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    Fausto Antonio aybar
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    Mensaje por Fausto Antonio aybar Vie 07 Nov 2014, 21:18

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    (Julia Constancia Burgos García; Carolina, Puerto Rico, 1914 - Nueva York, 1953) Poetisa puertorriqueña. Julia de Burgos se graduó de maestra normalista en la Universidad de Puerto Rico en 1933.

    En 1934 trabajó en la PRERA (Agencia para la Rehabilitación Económica de Puerto Rico, por sus siglas en inglés) en Comerío, como empleada de una estación de leche, lugar en que los niños de familias pobres recibían desayuno gratuito. Contrajo nupcias con Rubén Rodríguez Beauchamp en ese mismo año.


    Julia de Burgos

    Al cierre de la PRERA, durante corto tiempo ejerció como maestra en un barrio de Naranjito en 1935. En esa época escribió su famoso poema Río Grande de Loíza. Durante ese año Julia de Burgos también conoció e hizo amistad con Luis Lloréns Torres, Luis Palés Matos, Evaristo Ribera Chevremont, entre otros poetas boricuas.

    Durante 1936 publicó su poema Es nuestra la hora en una hoja suelta. Estaba comenzando a darse a conocer en el ambiente literario. En octubre de ese año pronunció el discurso La mujer ante el dolor de la Patria, en la primera asamblea general del Frente Unido Pro Convención Constituyente, en el Ateneo Puertorriqueño. Escribe los dramas brevesLlamita quiere ser mariposa, Paisaje marino, La parranda del sábado y Coplas jíbaras para ser cantadas.

    En 1937 coinciden dos hechos significativos en la vida de Julia de Burgos: la ruptura de su matrimonio con Rubén Rodríguez Beauchamp y la edición privada de Poemas exactos a mí misma, que representa una de sus primeras manifestaciones líricas, cuyo paradero actualmente se desconoce. Al año siguiente conoció al médico y sociólogo Juan Isidro Jimenes Grullón, quien habría de convertirse en su más acrisolado amor.

    Publicó además, en 1938, su obra Poema en veinte surcos. En 1939 publicó su Canción de la verdad sencilla, obra premiada por el Instituto de Literatura Puertorriqueña. Un año después viajó a Cuba, en donde conoció a múltiples intelectuales, entre éstos Juan Marinello, Juan Bosch, Raúl Roa y Manuel Luna. Desde ese momento en adelante residió alternativamente en La Habana y Nueva York, dedicándose al periodismo y a la creación literaria.

    El 18 de enero de 1940 llegó a la ciudad de Nueva York. A los quince días de su llegada concedió una entrevista al periódico La Prensa, que se publicó bajo el título "Julia de Burgos, poetisa puertorriqueña, en misión cultural en Estados Unidos". El viernes 5 de abril de 1940 la Asociación de Periodistas y escritores Puertorriqueños rindió un homenaje público a Julia y a Antonio Coll y Vidal, en el Wadleigh High School Auditorium, en Nueva York. En 1941 se fue a vivir a La Habana. En la Universidad de esa metrópoli se matriculó en cursos de griego, latín, francés, biología, antropología, sociología, psicología, higiene mental, didáctica...

    La relación con Juan Isidro llegó a su final en 1942. Tras esa decepción amorosa decidió partir hacia la ciudad de los rascacielos, en donde deambuló en busca de empleo. Durante algún tiempo trabajó como inspectora de óptica, empleada de un laboratorio químico, vendedora de lámparas, oficinista y costurera.



    Póstumamente se publicaron El mar y tú y otros poemas (1954) y Yo misma fui mi ruta (1986). Bajo el título de Obra poética el Instituto de Cultura Puertorriqueña recogió su lírica en 1961. Una muestra de sus versos figura en la Antología de la poesía cósmica puertorriqueña, publicada por Manuel de la Puebla en 2002 y en las grandes colecciones de poesía hispanoamericana.

    Julia de Burgos falleció en la ciudad de Nueva York, el 6 de julio de 1953. Aún su muerte estuvo rodeada de misterio. Fue encontrada inconsciente y sin identificación alguna entre la Calle 106 y la Quinta Avenida y falleció al ser trasladada al Hospital de Harlem. Ante la falta de identificación, su cuerpo fue enterrado en una tumba anónima. Posteriormente fue trasladada a Puerto Rico y sepultada en el Cementerio de Carolina, el lugar más cercano posible al Río Grande de Loíza que tanto la apasionó.

    La obra de Julia de Burgos se caracteriza por su singular fuerza, que surge de su apasionado romanticismo que la lleva a desarrollar de una manera mística y metafísica la naturaleza y el amor. La hondura y calidad de su producción poética, su extraordinaria capacidad para reflejar los problemas de la mujer de su tiempo, así como las excepcionales circunstancias que rodearon su vida y su muerte (envueltas en un halo de dolor, enajenación y desarraigo que la había llevado a considerarse como una "desterrada de sí misma"), han hecho de ella una de las figuras más fascinantes no sólo de las Letras puertorriqueñas de la primera mitad del siglo XX, sino de toda la literatura hispanoamericana contemporánea.

    POEMAS


    I
                           Ocaso

    ¡Cómo suena en mi alma la idea
    de una noche completa en tus brazos
    diluyéndome toda en caricias
    mientras tú te me das extasiado!

    ¡Qué infinito el temblor de miradas
    que vendrá en la emoción del abrazo,
    y qué tierno el coloquio de besos
    que tendré estremecida en tus labios!

    ¡Cómo sueño las horas azules
    que me esperan tendida a tu lado,
    sin más luz que la luz de tus ojos,
    sin más lecho que aquel de tu brazo!

    ¡Cómo siento mi amor floreciendo
    en la mística voz de tu canto:
    notas tristes y alegres y hondas
    que unirán mi emoción a tu rapto!

    ¡Oh la noche regada de estrellas
    que enviará desde todos sus astros
    la más pura armonía de reflejos
    como ofrenda nupcial a mi tálamo!


                             II

                      Media noche

    Se ha callado la idea turbadora
    y me siento en el sí de tu abrazo,
    convertida en un sordo murmullo
    que se interna en mi alma cantando.

    Es la noche una cinta de estrellas
    que una a una a mi lecho han rodado;
    y es mi vida algo así como un soplo
    ensartado de impulsos paganos.

    Mis pequeñas palomas se salen
    de su nido de anhelos extraños
    y caminan su forma tangible
    hacia el cielo ideal de sus manos.

    Un temblor indeciso de trópico
    nos penetra la alcoba. ¡Entre tanto,
    se han besado tu vida y mi vida...
    y las almas se van acercando!

    ¡Cómo siento que estoy en tu carne
    cual espiga a la sombra del astro!
    ¡Cómo siento que llego a tu alma
    y que allá tú me estás esperando!

    Se han unido, mi amor, se han unido
    nuestras risas más blancas que el blanco,
    y ¡oh milagro! en la luz de una lágrima
    se han besado tu llanto y mi llanto...

    ¡Cómo mueren las últimas millas
    que me ataban al tren del pasado!
    ¡Qué frescura me mueve a quedarme
    en el alba que tú me has brindado!


                             III

                            Alba

    ¡Oh la noche regada de estrellas
    que envió desde todos sus astros
    la más pura armonía de reflejos
    como ofrenda nupcial a mi tálamo!

    ¡Cómo suena en mi alma la clara
    vibración pasional de mi amado,
    que se abrió todo en surcos inmensos
    donde anduve mi amor, de su brazo!

    La ternura de todos los surcos
    se ha quedado enredada en mis pasos,
    y los dulces instantes vividos
    siguen, tenues, en mi alma soñando...

    La emoción que brotó de su vida
    -que fue en mi manantial desbordado-
    ha tomado la ruta del alba
    y ahora vuela por todos los prados.

    Ya la noche se fue; queda el velo
    que al recuerdo se enlaza, apretado,
    y nos mira en estrellas dormidas
    desde el cielo en nosotros rondando...

    Ya la noche se fue; y las nuevas
    emociones del alba se han atado.
    Todo sabe a canciones y a frutos,
    y hay un niño de amor en mi mano.

    Se ha quedado tu vida en mi vida
    como el alba se queda en los campos;
    y hay mil pájaros vivos en mi alma
    de esta noche de amor en tres cantos...
    Fausto Antonio aybar
    Fausto Antonio aybar


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    Mensaje por Fausto Antonio aybar Miér 12 Nov 2014, 16:26

    Otros poemas de Julia de Burgos.

    ¡Oh mar, no me esperes más!

    Tengo caído el sueño,
    y la voz suspendida de mariposas muertas.
    El corazón me sube amontonado y solo
    a derrotar auroras en mis párpados.
    Perdida va mi risa
    por la ciudad del viento más triste y devastada.
    Mi sed camina en ríos agotados y turbios,
    rota y despedazándose.
    Amapolas de luz, mis manos fueron fértiles
    tentaciones de incendio.
    Hoy, cenizas me tumban para el nido distante.
    ¡Oh mar, no esperes más!
    Casi voy por la vida como gruta de escombros.
    Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre.
    Inútilmente estiro mi camino sin luces.
    Como muertos sin sitio se sublevan mis voces.
    ¡Oh mar, no esperes más!
    Déjame amar tus brazos con la misma agonía
    con que un día nací. Dame tu pecho azul,
    y seremos por siempre el corazón del llanto?

    Victima de luz

    Aquí estoy,
    desenfrenada estrella, desatada,
    buscando entre los hombres mi víctima de luz.

    A ti he llegado.
    Hay algo de universo en tu mirada,
    algo de mar sin playa desembocando cauces infinitos,
    algo de amanecida nostalgia entretenida en imitar palomas...

    Mirarte es verme entera de luz
    rodando en un azul sin barcos y sin puertos.

    Es inútil la sombra en tus pupilas...
    Algún soplo inocente debe haberse dormido en tus entrañas.

    Eres, entre las frondas, mi víctima de luz.
    Eso se llama amor, desde mis labios.

    Tienes que olvidar sendas,
    y disponerte a manejar el viento.

    ¡A mis brazos, iniciado de luz,
    víctima mía!

    Pareces una espiga debajo de mi alma,
    y yo, pleamar tendida bajo tu corazón.


    Estoy sencilla como la claridad...
    Nada me dice tanto como tu nombre
    repetido de montaña a montaña
    por un eco sin tiempo que comienza en mi amor
    y rueda hasta el infinito...


    Transmutación

    ¡Tú...!
    Casi paloma erguida
    sobre un mundo de alas
    que has creado en mi espíritu.

    Tú lo dominas todo para mi claridad.
    Y soy simple destello en albas fijas
    amándote...

    Ningún viento agitado seduce mi reposo
    de ternuras naciendo y apretándose
    entre tu mano
    y mi sollozo.

    Una afluencia de ríos por nacer, y golondrinas mudas,
    se estrecha contra mí
    allí donde tu alma me dice al corazón
    la palabra más leve.

    Mis pies van despegados de rastros amarillos
    y escalan techos infatigados de mariposas
    donde el sol, sin saberlo, se ha visto una mañana,
    deslumbrante...

    Para amarte
    me he desgarrado el mundo de los hombros,
    y he quedado desierta en mar y estrella,
    sencilla
    como la claridad.

    Aquí no hay geografía para manos ni espíritu.
    Estoy sobre el silencio y en el silencio mismo
    de una transmutación
    donde nada es orilla...


    De Julia de Burgos a Julia de Burgos

    Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga
    porque dicen que en verso doy al mundo mi yo.
    Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de burgos.
    La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
    porque tú eres ropaje y la esencia soy yo; y el más
    profundo abismo se tiende entre las dos.
    Tú eres fria muñeca de mentira social,
    y yo, viril destello de la humana verdad.
    Tú, miel de cortesana hipocresías; yo no;
    que en todos mis poemas desnudo el corazón.
    Tú eres como tu mundo, egoísta;
    yo no; que en todo me lo juego a ser lo que soy yo.
    Tú eres sólo la grave señora señorona; yo no,
    yo soy la vida, la fuerza, la mujer.
    Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
    yo de nadie, o de todos, porque a todos, a
    todos en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.
    Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
    a mí me riza el viento, a mí me pinta el sol.
    Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
    atada a los prejuicios de los hombres; yo no;
    que yo soy Rocinante corriendo desbocado
    olfateando horizontes de justicia de Dios.
    Tú en ti misma no mandas;
    a ti todos te mandan; en ti mandan tu esposo, tus
    padres, tus parientes, el cura, el modista,
    el teatro, el casino, el auto,
    las alhajas, el banquete, el champán, el cielo
    y el infierno, y el que dirán social.
    En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
    mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.
    Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo.
    Tú en ti lo tienes todo y a todos se
    lo debes, mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.
    Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
    y yo, un uno en la cifra del divisor
    social somos el duelo a muerte que se acerca fatal.
    Cuando las multitudes corran alborotadas
    dejando atrás cenizas de injusticias
    quemadas, y cuando con la tea de las siete virtudes,
    tras los siete pecados, corran las multitudes,
    contra ti, y contra todo lo injusto
    y lo inhumano, yo iré en medio de
    ellas con la tea en la mano.

    Fausto Antonio aybar
    Fausto Antonio aybar


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    Mensaje por Fausto Antonio aybar Miér 03 Dic 2014, 17:08

    Amigos poetas, dejo la última acotación realizada por el poeta dominicano León David sobre la trayectoria literaria de la poeta Julia de Burgos, este articulo fue publicado en la prensa dominicana.

    Nuestro encomiástico abordaje a la producción lírica de Julia de Burgos está por concluir. Y a estas alturas de la eufórica singladura que nos condujera mar adentro hacia las distintas latitudes de su admirable creación literaria, no juzgo improcedente hacer énfasis en un detalle en modo alguno accidental concerniente a la ponderación que hemos llevado a cabo, detalle que es resorte del vilipendiado sentido común no perder de vista; me refiero a dos fatales insuficiencias que lastran los conceptos traídos a la tribuna de estas páginas: la primera de ellas se vincula a la circunstancia asaz penosa de que las observaciones con las que haciendo alarde de excesiva desenvoltura e impremeditación fui salpicando el inocente papel de esta libreta, no condicen con los métodos y rigurosos protocolos propios de respetable investigación académica, ni cuentan tampoco con el respaldo de plumas autorizadas cuyos dictámenes sobre la obra de de Burgos coincidan con las apreciaciones que cálamo currente fuera mi deslumbramiento perpetrando; de manera que con la mira puesta en sustraer los encarecimientos a que me he consagrado al seguro vituperio de la crítica especializada de un lado, y a la incomprensión del aturdido lego, del otro, sólo se me ocurre aducir que lo que me espoleara a escribir este ensayo apologético es aquella firme roca en la que arraiga y halla soporte cualquier genuina y fervorosa aclamación: el arrobamiento ante las paradigmáticas prendas de la obra escoliada, con cuyos fecundos vislumbres sentimos una afinidad secreta y central; y la segunda insuficiencia a que líneas atrás hiciera mención estriba en el hecho de que si prima facie diez específicas apuntaciones acerca de muy concretos aspectos del lenguaje poético de Julia de Burgos no los reputaría nadie por escasos, me veo compelido a aceptar la verdad de que los comentarios a que ha dado pábulo el rutilante verso de la escritora borinqueña, lejos de agotar las crecidas bondades con que nos favorece, acaso deje en la sombra caudalosas facetas de su expresión cuya valía y alcance mi obtuso intelecto se reveló incapaz de percibir.

    Sea lo que fuere, impuesto estoy de que mis anotaciones sobre el estilo literario de tan singular aeda con las que, abusando de la civilidad de los lectores, he borrajeado cuartilla tras cuartilla arregostado a la expectativa de que las conjeturas explayadas aquí no sean tenidas por planteos descabellados ni truismos, convencido estoy, repito, de que cuando menos con irrecusable claridad de una cosa darán testimonio: de la fascinación que en mí provoca el armónico fluir de su palabra, en virtud de lo cual sobre colocarla en el solio privilegiado de mis poetas preferidos, la conceptúo y reconozco como una de las voces mayores de la lírica en lengua castellana.

    Empero, no embargante las insuficiencias a que vengo de aludir en el excurso que antecede (cuyo origen no ha de buscarse en otra parte que en la impericia de mi cálamo), va de suyo que para dar remate a las reflexiones que este papel hospeda sin incumplir lo que el título de las mismas proclama, es de rigor que añada a las nueve acotaciones hasta ahora pergeñadas, una postrera, la décima, objetivo al que incontinenti se enderezará este conato de valoración que el populoso gremio de mis detractores tildará –no es laborioso anticiparlo- de insustancial y caprichoso.

    Entre las felicidades del discurrir poético de la magna cantora de Puerto Rico, que tal vez con muy errada puntería me empeñara en poner de resalto a lo largo de este escrito, la que a continuación mencionaré es de justicia no considerarla secundaria o episódica. Pues la cualidad de su producción literaria en la que aspiro concentremos diligentemente nuestra atención ahora es nada más y nada menos que la que denominaré “sostenida inspiración de su verso”. En efecto, cualquiera de los escasos aficionados a la lectura de poemas con los que de higos a brevas todavía topamos –se trata de una especie en vías de extinción- en salones, librerías y tertulias habrá sin duda constatado que en un poemario decoroso, merecedor de que visitemos sus páginas, de ordinario junto a composiciones de muy lograda elaboración que de inmediato ganan nuestro favor y simpatía, cobíjanse otras, casi siempre más numerosas, que por desmayadas nos desalientan e incomodan. Por lo demás, la presencia en un mismo libro de poemas afortunados alternando con otros medianos, flojos o, peor aún, asiduamente desaliñados, no es tan solo condición de las trovas de líricos menores o de plumas bisoñas. Poetas de mucho viso -cuyos nombres, en reconocimiento de su innegable grandeza, mi gratitud insiste en omitir-, han incurrido en la escandalosa práctica de obsequiarnos versos de impoluta dignidad yuxtapuestos a otros de insufrible fisonomía.

    Pues bien, soy del número de los que entienden que la perturbadora desigualdad que en punto a excelencia estética acusan no pocas obras de celebradas péndolas es penuria con la que no vamos a tropezar en ninguno de los tres libros que reúnen la poesía de Julia de Burgos. Porque si algo se me hace a ojo grueso patente es que el conjunto de la creación lírica de Julia mantiene un nivel superior y parejo de expresivas virtudes. Y tan venturosa ocurrencia, para cuya comprobación no es menester otra iniciativa que leer la totalidad de lo que escribió, sería inexcusable descuido que la dejásemos en la estacada.

    Hasta donde estoy enterado, por lo que hace a su vida, demasiado breve (a la que, habida cuenta de la naturaleza y objetivos de este escrito, no he tenido que referirme), los infortunios superaron con creces los breves períodos de entusiasmo, júbilo y sosiego. Pero tanto de los momentos de radiante felicidad como de los de más sombría angustia y decepción supo el plectro de la puertorriqueña extraer el oro resplandeciente de su maravillosa, de su inmarcesible poesía. Y eso es lo que cuenta… El ser humano es imperfecto. Hasta en las vidas de los creadores de más descollante genialidad no tardan en aparecer, siempre que se los busque, máculas y defectos. Hasta el sol tiene manchas… Pero ningún desacierto, limitación o falta que logre el biógrafo detectar por lo que atañe a la conducta de tan proceros individuos en la esfera privada de la cotidianidad podría empañar su gloria. Bien asentada está la de Julia. Y en razón de su excepcional legado, cuando indaguemos en su historia personal no olvidemos ni por un minuto que la memoria de la poesía extraordinaria que nos dio exige algún miramiento de nuestra gratitud en el modo de explicar sus flaquezas.
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    Mensaje por Fausto Antonio aybar Mar 09 Dic 2014, 16:25

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    JULIA DE BURGOS (1914-1953) (POETA PUERTORIQUEÑA) Empty Julia de Burgos (1914-1953)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 14 Ene 2023, 15:18

    .


    Julia de Burgos  (Carolina, Puerto Rico; 17 de febrero de 1914 - 6 de julio de 1953), es considerada por muchos críticos como la más excelsa poetisa puertorriqueña.​ Fue también partidaria de la independencia de la isla.

    Biografía

    Hija de Consuelo García y Juan de Burgos, se crio en Santa Cruz, pueblito humilde de la localidad de Carolina. Esto no la privaría de desarrollar su amor por la naturaleza y por su país. Siendo la mayor de todos, fue la primera de trece hermanos que cursara estudios universitarios.

    Obtuvo su título de magisterio en la Universidad de Puerto Rico a los 19 años de edad,​ pero su amor por la literatura la llevó a escribir poesía. Posibles influencias en su obra serían Luis Llorens Torres, Luis Pales Matos, Clara Lair, Rafael Alberti y Pablo Neruda.​ También fue maestra en la escuela elemental Rosa Luz Zayas Cruz en el sector Feijoo del barrio Cedro Arriba en Naranjito.

    En 1936 se unió a "Hijas de la libertad", rama femenina del Partido Nacionalista de Puerto Rico. Este grupo político, liderado por Pedro Albizu Campos, promovía el ideal de independencia.

    Burgos publicó tres colecciones de poemas. Para sus dos primeros libros viajó por la isla, dándose a conocer y organizando sus propios recitales. Su tercer libro fue publicado póstumamente en 1954.

    Se casó primero con Rubén Rodríguez Beauchamp y después —en 1944, en Nueva York— con Armando Marín, pero su gran amor fue el historiador, médico y político dominicano Juan Isidro Jimenes Grullón, nieto del extinto presidente dominicano Juan Isidro Jimenes.​ Este amor le inspiraría muchos de sus poemas. Su ánimo fue bajando y cayó en el problema de alcoholismo. El 6 de julio de 1953 se desplomó sobre una acera neoyorquina y murió de pulmonía en un hospital del barrio de Harlem a la edad de 39 años.​ Debido a que nadie reclamó su cuerpo y a que no llevaba ninguna identificación, la ciudad la enterró bajo el nombre de "Jane Doe".​ Algunos de sus amigos, capaces de rastrearla y encontrar su tumba, reclamaron el cuerpo y sus restos fueron enviados a Puerto Rico; fue solemnemente enterrada en Carolina y se elevó un monumento en el lugar del sepelio.

    Entre los trabajos destacados de Julia de Burgos se encuentran: Río Grande de Loíza, Poema para mi muerte, Yo misma fui mi ruta, Alba de mi silencio y Alta mar y gaviota.

    Vivió dos años en Cuba, que quedan registrados en la correspondencia de la poeta con su hermana.​ En La Habana estudió griego, latín y francés.

    Feminista

    Julia de Burgos, además de mostrar el sentimiento de amor en sus poemas, también estimuló en las mujeres la liberación femenina y en sus versos plasmó los problemas de las puertorriqueñas. Con una voz de rebeldía y feminismo escribió obras que iban en contra de las normas de la sociedad y los convencionalismos de su época. Obras muy estudiadas por Julia de Burgos han sido destacadas por el alzamiento feminista que contienen, por ejemplo, el poema "Yo misma fui mi ruta" que trata sobre la liberación de las mujeres. En este poema Burgos se muestra decidida a ser quien maneja su vida y se expresa en desacuerdo con los mandatos de la sociedad. Este poema exhortó a las mujeres de la generación del 30, quienes se hallaban en una lucha de poder por sus derechos, a tener conciencia de tres factores importantes: su potencial como mujer, el manejo de sus propias vidas y no sentirse inferiores.

    Homenajes

    El 19 de febrero de 1987 el Departamento de Español del Recinto de Humacao de la Universidad de Puerto Rico la homenajeó concediéndole un póstumo doctorado Honoris Causa en Letras y Humanidades. La proclamación fue presentada a su sobrina, María Consuelo Sáez Burgos.

    La ciudad de San Juan ha bautizado escuelas y avenidas en su nombre; allí existe también la Casa Protectora Julia de Burgos, que protege a mujeres sobrevivientes de violencia doméstica, y el Museo de Artes y Ciencias Julia de Burgos.

    El 27 de octubre de 2006, la ciudad de New York aprobó una ley que designó un tramo de la calle 106, entre la quinta y la primera avenidas, como “Julia de Burgos Boulevard.” En la misma calle, cerca de la avenida Lexington, el mural de Manny Vega representa el rostro de Burgos en mosaicos que lo transforman en una especie de icono bizantino. Muy cerca, en la quinta avenida y calle ciento cinco, está la esquina donde se desplomó la escritora puertorriqueña en julio de 1953. Fue trasladada a Harlem Hospital y murió en el anonimato.​

    En Nueva York funciona el Centro Latino Julia de Burgos en Manhattan y el Centro de Arte Julia de Burgos en Harlem, cercano al lugar de su muerte. La poeta neoyorquina Giannina Braschi homenajeó a Julia de Burgos en su celebrada novela bilingüe Yo-Yo Boing! y Tomás Batista esculpió un busto de ella, que adorna el parque de su nombre en Carolina.

    (Sacado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] )


    *


    Algunos poemas de Julia de Burgos:


    De Poema en veinte surcos, 1938:


    A JULIA DE BURGOS

    Ya las gentes murmuran que yo soy tu enemiga
    porque dicen que en verso doy al mundo tu yo.

    Mienten, Julia de Burgos. Mienten, Julia de burgos.
    La que se alza en mis versos no es tu voz: es mi voz
    porque tú eres ropaje y la esencia soy yo; y el más
    profundo abismo se tiende entre las dos.

    Tú eres fria muñeca de mentira social,
    y yo, viril destello de la humana verdad.

    Tú, miel de cortesana hipocresías; yo no;
    que en todos mis poemas desnudo el corazón.

    Tú eres como tu mundo, egoísta; yo no;
    que en todo me lo juego a ser lo que soy yo.

    Tú eres sólo la grave señora señorona;
    yo no, yo soy la vida, la fuerza, la mujer.

    Tú eres de tu marido, de tu amo; yo no;
    yo de nadie, o de todos, porque a todos, a todos
    en mi limpio sentir y en mi pensar me doy.

    Tú te rizas el pelo y te pintas; yo no;
    a mí me riza el viento, a mí me pinta el sol.

    Tú eres dama casera, resignada, sumisa,
    atada a los prejuicios de los hombres; yo no;
    que yo soy Rocinante corriendo desbocado
    olfateando horizontes de justicia de Dios.

    Tú en ti misma no mandas; a ti todos te mandan;
    en ti mandan tu esposo, tus padres, tus parientes,
    el cura, la modista, el teatro, el casino,
    el auto, las alhajas, el banquete, el champán,
    el cielo y el infierno, y el que dirán social.

    En mí no, que en mí manda mi solo corazón,
    mi solo pensamiento; quien manda en mí soy yo.

    Tú, flor de aristocracia; y yo, la flor del pueblo.
    Tú en ti lo tienes todo y a todos se lo debes,
    mientras que yo, mi nada a nadie se la debo.

    Tú, clavada al estático dividendo ancestral,
    y yo, un uno en la cifra del divisor social
    somos el duelo a muerte que se acerca fatal.

    Cuando las multitudes corran alborotadas
    dejando atrás cenizas de injusticias quemadas,
    y cuando con la tea de las siete virtudes,
    tras los siete pecados, corran las multitudes,
    contra ti, y contra todo lo injusto y lo inhumano,
    yo iré en medio de ellas con la tea en la mano.



    RÍO GRANDE DE LOIZA

    ¡Río Grande de Loíza!... Alárgate en mi espíritu
    y deja que mi alma se pierda en tus riachuelos,
    para buscar la fuente que te robó de niño
    y en un ímpetu loco te devolvió al sendero.

    Enróscate en mis labios y deja que te beba,
    para sentirte mío por un breve momento,
    y esconderte del mundo, y en ti mismo esconderte,
    y oír voces de asombro, en la boca del viento.

    Apéate un instante del lomo de la tierra,
    y busca de mis ansias el íntimo secreto;
    confúndeme en el vuelo de mi ave fantasía,
    y déjame una rosa de agua en mis ensueños.

    ¡Río Grande de Loíza!.. Mi manantial, mi río,
    desde que alzóse al mundo el pétalo materno;
    contigo se bajaron desde las rudas cuestas
    a buscar nuevos surcos, mis pálidos anhelos;
    y mi niñez fue toda un poema en el río,
    y un río en el poema de mis primeros sueños.

    Llegó la adolescencia. Me sorprendió la vida
    prendida en lo más ancho de tu viajar eterno;
    y fui tuya mil veces, y en un bello romance
    me despertaste el alma y me besaste el cuerpo.

    ¿Adónde te llevaste las aguas que bañaron
    mis formas, en espiga del sol recién abierto?

    ¡Quién sabe en qué remoto país mediterráneo
    algún fauno en la playa me estará poseyendo!

    ¡Quién sabe en qué aguacero de qué tierra lejana
    me estaré derramando para abrir surcos nuevos;
    o si acaso, cansada de morder corazones,
    me estaré congelando en cristales de hielo!

    ¡Río Grande de Loíza! Azul, Moreno, Rojo.
    Espejo azul, caído pedazo azul del cielo;
    desnuda carne blanca que se te vuelve negra
    cada vez que la noche se te mete en el lecho;
    roja franja de sangre, cuando baja la lluvia
    a torrentes su barro te vomitan los cerros.

    Río hombre, pero hombre con pureza de río,
    porque das tu azul alma cuando das tu azul beso.

    Muy señor río mío. Río hombre. Único hombre
    que ha besado en mi alma al besar en mi cuerpo.

    ¡Río Grande de Loíza!... Río grande. Llanto grande.
    El más grande de todos nuestros llantos isleños,
    si no fuera más grande el que de mi se sale
    por los ojos del alma para mi esclavo pueblo.



    DAME TU HORA PERDIDA

    De tu existencia múltiple dame la hora perdida,
    cuando vacío de todo, no sientas ni la vida.

    Cuando te encuentres solo, tan lejos de ti mismo
    que te pese la mera conciencia del mutismo.

    Cuando estés tan distante del farsante murmullo
    que deshagas la fórmula de tu arrogante orgullo.

    Entonces, ya vacío de todo, con tu nada
    acércate a mi senda y espera mi llegada.

    Yo te daré la nota más cierta de mi vida.
    Tú me darás la nada de tu hora perdida.

    Yo te daré inquietudes, sentidas emociones
    que turben tu vacío y broten en canciones.

    Tú me darás la nada de la inmortal mentira
    de eternizar las cosas en su inmortal mentira.

    Yo te daré verdades de todo lo tangible
    para pesar la nada de tu vida insensible.

    Y así, tú te darás en mí como si fuera
    mi vida un aletazo de la ida primavera.

    Que nunca ha sido, y siempre se extiende en nuestras almas..
    como verdad de nada, igual que las no almas.

    Y yo me daré en ti como futuro incierto.
    de tiempos que no han sido, y canción que no ha muerto.

    Y alzaremos en ritmo vibrante y alocado
    la sublime mentira de habernos encontrado.

    Yo, en la nada insensible de tu hora perdida.
    y tú en la también nada de mi frívola vida.



    MOMENTOS

    Yo, fatalista,
    mirando la vida llegándose y alejándose
    de mis semejantes.

    Yo, dentro de mí misma,
    siempre en espera de algo
    que no acierta mi mente.

    Yo, múltiple,
    como en contradicción,
    atada a un sentimiento sin orillas
    que me une y me desune,
    alternativamente,
    al mundo.

    Yo, universal,
    bebiéndome la vida
    en cada estrella desorbitada,
    en cada grito estéril,
    en cada sentimiento sin orillas.

    ¿Y todo para qué?
    -Para seguir siendo la misma.



    SE ME HA PERDIDO UN VERSO

    Sorbiendo las verdades ocultas a mi lado,
    en la noche callada dejé perder un verso.

    Cada verdad clamaba la estatua de palabras
    que esculpía velozmente mi activo pensamiento;
    y por no ser de todos, con ímpetu de ave,
    por la puerta que vino se me fugó mi verso.

    En él no  hubo el deseo de izar las emociones
    cansadas y pequeñas tiradas al momento,
    y halándose la vida, deshizo su edad breve
    y se quitó del mundo verbal de mi cerebro.

    Partió calladamente, deforme y mutilado,
    cargando en su mutismo el vago sentimiento
    de haber vestido en carne gastada de palabras
    para exhibir mi entrada a un intento poético.

    ¡Tú! ¡Verso!
    ......................En ti se haga la vida de otra mente,
    de otra inquietud extraña, de otro dolor.
    ..............................................................................¡Tú! ¡Verso!
    He aquí el gran escenario que en tu mirar de ave
    deforme y mutilada por no entrar en mi alero,
    verás surgir,en asta de mudos horizontes
    filtrándose hacia abajo sabiéndonos pequeños:

    Cuatro calles de hombres. Cuatro calles cuadradas
    hechas al sol de afuera con impulso hacia adentro.

    Creyentes taciturno moviéndose torcidos
    en el valor estático de cuatro ángulos rectos.

    Valor de agua estancada en el no ser de siglos
    que murieron de inercia bajo su propio peso.

    Valor de hombre cuadrado agachándose humilde
    para hundirse en las aguas con torpeza de siervo.

    ¡Tú! ¡Verso!
    ......................En ti no se hizo el hombre; ni los siglos.
    Lo estático se ha roto en tu canción.
    ............................................................................¡Tú! ¡Verso!
    Has vuelto a la vibrante definición de forma
    que entibiaste a la sombra del impulso primero.

    Ya puedo definirte. Traes ímpetu de idea,
    y vibra en tus palabras el ritmo de lo nuevo.

    Eres el hoy del mundo; la afirmación; la fuerza.
    ¡Revolución que rompe las cortinas del tiempo!

    En tu Sí, inevitable revolución del mundo,
    me he encontrado yo misma al encontrar mi verso.



    CORTANDO DISTANCIAS

    Chispeado de luces del rumbo futuro
    que adviértese en todas las nuevas llamadas,
    de espalda al prejuicio y a solas contigo,
    llegastes a mi vida cortando distancias.

    Distancia de innobles pisadas sociales.
    Distancia de huellas de loca avanzada.
    Distancia de credos, de normas, de anhelos.
    Distancia de todo lo que hace la nada.

    Llegaste. Eso es todo. Rasguea tus sentidos,
    y dame un lenguaje de voces calladas.
    Renuncio al legado de un mundo ficticio.
    No quiero limosnas de herencia gastada.

    Prefiero al murmullo de todos los tiempos,
    el secreto íntimo de las circunstancias,
    prendida al silencio de tu vida mía
    y oyendo en tus ojos y no en tus palabras.

    Lancemos un grito de adioses al viento
    por todas las fugas que cortan distancias.
    Un místico y suave adiós al ensueño
    que engaña las mentes y teje la nada.
    Un grave y piadoso adiós al imbécil
    que vive tan solo de sol, aire y agua.
    Un fuerte y cortante adiós al cobarde
    que vive sumiso a credos y trabas.

    Y un loco y salvaje adiós a nosotros
    en ritos y normas y gestos y máscaras.

    Que sea nuestra vida presente de todo.
    Que busque futuro tan solo en el alma.
    Que ensaye verdades. Que sienta en idea.
    Que siempre se extienda cortando distancias.

    Y que sea más íntima que todas las frases,
    de todos los tiempos, de todas las razas.



    AMANECERES

    ¡Amaneceres en mi alma!
    ¡Amaneceres en mi mente!

    Cuando se abre la puerta íntima
    para entrar a una misma,
    ¡Que de amaneceres!

    Recoger la hora que pasa temblando a nuestro lado,
    y hacerla presente,
    y hacerla robusta,
    y hacerla universal.

    Y que cante;
    y que grite;
    y que se interne en todos los rincones anónimos
    despertando rebeldías;
    y que barra la cara de los eternos jorobados del tiempo
    enfermos de no pensar;
    y que cuelgue todas las canciones de rumbos y burgueses,
    y rompa sus segundos en un millón de himnos proletarios.

    ¡Amaneceres en mi alma!
    ¡Amaneceres en mi mente!

    Cuando se abre la puerta íntima
    para entrar a una misma,
    ¡Que de amaneceres!

    Allí dentro,
    bien adentro,
    asomarse a la vida.

    Ver...
    Oír...
    Oler...
    Gustar...
    Y tocar...
    ..................tierra.

    Y en la tierra...
    ..............................el hombre
    perpendicular sobre su propia vida.

    El hombre tierra
    hecho a dos dimensiones violentas.
    La dimensión común:
    cinco sentidos,
    y un cuerpo y una muerte.

    El hombre todo. Él.

    La otra,
    la dimensión social:
    la tradición,
    la raza,
    el capital.

    El hombre aburguesado
    de cuerpo,
    de mente
    y de energía.

    El hombre desviado
    huyendo ferozmente de sí mismo.

    A ese hombre burgués
    hay que destruirlo,
    ahora,
    en la hora presente,
    en la hora robusta,
    en la hora universal.

    ¡Amanece el mundo!
    Cuando se abre la puerta íntima
    para entrar a una misma,
    ¡qué de amaneceres!



    AY AY AY DE LA GRIFA NEGRA

    Ay, ay, ay, que soy grifa y pura negra;
    grifería en mi pelo, cafrería en mis labios;
    y mi chata nariz mozambiquea.

    Negra de intacto tinte, lloro y río
    la vibración de ser estatua negra;
    de ser trozo de noche, en que mis blancos
    dientes relampaguean;
    y ser negro bejuco
    que a lo negro se enreda
    y comba el negro nido
    en que el cuervo se acuesta.
    Negro trozo de negro en que me esculpo,
    ay ay ay, que mi estatua es toda negra.

    Dícenme que mi abuelo fue el esclavo
    por quien el amo dio treinta monedas.
    Ay ay ay, que el esclavo fue mi abuelo
    es mi pena, es mi pena.
    Si hubiera sido el amo,
    sería mi vergüenza;
    que en los hombres, igual que en las naciones,
    si el ser el siervo es no tener derechos,
    el ser el amo es no tener conciencia.

    Ay ay ay, los pecados del rey blanco
    lávelos en perdón la reina negra.

    Ay ay ay, que la raza se me fuga
    y hacia la raza blanca zumba y vuela
    hundirse en su agua clara;
    tal vez si la blanca se ensombrará en la negra.

    Ay ay ay, que mi negra raza huye
    y con la blanca corre a ser trigueña;
    ¡a ser la del futuro,
    fraternidad de América!



    MI ALMA

    ¿Mi alma?
    Una armonía rota
    que va saltando  su demencia
    sobre el cojín del tiempo.

    ¡Cómo la quieren recostar,
    aclimatar,
    recomponer,
    los mortales ha iempo muertos!

    Empeño despeñado del logro.
    ¡Alborotero!

    La locura de mi alma
    no puede reclinarse,
    vive en lo inquieto,
    en lo desordenado,
    en el desequilibrio
    de las cosas dinámicas,
    en el silencio
    del libre pensador, que vive solo,
    en callado destierro.

    Fuerte armonía rota
    la de mi alma;
    rota de nacimiento;
    siembra hoy, más que nunca,
    su innata rebeldía
    en puntales de saltos estratégicos.



    OCHENTA MIL

    ¡Ochenta mil hombres muertos
    en el campo de batalla!
    ¡Aviones, tanques, obuses
    rifles, bombas, gas, metralla!
    Se abren las horas suicidas
    y caen al suelo de España.

    Doce horas a sangre y a fuego
    de la noche a la mañana…
    Lo que la noche escondiera
    lo ven los ojos del alba…

    ¡Ochenta mil hombres muertos
    en el campo de batalla!
    ¡Ochenta mil sueños caídos
    de ochenta mil rotas almas!…

    Por allá vienen las viudas,
    las madres y las hermanas.
    Subiendo la cuesta vienen
    todas ellas enlutadas.

    La senda me moja bajo
    los ojos que se hacen agua
    Y el viento se va salado
    con la sal de tantas lágrimas.

    A lamer el río la sangre
    se estira en lenguas de llamas.
    El agua del rio huele
    a un millón de puñaladas,
    y las naciones de Europa
    con tanta sangre se bañan
    y sus mentiras condensan
    en esta mentira clásica:
    son hombres que dan su vida
    por sus banderas y patrias…

    Y en el escenario vivo,
    en el campo de batalla,
    zumban odios de banderas…
    roncan rencores de patrias…

    Ochenta mil intereses
    a la vida le disparan
    con ochenta mil fusiles,
    ochenta mil negras balas,
    ochenta mil egoísmos
    que ochenta mil vidas matan.

    Los Hitler, los Mussolini…
    ¡Balas! ¡Balas! ¡Balas! ¡Balas!
    Las dos víboras de Europa
    que con la muerte se pactan.

    Pero… allá vienen las viudas,
    las madres y las hermanas.

    El aire se va salado
    con la sal de tantas lágrimas.
    El agua del rio huele
    a un millón de puñaladas.

    Por allá vienen las viudas,
    las madres y las hermanas.
    Subiendo la cuesta vienen
    todas ellas enlutadas,
    y su dolor canta el himno
    que hará el futuro de España.

    ¡Ochenta mil hombres muertos
    en el campo de batalla!
    ¡Fascismo en contra del pueblo!
    ¡Pueblo en defensa de España!



    YO MISMA FUI MI RUTA

    Yo quise ser como los hombres quisieron que yo fuese:
    un intento de vida;
    un juego al escondite con mi ser.
    Pero yo estaba hecha de presentes,
    y mis pies planos sobre la tierra promisora
    no resistían caminar hacia atrás,
    y seguían adelante, adelante,
    burlando las cenizas para alcanzar el beso
    de los senderos nuevos.

    A cada paso adelantado en mi ruta hacia el frente
    rasgaba mis espaldas el aleteo desesperado
    de los troncos viejos.

    Pero la rama estaba desprendida para siempre,
    y a cada nuevo azote la mirada mía
    se separaba más y más y más de los lejanos
    horizontes aprendidos:
    y mi rostro iba tomando la espresión que le venía de adentro,
    la expresión definida que asomaba un sentimiento
    de liberación íntima;
    un sentimiento que surgía
    del equilibrio sostenido entre mi vida
    y la verdad del beso de los senderos nuevos.

    Ya definido mi rumbo en el presente,
    me sentí brote de todos los suelos de la tierra,
    de los suelos sin historia,
    de los suelos sin porvenir,
    del suelo siempre suelo sin orillas
    de todos los hombres y de todas las épocas.

    Y fui toda en mí como fue en mí la vida...

    Yo quiese ser como los hombres quisieron que yo fuese:
    un intento de vida;
    un juego al escondite con mi ser.
    Pero yo estaba hecha de presentes;
    cuando ya los heraldos me anunciaban
    en el regio desfile de los troncos viejos,
    se me torció el deseo de seguir a los hombres,
    y el homenaje se quedó esperándome.



    ALBA DE MI SILENCIO

    En ti me he silenciado...
    El corazón del mundo está en tus ojos, que se vuelan
    mirándome.

    No quiero levantarme de tu frente fecunda
    en donde acuesto el sueño de seguirme en tu alma.

    Casi me siento niña de amor que llega hasta los pájaros.
    Me voy muriendo en mis años de angustia
    para quedar en ti
    como corola recién en brote al sol...

    No hay una sola brisa que no sepa mi sombra
    ni camino que no alargue mi canción hasta el cielo.

    ¡Canción silenciada de plenitud!
    En ti me he silenciado...

    La hora más sencilla para amarte es ésta
    en que voy por la vida dolida del alba.



    ALTA MAR Y GAVIOTA

    Por tu vida yo soy...
    en tus ojos yo vivo la armonía de lo eterno.
    La emoción se me riega,
    y se ensancha mi sangre por las venas del mundo.

    No doy ecos partidos.
    Lo inmutable me sigue
    resbalando hasta el fondo de mi propia conciencia.

    En ti yo amo las últimas huidas virginales
    de las manos del alba,
    y armando lo infinito
    te quiero entre las puertas humanas que te enlazan.

    En ti aquieto las ramas abiertas del espacio,
    y renuevo en mi arteria tu sangre con mi sangre.

    ¡Te multiplicas!
    ..........................¡Creces!
    ...............................................¡Y amenazas quedarte
    ...............................................con mi prado salvaje!

    Eres loca carrera donde avanzan mis pasos,
    atentos como albas
    al sol germinativo que llevas en tu impulso.

    ........................Por tu vida yo soy
    ........................alta mar y gaviota:
    ........................en ella vibro
    ........................y crezco...


    Última edición por Pedro Casas Serra el Sáb 21 Oct 2023, 13:58, editado 1 vez
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    JULIA DE BURGOS (1914-1953) (POETA PUERTORIQUEÑA) Empty Re: JULIA DE BURGOS (1914-1953) (POETA PUERTORIQUEÑA)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 15 Ene 2023, 06:44

    .


    De Canción de la verdad sencilla, 1939:


    POEMA DETENIDO EN UN AMANECER

    Nadie.
    Iba yo sola.
    Nadie.
    Pintando las auroras con mi único color de soledad.
    Nadie.

    Repitiéndome en todas las desesperaciones.
    Callándome por dentro el grito de buscarte.
    Sumándome ideales en cada verdad rota.
    Hiriendo las espigas con mi duelo de alzarte.

    ¡Oh desaparecido!
    ¡Cómo injerté mi alma en lo azul para hallarte!

    Y así loca hacia arriba,
    hirviéndome los ojos en la más roja luz para lograrte,
    ¡cómo seguí la huida de mi emoción más ávida
    por los hospitalarios oros crepusculares!

    Hasta que una mañana...
    Una noche...
    una tarde...
    quedé como paloma acurrucada,
    y me encontré los ojos por tu sangre.
    Madrugadas de dioses
    maravillosamente despertaron mis valles.
    ¡Desprendimientos! ¡ Cauces!
    ¡Golondrinas! ¡Estrellas!
    ¡Albas duras y ágiles!

    Todo en ti:
    ¡sol salvaje!

    ¿Y yo?
    —Una verdad sencilla para amarte...



    AMANECIDA

    Soy una amanecida del amor...

    Raro que no me sigan centenares de pájaros
    picoteando canciones sobre mi sombrilla blanca.
    (Será que van cercando, en vigilia de nubes,
    la claridad inmensa donde avanza mi alma).

    Raro que no me carguen pálidas margaritas
    por la ruta amorosa que han tomado mis alas.
    (Será que están llorando a su hermana más triste,
    que en silencio se ha ido a la hora del alba).

    Raro que no me vista de novia la más leve
    de aquellas brisas suaves que durmieron mi infancia.
    (Será que entre los árboles va enseñando a mi amado
    los surcos inocentes por donde anduve, casta...)

    Raro que no me tire su emoción el rocío,
    en gotas donde asome risueña la mañana.
    (Será que por el surco de angustia del pasado,
    con agua generosa mis decepciones baña).

    Soy una amanecida del amor...

    En mí cuelgan canciones y racimos de pétalos,
    y muchos sueños blancos, y emociones aladas.

    Raro que no me entienda el hombre, conturbado
    por la mano sencilla que recogió mi alma.
    (Será que en él la noche se deshoja más lenta,
    o tal vez no comprenda la emoción depurada...)



    VIAJE ALADO

    Hoy me acerco a tu alma
    con las manos amarillas de pájaros.
    La mirada corriendo por el cielo,
    y una leve llovizna entre mis labios.

    Saltando claridades
    he recogido el sol en los tejados,
    y una nube ligera que pasaba
    me prestó sus sandalias de aire blando.

    La tierra se ha colgado a mis sandalias
    y es un tren de emoción hasta tus brazos,
    donde las rosas sin querer se fueron
    unidas a la ruta de mi canto.

    La tragedia del mundo
    de mi senda de amor se ha separado,
    y hay un aire muy suave en cada estrella
    removiéndome el polvo de los años.

    Hasta mi cara en vuelo
    las cortinas del mar se me treparon,
    y mis ojos se unieron a los ojos
    de todas las pupilas del espacio.

    Anudando emociones
    sorprendí una sonrisa entre mis manos
    caída desde el pájaro más vivo
    que se asomó a mirar mi viaje alado.

    Por encima del ruido de los hombres
    una larga ilusión se fue rodando,
    y dio a inclinar la sombra de mi mente
    en el rayo de luz de tu regazo.

    Como corola al viento,
    todo el cosmos abrióseme a mi paso,
    y se quedó en el pétalo más rosa
    de esta flor de ilusión que hasta ti alargo...



    SUEÑO DE PALABRAS

    Honda, de ti, me inundo el corazón de voces,
    mientras tú duermes sueño de palabras...
    ¡Amado!
    ¡Qué estrellado va el cielo!

    La rosa de la noche en las calle me mece.
    Ecos de golondrinas se aquietan en la nube.
    La sombra va danzando su dolor por los muelles.
    El mar se sale al viento en perfume salvaje.
    El ideal a ratos se sacude y florece...

    (Tu sueño de palabras va perdiendo su sueño.
    Mi corazón se expande en canciones celestes...)

    ¡Amado!
    ¡Entre las nubes se acarician los lirios!
    ¡En los labios del viento las canciones se duermen!
    ¡Las estrellas se guardan su lenguaje de luces!
    ¡El silencio se viste de rosales y fuentes!
    ¡Viene el tiempo corriendo su locura de viaje!
    ¡Mi pasión está fresca! ¡Mi emoción está leve!

    (El sueño de palabras ha dejado tus labios).
    ¡No me hables! ¡Tus notas yo las quiero silvestres!



    POEMA PERDIDO EN POCOS VERSOS

    ¡Y si dijeran que soy como devastado crepúsculo
    donde ya las tristezas se durmieron!

    Sencillo espejo donde recojo el mundo.
    Donde enternezco soledades con mi mano feliz.

    Han llegado mis puertos idos tras de los barcos
    como queriendo huir de su nostalgia.

    Han vuelto a mi destello las lunas apagadas
    que dejé con mi nombre vociferando duelos
    hasta que fueran mías todas las sombras mudas.

    Han vuelto mis pupilas
    amarradas al sol de su amor alba.

    ¡Oh amor entretenido en astros y palomas,
    cómo en rocío feliz cruzas mi alma!

    ¡Amarilla ciudad de mis tristezas:
    soy el verde renuevo de tus ramas!

    ¡Feliz! ¡Feliz! ¡Feliz!

    Agigantada en cósmicas gravitaciones ágiles,
    sin reflexión ni nada...



    PRÓXIMO A DIOS

    ¡Ya estamos en las aguas sin playas del amor!
    Nuestros ojos tendidos abarcarán el cosmos.
    Nuestros pasos unidos secundarán la ruta de las hojas más altas,
    y habrá revolución en el espacio.

    Nuestras manos fecundas sangrarán las heridas de los pobres del mundo
    desde la arteria inmensa del ideal en carne.
    La redención del hombre subirá a nuestras voces
    y temblarán las sombras ausentes de vanguardia.

    Pero sobre los años convulsivos y enérgicos
    tendremos noches frágiles
    enhebradas en calma.
    (¡Cómo las sueña el sueño
    que en mi emoción avanza!)

    Recostaré en tus ojos todo el fulgor intenso
    de mis horas en lágrimas;
    y tú amarás mis brazos
    como niño pequeño que a su madre se atara.

    ¡Qué cercanos de Dios se alzarán nuestros pasos,
    contagiados de alas!



    EXALTACIÓN SIN TIEMPO Y SIN ORILLAS

    Un como huir de pájaros nos aleja del iempo
    y corren en bandada tu emoción y la mía
    persiguiéndose...

    Alguien ha roto el cielo...
    Se ha bajado toda la primavera
    al surco del amor.

    Alta
    de música pagana corriéndome las arpas del ensueño;

    primitiva,
    desandando la cuesta civilizante y tensa;

    honda
    de instinto en verso y en ola y en abrazo;

    fuerte
    de claridad y éxtasis multiplicado en ti;

    inerte por instantes
    dejando pasar nieblas montadas por luceros
    diluyéndose...;
    camino el incendio de tu vida,
    entera en alma y mano
    a tu emoción besada por tierra, mar y estrella.

    ¿Tu selva,
    desvandada en la voz universal que te llama y te canta
    desde mi primavera en concreción de instintos,
    avanza honda caísa de ruiseñores sobre mi corazón!

    ¡Y mi selva,
    disuelta en la carrera sideral que empuja todo éxtasis,
    detiene el universo en un instante
    para volcarlo n ti, con estrellas y todo!...



    EL VUELO DE MIS PASOS

    Va descalza la vda
    por la nbe del mar
    desde que alzó hacia ti
    m craz´n sus velas.

    (No hay ancla que resista
    el vuelo de mis pasos
    que reman claridades.)

    Velas anchas y blancas
    desenredan espumas
    por tu camino etéreo.
    (No hay ancla que resista.)

    Rumores sin palabras
    aprisionan gaviotas
    en un impulso íntimo.
    (El vuelo d mis pasos.)

    Ancló mi corazón
    en un puerto sin buques
    rociado de emociones.
    (Que reman claridades.)

    Va descalza la vida
    por la nube del mar...



    POEMA DEL MINUTO BLANCO

    Fue una actitud de Éxtasis
    desnuda en el misterio...

    Abandonada y tímida se quedó la sonrisa
    más allá de mis labios levantados en vuelo.
    Una palabra débil que flotaba en sus ondas
    se me hizo silencio...

    Los ojos se me fueron perdiendo de sus 6rbitas
    y cayendo en su centro...

    Una quietud de rocas se filtr6 por mis poros
    y escondió mis revuelos.

    Transparente de esencias se rod6 en el instante
    mi emoci6n y mi cuerpo;
    y fue el minuto blanco,
    más allá de mi vida,
    empujándome al cielo.



    YO FUI LA MÁS CALLADA

    Yo fui la más callada
    de todas las que hicieron el viaje hasta tu puerto.

    No me anunciaron lúbricas ceremonias sociales,
    ni las sordas campanas de ancestrales reflejos;
    mi ruta era la música salvaje de los pájaros
    que soltaba a los aires mi bondad en revuelo.

    No me cargaron buques pesados de opulencia,
    ni alfombras orientales apoyaron mi cuerpo;
    encima de los buques mi rostro aparecía
    silbando en la redonda sencillez de los vientos.

    No pesé la armonía deambiciones triviales
    que prometía tu mano colmada de destellos:
    sólo pesé en el suelo de mi espíritu ágil
    el trágico abandono que ocultaba tu gesto.

    Tu dualidad perenne la marcó mi sed ávida.
    Te parecías al mar, resonante y discreto.
    Sobre ti fui pasando mis horarios perdidos.
    Sobre mí te seguiste como el sol en los pétalos.

    Y caminé en la brisa de tu dolor caído
    con la tristeza ingenua de saberme en lo cierto:
    tu vida era un profundo batir de inquietas fuentes
    en inmenso río blando corriendo hacia el desierto.

    Un día, por las playas amarillas de histeria,
    muchas caras ocultas de ambición te siguieron;
    por tu oleaje de lágrimas arrancadas al cosmos
    se colaron las voces sin cruzar tu misterio…

    Yo fui la más callada.
    La voz casi sin eco.
    La conciencia tendida en sílaba de angustia,
    desparramada y tierna, por todos los silencios.

    Yo fui la más callada.
    La que saltó la tierra sin más arma que un verso.
    ¡Y aquí me veis, estrellas,
    desparramada y tierna, con su amor en mi pecho!



    CANCIÓN DE LA VERDAD SENCILLA

    No es él el que me lleva...
    Es mi vida que en su vida palpita.
    Es la llamada tibia de mi alma
    que se ha ido a cantar entre sus rimas.
    Es la inquietud de viaje de mi espíritu
    que ha encontrado en su rumbo eterna vía.

    El y yo somos uno.
    Uno mismo y por siempre entre las cimas;
    manantial abrazando lluvia y tierra;
    fundidos en soplo la y brisa
    blanca mano enlazando piedra y oro;
    hará cósmica uniendo noche y día.

    El y yo somos uno.
    Uno mismo y por siempre en las heridas.
    Uno mismo y por siempre en la conciencia.
    Uno mismo y por siempre en la alegría.

    Yo saldré de su pecho a ciertas horas,
    cuando él duerma el dolor en sus pupilas,
    en cada eco bebiéndome lo eterno,
    y en cada alba cargándome una sonrisa.

    Y seré claridad para sus manos
    cuando se vuelquen a trepar los días,
    en la lucha sagrada del instinto
    por salvarse de ráfagas suicidas.

    Si extraviado de senda, por los locos
    enjaulados del mundo, fuese un día,
    una luz disparada por mi espíritu
    le anunciará el retorno hasta mi vida.

    No es él el que me lleva...
    Es su vida que corre por la mía.
    Pedro Casas Serra
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    JULIA DE BURGOS (1914-1953) (POETA PUERTORIQUEÑA) Empty Re: JULIA DE BURGOS (1914-1953) (POETA PUERTORIQUEÑA)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 15 Ene 2023, 07:57

    .


    De El mar y tú, 1954:


    POEMA DE LA CITA ETERNA

    Lo saben nuestras almas,
    más allá de las islas y más allá del sol.
    El trópico, en sandalias de luz, prestó las alas,
    y tu sueño y mi sueño se encendieron.

    Se hizo la cita al mar... tonada de mis islas,
    y hubo duelo de lirios estirando colinas,
    y hubo llanto de arroyos enloqueciendo brisas,
    y hubo furia de estrellas desabriéndose heridas...
    Tú, y mi voz de los riscos, combatían mi vida.

    Se hizo al mar tu victoria, sobre palmas vencidas...

    Fue paisaje en lo inmenso
    una imagen de mar casi riachuelo,
    de río regresando,
    de vida, de tan honda, atomizándome.
    Y se dio cita eterna la emoción.

    El mar, el verdadero mar,
    casi ya mío...
    El mar, el mar extraño
    en su recinto...
    El mar
    ya quiere ser el mar sobremarino...



    EL MAR Y TÚ

    La carrera del mar sobre mi puerta
    es sensación azul entre mis dedos,
    y tu salto impetuoso por mi espíritu
    es no menos azul, me nace eterno.

    Todo el color de aurora despertada
    el mar y tú lo nadan ami encuentro,
    y en locura de amarme hasta el naufragio
    van rompiendo los puertos y los remos.

    ¡Si tuviera yo un barco de gaviotas,
    para sólo un instante detenerlos,
    y gritarle mi voz a que se batan
    en un sencillo duelo de misterio!

    Que uno en el otro encuentre su voz propia,
    que entrelacen sus sueños en el viento,
    que se ciñan estrellas en los ojos
    para que den, unidos, sus destellos.

    Que sea en el otro encuentre su voz propia,
    que entrelacen sus sueños en el viento,
    que se ciñan estrellas en los ojos
    para que den, unidos, sus destellos.

    Que sea un duelo de música en el aire
    las magnolias abiertas de sus besos,
    que las olas se vistan de pasiones
    y la pasión se vista de veleros.

    Todo el color de aurora despertada
    el mar y tú lo estiren en un sueño
    que se lleve mi barco de gaviotas
    y me deje en el agua de dos cielos.



    CANTAR MARINERO

    ¡Una vela!
    ¡Una vela nadando en el mar!
    ¿Es el mar que ha salido a mirarme,
    o es mi alma flotando en el mar?

    ¡Una ola en la vela!
    ¡Una ola en la vela del mar!
    ¿Es mi amor que se trepa en el viento,
    o es tu vida en las alas del mar?

    ¡Una vela! ¡Una ola! ¡Dos sueños
    entre el cielo y el pecho del mar!
    ¿Es que el sol se ha calzado de espumas,
    o es que somos los brazos del mar?

    ¡Una vela! ¡Una ola! ¡Un naufragio
    en las blancas espaldas del mar!
    No hay un puerto que pueda alojarnos...
    ¡Remaremos el barco del mar!



    DONDE COMIENZAS TÚ

    Soy ola de abandono,
    derribada, tendida,
    sobre un inmenso azul de sueños y de alas.
    Tú danzas por el agua redonda de mis ojos
    con la canción más fresca colgando de tus labios.
    ¡No la sueltes, que el viento todavía azota fuerte por mis brazos mojados,
    y no quiero perderte ni en la sílaba!

    Yo fuí un día la gaviota más ave de tu vida.
    (Mis pasos fueron siempr eenigma de los pájaros).
    Yo fuí un día la más honda de tus edades íntimas.
    (El universo entrero cruzaba por mis manos).
    ¡Oh día de sueño y ola...!
    Nuestras dos juventudes hacia el viento estallaron.
    Y pasó la mañana,
    y pasó la agonía de la tarde muriéndose en el fondo de un lirio
    y pasó la alba noche rebalando en los astros,
    y pasó la extasiada juventud de la autora exhibiéndose en pétalos
    y pasó mi letargo...
    Recuerdo que al mirarme con la voz derrotada,
    las dos manos del cielo me cerraron los párpados.

    Fué tan sólo una ráfaga,
    una ráfaga húmeda que cortó mi sonrisa
    y me izó en los crepúsculos entre caras de espanto.
    Tú nadabas mis olas retardadas e inútiles,
    y por poco me parto de dolor esperando…

    Pero llegaste, fértil,
    más intacto y más blanco.
    Y me llevaste, épico,
    venciéndote en tí mismo los caminos cerrados.

    Hoy anda mi caricia
    derribada, tendida,
    sobre un inmenso azul de sueños con mañana.
    Soy ola de abandono,
    y tus playas ya saltan certeras, por mis lágrimas.

    ¡Amante, la ternura desgaja mis sentidos…
    yo misma soy un sueño remando por tus aguas!



    CANCIÓN HACIA ADENTRO

    ¡No me recuerdes! ¡Siénteme!
    Hay un sólo trino entre tu amor y mi alma.

    Mis dos ojos navegan
    el mismo azul sin fin donde tú danzas.

    Tu arco-iris de sueños en mí tiene
    siempre pradera abierta entre montañas.

    Una vez se perdieron mis sollozos,
    y los hallé, abrigados, en tus lágrimas.

    ¡No me recuerdes! ¡Siénteme!
    Un ruiseñor nos tiene en su garganta.

    Los ríos que me traje de mis riscos,
    desembocan tan sólo por tus playas.

    Hay confusión de vuelos en el aire...
    ¡El viento que nos lleva en sus sandalias!

    ¡No me recuerdes! ¡Siénteme!
    Mientras menos me pienses, más me amas.



    NAUFRAGIO

    El sol está nadando con mi nombre en el mar...
    Me he quedado desnuda,
    fija,
    crepuscularia,
    y estoy en ti.

    Alguien quiso volar mis alas.
    Preguntadle a mi amado
    dónde se están secando del naufragio del sol.

    ¿Que mi camino es mío?

    ¡Sí, todos los caminos son míos,
    todos los que comienzan en el pecho de Dios!



    ROMPEOLAS

    Voy a hacer un rompeolas
    con mi alegría pequeña...
    No quiero que sepa el mar,
    que por mi pecho van penas.

    No quiero que toque el mar
    la orilla acá de mi tierra...
    Se me acabaron los sueños,
    locos de sombra en la arena.

    No quiero que mire el mar
    luto de azul en mi senda...
    (¡Eran auroras mis párpados,
    cuando cruzó la tormenta!)

    No quiero que llore el mar
    nuevo aguacero en mi puerta...
    Todos los ojos del viento
    ya me lloraron por muerta.

    Voy a hacer un rompeolas
    con mi alegría pequeña,
    leve alegría de saberme
    mía la mano que cierra

    No quiero que llegue el mar
    hasta la sed de mi poema,
    ciega en mitad de una lumbre,
    rota en mitad de una ausencia



    MI SENDA ES EL ESPACIO

    Para hallarte esta noche las pupilas distantes,
    he dominado cielos, altamares, y prados.
    He deshecho el sollozo de los ecos perdidos...
    tengo el hondo infinito jugando entre mis manos.

    Siénteme la sonrisa. Es el último sueño
    de una espiga del alba que se unió a mi reclamo...
    Yo quiero que adelantes en espíritu y alas
    mi canción enredada de trinos y de pájaros.

    Te esperaré la vida. Levántame el ensueño.
    Mírame toda en ascuas. Recuéstate en mis labios.
    ¡Tan simple, que en mitades iguales de armonía,
    se rompieran a un tiempo tus lazos y mis lazos!

    Vuélvete la caricia. No quiero que limites
    tus ojos en mi cuerpo. Mi senda es el espacio.
    Recorrerme es huirse de todos los senderos...
    Soy el desquilibrio danzante de los atros.



    POEMA DE LA ÍNTIMA AGONÍA

    Este corazón mío, tan abierto y tan simple,
    es ya casi una fuente debajo de mi llano.

    Es un dolor sentado más allá de la muerte.
    Un dolor esperando... esperando... esperando...

    Todas las horas pasan con la muerte en los hombros.
    Yo sola sigo quieta con mi sombra en los brazos.

    No me cesa en los ojos de golpear el crepúsculo,
    ni me tumba la vida como un árbol cansado.

    Este corazón mío, que ni él mismo se oye,
    que ni él mismo se siente de tan mudo y tan largo.

    ¡Cuántas veces lo he visto por las sendas inútiles
    recogiendo espejismos, como un lago estrellado!

    Es un dolor sentado más allá de la muerte,
    dolor hecho de espigas y sueños desbandados.

    Creyéndome gaviota, verme partido el vuelo,
    dándome a las estrellas, encontrarme en los charcos.

    ¡Yo que siempre creí desnudarme la angustia
    con solo echar mi alma a girar con los astros!

    ¡Oh, mi dolor, sentado más allá de la muerte!
    ¡Este corazón mío, tan abierto y tan largo!



    ENTRETANTO, LA OLA

    Las sombras se han echado a dormir sobre mi soledad.
    Mis cielos,
    víctimas de invasoras constelaciones ebrias,
    se han desterrado al suelo como en bandadas muertas de pájaros cansados.
    Mis puertos inocentes se van segando al mar,
    y ni un barco ni un río me carga la distancia.

    Sola, desenfrenada en tierra de sombra y de silencio.
    Sola,
    partiéndome las manos con el deseo marchito de edificar palomas con mis últimas alas.

    Sola,
    entre mis calles húmedas,
    donde las ruinas corren como muertos turbados.

    Soy agotada y turbia espiga de abandono.
    Soy desolada y lloro...
    ¡Oh este sentirse el alma más eco que canción!
    ¡Oh el temblor espumado del sueño a media aurora
    ¡Oh inútilmente larga la soledad siguiendo mi ca-mino sin sol!

    Entretanto, la ola,
    amontonando ruidos sobre mi corazón.
    Mi corazón no sabe de playa sin naufragios.
    Mi corazón no tiene casi ya corazón.
    Todo lo ha dado, todo...
    Es gesto casi exacto a la entrega de Dios.

    Entretanto, la ola...
    Todo el musgo del tiempo corrompido en un éxtasis
    de tormenta y de azote sobre mi ancho dolor.

    Tronchadas margaritas soltando sus cadáveres
    por la senda partida donde muero sin flor.
    Pechos míos con lutos de emoción, aves naufragas
    arrojadas del cielo, mutiladas, sin voz.

    Todo el mundo en mi rostro,
    y yo arrastrada y sola,
    matándome yo misma la última ilusión.
    Soy derrotada...
    Alba tanto distante,
    que hasta mi propia sombra con su sombra se ahuyenta.

    Soy diluvio de duelos,
    toda un atormentado desenfreno de lluvia,
    un lento agonizar entre espadas perpetuas.
    ¡Oh intemperie de mi alma!
    ¡En qué ola sin nombre callaré tu poema!



    NAUFRAGIO DE UN SUEÑO

    ¡Corre, que se me muere,
    que se me muere el sueño!
    Tanto que lo cuidamos,
    y el pobrecito, enfermo,
    hoy me yace en los párpados,
    arropado de versos.
    ¡Corre, que se me muere,
    que de avivarle el pecho,
    mis ojos ya no pueden
    recoger más luceros!
    Ya los luceros, tímidos,
    se me esconden de miedo,
    a la intemperie, solo,
    se matará mi sueño...
    Yo lo conozco, amado,
    ya me expira en el verso...
    ¡Corre, que se me muere,
    y me ha pedido el cuerpo!



    YA NO ES MÍO MI AMOR

    Si mi amor es así, como un torrente,
    como un río crecido en plena tempestad,
    como un lirio prendiendo raíces en el viento,
    como una lluvia íntima,
    sin nubes y sin mar...
    Si mi amor es de agua,
    ¿por qué a rumbos inmóviles lo pretenden atar?

    Si mi amor rompe suelos,
    disuelve la distancia como la claridad,
    ataja mariposas al igual que luceros,
    y cabalga horizontes como cruza un rosal...
    Si el universo es átomo siguiendome las alas,
    ¿por qué medirme el trino cuando rompe a cantar?

    Si mi amor ya no es mío,
    es yo misma borrando las riberas del mar,
    yo inevitablemente y fatalmente mía,
    germinándome el alma en mis albas de paz...

    Si mi amor ya no roza fronteras con mi espíritu...
    ¿qué canción sin su vida puede ser en mi faz?

    ¡Si mi amor ya no es mío!
    Es tonada de espumas en los labios del mar...



    POEMA DE LA ESTRELLA REINTEGRADA

    .........«Había una vez una estrella
    .........que se murió de puro miedo,
    .........las golondrinas la encontraron,
    .........las margaritas la entreabrieron,
    .........y fue una fiesta en el rocío,
    .........cuando ascendió cantando un verso,
    .........todos los ríos la besaron,
    .........odas las albas la siguieron...»

    Eso me dijo la mañana
    que se internó por mi sendero,
    lo repitió la tarde blanca,
    y entre la noche danza en ecos.

    Yo sé la historia de esa estrella...
    Su caída breve fue en mi pecho.
    (Por poco el mar enluta todo
    con el color de un sueño muerto).
    Pero ya hay fuentes por mi alma,
    para mi barco hay marineros,
    vuelan gaviotas sobre mi alma,
    y hasta en mis ojos hay veleros.

    Amo el dolor que se me escapa
    por donde viene mi gran sueño...
    Uno me eleva para el alma,
    otro me salva para el tiempo.

    ¡Dolor y amor! De las estrellas,
    juntos bajaron a mi encuentro.
    Dos horizontes apretados
    que se me funden alma adentro...

    «Había una vez una estrella»...

    .........¡Que inmenso es ser el creerse muerto!



    ¡OH MAR, NO ESPERES MÁS!

    Tengo caído el sueño,
    y la voz suspendida de mariposas muertas.
    El corazón me sube amontonado y solo
    a derrotar auroras en mis párpados.
    Perdida va mi risa
    por la cuidad del viento más triste y devastada.
    Mi sed camina en ríos agotados y turbios,
    rota y despedazándose.
    Amapolas de luz, mis manos fueron fértiles tentaciones de incendio.
    Hoy, cenizas me tumban para el nido distante.

    ¡Oh mar, no esperes más!
    Casi voy por la vida como gruta de escombros.
    Ya ni el mismo silencio se detiene en mi nombre.
    Inútilmente estiro mi camino sin luces.
    Como muertos sin sitio se sublevan mis voces.

    ¡Oh mar, no esperes más!
    Déjame amar tus brazos con la misma agonía con que un día nací.
    Dame tu pecho azul,
    y seremos por siempre el corazón del llanto...



    POEMA CON LA TONADA ÚLTIMA

    ¿Que adónde voy con esas caras tristes
    y un borbotón de venas heridas en mi frente?

    Voy a despedir rosas al mar,
    a deshacerme en olas más altas que los pájaros,
    a quitarme caminos que ya andaban en mi corazón como raíces...

    Voy a perder estrellas,
    y rocíos,
    y riachuelitos breves donde amé la agonía que arruinón mis montañas
    y un rumor de palomas
    especial,
    y palabras...

    Voy a quedarme sola,
    sin canciones, ni piel,
    como un túnel por dentro, donde el mismo silencio se enloquece y se mata.



    POEMA CON UN SOLO DESPUÉS

    Era una rama verde la inmensa soledad...
    De ella salían nidos buscando ruiseñores,
    pies aplastando pétalos
    y rubios cementerios inclinándose al cielo...

    Yo nada más alzaba los tímidos cadáveres...
    Yo nada más caía gota a gota a la nada,
    mientras un ojo abierto de tentación suicida
    acechaba mi alma entre mi carne frágil.

    Por poco pierde el aire su dimensión más alta.
    Por poco el sol se cae de angustia en la tiniebla.
    Por poco el mar se esconde para siempre en su fondo.

    Pero volvió la risa en dulce serenata
    de saberse más blanca.
    La tierra se refugia en todas sus auroras
    y me ofrece infinitos donde expira el sollozo.



    VOCES PARA UNA NOTA SIN PAZ

    (Para Julia de Burgos
    Por Julia de Burgos)

    Será presente en ti tu manantial sin sombras.
    Estarás en las ramas del universo entero.
    Déjame que te cante como cuando eras mía
    en la llovizna fresca del primer aguacero.

    Tu mano en semi-luna, en semi-sol y en todo
    se refugiaba núbil, sobre la mano mía.
    Porque yo te cuidaba, hermanita silvestre
    y sabes que lloraba en tus claras mejillas.

    Será presente en ti tu manantial sin sombras.
    Estarás en las ramas del universo entero.
    Pero ¿dónde dejaste tu paz? —En cada herida—
    me contestan tus ojos anegados por dentro.

    Déjame que te cante como cuando eras mía,
    hermanita silvestre, como cuando trepamos
    el astro que salía a dormir soledades
    entre nuestras pupilas destiladas de amor.

    Déjame que te cante como cuando eras mía,
    y era paz el silencio de mi profunda ola,
    y era paz la distancia de tu nombre y mi nombre
    y era paz el sollozo de la muerte que espera.

    Será presente en ti tu manantial sin sombras.
    Estarás en las ramas del universo mío
    y todas las estrellas se bajarán cantando
    la canción del espacio refugiada en un río.



    TE LLEVARÁN

    Para ese día de sombra que llegará, amor mío,
    no risco volcado dentro de un manantial,
    ese día de espanto y pañuelos al viento
    catemos desde ahora, que la vida se va.

    Cantemos, sí, cantemos, que al cantarle al silencio,
    a la sorda derrota y a la impar soledad,
    venceremos la muerte, venceremos la nada,
    y a la cumbre del tiempo nuestras almas irán.

    Cantemos, si, cantemos, que hay un solo minuto
    uno sólo aguardando nuestro mundo cruzar:
    ese minuto trágico que hace tiempo nos ronda
    su oferta de lágrimas y mañanas sin paz.

    ¡Te llevarán! Los ecos del viento me lo dicen,
    los labios del mar lloran que sí. ¡Te llevarán!
    Partirás, y mis ojos que tanto te nutrieron,
    bajarán quedamente a nutrir a la mar.

    Podrás amarme en sueños, pero mi voz, mi risa,
    ojos con riachuelos, de ti se ocultarán.
    Puede estrecharte el eco que ha estrechado mi nombre
    desde mis labios, ¡nunca mis labios besarás!

    Y cuando se alce el ruido marino, entre las noches
    apagadas y crueles de tu pena inmortal,
    mi fiel camino de olas llevará hasta tu sueño
    la ternura que mi alma te ha salvado del mar.

    Amado, mis verdugos ya me han medido el paso,
    el color de mis huellas conocen, y mi ajuar:
    el pudor duerme nupcias eternas con la forma;
    hacia el alma es muy largo el camino que andar.

    ¡Te llevarán! Para esa eternidad de llanto
    cantemos desde ahora que la vida se va.
    Para ese día de espanto y pañuelos al viento
    la canción de la muerte nos llegara del mar.



    TRES CAMINOS

    Tres caminos me duelen...
    Tú,
    mi madre
    y el río.
    Una dulce sonrisa se hizo
    horizonte triste
    en mi cielo angustiado
    desde que Ella partió
    inocente y feliz hacia su alba perpetua.

    Tú te tragaste el grito
    de mi existencia cósmica,
    con capullos,
    palomas y rocíos, y lastimantes
    lágrimas,
    y tal vez una sombra de mis voces felices.

    Entre mi soledad desarropada,
    tú,
    nostalgia incansable de ayeres
    y futuros,
    solo entre sombra y eco,
    labio del infinito que te inundas
    profundo
    en el azul que es mío.
    Tú,
    solamente tú,
    Río Grande de Loíza,
    podrá darme la risa para
    el camino eterno,
    allá bajo tus aguas.



    POEMA DE MI MUERTE

    Ante un anhelo

    Morir conmigo misma, abandonada y sola,
    en la más densa roca de una isla desierta.
    En el instante un ansia suprema de claveles,
    y en el paisaje un trágico horizonte de piedra.

    Mis ojos todos llenos de sepulcros de astro,
    y mi pasión, tendida, agotada, dispersa.
    Mis dedos como niños, viendo perder la nube
    y mi razón poblada de sábanas inmensas.

    Mis pálidos afectos retornando al silencio
    —¡hasta el amor, hermano derretido en mi senda!—
    Mi nombre destorciéndose, amarillo en las ramas,
    y mis manos, crispándose para darme a las yerbas.

    Incorporarme el último, el integral minuto,
    y ofrecerme a los campos con limpieza de estrella
    doblar luego la hoja de mi carne sencilla,
    y bajar sin sonrisa, ni testigo a la inercia.

    Que nadie me profane la muerte con sollozos,
    ni me arropen por siempre con inocente tierra;
    que en el libre momento me dejen libremente
    disponer de la única libertad del planeta.

    ¡Con qué fiera alegría comenzarán mis huesos
    a buscar ventanitas por la carne morena
    y yo, dándome, dándome, feroz y libremente
    a la intemperie y sola rompiéndome cadenas!

    ¿Quién podrá detenerme con ensueños inútiles
    cuando mi alma comience a cumplir su tarea,
    haciendo de mis sueños un amasijo fértil
    para el frágil gusano que tocará a mi puerta?

    Cada vez más pequeña mi pequeñez rendida,
    cada instante más grande y más simple la entrega;
    mi pecho quizás ruede a iniciar un capullo,
    acaso irán mis labios a nutrir azucenas.

    ¿Cómo habré de llamarme cuando sólo me quede
    recordarme, en la roca de una isla desierta?
    Un clavel interpuesto entre el viento y mi sombra,
    hijo mío y de la muerte, me llamarán poeta.


    JULIA DE BURGOS, Obra poética I, La discreta, 2008

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