el fin de los tiempos, y adivina
    el porvenir de luchas y de horrores
    que le aguarda a la América latina.
    di las melancolías
    de sus últimos días
    cuando en la orilla de la mar, a solas
    sus tristezas profundas acompaña
    el tumulto verdoso de las olas;
    cuenta sus postrimeras agonías!
    Otros canten el néctar
    que su labio libó: di tú las hieles;
    tú que sabes la magia soberana
    que tienen las ruinas
    y al placer huyes y su pompa vana,
    y en la tristeza complacerte sueles;
    Di en tus versos, con frases peregrinas
    la corona de espinas
    que colocó la ingratitud humana
    en su frente, ceñida de laureles.
    Y haz el poema sabio
    lleno de misteriosas armonías,
    tal que al decirlo, purifique el labio
    como el carbón ardiente de Isaías;
    Hazlo un grano de incienso
    que arda, en desagravio
    a su grandeza, que a la tierra asombra,
    y al levantarse al cielo un humo denso
    trueque en sonrisa blanda
    el ceño grave de su augusta sombra!

    “Deja que, al conmoverse cada fibra
    de tu ser, con las glorias que recuerdas,
    en ella vibre un canto, como vibra
    una nota melódica en las cuerdas
    del teclado sonoro;
    la débil voz levanta:
    Inmensa multitud formará el coro;
    ¡Flota en la luz del sol, estrofa santa!
    ¡Vibrad, liras sonoras del espíritu!
    ¡Alzate, inspiración; poeta, canta!

    ¡Oh, no! Cuánto pudiera
    (así en interno dialogo responde,
    del poeta la voz), el bronce augusto
    sugerir de emoción grave y sincera,
    escrito está en la forma
    que en clásico decir buscó su norma,
    por quién bebió en la vena
    de la robusta inspiración latina,
    y apartando la arena
    tomó el oro más puro de la mina
    y lo fundió con cariñoso esmero,
    y en estrofas pulidas cual medallas
    grabó el perfil del ínclito guerrero…
    ¡ Oh recuerdos de trágicas batallas!
    ¡Oh recuerdos de luchas y victorias!
    ¡No será nuestra enclenque
    generación menguada
    la que entrar ose al épico palenque
    a cantar nuestras glorias!
    ¡Oh siglo que declinas:
    te falta el sentimiento de lo grande!
    Calla el poeta y si la estrofa escande
    huye la basta pompa
    y le dá blando son de bandolinas
    y no tañido de guerrera trompa!

    ¡Oh sacrosantos manes
    de los que “Patria y Libertad” clamando
    perecisteis en trágicas palestras:
    Más bien que orgullo, humillación sentimos
    si vamos comparando
    nuestras vidas triviales con las vuestras!
    Somos como enfermizo descendiente
    de alguna fuerte raza,
    que expuestos en histórica vitrina
    mira el escudo, el yelmo, la tizona
    y la férrea coraza
    que para combatir de Palestina
    en la distante zona,
    en la cruzada, se ciñó el abuelo;
    al pensar, baja la mirada al suelo,
    con vergüenza sombría,
    que si el arnés pesado revistiera
    de aquél cuya firmeza y bizarría
    en el campo feral causaba asombros
    bajo su grave peso cedería
    la escasa resistencia de su hombro

    ¡Oh Padre de la Patria!
    te sobran nuestros cantos; tu memoria
    cual baiel poderoso,
    irá surcando el océano oscuro
    que ante su dura quilla abre la historia
    y llegará a las playas del futuro.
    Junto a lo perdurable de tu gloria,
    es el rítmico acento
    de los que te cantamos,
    cual los débiles gritos de contento
    que lanzan esos niños, cuando en torno
    giran del monumento;
    mañana tras la vida borrascosa,
    dormirán en la tumba hechos ceniza,
    y aún alzará a los cielos su contorno
    el bronce que tu gloria inmortaliza.

    Dice el poeta, y tiende la mirada,
    por el amplio jardín, donde la brisa
    que entre las flores pasa,
    en los cálices frescos se perfuma,
    y la luz matinal brilla y se irisa
    de claros surtidores en la espuma;
    Y, do, bajo lo verde
    de las tupidas frondas,
    sobre la grama de la tierra negra,
    loca turba infantil grita y se pierde
    y la tristeza del lugar alegra
    al agitarse en cadenciosas rondas,
    forjando con las risas y los gritos
    de las húmedas bocas encarnadas,
    con las rizosas cabecitas blondas
    y las frescas mejillas sonrosadas,
    un idilio de vida sonriente
    y de alegría fatua
    al pie del pedestal, donde imponente
    se alza sobre el cielo transparente
    la epopeya de bronce de la estatua.










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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 27 Nov 2015, 04:02

    El siguiente autor que me hubiera gustado tocar es un argentino inmortal : LEOPOLDO LUGONES. Creo, y ya lo he dicho, que no es muy funcional repetir autores como no sea para decir cosas nuevas. LEOPOLDO LUGONES fue tratado por MARÍA LUA, a partir del 23 del IX de 2009. Le ayudaron Evangelina Valdez, con muy buenas aportaciones; Ana María di Bert y Walter Faila. Remito pues a ese trabajo. Y si alguien desea completar lo más lógico es que lo haga allí.
    Gracias.


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    Ni cañones que maten la esperanza." 
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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb 28 Nov 2015, 03:56

    Pues muchas gracias, Pascual, y a todos los que por aquí pasaron y pasan.

    Un beso.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 01 Dic 2015, 00:37

    El siguiente autor estará aquí en cuanto lo consensuemos Lluvia y yo. Creo que no habrá problemas. Creo que gustará. Y espero que podamos empezarlo antes del puente para concluirlo la próxima semana.


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    Mensaje por Lluvia Abril Mar 01 Dic 2015, 07:25

    Cuando tú digas arrancamos, bueno, mejor dicho, arrancas, es todo un placer seguirte.
    Un beso.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 02 Dic 2015, 05:34

    A la espera de que Lluvia tenga tiempo de poner la Biografía del autor que sigue voy a empezar a pasar una de sus obras fundamentales, en muchos momentos, imagen de Martín Fierro, en cuanto exaltación de unos personajes que se afincan en un territorio y terminan definiendo una Nación. Una obra que nos ha parecido suficientemente interesante como para venir a este espacio :


    ALMA CHILENA.-

    La inmensa ciudad, el puerto,

    el que echa hombres, trigo, granza

    a la Europa o al desierto,

    la inmensa ciudad, el puerto

    descansa.


    Descansa su mar, su informe

    movimiento, sus herrajes,

    su humo, su alcohol, su enorme

    carne, su alma multiforme,

    sus músculos, sus blindajes.


    Su lanchero de ágil ojo,

    su alba miss que es un querube,

    los príncipes del despojo

    y el romántico archiflojo

    que con su hambre hasta Dios sube.


    Descansa. Y en los opacos

    focos de luz se acentúa;

    surgen ladrones, bellacos,

    y es junto a ruinas y sacos

    fantasma enorme la grúa.


    Fantasma que alza la testa

    de acero, junto a la carga,

    y que parece ahí, enhiesta,

    tener una idea puesta,

    negra y honda, sabia y larga.


    Viento sordo va y se asombra

    ante los sueños de un faro

    y en pos de algo que se escombra

    vaga embozado en la sombra

    como un noctámbulo raro.


    Para merodear en torno

    de dos barcos alemanes

    que han sufrido agrio bochorno

    buscando por Cabo de Hornos

    el Canal de Magallanes.


    Desde la ciudad... Brilla

    la luz eléctrica, mana

    tristeza, llora en la orilla;

    en lo alto de la capilla

    se lamenta una campana...


    Y ensimismado, indolente,

    próximo a acabar el turno,

    estúpido, indiferente,

    piensa en todo vagamente

    el pobre guardián nocturno.


    La inmensa ciudad condensa

    su vida, ahonda en sí misma,

    y bajo la noche inmensa

    se reconcentra, comienza

    a meditar y se abisma.


    Todo calla, todo calla...

    Sólo desde el mar, del dique

    llega un resplandor de hornalla

    y redobla la metralla

    del martillo junto al pique.


    Y vense chispas de fragua

    sobre la curva de un dombo,

    y en un barcazo, el "Oyagua",

    se asusta y se crispa el agua

    por los golpazos del combo.


    Son los trabajos del dique...

    Es el formidable cántico,

    el clarinazo, el repique

    del martillo junto al pique

    en que se halla el transatlántico.


    Son los maestros de fragua,

    mecánicos que, aptos, sobre

    la hosca herida del "Oyagua",

    retan frío, fuego y agua

    con sus músculos de cobre.


    Son los rotos de alto rango.

    ¿Son de dónde? Nadie sabe:

    uno recuerda que en Tango

    hundió el cuchillo hasta el mango

    por cierto asuntillo grave... (cont.)




    Última edición por Pascual Lopez Sanchez el Miér 02 Dic 2015, 08:58, editado 1 vez


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    Mensaje por Lluvia Abril Miér 02 Dic 2015, 05:36

    Pues aquí llegamos con este nuevo autor, y del que hablaremos, y en mi caso particular, conoceré.
    Gracias, Pascual.

    CARLOS PEZOA VÉLIZ


    Biografía


    Carlos Enrique Moyano Jaña. Mejor conocido como Carlos Pezoa Véliz fue un Poeta y periodista chileno. Su obra, que estuvo influida a medias por el modernismo y el naturalismo, rompe con los modelos parnasianos y simbolistas del modernismo dariano y se inscribe en elposmodernismo, constituye un pilar fundamental en la historia de la poesía chilena.

    Síntesis biográfica
    Procedencia

    Carlos Enrique Moyano Jaña nace el 21 de julio de 1879 en un suburbio de Santiago, Chile. Su madre Elvira Jaña, una joven dedicada al servicio doméstico, criada o costurera. Su padre, un inmigrante español, que vino a probar suerte a Chile.
    Los patrones de su madre José María Pezoa y Emerencia Véliz, un humilde matrimonio que lo crió desde niño, imposibilitados de tener hijos, lo adoptaron, dándole todo lo que se podía a un niño, incluso, años después le adoptaron una hermanita. Ésta fue, ya cuando adulto, su verdadera familia. Su adolescencia transcurrió entre los suburbios de Santiago, y las fugas a Valparaíso y Viña del Mar.

    Estudios y oficios

    La pobreza en que vivía le obligó a trabajar mientras estudiaba. Así, fue ayudante de zapatero remendón, calador de sandías, etc. En la Escuela Pública Número 3 realizó sus estudios primarios. En 1892 siguió su primer año de Humanidades en el Instituto Nacional y, al año siguiente, se matriculó en el Colegio de San Agustín de Santiago e hizo, posteriormente, algunos estudios en el Instituto Superior de Comercio. Sin embargo, no duró mucho en éstos; los abandonó por un tiempo aunque, finalmente, los terminó con la ayuda de Enrique Oportus, gran bohemio y humanista, que fue su profesor.

    Juventud

    Siendo un veinteañero conoce su primer gran amor, el que no estuvo exento de conflictos que quedaron plasmados en su poema "Cosa Pasada".
    Parte más tarde a Valparaíso en busca de Forne, concesionario de Islas de Juan Fernández, soñando con ganancias fabulosas y no muy difíciles de conseguir. Pero después de infructuosas búsquedas, se ve obligado a volver a Santiago. Cae nuevamente en la miseria. En este tiempo vive con Ignacio Herrera Sotomayor y ambos padecen hambre. Al respecto, “Se alimentan de unas tazas de té y de pan. Con papeles de diarios Pezoa Véliz suplía los calcetines, pues la pobreza era tan grande que le faltaba hasta lo más indispensable.”
    Más tarde trabaja como profesor en el Instituto Inglés y, a la vez, realiza funciones de periodista. Sin embargo, su tranquilidad no duraría mucho. El 21 de septiembre muere su madre adoptiva y el 20 de abril de 1904 muere su padre, con las piernas cortadas por un tranvía.

    Militar

    En 1898 entró en el Ejército como Guardia Nacional, donde ejerció de Subteniente, cargo que dejó algún tiempo después. Antes de finalizar el siglo colaboraba en El Búcaro Santiaguino de Alberto Mauret, mientras que trabajaba de ayudante en la Escuela de San Fidel; allí ganaba un sueldo pequeño, que más tarde perdió por sus ideas socialistas y anarquistas, las cuales chocaban con las monjas que sostenían la Escuela. A causa de los disgustos con su familia, Pezoa vive en un “conventillo” y sufre una gran pobreza. Se hace amigo de poetas callejeros, y él mismo se convierte en un poeta popular. Luego se reintegró en su familia.
    A mediados de junio de 1900 regresa a las filas militares donde trabaja en el Escuadrón de Escolta. Sin embargo, no durará mucho en esta ocupación, ya que tiene que retirarse porque no le consideraron apto para el servicio. En todo este período el poeta se siente mal de salud, además de no conseguir satisfacer sus necesidades más indispensables.
    Se afilia al Partido Liberal y, después de participar en la campaña presidencial de Pedro Montt (que salió triunfador), es nombrado Secretario Municipal de la Alcaldía y Municipalidad de Viña del Mar. En 1905 parte en una gira periodística al Norte Grande, a la pampa salitrera.
    Carrera literaria

    Seudónimos

    En su afán utilizó diversos seudónimos, como Juan Pereza, Pedro Gringoire, Juan Chambergo, Veliz Nilis, Juan Cachimba, El Acriminao, Morucho, Juan Mauro Bío Bío.
    Inicios
    Comenzó escribiendo en La Lira Popular, donde compartió el oficio con otros poetas y payadores populares. En 1902 algunos jóvenes escritores e intelectuales de Valparaíso realizan una velada en su honor. En esta ciudad recita sus versos. Al no tener residencia en el lugar se hace coplero nuevamente y sale a la calle en compañía de poetas populares. Posteriormente se hace agente de avisos del diario El Chileno, por lo que su situación económica empieza a estabilizarse. Se instala en Viña del Mar en 1904. El Ateneo santiaguino lo invita a la capital a leer sus versos. El público recibe su poema “Pancho y Tomás” con calurosos aplausos.

    Temática

    Se hace amigo de poetas callejeros, y él mismo se convierte en un poeta popular Pezoa Véliz fue el poeta más importante de su época. Su trabajo artístico rompe con los modelos parnasianos y simbolistas del modernismo dariano y se inscribe en el posmodernismo. En su obra se ve reflejada su triste vida y la de aquellos seres con los que se relacionó en el submundo de la marginalidad social, la bohemia artística y la provincia.
    Cantó al mundo popular de Santiago, a la desnudez del campo, al hombre pobre, al vagabundo, al despojado. Es el más representativo de los poetas inspirados en la raíz y voz de su pueblo. El campo y la ciudad, el campesino pobre y el hombre caído de la calle constituyen su tema, el cual expresa con una sencillez admirable. Se hermana con ellos. Se identificó con los sufrimientos del pueblo, a la vez que ejerció innovaciones verbales y rimas más o menos complejas. Toma algunas características propias del pueblo chileno, tales como el fatalismo, la abulia y la resignación. Se puede apreciar en su literatura un elemento muy particular de la poesía chilena que comenzaba a elaborarse de manera más definida y clara: la tendencia a contar historias.
    Utiliza un lenguaje coloquial e irónico, aunque también por sus poemas espejea la melancolía y el dolor. Hay rebeldía, cierto lirismo y muchos han visto en él un antecedente de Nicanor Parra.

    Reconocimiento

    Su reconocimiento como poeta lo logra en el Ateneo Obrero de Santiago el 6 de agosto de 1899, donde leyó por primera vez "Hijo del pueblo" y "Libertaria". Fue el primer secretario del modesto Ateneo anarquista.
    Su poética inscrita en el movimiento posmodernista latinoamericano, que rompe con los modelos parnasianos y simbolistas del modernismo dariano, constituyó una conciencia del lenguaje como fundamento en una nueva mirada sobre el mundo y, en particular, sobre las raíces culturales y psicológicas de lo chileno. Pezoa puede considerarse como un poeta fundacional y fundamental en la historia de la poesía chilena. En este período se inicia en la literatura, principalmente prosa poética.
    Pezoa Veliz canta a "la provincia triste y desnuda, de invierno y miseria. Rasgo relevante de sus textos son los temas del fatalismo, la resignación y la abulia, propios del pueblo chileno" (Nain Nomez).

    Etapas de su obra

    La poesía de Carlos Pezoa Véliz se puede dividir en tres etapas: En su primer tiempo, sus poemas están fuertemente imbuídos por el romanticismode la época, destacándose notablemente su lenguaje pasional, saturado de erotismo y tristeza. En su segundo período (1902 – 1905), es sin duda el más importante, destacándose sus poemas "Nada", "El Organillo" y "Juan Pereza", que denotan una gran intensidad y madurez lírica, que lo colocaron entre los grandes de la literatura chilena de este siglo. Finalmente, en sus últimos años, su mirada se dirige a lo cotidiano y contingente, al "Alma Chilena", poema que culmina su crecimiento lírico.
    Influencia literaria
    Sus principales influjos literarios fueron Gutiérrez de Nájera, Gustavo Adolfo Bécquer y Edgar Allan Poe, Rubén Darío y el gusto modernista por lo "raro" que imperaba en la época; pero también hay en su obra una vertiente social que podría venir de lecturas de Gorki y Tolstoi. Posteriormente, entrado el siglo XX, se desempeñó como periodista en los diarios El Chileno, La comedia humana y La voz del pueblo, medios que le sirvieron para conocer, en calidad de reportero, la vida y costumbres de las oficinas salitreras del norte, del que quedó como vívido documento su cuento "El taita de la oficina".

    Obras

    Alma chilena (publicado en 1911 por Ernesto Montenegro)
    Las Campanas de Oro. 1920
    Cuentos y Artículos. 1927
    Antología de Carlos Pezoa Véliz. 1957.
    Primera revelación del alma popular


    Poesías

    Al amor de la lumbre (Junto a las grutas de las quebradas)
    El perro vagabundo (Flaco, lanudo y sucio. Con febriles)
    El pintor Pereza (Este es un artista de paleta añeja)
    Entierro de campo (Con un cadáver a cuestas,)
    Fecundidad (El porte grave, el porte de esta robusta vaca)
    Nada (Era un pobre diablo que siempre venía)
    Tarde en el hospital (Sobre el campo el agua mustia)
    Teodorinda (Tiene quince años ya Teodorinda,)

    Sonetos

    A una morena (Tienes ojos de abismo, cabellera)
    Cuerdas heridas (Semejante al fulgor de la mañana,)
    Crónica
    El búcaro santiaguino

    Poema

    “Pancho y Tomás”


    Muerte


    El 16 de agosto de 1906, el terremoto que destruyó Valparaíso lo deja inválido al resultar atrapado en la pensión que vivía. Queda malherido y debe usar muletass. Tuvo largos tratamientos y una penosa convalecencia, siendo tratado en el Hospital Alemán de Valparaíso. Se recupera, aunque no satisfactoriamente. Se siente mal, sufre dolores, pierde peso. Viaja a Santiago y en el Hospital San Vicente de Paul lo operan de apendicitis, pero la herida no cicatriza. Se le descubre que estaba enfermo de tuberculosis. Pese a todos los esfuerzos la enfermedad comienza a quitarle la vida. Muere en el Hospital San Vicente el 21 de abril de 1908 cuando aun no cumplía 30 años. Durante la enfermedad escribe su poema "Tarde en el Hospital", publicado en 1907. Al día siguiente de su muerte un redactor del conservador Diario Ilustrado escribió: "Hoy sus íntimos llevarán su cadáver al cementerio. Mañana nadie se acordará de él".
    En vida no vio su afán convertido en libros. En 1911 el escritor Ernesto Montenegro reúne y publica por primera vez sus poemas en un libro tituladoAlma Chilena. Posteriormente Armando Donoso aglutina poemas, cuentos y artículos periodísticos con el título Campanas de Oro (1927). Más adelante, otro escritor, Nicomedes Guzmán publica Antología de Carlos Pezoa Véliz (1957). Cuatro años después de su muerte, su obra fue rescatada de los periódicos por Ernesto Montenegro y publicada en 1912 bajo el título Alma Chilena, nombre tomado de uno de los poemas. Otras obras son: Campanas de Oro (1921) y Poesías y Prosas Completas (1927), ambas publicadas póstumamente.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 02 Dic 2015, 09:00

    Estupenda, como siempre, la biografía. Besos.


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    Mensaje por Lluvia Abril Miér 02 Dic 2015, 19:28

    El pintor Pereza


    Este es un artista de paleta añeja
    que usa una cachimba de color coñac
    y habita una boharda de ventana vieja
    donde un reloj viejo masculla: tic tac...

    Tendido a la larga sobre un mueble inválido,
    un bostezo larga, y otro, y otro: ¡tres!
    ¡Diablo de muchacho, pobre diablo escuálido,
    pero con modorras de viejo burgués!

    Cerca de él, cigarros fingen los pinceles,
    sobre la paleta de extraño color:
    sus últimos toques fueron dos claveles
    para un cuadro sobre cuestiones de amor.

    Cerca un lápiz negro de familia Faber
    enristra la punta como un alfiler;
    hay tufo a sudores y olor a cadáver,
    hay tufo a modorras y olor a mujer.

    Juan Pereza fuma, Juan Pereza fuma
    en una cachimba de color coñac,
    y mira unos cuadros repletos de bruma
    sobre un hecho que hubo cerca del Rimac.

    El pintor no lee. La lectura agobia,
    y anteojos de bruma pone en la nariz;
    Juan odia los libros, ve horrible a su novia,
    y todas las cosas con máscara gris.

    Su mal es el mismo de los vagabundos:
    fatiga, neurosis, anemia moral,
    sensaciones raras, sueños errabundos
    que vagan en busca de un vago ideal.

    Ni piensa, ni pinta, ni el humor ingenia.
    ¡Qué ha de pintar, si halla todo sin color!
    Tiene hipocondría, tiene neurastenia,
    y hace un gesto de asco si oye hablar de amor.

    Mira un cuadro antiguo sin pensar en nada,
    mira el techo, el humo, las flores, el mar,
    una barca inglesa que ha tiempo está anclada
    y unas acuarelas a medio empezar.

    De un escritorillo sobre la cubierta
    un ramo de rosas chorrea placer
    y una obra moderna, rasgada y abierta,
    muestra sus encantos como una mujer.

    El pintor no lee. La lectura agobia:
    Juan Valjean es bruto, necio Tartarín;
    Juan odia los libros, ve horrible a su novia
    y muere en silencio, de tedio, de esplín.

    Sudores espesos empapan los oros
    que el lacio cabello recoge del sol,
    y se abren al beso del aire los poros
    del rostro manchado con tintas de alcohol.

    Y mientras el meollo puebla un chiste rancio,
    que dicho con gracia fuera original,
    una flor de moda muere de cansancio
    sobre la solapa donde está el ojal.

    Hay planchas que esperan el baño potásico;
    un cuadro de otoño y una mancha gris,
    una oleografía de un poeta clásico
    con gestos de piedra y ojuelos de miss.

    Juan Pereza fuma, Juan Pereza fuma
    en una cachimba de color coñac,
    y enfermo incurable de una larga bruma,
    oye un reloj viejo que dice: tic tac...

    Ni piensa ni pinta, ni el humor ingenia.
    ¡Qué ha de pintar si halla todo color gris!
    Tiene hipocondría, tiene neurastenia
    y anteojos de brumas sobre la nariz.

    Así pasa el tiempo. Solo, solo el cuarto...
    Solo Juan Pereza, sin hablar. ¿De qué?
    Flojo y aburrido como un gran lagarto,
    muerta la esperanza, difunta la fe.

    La madre está lejos. A morir empieza,
    allá donde el padre sirve un puesto ad hoc;
    no le escribe nunca porque la pereza
    le esconde la pluma, la tinta o el block.

    Hace ya diez años que en el tren nocturno
    y en un vagón de última dejó la ciudad;
    iba un desertado recluta de turno
    y una moza flaca de marchita edad.

    Un gringo de gorra pensaba, pensaba...
    Luego un cigarrillo... Y otro. ¿Fuma usted?
    Luego un frasco cuyo líquido apuraba
    para tanta pena, para tanta sed.

    ¡Tanta pena, tanta! Su llanto salobre
    secaba una vieja de andrajoso ajuar;
    iba un mercachifle y un ratero pobre
    y una lamparilla que hacía llorar.

    La vida... Sus penas. ¡Chocheces de antaño!
    Se sufre, se sufre. ¿Por qué? ¡Porque sí!
    Se sufre, se sufre... Y así pasa un año...
    y otro año... ¡Qué diablo! la vida es así...







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    Mensaje por Lluvia Abril Miér 02 Dic 2015, 19:35

    Nada



    Era un pobre diablo que siempre venía
    cerca de un gran pueblo donde yo vivía;
    joven rubio y flaco, sucio y mal vestido,
    siempre cabizbajo... ¡Tal vez un perdido!

    Un día de invierno lo encontramos muerto
    dentro de un arroyo próximo a mi huerto,
    varios cazadores que con sus lebreles
    cantando marchaban... Entre sus papeles
    no encontraron nada... los jueces de turno
    hicieron preguntas al guardián nocturno:
    éste no sabía nada del extinto;
    ni el vecino Pérez, ni el vecino Pinto.

    Una chica dijo que sería un loco
    o algún vagabundo que comía poco,
    y un chusco que oía las conversaciones
    se tentó de risa... ¡Vaya unos simplones!

    Una paletada le echó el panteonero;
    luego lió un cigarro; se caló el sombrero
    y emprendió la vuelta...
    Tras la paletada, nada dijo nada, nadie dijo nada...









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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 03 Dic 2015, 16:22

    ¡Válgame, amiga mía...! No he podido hacer nada desde esta madrugada. La documentación del abogado; la comida; la freganza ( palabra no admitida por el diccionario, pero que a mi me parece más correcta que fregadura)... y un sin fin de tareas me ha impedido centrarme .

    Como toda la jubilación vaya así estoy apañado.

    Besos.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 03 Dic 2015, 16:34

    ALMA CHILENA ( CARLOS PEZOA VÉLIZ) Cont.

    Ahí está el "Nariz de Luna"

    que hoy es tiemple de la Ulalia.

    ¿Y este rubiote que fuma?

    Fue el hijo de un bichicuma

    que importaron de la Australia.


    Y el maipino Juan María,

    Juan José, Pancho Cabrera,

    huasos que fueron un día,

    hoy ya en la secretaría

    de un Centro de Unión Obrera.


    Y Austin, un viejo que encanta,

    padre de siete gandules,

    que, como eran de "emigranta",

    fueron de mirada santa

    y ojos hondamente azules.


    Y Sancho, un hombrón que dienta

    carne y que en carne desborda

    y de quien alguno cuenta

    que hace sudar "al de treinta" (*)

    y aún engorda.


    John Pencil, pintors mestizo

    que traza siempre en el dique,

    siempre un cuadro: un mar cobrizo,

    dos barcos, Prat en Iquique,

    inaudito, hosco, macizo.


    (*) Martillo de treinta kilos

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 04 Dic 2015, 01:26

    ALMA CHILENA ( CARLOS PEZOA VÉLIZ)

    Cont.

    Y el negro Lucho Orellana

    bufón de la alegre tropa

    que con un "congrio" que gana

    mantiene madre y hermana

    y aún le queda "pa la copa".


    Todos temple de machete.

    Cada uno buen muchacho

    con el buen humor de siete,

    que arroja como un cohete

    la pulla y el dicharacho.


    Que ríe con alborozo,

    que atruena martillo y fragua,

    como ahora ante el sabroso

    poema de risa y gozo

    que alguien cantó en el "Oyagua".


    Yo he traído ahora el caso

    porque lo oí a un viejo cuque (*)

    de este célebre barcazo;

    después me lo contó un huaso

    que en Corral trepó a este buque.


    El caso es que en él venía

    un vasco de alma canora;

    venía a Chile; pondría

    gran taller, ¡ en compañía!

    ¡De quién? "- Pues, de la zeñora"...


    Hablaba de un "tallerazo"

    con canto ampuloso, eterno,

    - ¿Capital poco, amigazo?

    - ¡Corchos! ¡ Qué ha de ser escaso

    si el capital es del Gobierno!  (Cont.)


    (*) Cuque : cocinero.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 04 Dic 2015, 07:14

    ALMA CHILENA ( CARLOS PEZOA VÉLIZ) Cont.

    Hablaba de echar aviso,

    de recoger carga y gente.

    - En conforme tierra piso,

    entro yo en Valparaiso

    y me busco al Presidente.


    Su mujer, que ya traía,

    sus niños tendrían casa.

    ¡de pensar esto, reía!

    El agente allá decía

    que esta tierra era "buenaza".


    El buen vasco de esta historia

    bajó a tierra en Punta arenas:

    - ¡Qué voy y vuelvo, Gregoria.

    Y en pos de un grito de gloria

    ¡ A ver las tierras chilenas !


    Ya no las vio más ¡Maldita

    testa! Después de la copa

    regresó, tomó el "Orita"

    que se iba; ¡ cosa inaudita!

    hoy el vasco vuelve a Europa.


    ¡Santo Dios! Potente cara

    como un toque de rebato;

    cristalina, alegre, clara

    como jamás resonara

    la risa acogió el relato.


    Una carcajada impía

    de ondas claramente bellas,

    que robusta, alta, bravía

    se extendió por la bahía

    y ascendió hasta las estrellas. ( cont.)



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 04 Dic 2015, 08:32

    ALMA CHILENA ( CARLOS PEZOA VÉLIZ) cont.


    - ¡Ay! , para mí ese vasco "indino"

    vino... a enviudar. - Yo a este chusco

    le hallo gusto a caldo y vino...

    ¡Oye, eh ! ¿Piensas que este vasco

    es primo de Bertoldino?


    Y un hombre de cara larga,

    famoso por lengua suelta,

    secreteó esta pulla amarga :

    - ¡Un viaje de retrocarga!

    ¡Emigración de ida y vuelta!


    Reíase con estruendo,

    como ríen los ladinos

    huasos, como canta riendo

    el borbollón que corriendo

    va en los ríos colchagüinos...


    Como un mozo tardo al lloro

    que un amorío recuerde

    o a un chascarro le haga coro;

    como ríe un campo verde

    cuando del sol le cae oro...


    Con la alegría que ofrenda

    el blanco de los pehuales

    o el poncho que huele a hacienda;

    con la alegría estupenda

    de los bailes nacionales.


    Como el mozo que galopa

    y a la novia en los aldeanos

    deslindes cantando topa;

    como el tril en la alta copa

    de los colhues araucanos. ( cont.)



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    Mensaje por Lluvia Abril Vie 04 Dic 2015, 10:24

    Entierro De Campo
    Carlos Pezoa Veliz


    Con un cadáver a cuestas,
    camino del cementerio,
    meditabundos avanzan
    los pobres angarilleros.
    Cuatro faroles descienden
    por Marga-Marga hacia el pueblo,
    cuatro luces melancólicas
    que hace llorar sus reflejos;
    cuatro maderos de encina,
    cuatro acompañantes viejos…
    Una voz cansada implora
    por la eterna paz del muerto;
    ruidos errantes, siluetas
    de árboles foscos, siniestros.
    Allá lejos, en la sombra,
    el aullar de los perros
    y el efímero rezongo
    de los nostálgicos ecos…
    Sopla el puelche. Una voz dice:
    -Viene, hermano, el aguacero.
    Otra voz murmura: -Hermanos,
    roguemos por él, roguemos.
    Calla en las faldas tortuosas
    el aullar de los perros;
    inmenso, extraño, desciende
    sobre la noche el silencio;
    apresuran sus responsos
    los pobres angarilleros,
    y repite alguno: -Hermano,
    ya no tarda el aguacero;
    son las cuatro, el agua viene,
    roguemos por él, roguemos.
    Y como empieza la lluvia,
    doy mi adiós a aquel entierro,
    pico espuela a mi caballo
    y en la montaña me interno.
    Y allá en la montaña oscura,
    ¿quién era?, llorando pienso:
    -¡Algún pobre diablo anónimo
    que vino un día de lejos,
    alguno que amó los campos,
    que amó el sol, que amó el sendero,
    por donde se va a la vida,
    por donde él, pobre labriego,
    halló una tarde el olvido,
    enfermo, cansado, viejo.



    Al amor de la lumbre

    A la señora Dolores Endeyza de Silva.



    Junto a las grutas de las quebradas
    donde las aguas alborotadas
    charlan de asuntos si ton ni son,
    hay una casa de corredores
    donde hay palomas tiestos con flores,
    y enredaderas en el balcón.

    Es una casa de tres ventanas
    donde la madre luce sus canas
    como argumento de algo gentil,
    y unos modales llenos de gracia
    que hacen más grave la aristocracia
    del aire místico y señoril.

    Si fueran cosas de tiempo antiguo,
    más de una oda de metro exiguo
    hubiera escrito Fray Luis de León,
    sobre la dama de blanco pelo,
    sobre las dichas que allá en el cielo
    tendrán los buenos de corazón.

    Y en verdad digna es de verso y prosa
    la blanca mesa, la blanca loza,
    la porcelana de albo matiz,
    los cuchicheos, los tenues corros
    y el agua alegre que salta a chorros
    por una enorme llave matriz.

    Es una dicha que causa pena...
    La broma alegre, la charla amena
    y allá en el piano, la, si, do, re...
    Los besos largos, las risas claras
    y el tintineo de las cucharas
    sobre las blancas tazas de té.

    Unos comentan el cuento charro;
    éste que piensa fuma el cigarro
    mirando el humo subir, subir.
    Hace proyectos mientras bosteza
    y ve en las brumas de su pereza
    las alegrías que han de venir.

    La madre cose; la joven piensa;
    la chica enreda su oscura trenza;
    los grandes hurgan temas de amor.
    Y si a la larga se ponen tristes,
    el más alegre cuenta unos chistes
    que a todos ponen de buen humor.

    Mientras, las flores pueblan la mesa
    y la bandeja de plata gruesa
    y las cajitas donde hay café,
    en cuyas clásicas etiquetas
    hay unos chinos que hacen piruetas
    sobre cajones llenos de té.

    En los jarrones de porcelana
    hay una torre y una campana
    que casi, casi repica ya...
    un cuadro antiguo, colgado al muro,
    y en él un gesto grave y seguro
    sobre el retrato del buen papá.

    Si allá un piloto maniobras manda,
    los chicos todos en la baranda
    piensas: ¿a dónde va el bergantín?
    ...Y sopla el viento del mediodía
    y una brumosa melancolía
    vacía en el aire vahos de esplín.

    En las heladas tardes de invierno
    se leen libros de arte moderno
    o alguna charla de Pedro Gil;
    oye la dama de pelo cano,
    callado el viento, callado el piano,
    y Paderewsky sobre el atril...

    Cuando en las noches hay aguacero,
    niños y gatos junto al brasero
    oyen La lámpara de Aladín;
    cuentos de negros duchos en bromas,
    niñas que un hada volvió palomas
    o gigantones con piel de espín.

    ...Suenan las doce; la madre reza;
    hay en los cielos mucha tristeza,
    abajo un vaho sentimental
    mientras que enfermas de hipocondría
    cantan las ranas su letanía
    allá en la orilla de un manantial.

    Sueñan los niños que allá en la gloria
    hay una inmensa preparatoria
    donde Dios hace de preceptor;
    y que en las clases, de traje blanco,
    a cada uno pone en el banco
    una corneta con un tambor.


    _________________
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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb 05 Dic 2015, 05:16



    Teodorinda



    Tiene quince años ya Teodorinda,
    la hija de Lucas el capataz;
    el señorito la halla muy linda;
    tez de durazno, boca de guinda...
    ¡Deja que crezca dos años más!

    Carne, frescura, diablura, risa;
    tiene quince años no más... ¡olé!
    y anda la moza siempre de prisa
    cual si a la brava pierna maciza
    mil cosquilleos hiciera el pie...

    Cuando a la aldea de la montaña
    con otras mozas va en procesión,
    su erguido porte, fascina, daña...
    y más de un mozo de sangre huraña
    brinda por ella vaca y lechón.

    ¡Si espanta el brío, la airosa facha
    de la muchacha!... ¡Qué floración!
    ¡Carne bravía, pierna como hacha,
    anca de bestia, brava muchacha
    para las hambres de su patrón!

    Antes que el alba su luz encienda
    sale del rancho, toma el morral
    y a paso alegre cruza la hacienda
    por los pingajos de la merienda
    o la merienda de un animal.

    Linda muchacha, crece de prisa...
    ¡Cuídala, viejo, como a una flor!
    Esa muchacha llena de risa
    es un bocado que el tiempo guisa
    para las hambres de su señor.
    Todos los peones están cautivos
    de sus contornos, pues que es verdad
    que en sus contornos medio agresivos
    tocan clarines extralascivos
    sus tres gallardos lustros de edad.

    Sangre fecunda, muslo potente,
    seno tan fresco como una col;
    como la tierra, joven, ardiente;
    como ella brava y omnipotente
    bajo la inmensa gloria del sol.

    Cuando es la tarde, sus pasos echa
    por los trigales llenos de luz;
    luego las faldas brusca repecha...
    El amo cerca del trigo acecha
    y le echa un beso por el testuz...



    Fecundidad

    A Guillermo Labarca Hubertson.



    El porte grave, el porte de esta robusta vaca
    de cuernos recortados, el aire distinguido
    de ésta que es corniabierta y ésta que es tan retaca,
    manchan el pasto alegre donde rumia el marido.
    Sopla un aire robusto. ¡Salud, señor paisaje!
    ¡Es usted tan potente! ¡Y es usted tan salvaje!

    El toro de ancha testa contempla en la pradera
    La encantadora carne de la esquiva ternera
    que hacer saltar la brizna, buscando, hocico al aire,
    no sé qué encanto nuevo que ha soñado..., el desgaire
    de los gallos erguidos, de los polos de estacas
    que hacen rueda a las pollas de floreados pompones,
    entre el aire seriote de los toros y vacas
    y el chirrido tedioso de cien mil moscardones.

    Las moscas acrobáticas se buscan. Y los pavos
    empiezan ademanes de lujuria en los rabos.
    abiertos a la inmensa gloria de un sol lascivo
    que torna obscuro el gesto y el ensueño agresivo.
    Los peones cuchichean en los ranchos agrestes;
    las hembras escudriñan los espacios celestes,
    como soñando un hombre superior, un mancebo
    de formas endiabladas, un macho ardiente, un nuevo
    peón que viniera a brincos por las viviendas de ellas,
    violando a las esposas antes que a las doncellas.

    Por el abierto campo las manadas tranquilas
    alargan los lamentos de las tardas esquilas,
    mientras un venerable camero de agria testa,
    salta por sobre aquella borrega o por sobre ésta.
    Más allá un potro bayo de musculosos pechos
    baja a brincos los quiebros de los bruscos repechos,
    mueve la cola, mueve las orejas nerviosas,
    salta, piafa, relincha; las patas temblorosas
    se levantan, se doblan. El sol cae en el anca
    y hay relampaguilleos de oro. Esbelta potranca
    vine dando corcovos. Ansía que la violen
    Sopla un viento de fuego que arrastra polen, ¡polen!

    Oiga usted, buena moza que las vacas ordeña,
    más blanca que la leche de las vacas la sueña
    mi juventud. Sus pechos deben ser aún más blancos.
    (El pastor le echa el ojo por los mórbidos flancos)
    Oiga usted, buena moza. Mire el sol: una brasa...
    ¿Ve usted a la potranca? ¡Pues ella se solaza!
    ¿Y nosotros? ¡La sangre se me enciende, pastora!
    Dame un beso. ¡Otro beso de tus labios! Ahora.
    mira cómo en los campos la carne de las frutas
    tirita; cómo corren oleadas disolutas.
    Mira cómo la vida revienta. Mira cómo
    el viento ama a las tierras y les araña el lomo...

    La pastora se calla. El pastor tiembla y mira;
    luego se va acercando. La pastora suspira...


    _________________
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    Mensaje por Lluvia Abril Lun 07 Dic 2015, 16:17

    Tarde en el hospital



    Sobre el campo el agua mustia
    cae fina, grácil, leve;
    con el agua cae angustia:
    llueve

    Y pues solo en amplia pieza,
    yazgo en cama, yazgo enfermo,
    para espantar la tristeza,
    duermo.

    Pero el agua ha lloriqueado
    junto a mí, cansada, leve;
    despierto sobresaltado:
    llueve

    Entonces, muerto de angustia
    ante el panorama inmenso,
    mientras cae el agua mustia,
    pienso.




    El perro vagabundo


    Flaco, lanudo y sucio. Con febriles
    ansias roe y escarba la basura;
    a pesar de sus años juveniles,
    despide cierto olor a sepultura.

    Cruza siguiendo interminables viajes
    los paseos, las plazas y las ferias;
    cruza como una sombra los parajes,
    recitando un poema de miserias.

    Es una larga historia de perezas,
    días sin pan y noches sin guarida.
    Hay aglomeraciones de tristezas
    en sus ojos vidriosos y sin vida.

    Y otra visión al pobre no se ofrece
    que la que suelen ver sus ojos zarcos;
    la estrella compasiva que aparece
    en la luz miserable de los charcos.

    Cuando a roer mendrugos corrompidos
    asoma su miseria, por las casas,
    escapa con sus lúgubres aullidos
    entre una doble fila de amenazas.

    Allá va. Lleva encima algo de abyecto.
    Le persigue de insectos un enjambre,
    y va su pobre y repugnante aspecto
    cantando triste la canción del hambre.

    Es frase de dolor. Es una queja
    lanzada ha tiempo, pero ya perdida;
    es un día de otoño que se aleja
    entre la primavera de la vida.

    Lleva en su mal la pesadez del plomo.
    Nunca la caridad le fue propicia;
    no ha sentido jamás sobre su lomo
    la suave sensación de una caricia.

    Mustio y cansado, sin saber su anhelo,
    suele cortar el impensado viaje
    y huir despavorido cuando al suelo
    caen las hojas secas del ramaje.

    Cerca de los lugares donde hay fiestas
    suele robar un hueso a otros lebreles,
    y gruñir sordamente una protesta
    cuando pasa un bull-dog con cascabeles.

    En las calles que cruza a paso lento,
    buscan sus ojos sin fulgor ni brillo
    el rastro de un mendigo macilento
    a quien piensa servir de lazarillo.








    _________________
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    Mensaje por Lluvia Abril Lun 07 Dic 2015, 16:19

    Carlos Pezoa Velíz


    El organillo

    Para el dolor de los vagos
    que hacen a gatas la vida,
    bebiendo su vino en tragos
    de un sabor casi homicida,

    También hay consuelo. El pobre
    suele encontrar quien lo entienda
    cuando echa su cuerpo sobre
    el jergón de la vivienda.

    En los rezongos lejanos
    de algún organillo viejo
    que masca versos indianos
    y poleas de estilo añejo.

    Cuando al son de un aire aciago
    llora, o mata su fastidio
    en las espaldas de un vago
    que envejeció en el presidio.

    O hace vibrar la pereza
    de polvorientos cantares
    en la inaudita tristeza
    de los versos populares.

    ¡Pobre peón! Sus padres idos
    eran brutos y hasta idiotas,
    que no hicieron otros ruidos
    que el de sus toscas ojotas.

    Porque el patrón, los consejos
    la huasca y el aguardiente,
    se echaron sobre los viejos
    brutalmente, brutalmente.

    Porque la barra, el calambre
    de la fatiga, o la guerra,
    los echaron muertos de hambre
    a lo largo de la tierra.

    ¡Pobre peón! En otros días
    la tierra era de los viejos;
    de ellos el parrón, sus guías,
    las bestias, los aparejos.

    Cuando la tierra era buena;
    cuando no había patrones
    que hicieran siembras de pena
    ni vendimia de pulmones.

    Cuando el amo aún no había
    echado su cuerpo sobre
    la carne de la alquería
    o sobre la hija del pobre.

    Y cuando sobre los piques
    de los rotundos faldeos
    iban los viejos caciques
    a contemplar los rodeos.

    Y eran dueños de la tierra
    del arado y la picota,
    del machete y de la sierra
    que rasga el árbol que brota.

    ¡Pobre peón! Más tarde vino
    a la aldea. (¡Adiós, montaña!)
    Y fue ladrón y asesino
    con gente de extirpe extraña.

    Y hoy es un andrajo errante
    que en los quiebros de la vía
    se echa sobre el caminante
    y lo mata a sangre fría.

    Para entrar allá en la fonda
    donde el fausto de algún pillo
    paga al hermano la ronda
    o una polea al organillo.

    O alguna mazurca ambigua,
    que en una cadencia larga
    cuenta una historia antigua
    tan amarga, tan amarga…

    Si, al armatoste andariego
    que a lo largo del camino
    contó con el rancho sin fuego
    la historia del inquilino.

    La de ese peón presidiario,
    para quien la alegre vida
    fue una labor sin salario
    o una batalla perdida.

    Y la de todos los bravos
    que por obra de las leyes
    eran buenos cuando esclavos
    y eran fuertes cuando bueyes.

    ¿No escucháis el estribillo?
    el peón calla y frunce el ceño…
    ¡Está enfermo el organillo
    enfermo, enfermo de ensueño!

    Y del pobre can que aúlla
    mezcla la nostalgia inmensa
    cuando en rezongos masculla
    lo que el vagabundo piensa.

    ¡Bien se sabe el hosco pillo,
    bien se sabe el perro huraño,
    lo que dice el organillo
    en sus canciones de antaño!

    Bien lo sabe, Su agrio trino
    es de un dolor sin remedio,
    como el sueño, como el vino,
    como el vicio, como el tedio.

    Y hediendo anticuadas danzas,
    deja al pasar por la vía,
    andrajos de remembranzas,
    hilachas de poesía…

    Y sus rezongos salobres
    hacen pensar en sus yerros
    a las meretrices pobres
    y a los nostálgicos perros.

    ¡Hasta un indio de Bolivia
    que vende drogas y yerbas,
    halla un sabor que lo alivia
    en sus mazurcas acerbas!

    Mientras un muchacho pobre
    hunde los ojos sin brillo
    en un cuadro que hay sobre
    la tabla del organillo.

    En el que una mancha inválida
    muestra un fondo de taberna
    y una bailarina escuálida
    que al aire enseña la pierna.

    El peón calla. ¡Ah! Esos días
    están lejanos, lejanos…
    El rancho, las noches frías,
    las hermanas, los hermanos.

    ¿Nada, buen Dios? ¿Nada? Cada
    són masculla : ¡Nada, idiota!
    La música sigue: ¡nada!
    El eco salta, rebota…

    ¿No escucháis el estribillo?
    El peón calla y frunce el ceño…
    ¡Está enfermo el organillo!
    Enfermo, enfermo de ensueño!

    El organillo lo acosa…
    ¿Y cómo queréis que calle
    toda esa vida penosa
    que a su paso no hay quien no halle?

    Y el peón huye. La grosera
    polea le sigue, le amarga,
    mientras anda por la acera
    que se estira, larga, larga…



    _________________
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    Mensaje por Lluvia Abril Mar 08 Dic 2015, 05:27

    Pancho y Tomás

    Pancho, el hijo del labriego,
    y su hermano, el buen Tomás,
    serán hombrecitos luego:
    Pancho será peón del riego
    y su hermano, capataz.

    Porque los chicos son guapos
    de talladura y de piel:
    viven como unos gazapos
    entre un bosque hecho guiñapos
    o algún llano sin dintel;

    O montados en el anca,
    frescachona y montaraz,
    de alguna arisca potranca
    que ha crecido en la barranca
    sobre la avena feraz.

    Son ya mozos. Pancho lleva
    cumplidos veinte y un mes.
    Es un mozo a toda prueba
    ¡no hay bestia, por terca y nueva,
    que no sepa quién Pancho es!

    Porque el muchacho es bravío
    rubio como es el patrón;
    como él, detesta el bohío;
    ama el poncho, el atavío
    y usa un corvo al cinturón.

    ¡Ah, qué cosas las de Pancho!
    ¡Qué alegrote y que feraz!
    ¡Cómo se alboroza el rancho
    cuando echa a una moza el gancho
    en una frase mordaz!

    ¡Qué continente! Es el vivo
    retrato del buen patrón;
    como él, nervioso y activo,
    gesto brusco y agresivo,
    pendenciero y socarrón.

    Tomás cumplió los veintiuno,
    pero no es mozo de ley;
    es honrado cual ninguno,
    ni es pendenciero, ni es tuno;
    pero es fuerte como un buey.

    Y su hondo deseo fragua
    una dicha que es mejor:
    tener chacra, un surco de agua,
    una mujer, una guagua…
    ¡Todo un ensueño de amor!

    Ama el rancho, las faenas,
    ama el rancho, la mujer…
    A veces le asaltan penas,
    si las tierras no son buenas,
    si el agua tarda en caer.

    Y así los dos muchachotes
    viven en juerga feliz;…
    Pancho ondea a los gorriones:
    Tomás canta… Sus canciones
    huelen a trigo y maíz.

    Pancho es alegre. Su frase
    lleva el chiste y la intención;
    su frase robusta nace,
    y en risotadas deshace
    su endiablada perversión.

    Tomás, bonachón, sumiso,
    monta en precoz gravedad
    si Pancho horada el carrizo,
    o si atrapa de improviso
    fruta de ajena heredad.

    Pancho corre. Tomás mira
    crecer al viento, la col;
    Pancho, abrupto, monta en ira
    si el pobre Tomás suspira
    en la caída del sol…

    Y en la noche, Pancho se echa
    sobre el colchón de maíz.
    El viejo habla de otra fecha…
    Tomás lo sigue, repecha
    otra edad y otro país.
    ………………………………
    ………………………………
    Luego Tomás se va al lecho
    y el viejo y todos en pos;
    todos miran hacia el techo
    y las manos en el pecho
    cuentan sus penas a Dios.

    Y así pasa un día, otro día,
    una semana y un mes;
    pasa un tiempo de alegría,
    otro de melancolía
    y otra alegría después.

    Y pasa un año y otro año,
    otro año más, y otro más…
    Pancho siempre alegre, extraño;
    el viejo hablando de antaño
    y oyendo, absorto, Tomás.

    La tierra es siempre fecunda,
    duro el amo, manso el buey;
    su testa meditabunda
    se hunde en la huella profunda
    del pastor y de su grey,

    Como si eterno desdoro
    le hiciera por siempre andar
    en busca de algo incoloro:
    una hembra, un potrero de oro
    que viera en sueños pasar…

    La tierra es siempre robusta;
    el amo es siempre señor;
    bajo la herencia vetusta,
    siempre el peón bajo la fusta,
    la oveja bajo el pastor.

    Pancho ha crecido en la brega
    como un potro, brusco, audaz;
    Tomás el terruño riega…
    (el amo ha dicho en la siega
    que lo haría capataz).

    Tomás es padre. Un año hace
    que Teodora es su mujer:
    un rancho, un niño que nace…
    Cerca un corderín que pace…
    ¡Todo un ensueño de ayer!

    Pancho es un mozo bizarro,
    vicioso, alegre y mordaz;
    gusta el licor y el cigarro…
    (¡ Y hasta haría un despilfarro
    por la mujer de Tomás!)

    Porque ésta, que es moza guapa,
    revoltosa y de intención,
    a todo el mundo se atrapa;
    y de sus ojos se escapa
    algo como una canción.

    Y por eso Pancho ronda
    su rancho al anochecer;
    y cuando ella va a la fonda,
    Pancho convida a una ronda
    por Tomás y su mujer.

    ¡Ah, qué cosas las de Pancho!
    El es mozo y ella es más:
    los dos se tienden el gancho…
    No hay en la comarca un rancho
    como el rancho de Tomás!

    Y mientras Tomás trabaja
    Pancho llega. Y si ella ve,
    vuelve el caballo, lo ataja
    y hace cantar la rodaja
    en la espuela de plaqué.

    ¡Qué garbo! El mozo es bravío,
    rubio como es el patrón;
    sus ojos destellan brío,
    ama el poncho, el atavío
    y usa corvo al cinturón.

    Y su ademán que perturba,
    y sus ojazos de curva;
    noble, su porte, su tez,
    son bellos. Su frase turba…
    ¡Vaya un muchachón cortés!

    No es humilde su aparejo,
    no es rústica su expresión,
    ni es campesino el gracejo
    con que se burla del viejo,
    serio, brusco y socarrón.

    Y como es igual al amo,
    todos preguntan por qué…
    ¡Decid al leño, al retamo,
    de donde ha venido el gamo
    de alto cuerno y ágil pie!

    El mozo entra…Afuera hay ruidos
    tristones. Canta un gorrión
    e imperceptibles tañidos
    hablan de insectos perdidos
    como ecos de una canción.

    Los jilgueros revoltosos
    y hasta un erabundo tril,
    cantan versos olorosos
    en los troncos achacosos
    o en la viña juvenil.


    Allá lejos, los ganados
    guía un muchacho pastor
    por los potreros hastiados…
    Los bosques ensimismados
    beben con ansia el calor.

    Y un riachuelo clandestino
    se queja… Allá una perdiz…
    Y lejos hay un espino
    y un jilguero campesino
    que se oculta en el maíz.

    ¡Pobre Tomás! Pancho toma
    fruta de ajena heredad…
    ¡Pobre! En la vecina loma
    se ha perdido una paloma…
    ¡Aves del bosque, llorad!

    ¡Nunca el agua que se estanca
    junto al rancho del peñón,
    borboteará en la barranca
    que vio pan y leche blanca
    en la mesa del peón!

    La labranza y el sosiego,
    nunca, nunca volverán…
    ni sus noches de labriego,
    ni su mesa junto al fuego,
    ni sus charlas junto al pan.

    Todo se irá, la faena,
    el rancho, la ágil mujer…
    Labriegos de faz morena,
    ¡llorad, llorad por la pena
    de Tomás y su querer!

    ¡Nunca el agua que se estanca
    junto al rancho del peñón,
    borboteará en la barranca
    que vio pan y leche blanca
    en la mesa del peón!


    Y pasa un día, otro día,
    otra semana y un mes…
    La noche impasible y fría
    deja su melancolía
    sobre los campos en mies.

    Y pasa un año, y otro año;
    otro año más y otro más
    hallan al peón siempre huraño.
    El viejo no habla de antaño,
    porque ha tiempo duerme en paz.

    La tierra es siempre fecunda,
    duro el amo, manso el buey;
    su testa meditabunda
    se hunde en la huella profunda
    del pastor y de su grey,

    como si olfateara el paso
    de aquel alegre peón,
    de aquel mozo, de aquel huaso
    que usaba en la bestia un lazo
    y un puñal al cinturón.

    ¿Dónde está? Cuatro años idos…
    La guerra…Morir, matar…
    Una tarde los bandidos,
    de kepí y dormán vestidos,
    asolaron el lugar.

    Pancho se fue. Los sargentos
    daban orden de partir;
    iban cantando los vientos
    repetían los lamentos
    de las madres ¡A morir!

    ¿Por qué la guerra? La tierra
    no es de Pedro ni es de Juan.
    Desde el mar hasta la sierra
    el amo es dueño. A la guerra
    los amos no van, no van.

    Y los hombres que peleamos,
    de ésta y otra patria, son
    todos victimas con amos…
    Somos pobres. Nos amamos,
    y peleamos en la acción.

    …Pancho, el hijo del labriego
    y su hermano el buen Tomás,
    llegarán a ancianos luego;
    ni Pancho fue peón de labriego,
    ni su hermano capataz.

    Pancho es un hombre aún guapo
    y hace vida de cuartel:
    ama el dormán y el guiñapo;
    en Tacna sostuvo el trapo
    y salvó a su coronel.

    Es un sargento aguerrido
    y usa sable al cinturón.
    El buen Tomás ha caído;
    torvo, enjuto y carcomido,
    ha caído en la inacción.

    Y pasa un año y otro año,
    otro año más, y otro más…
    Tomás vive solo, huraño…
    el viejo no habla de antaño
    porque ha tiempo duerme en paz.

    Duerme… la tierra le oculta…
    Duerme Teodora… ¡Dormid!
    ¡Dormid que el tiempo os sepulta!
    Gente pobre, vieja, inculta,
    mejor es morir…¡Morid!

    La noche, la sombra, el frío,
    la torrentera, el peñón
    donde envejece el bohío…
    la queja eterna del río,
    la montaña en oración.

    ¡Todo le habla! Tomás llora…
    Junto a la vieja heredad,
    la casa en que el amo mora,
    se alza. Su provocadora
    techumbre suda crueldad…

    La ruina de hoscos tapiales
    se enfantasman…Un torreón
    canta diez golpes iguales:
    los profundos morrales
    prestan extraña atención.

    Duerme el viejo…¡También ella!
    Ella, el hijo, su niñez;
    Tomás llora. Allá una estrella…
    ¿Cuándo hallar la dicha, aquella?
    El viento sopla: después…











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