Aires de Libertad

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    José Barroeta (1942-2006) Empty José Barroeta (1942-2006)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 22 Ago 2022, 03:57

    .


    José Barroeta  (Pampanito, Trujillo, 1942-2006), conocido como Pepe Barroeta, fue un ensayista, abogado, profesor y poeta venezolano.

    Biografía

    Graduado como Abogado y Doctor en Literatura Iberoamericana, se desempeña como profesor del área de Literatura Hipanoamericana y Venezolana en la Escuela de Letras de la Universidad de Los Andes. Figura destacada en la creación literaria venezolana, participó como miembro de los grupos literarios "Tabla Redonda", "En Haa", "Trópico Uno", "La Pandilla Lautréamont", "Sol cuello cortado" entre otras. Lubio Cardozo en su "Estructura Lírica de José Barroeta", que sirve de prólogo a la antología "Obra poética 1971-1996", señala el carácter fáustico que acompaña su obra postrimera "Culpas de Juglar", y cómo el lenguaje ódico "se ha creado de una adusta melancolía" en la cual el poeta ya no celebra ser el "gran príncipe silvestre de los bosques y ríos de la adolescencia" sino un "rey que rememora". José Barroeta, poeta de entrañable riqueza lírica, supo representar como ningún otro al hombre mitad rural mitad urbano. La pérdida de la aldea originaria, la muerte que es subvertida por el sueño y la remembranza. El tiempo inmóvil en el que el poeta parece permanentemente encontrarse y la búsqueda de paraíso extinto a través del amor, la locura y el sueño. Su obra poética fue recopilada en "Obra Poética 1971-1996" por Ediciones "El otro, el mismo", Rectorado de la Universidad de los Andes en 2001.

    ( Sacado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] )


    *


    Algunos poemas de José Barroeta, de su obra Todos han muerto, 1971:


    UNA RUSA

    A Luis Camilo Guevara
    y Víctor Valera Mora


    Tania Voroshilov
    es la rusa a quien hablo soñando.
    El oso de sus pies me seduce y vuélvese nieve
    todo el amor.
    Todo ha sido soñar y recorrer con ella
    la estepa,
    todo ha sido echarme en las flautas
    de su cabeza.
    Todo el cuerpo de Tania Voroxhilov lo he conseguido
    soñando.
    Al apagar la luz de mi cuarto ya lo tengo,
    cerca de mí, en Leningrado. Y en las aceras de la ciudad
    que lleva el nombre del gran jefe,
    Tania Voroshilov baila desnuda. Me entrega su iluminado sexo
    en forma de alcohol.
    Tania Voroshilov es como el nombre de mis lecturas
    de los quince años. Allá en la mesa de aldea que humedece
    la lluvia,
    la foto del camarada Lenin se confundió entre libros
    y yo esquié sobre su helada y calva cabeza, siempre tomado
    de la mano de Tania Voroshilov.



    SENOS

    Tus senos locos
    como el descubrimiento de América.
    Bienaventurados como la Pinta, la Niña
    y la Santa María.

    Tus dos senos hechos de láminas de barcos
    y de hélices en vibración.
    Hermosos como la conquista del espacio.



    AMAPOLA

    Cuando me encuentre con el sucio otoño y el paño
    primaveral.
    Cuando estés tú desnuda sobre los cráneos que amaron
    y los fervientes estemos muertos,
    y las hojas sean mías sobre esa colina. Oh, amapola.
    Cuando mi alma atraviese la Estigia y mi memoria teja ruidos
    en el vacío.
    Cuando tú y yo amapola
    conozcamos a Vivaldi y a Enrique Ibsen. Y yo duerma sobre ti
    y tú sobre mí. Oh, amapola,
    Oh dulce y bella flor mía.



    MERCADOS

    En las mañanas cuando la niebla fue gris
    tomábamos el taxi.
    Cuando los otros amantes
    tendían sus besos y no había comenzado el sol,
    pasábamos la iglesia
    y se abrían nuestros cestos a las frutas.
    Cuando niño yo las recogía,
    te daba las de tu preferencia
    y en retribución me obsequiabas ciruelos.
    Son hermosas en manos del viejo,
    hermosas como tus dientes a esta hora de la mañana.
    Te  narraba la historia de cada fruta
    y sentía junto a ti el olor de los campos
    bajo planchones de zinc.



    ALUCINACIÓN

    Ni siquiera he pensado en derribar a Junio.
    Hay una sonrisa
    que trae de la noche una canción.
    Todo tan triste
    un viejo barco que se lanza al mar
    un sable frío en la cabeza de la lluvia
    una sola mancha en el paisaje de invierno.
    Un desprendimiento,
    yo y mi niña de cuatro noches
    asombrados por el vaho de la sidra
    asustaditos tras una vasija de vinagre.
    Dos corazones que caen bajo el granizo de la noche
    y nada más.
    Cuatro pies marchando en las boca-calles.



    COMPLICIDAD

    Es mejor destruir el pasado
    que no quede imagen
    que no haya siluetas
    y seamos tú y yo fuera de todo círculo.
    Que exista solo una maniobra
    una razón que nos parta
    una multitud que nos reproche
    sin sabernos los escogidos.
    Que la pasión se borre girando
    y no sepa de su derrota.
    Que no exista una queja
    o una bóveda acallando tu cuerpo.



    HOY QUE COMIENZO A VIVIR

    Algo marchará mal
    para que sea así la vida. Algo que no es el resplandor
    ni el Cristo.
    Un brebaje,
    ansioso como el rocío en vuestros campos de sangre,
    lleva lo que no siendo música del espíritu, arrástrame
    piadoso a la muerte.
    Qué bello es el mal de hoy. Cuando la caída de sus pestañas
    no regocija.
    El viento adulto me festeja entre árboles grandes.
    Precisamente hoy que comienzo a vivir
    otro fracaso me aguarda.



    TESTIMONIO IV

    De nada vale iniciarse.
    Sobre los árboles golpea el viento. Recuerdo:
    siendo aún muy niño, me llevaban a los campos a recolectar
    flores, flores blancas abiertas en la colina.
    Mi aldea era pobre. Sus viejas casas y un molino donde jugaba vibran.
    Lejano
    soy el dueño de la hierba donde me escondía.



    FUEGOS

    La casa quedó junto al río hecha trizas. El sueño de mi padre
    se convirtió en polvo. Los árboles caían como espejos y los hombres
    corrían con cubos grandes. Las mujeres lloraban rodeando a mi
    madre. Eglé y yo contemplábamos los fuegos y sus ojos, más reverentes
    que los míos, advertían la tragedia.
    Aquella noche fui a la ciudad, me emborraché con Marcelo.
    Los campos se miraban rojos y como arrasados por la muerte.



    TESTIMONIO V

    La maestra era vieja y gorda.
    La veíamos bañarse en el arroyo. Desnuda, con sus senos grandes
    y feos.
    No recuerdo si hubo ternura en aquellos labios. En aquel corazón
    que yo imaginé oxidado.
    Su voz acuosa, casi silente, denota que en ella nunca existió
    el furor. La comprendía como a una ausencia.
    Me hubiese gustado golpearla.



    EN EL INVIERNO

    Marcelo murió en el invierno.
    Un mes irascible nos desentendió de su ternura.
    El compañero músico se fue callado en el ataúd. Aquel muchacho
    iba vacío, profundamente vacío.
    Hacia el camposanto la lluvia creció fuerte, y él, horizontal,
    ascendía en nuestros hombros,
    Allá le dejamos. Fui yo quien colocó la cruz.
    Ahora pasaba yo solo las noches. Caminaba entre los amigos
    sin hablar.
    Lo había conocido de niño.
    Después íbamos juntos a la ciudad, Nos embriagábamos. En los regresos,
    tocaba el violín y cantaba con voz ronca pero agradable.
    Murió, sin querer, en el invierno.



    BOSQUES DE DIOS

    Cubierta de panes y miel,
    como una mesa de pastores, mi alma no tiene
    testigos.
    Han pasado cálidas ramas
    y el dueño del paisaje no ha hecho sino
    mentir.
    Antes también yo escondía mi muerte. Como hoy,
    el fuego quemaba la verdad,
    palidecían mis rasgos, había fe.
    Despojados viven quienes premeditando mi dolor,
    me apartaron de un Dios que amaba con entusiasmo en la aldea.
    ¡Señor!
    Cuánto recogimiento hubo en el templo. Y hoy,
    quién roba mi corazón vacío.
    Vuelva a mí la luz
    y caiga el peso del ángel en los bosques.



    TODOS HAN MUERTO

    Todos han muerto.
    La última vez que visité el pueblo
    Eglé me consolaba
    y estaba segura, como yo,
    de que habían muerto todos.

    Me acostumbré a la idea de saberlos callados
    bajo la tierra.
    Al comienzo me pareció duro entender
    que mi abuela no trae canastos de higo
    y se aburre debajo del mármol.

    En el invierno
    me tocaba visitar con los demás muchachos
    el bosque ruinoso,
    sacar pequeños peces del río
    y tomar, escuchando, un buen trago.

    No recuerdo con exactitud
    cuándo mpezaron a morir.
    Asistía a las ceremonias y me gustaba
    colocar flores en la tierra recién removida.

    Todos han muerto.
    La última vez que visité el pueblo
    Eglé me esperaba
    dijo que tenía ojeras de abandonado
    y le sonreí con la beatitud de quien asiste
    a un pueblo donde la muerte va llevándose todo.

    Hace ya mucho tiempo que no voy al poblado.
    No sé si Eglé siguió la tradición de morir
    o aún espera.



    TESTIMONIO IX

    No tengo gesto que no me lleve a contemplar el pájaro
    que seduce o a ocultarme calladito en la colina.
    ¿Cómo soportaré la vida sin mi amada que corta la primera
    flor, ausente de los cielos que herían mis ojos? Si en los campos
    quedaron las lluvias y el caballo de mi madre flotando en los
    tallos de abril.



    TESTIMONIO X

    Una mujer que olvida su amor de adolescencia,
    debe ser muerta.
    Sus ojos, ahogados en las fuentes de todas las ciudades,
    no sirven ya para la ternura,
    y la furia crea soles en las manos de un pastor que solloza.
    Ella ha debido ir a los parajes donde los besos saben a pasto,
    donde los muchachos van a los ríos y suben como incipientes
    cazadores a las montañas.
    Hundida la tierra,
    quien la añora pertenece a la fugacidad.



    TESTIMONIO XI

    El cielo es de mi amor.
    Tibios son sus labios y sus latidos.
    Cuentan que hace lumbre en las mañanas de niebla y otros hablan
    de su apostura. Yo la he disfrutado y después la miro partir lívida,
    abiertos sus cabellos.



    LA SOÑADA

    A Rosa Hercilia Celis

    La que he de amar debe ser triste,
    casta y sencilla.
    Debe poseerme a mí y no al otro, al que ha sido
    desolado.

    Ella poblará mi evidencia,
    fecundará ¡oh Dios! el boscaje que me ha hecho
    tan ausente.

    Solo yo miraré ese fuego,
    esa plenitud de monte y soles fuertes que airados
    hacen mi enfermedad.

    Ella no ha de escapar,
    vendrá como el alba a matarme.



    RETORNO

    A Caupolicán Ovalles

    Cuando regrese no tendrá padre ni madre. No iré más al bosque
    ruinoso y mi amada ha de esperar vestida de luto. Sus ojos
    no tendrán el brillo de siempre y recostada de mis hombros
    contará la historia de cada muerte. Habré perdido mi majestuosidad
    y lloraré debajo de los robles que cortó mi padre.
    Entonces no existirá la verdad, el fuego que hizo mi amor dejará
    de complacer mis delirios.
    Eglé acabará sus días en el bosque. La roca pálida sabrá un poco
    a muerte y será inhóspita con mis secretos.
    Si el verano llega, comienzo. Vuelvo al sitio que sueño
    y no es vanidad.
    Las mujeres arrancarán árboles de mi boca y el cielo
    que me acostumbró al amanecer hará también la noche.
    Aquí he vivido desplicente. Llevo el luto y las manos de mi abuela
    muerta. No estoy seguro.
    ..................................Adiós.

    Caracas, 1962


    José Barroeta, Todos han muerto, Candaya 2006.


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    José Barroeta (1942-2006) Empty Re: José Barroeta (1942-2006)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 24 Ago 2022, 03:29

    .


    Algunos poemas de José Barroeta, de su libro Arte de anochecer, 1975:


    MONTES DE LECHE

    En los senos de mi hermana
    hay bosques presentes.
    En sus senos viven los conejos,
    junio,
    abriil
    y marzo

    y la
    melancolía de morir.
    En sus senos hay agua,
    fiestas,
    bautismos,
    palomas torcaces
    y actos de fe en desorden.
    Una mentira podría morir en los senos
    de mi hermana en junio
    porque ellos tienen a abril y a marzo
    para conjurarla
    y abren tanta cosa a la vida
    que son de verdad
    en la melancolía de morir.
    En sus senos hay agua,
    fiestas,
    bautismos,
    palomas torcaces
    y pájaros pintados sobre mi cabeza.
    Hay almohadas en ellos,
    ovarios y peligros de octubre
    que se mueven como las hojas
    y crisis de infancia destruidas
    en mí.
    Hay bosques de alcohol de monte a monte
    y una gran fiesta siempre,
    actos de fe en desorden
    y la melancolía de morir.



    PADRE NUESTRO

    Recostado de un vientre de oro,
    asustado,
    canto a tu muerte.
    Soy feliz y sé hasta donde llega mi palabra,
    hasta donde llegan tu espíritu y tu carne.
    Padre.
    He ido de lugar en lugar fiel a tu luto,
    a tu llanto de toro en la casa dormida.
    Me abandono. Voy de regreso al pueblo
    y hallo los contornos con tu nuca muerta,
    en los vuelcos del aire la cabeza muerta.
    Me he decidido por lo que elegí,
    no quiero nada que se parezca al mundo,
    no quiero nada de esta miseria misteriosa
    hecha y soleada por el hombre.
    Mi corazón llega a la vida por la carne muerta,
    carne rural, de hierba,
    de ordenador,
    carne silenciosa y de musgo.
    Me he decidido por lo que elegí,
    no deseo poseer,
    prefiero el aire de los montes, las calles,
    el amor, sus vasos hasta el borde.
    Prefiero ir allá donde tú decías, a la bondad,
    sin forma alguna,
    arrebatado por la droga justa que nos viene de lejos
    o que está aquí mismo,
    cerca de nosotros enalteciéndonos.
    Prefiero tu cabeza para guerrear con ella en silencio;
    a la salida del día, a la entrada de la noche,
    la prefiero.
    No hay tristeza en mi corazón, padre,
    porque tú querías descender a la tierra,
    querías llegar abajo, hasta dios, hasta no ser nada,
    poseer lo perfecto.
    Hay dolor porque todavía no he aprendido a estar vivo.
    No soporto ausencias y recreo los retornos.
    SuelO asirme fuerte a la juventud
    sin entender la fábula que somos a cualquier edad.



    DE ADOLESCENTES

    A Oscar y Yolanda Díaz Punceles

    Si Esther hubiese muerto
    entre pájaros, como creíamos,
    su cuerpo habría quedado
    en los frutos y en la resina
    de los árboles.
    Esther murió adentro del orgullo
    de su angina de pecho
    y sus carnes no afloraron
    ni se hicieron volátiles
    sino que permanecieron debajo
    de la tierra
    cubierta de gusanos
    y  no ascendieron hasta hacer
    brotar las flores
    como pensábamos nosotros
    cuando la veíamos pasar
    con su cuerpo bello bajo
    la sombrilla;
    su cuerpo despojado descansa
    y aguarda por los nuestros
    parecidos al suyo
    hechos de flotantes escombros.
    Esther murió entre su soberbia
    muy lejos de quienes la quisimos para los
    pájaros y las resinas
    llena de fiebre
    sin querer abandonar el mundo.



    A UN LOCO

    A Oswaldo Barreto y José García Quintero

    Cuando el loco Pernía se vino caminando
    desde Cabimas hasta el pueblo
    -trescientos son los kilómetros que separan
    un punto de otro-,
    halló las aguas del Motatán crecidas.
    Miró un inmenso árbol que arrancado de cuajo
    por la tempestad del día
    daba sus hojas muertas al paisaje del mundo,
    y dijo:
    ...."este árbol es el  espíritu vegetal
    ....de la mujer que no he tenido nunca",
    y con el goce de quien encuentra no formas
    sino sentidos en la cruz,
    se lo echó a cuestas y solito lo llevó hasta
    el pueblo. Y luego de sembrarlo en la casa
    de una de sus hermanas que lo amaba por loco,
    se marchó volando con él, entre las hojas.



    ARTE DE ANOCHECER

    Hay un arte de anochecer.
    De la entrada del cuerpo al alma,
    de la niebla a la redondez
    y del cículo al cielo;
    hay un arte de luz,
    un campo donde anochecer
    es mirar la vida
    con el cuerpo cerrado.
    Hay un arte de anochecer,
    un descenso en la entrada del día
    a la completa oscuridad.
    Un intermedio donde es necesario
    recibir y saber todo sin estremecimiento.
    Hay un arte,
    un paisaje a veces amable,
    a veces torvo,
    donde ascenso y descenso son accesorios
    de la materia limpia.
    Hay un arte de anochecer.
    Quien haya vivido o soñado con bosques,
    luces y demonios,
    lo sabe.



    GIRABA LA TIERRA, CAÍA LLUVIA

    Soñaré contigo en el valle oscuro, princesa.
    Ha de ser como yo quiera no como tú desees
    porque soy alegre y te quiero roja en lo profundo.
    Te amo suave,
    ligeramente princesa desaparecida.
    Antes hedía a miseria por ti. Pero he vuelto a la colina
    y en cada flor un muerto me llamaba,
    giraba la tierra, caía lluvia. Un montañés, amigo de tu padre,
    me hizo señas para que volviésemos
    y comprendió que marchabas conmigo,
    que lo desaparecido nos atrapa si volvemos al sitio.
    Ahora será como yo quiera,
    tengo en mis manos las hierbas y los dados del juego
    y sé por donde comenzar;
    sé también por qué tú no te has iniciado de nuevo,
    aun cuando estás pendiente de cada flor que brota.
    Te amo mucho en mis ojos:
    tus lugares y mis lugares son una misma
    cosa.
    Aprenas llueve sé de ti por la rosa del vientre;
    si muevo los objetos tu cuerpo abre, granada sencilla.
    Debajo del sol pasan mis personajes a caballo,
    enmuletados unos, otros llenos de joyas, fáciles o
    difíciles de acuerdo a tu amor,
    pero todos van hacia la muerte, a la colina, al valle,
    al puerto, etcétera,
    no como tú y yo que nunca fuimos ni iremos a ninguna parte.



    AÑIL Y VIOLETA

    Fuera de orden vivo por ti.
    Te recuerdo entre muros,
    rosas, himnos. Te miro en el convento
    comiendo naranjas milagrosas,
    ausente del loco de junio de españa que soy
    declamando en las tascas.
    Díscolo y entregado al vino,
    pidiendo siempre más como si fuese el desposado
    de canaán.
    Fuera de orden,
    fuera del convento,
    vestido siempre de pólvoras rojas
    y verdes;
    fuera de orden siempre para mí
    que andaba de una botella a otra
    incendiándome,
    repitiéndome y cantándome a solas
    los versos del poeta en nueva york.
    Mojaba mi testa de borracho,
    fuera de orden,
    en la fuente andaluza para que yo volviera
    a vivir.
    Fuera de orden tú,
    que solo conocías el camino de cristo,
    que solo lo conoces.
    Fuera de orden
    escuchabas el verbo rebelde, incitante
    y desaforado,
    de aquel elegíaco muchacho del bosque
    que no hizo otra cosa
    que mirar tu brillo
    o buscarte,
    fuera de orden
    en el pensamiento de los viajeros que salían
    a marruecos a comprar chilabas.
    Fuera de orden,
    fuera de los muros, de los salmos,
    fuera de orden nuevamente,
    ardiendo en mis manos de maíz
    para tocar tu pubis.
    Fuera de orden,
    en un día de calor,
    donde soy picasso muerto sin españa.



    DE AMOR

    Nos hemos quedado debajo del sol
    frenéticos.
    Es de tu corazón de donde sale el mar,
    la música de agua que nos asombra.
    Hay un navío,
    boca sellada sobre otra boca como un anillo.
    Hay tesoros
    algas extendidas
    olor a cuerpos de hombres que descargan
    la vida y la muerte entre los muelles.
    Allá quedaba el horizonte,
    justo en el punto donde la ficción boga
    hasta deslumbrarnos.
    Algo de seda de tu cuerpo vuela en las gaviotas
    y nos amamos como el primer día
    fuertes y en el cielo.


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    José Barroeta (1942-2006) Empty Re: José Barroeta (1942-2006)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 24 Ago 2022, 11:33

    .


    Algunos poemas de José Barroeta, de su obra Fuerza del Día, 1985:


    CONVERSACIÓN Y MUERTE DEL HERMANO MAYOR

    Árbol del rayo ¡mátame!,
    llévame a tu lugar seguro,
    abraza mi caballo en secreto.
    (Mi hermano se escondía en las ondas de un país
    soñado, ardía y sabía como si fuese sol para todas
    las gentes. Movía la cola como el cielo).

    Si interrumpen, ¡mátame!;
    hazlo con duelo de llanero viejo.
    con juventud:
    río abajo, noche abajo,
    listo de alegre pez
    y caballo en el hombro.

    Ahora muerto, Adelis, sé más de tus costumbres,
    de una fuga final, alegre, que nos
    reconcilia,
    que pastorea tu cabeza de ganado sobre la
    mía.

    Cavaré hondo para que llegues hondo  como llegué.
    Daré rosas de tu bienvenida a la sombra ingenua de la
    muerte,
    daré contigo palmadas al caballo.

    Estoy muerto contigo y con los otros en una batalla
    celeste, ¡rey!
    Tendrás la mano que querías
    absoluta y quieta de tocar,
    dejada al día,
    a la noche que sale por los cascos
    tuyos.

    Mi cabalgar tiene el sonido
    de los pies de otro mundo.

    Con él tomo la casa
    y lluevo hasta quedar sin rostro,
    apasionado de un territorio donde la vida
    es muerte y festejo.

    Esconde lo que debe morir a la muerte.
    Hazte caballo o pajonal,
    bandola de una música que aborda aquella lejanía
    de caballo entrando al paraíso.



    SIGNOS

    Una palabra nos encierra.
    El viento pule en ella. El fuego.
    El mar también.
    Sobre la palabra que gira alrededor
    del sol
    las cosas tambalean,
    oscurecen o tornan en destello el cuerpo.
    La palabra ocupa hasta la suerte;
    al final vuelve cansada de otro hacer,
    de una invisible proximidad.
    Asimismo como uno tiembla bajo sus rutas
    la palabra toca las puertas desoladas,
    los restos del sueño,
    la tierra hermosa de la nada tendida en su primer
    vacío.



    GUA DE SUEÑO

    Los poemas de la provocación,
    las cosas equívocas, la demencia,
    llegaron con Cristobal Colón un día hasta
    mi cama
    y me dejaron cosas secretas sobre el vidrio de las manos
    tendidas.

    Tú estabas llorando en las tejas del otro amanecer;
    llovías,
    soñabas, mojabas las patas de las cabras
    y te ibas por ahí, navío, carabela de la esquizofrenia,
    armando guerras, terrible y llorando otra vez.

    Mi cama y yo estábamos en un final de mundo,
    heridos por las conchas del mar,
    amaneciendo,
    amaneciendo,
    dando grandes saludos.



    MEMORIAS

    ¿Hemos ganado o perdido formas
    en la rosa?
    ¿Somos la vida o el amor?
    ¿Somos el vino, la despedida
    o el que llega?
    Responde tú sensitiva de todas las épocas.
    Tú que conoces la separación de las
    aguas,
    el origen del uso del fuego, de la domesticidad,
    de la escritura,
    responde.
    Tú que sabes a qué olían los hombres
    del mediterráneo,
    de los mares del norte del sur
    del este y del oeste,
    tú que sabes el calor del medioevo,
    que conoces la historia del renacimiento
    la guillotina
    el inconsciente
    la revolución de octubre
    tu país mi país
    y la era espacial
    responde
    y dime si he perdido aquellos árboles,
    aquella piel de susto escondida que nunca
    llegará a metáfora.



    BRASA APARENTE

    Los pájaros de los dementes no tienen
    alas
    pero vuelan,
    tienen gestos distintos a la carne.
    Un hombre loco puede detener la esquina de
    cualquier
    ciudad
    y llamar a grandes silbos la lluvia,
    puede pasar el resto del tiempo en esa posición única de gritar
    lo que sobreviene,
    lograr que su muerte no sea unión de contrarios,
    sino brasas,
    ausencias laboriosas en que ninguna razón
    pueda avivar.
    Un hombre loco puede hacer a imagen y semejanza,
    llamarse con distintos nombres,
    citar y concitar las cosas en silencio aparente,
    unidos siempre a un astro que lo mira girar bajo la lluvia de una
    calle
    donde solo caminan los bandidos en busca de relámpago.




    Algunos poemas de José Barroeta, de su obra Culpas de juglar, 1996:


    FRAGMENTOS

    I
    Me gusta perder el cuerpo
    ........................y soñar.

    II
    Quiero un lugar
    donde nada persiga
    donde sea rey
    ........................y siervo.

    III
    Mis campos y mi muerte
    van quedando
    .......................como yo quería
    .......................solos-conmigo.

    IV
    Amo más la tristeza
    que la palabra.

    V
    Me gusta la lengua castellana
    una mujer con nombre
    ....................de cinco letras
    ....................como el cielo.
    Me gustan los senos
    la lengua de esa mujer
    y el paraíso perdido.



    TERCETO

    I
    Un sitio donde confunda
    mi prisión
    donde pueda llegar herido.

    II
    Que me apaleen, que me tiren piedras y palabras
    que me quiten los ojos
    mi terrible corona de espinas.

    III
    Un día me voy a ir con tus senos a esperar que pase
    El Arca de Noé. Me voy a montar encima de mi tristeza
    encima del Reino de Dios y del Juicio Final.



    BORRACHOS

    I
    "Adios", "Adiós", dijeron los amigos.
    "Vamos hasta el vacío, hasta el fastidio:
    en el mundo no hay nada".

    II
    Rompí la botella.
    Empezaron a crecer palabras,
    arenas sagradas del más allá.

    III
    Recordé mi primera salida,
    el pecho de mi madre cruzado.
    Dios debajo de un mango
    oyendo sus quejidos.

    IV
    Me voy a quedar en la mesa de los adioses
    quemando cuerpos de mujeres y cartas de amor.



    DIÁLOGOS DEL POEMA Y LA MUJER

    No han llegado palabras sino actos
    al poema.
    ¿Cómo hago yo: recojo lenguaje o actos,
    los combino?
    Qué debo poner en la página:
    lo que oí, lo que dijeron todos antes de marchar,
    el mal tiempo, el ruido que acompaña.
    ¿Trataré de ser claro en la página?
    Espero que se cope de signos
    seré riguroso y oscuro
    Ahora sí, amor mío, estoy confundido.
    ¿Qué debo poner?: palabras, objetos, emociones,
    falsas trampas mías con la vida.
    ¿Qué debo confesar o expiar en esta cruz vacía
    que aguanta sangre de la resurrección?
    Dímelo tú y estaré contento.
    No importa
    si tu verbo no sirve en el poema
    sirve para el fracaso.



    PRIMER MUNDO

    Comienzo la creación
    en un instante del poema separo tinieblas.
    Me creo a mí mismo.
    Desde mi soledad saco otra soledad de mis
    costillas.
    Paseo el amanecer del primer mundo
    nombro.
    Hago el amor bajo la sombra de escorpión.
    Cuando las voces del abismo callan
    una miseria imperfecta sube por el cuerpo
    me azota.
    Las palabras del poema quiebran.



    DESTINOS

    Me deslumbra
    el goce imperfecto.
    Desobedezco.
    Tomo el viaje
    del río contrario.
    Llevo un castigo
    de retornos
    un cuerpo
    quizás tu cuerpo
    donde no sé andar.



    CASAS

    Las casas viejas no son lo que dicen.
    Las casas viejas están contra mi vida
    me acunan y pasean con la muerte.

    Las casas viejas tienen un patio, una ventana
    y el trote del caballo en la tumba.

    Mi casa vieja está en el suelo
    por sus paredes suben las canciones
    la idea de morir en ella
    en festejo o destierro.

    Las casas viejas son enemigas de los huéspedes
    y aborrecen las lápidas.
    Reclaman un suicida amoroso
    que moje y acompañe su destino
    de escombros.



    CÓDIGOS

    PRIMERO y este recuerdo es de la infancia yo era
    un poeta de la luz. Pasaba las horas mirando una copa
    de árbol, un río, un rostro, una calle y sentía el placer
    imborrable de quien sueña con un hombre y una mujer
    y amanece en la vida.
    Toda mirada era un festejo de sol, de estar
    de abismo iluminado.
    Veía extraños colores, escuchaba ruidos celestes
    tocaba formas que estaban fuera de toda realidad.
    Estas sensaciones las atribuía a Dios y a la luz.
    La poesía como razón o como signo estaba lejos
    y vivía el júbilo de una edad que separaba de la muerte.
    La oscuridad, los fantasmas, los pavores magníficos
    tenían una razón de alba. Vivía, festejaba sin edad
    alentado por la naturaleza y sus prodigios.
    SEGUNDO y es verdad fui a la vez un poeta romántico
    y modernista. Esto explica mi pasión por el desorden
    por los vicios y por el lenguaje deslumbrante.
    Explica o explicaba porque ahora ya no sé.
    TERCERO Cuando sea la muerte habrá pasado mi cuerpo
    por la infancia
    por los poemas de mi lengua
    por la metáfora podrida del paraíso.



    CANTO A MÍ MISMO

    Yo era el mejor poeta de mi tierra
    y de toda la tierra.
    Adentro de mí llovía y relampagueaba
    y sentía siempre unas inmensas ganas
    de llorar.
    Yo me reía de las frutas que caen en los
    tinglados y asustan el silencio
    y hablaba con los muertos y con los animales
    que pasan por la miseria vestidos de capitanes
    largos.

    Yo era un gran poeta de los muertos
    como jamás hubo otro en la comarca
    y me asustaba de ver subir las flores
    hacia la cal ambigua de las tumbas.
    Soñaba
    cantaba por las noches una desgarrada melodía
    y volvía a soñar entre muros y ciudades perdidas
    persiguiendo sombras halladas entre el porfiado
    frenesí de ausentes y de borrachos insondables.
    Yo era un poeta
    y me enamoraba de mí y de ti y de todas las miradas
    que vienen desde lejanos pueblos a la imaginada mesa
    del ecuador
    a buscar estrellas y panes de cobre para maldecir
    hombres
    .............................en el centro del mundo.

    Comía sobras
    robaba
    leía el amanecer
    bebía y fumaba hasta sentir un agradable
    golpe en los pulmones.
    Creía en la muerte y me aprestaba
    a tomar el poder de mi país.
    Confiaba en un grupo de poetas locos
    que fueron apareciendo de puntos cardinales
    distantes
    incapaces de apagar sus deseos detrás de una
    música rota por el olor de las botellas
    y del encanto miserable.

    Yo me cantaba y me celebraba a mí mismo
    ganaba la vida sin hacer
    buscaba que mi razón perdiera
    y salía conmigo y contigo a buscar campos y ciudades
    para soñar y matar a los padres de mis padres
    quemar el mundo
    y pagar algún día con mi cuerpo en la hoguera
    el desenfreno de mi vaga ilusión.
    Caía sobre mí mismo
    y amaba mis fracasos.
    Sentía el placer de ser otro
    que escribe un poema sin principio ni fin
    alerta por si viene la muerte y revienta
    mi pobre y útil reino del cuerpo.




    Algunos poemas de José Barroeta, de su obra Elegías y olvidos, 2006:


    OSAMENTAS DE FÁBULA

    Yo vuelvo a la tierra de antes
    recojo cielos de maíz
    atardecer de muertos.
    Pregunto quién es el desterrado
    quién el dueño de esta casa vacía
    testigo y guía.
    Recuerdo solo vida
    pisadas plumajes
    osamentas de fábula.
    Yo nos soy patria ni país
    persigo sombras
    escribo desesperados epitafios.
    Mi fábula de encuentros
    seca la tarde.



    CANTIGA

    Mi maldito orgullo
    de nacer
    de insultar
    de tener hijos
    Mi maldito orgullo
    de andar errante
    para que las cosas
    se oculten
    y mis culpas
    parezcan colinas.



    HUESOS DEL REINO

    Agradezco el descenso.
    Resucito una tarde entre maderas
    al pie de una casa de cáncer
    de muerte accidental de vejez
    Me sirvo de clavos y vinagre.
    Agradezco ofensas
    incomprensión ajados balbuceos
    de mi lengua.
    Agradezco el día de ayer el de hoy
    mi indefensión
    mi tierra.
    Agradezco mi depresión
    la luz vacía mis pedazos en el
    olvido.
    Agradezco mi cara
    mi muerte continua donde no falta nada
    los huesos del reino
    mi oro de la sequía.



    HÁBITOS

    Mi oficio
    regentar el vacío
    Solo tengo un pequeño estudio en arriendo
    en Mérida
    Mis tres hijas hacen y caminan sus sendas
    ausentes de mí en eso de sabernos
    con hábitos de familia.
    Mi hijo muerto yace bajo una lápida
    bajo prohibición de que grabe en ella
    los epitafios que para él soñé.
    Mis libros forman un pobre y curvo lomo
    de estantería
    que algunas veces entre emoción y tragos
    salen del escondrijo.
    Leo perturbado poemas de muerte
    amor paisajes y melancolía.
    Regento un vacío insoportable
    doloroso
    esperando que mi mujer se acueste
    .............................a mi lado
    .............................recién bañada
    .......................................o
    ....................................diga
    Vamos a bailar que salieron las vacas
    .............................y las
    ......................................................................estrllas.



    LÚDICO

    Me cuesta bajar el poema del aire
    allí donde me hundo con el plumaje vertical
    de las palabras.
    Rozando el infierno y el invierno
    el poema es un dios de pies ligeros
    apaleado por las estrellas.



    SALTO AL VACÍO

    Amo
    a quienes jugaron la vida
    en una soga
    en un disparo
    en un salto al vacío
    en la profundidad de un oleaje
    invencible.
    Amo y me contradigo frente a
    .............................esos dioses
    de la nada.
    Amo. Corto mis ataduras.



    ROJO

    Adiós dice la tierra
    las nubes bajas de mi rostro
    son vegas
    campos de agua y de silencio.
    Adiós
    por tu reino
    por mi boca de siervo.
    Adiós a tu cabeza de grillo
    en el río.
    Adiós al cuerpo de piedra
    en el cerezo.
    Adiós al orden blanco
    a las mujeres
    a los hombres
    a los crucifijados.
    Adiós al pez
    al plato rojo
    cercado del aire.


    JOSÉ BARROETA, Todos han muerto. Poesía completa (1971-2006), Candaya, 2006


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    José Barroeta (1942-2006) Empty Re: José Barroeta (1942-2006)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 24 Ago 2022, 14:52


    COMPLICIDAD

    Es mejor destruir el pasado
    que no quede imagen
    que no haya siluetas
    y seamos tú y yo fuera de todo círculo.
    Que exista solo una maniobra
    una razón que nos parta
    una multitud que nos reproche
    sin sabernos los escogidos.
    Que la pasión se borre girando
    y no sepa de su derrota.
    Que no exista una queja
    o una bóveda acallando tu cuerpo.

    INTERESANTE PEDRO.

    GRACIAS.


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    José Barroeta (1942-2006) Empty Re: José Barroeta (1942-2006)

    Mensaje por cecilia gargantini Miér 24 Ago 2022, 15:05

    Me cuesta bajar el poema del aire
    allí donde me hundo con el plumaje vertical
    de las palabras.
    Rozando el infierno y el invierno
    el poema es un dios de pies ligeros
    apaleado por las estrellas.

    Otro poeta que me gustó conocer!!!!!!!!!!!! Gracias Pedro!!!!!!!
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    José Barroeta (1942-2006) Empty Re: José Barroeta (1942-2006)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 25 Ago 2022, 02:52

    Gracias, Pascual y Cecilia por vuestro interés. Para mi también ha constiutido una agradable sorpresa conocer la obra de José Barroeta con su lenguaje llano, sus temas próximos y sus maneras sensitivas:
    "es verdad fui a la vez un poeta romántico
    y modernista. Esto explica mi pasión por el desorden
    por los vicios y por el lenguaje deslumbrante."

    Un abrazo.
    Pedro


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