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La poesía (una aproximación al tema)

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Pedro Casas Serra
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La poesía (una aproximación al tema)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Jue 16 Mar 2017, 14:25

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La poesía (una aproximación al tema)

En mi caso la poesía nace por necesidad: un tema que en su momento (días o años) me ha impresionado vivamente, me ha removido interiormente, y que, llegado un determinado momento, necesito expresar, trasladar al papel.

Por eso, todos mis poemas guardan alguna relación conmigo. Pero no constituyen una biografía, hay circunstancias vividas trascendentales que no me han motivado (hasta ahora) a escribir un poema, y otras, menos importantes, sí.

(Curiosamente) el tema me lleva a la forma. Yo digo que a cada cuento, un canto. Creo que cada poema es único, es una obra de arte y debe ser diferente a todos los demás. Eso me lleva a tocar muchas teclas formales con el inconveniente de no alcanzar lo que se llama un estilo personal (o quizá sí aunque con variadas formas, no sé).

Creo en la poesía como en un arte que reúne muchos otros (conocimientos sobre el lenguaje, la música, la pintura... experiencias vitales... posicionamientos filosóficos, éticos, políticos... Aunque de lo que más tiene que conocer un poeta, como es lógico, es de poesía: leerla, estudiarla... en definitiva, amarla (creo que todos los poetas amamos la poesía).

La poesía, a los poetas, nos ha cambiado la vida. Sin poesía seríamos diferentes, pensaríamos y viviríamos de otra manera. Sin duda, seríamos más desgraciados. No es que la poesía nos dé la felicidad, pero sí que nos ayuda a vivir la vida.

Escribir, escribo solo cuando estoy inspirado, generalmente al amanecer, cuando me despierto. Y mis poemas los empiezo en la oscuridad. Luego abro la luz de la mesilla y los paso a un cuaderno. Y a veces voy abriendo y cerrando la luz, porque la oscuridad me ayuda a concentrarme, a que los versos fluyan musicalmente (cosa para mí muy importante). Al levantarme, paso el texto del poema a máquina y lo leo y releo muchas veces, corrigiéndolo hasta que lo doy por terminado.

En terminar un poema tardo poco o tardo mucho, depende, pero en la mayoría de los casos muchísimo, a veces moviendo solo las comas, la puntuación. A algunos poemas les doy varias formas sobre el papel.

Quizá por esta forma de escribirlos, la mayoría de mis poemas son cortos, aunque hay excepciones. En estos casos, puedo llevar el poema en el bolsillo durante días e ir escribiéndolo.

Yo creo que en poesía hay que exponerse, arriesgar, no aceptar límites ni ponérselos. Afortunadamente son tan pocos los lectores de poesía y tan escasas las posibilidades de ganar dinero con ella, que la libertad del poeta puede ser total. Escribir lo que uno quiere cuando uno quiere, ¿cabe mayor libertad?

También soy de la opinión de que cuando se vive no se escribe y cuando se escribe no se vive. Es decir, para escribir sobre algo hace falta un cierto distanciamiento, que las impresiones y las emociones, sin perder fuerza, puedan salir de una manera intelectualmente ordenada (con premeditación y alevosía). No soy partidario de escribir sobre la noticia del día (salvo que ésta colme el vaso de nuestro sentimiento interior). Creo que hay que escribir con el corazón caliente pero con la mente fría.

Leer poesía me gusta mucho. Afortunadamente hay muchos poetas (vivos y muertos) muy superiores a mí, y leerlos me permite aprender de ellos y ponerme metas inalcanzables pero estimulantes. No sé por qué me gusta un poema (quizá podría saberlo si me pongo a examinarlo, pero normalmente prefiero no hacerlo), pero sé que un poema me gusta cuando lo acabo de leer, a menudo mientras lo estoy leyendo. Hay muchas cosas que pueden hacer que me guste: su forma, su intención, su tono, su intensidad, su elocuencia, su intensidad... casi siempre el conjunto de ellas. Los poemas que me gustan me hacen envidiar (noblemente) a los poetas que los han escrito y desear emularlos.

*

He de decir que yo sí sé normalmente a dónde va a ir mi poema porque solo escribo cuando quiero decir algo, transmitir algo que necesito proclamar. El tema lo tengo claro desde un principio. Luego buscaré la forma que me parezca más adecuada, las palabras (que procuraré resulten comprensibles), las imágenes (si es posible pocas pero originales). Quiero que se me entienda aunque mi lenguaje poético no sea el lenguaje normal, el de la calle. Una vez, ante un poema mío de lenguaje algo arcaizante, me dijeron: ¿Así es como se habla ahora en España? ¡Como si el lenguaje poético coincidiera con el lenguaje hablado!

A mí me gusta mucho leer poesía. Durante muchos años he estado leyendo poetas muertos porque que les haya sobrevivido la fama es garantía de su calidad. Ahora he empezado a leer poetas vivos. La elección es difícil: yo no compró libros en las librerías, lo saco de las bibliotecas (esto ya da una cierta garantía de calidad porque los libros ya han pasado por una selección). Las antologías también me sirven para descubrir nuevas voces en las que luego profundizar. También las opiniones de los críticos o profesores es bueno tenerlas en cuenta.

Leer poesía es muy importante y al leer hacerlo por gusto (no es necesario diseccionarla ni entenderla, puede gustarme un poema que no entiendo, de hecho para que me guste un poema, entenderlo es lo de menos). Pero cuando quiero descifrar un poema: ver su estructura, sus recursos... no hay nada mejor que traducirlo. Al traducir un poema (o varios de un poeta extranjero) lo lees repetidamente, haces tuyos su vocabulario, sus símbolos... llegas a conocerlo tan bien como si lo hubieras tratado, conocido personalmente.

Cuando leo una antología de toda la obra de un poeta, normalmente empiezo por el final, en primer lugar porque la poesía acostumbra a mejorar con los años, en segundo porque me siento más cercano con el poeta cuando tenía la edad que yo tengo ahora. Leer después sus primeras obras normalmente me hace comprender que todos sus temas, sus intereses, se encontraban ya en sus inicios, aunque fuera en forma de semilla sin desarrollar.

Al igual que cualquier otro artista, el poeta tiene que conocer las reglas de su arte, su léxico, su historia..., para poder navegar por la poesía sin naufragar. No se puede decir "escribo en verso clásico" o "escribo en verso libre", sin saber lo que es el verso clásico y el verso libre: sus reglas, sus formas, las características que los diferencian. No estoy negando la posibilidad de escribir poesía a nadie, pero sí me gustaría que no se hiciera de la ignorancia blasón. Con humildad, hay que ir aprendiendo un poco cada día. En primer lugar, nos lo debemos a nosotros mismos, y, desde luego, a los otros, procuremos no martirizarlos.

El poeta solo ha de escribir sobre lo que le inquieta íntimamente. Un poema escrito por obligación o por encargo, normalmente (hay excepciones) se nota y generalmente le falta fuerza, ingenio, valor. Y si no se siente la necesidad de escribir, no pasa nada, es mejor no forzar las cosas. Antes que escribir un poema de forma rutinaria, mejor leer buena poesía. Cuando se escribe un poema hay que querer convencer, asombrar, traspasar esa muralla que existe inicialmente entre el autor y su lector. El lector es el mejor amigo de los poetas y debemos estarle muy agradecidos, porque entre mil cosas importantes por hacer, elige leer un poema nuestro: no podemos defraudarle.

La gramática, la puntuación, en un poema son importantísimas. No podemos presentar un poema sin mirárnoslo del derecho y del revés. El poema debe poderse leer por el lector en voz alta, y sonar igual a como nosotros lo leemos en voz alta. Ya sabemos lo importante que puede ser la colocación de una coma, pero es necesario insistir en ello. El poema es un objeto artístico y como tal debe ser tratado. La poesía forma parte del lenguaje y está sometida a sus reglas. Vale que, cuando las dominemos, podamos sustituir puntuación por espacios en blanco, o probar con una escritura sin puntuación, pero esto queda para los alumnos de los últimos cursos, reconozcámoslo.

La poesía no es un oficio (porque no da para vivir); es una vocación, pero la realización de una vocación exige mucho más que la practica de un oficio. El poeta trabaja con palabras y siempre está buscando la palabra exacta para el lugar exacto. En un poema cada palabra tiene un peso distinto, hay que acertar en su colocación.

Un buen poema nace de nuevo cada vez que se lee: nace cuando es escrito y nace cuando lo lee cada lector. Y en cada nacimiento, siendo el mismo, es distinto: a uno le recuerda a su padre, a otro a su tío; para uno es moreno y para otro rubio; para uno habla de amor y para otro de la suerte… o la muerte.

La poesía puede ser comunicación, pero también puede ser conocimiento... o iluminación... o narración... Hay poemas claros y poemas oscuros, pero los que parecen claros pueden esconder otra cosa y los oscuros pueden resultar diáfanos. Escribe como quieras, cuando quieras. Esta es la poesía que debes escribir. Y no te importe la opinión de los demás. Si alguien te merece un respeto especial, su opinión será la que te importará y no otra.

En poesía puedes escribir de todo sin dejar de ser tú mismo, porque detrás de cualquier cosa que escribas asomará tu oreja: tu opinión, tu sentimiento, tu naturaleza.

¿Es la poesía tramposa? A veces, pero como lo es siempre la magia que te hace ver lo que no existe y te trasporta a otro mundo, el de la imaginación, que muchas veces no es otro que el de nuestros sueños, nuestros deseos no manifestados. No se puede exigir a la poesía realidad, no es una ciencia exacta, siempre un buen poema encierra una polisemia, una multiplicidad de sentidos.

Los recursos poéticos no son exclusivos de la poesía, están en el lenguaje a disposición de todos. Y si la poesía es la quintaesencia del lenguaje, ¿cómo no va a utilizar con profusión y habilidad estos recursos? La poesía es un juego con las palabras que ejecuta un poeta-malabarista, un juglar que entretiene a los cortesanos con gracias que ocultan mensajes cifrados y descubren secretos bien guardados.

El poeta escribe con todo el bagaje de su experiencia y dentro de esa experiencia está también todo lo que ha leído.

Mejor que un mal poema es el silencio.

*

Unas cuantas opiniones más sobre la poesía. (Aunque a veces pueda parecerlo, no creo tener la razón en todo lo que digo, acepto cualquier otro punto de vista, pero no puedo anteponer continuamente a mis opiniones: "en mi opinión", "a mí me parece", "creo yo".)

Todas las palabras tienen cabida en la poesía, pero todas, todas: arcaísmos o neologismos, suaves o procaces, científicas o técnicas, morales o inmorales...: TODAS. En poesía no hay palabras que sean tabú. Lo que pasa es que solo se pueden escribir en un poema cuando sean la palabra que requiere, la palabra precisa en el lugar preciso, y no por esnobismo, por epatar o por otras razones ajenas a las necesidades poéticas.

Lo mismo ocurre con los temas: todos pueden ser tratados en poesía, no existen temas tabú. En poesía, la libertad de expresión tiene que ser máxima. Ningún poeta puede aceptar límites a su libertad de expresión. En poesía no hay temas buenos o malos, sino poesía buena o mala. Naturalmente los foros, como las editoriales, pueden poner sus limitaciones a la publicación de determinados temas o poemas, pero eso no impide la libertad del autor de publicar en otro lugar o autopublicarse (esto es como las lentejas...).

No hay que relacionar al poema con su autor, salvo que se quiera sufrir grandes decepciones. Hay poetas magníficos cuyas vidas pueden parecernos perversas... Como ocurre en cualquier otro arte.

Ahora me parece conveniente hablar del "buenismo". Junto con el sentimentalismo, ya muy tratado, existe en poesía el peligro del "buenismo", aunque sus esquemas son distintos. El sentimentalismo es el peligro de escribir sin pensar que te van a leer, puede ser útil para desahogar nuestros sentimientos, pero no lo es para hacer aflorar los de los demás. El "buenismo" es otra cosa: es creer que todos somos buenos, que como somos poetas tenemos que demostrar que somos buenas personas. Y no, no somos mejores personas por ser poetas, ni es necesario que lo hagamos creer, de hecho es perjudicial a nuestra poesía. Es mejor ser buena persona escribiendo una poesía perversa (que precisamente por eso probablemente resultará más interesante) que ser una persona medianeja que solo escribe sobre lo "políticamente correcto", sea lo bueno o lo malo. La perspectiva "buenista" empobrece mucho el resultado poético.

A grandes rasgos, hay dos tipos de poemarios: los que se han formado mediante la adición de un número de poemas, agrupados o no por temas; y los que se han escrito con un propósito definido y un esquema previo. Sin que implique hacer valoraciones sobre su calidad, los primeros (los poemarios que reúnen unos cuantos poemas) son los que acostumbran a publicar los poetas noveles; los poetas más avezados acostumbran a escribir y publicar un poemario sobre un tema y con unas características previamente decididas.

A todos nos agrada ver nuestros poemas en un libro. Hay formas de hacerlo realidad: la primera, pagando la edición, porque ninguna editorial nos publicará si no hemos ganado un premio de poesía de los que incluyan la edición del libro; pero también se puede editar sin gastar dinero y es autoeditándolo en una editorial de internet. Hay varias que ofrecen la posibilidad de autoeditarse los libros. En este caso solo pagas los ejemplares que solicites que te envíen en papel y a unos precios por ejemplar muy asequibles.

Otra forma de darse a conocer son las redes, los foros de poesía y los blogs. Para mí las redes son muy poco útiles, parece que te lea mucha gente cuando en realidad te lee muy poca o ninguna, que no hace más que fichar en tu poema. Los foros facilitan mejor la intercomunicación entre sus miembros, intercambiar opiniones, y cuanto más se intercambien, más enriquecedores son. Los blogs son fáciles de abrir, salen gratis, y puedes publicar tus poemas que quedan al alcance de todo el mundo; para mí eso ya es suficiente. De todas maneras tengamos en cuenta que la poesía siempre ha sido cosa de pocos y por lo que yo sé, los poetas famosos contaban con muy pocos interlocutores (uno o dos), poetas famosos como ellos, con los que se intercambiaban y comentaban sus obras.

Es bueno consultar la opinión de alguien que nos merezca confianza antes de publicar un poema. En poesía, como en todo, disponer de un buen maestro ayuda mucho. También es bueno, no escribir y ¡zas!, publicar, sino dejar reposar los poemas un tiempo en el cajón, porque un tiempo de reposo, a la poesía, como al vino, le va bien.

Al leer los premios y las publicaciones de poesía, puede parecer que para escribir poesía haya que haber estudiado filología, dado que la mayoría de premios y publicaciones de poesía se nutren de autores filólogos. Pero si miramos los poetas vivos que han alcanzado la fama, vemos que muchos no son filólogos, los hay con muchas otras profesiones, algunas que no guardan ninguna relación con la literatura. Puede parecer una contradicción, en cualquier caso una afortunada contradicción (para nosotros).

El tema del plagio siempre es delicado. Vamos a ver, escribir sin poner algo de otros es imposible, todos estamos expuestos a infinitas influencia que de forma consciente o inconsciente aflorarán en nuestras obras. El plagio es otra cosa: firmar como propios poemas de otros, en todo o en parte; apropiarse de versos o estrofas de otros sin hacer mención alguna de su origen o camuflando el texto para ocultarlo.

Por eso, cuando en un poema se utiliza la "intertextualidad" que es usar algún verso o frase de otro poeta (cosa muy habitual, sobre todo en la poesía culta), hay que escribirla en cursiva, poner un asterisco y en nota final indicar de que poeta y de que poesía se ha sacado.

Inspirarse en la obra de otro, como generalmente se indica con una cita previa del mismo, no tiene nada que ver con el plagio. También otras veces se puede usar la forma y hasta parte del lenguaje de unos versos muy conocidos, pero dándoles otro sentido, con ánimo jocoso o como contrapunto moral: esto tampoco es plagio, pero es bueno indicarlo con algún subtítulo: "A la manera de...", "En contra de...", "Beckeriada", por ejemplo.

*

Poesía americana vs. poesía europea.- Hay diferencias importantes entre la poesía que se escribe en Europa y la poesía que se escribe en América, principalmente porque en la poesía europea pesa mucho su tradición, su Edad de Oro, de la que le cuesta despegarse.

Por ejemplo, EE.UU. no tiene poesía propia hasta Walt Whitman, Emily Dikinson y Edgar Lee Masters. Los poetas anteriores escribían como los poetas de Inglaterra: sobre los mismos temas, y con el mismo estilo y forma. En Hispanoamérica ocurre algo parecido respecto a España, y creo que aquí quien marcó su independencia fue Rubén Darío.

Concretamente, en España la poesía ha vivido dentro de un cierto aislamiento, primero por la huella imperecedera de su Edad de Oro (Lope, Góngora, Quevedo...), después por el rechazo a leer poesía en otros idiomas, salvo quizá el francés. Evidentemente esto ha constituido una rémora pues mientras en Hispanoamérica la poesía se veía enriquecida con influencias llegadas de todo el mundo, en España se seguía viviendo en el Siglo de Oro.

También se dan diferencias sustanciales entre los temas que tratan las poesías de distintos paises. Por poner un ejemplo que puede resultar curioso, en EE.UU. no existe prácticamente poesía amorosa (no sé si por influencia puritana o por qué) mientras que tratan muchos temas de la vida cotidiana, sin irse a lo trascendente, a diferencia de aquí.


Poeta y sujeto poético.- No tienen nada que ver: el poeta es quien escribe el poema, el sujeto poético es el sujeto del poema. Puede ser que coincidan, pero no necesariamente.

Cuando coinciden poeta y sujeto poético, además, puede ocurrir que el poeta escriba en primera persona, o que se escude escribiendo en segunda persona, en tercera... o ¡en plural! De ahí que sea imprescindible no confundir al poeta con el sujeto de su poema.

Cuando poeta y sujeto poético no coinciden, el poeta puede poner en boca de un personaje (por ejemplo un personaje histórico) sus propias ideas o no, de manera que aquí tampoco necesariamente queda identificado el poeta a través de su poema.

También puede el poeta inventarse diferentes personajes poéticos desde los que escribir poemas e incluso poemarios enteros: así hizo Pessoa con sus heterónimos y también, Antonio Machado, y otros.

Como dijo Pessoa: "el poeta es un fingidor", aunque sea un fingidor que deja trazos de su personalidad en cuanto escribe.

*

Escribir poesía.- Puede haber muchos motivos para escribir poesía, tantos como autores. Yo volví a escribir poesía a los 44 años (no había escrito desde el colegio, con 16) porque me sirvió de desahogo (al igual que la pintura) mientras atravesaba una situación difícil. Durante 4 ó 5 años años la escribí solo para mí, después, a través de un amigo, conocí de la existencia de una tertulia de poesía (la "Tertulia del gato") donde conocí por vez primera a otros poetas. La amabilidad e interés con que acogieron mis versos, me animó a seguir escribiendo, pero entonces ya no solo para mí sino para leérsela. Yo pensé que si mi poesía me había sido útil a mí quizá podría ser útil a otras personas.

Después hice un taller de escritura poética en la Universidad, comencé a asistir a un Club de Poesía de una biblioteca, me integré en un grupo de poetas...

Hay escritores que saben que quieren escribir poesía desde muy pronto, otros solo escriben poesía en determinadas épocas de su vida, generalmente las más angustiosas (como Oscar Wilde, por ejemplo, y otros).

Hay una época de la vida en que mucha gente escribe poesía: la adolescencia y primera juventud. Y hay otra en que conozco a mucha gente que ha empezado a escribir poesía: ya de mayor, muchas veces tras jubilarse, quizá satisfaciendo un deseo que antes no habían podido satisfacer.

A otros le llegó la poesía porque en su infancia o en su juventud sufrieron una enfermedad que les obligó a guardar cama durante mucho tiempo (por tanto, para matar el aburrimiento).


Publicar poesía.- Una cosa es escribir poesía y otra publicarla. Cuando se quiere publicar, aunque sea en un medio volatil (rápido) como internet y no en papel, hay que ser cuidadoso. Por respeto al lector y a uno mismo. Yo no soy partidario de escribir "a vuelaordenador", o sea directamente sobre la página de internet en que se está publicando. Puede ser que lo que salga resulte muy espontáneo, pero difícillmente tendrá la calidad deseable.

Por otra parte, internet no se puede decir que sea exactamente un medio volatil pues los poemas, de allí, no desaparecen nunca (como sin duda más de uno puede llegar a lamentar). Yo no dudo en corregir un poema tantas veces como haga falta, aunque lo haya ya publicado. Entonces saco nuevas variantes del mismo.


Comentar poesía.- Hasta hace poco, los poetas solo se encontraban con otros poetas de su ciudad o de su barrio, reuniéndose en tertulias o en grupos poéticos. Allí es donde aprendían (a través de las opiniones los demás) y corregían su obra. Algunos, más exigentes, mantenían correspondencia con algún otro poeta de su nivel, con el que intercambiaban originales. Por eso era muy habitual que los distintos grupos poéticos, difirieran mucho en temas, formas, recursos... según zonas, países... Hoy, internet permite conocer al día la poesía que se está escribiendo en todo el universo de tu lengua (y de las demás lenguas también).

Internet ha ensanchado los grupos locales, las tertulias de poetas, a niveles mundiales. Pero esto no sirve de nada si no se saca provecho de ello. En cualquier intercambio se saca al nivel de lo que se pone, por tanto quien lee, comenta y participa más, es más leído, comentado y participado. Y quien profundiza más, recibe más.


Leer poesía.- Más importante que escribir, es leer poesía, sencillamente porque hay muchos poetas mucho mejores de lo que podamos llegar a ser nunca nosotros, cuyas obras nos están esperando para darnos placer, consuelo, conocimientos o alegría. Si después de leerlos queda algo por decir o por decirlo de otra manera, la nuestra, pues podemos intentarlo.

Pedro Casas Serra, marzo 2017.


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Re: La poesía (una aproximación al tema)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Mar 21 Mar 2017, 07:58

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Algunos consejos para escribir poesía, para quien quiera recibirlos:

1. SI NO QUIERES ESTUDIAR LA MÉTRICA, evita el metro y la rima en tus versos.

Si lo haces, te darás cuenta que no necesitas escribir en verso, que si extiendes los versos en líneas, tu poema gana en naturalidad y soltura, porque, manteniendo su calidad poética (de concentración, tono elevado, recursos), prescinde del anquilosamiento de los versos que no tienen sentido si no se escriben conforme a la métrica.

Habrás descubierto la prosa poética, otra forma de escribir poesía no menos valiosa y la más apropiada a tu forma más libre de expresión.

Tus prosas poéticas recogerán tus pensamientos más íntimos líricamente expuestos y su lectura constituirá una delicia.


2. SI QUIERES ESCRIBIR POESÍA EN VERSO, ejercítate primero en el empleo de las estrofas clásicas (soneto, romance, tercetos encadenados…) y lee alguno de los muchos libros que hay sobre Métrica para familiarizarte con las formas clásicas de la poesía. Su comprensión no reviste ninguna dificultad para un lector medio de poesía.

Comprobarás que el empleo de una estrofa clásica (el soneto, por ejemplo) no solo no complica las cosas sino que las facilita, pues te da el recipiente ya hecho (no has de construirlo tú) donde meter tu inspiración.

Una vez familiarizado con las estrofas clásicas, podrás, si lo deseas, empezar a abandonar su utilización.


3. SI QUIERES INICIAR EL CAMINO PARA ESCRIBIR POESÍA EN VERSO LIBRE, EMPIEZA POR ESCRIBIR POESÍA EN VERSO  BLANCO.

El verso blanco es el primer escalón en el paso de escribir poesía en verso clásico a escribir poesía en verso libre.

Ahora, que ya conoces como se escribe en verso clásico, empieza a desembarazarte de algunas de sus reglas: lo primero es prescindir de la rima en los finales de verso, en el bien entendido de que debes procurar que ningún verso de tu composición rime con otro, o que si riman algunos entre sí,  estén tan separados que en la lectura pase desapercibido que riman.

Ahora, además de la rima, también podrás abandonar el empleo de estrofas (terceto, cuarteto) o composiciones clásicas (soneto, romance, lira), formulando tus versos sin separaciones estróficas o con las separaciones estróficas que desees, sin que tengan que guardar ninguna regularidad.

El ritmo (como en el verso clásico) se lo seguirá dando al poema el metro y la posición de los acentos en el verso. Te asegurarás dicho ritmo si empleas versos de medida compatible entre si (en general se consigue usando: versos de número de sílabas par con versos de número de sílabas par y versos de número de sílabas impar con versos de número de sílabas impar, sin mezclarlos; los versos cortos de 2 a 4 sílabas, se puede utilizar en ambos casos).

El ritmo más habitual que se utiliza en el verso blanco es el ritmo endecasilábico, que se obtiene mezclando versos de número de sílabas impar: pentasílabos (de 5 sílabas), heptasílabos (de 7 sílabas), eneasílabos (de 9 sílabas), endecasílabos (de 11 sílabas) y alejandrinos (de 7 + 7 sílabas, o sea formados por dos hemistiquios de 7 sílabas cada uno). Como hemos dicho, también pueden intercalarse versos de 2 a 4 sílabas. Los utilización de versos de más de catorce sílabas no es frecuente y generalmente estos versos están formados por la agrupación de unidades métricas menores.

La acentuación de los versos, o sea el lugar donde deben recaer los acento fónicos (que no gramaticales) en los versos, sigue siendo el establecido por la Métrica.

La mayoría de los poemas que comúnmente se dicen escritos en verso libre, están escritos en verso blanco, lo que es fácil de advertir para el conocedor de la Métrica, pues conservan todas sus reglas menos las de la rima.


4. SI QUIERES EMPEZAR A ESCRIBIR EN VERSO LIBRE (una vez conozcas y domines la escritura en verso clásico y en verso blanco), has de abandonar totalmente las reglas de la Métrica (en cuanto a rima, metro y acentos), cosa que lógicamente no podrás hacer si no las has aprendido  antes.

El poema en verso libre es una poema único en cuanto a su forma, una creación original de su autor en cada ocasión.

Sus versos no riman nunca entre si, entremezcla versos de todas las medidas (versos de número par de sílabas con versos de número impar de sílabas, versos muy cortos con versos menos cortos y hasta con versos muy largos (versículos), la colocación de los acentos tampoco está regulada.


5. ¿CÓMO CONSIGUE EL VERSO LIBRE SU RITMO? PORQUE SIN RITMO NO HAY POESÍA.

El verso libre no consigue su ritmo con las fórmulas que lo aseguran en el verso clásico (la rima, el metro y los acentos) o en el verso blanco (el metro y los acentos).

Sino con otros medios, medios que también comparte con las otras clases de versos, pero que en el verso libre ganan importancia porque sobre ellos se apoyará exclusivamente el ritmo del poema: algunos RECURSOS POÉTICOS.

Estos recursos pueden ser fónicos (sonoros), morfo-sintácticos (gramaticales) y semánticos (de sentido) y los más importantes a efectos de obtener mediante ellos  el ritmo del poema son:

Fónicos: aliteración (repetición de sonidos)

Morfo-sintácticos: anáfora (repetición de una o más palabras al comienzo de varias oraciones o versos), paralelismo (repetir frases o estructuras gramaticales muy parecidas a lo largo de la composición), polisíndeton (repetición de más conjunciones de las necesarias).

Como podéis ver coinciden todos estos recursos en ser repeticiones, o sea que el verso libre consigue el ritmo mediante la repetición de sonidos, palabras, conjunciones o frases.

También por la forma en que se desarrolla el contenido mismo del poema puede lograr éste ritmo, aunque esto es más difícil de explicar y cada poeta tiene que procurárselo por si mismo.


6. SI ESTÁS ESCRIBIENDO EN VERSO LIBRE A LA BRAVA, es decir sin seguir ninguno de estos consejos, mi último consejo es que vuelvas a la casilla de salida, siempre estás a tiempo de rectificar, tus futuros lectores te lo agradecerán.


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Re: La poesía (una aproximación al tema)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Miér 22 Mar 2017, 07:27

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El “milagro” del ritmo.-

Todo poema tiene que tener ritmo. Sin ritmo no hay poesía. El ritmo de un poema se puede lograr de muchas maneras, de hecho, a lo largo de la historia, se han utilizado diferentes formas para dar ritmo a un poema.

En la época anterior a nuestros clásicos, por tanto desde que nació el castellano hasta el Renacimiento (S. XV) la poesía se trasmitía, en su mayor parte, de forma oral, porque una mayoría de su público no sabía ni leer ni escribir, por tanto su ritmo tenía que ser muy marcado, para facilitar su memorización; así ocurre con el cantar de gesta y el romance. Este ritmo puede parecernos hoy algo monótono pero entonces era necesario.

A partir de la entrada en la península ibérica de las formas italianas con el Renacimiento, la poesía en castellano se enriquece mucho: se alargan los versos desde ocho sílabas (octosílabo, el verso natural del castellano) a once sílabas (endecasílabo, el verso que aún reina hasta nuestros días), se introducen nuevas composiciones (lira, silva, madrigal, y la estrella de todas, el soneto, que continúa triunfante hoy). Con tantas novedades, los ritmos de los poemas se multiplican, pero siempre con fidelidad a unos esquemas establecidos y respetando la Métrica en cuanto a rima, metro y acentos. En esta época surgen los mayores poetas castellanos (Lope de Vega, Góngora, Quevedo) en lo que se llamó el Siglo de Oro de la poesía castellana. Una poesía que “epataba” en las representaciones teatrales tanto al pueblo llano como a la alta nobleza. La variedad de ritmos y su gran sonoridad pueden parecernos hoy, más dados al sosiego de la lectura en privado, de una excesiva trompetería.

Después del esplendor del Siglo de Oro, busca la poesía otras fórmulas rítmicas, procurando que sean más acordes con la forma de vivir de esa nueva época. De entrada, ahora ya hay más gente que lee, por lo que la poesía no necesita de unos ritmos tan marcados. Un primer paso en este sentido es la introducción de la silva (que significa “selva” que es lo que parecía este tipo de composición a los ordenados autores clásicos); la silva rompía con muchas reglas de la poesía clásica: podía ser tan larga como se quisiera y si se dividía en estrofas, éstas podían ser también de diferente longitud; los versos debían rimar, pero sin seguir esquemas de rima obligados, lo único obligado es que no quedaran versos sin rimar. Estas características de la silva ya “soltaban” al poema, lo hacían más agradable a un oído “moderno”, menos forzado.

Pero la evolución del ritmo no se detuvo ahí. En el siglo XIX, se quiere acabar con la poesía clásica, romper totalmente con ella, y aparecen el “poema en prosa” y el “verso libre”. ¿Qué tienen estas dos fórmulas en común? Que acercan la poesía a la prosa. Las circunstancias  sociales lo exigían: no estaban aquellos tiempos de cambios revolucionarios para músicas celestiales. La poesía se escribía en panfletos que se repartían entre la gente. Los recitales de sus poetas congregaban ingentes multitudes.

Llegados hasta aquí, se plantea el problema: ¿cómo hacer que una poesía que tenía el deseo de alejarse de la poesía y acercarse a la prosa, tuviera ritmo? Porque sin ritmo aquello era un “muermo” y según con que ritmo, un auténtico “ripio” (problemas que por desgracia no dejan de producirse hoy).

Y se produce el milagro del ritmo en el verso libre (y también en el poema en prosa).

Este ritmo no tiene nada que ver con la rima, el metro y los acentos. Estos quedan absolutamente proscritos. (Por tanto, ojo a los que quieren escribir verso libre y no evitan ineludiblemente rimas, medidas y acentos, porque eso hace que ni sea libre ni sea nada.)

La primera manera que tuvieron los poetas diría “contemporáneos” (si no fuera porque ya estamos en otro momento) de obtener ritmo fue con el empleo de algunos recursos poéticos (de toda la vida) que ayudaban a logran ese ritmo, podría decirse que esta era una forma “mecanicista” de lograr el ritmo. Estos recursos, con diversos nombres (anáfora, paralelismo, polisíndeton...), todos se basan en la repetición, sea de sonidos, palabras, conjunciones o frases. Ya habían conseguido un ritmo “más moderno” sin recurrir a las antiguallas clásicas.

Pero dado que el verso libre (y el poema en prosa) tenía la ambición de ser, más que original, único, la expresión más “sui generis” de su autor, un objeto artístico irrepetible, no era suficiente que todos los poemas compartieran unos mismos medios de obtener el ritmo, había que singularizar ese ritmo, y la única manera de conseguirlo era que cada poeta obtuviera su propio ritmo, diera a su poema su propio ritmo (el del poeta). “That is the question”.

Y cada poeta se puso a buscar su ritmo “propio”: unos lo buscaron en el ritmo de su corazón (que aceleraba o ralentizaba según sus sentimientos), o en el de sus pasos (y componían mientras caminaban), o en el traqueteo del tren (mientras viajaban en él) o en las olas del mar (mientras se daban un baño), o en una tormenta (que seguían tras los cristales de su casa) o en la música (y componían mientras la escuchaban).

Y después pensaron: ¿para qué buscar fuera otros ritmos, y no hacerlo en el propio pensamiento?: “el mensaje es el ritmo”. Para ello y de entrada, claro, el poema había de tener un mensaje (cosa de la que a veces hay motivos para dudar) y luego el mensaje debía exponerse de manera acertada, que en sí misma concediera al poema un ritmo (en progreso como el vuelo de un pájaro, en forma de las volutas de humo de un cigarrillo, como los círculos de un ave de presa que preceden a su picado, como un círculo que aunara su principio y su final…)

Y no acabó aquí la cosa...


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Re: La poesía (una aproximación al tema)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Vie 12 Mayo 2017, 14:16

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Traducir poesía.-

Traducir poesía no es tan difícil.

Primero, claro, hay que tener un cierto conocimiento de la lengua de la que se traduce -no es necesario que sea muy profundo, hay buenos traductores en línea en internet que te facilitan una primera traducción. La lengua que hay que conocer mejor es la lengua a la que se traduce -en nuestro caso, el castellano.

Después hay que tener mucho aprecio hacia el poeta que se traduce, hace falta que te guste lo suficiente y que lo leas asiduamente hasta hacerte con su forma de escribir poesía, su lenguaje semántico y metafórico.

Entonces, sobre la primera traducción -que no es tuya sino del traductor de la red- te pones a trabajar: la vas leyendo, comparando con el original y corrigiendo -cada idioma tiene sus particularidades que hay que respetar, pero evitando destruir el lenguaje del poeta traducido.

Si la poesía a traducir está escrita en verso libre, la traducción ofrece menos dificultad, solo hay que procurar que el resultado suene bien respetando la forma y el contenido de la mejor manera posible.

Si la poesía a traducir está escrita en verso clásico -por tanto, rimada y medida- se te plantea un dilema: ¿debe prevalecer en la traducción, la forma o el fondo?

Si eres capaz de hacer una traducción que mantenga ambas cualidades, tu traducción, probablemente sea buena; si no te ves capaz de ello, es preferible respetar el contenido aún a costa de perder la musicalidad que le da en el original su forma clásica. Procura, eso sí, que suene lo mejor posible.

Para ayudarte, dispones en la red del diccionario de la RAE, y de diccionarios de sinónimos.

La traducción de poesía nos permite conocer la obra de grandes poetas que de otro modo no conoceríamos, y enriquecernos con su mundo poético.

La poesía es un lenguaje universal, pero, mientras no esté escrita en un solo idioma, la traducción es necesaria, y cada época, la poesía clásica requiere de una nueva traducción.

Igual que un poema se escribe de nuevo cada vez que un lector lo lee, la poesía en otros idiomas ha de traducirse de nuevo cada cierto tiempo para acercarla al idioma de cada época y a sus lectores.

Por eso, la poesía de los autores mundialmente reconocidos es constantemente traducida a nuevos idiomas y repetidamente traducida a los mismos idiomas, sin que pierda nunca su calidad, sino que, muy al contrario, siempre mantiene su fuerza, belleza y expresividad, pero haciéndose asequible al lector de cada época.


Sobre aspectos prácticos de la traducción:

Yo primero copio en el ordenador los poemas que quiero traducir; luego, poema a poema, los voy traduciendo mediante un traductor en línea de internet y copio bajo cada poema original su traducción; despues, saco una impresión de todo (originales y sus traducciones) y empiezo a trabajar con el diccionario de la RAE y el de sinónimos -las mayores dificultades están en las frases hechas y las construcciones gramaticales que sean diferentes en cada idioma. Una vez hecho esto, y corregido en el ordenador, vuelvo a imprimir el resultado, pero esta vez solo la traducción. Entonces  trabajo ya solo sobre la traducción hasta darle una lectura que resulte lo más agradable y musical posible.

Dejo un ejemplo del resultado de la traducción de un poema del poeta catalán Pere Rovira (Contra la mort (Contra la muerte), Ediciones Proa, Barcelona, 2011. Este libro está escrito en verso clásico (este poema en concreto tiene la estructura de un soneto inglés) pero yo lo he traducido en verso libre, sin respetar ni rima ni medida, pues para respetarlas hubiera tenido que cambiar demasiadas palabras y hubiera quedado demasiado falseado el sentido respecto al original, o sea que aquí he preferido más respetar su contenido que su forma.


LA NOIA DEL RETRAT

Passa la noia del retrat, la miro
i mentalment et torno a enganyar amb ella.
És la noia que mai no serà vella,
encara la devoro i la respiro.

Somriu al vent, s’asseu sobre l’arena
i obre un llibre, fingint que no em coneix.
Jo sé que ja m’ha vist, que no llegeix
i que no em mira perquè li faig pena.

Es tanca en els colors, diu que no em vol
la seva mà, que va passant les planes.
Jo li busco les cuixes, mort de ganes
d’entrar dins del retrat i d’aquell sol.

I entenc que no hi ha amor en el passat
quan m’obres tu la porta del retrat.

Pere Rovira (Contra la mort, 2011)



LA CHICA DEL RETRATO

Pasa la chica del retrato, la miro
y mentalmente te vuelvo a engañar con ella.
Es la chica que nunca será vieja,
todavía la devoro y la respiro.

Sonríe al viento, se sienta sobre la arena
y abre un libro, fingiendo que no me conoce.
Yo sé que me ha visto, que no lee
y que no me mira porque le doy pena.

Se encierra en los colores, que no me quiere, dice
su mano, que va pasando las páginas.
Yo le busco los muslos, muerto de ganas
de entrar dentro del retrato y de aquel sol.

Y entiendo que no hay amor en el pasado
cuando me abres tú la puerta del retrato.

Pere Rovira
(Versión de Pedro Casas Serra)


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Re: La poesía (una aproximación al tema)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Vie 12 Mayo 2017, 14:26

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Más sobre la métrica.-


¿Se puede disfrutar de la poesía sin conocer la métrica? Claro, para disfrutar de la poesía no hace falta conocer la métrica, es más, probablemente se disfruta más de la poesía cuando no se conoce la métrica. Valga un ejemplo: quien ve un número de magia disfruta mucho de él sin conocer el truco que encierra, desde luego mucho más que si lo conociera, puesto que ese número de magia le parece hecho por arte de encantamiento, como algo prodigioso. Igual ocurre con la poesía.

Pero, ¿se puede escribir poesía sin conocer la métrica? No, por la misma razón; igual como no se pueden hacer números de magia sin conocer sus trucos. La métrica reúne todos los trucos de la poesía y el buen poeta está necesariamente obligado a conocerlos, para construir con destreza todo el andamiaje que sustenta un buen poema.


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Re: La poesía (una aproximación al tema)

Mensaje por Evangelina Valdez el Vie 19 Mayo 2017, 09:53

Comparto contigo lo que dices en tu primer posteo, me sentí identificada.

Tu primer consejo es el que me pega a mi, me inclino a ello.

Los dos últimos post, volveré para leerlos tranquilita, para ver mis fallas.
Besos
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Re: La poesía (una aproximación al tema)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Vie 19 Mayo 2017, 13:24

Gracias por tu interésy ppor compartir conmigo, Evangelina.

Un abrazo.
Pedro


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Re: La poesía (una aproximación al tema)

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