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    Shinkichi Takahashi (1901-1987)

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    Shinkichi Takahashi (1901-1987) Empty Shinkichi Takahashi (1901-1987)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 11 Ene 2024, 15:38

    .


    Shinkichi Takahashi (1901-28 de enero de 1987) fue un poeta japonés, pionero del dadaismo en Japón.​ Según el crítico Makoto Ueda, es el mejor poeta Zen de la literatura japonesa moderna. Su colección de poemas ganó el Premio Nacional de las Artes del Ministerio de Educación. 
    En 1983, fue hospitalizado repetidamente después de desarrollar cáncer de próstata, y murió a la edad de 86 años en 1987.

    (Sacado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] )


    *


    Algunos poemas de ​ Shinkichi Takahashi, de En la quietud del mundo. Poemas selectos, traducción de José Luis Fernández Castillo y Kyoko Mizoguchi, Pre-Textos, 2017.


    SONIDO DEL VIENTO ENTRE LOS PINOS

    Escuchaba el sonido del viento entre los pinos,
    inunda las entrañas su tristeza,
    suena como el rumor del oleaje,
    alto en el cielo meciendo las copas
    de los grandes árboles.
    Es espantoso y profundo el desamparo
    del sonido del viento entre los pinos.
    Desoladora música,
    es imposible olvidarla.
    Como si el mundo llegara a su término,
    vibra el sonido del viento,
    del dios sin figura que rasguea
    como un koto las copas de los pinos.



    NUBE Y MARIPOSA

    Una súbita idea que viene a mi mente,
    como la mariposa posada en la podrida
    cerca de bambú de mi huerto.

    A veces tranquilamente descansa sus alas.
    Otras, vuela como loca sobre los campos.

    No guardo ninguna relación con mis pensamientos.
    Entre la mariposa y la cerca,
    tampoco existe el menor vínculo.

    Me pregunto
    dónde, si cavara en el huerto, encontraría
    algo llamado yo.

    No soy el huerto ni la cerca.
    En el cielo flota una nube blanca.
    Tampoco eso soy.

    La nube blanca busca,
    sobre la tierra,
    el cuerpo frío de la mariposa.



    PEZ

    Un pez nadaba.

    No era en el océano,
    si en el río,
    ni en el agua.

    En la piedra
    nadaba.

    Con la piedra.
    Fosilizado,

    resistiendo,
    sola espina sin carne,
    cientos de miles de años
    sobre el haz de la piedra,
    trazas que habrán
    de deshacerse

    -aislada cada parte
    del fenómeno.

    Sólo en nuestra memoria
    mueve su aleta el pez.
    Está nadando.


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    Shinkichi Takahashi (1901-1987) Empty Re: Shinkichi Takahashi (1901-1987)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 12 Ene 2024, 01:27

    ESPECIALMENTE HERMOSO. GRACIAS, PEDRO.


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    Shinkichi Takahashi (1901-1987) Empty Re: Shinkichi Takahashi (1901-1987)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 12 Ene 2024, 03:39

    Gracias a ti por tu interés, Pascual.

    Un abrazo.
    Pedro


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    Shinkichi Takahashi (1901-1987) Empty Re: Shinkichi Takahashi (1901-1987)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 12 Ene 2024, 04:58

    .


    TÉRMINO

    Vivir es sólo abrir los ojos.
    Si abro despacio los párpados,
    yace el mundo ante mí.

    Si los cierro despacio
    desaparece, sin rastro, el mundo.

    Cuando respiro sosegado
    caen grávidos mis párpados.

    En el instante en que los abro
    lo que sea que haya
    emerge.

    Sólo en el horizonte 
    del pasado aparecen las cosas.

    Cuando abro los ojos
    veo tan sólo cosas muertas.
    Ante mí sólo yacen cadáveres.

    De pronto un nuevo resplandor
    todo lo ilumina.

    Abrir los ojos,
    como una súbita resonancia,
    es el comienzo de la vida
    y también su término.

    Concluye el mundo con un pequeño gesto.
    El primer paso marca un punto final.

    En el mismo instante en que abro mis ojos
    el mundo perece.



    CUERPO

    Mi cuerpo dividido,
    azules crecen las hojas del kaki,
    mis piernas y mis manos meciéndose en el viento.

    Una mariposa de un color heridor pasó volando,
    estampados mis ojos en sus alas.

    Rodean el futuro muros de frágil pasado,
    una perra encinta de la tierra
    con sus ubres turgentes amamanta a los dioses,
    sus pezones como minas de lápices rojos.

    Yo nadaba en el agua y en el fuego,
    pasaba un avión entre mis pernas.
    Cielo es mi cuerpo.



    VALVA

    Porque no hay nada,
    no hay nacer o morir

    Vacía la valva,
    arrancada su carne por las aguas,

    humedecida por la luna,
    reseca por el sol,
    duerme en la arena.

    No será nunca el mar
    gestado en sus entrañas.
    Nada se corresponde con nada.

    Así como las olas se deshacen
    se desgasta la valva lentamente.



    AUTOCREMACIÓN

    Fue un instante dichoso:
    el monje se sentó sobre la leña,
    sin nada que decir, ni escuchar, ni mirar,
    sólo un desconocido anhelo de muerte.

    Siempre es el mismo instante
    pues el tiempo no existe.
    Lo envolvió el humo,
    sus manos juntas para ora
    en fuego iluminadas.
    No hay nada más que hacer
    pues todo en esto se consuma.
    En su mente sopla una brisa fresca.

    Siempre es el mismo lugar:
    el espacio no existe.
    Se arremolinó una nube en forma de hongo
    en sus ojos quemados,
    el monje convertido en llamas.
    Volaron alegres gorriones de fuego.

    Si remueves sus cenizas,
    verás salir rodando innumerables orbes.



    FUJI

    Sentado en el cráter de la cima,
    respirando la niebla invasora
    admiraba en lo alto el sol tras las nubes.
    La ventisca horadándome los oídos.
    Frente a mí, las nieves perennes.
    Apenas se distinguía, oculta por el fluir de la niebla,
    la estación meteorológica.
    Demasiado frío para permanecer allí,
    acatarrado. Arrastrándome
    descendí al santuario de
    Kusushi.
    El  viento casi me llevaba en volandas
    cada vez más indomable.
    Bajando por el sendero de Subashiri
    sentí como si un espíritu
    de la naturaleza me tocase
    para purificarme,
    fuego tal vez de una nueva erupción.
    Pero aunque pensara en compartir tu destino,
    Monte Fuji,
    no podría soportar los restos blancos de mis sandalias
    sobre la lava.
    Olor de soledad,
    arenales de negras cenizas y matojos
    en la base del monte,
    desde donde contemplo su contorno.
    Cada vez más austero y poderoso,
    en silencio te conviertes, Fuji,
    en el ombligo de Asia.



    PÁJARO

    No hay nada,
    ni siquiera no haber.
    Vuela una bandada de aves.

    En el confín del mundo
    crece un árbol de vida.

    Se confunden los vivos y los muertos.
    Como se desmenuza al aire
    el cuerpo de la momia,
    así se tambalea
    el universo
    y ríe.



    SOBRE LAS NUBES

    Caminando sobre las nubes,
    podía ver el monte Fuji bajo mis pies.
    El mar tenía el tamaño de un sello de correos,
    las islas eran tan menudas como hormigas.

    Con mi mano derecha abofeteé al sol,
    con mi mano izquierda sostuve la luna.

    Aún puedo recordar la época
    en que no había nacido.
    Esa época, lo mismo que una nube que se aleja,
    ya no regresará a su forma originaria.
    Apresurando el paso
    me precipito en el interior del inmenso tiempo.

    El futuro se hizo tan afilado como el ojo de una aguja.
    Como un hilo, era preciso atravesarlo.
    Mi cuerpo entonces era similar
    a la niebla, evanescente,
    pronto a desaparecer.
    Yo lo volví menudo, imperturbable.



    MUNDO EN CALMA

    Hay un mundo en calma,
    sin sonido,

    no hay nadie aquí,
    allí hay algo,
    no hay aquí o allí,
    ni ahora ni pasado.

    Como un árbol marchito
    moriré desplomándome,
    ya sin raíces ni hojas
    caeré en cualquier momento
    con estrépito.

    Nadie vivió
    antes de que yo naciera
    y tras mi muerte nadie vivirá.

    Ni nazco ni muero,
    siempre el mismo.

    Aun en el movimiento
    algo hay que no se mueve.
    Una barca de piedra
    flota en el mar de la memoria.
    Roja oscila la brasa.

    Aquí todo termina,
    consumado.
    Vivir un día
    o cien billones de años
    es lo mismo
    si moramos en el origen
    de lo que existe.
    Ya no habrá quejas
    ni pensamientos.

    Un hombre que muere
    aniquila con él el universo.
    Voy a matarme aquí.

    No hay hombre que no pueda matar.
    Para matar
    el dios creó a los hombres.

    He muerto hace diez billones de años luz,
    entonces ya no existía el universo.

    Cierra tu corazón.
    Descansa
    en la quietud del mundo.



    LITORAL DE KUJUKURI

    Vine al inmenso mar de Kujukuri.
    Se apagó en el cielo una estrella fugaz.
    Altas alas plomizas rompían en la orilla.
    Yo vagaba soo por la playa de Katakai
    en el final del verano,
    oliendo el perfume salado del mar.
    Desde las islas lejanas
    corría un viento cálido.
    No había chorlos por el cielo.
    Se arremolinaban turbios peces
    alrededor del hundido buque de guerra.
    Pensé en el fondo profundo del mar,
    en una inmensa boca engullidora.
    Como la arena de la playa,
    nuestras vidas también son incontables.
    Descansando al amparo de una barca,
    yo esperaba la llegada del alba.
    Mar adentro,
    tenía acaso lugar una intensa batalla.
    Por las nubes del amanecer comenzaba
    a penetrar la luz.
    Se iluminó la extensa playa,
    las olas reflejaban el sol de la mañana.
    Los pescadores, desnudos,
    sus barcas flotando sobre las olas,
    se echaron a la mar.



    ECO

    Oigo el eco del martillo,

    el eco pleno, esperanzado, del martillo.

    Nace siempre el sol
    desde el extremo del convulso mar.

    Oigo el eco del martillo.

    El eco poderoso, alegre, del martillo.

    Sobre los encarnados campos de las nubes estallan,
    interminablemente, las flores.


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    Shinkichi Takahashi (1901-1987) Empty Re: Shinkichi Takahashi (1901-1987)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 12 Ene 2024, 07:15

    PÁJARO

    Por mucho que busques no hay nada:
    el pájaro murió.
    No puede ver las hojas,
    las hojas que caen sobre la tierra.
    Sobre la tierra fresca tiene abiertos sus ojos.

    No perturbes el agua,
    no arrugues su serena superficie.
    En la corriente del río negro,
    nadan los peces.
    Deja caer el anzuelo en la luz calma.

    No hagas ruido en vano,
    se rompe la quietud del agua y las hojas se hunden.
    El blanco avión de pasajeros
    vuela a lo lejos.
    El cielo se expande sin fin.

    Limpia las lágrimas del pájaro.
    El pájaro es algo nacido de la tierra.
    Si arrojas tierra lo harás llorar.
    En un terrón brillan incontables los astros.

    Amontono las hojas y enciendo una hoguera.
    En el fuego, junto al pájaro, hay una muchacha.
    Abrasemos el viento como carne puesta a asar,
    toquemos el recuerdo del pájaro:
    el follaje del viento regresará a la vida.



    DESTRUCCIÓN

    Se destruye constantemente el universo,
    sin necesidad de apretar un botón,
    basta tocarlo con la punta de un dedo y cae hecho pedazos,
    en un instante se deshace en el aire.

    El universo cuelga del extremo
    del ojo del gorrión, a punto de caer,
    secreción ocular,
    muchedumbre que surge de las fosas nasales.

    En la palma de tu mano derecha,
    aferrable, se encuentra el universo,
    mucho más pequeño que un gorrión,
    sostenido por el párpado del pájaro,

    un frágil pensamiento,
    algo que no existe.

    He aquí todo poder,
    hasta el más grande.
    La fuerza del gorrión habita en ti:
    con un mínimo toque podría hacerte añicos,
    destruir por completo el entero universo.



    CHORLOS

    Vuelan los chorlos en bandadas sobre el mar.
    Aunque se deslicen al raso sobre las olas
    su formación nunca se rompe.
    Como polvo en el viento,
    juegan los chorlos
    volando en compañía.
    Son sus figuras blanquinegras más
    hermosas que las alas de un avión.
    Miro los picos de las aves
    que caminan raudas por la orilla,
    cómo se distinguen de lejos, largos como cañas.
    ¿A la noche duermen sobre las olas?
    ¿Qué buscan?, ¿de qué huyen asustadas?
    El perro corre por la playa.
    Como una humareda, de pronto
    las aves levantan el vuelo.
    ¿Habrán nacido de las nubes?
    ¿Desaparecerán al final con los pecios del mar?
    Sus chillidos, mezclados con el rumor de las olas,
    apenas puedo oírlos.
    Un arroyo del río de la noche se pierde en el océano.
    Los chorlos vuelan sobre su curso.
    Lejos, en alta mar, se alza la luna.



    FRAGMENTOS

    Por mi costado derecho corre un río.
    Rompen las olas en mi corazón.

    Labra mi vida
    un acopio de tiempos fragmentados.
    Huele esta flor marchita como si aún viviera.

    Tiempos que, en mi mente,
    antes de terminar ya habían terminado,
    antes de romperse ya estaban rotos,
    antes de nacer ya habían nacido.
    Como varía el color
    sobre cada minúscula porción de mi piel,
    avanzan remolinos de tiempo.
    Mi cuerpo, un intercambio de tiempos innúmeros,
    un compuesto de pequeños pedazos,
    parecido al hollín que despiden las fábricas.
    Lo que siento sucede en mi interior
    atado a un tiempo concreto,

    lo fragmento aún más
    hasta que veo sus pequeños pedazos
    contra la refracción de la luz.
    Por mi costado derecho corre un río.
    Rompen las olas en mi corazón.



    FLOR BLANCA

    Como una flor blanca, mi familia,
    aquella flor que contemplé hace años.
    Yo, uno de sus pétalos.
    En mi mano derecha, una azada,
    y con mi brazo izquierdo abarco a mi mujer y a mi hijo.
    No fui yo quien clavó o arrancó
    las estacas de mi huerto.
    Mi familia y yo,
    como esa nube blanca.
    Alrededor, el ancho cielo.
    Extiendo mi mano derecha: nada.
    Levanto mi brazo izquierdo: nadie.
    Mi mujer, mi hijo, todos los hombres,
    son esa flor blanca abriéndose.
    Salvo yo.
    Vuela el bombardero,
    mi familia y yo enterrados vivos.Un puñado de polvo soy.
    No surgen de dentro de la tierra las nubes.
    No hay en el cielo ni rastro de mí.



    LUNA

    ¿Por qué brilla la luna?
    Incontables millones,
    los cuerpos enterrados en la piel
    de latierra.
    De ella florecemos
    por sólo un instante
    para en ella volver a sumirnos.
    ¿Dónde flota la luna?
    Sólo en las olas de tu mente.

    Luna irreal
    en cuya sombra rompen las olas.


    SHINKICHI TAKAHASHI, Shinkichi Takahashi. En la quietud del mundo, Traducción de José Luis Fernández Castillo y Kyoko Mizoguchi, Pre-Textos, 2018.


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