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Georg Trakl (1887-1914)

Pedro Casas Serra
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Georg Trakl (1887-1914) Empty Georg Trakl (1887-1914)

Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 23 Jun 2022, 13:45

.


Georg Trakl
(Salzburgo, Imperio austrohúngaro, 3 de febrero de 1887-Cracovia, Imperio austrohúngaro —actualmente Polonia—, 3 de noviembre de 1914), fue un poeta austriaco, en lengua alemana; uno de los iniciadores de las vanguardias y el expresionismo literario.

Biografía

Su padre, Tobias, era un luterano comerciante en ferretería, su madre, Maria Halik era una católica con orígenes eslavos, melómana y coleccionista de antigüedades. Georg tuvo seis hermanos: Wilhelm (de un matrimonio anterior del padre), Gustav, Maria, Hermine, Friedrich y Margarethe (Gretl).

Tras una infancia serena, que pasó jugando con su hermana menor Gretl (nacida en 1891), aprendiendo música (ambos hermanos tocaban juntos el piano) y literatura, terminó por iniciar una relación incestuosa con su hermana que marcó seriamente el resto de su vida.

Tras cursar el gymnasium (los estudios medios) en el Salzburg Staatsgymnasium donde estudió principalmente griego, latín y matemáticas, en 1904 no pudo superar el examen final. En ese mismo año inició decididamente su actividad poética. En 1905 comenzó a trabajar en una farmacia llamada Zum Weißen Engel ("El ángel blanco", cuya denominación parece obedecer a la venta de cocaína, droga entonces legal). El hecho de tener a su alcance diversas sustancias psicotrópicas facilitó el desarrollo de su drogadicción.

Acentuó su cultura literaria leyendo a su admirado Hölderlin, y además a Baudelaire, Nietzsche, Rimbaud, Maeterlinck, Dostoievsky, Ibsen y Strindberg; inició una vida bohemia al formar parte del círculo poético Apollo; en esa época redactó también artículos para el diario local Salzburger Volkszeitung ("Periódico del pueblo salzburgués") e hizo representar sin éxito los dramas: Totentag ("Día de muertos") –(1904)– y Fata Morgana (1906), así como una tragedia, Don Juans Tod ("La muerte de Don Juan") en 1908. En este mismo año publicó en el diario salzburgués su primer poema: Das Morgenlied ("Canto matinal").

Tras lograr concluir los estudios del Gymnasium se inscribió en la Universidad de Viena donde cursó la carrera de farmacia y obtuvo en 1910 el diploma de Magister Farmaciae (maestro farmacéutico); por ello el servicio militar le destinó a una unidad sanitaria entre 1910 y 1911.

Regresó a Salzburgo en septiembre de 1911 y en 1912 obtuvo un empleo en el hospital militar de Innsbruck, en donde conoció a Ludwig von Ficker, fundador de la revista Der Brenner ("El Fanal", o "El Incendiario", nombre también del principal puerto de montaña entre Austria e Italia en el Tirol). Se trataba de una revista de vanguardia literaria en la que en mayo del citado 1912 publicó varias de sus principales poesías; por estas contribuciones empezó a gozar de un cierto reconocimiento público.

Obtuvo en Viena un empleo en el Ministerio de Obras Públicas, pero renunció a las dos horas de iniciar el trabajo y volvió a su ciudad natal. Otras dos veces reiteró esta incapacidad para dedicarse a un trabajo estable que permitiera su autosustento. En Viena conoció a Ludwig Wittgenstein, a Adolf Loos y a Karl Kraus, así como al pintor Kokoschka.

En julio de 1913 publicó en Leipzig una primera recopilación de sus Gedichte (Poesías); sin embargo, drogadicto y alcohólico como era, padecía frecuentes crisis depresivas y le era imposible lograr un trabajo que no abandonara. Marchó a Berlín para reencontrarse con Gretl, que se había casado y divorciado enseguida provocándose un aborto por el cual se hallaba internada.

En 1914 fue reclutado para luchar en la Primera Guerra Mundial como oficial médico; su participación en la batalla de Grodek (actual Horodok en la Galitzia ucraniana) implicó que debiera asistir sin medicinas a noventa heridos graves; esto agravó su depresión, le ocasionó una grave crisis nerviosa y le provocó su primer intento de suicidio, motivo por el que fue internado el 7 de octubre de 1914 en un manicomio de Cracovia; allí escribió uno de sus poemas más conocidos, ("Grodek"), redactó su propio testamento (en que dejaba a su hermana Gretl una importante suma de dinero que le había facilitado su admirador, el futuro filósofo Ludwig Wittgenstein, y a von Ficker, quien le había ido a visitar, el legado poético llamado Klage II o "Lamento II"). Se suicidó el 3 de noviembre de 1914 con una sobredosis de cocaína.

Al saber de su muerte, su colega en poesía, Rainer Maria Rilke escribió: «¿Quién pudo él bien ser?». Póstumamente se editó una segunda recopilación de los poemas de Trakl, llamada Sebastian im Traum (traducida al castellano con el título "Sebastián en sueños" o "Sebastián en sueño").

Su hermana Gretl se suicidó en 1917. Desde 1953 existe en Austria el Premio Georg Trakl de literatura.


Crítica

Trakl se consideraba el continuador y sucesor de Hölderlin, cuyo estilo asimila y moderniza dentro de la estética del expresionismo, pero en él también influyeron Novalis y Rimbaud. En él aparecen los temas del expresionismo salvo el mundo del trabajo y la ciudad: la descomposición del yo a causa de la sociedad moderna, la angustia, la locura, el suicidio, la muerte, la vejez, la ruina, la enfermedad: «Todos los caminos conducen a la putrefacción negra». El hombre está en el centro de sus representaciones y no tiene sino un destino: pudrirse. Esta visión escatológica y apocalíptica, se desarrolla en un mundo sin Dios o donde Dios ha muerto según pregona Nietzsche, de quien Trakl asimila el nihilismo, otro tema expresionista. La vida está vacía de sentido. "Yo no he nacido sino a medias", escribió.

La poesía de Trakl va del decadentismo a lo Hugo von Hofmannsthal a la experiencia feroz de la Primera Guerra Mundial. En su estudio de 1961, La literatura expresionista alemana, de Trakl a Brecht, Walter Muschg lo relaciona con todos los Karl Kraus, los Döblin, Werfel, Toller, Loerke, Heinrich Mann o Adolf Loos, y en especial lo compara con otro genio precoz, Hugo von Hofmannsthal:

   La diferencia está en que Trakl vive lo que Hofmannsthal sólo escribe. Su conmoción queda patente en el desmoronamiento de las bellas imágenes de Hofmannsthal. La 'estructura' de sus versos es expresión, declara algo. Contiene una fuerza irresistiblemente explosiva, que se impone de forma tan funesta, que el mismo Trakl no es capaz de resistir su expresión y acaba destrozado. Su melancolía no sólo está determinada por la época, no es consecuencia de su alcoholismo y de las drogas, sino que existía ya desde un principio. Ya en una fotografía que le muestra a la edad de tres años, sus ojos tienen una expresión de incurable tristeza.

Trakl es un poeta tristísimo, obsesionado con temas como el mal y el desarraigo, que expresa de un modo oscuro y tétrico, lleno de herméticas alegorías y con un tono fuertemente desgarrado lleno de pesimismo. El paisaje, en él, es subjetivo, casi siempre de otoño y en todo caso opresivo y sombrío. En uno de sus aforismos dice: "Sólo aquel que desprecia la felicidad obtendrá la consciencia". Pone en escena personajes indeterminados como el huérfano, el viajero, el viejo, el novicio o figuras famosas pero sin orígenes ni identidad, como Kaspar Hauser, Elis o Helián; la poesía de Georg Trakl da la impresión muy a menudo de ser impersonal. Escribió a su amigo el escritor Erhard Buschbeck: «Terminaré por quedar siempre como un pobre Kaspar Hauser». Los colores en él son simbólicos: el blanco o el negro evocan la muerte, el azul la pureza.


( Sacado de [Tienes que estar registrado y conectado para ver este vínculo] )


*


Algunos poemas de Georg Trakl, del Caliz de oro (recopilación 1909), en traducción de jenaro Talens:



TRES SUEÑOS

I

Creo haber soñado con un caer de hojas,
con bosques inmensos y lagos tenebrosos,
con el eco de palabras tristes -
pero sin comprender del todo su sentido.

Creo haber soñado con un caer de estrellas,
con súplicas llorosas de unos pálidos ojos,
con el eco de una sonrisa -
pero sin comprender del todo su sentido.

Como un caer de hojas, como un caer de estrellas,
así yo me veía, siempre yendo y viniendo,
eco inmortal de un sueño -
pero sin comprender del todo su sentido.


II

En el oscuro espejo de mi alma
hay visiones de mares nunca vistos,
tierras de fantasía, trágicas, desoladas,
que se disuelven en el azul, en el acaso.

Dio a luz mi alma un cielo de color sangre púrpura
inflamado de gigantescos soles crepitantes,
y brillantes jardines, extrañamente vivo,
con humo de placeres cálidos y mortales.

Y las fuentes oscuras de mi alma
generaron imágenes de noches monstruosas,
agitadas por cánticos sin nombre,
por la respiración de poderes eternos.

Mi alma se estremece oscura de recuerdos,
como si se encontrase al fin en cada cosa -
en los mares y noches insondables,
y en cánticos profundos, sin principio ni fin.


III

Muchas ciudades vi, presas de las llamas,
y el horror que sobre el horror los tiempos acumulan
y muchos pueblos vi convertidos en polvo
y todo deslizarse hacia el olvido.

Vi cómo los dioses se hundían en la noche,
las arpas más sagradas, inermes, destrozarse,
y de la corrupción nuevamente ascender
toda una vida nueva despertando a la luz.

Despertar a la luz y desaparecer de nuevo,
siempre una idéntica tragedia
que todos representamos sin poder entender,

y cuyos tormentos, de nocturna demencia,
coronan la suave gloria de la hermosora,
como un cosmos sonriente de espinas.



DE LOS DÍAS TRANQUILOS

Estos últimos días son tan espectrales
como el tenso mirar a la luz de los enfermos.
Pero el lamento mudo de sus ojos se posa
como sombra en la noche a que están destinados.

Incluso hasta sonríen y piensan en las fiestas,
en el temblor que producían canciones ya olvidadas,
y cómo buscan palabras para un gesto triste
que en el silencio infinito palidece ya.

De este modo el sol juega sobre flores enfermas
y las hace temblar de un gozo gélido como la muerte
en el aire claro de la altura.

Los rojos bosques murmuran en el atardecer
y el pájaro carpintero suena como la noche de la muerte,
como si fuese el eco de lóbregos sepulcros.



CREPÚSCULO

El dolor te ha descompuesto y  te ha desfigurado
temblando por las estridencias de todas las melodías,
arpa de cuerdas rotas, tú - pobre corazón,
donde crecen las flores enfermas de la melancolía.

Quién ha llamado al enemigo, al criminal
que te robó del alma el último chispazo,
y expulsó de este mundo miserable a los dioses,
e hizo una furcia de él, pútrida, enferma, fea.

Aún cimbrea de sombras una danza salvaje,
al compás de una música estridente y sin alma,
en torno al espinoso laurel de la hermosura

que, mustio, al vencedor, al perdido, corrona
- Mal premio que la desesperación ha disputado
y no reconcilia a la luminosa divinidad.



EL HORROR

Yo me vi caminar por estancias vacías -
Locas, bailaban las estrellas sobre el fondo azul,
y los perros ladraban en el campo con fuerza
y en las cumbres se desenfrenaba el viento cálido del sur.

Y de pronto: ¡Silencio! El ardor de la fiebre
hace que venenosas flores se abran en mi boca,
y de las ramas cae, como desde una herida,
un lívido rocío y cae,  cae como sangre.

Del vacío ilusorio de un espejo
emerge lentamente, como en la incertidumbre
de la tiniebla y el horror, un rostro: ¡Caín!

Las cortinas de terciopelo con suavidad murmuran
como al vacío, mira la luna por la ventana,
estoy, al fin, solo con mi asesino.



RECOGIMIENTO

Lo que de mi niñez no se llevó el olvido,
devoto recuerdo de un repique de campanas,
de los altares en todas las iglesias al atardecr,
del azul de sus cúpulas, tan grandes como el cielo.

De los acordes vespertinos de algún órgano,
del apagarse oscuro de las notas en las inmensas plazas
y del murmurar de fuentes, sumiso, dulce y suave
como el incomprensible balbuceo de un niño muy pequeño.

En sueños me veo juntar las manos en silencio,
musitando oraciones hace tiempo olvidadas
y oscurecer mis ojos una precoz melancolía.

Entre formas confusas, fulge allí
la imagen de una mujer, de luto riguroso,
que vierte el cáliz sobre mí de un horror desalmado.



LA CANCIÓN PROFUNDA

De la noche profunda liberado fui.
Mi alma se maravilla en la inmortalidad
¡Mi alma oye más allá del tiempo y el espacio
la melodía de la eternidad!
Ni día ni placer, ni noche ni dolor
es la melodía de la eternidad,
¡y ya no siento ni placer ni dolor
desde que escucho a la eternidad!



BALADA (I)

Tres signos escribió un loco encima de la arena,
una muchacha pálida estaba frente a él.
Cantaba muy fuerte, oh, cómo cantaba el mar.

En la mano tenía una copa
que brillaba hasta el borde,
como sangre roja y densa.

Ninguno dijo nada – el sol se puso,
el loco entonces le tomó de la mano
la copa y la vació.

La luz se le apagó en la mano,
el viento borró los tres signos en la arena -
Cantaba muy fuerte, oh, cómo cantaba el mar.



CANTO NOCTURNO

Sobre una oscurecida ola nocturna
canto mis trsites canciones,
canciones que sangran como heridas.
Pero ningún corazón me las devuelve
desde la oscuridad.

Sola la oscurecida ola nocturna
murmura mis canciones en medio de sollozos,
canciones que sangran por la herida
hasta que el corazón me las devuelve
desde la oscuridad.



GITANOS

En sus ojos nocturnos arde la nostalgia
por esa patria que jamás encuentran.
Les empuja un sino desdichado
que solo la melancolía podría sondear.

Les preceden las nubes sobre los caminos
una bandada de pájaros es quien los guía a veces
hasta que las huellas se pierden en el atardecer,
y el viento trae a veces un repique de oración

a la estrellada soledad del campamento,
que así, con más nostalgia, crecen sus canciones
y sollozan por el dolor
y por las maldiciones heredadas
que ninguna estrella de esperanza ilumina.



ÚLTIMAS NOTAS

Se apagó el último rayo pálido del día,
las pasiones de antaño se han disuelto,
derramado el vino bendito de mis alegrías,
llora mi corazón en la noche y escucharme
los ecos apagados de las fiestas de su juventud,
que en lo oscuro se pierden, poco a poco,
como las sombras, como las hojas muertas al caer
sobre una tumba abandonada en la noche otoñal.



SILENCIO

Brilla sobre los bosques, pálida,
la luna, que nos hace soñar,
el  sauce en el estanque oscuro
llora en silencio, en medio de la noche.

Un corazón se apaga – y poco a poco
se levanta la niebla como la marea -
¡silencio, silencio!


*


Algunos poemas de Georg Trakl, de Poemas (1913), en traducción de Jenaro Talens:



MI CORAZÓN AL ATARDECER
Tercera versión

Se oye de noche el estruendo de los murciélagos.
Dos caballos negros saltan por el prado.
Susurra el arce rojo.
Al viajero se le aparece la pequeña posada al borde del camino.
Deliciosos son el vino joven y las nueces.
Delicioso: vacilar ebrio por el bosque que se oscurece.
Suenan campanas dolorosas entre las negras ramas.
El rocío gotea sobre el rostro.



MELANCOLÍA
Tercera versión

Sombras azuladas. Ay, vosotros, ojos oscuros
que os quedáis mirándome al pasar.
Un dulce sonido de guitarras acompaña el otoño
en el jardín disuelto en lejanías marrones.
Manos de ninfas preparan la tiniebla severa
de la muerte, chupan de rojos pechos
consumidos labios y en lejía negra
se hunde la cabellera húmeda del muchacho solar.



EN UN VIEJO ÁLBUM

Regresas siempre, tú, melancolía,
oh dulzura del alma solitaria.
Hasta el fin se consuma un día dorado.

Humilde, con paciencia, ente el dolor se pleiga,
sonando de armonías y de dulce locura.
¡Mira! ¡Ya se hace de noche!

Vuelve otra ve la noche, un mortal gime
y otro comparte su dolor.

Temblando bajo estrellas otoñales,
cada año más se inclina la cabeza.



DE PROFUNDIS

Hay un campo de rastrojos, cae en él la lluvia negra.
Hay un árbol castaño que está solo.
Hay un viento que silba alrededor de las chozas vacías.
Qué triste es esta tarde.

Delante de la granja
la dulce huérfana aún recoge las escasas espigas.
Sus ojos muy abiertos y dorados pacen en el crepúsculo
y su seno aguarda al novio de los cielos.

De regreso al hogar
los pastores toparon con el dulce cuerpo
podrido en la zarza.

Soy una sombra, lejos de poblados oscuros.
De Dios bebí el silencio
en la fuente del  bosque.

Un metal frío aparece en mi frente.
Mi corazón lo buscan las arañas.
Hay una luz que se apaga en mi boca.

De noche me encontré en un matorral,
erizado de escoria y de polvo de estrellas.
En los avellanos
sonaron de nuevo ángeles cristalinos.



SALMO
Segunda versión

Dedicado a Karl Kraus

Hay una luz barrida por el viento.
Hay en el campo una taberna que un borracho abandona por la tarde.
Hay un viñedo negro y abrasador lleno de grietas y de arañas.
Hay una habitación blanqueda con leche.
El loco ha muerto. Hay una isla en los mares del sur
que acoge al dios del sol. Redoblan los tambores.
Los hombres bailan danzas guerreras.
Se contonean las mujeres entre enredaderas y flores de fuego,
cuando canta la mar. Oh, nuestro paraíso perdido.

Las ninfas han abandonado los bosques de oro.
Al extranjero lo sepultan. Más tarde empieza una trémula lluvia.
El hijo de Pan aparece bajo la forma de un excavador,
que duerme en el asfalto ardiente a mediodía.
Hay niñas en un patio con vestidos de una pobreza que acongoja.
Hay salas llenas de acordes y sonatas.
Hay sombras que se abrazan ante un espejo ciego.
Los convalecientes del  hospital toman el sol en las ventanas.
Un barco blanco viene por el canal cargado de epidemias sangrientas.

En los sueños malignos de alguno la hermana extraña se aparece.
Reposando en el bosque de avellanas juega con sus estrellas.
El estudiante, quizá un doble, la sigue con la vista desde la ventana.
Detrás está su hermano muerto, o bien baja la vieja escalera de caracol.
Entre pardos castaños, en la oscuridad, palidece el rostro del joven novicio.
Anochece el jardín. Sobre el claustro revolotean los murciélagos.
Los hijos del guarda dejan de jugar y buscan el oro de los cielos.
Los acordes finales de un cuarteto. La pequeña ciega corre por la alameda, va temblando,
luego su sombra, envuelta en fábulas y leyendas sagradas, corre a tientas por los fríos muros.

Hay un bote vacío que, al anochecer, baja a la deriva por el negro canal.
En la oscuridad del viejo asilo ruinas humanas se derrumban.
Los huérfanos muertos yacen junto a los muros del jardín.
De estancias grises salen ángeles con alas enlodadas.
Los gusanos gotean de sus párpados amarillentos.
La plaza de la iglesia es triste y silenciosa como en los días de la niñez.
Vidas que ya pasaron, sobre suelas de plata se deslizan
y las sombras de los condenados descienden a las aguas que gimen.
En su tumba juega el mago blanco con sus serpientes.

Silenciosos sobre el calvario se abren los aúreos ojos de Dios.



CANCIÓN DE ATARDECER

Si vamos por senderos oscuros al anochecer
se nos aparecen nuestros semblantes pálidos.

Si tenemos sed
bebemos el agua blanca del estanque,
la dulzura de nuestra infancia triste.

Muertos, reposamos bajo las ramas del saúco,
miramos las grises gaviotas.

Nubes primaverales amenazan la ciudad en tiniebla,
que hace callar los tiempos más nobles de los claustros.

Cuando cogí tus delgadas manos
alzaste con suavidad tus ojos muy abiertos,
de esto hace ya mucho.

Pero cuando aflige el alma una oscura armonía,
apareces tú, blanca, en el otoñal paisaje del amigo.



HELIAN

En las desiertas horas del espíritu
es hermoso caminar al sol
junto a los amarillos muros del estío.
Con suavidad suenan los pasos en la hierba, pero el hijo de Pan
siempre duerme sobre el mármol gris.

De noche en la terraza nos embriagamos con el pardo vino.
Arde el melocotón rojizo entre las hojas;
dulce sonata, risa alegre.

Es hermosa la quietud de la noche.
En la llanura oscurecida
nos encontramos con pastores y con estrellas blancas.

Cuando llega el otoño
hay en el bosque una claridad sobria.
Apaciguados caminamos junto a los muros rojos
y los ojos redondos siguen el vuelo de los pájaros.
Al atardecer el agua blanca cae sobre las urnas funerarias.

En las ramas desnudas el cielo está de fiesta.
Con manos limpias el labrador lleva el vino y el pan
y tranquilo madura el fruto en estancias al sol.

Oh, qué serio es el rostro de los muertos que amamos,
sin embargo, una mirada justa alegra el alma.

Es poderoso el silencio del huerto devastado
cuando el joven novicio corona su frente con hojas castañas,
cuando su aliento bebe un oro gélido.

Las manos alcanzan la edad de las aguas azules
o en la noche fría las blancas mejillas de la hermana.

Es armonioso y suave visitar las estancias amigables,
donde hay soledad y un murmullo de arces,
donde quizá el tordo canta todavía.

Bello es el hombre, una visión en medio de la oscuridad,
cuando atónito mueve los brazos y las piernas
y mudos en sus purpúreas cuencas se revuelven los ojos.

Al ángelus se pierde el extranjero en la negra destrucción de noviembre,
entre ramas marchitas junto al muro leproso
por donde el santo hermano ya pasó,
inmerso en el suave rasguear de su locura,

oh, qué solitario acaba el viento de la tarde.
Moribunda se inclina la cabeza en la oscuridad del olivo.

Tremendo es el ocaso de la estirpe.
En esta hora los ojos del que mira
se colman con el oro de sus estrellas.

Al anochecer se hunde un carillón, que ya no suena,
se desmoronan los muros negros de la plaza,
el soldado muerto  llama a la oración.

Ángel pálido,
entra el hijo en la casa desierta de sus padres.

Se fueron lejos las hermanas, donde blancos ancianos.
Las encontró el durmiente por la noche bajo las columnas del atrio,
al regresar de tristes peregrinaciones.

Oh, qué llenos están sus cabellos por culpa del barro y los gusanos,
cuando él está firme con los pies plateados
y ellas salen, ya muertas, de las salas desnudas.

Oh, salmos en la lluvia ardiente de la medianoche,
cuando los siervos golpearon los dulces ojos con ortigas,
los infantiles frutos del saúco
se inclinan con asombro sobre un sepulcro vacío.

Ruedan con suavidad lunas amarillentas
sobre las vendas que rebajan la fiebre del muchacho,
antes que siga al silencio invernal.

Un alto destino medita, a todo lo largo del Cidrón,
donde el cedro, una criatura mórbida,
bajo las cejas azules del padre se despliega,
sobre el prado, de noche, un pastor guía su rebaño.
O hay gritos en el sueño,
cuando en el bosque un ángel broncíneo se aproxima al hombre,
la carne del santo se deshace en la parrilla ardiente.

Por las cabañas de adobe trepa la purpúrea vid,
haces sonoras de mies amarilla,
el zumbido de las abejas, el vuelo de la grulla.
Los resucitados se encuentran en caminos de piedras al anochecer.

Los leprosos se miran en las aguas negras
o abren llorando sus vestidos fangosos
al viento balsámico que sopla desde la colina rosa.

Muchachas esbeltas van a tientas por las callejas de la noche
por si acaso encontrasen al pastor amoroso.
Los sábados en las cabañas suena un canto suave.

Dejad que la canción también recuerde al niño,
su locura y sus cejas blancas y su partida,
a él que, putrefacto, abre los ojos azulados.
Oh, qué triste es este reencuentro.

Los escalones de la locura en las negras estancias,
las sombras de los ancianos bajo la puerta abierta,
cuando el alma de Helian se mira en el espejo rosa
y nieve y lepra caen de su frente.

En los muros empalidecieron las estrellas
y las figuras blancas de la luz.

Del tapiz surgen huesos de sepulcros,
el silencio de las ruinosas cruces sobre la colina,
la dulzura del incienso en el purpúreo viento de la noche.

Oh, vosotros, ojos destrozados en negros orificios,
cuando el nieto en la demencia suave,
medita solitario en el oscuro fin,
el dios silencioso baja sobre él los párpados celestes.


*


Algunos poemas e Georg Trakl, publicados en la revista Der Brenner, en traducción de Jenaro Talens:



EL SUEÑO
Segunda versión

¡Malditos venenos oscuros,
blanco sueño!
Este extraño jardín
de árboles en penumbra,
lleno de sierpes, mariposas de noche,
de arañas, de murciélagos.
¡Extranjero! Tu perdida sombra,
en el crepúsculo,
un tétrico corsario
en el salado mar del desconsuelo.
En las fronteras de la noche vuelan pájaros blancos
sobre ruinosas ciudades
de acero.



LA PESADUMBRE

Eres poderosa, boca oscura
en el interior figura conformada
de nubes otoñales,
dorado silencio del atardecer;
un torrente verdoso que oscurece
en el recinto en sombras
de los despedazados pinos;
un pueblo
que devoto se apaga en imágenes sepia.

Saltan allí caballos negros
sobre un prado entre tinieblas.
¡Soldados!
Desde la colina donde rueda el sol que muere
la sangre alegre se precipita -
¡bajo los robles,
muda! Oh, el zumbido
de pesadumbre del ejército; yelmo radiante
cae, resonando, de purupúrea frente.

Viene tan fresca la noche del otoño,
fulguración de estrellas
sobre los despedazados huesos de los hombres,
monja silenciosa.



AL ESTE

La tenebrosa ira del pueblo
semeja a los órganos furiosos de la tormenta invernal
la ola purupúrea de la batalla,
de deshojadas estrellas.

Con cejas partidas, plateados brazos,
la noche saluda a los soldados moribundos.
A la sombra del fresno otoñal
gimen las almas de los que mueren con violencia.

Una espesura de espinas ciñe la ciudad.
De los sangrientos escalones ahuyenta la luna
a las mujeres aterrorizadas.
Lobos salvajes han derribado las puertas.



GRODEK
Segunda versión

Por la tarde resuenan en los bosques de otoño
las mortíferas armas y en las llanuras aúreas
y los lagos azules; sobre ellos rueda el  sol
más oscuro; la noche
abraza a los guerreros moribundos, el lamento feroz
de sus bocas quebradas.
Mas silenciosamente en la pradera,
nubes rojas que un Dios airado habita,
se reúne la sangre derramada, la frialdad lunar;
todos los caminos desembocan en negra podredubre.
Bajo el aúreo ramaje de la noche y los astros
vaga por el callado bosque la sombra de la hermana
que saluda las almas de los héroes, sus cabezas sangrantes.
Y en el juncal resuenan quedamente las oscuras flautas del otoño.
¡Oh, más soberbio duelo!, altares de metal,
un inmenso dolor alimenta hoy la ardiente llama del espíritu,
los nietos que no han nacido aún.


Georg Trakl, del Caliz de oro (recopilación 1909),
(Traducción de Jenaro Talens)


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Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 27 Jun 2022, 07:01

.


Algunos poemas de Georg Trakl, de su obra Sebastián en sueños, 1915, traducidos por Jenaro Talens:



PAISAJE
Segunda versión

Atardecer de setiembre; tristes suenan las voces oscuras de los pastores
en la aldea crepuscular; el fuego chisporrotea en la fragua.
Un caballo negro se encabrita con ímpetu; el pelo de jacinto de la muchacha
ansía el ardor de sus ollares purpúreos.
En la linde del bosque se entumece con suavidad el bramido de la cierva
y las amarillas flores del otoño
se inclinan atónitas sobre el rostro azul del estanque.
Entre llamas rojas ardía un árbol; revolotean con oscuro semblante los murciélagos.



ELIS
Tercera versión

1

Perfecta es la quietud de este día dorado.
Bajo los viejos robles
apareces tú, Elis, el que yace con ojos muy abiertos.

Su azul refleja el sueño ligero de los amantes.
Sobre tu boca
enmudecieron sus suspiros rosados.

El pescador retira sus pesadas redes al anochecer.
Un buen pastor
conduce su rebaño por la linde del bosque,
oh, Elis, qué justos son todos tus días.

Con suavidad se pone
sobre los muros desnudos la calma azul del olivo,
se apaga el canto oscuro de un anciano.

Una barca de oro,
Elis, hace balancear tu corazón en el cielo desierto.

2

Un dulce carillón suena en el pecho de Elis
al anochecer,
cuando su cabeza se hunde en la negra almohada.

Un venado azul
con suavidad sangra en el zarzal.

Un árbol pardo se yergue solitario:
se le cayeron sus frutos azules.

Signos y estrellas
se hunden con suavidad en el estanque de la tarde.

Detrás de la colina ya es invierno.

Palomas azules
beben de noche el helado sudor
que brota de la frente cristalina de Elis.

Siempre suena
sobre los muros negros el solitario viento de Dios.



SEBASTIÁN EN SUEÑOS

Para Adolf Loos

1

Madre llevaba al niño bajo la luna blanca,
a la sombra del nogal, del antiguo saúco,
ebria de jugo de adormidera, del lamento del tordo,
y en silencio,
con piedad, quieto en la oscuridad de la ventana, sobre ellos

un rostro barbudo se inclinaba; y los viejos enseres
de los padres
yacían derruidos, amor y ensueños otoñales.

Oscuro, pues, el día del año, una infancia triste,
cuando el niño bajó con suavidad hasta las frías aguas, peces plateados,
paz y rostro;
cuando pétreo se arrojó delante de caballos negros enfurecidos,
su estrella vino a él en la noche grisácea.

O cuando de la mano helada de la madre
atravesó al atardecer el cementerio otoñal de San Pedro,
un tierno cadáver yacía silencioso en la estancia sombría
y alzó sus fríos párpados hacia él.

Él era, sin embargo, un pajarillo en la rama desnuda;
la campana tardía en el noviembre vespertino,
el silencio del padre cuando, en sueños, bajó por la oscura escalera de caracol.

2

Paz del alma. Solitario crepúsculo invernal,
sombrías figuras de pastores junto al viejo estanque:
un niñito en la choza de paja; oh, con qué suavidad
se hundía su rostro en fiebre negra.
Noche sagrada.

O cuando de la dura mano del padre
subía en silencio el lúgubre Calvario
y en los nichos crepusculares de las rocas
la figura azul del hombre cruzaba su leyenda,
de la herida del costado manaba sangre purpúrea.
Oh, con qué suavidad se erguía la cruz en el alma en sombra.

Amor; cuando la nieve se derritió en los negros rincones,
un céfiro azul se enredó alegremente en el viejo saúco,
en la bóveda umbrosa del nogal:
y al niño se le apareció con suavidad su ángel rosado.

Alegría; cuando en las frescas estancias se escuchaba una sonata vespertina,
en las pardas traveseras
una mariposa azul surgió de la plateada crisálida.

Oh cercanía de la muerte. En el muro de piedra
una frente amarilla se inclinó, callado el niño,
cuando en aquel marzo declinó la luna.

3

Rosada campana de Pascua en la bóveda sepulcral de la noche
y las voces de plata de los astros,
entre temblores de fiebre cayó de la frente del durmiente un oscuro delirio.

Oh, qué tranquilo un paseo junto al río azul,
volviendo a pensar en cosas olvidadas, cuando en las verdes ramas
a un extranjero el tordo llamaba hacia el ocaso.

O cuando cogido de la mano huesuda del anciano
pasaba al anochecer junto a los muros derruidos de la ciudad
y él llevaba en un abrigo negro a un niño rosado,
el espíritu del mal se aparecía a la sombra del nogal.

A tientas por las verdes gradas del verano. Oh, con qué suavidad
se hundía el jardín en la quietud parda del otoño,
aroma y melancolía del viejo saúco,
cuando a la sombra de Sebastián se apagó la voz argentina del ángel.



JUNTO AL PANTANO
Tercera versión

Caminante por el negro viento; el seco cañaveral
susurra suavemente en el silencio del pantano.
Una bandada de pájaros silvestres cruza por el cielo gris;
en línea transversal sobre las aguas tenebrosas.

Tumulto. En la cabaña en ruinas
bate sus alas negras la putrefacción:
deformes abedules suspiran en el viento.

Atardecer en la taberna abandonada. La dulce melancolía
de los rebaños que pacen tiñe el camino de regreso al hogar,
aparición de la noche: sapos emergen entre las aguas plateadas.



EN LA PRIMAVERA

La nieve caía con suavidad de los pasos oscuros,
a la sombra del árbol
los amantes levantan sus párpados rosados.

Siempre siguen las oscuras llamadas del barquero
estrella y noche;
y los remos se mueven suavemente a compás.

Sobre el muro en ruinas pronto han de florecer
las violetas,
con qué serenidad verdea la sien del solitario.



CANCIÓN DE KASPAR HAUSER

Para Bessie Loos

Amaba el sol, que descendía purpúreo de la colina,
los senderos del bosque, el negro pájaro cantor
y la alegría de lo verde.

Su vivir era serio a la sombra del árbol
y puro era su rostro.
Y Dios habló a su corazón como una suave llama:
¡Oh, Hombre!

Su paso encontró la ciudad silenciosa en el atardecer;
la oscura queja de su boca:
quiero ser un jinete

Mas le seguían animal y arbusto,
casa y jardín crepuscular de blancos hombres,
y su asesino iba tras él.

Primavera y verano y el hermoso otoño
del justo, su silencioso paso
ante la oscura alcoba de los soñadores.
De noche permanecía solo con su estrella;

miraba caer la nieve sobre el ramaje desnudo
y vio la sombra del asesino en la penumbra de los corredores.

Y cayó la cabeza plateada del que no ha nacido.



EN EL PARQUE

Otra vez vagando por el viejo parque,
¡oh, silencio de flores amarillas y rojas!
También vosotros estáis tristes, dioses
benignos, y el otoñal oro de los olmos.
Inmóvil se eleva el junco en el estanque
azulado y enmudece el tordo en el atardecer.
Oh, inclina entonces tú también la frente
ante el  mármol en ruinas de tus antepasados.



AFRA
Segunda versión

Una niña de pelo castaño. Oraciones y amén
nublan con calma el aire frío de la tarde
y la roja sonrisa de Afra en el marco amarillo
de girasoles, miedo y gris bochorno.

Antaño la vio el monje, envuelta en su manto azul,
pintada con mano piadosa en los vitrales de la iglesia;
esto acompaña amigablemente en el dolor
cuando como fantasmas vagan sus estrellas por la sangre de él.

Silencio del saúco y ocaso del otoño.
La frente roza la azul emoción del agua,
un paño de estameña extendido en un féretro.

Frutos podridos caen de las ramas.
Inefable es el vuelo de los pájaros,
encuentro con los que han de morir; siguen años sombríos.



EL OTOÑO DEL SOITARIO

Vuelve el oscuro otoño lleno de frutos y abundancia,
fulgor amarillento de hermosos días de verano.
De los mustios despojos nace un azul inmaculado;
el vuelo de los pájaros habla de antiguas sagas.
Pisado está ya el vino, lleno el dulce silencio
de respuestas suaves a preguntas sombrías.

Y aquí y allá una cruz sobre colina yerma;
en el bosque rojizo se ha perdido un rebaño.
Las nubes vagan sobre el espejo del estanque;
reposa el labriego con gesto tranquilo.
Muy levemente roza el ala azul del crepúsculo
un tejado de paja seca, la tierra sombría.

En las cejas del cansado han de anidar muy pronto las estrellas;
a las tristes estancias vuelve una silenciosa humildad
y se asoman ángeles con suavidad en los ojos azules
de amantes que dulcemente sufren. El cañaveral
murmura; un horror descarnado nos invade
cuando el negro rocío cae de los sauces desnudos.



NACIMIENTO

Montañas: negror, silencio y nieve.
Roja, la caza baja del bosque;
oh, mirada musgosa del venado.

Silencio de la madre; bajo negros abetos
se abren las manos durmientes,
cuando, fría y menguada, aparece la luna.

Oh, el nacimiento de los hombres. Corre,
nocturna, el agua azul en el barranco;
suspirando descubre su imagen el ángel caído,

se despierta un ser pálido en una estancia lóbrega.
Los ojos de la pétrea anciana
brillan como dos lunas.

Ay, el grito de la parturienta. Con alas sombrías
la noche roza la sien del muchacho,
nieve que cae suavemente de una nube purpúrea.



CREPÚSCULO ESPIRITUAL
Segunda versión

Apacible aparece en la linde del bosque
un oscuro venado;
en la colina acaba dulcemente el viento de la tarde,

enmudece el lamento del mirlo,
y las dulces flautas del otoño
callan en el cañaveral.

Sobre negra nube, tú
cruzas ebrio de opio
el estanque nocturno,

todo el cielo estrellado.
Siempre resuena la voz lunar de la hermana
en la noche espiritual.



TRANSFIGURACIÓN

Cuando se hace de noche
un rostro azul se separa suavemente de ti.
Canta en el tamarindo un pajarillo.

Un monje afable
junta sus manos mortecinas.
A María la visita un ángel blanco.

Una guirnalda nocturna
de violetas, grano y uvas púrpura
es el año del espectador.

A tus pies
se abren las tumbas de los muertos
cuando la frente posas en las manos de plata.

En tu boca
habita quedamente la luna otoñal,
ebria por la canción sombría de la adormidera;

flor azul
que suena suavemente entre las piedras amarillas.



A LOS ENMUDECIDOS

Ah, la locura de la gran ciudad cuando al anochecer,
junto a los negros muros, se levantan los árboles deformes
y a través de la máscara de plata se asoma el genio del mal;
la luz, con látigos magnéticos, ahuyenta pétrea noche.
Oh, el hundido repique de las campanas del crepúsculo.

Ramera que entre escalofríos alubra una criatura
muerta. La ira de Dios con rabia azota la frente del poseso,
epidemia purpúrea, hambre que rompe verdes ojos.
Ah, la odiosa carcajada del oro.

Pero una humanidad más silenciosa sangra en oscura cueva
forjando con metales duros el rostro redentor.



PASIÓN
Tercera versión

Cuando Orfeo tañe el laúd plateado,
lamentando una muerte en el vespertino jardín,
¿quién eres tú, calma figura bajo los altos árboles?
Susurran la queja la caña otoñal,
el estanque azul,
muriendo bajo el verdor de los árboles
y siguiendo la sombra de la hermana;
oscuro amor
de una estirpe salvaje,
de la que huye el día sobre ruedas doradas.
Noche tranquila.

Bajo abetos sombríos
dos lobos su sangre mezclaron
en pétreo abrazo; un oro
la nube se perdió sobre el sendero,
paciencia y silencio de la infancia.
De nuevo el tierno cadáver vuelve a aparecer
junto al estanque de Tritón
adormecido en su cabello de jacinto.
¿Si la fría cabeza al fin se rompe?

Pues un venado azul siempre persigue,
como un ojeador, en la penumbra de los árboles,
estos senderos tan oscuros
en vela y conmovido de armonía nocturna,
de suave delirio;
o resonaban, llenas
de un éxtasis oscuro, las cuerdas del laúd
a los pies fríos de la penitente
en la ciudad de piedra.



EL SOL

Diariamente el amarillo sol emerge sobre la colina.
Hermoso es el bosque, el oscuro animal,
el hombre; cazador o pastor.

Rojizo sube el pez en el verdoso estanque.
Bajo un cielo redondo
el pescador navega, silencioso, en su barcaza azul.

Con lentitud maduran los racimos, el grano.
Cuando calladamente el día declina
algo aguarda después, bueno y malo.

Cuando llega la noche
alza en silencio el caminante los párpados plomizos;
y rompe un sol desde el abismo tenebroso.



ESTÍO
Segunda versión

A atardecer calla en el bosque
el lamento del cuco.
La espiga se inclina más,
la amapola roja.

Una negra tormenta amenaza
sobre la colina.
El viejo canto del grillo
se muere en el campo.

No se mueve el follaje
del castaño.
En la escalera de caracol
suena el crujido de tu traje.

La vela resplandece con suavidad
en el cuarto oscuro.
Una mano de plata
la apagó.

Viento en calma, noche sin estrellas.



DECLINAR DEL ESTÍO

El verde estío llegó a ser
tan suave, tu rostro de cristal.
En el estanque de la tarde las flores han muerto,
el silbo asustado de un mirlo.

Vana esperanza de la vida. En casa,
la golondrina prepara el viaje
y el sol se pone en la colina;
la noche invita al viaje estelar.

Tranquilidad de los pueblos; suenan alrededor
bosques abandonados. Corazón,
inclínate ahora más amante
sobre la tranquila durmiente.

El verde estío llegó a ser
tan suave y por la noche plateada
retumban los pasos del extranjero.
¡Si recordasen su camino los venados azules,

la armonía de sus años espirituales!



EN LA OSCURIDAD
Segunda versión

Calle el alma la primavera azul.
Bajo la húmeda hojarasca del atardecer
los amantes han bajado su frente con escalofrío.

Oh, la cruz verdeante. En oscura conversación
se han reconocido el hombre y la mujer.
Junto al muro desnudo
el solitario camina con sus constelaciones.

Por los senderos del bosque que la luna ilumina
se ha hundido lo salvaje
de cacerías olvidadas; la visión del azul
asoma entre las ruinas de las peñas.


GEORG TRAKL, De Sebastián en sueños, 1915.
(Traducción de Jenaro Talens)




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