Aires de Libertad

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    Carlos Marzal (1961-

    Pedro Casas Serra
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    Carlos Marzal (1961- Empty Carlos Marzal (1961-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 03 Abr 2023, 12:39

    .


    Carlos Marzal (Valencia, 1961) es uno de los principales representantes de la poesía de la experiencia, que dominó la lírica española en los años 80 y 90. Numerosos críticos incluyen también en este grupo la obra de autores como Luis García Montero, Felipe Benítez Reyes o Vicente Gallego.

    Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia, durante sus diez años de existencia codirigió Quites, revista de literatura y toros. La obra poética de Marzal alcanza su punto de mayor éxito con la publicación de Metales pesados, poemario que tras su publicación consigue los premios Nacional de Poesía y de la Crítica. El año 2003 obtuvo el Premio Antonio Machado de Poesía y en 2004 el XVI Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe por su obra Fuera de mí. Ha debutado en la narrativa con la novela Los reinos de la casualidad (Tusquets, 2005), considerada como la mejor novela del año por el suplemento El Cultural del periódico El Mundo.

    Ha traducido del valenciano la obra poética de Enric Sòria Andén de cercanías (Pre-Textos, 1995).

    (Sacado de https://es.wikipedia.org/wiki/Carlos_Marzal )


    *


    Algunos poemas de Carlos Marzal:


    De El último de la fiesta (1987):


    INVOCACIÓN

    Que otras vidas más hondas sofoquen mi nostalgia
    y que el don del valor me sea concedido.
    Que el amor se engrandezca y sea fiel y dure
    y que ajenos paisajes impidan la tristeza.
    Que el olvido y la muerte, que el tiempo y el dolor
    formen por esta vez en el bando vencido.
    Que las luces se apaguen, y en la noche del cine
    una breve mentira nos convierta en más vivos.



    EL MAL POEMA

    La lección es sencilla
    y basta entender a unos cuantos maestros,
    para no olvidarla en lo futuro.
    Tú misma la conoces:
    el verdadero arte nos hace amar la vida;
    y aunque enseñe el dolor y pueda herirnos,
    y no consiga hacernos más felices cuando lo precisamos,
    aunque nos fuerce a desear la muerte en ocasiones
    -quien lo probó lo sabe-, el arte, si es auténtico,
    nos reconcilia con nuestra impotencia,
    nos infunde un absurdo valor
    con que afrontar el correr de los días.
    Y así, por todo ello
    y algún tópico más que ya he olvidado,
    algo en el arte hay inevitable que conduce al amor.
    Mas permíteme ahora que olvide la doctrina.
    De todo cuanto he dicho me retracto.
    Y si el azar quisiera que alguno de estos versos
    moviese a un sentimiento noble,
    no soy yo quien en ellos lo puso.
    He pensado brindarte toda la soledad, toda la cólera,
    ofrecerte la saña y el delirio
    sin enmienda ninguna, sin redención posible.
    He querido que sufras en el tiempo
    y que nadie lo sepa.
    Pero no estimo que sea suficiente.
    Y espero que por tanto ahora comprendas
    en su justa medida este mi envío:
    si aún consigues creer en un poema,
    considérate muerta.



    EL ÚLTIMO DE LA FIESTA

    I

    Deberías marcharte. La fiesta ha terminado.
    Helada y sucia ya se anuncia el alba
    con su oscuro cortejo de presagios.
    Tendrías que acostarte, huir de este lugar
    antes de que la luz te restituya
    esa imagen de ti que ya conoces,
    indefensa a tus ojos, lastimosa.
    Has tocado por hoy el fondo de tu noche:
    las ropas no guardan la corrección de unas horas atrás
    y tu lengua está torpe,
    has empezado a hurgar en la memoria
    y ya no hay quien te fíe.
    lo más sensato ahora sería retirarse.

    II

    Aquí, con convicción, ya nada te retiene.
    Suena de nuevo idéntica la música
    y no es fácil andar sobre el untuoso suelo del local.
    Ha pasado la hora de raptarse alguna compañía
    con quien querer fingir la noche inacabable,
    y te será mejor no recurrir
    a invitados finales,
    errante cada cual en su constelación,
    rezumando bebida como paredes húmedas,
    dispuestos a cualquier confidencia extemporánea.

    Es infame el lugar. Tal vez lo fuera siempre;
    pero hasta hace poco era el teatro
    idóneo para tus intenciones.
    Se trataba de malgastar el tiempo,
    uno más entre la turbadora clientela,
    regresando al sabor bronco de noches apuradas,
    de ti mismo perdido y encontrado.
    El azar nos otorga reductos alejados de la severidad,
    momentáneos reinos en donde nadie trata
    el enojoso tema de la vida,
    no importa si a conciencia o ignorantes
    de que la vida huye al ser nombrada.
    El azar nos obsequia y el azar nos despoja.
    Así te ocurre ahora: la fiesta ha terminado,
    y con la fiesta terminó el hechizo.

    III

    Has apurado el plazo
    que la noche te había concedido,
    y a quien la luz ha de traer
    ya lo conoces.
    Si vuelves hacia casa, con tus pasos
    volverán sus pasos. Y a tu fatiga
    su fatiga habrá de acompañar.
    La fiesta ha terminado y queda su enseñanza:
    como una vieja deuda contraída,
    nada hay más imposible que escapar de nosotros.
    Ya se aproxima el alba, y nadie ignora
    que todo plazo acaba por cumplirse,
    que toda deuda acaba por pagarse.

    IV

    Ya ves; eso es lo que te aguarda, si te marchas,
    y lo que aquí te espera no es mejor.
    Conoces de antemano cuál será tu conducta:
    sopesarás los dos ofrecimientos que posees
    -la despoblada soledad de una fiesta ya extinta,
    la habitual afrenta de estar solo contigo-
    y antes de encaminarte hacia la casa
    apurarás la noche un poco más.
    (Un poco más, a estas torpes alturas de tu vida,
    no puede ser muy malo.)

    La fiesta ha terminado. Y aquí viene la luz,
    la vieja hiena.



    UNA COMPAÑÍA OCASIONAL

    Déjame que te hable del tacto de las armas,
    de la canela  altiva que esta noche nos lleva
    tu perfume. Permíteme volver
    del antiguo honor y de la antigua sangre,
    y que no exista guerra que no haya conocido.
    Tengo el mundo en la mano para malbaratarlo,
    y sólo pido que me dejes hablarte.
    Si te avienes, mi voz será en ti un himno,
    tendrás por camaradas a mis viejos amigos
    y el tiempo detendrá su curso aciago.

    Ya sé que es poco pago una botella,
    pero quiero creer que hoy nos amamos.



    LAS BUENAS INTENCIONES

    Como, mal que le pese, uno en el fondo es serio,
    debe dejar escrita su opinión del oficio
    (los muertos aplicados dejan su testamento

    aunque a los vivos, luego, no les complazca oírlo).
    Hablo con la certeza de que mis impresiones
    serán para los tristes una fuente de alivio.

    ¿Me estará agradecida la juventud del orbe,
    siempre desorientada y falta de modelos,
    y me idolatrarán los investigadores?

    Escribo, simplemente, por tratarse de un método
    que me libra sin daño (sin demasiado daño)
    de cuestiones que a veces entorpecen mi sueño.

    Por tanto, los poemas han de ser necesarios
    para quien los escribe, y que así lo parezcan
    al paciente lector que acaba de comprarlos.

    Se me ocurre, además, que trato de dar cuenta
    de una vida moral, es decir, reflexiva,
    mediante un personaje que vive en los poemas.

    Esas ciertas cuestiones que he mencionado arriba
    son las viejas verdades que a la vida dan forma,
    y la forma en que urdimos nuestras viejas mentiras.

    Ahora bien, reconozco que no sólo me importan
    estas pocas razones. Escribo por capricho,
    y por juego también, para matar las horas.

    Porque puede que sea un destino escogido,
    pero también, sin duda, para obtener favores
    de algunas señoritas amigas de los libros.

    Me es grata la figura del artista de Corte,
    riguroso y mundano, descreído y profundo,
    que trata por igual la muerte y los escotes.

    Sobre qué es poesía nunca he estado seguro;
    tal vez conocimiento, o comunicación,
    o todo juntamente. Lo cierto es que el asunto

    carece de importancia, no afecta al creador.
    Doctores tiene ya nuestra Sagrada Iglesia
    y en futuros Concilios harán salir el sol

    para todos nosotros. Sin embargo, quisiera
    que se tuviese en cuenta el hecho de que existe
    poesía por vicio, porque es una manera

    que tienen unos pocos de vivir su declive,
    pero ignoro si hacerla los convierte en más sabios
    y si esa obstinación los vuelve más felices.

    Aspiro a escribir bien y trato de ser claro.
    Cuido el metro y la rima, pero no me esclavizan;
    es fácil que la forma se convierta en obstáculo

    para que nos entiendan. La mejor poesía
    acierta con deslices, convierte lo imperfecto
    en un arte y se olvida de los juicios puristas.

    Aunque he escrito bebido, cuando escribo no bebo.
    Trabajo siempre a mano, y no me enorgullece
    no tener disciplina ni ser dueño de un método.

    No suelo, me figuro, romper lo suficiente,
    tal vez porque tampoco escribo demasiado,
    al pasar media vida ocupado en perderme.

    Del lector solicito como único regalo
    que esboce alguna vez una media sonrisa:
    tan sólo busco cómplices que sepan de qué hablo.

    No reclamo, por tanto, privilegios de artista:
    me limito a ordenar, quizá sin merecerlo,
    asuntos que una voz ignorada me dicta.

    De entre los infinitos poetas, yo prefiero
    a aquellos que construyen con emoción su obra
    y hacen del arte vida. De los demás descreo.

    Y para terminar, confieso que esta moda
    de componer poéticas resulta edificante.
    Con ella se demuestra que son distintas cosas
    lo que se quiere hacer y lo que al fin se hace.




    De La vida de frontera (1991):


    UN CUENTO DE TERROR

    Ante su ofrecimiento, me acerqué cauteloso,
    después de aventurar un comentario
    acerca de la vida futura:
    Nadie puede saber lo que le aguarda, dije.
    (Cuando queremos ser corteses,
    solemos resultar irresponsables).
    El día estaba en calma y su luz era un bálsamo.

    Aproximé mi oído un poco más,
    y cuando quise darme cuenta
    era ya demasiado tarde, nuevamente,
    para enmendar un acto de este mundo.
    Dejó de ser el día. La luz dejó de ser.
    Escuché el pesaroso transcurrir del tiempo,
    su arrastrar de cadenas sobre el fango.
    Escuché gritos en medio de la lucha
    y el torpe resonar de cuerpos derribados.
    Oí el fluir del mal, y también de la sangre,
    y el de la enfermedad, que es el mal sin sentido.
    Reconocí palabras de un amor no usado
    junto a las siempre usadas palabras de amor.
    Oí las voces de los hombres,
    y entre las de los hombres, la voz mía.
    Y el reptar del olvido,
    y el terco proceder del infortunio,
    y otra vez el amor, y el olvido de nuevo.

    Escuché mucho más, y todo intolerable.
    Aparté mi cabeza. Sentí vértigo.
    No podía concebir que aquello fuese
    el latido elemental de un cuerpo.

    Ya nunca acercaré el oído
    al vientre de una mujer encinta.



    PLUSCUAMPERFECTO DE FUTURO

    Cuando deje las sábanas, mañana,
    pensaré que mi sueño de la noche
    no ha sido sólo un sueño
    y que lo que me aguarda no es la huraña
    mañana de mañana.
    Acogeré mi cuerpo esperanzado,
    como un feliz presagio inmerecido,
    y si hay un cuerpo al lado,
    será maravilloso descubrirlo,
    saber que las monedas que he pagado
    (y las monedas con que me ha comprado)
    han sido las monedas del amor,
    que pagamos con gusto y por el gusto,
    locos de amor los dos.
    Y amar, esa mañana, extrañamente,
    será la redención de nuestros actos
    pasados y futuros,
    y el hecho del amor, en su presente,
    será como la historia sin la historia,
    un cuento que contamos con los cuerpos
    y que tiene sentido,
    lleno de ruido y furia compartidos.
    Y si despierto solo,
    despertaré contento de estar solo,
    por la simple razón de estar conmigo,
    que soy el viejo amigo
    de algunos buenos ratos que he vivido.
    Se inundará la casa con el sol,
    y si no hay sol se inundará de gris,
    un gris reconfortante, de París,
    que es la ciudad que tiene un gris más sol.
    Haré mis abluciones matinales
    y haré la colación,
    y respecto al milagro
    de que los alimentos alimenten
    haré una reflexión
    profunda, sorprendente, que alimente
    las estancias del alma y que dé calma
    a un alma que ama la contemplación.
    Para el resto del día tendré planes
    y hasta tendré esperanzas,
    que ya es tener bastante un mismo día,
    y en un claro derroche de energía
    tendré la convicción de que los planes
    y hasta las esperanzas
    no son la más completa tontería.
    Naceré a mi ciudad,
    como si fuese la primera vez
    que nazco y que la veo,
    contento de nacer y de fundar,
    igual que un gran viajero, mi ciudad,
    quizá un lugar tranquilo junto al mar,
    donde esperar consiste en encontrar
    una buena razón para esperar
    el paso de los días.
    Ya la ciudadanía,
    que, comúnmente, es una porquería,
    una viciosa tropa indiferente,
    habré de comprenderla, y, comprendiéndola,
    comprenderé toda su indiferencia,
    su desprecio, porque tendré conciencia
    de que quien más quien menos (y me incluyo)
    tiene una innoble historia que contar,
    lo cual, si no inocentes,
    nos vuelve dignos de algo de piedad.
    Seré un huésped del tiempo, un invitado
    que aspira a estar contento y al cuidado
    de las horas, hasta lograr que el tiempo
    sea por fin mi líquido elemento,
    y no un andén desierto en que aguardar
    trenes de paso hacia ningún lugar,
    cansado, el pensamiento, de sentir,
    y de pensar, cansado el sentimiento.
    Toda la peor vida de la vida,
    que a veces es la única que ocurre,
    le habrá ocurrido a un yo que no conozco,
    un yo que a fuerza de desconocido
    convierte en no vivido lo vivido,
    y el yo que reconozco, el que comparte
    la vida preferida
    (ésa que ha estado siempre en otra parte)
    sera mi yo más mío.
    Y la vida que venga será fácil,
    o lo parecerá (que más me da)
    será la dulce vida,
    y por dulzura y por facilidad
    será una eternidad mientras me dura,
    aunque sólo me dure un día más.
    Por eso, más que un día,
    mi día de mañana es el proyecto
    de un tiempo por llegar:
    es el pluscuamperfecto de futuro.
    Ya sólo hay que aprenderlo a conjugar.



    EL JUEGO DE LA ROSA

    Hay una rosa escrita en esta página,
    y vive aquí, carnal pero intangible.

    Es la rosa más pura, de la que otros han dicho
    que es todas las rosas. Tiene un cuerpo
    de amor, mortal y rosa, y su perfume
    arde en la sinrazón de esta alta noche.
    Es la cúbica rosa de los sueños,
    la rosa de los sueños,
    la rosa del otoño de las rosas.
    Y esa rosa perdura en la palabra
    rosa, cien vidas más allá de cuanto dura
    el imposible juego de la vida.

    Hay una rosa escrita en esta página,
    y vive aquí, carnal e inmarcesible.



    INSISTENCIA EN F. B.

    Ocurrió en un penoso tiempo,
    un tiempo de perder, y cuyos pormenores
    ahora no vienen a este cuento,
    aunque sólo pensarlo por escrito
    aturda y duela en el recuerdo.
    Y es que no resulta fácil encajar
    que era un castigo tener cuerpo.

    Había abandonado la lectura,
    porque esa forma de consuelo
    sólo me interesaba para apreciar la vida,
    y de apreciarla estaba lejos.
    Hasta que en las profundas horas de un insomnio,
    por la memoria de sus versos
    alcancé cierta resignación, volví sobre sus libros
    y el dolor fue más llevadero.
    (Yo supe siempre que a nadie salvan las palabras,
    y me salvaban, aun sabiéndolo).

    Porque entre muchas cosas que se nos escapan,
    la poesía es tal vez eso:
    reconfortar, enseñar la belleza y hacer daño,
    romper la tapa de los sesos.



    LA TREGUA

    En la tiniebla urgente de esas casas
    que uno acaba pidiendo a los amigos;
    en asientos traseros de los coches,
    abusando de los malabarismos;
    en la frecuentación de los hoteles,
    tarde o temprano todos parecidos;
    sobre la arena tibia de la playa
    pasado ya el peligro de ser vistos;
    en la cama de casa, que ya es
    como una parte de nosotros mismos,
    y en los lugares más insospechados
    de donde quiera que haya sucedido,
    hay una rara tregua de los cuerpos
    que es más que el decaer del apetito
    (cuando ella va camino de la ducha
    o busca entre su bolso cigarrillos,
    mientras coge las ropas esparcidas
    o se entrega al silencio como a un rito),
    porque desaparecen las distancias
    y vuelvo a padecer un espejismo:
    todas las camas son la misma cama
    y un mismo cuerpo todos los que han sido,
    todo el tiempo del mundo es ese instante
    y en ese instante, el mundo, un laberinto
    del que conozco todas las salidas,
    porque conozco todos los sentidos.

    Luego esa lucidez desaparece,
    y se regresa al cauce primitivo;
    de nuevo el mundo es un rompecabezas
    imposible de armar con un principio,
    y sólo nos consuela un cuerdo al lado
    que solicita un último capricho.



    DOMINGOS BAJO LAS SÁBANAS

    Vuelve a la cama y tápame de nuevo,
    que aquí bajo las sábanas no hay nada
    que pueda hacernos daño. En esta almohada
    se encuentra la frontera de los sueños.

    Anoche –aunque era sábado– juraste
    que en la ciudad, sin mí, no hay aliciente.
    No te lo tomo en cuenta, soy consciente
    de que hablaban en ti los dioses bares.

    Pero si algo de aquello aún está vivo,
    por pequeño que sea ya es bastante,
    para perder,  de ahora en adelante,
    esta triste mañana de domingo.

    Perderemos el tiempo y perderemos
    el uno por el otro la cabeza,
    pues la más cierta de cualquier certeza
    es que es buena ocasión para perdernos.

    Vuelve a la cama ya, tras la ventana
    no ocurre nada digno de memoria:
    la calle, la ciudad,  la misma historia
    que ocurre cuando nunca ocurre nada.

    La vida, en este hotel, no ha de encontrarnos
    mientras tú y yo queramos que así sea.
    Esa vida que aturde y nos marea
    ha de dejar de ser si nos tapamos.

    Las aguas del domingo arrastran lejos
    a la ciudad desecha que nos cerca
    y que aún amamos de una forma terca
    con el afecto idiota de los perros.

    Quién dijo que cualquier cuerpo fatiga
    y aburre, al despertar, por conocido?
    Si yo lo dije estaba confundido,
    tu cuerpo es la excepción a ese sofisma.

    Si no es perfecto, está pensado al menos
    para que crezca firme en su interior
    esa maldita e inmarcesible flor
    del benigno demonio del deseo.

    La he llamado maldita porque así
    me enseñaron los Padres Dominicos.
    Y tenían razón, pues ha hecho añicos
    más de un buen nombre y más de un porvenir.

    Pero teniendo en cuenta que el buen nombre
    ya lo he echado a perder, y que el futuro
    pertenece al azar y es inseguro,
    quiero que tu demonio me conforte.

    Vuelve y no hagamos caso de la luz.
    La noche de ayer noche aún nos dura.
    Nos reiremos de la literatura,
    que es un arte menor cuando estás tú.

    Ya ves que desvarío, ven aquí
    o seguiré diciendo tonterías,
    y aunque te gusten mis filosofías
    vuelve a la cama et qu´on n´en parle plus.



    LAS ENSEÑANZAS DEL DOLOR

    Una sandez hace ya largo tiempo mantenida
    observa que el dolor
    es una noble escuela para el hombre,
    un preceptor severo que suele concedernos
    conocimiento exacto del mundo alrededor
    y certidumbre de la intimidad propia.
    Esa misma sandez, desarrollada,
    sostiene que el sufrimiento proporciona
    una medida con la que ponderar
    aquello que la vida posee de más digno.
    La voluntad, según dicen, se forja
    también en la desgracia especialmente.

    Es un raro prestigio el que el dolor alcanza
    y en su propagación no está libre de culpa
    la tierna secta de los hombres de letras.
    Por lo que a mí respecta, sé decir
    que nada he aprendido en el dolor,
    salvo que es incapaz de enseñar nada
    que ya no conociésemos.
    Cada vez que pretendí entenderlo, recordé
    a un idiota asombrado que gesticula y llora
    ante la luna llena. Y considero cierto
    que el dolor acostumbra a dejar testimonios:
    un rastro de dolor que conduce hasta él mismo.
    No forja voluntades, a no ser que entendamos
    por ello el someterlas. Nuestro mundo,
    que es ajeno y confuso de por sí
    —como nosotros—, bajo su luz amarga
    aparece un poco más confuso,
    un poco más ajeno que hasta entonces.
    He advertido que regresa incesante
    y que en muchos momentos el dolor
    es el único límite del día.



    LA HISTORIA

    In memoriam Rosa Casal

    Junto a un apeadero de tren, ya fuera de servicio.
    Bajo el inmisericorde sol, un verano cualquiera,
    un corro de muchachos apalean a un perro
    y apuestan por saber cuál será el golpe
    con que el juego concluya. Cuando desaparecen, aburridos,
    el perro, que se traga su sangre, aún consigue arrastrarse
    hasta la sombra, y allí queda tendido, sobre la vía muerta.

    En la imposible noche de un pabellón de enfermos,
    la oscuridad ya sólo un dolor cómplice,
    alguien, sin salir de su asombro, pasa recuento al mundo,
    imagina la vida fuera de esas paredes, no comprende
    que la música, el amor y la lluvia le hayan acontecido
    a su cuerpo de hoy día. Y mientras tanto, fiel,
    al gotear del suero mide el tiempo.

    Sobre el puente de piedra de una ciudad extraña,
    cuando el alba se acerca desafecta,
    una mujer invoca sus íntimos fantasmas,
    que son, uno tras otro, el mapa de la vida.
    (Entretanto, y hacia ninguna parte, el agua fluye oscura).
    Supo posible la breve recompensa de la dicha,
    y hoy pueden más el tedio y el cansancio.
    Más tarde el agua lleva, indiferente, un cuerpo.
    Y la ciudad lo ignora.

    Todas estas escenas son mis contemporáneas.
    Tal vez alguien advierta una razón final
    que logre atribuirles un sentido.
    Yo no acierto a encontrarla.
    Antes bien, me parecen delirios estériles
    de un contumaz borracho que sueña nuestras vidas.




    De Los países nocturnos (1996):


    SANGRE JOVEN

    Quiero tu sangre joven, que es querer
    todo lo que la vida aún no ha podido hacerte.
    De lo que me alimento
    es de esa inútil sangre esperanzada,
    de cuanto sé que ignoras hasta hoy,
    y que más nos valdría que no supieses nunca.
    De esa manera, por obra de tu sangre,
    creo en lo que no creo, y olvido lo que sé
    que te ha de suceder. Quiero esa risa
    que aún no ha tenido tiempo de hacerse prudente,
    de pensarse dos veces si reír
    es celebrar el mundo o lamentar su estado.
    Envidio el que no hayas vendido
    ninguna alma al diablo, y que bailes con él
    a la luz de la luna, a veces, sin conciencia.
    Juego contigo, porque no sabes las reglas,
    ni siquiera las de tu propio juego,
    y mientras las aprendes
    soy el que ya no soy desde ya no sé cuándo.
    Quiero la impunidad con que te entregas
    a la tarea de vivir la vida,
    sin paz, sin horizonte, sin infierno,
    que son el argumento de las vidas ajenas.
    Viéndote hacerlo, se diría
    que desconozco todo lo que conozco.

    Así es tu sangre.
    ...........................Ya sabes lo que busco.
    Qué tristeza que el tiempo, o yo, o tú misma
    tengamos que matar, en ti, toda tu sangre.



    POR SI NO LO SABÍAS

    (Del autor)

    Quién escribió estas líneas,
    el tipo que ha venido
    con su huesos a dar en esta página,
    -por si no lo sabías- no es tu benefactor,
    no es un filántropo, no siente compasión
    por quien ahora le mira más allá de este libro.
    Conque ni semejante, ni hermano, ni otras estupideces.
    Tiene un arma en la mano y lo que quiere
    es descargarla entera en tu cabeza.
    (Y eso tampoco significa mucho
    para él ni para nadie.) Así que ya lo sabes:
    nunca le des la espalda,
    no le profeses nunca gratitud.
    Lo que él quiere de ti sólo es tu miedo,
    lo que vino a robarte es tu dolor,
    a cambio del dolor que él ha sentido.
    Y cuando te lo aprendas será tarde.



    LA GLORIA NECESARIA

    Es sólo una palabra. Como todo.
    Y como todo, como cualquier palabra,
    tiene un incierto cuerpo evanescente.
    La gloria de tus ojos, la gloriosa
    historia incomprensible de los hombres,
    y el cielo de los héroes, en la gloria
    dormidos para siempre, y otras glorias.

    A finales del XX, donde estamos,
    hay quien teme nombrar esa palabra.
    No son tiempos gloriosos. Ningún tiempo
    parece que lo sea. Cualquier gloria
    requiere cierto olvido y la distancia.
    Habrá quien piense que hablo de la fama,
    o que conjuro el éxito, que son
    tan sólo una azarosa unión de confusiones.

    La gloria, en un poeta, es haber dicho,
    con exactas palabras para el dolor del hombre,
    algo que lo acompañe en la noche futura,
    y que secretamente el hombre lo agradezca.

    No temerá la gloria sólo quien crea en ella.
    Sólo quien no la tema merecerá esa gloria.
    Quien la merezca, sólo, nos hablará en la noche.



    LA OSCURIDAD DEL BORRADOR

    Oscuro el borrador y el verso claro.
    LOPE DE VEGA

    Estas palabras aspiran a la luz.
    Pero sé que la luz y las palabras
    son iluminaciones en la sombra.
    Por mucho que refuljan,
    por más que nos alumbren,
    por más puentes que tiendan en lo oscuro,
    las palabras son siempre tenebrosas.
    Callan lo que afirman decir,
    y a menudo confiesan
    lo que dicen guardar bajo secreto.

    Tras de cualquier palabra que persiga la luz,
    hay noche y hay insomnio,
    hay miedo, indefensión.
    Eso las ennoblece,
    nos las vuelve cercanas, aunque no
    les otorga la luz, ni las transforma
    en dignas, por eternas, de leerse.

    Ahora bien, las palabras
    crecen hacia la luz. Deben hacerlo.
    Por más oscuro
    que sea el borrador de nuestras vidas
    y el papel tenebroso que se nos ha asignado,
    nuestras palabras deben crecer hacia la luz.



    UNA VISIÓN

    Estoy sentado al borde de la cama
    y con un aire ausente. Hace ya mucho
    que he dejado de oír los ruidos de la planta
    de este hospital cuyo infierno me acoge:
    las toses a lo lejos, y los zuecos
    y las camas por el pasillo arriba, y las visitas.
    La enfermera ha cubierto el rostro del cadáver
    ante el que estoy sentado, y el cadáver soy yo.
    Esta abultada sábana me lleva
    a otros momentos: la infancia, destruida,
    libros, viajes, palabras
    que alguna vez oí, todo confuso, sin más orden
    que el que dicta el dolor y dicta el abandono.
    Se suceden objetos que adoraba,
    labios de carne y fuego, los rostros familiares...

    Desde detrás de esta sábana blanca veo al tipo
    sentado junto a mí, con expresión idiota,
    tratando de entender, o tan sólo tratando
    de mantener activa esa cabeza
    que no puede entender.
    Acaba de entrar gente;
    todos con gafas negras, y se abrazan,
    besan al tipo ausente de la silla
    y le dejan la mano sobre el hombro,
    que pasa inadvertida,

    ......................................porque ahora estoy pensando
    que huele a flores húmedas, que es un olor de muerte,
    y que maldita sea y que el día es nublado.

    De repente hay más luz, me han quitado la sábana,
    y abandono la silla para decirle adiós,
    y me ha besado, y luego los demás mientras lloraban,
    y parece imposible que todo acabe aquí,
    y de nuevo la sábana, la cama que se mueve y me trasladan,
    cualquier final resulta insuficiente,
    qué curiosos los vivos, su apego, su insistencia.
    Aquí termina todo y todo empieza.

    Ya en la calle,
    un niño juega, eterno, sobre el césped.



    LA EDAD DEL PARAÍSO

    A César Simón

    Supongamos que exista -argumentaste-
    ese lugar que el hombre ha ambicionado,
    desde que al primer hombre le ofendió
    la luz, que se perdía; el tiempo, que no vuelve;
    la belleza, que exalta, pero que no apacigua;
    o la felicidad, que, aunque la merezcamos,
    parece inmerecida; ese lugar que es suma
    de todas nuestras cuentas pendientes con la vida,
    ese lugar en donde
    los días no nos dejan su rencorosa huella,
    y todo allí es ameno, y se escucha la música,
    y no hay cuerpos enfermos, ni hay tentación
    ni hay fieras.
    ....................Supongamos.

    Vayamos más allá. Imaginemos
    -y es mucho imaginar-
    que se te concediera la ocasión
    de acceder a ese llámalo Cielo,
    o Arcadia, o Nolugar,
    o Tapiado Jardín, o Paraíso,
    y que fueses capaz de permitirte
    -y que te permitieran-
    escoger tú la edad con que vivir,
    o, más exactamente, perdurar,
    en esa paz ajena al rapto de esta vida.
    Supónlo.
    ..............Imagínatelo,
    y dime ¿con cuál de las edades
    de toda nuestra edad desearías
    habitar para siempre el Paraíso?
    ¿Querrías regresar a la inocencia
    tenaz y sostenida de la infancia,
    en donde fuimos dioses y demonios
    al tiempo y sin saberlo?
    ¿O volver a arriesgar en la estación violenta
    llamada juventud, que nos abrasa
    sólo con pronunciarla? ¿No te hechiza,
    acaso, el equilibrio de la mediana edad,
    cuando lo que ya sabes,
    cuando lo que te queda por conocer aún,
    ni te arrebata el sueño ni te aflige?
    ¿O por qué no escoger la carta venerable
    de una vejez ya de vuelta de todo:
    la madurez ingrata,
    la juventud candente, la infancia sin memoria?

    Me dejó sin aliento la pregunta,
    y no por lo intrincado de su formulación,
    tampoco por su tema, aventurado, abstruso,
    sino por el momento en que la realizaron:
    estábamos bebiendo, y la noche fluía,
    por entre la terraza de aquel bar,
    igual que un río en paz con su conciencia.
    (La buena educación no nos pemlite
    colocar a la gente en aprietos nocturnos,
    sugerirle que ordene la vida, el universo,
    en una improvisada charla de café.)
    Salí del paso con un par de bromas
    y el fluir de la noche prosiguió hacia su nada.
    Sin embargo, hoy regreso
    hasta aquella reunión y sus preguntas,
    no sé si por un caprichoso azar de la memoria,
    o si porque contraje esta pequeña deuda,
    para conmigo mismo.
    .................................Supongamos.

    ¿Qué es ese Nolugar,
    ese Jardín, qué es ese Paraíso?
    Parece en los relatos
    un limbo insoportable de fantasmas,
    un lugar en el cual no existe la inquietud,
    porque no existe nada de lo cual inquietarse.
    Y, dime, en ese caso,
    ¿a qué viene desear otra infancia,
    una sabia vejez? La juventud candente,
    dime, ¿a quién le importa?
    Ahora bien, si ese Cielo,
    fuese un trasunto nuevo de esta vida,
    una nueva ocasión donde enmendar
    nuestro propio fracaso, en el fracaso
    total de la existencia; otro momento,
    para poder decir lo nunca dicho,
    otra noche en su cama hasta matarnos,
    otro viaje, otro trago y otro precio,
    ya veis, a fin de cuentas, otra vida
    sin fin y sin castigos; en ese caso, pues,
    poco me importa volver para ser niño
    otras mil veces más, o regresar
    como cualquier anciano, como un joven sin tregua,
    porque regresaría incluso como un perro
    tirado en la basura.

    Pero de lo contrario no contéis conmigo,
    pasad la página, apagad la luz,
    conceded mi rincón a quien quiera ocuparlo,
    y a mí perdedme luego,
    en ese otro lugar en donde nada existe
    y que es más viejo aún que el Paraíso.



    CONSIDERACIONES GNÓSTICAS

    Acerca de este mundo y acerca de su artífice
    cada cual puede servirse a voluntad.
    A fin de cuentas, en asuntos de fe
    y en asuntos de gusto
    quien rige es el capricho.

    Respecto de esta vida y respecto de aquella
    que está al final del lago del olvido,
    que cada cual termine por creer
    lo que le venga en gana.

    (Ya soplan lo bastante malos vientos
    por estos territorios
    como para recomendar a los incautos
    que inventen y que anhelen otros mundos.)

    Sin embargo -sin ser muy perspicaz
    ni malintencionado-, estoy seguro
    de que con poco esfuerzo y con menos talento
    se podría haber hecho de este mundo
    un lugar habitable, y de sus habitantes
    otro pequeño mundo en armonía.

    Un poco más de orgullo en la desgracia.
    Un poco más de fuerza en la desdicha.
    Un poco más de suerte contra el tiempo.

    Como no ha sido así, como nos doblegamos
    y el mal sueño persiste, se me ocurren,
    entre otras muchas cosas, estas dos
    tristes observaciones:
    ...................................si el artífice
    no acertó en este mundo, para qué
    pensar que iba a acertar en el siguiente,
    y que ignoro por qué le han encargado
    trabajo tan difícil
    al más inepto alumno de la clase.



    EL POZO SALVAJE

    Por más que aburras esa melodía
    monótona y brumosa de la vida diaria,
    y que te amansa;
    por más lobo sin dientes que te creas;
    por más sabiduría y experiencia y paz de espíritu;
    por más orden con que hayas decorado las paredes,
    por más edad que la edad te haya dado,
    por muchas otras vidas que los libros te alcancen,
    y añade lo que quieras a esta lista,
    hay un pozo salvaje al fondo de ti mismo,
    un lugar que es tan tuyo como tu propia muerte.
    Es de piedra y de noche, y de fuego y de lágrimas.
    En sus aguas dudosas
    reposa desde siempre lo que no está dormido,
    un remoto lugar donde se fraguan
    las abominaciones y los sueños,
    la traición y los crímenes.
    Es el pozo de lo que eres capaz
    y en él duermen reptiles, y un fulgor
    y una profunda espera.
    En tu rostro también, y tú eres ese pozo.

    Ya sé que lo sabías. Por lo tanto,
    Acepta, brinda y bebe.



    LOS RESTOS DE UN NAUFRAGIO

    A Luis Antonio de Villena

    Unos cientos de libros, una casa en la playa,
    muebles que el corazón fue envejeciendo
    y que hicieron el mundo hospitalario,
    fetiches de algún viaje, talismanes
    que no pudieron nada contra el mundo,
    un puñado de cartas de unos cuantos amigos,
    alguna carta oculta, inconfesable,
    papeles ordenados, papeles sin sentido,
    medicamentos, cuadros, ropa usada
    y ropa por usar, varias cuentas bancarias,
    una viuda aturdida, un automóvil,
    una amante aturdida, un peine con cabellos,
    una caligrafía que ha perdido el pulso de su mano,
    un olor familiar camino de la nada.

    Este es el inventario de los bienes de un muerto,
    y como todo censo y toda lista
    supone un ejercicio de modestia.
    Nuestras cosas, que a veces parecían preservarnos,
    habitarnos el mundo que habitábamos,
    en un golpe de vista se convierten
    en un prolijo catálogo de absurdos,
    rutas desdibujadas de un mapa inexistente,
    pájaros disecados cuyos ojos
    no saben recordar un cielo que ya ha ardido.

    Pedro Casas Serra
    Pedro Casas Serra
    Grupo Metáfora
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    Carlos Marzal (1961- Empty Re: Carlos Marzal (1961-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 04 Abr 2023, 05:45

    .


    De Metales pesados (2001):


    DECREPITUD

    Asilados en una infancia obscena,
    en el exilio de su misma sombra,
    desde un limbo de hielo,
    .......................................derritiéndose,
    los viejos testimonian, sin enigma,
    sobre el enigma viejo de estar vivo.

    Gota a gota en presente, son futuro,
    evanescencia al fin fuera de tiempo,
    que en la fronda del tiempo anda perdida.
    Espectros de la carne en su derrota,
    se acogen al sagrado de la carne,
    que en deserción de sí no los ampara.
    pabilos sin fulgor de inteligencia,
    arden a fuego extinto en su hendidura,
    ascuas de quienes fueron, balbucientes.

    Isla del fin del mundo, conmovidos,
    vemos flotar en pasmo la vejez,
    a la lunar deriva del asombro.
    Nos resulta del todo inconcebible
    nuestra decrepitud, nuestra mudanza
    hasta desconocernos en nosotros
    y en nosotros errar entre lo ajeno.

    Cómo subsiste ciega la energía
    en su impúdico afán de propagarse.

    Madre senilidad, nunca te amamos.
    Madre senilidad, no te amaremos.

    Qué frágil, en su ser, la fortaleza.
    Qué sólido el vivir, de sumo frágil.



    NASCITURUS

    Mientras ocupas de aposento el agua,
    y en el amor del agua te abandonas
    a tu despreocupada travesía,
    como la pompa de un jabón quimérico,
    sin memoria de ti ni de este mundo,
    perteneces al mundo en su memoria,
    porque en la tierra firme alguien te sueña.

    En germen, y ya en marcha,
    en esbozo, y ya en obra,
    .......................................mientras duermes
    en el conjetural jardín de la inocencia
    y al egoísmo del vivir te aplicas,
    eres la historia entera de los hombres,
    metáfora de todo en lo increado,
    ascua de certidumbre en lo imposible.

    Has negado la nada, aun siendo nadie,
    has abrazado el ser, sin ser tú mismo;
    en la fragilidad de tu letargo
    se gesta, inquebrantable, nuestro orgullo,
    nuestro destino en pie,
    nuestra disposición a las alturas.

    Al mecerte
    en tu oquedad marítima, no intuyes
    de qué indómita herencia ya eres dueño,
    de qué furiosa raza formas parte.

    .............Algo que desconoces te ha forjado
    alegre en el dolor, sabia en la noche,
    criatura fluvial,
    ........................allá en tu limbo.



    LOS ALIMENTOS CORPORALES

    Llamar amor a lo que tú y yo hacemos
    es cometer una sensiblería
    indigna de nosotros, que aún somos amantes.
    Eso es mejor que lo hagan los demás,
    aquéllos que precisan aguar un vino fuerte.
    Lo nuestro es un fenómeno distinto,
    sin ningún circunloquio, sin grumos literarios.
    Se manifiesta en el arrastramiento
    recíproco. Consiste en una prospección
    para obtener placer y para darlo,
    un hurto generoso que se ofrece egoísta.
    Es un duro trabajo en las calderas
    de nuestra intimidad, un primitivo
    cerco en torno al castillo de la vida.
    La carne se alimenta de la carne,
    de su mutuo veneno jubiloso.

    Lo que hacemos tú y yo no es el amor.
    A no ser que se entienda por ello un sacrificio
    donde nos ofrecemos a los dioses suicidas
    que habitan en el pozo de nuestra propia sangre.
    Para nombrarlo habría que incurrir
    en palabras que algunos consideran obscenas,
    aunque la obscenidad tampoco lo define,
    porque no pretendemos aleccionar a nadie
    ni sobre el impudor, ni sobre la virtud.
    Lo que mejor explica, sin agotarla nunca,
    la bárbara pureza del deseo recíproco
    es una cacería de animales
    y el hartazgo feliz en que se sacian,
    con los ojos cerrados contra el tiempo,
    en el avaro éxtasis de su feroz banquete.
    Para la bestia octópoda que engendramos tú y yo,
    son una estupidez los términos pacíficos,
    un triste deshonor en la batalla.
    No hacemos el amor, desvalijamos
    con codicia nocturna en la casa del cuerpo.



    COJONES DUROS

    No bastan las veleidades, las furias y los sueños;
    se necesita algo más: cojones duros.

    C.P.

    El extraño artilugio de un poema
    es una imperturbable realidad
    que soporta flemática, sin daño,
    cualquier definición.
    ..................................Es una joya
    que resplandece en sus palabras justas,
    las ágatas pulidas de una lengua.
    Un silogismo para concebir
    el hecho inconcebible de estar vivo.
    Un camarada fiel que cobijamos
    y en la noche del alma nos cobija,
    Una semicorchea en el concierto
    que interpretan los astros infinitos.

    ...............Y es una forma rara de aventura
    que nos conduce hasta un país insólito:
    esa estepa glacial de la emoción.

    Para viajar allí, donde el poema,
    un escritor requiere algunos víveres:
    cierto devoto amor por los difuntos,
    cierto olfato verbal, cierto talento,
    cierta ebanistería del oficio,
    cierto dios sabe qué de inexplicable.

    ...............Y en especial tener cojones duros,
    para no sentir miedo de perderse,
    para el delirio de apostar con fe,
    para adentrase solo en tierra extraña,
    para el forzoso puerto del fracaso.

    Una fuerza moral.
    ..............................Consiste en eso:
    una fuerza moral contra el destino.



    UNA RETRIBUCIÓN ELEMENTAL

    Tejer y destejer con las palabras



    LOS NUESTROS

    Una divisa enferma los agrupa,



    RESURRECCIÓN

    De entre todos los mitos que ha forjado
    el invencible espíritu del hombre,
    para sentir orgullo contra el frío
    y tolerar su noche en esperanza,
    el relato sin duda más sublime,
    la fábula mejor jamás urdida,
    es el anhelo mágico de la resurrección.

    Si una leyenda debe contener
    la esencia de la tribu que supo propagarla
    (esa inquietud sin fin,
    ....................................la determinación inconquistable
    de no rendirse nunca a lo evidente),
    si debe descifrar en poesía
    las adivinaciones más oscuras,
    los designios más hondos con que la humanidad
    trata de comprender lo incomprensible,
    con la resurrección de entre los muertos
    andamos sobre el filo de la navaja abierta,
    hemos tocado el centro de la herida.

    Nada promete tanto, nadie ha dicho
    con una insensatez más arriesgada
    tanta pasión de ser a cualquier precio.
    Que se nos restituya a nuestra carne,
    que se nos vivifique desde el polvo,
    y que se nos arranque de las sombras.

    Nuestra arrogancia debe mirar a las alturas,
    consumirse en grandeza
    por su descabellado pensamiento.
    ¿Tal vez es más difícil regresar que haber sido?
    ¿Acaso la enigmática caída en este mundo
    es menos portentosa que la hipótesis
    de volver a encontrarnos con nosotros?

    Puestos a suponer, el único consuelo
    consiste en apuntar a lo imposible,
    consiste en apostar
    ...............................por lo absoluto.



    EL ORIGEN DEL MUNDO

    A Felipe Benítez Reyes


    No se trata tan sólo de una herida
    que supura deseo y que sosiega
    a aquellos que la lamen reverentes,
    o a los estremecidos que la tocan
    sin estremecimiento religioso,
    como una prospección de su costumbre,
    como una cotidiana tarea conyugal:
    o a los que se derrumban, consumidos,
    en su concavidad incandescente,
    después de haber saciado el hambre de la bestia,
    que exige su ración de carne cruda.

    No consiste tan sólo en ese triángulo
    de pincelada negra entre los muslos,
    contra un fondo de tibia blancura que se ofrece.
    No es tan fácil tratar de reducirlo
    al único argumento que se esconde
    detrás de los trabajos amorosos
    y de las efusiones de la literatura.

    El cuerpo no supone un artefacto
    de simple ingeniería corporal;
    también es la tarea del espíritu
    que se despliega sabio sobre el tiempo.
    El arca que contiene, memoriosa,
    la alquimia milenaria de la especie.

    Así que los esclavos del deseo,
    aunque no lo sospechen, cuando lamen
    la herida más antigua, cuando palpan
    la rosa cicatriz de brillo acuático,
    o cuando se disuelven dentro de la hendidura,
    vuelven a pronunciar un sortilegio,
    un conjuro ancestral.
    ..................................Nos dirigimos
    sonámbulos con rumbo hacia la noche,
    viajamos otra vez a la semilla,
    para observar radiantes cómo crece
    la flor de carne abierta.

    La pretérita flor.

    Húmeda flor atávica.

    El origen del mundo.



    EL CORAZÓN PERPLEJO

    Desventurado corazón perplejo,
    inconsecuente corazón,
    ........................................no dudes.
    No tiembles nunca más por lo que sabes,
    no temas nunca más por lo que has visto.
    Calamitoso corazón,
    ..................................
    alienta.

    Aprende en este ahora
    el pálpito que vuelve con lo eterno,
    para latir conforme en valentía.
    Los números del mundo están cifrados
    en la clave de un sol tan rutilante
    que te ciega los ojos si calculas.
    Ciégate en esperanza,
    ............................errátil corazón,
    suma los números.
    Un orden en su imán te está esperando.

    Desde el final del tiempo se levanta
    un ácido perfume de hojas muertas.
    Respíralo  y respira su secreto.
    Abre de par en par tu incertidumbre.
    No permitas
    que encuentre domicilio la tibieza,
    ni que este inescrutable amor oscuro
    cometa el gran pecado de estar triste.
    Acógete a ti mismo en tus entrañas
    con tu abrazo más fuerte,
    tu mejor padre en ti, tu mejor hijo,
    gobierna tu ocasión de madurez.

    Insiste una vez más
    aspira en estas rosas
    su pútrido fermento enamorado.
    En este desvarío de tu voz
    se desnuda el enigma, transparece
    la recompensa intacta de estar siendo.

    Aquí estamos tú y yo,
    altivo corazón,
    .........................en desbandada.
    A fuerza de caer, desvanecidos,
    y a fuerza de cantar,
    ...................................enajenados.


    CARLOS MARZAL, Sin porqué ni adónde, Renacimiento, 2003.


    Leer un comentario al poema EL ORIGEN DEL MUNDO, de Carlos Marzal: https://www.airesdelibertad.com/t18311-el-origen-del-mundo-de-carlos-marzal-estudio?highlight=Marzal

    cecilia gargantini
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    Carlos Marzal (1961- Empty Re: Carlos Marzal (1961-

    Mensaje por cecilia gargantini Sáb 08 Abr 2023, 14:47

    Me gustaron todos Pedro, pero INVOCACIÓN y Las ENSEÑANZAS DEL DOLOR sentí que tenían un plus.
    Gracias amigo
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    Carlos Marzal (1961- Empty Re: Carlos Marzal (1961-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 09 Abr 2023, 03:39

    Gracias, Cecilia, por tu interés.

    Un abrazo.
    Pedro


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    Carlos Marzal (1961- Empty Re: Carlos Marzal (1961-

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