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"Idea Vilariño, poemas del amor desgarrado", por Mª Ángeles Cabré

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Pedro Casas Serra
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"Idea Vilariño, poemas del amor desgarrado", por Mª Ángeles Cabré

Mensaje por Pedro Casas Serra el Lun 12 Feb 2018, 15:50

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"Idea Vilariño, poemas del amor desgarrado", por Mª Ángeles Cabré (La Vanguardia Libros, 19-11-2016)


Perfil: Fallecida en el 2009, el prestigio de su obra no ha dejado de crecer en los últimos años. La uruguaya Idea Vilariño compuso sus poemas como la obra de su vida, y estos se impregnaron de la oscuridad que supuso su complicada relación con Juan Carlos Onetti. Ahora Lumen reedita su "Poesía completa".


La escritora catalana Caterina Albert, que firmaba con el seudónimo de Víctor Català -y de cuya muerte este año se cumple el 50º aniversario-, nació junto al mar, en l'Escala, pero a pesar de vivir asomada al golfo de Roses escribió casi siempre sobre el interior, lo rural. Hija de un padre anarquista, la uruguaya Idea Vilariño (1920-2009) nació en Montevideo y creció en una casa con aroma a rosas y jazmín. Y aunque el Rio de la Plata baña su ciudad, no soñó con navegar lejos con su poesía, sino que sus aguas marronosas -cual desierto de lodo- la envolvieron y la convirtieron en una poeta altamente intropectiva.

Su nombre, Idea -sus hermanos se llamaban Numen, Poema, Azul, Alma...-, es ya de por sí un canto a la concentración. Vilariño fue una de esas eswcritoras que se alían con la escritura muy temprano, pues en las palabras buscan explicarse a sí mismas: "Yo escribía antes de saber escribir", dijo en una entrevista. Y escribía además con palabras sencillas: "Siempre me he rehusado a usar palabras que salen de lo corriente, aquellas que suelen considerarse poéticas".

Sufrió en la infancia una enfermedad que le necrosaba la piel del cuerpo entero y le aliviaban con baños que la reblandecían. De esas repetidas mudas de piel emergió una letraherida que se incorporó pronto a los círculos literarios. Junto a Onetti, Benedetti, Rodríguez Monegal, Ángel Rama o Ida Vitale forma parte de la llamada generación del 45, también conocida como generación crítica, integró escritores de diversa índole, aunque también músicos y pintores, que, entre 1945 y 1950, crearon en torno al celebre semanario Marcha. Su obra se caracteriza por emanar un carácter intimista, de angustia y desolación y por acabar con los antiguos valores litararios. Sin embargo Onetti, secretario de redacción de la revista y que atribuía a la poeta una sonrisa giocondina, fue para ella mucho más que un compañero de letras.

Se conocieron hacia 1950 y juntos vivieron una historia de amor que duró veinticinco años y que se prolongó hasta la muerte de éste a base de latigazos de nostalgia. Él se había casado con otra, aunque seguía visitándola esporádicamente, sin ocultarlo, arrastrando su fama de mujeriego y bebedor. Ella le dedicó Poemas de amor (1957) -su libro central-, él le ofreció Los adioses -la historia de un hombre desahuciado que vive sus últimas pasiones-. Su compleja relación focalizó la poesía de Vilariño hacia la temática amorosa y fue la excusa perfecta para construir un corpus que destaca entre los escritos en Hispanoamérica por pluma de mujer.

Ese Onetti ubicuo en su corazón no está en cambio en sus poemas, sino que hallamos la traza de su ausencia: "Te estoy llamando / desde el pozo asfixiante del recuerdo / sin nada que me sirva ni te espere". O el preferido de Onetti titulado Ya no (1958):

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.
No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni quién fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.
Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.
No volveré a tocarte.
No te veré morir.

Como suele suceder en la poesía amorosa que escriben las mujeres, no se canta lo que ha sido sino lo que no fue, al contrario de lo que sucede con Bécquer, Neruda y tantos otros. Para entretener la ausencia, Vilariño acabó casándose con un alumno suyo veinte años menor.

Eso sucedió en los años setenta, cuando los milicos entraban en las casas en busca de agitadores que hacer desaparecer. En esos años era profesora de literatura en la universidad y compartía pasillos con Cristina Peri Rossi, que también lo era. Vilariño trampeó esos tiempos revueltos como pudo refugiándose en su casa del balneario de Las Toscas, de camino a Piriápolis, donde firmó muchos de sus poemas; Peri Rossi se exilió y llegó a Barcelona, donde aún reside.

De los primeros libros de Vilariño se desprenden efluvios juanramonianos. Luego viene el corpus amoroso, el más amplio. En un artículo publicado hace unos años, Muñoz Molina afirmaba que algunos poemas suyos loe recordaban a los heptasílabos de Pedro Salinas. Enemiga de la puntuación y poco amiga de la rima, algunas de sus composiciones evidencian nsu compromiso político con la izquierda, como el extenso Agradecimiento, donde asoman Vietnam y su querido Che. Mientras en su poesía madura se le reveló cierta tendencia al haikú:

Podés creer que nada
le sirve nunca
a nadie
para nada.

La práctica poética la acompañó con algunos ensayos sobre poetas, como Antonio Machado o Herrera y Reissing, además de interesarse por esa poesía cantada que es el tango. También escribió algunas letras de canciones, y tradujo, entre otras, un par de obras de Sjakespeare.

Sus poemas fueron la novela de su vida, y así lo demuestra su voluntad de encajarlos en una horma nueva, de modo que los articuló con planteamiento, nudo y desenlace, deshaciendo el orden cronológico y desordenando-ordenando los poemas a su antojo. En el 2004 Visor publicó Vuelo ciego, una antología hecha por ella misma. Lumen, que publicó su Poesía completa, ahora la reedita. Ya bastante desapegada de la vida, Vilariño murió siendo anciana. Había escrito con voz clara sentimientos oscuros, porque oscura es la ausencia cuando hiere tan largamente. Quienes la trataron hanlan de una mujer recelosa de su intimidad, que cada dos por tres insistía en dejar  en la sombra episodios y datos. Ya se sabe, la poesía y el misterio siempre van de la mano.

Mªngeles Cabré


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