Aires de Libertad

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    Juan Eduardo Cirlot (1916-1973)

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    Juan Eduardo Cirlot (1916-1973) Empty Juan Eduardo Cirlot (1916-1973)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 26 Ene 2023, 16:21

    .


    Juan Eduardo Cirlot (Barcelona, 9 de abril de 1916 - íd., 11 de mayo de 1973) fue un poeta, crítico de arte, mitólogo, iconógrafo y músico español.

    Biografía

    Hijo de Juan Cirlot y María Laporta, estudió bachillerato con los jesuitas de Barcelona y trabajó en una agencia de aduanas y en el Banco Hispanoamericano. En 1937 fue movilizado para luchar por la República; a comienzos de 1940, tras la guerra civil, fue movilizado otra vez, pero por el ejército franquista. Estuvo en Zaragoza hasta 1943; allí frecuentó el círculo intelectual y artístico de la ciudad y se relacionó con el pintor Alfonso Buñuel (hermano de Luis Buñuel). En el verano del 43 regresa a Barcelona para trabajar en el Banco Hispanoamericano y conoce al novelista Benítez de Castro, quien le introduce en el periodismo como crítico de arte. Trabaja en la librería editorial Argos. Compone música y trata a los artistas del grupo Dau al Set (Modest Cuixart, Antoni Tàpies, Joan-Josep Tharrats, Arnau Puig, Joan Brossa). En 1949 colabora en Dau al set (revista). En octubre viaja a París y conoce a André Breton. Se edita Igor Stravinsky, su primer ensayo. En 1951 empieza a trabajar en la editorial Gustavo Gili, donde permanecerá hasta su muerte. Compone una novela, Nebiros, que no superó la censura en 1951. Cuando Cirlot destruyó su archivo anterior a 1958, dejó esta novela incólume, que fue publicada póstumamente en 2016 por Ediciones Siruela.

    Entre 1949 y 1954 conoce y trata al etnólogo y musicólogo alemán Marius Schneider en Barcelona. Trabaja con José Gudiol Ricart. En 1954 aparece El ojo en la mitología. Su simbolismo. Entra a formar parte de la Academia del Faro de San Cristóbal. En el año 1958 empieza a escribir colaboraciones en las revistas Goya y Papeles de Son Armadans, y aparece su obra más famosa, el Diccionario de símbolos tradicionales, en la editorial Luis Miracle; obra que alcanzará difusión internacional. Siguen unos años de intensa actividad como crítico y conferenciante. En 1962 se publica en inglés su diccionario con el título A Dictionary of Symbols con prólogo de Herbert Read. En 1966 vio la película El señor de la guerra de Franklin J. Schaffner.

    En 1971 enferma de cáncer de páncreas, es operado y el 11 de mayo de 1973 muere en su casa de la calle Herzegovina de Barcelona. Fue padre de la historiadora del arte Lourdes Cirlot (n. 1949) y de la medievalista Victoria Cirlot (n. 1955).

    Análisis

    Cirlot se adscribió al filo de los cuarenta a la escuela surrealista francesa y al dadaísmo, para asumir luego una tradición espiritualista de muy lejanos horizontes (la Cábala, el sufismo y los estudios orientales) de anhelo universal. De ahí proviene su interés por la simbología, que informará toda su actividad literaria y su importante labor como crítico de arte. Hizo importantes estudios sobre simbología y hermenéutica medieval, reunió una importante colección de espadas y su copiosa y variada producción poética —más de cincuenta libros— se mantuvo alejada e independiente de las corrientes que dominaron la poesía de posguerra a causa de su oscuridad y hermetismo; últimamente, sin embargo, su figura no cesa de revalorizarse a través de continuas revisiones, reediciones, apariciones de obras inéditas y homenajes. Lo más conocido en su obra es la fase de su evolución poética centrada en la actriz Rosemary Forsyth, que encarna a Bronwyn en la película El señor de la guerra (1965) de Franklin J. Schaffner e inspiró la fase permutacional de su poesía. Según Ángel Luis Prieto de Paula, su poesía surrealista era "generada mediante letanías, combinaciones y permutaciones. Como en la música atonal, tan influyente en él, en su serie no hay un orden dominante: no en vano era admirador de Schönberg, y compositor de música en su juventud".

    Cirlot cultivó también el aforismo en su libro Del no mundo (1969), donde puede rastrearse su pensamiento hasta las fuentes de Nietzsche y Lao Tse; él se definía como nihilista.​ En 1986 se publicó el inédito El mundo del objeto a la luz del surrealismo, que, escrito en 1953, se adelanta a las corrientes conceptuales de las últimas décadas y que sigue siendo referencia esencial para profesores y estudiosos del universo del objeto artístico. En 1988 aparece 88 sueños, colección completa de los sueños transcritos por Cirlot publicada parcialmente en la revista catalana Dau al Set y anclada al surrealismo.

    Como erudito es conocido por su Diccionario de símbolos.

    En octubre de 2009, su hija Victoria Cirlot dio el archivo personal del artista al fondo documental del Museo Nacional de Arte de Cataluña para su estudio y análisis. Fue depositado por sus hijas, Lourdes y Victoria Cirlot. Reúne documentación relacionada con su proceso de trabajo, notas y reflexiones sobre literatura y arte, su correspondencia, originales de sus poemas, material sobre teoría estética y publicaciones. El Archivo Cirlot abarca los años comprendidos entre 1958 y 1972 y, aporta una valiosa información sobre la personalidad de este intelectual.

    (Sacado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] )


    *


    Algunos poemas de Juan Eduardo Cirlot:


    De Árbol agónico, 1945:


    ÁRBOL AGÓNICO

    El árbol que en mis ojos sufre y crece
    espera tus palomas deslumbradas.
    Sus frutas, con las hojas desoladas
    extático se eleva. No florece

    sin la sangre celeste. Permanece
    siempre estéril; las ramas desgarradas
    como arterias sin flor, deshabitadas:
    vestigio de otro mundo que perece.

    Vestigio de mi horror cristalizado
    en lamentos sin voz; duros fulgores
    metálicos, que cubren la tortura

    Eterna de este monstruo maniatado
    que extiende ya reseca su locura,
    bajo un cielo sin luz y sin clamores.



    PÁJARO TRISTE

    Estoy triste en mis ojos de silencio
    porque nadie comprende este ñpaisaje
    ni recorre la noche hasta mi llanto.

    Solamente quisiera una palabra,
    una rosa de voz en el desierto.

    Pero nadie conoce este suplicio,
    ni mira la ventana donde muero
    vencido por un sueño indescifrable.

    Solamente querría una palabra,
    una mano perdida en el desierto.

    Pero nadie comprende ste paisaje,
    ni recorre la noche hasta mi canto,
    y estoy triste escuchando mi tormento.




    De En la llama, 1945:


    EN TU CASA

    En tu casa que tiene los párpados de nácar
    y una ventana abierta donde la noche gime
    florecen los almendros y los cerezos rosas
    entre los muebles quietos que esperan como pájaros.

    Tus gardenias sollozan como blancas heridas
    rasgadas en el pecho de tu terraza dulce
    desde donde contemplo una selva de cristales
    una ciudad radiante que de las nubes baja.

    Tus gardenias que tienen la voz como de niño
    la piel hecha de Luna, los ojos como estrellas
    que atraviesan la tela de esta negra ternura
    perfumando los labios como sangre vertida.

    Tus gardenias me miran, tus gardenias, gardenias
    cuando tu mano pasa dulcemente ataviada
    resumiendo la nieve del último paisaje
    destruido en la costa del mar más alejado.




    De Donde las lilas crecen, 1946:


    HAY UN PAÍS LEJANO, UNA DULZURA...

    Hay un país lejano, una dulzura,
    un eterno retorno a lo perdido.
    De lo que sobrevive en el olvido
    hay una soledad, un agua oscura.

    Es una estancia para la amargura,
    un oleaje en que lo desistido
    aduce su rumor a lo no sido;
    a lo supuesto por la desventura.

    Es allí donde están y permanecen
    las palabras del sueño y de la rosa,
    las desoladas cosas de la duda.

    Es un lugar donde las lilas crecen
    como una persistencia temblorosa,
    mientras lo destruido se reanuda.



    TE CONOZCO

    Eres aquella niña
    que jugaba con vidrios y violetas,
    mientras el horizonte enloquecido
    se ponía muy pálido.

    Eres aquella niña
    que miraba conmigo en un estanque
    la lenta aparición de los inviernos
    celestemente blancos.

    Eres aquella niña
    que venía por un camino muerto
    cantando dulcemente, dulcemente,
    debajo del ocaso.



    SIR TRISTÁN

    Te quiero desde un día
    lejano y desolado.

    Yo soy el hombre triste
    del cielo y del océano.

    ¿Es que no me recuerdas?
    Siempre te estoy pensando.

    En mi armadura negra
    sufre un paisaje pálido.




    De Cordero del abismo, 1946:


    PADRE DE LOS INCENDIOS DE LOS CIELOS...

    Padre de los incendios de los cielos
    ven a mi situación desesperada,
    oye la soledad de esta mirada,
    rompe mis miserables desconsuelos.

    Deja que sean alas, sean vuelos,
    las cosas de la sangre desgraciada.
    Reside en la canción, en la morada,
    de este perro de llantos y de celos.

    Es como un horno rojo mi amargura;
    bocas y llamaradas me alimentan
    y estrellas se derriten en mis ojos.

    Ten compasión de mí y de mi locura,
    deshazme de las muerte que en mí alientan,
    porque ya tengo los cabellos rojos.




    De Diariamente, 1949:


    PRÓLOGO

    Soy un hombre cualquiera y solitario
    que vive entristecido a ciertas horas
    por indeterminados pensamientos.

    Externamente sufro como todos
    las huellas cotidianas, indelebles.
    Voy vestido de gris. A veces llevo
    una corbata rosa.

    Miro lejanamente los jardines,
    separado del cielo,ciudadano
    inscrito en el cemento y en el sordo
    rumor inconsolable de las plazas.

    Mí corazón es mío algunos días
    especialmente bellos.



    ANTES DEL SUEÑO

    Por las noches no salgo casi nunca.
    Escucho en mi gramófono portátil
    los discos predilectos. Las estrellas
    brillan detrás de mi ventana. Paro
    la pálida ternura del sonido.

    Y sumerjo mi sombra entre las sombras.



    MOMENTO

    Estoy aquí, sentado ante mi mesa.
    Por la ventana abierta veo el cielo.
    Mis cabellos se bañan de luz muerta
    y mis hombros de tierra se estremecen.

    Mi corazón pronuncia un solo nombre
    donde los ruiseñores y las lilas
    y unas rosas muy tristes aún persisten.

    Los hombres, las mueres y los niños
    viven en esas casas alineadas
    de invencible color de sufrimiento.
    Adivino personas que se aman
    juntando sus enseres y sus días.



    CIUDAD DE CENIZA

    Hay días sollozantes, días lentos,
    días llenos de muerte descendida.

    Yo me asomo al balcón; desde allí veo
    la ciudad cenicienta que respira
    el gris conmocionado de los aires,
    la atmósfera agrietada que soporta.

    ¿A qué desolación, a qué destino,
    pertenecen sus lívidos inmuebles,
    sus agotados turnos de trabajo,
    sus transeúntes fieles?

    El rostro transparente de la nada
    contempla, como yo, tanta tristeza.



    MI CORAZÓN ES MÍO

    Mi corazón es mío cuando paso
    por ciertas avenidas silenciosas,
    cuando iluminaciones se levantan
    con mi seca figura hacia las nubes,
    y no sé si los ojos que me miran
    están frente a mi amor, o en el recuerdo.
    Mi corazón es mío cuando siento
    que en mis dedos se rompe el infinito
    con su mirada dulce,
    con su fulgor secreto.


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    Juan Eduardo Cirlot (1916-1973) Empty Re: Juan Eduardo Cirlot (1916-1973)

    Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 27 Ene 2023, 08:07

    .


    De Lilith, 1949:


    TRÁNSITO

    Fuego desde la sombra al  pensamiento,
    fuego sobre la misma llamarada,
    fuego dentro del pez de la mirada,
    fuego dentro del sol de mi aliento.

    Entro en la cavidad de este momento;
    entro en la destrucción de su morada,
    entro en la habitación donde la nda
    comunica al espacio su elemento.

    De mis ojos quemados salen cruces,
    de mis manos quemadas caen montañas,
    de mi boca abrasada surgen luces.

    Fuego lleno de centros infinitos,
    fuego como la letra en las entrañas,
    fuego bajo los astros de los gritos.




    De 13 poemas de amor, 1951:


    DRAGÓN DE FLORES ROJAS...

    Dragón de flores rojas,
    luminosa serpiente con azules
    crestas, mi corazón
    lame tus rocas tersas, el espejo
    donde el mar
    extiende su metal incandescente.

    Sonidos espantosos
    me buscan por el cielo
    cuando solo
    destruyo mi materia espiritual
    en hoz de aspiraciones.

    Montaña mía, tribu
    con banderas naranjas y coral
    hacinado, lugar
    donde la espuma forma las melenas
    y las alas.

    Un elevado lazo de fulgores
    te quema en tu celeste consistencia.



    LA CAMA DEL AMOR ERA UNA ROJA...

    La cama del amor era una roja
    palabra.

    La cama era una bestia de obediencia,
    una becerra blanca
    con guedejas de sol entre las nubes.

    La cama estaba abierta como un pájaro
    con las plumas en vilo por los aires.

    Relámpagos de sangre
    transpiraba su orquesta palpitante.

    Mantas como llanuras con palomas,
    espacio como un vientre bajo un vientre.




    De Amor, 1951:


    3

    ARCA DE MI MISTERIO...

    Arca de mi misterio
    no me abandones.
    Mujer con dos zapatos
    no me abandones.
    Pedazo de cristal
    no me abandones.
    Espejo de papel
    no me abandones.
    Corazón roturado
    no me abandones.
    Día de mi mañana
    no me abandones.



    10

    ÁBREME EL CORAZÓN COMO HAS ABIERTO...

    Ábreme el corazón como has abierto
    en aquellas montañas la locura
    azul de un horizonte q la joya
    brilla como celeste
    como quemada boca.
    Abre tu corazón como los brazos
    del mundo que me has dado entre latidos
    entre cantos furiosos
    cuando la guerra sorda de las piedras
    socava la materia o fundamento
    de esta tierra sagrada que nos une.
    Oh, cálida mujer cuya belleza
    devora mi estatura y pone cifras
    en la ventana abierta de mi cuerpo.



    21

    MUJER DE LUZ MORTAL, QUIERO DECIRTE...

    Mujer de luz mortal, quiero decirte
    que tu música densa
    me ha tornado potente
    para el alba de fuegos invencibles
    que en el final me espera. De mi herida
    crece un árbol de fuego y de perpetua
    salud. Tengo tus ojos,
    tus dientes,
    tus brazos,
    tus pechos,
    tu vientre abandonado a mi dominio,
    tu seca soledad que me devuelve
    las garras del león cuando del sol
    caen llamas.




    De Libro de oraciones, 1952:


    A JESÚS CRUCIFICADO

    Estigma solitario. Joyería
    crucificada al fin como crustáceo,
    qué túnica de bocas y de peces
    podrá servir de alfombra a tu sonido.

    Oh, huevo de cristal de voces rosas,
    oh, fuente de estallidos como números.

    Dios para los que lloran en el fondo
    del crisantemo rojo de su infierno.
    Dios para los que cantan en el pájaro.
    Dios para los que tienen siete labios.



    A SANTA LUCÍA

    No son los ojos alma del que mira,
    no son ni los paisajes los que ven.
    No son ni las miradas las que saben
    la forma del sagrario de la sangre.

    Cuando bajaba el pulso con los gritos
    a tu boca de luna perforada,

    lloré como los ángeles de cera
    en su ciudad de flautas y crespones.
    Vive con tus pupilas en los aires,
    con tus pupilas grandes como Sirio.



    A SAN MIGUEL ARCÁNGEL

    Con mi traje de sapo y de cristales,
    con mi espada comprada a un anticuario,
    con mis libros de magia y papel muerto,
    con mis odios de torre entre alambradas.

    Con mis dedos de humano constituido,
    te cito, arcángel roto en pensamientos.

    Baja con las palabras del crepúsculo,
    baja con amatistas afiladas,
    baja con siete montes de cuchillos;
    corta mi corazón de sapo y toro.



    AL ESPÍRITU SANTO

    Apoyado en la luz del firmamento
    hay un rostro de llamas de colores.
    De sus alas emerge un movimiento,
    amarillo y azul, violeta y rosa.

    Ha nacido el espacio de su pico,
    en círculos graduales y concéntricos.

    Detrás de su cabello palpitante,
    de su plumaje ardiente y doradísimo,
    la muerte es un espejo que trasvasa
    en halos de otra luz los pensamientos.




    De Segundo canto de la vida muerta, 1953:


    YO VIVO EN UNA CASA SIN JARDÍN...

    Yo vivo en una casa sin jardín,
    en una casa interna donde se oyen
    ladridos y sollozos cuando el cielo
    sucumbe a su dorado movimiento.

    Yo vivo en una casa cuyas ramas
    penetran en las casas de los otros
    y queman sus azules mobiliarios,
    sus retratos amados por el tiempo.

    De mis palabras surgen soluciones
    de metal invasor que nada puede
    destruir o parar. De mis palabras
    nacen olas y mares ascendentes.

    Mi casa comunica con las fuerzas
    que perforan los mundos y los alzan
    en la cima furiosa de esa sombra
    sin principio ni fin que me alimenta




    De Tercer canto de la vida muerta, 1954:


    EN TINIEBLAS ALCANZO...

    En tinieblas alcanzo
    el anillo de sombra.
    A mi luz de ceniza
    se aproximan destellos.

    Puras flores de vidrio,
    alas en los instantes
    de los cielos inciertos
    en el oro del ser.

    ¡Adónde lo tenido?
    ¿Adónde lo perfecto?
    ¿Adónde el alma entera?
    En tinieblas alcanzo.




    De La dama de Vallcarca,1957:


    EL Infierno regenera sus tentáculos. Silban en la avenida de las sombras, donde el humo reclama las copas de los árboles. Silban con dulzura penetrante. Su nombre, roto a trozos, comparte la comida de las serpientes: arroz ensangrentado, frutas negras, restos de ruidos y de rotaciones. Silban dulcemente allá en el bosque, donde ira una fuente muerta murmura el nombre roto, sus anillos espesos. Mis pasos circulares forman un alfabeto amarillento, con iniciales azules y violáceas.

    *

    Atraído por el lugar y el olvido, he llegado a Vallcarca, bajando una escalera quebrada, con barandilla de hierro húmedo, pisando blancas losas y pasando junto a desventuradas puertas y quemadas ventanas. Un olor de animales y flores flota en el ambiente bajo. La gran calle corresponde al Río del olvido; el camino tortuoso que lleva hasta la colina pedregosa es el Rio de la juventud: aquí está, pues, el paisaje megalítico y aquí voy a quedarme mientras la llave pueda conocer su puerta, mientras la puerta reconozca el fulgor de su llave; mientras el espacio no lleve me consigo, mientras la roca roja y ávida no se transforme en lamento.

    *

    Contemplo el horizonte, gravemente agitado. Las siniestras promesas de armonía bajan de la montaña y sus secas paredes de aire negro tienen verdes cerrojos y agujeros, y trompetas de lana junto al agua. Puñado de ceniza, lámina de almizcle mío y muerto, ven, tócame aún estos rostros tuyos, usa mis corazones y mis largos caminos de llagas en las ruedas del cielo. No dejes de ofrecerme entre tus hojas ese pastel de sangre, ese animal obscuro,cuyas garras surgen a través de epígrafes prohibidos. No bajes tu cornamenta, luna terrible. Húndeme tus lenguas afiladas en las manos que coloco en la madera virginal. Tenme en ti desgarrado y que de mi cuerpo como armario, salgan tus vestidos de centenas, de lentejuelas y pinchos como espejos. ¡Oh, sepulcro mío, profundidad!

    *

    Nada puede avanzar. Todo termina en mutilación. Inmensos valles cortados a pico, corderos sin cabeza, manos de cuatro dedos, auroras devoradas. Y dentro de la roca, nuevos ardientes ruidos, matrimonios horribles de azufre y de mercurio, un humo denso y frío, agitado, no obstante, por despiadado fervor. Entre la casa de hierro y sus filas de cristal se reordenan en la verja azulada, hay un resplandor agudísimo, que comienza más allá del dolor. Cada cadena se desprende sola y grandes águilas blancas iluminan el sol al mediodía.

    *

    De pronto, todos los tambores de Vallcarca están sonando. Los timbales añaden su estrépito. Y el gong. Pasan procesiones de monjes vestidos de amarillo. Procesiones de monjas vestidas de lagarto. Pasan dragones negros, dorados; los grandes dragones rosas. Redoblan los tambores y chillan las flautas como ratones. Paso yo, con mi túnica anaranjada, camino de la cima pedregosa, donde dos centuriones ayudan al sacerdote de los sacrificios.
    ...




    Poemas sueltos (1944-1959):


    ACASO

    a María Burgos

    Careceré de perlas y de trigos.
    Me moriré yo solo en mi ventana.
    Pasarán lejanísimos paisajes
    entre el cielo y mis labios.

    La llanuras se irán poniendo blancas
    como prados de cera desolada.
    En medio del amor y del espacio
    careceré de ramas y de besos.

    Tú, no infinitamente
    asida a mi atención ni a mi destino,
    cantarás en los árboles del miedo,
    residirás jardines afligidos.

    Acaso volverás a aquel instante
    donde yo todavía permanezco;
    en tus ojos azules.


    JUAN EDUARDO CIRLOT, En la llama. Poesía (1943-1959), Siruela, 2005


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