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    George Orwell (1903-1950)

    Pedro Casas Serra
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    George Orwell (1903-1950) Empty George Orwell (1903-1950)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 22 Ago 2022, 13:04

    .


    George Orwell  Eric Arthur Blair (Motihari, Raj Británico, 25 de junio de 1903-Londres, Reino Unido, 21 de enero de 1950),​ más conocido por su seudónimo de George Orwell, fue un novelista, periodista, ensayista y crítico británico nacido en la India, conocido mundialmente por su novelas distópicas Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949).

    Su obra lleva la marca de las experiencias autobiográficas vividas por el autor en tres etapas de su vida: su posición en contra del imperialismo británico que lo llevó al compromiso como representante de las fuerzas del orden colonial en Birmania durante su juventud; a favor del socialismo democrático, después de haber observado y sufrido las condiciones de vida de las clases sociales de los trabajadores de Londres y París; y en contra de los totalitarismos nazi y estalinista tras su participación en la guerra civil española.

    Además de cronista, crítico de literatura y novelista, es uno de los ensayistas en lengua inglesa más destacados de las décadas de 1930 y de 1940. Sin embargo, es más conocido por sus críticas al totalitarismo en su novela corta alegórica Rebelión en la granja (1945) y su novela distópica 1984 (1949), escrita en sus últimos años de vida y publicada poco antes de su fallecimiento, y en la que crea el concepto de «Gran Hermano», que desde entonces pasó al lenguaje común de la crítica de las técnicas modernas de vigilancia.

    En 2008 figuraba en el puesto número dos del listado de los cincuenta escritores británicos de mayor relevancia desde 1945, elaborado por The Times.

    El adjetivo «orwelliano» es frecuentemente utilizado en referencia al distópico universo totalitario imaginado por el escritor británico.

    Biografía

    Fue hijo de Richard Walmsley Blair, administrador del ministerio del opio del gobierno colonial de la India, y de Ida Mabel Limouzin, nacida en Birmania, de ascendencia francesa. Su antepasado Charles Blair fue un dueño de cientos de esclavos en Jamaica.

    A los dos años se trasladó con su madre y con su hermana mayor Marjorie a Inglaterra y no volvió a ver a su padre hasta 1907, cuando este visitó Inglaterra durante tres meses, antes de partir de nuevo hacia la India. Además, Eric tenía una hermana menor llamada Avril.

    Educación

    En 1909 fue enviado a una pequeña escuela parroquial anglicana en Henley, a la cual había asistido su hermana mayor con anterioridad. Nunca escribió sobre sus recuerdos de aquella época, pero debió de impresionar a sus profesores muy favorablemente, pues dos años más tarde fue recomendado al director de una de las escuelas preparatorias de mayor renombre en Inglaterra por aquellos tiempos, St. Cyprian, en Eastbourne, Sussex. El joven Eric asistió a esta escuela gracias a una beca que permitía a sus padres pagar solamente la mitad de las tasas habituales. Sin embargo, Eric no se sentía a gusto en la escuela St. Cyprian, al menos en lo que se refiere a los métodos de enseñanza y a los profesores. Pese a ello, fue ahí donde consiguió sendas becas para la escuela de Wellington y posteriormente la de Eton, en la cual dice, años más tarde, haber sido relativamente feliz, pues se permitía a los estudiantes una considerable independencia. En este establecimiento hizo amistad con varios futuros intelectuales británicos, como Cyril Connolly, editor de la revista Horizon, en la cual se publicaron muchos de los ensayos de Orwell.

    Experiencia en Birmania y primeras novelas

    Tras culminar sus estudios en Eton, decidió unirse a la Policía Imperial India en Birmania, pues no tenía posibilidades de conseguir una beca universitaria y los medios de su familia no eran suficientes para costear su educación. Tras cinco años como oficial,​ abandonó el cuerpo de policía y volvió a Inglaterra en 1927 habiendo desarrollado un odio hacia el imperialismo que muestra en su primera novela, Los días de Birmania (Burmese Days), publicada en 1934,​ y en ensayos como «Un ahorcamiento» («A Hanging», 1931)6​ o «Matar a un elefante» («Shooting an Elephant», 1936).

    Posteriormente vivió un tiempo en la indigencia, haciendo trabajos de todas clases, tal y como recuerda en Sin blanca en París y Londres (Down and Out in Paris and London), su primera obra importante. Consiguió un trabajo como maestro de escuela pero pronto se vio forzado a abandonarlo por problemas de salud y comenzó a trabajar en una tienda de libros de segunda mano en Hampstead, una experiencia que rememora parcialmente en la novela corta Que no muera la aspidistra (Keep the Aspidistra Flying, 1936).

    En 1928 se trasladó a París, donde vivía su tía Nellie, con la esperanza de forjar su carrera como hombre de letras. Tras algunos intentos fallidos, Eric se vio obligado a trabajar de lavaplatos en el lujoso Hotel X, tal como hace mención en su primer libro, Sin blanca en París y Londres (1933). A fines de 1929, regresó a la casa de sus padres en Southwold, Suffolk, enfermo y sin dinero, y escribió Los días de Birmania (1934).

    Adoptó el seudónimo de George Orwell en 1933. Mientras el autor escribía para el New Adelphi, vivió en Hayes, Middlesex y trabajó como profesor de escuela, adoptó el pseudónimo para no incomodar a sus padres con Sin blanca en París y Londres. Llegó a considerar otros nombres literarios como «Kenneth Miles» o «H. Lewis Allways», antes de decidirse por un nombre que deja traslucir el afecto que siempre había sentido por la tradición y la campiña inglesa: Jorge es el santo patrón de Inglaterra (y Jorge V era el soberano en ese entonces), mientras que el río Orwell, en Suffolk, es uno de los lugares más emblemáticos para muchos ingleses. También pensó que un apellido que empezara con la letra O le daría una mejor posición a sus libros en los estantes de las librerías.

    Como escritor, se sirvió de su experiencia como profesor y de la vida en Southwold para la novela La hija del clérigo (1935), escrita en 1934 en casa de sus padres tras la enfermedad que lo abatía y lo obligaba a ganarse la vida impartiendo clases. De 1934 a 1936 trabajó a media jornada en Booklover’s Corner, una librería de segunda mano en Hampstead. Tras llevar una vida solitaria, quiso rodearse de la compañía de jóvenes escritores. Hampstead era un pueblo intelectual que ofrecía establecimientos destinados al desarrollo de actividades culturales de diversa índole. Estas experiencias se trasladaron a la novela Que no muera la aspidistra (1936).

    Contrajo matrimonio con Eileen O'Shaughnessy​ en 1936, y adoptaron un niño, Richard Horatio Blair. Eileen murió en 1945, durante una operación.

    El camino a Wigan Pier

    A comienzos de 1936, Victor Gollancz, fundador del Left Book Club, instó a Orwell a escribir sobre la pobreza de la clase obrera en el norte de Inglaterra. Su relato, El camino a Wigan Pier fue publicada en 1937. Orwell ejerció como reportero social, tuvo acceso a muchas viviendas modestas para experimentar en las condiciones ínfimas en las que vivía la gente, tomó nota de los ingresos salariales por hogar, y pasó días enteros consultando en la biblioteca por registros de salud pública e informes laborales en las minas. Sin embargo, el autor nunca formó parte activa de asociación o coalición partidista alguna, si bien en vida reconoció sentirse un hombre de izquierdas.

    La primera mitad de El camino a Wigan Pier presenta un compendio de sus investigaciones sociológicas en Lancashire y Yorkshire. Comienza evocando el panorama de las minas de cobre. La segunda parte, en cambio, es un ensayo extenso de sus vivencias y del desarrollo de su conciencia política, incluyendo una denuncia a los elementos irresponsables de la izquierda. Como resultado, el editor Gollancz temió que la última parte pudiera resultar ofensiva para los lectores habituales del Left Book Club, por lo que, sin pedirle autorización, agregó un prefacio a la obra mientras Orwell se encontraba en España.

    Guerra civil española

    Orwell decidió combatir en España con la idea de «matar fascistas porque alguien debe hacerlo».​ Así se lo hizo saber a su amigo Henry Miller en París en las navidades de 1936, quien le intentó convencer de que era «una idiotez». Aun así, no consiguió hacerle cambiar de idea, ya que su decisión estaba basada en la lucha por unos ideales.

    Llegó a Barcelona el 26 de diciembre de 1936 con una carta de presentación del Partido Laborista Independiente (no se afilió al partido hasta junio de 1938,​ tras volver a Inglaterra​) y ese mismo día se alistó y fue asignado como miliciano al Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), de orientación trotskista. Más tarde escribiría que de haber comprendido mejor la situación política en España, se habría unido como miliciano a la Confederación Nacional del Trabajo (CNT).

    En enero y febrero de 1937 combatió en el frente de la sierra de Alcubierre (Huesca). Más tarde, estando de permiso en Barcelona, participó en las Jornadas de mayo de 1937 y tras volver al frente, recibió un tiro en el cuello en las proximidades de Huesca, el 20 de mayo de 1937. Su experiencia le motivó para escribir Homenaje a Cataluña, donde describe su admiración por lo que es identificado como ausencia de estructuras de clase en algunas áreas dominadas por revolucionarios de orientación anarquista. Pero también critica, al igual que Franz Borkenau en su El reñidero español (1937), el control estalinista del Partido Comunista de España y las mentiras que se usaban como propaganda para la manipulación informativa. En 1937, durante la represión del gobierno de Negrín contra el POUM, Orwell relató que estuvo a punto de ser asesinado en Barcelona.

    Su participación en la guerra civil española le marcó para siempre su visión del mundo. En 1946 escribió «La guerra de España y otros acontecimientos ocurridos en 1936-1937 cambiaron las cosas, y desde entonces supe dónde me encontraba. Cada línea en serio que he escrito desde 1936 ha sido escrita, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático como yo lo entiendo».

    Al volver a Inglaterra estuvo ingresado con tuberculosis en un sanatorio, tras lo cual se fue a Marruecos para recuperarse.

    Orwell opinaba que si bien se necesitaba un cambio radical en las sociedades occidentales, y por tanto en los países capitalistas, el estalinismo representaba una amenaza a los principios que lo sustentaban.

    Segunda Guerra Mundial

    Orwell se sustentó escribiendo reseñas de libros para el New English Weekly hasta 1940. Durante la Segunda Guerra Mundial fue miembro de la Home Guard, en donde recibió la Medalla de la Defensa. Sus pensamientos de aquellos años han quedado grabados en su libro Diario de guerra 1940-1942.

    En 1941 comenzó a trabajar para el Servicio Oriental de la BBC, principalmente en programas para ganar el apoyo de la India y el este de Asia a los ejércitos aliados. Era consciente de que su trabajo en esta época era simple y propagandístico, por lo que describe sentirse como «una naranja que ha sido pisoteada por una bota muy sucia». A pesar de los buenos ingresos, renunció en 1943 para convertirse en columnista y editor literario del Tribune, la revista semanal de tendencia izquierdista que entonces dirigían Aneurin Bevan y Jon Kimche.

    En 2015 se reveló, mediante un informe de la inteligencia británica, que Orwell fue vigilado durante alrededor de doce años por la policía de aquel país en vista de su aparente vinculación con movimientos de izquierdas.

    Últimos años

    En 1949 Orwell entregó una carta a una amiga, Celia Kirwan, que trabajaba para una sección del Foreign Office (el ministerio de asuntos exteriores británico), dedicada en esos días a organizar unas conferencias sobre el estalinismo. Kirwan se dirigió a Orwell solicitándole nombres susceptibles de aceptar. Orwell también incluyó una lista de treinta y ocho escritores y artistas que consideró en su momento con inclinaciones procomunistas y que no tendrían intención en participar en dichas conferencias. En la lista, que no fue publicada hasta el 2003, se incluyeron numerosos periodistas —entre ellos el editor del New Statesman, Kingsley Martin— y también a los actores Michael Redgrave, Paul Robeson y Charlie Chaplin.

    En octubre de 1949, poco antes de su muerte, se casó en segundas nupcias con Sonia Brownell. Orwell murió en Londres a la edad de cuarenta y seis años, de tuberculosis, enfermedad que había contraído durante el periodo que describe en Sin blanca en París y Londres. Pasó los últimos tres años de su vida entre hospitales. Poco antes de morir, pide ser enterrado de acuerdo al uso anglicano. Falleció el 21 de enero de 1950. Sus restos reposan en Sutton Courtenay, Oxfordshire.

    Influencias literarias

    Orwell decía que su estilo literario se aproximaba bastante al de Somerset Maugham. En sus ensayos literarios también alaba encarecidamente los trabajos de Jack London, especialmente su libro La carretera (The Road). El descenso de Orwell a la vida de los más desfavorecidos en El camino a Wigan Pier tiene un parecido razonable con La gente del abismo (The People of the Abyss) de London. En otros ensayos Orwell manifiesta su admiración por Charles Dickens, Herman Melville o Jonathan Swift.

    Sexo y homofobia

    La política sexual juega un papel importante en 1984. En la novela, las relaciones íntimas de las personas se rigen estrictamente por la Liga Juvenil Anti-Sexual del partido, al oponerse a las relaciones sexuales, y en cambio, fomentar la inseminación artificial.​ En lo personal, a Orwell le disgustaba lo que él consideraba como puntos de vista emancipadores revolucionarios equivocados de la clase media, expresando desdén por «todo bebedor de jugos de fruta, nudista, persona que usa sandalias, hipersexuales».

    El escritor también estaba abiertamente en contra de la homosexualidad, en un momento en que tal prejuicio era común. Hablando en la Conferencia del Centenario de George Orwell de 2003, Daphne Patai dijo: «Por supuesto que era homofóbico. Eso no tiene nada que ver con sus relaciones con sus amigos homosexuales. Ciertamente, tenía una actitud negativa y cierto tipo de ansiedad, una actitud denigrante hacia la homosexualidad. Ese es definitivamente el caso. Creo que su escritura lo refleja completamente».​

    Orwell usó epítetos homofóbicos tales como nancy y pansy, así como expresiones de desprecio, por lo que llamó el «pensamiento de izquierda» y los «poetas nancy», es decir, escritores e intelectuales homosexuales o bisexuales de izquierda como Stephen Spender y W. H. Auden.​ El protagonista de Keep the Aspidistra Flying, Gordon Comstock, realiza una crítica interna de sus clientes cuando trabaja en una librería, y hay un pasaje extenso de varias páginas en las que se concentra en un cliente masculino homosexual y se burla de él, por sus características de nancy, incluyendo un ceceo, que describe detalladamente y con cierto disgusto.​ Stephen Spender «pensó que las explosiones homofóbicas ocasionales de Orwell eran parte de su rebelión contra la educación pública».

    Obra

    A lo largo de su carrera fue principalmente conocido por su trabajo como periodista, en especial en sus escritos como reportero; a esta faceta se pueden adscribir obras como Homenaje a Cataluña (Homage to Catalonia), sobre la guerra civil española, o El camino a Wigan Pier (The Road to Wigan Pier), que describe las pobres condiciones de vida de los mineros en el norte de Inglaterra. Sin embargo los lectores contemporáneos llegan principalmente a este autor a través de sus novelas, particularmente a través de títulos enormemente exitosos como Rebelión en la granja (Animal Farm) o 1984. La primera es una alegoría de la corrupción de los ideales socialistas de la Revolución rusa por Stalin. 1984 es la visión profética de Orwell sobre una sociedad totalitaria situada supuestamente en un futuro cercano. Orwell había vuelto de Cataluña convertido en un antiestalinista con simpatía por los trotskistas, definiéndose como un socialista demócrata.

    (Sacado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] )


    *


    Algunos poemas de George Orwell, Poesía completa, Visor, 2017, en traducción de Jesús Isaías Gómez López:


    ROMANCE

    Cuando era joven e insensato,
    ....en la lejana Mandalay
    perdí mi corazón por una chica birmana
    ....más hermosa que un sol.

    De piel dorada y cabellos azabache,
    ....con dientes de marfil;
    le dije: "Doncella, por veinte monedas de plata,
    ....acuéstate conmigo".

    Me miró, tan pura, tan triste,
    ....la criatura más preciosa,
    y con su voz virgen, ceceando,
    ....aceptópor veinticinco.



    CUANDO LOS FRANCOS HAYAN PERDIDO
    SU PODER

    Cuando los francos hayan perdido su poder
    con sus soldados masacrados o en desbandada,
    cuando el violador se salga con la suya
    y roja esté la espalda del asesino;
    cuando el último solitario inglés muera
    en las pintadas torres hindúes,
    bajo diez mil ojos ardientes
    en una lluvia de flores sangrientas, o de nuevo
    yéndose más al oeste a la tierra que conocemos,
    cuando la gente haya conquistado sus sueños,
    y bajado la bandera del tirano,
    cuando corra la sangre por los arroyos
    cruzando los desagües de la ciudad de Londres;
    cuando el aire retumbe con el trueno
    y el impacto del trono caído,
    y el chasquido del imperio devastado
    y el gemido del moribundo tirano, cuando, como dije,
    todo esto pase, que tememos así sea.
    O avanzando por la noche de los tiempos
    para contemplar el último final feroz del mundo,
    cuando los pájaros caigan de los cielos,
    y la hoja del árbol esté negra,
    cuando todas las criaturas de la tierra mueran,
    y se cubran los mares de hielo;
    cuando los soles y las lunas en su trayectoria
    se detengan en un frío aliento,
    y la rueda del día y la noche
    se atasquen en la libertad de la muerte;
    cuando el esfuerzo de mil años
    se pierda en un segundo de tiempo;
    cuando las esperanzas se hayan ido con los miedos
    y la plegaria presumida sea como la rima;
    cuando los dioses hayan pasado a la historia
    y la Muerte muera con los otros,
    cuando las estrellas desoladas queden para siempre y ¡sí!
    colgadas de los cielos de negro azabache, - oh, queridos hermanos
    ¿acaso no es horrible contemplar
    estos grandes males que asolarán el mundo
    cuando hayamos muerto y ya no nos incordien?
    ¿No serán peores estas desgracias futuras que las nuestras?



    MI AMOR Y YO PASEÁBAMOS POR LA OSCURIDAD

    Mi amor y yo paseábamos por la oscuridad
    de muchas fragantes noches de junio;
    mi amor y yo comentábamos
    lo amarilla que era la luna menguante,
    lo amarilla que era la luna.

    Mi amor y yo paseábamos bajo el sol
    de muchos dorados días estivales;
    mi amor y yo anunciábamos
    el dulce olor del heno,
    el dulce olor del heno.

    Y todo a través de aquel agradable instante,
    cuando la vida y la tierra parecían tan bellas,
    mi amor y yo a menudo sonreíamos
    al pensar cuán felices éramos,
    cuán felices éramos.

    Pero ahora, entre una y otra cosa,
    ya somos sabios y viejos, parece
    que mi amor y yo nunca nos molestamos
    en hablar de aquellos temas de antaño.
    Aquellos vagos temas de antaño.

    Los soles y las lunas son casi iguales,
    pero todos sus dorados encantos han pasado,
    y ella y yo miramos atrás avergonzados
    al pensar en todas las cosas que dijimos,
    las tonterías que dijimos.



    JOHN FLORY
    Nacido en 1890
    Muerto por la bebida en 1927

    Aquí yacen los huesos del pobre John Flory;
    su historia era una historia muy antigua.
    Dinero, mujeres, cartas y ginebra
    fueron las cuatro cosas que se lo cargaron.

    Sudó tanto como para nadar
    haciéndoles el amor a estúpidas mujeres;
    conoció el paso de la miseria al pensar
    en el sombrío arte de la bebida.

    Oh forastero por aquí de travesía
    que lees esta bienvenida, no derrames ni una lágrima
    pues toma el único regalo que te doy
    y aprende de mí cómo no hay que vivir.



    UN HOMBRE VESTIDO Y UN HOMBRE DESNUDO

    Un hombre vestido y un hombre desnudo
    estaban en la chimenea de la posada,
    mirando las tiznadas cazuelas
    borboteando en el metal;

    y subiendo y bajando la puja,
    regateando en el trato,
    piel desnuda por piel vacante,
    ropas por comida.

    "Son diez chelines", dijo el hombre vestido,
    "estas botas cuestan casi una libra,
    este abrigo es también una manta
    cuando te echas a dormir en el suelo helado".

    "Un dolar", dijo el hombre desnudo,
    "y eso es un cerdo muy caro;
    he visto a un hombre quitarse la camisa
    por un pitillo y una jarra de cerveza".

    "Ocho chelines y medio", dijo el hombre vestido,
    "y el trabajo de toda mi vida es tuyo,
    todo lo que haya ganado al final de mis días
    como temporero de granja en granja;

    nabos, manzanas, lúpulos y guisantes,
    y el albergue en tiempos difíciles,
    cincuenta años de temporero de granja en granja
    por estas ropas que llevo a mis espaldas".

    "Toma siete", dijo el hombre desnudo,
    "hace frío y los albergues están cerrados;
    mejor quedarse aquí desnudo en la posada
    que vestido en Lambeth Cut".

    "Una moneda más", dijo el hombre vestido,
    "una moneda y ni media palabra,
    me desprendo de mi abrigo de cazador de ratas
    y de mis pantalones de aterciopelada pana;

    Ahora sácame la camisa por la cabeza,
    desnudo estoy de los pies a la coronilla,
    pues este es el remate de cincuenta años
    de temporero de granja en granja".

    En un minuto ya habían hecho el trato,
    y los dos cumplido su voluntad;
    un hombre vestido y otro desnudo
    junto a la chimenea de la posada.



    EN UNA GRANJA EN RUINAS JUNTO A LA FÁBRICA
    DE GRAMÓFONOS DE LA VOZ DE SU AMO

    Aquí ante la puerta musgosa
    entre dos mundos opuestos,
    a la izquierda los negros y yermos árboles,
    las pocilgas vacías, los establos son

    armazones derrumbados, y a la derecha
    las torres de las fábricas, blancas y claras
    como lejanas ciudades rutilantes vistas
    desde la borda de un buque, mientras yo aquí estoy,

    siento una aguda punzada,
    mi enfermedad mortal; que doy
    mi corazón a los débiles y hueros fantasmas,
    pues con los vivos vivir no puedo.

    El ácido humo ha arruinado los campos,
    y tostado las pocas flores vencidas por el viento;
    mas allí, donde el acero y el cemento se elevan
    como vertiginosas torres geométricas,

    allí, donde las picudas gruas van arrasando,
    giran las grandes ruedas, y los trenes rugen
    como fuertes, cabezudas bestias de acero,
    allí está mi mundo, mi hogar; ¿pero por qué

    me resulta tan ajeno? Pues ni puedo
    habitar este mundo ni volver de nuevo
    a la espada y la guadaña, sino solo merodear
    entre los árboles por el humo asesinados.

    Pues cuando los árboles jóvenes eran, los hombres aún
    elegir su camino podían, el alma alada,
    no maldita por dobles dudas, volar podía,
    como flecha al blanco previsto;

    y quienes planearon esas altísimas torres,
    ellos también han liberado su espíritu;
    a ellos tu rutilante mundo traerles puede
    la fe, y el establecido destino;

    Pero a mí no me vale mientras estoy aquí
    entre dos mundos, en ambos sentidos rotos,
    que siguen inmóviles, como el asno de Buridán
    entre la avena y el agua.



    ¡QUÉ FELIZ PÁRROCO PODRÍA HABER SIDO1

    ¡Qué feliz párroco podría haber sido
    hace doscientos años!,
    para predicar sobre la perdición eterna
    y ganarme las habichuelas;

    pero ¡ay!, en malos tiempos nacido,
    perdí ese dulce refugio,
    pues ya tengo pelo por encima del labio
    y todo el clero va bien afeitado.

    Y hasta después eran los tiempos buenos,
    éramos tan fáciles de complacer,
    que mecíamos nuestras tribulaciones para dormir
    en el regazo de los árboles.

    Tan ignorantes osábamos admitir
    las alegrías que hoy ocultamos;
    el verderón en la rama del manzano
    a mis enemigos hacer temblar podría.

    Pero las barrigas y albaricoques de las muchachas,
    la bermejuela en el sombreado arroyo,
    los caballos, y los patos volando al amanecer,
    todos ellos un sueño.

    Está prohibido soñar de nuevo;
    mutilamos nuestros gozos o los escondemos;
    los caballos están hechos de acero cromado
    que montados serán por hombrecillos gordos.

    Yo soy el gusano que nunca se defendió,
    el eunuco sin harén;
    entre el cura y el comisario
    voy caminando como Eugene Aram,

    y el comisario va leyendo mi suerte
    mientras se oye la radio,
    pero el cura ha prometido un Austin Siete,
    pues Duggie siempre paga.

    Soñaba que moraba en salones de mármol,
    y me desperté para ver que era verdad;
    yo no nací para esta época;
    ¿nació Smith? ¿Nació Jones? ¿Naciste tú?



    EL SOLDADO ITALIANO ME ESTRECHÓ LA MANO
    (Otoño de 1942)

    El soldado italiano me estrechó la mano
    en la mesa del cuartel;
    una mano fuerte y la otra delicada
    nuestras palmas solo aptas

    para encontrarse con la artillería,
    pero ¡ay!, qué paz sentí
    al fijarme en su magullado rostro,
    ¡más puro que el de una mujer!

    Pues las palabrotas que a mí me hacen vomitar
    veneradas eran en sus oídos,
    y él nació sabiendo lo que yo aprendí
    en los libros y lentamente.

    Los cañones traicioneros contaron sus historias
    que los dos aceptamos,
    pero mi lingote de oro era de oro,
    ¡oh!, ¿quién se lo hubiera imaginado?

    ¡Que la suerte te acompañe, soldado italiano!,
    aunque el valiente no la precise.
    ¿Qué te devolvería a ti el mundo a cambio?
    Siempre menos de lo que tú le diste.

    Entre la sombra y el fantasma,
    entre el rojo y el  blanco,
    entre la bala y la mentira,
    ¿dónde te meterías?

    Porque, ¿dónde está Manuel González
    y dónde Pedro Aguilar?
    ¿Y dónde Ramón Fenellosa?
    Los gusanos saben donde están.

    Tu nombre y tus gestas se olvidaron
    antes que tus restos mortales,
    y la mentira que te mató yace
    bajo otra mucho más grande.

    Pero lo que yo vi en tu rostro
    no hay poder que te lo pueda confiscar:
    jamás habrá bomba en el mundo que romper pueda
    el espíritu del cristal.



    DE UN NO COMBATIENTE A OTRO
    (Carta a Obadiah Hornbrooke)

    OH poeta que te pavoneas tras los sacos de arena del portal
    de ese mundillo donde los charlatanes ejercen su profesión,
    y las nuevas "escuelas" se creen inmortales,
    como el caballo que tira del carro de su matarife.
    Oh, capitán de una camarilla de trepas,
    entrenados en las prácticas del panfletista,
    donde los eslóganes sirven para pensar y la burla para contestar.
    Has elegido bien el momento de tu aparición
    y te tapas la nariz en un mundo horroroso
    como el Doctor Bowdler al pasear por Gomorra.

    En los días del Left Book Club cuán astutamente te colabas,
    pero cuando "Paremos a Hitler" perdió su viejo encanto
    saliste a la palestra con un halo de Woolworth
    a sacar partido de la respuesta antibelicista;
    esperaste hasta que los Nazis dejaran de asustar,
    y entonces, escogiendo un público amistoso gritaste: "¡Qué vergüenza!"
    como un Prometeo desafiaste el rayo,
    pero sin agallas para firmarlo.
    Eres todo un poeta, pero como santo y mártir
    todo un fraude, como el Pacto Atlántico.

    Tienes las manos tan limpias como las de Poncio Pilatos,
    pero lo mismo que las "sangrientas cabezas", solo una metáfora.
    Las sangrientas cabezas están en islotes del Pacífico,
    en las estepas rusas o en las playas libias, mejor será
    para la salud ser un objetor de conciencia que combatiente,
    para marcar la acera no hacen falta agallas,
    vale con ser escritor y quedarse en casa
    mientras otros talentos se marchitan en los barracones Nissen.
    "Vivimos como leones", sí, como un león
    mantenido con sobras en una sólida jaula de hierro.

    Pues mientras tú escribes los buques de guerra te van cercando
    y escuadrillas de bombarderos espantan a los ruiseñores,
    y cada bomba caída es una libra para ti
    y los que como tú engordáis vuestras ventas con los rivales
    mudos o muertos,
    ya sea en Túnez o en la BBC,
    y en la apacible libertad de esta isla
    puedes gritar que Inglaterra no es libre.
    Hasta te echan monedas, como las bananas a los monos,
    por gritar "¡Paz!" protegido de las armas.

    En el diecisiete para rechazar a la puta fisgona
    que te dio el título de cobarde hacía falta tener morro,
    pero ahora que todo escritor se hace con su huequito
    dentro de su camarilla de mutuos admiradores,
    ¿a quién le importan los epítetos lanzados en los zepelines?
    ¿a quién le importa que lo declaren cobarde?
    Las pandillas de maricas son un mundo,
    cómodas y calentitas en todos los ambientes.
    En un mundo así es fácil "objetar",
    pues eso es lo que tus amigos y enemigos de ti esperan.

    A veces es hasta un paso arriesgado
    no objetar: lo sé, he salido escaldado.
    En el cuarenta escribí que de hacer falta
    lucharía para evitar la entrada de los nazis en Gran Bretaña.
    ¡Hostias!, ¡cómo se escandalizaron los maricas! Dos años después
    seguía yo con el sambenito. Uno tuvo el descaro
    de escribir tres páginas llamándome "traidor",
    qué crimen tan sucio es amar al país de uno.
    ¿Y dónde está el marica que me consideró tan peregrino
    para escribir estantes de libros en honor a la sodomía?

    Tu juego es fácil y tus reglas claras:
    Fingir que la guerra empezó en el treinta y nueve,
    no hablar de China, Etiopía o España,
    no hablar de los polacos salvo para llamarlos cerdos;
    llorar desoladamente cuando bombardeamos una ciudad germana,
    no preocuparse en absoluto cuando machacan a los checos,
    derramar por la India unas lagrimitas por cumplir
    mas sin preguntar qué está pasando en Oriente;
    no hablar de los judíos, en fin, fingir que la guerra es
    simplemente un chanchullo "bien urdido" por los tories.

    De cuando en cuando escupes una palabra
    del rollo "antifascista", para quedar de maravilla,
    y entonces sigues para demostrar que da igual
    si los zepelines o los nazis mantienen el mundo en cautiverio,
    y que quienes "apoyamos" la guerra
    somos sádicos o bandidos o patriotas
    amantes de tambores y cornetas, pero
    más interesados en los favores de Brendan Bracken,
    o tontos que creen que las bombas traen de vuelta a los muertos,
    algo que ni Harris jamás dijera.

    Si por ti fuero se lo dejaríaamos a los rusos
    y seguiríamos vendiendo nuestro acero a Hiter.
    Y mientras, salvas tu alma, y entretanto,
    obtienes un crédito a largo plazo con la guerra,
    pues tras la guerra mengua la pasión,
    se ríen de los muertos, y ahí brillas tú,
    tú en el ojo del huracán,
    tú casi volverías al treinta y nueve,
    allí al entrañable y viejo juego de seguirle el rollo al amiguete
    con dulces reseñas financiadas por la mano de obra indígena.


    Pero tú no le gritas a Stalin, eso "no se hace",
    solo a Churchill. No deseo  alabarlo,
    con gusto le dispararía tras ganar la guerra,
    o ahora, si hubiera alguien para reemplazarlo.
    Pero a diferencia de otros, le pagaré mi deuda.
    Hubo un tiempo en que los imperios se derrumbaban como casas
    y algunos maricas a los que tu poema hacía tanta gracia
    contentos besaban los pies de Churchill
    ¡Hostias! ¡Como polluelos de un día
    se acurrucaban a su mamá polla!

    No me va "el combate en la playa",
    y mucho menos el rollo de la "meseta ventosa"
    casi nunca escucho los discursos de Churchill,
    pero antes oiría todas sus chorradas
    que tus comentarios, hace como un año,
    de que si los nazis llegaban te someterías
    y pacíficamente "aceptarías el statu quo",
    ¡Tal vez tú! Pero yo tengo el derecho de preguntarme
    qué sería mejor en el futuro:
    ¡"Sangre, sudor y lágrimas" o "besarles el culo a los nazis"?

    Pero tu objetivo central es el locutor de poca monta,
    el parlanchín motivador comprado, él es un objetivo seguro,
    porque está mal visto y no puede contraatacar.
    No hace falta el ojo de un detective
    y echar un vistazo por Porland Place para pillar a las putas,
    pero hay hombres (admito que no los más escuchados)
    con el doble de tu talento y el triple de tu valor,
    que hacen el trabajo sucio porque hace falta,
    no a ciegas sino por razones que pueden justificar,
    y sentados se quedan esperando y dando al traste con su talento.

    Toda propaganda es mentira, la tuya o la mía,
    es mentira mientras los hechos no sean veraces.
    Eso  va por Goebbels o la "línea oficial del partido",
    o por la Liga del Camino de Rosas o el PPU.
    Pero hay mentirijillas que pueden ser buenas para la verdad,
    y sucias mentiras que los escrúpulos pueden maquillar,
    debanarte los sesos con la guerra puede requerir más valor
    que eludir la realidad y vivir a cuerpo de rey en las nubes,
    qué mezquino es cuando otros hombres mueren,
    pero cuando tú mientes, mientes de verdad.

    Hay van trece estrofas, y tal vez estés perplejo
    de saber porqué te he atacado, pues he aquí la razon:
    porque todos tus enemigos están muertos o amordazados,
    tú ni siquiera te metiste con uno que pudiera replicar.
    Tú has acaparado toda la atención y aireado tus virtudes,
    mientras lanzabas cuscurros a las facciones peligrosas,
    la Izquierda te aclamará y la Derecha no te tocará,
    ¿qué arriesgaste? Ni un pleito por difamación.
    Si hubieras de mostrar el santo material del que estás hecho,
    ¿por qué no atacas a esas camarillas que realmente temes?

    Denuncia a José Stalin, abuchea al Ejército Rojo,
    insulta al Papa, de allí alguna réplica recibirás,
    qué honorable es, aun siendo de chiflados,
    pisotear a la gente por todas partes sin importarte.
    Pero para el santurrón y héroe cauto,
    con la cabeza a salvo, nunca "agachada",
    mi admiración está por debajo del cero.
    Así, mis últimas palabras serían: cae de esa nube,
    desmonta esas alas que ni se atrevieron a revolotear,
    y cambia esa halo de santidad por una jarra de cerveza.



    MEMORIAS DEL BLITZ

    No fue el afán de conocimiento
    solo la casualidad de la guerra,
    lo que me guió en el estudio musical
    del ronquido masculino y femenino.

    Aquella noche en el refugio público
    con bancos duros como piedras,
    adonde hui sacado de la cama
    por fulminantes bombas.

    ¡Ay! El zumbido del avión
    y la estruendosa réplica del cañón,
    y las tazas de té al alba
    ¡cuando las llamas superaban al sol!

    De eso  hace ya mucho,
    unos tres años,
    y ya han desaparecido hasta las máscaras antigás,
    no te podría decir con claridad

    lo que puede quedar por lamentar
    en una época de matanza aleatoria,
    cuando las ventanas no tenían cristal
    y por las aceras corría el agua.

    Pero las armas ahora tocan otra melodía,
    y los sacos de arena son tres años más viejos.
    La nieve ha besado la carne
    de los huesos del soldado alemán.

    El zedpelín lleva un parche en el morro,
    las verjas están en la fundición.
    Solo el fantasma y el gato
    duermen en el refugio antiaéreo.

    Pues la canción que cantan las sirenas
    se ha perdido en una historia muy manida,
    y la casa donde el contable colegiado
    muriera, con gloriosos titulares,

    es solo un manojo de adelfas
    donde comparto mis penas
    con la abandonada bañera
    y el bígamo gorrión.



    EL DÍA DE SAN ANDRÉS

    Cortante y amenazante el viento barre
    los ya desnudos chopos arqueados,
    y las negras trenzas de las chimeneas
    caen en picado; azotadas por el aire.

    Rasgados los carteles aletean; ruido frío
    de estrépito de trenes y cascos de caballos,
    y de oficinistas que apresurados a la estación
    otean, tiritando, el cielo sobre los tejados de levante.

    Todos piensan: "¡Ya está aquí el invierno!
    ¡Dios mío, que no pierda mi empleo este año!".
    Y, pesarosos, mientras el frío, cual lanza helada,
    les atraviesa las entrañas,

    piensan en el alquiler, los impuestos, los abonos de temporada,
    en los seguros, la calefacción, el sueldo de la criada,
    en los zapatos, los colegios y en la siguiente letra
    de las dos camas de los almacenes Drage.

    Pues si en los ociosos días estivales
    putañeamos en la alameda de Astarot,
    hoy, arrepentidos bajo el frío viento,
    nos arrodillamos ante el verdadero señor.

    El señor de todo, el dios-dinero,
    señor de nuestra sangre, mano y cerebro,
    que nos da un techo contra el viento
    y nos da lo que después se lleva.

    Con celoso y atento afán vigila
    nuestros pensamientos, sueños y secretos,
    elige nuestras palabras, nos corta las ropas,
    y traza el mapa de nuestros días;

    Hiela nuestra cólera, frena nuestras esperanzas,
    compra nuestras vidas con simple calderilla,
    y nos reclama, como tributo por infieles,
    ahogar el gozo y acatar el insulto.

    Él encadena la chispa del poeta,
    la fuerza del peón, el honor del guerrero,
    y nete el bruñido y hostil escudo
    entre el novio y la novia.



    BESTIAS DE INGLATERRA

    ¡Bestias de Inglaterra, bestias de Irlanda!
    ¡Bestias de todas las tierras y climas!
    ¡Oíd mis buenas nuevas
    de un próspero futuro!

    Tarde o temprano llegará el día
    en que el Hombre Tirano sea derrocado,
    y los fértiles prados de Inglaterra
    solo por las bestias sean hollados.

    De nuestros hocicos se esfumarán las argollas,
    de nuestros lomos caerán los arreos,
    el bocado y la espuela oxidados quedarán
    y el cruel látigo nunca más chasqueará.

    Más ricos que la mente imaginar pudiera,
    el trigo y la cebada; la avena y la paja,
    el trébol, la haba y el forraje
    serán solo nuestros el día señalado.

    Radiantes lucirán los prados de Inglaterra
    y más puras sus aguas manarán,
    más suave su brisa soplará
    el día de nuestra libertad.

    Por ese día todos hemos de bregar,
    aunque la muerte nos impida verlo.
    Caballos y vacas, gansos y pavos,
    ¡todos a bregar por la libertad!

    ¡Bestias de Inglaterra, bestias de Irlanda!
    ¡Bestias de todas las tierras y climas!
    ¡Oíd y difundid mis buenas nuevas
    de un próspero futuro!


    GEORGE ORWELL, Poesía completa, Visor, 2017, en traducción de Jesús Isaías Gómez López.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 24 Ago 2022, 14:49

    ESTUPENDA EXPOSICIÓN.

    GRACIAS, PEDRO.


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    Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 25 Ago 2022, 02:55

    Gracias por tu interés, Pascual. Orwell escribió poesía, pero de mucho interés dado su grado de compromiso con su tkiempo.

    Un abrazo.
    Pedro


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    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 01 Ago 2023, 09:07

    .


    Otros poemas de George Orwell:

    QUERIDO AMIGO: PERMÍTEME UN MOMENTO

    ¿Querido amigo: permíteme un momento
    hablar sin esas presuntuosas e idealistas mentiras
    donde solemos ahogar nuestros pensamientos hasta
    creérnoslas nosotros mismos. Oye pues, primero,
    que no todos los gritos de veinte mil víctimas
    aplastadas por las ruedas o sumergidas en aceite hirviendo
    serían peores para mí que un dolor de muelas;
    y, segundo,  me da igual lo que pase
    cuando yo me vaya, aunque los reyes y la gente se pudran,
    aunque la vida misma envejezca; me da igual
    aunque todos los ríos y mares estén ensangrentados;
    me da igual si diez miríadas de estrellas en llamas
    llueven sobre la tierra y la abrasan hasta hacerla una roca;
    me da igual si Dios muere. // Y porque
    francamente, lo veas como lo veas,
    esta vida, esta tierra, este tiempo me sobrevivirán,
    y eso es lo único que me importa.



    SUGERIDO POR UN ANUNCIO DE DENTÍFRICO

    ¡Cepíllate los dientes arriba y abajo, amigo,
    ¡Oh! ¡Cepíllatelos arriba y abajo!
    Todas las gentes de la ciudad de Londres
    se cepillan los dientes arriba y abajo,
    ¡OH! ¡Y cómo brillan!
    ¡Jodidamente bellos!
    De día y de noche, mi amigo,
    ¡Oh! ¡Cepíllatelos arriba y abajo!



    EL MENOR DE LOS MALES

    Vacíos como la muerte y lentos como el dolor
    pasaban los días perezosos;
    y la semana del cura había vuelto
    mientras bajaba por la callejuela.

    Fuera, llamaban las palomas cansadas,
    el sol abrasaba los bancos de lodo;
    dentro, viejas doncellas aullaban
    un triste cuento de sangre y espinas.

    Pensé en todas las campanas de la iglesia tocando
    en pueblos que la gente cristiana llenaba;
    oí las devotas doncellas cantando;
    me volvía a la casa del pecado.

    La casa del pecado era cutre y oscura,
    rodeada la puerta de marchitas flores,
    que escupían su jugo de betel por
    los podridos bambús del parqué.

    ¿Por qué -gritó la mujer-
    no vienes más a mi dulce cama?
    Si yo no iba, moría su alma,
    y diez rupias yo le daba.

    Pasaron las semanas, y muchos días
    y aquella mujer de negros cabellos me suplicó
    cuando fui a visitarla
    ir más veces que antes.

    Los días fueron pasando como caídas hojas marchitas.
    Y la semana del cura llegó de nuevo.
    Otra vez las devotas viejas doncellas aullando estaban
    sus feas rimas de muerte y pena.

    Callejuela abajo me encaminé
    allí donde me esperaba la mujer;
    y recordando su grasiento cabello,
    me metí en la casa de Dios.



    POESÍA EN PROSA AL ESTILO DE T.S. ELIOT,
    DE 1984

    ¿Estaban ahí siempre esas vistas de destartaladas casas decimonónicas
    con las esquinas apuntaladas con vigas de madera,
    las ventanas tapadas con cartones y los tejados de chapas de hierro ondulado,
    y las ruinosas tapias de los jardines combadas por todas partes?;
    ¿y esos solares bombardeados donde el polvo del yeso se arremolinaba con el viento?;
    ¿y las adelfas rezagadas sobre montones de cascotes?;
    ¿y los sitios donde las bombas despejaron un área grande
    y allí surgieron sórdidas colonias de chabolas de madera como gallineros?
    Pero fue inútil. Él no podía acordarse:
    Ya de su infancia nada quedaba
    salvo una sucesión de escenas muy luminosas,
    sin ningún trasfondo
    ininteligible casi.


    GEORGE ORWELL, Poesía completa, traducción de Jesús Isaías Gómez López, Visor 2017.


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    Mensaje por cecilia gargantini Mar 01 Ago 2023, 15:31

    Otro autor con el que me sucede lo mismo...conocía y las he trabajado "Rebelión en la granja" y "1984"; pero desconocía su obra poética.

    "El menor de los males" es bastante impactante.

    Gracias Pedro por traer estos versos!!!!!
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    George Orwell (1903-1950) Empty Re: George Orwell (1903-1950)

    Mensaje por Amalia Lateano Mar 01 Ago 2023, 15:41

    Un gran autor, su obra poética no la conocía, solamente

    "1984", la claustrofóbica fábula del totalitarismo de George Orwell, todavía produce impacto.
    En primer lugar, porque reconocemos lo que describe.

    El doble pensamiento, mantener dos ideas contradictorias al mismo tiempo; La Policía del Pensamiento; el Ministerio del Amor, que se ocupa del dolor, la desesperación y aniquila a todo disidente; el Ministerio de la Paz que desata la guerra; las máquinas dedicadas a escribir novelas que producen pornografía con la que sobornar a las masas.

    Orwell nos abrió los ojos a cómo funcionan los regímenes totalitarios.

    Pero hoy podemos hacer una lectura diferente de "1984", con una aprehensión ansiosa y utilizando la obra para medir hasta qué punto nosotros, nuestras naciones y el mundo nos hemos situado en la carretera al infierno que describió el escritor británico.

    Me complace leerte!!
    Besos
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    Mensaje por cecilia gargantini Mar 01 Ago 2023, 15:47

    Sí, Amalia. Totalmente de acuerdo con el análisis de "1984". Besosssssssssss
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    Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 02 Ago 2023, 03:20

    Gracias, Amalia y Cecilia, por vuestros comentarios. No se puede negar, Amalia, que Orwell se avanzó a su tiempo describiendo un futuro en el que nos encontramos inmersos. ¡Me gusta ese hombre!

    Un abrazo.
    Pedro


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