Aires de Libertad

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William Ospina (1954-

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William Ospina (1954- Empty William Ospina (1954-

Mensaje por Pedro Casas Serra Dom Jul 17, 2022 7:27 pm

.


William Ospina (Herveo, Tolima, 2 de marzo de 1954) es un poeta, ensayista y novelista colombiano. Ganó el premio Rómulo Gallegos con su novela El país de la canela, que forma parte de una trilogía sobre la conquista de la parte norte de Sudamérica.

Biografía:

Nació en Herveo, Tolima, el 2 de marzo de 1954 y pasó su infancia recorriendo el sur colombiano huyendo de la violencia. Su padre, Luis Ospina, enfermero de oficio y músico de vocación cultivó en su hijo una profunda relación con la cultura colombiana. Según Ospina, "en mi casa no había libros, pero en cambio tuvimos todas las canciones".

Pasó su adolescencia en Cali donde ingresó a la Universidad Santiago de Cali a estudiar derecho y ciencias políticas, pero abandonó la carrera para dedicarse a la literatura. Vivió en Europa de 1979 a 1981. Fue redactor de la edición dominical del diario La Prensa de Bogotá (1988 a 1989). Escribió varios ensayos sobre Lord Byron, Edgar Allan Poe, León Tolstói, Charles Dickens, Emily Dickinson, Las mil y una noches, Alfonso Reyes, Estanislao Zuleta, literatura árabe y William Shakespeare.

En 1992 obtuvo el primer Premio Nacional de Poesía del Instituto Colombiano de Cultura. En 1999 recibió el Doctorado Honoris Causa en Humanidades de la Universidad Autónoma Latinoamericana de Medellín.2​ En 2005 el Doctorado Honoris Causa en Humanidades de la Universidad del Tolima. En 2008 recibió Doctorado Honoris causa de la Universidad de Santiago de Cali. Fue galardonado con el Premio Rómulo Gallegos 2009 por "El país de la canela".

(Sacado de https://es.wikipedia.org/wiki/William_Ospina )


*


Algunos poema de William Ospina, de su obra Hilo de arena, 1984:


EL DÍA SE DESPIDE

Con ese azul nocturno
que llena todo el cielo,
con esa bruma de azafrán y de oro
sobre las irreales colinas del oeste,
el día se despide.

Nadie escapa al ocaso vehemente
que condena a belleza lo sórdido y lo triste;
yo mismo he detenido mi fatiga
en esta esquina donde
como ríos parecen despeñarse las calles.

La luz azul de un auto blanco,
su lúgubre sirena,
dicen que alguien se muere por estas calles vivas
y se apagan las letras menudas de los diarios
y una patrulla se hunde por los barrios violentos.

El día se despide.

Nadie sufre bastante
para apagar este zafiro inmenso.
Serenos, como ancianos que no temen la muerte,
vemos el mundo virgen que sobre eras de furia
dulcemente se apaga,
y una vez más el miedo se resigna a la sombra.

Por la acera, a mi lado,
el alterno sonido de un bastón inseguro,
y un hombre ciego
habla con negros párpados de este ocaso imposible
que centellea y que declina.
Conmovidos sentimos que en el cielo sin dioses
triunfará la tiniebla.

Más oscuro el azul. La luz más roja y última.

Ya la primera estrella.



EL EFEBO DE MARATÓN

De bronce es esta música que hurtó su ritmo al tiempo
y surgió, leve, al alba, de una frente amorosa.
De bronce, y sobre ella resbalaron los siglos,
titilando en miradas, en abrazos, fugándose.

De bronce es este cuerpo que exaltó en Dios al hombre
y que nos rinde al sueño de una fiesta lejana,
donde fue hermoso alzarse por los aires dorados
y en voz y en puro esfuerzo ser Arcano y Palabra.

De bronce es este efebo más durable que un reino,
más bello que un relámpago sobre vastas batallas
y acaso un día, a solas, dirá, invisible al cielo,
que antiguas manos de hombre lo forjaron, amando.

De bronce, acaso, un día, sobre el sueño disperso,
mientras gire el planeta deshabitado, en sombras,
dirá a los astros firmes su desnudez sagrada
que duró más que el hombre su más hermosa imagen.



PALABRAS

Aunque conozcas todas las palabras
las verás volver vírgenes
y algo nunca soñado dirá el azar con ellas.

Un sentido más dulce o más atroz, un día
tendrán en tus oídos estas voces.
Escucharás que nombran imprevistos jardines,
los nichos sucesivos de alguna gruta espléndida,
los nuevos y distintos hábitos de tu cuerpo.

Aún cabe en las palabras algo que no sabremos
previamente.
Los ecos y los símbolos de la hora inconcebible
en que la tierra nos reclame.
Las últimas acciones, los pensamientos últimos,
la irrupción de los ángeles.



AHORA

Hace un instante apenas, por la ciudad hondísima,
oí pasar una noche de mi infancia en los campos,
un vuelo de caballos, de iluminadas granjas
y altos bosques de pájaros. Es como un pulso súbito
el recuerdo, una ola de sangre que no olvida
asciende de la bruma con ladridos de perros,
con salvajes ancianos que ven la luna alzándose
sobre la pleamar negra de las montañas.
Golpea al corazón ese puño secreto,
un viento que se burla de los años reanuda
su silbo en las agujas del pinar y derriba
de los negros ramajes las esferas maduras.

Tan lejos, de repente, vuelve ese viento antiguo
que desciende hacia el río, por los anchos cañones
del Tolima, curvando las cañas, despertando
voces sobresaltadas en los cuartos vecinos.

Tal vez no es más la infancia que un país ilusorio,
una raíz que hundimos en las previas penumbras
para sortear la vaga irrealidad del mundo,
pero su acre ventisca llega como un milagro,
hace crujir los muros de casas que no existen
y enciende sobre el páramo las increíbles voces
de los ángeles. Vivas y huyendo por los montes
veo las llamas indemnes. Veo el árbol temible
donde la enferma quiso que excavaran su tumba.
Oigo lejos gemir los camiones nocturnos
que cruzan rumbo a Caldas. Oigo las torpes bestias
que devoran el apio, que enferman los sembrados.
Y mi noche se llena de obliteradas noches,
se confunden en ella los pueblos de los riscos,
los entrevistos trenes, las iglesias monstruosas
y el sable de las fábulas vuela en fragmentos de oro
cuando truenan los cielos y los rifles. La noche
vasta de la ciudad asila esos espectros,
las bifurcadas noches que atesoran sus hombres,
ayeres que ya están en la sangre y, de pronto,
despiertan para hundirnos en el canto o el crimen.



Algunos poemas de William Ospina, de su obra La luna del dragón, 1991:


POLVO

Esto que ves fue coronas fenicias,
fue un ánfora de Creta, fue entre gritos
la empuñadura de un cuchillo persa,
fue el griego que murió por el cuchillo,
fue una columna en un jardín, la oscura
madreselva abrazada a la columna,
fue la alondra y la voz que la maldijo,
fue mantos, búfalos, arados, rosas,
el papiro y sus tintas,
la dureza, el metal, la exacta forma
que laboriosos siglos disgregaron.

Arquitecto de escombros, lento, el tiempo
puso insolente herrumbre en las coronas,
vertió aridez en los trozos del ánfora,
gastó con blancas aguas los peñascos,
diezmó y diezmó la lima hasta la escoria,
tejió orificios en los viejos mantos
y devoró las fauces.

Quién sabe ya qué cosas fue este polvo.

Fuerte es el Dios. Cuando se inclina y besa,
vuela en arena el labio de la Esfinge.



ÁRBOL

A Fernando Herrera

No parece tan vivo ese ser silencioso
que mora en la colina,
pero sabe crecer, permanecer, surtiendo
delgadas, verdes láminas, que en el viento agonizan.
No parece capaz de asimilar lo externo,
de convertirlo en parte de sí mismo,
pero la sangre de la oscura tierra
fluye por este cuerpo sin corazón, sin finas
redecillas de nervios, sin cuerdas para el canto.
En él, un agua oscura
se convierte en vigor, en dureza, en impulso,
los verdes brazos beben el aire en que se agitan
y hacia la luz se vuelven ávidos los follajes.

No posee un idioma,
pero en él se complacen las locuaces criaturas:
el claro viento que habla cosas largas y antiguas,
la cigarra estridente,
las aves que reiteran sus pequeños dialectos.
Y en él construyen casas, dialogan al crepúsculo;
algo como una noble amistad acontece
entre el árbol sin ojos y esas criaturas frágiles
que temen a los hombres.

No ve girar en torno su ebria y ociosa sombra.
Ahí está, en la colina,
entre nubes de insectos que susurran,
siempre fiel a sí mismo, sin preguntas,
sin proyectar al cielo verdes ídolos,
divinamente libre de esperanza y memoria.

Esferas donde es dulce la sangre de la tierra
caen a sus pies, deshechas,
y a veces este huésped de los campos parece
pensar, pensar las nubes que no duran, la firme
luz de tantas estrellas que en esta luz se olvidan.

Un día exhala, lento, candelas de colores,
su vida poderosa quiere multiplicarse,
y esas formas ardientes, de un modo misterioso
alegran al que pasa.

Está firme en la tierra que lo sueña. No envidia
al potro que a su lado galopa resoplando,
pero en mi mente, a veces, emprende su camino,
con muchos pies recorre silenciosas distancias
y a su paso las vacas y los cuervos comprenden
que ese árbol va en busca de su Dios, y asombrados
van tras él, discutiendo, bulliciosos, los pájaros.



HOY

¿Recuerdas esa tarde en el Pireo? Ardía
en la iglesia ortodoxa la extraña ceremonia.
Atenas se agrandaba con la muerte del día,
Orión iba girando sobre la plaza Omonia.

Vivas como el amor nos urgían las calles,
para hablar era el mundo un estrecho recinto,
ante las blancas casas las naves en los valles
y allá lejos los besos de una noche en Corinto.

Qué viva estaba Grecia, como el amor. Los buses,
los barbados patriarcas, las duplicadas cruces,
rojo vino de Samos, semáforos y olivas.

Y hoy que evoco esos fuegos, Atenas, las colinas,
el amor demorándonos en las blancas esquinas,
ya solo aquellas ruinas parecen estar vivas.



EL HUESPED

Mientras la tarde rueda con fuego hacia el Oeste
busco la imagen cierta que cruzó como un sueño
frente a mí en el urgente mediodía sin sombras.
Por declives del alma ya no es más que un recuerdo.
Ese que hace unas horas era un joven sereno
absolviendo una calle de tumulto y de estruendo,
ahora es un tejido de misteriosos símbolos,
una forma secreta que repaso y reinvento.

Yo sé que en la memoria nada es nuevo ni antiguo:
puedo soñarlo al lado de los centauros griegos,
está en mí con la rosa que vio el romano en Persia,
existe como existen mis sirenas, mis muertos,
pero no tiene nombre, ni pasado, ni origen,
lo hallé sólo un instante y detuve mis pasos
para verlo existir y pasar y perderse.

Oh, momentáneo amigo, don del azar, fragmento
de vida incomprensible que amé y perdí, qué normas,
¿qué secreto designio te impuso a mi destino,
me permitió al mirarte, fugaz como una nube,
saber que ya eras parte de mi vida en la tierra,
que pasaría las horas girando en torno tuyo,
creyendo hallar en ti lo que entregué a los vientos,
condensar en tu pérdida, pérdidas incontables?

Y sé que hay una zona de temblor en el alma
donde ya son lo mismo añoranzas y anhelos,
donde evadido al tiempo y actual como una música
lo mucho que he perdido ya es lo mucho que espero.
En ti estaba esa noche de hielo: la mansarda
donde un gato miraba las felinas estrellas,
y otra de hierba y ansia bajo un sauce invisible
y ese rostro inmediato que me asedia en la ausencia.
Y en ti estaban las claras esperanzas que brillan
como hermosos fantasmas en distancias de vértigo.

Aunque no puede estar tu substancia en los versos,
solo para guardar ese instante perplejo,
para que no me pierda
la certeza de haber orillado un misterio
por una calle ajena,
para que no se pierda la huella de ese instante,
acaso inútilmente
persigo esta memoria de un don incalculable
me resigno al poema
y pido al Dios que quiso dar zozobra a mi día
que estas pobres palabras puedan ser su elegía.



MUSEO

De los mantos emergen los castigados brazos.
Todos están heridos y todos están vivos...
Mármoles de Corinto, destrozados y altivos,
parecen un ejército que volviera en pedazos

de una guerra sublime que fatigó su empeño.
Ávida mano hermosa, soñadora cabeza,
no pudo tanta guerra contra tanta belleza
y hoy son como fragmentos que nos quedan de un sueño.

No habrá rencor ni fuerza que del todo los mate,
con firmeza infinita libraron su combate
contra un caudal ejército silencioso y paciente

que insiste. Siento el soplo de sus furiosos potros...
No triunfó en estos cuerpos el tiempo, que a nosotros
habrá de disolvernos irremediablemente.



DEL REGRESO IMPOSIBLE

Años de soledad, años de prisa.
La pirámide, el ala y el desgaste.
Después de aquellos años regresaste,
iguales la belleza y la sonrisa.

Algo sentí, no se por qué, desierto,
y era por eso, al fin, que había llorado.
Algo en tu corazón había cambiado,
imperceptible casi, pero cierto.

Algo dejaba aquella dicha trunca:
tu amor, el que se fue, no volvió nunca,
por él tiembla la boca que te besa.

Alguien llegó, con cosas del pasado,
alguien que habla de ayer ha regresado,
pero aquel que se fue jamás regresa.


Última edición por Pedro Casas Serra el Dom Jul 17, 2022 7:54 pm, editado 1 vez

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William Ospina (1954- Empty Re: William Ospina (1954-

Mensaje por cecilia gargantini Dom Jul 17, 2022 7:53 pm

Gracias Pedro por Ospina!!!!!!!!!!!! Es un poeta que ya, desde hace algunos años, me gusta mucho.
Yo tengo un libro de él que resume gran parte de su producción poética y al cual cada tanto me gusta regresar.
Besossssssssssss
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Mensaje por Pedro Casas Serra Dom Jul 17, 2022 8:02 pm

Me alegro de haber acertado en la elección, Cecilia. Los poemas los he sacado de su obra: William Ospina. Poesía completa, Lumen, 2022.

Un abrazo.
Pedro

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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun Jul 18, 2022 5:23 pm

.


Algunos poemas de William Ospina, de su obra El país del viento, 1992:



EL MONGOL

Nunca supimos cuándo la desesperante blancura se había convertido en otro imperio.
El idioma del lobo era el mismo, y no le repugnó nuestra carne.
Pero todo hombre sabe que a través de cada nuevo pinar es Otro el que envía sus rayos,
que son las angustias de la tierra las que determinan los nombres del cielo.

¿Descubridor de un mundo? Un fugitivo perseguido por las uñas del viento,
amoratado por el odio del sol, escribiendo blancas palabras en el aire translúcido,
luchando sólo por evitar que la blanda tierra bajo mis pies se enardeciera en tumba.

Muerte es el nombre azul del amanecer, allá donde los días flotan como muros de cuarzo.
Muerte es el nombre de los dientes amarillos del lobo.
Muerte es el nombre de la luna salpicada de escarcha y de sangre,
cuando el guerrero cae a medianoche sobre la sorda estepa.

Hasta el amor cerca del fuego tenía un olor de frescas entrañas de morsa,
y el niño recién nacido bajo el cielo de pieles tenía olor de pez,
y en la tarde teñida de salmones veíamos aparecer los miles de ojos de coyote del cielo.

Oh noche en que los demonios aún no tienen nombre.
Oh estanques de labios de hielo donde se refleja un gris sin pájaros.
Oh la punta dentada del arpón codiciando la carne de los rojos planetas.

Allí donde el día está amurallado de hielo,
allí donde el ansia de amor no es más que frío en los labios,
allí donde las nubes de pelaje de oso se sumergen en la tiniebla,
estuvo un día mi corazón anudando los vientos,
estuvo mi carne sosteniendo las enormes montañas.

Los viejos están llorando junto a los grandes lagos azules,
los niños pintan de rojo tibio los vegetales cuernos del alce,
y la luna es un pez inmóvil que acaba de morir en el cielo,
y los delgados aullidos remotos llegan a través de la crepitación de la hoguera,
y ese largo camino blanco que nunca más desandaremos
tiene el color de los colmillos que no se han manchado en tres días.



EL AMOR DE LOS HIJOS DEL ÁGUILA

En la punta de la flecha ya está, invisible, el corazón del pájaro.
En la hoja del remo ya está, invisible, el agua.
En torno del ocico del  venado ya tiemblan, invisibles, las ondas del estanque.
En mis labios ya están, invisibles, tus labios.



EN LAS MESETAS DEL VAUPÉS

Qué son las canoas sino los árboles cansados de estar quietos.
Qué son los postes de colores sino los árboles hundiendo sus raíces en el cielo.
Qué son los puentes colgantes sino los árboles jugando con el vértigo.
Qué son las alegres fogatas sino los árboles contando su último secreto.

Follaje de las ondas que va quedando atrás con el golpe del remo.
Follaje de sonidos que en torno de los postes enardece al guerrero.
Follaje de invisibles caminos que comienza en el confín del puente.
Follaje de humaredas que ascienden en desorden entre las titilantes orquídeas.

Con granadillo hice el bastón para espantar a los malos espíritus.
Con la madera del caobo hice las cuentas de un collar para tu pecho oscuro.
Con fruto fresco del tekiba hice la copa en la que le ofreciste el agua.
Con la madera del laurel hice esta flecha.



DE UNO QUE HA LLEGADO
A LAS COSTAS DE CHILE

Venimos de las islas.
Muchos días de agua, muchas noches de espuma,
muchos cantos de adioses lanzados a las olas,
muchos rostros queridos desvaneciéndose debajo del agua.

Ya está la tierra bajo nuestros pies. Somos jóvenes, niños,
somos mujeres y hombres,
borrachos de mar, quemados de mar, hastiados de grandes visiones,
de abuelos gigantes con bastones de fuego que surgen de la espuma
y cabalgan la ola y juegan con el sol y muerden el arco plateado de la luna.

A cien noches quedó la playa en que nacimos,
pero aquí están las aguas, y dicen lo mismo al romperse en la orilla.
El mar del reino nuevo sabe cantar los cantos de la infancia.
Y detrás de la arena está el llano,
detrás del llano las amuralladas montañas,
y sobre las montañas hay un confín de tierra blanca
en cuyo aire se congelan los pájaros.

El sol ha cambiado mi raza, la luna ha cambiado mi alma,
el mar ha cambiado la fuerza de mis palabras,
la distancia ha cambiado mi historia.
Pronto no habré nacido de padres isleños,
muy pronto seré el hijo del mar y del sol,
del plateado pez que se arquea en la onda
y del liviano pájaro que sigue las curvas del viento.

Sobre la ola salada las largas embarcaciones,
sobre las embarcaciones los incansables remeros,
remando hacia la muerte, hacia la hora extenuada.

Después de días en el mar las canciones tienen forma de peces,
los deseos tienen forma de abismos,
y solo las estrellas nos alivian con la certeza
de que existe algo más que el agua siempre idéntica.

Después de tan largos caminos ya no es un consuelo llegar,
pero después del mar todo adversario parece pequeño.
Seremos todos reyes de estos encadenados litorales,
y tendremos el mar a los pies, tributando día y noche,
hasta que nos devuelva en esplendor la alegría que nos ha robado,
los bellos muertos que le dimos, los gritos que arrancó a nuestros labios.



INVOCACIÓN SOBRE EL  RÍO NEGRO

Hiere aprisa las aguas, amigo,
de ti dependo ahora para llegar a las riberas del día.
Ya muchos meses estuviste inmóvil
bajo los pies del pájaro.
Ahora es tuya la forma de la hoja,
y el viento es más espeso y tiene peces,
y atrás la oscuridad se está llenando
de garras y de gritos y de puntas de hierro.
Hijo del árbol, sé más dócil que nunca:
vuela como la flecha, dile tu prisa
a la lenta serpiente que nos lleva en su lomo.
Mata las blandas leguas, espada negra.
Todo a mi espalda es cólera,
y sólo enlaza su cordel a mis ojos
la cenicienta luz de la estrella.
Única ala alterna de mi solitario descenso,
divide la enmarañada cabellera del agua,
apártame ese atrás lleno de barcas negras.
Por la caverna hostil de la noche,
a cada golpe ansioso de mi corazón hiere el agua,
bastón del fugitivo, espada del que huye,
sagrada rama,
rema.



RELATO DE UNO QUE VOLVIÓ DEL INCENDIO

Nos espiaban desde el comienzo, en torno a la bahía de Cádiz.
Nunca una Flota de Tierra Firme salió hacia los puertos de América
sin que salieran a la zaga los perros, fumando sus pipas,
los bastardos de ojos de lince, la pesadilla de fragatas.

Esperamos meses y meses, en la molicie de los muelles,
gastando y volviendo a gastar el rancho destinado al trayecto,
bebiendo y volviendo a beber el turbio vino y la ginebra,
despidiéndonos cada viernes de los mismos rostros dolientes.

Por fin se perdieron atrás los últimos faros de África,
por fin apareció en la noche un cielo de horror y de hastío,
por fin nos vimos arrojados a las fauces grises del miedo,
casi ninguno había sentido ese frío de noche en los huesos.

No piense usted en heroismos, matando ratas en bodegas
todos sabíamos que acaso un día tendríamos que comerlas,
con solo y que el viento del este se enloqueciera sobre la ruta,
pero alcanzó el jamón hasta el fin, y el vino, y el agua, y el miedo.

Recuerdo a Durante Solís contando historias del demonio
que nadie quería escuchar de noche en el vientre del barco,
Lope Martínez imitaba grotescamente al Marqués viejo
que iba de Virrey al Perú y hacía poemas en cubierta.

Por fin una tarde sentimos en pleno mar una extraña euforia:
algo llenaba los pulmones de vigor, los ojos de fuego,
cada quien sintió que empezaba a enloquecerse de impaciencia,
pero era el olor del agua dulce de los grandes ríos de América.

Y así llegamos al socaire de Bocachica. Y vi por fin
las grises murallas de piedra de las colonias del Caribe,
los loros que decían blasfemias, las esclavas vendiendo bálsamos,
el amor barato y aprisa entre las costosas alfombras.

Y al zarpar ante la gran flota hacia el oeste no sabíamos
que nunca más vería la nave las grandes aguas planetarias.
Calculábamos, avanzando sobre los infiernos del istmo,
que ya en el Perú preparaban el fruto de las minas negras;

que los barcos pesados de oro iban zarpando de El Callao
sobre la espuma inconcebible del océano de las Indias,
que ya en el Darién desfilaban lentas mulas innumerables
con el lomo casi quebrado por el peso de los lingotes;

que ya las piraguas rojizas bajaban por los ríos estrechos,
llenas de tesoros espléndidos, hacia el playón de Portobelo,
y al fin apareció la costa, mientras soñábamos con ella
para no pensar que en el este las nubes parecían fragatas.

Todo quedó en aquel bazar: las alfombras y las vajillas,
los costosos muebles brillantes, las rojas sedas de Venecia,
los negros violines de Praga, los espejos de las condesas,
los toneles de vino verde, los tiovivos y los cristales.

Y llenamos tres galeones con los lingotes y las vajillas,
y pesadamente zarpamos ensombrecidos como selvas,
y el miedo ya tenía un peso de metal, y oprimía los sueños,
y nunca había sido tan dulce el rojo vino del Imperio.

Crecía el miedo, crecía el mar, crecía la luna sobre el tiempo,
crecía el gesto de acechanza de las nubes del horizonte,
qué desoladas esas tardes en el mar hirviente del trópico,
qué triste el confín de palmeras de esas islas que borra el día.

Y las deficientes carenas no protegieron la cubierta
y otra vez hubo que virar hacia el sur, a las costas blancas.
Aquella tarde apareció la luna antes de la tiniebla,
iba a ser una noche clara, pudimos seguir en la noche.

Pero el capitán conocía los peligros de la ensenada,
los traidores bancos de arena, los cercos de coral, los demonios
que acechan a los galeones en las noches de luna llena,
los sortilegios que extravían a las naves entre las sombras.

Por eso las naves anclaron, por eso ganó tiempo el diablo,
el pérfido inglés que sin tregua nos rastreaba desde Cádiz
con su flota de hermosos barcos ágiles como perros de oro
que en los bosques siguen al ciervo, invisibles, mudos, exactos.

Y al mediodía sopló el viento, sopló Albión, sopló la desdicha,
y antes que asomara la luna nos dieron orden de batalla,
y súbitos surgieron los perros del cazador sobre las aguas,
cientos de cañones ladrando, y entendí que estábamos muertos.

La gran flota se dispersó como un sueño cuando te llaman.
Yo vi la hendidura en el casco del galeón, y vi aterrado
que la grieta crecía al golpe de nuestros propios cañonazos,
y de pronto, en el mar ya oscuro, mi viejo barco estaba en llamas.

Todavía recuerdan mis brazos el trozo de madera negra
que abrazaron por horas y horas hasta cuando fui rescatado.
¿No quiere otro vaso de vino? ¿De dónde me dijo que era?
¿Quiere saber cuánta riqueza yace en el fondo del abismo?

¿Ya le conté de aquel marino que se ahogó frente a mí esa noche?
Soy el único que quedó vivo de cuatrocientos que zarpamos,
pero en sueños veo a esos hombres llamándome desde el infierno,
no se extrañe de que prefiera pasar la noche en la taberna.



UNA SONRISA EN LA OSCURIDAD

De noche, cuando vuelvo de los algodonales,
cuando a pesar del ardor de los latigazos y la ulceración de las muñecas
soy el único rincón de la sombra que se arquea en sonrisas;
cuando miro la estrella nerviosa y solitaria
y entiendo que hay un lazo que une a mi corazón con la estrella
vuelve de pronto a vivir alguien que nunca ha sido,
unas tierras como hijas de la fiebre
parecen extender sus praderas en torno
y estoy despierto y sueño sin embargo.

Veo un reverberante país de enormes selvas
en donde hasta los dioses son negros.
Sueño con grandes perros de pelaje dorado
con melenas enormes,
sueño con recios potros visibles solo a trechos,
con bestias imposibles de larguísimos cuellos
y otras cosas extrañas.

Una legión de hombres majestuosos y negros recorren mis pupilas,
y algo ha pasado con los trozos de árboles
que llevan en sus manos.
Siento que son mis padres, que son magos y príncipes,
y que la tierra les ha dado su poder más profundo
para limpiar de males cuerpos y almas,
para saltar como esos ágiles venados esbeltos
de cuernos que se arquean igual que negros trozos de agua,
y que escapan saltando por mi sueño.

No sé si es Dios el que así me consuela
con un alegre sueño sin cadenas
para que olvide el sol de tormentos que hierve sobre el campo,
para que olvide la lívida crueldad de los rostros blancos,
para que olvide el cerco de cuadrillas con rifles
que me separan de mi origen,
o si es verdad que alguna vez mi estirpe
fue reina de una tierra encantada
donde madres magníficas amasaron en barro
dioses capaces de alegría.

Pero tal vez lo que sonríe en mi rostro
son los trasnietos de mis nietos
ya danzando desnudos bajo el tambor sagrado de un cielo de truenos,
despertando la lluvia con la danza,
amansando a las bestias con el poder de su mirada
y recordando, como al paciente guardián del origen,
a ese hombre encadenado que soñaba hace siglos
en una tierra ajena,
en una tierra ajena poblada por demonios,
donde solo le fueron amigas las estrellas.



WALT WHITMAN

No deploro ignorar lo que ocurrió después con los Estados,
en otro o muchos siglos, qué vino después de los raudos ferrocarriles,
después de los telégrafos asombrosos y de la cósmica muerte de Lincoln.
Algo habrá ocurrido, naves más veloces reemplazarian a aquellas,
segadoras inmensas habrán sustituido a los hombres en la cosecha de los continentales campos de trigo,
y los hombres así liberados de su labor habrán podido dedicarse a ser libres
y cantar más ociosas canciones
(ese, al menos, mi deseo)
o se habrán lanzado, por orden de obscenos jefes, a la guerra en arrozales remotos
(siempre habrá lugar también para que triunfe el espanto).

No me aflige ignorarlo. Ignoraré demasiadas cosas que no sabría contar:
el porvenir es tan innumerable como el más cuajado y nítido cielo de invierno.
No me aplico a la enumeración melancólica de lo que dejo:
si algo existe en verdad, estaba antes de mí, persistirá más tarde,
apenas si lo conmoví a mi paso como a un manojo de hierba.

¿Qué vino después de las grandes rotativas, de las torres populosas?
¿Hicieron aún mejores barcos, con velas más audaces y más complejos mástiles?
¿Y cómo terminaron mis parientes sus vidas?
Tal vez la pequeña y rubia sobrina llegó a ser una anciana severa, abandonada por sus siete hijos,
y aquel niño que quise se hizo un gran Magistrado, o un gran criminal. o un genio demente.
Siempre algo imprevisible, algo que resolvió felizmente lo asombroso,
o que le dio un vuelco atroz a lo que avanzaba radiante.

No me aflige ignorar lo que pasará con mi amada república.
Cada final es melancólico pero está rodeado de comienzos espléndidos,
y es bello ver rodar al viejo roble bajo el hacha del desguace
si alrededor se alzan los robles jóvenes.
Todo aquello que quise seguirá su destino, cada cosa sujeta a su herrumbre de azares;
todos esos que quise se irán rindiendo dóciles a los abrazos de lo informe,
sé que ese declinar es la condición para que el sol vuele de nuevo desde las manos de la noche.

Padres, borrosos padres de mis padres, hoguera suprema de las generaciones cuya sangre corre por mis venas,
no les fue dado ver lo que seguía, siempre asombroso y nuevo, ni cosechar lo que sembraron.
Otros vehículos más raudos, formas milagrosas de enviar señales a distancia,
conquista de las selvas inexploradas, los lechos del mar, los planetas,
todo está bien dispuesto para que los hijos del hombre avancen en su formidable aventura.

Y bien pudiera ser que la guerra o la peste redujeran de nuevo en aldeas a estas vastas repúblicas,
o que una maldición sellara para siempre libros y tumbas
y del pasado se prohibiera el recuerdo.
Nada se habrá perdido, sin embargo,
es magnífico el vino, pero el agua es mejor, embriaga de manera más mística,
no me revela al otro que se agazapa en mí, me revela a mí mismo.
A ti, dentro de siglos, solo puedo decirte que nada nos fue dado distinto,
podrás reconocerte en cada arbusto y río, en el giro mareado de la abeja.
Lo que nombro es eterno.
Nada será mejor de lo que ha sido.

Las fiestas en los pabellones rosados donde con salvajes flores y licores incomprensibles se despide a las audaces tripulaciones
(van a Marte y a Venus, sus nietos cruzarán la cabellera de Andrómeda)
no son menos alegres y solemnes que esos festejos en las tiendas asirias (estoy viéndolos) antes de la batalla.
Y mientras la cerveza sea cerveza sabrá lo mismo en las tabernas de la luna que en los mesones soleados de Mesopotamia.

No hay siglos, ni milenios, ni eras para las titilantes estrellas:
cada fulgor un comienzo, cada parpadeo una agonía,
y lo más asombroso no son las cintas plateadas por donde van las naves del futuro,
ni la torre que ellos levantaron en Babel, junto al gran río,
sino este mediodía de verano, la pequeña ventana
contra la que estrella sus olas el universo,
y esta persiana que secciona la luz,
y estas mágicas voces que cruzan las salas,
y esta roja escalera de sombras macizas que une los niveles del mundo



EL GEÓLOGO

Aquí hubo un mar hace un millón de años.
El hombre no lo sabe, mas la piedra se acuerda.
Pártela: hay un cangrejo en sus entrañas,
todo de piedra ya, forma magnífica
que se negó a ser polvo.
Ante el peñasco y el guijarro, piensa
que acaso fueron seres dolorosos,
sangre y pulmones palpitantes.
Entre la ciega roca
y el trémolo extasiado de la salamandra
tan sólo hay tiempo.



LUCILA GODOY

Ven y dale otra vez tu calor a mis labios
antes que sean ceniza,
y contempla conmigo la bóveda del cielo
antes de que se arruinen sus cadastros,
y miremos la luna blanca y perfecta
que un día yacerá en pedazos sobre la llanura,
y miremos el sol antes de que se desangre
en el atormentado crepúsculo del mundo.
Ven y acaricia mi cabeza
donde se habrán de destejer los abismos,
llena con tu hermosura mis pupilas
que verán disgregarse los Palacios,
toma en las tuyas tibias mis manos blancas
que un día no hallarán asidero en lo inmenso,
pon tu cabeza en mi pecho, oye cantar a mi corazón
que un día en su quietud matará a las estrellas.
Oye otra vez mi voz en el viento,
aún puedo nombrar los limones y el vino
que al final se unirán en su amargura,
ven y contemos todavía los hilos de la luz de septiembre
antes de que los corte la tijera de octubre.
Hay un gran espectáculo en el cielo: una nube,
gózala junto a mí antes que arrecie el viento.
Acércate y desnúdame de estos pesados mantos
antes que el tiempo me desnude de mí,
toca mi arcilla estremecida
antes que sea tristeza en el tiempo.
Mis senos tiemblan para ti, cruel amigo,
y no los cubres con tus manos ardientes,
ven y cierra los ojos junto a mí, siente el bosque
lleno de perfume,
antes que este esplendor sea despojo.

Qué triste es ver que es inútil la luna,
ese ciego cristal resplandeciente,
que por el bosque huyen las voces recias de los cazadores
y no hay quien tome a la agitada liebre,
qué tristes las ciudades llenas de tristes rostros,
porque el único rostro fue al destierro.

En tu exilio de huesos, en tu exilio de sombras,
en tu pecho de hierba, en tu silencio,
compadece a esta pájara cautiva en la tremenda jaula del mundo,
entre el mar y la estrella,
amigo mío diluido en la muerte,
mientras yo miro como abeja enferma
la rosa inhabitable.

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William Ospina (1954- Empty Re: William Ospina (1954-

Mensaje por Pedro Casas Serra Mar Jul 19, 2022 6:22 pm

.


Algunos poemas de William Ospina, de su obra ¿Con quién habla Virginia caminando hacia el agua?, 1995:


WEIMAR, 1900

Veo en el espejo un monarca con el pecho adornado de sangre,
veo en el espejo un tirano presidiendo noches de antorchas,
veo en el espejo navíos que arrojan el infierno a los campos,
veo en el espejo cansado pueblos de esqueletos que lloran,
pero no puedo ver mi rostro.

Veo en el espejo los rayos que se arquean sobre el firmamento,
veo en el espejo una serpiente que forman millones de hombres,
veo en el espejo desiertos con incendios inextinguibles,
veo en el espejo auditorios que miran rostros gigantescos,
pero no puedo ver mi rostro.

Veo en el espejo la luna, y en su polvo una huella humana,
veo en el espejo vías rectas que rasgan atroces carruajes,
veo en el espejo las noches ciegas de torres luminosas,
veo en el espejo los astros sobre quietos reinos de herrumbre,
pero no puedo ver mi rostro.



UN ANARQUISTA

Yo no soy el que mata a distancia, escudado en el aire invisible.
Yo no soy el que hace inviolable su crimen bajo el ropaje de una ley o una iglesia.
Salgo de en medio de las multitudes, ebrio de indignación y de cólera;
no me importa morir, sé que mi muerte es poco comparada con esta empresa espléndida
de mostrar al tirano que su carne es mortal, que hasta el último esclavo
puede tocar la estrella con la frente, puede tomar el hacha de la justicia;
que no hay nadie tan mísero que no pueda despojar a un rey de su trono,
que hasta el último hombre puede ser en su hora el estruendo y el rayo de un dios de cólera.

Avanzo hacia el cortejo marcial; quedan atrás la multitud y el pasado.
Tomo las riendas del caballo del príncipe, miro su rostro elegante y perplejo.
Apunto el arma hacia su pecho cargado de medallas y emblemas.
Ya en vano corren hacia mí los sobresaltados esbirros.

El caballo me salpica de espuma. La barbada boca del príncipe intenta una maldición o una orden.
Este seco estampido se está escuchando hasta en los últimos confines del mundo.



GUILLAUME APOLLINAIRE

Los pequeños y vertiginosos planetas de plomo
incandescentes cruzan el aire del crepúsculo
buscando estos calientes pechos llenos de miedo.
La certidumbre de perder esos bosques
los torna de frágil cristal, quiebra sobre sus ramas
el cántaro rojo de una luna de vino.
El olor de la sangre asciende de las sábanas blancas.
Lo más feroz de la guerra quema en los labios,
que están diciendo adiós desde su fiebre
a unas novias lejanas.
Vienen por las trincheras, llenan los hospitales;
la honda guerra está llena de mujeres bellísimas:
solo las ven los ojos de aquellos que las aman.
Esos espectros adorables
pasan inmunes entre la venenosa luz de las armas,
sobreviven a las salpicaduras del metal y del odio,
y van dejando besos que sosiegan
sobre las frentes destrozadas.



FRANZ KAFKA

Padre, le digo, dame tres granos de cebada para despertar al durmiente.
Pero mi padre no responde:
es un enorme jinete de bronce, alto sobre colinas y sinagogas.
Madre, le digo, aparta tanta niebla,
muéstrame un rostro dulce, del que broten palabras ingenuas.
Pero ella se ha perdido por los callejones de piedra
y solo encuentro en el espejo sus ojos inmensos.
Abuelo, digo entonces, ya no luches más con el ángel,
ven a contarme historias junto al fuego, mientras se hiela el Elba.
Pero el viejo me mira con ojos ausentes, y comprendo
que no es este mi abuelo sino un viejo gitano que quierevenderme un recuerdo.
Hermana, bella hermana, le digo,
toma mi mano que está oscuro en esta casa inmensa.
Pero a mi lado pasa una condesa polaca monumental y arrogante
y se escucha un violín, y se cierra una puerta.
Hermano, digo, qué bello cabalgas sobre el potro de madera y de laca,
¿hacia dónde nos llevan estas tardes inciertas?
Pero él es sólo una imagen, una gris fotografía en mis manos,
y a lo lejos, atroces, los cañones resuenan.
Goethe, le digo, cántame una canción romana,
haz que yo sienta en mi corazón esta antigua tristeza.
Pero la tumba calla y sobre ella vuelan grises palomas
y no puedo abrir este libro porque sus páginas son de ceniza.
Milena, digo luego, tal vez tú puedas finalmente salvarme,
dime que soy de carne y de sangre, que esto que me atenaza es un deseo.
Pero ella se afantasma entre miles de seres escuálidos
y apenas si percibo dos llamas que se apagan muy lejos.

¿Entonces es delirio todo esto?  ¿A quién puedo llamar que me salve?
Su reino es de este mundo. Todos están aceptados y absueltos.
Son demasiado humanos, son demasiado justos,
y yo no logro hablarles con mi estruendo de élitros,
y no aprendí a cruzar las puertas,
y no sé defenderme.

Si ves dos grises ojos de gato en la gótica noche de Praga
comprenderás que temo morir si me duermo.
Si oyes una canción en la gótica noche de Praga
comprenderás que intento saber dónde me encuentro.
Si oyes un corazón en la gótica noche de Praga
comprenderás quién sostiene todo este sueño.



ESPAÑA, 1939

Ay Carmela, no sabía
mientras te estaba besando,
hasta dónde y hasta cuándo
me despedía.

Se va el rojo, queda el blanco.
Cómo espiga la guadaña.
Ay Carmela, se va España.
Queda Franco.

Ay Carmela, mi ventura.
Ay, no llores, no estés seria.
Salva lo mejor de Iberia:
su locura.

Ay, qué rotas van mis alas.
Ay, mi orgullo tan deshecho.
Ay, qué poco puede un pecho
contra las balas.

No me ofrezcas oraciones.
Ay Carmela, el cielo engaña.
Salva lo mejor de España:
sus pasiones.

Ay Carmela
........................Ardan tus besos
sobre mis huesos.



¿CON QUIÉN HABLA VIRGINIA
CAMINANDO HACIA EL AGUA?

Si tú me vieras caminando a esta hora hacia el río
me dirías: mujer ¿en dónde está tu hogar? ¿Dónde tus hijos?
¿Dónde los sacos de lana, el tambor de bordar, la sartén en el fuego,
el té del atardecer, las cortinas de flores, las lámparas con su limitado crepúsculo?
¿Dónde las tardes sepia de las fotografías?
¿Dónde la soledad que el fonógrafo arrulla?
¿Y el cofre con las cartas y las blusas de seda
y el gato que se ovilla sobre el piano como un pacto secreto con una selva antigua?

¿Y qué podría responderte yo, hermoso viajero invisible?
Hombre o Dios que imagino para que me interrogues en esta hora extrema.
Si sueño tus labios latinos, no habrá besos en ellos sino terribles preguntas.
Si sueño tus ojos de hogueras distantes no encontraré ternura en su mirada.
Si sueño desnudo tu pecho, y enorme en el cielo, sobre las dudas de la guerra y del Támesis,
oiré palpitar en el fondo un corazón valeroso y ausente.

Tú tienes el deber de ser valiente; la guerra cierra sus alas sobre Inglaterra.
Tú tienes el deber de vigilar las bandadas de hierro, la basura del cielo, los pájaros del Führer.
Tú tienes el deber de salvar a Inglaterra, de salvar de la peste del odio piedras y almas.
Para mí se han cerrado los caminos, se han cerrado los días, las flores;
en el jardín los picos de los últimos pájaros ya por última vez dialogaron en griego,
y entendí que algo más triste que la guerra, más triste que la codicia y el odio
se está cerrando lentamente sobre los mudos cielos de mi alma.

Tal vez todo está bien, tal vez así fue el mundo siempre.
Monstruosas cabalgatas con sus lunas de cráneos aplastando las pequeñas ciudades
que intentaron un poco de fe y un poco de belleza y un poco de orgullo
frente al sollozo interminable del mar.
Reyes y santos y pontífices que no sienten que hielan sus rostros los vientos inicuos.
Y un desamparo de jardines sin sol, cuya humedad recorren con sus corazas rotas los ciegos caracoles.
¿A quién le estarán explicando estas cosas mis labios?
¿Quién estará llenando con su forma ilusoria mis últimos instantes?

Oh piadoso testigo, resto tal vez de un sueño.
Ultimo moro de labios triunfales, ofrecedor del último violín de la noche.
Tú que no has existido jamás, y sin embargo,
llenas con tu presencia mi camino hacia el río,
la pesada labor de recoger estas cómplices piedras
que he puesto en mis bolsillos, las muchas, negras, firmes,
antiguas, prodigiosas, inexplicables piedras,
cuyo peso tasado por dioses ya imposibles
me retendrá en el fondo de las aguas.

Tú que incesantemente, sensual hijo de mi alma,
reiteras tus preguntas, tus gritos, tus reproches,
tratas de arrebatarme mi secreto que ignoro,
demorarme en la tierra
que se están disputando los verdes rojos ácidos venenos,
los sonoros cuchillos, los ángeles horrendos.

Tratas de retenerme pero ya nada soy
que pueda herir el mundo.
Fui el alma de mi patria una mañana;
hice sonar de estrella a estrella, hice sonar de espuma a espuma,
hice sonar de sueño a sueño la sensitiva lengua inglesa;
dije a las hondas madres sume
tan hermosos secretos,
que una a una se alzaron del mar con sus flores de púrpura,
y tremolaron hilarantes y hermosas entre las nubes de oro,
y perfumaron de hierbas salvajes las cavernas de agosto.

Pero ya nada soy, hombre o duende que enredas mis pasos
para que nunca encuentren la orilla del río que debe arrastrarme.
Las ninfas de las aguas morderán estas manos,
masticarán mis cabellos como una hierba misteriosa y nocturna.

Como el gato que escapa hacia la selva
escapó de la lámpara el crepúsculo;
el piano enloquecido cantó una tonada brutal al fulgor de las bombas
y va por las cortinas el incendio marchitando las rosas de Morris.

Ya sólo soy el peso de estas piedras,
las piedras que arrojaban las hondas de los padres antiguos,
restos despedazados de una ciudad de los tiempos de Alfredo,
piedras que hicieron tropezar a los potros romanos,
piedras de indescifrables inscripciones
que puso en estos bosques un dios inaccesible,
que sembró en estos bosques, antes que hubiera humanos,
un poderoso ser
para
ayudarme.



LO QUE DECÍAN LAS CANCIONES
DE AQUELLOS LOCOS AÑOS

Duran los dones de la tierra:
bajo la orquesta lenta y fina
se desvanece o se asordina
la guerra.

Entre las sedas y el derroche
de la medialuna de octubre,
no preguntes qué es lo que cubre
la noche.

El gran salón es un oasis.
Aquí no llegarán por nada,
ostentando su cruz gamada,
los nazis.

Mira los dorados adornos,
bebe el perfume dulce y blando,
no preguntes qué están quemando
los hornos.



ELLOS SON PODEROSOS

No digas que tienes sed, porque te darán un vaso con tu sangre.
No digas que tienes hambre, porque te servirán tus dedos cortados.
No digas que tienes sueño, porque te coserán con hilo los párpados.
No digas que amas a alguien, porque te traerán su corazón putrefacto.
No digas que quieres al mundo, porque multiplicarán los incendios.
No digas que buscas a Dios, porque te llenarán de brasas la boca.
No digas que está bello el rocío que dulcemente cubre los campos,
porque en cada gota celeste inocularán pestilencia.



EL DIRECTOR DE ORQUESTA

¿Por qué vuelve a las manos ese libro olvidado justo cuando la vida iba a necesitarlo?
¿Por qué siempre encontramos el amor verdadero cuando íbamos buscándolo por caminos de engaño?
¿Por qué resurge, más feroz, el César? ¿Por qué la hija de Aspasia es nuevamente Aspasia?
¿Por qué hay cosas e instantes perdidos en los días que parecen de pronto darle sentido a todo?
¿Por qué florecen de sus ruinas los templos? ¿Por qué vuelve en los sueños la nariz de la Esfinge?
¿Por qué la dicha más fugaz puede borrar rebaños de insomnios?
¿Por qué solo unas cosas del tiempo se alargan en recuerdos?
¿Por qué vuelve la muerte donde estuvo la muerte?
¿Por qué la última flor del horror es la belleza? ¿Por qué la última flor de la belleza es el horror?

Estas cosas me inquietan.

¿Por qué nuestro destino se parece tanto a nosotros?
¿Por qué el que tiene amor encuentra amor? ¿Por qué el que tiene espanto encuentra espanto?
¿Por qué el sueño nocturno nos redime del día?
¿Por qué siempre esos golpes en la puerta de Macbeth?
¿Por qué el bufón se borra cuando Lear enloquece?
¿Por qué están asustados los espinos? ¿Por qué están tan serenas las garzas?
¿Por qué es el agua dócil y concéntrica?
¿Por qué todos completos después de tantas muertes?
¿Por qué está Troya intacta en la memoria?
¿Por qué odiamos al bárbaro pero somos el bárbaro?
¿Por qué no desespera el caracol de su ritmo?

Estas cosas me inquietan.

¿Por qué tantos encuentros casuales? ¿Y por qué es tan difícil encontrar lo buscado?
¿Por qué después de tantos milenios industriosos vuelven a ser perfectos la hierba, el agua, el aire?
¿Por qué nada se hunde definitivamente? ¿Por qué regresan a la luz los galeones dorados?
¿Por qué este mismo amor que hace tanto había muerto?
¿Por qué lo más precioso se pierde? ¿Por qué lo más precioso se salva?
¿Por qué siempre golpea la sombra donde más doloroso es el golpe?
¿Por qué sigue este puñado de vivientes, pequeño en los tobillos de Babilonia,
intimando con ellos, uniendo su grito al dorado rumor de los muertos?

Mortales, esta es mi respuesta: porque la vida no es camino ni escala,
porque la vida no es expiación ni justicia,
porque la historia no asciende hacia la plenitud, ni va buscando la verdad ni lo eterno,
porque hay una perfección en el abandono
y hay una perfección en el esfuerzo,
porque la salamandra no es menos importante que Shakespeare,
porque la vida es música.



LOS HIJOS DEL SOLDADO

Mi padre era maestro. Yo tenía siete años.
Y un día recibió, como todos, la carta.
Había sido aceptado en el partido
(aunque él jamás habría solicitado el ingreso).
Le enviaron un escudo con la esvástica.
Unos meses después marchaba rumbo a Rusia.
Mi madre estaba enferma aquel invierno,
los tres niños debíamos hacerlo todo en casa.
Y a veces venían cartas desde el frente oriental.
La guerra era una ausencia, un silencio, un temor que crecía.
Después las cartas se acabaron, y se acabó la guerra.
Y los hombres volvieron, pero él seguía en el frente.
Qué larga fue la infancia; qué triste está Alemania en la memoria.
Los tres íbamos juntos cada sábado
a esperar aquel tren.
Sin hablar lo esperábamos.
Y mi madre creía que estábamos jugando en los campos vecinos.
Año tras año, sin faltar, cada sábado,
sin decírselo a nadie,
esa estación nos vio crecer callando.
Cuando caía la noche, regresábamos.



LO QUE DICE EN UN BANCO DE UN PARQUE
UN ANCIANO AL QUE YA NADIE ESCUCHA

Si tú crees en el infierno, debes creer igualmente en el cielo.
Si crees en la desdicha, debes creer en la felicidad.
Si has visto a la hoja de arce, rojo-vino manchado por ocres estragos,
desprenderse del árbol y hundirse por confusas esquinas,
debes creer también en la hoja delicada y brillante que brota
cuando empieza a ser tibia la atmósfera,
cuando todo en la tierra y la luz vuelve a ser un camino.
Si has visto una noche caer al mediodía sobre el alma,
o abrirse un surco de sangre en la piel al paso de la espina de hierro,
o el futuro erizarse como una ciudad angustiosa,
o el rostro del amor endurecerse como la estatua de un tirano implacable;
si has visto a la ruina caer como lluvia que corroe y humilla,
y a la crueldad brotar como una camisa de espinas,
debes creer en el raudal que perfora las nubes,
debes creer en la cicatriz y en el olvido que se cierra como piel de agua,
debes creer en súbitos prados de música,
debes creer en ternuras inesperadas, en amores interminables,
la lealtad naciendo de la pobreza, el valor asombrando a su propia carne,
días sin mancha de miedo, cielos sin buitres,
labios llenos de hermosos consejos, corazones tan puros como pájaros
y sinceros abrazos desnudos que ennoblecen y amparan.
También lo hermoso puede ser, también está para ti lo divino.
Sólo un milagro no pidas, sólo un milagro no esperes,
que la pupila vuelta perla ya por la luz de la muerte
vuelva a ser transparente,
que esa mano, rígida como mármol, que ya atrapó el secreto,
vuelva rítmica y tibia a jugar en el viento.


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William Ospina (1954- Empty Re: William Ospina (1954-

Mensaje por Pedro Casas Serra Miér Jul 20, 2022 6:00 pm

.


Algunos poemas de William Ospina, de su obra Más allá de la aurora y del Ganges:



Detrás de sus montañas, India aguarda.

Abajo, a diez mil metros de los motores blancos,
la recta costa gris de Crimea en la tarde,
la infinita quietud del Ponto Euxino,
la inmensidad desierta que fue Persia,
y el abstracto y reseco infierno afgano.

Más alla de los mares, India aguarda,
a cinco guerras de distancia.



*



Mira primero mucho por la ventanilla del tren.
Todo parece casual, el hombre que pasa en bicicleta, las mujeres
.....encogidas que recogen la hierba, el pájaro de plumas de colores,
.....la vaca que medita junto a los basurales, pero todo eso que ves tiene
.....que ver contigo, está allí porque pasas, tal vez no viene del fondo
.....del paisaje sino del fondo de ti mismo.
Debes estar atento.
Pronto aparecerá el inmenso río, el resplandor vacío, y en él dos puntos
.....negros que si los miras bien son dos pequeñas barcas.
Esas barcas precisas permanecerán en tu alma.
Más tarde, por el campo, habrá un templo muy viejo, con cúpulas
.....oscuras y con telas colgadas en las terrazas.
Cerca de él habrá un templo pequeño, rosado como un pájaro.
Y al lado estará el árbol.
Es el árbol preciso: lo sabrás porque tiene desplegada una bandera,
.....y junto a él, fíjate bien, alguien está rezando.
Ahora no es necesario que vigiles, puedes cerrar los ojos, puedes dormir
.....un rato.
En la desconocida ceremonia alguien te ha reemplazado.



*



Porque aquí la ciudad es de las muchedumbres, de monos y de hombres
.....y de hormigas, pero el cielo radiante es de las águilas.
No hay un lugar en el mundo donde vuelen más águilas.
Pasan sobre nuestras cabezas haciéndonos sentir que el mundo está
.....muy vivo, que las columnas del aire sostienen el río de su sangre
.....divina.
A veces se detienen en los alto.
Tienen ese poder de quedarse en un sitio, batiendo con fuerza las alas
.....para que el cuerpo permanezca inmóvil, viendo algo preciso que
.....las llama.
¿Será la sangre deleitable, el humor de la presa, los dioses diminutos que
.....huyen bajo los árboles?
No podemos saberlo.
El bosque es de los pájaros, nunca tantos idiomas de pájaros descifraron
.....el viento.
Pero el cielo en lo alto es de las águilas.
Son poderosas cuando rompen la nube, cuando cubren el sol, cuando se
.....cruzan como rayos negros.
Poderosas también cuando bajan y caminan en grupos bajo la sombra
.....verde de los palacios.
No ven el mundo que nosotros vemos, no saben de la historia ni del
.....presente.
Nunca saldrán de la mitología.
No sabrán nunca del amor ni del miedo.



*



El gran río viene del norte, de las montañas de Shiva.
Junto al gran río se alzan los montones de leña, la madera de sándalo,
y todo lo que fuimos asciende en ese humo azul que se desvanece
sobre los viejos templos de Varanasi, donde están las sombrillas de
.....los sabios.

Y atrás, por hondas calles que desde aquí son invisibles,
vienen tristes cortejos con cadáveres.

El muerto en su litera, bajo la muselina,
bajo la seda roja o amarilla.

En hombros de sus hijos desciende el cuerpo muerto hacia la libertad,
.....hacia el río,
hacia el fuego sagrado y perfumado, el dios más poderoso,
capaz de deshacer en un solo cuerpo ochenta mil existencias sucesivas,
y abrir la puerta, la única puerta, por donde se puede escapar de la pena,
escapar de las rosas,
escapar de la música que enlaza como una red de hierro los mundos.



*



Sobre la stupa y el lecho de loto
cuatro veces Buda mirando en cuatro direcciones,
con las manos en gesto de meditación,
con las manos en gesto de iluminación,
con las manos en gesto de predicación...
Y no sé por qué pienso menos en Buda
que en el insecto gris que recorre su pecho,
el insecto que gira conmigo alrededor de la stupa
como si también él estuviera escuchando las explicaciones del monje.
El mundo es mi camino,
como el pecho de piedra del Buda es el camino de este ser pequeñísimo,
o tal vez él avanza por las grises montañas
y soy yo el que camina sobre el inmenso pecho de piedra.



*



No es neceario sumergirse en el Ganges, bastan unas gotas del río
.....sagrado en la frente o el pecho para que el agua cumpla su labor
.....milagrosa.
Cuando la voz lo dijo, ya venía remando el barquero con vasijas de
.....muchos tamaños.
Por unas cuantas rupias adquirí dos pequeños recipientes llenos de agua
.....del Ganges.
Y de regreso, ya en el otro extremo del mundo, yo agitaba los cántaros
.....de metal y oía el agua en su interior, el agua que llora y que canta.
Más milagroso que el rocío de aquella agua sagrada me pareció tener
.....una fracción del Ganges guardada en el estante, entre los libros.
Y escuchar de repente, en la noche vastísima, el pequeño sollozo del río.
Nunca abrí las vasijas. Un día, al agitarlas, no estaba ya el rumor de sus
.....aguas.
Pero en lo más profundo de la memoria, sé que el Ganges me espera
.....guardado en esos cántaros,
y el día en que mis años busquen ya la purificación y el olvido,
.....verterán en mi sueño el agua inagotable.



*



Acabábamos de aterrizar en Calcuta.
Habíamos visto desde el aire la llanura cenagosa de miles de edificios
.....de veinte pisos.
Habíamos visto la legión de mendigos que nos asedió a la salida.
Y ahora íbamos todos en un taxi por las calles abarrotadas de gente,
.....de coches, de sueños y de dioses.

De repente, a la izquierda, apareció el cortejo.
Casi veinte muchachos adornados de flores acompañaban al muchacho
.....muerto.
Varios llevaban en sus hombros la parihuela, donde el cuerpo tenía
.....todavía la flexibilidad de la vida.

No era una cosa rígida: apenas empezaba su sueño.
De los pequeños atabales brotaba el humo del incienso, de los pequeños
.....címbalos brotaba la música.
No supimos si los jóvenes lloraban o cantaban pero el cortejo no
.....producía tristeza.
Parecía parte tan natural de la atmósfera como los comercios de discos,
.....como las barberías instaladas en el separador de las avenidas, como
.....los vendedores de comida, de sedas, de perfumes, de dioses de
.....madera, de sandalias de plástico.

Ramón comprendió, y lo dijo, que era la misma atmósfera del "Entierro
.....en el este".
Y al llegar al hotel, sin saber cómo, apareció el libro de Neruda, y
.....apareció el poema, y lo leímos.
Ese fue el comienzo de la ceremonia.

Ahora sé que mientras conversábamos en el viejo hotel colonial, los
.....jóvenes bajaban con el muerto hacia el río.
Y mientras hablábamos de las bellas mansiones mordidas por la ruina,
.....en los barrios antiguos de aquella ciudad infinita, los dolientes
bañaban al joven muerto en las aguas del río, y le llenaban de agua
.....la boca.

Y mientras recordábamos graves poemas de occidente, el cadáver era
.....colocado sobre los leños de sándalo.
Y mientras bebíamos y discutíamos al crecer de la noche, el joven se iba
.....convirtiendo en humo azul e incienso frente a las aguas barrosas
.....del delta.

Nuestra larga tertulia de la primera noche en Calcuta, era una misma
.....cosa con los comercios y los mendigos, con los millares de edificios
.....iluminados, con los enjambres de insectos ante las vidrieras, con los
.....millones de coches por las autorrutas y con la lenta combustión
.....de aquel cuerpo entre el llanto y la música.
Un dios oía lejos, en las altas cavernas del Himalaya, o en el fondo
.....del río, o en las cornisas de los rascacielos, ese extenso rumor de
.....cigarras, de millones de voces y aguas y motores y flautas, y después
.....lo infundió en nuestros sueños. Por eso no trajimos casi recuerdos,
.....sino esa intensa sensación de estar vivos, la confusa conciencia de
.....haber formado parte de una danza infinita.



*



Puse, como  una barca diminuta en el río, una de aquellas lámparas
.....hechas en flor de loto, pétalos secos con una gota de aceite en su
.....centro, que el peregrino enciende y suelta para que lleve su plegaria
.....a los dioses.
Ya no recuerdo qué pedí.
La barca estriada de violeta, con su pequeño corazón de fuego, se deslizó
.....en las ondas grises y se alejó hacia el sur.
La lámpara sin duda se habrá hundido en el agua.
El fuego ciertamente debió apagarse.
La humedad habrá entrado y destejido la ofrenda.
Pero nada me cuesta imaginarla vacilando y ardiendo, navegando
.....y ardiendo, por el río sagrado, o detenida en uno de los infinitos
.....palacios de piedra que el tiempo gasta en sus orillas, templos llenos
.....de tigres y de monos.
Nada me cuesta imaginar, tan lejos, que esa plegaria en llamas me tiene
.....vivo aún, todavía soñando, todavía creyendo que antes del fin
.....vendrán el amor y el milagro.
Acaso para el dios la barca hecha de flores, su breve llama que vacila
.....en el agua, y mi cuerpo que viaja con un fuego en su pecho, son una
.....sola cosa.
Y los dos ignoramos cuán lejos está el mar, cuántos años, o días, o
.....segundos, nos sostendrá en la sombra la plegaria encendida.



LA DONCELLA DE LAS PALMAS ROJAS

Bajando del templo de Buda, donde los monos juegan junto a la gran
.....efigie dorada, donde se alternan stupas budistas y pagodas hindúes,
.....saliendo ya a la avenida llena de automóviles y motocicletas, junto al
.....andén había un hombre muerto.
No alcanzó a llegar a la orilla de las liberaciones, me dije, a la redención
.....del gran río.
Había policías acordonando el área, y no pude saber si había sido un
.....accidente o un crimen.
Hablamos con mi intérprete y él me contó la historia de cómo fue
.....creada la muerte, de lo difícil que es para los dioses la sola idea
.....de destruir la vida.
Brahma había creado ya todas las criaturas, y les había dado el don de
.....la generación, de modo que empezaron a reproducirse y muy pronto
.....llenaron el mundo.
El primer dios advirtió que algo estaba mal, pero no se le ocurría cómo
.....corregirlo. Las criaturas se estaban estorbando unas a otras, y
.....aunque lo pensó mucho, no daba nunca con la solución, pues no se
.....le ocurría pensar siquiera en destruir algo que había creado. Cuando
.....creó la vida, no solo había olvidado crear la muerte sino que ni
.....siquiera la concebía.
Brahma contuvo el fuego de la ira que se acumulaba en él, y al cabo
.....de los tiempos, de su meditación, de sus ojos, de sus oídos, de su
.....pecho, fue brotando una especie de bruma que se condensaba y
.....que tomó la forma de una doncella bellísima, una muchacha oscura
.....y delicada, con las pupilas rojas, y rojas las palmas de las manos y de
.....los pies. Así nació la muerte.
Brahma le reveló para qué fue creada: para destruir a todos los seres
.....y la pobre muchacha rompió a llorar desconsoladamente sin entender
.....cómo, habiendo tantas criaturas en el mundo, ella había sido hecha
.....para una labor tan ingrata. Mientras ponía en su cuello llorando
.....guirnaldas de lotos, la muchacha le dijo: "Me agrada tu mundo, me
.....gustan los humanos, los animales, los pájaros, los árboles, no tengo
.....la intención de destruir nada, no lo haré".
Brahma le explicó que no había alternativa; había sido creada para eso y
.....tendría que hacerlo. "Estoy muy asustada", respondió la muchacha,
....."ten misericordia de mí. Los hijos, los amigos, los hermanos, las madres
.....y los pobres van a odiarme. La humedad de sus lágrimas me
.....quemará milenio tras milenio".
"Ve y destruye a todas las criaturas, le dijo entonces Brahma con
.....dureza, esto debe ocurrir inexorablemente". Entonces la doncella
.....se retiró llorando a un yermo, y pasó quince mil millones de años
.....apoyada sobre el pie derecho, en penitencia, ayunando para escapar
.....a su destino.
Al cabo de ese tiempo, Brahma vuelve a buscarla y le dice: "Tienes
.....que hacerlo". La muchacha rompe a llorar de nuevo. Permanece
.....apoyada ahora sobre el pie izquierdo, practicando ascetismo y
.....llorando, durante otros veinte mil millones de años. Después se
.....retira a una selva donde convive con todas las bestias durante diez
.....mil millones de años.
Al cabo de ese tiempo Brahma regresa y le recuerda su destino. Ella
.....permanece en silencio y durante veinte mil años no come nada, sino
.....aire. Y otros ocho mil años permanece en silencio sumergida en
.....el agua. Después se queda completamente sola junto al Ganges,
.....inmóvil como un trozo de madera, pensando en el bienestar
.....de todos los seres.
Brahma la encuentra de nuevo y le recuerda su deber.
"No puedo matar a niños y ancianos inocentes, a todos los que están
.....en la flor de la vida. No puedo matar a tantos seres que respiran.
.....oh señor de los que respiran", dice ella, "yo solo quiero practicar
.....ascetismo". Desesperada, se retira al Himalaya, entre el hielo y el
.....viento, y pasa mil millones de años parada sobre el dedo mayor
.....de su pie izquierdo, mientras llora su suerte.
Brahma vuelve, y repite: "Nadie va a odiarte, Los muertos no te
.....culparán. Tienes que hacerlo". "No lo haré", grita ella, horrorizada.
....."Nadie te verá cuando llegues", dice el Dios, "cumple con tu deber".
....."No voy a hacerlo", grita ella. "Pues lo harás", dice él.
Entonces ella junta las palmas rojas de sus manos, mira al Dios creador
.....de los mundos con sus pupilas rojas, y se inclina ante él y le susurra,
.....con una voz que sale del fondo de su llanto: "No".
Así que Brahma finalmente le dice: "Está bien: todo ese llanto que has
.....vertido lo convertiré en enfermedades y desgracias que matarán a las
.....criaturas, de modo que no te aflijas, lo que tenías que hacer, ya lo
.....has hecho".
La doncella de las palmas rojas, negándose a cumplir su tarea siniestra,
.....sin saberlo, la había realizado.
Atrás quedaba el hombre muerto, tendido en la avenida bulliciosa,
.....y mientras caía la noche sobre las muchedumbres, supe que había
.....venido desde el otro extremo del mundo para ver por primera vez
.....a la muerte.

Pedro Casas Serra
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William Ospina (1954- Empty Re: William Ospina (1954-

Mensaje por Pedro Casas Serra Vie Jul 22, 2022 8:14 am

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Algunos poemas de Willikam Ospina, de su obra Sanzetti, 2018:


VERBO

Cada cosa cosa del mundo comenzó en unos labios,
No es el amanecer el revés del crepúsculo,
Ni los tigres del agua son los tigres del fuego
Ni bastan seda y sangre para tejer la rosa.

Qué tintas y metales el taller de los nombres,
Con cada hoguera a punto de crecer y ser pájaro,
Hay peldaños y hay hierbas que esperan su profeta
Pero quizás la luna se cansó de su música.

Silban, tiñen, aroman, pero la luz se quiebra
Y más allá hay silencios sobre ramas de cuarzo,
Cada nombre se duele del cielo que ha perdido,
Las palabras voraces persiguen las palabras.



CHILE

Y nadie vio la luna sobre los bombarderos,
Todavía ofrece música la cuerda ensangrentada,
De cobre la esperanza, las gaviotas de hielo,
Baja del tren un niño por las selvas sin nombre.

Para flores lejanas se rompen estos pechos,
Pero la lluvia vuelve con su memoria intacta,
No es la historia, es la sangre lo que así te desvela,
Por piedras luminosas bajará la creciente.

Si hasta el gesto más tenue poliniza las selvas,
Qué decir del indómito poder del primer grito,
Nadie ha mirado en vano las estrellas de agosto,
Estas son las quimeras que fecundan la luna.



LAS TORRES

De Boston a Manhattan trazan la media luna,
Hay dos Budas gigantes detrás de las dos torres,
Un ser de polvo y sangre persigue muchedumbres,
¿Quién saltó por la roja escalera de incendio?

De los barcos lejanos se escuchaban los gritos,
Esas sombras que caen no son frutos ni estrellas,
Hay pájaros que buscan refugio en los espejos,
Hay dioses que agonizan en los nidos del cielo.

Gira la ciudad ebria con toros en sus patios,
Por la ventana el mundo mide su propio miedo,
Un ciego en una gruta nos está viendo ahora,
Solo faltan los pulpos sobre los rascacielos.



EL FIN

Porque el dios ya ha cantado las últimas canciones,
Pende pálida y bella la mano que hizo el mundo,
Cada fruto en los reinos se amarga con su ausencia,
Y un color malo avanza por las piedras del tiempo.

En su herrumbre de brújulas los cielos se han perdido,
Ningún pájaro encuentra su semilla de estrellas,
La humana flor que olvidan se hizo sangre en tus manos,
Tampoco hoy le abrirás al  que llame a tu puerta.

Es el cofre lujoso de las devastaciones,
Es la noche rompiendo su cántaro en silencio,
Ya solo insectos miran al Perseo de bronce,
Ya en los hondos océanos hay que empezar de nuevo.



PLAYA

Como si alguien tajara mangos sobre tu pecho,
Viene el mar a la siesta con sus islas de aroma,
Caminando en tambores canta una pena antigua
Y la tarde lentísima pasa de cuanto en cuanto.

La muerte lucha en vano contra los cormoranes,
Los diablos pierden almas en las metamorfosis,
No hay sueño que no tenga su refugio en la arena,
Busca, niño, al dios loco que inventó los cangrejos.

Pero algo está robándole sus colores al mundo,
Hunden la barca en llamas los alcatraces negros,
La noche es el presidio de los barcos piratas,
El amor muestra al cielo su reloj descompuesto.



TANGO

La oblicua luz que salta de los cuerpos contrarios,
Diabluras de una música que se arrastra en el viento,
El clavel del puñal entre el vivo y el otro,
Y una racha de exilio por las dársenas ciegas.

Las polacas, ls besos en los dedos cruzados,
¿Quién arroja a los charcos su sombra de alma en pena?
Vuelve al patio la luna su herradura sin puerta,
Tapias de los suburbios alambradas de estrellas.

La sombra antes que el cuerpo traza el signo salvaje,
Viejas noches infligen su página inconclusa,
Danzan barcos fantasmas la ciudad de hombres solos
Y lo que no fue nunca maquina su venganza.


THALASSA

¿Cómo  puedes cambiar tanta tinta en zafiro,
Y hacer volar los barcos tan lejos de su origen?
En tu esplendor te olvidas y en tu inquietud te ocultas
Y la noche no sabe morir por tus sirenas.

Qué pezones de sal, qué seminales lágrimas,
Todo el charco de un crimen tiñó el cielo de nácar,
Para andar por tus cóleras hay que ser dios o pájaro,
De tanto azul, negándolo, vuelven los calamares.

Oigo cantar los náufragos presos en tus mazmorras,
Pero a mí no me engañan tu perla y tus espejos,
Con corceles de música los ciegos te han domado,
Sueña que retroceden las espumas, los reinos.



MENINAS

No ha despertado el perro ni han entrado los reyes,
Atrápalos ahora, cuando nada es perfecto,
Muestra lo que dijeron antes que entrara el mundo,
La vida siempre ocurre un poco antes que el arte.

Quizás el universo no era más que un boceto,
La intempestiva máquina de un demiurgo impaciente,
Quizá solo es divino todo aquel que improvisa,
¿Qué pasa con los ámbitos que han quedado en la sombra?

Si cuando inventó el día quería hacer otra cosa,
Y el espejo es apenas un milagro inconcluso,
Y la fecha es la víspera y el bastidor la joya,
Y los espectadores los que están en la escena.



DIOS

Solo tú eres el Dios porque estás viendo el mundo,
Contienes los océanos e imaginas los ángeles,
Ves cómo se va yendo todo aquello que amabas,
Acaso te preparas para un nuevo universo.

Como un salmo de Whitman te tienta toda carne,
Deploras las trincheras llenas de huesos blancos,
Quieres alzar ciudades de perfumes y espectros,
Buscas el barco negro que en la tiniebla avanza.

Si algo te falta, pídelo, porque el tiempo se estrecha,
No sabes cuántas lunas volverán a llenarse,
Y en algún sitio estaba lo que te prometieron,
Quién sabe ya en qué mundo te has sentado a esperarte.



AHORA

Cuando se abrió la puerta ya habían pasado reinos,
Otras leyes regían las piedras y el verano,
Por eso te aconsejo que maldigas la espera,
Los ojos de esos búhos donde giran las aspas.

Envejece más pronto el odio que el cuchillo,
Se hace intocable el agua de las profanaciones,
Dios desprecia estas guerras en las que todos pierden,
Abrían alas de música las derrotas antiguas.

Ni el centinela sabe lo que oculta la puerta,
No hay para ti otra patria que este suburbio en llamas,
Pero hay lunas que embrujan los cielos que se apagan,
Contra un pecho de espuma se revientan las barcas.



LADRONES

Cada piedra dialoga con los astros errantes,
Otra vez saltan niños sobre las catedrales,
Un río de relojes cruza la plaza roja
Y alguien arroja al pozo los sueños que murieron.

En la tumba de Adán ya apagaron las lámparas,
Ya solo nos alumbran los huesos del profeta,
Chocan por las terrazas lenguas intraducibles,
Y hasta las ramas odian lo que cuentan los pájaros.

Otr vez es domingo detrás de los almendros,
Hay un dios que en el bosque bifurca los caminos,
Los ladrones furtivos, más livianos que ardillas,
No soltarán el arduo mapa de las estrellas.



PAX

Todos esos ejércitos vertieron nuestra sangre,
Como si aquí viniéramos solo a odiar lo que somos,
Y ahora son idéntidos todos sus cráneos blancos
Y el musgo los disfraza y la luna se ríe.

Mientras los diarios cuentan lo que no ocurrió nunca,
La tumba solo moja la tumba del poeta,
Y los cisnes anudan en reflejos sus cuellos
Y los muertos no cesan de llorar por sus muertos.

Cuando el niño estrangule la  palabra heroismo
Y cuchillos de huesos desgarren las banderas
Y dios gaste su rojo solo en las amapolas
Y los héroes olviden en qué bando luchaban.



MÁS

Los trenes de humo rojo que vienen de la infancia,
Hace miles de muertos, hace millones de hojas,
Cuando tenían peces los ríos del futuro,
Cuando no daban miedo las torres ni la ausencia.

Algo abrió las alforjas en el barco de Ulises
Y arrancó a los otoños el color del incendio,
Ya todos los viajeros sueñan con el pez sombra
Y Afrodita es un antro y Mercurio un veneno.

Baja al sótano porno de la Ilíada sin dioses,
Ya te ofrecen un módico cielo a mitad de precio,
Ya quitaron los tigres y el amor del catálogo,
Ya tocamos el fondo pero aún quedan peldaños.


TURNER

Hazte atar a la aguja de ese péndulo inverso,
Desciende por las húmedas paredes del zafiro,
Toca el pezón violeta de la barca sirena,
Arriba el mar y abajo los pájaros marinos.

La muchacha tendida sobre su sombra roja,
Los colores que huyen de la escena del crimen,
Los cabellos marchitos, los labios que se apagan,
La quieta tempestad de los instantes últimos.

Naufragando en azules y agonizando en grises
Embriagado en los ojos y herido en las entrañas,
Brotarás del abismo con tu náusea de perlas,
En el arpón el cielo tembloroso y sangrando.


ORACIÓN

Enterraron la luna debajo del desierto,
Rostros hechos de ramas hablaron en voz baja,
Necesitas dos vidas para hacer las dos alas
Y los verdugos juegan a que es danza el tormento.

Volcada está la copa y el cráneo ríe a medias
Y hay cosas incontables que decoran la ausencia,
Ya desconfían las vírgenes de su nudo de arcángeles,
No puede ver la estrella la multitud que escapa.

Dios apenas va a oír las más antiguas súplicas,
Todo pasó hace siglos cuando el clamor lo alcanza,
Más vale que comiences a cantar por la herida,
Pero esperar milagos no te hará ningún daño.



ALEPO

Por estas nueve puertas entró y salió la ruina,
Contra el mal encendimos rojas brasas de música,
En la arena discuten la seda y la metralla,
Nunca la media luna fue más curva en el cielo.

Miel amarga de almendras de la mezquita en llamas,
Lentos pimientos rojos del dolor de la ausencia,
Grabados de bazares que hace siglos son polvo,
Arcos color pistacho del hogar que perdimos.

Mientras el dios no seque el agua del olivo
Seremos tuyos, luna calcinada y sangrante,
Y un gran viento materno de limón y alabanza
Entre lenguas de escombros bendecirá los días.



ES

Es abrir cada día las heridas cerradas,
Es tratar de impedir que los muertos se mueran,
Es cerrar la clepsidra sin la última estrella,
Es mendigar la gota y arruinar el océano.

Es solo ver la muerte cuando el hilo se acaba
Y al final la floresta de colores del negro,
Ver el alma y los mundos como cosas distintas,
No saber que la muerte cabe toda en la espera.

A la guerra el que nunca lucha contra sí mismo,
Piedad para las razas que no encuentran su vínculo,
Todas las soledades las trampas del espejo,
Solo sabe de amor quien lo da y no lo espera.



COSTUMBRES

A cada instante el César va feliz rumbo al Foro,
Árboles deshojados aguardan al profeta,
Donde caerá la víctima la estatua ve su sombra,
La tempestad y el canto germinan en un vientre.

Nacen rutas de seda del paso de una oruga,
Se marchitan ciudades por un pecho ofendido,
Las naves enloquecen por un planeta de oro,
La cabeza de un santo visita el Paraíso.

Una gota de sangre parte una piedra inmensa,
La luna de los perros ve morir un pontífice,
Vuelve lentas las alas la miel de la belleza,
La bondad alza vuelo con la piedra al tobillo.





Cuentos donde el final ilumina el comienzo,
Derrotas que te enseñan a dudar del fracaso,
Giros de las estrellas que inventaron la rosa,
Cárceles de invención que atraparon el mundo.

Cada edad pule un friso de la ciudad eterna,
Cada vida la frase principal del relato,
Mientras la luz florece su mostaza en las ramas,
En la hondura el dolor alimenta el sentido.

Tú que callas y sientes esa sombra en tu pecho,
Tú que abres la penumbra de las grandes preguntas,
Sabe que solo hay hierba si tú miras la hierba,
Que hay estrellas porque oyes titilar las estrellas.



TRAFICANTES

La cubierta del barco gotea sangre en las olas,
Y es un historia larga como el más largo viaje,
Altos meses de pájaros una sola agonía,
Antílopes que saltan su adiós interminable.

Cruza el sol en astillas las bodegas podridas
Y esos rostros más crueles que las pestes del cuerpo,
Pero, lleno de dioses y de danza y de risa,
Alimenta el sonoro corazón sus leones.

Aroma intolerable de la flor del tormento,
La Madre cuida abismos donde Dios no se asoma,
Cruzan vientos salados barcos llenos de gritos,
Y así viajó Belleza y así viajó Alegría.



SI...

Es tarde para ver el final de la historia,
Todo ocurrió hace tanto que ya no se recuerda,
La montaña repite sus juegos infantiles,
El agua sabe siglos y al final nada espera.

Si la hierba aceptara decirnos el secreto,
Si la niebla dejara de jugar con la luna,
Si el cielo se escapara del cofre en que lo guardan,
Si el dios se liberara del soborno del mundo,

caería el telón de la tarde y sus astros
Y verías con desgano esos diamantes últimos,
Pero después de todo comenzaría el tiempo,
Y bastaría una gota, una tarde, un silencio.



WILLIAM OSPINA (De Poesía completa, Lumen, 2022)


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