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    HOMERO (c.928 a.C.-?). Grecia Clásica. - Página 2 Empty Re: HOMERO (c.928 a.C.-?). Grecia Clásica.

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 13 Feb 2021, 03:10

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO II

    Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
    Cont.

    557. Ayante había partido de Salamina con doce
    naves, que colocó cerca de las falanges atenienses.

    559. Los habitantes de Argos, Tirinto amurallada,
    Hermíone y Ásine en profundo golfo situadas,
    Trecén, Eyones y Epidauro, abundante en
    vides, y los jóvenes aqueos de Egina y Masete,
    eran acaudillados por Diomedes, valiente en la
    pelea; Esténelo, hijo del famoso Capaneo, y
    Euríalo, igual a un dios, que tenía por padre al
    rey Mecisteo Talayónida. Era jefe supremo
    Diomedes, valiente en la pelea. Ochenta negras
    naves los seguían.

    569. Los que poseían la bien construida ciudad
    de Micenas, la opulenta Corinto y la bien edificada
    Cleonas; los que cultivaban la tierra en
    Ornías, Aretírea deleitosa y Sición, donde antiguamente
    reinó Adrasto; los que residían en
    Hiperesia y Gonoesa excelsa, y los que habitaban
    en Pelene, Egio, el Egíalo todo y la espaciosa
    Hélice: todos éstos habían llegado en cien
    naves a las órdenes del rey Agamenón Atrida.
    Muchos y valientes varones condujo este
    príncipe que entonces vestía el luciente bronce,
    ufano de sobresalir entre todos los héroes por
    su valor y por mandar a mayor número de
    hombres.

    581. Los de la honda y cavernosa Lacedemonia
    que residían en Faris, Esparta y Mesa, abundante
    en palomas; moraban en Brisías o Augías
    amena; poseían las ciudades de Amiclas y
    Helos marítima, y habitaban en Laa y Étilo:
    todos éstos llegaron en sesenta naves al mando
    del hermano de Agamenón, de Menelao, valiente
    en el combate, y se armaban formando
    unidad aparte. Menelao, impulsado por su
    propio ardor, los animaba a combatir y anhelaba
    en su corazón vengar la huida y los gemidos
    de Helena.

    591. Los que cultivaban el campo en Pilos, Arene
    deliciosa, Trío, vado del Alfeo, y la bien edificada
    Epi, y los que habitaban en Ciparisente,
    Anfigenia, Pteleo, Helos y Dorio (donde las
    Musas, saliéndole al camino a Támiris el tracio,
    lo privaron de cantar cuando volvía de la casa
    de Éurito el ecalieo; pues jactóse de que saldría
    vencedor, aunque cantaran las propias Musas,
    hijas de Zeus, que lleva la égida, y ellas irritadas
    lo cegaron, lo privaron del divino canto y le
    hicieron olvidar el arte de pulsar la cítara) eran
    mandados por Néstor, caballero gerenio, y habían
    llegado en noventa cóncavas naves.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 14 Feb 2021, 01:07

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO II

    Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
    Cont.

    603. Los que habitaban en la Arcadia al pie del
    alto monte de Cilene y cerca de la tumba de
    Épito, país de belicosos guerreros; los de Féneo,
    Orcómeno, abundante en ovejas, Ripe, Estratia
    y Enispe ventosa; y los que poseían las ciudades
    de Tegea, Mantinea deliciosa, Estínfalo y
    Parrasia: todos éstos llegaron al mando del rey
    Agapenor, hijo de Anceo, en sesenta naves. En
    cada una de éstas se embarcaron muchos arcadios
    ejercitados en la guerra. El mismo rey de
    hombres, Agamenón, les facilitó las naves de
    muchos bancos, para que atravesaran el vinoso
    ponto; pues ellos no se cuidaban de las cosas
    del mar.

    615. Los que habitaban en Buprasio y en el resto
    de la divina Élide, desde Hirmina y Mírsino, la
    fronteriza, por un lado y la roca Olenia y Alesio
    por el otro, tenían cuatro caudillos y cada uno
    de éstos mandaba diez veleras naves tripuladas
    por muchos epeos. De dos divisiones eran respectivamente
    jefes Anfímaco y Talpio, hijo
    aquél de Ctéato y éste de Éurito y nietos de
    Actor; de la tercera, el fuerte Diores Amarincida,
    y de la cuarta, el deiforme Polixino, hijo del
    rey Agástenes Augeida.

    625. Los de Duliquio y las sagradas islas Equinas,
    situadas al otro lado del mar frente a la
    Elide, eran mandados por Meges Filida, igual a
    Ares, a quien engendró el jinete Fileo, caro a
    Zeus, cuando por haberse enemistado con su
    padre emigró a Duliquio. Cuarenta negras naves
    to seguían.

    631. Ulises acaudillaba a los cefalenios de ánimo
    altivo. Los de ítaca y su frondoso Nérito; los
    que cultivaban los campos de Crocilea y de la
    escarpada Egílipe; los que habitaban en Zacinto;
    los que vivían en Samos y sus alrededores;
    los que estaban en el continente y los que ocupaban
    la orilla opuesta: todos ellos obedecían a
    Ulises, igual a Zeus en prudencia. Doce naves
    de rojas proas lo seguían.

    638. Toante, hijo de Andremón, regía a los etolios
    que habitaban en Pleurón, Oleno, Pilene,
    Calcis marítima y Calidón pedregosa. Ya no
    existían los hijos del magnánimo Eneo, ni éste;
    y muerto también el rubio Meleagro, diéronse a
    Toante todos los poderes para que reinara sobre
    los etolios. Cuarenta negras naves los seguían.

    645. Mandaba a los cretenses Idomeneo, famoso
    por su lanza. Los que vivían en Cnoso, Gortina
    amurallada, Licto, Mileto, blanca Licasto, Festo
    y Ritio, ciudades populosas, y los que ocupaban
    la isla de Creta con sus cien ciudades: todos
    éstos eran gobernados por Idomeneo, famoso
    por su lanza, que con Meriones, igual al homicida
    Enialio, compartía el mando. Seguíanlo
    ochenta negras naves.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 14 Feb 2021, 01:16

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO II

    Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
    Cont.

    653. Tlepólemo Heraclida, valiente y alto de
    cuerpo, condujo en nueve buques a los fieros
    rodios que vivían, divididos en tres pueblos, en
    Lindo, Yáliso y Camiro la blanca. De éstos era
    caudillo Tlepólemo, famoso por su lanza, a
    quien Astioquía concibió del fornido Heracles,
    cuando el héroe se la llevó de Éfira, de la ribera
    del río Seleente, después de haber asolado muchas
    ciudades defendidas por nobles mancebos.
    Cuando Tlepólemo, criado en el magnífico palacio,
    hubo llegado a la juventud, mató al anciano
    tío materno de su padre, a Licimnio,
    vástago de Ares; y como los demás hijos y nietos
    del fuerte Heracles lo amenazaron, construyó
    naves, reunió mucha gente y huyó por el
    ponto. Errante y sufriendo penalidades pudo
    llegar a Rodas, y allí se estableció con los suyos,
    que formaron tres tribus. Se hicieron querer de
    Zeus, que reina sobre los dioses y los hombres,
    y el Cronión les dio abundante riqueza.

    671. Nireo condujo desde Sime tres naves bien
    proporcionadas; Nireo, hijo de Aglaya y del rey
    Cáropo; Nireo, el más hermoso de los dánaos
    que fueron a Ilio, si exceptuamos al eximio Pelida;
    pero era tímido, y poca la gente que mandaba.

    676. Los que habitaban en Nísiros, Crápato, Caso,
    Cos, ciudad de Eurípilo, y las islas Calidnas,
    tenían por jefes a Fidipo y Antifo, hijos del rey
    Tésalo Heraclida. Treinta cóncavas naves en
    orden to seguían.

    681. Cuantos ocupaban el Argos pélásgico, los
    que vivían en Alo, Álope y Traquine y los que
    poseían la Ftía y la Hélade de lindas mujeres, y
    se llamaban mirmidones, helenos y aqueos,
    tenían por capitán a Aquiles y habían llegado
    en cincuenta naves. Mas éstos no se cuidaban
    entonces del combate horrísono, por no tener
    quien los llevara a la pelea: el divino Aquiles, el
    de los pies ligeros, no salía de las naves, enojado
    a causa de la joven Briseide, de hermosa
    cabellera, a la cual había hecho cautiva en Lirneso,
    cuando después de grandes fatigas destruyó
    esta ciudad y las murallas de Teba, dando
    muerte a los belicosos Mines y Epístrofo,
    hijos del rey Eveno Selepíada. Afiigido por ello,
    se entregaba al ocio; pero pronto había de levantarse.

    695. Los que habitaban en Fílace, Píraso florida,
    que es lugar consagrado a Deméter; Itón, criadora
    de ovejas; Antrón marítima y Pteleo herbosa,
    fueron acaudillados por el aguerrido Protesilao
    mientras vivió, pues ya entonces teníalo
    en su seno la negra tierra: matólo un dárdano
    cuando saltó de la nave mucho antes que los
    demás aqueos, y en Fílace quedaron su desolada
    esposa y la casa a medio acabar. Con todo,
    no carecían aquéllos de jefe, aunque echaban de
    menos al que antes tuvieron, pues los ordenaba
    para el combate Podarces, vástago de Ares, hijo
    de Ificlo Filácida, rico en ganado, y hermano
    menor del animoso Protesilao. Éste era mayor y
    más valiente. Sus hombres, pues, no estaban sin
    caudillo; pero sentían soledad de aquél, que tan
    esforzado había sido. Cuarenta negras naves lo
    seguían.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 14 Feb 2021, 01:19

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO II

    Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
    Cont.

    711. Los que moraban en Feras situada a orillas
    del lago Bebeide, Beba, Gláfiras y Yolco bien
    edificada, habían llegado en once naves al
    mando de Eumelo, hijo querido de Admeto y
    de Alcestis, divina entre las mujeres, que era la
    más hermosa de las hijas de Pelias.

    716. Los que cultivaban los campos de Metone y
    Taumacia y los que poseían las ciudades de
    Melibea y Olizón fragosa, tuvieron por capitán
    a Filoctetes, hábil arquero, y llegaron en siete
    naves: en cada una de éstas se embarcaron cincuenta
    remeros muy expertos en combatir valerosamente
    con el arco. Mas Filoctetes se hallaba
    padeciendo fuertes dolores en la divina isla de
    Lemnos, donde lo dejaron los aqueos después
    que lo mordió ponzoñoso reptil. Allí permanecía
    afligido; pero pronto en las naves habían de
    acordarse los argivos del rey Filoctetes. No carecían
    aquéllos de jefe, aunque echaban de menos
    a su caudillo, pues los ordenaba para el
    combate Medonte, hijo bastardo de Oileo, asolador
    de ciudades, de quien lo tuvo Rena.

    729. De los de Trica, Itome de quebrado suelo, y
    Ecalia, ciudad de Éurito el ecalieo, eran capitanes
    dos hijos de Asclepio y excelentes médicos:
    Podalirio y Macaón. Treinta cóncavas naves en
    orden los seguían.

    734. Los que poseían la ciudad de Ormenio, la
    fuente Hiperea, Asterio y las blancas cimas del
    Títano, eran mandados por Eurípilo, hijo preclaro
    de Evemón. Cuarenta negras naves lo
    seguían.

    739. A los de Argisa, Girtone, Orte, Elone y la
    blanca ciudad de Olosón, los regía el intrépido
    Polipetes, hijo de Pirítoo y nieto de Zeus inmortal
    (habíalo dado a luz la ínclita Hipodamía el
    mismo día en que Pirítoo, castigando a los hirsutos
    centauros, los echó del Pelio y los obligó a
    retirarse hacia los étices). Pero no estaba solo,
    sino que con él compartía el mando Leonteo,
    vástago de Ares, hijo del animoso Corono Ceneida.
    Cuarenta negras naves los seguían.

    748. Guneo condujo desde Cifo en veintidós
    naves a los enienes a intrépidos perebos; aquéllos
    tenían su morada en Dodona, de fríos inviernos,
    y éstos cultivaban los campos a orillas
    del hermoso Titareso, que vierte sus cristalinas
    aguas en el Peneo de argénteos vórtices; pero
    no se mezcla con él, sino que sobrenada como
    aceite, porque es un arroyo del agua de la Éstige,
    que se invoca en los terribles juramentos.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 14 Feb 2021, 01:23

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO II

    Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
    Cont.

    756. A los magnetes gobernábalos Prótoo, hijo
    de Tentredón. Los que habitaban a orillas del
    Peneo y en el frondoso Pelio tenían, pues, por
    jefe al ligero Prótoo. Cuarenta negras naves lo
    seguían.

    760 Tales eran los caudillos y príncipes de los
    dánaos. Dime, Musa, cuál fue el mejor de los
    varones y cuáles los más excelentes caballos de
    cuantos con los Atridas llegaron.

    763. Entre los corceles sobresalían las yeguas del
    Feretíada, que guiaba Eumelo: eran ligeras como
    aves, apeladas, y de la mísma edad y altura;
    criólas Apolo, el del arco de plata, en Perea, y
    llevaban consigo el terror de Ares. De los guerreros
    el más valiente fue Ayante Telamonio
    mientras duró la cólera de Aquiles, pues éste lo
    superaba mucho; y también eran los mejores
    caballos los que llevaban al eximio Pelión. Mas
    Aquiles permanecía entonces en las corvas naves
    surcadoras del ponto, por estar irritado
    contra Agamenón Atrida, pastor de hombres;
    su gente se solazaba en la playa tirando discos,
    venablos o flechas; los corceles comían loto y
    apio palustre cerca de los carros de los capitanes
    que permanecían enfundados en las tiendas,
    y los guerreros, echando de menos a su
    jefe, caro a Ares, discurrían por el campamento
    y no peleaban.

    780. Ya los demás avanzaban a modo de incendio
    que se propagase por toda la comarca; y
    como la tierra gime cuando Zeus, que se complace
    en lanzar rayos, airado, la azota en Arimos,
    donde dicen que está el lecho de Tifoeo;
    de igual manera gemía grandemente debajo de
    los que iban andando y atravesaban con ligero
    paso la llanura.

    786. Dio a los troyanos la triste noticia Iris, la de
    los pies ligeros como el viento, a quien Zeus,
    que lleva la égida, había enviado como mensajera.
    Todos ellos, jóvenes y viejos, hallábanse
    reunidos en los pórticos del palacio de Príamo
    y deliberaban. Iris, la de los pies ligeros, se les
    presentó tomando la figura y voz de Polites,
    hijo de Príamo; el cual, confiando en la agilidad
    de sus pies, se sentaba como atalaya de los troyanos
    en la cima del túmulo del anciano Esietes
    y observaba cuando los aqueos partían de las
    naves para combatir. Así transfigurada, dijo
    Iris, la de los pies ligeros:

    796. - ¡Oh anciano! Te placen los discursos interminables
    como cuando teníamos paz, y una
    obstinada guerra se ha promovido. Muchas
    batallas he presenciado, pero nunca vi un ejército
    tal y tan grande como el que viene por la
    llanura a pelear contra la ciudad, formado por
    tantos hombres cuantas son las hojas o las arenas.
    ¡Héctor! Te recomiendo encarecidamente
    que procedas de este modo: Como en la gran
    ciudad de Príamo hay muchos auxiliares y no
    hablan una misma lengua hombres de países
    tan diversos, cada cual mande a aquellos de
    quienes es príncipe y acaudille a sus conciudadanos,
    después de ponerlos en orden de batalla.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 14 Feb 2021, 01:30

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO II

    Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
    Cont.

    806. Así dijo; y Héctor, conociendo la voz de la
    diosa, disolvió el ágora. Apresuráronse a tomar
    las armas, abriéronse todas las puertas, salió el
    ejército de infantes y de los que en carros combatían,
    y se produjo un gran tumulto.

    811. Hay en la llanura, frente a la ciudad, una
    excelsa colina aislada de las demás y accesible
    por todas partes, a la cual los hombres llaman
    Batiea y los inmortales tumba de la ágil Mirina:
    allí fue donde los troyanos y sus auxiliares se
    pusieron en orden de batalla.

    816. A los troyanos mandábalos el gran Héctor
    Priámida, el de tremolante casco. Con él se armaban
    las tropas más copiosas y valientes, que
    ardían en deseos de blandir las lanzas.

    819. De los dardanios era caudillo Eneas, valiente
    hijo de Anquises, de quien lo tuvo la divina
    Afrodita después que la diosa se unió con el
    mortal en un bosque del Ida. Con Eneas compartían
    el mando dos hijos de Anténor: Arquéloco
    y Acamante, diestros en toda suerte de
    pelea.

    824. Los ricos troyanos que habitaban en Zelea,
    al pie del Ida, y bebían el agua del caudaloso
    Esepo, eran gobernados por Pándaro, hijo ilustre
    de Licaón, a quien Apolo en persona dio el
    arco.

    828. Los que poseían las ciudades de Adrastea,
    Apeso, Pitiea y el alto monte de Terea, estaban
    a las órdenes de Adrasto y Anfio, de coraza de
    lino: ambos eran hijos de Mérope Percosio, el
    cual conocía como nadie el arte adivinatoria y
    no quería que sus hijos fuesen a la homicida
    guerra; pero ellos no lo obedecieron, impelidos
    por las parcas de la negra muerte.

    835. Los que moraban en Percote, a orillas del
    Practio, y los que habitaban en Sesto, Abidos y
    la divina Arisbe eran mandados por Asio
    Hirtácida, príncipe de hombres, a quien fogosos
    y corpulentos corceles condujeron desde
    Arisbe, desde la ribera del río Seleente.

    840. Hipótoo acaudillaba las tribus de los valerosos
    pelasgos que habitaban en la fértil Larisa.
    Mandábanlos.él y Pileo, vástago de Ares, hijos
    del pelasgo Leto Teutámida.

    844. A los tracios, que viven a orillas del alborotado
    Helesponto, los regían Acamante y el
    héroe Píroo.

    846. Eufemo, hijo de Treceno Céada, alumno de
    Zeus, era el capitán de los belicosos cícones.

    848. Pirecmes condujo los peonios, de corvos
    arcos, desde la lejana Amidón, desde la ribera
    del anchuroso Axio; del Axio, cuyas límpidas
    aguas se esparcen por la tierra.

    851. A los paflagonios, procedentes del país de
    los énetos, donde se crían las mulas cerriles, los
    mandaba Pilémenes, de corazón varonil: aquéllos
    poseían la ciudad de Citoro, cultivaban los
    campos de Sésamo y habitaban magníficas casas
    a orillas del río Partenio, en Cromna, Egíalo
    y los altos montes Eritinos.

    Cont.


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    Mensaje por Lluvia Abril Dom 14 Feb 2021, 01:46

    Tener esta joya tan a la mano es todo un privilegio, así que gracias mil y ya sabes, te sigo.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 07:22

    MERECE LA PENA, AMIGA MIA. ME COSTÓ TRABAJO DECIDIRME... PERO INSISTO, CREO QUE SON OBRAS QUE DEBEN ESTAR EN NUESTRO FORO.

    BESOS.

    SIGO POCO A POCO ( DE 5 EN 5 PÁGINAS).


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 07:40

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO II

    Sueño- Beocia o catálogo de las naves. Cont.



    856. Los halizones eran gobernados por Odio y
    Epístrofo y procedían de lejos: de Álibe, donde
    hay yacimientos de plata.

    858. A los misios los regían Cromis y el augur
    Énnomo, que no pudo librarse, a pesar de los
    agüeros, de la negra muerte; pues sucumbió a
    manos del Eácida, el de los pies ligeros, en el
    río donde éste mató también a otros troyanos.

    862. Forcis y el deiforme Ascanio acaudillaban a
    los frigios que habían llegado de la remota Ascania
    y anhelaban entrar en batalla.

    864. A los meonios los gobernaban Mestles y
    Antifo, hijos de Talémenes, a quienes dio a luz
    la laguna Gigea. Tales eran los jefes de los
    meonios, nacidos al pie del Tmolo.

    867. Nastes estaba al frente de los carios de
    bárbaro lenguaje. Los que ocupaban la ciudad
    de Mileto, el frondoso monte Ftirón, las orillas
    del Meandro y las altas cumbres de Mícale tenían
    por caudillos a Nastes y Anfímaco, preclaros
    hijos de Nomión; Nastes y Anfímaco, que
    iba al combate cubierto de oro como una doncella.
    ¡Insensato! No por ello se libró de la triste
    muerte, pues sucumbió en el río a manos del
    celerípede Eácida del aguerrido Aquiles, el de
    los pies ligeros; y éste se apoderó del oro.

    876. Sarpedón y el eximio Glauco mandaban a
    los licios, que procedían de la remota Licia, de
    la ribera del voraginoso Janto.

    FIN DEL CANTO II


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 07:46

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO III*

    Juramentos- Contemplando desde la muralla –
    Combate singular de Alejandro y Menelao


    * La primera se interrumpe para que se verifique
    el combate singular de Alejandro y Menelao,
    que no produce ningún resultado, pues,
    cuando aquél va a ser vencido, lo arrebata por
    los aires su madre la diosa Afrodita y lo lleva al
    lado de Helena.




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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 07:53

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO III

    Juramentos- Contemplando desde la muralla –
    Combate singular de Alejandro y Menelao


    1. Puestos en orden de batalla con sus respectivos
    jefes, los troyanos avanzaban chillando y
    gritando como aves -así profieren sus voces las
    grullas en el cielo, cuando, para huir del frío y
    de las lluvias torrenciales, vuelan gruyendo
    sobre la corriente del Océano y llevan la ruina y
    la muerte a los pigmeos, moviéndolos desde el
    aire cruda guerra- y los aqueos marchaban silenciosos,
    respirando valor y dispuestos a ayudarse
    mutuamente.

    10. Así como el Noto derrama en las cumbres de
    un monte la niebla tan poco grata al pastor y
    más favorable que la noche para el ladrón, y
    sólo se ve el espacio a que alcanza una pedrada;
    así también, una densa polvareda se levantaba
    bajo los pies de los que se ponían en marcha y
    atravesaban con gran presteza la llanura.

    15. Cuando ambos ejércitos se hubieron acercado
    el uno al otro, apareció en la primera fila de
    los troyanos Alejandro, semejante a un dios,
    con una piel de leopardo en los hombros, el
    corvo arco y la espada; y, blandiendo dos lanzas
    de broncínea punta, desafiaba a los más
    valientes argivos a que con él sostuvieran terrible
    combate.

    21. Menelao, caro a Ares, violo venir con arrogante
    paso al frente de la tropa, y, como el león
    hambriento que ha encontrado un gran cuerpo
    de cornígero ciervo o de cabra montés, se alegra
    y tl devora, aunque o persigan ágiles perros y
    robustos mozos; así Menelao se holgó de ver
    con sus propios ojos al deiforme Alejandro
    -figuróse que podría castigar al culpable- y al
    momento saltó del carro al suelo sin dejar las
    armas.

    30. Pero el deiforme Alejandro, apenas distinguió
    a Menelao entre los combatientes delanteros,
    sintió que se le cubría el corazón, y, para
    librarse de la muerte, retrocedió al grupo de sus
    amigos. Como el que descubre un dragón en la
    espesura de un monte, se echa con prontitud
    hacia atrás, tiémblanle las carnes y se aleja con
    la palidez pintada en sus mejillas; así el deiforme
    Alejandro, temiendo al hijo de Atreo, desapareció
    en la turba de los altivos troyanos.

    38. Advirtiólo Héctor y lo reprendió con injuriosas
    palabras:

    39. -¡Miserable Paris, el de más hermosa figura,
    mujeriego, seductor! Ojalá no te contaras en el
    número de los nacidos o hubieses muerto célibe.
    Yo así lo quisiera y te valdría más que ser la
    vergüenza y el oprobio de los tuyos. Los melenudos
    aqueos se ríen de haberte considerado
    como un bravo campeón por tu gallarda figura,
    cuando no hay en tu pecho ni fuerza ni valor. Y
    siendo cual eres, ¿reuniste a tus amigos, surcaste
    los mares en ligeros buques, visitaste a extranjeros
    y trajiste de remota tierra una mujer
    linda, esposa y cuñada de hombres belicosos,
    que es una gran plaga para tu padre, la ciudad
    y el pueblo todo, y causa de gozo para los enemigos
    y de confusión para ti mismo? ¿No esperas
    a Menelao, caro a Ares? Conocerías de qué
    varón tienes la floreciente esposa, y no te valdrían
    la cítara, los dones de Afrodita, la cabellera
    y la hermosura, cuando rodaras por el polvo.
    Los troyanos son muy tímidos; pues, si no, ya
    estarías revestido de una túnica de piedras por
    los males que les has causado.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 08:25

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO III

    Juramentos- Contemplando desde la muralla –
    Combate singular de Alejandro y Menelao


    58. Respondióle el deiforme Alejandro:

    59. -¡Héctor! Con motivo me increpas y no más
    de lo justo; pero tu corazón es inflexible como
    el hacha que hiende un leño y multiplica la
    fuerza de quien la maneja hábilmente para cortar
    maderos de navío: tan intrépido es el ánimo
    que en tu pecho se encierra. No me eches en
    cara los amables dones de la dorada Afrodita,
    que no son despreciables los eximios presentes
    de los dioses y nadie puede escogerlos a su
    gusto. Y si ahora quieres que luche y combata,
    detén a los demás troyanos y a los aqueos todos,
    y dejadnos en medio a Menelao, caro a
    Ares, y a mí para que peleemos por Helena y
    sus riquezas: el que venza, por ser más valiente,
    lleve a su casa mujer y riquezas; y, después de
    jurar paz y amistad, seguid vosotros en la fértil
    Troya y vuelvan aquéllos a Argos, criadora de
    caballos, y a la Acaya, de lindas mujeres.

    76. Así dijo. Oyólo Héctor con intenso placer, y,
    corriendo al centro de ambos ejércitos con la
    lanza cogida por el medio, detuvo las falanges
    troyanas, que al momento se quedaron quietas.
    Los melenudos aqueos le arrojaban flechas,
    dardos y piedras. Pero Agamenón, rey de
    hombres, gritóles con voz recia:

    82. -Deteneos, argivos; no tiréis, jóvenes aqueos;
    pues Héctor, el de tremolante casco, quiere decirnos
    algo.

    84. Así se expresó. Abstuviéronse de combatir y
    pronto quedaron silenciosos. Y Héctor, colocándose
    entre unos y otros, dijo:

    86.-Oíd de mis labios, troyanos y aqueos de
    hermosas grebas, el ofrecimiento de Alejandro
    por quien se suscitó la contienda. Propone que
    troyanos y aqueos dejemos las bellas armas en
    el fértil suelo, y él y Menelao, caro a Ares, peleen
    en medio por Helena y sus riquezas todas: el
    que venza, por ser más valiente, llevará a su
    casa mujer y riquezas, y los demás juraremos
    paz y amistad.

    95. Así dijo. Todos enmudecieron y quedaron
    silenciosos. Y Menelao, valiente en la pelea, les
    habló de este modo:

    97. -Ahora oídme también a mí. Tengo el corazón
    traspasado de dolor, y creo que ya, argivos
    y troyanos, debéis separaros, pues padecisteis
    muchos males por mi contienda, que Alejandro
    originó. Aquél de nosotros para quien se
    hallen aparejados el destino y la muerte perezca;
    y los demás separaos cuanto antes. Traed un
    cordero blanco y una cordera negra para la Tierra
    y el Sol; nosotros traeremos otro para Zeus.
    Conducid acá a Príamo para que en persona
    sancione los juramentos, pues sus hijos son
    soberbios y fementidos: no sea que por alguna
    transgresión se quebranten los juramentos prestados
    invocando a Zeus. El alma de los jóvenes
    es siempre voluble, y el viejo, cuando interviene
    en algo, tiene en cuenta lo pasado y lo futuro
    a fin de que se haga lo más conveniente para
    ambas partes.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 08:31

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO III

    Juramentos- Contemplando desde la muralla –
    Combate singular de Alejandro y Menelao.
    Cont.

    111. Así dijo. Gozáronse aqueos y troyanos con
    la esperanza de que iba a terminar la calamitosa
    guerra. Detuvieron los corceles en las filas, bajaron
    de los carros y, dejando la armadura en el
    suelo, se pusieron muy cerca los unos de los
    otros. Un corto espacio mediaba entre ambos
    ejércitos.

    116. Héctor despachó dos heraldos a la ciudad
    para que en seguida le trajeran las víctimas y
    llamaran a Príamo. El rey Agamenón, por su
    parte, mandó a Taltibio que se llegara a las
    cóncavas naves por un cordero. El heraldo no
    desobedeció al divino Agamenón.

    121. Entonces la mensajera Iris fue en busca de
    Helena, la de níveos brazos, tomando la figura
    de su cuñada Laódice, mujer del rey Helicaón
    Antenórida, que era la más hermosa de las hijas
    de Príamo. Hallóla en el palacio tejiendo una
    gran tela doble, purpúrea, en la cual entretejía
    muchos trabajos que los troyanos, domadores
    de caballos, y los aqueos, de broncíneas corazas,
    habían padecido por ella por mano de
    Ares. Paróse Iris, la de los pies ligeros, junto a
    Helena, y así le dijo:

    130. -Ven acá, ninfa querida, para que presencies
    los admirables hechos de los troyanos, domadores
    de caballos, y de los aqueos, de
    broncíneas corazas. Los que antes, ávidos del
    funesto combate, llevaban por la llanura al luctuoso
    Ares unos contra otros, se sentaron -pues
    la batalla se ha suspendido- y permanecen silenciosos,
    reclinados en los escudos, con las
    luengas picas clavadas en el suelo. Alejandro y
    Menelao, caro a Ares, lucharán por ti con ingentes
    lanzas, y el que venza te llamará su
    amada esposa.

    139. Cuando así hubo hablado, le infundió en el
    corazón dulce deseo de su anterior marido, de
    su ciudad y de sus padres. Y Helena salió al
    momento de la habitación, cubierta con blanco
    velo, derramando tiernas lágrimas; sin que fuera
    sola, pues la acompañaban dos doncellas,
    Etra, hija de Piteo, y Clímene, la de ojos de novilla.
    Pronto llegaron a las puertas Esceas.

    146. Allí, sobre las puertas Esceas, estaban
    Príamo, Pántoo, Timetes, Lampo, Clitio, Hicetaón,
    vástago de Ares, y los prudentes Ucalegonte
    y Anténor, ancianos del pueblo; los cuales
    a causa de su vejez no combatían, pero eran
    buenos arengadores, semejantes a las cigarras
    que, posadas en los árboles de la selva, dejan
    oír su aguda voz. Tales próceres troyanos había
    en la torre. Cuando vieron a Helena, que hacia
    ellos se encaminaba, dijéronse unos a otros,
    hablando quedo, estas aladas palabras:

    156. -No es reprensible que troyanos y aqueos,
    de hermosas grebas, sufran prolijos males por
    una mujer como ésta, cuyo rostro tanto se parece
    al de las diosas inmortales. Pero, aun siendo
    así, váyase en las naves, antes de que llegue a
    convertirse en una plaga para nosotros y para
    nuestros hijos.

    161. Así hablaban. Príamo llamó a Helena y le
    dijo:


    Cont.


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    HOMERO (c.928 a.C.-?). Grecia Clásica. - Página 2 Empty Re: HOMERO (c.928 a.C.-?). Grecia Clásica.

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 16 Feb 2021, 04:25

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO III

    Juramentos- Contemplando desde la muralla –
    Combate singular de Alejandro y Menelao.
    Cont.

    162. -Ven acá, hija querida; siéntate a mi lado
    para que veas a tu anterior marido y a sus parientes
    y amigos -pues a ti no te considero culpable,
    sino a los dioses que promovieron contra
    nosotros la luctuosa guerra de los aqueos- y me
    digas cómo se llama ese ingente varón, quién es
    ese aqueo gallardo y alto de cuerpo. Otros hay
    de mayor estatura, pero jamás vieron mis ojos
    un hombre tan hermoso y venerable. Parece un
    rey.

    171. Contestó Helena, divina entre las mujeres:

    172 -Me inspiras, suegro amado, respeto y temor.
    ¡Ojalá la muerte me hubiese sido grata
    cuando vine con tu hijo, dejando, a la vez que el
    tálamo, a mis hermanos, mi hija querida y mis
    amables compañeras! Pero no sucedió así, y
    ahora me consumo llorando. Voy a responder a
    tu pregunta: Ése es el poderosísimo Agamenón
    Atrida, buen rey y esforzado combatiente, que
    fue cuñado de esta desvergonzada, si todo no
    ha sido sueño.

    181. Así dijo. El anciano contemplólo con admiración
    y exclamó:

    182. -¡Atrida feliz, nacido con suerte, afortunado!
    Muchos son los aqueos que lo obedecen. En
    otro tiempo fui a la Frigia, en viñas abundosa, y
    vi a muchos de sus naturales -los pueblos de
    Otreo y de Migdón, igual a un dios- que con los
    ágiles corceles acampaban a orillas del Sangario.
    Entre ellos me hallaba, a fuer de aliado, el
    día en que llegaron las varoniles amazonas.
    Pero no eran tantos como los aqueos de ojos
    vivos.

    191. Fijando la vista en Ulises, el anciano volvió
    a preguntar:

    192. -Ea, dime también, hija querida, quién es
    aquél, menor en estatura que Agamenón Atrida,
    pero más ancho de espaldas y de pecho. Ha
    dejado en el fértil suelo las armas y recorre las
    filas como un carnero. Parece un velloso carnero
    que atraviesa un gran rebaño de cándidas
    ovejas.

    199. Al momento le respondió Helena, hija de
    Zeus:

    200. -Aquél es el hijo de Laertes, el ingenioso
    Ulises, que se crió en la áspera ítaca; tan hábil
    en urdir engaños de toda especie, como en dar
    prudentes consejos.

    203. El sensato Anténor replicó al momento:

    204. -Mujer, mucha verdad es lo que dices. Ulises
    vino por ti, como embajador, con Menelao,
    caro a Ares; yo los hospedé y agasajé en mi
    palacio y pude conocer la condición y los prudentes
    consejos de ambos. Entre los troyanos
    reunidos, de pie, sobresalía Menelao por sus
    anchas espaldas; sentados, era Ulises más majestuoso.
    Cuando hilvanaban razones y consejos
    para todos nosotros, Menelao hablaba de
    prisa, poco, pero muy claramente: pues no era
    verboso, ni, con ser el más joven, se apartaba
    del asunto; el ingenioso Ulises, después de levantarse,
    permanecía en pie con la vista baja y
    los ojos clavados en el suelo, no meneaba el
    cetro que tenía inmóvil en la mano, y parecía
    un ignorante: lo hubieras tomado por un iracundo
    o por un estúpido. Mas tan pronto como
    salían de su pecho las palabras pronunciadas
    con voz sonora, como caen en invierno los copos
    de nieve, ningún mortal hubiese disputado
    con Ulises. Y entonces ya no admirábamos tanto
    la figura de héroe.

    Cont.




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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 16 Feb 2021, 04:33

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO III

    Juramentos- Contemplando desde la muralla –
    Combate singular de Alejandro y Menelao.
    Cont.

    225. Reparando la tercera vez en Ayante, dijo el
    anciano:

    226. -¿Quién es ese otro aqueo gallardo y alto,
    que descuella entre los argivos por su cabeza y
    anchas espaldas?

    228. Respondió Helena, la de largo pelo, divina
    entre las mujeres:

    229. -Ése es el ingente Ayante, antemural de los
    aqueos. Al otro lado está Idomeneo, como un
    dios, entre los cretenses; rodéanlo los capitanes
    de sus tropas. Muchas veces Menelao, cáro a
    Ares, lo hospedó en nuestro palacio cuando venía
    de Creta. Distingo a los demás aqueos de
    ojos vivos, y me sería fácil reconocerlos y nombrarlos;
    mas no veo a dos caudillos de hombres,
    Cástor, domador de caballos, y Pólux, excelente
    púgil, hermanos carnales que me dio mi madre.
    ¿Acaso no han venido de la amena Lacedemonia?
    ¿O llegaron en las naves, surcadoras del
    ponto, y no quieren entrar en combate para no
    hacerse partícipes de mi deshonra y de mis
    muchos oprobios?

    243. Así habló. A ellos la fértil tierra los tenía ya
    consigo, en Lacedemoma, en su misma patria.

    244. Los heraldos atravesaban la ciudad con las
    víctimas para los divinos juramentos, los dos
    corderos, y el regocijador vino, fruto de la tierra,
    encerrado en un odre de piel de cabra. El
    heraldo Ideo llevaba además una reluciente
    cratera y copas de oro; y, acercándose al anciano,
    invitólo diciendo:

    250. -¡Levántate, Laomedontíada! Los próceres
    de los troyanos, domadores de caballos, y de
    los aqueos, de broncíneas corazas, te piden que
    bajes a la llanura y sanciones los fieles juramentos;
    pues Alejandro y Menelao, caro a Ares,
    combatirán con luengas lanzas por la esposa:
    mujer y riquezas serán del que venza, y, después
    de pactar amistad con fieles juramentos,
    nosotros seguiremos habitando la fértil Troya, y
    aquéllos volverán a Argos, criador de caballos,
    y a Acaya, la de lindas mujeres.

    259. Así dijo. Estremecióse el anciano y mandó a
    los amigos que engancharan los caballos. Obedeciéronlo
    solícitos. Subió Príamo y cogió las
    riendas; a su lado, en el magnífico carro, se puso
    Anténor. E inmediatamente guiaron los ligeros
    corceles hacia la llanura por las puertas Esceas.

    264. Cuando hubieron llegado al campo, descendieron
    del carro al almo suelo y se encaminaron
    al espacio que mediaba entre los troyanos
    y los aqueos. Levantóse al punto el rey de
    hombres, Agamenón, levantóse también el ingenioso
    Ulises; y los heraldos conspicuos juntaron
    las víctimas que debían inmolarse para los
    sagrados juramentos, mezclaron vinos en la
    cratera y dieron aguamanos a los reyes. El Atrida,
    con la daga que llevaba junto a la gran vaina
    de la espada, cortó pelo de la cabeza de los
    corderos, y los heraldos lo repartieron a los
    próceres troyanos y aqueos. Y, colocándose el
    Atrida en medio de todos, oró en alta voz con
    las manos levantadas:

    Cont.


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    HOMERO (c.928 a.C.-?). Grecia Clásica. - Página 2 Empty Re: HOMERO (c.928 a.C.-?). Grecia Clásica.

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 16 Feb 2021, 06:25

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO III

    Juramentos- Contemplando desde la muralla –
    Combate singular de Alejandro y Menelao. Cont.


    276. -¡Padre Zeus, que reinas desde el Ida, gloriosísimo,
    máximo! ¡Sol, que todo lo ves y todo
    lo oyes! ¡Ríos! ¡Tierra! ¡Y vosotros que en lo
    profundo castigáis a los muertos que fueron
    perjuros! Sed todos testigos y guardad los fieles
    juramentos: Si Alejandro mata a Menelao, sea
    suya Helena con todas las riquezas y nosotros
    volvámonos en las naves, surcadoras del ponto;
    mas si el rubio Menelao mata a Alejandro, devuélvannos
    los troyanos a Helena y las riquezas
    todas, y paguen a los argivos la indemnización
    que sea justa para que llegue a conocimiento
    de los hombres venideros. Y, si, vencido
    Alejandro, Príamo y sus hijos se negaren a pagar
    la indemnización, me quedaré a combatir
    por ella hasta que termine la guerra.

    292. Dijo, cortóles el cuello a los corderos y los
    puso palpitantes, pero sin vida, en el suelo; el
    cruel bronce les había quitado el vigor. Llenaron
    las copas sacando vino de la cratera, y derramándolo
    oraban a los sempiternos dioses. Y
    algunos de los aqueos y de los troyanos exclamaron:

    298. -¡Zeus gloriosísimo, máximo! ¡Dioses inmortales!
    Los primeros que obren contra lo
    jurado, vean derramárseles a tierra, como este
    vino, sus sesos y los de sus hijos, y sus esposas
    caigan en poder de extraños.

    302. De esta manera hablaban, pero el Cronión
    no ratificó el voto. Y Príamo Dardánida les dijo:

    304. -¡Oídme, troyanos y aqueos, de hermosas
    grebas! Yo regresaré a la ventosa Ilio, pues no
    podría ver con estos ojos a mi hijo combatiendo
    con Menelao, caro a Ares. Zeus y los demás
    dioses inmortales saben para cuál de ellos tiene
    el destino preparada la muerte.

    310. Dijo, y el varón igual a un dios colocó los
    corderos en el carro, subió él mismo y tomó las
    riendas; a su lado, en el magnífico carro, se puso
    Anténor. Y al instante volvieron a Ilio.

    314. Héctor, hijo de Príamo, y el divino Ulises
    midieron el campo, y, echando dos suertes en
    un casco de bronce, lo meneaban para decidir
    quién sería el primero en arrojar la broncínea
    lanza. Los hombres oraban y levantaban las
    manos a los dioses. Y algunos de los aqueos y
    de los troyanos exclamaron:

    320. -¡Padre Zeus, que reinas desde el Ida, gloriosísimo,
    máximo! Concede que quien tantos
    males nos causó a unos y a otros, muera y descienda
    a la morada de Hades, y nosotros disfrutemos
    de la jurada amistad.

    324. Así decían. El gran Héctor, el de tremolante
    casco, agitaba las suertes volviendo el rostro
    atrás: pronto saltó la de Paris. Sentáronse los
    guerreros, sin romper las filas, donde cada uno
    tenía los briosos corceles y las labradas armas.
    El divino Alejandro, esposo de Helena, la de
    hermosa cabellera, vistió una magnífica armadura:
    púsose en las piernas elegantes grebas
    ajustadas con broches de plata; protegió el pecho
    con la coraza de su hermano Licaón, que se
    le acomodaba bien; colgó del hombro una espada
    de bronce guarnecida con clavos de plata;
    embrazó el grande y fuerte escudo; cubrió la
    robusta cabeza con un hermoso casco, cuyo
    terrible penacho de crines de caballo ondeaba
    en la cimera, y asió una fornida lanza que su
    mano pudiera manejar. De igual manera vistió
    las armas el aguerrido Menelao.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 16 Feb 2021, 06:32

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO III

    Juramentos- Contemplando desde la muralla –
    Combate singular de Alejandro y Menelao.
    Cont.

    340. Cuando hubieron acabado de armarse separadamente
    de la muchedumbre, aparecieron
    en el lugar que mediaba entre ambos ejércitos,
    mirándose de un modo terrible; y así los troyanos,
    domadores de caballos, como los aqueos,
    de hermosas grebas, se quedaron atónitos al
    contemplarlos. Encontráronse aquéllos en el
    medido campo, y se detuvieron blandiendo las
    lanzas y mostrando el odio que recíprocamente
    se tenían. Alejandro arrojó el primero la luenga
    lanza y dio un bote en el escudo liso del Atrida,
    sin que el bronce lo rompiera: la punta se torció
    al chocar con el fuerte escudo. Y Menelao Atrida,
    disponiéndose a acometer con la suya, oró
    al padre Zeus:

    351. -¡Soberano Zeus! Permíteme castigar al divino
    Alejandro, que me ofendió primero, y hazlo
    sucumbir a mis manos, para que los hombres
    venideros teman ultrajar a quien los hospedare
    y les ofreciere su amistad.

    355. Dijo, y blandiendo la luenga lanza, acertó a
    dar en el escudo liso del Priámida. La ingente
    lanza atravesó el terso escudo, se clavó en la
    labrada coraza y rasgó la túnica sobre el ijar.
    Inclinóse el troyano y evitó la negra muerte. El
    Atrida desenvainó entonces la espada guarnecida
    de argénteos clavos; pero, al herir al enemigo
    en la cimera del casco, se le cayó de la
    mano, rota en tres o cuatro pedazos. Y el Atrida,
    alzando los ojos al anchuroso cielo, se lamentó
    diciendo:

    365. -¡Padre Zeus, no hay dios más funesto que
    tú! Esperaba castigar la perfidia de Alejandro, y
    la espada se quiebra en mis manos, la lanza es
    arrojada inútilmente y no consigo vencerlo.

    369. Dice, y arremetiendo a Paris, cógelo por el
    casco adornado con espesas crines de caballo,
    que retuerce, y lo arrastra hacia los aqueos de
    hermosas grebas, medio ahogado por la bordada
    correa que, atada por debajo de la barba
    para asegurar el casco, le apretaba el delicado
    cuello. Y se lo hubiera llevado, consiguiendo
    inmensa gloria, si al punto no lo hubiese advertido
    Afrodita, hija de Zeus, que rompió la correa
    hecha del cuero de un buey degollado: el
    casco vacío siguió a la robusta mano, el héroe lo
    volteó y arrojó a los aqueos, de hermosas grebas,
    y sus fieles compañeros lo recogieron. De
    nuevo asaltó Menelao a Paris para matarlo con
    la broncínea lanza; pero Afrodita arrebató a su
    hijo con gran facilidad, por ser diosa, y llevólo,
    envuelto en densa niebla, al oloroso y perfumado
    tálamo. Luego fue a llamar a Helena,
    hallándola en la alta torre con muchas troyanas;
    tiró suavemente de su perfumado velo, y, tomando
    la figura de una anciana cardadora que
    allá en Lacedemonia le preparaba a Helena
    hermosas lanas y era muy querida de ésta, díjole
    la diosa Afrodita:

    390 -Ven acá. Te llama Alejandro para que
    vuelvas a tu casa. Hállase, esplendente por su
    belleza y sus vestidos, en el torneado lecho de
    la cámara nupcial. No dirías que viene de combatir,
    sino que va al baile o que reposa de reciente
    danza.

    Cont.


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    HOMERO (c.928 a.C.-?). Grecia Clásica. - Página 2 Empty Re: HOMERO (c.928 a.C.-?). Grecia Clásica.

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 16 Feb 2021, 06:48

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO III

    Juramentos- Contemplando desde la muralla –
    Combate singular de Alejandro y Menelao.
    Cont.

    395. Así dijo. Helena sintió que en el pecho le
    palpitaba el corazón; pero, al ver el hermosísimo
    cuello, los lindos pechos y los refulgentes
    ojos de la diosa, se asombró y le dijo:

    399. -¡Cruel! ¿Por qué quieres engañarme? ¿Me
    llevarás acaso más allá, a cualquier populosa
    ciudad de la Frigia o de la Meonia amena donde
    algún hombre dotado de palabra te sea querido?
    ¿Vienes con engaños porque Menelao ha
    vencido al divino Alejandro, y quieres que yo,
    la odiosa, vuelva a su casa? Ve, siéntate al lado
    de Paris, deja el camino de las diosas, no te
    conduzcan tus pies al Olimpo; y llora, y vela
    por él, hasta que te haga su esposa o su esclava.
    No iré allá, ¡vergonzoso fuera!, a compartir su
    lecho; todas las troyanas me lo vituperarían, y
    ya son muchos los pesares que conturban mi
    corazón.

    413. La divina Afrodita le respondió airada:

    414. -¡No me irrites, desgraciada! No sea que,
    enojándome, te desampare; te aborrezca de
    modo tan extraordinario como hasta aquí te
    amé; ponga funestos odios entre troyanos y dánaos,
    y tú perezcas de mala muerte.

    418. Así dijo. Helena, hija de Zeus, tuvo miedo;
    y, echándose el blanco y espléndido velo, salió
    en silencio tras la diosa, sin que ninguna de las
    troyanas lo advirtiera.

    421. Tan pronto como llegaron al magnífico palacio
    de Alejandro, las esclavas volvieron a sus
    labores, y la divina entre las mujeres se fue derecha
    a la cámara nupcial de elevado techo. La
    risueña Afrodita colocó una silla delante de
    Alejandro; sentóse Helena, hija de Zeus, que
    lleva la égida, y, apartando la vista de su esposo,
    lo increpó con estas palabras:

    428. -¡Vienes de la lucha, y hubieras debido perecer
    a manos del esforzado varón que fue mi
    anterior marido! Blasonabas de ser superior a
    Menelao, caro a Ares, en fuerza, en puños y en
    el manejo de la lanza; pues provócalo de nuevo
    a singular combate. Pero no: te aconsejo que
    desistas, y no quieras pelear ni contender temerariamente
    con el rubio Menelao; no sea que en
    seguida sucumbas, herido por su lanza.

    437. Respondióle Paris con estas palabras:

    438. -Mujer, no me zahieras con amargos baldones.
    Hoy ha vencido Menelao con el auxilio de
    Atenea; otro día lo venceré yo, pues también
    tenemos dioses que nos protegen. Mas, ea,
    acostémonos y volvamos a ser amigos. Jamás la
    pasión se apoderó de mi espíritu como ahora;
    ni cuando, después de robarte, partimos de la
    amena Lacedemonia en las naves surcadoras
    del ponto y llegamos a la isla de Cránae, donde
    me unió contigo amoroso consorcio: con tal
    ansia te amo en este momento y tan dulce es el
    deseo que de mí se apodera.

    447. Dijo, y empezó a encaminarse al tálamo; y
    en seguida lo siguió la esposa.

    448. Acostáronse ambos en el torneado lecho,
    mientras el Atrida se revolvía entre la muchedumbre,
    como una fiera, buscando al deiforme
    Alejandro. Pero ningún troyano ni aliado ilustre
    pudo mostrárselo a Menelao, caro a Ares;
    que no por amistad lo hubiesen ocultado, pues
    a todos se les había hecho tan odioso como la
    negra muerte. Y Agamenón, rey de hombres,
    les dijo:

    456. -iOíd, troyanos, dárdanos y aliados! Es evidente
    que la victoria quedó por Menelao, caro a
    Ares; entregadnos la argiva Helena con sus
    riquezas y pagad una indemnización, la que sea
    justa, para que llegue a conocimiento de los
    hombres venideros.

    461. Así dijo el Atrida, y los demás aqueos
    aplaudieron.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 17 Feb 2021, 05:10

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV*

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas


    * Menelao lo busca por el cameo de batalla y
    recibe en la cintura el impacto de una flecha
    lanzada por Pándaro, que así rompe la tregua
    covenida por los dos ejércitos antes de empezar
    el singular desafío. Entonces comienza una encarnizada
    lucha entre aqueos y troyanos.


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    HOMERO (c.928 a.C.-?). Grecia Clásica. - Página 2 Empty Re: HOMERO (c.928 a.C.-?). Grecia Clásica.

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 17 Feb 2021, 05:16

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV*

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas


    1. Sentados en el áureo pavimento junto a Zeus,
    los dioses celebraban consejo. La venerable
    Hebe escanciaba néctar, y ellos recibían sucesivamente
    la copa de oro y contemplaban la ciudad
    de Troya. Pronto el Cronida intentó zaherir
    a Hera con mordaces palabras; y, hablando
    fingidamente, dijo:

    7. -Dos son las diosas que protegen a Menelao,
    Hera argiva y Atenea alalcomenia; pero, sentadas
    a distancia, se contentan con mirarlo; mientras
    que Afrodita, amante de la risa, acompaña
    constantemente al otro y lo Libra de Las parcas,
    y ahora lo acaba de salvar cuando él mismo
    creía perecer. Pero, como la victoria quedó por
    Menelao, caro a Ares, deliberemos sobre sus
    futuras consecuencias: si conviene promover
    nuevamente el funesto combate y la terrible
    pelea, o reconciliar a entrambos pueblos. Si a
    todos pluguiera y agradara, la ciudad del rey
    Príamo continuaría poblada y Menelao se llevaría
    la argiva Helena.

    20. Así dijo. Atenea y Hera, que tenían Los
    asientos contiguos y pensaban en causar daño a
    Los troyanos, se mordieron Los labios. Atenea,
    aunque airada contra su padre Zeus y poseída
    de feroz cólera, guardó silencio y nada dijo;
    pero a Hera no le cupo la ira en el pecho, y exclamó:

    25.-¡Crudelísimo Cronida! ¡Qué palabras proferiste!
    ¿Quieres que sea vano a ineficaz mi trabajo
    y el sudor que me costó? Mis corceles se fatigaron,
    cuando reunía el ejército contra Príamo
    y sus hijos. Haz lo que dices, pero no todos los
    dioses te lo aprobaremos.

    30. Respondióle muy indignado Zeus, que
    amontona las nubes:

    31. -¡Desdichada! ¿Qué graves ofensas te infieren
    Príamo y sus hijos para que continuamente
    anheles destruir la bien edificada ciudad de
    Ilio? Si trasponiendo las puertas de los altos
    muros, te comieras crudo a Príamo, a sus hijos
    y a los demás troyanos, quizá tu cólera se apaciguara.
    Haz lo que te plazca; no sea que de
    esta disputa se origine una gran riña entre nosotros.
    Otra cosa voy a decirte que fijarás en la
    memoria: cuando yo tenga vehemente deseo de
    destruir alguna ciudad donde vivan amigos
    tuyos, no retardes mi cólera y déjame hacer lo
    que quiera, ya que ésta te la cedo espontáneamente,
    aunque contra los impulsos de mi alma.
    De las ciudades que los hombres terrestres
    habitan debajo del sol y del cielo estrellado, la
    sagrada Ilio era la preferida de mi corazón, con
    Príamo y su pueblo armado con lanzas de fresno.
    Mi altar jamás careció en ella del alimento
    debido, libaciones y vapor de grasa quemada;
    que tales son los honores que se nos deben.

    50. Contestóle en seguida Hera veneranda, la de
    ojos de novilla:

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 17 Feb 2021, 05:28

    HOMERO

    LA ILIADA

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV*

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas


    51. -Tres son las ciudades que más quiero: Argos,
    Esparta y Micenas, la de anchas calles;
    destrúyelas cuando las aborrezca tu corazón, y
    no las defenderé, ni me opondré siquiera. Y si
    me opusiere y no lo permitiere destruirlas, nada
    conseguiría, porque tu poder es muy superior.
    Pero es preciso que mi trabajo no resulte
    inútil. También yo soy una deidad, nuestro
    linaje es el mismo y el artero Crono engendróme
    la más venerable, por mi abolengo y por
    llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas
    sobre los inmortales todos. Transijamos, yo
    contigo y tú conmigo, y los demás dioses inmortales
    nos seguirán. Manda presto a Atenea
    que vaya al campo de la terrible batalla de los
    troyanos y los aqueos, y procure que los troyanos
    empiecen a ofender, contra lo jurado, a los
    envanecidos aqueos.

    68. Así dijo. No desobedeció el padre de los
    hombres y de los dioses; y, dirigiéndose a Atenea,
    profirió en seguida estas aladas palabras:

    70. -Ve muy presto al campo de los troyanos y
    de los aqueos, y procura que los troyanos empiecen
    a ofender, contra lo jurado, a los envanecidos
    aqueos.

    73. Con tales voces instigólo a hacer lo que ella
    misma deseaba; y Atenea bajó en raudo vuelo
    de las cumbres del Olimpo. Cual fúlgida estrella
    que, enviada como señal por el hijo del artero
    Crono a los navegantes o a los individuos de
    un gran ejército, despide gran número de chispas;
    de igual modo Palas Atenea se lanzó a la
    tierra y cayó en medio del campo. Asombráronse
    cuantos la vieron, así los troyanos, domadores
    de caballos, como los aqueos, de hermosas
    grebas, y no faltó quien dijera a su vecino:

    82. -O empezará nuevamente el funesto combate
    y la terrible pelea, o Zeus, árbitro de la guerra
    humana, pondrá amistad entre ambos pueblos.

    85. De esta manera hablaban algunos de los
    aqueos y de los troyanos. La diosa, transfigurada
    en varón -parecíase a Laódoco Antenórida,
    esforzado combatiente-, penetró por el ejército
    troyano buscando al deiforme Pándaro. Halló
    por fin al eximio y fuerte hijo de Licaón en medio
    de las filas de hombres valientes, escudados,
    que con él habían llegado de las orillas del
    Esepo; y, deteniéndose cerca de él, le dijo estas
    aladas palabras:

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 17 Feb 2021, 05:34

    HOMERO

    LA ILIADA

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas


    93. -¿Querrás obedecerme, hijo valeroso de Licaón?
    ¡Te atrevieras a disparar una veloz flecha
    contra Menelao! Alcanzarías gloria entre los
    troyanos y te lo agradecerían todos, y particularmente
    el príncipe Alejandro; éste te haría
    espléndidos presentes, si viera que a Menelao,
    belicoso hijo de Atreo, lo subían a la triste pira,
    muerto por una de tus flechas. Ea, tira una saeta
    al ínclito Menelao, y vota sacrificar a Apolo
    nacido en Licia, célebre por su arco, una hecatombe
    perfecta de corderos primogénitos cuando
    vuelvas a tu patria, la sagrada ciudad de
    Zelea.
    Así dijo Atenea. El insensato se dejó persuadir,
    y asió en seguida el pulido arco hecho con las
    astas de un lascivo buco montés, a quien él había
    acechado y herido en el pecho cuando saltaba
    de un peñasco: el animal cayó de espaldas
    en la roca, y sus cuernos de dieciséis palmos
    fueron ajustados y pulidos por hábil artífice y
    adornados con anillos de oro. Pándaro tendió el
    arco, bajándolo a inclinándolo al suelo, y sus
    valientes amigos lo cubrieron con los escudos,
    para que los belicosos aqueos no arremetieran
    contra él antes que Menelao, aguerrido hijo de
    Atreo, fuese herido. Destapó el carcaj y sacó
    una flecha nueva, alada, causadora de acerbos
    dolores; adaptó en seguida a la cuerda del arco
    la amarga saeta, y votó a Apolo nacido en Licia,
    el de glorioso arco, sacrificarle una espléndida
    hecatombe de corderos primogénitos cuando
    volviera a su patria, la sagrada ciudad de Zelea.
    Y, cogiendo a la vez las plumas y el bovino
    nervio, tiró hacia su pecho y acercó la punta de
    hierro al arco. Armado así, rechinó el gran arco
    circular, crujió la cuerda y saltó la puntiaguda
    flecha deseosa de volar sobre la multitud.

    127. No se olvidaron de ti, oh Menelao, los felices
    a inmortales dioses y especialmente la hija
    de Zeus, que impera en las batallas; la cual,
    poniéndose delante, desvió la amarga flecha:
    apartóla del cuerpo como la madre ahuyenta
    una mosca de su niño que duerme con plácido
    sueño, y la dirigió al lugar donde los anillos de
    oro sujetaban el cinturón y la coraza era doble.
    La amarga saeta atravesó el ajustado cinturón,
    obra de artífice; se clavó en la magnífica coraza,
    y, rompiendo la chapa que el héroe llevaba para
    proteger el cuerpo contra las flechas y que lo
    defendió mucho, rasguñó la piel y al momento
    brotó de la herida la negra sangre.

    141. Como una mujer meonia o caria tiñe en
    púrpura el marfil que ha de adornar el freno de
    un caballo, muchos jinetes desean llevarlo y
    aquélla lo guarda en su casa para un rey a fin
    de que sea ornamento para el caballo y motivo
    de gloria para el caballero; de la misma manera,
    oh Menelao, se tiñeron de sangre tus bien formados
    muslos, las piernas, y más abajo los
    hermosos tobillos.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 17 Feb 2021, 05:41

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas


    148. Estremecióse el rey de hombres, Agamenón,
    al ver la negra sangre que manaba de la
    herida. Estremecióse asimismo Menelao, caro a
    Ares; mas, como advirtiera que quedaban fuera
    el nervio y las plumas, recobró el ánimo en su
    pecho. Y el rey Agamenón, asiendo de la mano
    a Menelao, dijo entre hondos suspiros mientras
    los compañeros gemían:

    155. -¡Hermano querido! Para tu muerte celebré
    el jurado convenio cuando te puse delante de
    todos a fin de que lucharas por los aqueos, tú
    solo, con los troyanos. Así te han herido: pisoteando
    los juramentos de fidelidad. Pero no serán
    inútiles el pacto, la sangre de los corderos,
    las libaciones de vino puro y el apretón de manos
    en que confiábamos. Si el Olímpico no los
    castiga ahora, lo hará más tarde, y pagarán
    cuanto hicieron con una gran pena: con sus
    propias cabezas, sus mujeres y sus hijos. Bien lo
    conoce mi inteligencia y lo presiente mi corazón:
    día vendrá en que perezcan la sagrada
    llio, y Priamo, y su pueblo armado con lanzas
    de Fresno; el excelso Zeus Cronida, que vive en
    el éter, irritado por este engaño, agitará contra
    ellos su égida espantosa. Todo esto ha de suceder
    irremisiblemente. Pero será grande mi pesar,
    oh Menelao, si mueres y llegas al término
    fatal de to vida, y he de volver con gran oprobio
    a la árida Argos; porque los aqueos se acordarán
    en seguida de su tierra patria, dejaremos
    como trofeos en poder de Príamo y de los troyanos
    a la argiva Helena, y tus huesos se pudrirán
    en Troya a causa de una empresa no
    llevada a cumplimiento. Y alguno de los troyanos
    soberbios exclamará, saltando sobre la
    tumba del glorioso Menelao: «Así efectúe
    Agamenón todas sus venganzas como ésta;
    pues trajo inútilmente un ejército aqueo y regresó
    a su patria con las naves vacías, dejando
    aquí al valiente Menelao.» Y cuando esto diga,
    ábraseme la anchurosa tierra.

    183. Para tranquilizarlo, respondió el rubio Menelao:

    184 -Ten ánimo y no espantes a los aqueos. La
    aguda flecha no se me ha clavado en sitio mortal,
    pues me protegió por fuera el labrado cinturón
    y por dentro la faja y la chapa que forjaron
    obreros broncistas.

    188. Contestóle el rey Agamenón, diciendo:

    189. -¡Ojalá sea así, querido Menelao! Un médico
    reconocerá la herida y le aplicará drogas que
    calmen los terribles dolores.

    192. Dijo, y en seguida dio esta orden al divino
    heraldo Taltibio:

    193. -¡Taltibio! Llama pronto a Macaón, el hijo
    del insigne médico Asclepio, para que reconozca
    al aguerrido Menelao, hijo de Atreo, a quien
    ha flechado un hábil arquero troyano o licio;
    gloria para él y llanto para nosotros.

    198. Así dijo, y el heraldo al oírlo no desobedeció.
    Fuese por entre los aqueos, de broncíneas
    corazas, buscó con la vista al héroe Macaón y lo
    halló en medio de las fuertes filas de hombres
    escudados que lo habían seguido desde Trica,
    criadora de caballos. Y, deteniéndose cerca de
    él, le dirigió estas aladas palabras:

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 17 Feb 2021, 06:07

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas
    .

    204. -¡Ven, Asclepíada! Te llama el rey Agamenón
    para que reconozcas al aguerrido Menelao,
    caudillo de los aqueos, a quien ha flechado
    hábil arquero troyano o licio; gloria para él y
    llanto para nosotros.

    208. Así dijo, y Macaón sintió que en el pecho se
    le conmovía el ánimo. Atravesaron, hendiendo
    por la gente, el espacioso campamento de los
    aqueos; y llegando al lugar donde fue herido el
    rubio Menelao (éste aparecía como un dios entre
    los principales caudillos que en torno de él
    se habían congregado), Macaón arrancó la flecha
    del ajustado cíngulo; pero, al tirar de ella,
    rompiéronse las plumas, y entonces desató el
    vistoso cinturón y quitó la faja y la chapa que
    habían hecho obreros broncistas. Tan pronto
    como vio la herida causada por la cruel saeta,
    chupó la sangre y aplicó con pericia drogas
    calmantes que a su padre había dado Quirón en
    prueba de amistad.

    220. Mientras se ocupaban en curar a Menelao,
    valiente en la pelea, llegaron las huestes de los
    escudados troyanos; vistieron aquéllos la armadura,
    y ya sólo pensaron en el combate.

    223. Entonces no hubieras visto que el divino
    Agamenón se durmiera, temblara o rehuyera el
    combate, pues iba presuroso a la lid, donde los
    varones alcanzan gloria. Dejó los caballos y el
    carro de broncíneos adornos -Eurimedonte, hijo
    de Ptolomeo Piraída, se quedó a cierta distancia
    con los fogosos corceles-, encargó al auriga que
    no se alejara por si el cansancio se apoderaba
    de sus miembros, mientras ejercía el mando
    sobre aquella multitud de hombres y empezó a
    recorrer a pie las hileras de guerreros. A cuantos
    veía, de entre los dánaos de ágiles corceles,
    que se apercibían para la pelea, los animaba
    diciendo:

    234. -¡Argivos! No desmaye vuestro impetuoso
    valor. El padre Zeus no protegerá a los pérfidos:
    como han sido los primeros en faltar a lo
    jurado, sus tiernas carnes serán pasto de buitres
    y nosotros nos llevaremos en las naves a sus
    esposas e hijos cuando tomemos la ciudad.

    240. A los que veía remisos en marchar al odioso
    combate, los increpaba con iracundas voces:

    241. -¡Argivos que sólo con el arco sabéis pelear,
    hombres vituperables! ¿No os avergonzáis?
    ¿Por qué os hallo atónitos como cervatos que,
    habiendo corrido por espacioso campo, se detienen
    cuando ningún vigor queda en su pecho?
    Así estáis vosotros: pasmados y sin combatir.
    ¿Aguardáis acaso que los troyanos lleguen
    a la orilla del espumoso mar donde tenemos
    las naves de lindas popas, para ver si el
    Cronión extiende su mano sobre vosotros?

    250. De tal suerte revistaba, como generalísimo,
    las filas de guerreros. Andando por entre la
    muchedumbre, llegó al sitio donde los cretenses
    vestían las armas con el aguerrido Idomeneo.
    Éste, semejante a un jabalí por su bravura,
    se hallaba en las primeras filas, y Meriones
    enardecía a los soldados de las últimas falanges.
    Al verlos, el rey de hombres, Agamenón,
    se alegró y al punto dijo a Idomeneo con suaves
    voces:

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 18 Feb 2021, 15:14

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas.


    257. -¡Idomeneo! Te honro de un modo especial
    entre los dánaos, de ágiles corceles, así en la
    guerra a otra empresa, como en el banquete,
    cuando los próceres argivos beben el negro
    vino de honor mezclado en las crateras. A los
    demás aqueos de larga cabellera se les da su
    ración; pero tú tienes siempre la copa llena,
    como yo, y bebes cuanto te place. Corre ahora a
    la batalla y muestra el denuedo de que te jactas.

    265. Respondióle Idomeneo, caudillo de los cretenses:

    266. -¡Atrida! Siempre he de ser tu amigo fiel,
    como lo aseguré y prometí que lo sería. Pero
    exhorta a los demás melenudos aqueos, para
    que cuanto antes peleemos con los troyanos, ya
    que éstos han roto los pactos. La muerte y toda
    clase de calamidades les aguardan, por haber
    sido los primeros en faltar a lo jurado.

    272. Así dijo, y el Atrida con el corazón alegre
    pasó adelante. Andando por entre la muchedumbre
    llegó al sitio donde estaban los Ayantes.
    Éstos se armaban, y una nube de infantes
    los seguía. Como el nubarrón, impelido por el
    céfiro, camina sobre el mar y se le ve a to lejos
    negro como la pez y preñado de tempestad, y el
    cabrero se estremece al divisarlo desde una
    altura, y, antecogiendo el ganado, lo conduce a
    una cueva; de igual modo iban al dañoso combate,
    con los Ayantes, las densas y obscuras
    falanges de jóvenes ilustres, erizadas de lanzas
    y escudos. Al verlos, el rey Agamenón se regocijó,
    y dijo estas aladas palabras:

    285. -¡Ayantes, príncipes de los argivos de
    broncíneas corazas! A vosotros -inoportuno
    fuera exhortaros- nada os encargo, porque ya
    instigáis al ejército a que pelee valerosamente.
    Ojalá, ¡padre Zeus, Atenea, Apolo!, que hubiese
    el mismo ánimo en todos los pechos, pues
    pronto la ciudad del rey Príamo sería tomada y
    destruida por nuestras manos.

    292. Cuando así hubo hablado, los dejó y se fue
    hacia otros. Halló a Néstor, elocuente orador de
    los pilios, ordenando a los suyos y animándolos
    a pelear, junto con el gran Pelagonte, Alástor,
    Cromio, el poderoso Hemón y Biante, pastor de
    hombres. Ponía delante, con los respectivos
    carros y corceles, a los que desde aquéllos combatían;
    detrás, a gran copia de valientes peones
    que en la batalla formaban como un muro, y en
    medio, a los cobardes para que mal de su grado
    tuviesen que combatir. Y, dando instrucciones a
    los primeros, les encargaba que sujetaran los
    caballos y no promoviesen confusión entre la
    muchedumbre:

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 18 Feb 2021, 15:14

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas.


    303. -Nadie, confiando en su pericia ecuestre o
    en su valor, quiera luchar solo y fuera de las
    filas con los troyanos; que asimismo nadie retroceda;
    pues con mayor facilidad seríais vencidos.
    El que caiga del carro y suba al de otro
    pelee con la lanza, pues hacerlo así es mucho
    mejor. Con tal prudencia y ánimo en el pecho
    destruyeron los antiguos muchas ciudades y
    murallas.

    310. De tal suerte el anciano, diestro desde antiguo
    en la guerra, los enardecía. Al verlo, el rey
    Agamenón se alegró, y le dijo estas aladas palabras:

    313. -¡Oh anciano! ¡Así como conservas el ánimo
    en tu pecho, tuvieras ágiles las rodillas y sin
    menoscabo las fuerzas! Pero te abruma la vejez,
    que a nadie respeta. Ojalá que otro cargase con
    ella y tú fueras contado en el número de los
    jóvenes.

    317. Respondióle Néstor, caballero gerenio:

    318. -¡Atrida! También yo quisiera ser como
    cuando maté al divino Ereutalión. Pero jamás
    las deidades lo dieron todo y a un mismo tiempo
    a los hombres: si entonces era joven, ya para
    mí llegó la senectud. Esto no obstante, acompañaré
    a los que combaten en carros para exhortarlos
    con consejos y palabras, que tal es la misión
    de los ancianos. Las lanzas las blandirán
    los jóvenes, que son más vigorosos y pueden
    confiar en sus fuerzas.

    326. Así dijo, y el Atrida pasó adelante con el
    corazón alegre. Halló al excelente jinete Menesteo,
    hijo de Péteo, de pie entre los atenienses
    ejercitados en la guerra. Estaba cerca de ellos el
    ingenioso Ulises, y a poca distancia las huestes
    de los fuertes cefalenios, los cuales, no habiendo
    oído el grito de guerra -pues así las falanges
    de los troyanos, domadores de caballos, como
    las de los aqueos, se ponían entonces en movimiento-,
    aguardaban que otra columna aquea
    cerrara con los troyanos y diera principio la
    batalla. Al verlos, el rey Agamenón los increpó
    con estas aladas palabras:

    338. -¡Hijo del rey Péteo, alumno de Zeus; y tú,
    perito en malas artes, astuto! ¿Por qué, medrosos,
    os abstenéis de pelear y esperáis que otros
    tomen la ofensiva? Debierais estar entre los
    delanteros y correr a la ardiente pelea, ya que
    os invito antes que a nadie cuando los aqueos
    damos un banquete a los próceres. Entonces os
    gusta comer carne asada y beber sin tasa copas
    de dulce vino, y ahora veríais con placer que
    diez columnas aqueas combatieran delante de
    vosotros con el cruel bronce.

    349. Encarándole la torva vista, exclamó el ingenioso
    Ulises:

    350. -¡Atrida! ¡Qué palabras se te escaparon del
    cerco de los dientes! ¿Por qué dices que somos
    remisos en ir al combate? Cuando los aqueos
    excitemos al feroz Ares contra los troyanos
    domadores de caballos, verás, si quieres y te
    importa, cómo el padre amado de Telémaco
    penetra por las primeras filas de los troyanos,
    domadores de caballos. Vano y sin fundamento
    es tu lenguaje.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 18 Feb 2021, 15:22

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas.


    356. Cuando el rey Agamenón comprendió que
    el héroe se irritaba, sonrióse y, retractándose
    dijo:

    358. -¡Laertíada, del linaje de Zeus! ¡Ulises, fecundo
    en ardides! No ha sido mi intento ni reprenderte
    en demasía, ni darte órdenes. Conozco
    los benévolos sentimientos del corazón que
    tienes en el pecho, pues tu modo de pensar
    coincide con el mío. Pero ve, y si te dije algo
    ofensivo, luego arreglaremos este asunto.
    Hagan los dioses que todo se lo lleve el viento.

    364 Esto dicho, los dejó a11í, y se fue hacia
    otros. Halló al animoso Diomedes, hijo de Tideo,
    de pie entre los corceles y los sólidos carros;
    y a su lado a Esténelo, hijo de Capaneo. En
    viendo a aquél, el rey Agamenón lo reprendió,
    profiriendo estas aladas palabras:

    370. -¡Ay, hijo del aguerrido Tideo, domador de
    caballos! ¿Por qué tiemblas? ¿Por qué miras
    azorado el espacio que de los enemigos nos
    separa? No solía Tideo temblar de este modo,
    sino que, adelantándose a sus compañeros,
    peleaba con el enemigo. Así lo refieren quienes
    to vieron combatir, pues yo no to presencié ni
    to vi, y dicen que a todos superaba. Estuvo en
    Micenas, no para guerrear, sino como huésped,
    junto con el divino Polinices, cuando ambos
    reclutaban tropas para dirigirse contra los sagrados
    muros de Teba. Mucho nos rogaron que
    les diéramos auxiliares ilustres, y los ciudadanos
    querían concedérselos y prestaban
    asenso a lo que se les pedía; pero Zeus, con
    funestas señales, les hizo variar de opinión.
    Volviéronse aquéllos; después de andar mucho,
    llegaron al Asopo, cuyas orillas pueblan juncales
    y prados, y los aqueos nombraron embajador
    a Tideo para que fuera a Teba. En el palacio
    del fuerte Eteocles encontrábanse muchos cadmeos
    reunidos en banquete; pero ni a11í, siendo
    huésped y solo entre tantos, se turbó el eximio
    jinete Tideo: los desafiaba y vencía fácilmente
    en toda clase de luchas. ¡De tal suerte lo
    protegía Atenea! Cuando se fue, irritados los
    cadmeos, aguijadores de caballos, pusieron en
    emboscada a cincuenta jóvenes al mando de
    dos jefes: Meón Hemónida, que parecía un inmortal,
    y Polifonte, intrépido hijo de Autófono.
    A todos les dio Tideo ignominiosa muerte menos
    a uno, a Meón, a quien permitió, acatando
    divinales indicaciones, que volviera a la ciudad.
    Tal fue Tideo etolio, y el hijo que engendró le es
    inferior en el combate y superior en el ágora.

    401. Así dijo. El fuerte Diomedes oyó con respeto
    la increpación del venerable rey y guardó
    silencio, pero el hijo del glorioso Capaneo hubo
    de replicarle:

    404. -¡Atrida! No mientas, pudiendo decir la
    verdad. Nos gloriamos de ser más valientes que
    nuestros padres, pues hemos tomado a Teba, la
    de las siete puertas, con un ejército menos numeroso,
    que, confiando en divinales indicaciones
    y en el auxilio de Zeus, reunimos al pie de
    su muralla, consagrada a Ares; mientras que
    aquéllos perecieron por sus locuras. No nos
    consideres, pues, a nuestros padres y a nosotros
    dignos de igual estimación.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 18 Feb 2021, 15:27

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas.


    411. Mirándolo con torva faz, le contestó el fuerte
    Diomedes:

    412. -Calla, amigo; obedece mi consejo. Yo no
    me enfado porque Agamenón, pastor de hombres,
    anime a los aqueos, de hermosas grebas,
    antes del combate. Suya será la gloria, si los
    aqueos rindieren a los troyanos y tomaren la
    sagrada Ilio; suyo el gran pesar, si los aqueos
    fueren vencidos. Ea, pensemos tan sólo en mostrar
    nuestro impetuoso valor.

    419. Dijo, saltó del carro al suelo sin dejar las
    armas, y tan terrible fue el resonar del bronce
    sobre su pecho, que hubiera sentido pavor hasta
    un hombre muy esforzado.

    422. Como las olas impelidas por el Céfiro se
    suceden en la ribera sonora, y primero se levantan
    en alta mar, braman después al romperse
    en la playa y en los promontorios, suben
    combándose a to alto y escupen la espuma; así
    las falanges de los dánaos marchaban sucesivamente
    y sin interrupción al combate. Los
    capitanes daban órdenes a los suyos respectivos,
    y éstos andaban callados (no hubieras dicho
    que los siguieran a aquéllos tantos hombres
    con voz en el pecho) y temerosos de sus caudillos.
    En todos relucían las labradas armas de
    que iban revestidos.- Los troyanos avanzaban
    también, y como muchas ovejas balan sin cesar
    en el establo de un hombre opulento, cuando,
    al series extraída la blanca leche, oyen la voz de
    los corderos; de la misma manera elevábase un
    confuso vocerío en el vasto ejército de aquéllos.
    No era igual el sonido ni el modo de hablar de
    todos y las lenguas se mezclaban, porque los
    guerreros procedían de diferentes países.- A los
    unos los excitaba Ares; a los otros, Atenea, la de
    ojos de lechuza, y a entrambos pueblos, el Terror,
    la Fuga y la Discordia, insaciable en sus
    furores y hermana y compañera del homicida
    Ares, la cual al principio aparece pequeña y
    luego toca con la cabeza el cielo mientras anda
    sobre la tierra. Entonces la Discordia, penetrando
    por la muchedumbre, arrojó en medio
    de ella el combate funesto para todos y aumentó
    el afán de los guerreros.

    446. Cuando los ejércitos llegaron a juntarse,
    chocaron entre sí los escudos, las lanzas y el
    valor de los hombres armados de broncíneas
    corazas, y al aproximarse los abollonados escudos
    se produjo un gran alboroto. Allí se oían
    simultáneamente los lamentos de los moribundos
    y los gritos jactanciosos de los matadores, y
    la tierra manaba sangre. Como dos torrentes
    nacidos en grandes manantiales se despeñan
    por los montes, reúnen las hirvientes aguas en
    hondo barranco abierto en el valle y producen
    un estruendo que oye desde lejos el pastor en la
    montaña, así eran la gritería y el trabajo de los
    que vinieron a las manos.

    457. Fue Antíloco quien primeramente mató a
    un guerrero troyano, a Equepolo Talisíada, que
    peleaba valerosamente en la vanguardia: hiriólo
    en la cimera del penachudo casco, y la
    broncínea lanza, clavándose en la frente, atravesó
    el hueso, las tinieblas cubrieron los ojos
    del guerrero y éste cayó como una torre en el
    duro combate. Al punto asióle de un pie el rey
    Elefénor Calcodontíada, caudillo de los bravos
    abantes, y lo arrastraba para ponerlo fuera del
    alcance de los dardos y quitarle la armadura.
    Poco duró su intento. El magnánimo Agenor lo
    vio arrastrar el cadáver, e, hiriéndolo con la
    broncínea lanza en el costado, que al bajarse
    quedó descubierto junto al escudo, dejóle sin
    vigor los miembros. De este modo perdió
    Elefénor la vida y sobre su cuerpo trabaron
    enconada pelea troyanos y aqueos: como lobos
    se acometían y unos a otros se mataban.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 18 Feb 2021, 15:31

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas.


    473. Ayante Telamonio tiróle un bote de lanza a
    Simoesio, hijo de Antemión, que se hallaba en
    la flor de la juventud. Su madre habíale dado a
    luz a orillas del Simoente, cuando bajó del Ida
    con sus padres para ver las ovejas: por esto le
    llamaron Simoesio. Mas no pudo pagar a sus
    progenitores la crianza ni fue larga su vida,
    porque sucumbió vencido por la lanza del
    magnánimo Ayante: acometía el troyano,
    cuando Ayante lo hirió en el pecho junto a la
    tetilla derecha, y la broncínea punta salió por la
    espalda. Cayó el guerrero en el polvo como el
    terso álamo nacido en la orilla de una espaciosa
    laguna y coronado de ramas que corta el carrero
    con el hierro reluciente, para hacer las pinas
    de un hermoso carro, dejando que el tronco se
    seque en la ribera; de igual modo, Ayante, del
    linaje de Zeus despojó a Simoesio Antémida.-
    Antifo Priámida, que iba revestido de labrada
    coraza, lanzó por entre la muchedumbre su
    agudo dardo contra Ayante y no lo tocó; pero
    hirió en la ingle a Leuco, compañero valiente de
    Ulises, mientras arrastraba el cadáver: desprendióse
    éste y el guerrero cayó junto al mismo.-
    Ulises, muy irritado por tal muerte, atravesó
    las primeras filas cubierto de refulgente
    bronce, detúvose muy cerca del matador, y,
    revolviendo el rostro a todas partes, arrojó la
    brillante lanza. Al verlo, huyeron los troyanos.
    No fue vano el tiro, pues hirió a Democoonte,
    hijo bastardo de Príamo, que había venido de
    Abidos, país de corredoras yeguas: Ulises, irritado
    por la muerte de su compañero, le envasó
    la lanza, cuya broncínea punta le entró por una
    sien y le salió por la otra; la obscuridad cubrió
    los ojos del guerrero, cayó éste con estrépito y
    sus armas resonaron.Arredráronse los combatientes
    delanteros y el esclarecido Héctor; y los
    argivos dieron grandes voces, retiraron los
    muertos y avanzaron un buen trecho. Mas Apolo,
    que desde Pérgamo lo presenciaba, se indignó
    y con recios gritos exhortó a los troyanos:

    509. -¡Acometed, troyanos domadores de caballos!
    No cedáis en la batalla a los argivos, porque
    sus cuerpos no son de piedra ni de hierro
    para que puedan resistir, si los herís, el tajante
    bronce; ni pelea Aquiles, hijo de Tetis, la de
    hermosa cabellera, que se quedó en las naves y
    allí rumia la dolorosa cólera.

    514. Así dijo el terrible dios desde la ciudadela.
    A su vez, la hija de Zeus, la gloriosísima Tritogenia,
    recorría el ejército aqueo y animaba a los
    remisos.

    517. Fue entonces cuando el hado echó los lazos
    de la muerte a Diores Amarincida. Herido en el
    tobillo derecho por puntiaguda piedra que le
    tiró Píroo Imbrásida, caudillo de los tracios, que
    había llegado de Eno -la insolente piedra rompióle
    ambos tendones y el hueso-, cayó de espaldas
    en el polvo, y expirante tendía los brazos
    a sus camaradas cuando el mismo Píroo,
    que lo había herido, acudió presuroso e hiriólo
    nuevamente con la lanza junto al ombligo; derramáronse
    los intestinos y las tinieblas velaron
    los ojos del guerrero.

    Cont.


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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 19 Feb 2021, 08:37

    HOMERO

    LA ILIADA

    CANTO IV

    Violación de los juramentos
    - Agamenón revista las tropas.


    527. Mientras Píroo arremetía, Toante el etolio
    alanceólo en el pecho, por cima de una tetilla, y
    el bronce se le clavó en el pulmón. Acercósele
    Toante, le arrancó del pecho la ingente lanza y,
    hundiéndole la aguda espada en medio del
    vientre, le quitó la vida. Mas no pudo despojarlo
    de la armadura, porque se vio rodeado por
    los compañeros del muerto, los tracios que dejan
    crecer la cabellera en lo más alto de la cabeza,
    quienes le asestaban sus largas picas; y,
    aunque era corpulento, vigoroso a ilustre, fue
    rechazado y hubo de retroceder. Así cayeron y
    se juntaron en el polvo el caudillo de los tracios
    y el de los epeos, de broncíneas corazas, y a su
    alrededor murieron otros muchos.

    539. Y quien, sin haber sido herido de cerca o de
    lejos por el agudo bronce, hubiera recorrido el
    campo, llevado de la mano y protegido de las
    saetas por Palas Atena, no habría baldonado los
    hechos de armas; pues aquel día gran número
    de troyanos y de aqueos yacían, unos junto a
    otros, caídos de cara al polvo.

    FIN DEL CANTO IV


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