Aires de Libertad

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    Manuel Rico (1952-

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    Manuel Rico (1952- Empty Manuel Rico (1952-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 08 Mayo 2023, 04:16

    .


    Manuel Rico (27 de octubre de 1952, Madrid) es un poeta, narrador y crítico literario español.

    Biografía

    Nacido en Madrid el 27 de octubre de 1952. Empleado de banca desde los 17 años, combinó durante años ese trabajo con la literatura, con los estudios universitarios y con su militancia clandestina en el Partido Comunista de España, partido al que se afilió en 1972.​ Realizó en la Universidad Complutense de Madrid sus estudios de periodismo, de los que se licenció en 1982. Fue diputado constituyente en la 1a. legislatura de la Asamblea de Madrid.​ Se incorporó en 1995 al Partido Socialista y siempre ha estado comprometido con las causas progresistas.

    Trayectoria literaria

    Su labor literaria se inicia a principios de los años ochenta, participando del proceso rehumanizador que se produjo en la poesía española tras las corrientes culturalistas protagonizadas por la llamada “generación del 68”. En esa década publica sus dos primeros libros de poemas, Poco importa romper con las alondras (1980) y El vuelo liberado (1986), y su primera novela, Mar de octubre (1989) e inicia su colaboración en diversas revistas literarias.​

    En 1990 obtuvo, con su tercer libro de poemas, Papeles inciertos (1991), el premio Ciudad de Irún. En esos años colabora en los diarios El Mundo, El Independiente y El Sol con artículos sobre cultura y con crítica de ensayo y narrativa extranjera. Su segunda novela, Los filos de la noche (1990), fue finalista del I premio de novela Feria del Libro de Madrid.

    En 1992 volvió a publicar poesía. De ese año data El muro transparente. Después, aparecieron Quebrada luz (1996), La densidad de los espejos (Premio Hispanoamericano Juan Ramón Jiménez de 1997), Donde nunca hubo ángeles (2003), y De viejas estaciones invernales (2006). Una amplia selección de su obra poética se recoge en la antología Monólogo del entreacto. 100 poemas (2007). Su libro Fugitiva ciudad ha obtenido el Premio Internacional Miguel Hernández de Poesía 2012.​ En 2015 publica el poemario Los días extraños y la antología en edición bilingüe portugués-castellano Lugares propicios.

    En paralelo publicó, entre otras, las novelas El lento adiós de los tranvías (1992), Una mirada oblicua (1995), La mujer muerta (2000), Los días de Eisenhower (2002), Trenes en la niebla (Espasa, 2005), Verano (Alianza, 2008), galardonada con el premio Ramón Gómez de la Serna 20096​ y Un extraño viajero (Algaida, 2016), premio Logroño de Novela 2015. Como ensayista, ha publicado un estudio sobre la poesía de Manuel Vázquez Montalbán titulado Memoria, deseo y compasión (Mondadori, 2001) y ha realizado varias ediciones críticas de libros de poetas contemporáneos. Es autor del libro de viajes Por la sierra del agua (Gadir, 2007) y Letras viajeras (Gadir, 2016).7​

    Codirigió el programa de Europa FM Libromanía, que obtuvo, en 1997, el Premio Nacional de Fomento a la Lectura. Desde mayo de 2015 preside la Asociación Colegial de Escritores (ACE).

    Colabora en distintas revistas literarias (Ínsula, Cuadernos Hispanoamericanos, Letra Internacional, Leer, Mercurio), ha participado, como conferenciante y como creador, en cursos de verano y otras actividades de distintas instituciones universitarias, desde la Universidad Complutense de Madrid hasta la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander. Desde 1996 ejerce la crítica de poesía en el diario El País.

    Dirige, desde 1998, la colección de poesía de Bartleby Editores.

    Premios y distinciones

       Premio Ciudad de Irún 1990 de poesía en castellano con su libro Papeles inciertos (Kutxa, San Sebastián, 1991)
       Premio Esquío 1996 de poesía en castellano, con Quebrada luz (Colección Esquío. Ferrol, 1997).
       Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez, con La densidad de los espejos (Colección JRJ. Huelva, 1997).
       Premio Andalucía de Novela 2002, por Los días de Eisenhower (2002).
       Premio Ramón Gómez de la Serna-Villa de Madrid de narrativa 2009, por Verano (2008)
       Premio Internacional de Poesía Miguel Hernández 2012, por Fugitiva ciudad (2012)
       Premio Logroño de Novela 2015 por Un extraño viajero (2016)

    (Sacado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Rico_Rego )


    *


    Algunos poemas de Manuel Rico:


    De El vuelo liberado (1982-1983):


    LOS SESENTA DESDE 1982

    Entre las ruinas del presente muere
    la vida que forjamos en un tiempo
    que la niebla, la lluvia y la distancia
    mudan en lejanía.
    ............................Los sesenta
    y sus ubres cargadas de monedas de viento
    se pudren en pasillos decorados
    por el frágil cristal de la renuncia.

    En callejas de frío empeñamos la luz.
    Eran tardes de rosas y volcanes,
    de avenidas sin ángeles y sueños construidos
    en el canto, de noticias del norte
    con sigilo escuchadas en tabernas de fiebre.

    Las derrotas, entonces, eran sólo tropiezos
    y era hermoso observar el horizonte
    con la mirada virgen y el deseo,
    inmune a sus secuelas, dibujando futuro.

    Tanto tiempo y distancia, tnto olvido
    se aposenta en las colchas, nos rodea,
    que el sueño del reencuentro se dispone
    a habitar nuestra casa, nos prepara
    para la devoción de la memoria.

    Sembramos aulas y tinteros, sendas
    donde forjar la hazaña y desnudar
    el amor heredado: eran los ecos
    de George Brassens y era la lluvia
    detrás de los cristales y era el miedo
    vencido a contrasombra cada día.

    Nuestra historia con alas, nuestra risa
    crecida en tantos préstamos
    de camas y canciones forjadas en el humo
    de tabacos viejísimos,
    aún tiñe las esquinas de esperanza.

    Cálidos domicilios en la cuesta
    de acceder a la luz, noches sin límite
    afilando en papeles y escritura
    sumergidas verdades: fue Vietnam
    y su fuego. Fue también Barcelona:
    una Europa cercana contemplándonos.
    Y América cantando: norte y sur
    confundían sus lenguas, sus metáforas.

    Fumábamos sin pausa junto a fuego.
    De prisiones hablábamos
    en la España de octubre. Los domingos
    sabían algo a sexo y su quimera
    cruzaba la ciudad en los tranvías.

    Maduramos aprisa: los espejos
    otra edad ofrecían en cada amanecer.

    Guardábamos el gozo en los baúles
    de habitaciones clausuradas.

    En los libros, subrayadas en rojo,
    vivían las verdades. Años plenos
    de promesas de hierba, de espejismos
    de una luz inmortal en la palabra.

    Crecimos sin saberlo. Los pupitres
    menguaron en la misma proporción
    y el encerado hervía de proclamas
    que nutrían el frío de los años
    con presagios y afanes.

    Treinta octubres cumplidos. En su seno,
    la herida de una pubertad forjada
    sobre la espera inútil
    del derrumbamiento.

    Amábamos con fuerza y aprendíamos
    senderos escondidos. Despertaban
    nuestros antepasados
    de viejas pesadillas al calor de la fruta.

    En tazas de café bebidas en la niebla,
    en rincones de sombra temblando en el suburbio,
    en abrigos de paño y en barbas primerizas,
    reinventamos la historia, dibujamos
    praderas florecidas, ciudades luminosas,
    hogueras.
    .................Nuestras manos
    construyeron palomas con la escarcha
    heredad. Su vuelo emborronó los límites
    impuestos.
    ...................Fue imparable.



    CINES DE ARTE Y ENSAYO

    Aguardaba el refugio en la penumbra.
    Allí habitaba el vuelo y su celada
    con todo su poder y toda su pureza.

    Amados cines del domingo. Ensayos
    de la aurora en idiomas diferentes
    y en luz subtitulada.

    Sexo y muerte y delito en las imágenes
    allende la frontera definidas.

    Fuente donde la vida fue una ofrenda
    de asuntos clandestinos y el asombro
    floreció en el muchacho que en la sombra
    cultivaba pasión, alto se hacía
    sin saberlo. Su presencia aún pervive
    en mi libro de Historia:
    sueños en blanco y negro y muchas dudas
    flotando en el ambiente todavía.

    La llovizna empapaba nuestra abrigo.

    Descubrimos el alaba aquel invierno:
    olvidamos la casa de los padres
    cuando se hizo estrechez y caminamos
    dando nombre a las cosas que eran vida
    cubierta de hojarasca.
    .......................................Entre las hojas

    encontramos las salas recoletas
    que se hicieron cobijo y contrafrío
    sembrando de ventanas el sendero.



    FUE UNA TARDE...

    Fue una tarde
    de intensa claridad en la montaña.
    Aliagas, mimbres, fresnos y pinares.
    Las nubes, a lo lejos, huyendo de nosotros.
    Abril ardía en llamas por tu carne
    en la cumbre más alta.

    Abajo, Miraflores. Los arroyos
    nacidos de la nieve denunciaban
    la fiebre de tu piel y mi condena.

    Rascafría y los álamos.
    .......................................Bullicio
    de pájaros en celo
    celebrando ,la tarde con nosotros.



    ACARICIADA LOMA QUE CONCENTRA...

    Acariciada loma que concentra
    palabras milenarias, oceánicas
    pieles crecidas en la historia
    tejida en nuestros cuerpos cada tarde.

    Toco la curva y la hinchazón.
    Toco la tensa piel que nos afirma.
    Acude hacia mis dedos la sorpresa:
    es la vida que llega hasta el ombligo
    sin anunciarse apenas
    cegando todo hueco en su crecida.
    ............................................................Dime,
    mujer, ¿qué sensaciones
    dominan tu cabeza en este tiempo
    que hace inútil la ropa del domingo,
    los abrigos y el suéter de hace meses,
    dejándolos pequeños, inservibles,
    mientras surge en lo oscuro otra mirada
    como una luz intensa y presentida?




    De Papeles inciertos (1990):


    PAPELES INCIERTOS

    Jamás la certidumbre. Nunca
    la posesión de lo absoluto.
    Sí lo que abraza y reconstruye
    tu frágil corazón con la materia
    que forman las palabras, los apuntes,
    las piezas de la vida
    o de la muerte.

    La tentación perenne que no evitas.
    El tacto de la ropa acostumbrada
    a tus vicios secretos.

    La pasión de las horas entregadas
    en bares derrotados y en bocas clandestinas.

    La secreta función bajo la tinta
    de esta pluma que adoras
    por no ser sólo tuya, quién diría,
    sino medio y cedazo
    que recoge y que criba, selecciona
    los datos, los temblores, las derrotas,
    la luz difuminada de la tarde,
    los aloja en el páramo
    de esos folios vacíos, a la espera
    de la letra y su luz,
    del poder que los unge de un tizne diferente:
    ser papeles inciertos, llanuras asequibles
    a emociones difusas, a recuerdos y nubes,
    a octubres memorables.



    LEGADO CULTURAL

    V

    El amor no fue perla
    de rocío en el vientre
    de la diosa de mármol.
    .....................................Fue turbia geografía,
    fue parque clandestino y pasión de los dedos
    por los huecos de lana
    que muchachas de paso concedían
    en esquinas ocultas.

    Tampoco el amor fue
    resplandor de topacio o amatistas
    ni deriva del mito
    heredado de noches muy remotas.

    Fue un abrigo de paño,
    o el humo o la ebriedad
    de los bares vencidos
    bajo la madrugada,
    o las horas vividas,
    al calor de un café,
    aguardando el invierno
    en un lugar de las afueras.



    BARES DE MADRUGADA

    Son como muelles cálidos viviendo entre la bruma.
    Ensenadas pequeñas donde el vino reposa,
    amaga y ennoblece como una novia antigua
    recién recuperada.
    ...............................Bares donde la noche
    enlaza tanta angustia con músicas prescritas
    y tiembla en lenta espera cuando el sol ha perdido
    propiedad delatora y duermen sus rescoldos
    hasta la amanecida.

    En ellos, la ginebra a veces muda en llanto.
    Las viejas sombras crecen. Y crece Lauren Bacall
    —con luz en blanco y negro los labios entintados—
    sobre el borde confuso de un amor imposible.
    Bares donde la noche.
    ......................................Donde el alcohol agrieta
    a quienes fueron dioses y hoy son sólo memoria.
    A la sombra del día. Tras la máscara mate
    que un barniz desvaído establece en el rostro
    el desorden más triste.
    .....................................En ellos nadie adora.

    Bares donde se esconden la pena y sus residuos.
    Donde se observa el mundo tras un vidrio borroso.
    Donde, a veces, los ojos, pintados de alegría,
    ocultan los desastres de un antiguo naufragio.



    EXTRARRADIOS

    Abunda un hombre desigual en las plazas
    parientes del olvido. La ciudad se oscurece
    por lejanas taberna. Hay un viento de hollín
    en los lugares donde los días certifican
    el sentido veraz de manos y de esfuerzo.

    He caminado mucho por esta tierra antigua.
    ¡Qué lejos se alza el puerto donde los elegidos
    sueñan dioses de mármol a la sombra del whisky!

    Envés de las ciudades.
    A espaldas de la dicha, rostros desconocidos
    husmean en la noche que oculta permanece.

    Pedro Casas Serra
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    Manuel Rico (1952- Empty Re: Manuel Rico (1952-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 08 Mayo 2023, 12:45

    .


    De El muro transparente (1992):


    EL AZAR ESPERADO

    Si, por azar, me tocas.
    Si tus dedos encuentran el abismo
    de mi piel cuando el último
    cigarrillo del día nos ofrece
    la senda de la cama,
    ten la certeza de que habrás abierto
    la feria del instinto,
    de que el paso inmediato de mis manos
    será buscar el límite,
    la frontera adorada
    que tu duda dispone por la ingle
    hasta desbaratarte.



    TÉCNICA DE LA NOSTALGIA

    Hubo un tiempo -flotábamos
    en claridades engañosas,
    en la tregua
    del tacto sin gobierno-
    en  que el amor tenía
    cuestas embriagadoras,
    vaguadas de inconsciencia
    y era el día y el brillo y la mañana
    -aunque fuera la noche
    su refugio- sinónimo
    de encuentro de la piel y la palabra.
    Ese tiempo -elevado en la tierra
    que conformaban paseos, tapias,
    labios, esquinas, músicas,
    olvidados encuentros de un instante-
    a ti regresa cuando
    en la mirada intuyes la noticia
    de un paraíso roto.



    AMOR EN AUTOMÓVIL

    El coche detenido,
    isla o cala o desierto,
    como un vagón inútil
    bajo el toldo de estrellas de la noche.
    Tus muslos,
    oh remanso de fiebre,
    a su luz sometidos, a la sed
    de la inexperta mano que descubre
    la rebelión no esperada
    de un amor desvelado en el tumulto
    de las sombras.
    ..........................
    Buscábamos
    la soledad de las afueras
    —carreteras desiertas,
    antiguas estaciones, descampados,
    dunas donde el prodigio del contacto
    sembraba de parejas no visibles
    la bruma, el territorio
    de la provocación, la latitud
    donde pasión y urgencia se convierten
    en la trastienda
    de la ropa interior investigada
    con terquedad de amantes—.
    ...............................................Buscábamos
    la magia de lo oculto
    para sentirnos dioses:
    más libres e insolentes, inventores
    de ese candil de largo aceite
    que, a pesar de los años, todavía
    nos alumbra y conforta.



    CHAQUETA DE PANA

    Grandola, villa morena,
    terra da fraternidade...

    JOSÉ AFONSO

    I

    No raída, si acaso
    un brillo opaco en las coderas, restos
    de una hierba inicial, tenues indicios
    de tabaco de pipa, tal vez briznas
    de un pétalo anterior, aquel que supo
    a Portugal y a nube, a beso urgente,
    quién sabe si a domingo, a tarde plana
    y a papeles exhaustos, extendidos
    en la pureza germinal
    de un escritorio adolescente.

    Abandonada.
    ......................Sometida,
    en la quietud de sombra del armario.
    a la pasión de la polilla, vieja prenda
    por fin acostumbrada al territorio
    que alimenta el olvido.

    II

    La hueles a traición, casi con culpa.
    Como si un voyeur , tras la cortina,
    pudiera sorprenderte
    y trocar en vergüenza,
    quizá en melancolía o antigualla,
    tan simple tentación.
    .....................................La hueles. Tocas
    el brillo frío de su forro ajado:
    de pronto, a ti regresa
    un extraño temor, nacen preguntas
    en tu mente vencida,
    tus ojos se acomodan al armario
    absortos en la luz deshabitada
    de la humilde chaqueta que hace tiempo
    dejó de acompañarte.

    III

    Te asedian las preguntas. Te someten:
    ¿qué buscas? ¿qué gozo o qué desaire,
    qué traición o qué manos, qué perfume
    o canción intentas retener mientras contemplas
    su tono de melaza algo apagado
    por tiempo y abandono?

    ¿Qué alimenta tu sed?
    ¿Qué geografía, qué beso entre la hierba
    de los años tempranos,
    qué perdida pasión entre sus hilos
    te conduce o te acampa
    en años entusiastas?

    ¿Qué gesto colectivo, qué mañana bebida
    con cerveza, qué amenazada noche,
    qué maraña de asombros y de hazañas
    ilusorias?

    IV

    Todo un tiempo resume: aquel que crece
    en el portón que derribamos
    sólo un poco. El que tuvo un clavel
    en la solapa. El que compuso
    un horizonte de imperfecto vuelo.

    Oh símbolo del viento derrotado.
    Oh chaqueta de pana sorprendida
    entre ropa en desuso y viejos discos.



    LA CASA DE CAMPO

    Las mañanas de invierno,
    esas mañanas frías,
    sin llovizna ni niebla, cuando el aire
    es pura transparencia y los objetos
    muestran su forma y colorido
    con la impudicia propia
    del desnudo absoluto, extienden
    por la Casa de Campo un anticipo
    del tiempo posterior, una avalancha
    de lo que el nuevo marzo
    nos dejará en la mano cuando llegue.

    Respiramos la luz. Hacemos propia
    la duda que convive con la luz
    en los ojos castaños de esa joven
    que, con pausado ritmo, avanza
    alrededor del lago y quizá busca
    tu rostro entre los árboles.

    Tal vez sea
    el chándal amarillo,
    o el salto leve y regular
    de los senos ocultos e intuidos
    —oh vaivén
    de lo abundante, tenso e inmaduro
    que su carne te ofrece—,
    el hueco donde alienta
    lo que te identifica con su duda.

    Es la Casa de Campo
    en la fría mañana de febrero.




    De Quebrada luz (1996):


    NUNCA FUE INTACTA, PURA

    Nunca fue intacta, pura.
    Fue un claroscuro, una ciudad mellada,
    una botella a medias, unos ojos abiertos
    contemplando la muerte,
    un recodo del parque, sus bancos sometidos
    por viejos y memoria.
    ...................................Llama iluminadora
    de la sangre o la nieve, lupa
    que te deforma,
    luz que se prostituye, incierta luz
    quebrada por la vida.



    LUZ DE LAS AFUERAS

    Luz
    que no fue nunca luz. Que no será tampoco
    claridad. Sucia luz, papel de estraza
    que, como un gris celaje, se despliega
    por la espesura sin voz de las ciudades
    cuando la tarde muere
    y el invierno se extiende por sus frías tabernas,
    en ese claroscuro
    que llaman extrarradio.
    En los ojos se amansa
    esa luz que es huida y menoscabo,
    que no es presencia o devoción, que es sólo
    testimonio o memoria
    de una existencia antigua y desterrada.



    LUZ DE CÓMODA

    A la cómoda llegaba esa luz en declive como un perro manso
    que destilan las horas de las tardes de invierno.
    Esa luz nunca ciega donde se reconocen
    las sombras infrecuentes de todos nuestros muertos
    y que huele a cerrado y a pasillo nocturno
    y al corazón acude a mecerlo en su niebla.

    Era el cofre prohibido
    que acotaba mi padre debajo de un retrato
    desde el que me miraba desde la inexistencia
    de sus ojos marcados, tan joven, por la muerte.

    Luz de cómoda. Extraña latitud
    donde la claridad se quiebra
    para hacerse pereza y habitación en sombra
    hundiéndose en un tiempo de parados relojes,
    viejas horas que duelen como antiguos pañuelos
    por la madre olvidados
    entre lacas y guantes y sedas y postales
    para siempre varados en la luz de la muerte.



    LUZ DE MADERA

    Solía ocurrir algunas tardes:
    cuando la voz de tabaco suspendía en la casa
    el sueño sin relojes de un padre hecho cansancio,
    me llegaba esa luz insuficiente
    que adquiere la madera al llenarse de tiempo.

    En esa luz opaca, olorosa a barnices,
    yo crecí sin saber que en los muebles de casa
    florecía la noche y no sólo la vida,
    que la luz que otorgaba
    memorias vegetales a sus vetas oscuras
    hablaba de destrezas, de manos y de sueños,
    trocaba los ocultos deseos de mi padre
    en una realidad utilitaria.

    Crecí con esa luz de infancia y de madera.
    Todavía conservo
    la vieja librería. Al contemplarla
    sorprendo a veces
    la herida de un fulgor. Quizá se trate
    del temblor de su mano, de la antigua destreza
    que se impuso a la muerte y nos vigila.



    CALLE SIN MÚSICA

    Procedo de una calle que jamás tuvo música.
    De la luz transitoria y de los rostros
    vencidos por el óxido, calle donde la vida
    era invierno, eternamente invierno y lo sabíamos.

    Pero un fulgor precario alerta nos mantuvo:
    en la luz que en el límite
    de la calle asomaba cautelosa, pusimos la esperanza.

    Oh empeño estéril sin embargo
    confiar en su brillo, pensar que en sus aceras
    la eternidad soñada residía, rondaba el imposible
    afán de trascendencia, la longitud del árbol,
    la duración del mar, el oleaje.

    Antigua travesía donde fuimos infancia.
    Calle como la luz,
    como la voz del tiempo.
    Frágil como la vida,
    como l agua o la noche, como el óxido ingrata.

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    Manuel Rico (1952- Empty Re: Manuel Rico (1952-

    Mensaje por cecilia gargantini Lun 08 Mayo 2023, 15:05

    Me gustó mucho este autor, amigo!!!!!!!!!!!
    Esos poemas a la luz, con tanta variedad de matices, me parecieron muy interesantes. También lo que dice sobre los cines del domingo y los bares de madrugada...tiene abordajes novedosos por cierto.
    Graciassssssss Pedr0!!!!!!!! Besosssssssss
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    Manuel Rico (1952- Empty Re: Manuel Rico (1952-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 09 Mayo 2023, 12:55

    Y son testimonio de una época que nos ha tocado vivir. Gracias por tus palabras, Cecilia.

    Un abrazo.
    Pedro

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    Manuel Rico (1952- Empty Re: Manuel Rico (1952-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 10 Mayo 2023, 11:52

    .


    De La densidad de los espejos (1997):


    IMBORRABLE AMOR

    Aún recuerdo el humo de la ciudad lejana.
    También la habitación donde mis manos
    buscaron en tu carne la salvación huidiza
    contra el miedo y la hora.
    La piel era la tierra
    donde aprender las trampas de los amantes,
    el refugio en precario
    frente al cierzo que en los amaneceres
    afilaba las calles, dejaba en las aceras
    su noticia de frío y de derrota.
    Allí cultivaríamos
    la pasión del encuentro para desvanecer
    la voz acostumbrada al desamparo.

    Habitamos, insomnes, en falsos domicilios,
    celebramos los cuerpos, buscamos cavidades
    donde aventar la niebla: barrio de San Lorenzo,
    allá donde Madrid se disolvía
    hacia un norte de trenes fugitivos,
    o la hierba agostada en el jardín de julio
    al pie de la ventana de aquel piso en Aluche,
    custodiados
    por un absurdo cristo y el retrato
    borroso de la Piaff, o aquel apartamento
    en La Esperanza, agonizaban tardes
    de tinta y de palabras que, sin remedio, urdían
    un final anunciado en lechos desabridos
    que olían a tabaco y a sueños sobre todo.

    Llevábamos el mundo prendido a nuestra carne.
    A tientas descubríamos, en el ardor sin tregua
    de la noche, los misterios negados
    y sonaba la música, era la voz de arena
    de algún juglar herido
    por la ofendida luz de Sudamérica,
    mordíamos
    turbios amaneceres industriales, huelgas
    generales, muerte
    y desamparo, lluvia, siempre lluvia, ¿por qué
    retorna tu piel nueva adherida a la lluvia?

    Me sabes todavía a la lana de entonces,
    a libros de poetas derrotados,
    a aquel silencio turbio
    de noche amenazada, a tarde de domingo
    interminable.



    ANTIGUA TIERRA

    En la región perdida que llamamos infancia,
    en ese territorio que viejas lluvias hunden
    en vagos claroscuros, dicen que desde siempre
    nos aguada, con ropa de domingo,
    una diosa cruel a quien llamamos
    dicha o felicidad, qué importa el nombre.

    Mantienes la conciencia de haber sido inquilino
    de tan huidiza estancia porque a veces,
    cuando el presente aplica sus decretos,
    la memoria te vence y te convocan
    presencias de aquel tiempo,
    rostros que te dejaron
    inerme ante el empuje de los años.

    Y siempre, cuando intentas
    conjurar la orfandad y los reclamas
    no tardan en huir al refugio que habita
    entre los pliegues de la inexistencia.



    CARPINTERÍA

    En el cristal de los escaparates
    que circundan la plaza se reflejan
    las siluetas fugaces de dos hombres:
    son padre e hijo y tú los reconoces
    porque llegan del predio en sombra de tu historia.

    La amanecida aturde los objetos
    con su luz temblorosa. Es verano y caminan,
    el paso decidido, por la acera.
    El autobús se anuncia, con un sonido turbio,
    al fondo de la calle.

    “Vendrás conmigo a la carpintería,
    manejarás las herramientas. Así se aprende
    la densidad del hombre”.

    Fue en el hombro del joven
    donde buscó la mano de aquel viejo
    la caricia negada tantas veces.

    Sentí su gravidez llena de vida
    como si el mundo, de pronto, me acogiera
    y una niebla indecisa se posara en mis gafas
    de turbio adolescente
    y me hiciera más suyo: un ser complementario
    prolongándolo.



    IMAGEN DE SARAJEVO

    ¿Alguna vez sabremos por qué en ciertas mañanas
    hay un olor a pólvora y a sangre
    junto al rosal que crece en el jardín?
    ¿Por qué con ese olor cuyo origen ignoras
    un muro destruido se erige en tu recuerdo
    y hay un niño sin ojos en medio de la calle
    y postes telegráficos
    cruzando, como escombros la calzada?

    Si tú eras el más sabio de la infancia,
    el que tenía los ojos en su sitio,
    no ese niño que huye con espanto y ceguera,
    sino el feliz, ¿a qué ese olor a pólvora
    en la rosa, esa imagen de luz desbaratada,
    ese paisaje muerto de postes derribados
    en calzadas inútiles?



    ESTADOS DE CONCIENCIA

    Desde del lugar más alto de la ciudad contemplas
    la humareda que, en lontananza, extienden las factorías. Ha cambiado mucho
    en este tiempo. Apenas puedes reconocerte
    en los lugares donde vivió la luz. La lluvia no es la misma.
    Tampoco lo es la avena que, por abril, dejaba
    su noticia de hierba y descampado en las afueras.

    Ya no llueve como antes, dicen, con voz muy baja,
    los más ancianos del lugar. No deseas hacer tuya su voz,
    convertirte en vocero de una lluvia que nunca ha de volver.

    La ciudad es crepúsculo desde la altura. Llegan, desde el lugar del sueño,
    los autobuses, y en tus ojos brilla
    un resplandor molesto, una luz mate de tiempo clausurado.

    Y recuerdas a aquel muchacho que en los amaneceres,
    vacío el bolsillo y la mano huérfana,
    oteaba en los rostros de los desconocidos
    la sombra del dolor, el tedio de las horas,
    la angustia de los días como un reptil de niebla que llegara, de pronto,
    del lugar fronterizo donde solían alojarse las palabras prohibidas.

    Pero también recuerdas que aquel muchacho
    tenía en la ciudad su escondrijo y su senda, su refugio y su lámpara:
    a veces sorprendía, entre los restos
    de remotos desastres, grietas donde asomaba
    la luz aún no vencida del porvenir.

    Ahora, la ciudad que contemplas
    tal vez no viva la lluvia como antes, quizá en los autobuses
    ya no respire el tedio y la mirada de los desconocidos
    haya, al fin, desterrado la sombra que aprendiste y sólo quede
    un precario destello de cuanto huyera con los años.

    Pero, ¿existe el futuro? ¿No es acaso el presente
    el dios más venerado entre los dioses
    a costa del futuro y la memoria?

    La oscuridad, como un abismo lento,
    va dejando sin contorno a las cosas,
    va definiendo el hueco donde ocultar
    tanta desavenencia con el tiempo.
    ........................................................Cierras los ojos, buscas
    la ciudad que te niega la mirada, la ciudad que no existe,
    la inaceptable geografía de los sueños intactos.

    Pero nada distinto a este crepúsculo de niebla y factorías
    se construye en tu mente, nada
    alcanza a congraciarte con una realidad
    que, a veces, te recibe con el abrazo frío
    de quien acepta en casa la obligada presencia del extraño.

    * * *

    Bien podrías pensarte en la casa de campo,
    perderte para siempre en un lugar al margen,
    en esa fértil tierra donde en tantos momentos
    creíste recobrar del musgo del olvido
    atribuladas piezas de un corazón confuso.

    Acaso sólo queden
    las noches lentas frente al fuego, las palabras
    antiguas, hechas de melancolía
    y de aromas perdidos.

    ¿Por qué reclamas salvación tan frágil
    si tú nunca creíste que en un lugar lejano
    podrías descubrir el fondo del espejo,
    el calor de las llamas o la ficticia paz
    capaces de eludir las trampas de la muerte?

    En ese territorio que muy pocos conocen,
    en esa latitud donde el fresno y la zarza
    conviven con el agua y con el sábado,
    has reencontrado libros
    que creíste prescritos, tal vez innecesarios,
    recuerdas esta tarde la voz de William Blake contra la noche,
    o el Rosales tardío, o las duras esencias de un San Juan
    ardiente como el hielo, o el oscuro fulgor
    del viejo Otero, oculto tantos años
    en la urgencia humillada de otras vidas,
    largas conversaciones cruzando madrugadas
    con amigos curtidos en sueños diferentes,
    en memorias crecidas en una latitud que te fue ajena.

    Quizá sólo te salve ese refugio,
    esa casa en el campo que fue un sueño del padre
    y que hoy te espera, huérfana, detrás de las montañas,
    custodiando los restos
    de un universo roto por otras exigencias,
    temblorosos vestigios de gestos y palabras
    que hoy sientes inquilinas
    de un tiempo que creíste perdido para siempre
    entre la lluvia.




    De Donde nunca hubo ángeles (2003):


    DISCUTIR DE POESÍA. 1

    Discutir de poesía abrazando las horas hasta dar con el alba
    no es despojar el tiempo de sentido.
    Es armarlo.

    El humo y el coñac, y la noche y la música
    levantaron el mundo en torno de una mesa: discutimos
    acerca de lo inútil y amamos el instante
    que jamás nos consuela, que nos ata
    y esclaviza.

    ¿Mas sabemos que en el aire de un verso algo respira
    más allá del lenguaje?
    ...................................Decimos
    viento y nos convocan tardes vencidas,
    horas de soledad o de intemperie,
    días de dicha o desventura. Decimos tierra
    y nos visita la oscuridad y el légamo
    donde nunca hubo ángeles, y el paladar se empaña
    con el sabor a muerte de un verano maldito,
    decimos niebla y la luz se estremece
    entre muebles sin uso y busca la memoria
    el frío de un invierno en el muchacho
    que apenas reconoces.



    TRAMPAS

    Discutir de poesía
    es sospechar las trampas
    de la lengua heredada, es no desfallecer
    ante el asedio
    de las habitaciones
    donde la flor expira
    por sobredosis de belleza
    y el hombre, sin embargo, no florece.
    Es deshacer los límites,
    dejar que los sonidos
    caminen sin cayado, avancen entre sombras,
    crezcan entre sollozos y sueños minerales,
    toquen el duro estambre donde tiembla el deseo.



    LUGAR SIN POEMA

    Este poema
    germinó en un lugar
    algo apartado de la luz.
    .......................................Allí nunca
    se soñó con poemas (temo incluso
    ser delatado por este atrevimiento).
    Este poema
    nació contra la luz. Igual que el hijo ciego
    de una esquirla del siglo, de ese azogue
    del cristal que nunca tuvo
    la proporción de encanto
    que exige la mirada complacida
    o el cuerpo prendado de sí mismo.
    .............................................................Este poema,
    ajeno a prohibiciones, pariente de la alrma,
    vive en ese lugar. Es un destello
    de zozobra, un espejo
    deforme. Un bastardo añadido
    a la legión bastarda de los nombres impuros.



    AZAR

    No es el azar
    quien desploma tinieblas
    en la claridad indecisa del suburbio.
    Tampoco es el azar
    quien concede penumbra a la piel de sus moradores.
    Es la labor sin tregua de las cifras,
    la impiedad que en los números
    crepita con la llama de la usura.

    Nunca fue por azar esta condena: hubo
    acequias de aguas negras
    que manaban de los barrios más altos,
    estancias vigiladas, noches
    erigidas sobre los siglos, intocables
    haciendas proyectando su sombra y su tenaza
    en el afán
    de los menesterosos. También hubo
    flores agrias, y atardeceres rotos,
    y rebeliones torpes,
    y un refugio falsamente apacible
    al que, con voz esquiva, llamaron desmemoria.

    No busques en la gastada piedra
    de los castillos indicios de inocencia. Ni en el aire
    de los salones que dejaron los siglos
    la claridad del aire y la semilla
    de quien amó en la tierra y quiso
    acariciar sus frutos, probar su pulpa
    ardiente.
    ................
    No se debió al azar su arquitectura
    sino al tesón de los que amaron mucho
    sin saberlo, al empeño por atrapar la vida
    que dio a los ignorados
    una dudosa idea de belleza.

    Alguna vez tuviste
    noticia del azr, oh gran culpable
    de la segregación o de la muerte en vida,
    de los espejos rotos o del silencio del mendigo.
    Pero siempre dudaste de su fatalidad,
    de sus dictámenes de sombra,
    de su terca pasión
    por desnudar la tierra donde la piel negrea
    entre oscuras moscardas y viento desolado.

    No fue el azar sino la cifra.
    No la fatalidad sino la lógica del número
    escrita en las esferas
    donde la luz robada florecía
    sobre el estiércol de la Historia.



    USO DE LA MEMORIA

    ...tiempos en que hablar de árboles casi es un crimen...
    BERTOLT BRECHT
    (A nuestros sucesores, 1938)

    Aprendí, desde niño, a perdonar silencios
    y cegueras no sé si transitorias. Nunca
    fui capaz, sin embargo, de asumir el olvido
    como un bálsamo. Sí como hiel o penumbra
    envenenada, como fraude. Tampoco supe
    abismarme en la helada belleza que el poema
    proponía.
    .................Sabed que en la Alemania parda
    y negra,
    entre enguantadas voces y láminas de plomo,
    los magos del lenguaje, tiznados de una luz
    de habitación tapiada, pulían la sintaxis
    hasta encender el árbol o dar flores de nieve,
    buscaban el destello innombrado en los mármoles
    de los acantilados de la desolación
    a la vez que en el aire, sobre la Selva Negra
    o sobre el Rhin, la carne se hacía transparencia,
    sedimento de humo y voz deshabitada,
    hedor tan sólo a Humanidad extinta,
    a flor de cieno.

    En ese tiempo mate, Walter Benjamin supo
    del frío de la muerte y del exilio, y Jochen
    Klepper, en su jardín, dio tierra a los diarios
    de un tiempo de cristales rotos. Después, urdió
    la muerte propia al lado de los suyos
    burlando, así, al gas zyklon y a la Gestapo.
    Por decreto, la voz
    de Henrich Mann era expropiada
    y el corazón de Ernst Wiechert vagaba entre cadáveres
    en un lugar llamado el bosque de los muertos.

    Mientras, así, la noche dibujaba
    el envés del lenguaje en una tierra amarga,
    los magos del silencio bebían los detritos
    del himno y la proclama o enfermaban de culpa.

    ¿Cómo dar al olvido el poder de una noche
    huera de amaneceres? De mis antepasados
    recibí como herencia la luz de la memoria.
    En su raíz alientan todavía
    las voces condenadas. Y aquel frío.



    TU INFANCIA SON RECUERDOS DE UN PATIO REALQUILADO...

    Tu infancia son recuerdos de un patio realquilado
    y de muchos domingos vividos en imágenes
    de mundos no existentes, lentas tardes de cine
    que olían al tabaco de un padre más mortal
    que cualquier otro.

    Tu infancia se remansa en tintas olorosas
    de arañados pupitres que el amor intuían
    respirando las letras de nombres olvidados
    y la línea temblona de oscuros corazones
    gravados a navaja en la piel del invierno.

    Tu infancia se alza a veces en una ensoñación
    de caballos muy blancos que nunca fueron tuyos.



    LECTURAS

    Vivimos de fragmentos
    de vidas anteriores, de noches interpuestas
    en nuestra propia noche, de chasquidos
    inciertos, de voces o contornos,
    huecos o melodías
    donde otros ofrendaron
    la inestable ganancia
    ..................................de la vida.
    O quizá de la muerte.




    De De viejas estaciones invernales (2006):


    MADRID, 11 DE MARZO

    Marzo desnivelado por las cifras
    del desaliento. Marzo de muerte,
    triste marzo de trenes y extrarradios marchitos,
    marzo de sueños rotos y niños deshabitados,
    de pronombres sin nombre, de apellidos
    quebrados y relojes sin hora, marzo de los teléfonos
    enmudecidos.

    Mi ciudad asolada. Mis tierras y mis trenes,
    asolados, mis ojos y mis manos
    y mis brazos,
    asolados. Muerte sembrada bajo la luz
    de un Madrid lateral
    hecho de andenes periféricos, de seres menesterosos,
    de mujeres crecidas en la sombra diaria
    del tiempo inabarcable del trabajo,
    de hombres cultivados
    en el silencio anónimo de las factorías,
    de humildes bachilleres y de párvulos,
    de viejos azorados por noticias de muerte,
    de bares conmovidos por la niebla y la sangre,
    de juguetes sin niño,
    de huérfanos sin ira,
    de vacías acequias,
    de fogatas sin lumbre.

    Madrid de hospitales, de lutos y de marzo.
    Capital de la niebla y del dolor. Ciudad de los estanques
    del silencio.

    Madrid desbaratado y mío. Madrid nuestro.
    Como los muertos, nuestro.
    Dueño de un mes de marzo
    descolorido y turbio, pero nuestro.

    Entre muertos y lágrimas,
    es más nuestra y cercana la ciudad. También más triste.



    TU BRUMA

    No confundas la noche con tu noche, la bruma
    con tu bruma.
    .......................Bebe tu soledad, camina
    por las altas cornisas donde la angustia llueve
    a veces.
    ...............Piénsate vencido.
    Noche y bruma, así, sin adjetivo, son otras.
    Otros cuerpos habitan sus dominios, no
    tu noche: ella jamás podrá dejar sus ruinas
    en el jardín ajeno, en el corazón algo turbio de los otros.

    No confundas la noche que vives con la noche.
    Es tuya solamente: antigua propiedad que odias a veces.


    MANUEL RICO, Monólogo del entreacto (Cien poemas 1982-2005), Hiperión, 2007


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