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“Metáfora: Creciendo en poesía. Metàfora: Creixent en poesia”

Pedro Casas Serra
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“Metáfora: Creciendo en poesía. Metàfora: Creixent en poesia” Empty “Metáfora: Creciendo en poesía. Metàfora: Creixent en poesia”

Mensaje por Pedro Casas Serra el Miér 27 Mayo 2020, 07:02

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“Metáfora: Creciendo en poesía. Metàfora: Creixent en poesia” Propag10



“Metáfora: Creciendo en poesía. Metàfora: Creixent en poesia”

El grupo Metáfora, integrado por los poetas Glòria Forasté Giravent, Juan Pablo Martínez, Maria Teresa Ferrer, Marta García Sentís, Matilde Marco, Mercedes Carrión Masip y Pedro Casas Serra, presenta un libro bilingüe (con textos en castellano y en catalán), “Metáfora: Creciendo en poesía. Metàfora: Creixent en poesía”, que reune una selección de su actividad durante los dieciocho años de su existencia.

Metáfora se formó como grupo en el año 2002, a partir de un curso de poesía quese impartió en la Universidad de Barcelona por los poetas Jordi Virallonga y Eduard Sanahuja el año anterior. El grupo era reducido pero muy interesado en la poesía Siguieron teniendo contacto a través de actos literarios y se integraron en la Biblioteca Mercè Rodoreda, cuya directora es Isabel Minguillón, y está especializada en esta materia, participando en su Club de Poesía de forma habitual, y en conferencias, presentación de libros, invitaciones de poetas, etc. El entorno poético y el apoyo de la biblioteca han sido esenciales para su evolución como colectivo.

Su primer objetivo fue trabajar a través de talleres, abriéndolos a un público fura del grupo, porque partían del interés general por la divulgación de la poesía; pero con el tiempo se fueron orientando a la labor en equipo y trabajando para el crecimiento personal. La evolcuión de sus integrantes es muy evidente, porque cada uno de los talleres o trabajos monográficos sobre algún autor, tiene siempre una parte práctica. Esta antología es una buena muestra de ello.


Un ejemplo de la participación en el libro de cada uno de los miembros de Metáfora:


FILLA DE LA NIT, de Glòria Forasté Giravent

Soc filla de la nit
com ho és la por i el foc
com les paraules tendres, com les paraules brutes
com un diamant que espurneja
com la lluna que s'emmiralla al sol.

Soc de la nit,
feta de nit i cendra
com una pena aguda o un dolor que rosega les entranyes
com un xiuxiueig dolç, l'escletxa per on sura un raig de llum,
com els espectres i les idees fixes
com els anhels mesquins i els generosos.

Soc feta de la nit
soc el pèlag i soc l'ull inquietant d'un pou desèrtic
el passadís ombriu d'abandó i de tenebra,
soc el sexe inexpert o el sexe desbocat, l'amor omnipotent.
Soc boca de certesa i bogeria,
l'espera d'un diagnòstic a la vora del llit.

Soc, des de la penombra, la veu que vol parlar.


CRECIENDO, de Juan Pablo Martínez

Todos nos vamos construyendo
a medida que pisamos;
nuestras pisadas son
los ladrillos que forman
la torre en que habita nuestro ser,
donde al final colocaremos las campanas
justo antes de irnos,
y las colocaremos
para que ellas lloren
nuestra huida.

Nunca antes de ese justo momento
dejaremos de poner
ladrillos en la torre.

Siempre hacia arriba
creciendo,
creciendo,
hasta el mismo momento de la muerte.


CREPÚSCULO, de Juliana Mediavilla

Esta tarde de julio
se ha cortado las venas
con el borde afilado del lejano horizonte:
se desangra en tus aguas
y agoniza en sus púrpuras.
Yo contemplo la ofrenda mientras juegan las olas
a pillarme los pies.
Me asusta la belleza
de esa muerte que pinta con sus uñas de sangre
tu vieja piel de saurio.

Ya la noche se viene
y en los prados del cielo despiertan las estrellas.
De sacrificio queda
una mancha rojiza que señala el poniente
y no quiere borrarse.

Te acomodas
con tus bordes inquietos
en un lecho que nunca te viene a la medida.
Como una bestia enorme
respiras y se escucha
un jadeo ancestral de un ancestral cansancio.
Una ola se escapa
y deshace el castillo con su torre de arena.

Temo tu inmensidad,
acaso porque calma
esa sed insaciable del suicida.


RECORD, de Maria Teresa Ferrer

Festes de Galícia
a la vora del mar;
música, ball, nit.
Tires de llums
que gronxen mil colors
giravoltant damunt nostre.
Avui, el record humit de la platja
plora en els meus ulls
quan, sola,
enmig d’una multitud
que riu i balla
al so de les nostres cançons,
enyoro el suport dels teus braços
marcant el ritme.

Qui pogués abraçar-te
i tornar a ballar junts.


ESTAMBUL, ESPEJO DE SUEÑOS, de Marta García Sentís

El clamor de mil minaretes deja un fuerte eco.
Su canto me envuelve en una lejana esencia
y reavivo las fragancias olvidadas.
Náufraga de tactos, me abandono
penetrada por una luz, la luz arracimada.

Despojada mi alma de sus pesares,
despojada de rostros, de palabras,
me queda la gran nostalgia del eros.
Navego en el transbordador n.º 47
que transita mares y memorias marinas.

El vacío se columpia en Estambul, mientras
estrangulo las horas y me pierdo
en la palaciega, acuática ciudad.
Allí elevo feliz vuelo de gaviota,
allí elevo mi dicha con secreto llanto.

En este espacio plagado de mares
abrazo el espejo de sueños,
en una hora en la que Dios sonríe,
dispuesta a unirme al eco de minaretes.
No soy ni de Oriente ni de Occidente.

Hoy beberé el cáliz del ocaso de Bizancio.


DE IDOMENI, de Mercedes Carrión Masip

se me revuelve el pelo escarolado
como al rubio alcornoque de piel acaimanada
en este martes bronco
de viento de sureste africanísimo

como a la caña rastafari

como a la terca encina resiliente
al fuego y su desahucio

ya ves
los adjetivos se alborotan hoy
sobre el papel latente en la pantalla
tan solo con rozar el pulso de las teclas

un tiempo mayecido
preside el despilfarro de energía
que el sol y el viento ceden

hoy que el clamor del desconsuelo atañe
al exilio de tantos refugiados
sin vatios que quemar en sus hogueras

y han de partir de nuevo en autobuses
a lo desconocido que promete
más de la nada en la que están cautivos

el lema Crazy Holidays
figura en el primero del convoy

que hoy parte de Idomeni


A LA VEZ DESTRUCTOR Y DESTRUIDO, de Pedro Casas Serra, 1989

Viví primero para encontrarte,
luego viví para quererte,
más tarde para olvidarte...
Y ahora que has muerto... ¿Para qué he de vivir?

Sin verme reflejado en otros ojos,
sin que a nadie angustie mi tardanza...
¿Quién soy? ¿Adónde voy?
Sin compartirlo... ¡Qué poco vale todo!

Sin besos ni caricias mi cuerpo me es ajeno.
Eran tus besos los que me daban cuerpo
y tus ojos la forma,
tus palabras me vestían,
tu alegría bombeaba mi sangre.

Es el amor quien crea, quien hace a una mujer
diosa de un hombre y a un hombre un héroe,
hablar al elocuente y callar al prudente.

Ahora, sin cuerpo ni alma, confundido,
a la vez destructor y destruido,
añorando un pasado irrecuperable,
buscando algo que no sé definir,
a mitad de camino entre dos nadas...
¿Puede darme alguien lo que yo deseo?
¿Es posible el amor de nuevo?

¿O debo conformarme con ir tirando
y ya que no feliz, mostrarme digno,
no quejarme, no infundir compasión,
no abandonarme...
serenamente pasar lo que me quede
y pensar en los otros que comienzan?

Pesa mucho el pasado
cuando no se vislumbra un camino
y el impulso inicial se va perdiendo.


LA VIOLENCIA DE LAS HORAS, de César Vallejo

Todos han muerto.

Murió doña Antonia, la ronca, que hacía pan barato en el burgo.

Murió el cura Santiago, a quien placía le saludasen los jóvenes y las mozas, respondiéndoles a todos, indistintamente: “Buenos días, José! Buenos días, María!”

Murió aquella joven rubia, Carlota, dejando un hijito de tres meses, que luego también murió a los ocho días de la madre.

Murió mi tía Albina, que solía cantar tiempos y modos de heredad, en tanto cosía en los corredores, para Isidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer.

Murió un viejo tuerto, su nombre no recuerdo, pero dormía al sol de la mañana, sentado en la puerta del hojalatero de la esquina.

Murió Rayo, el perro de mi altura, herido de un balazo de no se sabe quién.

Murió Lucas, mi cuñado en la paz de las cinturas, de quien me acuerdo cuando llueve y no hay nadie en mi experiencia.

Murió en mi revolver mi madre, en mi puño mi hermana y mi hermano en mi víscera sangrienta, los tres ligados  por un género de tristeza, en el mes de agosto de años sucesivos.

Murió el músico Méndez, alto y muy borracho, que solfeaba en su clarinete tocatas melódicas, a cuyo articulado se dormían las gallinas de mi barrio, mucho  antes de que el sol se fuese.

Murió mi eternidad y estoy velándola.


Poema en prosa compuesto de nueve párrafos que van del segundo al noveno, y dos versos, pentasílabo el primero  y endecasílabo, el último. El primer verso tiene la función de introducción o enunciado del asunto que va a desarrollar el  texto: la muerte de todos los que rodeaban al yo poético. El verso dice “Todos han muerto” y a partir de ese enunciado el yo poético  nos da cuenta de aquellos seres que ya no existen.

Por la manera de destacar las distintas peculiaridades de cada persona que ha muerto, el texto sugiere que se trata de un lugar pequeño o de un barrio en el que todos se conocen.

Las figuras retóricas que a primera vista resaltan son la enumeración y la anáfora, reiterada al comienzo de cada párrafo con el verbo morir en pretérito indefinido: “murió”. A pesar de la utilización del verbo al principio de cada párrafo y de la aparición de otros verbos necesarios para la descripción del texto, el poema tiene un estilo nominal a lo que contribuyen las diferentes aposiciones que vemos a lo largo del poema, y los tiempos de los verbos que están fundamentalmente en pretérito imperfecto, tiempo para la descripción, o en gerundio (dos veces), modo que indica simultaneidad con la acción de otro verbo, así como por las oraciones subordinadas adjetivas y substantivas del texto. Pero más importante aún es el recurso de la yuxtaposición que se observa en todo el poema. Se trata de un texto nominal, descriptivo y estático.

Hay tres bimembraciones: “los jóvenes y las mozas”, “tiempos y modos de heredad” y “alto y muy borracho”.

Ejemplos de las aposiciones son: “doña Antonia, la ronca”, “aquella joven rubia, Carlota”, “Isidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer”, “Rayo, el perro de mi altura, herido de un balazo”, “Lucas, mi cuñado en la paz de las cinturas”, “el músico Méndez, alto y muy borracho”.

Los verbos en pretérito imperfecto son: “Hacía, placía, solía, dormía, solfeaba y dormían”.

El gerundio está empleado en: “respondiéndoles a todos”, “ dejando un hijito de tres meses”.

Las oraciones subordinadas las vemos en los versículos; “que hacía pan barato” (subordinada adjetiva); “a quien placía le saludasen” (subordinada sustantiva de sujeto); “que solía cantar” (subordinada adjetiva); “de quien me acuerdo” (subordinada adjetiva); “que solfeaba en su clarinete” (subordinada adjetiva).

En el segundo párrafo hay una elisión del relacionante “que” en “placía le saludasen”, y en el quinto dos elisiones, el pronombre relativo “cuyo” en “Murió un viejo tuerto, su nombre no recuerdo” y el verbo saber en “pero (sé que) dormía al sol de la mañana”. Las elisiones junto con el estilo nominal y adjetivo y la yuxtaposición, contribuyen a que el texto sea conciso y tenga valor poético.

Tanto el primer verso, “Todos han muerto”, como el último, “Murió mi eternidad y estoy velándola”, hacen que la estructura del poema sea cerrada o circular. El primero anuncia el tema y el último va más allá, paradójicamente, hasta la eternidad está muerta, y el yo poético la está velando.

En la expresión “doña Antonia, la ronca, que hacía pan barato en el burgo”, es chocante que sea llamada “doña” una persona que tiene el apelativo de “la ronca” y que se dedica a hacer pan barato.

Por el contrario, al sacerdote del lugar se le llama “el cura Santiago”, sin el tradicional tratamiento de “don” con el que siempre se ha denominado al sacerdote de un lugar donde todos se conocen. La forma de responder el cura al saludo de mozas y mozos llamando a ellas María y a ellos José, sugiere un personaje a quien lo que le importa es que lo saluden.

“Murió mi tía Albina, que solía cantar tiempos y modos de heredad, en tanto cosía en los corredores, para Isidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer”. Coser en los corredores sugiere espacios amplios y lo que canta “mi tía Albina” da idea de canciones antiguas y que se trasmiten de generación en generación y contrasta que cosa para la criada de oficio de la que se destaca su honradez con un adjetico superlativo: “honrosísima”.

En el párrafo “Murió Rayo, el perro de mi altura”, con esa expresión eleva al perro a la categoría humana. Algo  natural, por la cercanía habitual del perro con el hombre.

Las muertes descritas en el párrafo octavo son de difícil interpretación, si bien la dureza expresada en la forma de morir: “en mi revolver mi madre, en mi puño mi hermana y mi hermano en mi víscera sangrienta”, se suaviza cuando dice: “los tres ligados  por un género de tristeza”.

La figura retórica polipote la vemos en la expresión “triste de tristeza”.

El hecho de que las gallinas del barrio del poeta no se durmieran al anochecer, sino cuando oían al “músico Méndez… que solfeaba en su clarinete tocatas melódicas” expresa cómo manejaba su instrumento el músico Méndez.

En resumen, se ha analizado un poema en prosa compuesto por párrafos, con la excepción del primero y el último que son versos y abren y cierran el texto, respectivamente, dándole al poema una estructura cerrada. El texto es nominal. El asunto es la muerte, y el tema la soledad del yo poético que se descubre cuando nos dice en el último verso, “Murió mi eternidad y estoy velándola”, es decir la eternidad de todos sus familiares y convecinos que ahora él vela en soledad.

Las figuras retóricas que destacan son la anáfora, la enumeración, la paradoja, un polipote, y como recursos están la yuxtaposición, la bimembración, la elipsis, las oraciones subordinadas adjetivas. Todo ello configura un texto alrededor de la muerte, y finalmente la soledad del yo poético.

Al acabar de analizar el texto estamos en condición de resaltar el pleno significado del título del poema: La violencia de las horas. Sin duda alude a la hora del tránsito de la vida a la muerte. Violenta la llama el autor. Correctamente a ese momento lo denominaremos trance: el trance de la muerte.

Matilde Marco, 1 de Marzo de 2012.


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