Aires de Libertad

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    Luisa Castro (1966-

    Pedro Casas Serra
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    Luisa Castro (1966- Empty Luisa Castro (1966-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 23 Jul 2022, 13:30

    .


    Luisa Castro  (Foz, Lugo, España; 1966) es escritora y columnista en lenguas gallega y castellana. Actualmente es directora del Instituto Cervantes en Nápoles, Italia.

    Biografía:

    Hija de un marinero y un ama de casa, Luisa Castro es la menor de dos hermanas. Publicó sus primeros artículos en El Progreso y El Faro de Vigo a los 16 años. En 1984 comienza sus estudios de Filología Hispánica en Santiago de Compostela y a los 19 años recibe el premio Hiperion de Poesía. Empieza entonces una colaboración semanal con el ABC, y se traslada a Madrid, donde también colabora como articulista en El País, El Mundo y en diversos medios de comunicación. Se licencia en Lingüística por la Universidad Complutense. Fue directora del Instituto Cervantes de Nápoles y en la actualidad dirige el de Burdeos.

    En 1990 recibe el Premio Rey Juan Carlos de Poesía, y publica su primera novela "El Somier", que es finalista del Premio Herralde ese año. A partir de entonces diversifica su carrera como novelista y poeta, y amplía sus estudios en Urbino (Italia)y en Nueva York, a donde se traslada en 1993 con una beca Fulbright para realizar estudios de cine.

    A su vuelta de Nueva York vive en Barcelona, donde imparte clases de Adaptación Cinematográfica en el Institut d´Humanitats y trabaja como jefa de prensa en la editorial Ronsel. En el año 2001 colabora con el Consello da Cultura Galega y comienza una colaboración con La voz de Galicia. Recibe el premio Azorín por su novela "El secreto de la lejía", publica "Viajes con mi padre", el libro de poemas "Amor mi señor", y la novela "La segunda mujer", que recibe en el año 2006 el premio Biblioteca Breve. Ha recibido también el premio Torrente Ballester por su libro de cuentos "Podría hacerte daño", y el premio Puro Cora de Periodismo. Sus colaboraciones periodísticas de La Voz de Galicia están recogidas en el libro "Melancolía de sofá"(Xerais, 2009) y una selección de su columna semanal en ABC durante diez años se encuentra recogida en el libro "Diario de los años apresurados" (Hiperion, 1997). Ha impartido conferencias y lecturas en universidades europeas, americanas y de Oriente Próximo, y Cursos sobre novela y poesía en la USC, entre otras instituciones.

    ( Sacado de https://es.wikipedia.org/wiki/Luisa_Castro )


    *


    Algunos poemas de Luisa Castro, de su obrs Los versos del eunuco, 1986:



    "Quis fuit horrendos primus qui protulit enses?"
    Q. Tibullus

    Un eunuco me escribe versos, versos
    de muerte, versos de palo,
    versos de almendro para jueces y palestras.

    Un eunuco me escribe versos verdecidos
    con un poco de higuera y de cangrejo,
    versos
    libres
    que dicen cosas grandes.

    Un eunuco me escribe versos y yo
    lo amo como a las niñas pobres
    que me visitan en el palio de la risa,
    y cada palabra es un alto mirador,
    una alondra inviolada
    que hay que astillar y sacudirse hasta el delito.

    Hay como que hacerse morir,
    es un empeño invernal.

    Un eunuco me fatiga desde siempre con sus versos.

    Yo lo amor como una salvedad de piedra
    florecida, como un impuesto de sangre, como una cicatriz
    que no poseo.


    *


    El que conoce mi nombre conoce la sed de los soldados
    el que conoce mi cuerpo conoce la lealtad a la intemperie
    el que conoce mi viña conoce sus frutos de estraperlo

    pregunto a los oráculos qué futuro ladrillo
    pregunto a los armarios qué sombras colocar
    pregunto a una mitad cuándo llega la muerte

    soy el que se comía las tizas de los colegios
    soy el que vomitaba la sangre por los salones
    soy el bajito que tuvo una novia y se esfumó con un turista

    se agolparán las viudadas con el levantado velo
    se agolparán los tenderos con las manos cortadas
    se agolparán los maestros con lupas y mucha pena.



    ANTES DE SER ÁRBOL FUI CAZADOR

    Antes de ser árbol fui cazador,
    cacé ciervos,
    cacé orugas,
    cacé negros caballos de río,
    cacé pájaros distintos en el ala de la noche,
    cacé nobles dentaduras de conejo,
    cacé un asno antiguo en el ojo de la higuera,
    cacé vacas gordas con el cuerno habitado de pistilos,
    cacé larvas para ti de pequeñita muerte,
    cacé libélulas con el cuello dibujado
    y rostros de sirena en el culo del invierno
    cacé.

    Antes de ser puente fui incendiaria
    y en cada cabello abrí una brecha
    como un barco.
    Sabía el fuego,
    conocía las artes. Parte de mis dedos
    se ardieron y así vistes: piel bajo
    la piel, en el útero
    ceniza
    y así nazco.

    Ahora soy domador. Vivo en el circo
    y luego lo peor
    cuando la fatiga y la tarde
    y una plantación de eunucos que regar
    en el corazón imberbe de la tierra.




    Algunos poemas de Luisa Castro, de su obra Ballenas, 1988:



    Pero nunca más
    olvidaré en el barco la muda y el reloj.

    Sé como se ríen
    el contramaestre,
    el patrón de pesca,
    el armador desde el muelle con su mujer
    que huele a ponds,
    viéndome pedalear en el kilómetro cero.
    Sé como se ciñen la espalda a lo lejos
    mientras yo pienso en lamer tu carmín prferido
    y cuento los árboles
    para no cansarme.


    *


    No hay descanso.
    Que no haya descanso.
    Que todas las merluzas se reúnan para ahogarme,
    que todos los marrajos me tiendan su trampa,
    que me apresen las lanchas,
    que me enrede en el palangre,
    que los peces sapo me devoren los dedos,
    que me atraviese el espada,
    que todos los golpes de mar vengan a por mí
    o me hundo solo
    con la botella y tus ojos de enfadada.


    *


    Los chicos del Grupo son salvajes como yo.
    Tragamos cristales y soy el jefe indio.
    La tribu me obedece
    porque tengo en la lengua cristales
    y me alimento de tierra.

    Tocamos la calavera de los postes sin prevención,
    nos amamos por las tardes en la guarida del zorro
    cerca del andén donde la gente espera
    con fruta para enfermos.
    Huimos a la playa y no vamos al colegio,
    nuestros padres nos buscan hasta el anochecer,
    estamos ahogados entre los brazos del pulpo,
    mi peinado se deshace contra las rocas.


    *


    Es estrecha la arena
    y mi león preferido me cuenta mentiras,
    como mi abuelo
    y los vientres de esas ballenas
    que decía que tenían continentes arrestados,
    cachalotes malvados en castillos con cadenas.

    Nunca más creeré a mi abuelo
    robando pez espada en las costas irlandesas,
    nunca más le escucharé.

    Puedo estar segura:
    en el vientre de las ballenas solo vivo yo
    esperando la hora
    de que atraquen los barcos.


    *


    Mi madre trabaja en una fábrica de conservas.
    Un día mi madre me dijo:
    El amor es una sardina en lata. ¿Tú sabes
    cómo se preparan las conservas
    en lata?
    Un día mi madre me dijo: el amor es una obra de arte
    en lata.
    Hija,
    ¿sabes de donde vienes? Vienes
    de un vivero de mejillones
    en lata. Detrás de la fábrica, donde se pudren
    las conchas
    y las cajas de pescado. Un olor imposible, un azul
    que no vale. De allí vienes.

    Ah!, dije yo, entonces soy la hija de la mar.

    No.
    Eres la hija de un día de descanso.

    Ah!, dije yo,
    soy la hija de la hora del bocadillo.

    Sí, detrás, entre las cosas que no valen.


    *


    Cuando estemos juntos en el limbo de los niños sin bautizar
    el futuro es que tú arrugues los ojos fotofóbicos
    como si no vieras absolutamente nada, nada más
    que a las hamacas
    y a mí, que me gusta la épica
    y lo cambiaría todo por Virgilio.
    Pero no te pongas enfermo nunca.
    Mi padre dice que en las Islas Kilda no hay asistencia médica
    ni pías.
    Si morimos allí nos llevará el demonio a su sitio,
    nos llevará el demonio íntegros para su sitio.




    Algunos poemas de Luisa Castro, de su obra Los hábitos del artillero, 1990:



    LOS APEROS

    Mi abuelo coleccionaba relojes de mal oro,
    gaitas de segunda mano,
    motos
    abandonadas
    a la vegetación de los caminos.

    El las limpiaba de babosas
    y cardos,
    cuidadosamente
    las pintaba de rojo.

    Hasta no reconocer su objeto.

    En su cuarto bajo llave
    dormía un cementerio
    de hoces dentadas.

    Los aperos inservibles para la labranza
    escondían su vergüenza
    bajo diez capas de purpurina.



    MUDANZAS

    Así como vertían su líquido enfermo
    los años,
    se iba llenando la casa de averías.

    Los hombres
    con el tiempo
    se hacen graves y atesoran una pequeña fortuna.
    El paso de los años deja un cúmulo de astillas,
    viejos muebles renovados,
    escenarios que la luz de la casa
    destiñó,
    expuestos al sol falso del Norte
    quemados cortinajes.

    Viviendas de formica.

    Me preguntaba entonces
    en el glorioso día del cambio
    si mi alma sería también una pared
    protegida por cuadros infames,
    si alguien levantaría esa parte no usada,
    sorprendida en el trasiego de los cuartos,
    paralizada, sin suerte,
    como una cucaracha descubierta.


    *


    Si cae la tarde
    será peor.

    Y no sabré volver a casa
    cuando las sombras de los pinos
    ejecuten
    la danza de la muerte.



    ESTOY CARGANDO O DESCARGANDO
    SUSTANCIAS EXPLOSIVAS

    Oirás un ronco batir de alas, que alguien
    en dirección contraria
    parte.
    Aventajados pájaros te indicarán la ruta migratoria.
    Se retiran las hordas del desierto hacia tiempos mejores.

    Tú, que podrías estudiar de cerca los hábitos
    del artillero
    y orientarte sin peligro entre los bancos de niebla,
    te salvarás también.

    Abandonarás el barco
    tras el camino recto.




    Algunos poemas de Luisa Castro, de su obra De mí haré una estatua ecuestre, 1997:


    INOCENCIA

    Se acabó la inocencia.

    Era una bebida empalagosa y breve,
    una comida exótica,
    ahora ya lo sé.

    La probé.

    De esas cosas que se toman un día
    y siempre las recuerdas,
    de esa gente que te encuentras
    y no vuelves a ver.

    Nunca sabrás lo que pasaría
    en el banco de la inocencia.
    Con los pies colgando
    allí solo vive la gente que no recuerdas,
    lo que nunca ha pasado.

    Te sentaste un momento
    a escuchar desde lejos la orquesta.
    Era duro y solitario
    el banco de la inocencia.
    Demasiada prisa en volver
    como para olvidarte algo.

    Ahora ya lo sabes,
    la inocencia es esa gente
    que se quedó tu chaqueta.



    BUENAS NOCHES

    Yo solo espero
    que llegue la noche para poder dormir.

    Darán las once -no es la hora
    todavía
    de que se acuesten los niños.

    Un poco más y podré cerrar los ojos
    hasta mañana.

    El día me despertará
    con la misma disculpa de siempre.

    Le perdonaré, sí.

    *

    Yo solo deseo
    que pase el tiempo y por fin llegue la muerte.
    Que pase sobre mi cabeza y mi cuerpo
    corriendo
    hasta que pueda decir
    basta, ya me has bautizado,
    nada nuevo sucederá
    si dejas caer sobre mí
    el agua y tus bendiciones.

    Solo deseo eso.
    Que pase el tiempo deprisa,
    que llegue la vejez
    y ya nada me importe,
    solo lo que a solas en mi corazón sobreviva,
    solo lo que me acompañe hasta allí
    y también allí
    todo eso me abandone.



    VISIÓN DE CIBELES

    Yo era una bella mujer que pasaba sin mirar
    y llegué hasta aquí y debí detenerme,
    dormirme,
    soñar con hojas y aves.

    Otras vidas fugaces como hojas o aves
    giran sin detenerse.
    No envidio sus viajes.
    Quieta,
    me quedo aquí de piedra.
    ¿Cuánto tiempo ha pasado desde que soy de piedra?
    ¿Cuántas hojas y aves han caído volando?
    Cuantas vuelven
    o llegan
    como tú,
    que me ves como nadie me ve,
    que no buscas en mis ojos respuestas
    ni haces preguntas,
    que pasas y miras sin querer
    lo que los otros no ven,
    lo que solo aquí se ve,
    los ojos blancos y abiertos de las estatuas
    que han llegado caminando de tan lejos
    y se paran
    y escuchan al vagabundo
    mientras los hombres se cruzan
    y se hacen preguntas
    en estas calles donde un día debí detenerme,
    dormirme,
    soñar con hojas y aves.

    *

    Como tú me ves nadie me ve.

    Con corazón de piedra
    apacigüe a la madre,
    liberé a aquel muchacho de la boca del tiempo
    con corazón de piedra.
    Frío y duro es mi corazón
    y nada hallarás en él
    del mundo conocido.
    Mi trabajo es sencillo:
    burlo al padre devorador de sus hijos
    con un niño de piedra
    y en mi sombra cobijo fugitivas muchachas
    y apaciguo a las madres.
    Te sonrío, es mi empleo.

    Pero no te miro de frente
    ni me vuelvo a mirar cuando pasas
    ni pregunto quién eres a las aves vecinas
    ni reclamo en tus ojos
    vanas complacencias.



    AGONÍA

    Tú no vienes.
    Te sientas a mi lado
    y te gusta hacer preguntas
    y esperas
    que yo extraiga un pez brillante
    del fondo del lago.

    Pescadora no soy.
    Nadie me ha visto enturbiando la orilla del río
    con unas botas de agua.

    Lo que estremece al buscador de oro,
    ese brillo convulso,
    para mí es dolor.



    EL PRÍNCIPE Y LA GOLONDRINA

    Hará pedazos mi corazón
    pero no espero otra cosa.

    Tiritarán los árboles,
    detrás de cada hoja adivinaré un pájaro
    con su misma cara,
    el sustento llegará por bocas enemigas,
    tórtolas piadosas enviarán mensajes,
    en cada tronco y cada rama
    encontraré una señal amenazante o propicia,
    me olvidaré del deber, olvidaré a los amigos,
    las cosas por hacer se irán acumulando
    y quedando atrás la caza y el vuelo.

    Adelgazaré,
    llegará el día de emigrar al calor
    y no me encontrará la jefa de escuadra,
    retrasaré los planes de la colectividad
    y la geología.
    La naturaleza se detendrá en un pozo de dudas por mí,
    y yo me quedaré atrás.

    Pero no espero más:
    hará pedazos mi corazón.



    AMOR PRÓDIGO

    Te llamé esta tarde pero no estabas.
    Volvía a llamar después desde la calle;
    pensé que quizás habías salido un momento,
    que regresarías pronto.
    Pero la tercera cabina no funcionó
    y en la cuarta estabas comunicando.
    La quinta vez parecías dormido,
    tardaste en descolgar,
    no quisite entender mi voz,
    repetiste una y otra vez la palabra diga
    sepultando con paladas de tierra
    los ojos parpadeantes de la esperanza.



    BUCEA

    No llenes el foso de cocodrilos,
    no lo hagas, bésame,
    yo luego no podré tirarme de cabeza
    y todo terminará como siempre
    sin haber empezado.
    Llévate mi vida, deja en paz mi pelo,
    lleva todo lo que tengo, nunca encontrarás
    el nudo oculto de mi cabeza, no me des
    la lata más, no me dejes un regalo
    ni quieras beberte mi copa, llévate
    mi vida
    y no me mires más.

    Solo bucea,
    clava el arpón en tu presa,
    afina y discierne
    porque ya no eres joven.



    MATERNIDAD DE LAVANDERÍA

    En la bolsa de la ropa limpia
    alguien ha metido
    dos calcetines de niño.
    Los descubro al llegar a casa,
    diminutos sobre la cama roja.
    Los dos son de la misma medida,
    apenas diez centímetros,
    pero están desparejados.
    Uno, completamente blanco,
    el otro, con dos rayas azules sobre el tobillo.
    Quizás pertenezcan a niños distintos,
    o al mismo niño y distinta pareja.
    Quizás estaban dentro de la lavadora
    antes de que mi ropa entrara,
    o entraron luego, en la máquina de secar.
    Debería bajar a la lavandería y devolverlos.
    O esperar al próximo lavado
    y enterarme antes si han preguntado por ellos.
    Si nadie ha preguntado me los quedaré.
    No puede ser
    que dos calcetines de niño
    pasen el invierno en los fondos
    de la ropa extraviada de la lavandería.
    Están mejor aquí.
    Cuando crezca me servirán.




    Última edición por Pedro Casas Serra el Sáb 23 Jul 2022, 14:44, editado 1 vez

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    Luisa Castro (1966- Empty Re: Luisa Castro (1966-

    Mensaje por cecilia gargantini Sáb 23 Jul 2022, 14:43

    Empecé a leer algunos poemas y me atrapó. Gracias Pedro, por presentarme a alguien valioso una vez más.
    Volveré. Besossssssssssssss
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    Luisa Castro (1966- Empty Re: Luisa Castro (1966-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 24 Jul 2022, 03:59

    Gracias a ti por tu interés, Cecilia.

    Un abrazo.
    Pedro

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    Luisa Castro (1966- Empty Re: Luisa Castro (1966-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 24 Jul 2022, 04:12

    .


    Algunos poemas de Luisa Castro, de su obra Amor mi señor, 2005:


    Orden de amor me dio
    el que delante va
    y no miró.
    Tanto su cabellera amé,
    tanto escuché su voz
    y no lo pude ver.
    Su cara me ocultó,
    tirano fue
    y no me persuadió.


    *


    No fue humano tu amor,
    no fue de hombre tu mano,
    tus ojos no fueron de hombre,
    no fue tu nombre de hermano.

    No fue ni amigo ni padre
    ni guía ni redentor,
    no fue ni siquiera un dios
    y sin medida fue amado.

    ¿Qué me diste? Qué te di
    que nunca te viste saciado,
    campo que todo lo bebes,
    fuente que todo lo secas.

    Amor que todo lo pides
    y nada das que no sea
    a cuenta de usura, alegre
    fuente que todo lo secas.


    *


    No me alcanzó el enemigo,
    no me batió el contrario,
    no me derribó el hostil;
    tus ojos me atravesaron.

    No fue el frío del invierno
    ni el cansancio de la lucha
    ni los días sin dormir;
    tus ojos, que no miraron.

    Gané batallas a mares,
    nunca un trofeo exhibí.
    Y porque te busqué los ojos
    me lanzaste tus puñales.


    *


    No te apiades de mí, no,
    monarca de siete castillos,
    de ojos como cuchillos,
    respeto ya te perdí.

    No sabe amor que es amor
    ni señor lo que es soldado,
    tus ojos me atravesaron,
    respeto ya te perdí.

    Siguieron mi paso perros
    que yo mismo amaestré,
    no deja rastro de sí
    quien respeto te perdió.

    Quien de señor fue vasallo
    ahora adora otro Dios.
    De mí no te apiades, amor,
    respeto ya te perdí.


    *


    Reconozco que existe el amor,
    sin embargo
    alguien debería preparar a los enamorados
    para combatirlo
    desde el primer día.
    Aquellos elegidos deberían saber
    que amor lleva en su seno
    una trampa para iniciados.
    Solo los que soportan su asedio,
    los fuertes que no sucumben
    a ninguno de sus encantos,
    aquellos a los que amor no cambia
    ni antes ni después
    solo ante ellos amor es verdadero.

    Pero la niña que creció de pronto
    y se hizo esposa y madre,
    y el malvado de corazón
    que por concurso de amor se hizo bello,
    y el guerrero al que amor dio una noche
    de libertad
    y una coartada para vencer,
    aquel pérfido al que amor convirtió en cómplice
    y la candidez de ella que amor enterró
    en caja de veneno,
    ellos, los transformados,
    nunca volverán al lugar original,
    a aquel momento en que amor
    les señaló.
    Y amor les abandonará,
    pues esa es su misión.


    *


    Tal vez comprenderé,
    en los callejones del nuevo día
    con ese olor todavía a barrido,
    comprenderé tal vez.

    No preguntes. Comprende.
    Vacía la botella
    y observa ahora su contenido.
    ¿No es acaso más bella
    sin nada que guardar?

    El amor era dulce, sí,
    pero su recuerdo ya no me es ingrato,
    de este lado del tiempo
    corren mis lágrimas
    por los callejones del nuevo día.

    Y comprendo.

    Comprendo y no olvido
    los lugares del bosque
    donde Amor hizo su hoguera.
    Sus cenizas
    orientan hoy mis pasos
    y salto sobre ellas sin miedo.

    Ayer la visión de un solo rescoldo
    convertían mi alma en el reino
    del pavor y la indignación,
    y hoy
    salto sobre sus cenizas.


    LUISA CASTRO, La fortaleza. Poesía reunida (1984-2005), Visor, 2019




    Algunos poemas de Luisa Castro, de su obra Actores vestidos de calle, Visor, 2018:


    OSETIA, 2004

    Yo no puedo correr la cortina,
    no puedo,
    a través de la tupida tela
    veo sus ojos amedrentados,
    ante la muerte sus ojos desnudos y secos,
    ellos que tanto habían llorado
    por pequeñas querellas de patio
    donde los niños se entrenan.
    Estupefactos,
    vacíos de todo afecto,
    yo no puedo olvidar su brutal soledad
    de niños vueltos ancianos de pronto,
    sin techo,
    sin años que los entrenen
    para morir.

    Septiembre mortal de 2004,
    en todas mis acciones vaga tu sombra,
    cuando ordeno mi bolso
    puenso en sus huesos quebrantados,
    tibias que nunca llegaron a su plenitud.
    Y es verdad
    que apenas dos días antes
    el amor crecía en mí
    como las flores en un campo abierto,
    yo no sabía que era mayor nuestra prisa,
    mis pequeños niños,
    quién después de esto
    puede mirar atrás.

    No, no sois nuestro futuro roto,
    erais el pasado,
    aquello en lo que existíamos
    y ahora también con vosotros
    nosotros desaparecimos.

    Año cero de mi vida, Osetia,
    tendrás otra mujer frente a ti,
    la que no se anda con prerrogativas.
    Mataste a mis hijos, malvado,
    los que yo podría haber criado y alimentado
    solo porque así lo dispuso el azar
    estuvieron ante tu metralleta.

    Ya no son de nadie.

    Tú los lanzaste, espantoso,
    a un mundo sin atracciones ni pertenencias,
    y yo siento que caen
    sin llegar jamás de retumbar sus cuerpos
    contra un asfalto que pudiera servirles
    de freno y de abrazo.

    Caen y caen
    y en su caída infinita
    por siempre atentan contra el orden de los astros
    que tú quisiste alterar.

    Son tus proyectiles mis niños,
    los que caen y caen,
    porque cómo van a morir
    aquellos que todavía
    tenían que doblar el ancho de su espalda
    y el grosor de su cuello.

    Cómo puede alcanzar su final
    aquello que solo tuvo tiempo de ser principio.
    Cómo puede alcanzar el olvido, dime.
    Yo no puedo olvidar.


    *


    ¿A quién entierras si no es al indeseado?,
    ¿Quiénes somos si no nuestros recuerdos?,
    qué animal, qué pájaro soñó
    con ser digno así de honores.
    Te equivocas, hombre, queriendo extender las alas
    como los pájaros,
    se limpiará tu cadáver,
    se incinerará o tal vez
    reposará en un nicho, el pájaro no lo tuvo.
    Cada día de tus días pensarás que te equivocaste,
    te equivocas, hombre, ansiando una libertad
    que nunca tendrá la ligereza de lo salvaje.

    Tú no te desentiendes de los hijos que tuviste,
    lloras cuando te ofenden,
    sufres calladamente en tu noche amarga
    y al amanecer te yergues.

    Las tumbas no son recuerdos que tengas que enterrar.
    Contemplar el mal sin una lágrima,
    eso es vivir.


    *


    Al reino de las palabras has llegado
    porque no podías existir,
    pero ahora que las tienes, que te abrazan,
    preferirías salir corriendo,
    volver a la inexistencia,
    pero tú sabes
    que la inexistencia está poblada de monstruos,
    los conoces,
    ¿a qué temes entonces?,
    habla,
    habla como te han enseñado a hablar desde la cuna,
    habla y di luz,
    di agua,
    di las cosas que conoces,
    las que te confunden,
    equivócate,
    habla de memoria entonces,
    pero no calles nunca.

    Corrígeme,
    precisa lo que el algo no quiere precisar,
    acállalo,
    pero no te olvides
    de que ese algo está entre nosotros,
    él tiene que enmudecer para que tú y yo hablemos,
    pero no anda muy lejos,
    nos vigila siempre,
    como un niño al padre al que proteger.

    Enséñale al algo a comportarse,
    que tenga siempre presente su insignificacia,
    es el único modo de que pueda sobrevivir,
    ámalo,
    pero no me ames a mí,
    algo entre nosotros
    es mucho más que tú y yo.


    *


    Actores
    vestidos de calle

    sin papel,

    actores sin papel
    por la calle.


    *


    De todos
    el que más me convence de cuantos llegan
    es el misericorde,
    el que escucha paciente las iras del que sufre,
    pero ese no canta,
    sabe
    que no puede cantar,
    aunque su imaginación
    tenga que hacer ejercicios para evadirse
    no se marchará hasta que el hombre
    deje de llorar sobre la escena.

    Los que opinan,
    los que afirman,
    los que dan la razón al que sufre
    regresan a sus casas antes de que termine,
    saben cómo termina,
    pero el misericorde escucha,
    solo él comprende
    que algo precioso ocurre allí.


    *


    Los náufragos del mundo,
    también ellos tienen asiento.
    no en la primera fila, eso no,
    pero en la retaguardia
    nos observan,
    mientras comemos
    nos observan,
    mientras hablamos
    ellos nos ven,
    no esperan una limosna,
    no tienen ni idea de nuestras conversaciones,
    no entienden nuestra religión,
    pero son susceptibles a la grandeza de las pasiones,
    aprecian el brillo de nuestras miradas,
    leen en nuestros labios,
    podrían llegar a aprender nuestra lengua.


    *


    El marido domina la conversación,
    el marido no escucha y percute y galopa sobre un solo objetivo,
    dejar a la que escucha sin palabras,
    pero qué hace una mujer cuando se queda sin palabras,
    escucha,
    escucha abatida sin saber cómo acabará esta conversación,
    no está de acuerdo con lo que escucha
    pero el marido no puede ser interrumpido,
    y como tal marido
    el marido afloja, cuando ve que la que escucha calla
    y calla más, y el marido afloja,
    al final de la conversación el marido bendice a la que escucha
    callada,
    y de pronto le da la vuelta a la tortilla,
    de repente encuentra algún argumento que le salve también a él,
    que le salve
    del silencio que ha creado,
    y se vuelve magnánimo,
    y se vuelve comprensivo,
    y la que escucha le da las gracias,
    le da las gracias por haber hecho un uso tan sabio de las palabras,
    le da las gracias por haberse parado al borde del precipicio,
    la que escucha le da las gracias,
    gracias, dice,
    gracias por devolverme el habla,
    me alegro de que esta conversación termine bien.


    *


    Sabe Dios con qué he soñado esta noche,
    el mundo se acababa
    y yo debía expiar todos los crímenes,
    todos los había perpetrado yo,
    eran imperdonables
    y en mi cuerpo no cabían los dolores,
    no había sitio en la cama
    para todos los que venían a pedirme cuentas,
    deudores y razones,
    el amor abandonado,
    hijos ajenos y propios desfilando
    con sus pliegos de culpas ante mí,
    padres indiferentes, naufragios y calamidades
    a mi cargo,
    no tenía sentido despertar,
    abrir los ojos al día,
    la primavera estallaba y el lenguaje
    me había abandonado.
    Cualquier cosa que dijera,
    cualquier cosa que pensara
    sería en mi contra.
    Yo era juez y acusado,
    yo era testigo y víctima,
    y dentro de aquel cuerpo
    mi condena era vagar
    registrando eternamente
    la belleza del mundo.


    *


    No, los dioses no existen
    en este lugar del mundo,
    no son necesarios,
    la vida es hermosa sin ellos, ¿no lo ves?
    Ella sola se organiza de la mejor manera,
    ella sola se las compone.

    Pero ese joven,
    ¿dejará de ser?


    *


    Para llegar a ser un ángel
    me han hecho falta
    cuarenta y nueve años,
    pero no me engaño,
    mil veces preferiría
    no haberlo sido,
    no haber volado
    de mi propio cuerpo,
    de mis dos certezas,
    de mis tres creencias,
    del pequeño diccionario
    que me devolvía
    una y otra vez
    a la lengua madre
    y a la lengua oculta
    y a la lengua muerta.


    *


    Si tuviera que describir la esencia de tu ser,
    amor mío,
    si tuviera que emplear una palabra para encontrarte
    en medio de mucha gente
    en una ciudad perdida,
    yo preguntaría
    a toda esa gente
    por una estrella de mar.

    Al primer paseante preguntaría
    por una estrella de mar.
    ¿Ha visto usted una estrella de mar?

    No llevaría conmigo tu fotografía,
    se me olvidaría tu nombre.

    Me expresaría con mis manos,
    con mis dedos dibujaría
    ante sus rostros maravillados
    una estrella de mar.


    LUISA CASTRO, Actores vestidos de calle, Visor, 2018.

    Pedro Casas Serra
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    Luisa Castro (1966- Empty Re: Luisa Castro (1966-

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 10 Mar 2024, 14:14

    .


    Dos poemas más de LUISA CASTRO:


    LOS CHICOS QUE VIVÍAN EN LA CIUDAD
    NOS TENÍAN MIEDO

    Los chicos que vivían en la ciudad nos tenían miedo.
    Levantaban hermosos castillos en la playa
    por un minúsculo puzzle de Michelín,
    hinchaban globos durante horas,
    paseaban el espigón, comían pececitos con sabor
    a gasoil.
    Los besos temerosos de los chicos de la ciudad
    sabían a gasoil, napolitanas
    y miedo.

    Cuando mi primo amenazaba con su presencia
    los chicos de la ciudad se ponían chubasqueros
    y corrían a refugiarse en castillos
    altísimos de virtuosa construcción.
    Solitarios.

    Nosotros no teníamos tiempo para puzzles ni castillos:
    respetábamos la arena.



    EL CERDO

    Me habían puesto una falda nueva porque llegaba gente,
    el agua de colonia,
    rescatada de la profundidad de los armarios,
    resbalaba por mi frente
    una vez al año, por diciembre,
    tibia.

    Tengo una capacidad de olvido propia de la niñez,
    pero mi casa no tenía un lugar para la muerte,
    así que había que morir en el pasillo,
    improvisar su ataúd de sal,
    una roldana de muerte
    en el rellano de la escalera.

    Y atravesar la escena
    sólo para beber agua.

    Las tripas, el riñón, el corazón, el hígado,
    desaparecen pronto de mis sueños.
    Su llanto en mi cabeza reproduce débiles resonancias.


    LUISA CASTRO
    de Ellas tienen la palabra. Dos décadas de poesía española. Edición de Noni Benegas & Jesús Munárriz. Hiperión, 2006.


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