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Rosa Lentini: “El otro lado de la poesía”, por J.A. Masoliver Ródenas (La Vanguardia, 31-08-2019) Empty

    Rosa Lentini: “El otro lado de la poesía”, por J.A. Masoliver Ródenas (La Vanguardia, 31-08-2019)

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    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 1 Sep - 12:13

    .


    Rosa Lentini: “El otro lado de la poesía”, por J.A. Masoliver Ródenas (La Vanguardia, 31-08-2019)

    Rosa Lentini recupera el pasado en su nueva obra “La hermosa nada” (Bartleby editores), repleta de ecos que cren un universo de referencias.

    Rosa Lentini (Barcelona, 1957), con el apoyo de su padre, el reputado proctólogo, poeta y traductor Javier Lentini, nació muy joven para la poesía. Fue miembro fundador de las revistas Hora de poesía (1979-95) y Asimetría (1986-88); dirige junto con su marido, el escritor colombiano Ricardo Cano Gaviria, la prestigiosa colección de poesía Igitur, y a traducido  entre otros a Pierre Reverdy. Djuna Barnes, Ives Bonnefoy, Juan Perucho y, con Ricardo Cano, a Sharon Olds y Giuseppe Ungaretti. Su obra poética, que se inicia en 1994 con La noche era una voz soñada, la encontramos recogida en Poesía reunida 2014-1994 (2015) y en El soplo del diablo y otros poemas, publicado en Colombia en 2017.

    Poesía hecha de voces y ecos, en Tuvimos (2013) ya aparecen plenamente desarrollados los rasgos que reencontramos ahora en La hermosa nada. “A distinguir me paro las voces de los ecos / y escucho solamente entre las voces una”, nos dice Antonio Machado en su Retrato. Esta es la voz esencial, el alma de la poesía a la que aspira Rosa Lentini. “Se arrancan las palabras con el esmero / con que alguien pela una fruta para otro”, nos dice en Tuvimos. Sin embargo, los ecos forman también parte de su esencia poética para crear un universo de referencias. Si en La hermosa nada un poema se titula El hombre-rana 2, es porque en Tuvimos aparece El hombre-rana 1. Y si El soplo del diablo nos resulta un título familiar, ahora el libro se abre con El soplo del diablo, un poema que nos parece una anomalía hasta que llegamos al último poema, El soplo del diablo 2.

    Toda la poesía de Lentini es un intento por recuperar el pasado, lo que nos parece lejano se diluye o desaparece, para convertirse en presente y eliminar así los tiempos, para situarlos en la atemporalidad de lo esencial. Esta ausencia de lo anecdótico explica en parte la oscuridad de su poesía. “La memoria personal recupera vivencias, recuerdos, sensaciones sin que la nostalgia o la elegía se enseñoreen del territorio. Lo hace siempre en presente”, escribe Jenaro Talens en el prólogo a Tuvimos. Por su parte, para Antonio Méndez Rubio en el epílogo a La hermosa nada, “la lectura asume una condición aérea, flotante, que la distingue del esfuerzo interpretativo o hermenéutico”, “sin poder desplegarse como proceso de descodificación”. Para decirlo de otro modo, la descodificación es posible y hasta necesaria, solo que no basta con una sola lectura, sino que cada nueva lectura nos revela algo más, para convertirse en una revelación infinita.

    Nada es convencional aquí. Ni siquiera la visualización del poema: desaparece la puntuación “denotativa” y la división entre palabras y entre versos y estrofas, de forma que tenemos que leerlo desde su interior, es decir, se nos exige otra forma de leer. Sin embargo, una vez penetramos en el interior de esta poesía, desaparece la oscuridad.  Las tres secciones de La hermosa nada apoyada en su carácter narrativo -el mismo que yo veo en Pound, en Eliot o algunos poemas de Paz, así como en Olvido García Valdés o  Eduardo Milán, por citar a dos poetas cercanos a mi corazón. Tienen una coherencia iluminadora. La primera sección gira en torno a la familia, especialmente el padre y la tía abuela; la segunda se inspira sobre todo en cuentos infantiles, y en la tercera, junto a un recorrido por distintos países, “leemos” fotos o ilustraciones que nos permiten ver, como en Las babas del diablo de Cortázar, el otro lado de la realidad, la que encontramos en la intensa palabra poética de Rosa Lentini, sea en el deslumbramiento o en la desolación.

    J.A. Masoliver Ródenas (La Vanguardia, 31-08-2019)


    TRES POEMAS DE ROSA LENTINI:


    AHORA QUE LA NOCHE ME SUSURRA...

    Ahora que la noche me susurra que la noche me susurra que ella y el agua son una misma
    presencia, ahora que la voz del agua vuelve y nos invade, ahora que en esa religión del agua
    he olvidado hablarte y hablarme y por tanto nombrar al mundo y sus gestos, tú deberías
    insistir, para que recuerde decir "tus manos" por ejemplo, o "mi lengua", para que no olvide
    que es con los labios, la lengua y los dientes del origen con los que velamos sobre nuestros nombres, más allá de esa boca asustada, dormida y por todos olvidada, acaso por el recuerdo
    de esa saliva y de esos dientes en tu boca, que lamen con ansiedad tu lengua, para que ella me diga, para que ella descanse conmigo en el agua sin fluido, y no recuerde que el agua y la
    noche son dos ausencias que crecen sobre un mismo nombre.

    De "La noche es una voz soñada", 1994


    CUENTA EL BOSQUE
    Corteza de árbol el vestido de novia,
    fantasma blanco de resina.
    Los días nacen de las noches,
    no entre pliegues de luz,
    una colina es sólo fango endurecido,
    el nacimiento una lejana estrella,
    y el poema únicamente voz.
    Caza nocturna de sueños,
    fisura en la mirada ajena.

    De "El sur hacia mí", Igitur, 2001


    DESNUDOS, ASOMADOS...

    Desnudos, asomados
    a un pasaje colmado de pinturas,
    donde, vueltos de espaldas,
    las figuras parecen mirar
    hacia el interior de cada cuadro
    las nubes, un tronco, unas piedras.
    Olvidadas de sí, sus miradas
    habitan el cuerpo del retrato:
    una piedra, esa desvencijada puerta,
    aquel sendero que llega,
    pasos en la página que elude guarecerlas,
    donde la palabra quizás escucha
    un viento brusco en las horas
    y de golpe el silencio:
    solos sus ojos
    al mirar de soslayo
    un pájaro aleteando,
    deseo de percepción;
    el frío, su figura en lo azul,
    nuestra sola cosecha.

    De "El sur hacia mí"  Igitur, 2001


    .


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