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    Mensaje por Maria Lua Dom 27 Sep 2009, 17:43

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    José Santos Chocano




    José Santos Chocano Gastañodi (Lima, 14 de mayo de 1875-Santiago, 13 de diciembre de 1934) fue un destacado poeta peruano, conocido como «El Cantor de América» por antonomasia y nombrado por Manuel González Prada como el «Poeta Nacional del Perú». Su vida fue rocambolesca y estuvo ligada a la de los dictadores y los caudillos latinoamericanos de su tiempo.

    Es considerado uno de los poetas hispanoamericanos más importantes, por su poesía épica de tono grandilocuente, muy sonora y llena de color, aunque también produjo poesía lírica de singular intimismo, todas ellas trabajadas con depurado formalismo, dentro de los moldes del modernismo. Su obra se inspira mayormente en los temas, los paisajes y la gente de su país y de América en general. Su creación literaria obtuvo en el Perú un reconocimiento nunca antes visto; llegó a ser el literato más popular después de Ricardo Palma, aunque su ascendiente en los círculos literarios peruanos fue disminuyendo paulatinamente, en beneficio de otro grande de la poesía peruana, César Vallejo. No obstante, Chocano sigue siendo recordado por la mayoría de los peruanos como un gran poeta; algunos de sus composiciones como «Blasón», «Los caballos de los conquistadores» y «¡Quién sabe!…», son clásicos de las recitaciones hasta la actualidad.

    Su infancia transcurrió en plena Guerra del Pacífico, cuando los chilenos ocupaban la capital del Perú. Cursó sus estudios secundarios en el Instituto de Lima y en el Colegio de Lima. En 1891, ingresó a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero no concluyó su carrera. En 1894 se inició en el periodismo, colaborando en el diario La Tunda, que se oponía al segundo gobierno del general Andrés A. Cáceres. Acusado de subversión, fue encarcelado en una celda submarina de la Fortaleza del Real Felipe. Tenía entonces 20 años. Salió libre tras el triunfo de la revolución cívico-demócrata de 1895 y gozó del apoyo del nuevo gobierno. Publicó sus primeros poemarios y editó periódicos y revistas en la imprenta del Estado. Luego recorrió América como diplomático y aventurero; se desempeñó en algunas misiones diplomáticas que le condujeron a Centroamérica, Colombia y España. Durante su estancia en Madrid y dada su vinculación al movimiento modernista en torno al editor y librero Gregorio Pueyo, publicó su poemario Alma América (1906).

    Separado del servicio diplomático al ser involucrado en una estafa al Banco de España, pasó a Cuba, Puerto Rico y México, donde fue secretario del jefe revolucionario Pancho Villa. En 1915 se trasladó a Guatemala, donde colaboró con el dictador Manuel Estrada Cabrera, lo que casi lo llevó ser fusilado en 1920 al ser derrocado este, salvándose gracias a la intercesión de muchos estadistas y escritores del mundo. En 1921 volvió al Perú y el gobierno municipal de Lima lo nombró poeta laureado, otorgándole una corona de laureles de oro en 1922. Se declaró amigo y simpatizante del presidente Augusto B. Leguía. Se convirtió en el panegirista de las «dictaduras organizadoras» del continente.

    En 1925, asesinó de un disparo a quemarropa al joven escritor Edwin Elmore, luego de un altercado entre ambos en el local del diario El Comercio de Lima. Chocano salió en libertad a los dos años, pues el Congreso de mayoría leguiísta ordenó cortar el proceso judicial.

    Se fue a vivir a Santiago de Chile, donde padeció penurias económicas. En 1934 fue asesinado en un tranvía por Martín Bruce Padilla, un esquizofrénico que afirmó haberse asociado con el poeta en la búsqueda de tesoros ocultos, pero al verse marginado de los supuestos beneficios de la empresa, optó por vengarse de esa manera. En realidad, Chocano no halló ningún tesoro. Fue sepultado en Santiago. Treinta años después sus restos fueron trasladados a Lima.


    Estilo literario


    Se le considera como uno de los representantes peruanos de la corriente modernista, compartiendo junto con Rubén Darío (Nicaragua), Manuel González Prada (Perú), José Martí (Cuba), Manuel Gutiérrez Nájera (México) y José Asunción Silva (Colombia). Sin embargo, cabe recalcar que algunos entendidos consideran que por su carácter, Chocano está más cerca del romanticismo que del modernismo, mientras que otros, como es el caso del crítico estadounidense Willis Knapp Jones, lo llegaron a denominar como mundonovista. El mismo Chocano se sentía distante del «afrancesamiento» de Rubén Darío –aunque por momentos lo imitase– y demandaba, en armonía con el llamamiento de José Enrique Rodó, una poesía que reflejara la naturaleza y la historia de América. Su pretensión lo llevó alguna vez a compararse con Walt Whitman, el célebre vate estadounidense: «Walt Whitman tiene el norte, pero yo tengo el sur».

    Pero muchos estudiosos entienden que Chocano es muy diverso además de prolífico, por lo que algunas veces es épico y otras es lírico. Épico, es por ejemplo, su poema «Los caballos de los conquistadores», tan lleno de ritmo y fuerza atronadora, convertida en una pieza clásica de recitación. En la lírica destacan breves composiciones íntimas y delicadas como el «Nocturno Nº 18 (La canción del camino)», «Las orquídeas», «La magnolia», etc.

    Soy el cantor de América autóctono y salvaje;
    mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.
    Mi verso no se mece colgado de un ramaje
    con un vaivén pausado de hamaca tropical...

    Cuando me siento Inca, le rindo un vasallaje
    al Sol, que me da el cetro de su poder real;
    cuando me siento hispano y evoco el coloniaje,
    parecen mis estrofas trompetas de cristal.

    Mi fantasía viene de un abolengo moro:
    los Andes son de plata, pero el León de Oro;
    y las dos castas fundo con épico fragor.

    La sangre es española e incaico es el latido;
    ¡Y de no ser poeta, quizás yo hubiese sido
    un blanco aventurero o un indio emperador!

    Obras

    Poesía


    Iras santas [poesías] (Lima, Biblioteca de "El Perú Ilustrado"; Imprenta del Estado, calle Rifa, 58, año 1895), que reúne 19 composiciones de protesta cívica, fechadas de 1893 a 1895.
    En la aldea [poesías] (San Pedro de los Chorrillos [Lima]: estío y otoño de 1893; Biblioteca de "El Perú Ilustrado"; Imprenta del Estado, calle Rifa, 58, año 1895), es un florilegio de sonetos inspirados en el paisaje rural.
    Azahares [versos líricos] (Lima; Imprenta del Estado, calle Rifa, 58, año 1896), poemas amatorios, dedicados a su novia Consuelo Bermúdez. Consta de 12 composiciones.
    Selva virgen (Lima, ¿1896? y 1898), inspirada en los paisajes naturales del Perú. Una posterior edición, titulada La selva virgen [poemas y poesías] fue editada en París, en 1901, por Garnier Hermanos, Libreros Editores (Rue de Saints-Pères, 6) y reeditada en sucesivas tiradas por lo menos hasta 1923, según Luis Alberto Sánchez
    La epopeya del morro [poema americano] (Lima: Imprenta El Comercio, Rifa 44) Inspirado en un episodio histórico: la batalla de Arica de 1880, donde se inmolaron un grupo de peruanos defendiendo el suelo patrio. Premiado con medalla de oro por El Ateneo de Lima en el concurso de junio-julio de 1899. En reproducciones posteriores fue reducida por el autor de 1941 a 575 versos.
    El derrumbe [poema americano] (Lima: Imprenta de El Comercio, 1899). Reducido de 1345 a 637 versos en Poesías completas (1902) y Alma de América (1906), terminó adoptando el nombre de El derrumbamiento. Es un vasto poema argumentado cuyo escenario es la selva.
    El canto del siglo [poema finisecular] (Lima: Imprenta La Industria, 1901), es un recuerdo de episodios y valores históricos del siglo xix.
    El fin de Satán y otros poemas (Guatemala: Imprenta Tip. Nacional, 1901), desglose de parte de los poemas de La selva virgen.
    Poesías completas (Barcelona, Ed. Maucci, 1902) en dos tomos, con prólogo de Manuel González Prada.
    Los cantos del Pacífico (París/México: Ed. Vda. de Ch. Bouret, 1904) recopilación selecta de su poesía para el público francés.
    Alma América [Poemas indo-españoles] (Madrid, Ed. Suárez, 1906; París, Librería de la Vda. de C. Bouret, 1908), proyectado en 1903 como una colección de 100 sonetos, terminó notoriamente aumentada, convirtiéndose a juicio de su autor en su obra más representativa. Prologado por Rubén Darío y dedicado al rey de España Alfonso XIII, figuran en él los poemas «Blasón» y «Los caballos de los conquistadores», convertidas en piezas clásicas de la recitación. El autor empieza diciendo que «Téngase por no escritos cuantos libros de poesía aparecieron antes con mi nombre», dando a entender que comenzaba una nueva era poética, y luego confiesa que «en mi arte caben todas las escuelas, como en un rayo de sol todos los colores».
    Fiat lux [Poemas varios] (Madrid: Pueyo, 1908), antología poética, donde divide sus creaciones en tres clases: Clásicos, Románticos y Modernistas.
    El Dorado: epopeya salvaje (Santiago de Chile: Ed. Beltrán, 1908), poemario.
    Puerto Rico lírico y otros poemas (Puerto Rico, 1914).
    Ayacucho y los Andes (Lima, 1924), canto IV de una trunca epopeya dedicada al libertador Bolívar.
    Primicias de oro de Indias [poemas neo-mundiales] (Santiago de Chile: Imprenta Siglo xx, 1934), selección de poesías realizada por el mismo autor; es una edición artística, con ilustraciones.
    Poemas del amor doliente (edición póstuma, Santiago de Chile: Editorial Nascimento, 1937), dedicada a Margarita Aguilar Machado, su tercera pareja.
    Oro de Indias (Santiago de Chile, Editorial Nascimento, 1940-1941), colección de sus poemas organizados de manera cíclica en cuatro volúmenes: Pompas Solares; Fantasía Errante; Sangre Incaica (Estampas Neoyorquinas y Madrileñas); y Nocturnos Intensos.
    Páginas de oro (1944), que reúne poesías juveniles y facsímiles de manuscritos originales, junto con algunos documentos gráficos de su vida.

    Teatro


    Sin nombre (1896)
    El nuevo Hamlet (1899)
    Vendimiario (1900)
    Ingénito (1902)
    El hombre sin mundo (1903)
    Mundo rural y urbano
    Los conquistadores (1906). Librería de Gregorio Pueyo (Madrid, Calle del Carmen, 33). (32 págs.)


    Prosa


    Los fines de la Revolución Mexicana considerados dentro del problema internacional (1914)
    Idearium tropical - Apuntes sobre las dictaduras organizadoras y la gran farsa democrática (1922).
    La coronación de José Santos Chocano (Lima: Imprenta La Opinión Pública, 1924).
    El libro de mi proceso, en tres volúmenes (1927-1928), escritas durante su prisión de 1925-1927 en torno al juicio que sufrió a consecuencia del asesinato de Edwin Elmore
    El escándalo de Leticia ante las conferencias de Río de Janeiro (1933) folleto sobre el conflicto peruano-colombiano de 1932-1933.
    El alma de Voltaire y otras prosas (1940), reflexiones literarias.
    Memorias. Las mil y una aventuras (Santiago de Chile: Nascimento, 1940), recopilación de sus artículos de carácter autobiográfico, publicados en diversos diarios de América. Abarca solo hasta su llegada a España en 1905.


    Obras completas


    Obras completas (México, Aguilar, 1955), editado por Luis Alberto Sánchez.
    Sánchez ha editado también la única y mejor biografía sobre Chocano: Aladino o vida y obra de José Santos Chocano (México, 1960; revisado en 1974). Asimismo, editó de manera densa y pulcra las Obras escogidas de Chocano (Lima, Occidental Petroleum Company, 1988).




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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Mensaje por Maria Lua Dom 27 Sep 2009, 17:44

    DE VIAJE


    Ave de paso,
    fugaz viajera desconocida:
    fue sólo un sueño, sólo un capricho, sólo un acaso;
    duró un instante, de los que llenan toda una vida.

    No era la gloria del paganismo,
    no era el encanto de la hermosura plástica y recia:
    era algo vago, nube de incienso, luz de idealismo.
    No era la Grecia:
    ¡era la Roma del cristianismo!
    Alrededor era de sus dos ojos ¡oh, qué ojos, ésos!
    que las fracciones de su semblante desvanecidas
    fingían trazos de un pincel tenue, mojado en besos,
    rediviviendo sueños pasados y glorias idas...

    Ida es la gloria de sus encantos,
    pasado el sueño de su sonrisa.

    Yo lentamente sigo la ruta de mis quebrantos;
    ¡ella ha fugado como un perfume sobre la brisa!
    Quizás ya nunca nos encontremos;
    quizás ya nunca veré a mi errante desconocida;
    quizás la misma barca de amores empujaremos,
    ella de un lado, yo de otro lado, como dos remos,
    ¡toda la vida bogando juntos y separados toda la vida!


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    Mensaje por Maria Lua Dom 27 Sep 2009, 17:44

    BLASÓN


    Soy el cantor de América autóctono y salvaje:
    mi lira tiene un alma, mi canto un ideal.
    Mi verso no se mece colgado de un ramaje
    con vaivén pausado de hamaca tropical...

    Cuando me siento inca, le rindo vasallaje
    al Sol, que me da el cetro de su poder real;
    cuando me siento hispano y evoco el coloniaje
    parecen mis estrofas trompetas de cristal.

    Mi fantasía viene de un abolengo moro:
    los Andes son de plata, pero el león, de oro,
    y las dos castas fundo con épico fragor.

    La sangre es española e incaico es el latido;
    y de no ser Poeta, quizá yo hubiera sido
    un blanco aventurero o un indio emperador.


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    Mensaje por Maria Lua Dom 27 Sep 2009, 17:45

    QUIÉN SABE


    Indio que asomas a la puerta
    de esa tu rústica mansión:
    ¿Para mi sed no tienes agua?
    ¿Para mi frío cobertor?
    ¿Parco maíz para mi hambre?
    ¿Para mi sueño, mal rincón?
    ¿Breve quietud para mi andanza?

    -¡Quién sabe, señor!

    Indio que labras con fatiga
    tierras que de otro dueño son:
    ¿Ignoras tú que deben tuyas
    ser por tu sangre y tu sudor?
    ¿Ignoras tú que audaz codicia
    siglos atrás te las quitó?
    ¿Ignoras tú que eres el amo?

    -¡Quién sabe, señor!

    Indio de frente taciturna
    y de pupilas de fulgor:
    ¿Qué pensamiento es el que escondes
    en tu enigmática expresión?
    ¿Qué es lo que buscas en tu vida?
    ¿Qué es lo que imploras a tu dios?
    ¿Qué es lo que sueña tu silencio?

    -¡Quién sabe, señor!

    ¡Oh, raza antigua y misteriosa,
    de impenetrable corazón,
    que sin gozar ves la alegría
    y sin sufrir ves el dolor:
    eres augusta como el Ande,
    el Grande Océano y el Sol!
    Ese tu gesto que parece
    como de vil resignación,
    es de una sabia indiferencia
    y de un orgullo sin rencor...

    Corre por mis venas sangre tuya,
    y, por tal sangre, si mi Dios
    me interrogase qué prefiero
    -cruz o laurel, espina o flor,
    beso que apague mis suspiros
    o hiel que colme mi canción-,
    responderíale diciendo:
    -¡Quién sabe, señor!


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    Mensaje por Maria Lua Dom 27 Sep 2009, 17:46

    LA TRISTEZA DEL INCA


    Este era un Inca triste, de soñadora frente,
    de ojos siempre dormidos y sonrisa de hiel,
    que recorrió su imperio, buscando inutilmente
    a una doncella hermosa y enamorada de él.

    Por distraer sus penas, el Inca dió en guerrero;
    puso a su tropa en marcha y el broquel requirió;
    fue sembrando despojos sobre cada sendero
    y las nieves mas altas con su sangre manchó.

    Tal, sus flechas cruzaron inviolables regiones,
    en que apenas los rios se atrevian a entrar;
    y tal fue, derramando sus heroicas legiones:
    de la selva a los andes de los andes al mar.

    Fue gastando las flechas que tenía en su aljaba,
    una vez y otra y otra, de región en región,
    porque cuando salía victorioso, lograba
    levantar la cabeza, pero no el corazón.

    Y cansado de tanto levantar la cabeza,
    celebró bailes magnos y banquetes sin fin,
    pero no logra nada disipar su tristeza,
    ni la sangre del choque, ni el licor del festín.

    Nada entraba en el fondo de su espiritu oculto:
    ni las cándidas ñustas de dignástico rol,
    ni los cirios de Quito, consagradas al culto,
    ni del Cuzco, tampoco, los vestales del sol.

    Fue llamado el más viejo sacerdote; Adivina
    este mal que me aqueja y el remedio del mal;
    dijo al gran sacerdote, con voz trémula y fina,
    aquel joven monarca, displicente y sensual.

    -Ay,senor! - dijo el viejo sacerdote -
    Tus penas remediarse no pueden; tu pasión es mortal.
    La mujer que has ideado tiene anil en las venas
    un trigal en los bucles y en la boca un coral.

    - Ay, senor! - ciertos dias vendran hombres muy blancos,
    Ha de oirse en los bosques el marcial caracol:
    cataratas de sangre colmaran los barrancos,
    y entrarán otros dioses en el Templo del Sol.

    La mujer que has ideado pertenece a tal raza,
    vanamente la buscas en tu innumera grey,
    y servirte no pueden oración ni amenaza,
    porque tiene otra sangre, otro dios y otro rey

    Cuando el rito sagrado le mando optar esposa,
    hizo astillas el cetro con vibrante dolor,
    y aquel joven monarca se enterró en una fosa
    y pensando en la rubia fue muriendo de amor.


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    Mensaje por Maria Lua Vie 09 Abr 2010, 12:17

    JOSÉ SANTOS CHOCANO

    (1875-1934)

    Nació en Lima, Perú. Fue gran defensor del americanismo, revolucionario ardiente, protector de los indios y opositor del imperialismo estadounidense. Tras muchas detenciones, fue asesinado en Chile.

    Cantó a su América con exuberante lirismo y con las nuevas técnicas poéticas, en particular modernistas, aunque ensayó nuevos ritmos y formas. También tiene poemas íntimos que no tienen nada que ver con su ideología política y social.

    ....

    A pesar de las tempranas innovaciones de González Prada — versos pulidos en talleres cosmopolitas, con facetas del Parnaso, con luces del simbolismo, con técnicas polirrítmicas — , el Perú acogió el modernismo muy tarde. Pero los dos nombres que ofrece son de importancia: Chocano y Eguren. El viento se ha llevado casi toda la obra de José Santos Chocano (Perú, 1875—1934) porque tenía la elocuencia de las palabras declamadas en la plaza pública. Estaba más cerca de Díaz Mirón que de Rubén Darío; y si se lo agrupa con Darío y otros modernistas es porque era un visual que había aprendido a pintar lo que veía con el lenguaje parnasiano. Lo que vio, sin embargo, fue diferente de la realidad de los modernistas. Chocano se dedicaba a cantar los exteriores de América: naturaleza, leyendas y episodios históricos, relatos con indios, temas de la acción política. Se puso a la cabeza del movimiento modernista en el Perú. Tenía, para ello, la egolatría de un caudillo y un verbo torrencial. Además, su dominio de las técnicas nuevas del verso servía en el fondo a temas fáciles y populares. Un poeta de la élite, pero en la calle. Es natural que lo ap1audieran. Sus libros más famosos — Alma América, poemas indo-españoles, 1906, y Fiat Lux, 1908 — fueron expresión de lo objetivo, nacionalista de la poesía de esos años.

    (Literatura hispanoamericana, Anderson Imbert)


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    José Santos Chocano (1875-1934) Empty Re: José Santos Chocano (1875-1934)

    Mensaje por Maria Lua Vie 09 Abr 2010, 12:19

    NOSTALGIA


    Hace ya diez años
    que recorro el mundo.
    ¡He vivido poco!
    ¡Me he cansado mucho!

    Quien vive de prisa no vive de veras:
    quien no hecha raíces no puede dar fruto.

    Ser río que corre, ser nube que pasa,
    sin dejar recuerdos ni rastro ninguno,
    es triste, y más triste para el que se siente
    nube en lo elevado, río en lo profundo.

    Quisiera ser árbol, mejor que ser ave,
    quisiera ser leño, mejor que ser humo,
    y al viaje que cansa
    prefiero el terruño:
    la ciudad nativa con sus campanarios,
    arcaicos balcones, portales vetustos
    y calles estrechas, como si las casas
    tampoco quisieran separarse mucho...
    Estoy en la orilla
    de un sendero abrupto.
    Miro la serpiente de la carretera
    que en cada montaña da vueltas a un nudo;
    y entonces comprendo que el camino es largo,
    que el terreno es brusco,
    que la cuesta es ardua,
    que el paisaje mustio...

    ¡Señor!, ya me canso de viajar, ya siento
    nostalgia, ya ansío descansar muy junto
    de los míos... Todos rodearán mi asiento
    para que diga mis penas y triunfos;
    y yo, a la manera del que recorriera
    un álbum de cromos, contaré con gusto
    las mil y una noches de mis aventuras
    y acabaré con esta frase de infortunio:

    -¡He vivido poco! ¡Me he cansado mucho!


    _________________



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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
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    Mensaje por Maria Lua Vie 09 Abr 2010, 12:20

    LA CRUZ DEL SUR

    Cuando las carabelas voladoras
    al fin trazaron sobre el mar sus huellas,
    fueron rasgando por delante de ellas
    la inmensidad con sus tremantes proas.

    Entonces, Dios, en las nocturnas horas,
    tras el misterio de las tardes bellas,
    una cruz dibujó con cuatro estrellas
    en el lienzo en que pinta sus auroras.

    Quedó la cruz como argentado broche
    que en la punta de un velo resplandece,
    dejando ver radiantes simbolismos.

    Y hoy, sobre el terciopelo de la noche,
    en la profunda obscuridad, parece
    la condecoración de los abismos...


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    Mensaje por Maria Lua Vie 09 Abr 2010, 12:20

    LOS VOLCANES

    Cada volcán levanta su figura,
    cual si de pronto, ante la faz del cielo,
    suspendiesen el ángulo de un vuelo
    dos dedos invisibles de la altura.

    La cresta es blanca y como blanca pura:
    la entraña hierve en inflamado anhelo;
    y sobre el horno aquel contrasta el hielo,
    cual sobre una pasi6n un alma dura.

    Los volcanes son túmulos de piedra,
    pero a sus pies los valles que florecen
    fingen alfombras de irisada yedra;

    y por eso, entre campos de colores,
    al destacarse en el azul, parecen
    cestas volcadas derramando flores.


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    Mensaje por Maria Lua Vie 09 Abr 2010, 12:21

    LA MAGNOLIA

    En el bosque, de aromas y de músicas lleno,
    la magnolia florece delicada y ligera,
    cual vellón que en las zarpas enredado estuviera,
    o cual copo de espuma sobre lago sereno.

    Es un ánfora digna de un artífice heleno,
    un marm6reo prodigio de la Clásica Era:
    y destaca su fina redondez a manera
    de una dama que luce descotado su seno.

    No se sabe si es perla, ni se sabe si es llanto.
    Hay entre ella y la luna cierta historia de encanto,
    en la que una paloma pierde acaso la vida:

    porque es pura y es blanca y es graciosa y es leve,
    como un rayo de luna que se cuaja en la nieve,
    o como una paloma que se queda dormida.


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    Mensaje por Maria Lua Vie 09 Abr 2010, 12:21

    ORQUÍDEAS

    Anforas de cristal, airosas galas
    de enigmáticas formas sorprendentes,
    diademas propias de apolíneas frentes,
    adornos dignos de fastuosas salas.

    En los nudos de un tronco hacen escalas;
    y ensortijan sus tallos de serpientes,
    hasta quedar en la altitud pendientes,
    a manera de pájaros sin alas.

    Tristes como cabezas pensativas,
    brotan ellas, sin torpes ligaduras
    de tirana raíz, libres y altivas;

    porque también, con lo mezquino en guerra,
    quieren vivir, como las almas puras,
    sin un solo contacto con la tierra.


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    Mensaje por Maria Lua Vie 09 Abr 2010, 12:22

    TRÍPTICO CRIOLLO

    I. El charro


    Viste de seda: alhajas de gran tono;
    pechera en que el encaje hace una ola,
    y bajo el cinto, un mango de pistola,
    que él aprieta entre el puño de su encono.

    Piramidal sombrero, esbelto cono,
    es distintivo en su figura sola,
    que en el bridón de enjaezada cola
    no cambiara su silla por un trono.

    Siéntase a firme; el látigo chasquea;
    restriega el bruto su chispeante callo,
    y vigorosamente se pasea...

    Dúdase al ver la olímpica figura
    si es el triunfo de un hombre en su caballo
    o si es la animación de una escultura.


    II. El llanero

    En su tostada faz algo hay sombrío:
    tal vez la sensación de lo lejano,
    ya que ve dilatarse el océano
    de la verdura al pie de su bohío.

    El encuadra al redor su sembradío
    y acaricia la tierra con su mano.
    Enfrena un potro en la mitad de un llano
    o a nado se echa en la mitad de un río.

    El, con un golpe, desjarreta un toro;
    entra con su machete en el boscaje
    y en el amor con su cantar sonoro,
    porque el amor de la mujer ingrata
    brilla sobre su espíritu salvaje
    como un iris sobre una catarata...


    III. El gaucho

    Es la Pampa hecha hombre: es un pedazo
    de brava tierra sobre el sol tendida.
    Ya a indómito corcel pone la brida,
    ya lacea una res: él es el brazo.

    Y al son de la guitarra, en el regazo
    de su "prenda", quejoso de la vida,
    desenvuelve con voz adolorida
    una canción como si fuera un lazo...

    Cuadro es la Pampa en que el afán se encierra
    del gaucho, erguido en actitud briosa,
    sobre ese gran cansancio de la tierra.

    porque el bostezo de la Pampa verde
    es como una fatiga que reposa
    o es como una esperanza que se pierde...


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    Mensaje por Maria Lua Vie 09 Abr 2010, 12:22

    NOCTURNO DE LA COPLA CALLEJERA

    Tiempo ha quemé mis naves
    como el conquistador,
    y me lancé al trajín de la aventura
    de un corazón en otro corazón;
    pero...
    confieso yo
    que he tenido también mi noche triste.
    ¡Oh noche triste en que llorando estoy!

    ¡Oh noche en que, vagando
    por los barrios oscuros de aspecto evocador,
    donde en casas humildes sueña el romanticismo
    de vírgenes enfermas de Luna y de canción,
    me ha interrumpido el paso
    una copla escapada por el hueco traidor
    de una ventana, a sólo
    clavárseme a mitad del corazón...

    Y la copla a mí vino
    lanzada, entre el rezongo de un viejo acordeón,
    por algún mozalbete presumido
    según era el descaro de su engolada voz.

    No me llegó la copla redondeada;
    no me llegó,
    sino algo en que ponía su miel un primer beso
    o en que abría su rosa quizá un primer rubor..
    Pero...

    ¡ay de mí! sí estoy
    seguro del final que en lo más hondo
    su envenenada punta me clavó.
    Tales palabras
    son:
    -"Pienso en aquél que te quiso
    antes de quererte yo"-.

    Ya que lejos de ti, siéntote acaso
    más adentro que nunca de mi amor,
    ha venido esta copla destemplada
    a destemplar también mi corazón:
    yo no he sido el primer hombre que amaste...
    No he sido, no,
    amor primero de mujer ninguna...
    No he despertado en nadie la primera emoción...
    No he probado la miel de un primer beso,
    ni abrí la rosa de un primer rubor..

    ¿Comprendes tú qué sangre
    lloro en mi noche triste? ¿Comprendes qué canción
    es la que me sugiere aquella copla
    venida a mí quizá como la voz
    que detuvo, camino de Damasco,
    también a un pecador?

    La primera mujer que amé en la vida,
    al oír que la amaba, colérica me huyó;
    la segunda mujer, sonrisas tuvo
    para mí que antes tuvo para otros tal vez... y luego adiós

    díjome desde lo alto de un navío
    en que de mí por siempre se alejó;
    la tercera mujer no pudo nunca,
    desde su ostentación
    de estrella, percatarse
    de mi apasionamiento de pastor;

    una me dio una cita en cierta noche
    en que, para burlarme, se murió;
    otra me dijo con los ojos algo
    que todavía descifrando estoy,
    porque en ningunos ojos volví a hallar tal mirada,
    con que piadosamente me ha de ver quizá hoy Dios...

    Después... téngolo dicho:
    he quemado mis naves como el conquistador
    y me he entrado también a sangre y fuego
    de un corazón a otro corazón;
    y en esta noche triste,
    tengo un orgullo sabio, porque no he sido yo
    amor primero de mujer ninguna,
    pero el último sí: ¡seguro estoy!

    Y, así, como amor último que he sido,
    de más de una mujer, pienso en tu amor;
    y pensando en la copla callejera,
    la hago decir con todo mi orgullo indoespañol:

    ¡Pienso en aquél que te quiera
    después de quererte yo!


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    Mensaje por Maria Lua Vie 09 Abr 2010, 12:23

    NOTAS DEL ALMA INDÍGENA

    ¡Quién sabe!

    Indio que asomas a la puerta
    de esta tu rústica mansión: .
    para mi sed no tienes agua?
    ¿para mi frío, cobertor?
    ¿parco maíz para mi hambre?
    ¿para mi sueño, mal rincón?
    ¿breve quietud para mi andanza?...
    -¡Quién sabe, señor!

    Indio que labras con fatiga
    tierras que de otros dueños son:
    ¿ignoras tú que deben tuyas
    ser, por tu sangre y tu sudor?
    ¿ignoras tú que audaz codicia,
    siglos atrás, te las quitó?
    ¿ignoras tú que eres el Amo?...
    -¡Quién sabe, señor!

    Indio de frente taciturna
    y de pupilas sin fulgor:
    ¿qué pensamiento es el que escondes
    en tu enigmática expresión?
    ¿qué es lo que buscas en tu vida?
    ¿qué es lo que imploras a tu Dios?
    ¿qué es lo que sueña tu silencio?
    -¡Quién sabe, señor!

    ¡Oh raza antigua y misteriosa
    de impenetrable corazón,
    que sin gozar ves la alegría
    y sin sufrir ves el dolor:
    eres augusta como el Ande,
    el grande Océano y el Sol.

    Ese tu gesto que parece
    como de vil resignación,
    es de una sabia indiferencia
    y de un orgullo sin rencor..
    Corre en mis venas sangre tuya,
    y, por tal sangre, si mi Dios
    me interrogase qué prefiero
    - cruz o laurel, espina o flor,
    beso que apague mis suspiros
    o hiel que colme mi canción
    responderíale dudando:
    -¡Quién sabe, señor!


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    Mensaje por Maria Lua Vie 09 Abr 2010, 12:23

    EL ROMANCE DE LA FELICIDAD

    Felicidad: yo te he encontrado
    más de una vez en mi camino;
    pero al tender hacia ti el ruego
    de mis dos manos... has huido,
    dejando en ellas, solamente,
    cual una dádiva, cautivo
    algún mechón de tus cabellos
    o algún jirón de tus vestidos...

    Tanto mejor fuera no haberte
    hallado nunca en mi camino.
    Por ser tu dueño, siento a veces
    que no soy dueño de mí mismo...
    Toda esperanza es un engaño;
    todo deseo es un martirio...

    Felicidad: te vi de cerca;
    pero no pude hablar contigo.

    Ya voy sintiéndome cansado...
    Cuando en la orilla del camino
    me siento a ver pasar a muchos
    que hacia ti vayan cuál yo he ido,
    tal vez te atraiga mi reposo,
    mi displicente escepticismo,
    mi resignada indiferencia,
    mi corazón firme y tranquilo;
    y, paso a paso, a mí te acerques,
    sin que yo llegue a percibirlo,
    y, al fin, sentándote a mi lado,
    hablarme empieces: - Buen amigo...

    ¿Será mejor el no buscarte?
    ¿Será mejor el ser altivo
    en la desgracia y no sentirse
    juguete vil de tus caprichos?

    Yo sólo sé que cuantas veces
    con más afán te he perseguido,
    más fácilmente, hacia más lejos,
    más desdeñosa, huir te he visto.
    Yo sólo sé que cuantas veces
    tornó perfil un sueño mío,
    Felicidad, te vi de cerca,
    pero no pude hablar contigo...


    _________________



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    Mensaje por helena Vie 09 Abr 2010, 15:33

    Gracias, querida amiga,
    por la estupenda selección
    de uno de mis poetas fetiches
    del ámbito hispanoamericano.
    Yo voy a añadir a esta hermosa
    muestra dos sonetos de mi
    perdilección.
    Un beso cariñoso
    Helena



    EL SUEÑO DEL CAIMÁN


    Enorme tronco que arrastró la ola,
    yace el caimán varado en la ribera;
    espinazo de abrupta cordillera,
    fauces de abismo y formidable cola.
    El sol lo envuelve en fúlgida aureola;
    y parece lucir cota y cimera,
    cual monstruo de metal que reverbera
    y que al reverberar se tornasola.
    Inmóvil como un ídolo sagrado,
    ceñido en mallas de compacto acero,
    está ante el agua estático y sombrío,
    a manera de un príncipe encantado
    que vive eternamente prisionero
    en el palacio de cristal de un río.

    ***

    LOS COCUYOS


    Parpadeos de luces vacilantes
    bordan la selva cuando muere el día,
    a manera de extraña pedrería
    que relumbra y se apaga por instantes.

    En desatado círculos errante
    brotan cocuyos en la selva umbría,
    cual si alguien, en la fiebre de la orgia,
    arrojara puñados de diamantes.

    De día ocultos en la verde alfombra,
    sólo en las horas de nocturna calma
    divagan a través de la espesura;

    y a fuerza de brillar entre las sombra,
    acrisolan su brillo, como el alma
    que a fuerza de sufrir se hace más pura.


    ***

    Evangelina Valdez
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    Mensaje por Evangelina Valdez Miér 18 Sep 2013, 21:45


    "CAFÉ, TABACO Y CAÑA"


    Esta es la historia de tres princesas,
    que parece una fábula de esas
    en que se impone verso español...

    ¡Esta es la historia o el cuento de Hadas
    de tres princesas enamoradas
    -a un mismo tiempo las tres- del SSol!

    La una es negra, de ojos ardientes
    y labios rojos, en que los dientes
    jáctanse de una risa cruel:
    limpio azabache su carne dura,
    por un milagro se hace escultura,
    porque en tal carne no entra el cincel.
    India es la otra, de faz cobriza,
    por sobre cuya tez Se desliza
    y se difunde gota de miel:
    temblor de plumas le hace guirnalda
    cruje haz de flechas sobre su espalda
    corren tatuajes bajo su piel...
    la otra es blanca como la nieve;
    por sus cabellos oro llueve
    sobre los hombros en plenitud.
    Ella es la rubia virgen incauta:
    sus labios piden sólo una flauta;
    sus manos sueñan con un laúd.,.

    (El Sol las llama... Las tres amantes
    salen un día de sus distantes
    tierras en busca del dulce bien;
    y, así, la suerte juntarlas quiso
    donde el Sol puso su paraíso,
    en el que luego formó un harén.)

    Cuando el Sol, harto ya de su noche,
    saltaba a tierra, pasar la noche,
    solía en juegos de tanto afán,
    que al fin, tejía red de placeres,
    con que, en los brazos de tres mujeres,
    se iba él durmiendo como un sultán...

    La amante negra entretenía
    con cuentos de ardua filosofía;
    la india, siempre danzando a un son;
    la rubia, apenas con el hechizo
    que por los labios en un carrizo
    le iba fluyendo del corazón...
    -Cuenta tus cuentos, amada mía. Te los oyera yo hasta que el día
    me hiciese, al cabo, volver en mi..
    (El Sol le hablaba, y ella no oía.)
    Responde. ¡Tu eres la poesía?
    -Ella temblando murmuró: _Si... -Baila tus bailes, mi amada bella..
    Sabré con besos borrar la huella
    que en mis alfombras dejen tus pies....
    (el Sol corría siempre tras ella.)
    ¿Tu eres la danza? -Ya tu lo ves...
    -Sopla el carrizo, mi bien amada.<
    ¿ Quien no es, si te oye, sierpe encantada?..
    (El Sol la urgía con intención..)
    ¿Tu eres la Música? -Ella apegada
    contra el carrizo, no dijo nada,
    rnás siguió dándole es corazón...

    Sucedió entonces que el Sol -tal quiso
    volver el trópico un Paraíso-
    por arte mágico hizo ante el
    echar raíces a sus amantes;
    y las princesas que fueron antes,
    néctar se hicieron y aroma y miel...

    Besó en los ojos a la de obscura faz,
    e infundióle sacra locura:
    la fiebre insomne del Ideal...
    Su cabellera soltó ella al viento,
    y a sus espaldas, en un momento.
    brotó el prodigio de un cafetal...
    El café lírico es la princesa
    que nunca duerme y acaba presa
    dentro de un grano como un coral:
    el sueño quita y hace derroches
    de fantasía mil y una noches,
    como el bello libro oriental.
    A la cobriza princesa, el fuego
    del Sol un ósculo impuso luego
    sobre los leves y ágiles piés ;
    y retorciéndose en espirales,
    se hundió ella en tierra: sus funerales
    fueron ceniza y humo después...
    En el tabaco duerme escondida
    una princesa que huye a otra vida
    entre chispazos de Intimo hogar:
    sale del trágico encantamiento,
    y en el velo blanco se arroja al viento,
    y a paso lento rompe a bailar...
    A la princesa rubia, en la frente,
    por fin, besóla trémulamente
    el Sol: ella hubo tanta emoción,
    que clavó en tierra la flauta, en donde
    desde ese instante su miel esconde
    la melodía de una canción.
    Caña de azúcar es soñadora
    princesa, en cuyos labios ya ahora
    la flauta no hace ritual papel;
    mas si en obsequio de los sentidos
    no da esa caña dulces sonidos,
    es porque en cambio destila miel...
    Una princesa borda el desvelo,
    otra en su danza sacude un velo
    y otra ha una torre de albo cristal.
    El café iluso provoca el vuelo...
    El tabaco hace mirar al cielo..
    La caña triunfa sobre el panal.

    Esta es la historia de tres princesas,
    que parece una fábula de esas
    en que se impone verso español.
    Esta es la historia o el cuento de hadas
    de tres princesas enamoradas
    -a un mismo tiempo las. tres del SSol!
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    José Santos Chocano (1875-1934) Empty Re: José Santos Chocano (1875-1934)

    Mensaje por Evangelina Valdez Miér 18 Sep 2013, 21:47


    "EL AMOR DE LAS SELVAS"

    Yo apenas quiero ser humilde araña
    que en torno tuyo su hilazón tejiera
    y que, como explorando una montaña,
    se enredase en tu misma cabellera.

    Yo quiero ser gusano, hacer encaje;
    dar mi capullo a las dentadas ruedas;
    y así poder, en la prisión de un traje,
    sentirte palpitar bajo mis sedas...

    ¡Y yo quiero también, cuando se exhala
    toda esta fiebre que mi amor expande,
    ir recorriendo la salvaje escala
    desde lo más pequeño hasta lo más grande!

    Yo quiero ser un árbol: darte sombra;
    con las ramas, la flor, hacerte abrigo;
    y con mis hojas secas una alfombra
    donde te hecharas a soñar conmigo...

    Yo quiero ser un río: hacer un lazo
    y envolverte en las olas de mi abismo,
    para poder ahogar con un abrazo
    y sepultarte en el fondo de mí mismo.

    Yo soy bosque sin trocha: abre el sendero,
    yo soy astro sin luz: prende la tea.
    Cóndor, boa, jaguar, ¡yo apenas quiero
    ser lo que quieras tú, que por ti sea!

    Yo quiero ser un cóndor, hacer gala
    de aprisionar un rayo entre mi pico;
    y así soberbio..., regalarte un ala,
    ¡para que te hagas de ella un abanico!

    Yo quiero ser una boa: en mis membrudos
    lazos ceñirte la gentil cintura;
    envolver las pulseras de mis nudos;
    y morirme oprimiendo tu hermosura...

    Yo quiero ser caimán de los torrentes;
    y de tus reinos vigilar la entrada,
    mover la cola y enseñar los dientes,
    como un dragón ante los pies de un hada.

    Yo quiero ser jaguar de tus montañas,
    arrastrarte a mi propia madriguera,
    para poder abrirte las entrañas...
    ¡y ver si tienes corazón siquiera...!

    Evangelina Valdez
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    Mensaje por Evangelina Valdez Miér 18 Sep 2013, 21:51


    "LOS CABALLOS DE LOS CONQUISTADORES"

    ¡Los caballos eran fuertes!
    ¡Los caballos eran ágiles!
    Sus pescuezos eran finos y sus ancas
    relucientes y sus cascos musicales...

    ¡Los caballos eran fuertes!
    ¡Los caballos eran ágiles!

    ¡No! No han sido los guerreros solamente,
    de corazas y penachos y tizonas y estandartes,
    los que hicieron la conquista
    de las selvas y los Andes:

    Los caballos andaluces, cuyos nervios
    tienen chispas de la raza voladora de los árabes,
    estamparon sus gloriosas herraduras
    en los secos pedregales,
    en los húmedos pantanos,
    en los ríos resonantes,
    en las nieves silenciosas,
    en las pampas, en las sierras, en los bosques y en los valles.

    ¡Los caballos eran fuertes!
    ¡Los caballos eran ágiles!

    Un caballo fue el primero,
    en los tórridos manglares,
    cuando el grupo de Balboa caminaba
    despertando las dormidas soledades,
    que de pronto dio el aviso
    del Pacífico Océano, porque ráfagas de aire
    al olfato le trajeron
    las salinas humedades;

    y el caballo de Quesada, que en la cumbre
    se detuvo viendo, en lo hondo de los valles,
    el fuetazo de un torrente
    como el gesto de una cólera salvaje,
    saludo con un relincho
    la sabana interminable...
    y bajó con fácil trote,
    los peldaños de los Andes,
    cual por unas milenarias escaleras
    que crujían bajo el golpe de los cascos musicales...

    ¡Los caballos eran fuertes!
    ¡Los caballos eran ágiles!

    Y aquel otro, de ancho tórax,
    que la testa pone en alto
    cual queriendo ser más grande,
    en que Hernán Cortés un día
    caballero sobre estribos rutilantes,
    desde México hasta Honduras
    mide leguas y semanas entre rocas y boscajes,
    es más digno de los lauros
    que los potros que galopan
    en los cánticos triunfales
    con que Píndaro celebra
    las olímpicas disputas
    entre el vuelo de los carros y la fuga de los aires

    Y es más digno todavía
    de las odas inmortales
    el caballo con que Soto, diestramente,
    y tejiendo las cabriolas como él sabe,
    causa asombro, pone espanto, roba fuerzas,
    y entre el coro de los indios,
    sin que nadie haga un gesto de reproche,
    llega al trono de Atahualpa y salpica con espumas
    las insignias imperiales.

    ¡Los caballos eran fuertes!
    ¡Los caballos eran ágiles!

    El caballo del beduino
    que se traga soledades.
    El caballo milagroso de San Jorge,
    que tritura con sus cascos los dragones infernales.
    El de César en las Galias.
    El de Aníbal en los Alpes.
    El Centauro de las clásicas leyendas,
    mitad potro, mitad hombre,
    que galopa sin cansarse,
    y que sueña sin dormirse,
    y que flecha los luceros,
    y que corre como el aire,
    todos tienen menos alma, menos fuerza, menos sangre,
    que los épicos caballos andaluces
    en las tierras de la Atlántida salvaje,
    soportando las fatigas,
    las espuelas y las hambres,
    bajo el peso de las férreas armaduras,
    cual desfile de heroísmos,
    coronados entre el fleco de los anchos estandartes
    con la gloria de Babieca y el dolor de Rocinante.

    En mitad de los fragores del combate,
    los caballos con sus pechos arrollaban
    a los indios, y seguían adelante.
    Y, así, a veces, a los gritos de "¡Santiago!",
    entre el humo y e fulgor de los metales,
    se veía que pasaba, como un sueño,
    el caballo del apóstol a galope por los aires

    ¡Los caballos eran fuertes!
    ¡Los caballos eran ágiles!

    Se diría una epopeya
    de caballos singulares
    que a manera de hipogrifos desolados
    o cual río que se cuelga de los Andes,
    llegan todos sudorosos, empolvados, jadeantes,
    de unas tierras nunca vistas,
    a otras tierras conquistables.
    Y de súbito, espantados por un cuerno
    que se hincha con soplido de huracanes,
    dan nerviosos un soplido tan profundo,
    que parece que quisiera perpetuarse.
    Y en las pampas y confines
    ven las tristes lejanías
    y remontan las edades
    y se sienten atraídos
    por los nuevos horizontes:
    Se aglomeran, piafan, soplan, y se pierden al escape.

    Detrás de ellos, una nube,
    que es la nube de la gloria,
    se levanta por los aires.

    ¡Los caballos eran fuertes!
    ¡Los caballos eran ágiles!


    Evangelina Valdez
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    José Santos Chocano (1875-1934) Empty Re: José Santos Chocano (1875-1934)

    Mensaje por Evangelina Valdez Miér 18 Sep 2013, 21:52



    "EL IDILIO DE LOS VOLCANES"

    El Ixtacíhuatl traza la figura yacente
    de una mujer dormida bajo el sol.
    el Popocatépetl flamea en los siglos
    como una apocalíptica visión;
    y estos dos volcanes solemnes
    tienen una historia de amor,
    digna de ser cantada en las complicaciones
    de una extraordinaria canción.

    Ixtacíhuatl –hace ya miles de años-
    fue la princesa más parecida a una flor,
    que en la tribu de los viejos caciques
    del más gentil capitán se enamoró.
    El padre augustamente abrió los labios
    y díjole al capitán seductor
    que si tornaba un día con la cabeza
    del cacique enemigo clavada en su lanzón,
    encontraría preparados a un tiempo mismo,
    el festín de si triunfo y el lecho de su amor.

    Y Popocatépetl fuese a la guerra
    con esta esperanza en su corazón:
    Domó las rebeldías de las selvas obstinadas,
    el motín de los riscos contra su paso vencedor,
    la osadía despeñada de los torrentes,
    la acechanza de los pantanos en traición;
    y contra cientos de soldados,
    por años de años gallardamente combatió.

    Al fin tornó a la tribu, y la cabeza
    del cacique enemigo sangraba en su lanzón.
    Halló el festín del triunfo preparado,
    pero no así el lecho de su amor;
    en vez del lecho encontró el túmulo
    en que su novia, dormida bajo el sol,
    esperaba en su frente el beso póstumo
    de la boca que nunca en vida la besó.

    Y Popocatépetl quebró en sus rodillas
    el haz de flechas; y, en una sola voz,
    conjuró las sombras de sus antepasados
    contra las crueldades de su impasible Dios.
    Era la vida suya, muy suya,
    porque contra la muerte la ganó;
    tenía el triunfo, la riqueza, el poderío,
    pero no tenía el amor...

    Entonces hizo que veinte mil esclavos
    alzaran un gran túmulo ante el sol,
    amontonó diez cumbres
    en una escalinata como alucinación;
    tomó en sus brazos a la mujer amada,
    y él mismo sobre el túmulo la colocó;
    luego, encendió una antorcha, y, para siempre
    quedóse en pie alumbrando el sarcófago de su dolor.

    Duerme en paz, Ixtacíhuatl; nunca los tiempos
    borrarán los perfiles de tu casta expresión.
    Vela en paz, Popocatépetl, nunca los huracanes
    apagarán tu antorcha, eterna como el amor...


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    José Santos Chocano (1875-1934) Empty Re: José Santos Chocano (1875-1934)

    Mensaje por Maria Lua Miér 07 Jun 2023, 16:22

    LA CANCION DEL CAMINO



    Era un camino negro.
    La noche estaba loca de relámpagos. Yo iba
    en mi potro salvaje
    por la montañosa andina.
    Los chasquidos alegres de los cascos,
    como masticaciones de monstruosas mandíbulas
    destrozaban los vidrios invisibles
    de las charcas dormidas.
    Tres millones de insectos
    formaban una como rabiosa inarmonía.

    Súbito, allá, a lo lejos,
    por entre aquella mole doliente y pensativa
    de la selva,
    vi un puñado de luces, como un tropel de avispas.

    ¡La posada! El nervioso
    látigo persignó la carne viva
    de mi caballo, que rasgó los aires
    con un largo relincho de alegría.

    Y como si la selva
    comprendiese todo, se quedó muda y fría.

    Y hasta mí llegó, entonces,
    una voz clara y fina
    de mujer que cantaba. Cantaba. Era su canto
    una lenta... muy lenta... melodía:
    algo como un suspiro que se alarga
    y se alarga y se alarga... y no termina.

    Entre el hondo silencio de la noche,
    y a través del reposo de la montaña,
    oíanse los acordes
    de aquel canto sencillo de una música íntima,
    como si fuesen voces que llegaran
    desde la otra vida..

    Sofrené ml caballo;
    y me puse a escuchar lo que decía:

    - Todos llegan de noche,
    todos se van de día...

    Y, formándole dúo,
    otra voz femenina
    completó así la endecha
    con ternura infinita:

    - El amor es tan sólo una posada
    en mitad del camino de la vida.

    Y las dos voces, luego,
    a la vez repitieron con amargura rítmica:

    - Todos llegan de noche,
    y todos se van de día ...
    Entonces, yo bajé de mi caballo
    y me acosté en la orilla
    de una charca.

    Y fijo en ese canto que venía
    a través del misterio de la selva,
    fui cerrando los ojos al sueño y la fatiga.

    Y me dormí, arrullado; y, desde entonces,
    cuando cruzo las selvas por rutas no sabidas,
    jamás busco reposo en las posadas;
    y duermo al aire libre mi sueño y mi fatiga,
    porque recuerdo siempre
    aquel canto sencillo de una música íntima:

    - Todos llegan de noche,
    todos se van de día!
    El amor es tan sólo una posada
    en mitad del camino de la vida...


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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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