Aires de Libertad

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    María Victoria Atencia (1931-

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    María Victoria Atencia (1931- Empty María Victoria Atencia (1931-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 27 Ene 2024, 08:13

    .


    María Victoria Atencia (Malaga, 28 de noviembre de 1931), es una poeta española perteneciente más por edad que por su obra a la Generación del 50, que fusiona clasicismo y modernidad. Admiradora de Rilke, está considerada una maestra del verso alejandrino.

    Biografía
    María Victoria Atencia García nació en Málaga, el 28 de noviembre de 1931, ciudad en la que ha desarrollado su vida y obra, y donde fue alumna en el Colegio de la Asunción y más tarde en el Colegio de la Sagrada Familia. Ligada a los poetas reunidos en torno a la revista Caracol y encuadrada en la generación de los años 50, ​ su trayectoria poética (interrumpida durante quince años, entre 1961 y 1976) diferencia tres etapas: una primera hasta el año 1961, emotiva y expresiva; la segunda etapa se inicia en 1971 con la obra Marta y María; y la tercera abierta con El coleccionista, libro publicado en 1979 y en el que lo doméstico trasciende a temas como la pintura y la música.
    A los veinticuatro años contrajo matrimonio con Rafael León Portillo (fallecido en 2011), cronista oficial de Málaga, poeta, maestro impresor, doctor en derecho, académico de seis reales academias, y finalmente su guía y editor. Atencia, por su parte, es académica numeraria de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, de Málaga; académica correspondiente de las Reales Academias de Cádiz, Córdoba, Sevilla y San Fernando; consejera del Centro Andaluz de las Letras de la Junta de Andalucía, de la "Fundación de la Generación del 27" de Madrid, del "Centro Cultural Generación del 27" de Málaga, de la "Fundación María Zambrano" (Vélez-Málaga); y es también "Honorary Associate of The Hispanic Society of America" de Nueva York.

    (Sacado de https://es.wikipedia.org/wiki/Mar%C3%ADa_Victoria_Atencia )


    *


    Algunos poemas de María Victoria Atencia:


    De Arte y parte (1961):


    SAZÓN

    Ya está todo en sazón. Me siento hecha,
    me conozco mujer y clavo al suelo
    profunda la raíz, y tiendo en vuelo
    la rama, cierta en ti, de su cosecha.

    ¡Cómo crece la rama y qué derecha!
    Todo es hoy en mi tronco un solo anhelo
    de vivir y vivir: tender al cielo,
    erguida en vertical, como la flecha

    que se lanza a la nube. Tan erguida
    que tu voz se ha aprendido la destreza
    de abrirla sonriente y florecida.

    Me remueve tu voz. Por ella siento
    que la rama combada se endereza
    y el fruto de mi voz se crece al viento.




    LOS SÁBADOS

    Los sábados teníamos de par en par los ojos
    enseñando las luces doradas del domingo,
    mientras iban las horas resbalando su carga
    de ilusión en nosotras.

    Sentadas en pupitres, en filas o en recreos,
    pensábamos el día perfecto cada una
    con un sol, sus películas y su adiós en la calle
    al niño que llevaba nuestro nombre en su frente.

    Volar era la clave escrita en nuestro ánimo.
    Soñábamos con puertas y con la interminable
    escalera que parte el monte en dos mitades,
    donde un coche esperaba nuestra vuelta más rápida,
    llevándose un viaje de alegría hacia el centro.

    Mas pasaba el domingo, y con él los proyectos
    de toda una semana extrañamente larga;
    y el resultado era arrastrar la nostalgia
    seis días como puños.




    EPITAFIO PARA UNA MUCHACHA

    Porque te fue negado el tiempo de la dicha
    tu corazón descansa tan ajeno a las rosas.
    Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico
    y la tierra no supo lo firme de tu paso.

    Aquí empieza tu siembra y acaba juntamente
    -tal se entierra a un vencido al final del combate-,
    donde el agua en noviembre calará tu ternura
    y el ladrido de un perro tenga voz de presagio.

    Quieta tu vida toda al tacto de la muerte,
    que a las semillas puede y cercena los brotes,
    te quedaste en capullo sin abrir, y ya nunca
    sabrás el estallido floral de primavera.





    De Cañada de los Ingleses (1961):


    ELEGÍA POR UN NIÑO

    Dejado en este sitio adonde nunca antes
    me trasladaron quienes mi tiempo disponían,
    con sus besos tapiando su voz a mi sorpresa
    en tan estrecha cuna fui entregado al sueño.

    Estarán aguardándome en vano donde siempre
    las cosas en que entraba mi diaria alegría,
    pero mientras mi madre pone en orden mi ropa
    en sus armarios, tengo frío aquí, y estoy solo.

    Quienes penséis que a un niño no le agobia la tierra
    sabed cuánto me duele la que sirvió a mi hechura,
    y el recuerdo del último desayuno en la casa
    que aún me tiene una gota amargando los labios.



    EPITAFIO PARA UNA MUCHACHA

    Porque te fue negado el tiempo de la dicha
    tu corazón descansa tan ajeno a las rosas.
    Tu sangre y carne fueron tu vestido más rico
    y la tierra no supo lo firme de tu paso.

    Aquí empieza tu siembra y acaba juntamente
    –tal se entierra a un vencido al final del combate–,
    donde el agua en noviembre calará tu ternura
    y el ladrido de un perro tenga voz de presagio.

    Quieta tu vida toda al tacto de la muerte,
    que a las semillas puede y cercena los brotes,
    te quedaste en capullo sin abrir, y ya nunca
    sabrás el estallido floral de primavera.



    De Marta y María (11976):


    1 DE DICIEMBRE

    Marchaba por su curso el Adviento y se estaban
    quedando los jardines a merced del poniente.
    Algunos animales prosiguieron en celo.
    Escurrían los peces su plata en las orillas.
    Derramaban serrín las muñecas de trapo
    y sintieron las tejas verdecer sus aleros.


    La tristeza en los barcos no aumentó con la lluvia
    ni lloraron los sauces más de lo conveniente.
    Encontró el recental las ubres deseadas.
    Ajenos, los amantes continuaron su sueño.
    Y aunque un frío finísimo paralizó mi sangre,
    estuvo a punto el té, como todos los días.



    AHORA QUE AMANECE

    A  veces por la noche vuelvo, niña, a tu lado
    y hacia las cuatro cruzo por un camino tuyo.
    ¿Mi amistad precisaba más tiempo compartido
    o tuvimos las dos algo en común más serio
    que mi vida y tu muerte: un sueño de muñecas
    de trapo y volaeras de color arropía?

    Nombrarte es poseerte, y yo digo tu nombre
    de un candor repetido, y esta noche a las cuatro
    el nombre contradice tu morenez resuelta.
    Como la última vez que en la playa estuvimos,
    nos sentaremos contra la barca repintada
    para ver el mar juntas, ahora que amanece.


    DEJADME

    Dejadme como cuando nací desnuda y sola,
    vacía de palabras, sólo aire en el pecho,
    y en mis venas corrían los cursos de un arroyo.
    Que vuelvan a su origen los gestos usuales
    y que al abrir mis ojos sólo penetre en ellos
    un punto de luz pura.
    Que por la enredadera de las horas se pierdan
    mi memoria y mi nombre. Que el tacto de las rosas
    me abandone en la tarde, y en la humedad del alba
    retorne nuevamente al olor de las juncias.

    Dejad que sin zapatos siga andando y regrese
    de muy lejos al pecho caliente de mi madre.



    JARDINERO MAYOR

    Tantas veces el sueño me sorprendió en la tierra
    que ni el más fiel amante gustó de la delicia
    de esta cama en que duermo de hojarasca y mantillo.
    ¿La luz de las caléndulas incendiará el otoño?
    Si en sólo una semilla está el poder de un bosque,
    la tierra llegó a darme su profundo secreto.

    Injertaba, sembraba, trasplantaba, ponía
    esquejes, sabiamente usé de mi navaja.
    Cuando tiene el jardín una alberca y esmero,
    satisfecho está el amo. Acostado en su tierra,
    bajo del algarrobo, me encontraron un día
    a ella abrazado como quien engendrara un hijo.



    CON LA MESA DISPUESTA

    Y un solo trago, la muerte.

    Con la mesa dispuesta, con los sitios precisos
    ya que no te esperábamos, me llegas de repente
    sin que puedas por eso hallarme desaviada:
    donde comemos seis, bien pueden comer siete,
    y el pan compartiremos y la sal de las horas
    sobre nuestras cabezas.

    Porque tengo hecho el ánimo y no ha de notar nadie
    ningún cambio en mi rostro. Las risas de los niños
    seguirán sobre el blanco mantel de los bordados
    aunque sienta en acecho, mientras sirvo, tus ojos.
    Tragar ya me es difícil. La garganta está helada.
    Marcharé sin protesta allí donde me lleves.
    (De Marta & María – 1976



    OFELIA

    Recorreré los bosques, escucharé el reclamo
    en celo de la alondra, me llegaré a los ríos
    y escogeré las piedras que blanquean sus cauces.
    .............................................Al pie de la araucaria
    descansaré un momento y encontraré en su tronco
    un apoyo más suave que todas las razones.

    Prendida de sus ramas dejaré una corona
    y el agua por mil veces repetirá su imagen.
    Adornará mi pelo la flor del rododendro,
    inventaré canciones distintas de las mías
    y cubriré mi cuerpo de lirios y amarilis
    por si el frescor imprime templanza a mi locura.



    EL DURO PAN

    El insomnio beberme hasta la última gota.
    Huir campo a traviesa, de par en par los brazos.
    Conocer de qué angustia me llegan mis poemas.
    Desgajarme el vestido con dolor y sin lágrimas.
    Morder el duro pan del egoísmo ajeno.
    Ahogarme en el tumulto que por dentro me invade.
    Salirme del teatro que a diario me ofrecen.
    Prenderme el desamor con un collar de escarcha.
    Clavar en mi acerico oxidadas agujas.
    Hacer trizas las horas que en las sienes me pesan.
    Hundirme poco a poco con este peso impuesto.

    Aguardar el momento en que la hiel reviente.



    SI LA BELLEZA...

    Si la belleza debe ceder en su frescura
    no dejes que se extinga en mí su poderío,
    pues si di preferencia a otros dones, no tuve
    en menosprecio el alto valor de tus obsequios:
    la posible hermosura de que tú me colmaste
    o que así parecía a quien más que a mí quise,
    porque me concediste gozar crecidamente
    de apasionado amor, con exceso llenando
    el jarro que dispuesto llevé para la cita.

    Resquebrajado el barro, sin lañas ni remiendos,
    déjame una prestancia que demore a la muerte.



    MARTA Y MARÍA

    Una cosa, amor mío, me será imprescindible
    para estar reclinada a tu vera en el suelo:
    que mis ojos te miren y tu gracia me llene;
    que tu mirada colme mi pecho de ternura
    y enajenada toda no encuentre otro motivo
    de muerte que tu ausencia.

    Más que será de mí cuando tú te me vayas.
    De poco o nada sirven, fuera de tus razones,
    la casa y sus quehaceres, la cocina y el huerto.
    Eres todo mi ocio:
    qué importa que mi hermana o los demás murmuren,
    si en mi defensa sales, ya que sólo amor cuenta

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    María Victoria Atencia (1931- Empty Re: María Victoria Atencia (1931-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 27 Ene 2024, 09:11

    .


    De Los sueños (1976):


    CORONEL SHAW

    El mar llega a la puerta, alcanza los umbrales,
    asciende silencioso la escalera, se adentra
    por las habitaciones y se pierde a lo lejos.
    El paseo da al mar, y yo estoy despidiéndome.
    (Sin duda, con más fuerza lo abrazo a él, pues cad
    verano se desvela por los niños en Salisbury.)
    Vuelvo aún la cabeza para decir adiós.
    Cruzo la acera.  Ando. Y el mar llega de nuevo
    hasta la puerta, asciende otra vez los peldaños,
    inunda los pasillos y en los cuartos se pierde
    hacia adentro con mansa ternura cotidiana
    de perro fidelísimo que nos guardase a todos.

    09.10.75



    "VILLA JARABA"

    La casa, grande bella, sin concluir, colgada
    en el sueño, y las nubes entrando con el aire
    por los huecos sin hojas de ventanas y puertas,
    velando parcialmente felices, los pasillos
    y el hueco de escalera. Los ranúnculos (sólo
    los he visto en los libros de botánica) cubren,
    ocultándolo, el suelo y columnas de mármol
    sostienen arquerías o se derraman rotas
    por un patio interior que los acantos tupen.
    La mano desmedida mi recelo sosiega
    invitándome a entrar, y una lata mohosa
    —no sé quién la sostiene— va recogiendo el agua.

    27.10.75



    "SANTA CLARA"

    Queda detrás la puerta cerrada y entre todas
    me llevan hasta el fondo de la sala. Es temprano:
    pegado al cuerpo tengo el sueño todavía.
    Va cayendo mi ropa, que una silla recoge,
    y un traje de organdí me reviste de blanco,
    de trustrús y jaretas. Tengo aún mucho sueño,
    pero el velo me cubre la cara. Reconozco
    esta cruz de mi abuela, cuando los bombardeos.
    "Renuncio a Satanás, sus pompas y sus obras".
    Derecho el cuerpo, ensayo la reverencia y sigo
    un corredor que sale al cauce de San Telmo.
    Me quito las sandalias y chapoteo el agua.

    21-11-75



    COLOR DE ROSA

    Me siento, para darle compañía, a los pies
    de la cama. Me enseña su caja con botones,
    su collar de azabache, la mantilla de blonda
    con que acudía a misa de privilegio en Santo
    Domingo, su camisa de malteado georgé ...
    Madre está enferma. Madre va enseñándome cosas
    del armario con quieto silencio entristecido,
    hasta que llega al traje color de rosa pálido,
    y entonces se incorpora, renovada, a ponérselo
    delante de mí misma, me coge de la mano
    y saltamos felices. Su cara de muñeca
    inglesa antigua evoca la cera levemente.

    07.12.75



    PARAGUAS

    Intento abrir el negro paraguas de mi padre
    debajo de la cama, sin poder conseguirlo
    porque voy tropezando con zapatos y botas.
    Pruebo después con otro paraguas más pequeño
    y mío, de colores, de cuando yo era niña,
    y tampoco lo logro.
    Alguien me dice entonces
    que no deben abrirse los paraguas en casa.
    Pero prosigo, terca, hasta que doy con algo
    apenas consistente, por donde mi pequeño
    paraguas se me escapa completamente abierto
    y girando con todo su esplendor de colores.




    De El mundo de M.V. (1978):


    EL MUNDO DE M.V.

    Si mi mano acaricia la cretona de pájaros
    inglesa y he encendido el quinqué y hay un lirio
    en la opalina y huele a madera de la casa,
    puedo llegarme al verde y al azul de los bosques
    de Aubusson y sentarme al borde de un estanque
    cuyas aguas retiene el tapiz en sus hilos.

    Me asomo a las umbrías de cuanto en esta hora
    dispongo y pueda darme su reposo: también
    este mundo es el mío: entreabro la puerta
    de su ficción y dejo que sobre este añadido
    vegetal de mi casa, por donde los insectos
    derivan su zumbido, se instale una paloma.



    GODIVA EN BLUE JEANS

    cuando sobrepasemos la raya que separa
    la tarde de la noche, pondremos un caballo
    a la puerta del sueño y, tal Lady Godiva,
    puesto que así lo quieres, pasearé mi cuerpo
    —los postigos cerrados— por la ciudad en vela...

    No, no es eso, no es eso; mi poema no es eso.
    Solo lo cierto cuenta.
    Saldré de pantalón vaquero (hacia las nueve
    de la mañana), blusa del «Long Play» y el cesto
    de esparto de Guadix (aunque me araña a veces
    las rodillas). Y luego, de vuelta del mercado,
    repartiré en la casa amor y pan y fruta.
    (De El mundo de M. V. – 19



    EXILIO

    ¿Quién descuajó las puertas para echarnos al frío?
    La casa quedó atrás: sólo concreta el humo
    su sitio en la vaguada.
    Mientras los pies se hieren entre las rastrojeras
    un pájaro de luto contra su tórax rómpese.
    Hay que tener un muerto por el que verter lágrimas
    y el ánimo previsto para las ocasiones
    y sacar adelante el tallo deflecado
    por el viento
    y distenderse como el blanco gato persa.

    Andar es no moverse del lugar que escogimos.

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    María Victoria Atencia (1931- Empty Re: María Victoria Atencia (1931-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 27 Ene 2024, 14:38

    .


    De El coleccionista (1979):


    EL APOSENTADOR

    Acantos, floreceos; sostened sin hartura
    las bóvedas del tiempo, cara a cara triunfante,
    crecidos sobre un mármol de carnal predominio.
    La luz, derrota o gloria, enlaza las figuras
    que convoca el encuentro. Una lágrima puede
    comprometer el curso de las constelaciones



    EL COLECCIONISTA

    Sujétala con leves alfileres, abierta,
    rotulada en su caja, y quedará preciosa.
    Procura no palpar el polvo de sus alas:
    has de ser delicado, como mandan los libros.



    REENCUENTRO

    En la noche infinita de los desconsolados,
    a la tremenda luz del suicidio se pierden
    acaso sus palabras, mientras el hielo cruje
    por el amor que un día, sin duda, contuvieron,
    y que ahora los levanta -oh, si: muy lentamente-
    hasta la misma faz de la Suma Belleza.



    HAIKU

    ¿Quién nos dará razón de esta joven doncella
    abrazada a su ramo caudal de crisantemos
    mientras dice en la noche su augurio la corneja?



    KENSINGTON GARDENS

    Junto a la isla cercada a los amantes nautas
    hay un chisporroteo de luz: cruza una ardilla
    por las sienes de Flora
    mientras van a sus altas cesterías los pájaros.
    Me detengo y prosiguen
    el amor sobre el césped.



    PINTURA INGLESA

    No hay gozo ni dolor: una inmovilidad
    aprendida de siglos se mantiene en su rostro
    tan hecho ya a aguardarme. El vaho de la taza
    de té con que me obsequia en el lienzo se alza
    y un instante desdobla la mujer de su tiempo.



    BAÑO

    Comienza a serme infiel
    la piel de la garganta;
    pero ahora que se pierden tras de mí las orillas,
    tómame una vez más, mi desdeñoso amante,
    mientras las algas ponen
    un collar en mi cuello.



    DÉJAME

    Déjame que te alcance la compartible boca
    en el instante mismo que salto sobre el arco
    del amor y me extiende el lino sus veredas
    para yacer contigo, atleta abandonado,
    feliz en su victoria.



    GAVIOTAS

    Intensamente blanca
    plenitud de gaviotas
    que, tan aladas, salvan
    la llegada del día,
    ricas en ademanes
    y, en su vuelo, felices.

    Pues venís a mi encuentro,
    torno, como los peces,
    mi juventud en plata.
    Solo estremeceréis
    la mar de mis pupilas.




    De Compás binario (1984):


    DEBIDA PROPORCIÓN

    Unos ojos engendran otros ojos, y otros
    nacen, ya de por vida, ciegos para el discurso
    de un tiempo que acaricia en su paz la serena
    belleza de las formas.

    Pero en su antigua plata delimitan los días
    el contorno preciso en que lo bello acaba,
    su espacio de hermosura
    que no roza el silencio, que no empaña el desorden.

    Y está fuera el  vacío
    que reclina en la piedra su desfallecimiento
    y con sus torpes manos el ademán confunde
    de un bando de palomas sobre la tierra calma.



    CUESTIONES

    Luego sabré quién soy, quién me tiene o qué tengo
    en este desmembrarme al ocaso, el oído
    apoyado en la almohada para escuchar la noche;
    o en este despertar con la nuca ceñida.
    Oh sola soledad, carencia de ese trozo
    de tiempo intransferible tras demasiados años
    y cuarenta, buscándome; tras de tan largas noches
    -ahora lo sé- que fueron, en realidad, mi vida.



    COMPÁS BINARIO

    Mientras que amor os tuvo en sus manos, gemisteis,
    cuerpos jóvenes, seda natural derribada,
    belleza irreprochable que contemplaba el tiempo.

    Tardasteis largo aliento en coronar la cima
    y fuisteis un destello deslumbrante en la noche,
    que en la opuesta ladera se apagó bruscamente.



    EPITAFIO

    Las banderas ardían, era cierto,
    y su rota ceniza nos empañaba a todos
    cuando los aparatos descargaron sus bombas.

    Mientras cruzas la yerba
    procura no hacer ruido:
    bajo esta piedra escondo mi miedo y mi muñeca.



    PORCIA

    Ata una cinta al fajo de palabras escritas,
    zozobradas palomas un día en el embozo
    con pasión o despecho que al fin te sobrevive.
    Sobre el polvo yacente que marzo solivianta,
    el guardado secreto, bajo el henchido párpado,
    brilla aún en la córnea cegada de la noche.



    LA RAMA DORADA

    Quiebra un árbol su altura y su savia concluye
    bajo el perseverante fulgor de un bosque idéntico
    solo a los ojos, siempre sucesivo y el mismo.

    Transidamente llego, despojada, a sus ramas,
    leyenda de mí misma que a otra historia sucede,
    hasta ser hoja suya en que se asiente el moho.



    MUJER DE LOT

    Se te iba haciendo el cuello de sal y la sonrisa
    de piedra, y eran páramos los campos
    y la ciudad azufre, y habías vuelto el rostro
    fuera del orden propio natural (o invitada
    por ese mismo orden), olvidando la antigua
    dulzura consabida, y supiste de pronto
    que era aquel gesto tuyo quien prendía las llamas.



    TEMPORAL DE LEVANTE

    Extraña y enemiga es esta piel que miro
    diariamente, cuido, me ciñe y me refleja,
    los otoños azotan y dice de mí misma
    exterminando en dos el cristal del espejo.

    Volveré la cabeza al viento de levante
    si un brote malva exhibe el jacinto en la cómod,
    si una baba denuncia el rastro de mi paso
    o en el mármol sellado una verja chirría.

    Cuando sepa que puedan el ocaso servirme
    en una taza -Emily Dicinson-, romperé
    los pliegues de mi incierta paloma de papel
    contra la balaustrada férrea que me contiene.



    EL MUNDO DE CRISTINA

    Andrew Wyeth
    «Museum of Modern Art». Nueva York.

    Tuve también su edad, y tendida en la hierba
    supe del sol a plomo sobre el verde agostado,
    de un ardiente silencio en el que me envolvía,
    y de una brisa súbita —yerta quizá— de aviso,
    hiriéndome las sienes.
    ...........................Tuve su edad, me he vuelto,
    descompuesta sin duda, sobre mí,
    para mirar mi casa alzada en la ladera
    —la polilla royendo mi enagua en los armarios—
    sin que siquiera a un ramo de glicinias pudiese
    detraerle una gota de su zumo.
    Me he vuelto, confundido mi nombre, para salvar mi casa,
    aunque siga en un cuadro donde tan sólo espero
    que irán a dar razón de mi nuca los ánsares.



    HÚSAR DE LA REINA

    D. Pantaleón Pérez de Nenín

    Ribeteado entero de pieles y galón,
    de azul en el dormán y azul en el calzón,
    cubre de rojas plumas lo feroz del morrión
    y ambidextro se apoya en el sable y bastón.

    Que alza y viva siempre, sin trampa ni cartón,
    el bizarro esperpento de don Pantaleón.

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    María Victoria Atencia (1931- Empty Re: María Victoria Atencia (1931-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 28 Ene 2024, 05:07

    .


    De Paulina o el libro de las aguas (1984):


    PAOLINA BORGHESE

    Canova

    Hiende en la noche tu perfil egregio
    ahora que el ciervo brama en tu jardín tan próximo,
    y salva el cerco de laurel que abraza
    tu mármol desnudado: no hay un río
    que anegue tu cintura, un agua cálida.
    Salta del lecho, caiga tu diadema,
    huye al prado: Gesualdo di Venosa
    suena en su clavicémbalo.
    Tiene la perfección vocación de desorden.



    "VILLA D'ESTE"

    Por una tierna rama que muerdo y reconozco
    descendiendo a los jardines que la noche arrebata
    y me recorre el alma tu agriedad, su dentera.
    Carencia es plenitud. Me doblego a su gracia.
    Da a las aguas impulso la esfinge de una fuente
    y guarda su secreto: soy mi débil medida.



    RETRATO DE UNA JOVEN DORMIDA"

    Goya
    National Gallery. Dublin.

    Si por la oculta noche retenida
    me pudiese llegar a tu lienzo y velarte,
    tan cándida y cercana y tan ausente,
    acaso
    la luz que se detiene en tu pecho y lo alza
    alcanzara a decirme si duermes a la vida,
    si vives en la muerte, si puedo ser contigo
    Ofelia de tu légamo, Desdémona en tu almohada.



    ENCAJE

    Me acoge a la deriva la barcaza que apenas
    denuncian las gaviotas. Sigue la noche y miro
    -descubierto el embozo de la tela del agua-
    los cuerpos, que estremecen por un instante el mío,
    de quienes en las algas bordadas lacerías,
    con pasión o desdén, se ofrecen o se dieron.
    Por otras largas noches que la laguna ahoga,
    en especie se cobra Venecia su hermosura.



    ESA LUZ

    Recógete, alma mía. Es solo la belleza
    que viene y tiñe el cielo y te deslumbra y pasa.
    Conserva aún en tus manos esa luz que decae.
    Algo trama la noche: también ciega lo oscuro
    y tiene un cielo propio para acosar las aguas.
    Peces errantes palpan un légamo de muerte.
    En la terraza el viento quiebra el tallo a los áloes.



    LA LLAVE

    Me despoja de mí el silencio en las torres
    que una llave de piedra o de plata me abren,
    y a las veras del agua se desnuda de aljófar
    y nácar la nostalgia. Deja escurrir el mirto
    una gota de aroma que sacude a la alberca.
    Puedo ungirme las yemas para dar luz a un ciego.
    Discurro con la noche. Los cipreses se alzan.
    Soy el vacío ya. Ni una voz me sostiene.

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    María Victoria Atencia (1931- Empty Re: María Victoria Atencia (1931-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 28 Ene 2024, 14:48

    .


    De Trances de Nuestra Señora (1986):


    LOS ANIMALES

    Sabían, no sé cómo, mi secreto y miraban
    mi detenido andar, mis manos sobre el vientre,
    con sus ojos que hacía tan negros la ternura.
    En blando acecho estaban y acallaban sus voces
    en la jaula o el patio, el huerto o el corral,
    y éramos como un reino de idéntica esperanza
    en una luz no usada aún entre nosotros.



    UN PÁJARO

    Un pájaro, de leche y miel teñida,
    se me detiene en vuelo en el regazo.
    Su bebedero tiene ya en mi boca:
    levanto el corazón sobre retamas
    y en un mismo color nos incendiamos.



    MEMORIA

    Tiempo atrás, vida atrás, me recogí en mi sangre
    y aniñé mi esperanza en crear un fruto.
    En el tierno silencio de aquellos largos meses
    nos mecía a los dos el giro de la tierra.
    Después, al alumbrarlo, la tierra se detuvo.



    LA ROSA

    Sabía de una rosa que me iba poco a poco
    tensando y distendiendo, cuerpo a cuerpo, hasta el alma.

    La belleza no tiene ni límites ni aroma
    pero durante largos meses percibí su fragancia.

    Estuvimos los dos compartiéndonos, vida
    que nos fundía y que nos distanciaba.



    LECCIÓN DE ANDAR

    El  cuidadoso oficio de conocer los vuelos
    pudo un día traerme como verbo a unos labios,
    pero ya es necesario que no solo mi alcance te sostenga:
    échate a andar. Erguidos, te aleccionan los árboles.




    De De la llama que arde (1988):


    CON LAS LUCES DEL ALBA

    A mitad de camino entre la luz y el suelo
    que hace fértil un gesto de vida proseguida,
    sobre la arena oscura expuesta al sol, propongo
    yo misma mi balance entre fruta y olvido;
    entre amor y despecho con las luces del alba,
    o las yertas palabras que acoge un laberinto
    de nácar y las vierte contra el rumor del puerto.



    VOZ TRADUCIDA

    Vuelve de nuevo el trance del traslado, y entorno
    los ojos: tierna herida a un poema quizás
    ya ni siquiera mío. Adolescentemente
    me remito no obstante a otra voz, a otra vez,
    a otras verdes olmedas del viento meneadas
    que los pájaros saben en no importa qué lengua.



    CAMPO DE VILLANUEVA

    Tendido el largo suelo hasta dar en los montes,
    zurcidos sus retazos -verde, cadmio, caldera-,
    mansamente te mira, al cruzar, el paisaje.
    Vuela un zorzal en busca del olivo cercano
    con sobresalto apenas. Y después vuelve todo
    a su durar inmóvil. Salvo tú, transitoria.



    UNA LÍNEA

    Este solo paisaje: una línea extendida
    bajo el sol que por ella se desplaza irradiando
    un deslumbrante ardor sobre su trazo firme.

    Miro la mar diaria que un estrecho interpone,
    y obediente a la cierta llamada de su lecho
    me llego y adentrándome quiebro el ras de las aguas.



    PUERTA DE LA JUSTICIA

    Llevadme al arrayán perdida hasta tus patios,
    olvidarme el ciprés, agredirme un aroma
    de violeta, negarme su artesonado el cedro,
    romper la luz el agua quebrada de tus fuentes,
    rasgarme pecho abajo un pájaro que cruza,
    amargarme tu aliento de granado en la boca
    sin siquiera vivirme, sin tan volver siquiera.



    "DARALHORRA"

    La memoria del agua —no el agua— sostenía
    las frágiles, antiguas columnas de alabastro
    —o confundo los sitios—, y un perfume de cedro
    —no el cedro— me invitaba a un patio en el que apenas
    puse el pie; puse el alma —o confundo el instante—.
    Mi perpetua exiliada, alma mía, de mí:
    dame un quicio de apoyo, ten un nombre siquiera,
    cíñame una granada su corona de layo.



    ORILLA

    Para Manuel Alvar

    Los postigos abiertos, ni siquiera yo misma
    tras el sueño baldío, desalentada aguardo
    su cumplida palabra en el mar del encuentro.
    Cuando luego me llegue hasta su abrazo húmedo
    proseguiré mi sueño en el lecho insondable;
    en su pasión cobalto, índigo azul, recíproca.



    VARÓN DE MIEL

    No podía perderte si te tuve en mis brazos.
    Pero yo te buscaba, aún, dentro de mí,
    como en un ostensorio de gloriosos dolores,
    varón de harina y miel y soles persuadidos,
    pero que me aguardase y que me doblegara,
    mi vecino entrañable, en la red de mis venas.



    TERNURA

    Quizá no sea ternura la palabra precisa
    para este cierto modo compartido
    de quedar en silencio ante lo bello exacto,
    o de hablar yo muy poco y ser tú la belleza
    misma, su emblema, aunque tan próxima y latiendo.
    Y es también un destino unánime que vuelvan
    a idéntico silencio -cuando llegue la hora
    de la tregua indecible- mi palabra y tu zarpa.



    MERMELADA INGLESA

    Sobre el aparador, en su envase, me aguarda
    dulce y agria a la vez, reluciente y equívoca,
    elaborada en todo conforme a su receta
    —reunidas las semillas, troceadas las mondas…—
    para el placer agónico de cercarme los labios
    en el acontecer mudable de los días.




    De La pared contigua (1989):


    PAPEL

    Para Rafael
    Un estado anterior a la página en blanco
    son las fibras de hilo
    que antes vistieron, desnudaron cuerpos,
    y luego, laceradas, el agua puso a flote.
    Sobre la blanca superficie contiendo mi batalla,
    mi agresión a los signos de los que alzo un recado
    que en el papel silencia su confidencia apenas;
    el papel, mi enemigo y mi cómplice, mi socio deseado, mi delator
    herido sin piedad a lo largo del alma.



    LA RIADA

    En la casa del sol se alojó la tormenta
    y sus puertas abriéronse
    a una racha de viento que me llevó descalza
    -y niña- hasta el balcón en el que, suspendidos,
    dejé colgar los pies.
    Abajo estaba el cauce de la rambla, cubierta
    su arena ahora por el agua sucia y unos cuerpos, y  el frío
    llegaba a mi balcón, y en la corriente
    arrastrado, extenuado, un caballo me miró antes de hundirse
    con la imagen de mi madre, niña, en sus pupilas rotas.



    CARTA A DENISE

    Vuelvo a escribirte, Denise, sobre la misma mesa
    de preciosas raíces que conociste y dan
    savia a las siemprevivas y apoyo a estas palabras,
    resumen barnizado de un bosque. Bien lo sabes,
    tú, que coloreabas la fronda del olivo
    y eran tuyos los campos como mi calle es mía
    (y, cuando niña, el campo); tú, que pusiste luz
    -y una súbita sombra- en los paisajes que en la pared me miran escribirte;
    tú, voz albergada en algún cuarto próximo;
    de dulces sepias y azules desvaídos a lo largo de las horas cortísimas que recorrimos juntas.
    Por eso ahora te escribo, Denise, mientras me queda tiempo, cada vez menos tiempo,
    porque van a llamarme a través de esa pared contigua
    y ya he cumplido de tu falta un año
    y no sé cuántos días de condena.



    ESTACIÓN EN PENUMBRA

    Au-delà de cette limite
    votre billet n'est plus valable!

    Debiera de ser todo tan sencillo como sanar a un niño de la rubeola,
    con luz ya en la ventana y en la colcha esparciéndose en oro,
    y el rumor recobrado del paso de su madre, y una taza de leche,
    y un deseo de ternura que a mi edad me acompaña todavía,
    me funde al movimiento de este tren subterráneo
    o vida o desistido papel que abandono en la incierta
    estación en penumbra más allá de la cual mi billete no es válido.



    LA SEÑAL

    Pasaremos el tramo,
    ¿quién ante quién? Por si estamos distantes
    -o juntos- y queremos avisarnos de un arribo esperado,
    convengamos un signo, una señal cualquiera de advertencia,
    como un secreto nuestro guardado entre nosotros
    y que luego olvidásemos:
    cualquier cosa del otro que de pronto se rompa
    de bruces contra el suelo,
    un sinsentido de algo con sentido;
    un estremecimiento, columna arriba, helado.

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    María Victoria Atencia (1931- Empty Re: María Victoria Atencia (1931-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 29 Ene 2024, 13:06

    .


    De La intrusa (1992):


    SEÑALES

    Para Bernabé Fernández–Canivell

    Di descanso a mi frente contra el muro sabiéndome
    ya huérfana y vacía y huera y con el signo
    de la muerte grabado en mis espacios.
    Miré por la tronera: nada y más oquedad.

    Más, pasados los días, comenzaron —muy tenues—
    a llegarme alusiones y silencios: más claros
    y suyos e inequívocos cada vez, afirmándose
    como cuando me hablaba por teléfono.



    EL MUELLE

    La proa hería al puerto dividiendo unas aguas
    que de mí dependían o estaban tan pendientes
    como yo de su atraque y trasiego de jarcias,
    pero hace ya mucho tiempo que en la luz excesiva
    se hundió su arboladura,
    y al evocarlo ahora me viene a la memoria dócilmente
    -con la marea alta, con el verano encinto-
    el muelle de poniente
    en el que se escribieron con tiza en la pizarra
    un naufragio y mi nombre.



    AMANTES

    Se amaban —yo sé cómo—
    y sus gestos crearon, sin saberlo, la bóveda
    de un azul perfectísimo y un concorde increíble,
    arbotantes que hacían sostenerse a sus fuerzas.
    Cumplieron —aunque a tientas— formularios
    y hubo un llanto después, que conmovió a la tierra
    cuando hirieron sus lágrimas el cartón de un caballo.



    LA INTRUSA

    Teme a esta intrusa que te recorre en sueños,
    se aloja en tus palacios con el peso de un humo
    que no roza la acera,
    presencia porfiada sobre tu traza antigua,
    siempre al aguardo del desfallecimiento
    y de unas luces fatuas que se mudan de sitio,
    allá, barranco abajo, sobre unos huesos sepia.



    TRASTERO

    Un armario. Un espejo. La mesa interminable
    que sostuvo unas cenas. La lámpara. El ajuar
    de aquella adolescente. Un perchero. La cuna.
    Tanta vida ya ida. Respiro tu cansancio,
    boca a boca, entre el polvo,
    y huyo despavorida de su agrio anticipo.



    LA FRONTERA

    Existe la frontera y es advertida siempre
    con tiza o carboncillo o un atajo en el bosque
    defendido con hilos altamente cargados,
    que una parte y la otra conocen,
    cuerpo a cuerpo exigente de un desnudo o registro
    en que la identidad se averigua o declara.

    Un río, por ejemplo. Un río es una linde natural interpuesta
    y que por eso invita rumoroso a invadirlo
    cuando pesa la ropa bajo el sol sobre el cuerpo.
    Porque un río es un curso
    fluyente entre una y otra naturales orillas
    hacia una mar común, un afán y un reposo.



    ESPEJO DE LA SALA

    Si cede el pan de oro o quiebro un ala
    o un tallo en la moldura, y la madera
    se despierta después de tantos años,
    tantas capas de polvo, tanto exilio,
    apiadaos de mí, que en su cristal,
    cuando la luz me dé, he de mirarme.



    LAS PUERTAS

    Císter, 17

    Al franquear los quicios que la luz horada
    en progresivos planos desbordados, llego
    hasta una claridad que vuelve a sucederme,
    a cogerse conmigo del pomo de unas puertas
    que saben de otras manos: yo los así de niña
    en estas puertas mismas y con ellos regreso
    a aquel cuerpo infantil que aquí sentía
    hablar al otro lado del tabique.



    NAUFRAGIO

    Para Floreal y Pepe Bornoy

    Como arreciaban más las olas, y la casa
    seguía en su costumbre sin aviso,
    asomé a la terraza mi aprensión, y era cierto:
    ya no veía el faro y perdíamos pie
    e íbamos zozobrando aguas abajo, brea
    y sal abajo y por la casa adentro.
    Caída en el turbión, entorné las cortinas
    por no alarmar innecesariamente.




    De El puente (1992):


    MOLDAVA

    Vltava

    Al  borde del caudal de las aguas depongo
    la imagen consabida de mis viejos retratos:
    cunde en los tajamares
    el verdín que a las piedras otorga su ruina:
    la majestad del río me anega en su corriente.

    He de volver, he de volver: su curso,
    las esferas doradas sobre las piedras negras,
    los ánades, las horas en el reloj distante,
    el pretil que la niebla edifica o derriba.

    Mi sueño contenido: una hoja tan solo
    que acaso fue mi peso y en la que me sostuve;
    menos aún: el tacto de una hoja arrojada incluso del recuerdo,
    mi después y mi antes, mi yo misma muriente,
    mi transgresión de vida rota contra las aguas.



    CEMENTERIO JUDÍO

    Cuando intentaba huir lo seguía la muerte,
    y él, a su vez, seguía el rastro de una estrella
    que denunciaba nombres. Se llegó hasta las verjas
    y pisó unos umbrales creyendo que salvaba
    del aguijón un salmo penitencial y propio,
    y los hierros le entraron entre el dedo y la uña.



    SAN VENCESLAO

    Muros arriba, donde la piedra sirve
    de resquicio a las piedras, asciende -entre amatistas,
    calcedonias, enjambres de crisopacios, ramos de cornalinas-
    una acerba congoja que alcanza los vitrales
    durante un fulgurante instante que se aquieta y nos deja
    el alma sin saber a qué atenerse,
    salvo esa niña ausente que, a medias, con su dedo,
    el azúcar quemado de un ágata señala.



    MALÁ STRANA

    El ámbito soy yo. Qué importan las fachadas
    o su moho o caliche si antaño fueron nobles
    y aún lo son a esta luz tibia y roja de otoño.
    Cruza una joven grávida de una acera a otra acera.
    Cruzan su claridad y su azahar perdurado.
    Cruzo yo misma, niña, nombre que se perdiera
    si una niebla subiese, espesa, desde el río.



    EL PESO

    Os volveré a evocar desde un país sin niebla,
    desolación de instantes, rapto
    de belleza, razones en mi rumor de vida;
    os volveré a evocar, y ni siquiera vuestro peso
    será el peso en mi cuello de una piedra
    sino la mera sombra de solo una palabra.



    PRAGA

    Tú, mi demonio personal, de bruces
    sobre este hendido cauce te me instalas, sobre
    mi corazón fluvial y sus despojos;
    tu pasadizo, yo; tu herido hueco.
    Tus alas como torres, Praga,
    sobre mis dos laderas.

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    María Victoria Atencia (1931- Empty Re: María Victoria Atencia (1931-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 29 Ene 2024, 13:34

    .


    A orilla del Ems (1997):


    LA CASA

    Me adentraba por ella —ante mí en la cubierta del libro—,
    en su planta cuadrada y un silencio en sus muebles que adivino o invento:
    podría pintarla como cuando era niña y abrir con una cuchilla sus ventanas,
    porque ella era mi mundo inserto en otro mundo de intimidad discreta
    que yo invadía y daba a los demás.
    Lo que en ella pasaba —un perro, una bombilla— me resultó feliz.



    JOVEN CON BICICLETA

    El manillar fundido dice el calor de mis manos asiéndolo
    con un fuego que penetra el cartón y llega a vuestra época.
    Tengo al fin lo soñado: avanzo sobre ruedas, ya soy un triunfador
    que recorre los húmedos campos aspirando su aroma,
    caracol sucesivo del verde tras la lluvia.
    Los atentos del otro lado podréis ver la brillante cadena que me cruza el pecho,
    la gorra de visera que fue moda entonces,
    más, tal vez, no el amor que ya se despertaba asombrando mis ojos;
    la cara de manzana de Gretchen a la hora del recreo
    los disgustos del Herr Professor con su vara severa.
    Algo mío poseo en el campo que cruzo:
    un mundo que no sueño sino que tomo y alzo y que muevo a mi gusto,
    hechura de mis manos guiando, de mis pies al pedal,
    mientras van agotándose los días de anteguerra.



    LAVANDERA

    De rodillas, en el tablón anclado o en la margen del Ems junto al nivel del agua,
    puedes mojar, enjabonar la ropa, golpearla,
    restregarla en la piedra con un compás idéntico de claridad y aroma,
    torcerla y retorcerla para que el chorro añada mayor espuma al río;
    puedes llorar, cantar, callar en tanto que renuevas
    el blanco de una sábana que supo del sudor del amor o el de la muerte
    que ahora, ardor y frío, se diluye contigo río abajo.



    LA NIÑA

    La niña de trenzas y flequillo, de babero y maleta a la espalda
    en la que me enseñaron a reconocerme las fotos de los míos,
    hoy, frente a mí, en este cuaderno aparece.
    Coincidencia feliz: de esa criatura vine
    para llegar a ella tras de un largo camino.
    Te lo ruego: sigue tú misma, o vuelve y disfruta de tus padres aún jóvenes,
    la borrega y el agua en el cauce de piedra. No te preocupes:
    soy una de esas señoras que se encuentran a veces de visita en las casas
    y cuyo nombre no vuelve a recordarse.




    De Las contemplaciones (1997):


    LA UMBELA

    Con solo el  breve toldo o un palio o una umbela
    de algún moral, me estaba protegiendo. Caían
    los fardos por el suelo desde los altos carros
    y me cegaba el polvo y el trajín las pestañas.
    Me abrí el pecho de niña -digo, la blusa- y pude
    dar un soplo de vida a los muñecos, con los brazos en cruz,
    que amasaba con tierra junto al cauce.,
    uno después de otro. Examiné su hilera. Interminablemente
    proseguía su línea, no sé adónde.



    ENCARGO

    Comienza a decaer el rigor del invierno
    en el moho nacido en la pared recóndita
    y está a salvo el junquillo de marzo que asedió la tormenta
    y soñaba guardarme —y es demasiado pronto— cerniéndome en su aroma.

    Este encargo os expongo tras el frío y las aguas:
    cuando vuelva el verano y esté a punto el momento, recoged en el aire
    esa porción de mí que con mi aliento queda.
    Conozco mis deberes: soy vuestra pertenencia.
    Devolvedme a mi casa.


    EL VERDE

    Tiene el verde su grito y su tacto en las hojas de abril
    desnudas. Porque grita la piel. Porque el desnudo grita.
    O no: simplemente susurra, de un modo clamoroso.

    Convengamos, al menos, en que el susurro tiene su esplendor llamativo,
    su esplendor de renuevo como el de ciertos animales reptantes
    que yo envidio y temo y se albergan -perpetua imagen mía-
    entre estas verdes ramas renovadas de un abril que las deja
    -las dejaba- crecer haciendo nueva, por un lado, su vieja cobertura.



    LO NATURAL

    ¿De qué soy la carente si está ahí naturaleza?
    Me renuevo en mis brotes, yo, la dócil
    animal doblegada a la caricia, y lo proclamo. Todo
    sigue su curso natural. Pero ¿dónde
    cobra la nada su natural sentido?



    LA APUESTA

    Cuando súbitamente te abandonen las formas,
    se colme de vacío tu lenitud de hueco
    y sientas su propuesta de abandono acecharte,
    apuesta por la vida y añade a su grandeza
    la levedad, al menos, de un junquillo de marzo.



    EL VIENTO

    ¡Qué viento el de aquel día! Y yo dejada
    allí sobre los montes, sin historia
    ya, ni dolor de madre intempestivo,
    sin blanco ajuar y sin cambiar pañales,
    sin niños al colegio, sin mis lutos.
    No queda sino tiempo, Victoria Atencia; tiempo.
    No queda tiempo. Queda todo el tiempo.



    LAS AUSENCIAS

    Inútilmente vais a esperarme: no soy,
    no, no soy vuestra huérfana, muertos míos recientes,
    aunque creáis dejarme aquí desasistida.
    También acrece fuerzas la soledad:
    no será vuestra ausencia el tirón que aguardaba.
    Más llegará el momento
    después de que en el hueco de mis manos
    tan solo quepa un sorbo amargo de café.



    ALGO DE VIDA

    Algo de vida ronda aún por los cuartos:
    un último suspiro retenido
    que me abarca sin voz entre sus pertenencias
    rozando los olores de la casa
    y algún papel quizás.
    ..........................Algún momento
    pensé en un cierto ensalmo o en abrirme las venas
    y luego desistí, para poder contarlo.



    LA LLAMADA

    Vuelven desde su adentro mis configuraciones, llaman
    suavemente a la puerta
    y, aunque apenas las oigo, cortésmente les abro
    -venciendo la pereza- un resquicio capaz
    entre el quicio y la hoja;
    un espacio entre el muro y el nogal consistente,
    y me vuelvo buscando la hoja de papel
    que me ha de preservar con solo su crujido.



    ACECHO

    No quisiera aún perder esta pequeña
    porción de entendimiento no alcanzada
    por esa espesa -y dulce- y persuasiva niebla
    que se alza desde tierra y me acecha los labios.
    Aún sobresalgo y puedo aún de puntillas respirar
    y darme con los ojos contra el sol y sus luces
    aunque empiezo a cansarme y ya me pierdo
    entre el discernimiento del sueño y la vigilia,
    el gozo y su reverso -y es lo que me duele-
    y lo proclamo y escribo a lápiz, mientras
    se apaga el cirio del altar en este
    primer domingo, lluvioso, del Adviento.



    LAS CONTEMPLACIONES

    Muevo en la oscura noche y su bolsa los restos
    —tantos menudos trozos—
    de una historia que cierran la puerta y su chirrido.
    Se prohíbe la nostalgia. No hay más contemplaciones.
    Atendedme
    sin embargo este canto final, y ya de abatimiento.
    Toda historia se cierra —cuando no se interrumpe— en un final feliz,
    y ya me puedo ir, en mi final feliz, con la Santa Compaña.

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    María Victoria Atencia (1931- Empty Re: María Victoria Atencia (1931-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 29 Ene 2024, 14:39

    .


    De El hueco (2003):


    CAMPANA DE CRISTAL

    Una campana o cueva de carey
    me hacen su propiedad. Suya soy, y mi ropa.
    Lo demás es el yelmo.

    El aire hace inseguros los cruciales
    tensores de la lona.
    Reptil de soledades, se despereza el alma.

    Pero en el otro lado,
    vertical como un árbol que se yergue
    o un manantial que empuja, me despierto.



    LA CASA

    Su natural tendencia a deshacerse se agrava cada noche:
    aparadores, mantas, armarios se dislocan.
    A veces me desvelo en la cruz de la araucaria
    con la mano acogiendo una ardilla incisiva.

    Vendrán la aurora y, luego, el mar perseverantemente roto,
    y yo con él.Está ya todo a punto: la casa se deshace.
    Se me erizan escamas. La resina. La crema limpiadora.
    La araucaria. La ardilla. Mi sueño insoportable.



    EL DÍA

    Llega sin avisar. Quizás un tenue
    hilo verde a lo lejos. Sin urgencia
    ni pausa en un proceso que naturalmente
    nos devuelve al quehacer cotidiano
    y su ficción de glorias y condenaciones.



    FINAL

    I have a cat in mind.
    [Tengo un gato en la memoria]
    T. S. Eliot

    Es cierto que abandonó una noche su lugar de acomodo
    a mis pies en la cama, cuando yo estaba hecha a su calor
    y sin duda ella al mío, después de casi veinte años
    —¿dura tanto una vida?— de convivencia, amor y entendimiento.
    Sin duda quiso ahorrarme el horror del final. Y se fue.
    Sencillamente
    se fue, felinamente, sin que yo alcance a adivinar adónde.


    VUELO

    Para Pepe Bornoy

    La levedad de un élitro
    vuela hacia su nada.



    LA PALABRA

    La palabra agotada por su uso,
    su propio peso exhausto, su medida,
    alza de nuevo su antigua dimensión y viene
    —aspiración apenas— a mi lápiz,
    tan transitoria y leve
    como el amor, en la memoria
    atosigada por su desmesura.



    EL PÁJARO CAUDAL

    El pájaro que vuela sabe de un dios menor que sabe
    —aunque a tientas— de un vuelo
    que se proyecta a punta de lápiz en las cartas
    frente a la infinitud de una noche o su número.

    El pájaro solitario y caudal. Quien a solas se alza
    —san Juan nos lo ha advertido—
    a solas desabridamente cae.


    LOS NOMBRES

    ¿Quién me dirá mi nombre? Fueron tantos
    que no sé cuál me vara en almohadas de luto,
    cuál va a identificarme en esta
    proseguida ocasión que me sucede.

    Mi multitud de mí, mi solo espacio
    que apenas dije con mis iniciales ni me escuché a mí misma.
    Escudriño alacenas y armarios
    repitiendo mis denominaciones, y sólo me contesta,
    en un espejo, el eco.



    CUANDO LAS ESTACIONES

    Para Antonio Gamoneda

    Cuando las estaciones o los años,
    cuando el viento, cuando -puede ocurrir-
    se trate de tu vida y se disponga
    un beso aún en el borde de tus labios,
    ya residuo final, testimonio de otros
    tiempos con no menos disposición que esta,
    acógete al espléndido otoño, a sus hacinas
    de bárbaro fulgor -como decía Hopkins-
    y apresta entonces tu deslustrado corazón:
    la vida empieza ahora.



    EXCESOS

    Aman, incluso con exceso,
    tensan
    como media aspirina en el café
    y nos van conviviendo
    con el temor tan solo de su retorno
    al chirriar de unas puertas y a una araña en el techo.



    OTOÑO

    Ahora que viene otoño y su ocasión nos deja
    mayor espacio umbroso y por el suelo
    un crujido de hojas bajo una luz más tenue,
    examina de nuevo tu corazón, tus brazos,
    tu medida, el color de tus ojos
    dados a una ciudad suspensa entre cómplices azules;
    decide tu quehacer, aunque no has de cumplirlo
    ahora que viene otoño y su ocasión nos deja.



    LOS HELECHOS

    Bajo el helecho un roedor sestea
    y yo duermo también. Son las plácidas horas
    de la solar culminación del día. Nada importan
    ahora las demás, regladas por el uso.

    Pediré en duermevela, casi desperezada luego,
    despertarme —sin que ello me importe demasiado—,
    para poder llegarme al quicio de las estaciones
    y a su presunta belleza desmedida.

    Se van a abrir las lilas de un momento a otro
    y huele el aire a hace veinte años. Me acojo
    a su íntimo rincón. La verdad
    es siempre adolescente, a su pesar, e ingenua.



    FEBRERO

    Parece una ficción, pero es verdad que brota
    del aire, del mismísimo aire,
    cada febrero, un mirlo
    que viene a aposentarse en mi araucaria.
    ...............................................................-....Siempre
    digo las mismas cosas, y yo lo sé. La vida,
    mi vida al menos,
    se construye sobre repeticiones. Sólo cambian
    sus mutuas referencias y auxilios. Dios me libre
    de inventar cuando escribo. Dios me libre
    de cualquier modo de falsificarme,
    de suplantar el canto o el vuelo de ese mirlo
    ahora que vuelve, tentador, febrero.



    LA VOZ

    Da igual que los llaméis verdaderos
    o falsos dioses, meros
    recuerdos no esperados, vidas vuestras
    —o acaso vida mía—
    que de pronto regresan como un labio a otro labio.

    Da igual. Su filo de navaja
    puede hendirnos, sajarnos mortalmente
    si de súbito se oye su voz en una cinta
    desde el opuesto lado de lo previsible.



    EL NIDO

    Desde donde si apenas me conozco,
    desde algún interior de mí llega de nuevo
    la constancia del pájaro que sé y que ya os he dicho.
    Brizna a brizna prepara
    su tierno alojamiento en la oquedad del muro,
    despoja mis armarios, mi memoria;
    me despoja de mí, muestrario solo de posibilidades,
    y déjame perdida, desrostrada.



    LAS FAUCES

    ¿Daré con una mano o poder suficiente?
    Me suben, como dicen,
    un veneno o cicuta o frío, piernas
    arriba, vientre arriba, hasta el arca del cuerpo,
    deteniendo el sabido látigo de la sangre.

    Se me subleva todo hasta hacerse constancia
    de ti, presencia tuya, mi invasor despiadado,
    mi memoria,
    por la que iré a dar en las fauces del pez luna.



    TIERRA

    Huelgan explicaciones: somos tierra.
    No: de hueso y raíz que bajo tierra cunde
    un cierto modo de avaricia;
    que bajo el seco yermo, el páramo,
    ansiosa busca el roce con otros pies
    y la aguja frondosa que se alza al cielo aún,
    tan alta y por silencios: Dios lo quiera.
    Ámbares y resinas, pájaros
    de terracota en su ficción de vuelo
    mientras que, indemne, el árbol nos contempla.

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    María Victoria Atencia (1931- Empty Re: María Victoria Atencia (1931-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 30 Ene 2024, 08:07

    .


    De De pérdidas y adioses (2005):


    JARDÍN

    Vuelvo a cruzar tus verjas, vergel, jardín amable
    una noche, hace tanto, sabiéndome perdida
    y deslumbrada, pero cierta en el rumor del agua
    y el aroma que alzaba hasta un mirlo el parterre.

    Vuelvo a cruzar tus verjas, desolación de hoy,
    crueldad del tiempo y tuya, mientras canta el autillo
    y los topos horadan el césped bajo el suelo;
    tú, plenitud que fuiste,
    ya olvidado el afán con que ibas penetrándome
    por si yo misma fuera, acaso, tu jardín.



    EL ÚLTIMO PAISAJE

    ¿Qué nos quiere decir la caída de un rostro,
    la endeblez que a una piel le sobreviene,
    si el corazón no acierta aún a retirarse
    a su hacienda y descubre que por tan solo eso
    dará sabor a un trago de desesperanza,
    a un cantero de pan ácimo y desabrido.
    Como quien está siempre ante uno mismo y su amenaza,
    y sin saber que ahora
    una luz demasiado contemplada
    puede dar a la lluvia el último paisaje.



    COMO EL DIOS EN EL CISNE

    Wie der Gott in den Schwan.
    Rilke, 6ª Elegía

    Cuánto tiempo hace ya, higuera, que me sé
    vistiendo tu corteza vegetal, sangre tuya
    o savia, al borde mismo del tajo, silenciada
    de flor pero con cuánta
    sombra de fronda y cuánta no gastada dulzura.

    Es como el dios que colma al cisne por su adentro,
    y así colma tus ramas, y yo fuese sintiéndome
    la plenitud de gracia de ese dios que te colma.



    EL AIRE EN QUE ME ENVUELVES

    Vuelven a persuadirme caricias compartidas
    desde roces ingenuos de tus manos,
    y reemprendo por ellas mi sueño suspendido:
    un apasionamiento que preserva no obstante
    su olor de cañavera y de ropa planchada. Pero no escatimes
    el aire en que me envuelves. Tiéndete
    en mi lecho y contempla
    la obscena desnudez de mis vacilaciones.



    VIVIR ERA SENTIRTE

    Una palabra, amor, una palabra o hilo
    de saliva que valga como seña
    de que aún tenemos unánime el latido.
    Yo aquí trazo sobre mi aliento
    mi carta al duelo, y tú, bien engendrado,
    en tu sitio, como si ya no fuera
    tu sitio yo, que colmas y rebosas.
    Tan solo con mirarte se acababan mis ojos.
    Tenía sed de ti. Sigo teniéndola.



    LAS BRASAS

    El color cobre de la buganvilla,
    ni el blanco sostenido o un negro de carencia
    pueden durar al alba más de lo que consiente
    un leve parpadeo: estamos hechos
    de materia fugaz, aunque memoria
    de luz alguna vez,
    brasas, ahora, de sombra,
    deseante ceniza
    del fuego ya olvidado que, altísimo, en los cielos,
    en amor sostenía il sole e l'altre stelle.



    DE PÉRDIDAS Y ADIOSES

    Después, tras de ajustar
    su sombra a su medida con un salto
    ciego y oscuro y suyo, aún proseguía
    alentando mi trazo y testimonio
    como si cada día no fuésemos haciéndonos
    de pérdidas y adioses, y quisiera
    quedarse para mí, dispuesto en un papel
    herido de punciones y en el que solo a tientas
    alcanzase a leerlo con los ojos cegados.



    LA GRACIA

    Dejada de tus ojos, qué podría decirte
    si ya debo cruzar el umbral del silencio y me has puesto
    tu sabor en los labios.
    Pero me arrancaría el freno de la boca
    para seguir clamando, para seguir llamándote
    como clama la brasa en la madera,
    si el ángel del Señor,
    sin una esquirla al menos de tu gracia,
    me trajese noticias del polvo de la muerte.



    A ESTE LADO DEL PARAÍSO

    Cuando pierda en otoño su verdor y se quiebre
    el hueco umbrío en que cuaja la almendra,
    ve cerrando las horas tras de ti, ya dispuestas
    a dejar de surcarte la piel. La vida puede
    —la vida perdurable— demorarse en la raya
    entre el vivir y el desvivirse lo que dura
    un instante. A este lado del paraíso
    o al otro, si lo hay, te va a doler de un modo irremediable
    el vacío resumen de tu propia existencia.



    COMO LAS COSAS CLAMAN

    Ay, alma mía, habítame, me dije; y me sabía
    contemplando la espalda del aire y su dominio,
    mi tierra sin cultivo y la costumbre y una
    deuda de aliento sobre mi razón abatida.
    Pero el poema me iba —sin yo saberlo—, me iba
    reclamando tenaz como las cosas claman
    por su dueño, y de súbito, tras de tanto silencio,
    se me vino a las manos sin que supiese cómo,
    como el rayo de luz que atraviesa unos vidrios.



    PARA NADA O, SI ACASO

    Rescatando palabras para nada o, si acaso,
    para cubrir de luz un tiempo insinuado
    por el que puedas verme iluminada aún,
    sentirme siendo en ti, no como cosa tuya
    sino tú mismo, claridad con que alcance
    a irte nombrando apasionadamente
    y callando y diciendo y desdiciendo.
    Avíveme tu soplo o extíngame tu llama.




    EL  AZOR

    Era un azor. Qué otro
    pájaro se podría alzar más alto en vuelo
    suspendiéndose en solo el extremo de sus alas,
    o cerniéndose en círculos perfectos (porque a un dios
    conviene la figura purísima del círculo)
    para al fin arrojarse, súbitamente, sobre mí queriendo
    inútilmente alzarme en rapto y quebrantarme
    hasta el último hueso del corazón, tan torpe.




    De El umbral (2011):


    ESTE HILO DE VIDA

    Ahora que tantas cosas van quedándose atrás
    y olvido ya su hechura y pertenencia,
    vuelvo a sentirme en un aletear tras de los vidrios
    que empieza a deshacer la oscuridad del cielo
    como si, con sus plumas de poetas mayores,
    viniesen el petrel o el martín pescador a avisarme
    de que aún no ha cambiado más de lo que es preciso
    este hilo de vida en el que me sucedo.



    DESTINO

    Año tras año, pero los suficientes,
    fue alzando su estatura:
    era, al principio, un verde palmo tierno
    prendido a su semilla. ¿Quién lo recuerda ya?

    Pero él iba creciendo, anillo tras anillo,
    hacia la suficiente razón de su existencia:
    que una tarde apoyase en su tronco mi espalda
    para medir en él mi vocación de altura.



    QUE PUEDO HACER SINO INVENTARTE

    Qué puedo hacer en lo que va de instante
    de un tiempo sucedido y ya hueco de ti,
    si es que te tuvo; corazón, qué puedo
    hacer sino inventarte, alto tallo de luz
    que me haga a tu medida y tu abandono,
    sin dormición final, mi aliento frío.



    CEMENTERIO INGLÉS

    Pero es que tú, Violeta, no necesitabas
    sino un hueco pequeño removido en la tierra,
    un lugar al resguardo del extremado sol y la lluvia excesiva,
    y un reguero de plumas y un oreo en las ramas,
    para colmar de aroma con tu nombre el recinto
    antes de que llegases
    a durar lo que alcanzan a durar las violetas.



    LA TINTA, EL  CURSO  AZUL

    Qué decía esta tinta, ya desvaída antes
    de que yo fuese el huésped que me acosa,
    mi habitante al que escribo cuando ya tengo el alma
    tan pequeña que apenas si me cabe
    en su espacio tan propio y tan pequeño.
    La tinta, el curso azul y sus insignias,
    como una cena que me recorriese y tiño,
    y escribo, y leo y sufro su latido.


    MARÍA VICTORIA ATENCIA, Una luz imprevista. Poesía completa, Catedra, 2021.

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    María Victoria Atencia (1931- Empty Re: María Victoria Atencia (1931-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 19 Mar 2024, 10:31

    .


    Tres poemas más de María Victoria Atencia:


    De Compás binario:


    CONDESA DE CHINCHÓN

    Por romper el silencio, mustias espigas roza
    un ángel cuando pasa sobre tus bucles jaros;
    o porque no has perdido aún -tú, la carente
    de todo- una frescura conventual y dócil.
    Desde el sillón prestado contemplas la comedia
    y, con ausentes brazos, abarcas el juguete
    de un vientre de ocasión por encargos reales.




    De La llama que se apaga:


    MERCADILLO DE YERBAS

    Me llevó hasta la plaza el rastro de un aroma
    -o no: su densidad, confusamente envuelta-
    y andaba hacia mi infancia y una sierra y un cauce
    hasta dar contra el muro en que expuestas las yerbas
    -amarillas, violadas, rosadas, antracitas-,
    apenas disecadas, exhalaban sus nombres
    y proponían filtros para nombres heridos.




    De La pared contigua:


    "EVA"

    Auguste Rodin

    Huyo y viene conmigo la misma lumbre cómplice
    o sombra de aquel árbol interpuesto a unos ojos
    que aguardaban mi paso como desconociéndome,
    y era yo tan sabida, tan usual, tan propia
    que he de fingir pudor y sorpresa: ocultándome para que no cesara
    aquella luz que hacía deseables mis pasos
    hacia un lecho de doblegadas hojas.


    MARÍA VICTORIA ATENCIA, En voz alta. Las poetas de las generaciones de los 50 y los 70, edición de Sharon Keefe Ugalde, Hiperión 2007.


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