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    Jesús López Pacheco (1930-1997)

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    Jesús López Pacheco (1930-1997) Empty Jesús López Pacheco (1930-1997)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 25 Mayo 2024, 15:56

    .


    Jesús López Pacheco Madrid, 13 de julio de 1930-London (Ontario) (Canadá), 6 de abril de 1997) fue un escritor y profesor universitario español representante del llamado realismo crítico dentro de la generación del 50.

    Biografía

    Nacido en el verano de 1930, en el barrio de Cuatro Caminos de la capital de España. Hijo de un "experto montador de centrales hidroeléctricas", pasó su infancia en diversos pueblos de la Meseta formándose en escuelas rurales en un difícil estado de transición. Tras la contienda, la familia se instaló en Madrid donde transcurre la posguerra. Entre 1941 y 1949 estudió bachillerato en el Instituto Cardenal Cisneros, donde tuvo como profesor de literatura a Ernesto Giménez Caballero. Desoyendo el consejo familiar, en 1949 ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Complutense. Concluye su carrera dedicando su tesis al poeta Pedro Salinas, poeta y profesor exiliado y persona non grata en aquellos años en los círculos culturales de la Dictadura.

    En 1952 obtiene el accésit del Premio Adonáis de Poesía por su primer libro de poemas Dejad crecer este silencio, que se pública al año siguiente. En 1954 realiza el Servicio Universitario de Trabajo en Cudillero, Asturias. Fruto de esta experiencia será el poemario Mi corazón se llama Cudillero (1961), un canto al trabajo en el mar. En 1955 obtiene el “Premio Sésamo” de cuentos por Maniquí perfecto. Desde ese año y hasta 1958 es ayudante de editor de la revista Índice.

    En 1956 participa, junto con otros escritores e intelectuales, en la organización del Congreso Universitario de Escritores Jóvenes, que será finalmente suspendido y que pudo ser uno de los detonantes de los sucesos de 1956,​ durante los cuales López Pacheco fue detenido y encarcelado.​ En 1957 es finalista del Premio Nadal de novela, por Central eléctrica (que ese año se le concede a José Luis Martín Descalzo), que se pública al año siguiente, en donde se examinan las ideas de progreso y tradición, y se barajan tesis peligrosas en aquel momento como la "apropiación capitalista del trabajo obrero y del desarrollo social". En 1959 participa también en las Conversaciones sobre la novela internacional celebradas en Formentor, Mallorca, junto a Carlos Barral, Juan García Hortelano y otros.

    En 1961 dedica su libro Canciones del amor prohibido a Marisol Lázaro Morán, con la que se había casado en 1956. En Italia se edita Pongo la mano sobre España, que sería prohibido en España y al año siguiente finalista del “Premio Omegna”. Durante la década de 1960 realiza numerosos viajes por Italia, la URSS, Cuba y Suecia, donde es contratado como cronista del diario sueco Expressen y funda la Editorial Horizonte, en la que se dedica a trabajos de representación, traducción, gestión y edición. En 1961 publica en Argentina junto a los poetas españoles exiliados Marcos Ana y Luis Alberto Quesada el poemario España a tres voces, publicado por La Rosa Blindada. censurado en España. En 1967 se publica en Lima su novela corta El hijo.

    En octubre de 1968 —y en lo que unos han considerado un autoexilio y otros un ejemplo de emigración intelectual—,​ se marcha con su compañera y sus tres hijos a Canadá como profesor en el departamento de español e italiano de la Western Ontario, en la que trabajó hasta su jubilación. Tras ser editados Delitos contra la esperanza y Algunos aspectos del orden público en el momento actual de la histeria de España en 1970, publica en México tres años después la novela La hoja de parra, siguiendo el modelo iniciado por Juan Goytisolo, de crítica de los mitos de la españolidad y de la moral dominante. En 1976 recopila sus relatos en Lucha por la respiración y otros ejercicios narrativos. Su estancia en Canadá y su conocimiento de la sociedad postindustrial son la base de sus dos siguientes poemarios: Asilo poético (1992) y Ecólogas y urbanas (1996), donde libera su preocupación por la progresiva destrucción de la vida humana y de la tierra. También es autor de la pieza teatral Máquina contra la Soledad o la Scherezada electrónica (1989).

    En 1997 fallece en London. En 2002 se edita su antología poética El tiempo de mi vida y la novela El homóvil, obra que articula tres relatos con discursos paralelos y mezclando diferentes géneros (novela de caballerías, de ciencia ficción, etc.), todo ello en torno a un mismo eje narrativo y estructural, la vida en las sociedad capitalista.

    Es padre del cineasta Bruno Lazaro.

    El homóvil, el trabajo de traducción y la ideología

    Desde los setenta, López Pacheco comenzó a incorporar al texto otros soportes artísticos como la fotografía, el cine y el grafismo. El resultado más notable sería El homóvil, un retrato en tres tiempos (presente, pasado y futuro) y crítica radical de la alienación humana en el contexto social contemporáneo, barajando pautas del materialismo cultural: resistencia y crítica al orden social dominante y a los efectos de injusticia social, violencia cotidiana y explotación que éste conlleva.​

    Esa misma preocupación puede apreciarse en su trabajo como traductor, en el que destacan los Poemas y canciones de Brecht, el Diario íntimo de Eco, la Antología de Spoon River de Lee Masters o V del dramaturgo Tony Harrison.

    Es autor de la Canción bailable popularizada por el cantautor Adolfo Celdrán en su disco LP Silencio, publicado en 1970.​

    Toda la obra literaria de López Pacheco construye una poética de lo útil que entiende el texto literario como un material que satisface necesidades políticas, simbólicas y sensitivas, así como una escritura dialéctica que señala la contradicción como la forma productiva por excelencia del trabajo literario. Su concepción del realismo crítico como una dimensión vital y conflictiva del ser humano con la sociedad en que vive le lleva a caracterizar el mundo que describe su obra como el paso de la dictadura militar (la España de Franco entre 1939 y 1975), a la dictadura del domesticado en las sociedades del capitalismo tardío.​

    (Sacado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] )


    *


    Algunos poemas de Jesús López Pacheco, del libro Ecólogas y urbanas (1996):



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    Jesús López Pacheco (1930-1997) Empty Re: Jesús López Pacheco (1930-1997)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 26 Mayo 2024, 09:46

    .


    ECÓLOGA SACRA
    (CRISTO ECÓLOGO)

    Estamos a punto de celebrar el dos mil aniversario
    de un hombre que murió ajusticiado
    en cruz romana.

    Hijo de obrero y muy probablemente destinado a ser
    obrero y padre de obreros (las desgracias se heredaban,
    como hoy, con mayor garantía aún que las fortunas),
    o, en todo caso, campesino analfabeto
    (en el sentido en que lo eran la mayoría
    antes de que el alfabeto se extendiese),
    un día decidió entrar en la ciudad
    montado en burro
    y enarbolando una rama de palmera.

    A los millones que hoy llevan colgada la cruz romana
    -como a aquellos que la haqn llevado en los pasados veinte siglos-
    sobre el pecho o la cintura, o de la muñeca,
    o hasta de una oreja, según la nueva moda,
    habría que recordarles que la cruz en la que le crucifijaron
    no era sino un práctico invento del imperio,
    como después lo fue la horca -patentada personalmente por Judas-,
    el garrote vil, la guillotina o la silla eléctrica.
    La ventaja de la cruz romana
    era ser a la vez patíbulo y picota de efectos retardados.

    Lo ocurrido en el Gólgo5ta fue transmitido
    y retransmitido por la gente que pasaba y se lo contaba,
    y hasta hoy se sigue retransmitiendo:
    es como si en la cima de aquel monte hubiera habido
    un corresponsal de los que babean el micrófono
    al hablar, mientras el cámara
    filma en vivo -si así puede decirse-, muy en directo
    y con grandes planos,
    el sensacional suceso que casi nos salpica de lágrimas y sangre
    y que nos ha seguido salpicando en los continuos "replays"
    a lo largo de los últimos veinte siglos.

    En aquella cruz romana,
    tras de morir tan lenta como ejemplarmente,
    quedó clavado el obrero o campesino,
    hecho ya un cristo para siempre.
    Y, para mayor inri, coronado
    -rey de los judíos-
    con ramas de espino.

    Allí, en la ciudad -como dice Edgar Lee Masters-, le habían matado
    banqueros y abogados, a pesar de su insistencia
    -o más bien precisamente por ella-
    en afirmar que él era el hijo de dios,
    del dios en el que todos decían que creían.
    Es cierto que se trataba de un dios capaz de enfurecerse hasta la ira vengativa
    por cuestiones territoriales o de protocolo,
    como ya demostró con el primer huerto de su propiedad,
    del que expulsó a dos pobres inmigrantes que no tenían nada que comer ni que ponerse,
    vociferándoles con ojos y espada llameantes
    que el dueño del manzano y la manzana era él y solo él,
    y que si no se avergonzaban de ir mostrando sus vergüenzas.
    Pero también es cierto
    que aquel era el único dios disponible entre aquella gente,
    concebido a imagen y semejanza de sí mismos,
    como se conciben todos los dioses.

    La muerte del crucifijado, sin embargo -reforzada
    por la historia de su resurrección-, ha sido desde entonces
    una de las cosas más dulces de la Era Cristiana.
    Gracias a ella, sus antiguos discípulos, convertidos
    en "public relations" y agentes de publicidad,
    "editaron" sus actos y palabras, y así pudieron
    fundar la primera gran multinacional,
    algunos quizá con las mejores intenciones al principio.
    Socráticos y peripatéticos al igual que su maestro,
    actuaban de parteras de la fe y de la esperanza
    con las almas más estériles, y ecuménicamente
    difundieron sus signos y palabras, perdurables
    por los siglos de los siglos, y ya van para veinte.
    Pues nada hay tan útil como aquello que enseña
    a amar lo absurdo e imposible,
    y a odiar lo posible y necesario difícil de alcanzar.
    A lo largo de veinte siglos, señores muy cristianos
    han logrado tener esclavos, mano de obra o fuerza de trabajo
    -¡cómo cambian los nombres con los tiempos que cambian!-
    siempre en amor (y temor) a Cristo
    (salvo por algunos incidentes desagradablemente sangrientos).

    Más grande y poderoso que el imperio,
    y mucho más duraderas que sus pompas, como seguimos viendo,
    es la multinacional del amor universal y de la redención,
    de la resurrección -ojalá fuera verdad-
    y de los premios y castigos (a los que se los merecen)
    en el otro mundo (¡Qué pena que no sea en este...!
    Pero algo es algo: a consolarse tocan, ¡qué remedio!).
    Madre y maestra antipitagórica, nos emociona y rejuvenece
    hasta la infancia con la verdad de que uno y tres son iguales,
    o nos hace llorar filial y freudianamemnte
    con el parto de la virgen, y una higa para los aristotélicos y los biólogos,
    mientras nos pide que amemos a nuestros semejantes
    como a nosotros mismos, con idéntico odio,
    con el odio del que se sabe culpable desde siempre y para siempre,
    salvo que reblandezca hasta devenir gusano resignado a ser gusano,
    y a hacer cristiana caridad a los gusanos semejantes.

    Se sucedieron los imperios, y ahora mismo
    vertiginosamente se suceden
    las multinacionales devorándose unas a otras,
    pero la gran multinacional primera
    prevalece sobre las puertas del infierno, sobre las puertas de este mundo
    y hasta sobre las ventanas de Internet, nuevo evangelio ecuménico
    del pecado original, ya facsímil y electrónico.

    ¡Qué tranquilidad saber que todos somos cristianos, pero sin exagerar,
    o que estamos camino de serlo en este mundo redimido,
    aunque algunos puedan seguir creyendo para sus adentros
    en Buda o en Mahoma, por ejemplo (con lo que no hacen daño a nadie
    con tal de que demuestren a diario su fe en la cocacola)!

    La cruz sigue de moda, ya vacía, el cristo desclavado,
    porque lo importante es mostrar la cruz sin nadie, para todos,
    digamos disponible para cualquiera
    que en este valle de lágrimas y cruces
    olvide la vieja buena nueva
    de lo que puede sucederle, y ha ya sucedido tantas veces,
    a todo el que se mete a redentor
    en este mundo redimido o sin redención posible.

    Todos somos culpables o, al menos, sospechosos
    en esta novela de Agatha Christie que es la vida,
    con crímenes tan interesante como inevitables.
    Porque ahí está el pecado original, facsímil y global en la democracia
    que en este fin de siglo triunfa por todas partes trayendo
    y llevando libertad y paro, narcóticos y productos
    cada vez más inútiles, pero siempre peores: Cherchez l'argent,
    y encontraréis
    el motivo del crimen de la corrupción...

    Hay en la naturaleza humana una mancha innata que la hace corruptible, corruptora, destructora.
    Un agujero negro de ambición que la hace débil
    y que aniquila su energía propia y la del mundo.
    El agujero del ozono, ¿qué otra cosa es sino la proyección
    del agujero que todos tenemos en el alma?
    Y la contaminación, ¿qué otra cosa puede ser
    sino la mancha del pecado original manchando al mundo?

    La única forma de ser cristiano multinacional
    y democrático, al final del siglo XX,
    es la que el mismo Cristo -¡por los clavos de Cristo!-
    adoptaría, si volviera:
    comprender de una vez que Alguien ya pagó -¡Cherchez l'argent!-
    por todos nosotros, mientras, chapoteando
    en la charca final de la historia
    -donde Cristo dio las tres voces-,
    escupimos a los anticristianos que quieren entrar en la ciudad
    montados en burro
    alzando puños de parados que sólo pueden empuñar el aire de su rabia,
    o mostrar sus pacíficas herramientas que a veces se transforman en armas por la ira,
    y en ocasiones enarbolando
    una flor o una rama de palmera.

    ENVÍO

    "¡Veinte siglos de cristianismo
    y todo sigue lo mismo
    o peor!... ¿Y para eso...?"
    De regreso
    en su tierra, el Señor de Nazaret,
    envía este mensaje a todas las pantallas
    vía Internet.



    LAS REFORMAS DEL OCURRENTE

    (En los bolsillos del Ocurrente, muerto en accidente de tráfico, se encontraron unos papeles con notas y apuntes, que había tomado probablemente con vistas a escribir poemas, artículos o ensayos, quizá cuentos; algunos de estos fragmentos son máximas o aforismos, consejos, avisos, frases famosas y eslógans, "reformados", etc. El título general, y los de las otras dos partes, responden a los que el Ocurrente les había puesto a sus textos).

    MÁXIMAS, CONSEJOS, AVISOS

    1. Todo es reformable, hasta la Reforma. Para empezar, bastaría con ponerle peluquín a Calvino, aunque sólo fuera para mermarle algo de modernidad a su imagen. Y todavía quizá es tiempo de enseñarle a Lutero a tocar la guitarra, en vez del luctuoso laúd que tocó tan lúgubremente.
    2. El hombre industrial fuma por imitación de las chimeneas, más que de los primeros americanos, los mal llamados in dios.
    3. El cigarrillo era el tubo de escape de las tensiones. Al tratar de eliminarlo, se está creando un gran mercado para las drogas, mejor negocio que el tabaco y que permite manipular la cultura y la política con mucha más eficacia.
    4. Hemos ido de la Represión a la Depresión.
    5. El cigarrillo produce el humo que muchos necesitan para soportar la represión. Las drogas refuerzan la necfesidad de realidad virtual que los tecnómanos proponen en la Era de la Depresión.
    6. Al que aspire a conseguir el Premio Nobel le conviene hacerse un poco el sueco.
    7. La Pasionaria en la sociedad de consumo. Más vale vivir sentado, y hasta tumbado, en un banco con los bolsillos vacíos, que de pie debajo del banco que te vacía los bolsillos.
    8. Sea responsable: analice el aire antes de respirarlo.
    9. La oculta podredumbre de las frutas más hermosas que venden en los supermercados sólo es debida a los métodos químicos que se empleran para mantenerlas hermosas en el acto de su compra, que es lo que importa. Hay que comprarlas, pero no necesariamente comerlas. Cuando se llega con ellas a casa, suele pasarles lo que al retrato de Dorian Gray al final: su belleza se desmorona de pronto por la interna podredumbre aplazada.
    Por otra parte, ¿para qué comerlas? Las cogieron verdes a cinco o diez mil kilómetros, y las trajeron -gaseadas, inyectadas y rociadas- desde el verano del país exportador al invierno del país importador... Si -en esta aldea global que es el mundo- lo que Ud. quiere es vitaminas, vaya a la farmacia. Las venden en frascos de a cientos.
    10. El nivel de la vida humana es inversamente proporcional a la altura de los edificios.
    11. Dándole la vuelta a Voltaire apoyándose en Lucrecio. Si Dios existiera, no habría que inventarle.


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    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 26 Mayo 2024, 13:03

    .


    A TAPAR LA CALLE

    A Marisol, que me lo inspiró cantándoselo (en variante personal de la letra tradicional popular) a nuestro nieto Nicolás y jugándolo con él: "A tapar la calle, / que no pase nadie, / que pase Nicolás / y nadie, nadie más"

    Como el título y la dedicatoria sugieren, y muchos recordarán, se trata de una canción o, mejor, cantinela que canta un grupo de niños, mientras, cogidos todos de las manos, avanzan en fila "tapando" o cerrando la calle. Esta nueva versión ecológica incluye la propuesta de que los ciudadanos de que los ciudadanos de todas las edades de las ciudades con contaminación lo canten y jueguen por las calles centrales uno o varios días al año, que podrían convertirse en fiestas de guardar (de guardar el coche, por lo menos).

    A tapar la calle
    que no pase nadie,

    que pasen mis hermanos
    cogidos de las manos.
    La calle es para andar,
    no es para envenenar.

    A tapar la calle
    que no pase nadie,
    ni coches ni autobuses,
    camiones, trolebuses.
    La calle es para andar,
    no es para envenenar.

    A tapar la calle
    que no pase nadie,
    que pasen los tranvías
    sin humo y por sus vías.
    La calle es para andar,
    no es para envenenar.

    A tapar la calle
    que no pase nadie,
    que pasen bicicletas
    que no hacen la puñeta.
    La calle es para andar,
    no es para envenenar.

    A tapar la calle
    que no pase nadie,
    que pasen mis hermanos
    cogidos de las manos.
    La calle es para andar,
    y para respirar.

    A tapar, a tapar,
    la calle es para andar
    y para respirar.
    A tapar, a tapar,
    a andar y respirar.

    Una, dos y tres,
    que pasen sólo a pie.
    Una, dos, tres y cuatro,
    que pasen sólo andando
    o en el coche de San Fernando.



    LA POESÍA ES MERCANCÍA

    La poesía
    es mercancía
    de poca venta.

    Con mucha suerte,
    tras de la muerte
    la venta aumenta.

    Mas, sin embargo,
    el verso es largo,
    la vida, corta.

    Si el verso es vfida
    sobrevivida,
    el verso importa.



    POETA RECICLADOR

    Poeta
    reciclador de palabras y esperanzas
    para que pasen
    de corazón
    a corazones,
    y, atravesando sueños y tristezas,
    de siglo a siglo siemprevivas.


    JESÚS LÓPEZ PACHECO


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