Aires de Libertad

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    Pedro Casas Serra
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    Cheran (1960- Empty Cheran (1960-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 29 Oct 2023 - 16:17

    .


    Cheran (Alaveddy, 1960) es un poeta, periodista y dramaturgo. Es autor de más de 15 libros en tamil y de tres obras de teatro en inglés. También coeditó una antología de poesía política tamil. En sus obras, trata los temas de la identidad, la etnia, el nacionalismo, la emigración y la violencia.

    Trayectoria

    Su padre es el conocido escritor T. Rudhramurthy (1927-1971), conocido como el Gran Poeta. Rudhramoorthy Cheran se graduó en 1984 en la Universidad de Jaffna en Biología. El mismo año, empezó a trabajar en el diario Saturday Review, conocido por su posición a favor de la independencia de los medios de comunicación y los derechos y la justicia de las minorías.

    En 1987 se marchó a los Países Bajos y estudió un máster en Desarrollo Social. Volviendo a Colombo dos años más tarde, cofundó el diario tamil Sarinihar, publicado por el Movimiento por la Justicia Interracial y la Igualdad. En 1993 se le aconsejó que abandonara Sri Lanka. Debido a sus crónicas sobre el conflicto étnico y la Guerra Civil de Sri Lanka vive exiliado en Canadá desde 1993 donde se doctoró en 2000 en Sociología en la Universidad de York . Es profesor en la Universidad de Windsor.

    Cheran ha recibido varios premios de literatura y derechos humanos, como el Freedom to Write Award del English PEN (2013), el premio internacional de poesía de la Universidad de Toronto (2007), el Human Rights Witness Award de Montreal (1998) y el premio nacional de Sri Lanka al mejor poemario (1994).

    (Sacado de https://ca.wikipedia.org/wiki/Rudhramoorthy_Cheran )


    *


    Algunos poemas de Cheran:


    UN SEGUNDO AMANECER

    No había viento aquel día;
    el propio mar estaba muerto,
    sin olas.

    Mientras iba caminando,
    arrastrando los pies en la arena,
    descubrí otro amanecer.
    Esta vez en el sur.

    ¿Qué sucedía?
    Mi ciudad estaba en llamas,
    mi pueblo era derrotado;
    sobre nuestra tierra,
    sobre el viento que sopla en ella,
    la impronta del extraño.

    ¿A quién estabais esperando,
    con las manos enlazadas en la espalda?
    El fuego ha escrito su mensaje
    sobre las nubes.

    ¿Quién sigue esperando?
    Desde las calles donde todavía brotan las brasas,
    alzaos, marchad al frente.

    1981



    MI TIERRA

    Las redes se extienden como alas sobre el vasto mar.
    Arriba, la feroz respiración del viento.
    Desde el mar, alargando la mirada,
    y sujetando con los dedos tu flotante cabello
    puedes ver la orilla,
    palmeras y tejados aquí y allá.
    ¡Las olas, el rocío del mar
    mientras la máquina ruge!
    ¿Cómo pudo tocar a su fin
    semejante hora y media?

    Después, la amplia extensión
    de palmeras que alcanzan
    la altura de un hombre
    desde la arena impoluta.
    En cuanto a la arena,
    es toda motas doradas,
    sembrados espejos bañados de sol.
    Más allá de la arena la tierra se extiende
    donde hace dos milenios
    caminaban mis ancestros.
    Son profundas nuestras raíces:
    una huella, un milenio.

    En las joyas de mujeres con los pechos desnudos
    -una, quizá, en pie junto a esta orilla, insomne,
    que se lamenta mientras las estrellas se dispersan
    y caen al océano;
    u otra, esperando que un barco
    que se hunde en el horizonte
    regrese a puerto sano y salvo,
    o en hondas huellas enterradas en la arena
    al nacer una noche, quizá, mimados por el crepúsculo,
    aquí donde bailan las ramas del cocotero-
    mis ancestros me dejaron un mensaje.

    Cien mil hombros me sostienen
    mientras proclamo en voz alta: Esta es mi tierra.
    Cruzando los siete mares,
    sometiendo a las altivas olas
    el viento lo pregona en todas las direcciones,

    Mi tierra
    Mi tierra.

    1981



    CUANDO LO MATARON DE UN DISPARO

    Cuando lo mataron de un disparo
    todos se quedaron allí, observando.
    Para relatar la historia más fielmente,
    se quedaron
    con el único fin de observar
    cómo le disparaban:

    los que vinieron
    a prender fuego a su casa,
    dos viejas damas que compraban hojas de betel
    en el quiosco del pueblo,
    un montón de niños
    apretando piedras entre los puños,
    hombres u mujeres
    que ese día no fueron a trabajar.

    Delante de tanto público
    él murió
    quedamente.

    Lo que hizo no fue mucho.
    No había mucho
    en su casa, tampoco.
    Pero
    ¿quén puede evitar
    el saqueo de las casas tamiles?
    Eso es todo lo que sucedió
    aquella mañana.

    Vinieron cincuenta personas
    para tirar abajo su casa.
    Su padre era oficial
    del departamento de bosques;
    tenía el arma guardada
    hacía años.
    Sabía utilizarla bien.

    El propio Buda detendría
    los disparo s a soldados cingaleses:
    el gobierno lo sabía,
    los ministros lo sabían
    Pero él, ¿cómo iba a saberlo?

    Antes de que llegasen todos
    -ejército, marina y fuerza aérea-
    a asediar su casa
    y a disparar contra el fondo
    de los penachos de humo,
    antes de que sucediese todo esto,
    lo que él hizo no fue mucho:
    dos balas,
    una disparada al aire,
    la otra a la tierra.

    1983

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    Cheran (1960- Empty Re: Cheran (1960-

    Mensaje por cecilia gargantini Dom 29 Oct 2023 - 19:36

    Yo leí cosas del padre, pero a él no lo conocía. Y la verdad que veo a un escritor interesante, con mucha denuncia social.
    Besosssssssss Pedro y graciasssss
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    Cheran (1960- Empty Re: Cheran (1960-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 30 Oct 2023 - 4:54

    Muchas gracias a ti por tu interés, Cecilia.


    Un abrazo.
    Pedro

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    Cheran (1960- Empty Re: Cheran (1960-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 30 Oct 2023 - 7:31

    .


    CARTAS DESDE UN CAMPAMENTO MILITAR

    I

    Muy querida Nanda:

    Llegué apenas esta mañana,
    sin ningún problema.
    No he podido dormir
    de tanto apretar el rifle
    contra el regazo.
    Una pesadilla terrible;
    me desperté en un sobresalto.

    En la estación
    cuando tú y tu madre llorabais
    yo también estaba asustado.
    Pero, como todos decían,
    el norte
    no parece tan terrible en realidad.
    Son las mismas tiendas, calles,
    y atascos que en todas partes.
    Solo que la gente nunca nos mira.
    Si por azar nuestros ojos se cruzan,
    hay algo raro
    en esa mirada;
    una emoción que no sé calibrar.
    No puedo entenderla.

    Lo sabes, verdad,
    que no nos permiten
    movernos a solas.
    Somos un escuadrón de cincuenta,
    en dos tanques armados,
    dos -o qui´za tres- jeeps
    y un camión, además.
    De hecho es como un desfile,
    igual al que contemplaste
    el Día de la Independencia.

    Aunque hay una diferencia:
    el día del desfile de la Independencia
    éramos libres, las armas vacías.
    En cambio ahora,
    las armas están llenas de balas,
    pero no tenemos libertad.

    II

    Hoy ha sido de locos, sin parar un momento
    por las carreteras (que son espantosas)
    serpenteando entre palmeras
    y sacudidas de tanque.
    Después me dolían todos los huesos.

    A mediodía,
    en un pueblo rodeado de sembrados,
    despachamos tres cabras a tiros.
    No había a la vista hombres jóvenes,
    y todas las mujeres se escondieron.

    Regresando al campamento
    alguien recordó que no habíamos comprado
    los cigarrillos del comandante.
    ¿Qué hacer?
    El convoy entero dio la vuelta
    y volvió a encaminarse hacia la ciudad.

    III

    Hoy
    Ediriweera y Chandrasiri
    dispararon y mataron a tres tamiles.
    Chandrasiri dijo:
    "Echaron a correr de repente
    en mitad de una calle abarrotada.
    Me inquietó. Les pegué un tiro".

    Al cabo de un rato,
    sin ningún tipo de investigación
    fueron enviados de vuelta a Colombo,
    trasladados.
    (¡Afortunados!)

    *

    Si disparas a alguien,
    organizas una refriega,
    o prendes fuego a sus casas,
    te transfieren de inmediato.

    *

    Ayer también, otro cinco
    fueron transferidos de inmediato.
    Desde que llegamos aquí
    al menos cincuenta se han ido a casa.
    ¿Cuándo llegará mi turno?
    Ojalá lo supiera.

    IV

    Hoy llegaron cien nuevos reclutas
    al campamento.
    Chicos jóvenes
    con apenas un bigotillo,
    sin el más mínimo juicio
    para manejar metralletas.

    *

    Estos días
    deambulando a todas horas
    no he conseguido dormir por la noche.
    Hace ya demasiado
    que no estamos juntos tú y yo.
    Ni puedo imaginar un día de fiesta.

    V

    Anoche,
    "ellos"
    dispararon y mataron
    a trece hombres de nuestro escuadrón.
    Después de que esa precisa bomba mortal explotase,
    sus metralletas nos acordonaron.
    No lo habíamos esperado.
    Aunque no perdimos contacto por radio
    con el cuartel general,
    no pudimos evitar que Yama
    se colase en el campamento.

    Por la mañana
    no había nadie en las calles
    ni tiendas abiertas.
    Un silencio extraño, pavoroso.
    ¿Qué gentes son estas?

    Ahora
    nuestras noches están llenas de horror.
    Cuando la luz de la luna se filtra
    se mueven las sombras
    y anónimas aves aúllan
    de repente;
    es realmente el infierno hasta el amanecer.

    *

    Después de eso,
    solicitado el traslado inmediato,
    nuestro escuadrón se lanzó por sus calles.
    No sabría decir exactamente
    cuántos fueron muertos a disparos.
    Cincuenta o sesenta, calculó el comandante.

    VI

    Muy querida Nanda,
    todo ha terminado. Por fin.
    Me transfieren mañana,
    gracias a dios.
    Hoy he ido a la ciudad
    por última vez.
    No se veía
    tan amenazadora.
    Las tiendas, las cal,les
    seguían igual.
    Y la gente, como antes,
    hace como que no nos ve.

    1983



    PODRÍA OLVIDAR TODO ESTO

    Podría olvidar todo esto

    Olvidar la huida
    enloquecida por Galle Road
    aferrado a una breve ráfaga de esperanza
    negándome a abandonar esta vida frágil
    y miserable
    aunque la propia tierra temblaba
    -como lo hacía mi corazón-.

    Olvidar la imagen
    de un fémur emergiendo
    de un coche volcado, calcinado

    un ojo suelto con la mirada clavada
    en algún lugar entre la tierra y el cielo

    vacía de su ojo
    una cuenca bañada en sangre

    En Dickman's Road, seis hombres muertos
    las cabezas abiertas
    los negros cabellos teñidos de rojo

    un trozo de sari
    que escapó al fuego

    hurtada de su pareja
    una solitaria mano izquierda
    el reloj arrancado de cuajo

    una mujer cingalesa, preñada,
    arrastrando lo increíble:
    la cuna de una casa incendiada

    Podría olvidar todo esto
    olvidarlo todo, olvidar

    Pero tú, querida muchacha,
    prendida y desahuciada
    al  caer una tarde
    agazapada al acecho
    mientras el puñado de arroz
    -hallado al cabo de tantos días-
    se cocía en el puchero,
    tus hijos ocultos tras unas plantas de té
    amparados por las nubes bajas del cielo:
    ¿Cómo olvidaré esos añicos
    y los resecos granos de arroz
    esparcidos sobre la tierra?

    1983



    ¿QUÉ HEMOS PERDIDO?

    ¿Qué hemos perdido
    mi querido amigo?

    ¿Acaso una hija de Eelam
    te dio la vida
    y te arrulló en Tricomalee
    solo para que te disparase y prendiesen fuego en plena calle,
    tus restos arrojados a un agujero en Chemmani
    para festín de los perros?

    ¿Acaso la diosa creó el agua
    y trazó kolams sobre las voladizas arenas
    solo para que la Muerte
    plantase allí su huella?

    Oh, gavillas de arroz,
    bancales cuadriculados,
    Sol inclemente,
    gotas de rocío floreciendo
    sobre cuchillas de hierba,

    ¿entendéis por qué nuestra pena
    horroriza a cualquier corazón?
    ¿De qué otro modo podréis difundir
    nuestras historias escritas en sangre?

    ¿Acaso alguien ignora
    la historia que transportaron
    esas motas  de ceniza
    que trae el viento?

    Nuestro joven amigo,
    perdiste la vida por el frenesí
    de perros ignominiosos
    que no saben más que disparar
    una y otra vez
    sobre nuestro pueblo indefenso.

    Muy lejos, entre bosques de pinos,
    en la fría noche de hielo
    la mujer que un día te amaba
    sollozará.

    Hoy la Muerte puso fin
    a una disputa
    que la Vida no supo solventar.
    No hay testigos de este cuento desdichado,
    ni final para tanta tragedia.

    Así que ella te perdió.

    Y nosotros, ¿qué hemos perdido?
    Tu vida, y con la tuya,
    tantas vidas.

    Sin embargo,
    no hemos olvidado nuestras creencias,
    ni renunciado a nuestro deber;
    nunca renunciaremos a nuestra tierra.

    Eso te bastará.

    Asístenos desde el viento.
    Sé el mar y sus olas.
    Cuando el ejército dé media vuelta y huya,
    sitiado por el clamor de nuestros camaradas,
    sobre sus lamentos nosotros inscribiremos
    un memorial para ti, y otros miles como tú
    en esta tierra.



    CARTA A UNA AMIGA CINGALESA

    No tardaréis mucho

    y tus amigos
    en reponeros del shock
    de conocerme, un hombre ordinario,
    de una tierra desconocida y distante
    donde, habéis oído,
    sembramos balas de fusil
    en lugar de semillas; un lugar
    ocupado a partes iguales por casitas de dos plantas,
    y por terroristas.

    Cuando nos sentábamos juntos
    en la escalera que acaba
    en la lechosa cinta de agua
    cubierta de hebras brillantes,
    jirones de la corriente lunar
    -agua que cambió de color
    cuando se agitó el turbio fondo
    y que volvió a cambiar con la sombra
    de las nubes viajeras-
    se me estremeció el corazón
    al oírte entonar una canción cingalesa
    con tu voz tan dulce.


    Una vez hace mucho tiempo
    -yo era un niño todavía-
    esperando en la estación de Maho
    al tren de Batticaloa,
    caminé un rato junto a mi padre,
    junto a las vías.
    Medianoche.
    El quedo rumor de una nana
    susurraba con el viento.
    El sobresalto de ese sonido gentil
    truncando los llantos del niño
    impactó en mi corazón esa noche
    con repentina tristeza.

    Hoy también
    estoy envuelto
    en un fino dolor.

    ¿Es que nuestras lenguas distintas, en fin,
    habían creado tal distancia entre nosotros
    que ya no podíamos sonreír juntos
    saboreando
    la belleza de las flores ponnochi al caer
    derribadas por el agitado viento de Aadi,
    o los repentinos momentos de duda
    del pavo real con su inmenso abanico
    al detenerse y virar su pomposo paseo?

    No pude arrancar para ti
    la pluma de pavo real que anhelabas
    ni, en la noche temprana
    acompañarte, como deseabas,
    por el prado iluminado por la luna.

    Tus ojos no podían ocultar
    estas mínimas desilusiones,
    ni yo puedo tampoco
    olvidar tu afecto sutil.
    Seguimos nuestros caminos sin daño a la naturaleza,
    permitiendo brotar a las flores
    y crecer a la hierba.

    Tú al sur,
    yo al norte.

    Con el alba, cuando
    la fresca brisa descienda
    entre los grandiosos árboles
    desde las montañas,
    cuando tú des tu paseo
    mientras te cepillas los dientes,
    recordarás esos días
    en que trabajábamos juntos
    excavando una ciudad antigua en Maanthai
    y nuestra breve amistad.

    Dile a tu gente
    que aquí, también, nacen las flores,
    la hierba crece,
    las aves vuelan.

    1984

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    Cheran (1960- Empty Re: Cheran (1960-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 30 Oct 2023 - 8:18

    .


    AMMA, NO LLORES

    Amma,no llores.
    No hay montañas que apuntalen tu duelo,
    no hay ríos
    que puedan contener tus lágrimas.

    Justo cuando apartó
    al bebé de su hombro
    y te lo entregó, sonó el disparo.

    La sangre alcanzó tu taali
    caído en el polvo.

    El calor del fatídico proyectil
    ajó tus espléndidos sueños.

    Lo que brotaba de tu tobillera
    no eran perlas
    ni rubíes:
    ya no hay ningún rey pandia
    que reconozca la sangre culpable.

    En las noches de insomnio
    cuando tu pequeño se agite incansable
    gimiento "Appa",
    ¿qué le dirás?
    Cuando camines la noche, mostrándole la luna
    y calmándolo con tu pecho,
    no le digas,
    "Appa está con Dios".

    Dile que este dolor continúa
    dile cuánta sangre se derramó
    dile que empiece una guerra
    que ponga fin a tanta barbarie.

    1986



    21 DE MAYO DE 1986

    A medianoche tu casa está ardiendo.
    Frente a tus ojos
    apuñalan a tu mujer.
    Aviones de las Fuerzas Aéreas se arrojan contra la tierra
    y se elevan.
    Caen las bombas, centelleando,
    al captar la luz del sol.
    Niños que lloran
    en todas las direcciones.
    Mi abuela no deja de rezongar
    sobre sus gafas de leer, rotas al caerse
    cuando corría hacia el búnker.
    El director del banco de sangre
    nos informa, muy amable,
    de que no queda sangre.
    Busco a un amigo
    que está buscando a otro, perdido
    en una escaramuza del todo amistosa.
    Unos hombres, que están discutiendo
    si esta es una revolución democrática
    o socialista, son destrozados
    por una bala de cañón.
    He sobrevivido a dos ataques aéreos
    y a veinte helicópteros de combate
    y me rompo un tobillo al tropezar
    con un pequeño perrito.
    Mientras reposo en la cama, un amigo "intelectual"
    me trae El Zen y el arte
    del mantenimiento de motocicletas.

    El hombre que intenta fijar
    la señal de Cruz Roja al techo
    del hospital cae;
    derribado por un helicóptero.
    Aun así, los cuervos
    aún existen, y el papel.
    Y mientras
    el ruido de la ametralladora
    sigue en el aire
    como cada día.

    21 de mayo de 1986



    EN UN TIEMPO DE FUEGO

    Hoy no abras la boca.
    Guarda silencio
    solo por hoy.

    ¿Va a llegar el momento, cercano,
    en que cada verdad que escape de nuestra boca
    sea compensada con un tiro?

    Si no, ¿por qué esta tragedia?

    Más allá del árbol del mango, en un cruce de calles
    los cuerpos yacen ardiendo;
    las llamas se elevan y tiñen de negro
    las hojas abiertas de las palmeras.

    Humo,
    miedo, crueldad,
    pena, terror...
    Todo es negro;

    el color de los demonios
    cuando las sombras oscuras
    y las profecías hostiles
    envuelven
    los cuerpos y los corazones
    que yacen ahí, ardiendo
    a esta hora.
    Hasta los  pájaros han perdido su canto,
    ahogadas sus voces.

    Los niños se olvidan de llorar
    traspasados los ojos de miedo.

    El viento se lleva
    las cenizas,
    los perros se llevan
    los huesos.

    Arrasan con todo lo humano
    a golpe de arma,
    le disparan en el borde de la tumba,
    a patadas
    lo cubren de tierra.
    En las calles, en los muros
    chorrea la sangre
    mientras ellos se justifican.

    ¡Justificación!
    ¿Quién os ha pedido justificación?

    Yo sé
    que cada hoja de hierba
    cada pequeño brote
    y la más diminuta semilla
    florecen,
    crecen, maduran y mueren
    por el soplo vital de la esperanza.

    Pero ahora, en este momento,
    en que los ancianos claman en su dolor
    que esta tierra nuestra ha sido maldecida
    -en este momento
    en que cuerpos y corazones están ardiendo-,
    en este momento
    ¿cómo podría hablar de esperanza?

    Entre estas tumbas
    entre estos cadáveres
    entre ropas manchadas de sangre
    entre madres encorvadas por el sufrimiento
    que lloran por sus hijos muertos
    yo camino,
    con mi cuerpo desgastado
    el rostro sin afeitar
    el corazón abatido y la mente confusa,
    intentando hallar falsas palabras
    de falso consuelo.

    1986



    UN POEMA QUE JAMÁS DEBERÍA
    HABERSE ESCRITO

    Dejad abiertos los féretros

    mientras las largas sombras de estos árboles
    se encogen de pena
    y caen sobre la hierba,
    mientras la brisa, como siempre,
    sopla a rachas en nuestra tierra,
    mientras esperanzas frustradas y ambiciones
    rotas, quedan abandonadas en trágicos restos
    en este angosto espacio
    de seis pies de hondo por dos de ancho.

    Dejad abiertos estos dos féretros
    al menos un tiempo.
    No hacen falta sudario limpios:
    así recordaremos a nuestras mujeres
    en los campos de refugiados
    escondidas tras cortinas esperando
    que se sequen sus ropas
    pues no tienen otras.

    Aflojad estas ropas manchadas de sangre
    apenas lo suficiente
    para mostrar las heridas.
    Dejad que la mansa luz del sol
    como flores que caen a través de las hojas
    llegue a ellas.
    Dejad que la brisa las acaricie.

    Acordémonos, todos nosotros,
    de esos letreros con sus consignas,
    bañadas en sangre,
    plantados donde los asesinaron,
    las cabezas caídas, su sangre
    salpicando la tierra.

    En cierto modo,
    estos cuerpos tienen suerte:
    tienen féretros,
    leña libre del olor de goma,
    parientes que los lloran,
    el homenaje de las lágrimas,
    noticias en verso.

    Mientras que a tantos otros sin rostro
    enterrados en la esquina del campo de fuego
    en mitad de la noche,
    cuerpos rotos, calcinados
    -que perdieron la libertad
    defendiendo la libertad-
    los olvidamos a voluntad.

    Pues este no es el trabajo de nuestros enemigos
    sino que lleva la impronta
    de las manos asesinas de nuestra propia gente.

    Hay quien me maldice
    por proclamar en alto y en todas las direcciones
    que tenían las manos limpias.

    Amigos míos
    no podéis justificar vuestros hechos
    mediante vuestros panfletos,
    balances falsificados
    y lágrimas de cocodrilo.

    Lo que necesitamos
    es el grito de un pueblo
    que arroje lejos las armas
    empuñadas por aquellos
    que no se dan cuenta
    de que la nación se suicida,

    y minas antipersonas sembradas
    en la propia raíz de la anarquía.

    1986



    RAJINI

    Ahora, dentro de un momento
    se pondrá el sol,

    llegará la oscuridad.

    La oscuridad que ha de llegar
    no es como la de antes;
    sino el propio infierno;
    una noche que ha asesinado a la luna
    y ha prendido fuego a las estrellas;
    una noche tiznada de cenizas.

    Ibas por tu camino deprisa, deseando
    encender una pequeña lámpara de mano
    o por lo menos una vela
    antes de que cayese una noche así.

    Amma,
    hoy traían mucha prisa
    al llegar desde el sur...
    Los mensajeros de la Muerte
    con sus fusiles
    y sus cinco balas.

    Mientras te desplomabas
    los últimos rayos del sol
    arrojaban contra el muro
    tu sombra:
    tus manos agitándose
    en lo alto
    y más allá
    más allá del horizonte.

    1989



    EPITAFIO

    Las aves han regresado a sus nidos.

    En el último parpadeo del atardecer,
    en las esquina de la calle,
    la oscuridad se cierne en el rostro de su madre,
    que clava los ojos
    en la distancia.

    El vacío
    tras las puertas cerradas de la escuela.
    En las aulas, los dibujos
    de la desesperación.

    Él no regresó a casa
    el día en que el mundo tembló.

    Engendros de hierro blindado, munición y
    ráfagas de fuego a su alrededor,
    hizo explotar el campo enemigo.
    La campana del templo gemía al viento.
    En nuestra casa
    arreciaba el llanto.

    No quedaron ni siquiera sus palabras.
    Nosotros enmudecimos también.

    1994



    GUERRA
    UNA BREVÍSIMA INTRODUCCIÓN

    Cuando eres oprimido,
    ves la sangre de las lágrimas.

    Cuando eres el opresor,
    ves las lágrimas de la sangre.

    1996

    Pedro Casas Serra
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    Grupo Metáfora
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    Cheran (1960- Empty Re: Cheran (1960-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 30 Oct 2023 - 14:10

    .


    APOCALIPSIS

    En nuestro propio tiempo hemos visto
    el Apocalipsis. La tierra
    tembló con la danza de la muerte;
    los cuerpos se desmembraban en el salvaje huracán;
    la oscuridad rechinaba y el fuego lo prendía todo
    por dentro y por fuera.
    La última riada arrastró a niños y hombres
    y los arrojó a las llamas.

    Nos llegó una muerte prematura.
    Espiando con ojos moribundos
    la impotencia
    de los que nos rodeaban, acechando,
    mientras nos íbamos consumiendo
    hasta elevarnos en una nube de humo.

    A Kafka le negaron la ocasión
    de prender fuego a sus obras.
    Pero Sivaramani quemó las suyas.
    La poesía se destruye al vuelo.
    Lo que otros escriben ahora
    se niega a sobrevivir.

    Nos fuimos todos;
    no queda nadie para contar nuestra historia.

    Queda apenas
    una gran extensión de tierra
    herida.
    Ningún ave podrá sobrevolarla
    hasta nuestro regreso.

    1999


    ESTE POEMA NO PUEDE ACABAR
    DE ESCRIBIRSE

    Este poema no puede
    acabar de escribirse,
    esta canción terminarse,
    saciarse esta sed.

    Cada recuerdo se niega
    a ser eliminado, cada trama
    rechaza desarrollarse, cada rostro
    se resiste a quedarse.
    Un sueño reacio a fundirse,
    permanece para siempre -aunque
    ni yo mismo sepa
    si estoy en el sueño o estoy fuera-.
    La brevedad del camino
    arroja su propia, seductora luz.

    ¿Qué otra cosa puedo dar,
    para alimentar a cada uno
    con la dulce soledad
    que no amarga, salvo este poema?

    2004



    TRAS EL APOCALIPSIS

    I. PAISAJE DE GUERRA

    Cuando, durante la invasión,
    chismes falsos y maliciosos
    se lanzaron al aire, mezclados con humo

    las palabras perdieron su significado
    iconos e imágenes se hicieron añicos
    la vida perdió su latir.
    El doctor que amputa, sin anestesia,
    los brazos de un niño de dos años y medio
    herido por la metralla
    deviene un dios en este instante;
    la madre,aullando con los ojos secos,
    un diablo.

    II. HOMENAJE

    Los que fueron enterrados
    los que fueron calcinados
    los que se perdieron en el mar...
    todos sus mensajes, lúcidos, detallados,
    se han perdido en los sótanos de los archivos
    de los almacenes del mundo.

    Sobre la gran tumba que nos contiene a todos
    izan el taparrabos del General
    clamando que es la bandera patria.
    Alguien inscribe vanas palabras en el memorial
    alzado por nuestras lágrimas.

    Mucha gente teje sueños.

    Él escribe este poema, sin romper el silencio.

    III. GENERACIONES

    Hace una generación
    abandonaron su país.

    Cuando la nueva generación estaba empezando a olvidar
    su lenguaje -en ese momento-
    una angustia interminable nos unió de nuevo.

    Entre los muchos miles que se levantaron airados
    y llenaron las calles
    -incluso en invierno cayendo la nieve
    y una lluvia heladora-
    distinguí a una mujer, con la voz agotada.

    Aunque el perfil de su rostro
    estaba borrado por un rastro de lágrims
    vi que surgía otro rostro, multitudinario.

    IV. CADÁVER

    Tendido sobre la arena,
    un cadáver, el cráneo abierto.

    En esos ojos, que rechazan cerrarse en la muerte
    yace una mirada fija: asombro, reproche,
    congoja, desaliento, combate,
    un largo sueño infinito.

    V. NUESTRA TIERRA

    Aquí, en esta tierra empezó mi historia.

    El suelo bajo las raíces de los árboles
    arrasados aquel día, junto al mar,
    es ahora revelado.

    Una tierra donde hasta en pleno verano
    la gente paseaba con tranquilidad
    se ha convertido, en pocos días,
    en un país
    cuya lengua es suplantada.

    En esta, nuestra tierra, no quedan cocoteros
    ni chozas.

    Una voz me dice
    que aunque las historias están amordazadas
    la narrativa continuará, infinita.

    VI. VOZ

    ¿Por qué me preguntaste,
    amigo mío?

    Los que se rindieron los que se están rindiendo,
    los muertos, los que están muriendo,
    los vivos, los destrozados,
    los que se levantaron, los caídos,
    los recordados, los olvidados,
    los difuntos, los que respiran,
    los que vagan, los trotamundos,

    ¿cómo podrías saber
    a cuántos conocía?

    Aunque estoy a océanos de distancia,
    llovió sangre en la pantalla de mi ordenador.

    En este río que se funde a mi alrededor
    flota un iceberg gigantesco.
    Sobre él yace una gaviota
    con el plumaje empapado.

    ¿Quién quedó atrapado
    con los que no sabían navegar,
    el río o el ave?

    ¿Por qué me preguntaste?

    ¿Porque pensaste que,
    aunque mi existencia se arruinase,
    yo me haría eco de tu voz,
    aún extinta?

    VII.

    El mar se ha secado.
    La lengua tamil no tiene territorio.
    Los parentescos quedaron sin nombre.

    2009



    LOS POEMAS ROHINYÁ

    I

    No puedo volver a pedirte
    -por favor perdóname-.
    Abandoné a mi hijo.

    Apenas un par de minutos
    antes de matar al pequeño
    me cortaste las manos.
    Tanto dolor, llanto y tormento
    no te serán perdonados.
    Cuando el arma fue blandamente insertada
    en el vientre de mi hijo,
    me fui yo también
    -deseando
    que la sonrisa humillante
    que me lanzó entonces
    me quedase clavada
    como una maldición humana-.

    II

    El monje budista
    vestido con sudario púrpura
    dice
    que el sol no sabe
    perdonar.

    En su cuenco de limosna,
    la mano amputada de un niño.

    III

    Cuando desembarqué en el aeropuerto de Sitwe
    ina ataviado con mi sarong de Myanmar,
    pasta de sándalo y bermellón
    en la frente.
    No hay problema
    Si eres hindú,
    Me dijo,
    Un amigo,
    Apreciado,
    Un budista,
    Un guía.

    Aquí tu color no es bienvenido
    La piel clara y el tono hindú
    te permitirán vivir.
    Sin embargo,
    veamos, vente conmigo,
    dijo.
    Mejor vamos juntos.

    Nuestro amigo preguntó:
    ¿Hay gente de piel oscura
    en Canada?

    Antes de dar otro paso,
    incapaz de probar a las masas budistas
    que no soy de Bangladesh
    hui para proteger mi color.

    Regresé en el primer vuelo,
    dedicando una flor de loto
    a Aung San Suu Kyi.

    IV

    ¿Has visto a un hombre
    ofrecer un puñado de arroz (o un dulce)
    a un niño que llora de hambre
    y entonces decapitarlo?

    En Myanmar, Sri Lanka, Vietnam, Congo,
    Cachemira, Yemen, Palestina, El Salvador...

    2018


    CHORAN, Siembra solo palabras, traducción de Isabel Alonso Breto, Navona-Carmina, 2019.


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