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HOMERO. Grecia Clásica.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 13 Feb 2021, 03:10

HOMERO

LA ILIADA

CANTO II

Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
Cont.

557. Ayante había partido de Salamina con doce
naves, que colocó cerca de las falanges atenienses.

559. Los habitantes de Argos, Tirinto amurallada,
Hermíone y Ásine en profundo golfo situadas,
Trecén, Eyones y Epidauro, abundante en
vides, y los jóvenes aqueos de Egina y Masete,
eran acaudillados por Diomedes, valiente en la
pelea; Esténelo, hijo del famoso Capaneo, y
Euríalo, igual a un dios, que tenía por padre al
rey Mecisteo Talayónida. Era jefe supremo
Diomedes, valiente en la pelea. Ochenta negras
naves los seguían.

569. Los que poseían la bien construida ciudad
de Micenas, la opulenta Corinto y la bien edificada
Cleonas; los que cultivaban la tierra en
Ornías, Aretírea deleitosa y Sición, donde antiguamente
reinó Adrasto; los que residían en
Hiperesia y Gonoesa excelsa, y los que habitaban
en Pelene, Egio, el Egíalo todo y la espaciosa
Hélice: todos éstos habían llegado en cien
naves a las órdenes del rey Agamenón Atrida.
Muchos y valientes varones condujo este
príncipe que entonces vestía el luciente bronce,
ufano de sobresalir entre todos los héroes por
su valor y por mandar a mayor número de
hombres.

581. Los de la honda y cavernosa Lacedemonia
que residían en Faris, Esparta y Mesa, abundante
en palomas; moraban en Brisías o Augías
amena; poseían las ciudades de Amiclas y
Helos marítima, y habitaban en Laa y Étilo:
todos éstos llegaron en sesenta naves al mando
del hermano de Agamenón, de Menelao, valiente
en el combate, y se armaban formando
unidad aparte. Menelao, impulsado por su
propio ardor, los animaba a combatir y anhelaba
en su corazón vengar la huida y los gemidos
de Helena.

591. Los que cultivaban el campo en Pilos, Arene
deliciosa, Trío, vado del Alfeo, y la bien edificada
Epi, y los que habitaban en Ciparisente,
Anfigenia, Pteleo, Helos y Dorio (donde las
Musas, saliéndole al camino a Támiris el tracio,
lo privaron de cantar cuando volvía de la casa
de Éurito el ecalieo; pues jactóse de que saldría
vencedor, aunque cantaran las propias Musas,
hijas de Zeus, que lleva la égida, y ellas irritadas
lo cegaron, lo privaron del divino canto y le
hicieron olvidar el arte de pulsar la cítara) eran
mandados por Néstor, caballero gerenio, y habían
llegado en noventa cóncavas naves.

Cont.


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"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 14 Feb 2021, 01:07

HOMERO

LA ILIADA

CANTO II

Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
Cont.

603. Los que habitaban en la Arcadia al pie del
alto monte de Cilene y cerca de la tumba de
Épito, país de belicosos guerreros; los de Féneo,
Orcómeno, abundante en ovejas, Ripe, Estratia
y Enispe ventosa; y los que poseían las ciudades
de Tegea, Mantinea deliciosa, Estínfalo y
Parrasia: todos éstos llegaron al mando del rey
Agapenor, hijo de Anceo, en sesenta naves. En
cada una de éstas se embarcaron muchos arcadios
ejercitados en la guerra. El mismo rey de
hombres, Agamenón, les facilitó las naves de
muchos bancos, para que atravesaran el vinoso
ponto; pues ellos no se cuidaban de las cosas
del mar.

615. Los que habitaban en Buprasio y en el resto
de la divina Élide, desde Hirmina y Mírsino, la
fronteriza, por un lado y la roca Olenia y Alesio
por el otro, tenían cuatro caudillos y cada uno
de éstos mandaba diez veleras naves tripuladas
por muchos epeos. De dos divisiones eran respectivamente
jefes Anfímaco y Talpio, hijo
aquél de Ctéato y éste de Éurito y nietos de
Actor; de la tercera, el fuerte Diores Amarincida,
y de la cuarta, el deiforme Polixino, hijo del
rey Agástenes Augeida.

625. Los de Duliquio y las sagradas islas Equinas,
situadas al otro lado del mar frente a la
Elide, eran mandados por Meges Filida, igual a
Ares, a quien engendró el jinete Fileo, caro a
Zeus, cuando por haberse enemistado con su
padre emigró a Duliquio. Cuarenta negras naves
to seguían.

631. Ulises acaudillaba a los cefalenios de ánimo
altivo. Los de ítaca y su frondoso Nérito; los
que cultivaban los campos de Crocilea y de la
escarpada Egílipe; los que habitaban en Zacinto;
los que vivían en Samos y sus alrededores;
los que estaban en el continente y los que ocupaban
la orilla opuesta: todos ellos obedecían a
Ulises, igual a Zeus en prudencia. Doce naves
de rojas proas lo seguían.

638. Toante, hijo de Andremón, regía a los etolios
que habitaban en Pleurón, Oleno, Pilene,
Calcis marítima y Calidón pedregosa. Ya no
existían los hijos del magnánimo Eneo, ni éste;
y muerto también el rubio Meleagro, diéronse a
Toante todos los poderes para que reinara sobre
los etolios. Cuarenta negras naves los seguían.

645. Mandaba a los cretenses Idomeneo, famoso
por su lanza. Los que vivían en Cnoso, Gortina
amurallada, Licto, Mileto, blanca Licasto, Festo
y Ritio, ciudades populosas, y los que ocupaban
la isla de Creta con sus cien ciudades: todos
éstos eran gobernados por Idomeneo, famoso
por su lanza, que con Meriones, igual al homicida
Enialio, compartía el mando. Seguíanlo
ochenta negras naves.

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 14 Feb 2021, 01:16

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CANTO II

Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
Cont.

653. Tlepólemo Heraclida, valiente y alto de
cuerpo, condujo en nueve buques a los fieros
rodios que vivían, divididos en tres pueblos, en
Lindo, Yáliso y Camiro la blanca. De éstos era
caudillo Tlepólemo, famoso por su lanza, a
quien Astioquía concibió del fornido Heracles,
cuando el héroe se la llevó de Éfira, de la ribera
del río Seleente, después de haber asolado muchas
ciudades defendidas por nobles mancebos.
Cuando Tlepólemo, criado en el magnífico palacio,
hubo llegado a la juventud, mató al anciano
tío materno de su padre, a Licimnio,
vástago de Ares; y como los demás hijos y nietos
del fuerte Heracles lo amenazaron, construyó
naves, reunió mucha gente y huyó por el
ponto. Errante y sufriendo penalidades pudo
llegar a Rodas, y allí se estableció con los suyos,
que formaron tres tribus. Se hicieron querer de
Zeus, que reina sobre los dioses y los hombres,
y el Cronión les dio abundante riqueza.

671. Nireo condujo desde Sime tres naves bien
proporcionadas; Nireo, hijo de Aglaya y del rey
Cáropo; Nireo, el más hermoso de los dánaos
que fueron a Ilio, si exceptuamos al eximio Pelida;
pero era tímido, y poca la gente que mandaba.

676. Los que habitaban en Nísiros, Crápato, Caso,
Cos, ciudad de Eurípilo, y las islas Calidnas,
tenían por jefes a Fidipo y Antifo, hijos del rey
Tésalo Heraclida. Treinta cóncavas naves en
orden to seguían.

681. Cuantos ocupaban el Argos pélásgico, los
que vivían en Alo, Álope y Traquine y los que
poseían la Ftía y la Hélade de lindas mujeres, y
se llamaban mirmidones, helenos y aqueos,
tenían por capitán a Aquiles y habían llegado
en cincuenta naves. Mas éstos no se cuidaban
entonces del combate horrísono, por no tener
quien los llevara a la pelea: el divino Aquiles, el
de los pies ligeros, no salía de las naves, enojado
a causa de la joven Briseide, de hermosa
cabellera, a la cual había hecho cautiva en Lirneso,
cuando después de grandes fatigas destruyó
esta ciudad y las murallas de Teba, dando
muerte a los belicosos Mines y Epístrofo,
hijos del rey Eveno Selepíada. Afiigido por ello,
se entregaba al ocio; pero pronto había de levantarse.

695. Los que habitaban en Fílace, Píraso florida,
que es lugar consagrado a Deméter; Itón, criadora
de ovejas; Antrón marítima y Pteleo herbosa,
fueron acaudillados por el aguerrido Protesilao
mientras vivió, pues ya entonces teníalo
en su seno la negra tierra: matólo un dárdano
cuando saltó de la nave mucho antes que los
demás aqueos, y en Fílace quedaron su desolada
esposa y la casa a medio acabar. Con todo,
no carecían aquéllos de jefe, aunque echaban de
menos al que antes tuvieron, pues los ordenaba
para el combate Podarces, vástago de Ares, hijo
de Ificlo Filácida, rico en ganado, y hermano
menor del animoso Protesilao. Éste era mayor y
más valiente. Sus hombres, pues, no estaban sin
caudillo; pero sentían soledad de aquél, que tan
esforzado había sido. Cuarenta negras naves lo
seguían.

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 14 Feb 2021, 01:19

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LA ILIADA

CANTO II

Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
Cont.

711. Los que moraban en Feras situada a orillas
del lago Bebeide, Beba, Gláfiras y Yolco bien
edificada, habían llegado en once naves al
mando de Eumelo, hijo querido de Admeto y
de Alcestis, divina entre las mujeres, que era la
más hermosa de las hijas de Pelias.

716. Los que cultivaban los campos de Metone y
Taumacia y los que poseían las ciudades de
Melibea y Olizón fragosa, tuvieron por capitán
a Filoctetes, hábil arquero, y llegaron en siete
naves: en cada una de éstas se embarcaron cincuenta
remeros muy expertos en combatir valerosamente
con el arco. Mas Filoctetes se hallaba
padeciendo fuertes dolores en la divina isla de
Lemnos, donde lo dejaron los aqueos después
que lo mordió ponzoñoso reptil. Allí permanecía
afligido; pero pronto en las naves habían de
acordarse los argivos del rey Filoctetes. No carecían
aquéllos de jefe, aunque echaban de menos
a su caudillo, pues los ordenaba para el
combate Medonte, hijo bastardo de Oileo, asolador
de ciudades, de quien lo tuvo Rena.

729. De los de Trica, Itome de quebrado suelo, y
Ecalia, ciudad de Éurito el ecalieo, eran capitanes
dos hijos de Asclepio y excelentes médicos:
Podalirio y Macaón. Treinta cóncavas naves en
orden los seguían.

734. Los que poseían la ciudad de Ormenio, la
fuente Hiperea, Asterio y las blancas cimas del
Títano, eran mandados por Eurípilo, hijo preclaro
de Evemón. Cuarenta negras naves lo
seguían.

739. A los de Argisa, Girtone, Orte, Elone y la
blanca ciudad de Olosón, los regía el intrépido
Polipetes, hijo de Pirítoo y nieto de Zeus inmortal
(habíalo dado a luz la ínclita Hipodamía el
mismo día en que Pirítoo, castigando a los hirsutos
centauros, los echó del Pelio y los obligó a
retirarse hacia los étices). Pero no estaba solo,
sino que con él compartía el mando Leonteo,
vástago de Ares, hijo del animoso Corono Ceneida.
Cuarenta negras naves los seguían.

748. Guneo condujo desde Cifo en veintidós
naves a los enienes a intrépidos perebos; aquéllos
tenían su morada en Dodona, de fríos inviernos,
y éstos cultivaban los campos a orillas
del hermoso Titareso, que vierte sus cristalinas
aguas en el Peneo de argénteos vórtices; pero
no se mezcla con él, sino que sobrenada como
aceite, porque es un arroyo del agua de la Éstige,
que se invoca en los terribles juramentos.

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 14 Feb 2021, 01:23

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LA ILIADA

CANTO II

Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
Cont.

756. A los magnetes gobernábalos Prótoo, hijo
de Tentredón. Los que habitaban a orillas del
Peneo y en el frondoso Pelio tenían, pues, por
jefe al ligero Prótoo. Cuarenta negras naves lo
seguían.

760 Tales eran los caudillos y príncipes de los
dánaos. Dime, Musa, cuál fue el mejor de los
varones y cuáles los más excelentes caballos de
cuantos con los Atridas llegaron.

763. Entre los corceles sobresalían las yeguas del
Feretíada, que guiaba Eumelo: eran ligeras como
aves, apeladas, y de la mísma edad y altura;
criólas Apolo, el del arco de plata, en Perea, y
llevaban consigo el terror de Ares. De los guerreros
el más valiente fue Ayante Telamonio
mientras duró la cólera de Aquiles, pues éste lo
superaba mucho; y también eran los mejores
caballos los que llevaban al eximio Pelión. Mas
Aquiles permanecía entonces en las corvas naves
surcadoras del ponto, por estar irritado
contra Agamenón Atrida, pastor de hombres;
su gente se solazaba en la playa tirando discos,
venablos o flechas; los corceles comían loto y
apio palustre cerca de los carros de los capitanes
que permanecían enfundados en las tiendas,
y los guerreros, echando de menos a su
jefe, caro a Ares, discurrían por el campamento
y no peleaban.

780. Ya los demás avanzaban a modo de incendio
que se propagase por toda la comarca; y
como la tierra gime cuando Zeus, que se complace
en lanzar rayos, airado, la azota en Arimos,
donde dicen que está el lecho de Tifoeo;
de igual manera gemía grandemente debajo de
los que iban andando y atravesaban con ligero
paso la llanura.

786. Dio a los troyanos la triste noticia Iris, la de
los pies ligeros como el viento, a quien Zeus,
que lleva la égida, había enviado como mensajera.
Todos ellos, jóvenes y viejos, hallábanse
reunidos en los pórticos del palacio de Príamo
y deliberaban. Iris, la de los pies ligeros, se les
presentó tomando la figura y voz de Polites,
hijo de Príamo; el cual, confiando en la agilidad
de sus pies, se sentaba como atalaya de los troyanos
en la cima del túmulo del anciano Esietes
y observaba cuando los aqueos partían de las
naves para combatir. Así transfigurada, dijo
Iris, la de los pies ligeros:

796. - ¡Oh anciano! Te placen los discursos interminables
como cuando teníamos paz, y una
obstinada guerra se ha promovido. Muchas
batallas he presenciado, pero nunca vi un ejército
tal y tan grande como el que viene por la
llanura a pelear contra la ciudad, formado por
tantos hombres cuantas son las hojas o las arenas.
¡Héctor! Te recomiendo encarecidamente
que procedas de este modo: Como en la gran
ciudad de Príamo hay muchos auxiliares y no
hablan una misma lengua hombres de países
tan diversos, cada cual mande a aquellos de
quienes es príncipe y acaudille a sus conciudadanos,
después de ponerlos en orden de batalla.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 14 Feb 2021, 01:30

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LA ILIADA

CANTO II

Sueño- Beocia o catálogo de las naves.
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806. Así dijo; y Héctor, conociendo la voz de la
diosa, disolvió el ágora. Apresuráronse a tomar
las armas, abriéronse todas las puertas, salió el
ejército de infantes y de los que en carros combatían,
y se produjo un gran tumulto.

811. Hay en la llanura, frente a la ciudad, una
excelsa colina aislada de las demás y accesible
por todas partes, a la cual los hombres llaman
Batiea y los inmortales tumba de la ágil Mirina:
allí fue donde los troyanos y sus auxiliares se
pusieron en orden de batalla.

816. A los troyanos mandábalos el gran Héctor
Priámida, el de tremolante casco. Con él se armaban
las tropas más copiosas y valientes, que
ardían en deseos de blandir las lanzas.

819. De los dardanios era caudillo Eneas, valiente
hijo de Anquises, de quien lo tuvo la divina
Afrodita después que la diosa se unió con el
mortal en un bosque del Ida. Con Eneas compartían
el mando dos hijos de Anténor: Arquéloco
y Acamante, diestros en toda suerte de
pelea.

824. Los ricos troyanos que habitaban en Zelea,
al pie del Ida, y bebían el agua del caudaloso
Esepo, eran gobernados por Pándaro, hijo ilustre
de Licaón, a quien Apolo en persona dio el
arco.

828. Los que poseían las ciudades de Adrastea,
Apeso, Pitiea y el alto monte de Terea, estaban
a las órdenes de Adrasto y Anfio, de coraza de
lino: ambos eran hijos de Mérope Percosio, el
cual conocía como nadie el arte adivinatoria y
no quería que sus hijos fuesen a la homicida
guerra; pero ellos no lo obedecieron, impelidos
por las parcas de la negra muerte.

835. Los que moraban en Percote, a orillas del
Practio, y los que habitaban en Sesto, Abidos y
la divina Arisbe eran mandados por Asio
Hirtácida, príncipe de hombres, a quien fogosos
y corpulentos corceles condujeron desde
Arisbe, desde la ribera del río Seleente.

840. Hipótoo acaudillaba las tribus de los valerosos
pelasgos que habitaban en la fértil Larisa.
Mandábanlos.él y Pileo, vástago de Ares, hijos
del pelasgo Leto Teutámida.

844. A los tracios, que viven a orillas del alborotado
Helesponto, los regían Acamante y el
héroe Píroo.

846. Eufemo, hijo de Treceno Céada, alumno de
Zeus, era el capitán de los belicosos cícones.

848. Pirecmes condujo los peonios, de corvos
arcos, desde la lejana Amidón, desde la ribera
del anchuroso Axio; del Axio, cuyas límpidas
aguas se esparcen por la tierra.

851. A los paflagonios, procedentes del país de
los énetos, donde se crían las mulas cerriles, los
mandaba Pilémenes, de corazón varonil: aquéllos
poseían la ciudad de Citoro, cultivaban los
campos de Sésamo y habitaban magníficas casas
a orillas del río Partenio, en Cromna, Egíalo
y los altos montes Eritinos.

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Mensaje por Lluvia Abril Dom 14 Feb 2021, 01:46

Tener esta joya tan a la mano es todo un privilegio, así que gracias mil y ya sabes, te sigo.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 07:22

MERECE LA PENA, AMIGA MIA. ME COSTÓ TRABAJO DECIDIRME... PERO INSISTO, CREO QUE SON OBRAS QUE DEBEN ESTAR EN NUESTRO FORO.

BESOS.

SIGO POCO A POCO ( DE 5 EN 5 PÁGINAS).


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 07:40

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Sueño- Beocia o catálogo de las naves. Cont.



856. Los halizones eran gobernados por Odio y
Epístrofo y procedían de lejos: de Álibe, donde
hay yacimientos de plata.

858. A los misios los regían Cromis y el augur
Énnomo, que no pudo librarse, a pesar de los
agüeros, de la negra muerte; pues sucumbió a
manos del Eácida, el de los pies ligeros, en el
río donde éste mató también a otros troyanos.

862. Forcis y el deiforme Ascanio acaudillaban a
los frigios que habían llegado de la remota Ascania
y anhelaban entrar en batalla.

864. A los meonios los gobernaban Mestles y
Antifo, hijos de Talémenes, a quienes dio a luz
la laguna Gigea. Tales eran los jefes de los
meonios, nacidos al pie del Tmolo.

867. Nastes estaba al frente de los carios de
bárbaro lenguaje. Los que ocupaban la ciudad
de Mileto, el frondoso monte Ftirón, las orillas
del Meandro y las altas cumbres de Mícale tenían
por caudillos a Nastes y Anfímaco, preclaros
hijos de Nomión; Nastes y Anfímaco, que
iba al combate cubierto de oro como una doncella.
¡Insensato! No por ello se libró de la triste
muerte, pues sucumbió en el río a manos del
celerípede Eácida del aguerrido Aquiles, el de
los pies ligeros; y éste se apoderó del oro.

876. Sarpedón y el eximio Glauco mandaban a
los licios, que procedían de la remota Licia, de
la ribera del voraginoso Janto.

FIN DEL CANTO II


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 07:46

HOMERO

LA ILIADA

CANTO III*

Juramentos- Contemplando desde la muralla –
Combate singular de Alejandro y Menelao


* La primera se interrumpe para que se verifique
el combate singular de Alejandro y Menelao,
que no produce ningún resultado, pues,
cuando aquél va a ser vencido, lo arrebata por
los aires su madre la diosa Afrodita y lo lleva al
lado de Helena.




_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 07:53

HOMERO

LA ILIADA

CANTO III

Juramentos- Contemplando desde la muralla –
Combate singular de Alejandro y Menelao


1. Puestos en orden de batalla con sus respectivos
jefes, los troyanos avanzaban chillando y
gritando como aves -así profieren sus voces las
grullas en el cielo, cuando, para huir del frío y
de las lluvias torrenciales, vuelan gruyendo
sobre la corriente del Océano y llevan la ruina y
la muerte a los pigmeos, moviéndolos desde el
aire cruda guerra- y los aqueos marchaban silenciosos,
respirando valor y dispuestos a ayudarse
mutuamente.

10. Así como el Noto derrama en las cumbres de
un monte la niebla tan poco grata al pastor y
más favorable que la noche para el ladrón, y
sólo se ve el espacio a que alcanza una pedrada;
así también, una densa polvareda se levantaba
bajo los pies de los que se ponían en marcha y
atravesaban con gran presteza la llanura.

15. Cuando ambos ejércitos se hubieron acercado
el uno al otro, apareció en la primera fila de
los troyanos Alejandro, semejante a un dios,
con una piel de leopardo en los hombros, el
corvo arco y la espada; y, blandiendo dos lanzas
de broncínea punta, desafiaba a los más
valientes argivos a que con él sostuvieran terrible
combate.

21. Menelao, caro a Ares, violo venir con arrogante
paso al frente de la tropa, y, como el león
hambriento que ha encontrado un gran cuerpo
de cornígero ciervo o de cabra montés, se alegra
y tl devora, aunque o persigan ágiles perros y
robustos mozos; así Menelao se holgó de ver
con sus propios ojos al deiforme Alejandro
-figuróse que podría castigar al culpable- y al
momento saltó del carro al suelo sin dejar las
armas.

30. Pero el deiforme Alejandro, apenas distinguió
a Menelao entre los combatientes delanteros,
sintió que se le cubría el corazón, y, para
librarse de la muerte, retrocedió al grupo de sus
amigos. Como el que descubre un dragón en la
espesura de un monte, se echa con prontitud
hacia atrás, tiémblanle las carnes y se aleja con
la palidez pintada en sus mejillas; así el deiforme
Alejandro, temiendo al hijo de Atreo, desapareció
en la turba de los altivos troyanos.

38. Advirtiólo Héctor y lo reprendió con injuriosas
palabras:

39. -¡Miserable Paris, el de más hermosa figura,
mujeriego, seductor! Ojalá no te contaras en el
número de los nacidos o hubieses muerto célibe.
Yo así lo quisiera y te valdría más que ser la
vergüenza y el oprobio de los tuyos. Los melenudos
aqueos se ríen de haberte considerado
como un bravo campeón por tu gallarda figura,
cuando no hay en tu pecho ni fuerza ni valor. Y
siendo cual eres, ¿reuniste a tus amigos, surcaste
los mares en ligeros buques, visitaste a extranjeros
y trajiste de remota tierra una mujer
linda, esposa y cuñada de hombres belicosos,
que es una gran plaga para tu padre, la ciudad
y el pueblo todo, y causa de gozo para los enemigos
y de confusión para ti mismo? ¿No esperas
a Menelao, caro a Ares? Conocerías de qué
varón tienes la floreciente esposa, y no te valdrían
la cítara, los dones de Afrodita, la cabellera
y la hermosura, cuando rodaras por el polvo.
Los troyanos son muy tímidos; pues, si no, ya
estarías revestido de una túnica de piedras por
los males que les has causado.

Cont.


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que traspasó y emocionó a los muertos.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 08:25

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LA ILIADA

CANTO III

Juramentos- Contemplando desde la muralla –
Combate singular de Alejandro y Menelao


58. Respondióle el deiforme Alejandro:

59. -¡Héctor! Con motivo me increpas y no más
de lo justo; pero tu corazón es inflexible como
el hacha que hiende un leño y multiplica la
fuerza de quien la maneja hábilmente para cortar
maderos de navío: tan intrépido es el ánimo
que en tu pecho se encierra. No me eches en
cara los amables dones de la dorada Afrodita,
que no son despreciables los eximios presentes
de los dioses y nadie puede escogerlos a su
gusto. Y si ahora quieres que luche y combata,
detén a los demás troyanos y a los aqueos todos,
y dejadnos en medio a Menelao, caro a
Ares, y a mí para que peleemos por Helena y
sus riquezas: el que venza, por ser más valiente,
lleve a su casa mujer y riquezas; y, después de
jurar paz y amistad, seguid vosotros en la fértil
Troya y vuelvan aquéllos a Argos, criadora de
caballos, y a la Acaya, de lindas mujeres.

76. Así dijo. Oyólo Héctor con intenso placer, y,
corriendo al centro de ambos ejércitos con la
lanza cogida por el medio, detuvo las falanges
troyanas, que al momento se quedaron quietas.
Los melenudos aqueos le arrojaban flechas,
dardos y piedras. Pero Agamenón, rey de
hombres, gritóles con voz recia:

82. -Deteneos, argivos; no tiréis, jóvenes aqueos;
pues Héctor, el de tremolante casco, quiere decirnos
algo.

84. Así se expresó. Abstuviéronse de combatir y
pronto quedaron silenciosos. Y Héctor, colocándose
entre unos y otros, dijo:

86.-Oíd de mis labios, troyanos y aqueos de
hermosas grebas, el ofrecimiento de Alejandro
por quien se suscitó la contienda. Propone que
troyanos y aqueos dejemos las bellas armas en
el fértil suelo, y él y Menelao, caro a Ares, peleen
en medio por Helena y sus riquezas todas: el
que venza, por ser más valiente, llevará a su
casa mujer y riquezas, y los demás juraremos
paz y amistad.

95. Así dijo. Todos enmudecieron y quedaron
silenciosos. Y Menelao, valiente en la pelea, les
habló de este modo:

97. -Ahora oídme también a mí. Tengo el corazón
traspasado de dolor, y creo que ya, argivos
y troyanos, debéis separaros, pues padecisteis
muchos males por mi contienda, que Alejandro
originó. Aquél de nosotros para quien se
hallen aparejados el destino y la muerte perezca;
y los demás separaos cuanto antes. Traed un
cordero blanco y una cordera negra para la Tierra
y el Sol; nosotros traeremos otro para Zeus.
Conducid acá a Príamo para que en persona
sancione los juramentos, pues sus hijos son
soberbios y fementidos: no sea que por alguna
transgresión se quebranten los juramentos prestados
invocando a Zeus. El alma de los jóvenes
es siempre voluble, y el viejo, cuando interviene
en algo, tiene en cuenta lo pasado y lo futuro
a fin de que se haga lo más conveniente para
ambas partes.

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 15 Feb 2021, 08:31

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LA ILIADA

CANTO III

Juramentos- Contemplando desde la muralla –
Combate singular de Alejandro y Menelao.
Cont.

111. Así dijo. Gozáronse aqueos y troyanos con
la esperanza de que iba a terminar la calamitosa
guerra. Detuvieron los corceles en las filas, bajaron
de los carros y, dejando la armadura en el
suelo, se pusieron muy cerca los unos de los
otros. Un corto espacio mediaba entre ambos
ejércitos.

116. Héctor despachó dos heraldos a la ciudad
para que en seguida le trajeran las víctimas y
llamaran a Príamo. El rey Agamenón, por su
parte, mandó a Taltibio que se llegara a las
cóncavas naves por un cordero. El heraldo no
desobedeció al divino Agamenón.

121. Entonces la mensajera Iris fue en busca de
Helena, la de níveos brazos, tomando la figura
de su cuñada Laódice, mujer del rey Helicaón
Antenórida, que era la más hermosa de las hijas
de Príamo. Hallóla en el palacio tejiendo una
gran tela doble, purpúrea, en la cual entretejía
muchos trabajos que los troyanos, domadores
de caballos, y los aqueos, de broncíneas corazas,
habían padecido por ella por mano de
Ares. Paróse Iris, la de los pies ligeros, junto a
Helena, y así le dijo:

130. -Ven acá, ninfa querida, para que presencies
los admirables hechos de los troyanos, domadores
de caballos, y de los aqueos, de
broncíneas corazas. Los que antes, ávidos del
funesto combate, llevaban por la llanura al luctuoso
Ares unos contra otros, se sentaron -pues
la batalla se ha suspendido- y permanecen silenciosos,
reclinados en los escudos, con las
luengas picas clavadas en el suelo. Alejandro y
Menelao, caro a Ares, lucharán por ti con ingentes
lanzas, y el que venza te llamará su
amada esposa.

139. Cuando así hubo hablado, le infundió en el
corazón dulce deseo de su anterior marido, de
su ciudad y de sus padres. Y Helena salió al
momento de la habitación, cubierta con blanco
velo, derramando tiernas lágrimas; sin que fuera
sola, pues la acompañaban dos doncellas,
Etra, hija de Piteo, y Clímene, la de ojos de novilla.
Pronto llegaron a las puertas Esceas.

146. Allí, sobre las puertas Esceas, estaban
Príamo, Pántoo, Timetes, Lampo, Clitio, Hicetaón,
vástago de Ares, y los prudentes Ucalegonte
y Anténor, ancianos del pueblo; los cuales
a causa de su vejez no combatían, pero eran
buenos arengadores, semejantes a las cigarras
que, posadas en los árboles de la selva, dejan
oír su aguda voz. Tales próceres troyanos había
en la torre. Cuando vieron a Helena, que hacia
ellos se encaminaba, dijéronse unos a otros,
hablando quedo, estas aladas palabras:

156. -No es reprensible que troyanos y aqueos,
de hermosas grebas, sufran prolijos males por
una mujer como ésta, cuyo rostro tanto se parece
al de las diosas inmortales. Pero, aun siendo
así, váyase en las naves, antes de que llegue a
convertirse en una plaga para nosotros y para
nuestros hijos.

161. Así hablaban. Príamo llamó a Helena y le
dijo:


Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 16 Feb 2021, 04:25

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CANTO III

Juramentos- Contemplando desde la muralla –
Combate singular de Alejandro y Menelao.
Cont.

162. -Ven acá, hija querida; siéntate a mi lado
para que veas a tu anterior marido y a sus parientes
y amigos -pues a ti no te considero culpable,
sino a los dioses que promovieron contra
nosotros la luctuosa guerra de los aqueos- y me
digas cómo se llama ese ingente varón, quién es
ese aqueo gallardo y alto de cuerpo. Otros hay
de mayor estatura, pero jamás vieron mis ojos
un hombre tan hermoso y venerable. Parece un
rey.

171. Contestó Helena, divina entre las mujeres:

172 -Me inspiras, suegro amado, respeto y temor.
¡Ojalá la muerte me hubiese sido grata
cuando vine con tu hijo, dejando, a la vez que el
tálamo, a mis hermanos, mi hija querida y mis
amables compañeras! Pero no sucedió así, y
ahora me consumo llorando. Voy a responder a
tu pregunta: Ése es el poderosísimo Agamenón
Atrida, buen rey y esforzado combatiente, que
fue cuñado de esta desvergonzada, si todo no
ha sido sueño.

181. Así dijo. El anciano contemplólo con admiración
y exclamó:

182. -¡Atrida feliz, nacido con suerte, afortunado!
Muchos son los aqueos que lo obedecen. En
otro tiempo fui a la Frigia, en viñas abundosa, y
vi a muchos de sus naturales -los pueblos de
Otreo y de Migdón, igual a un dios- que con los
ágiles corceles acampaban a orillas del Sangario.
Entre ellos me hallaba, a fuer de aliado, el
día en que llegaron las varoniles amazonas.
Pero no eran tantos como los aqueos de ojos
vivos.

191. Fijando la vista en Ulises, el anciano volvió
a preguntar:

192. -Ea, dime también, hija querida, quién es
aquél, menor en estatura que Agamenón Atrida,
pero más ancho de espaldas y de pecho. Ha
dejado en el fértil suelo las armas y recorre las
filas como un carnero. Parece un velloso carnero
que atraviesa un gran rebaño de cándidas
ovejas.

199. Al momento le respondió Helena, hija de
Zeus:

200. -Aquél es el hijo de Laertes, el ingenioso
Ulises, que se crió en la áspera ítaca; tan hábil
en urdir engaños de toda especie, como en dar
prudentes consejos.

203. El sensato Anténor replicó al momento:

204. -Mujer, mucha verdad es lo que dices. Ulises
vino por ti, como embajador, con Menelao,
caro a Ares; yo los hospedé y agasajé en mi
palacio y pude conocer la condición y los prudentes
consejos de ambos. Entre los troyanos
reunidos, de pie, sobresalía Menelao por sus
anchas espaldas; sentados, era Ulises más majestuoso.
Cuando hilvanaban razones y consejos
para todos nosotros, Menelao hablaba de
prisa, poco, pero muy claramente: pues no era
verboso, ni, con ser el más joven, se apartaba
del asunto; el ingenioso Ulises, después de levantarse,
permanecía en pie con la vista baja y
los ojos clavados en el suelo, no meneaba el
cetro que tenía inmóvil en la mano, y parecía
un ignorante: lo hubieras tomado por un iracundo
o por un estúpido. Mas tan pronto como
salían de su pecho las palabras pronunciadas
con voz sonora, como caen en invierno los copos
de nieve, ningún mortal hubiese disputado
con Ulises. Y entonces ya no admirábamos tanto
la figura de héroe.

Cont.




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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 16 Feb 2021, 04:33

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CANTO III

Juramentos- Contemplando desde la muralla –
Combate singular de Alejandro y Menelao.
Cont.

225. Reparando la tercera vez en Ayante, dijo el
anciano:

226. -¿Quién es ese otro aqueo gallardo y alto,
que descuella entre los argivos por su cabeza y
anchas espaldas?

228. Respondió Helena, la de largo pelo, divina
entre las mujeres:

229. -Ése es el ingente Ayante, antemural de los
aqueos. Al otro lado está Idomeneo, como un
dios, entre los cretenses; rodéanlo los capitanes
de sus tropas. Muchas veces Menelao, cáro a
Ares, lo hospedó en nuestro palacio cuando venía
de Creta. Distingo a los demás aqueos de
ojos vivos, y me sería fácil reconocerlos y nombrarlos;
mas no veo a dos caudillos de hombres,
Cástor, domador de caballos, y Pólux, excelente
púgil, hermanos carnales que me dio mi madre.
¿Acaso no han venido de la amena Lacedemonia?
¿O llegaron en las naves, surcadoras del
ponto, y no quieren entrar en combate para no
hacerse partícipes de mi deshonra y de mis
muchos oprobios?

243. Así habló. A ellos la fértil tierra los tenía ya
consigo, en Lacedemoma, en su misma patria.

244. Los heraldos atravesaban la ciudad con las
víctimas para los divinos juramentos, los dos
corderos, y el regocijador vino, fruto de la tierra,
encerrado en un odre de piel de cabra. El
heraldo Ideo llevaba además una reluciente
cratera y copas de oro; y, acercándose al anciano,
invitólo diciendo:

250. -¡Levántate, Laomedontíada! Los próceres
de los troyanos, domadores de caballos, y de
los aqueos, de broncíneas corazas, te piden que
bajes a la llanura y sanciones los fieles juramentos;
pues Alejandro y Menelao, caro a Ares,
combatirán con luengas lanzas por la esposa:
mujer y riquezas serán del que venza, y, después
de pactar amistad con fieles juramentos,
nosotros seguiremos habitando la fértil Troya, y
aquéllos volverán a Argos, criador de caballos,
y a Acaya, la de lindas mujeres.

259. Así dijo. Estremecióse el anciano y mandó a
los amigos que engancharan los caballos. Obedeciéronlo
solícitos. Subió Príamo y cogió las
riendas; a su lado, en el magnífico carro, se puso
Anténor. E inmediatamente guiaron los ligeros
corceles hacia la llanura por las puertas Esceas.

264. Cuando hubieron llegado al campo, descendieron
del carro al almo suelo y se encaminaron
al espacio que mediaba entre los troyanos
y los aqueos. Levantóse al punto el rey de
hombres, Agamenón, levantóse también el ingenioso
Ulises; y los heraldos conspicuos juntaron
las víctimas que debían inmolarse para los
sagrados juramentos, mezclaron vinos en la
cratera y dieron aguamanos a los reyes. El Atrida,
con la daga que llevaba junto a la gran vaina
de la espada, cortó pelo de la cabeza de los
corderos, y los heraldos lo repartieron a los
próceres troyanos y aqueos. Y, colocándose el
Atrida en medio de todos, oró en alta voz con
las manos levantadas:

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CANTO III

Juramentos- Contemplando desde la muralla –
Combate singular de Alejandro y Menelao. Cont.


276. -¡Padre Zeus, que reinas desde el Ida, gloriosísimo,
máximo! ¡Sol, que todo lo ves y todo
lo oyes! ¡Ríos! ¡Tierra! ¡Y vosotros que en lo
profundo castigáis a los muertos que fueron
perjuros! Sed todos testigos y guardad los fieles
juramentos: Si Alejandro mata a Menelao, sea
suya Helena con todas las riquezas y nosotros
volvámonos en las naves, surcadoras del ponto;
mas si el rubio Menelao mata a Alejandro, devuélvannos
los troyanos a Helena y las riquezas
todas, y paguen a los argivos la indemnización
que sea justa para que llegue a conocimiento
de los hombres venideros. Y, si, vencido
Alejandro, Príamo y sus hijos se negaren a pagar
la indemnización, me quedaré a combatir
por ella hasta que termine la guerra.

292. Dijo, cortóles el cuello a los corderos y los
puso palpitantes, pero sin vida, en el suelo; el
cruel bronce les había quitado el vigor. Llenaron
las copas sacando vino de la cratera, y derramándolo
oraban a los sempiternos dioses. Y
algunos de los aqueos y de los troyanos exclamaron:

298. -¡Zeus gloriosísimo, máximo! ¡Dioses inmortales!
Los primeros que obren contra lo
jurado, vean derramárseles a tierra, como este
vino, sus sesos y los de sus hijos, y sus esposas
caigan en poder de extraños.

302. De esta manera hablaban, pero el Cronión
no ratificó el voto. Y Príamo Dardánida les dijo:

304. -¡Oídme, troyanos y aqueos, de hermosas
grebas! Yo regresaré a la ventosa Ilio, pues no
podría ver con estos ojos a mi hijo combatiendo
con Menelao, caro a Ares. Zeus y los demás
dioses inmortales saben para cuál de ellos tiene
el destino preparada la muerte.

310. Dijo, y el varón igual a un dios colocó los
corderos en el carro, subió él mismo y tomó las
riendas; a su lado, en el magnífico carro, se puso
Anténor. Y al instante volvieron a Ilio.

314. Héctor, hijo de Príamo, y el divino Ulises
midieron el campo, y, echando dos suertes en
un casco de bronce, lo meneaban para decidir
quién sería el primero en arrojar la broncínea
lanza. Los hombres oraban y levantaban las
manos a los dioses. Y algunos de los aqueos y
de los troyanos exclamaron:

320. -¡Padre Zeus, que reinas desde el Ida, gloriosísimo,
máximo! Concede que quien tantos
males nos causó a unos y a otros, muera y descienda
a la morada de Hades, y nosotros disfrutemos
de la jurada amistad.

324. Así decían. El gran Héctor, el de tremolante
casco, agitaba las suertes volviendo el rostro
atrás: pronto saltó la de Paris. Sentáronse los
guerreros, sin romper las filas, donde cada uno
tenía los briosos corceles y las labradas armas.
El divino Alejandro, esposo de Helena, la de
hermosa cabellera, vistió una magnífica armadura:
púsose en las piernas elegantes grebas
ajustadas con broches de plata; protegió el pecho
con la coraza de su hermano Licaón, que se
le acomodaba bien; colgó del hombro una espada
de bronce guarnecida con clavos de plata;
embrazó el grande y fuerte escudo; cubrió la
robusta cabeza con un hermoso casco, cuyo
terrible penacho de crines de caballo ondeaba
en la cimera, y asió una fornida lanza que su
mano pudiera manejar. De igual manera vistió
las armas el aguerrido Menelao.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 16 Feb 2021, 06:32

HOMERO

LA ILIADA

CANTO III

Juramentos- Contemplando desde la muralla –
Combate singular de Alejandro y Menelao.
Cont.

340. Cuando hubieron acabado de armarse separadamente
de la muchedumbre, aparecieron
en el lugar que mediaba entre ambos ejércitos,
mirándose de un modo terrible; y así los troyanos,
domadores de caballos, como los aqueos,
de hermosas grebas, se quedaron atónitos al
contemplarlos. Encontráronse aquéllos en el
medido campo, y se detuvieron blandiendo las
lanzas y mostrando el odio que recíprocamente
se tenían. Alejandro arrojó el primero la luenga
lanza y dio un bote en el escudo liso del Atrida,
sin que el bronce lo rompiera: la punta se torció
al chocar con el fuerte escudo. Y Menelao Atrida,
disponiéndose a acometer con la suya, oró
al padre Zeus:

351. -¡Soberano Zeus! Permíteme castigar al divino
Alejandro, que me ofendió primero, y hazlo
sucumbir a mis manos, para que los hombres
venideros teman ultrajar a quien los hospedare
y les ofreciere su amistad.

355. Dijo, y blandiendo la luenga lanza, acertó a
dar en el escudo liso del Priámida. La ingente
lanza atravesó el terso escudo, se clavó en la
labrada coraza y rasgó la túnica sobre el ijar.
Inclinóse el troyano y evitó la negra muerte. El
Atrida desenvainó entonces la espada guarnecida
de argénteos clavos; pero, al herir al enemigo
en la cimera del casco, se le cayó de la
mano, rota en tres o cuatro pedazos. Y el Atrida,
alzando los ojos al anchuroso cielo, se lamentó
diciendo:

365. -¡Padre Zeus, no hay dios más funesto que
tú! Esperaba castigar la perfidia de Alejandro, y
la espada se quiebra en mis manos, la lanza es
arrojada inútilmente y no consigo vencerlo.

369. Dice, y arremetiendo a Paris, cógelo por el
casco adornado con espesas crines de caballo,
que retuerce, y lo arrastra hacia los aqueos de
hermosas grebas, medio ahogado por la bordada
correa que, atada por debajo de la barba
para asegurar el casco, le apretaba el delicado
cuello. Y se lo hubiera llevado, consiguiendo
inmensa gloria, si al punto no lo hubiese advertido
Afrodita, hija de Zeus, que rompió la correa
hecha del cuero de un buey degollado: el
casco vacío siguió a la robusta mano, el héroe lo
volteó y arrojó a los aqueos, de hermosas grebas,
y sus fieles compañeros lo recogieron. De
nuevo asaltó Menelao a Paris para matarlo con
la broncínea lanza; pero Afrodita arrebató a su
hijo con gran facilidad, por ser diosa, y llevólo,
envuelto en densa niebla, al oloroso y perfumado
tálamo. Luego fue a llamar a Helena,
hallándola en la alta torre con muchas troyanas;
tiró suavemente de su perfumado velo, y, tomando
la figura de una anciana cardadora que
allá en Lacedemonia le preparaba a Helena
hermosas lanas y era muy querida de ésta, díjole
la diosa Afrodita:

390 -Ven acá. Te llama Alejandro para que
vuelvas a tu casa. Hállase, esplendente por su
belleza y sus vestidos, en el torneado lecho de
la cámara nupcial. No dirías que viene de combatir,
sino que va al baile o que reposa de reciente
danza.

Cont.


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"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 16 Feb 2021, 06:48

HOMERO

LA ILIADA

CANTO III

Juramentos- Contemplando desde la muralla –
Combate singular de Alejandro y Menelao.
Cont.

395. Así dijo. Helena sintió que en el pecho le
palpitaba el corazón; pero, al ver el hermosísimo
cuello, los lindos pechos y los refulgentes
ojos de la diosa, se asombró y le dijo:

399. -¡Cruel! ¿Por qué quieres engañarme? ¿Me
llevarás acaso más allá, a cualquier populosa
ciudad de la Frigia o de la Meonia amena donde
algún hombre dotado de palabra te sea querido?
¿Vienes con engaños porque Menelao ha
vencido al divino Alejandro, y quieres que yo,
la odiosa, vuelva a su casa? Ve, siéntate al lado
de Paris, deja el camino de las diosas, no te
conduzcan tus pies al Olimpo; y llora, y vela
por él, hasta que te haga su esposa o su esclava.
No iré allá, ¡vergonzoso fuera!, a compartir su
lecho; todas las troyanas me lo vituperarían, y
ya son muchos los pesares que conturban mi
corazón.

413. La divina Afrodita le respondió airada:

414. -¡No me irrites, desgraciada! No sea que,
enojándome, te desampare; te aborrezca de
modo tan extraordinario como hasta aquí te
amé; ponga funestos odios entre troyanos y dánaos,
y tú perezcas de mala muerte.

418. Así dijo. Helena, hija de Zeus, tuvo miedo;
y, echándose el blanco y espléndido velo, salió
en silencio tras la diosa, sin que ninguna de las
troyanas lo advirtiera.

421. Tan pronto como llegaron al magnífico palacio
de Alejandro, las esclavas volvieron a sus
labores, y la divina entre las mujeres se fue derecha
a la cámara nupcial de elevado techo. La
risueña Afrodita colocó una silla delante de
Alejandro; sentóse Helena, hija de Zeus, que
lleva la égida, y, apartando la vista de su esposo,
lo increpó con estas palabras:

428. -¡Vienes de la lucha, y hubieras debido perecer
a manos del esforzado varón que fue mi
anterior marido! Blasonabas de ser superior a
Menelao, caro a Ares, en fuerza, en puños y en
el manejo de la lanza; pues provócalo de nuevo
a singular combate. Pero no: te aconsejo que
desistas, y no quieras pelear ni contender temerariamente
con el rubio Menelao; no sea que en
seguida sucumbas, herido por su lanza.

437. Respondióle Paris con estas palabras:

438. -Mujer, no me zahieras con amargos baldones.
Hoy ha vencido Menelao con el auxilio de
Atenea; otro día lo venceré yo, pues también
tenemos dioses que nos protegen. Mas, ea,
acostémonos y volvamos a ser amigos. Jamás la
pasión se apoderó de mi espíritu como ahora;
ni cuando, después de robarte, partimos de la
amena Lacedemonia en las naves surcadoras
del ponto y llegamos a la isla de Cránae, donde
me unió contigo amoroso consorcio: con tal
ansia te amo en este momento y tan dulce es el
deseo que de mí se apodera.

447. Dijo, y empezó a encaminarse al tálamo; y
en seguida lo siguió la esposa.

448. Acostáronse ambos en el torneado lecho,
mientras el Atrida se revolvía entre la muchedumbre,
como una fiera, buscando al deiforme
Alejandro. Pero ningún troyano ni aliado ilustre
pudo mostrárselo a Menelao, caro a Ares;
que no por amistad lo hubiesen ocultado, pues
a todos se les había hecho tan odioso como la
negra muerte. Y Agamenón, rey de hombres,
les dijo:

456. -iOíd, troyanos, dárdanos y aliados! Es evidente
que la victoria quedó por Menelao, caro a
Ares; entregadnos la argiva Helena con sus
riquezas y pagad una indemnización, la que sea
justa, para que llegue a conocimiento de los
hombres venideros.

461. Así dijo el Atrida, y los demás aqueos
aplaudieron.

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 17 Feb 2021, 05:10

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LA ILIADA

CANTO IV*

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas


* Menelao lo busca por el cameo de batalla y
recibe en la cintura el impacto de una flecha
lanzada por Pándaro, que así rompe la tregua
covenida por los dos ejércitos antes de empezar
el singular desafío. Entonces comienza una encarnizada
lucha entre aqueos y troyanos.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 17 Feb 2021, 05:16

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LA ILIADA

CANTO IV*

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas


1. Sentados en el áureo pavimento junto a Zeus,
los dioses celebraban consejo. La venerable
Hebe escanciaba néctar, y ellos recibían sucesivamente
la copa de oro y contemplaban la ciudad
de Troya. Pronto el Cronida intentó zaherir
a Hera con mordaces palabras; y, hablando
fingidamente, dijo:

7. -Dos son las diosas que protegen a Menelao,
Hera argiva y Atenea alalcomenia; pero, sentadas
a distancia, se contentan con mirarlo; mientras
que Afrodita, amante de la risa, acompaña
constantemente al otro y lo Libra de Las parcas,
y ahora lo acaba de salvar cuando él mismo
creía perecer. Pero, como la victoria quedó por
Menelao, caro a Ares, deliberemos sobre sus
futuras consecuencias: si conviene promover
nuevamente el funesto combate y la terrible
pelea, o reconciliar a entrambos pueblos. Si a
todos pluguiera y agradara, la ciudad del rey
Príamo continuaría poblada y Menelao se llevaría
la argiva Helena.

20. Así dijo. Atenea y Hera, que tenían Los
asientos contiguos y pensaban en causar daño a
Los troyanos, se mordieron Los labios. Atenea,
aunque airada contra su padre Zeus y poseída
de feroz cólera, guardó silencio y nada dijo;
pero a Hera no le cupo la ira en el pecho, y exclamó:

25.-¡Crudelísimo Cronida! ¡Qué palabras proferiste!
¿Quieres que sea vano a ineficaz mi trabajo
y el sudor que me costó? Mis corceles se fatigaron,
cuando reunía el ejército contra Príamo
y sus hijos. Haz lo que dices, pero no todos los
dioses te lo aprobaremos.

30. Respondióle muy indignado Zeus, que
amontona las nubes:

31. -¡Desdichada! ¿Qué graves ofensas te infieren
Príamo y sus hijos para que continuamente
anheles destruir la bien edificada ciudad de
Ilio? Si trasponiendo las puertas de los altos
muros, te comieras crudo a Príamo, a sus hijos
y a los demás troyanos, quizá tu cólera se apaciguara.
Haz lo que te plazca; no sea que de
esta disputa se origine una gran riña entre nosotros.
Otra cosa voy a decirte que fijarás en la
memoria: cuando yo tenga vehemente deseo de
destruir alguna ciudad donde vivan amigos
tuyos, no retardes mi cólera y déjame hacer lo
que quiera, ya que ésta te la cedo espontáneamente,
aunque contra los impulsos de mi alma.
De las ciudades que los hombres terrestres
habitan debajo del sol y del cielo estrellado, la
sagrada Ilio era la preferida de mi corazón, con
Príamo y su pueblo armado con lanzas de fresno.
Mi altar jamás careció en ella del alimento
debido, libaciones y vapor de grasa quemada;
que tales son los honores que se nos deben.

50. Contestóle en seguida Hera veneranda, la de
ojos de novilla:

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 17 Feb 2021, 05:28

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CANTO IV*

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas


51. -Tres son las ciudades que más quiero: Argos,
Esparta y Micenas, la de anchas calles;
destrúyelas cuando las aborrezca tu corazón, y
no las defenderé, ni me opondré siquiera. Y si
me opusiere y no lo permitiere destruirlas, nada
conseguiría, porque tu poder es muy superior.
Pero es preciso que mi trabajo no resulte
inútil. También yo soy una deidad, nuestro
linaje es el mismo y el artero Crono engendróme
la más venerable, por mi abolengo y por
llevar el nombre de esposa tuya, de ti que reinas
sobre los inmortales todos. Transijamos, yo
contigo y tú conmigo, y los demás dioses inmortales
nos seguirán. Manda presto a Atenea
que vaya al campo de la terrible batalla de los
troyanos y los aqueos, y procure que los troyanos
empiecen a ofender, contra lo jurado, a los
envanecidos aqueos.

68. Así dijo. No desobedeció el padre de los
hombres y de los dioses; y, dirigiéndose a Atenea,
profirió en seguida estas aladas palabras:

70. -Ve muy presto al campo de los troyanos y
de los aqueos, y procura que los troyanos empiecen
a ofender, contra lo jurado, a los envanecidos
aqueos.

73. Con tales voces instigólo a hacer lo que ella
misma deseaba; y Atenea bajó en raudo vuelo
de las cumbres del Olimpo. Cual fúlgida estrella
que, enviada como señal por el hijo del artero
Crono a los navegantes o a los individuos de
un gran ejército, despide gran número de chispas;
de igual modo Palas Atenea se lanzó a la
tierra y cayó en medio del campo. Asombráronse
cuantos la vieron, así los troyanos, domadores
de caballos, como los aqueos, de hermosas
grebas, y no faltó quien dijera a su vecino:

82. -O empezará nuevamente el funesto combate
y la terrible pelea, o Zeus, árbitro de la guerra
humana, pondrá amistad entre ambos pueblos.

85. De esta manera hablaban algunos de los
aqueos y de los troyanos. La diosa, transfigurada
en varón -parecíase a Laódoco Antenórida,
esforzado combatiente-, penetró por el ejército
troyano buscando al deiforme Pándaro. Halló
por fin al eximio y fuerte hijo de Licaón en medio
de las filas de hombres valientes, escudados,
que con él habían llegado de las orillas del
Esepo; y, deteniéndose cerca de él, le dijo estas
aladas palabras:

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 17 Feb 2021, 05:34

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CANTO IV

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas


93. -¿Querrás obedecerme, hijo valeroso de Licaón?
¡Te atrevieras a disparar una veloz flecha
contra Menelao! Alcanzarías gloria entre los
troyanos y te lo agradecerían todos, y particularmente
el príncipe Alejandro; éste te haría
espléndidos presentes, si viera que a Menelao,
belicoso hijo de Atreo, lo subían a la triste pira,
muerto por una de tus flechas. Ea, tira una saeta
al ínclito Menelao, y vota sacrificar a Apolo
nacido en Licia, célebre por su arco, una hecatombe
perfecta de corderos primogénitos cuando
vuelvas a tu patria, la sagrada ciudad de
Zelea.
Así dijo Atenea. El insensato se dejó persuadir,
y asió en seguida el pulido arco hecho con las
astas de un lascivo buco montés, a quien él había
acechado y herido en el pecho cuando saltaba
de un peñasco: el animal cayó de espaldas
en la roca, y sus cuernos de dieciséis palmos
fueron ajustados y pulidos por hábil artífice y
adornados con anillos de oro. Pándaro tendió el
arco, bajándolo a inclinándolo al suelo, y sus
valientes amigos lo cubrieron con los escudos,
para que los belicosos aqueos no arremetieran
contra él antes que Menelao, aguerrido hijo de
Atreo, fuese herido. Destapó el carcaj y sacó
una flecha nueva, alada, causadora de acerbos
dolores; adaptó en seguida a la cuerda del arco
la amarga saeta, y votó a Apolo nacido en Licia,
el de glorioso arco, sacrificarle una espléndida
hecatombe de corderos primogénitos cuando
volviera a su patria, la sagrada ciudad de Zelea.
Y, cogiendo a la vez las plumas y el bovino
nervio, tiró hacia su pecho y acercó la punta de
hierro al arco. Armado así, rechinó el gran arco
circular, crujió la cuerda y saltó la puntiaguda
flecha deseosa de volar sobre la multitud.

127. No se olvidaron de ti, oh Menelao, los felices
a inmortales dioses y especialmente la hija
de Zeus, que impera en las batallas; la cual,
poniéndose delante, desvió la amarga flecha:
apartóla del cuerpo como la madre ahuyenta
una mosca de su niño que duerme con plácido
sueño, y la dirigió al lugar donde los anillos de
oro sujetaban el cinturón y la coraza era doble.
La amarga saeta atravesó el ajustado cinturón,
obra de artífice; se clavó en la magnífica coraza,
y, rompiendo la chapa que el héroe llevaba para
proteger el cuerpo contra las flechas y que lo
defendió mucho, rasguñó la piel y al momento
brotó de la herida la negra sangre.

141. Como una mujer meonia o caria tiñe en
púrpura el marfil que ha de adornar el freno de
un caballo, muchos jinetes desean llevarlo y
aquélla lo guarda en su casa para un rey a fin
de que sea ornamento para el caballo y motivo
de gloria para el caballero; de la misma manera,
oh Menelao, se tiñeron de sangre tus bien formados
muslos, las piernas, y más abajo los
hermosos tobillos.

Cont.


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CANTO IV

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas


148. Estremecióse el rey de hombres, Agamenón,
al ver la negra sangre que manaba de la
herida. Estremecióse asimismo Menelao, caro a
Ares; mas, como advirtiera que quedaban fuera
el nervio y las plumas, recobró el ánimo en su
pecho. Y el rey Agamenón, asiendo de la mano
a Menelao, dijo entre hondos suspiros mientras
los compañeros gemían:

155. -¡Hermano querido! Para tu muerte celebré
el jurado convenio cuando te puse delante de
todos a fin de que lucharas por los aqueos, tú
solo, con los troyanos. Así te han herido: pisoteando
los juramentos de fidelidad. Pero no serán
inútiles el pacto, la sangre de los corderos,
las libaciones de vino puro y el apretón de manos
en que confiábamos. Si el Olímpico no los
castiga ahora, lo hará más tarde, y pagarán
cuanto hicieron con una gran pena: con sus
propias cabezas, sus mujeres y sus hijos. Bien lo
conoce mi inteligencia y lo presiente mi corazón:
día vendrá en que perezcan la sagrada
llio, y Priamo, y su pueblo armado con lanzas
de Fresno; el excelso Zeus Cronida, que vive en
el éter, irritado por este engaño, agitará contra
ellos su égida espantosa. Todo esto ha de suceder
irremisiblemente. Pero será grande mi pesar,
oh Menelao, si mueres y llegas al término
fatal de to vida, y he de volver con gran oprobio
a la árida Argos; porque los aqueos se acordarán
en seguida de su tierra patria, dejaremos
como trofeos en poder de Príamo y de los troyanos
a la argiva Helena, y tus huesos se pudrirán
en Troya a causa de una empresa no
llevada a cumplimiento. Y alguno de los troyanos
soberbios exclamará, saltando sobre la
tumba del glorioso Menelao: «Así efectúe
Agamenón todas sus venganzas como ésta;
pues trajo inútilmente un ejército aqueo y regresó
a su patria con las naves vacías, dejando
aquí al valiente Menelao.» Y cuando esto diga,
ábraseme la anchurosa tierra.

183. Para tranquilizarlo, respondió el rubio Menelao:

184 -Ten ánimo y no espantes a los aqueos. La
aguda flecha no se me ha clavado en sitio mortal,
pues me protegió por fuera el labrado cinturón
y por dentro la faja y la chapa que forjaron
obreros broncistas.

188. Contestóle el rey Agamenón, diciendo:

189. -¡Ojalá sea así, querido Menelao! Un médico
reconocerá la herida y le aplicará drogas que
calmen los terribles dolores.

192. Dijo, y en seguida dio esta orden al divino
heraldo Taltibio:

193. -¡Taltibio! Llama pronto a Macaón, el hijo
del insigne médico Asclepio, para que reconozca
al aguerrido Menelao, hijo de Atreo, a quien
ha flechado un hábil arquero troyano o licio;
gloria para él y llanto para nosotros.

198. Así dijo, y el heraldo al oírlo no desobedeció.
Fuese por entre los aqueos, de broncíneas
corazas, buscó con la vista al héroe Macaón y lo
halló en medio de las fuertes filas de hombres
escudados que lo habían seguido desde Trica,
criadora de caballos. Y, deteniéndose cerca de
él, le dirigió estas aladas palabras:

Cont.


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CANTO IV

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas
.

204. -¡Ven, Asclepíada! Te llama el rey Agamenón
para que reconozcas al aguerrido Menelao,
caudillo de los aqueos, a quien ha flechado
hábil arquero troyano o licio; gloria para él y
llanto para nosotros.

208. Así dijo, y Macaón sintió que en el pecho se
le conmovía el ánimo. Atravesaron, hendiendo
por la gente, el espacioso campamento de los
aqueos; y llegando al lugar donde fue herido el
rubio Menelao (éste aparecía como un dios entre
los principales caudillos que en torno de él
se habían congregado), Macaón arrancó la flecha
del ajustado cíngulo; pero, al tirar de ella,
rompiéronse las plumas, y entonces desató el
vistoso cinturón y quitó la faja y la chapa que
habían hecho obreros broncistas. Tan pronto
como vio la herida causada por la cruel saeta,
chupó la sangre y aplicó con pericia drogas
calmantes que a su padre había dado Quirón en
prueba de amistad.

220. Mientras se ocupaban en curar a Menelao,
valiente en la pelea, llegaron las huestes de los
escudados troyanos; vistieron aquéllos la armadura,
y ya sólo pensaron en el combate.

223. Entonces no hubieras visto que el divino
Agamenón se durmiera, temblara o rehuyera el
combate, pues iba presuroso a la lid, donde los
varones alcanzan gloria. Dejó los caballos y el
carro de broncíneos adornos -Eurimedonte, hijo
de Ptolomeo Piraída, se quedó a cierta distancia
con los fogosos corceles-, encargó al auriga que
no se alejara por si el cansancio se apoderaba
de sus miembros, mientras ejercía el mando
sobre aquella multitud de hombres y empezó a
recorrer a pie las hileras de guerreros. A cuantos
veía, de entre los dánaos de ágiles corceles,
que se apercibían para la pelea, los animaba
diciendo:

234. -¡Argivos! No desmaye vuestro impetuoso
valor. El padre Zeus no protegerá a los pérfidos:
como han sido los primeros en faltar a lo
jurado, sus tiernas carnes serán pasto de buitres
y nosotros nos llevaremos en las naves a sus
esposas e hijos cuando tomemos la ciudad.

240. A los que veía remisos en marchar al odioso
combate, los increpaba con iracundas voces:

241. -¡Argivos que sólo con el arco sabéis pelear,
hombres vituperables! ¿No os avergonzáis?
¿Por qué os hallo atónitos como cervatos que,
habiendo corrido por espacioso campo, se detienen
cuando ningún vigor queda en su pecho?
Así estáis vosotros: pasmados y sin combatir.
¿Aguardáis acaso que los troyanos lleguen
a la orilla del espumoso mar donde tenemos
las naves de lindas popas, para ver si el
Cronión extiende su mano sobre vosotros?

250. De tal suerte revistaba, como generalísimo,
las filas de guerreros. Andando por entre la
muchedumbre, llegó al sitio donde los cretenses
vestían las armas con el aguerrido Idomeneo.
Éste, semejante a un jabalí por su bravura,
se hallaba en las primeras filas, y Meriones
enardecía a los soldados de las últimas falanges.
Al verlos, el rey de hombres, Agamenón,
se alegró y al punto dijo a Idomeneo con suaves
voces:

Cont.


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que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 18 Feb 2021, 15:14

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IV

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas.


257. -¡Idomeneo! Te honro de un modo especial
entre los dánaos, de ágiles corceles, así en la
guerra a otra empresa, como en el banquete,
cuando los próceres argivos beben el negro
vino de honor mezclado en las crateras. A los
demás aqueos de larga cabellera se les da su
ración; pero tú tienes siempre la copa llena,
como yo, y bebes cuanto te place. Corre ahora a
la batalla y muestra el denuedo de que te jactas.

265. Respondióle Idomeneo, caudillo de los cretenses:

266. -¡Atrida! Siempre he de ser tu amigo fiel,
como lo aseguré y prometí que lo sería. Pero
exhorta a los demás melenudos aqueos, para
que cuanto antes peleemos con los troyanos, ya
que éstos han roto los pactos. La muerte y toda
clase de calamidades les aguardan, por haber
sido los primeros en faltar a lo jurado.

272. Así dijo, y el Atrida con el corazón alegre
pasó adelante. Andando por entre la muchedumbre
llegó al sitio donde estaban los Ayantes.
Éstos se armaban, y una nube de infantes
los seguía. Como el nubarrón, impelido por el
céfiro, camina sobre el mar y se le ve a to lejos
negro como la pez y preñado de tempestad, y el
cabrero se estremece al divisarlo desde una
altura, y, antecogiendo el ganado, lo conduce a
una cueva; de igual modo iban al dañoso combate,
con los Ayantes, las densas y obscuras
falanges de jóvenes ilustres, erizadas de lanzas
y escudos. Al verlos, el rey Agamenón se regocijó,
y dijo estas aladas palabras:

285. -¡Ayantes, príncipes de los argivos de
broncíneas corazas! A vosotros -inoportuno
fuera exhortaros- nada os encargo, porque ya
instigáis al ejército a que pelee valerosamente.
Ojalá, ¡padre Zeus, Atenea, Apolo!, que hubiese
el mismo ánimo en todos los pechos, pues
pronto la ciudad del rey Príamo sería tomada y
destruida por nuestras manos.

292. Cuando así hubo hablado, los dejó y se fue
hacia otros. Halló a Néstor, elocuente orador de
los pilios, ordenando a los suyos y animándolos
a pelear, junto con el gran Pelagonte, Alástor,
Cromio, el poderoso Hemón y Biante, pastor de
hombres. Ponía delante, con los respectivos
carros y corceles, a los que desde aquéllos combatían;
detrás, a gran copia de valientes peones
que en la batalla formaban como un muro, y en
medio, a los cobardes para que mal de su grado
tuviesen que combatir. Y, dando instrucciones a
los primeros, les encargaba que sujetaran los
caballos y no promoviesen confusión entre la
muchedumbre:

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 18 Feb 2021, 15:14

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IV

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas.


303. -Nadie, confiando en su pericia ecuestre o
en su valor, quiera luchar solo y fuera de las
filas con los troyanos; que asimismo nadie retroceda;
pues con mayor facilidad seríais vencidos.
El que caiga del carro y suba al de otro
pelee con la lanza, pues hacerlo así es mucho
mejor. Con tal prudencia y ánimo en el pecho
destruyeron los antiguos muchas ciudades y
murallas.

310. De tal suerte el anciano, diestro desde antiguo
en la guerra, los enardecía. Al verlo, el rey
Agamenón se alegró, y le dijo estas aladas palabras:

313. -¡Oh anciano! ¡Así como conservas el ánimo
en tu pecho, tuvieras ágiles las rodillas y sin
menoscabo las fuerzas! Pero te abruma la vejez,
que a nadie respeta. Ojalá que otro cargase con
ella y tú fueras contado en el número de los
jóvenes.

317. Respondióle Néstor, caballero gerenio:

318. -¡Atrida! También yo quisiera ser como
cuando maté al divino Ereutalión. Pero jamás
las deidades lo dieron todo y a un mismo tiempo
a los hombres: si entonces era joven, ya para
mí llegó la senectud. Esto no obstante, acompañaré
a los que combaten en carros para exhortarlos
con consejos y palabras, que tal es la misión
de los ancianos. Las lanzas las blandirán
los jóvenes, que son más vigorosos y pueden
confiar en sus fuerzas.

326. Así dijo, y el Atrida pasó adelante con el
corazón alegre. Halló al excelente jinete Menesteo,
hijo de Péteo, de pie entre los atenienses
ejercitados en la guerra. Estaba cerca de ellos el
ingenioso Ulises, y a poca distancia las huestes
de los fuertes cefalenios, los cuales, no habiendo
oído el grito de guerra -pues así las falanges
de los troyanos, domadores de caballos, como
las de los aqueos, se ponían entonces en movimiento-,
aguardaban que otra columna aquea
cerrara con los troyanos y diera principio la
batalla. Al verlos, el rey Agamenón los increpó
con estas aladas palabras:

338. -¡Hijo del rey Péteo, alumno de Zeus; y tú,
perito en malas artes, astuto! ¿Por qué, medrosos,
os abstenéis de pelear y esperáis que otros
tomen la ofensiva? Debierais estar entre los
delanteros y correr a la ardiente pelea, ya que
os invito antes que a nadie cuando los aqueos
damos un banquete a los próceres. Entonces os
gusta comer carne asada y beber sin tasa copas
de dulce vino, y ahora veríais con placer que
diez columnas aqueas combatieran delante de
vosotros con el cruel bronce.

349. Encarándole la torva vista, exclamó el ingenioso
Ulises:

350. -¡Atrida! ¡Qué palabras se te escaparon del
cerco de los dientes! ¿Por qué dices que somos
remisos en ir al combate? Cuando los aqueos
excitemos al feroz Ares contra los troyanos
domadores de caballos, verás, si quieres y te
importa, cómo el padre amado de Telémaco
penetra por las primeras filas de los troyanos,
domadores de caballos. Vano y sin fundamento
es tu lenguaje.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 18 Feb 2021, 15:22

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LA ILIADA

CANTO IV

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas.


356. Cuando el rey Agamenón comprendió que
el héroe se irritaba, sonrióse y, retractándose
dijo:

358. -¡Laertíada, del linaje de Zeus! ¡Ulises, fecundo
en ardides! No ha sido mi intento ni reprenderte
en demasía, ni darte órdenes. Conozco
los benévolos sentimientos del corazón que
tienes en el pecho, pues tu modo de pensar
coincide con el mío. Pero ve, y si te dije algo
ofensivo, luego arreglaremos este asunto.
Hagan los dioses que todo se lo lleve el viento.

364 Esto dicho, los dejó a11í, y se fue hacia
otros. Halló al animoso Diomedes, hijo de Tideo,
de pie entre los corceles y los sólidos carros;
y a su lado a Esténelo, hijo de Capaneo. En
viendo a aquél, el rey Agamenón lo reprendió,
profiriendo estas aladas palabras:

370. -¡Ay, hijo del aguerrido Tideo, domador de
caballos! ¿Por qué tiemblas? ¿Por qué miras
azorado el espacio que de los enemigos nos
separa? No solía Tideo temblar de este modo,
sino que, adelantándose a sus compañeros,
peleaba con el enemigo. Así lo refieren quienes
to vieron combatir, pues yo no to presencié ni
to vi, y dicen que a todos superaba. Estuvo en
Micenas, no para guerrear, sino como huésped,
junto con el divino Polinices, cuando ambos
reclutaban tropas para dirigirse contra los sagrados
muros de Teba. Mucho nos rogaron que
les diéramos auxiliares ilustres, y los ciudadanos
querían concedérselos y prestaban
asenso a lo que se les pedía; pero Zeus, con
funestas señales, les hizo variar de opinión.
Volviéronse aquéllos; después de andar mucho,
llegaron al Asopo, cuyas orillas pueblan juncales
y prados, y los aqueos nombraron embajador
a Tideo para que fuera a Teba. En el palacio
del fuerte Eteocles encontrábanse muchos cadmeos
reunidos en banquete; pero ni a11í, siendo
huésped y solo entre tantos, se turbó el eximio
jinete Tideo: los desafiaba y vencía fácilmente
en toda clase de luchas. ¡De tal suerte lo
protegía Atenea! Cuando se fue, irritados los
cadmeos, aguijadores de caballos, pusieron en
emboscada a cincuenta jóvenes al mando de
dos jefes: Meón Hemónida, que parecía un inmortal,
y Polifonte, intrépido hijo de Autófono.
A todos les dio Tideo ignominiosa muerte menos
a uno, a Meón, a quien permitió, acatando
divinales indicaciones, que volviera a la ciudad.
Tal fue Tideo etolio, y el hijo que engendró le es
inferior en el combate y superior en el ágora.

401. Así dijo. El fuerte Diomedes oyó con respeto
la increpación del venerable rey y guardó
silencio, pero el hijo del glorioso Capaneo hubo
de replicarle:

404. -¡Atrida! No mientas, pudiendo decir la
verdad. Nos gloriamos de ser más valientes que
nuestros padres, pues hemos tomado a Teba, la
de las siete puertas, con un ejército menos numeroso,
que, confiando en divinales indicaciones
y en el auxilio de Zeus, reunimos al pie de
su muralla, consagrada a Ares; mientras que
aquéllos perecieron por sus locuras. No nos
consideres, pues, a nuestros padres y a nosotros
dignos de igual estimación.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 18 Feb 2021, 15:27

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LA ILIADA

CANTO IV

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas.


411. Mirándolo con torva faz, le contestó el fuerte
Diomedes:

412. -Calla, amigo; obedece mi consejo. Yo no
me enfado porque Agamenón, pastor de hombres,
anime a los aqueos, de hermosas grebas,
antes del combate. Suya será la gloria, si los
aqueos rindieren a los troyanos y tomaren la
sagrada Ilio; suyo el gran pesar, si los aqueos
fueren vencidos. Ea, pensemos tan sólo en mostrar
nuestro impetuoso valor.

419. Dijo, saltó del carro al suelo sin dejar las
armas, y tan terrible fue el resonar del bronce
sobre su pecho, que hubiera sentido pavor hasta
un hombre muy esforzado.

422. Como las olas impelidas por el Céfiro se
suceden en la ribera sonora, y primero se levantan
en alta mar, braman después al romperse
en la playa y en los promontorios, suben
combándose a to alto y escupen la espuma; así
las falanges de los dánaos marchaban sucesivamente
y sin interrupción al combate. Los
capitanes daban órdenes a los suyos respectivos,
y éstos andaban callados (no hubieras dicho
que los siguieran a aquéllos tantos hombres
con voz en el pecho) y temerosos de sus caudillos.
En todos relucían las labradas armas de
que iban revestidos.- Los troyanos avanzaban
también, y como muchas ovejas balan sin cesar
en el establo de un hombre opulento, cuando,
al series extraída la blanca leche, oyen la voz de
los corderos; de la misma manera elevábase un
confuso vocerío en el vasto ejército de aquéllos.
No era igual el sonido ni el modo de hablar de
todos y las lenguas se mezclaban, porque los
guerreros procedían de diferentes países.- A los
unos los excitaba Ares; a los otros, Atenea, la de
ojos de lechuza, y a entrambos pueblos, el Terror,
la Fuga y la Discordia, insaciable en sus
furores y hermana y compañera del homicida
Ares, la cual al principio aparece pequeña y
luego toca con la cabeza el cielo mientras anda
sobre la tierra. Entonces la Discordia, penetrando
por la muchedumbre, arrojó en medio
de ella el combate funesto para todos y aumentó
el afán de los guerreros.

446. Cuando los ejércitos llegaron a juntarse,
chocaron entre sí los escudos, las lanzas y el
valor de los hombres armados de broncíneas
corazas, y al aproximarse los abollonados escudos
se produjo un gran alboroto. Allí se oían
simultáneamente los lamentos de los moribundos
y los gritos jactanciosos de los matadores, y
la tierra manaba sangre. Como dos torrentes
nacidos en grandes manantiales se despeñan
por los montes, reúnen las hirvientes aguas en
hondo barranco abierto en el valle y producen
un estruendo que oye desde lejos el pastor en la
montaña, así eran la gritería y el trabajo de los
que vinieron a las manos.

457. Fue Antíloco quien primeramente mató a
un guerrero troyano, a Equepolo Talisíada, que
peleaba valerosamente en la vanguardia: hiriólo
en la cimera del penachudo casco, y la
broncínea lanza, clavándose en la frente, atravesó
el hueso, las tinieblas cubrieron los ojos
del guerrero y éste cayó como una torre en el
duro combate. Al punto asióle de un pie el rey
Elefénor Calcodontíada, caudillo de los bravos
abantes, y lo arrastraba para ponerlo fuera del
alcance de los dardos y quitarle la armadura.
Poco duró su intento. El magnánimo Agenor lo
vio arrastrar el cadáver, e, hiriéndolo con la
broncínea lanza en el costado, que al bajarse
quedó descubierto junto al escudo, dejóle sin
vigor los miembros. De este modo perdió
Elefénor la vida y sobre su cuerpo trabaron
enconada pelea troyanos y aqueos: como lobos
se acometían y unos a otros se mataban.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 18 Feb 2021, 15:31

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CANTO IV

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas.


473. Ayante Telamonio tiróle un bote de lanza a
Simoesio, hijo de Antemión, que se hallaba en
la flor de la juventud. Su madre habíale dado a
luz a orillas del Simoente, cuando bajó del Ida
con sus padres para ver las ovejas: por esto le
llamaron Simoesio. Mas no pudo pagar a sus
progenitores la crianza ni fue larga su vida,
porque sucumbió vencido por la lanza del
magnánimo Ayante: acometía el troyano,
cuando Ayante lo hirió en el pecho junto a la
tetilla derecha, y la broncínea punta salió por la
espalda. Cayó el guerrero en el polvo como el
terso álamo nacido en la orilla de una espaciosa
laguna y coronado de ramas que corta el carrero
con el hierro reluciente, para hacer las pinas
de un hermoso carro, dejando que el tronco se
seque en la ribera; de igual modo, Ayante, del
linaje de Zeus despojó a Simoesio Antémida.-
Antifo Priámida, que iba revestido de labrada
coraza, lanzó por entre la muchedumbre su
agudo dardo contra Ayante y no lo tocó; pero
hirió en la ingle a Leuco, compañero valiente de
Ulises, mientras arrastraba el cadáver: desprendióse
éste y el guerrero cayó junto al mismo.-
Ulises, muy irritado por tal muerte, atravesó
las primeras filas cubierto de refulgente
bronce, detúvose muy cerca del matador, y,
revolviendo el rostro a todas partes, arrojó la
brillante lanza. Al verlo, huyeron los troyanos.
No fue vano el tiro, pues hirió a Democoonte,
hijo bastardo de Príamo, que había venido de
Abidos, país de corredoras yeguas: Ulises, irritado
por la muerte de su compañero, le envasó
la lanza, cuya broncínea punta le entró por una
sien y le salió por la otra; la obscuridad cubrió
los ojos del guerrero, cayó éste con estrépito y
sus armas resonaron.Arredráronse los combatientes
delanteros y el esclarecido Héctor; y los
argivos dieron grandes voces, retiraron los
muertos y avanzaron un buen trecho. Mas Apolo,
que desde Pérgamo lo presenciaba, se indignó
y con recios gritos exhortó a los troyanos:

509. -¡Acometed, troyanos domadores de caballos!
No cedáis en la batalla a los argivos, porque
sus cuerpos no son de piedra ni de hierro
para que puedan resistir, si los herís, el tajante
bronce; ni pelea Aquiles, hijo de Tetis, la de
hermosa cabellera, que se quedó en las naves y
allí rumia la dolorosa cólera.

514. Así dijo el terrible dios desde la ciudadela.
A su vez, la hija de Zeus, la gloriosísima Tritogenia,
recorría el ejército aqueo y animaba a los
remisos.

517. Fue entonces cuando el hado echó los lazos
de la muerte a Diores Amarincida. Herido en el
tobillo derecho por puntiaguda piedra que le
tiró Píroo Imbrásida, caudillo de los tracios, que
había llegado de Eno -la insolente piedra rompióle
ambos tendones y el hueso-, cayó de espaldas
en el polvo, y expirante tendía los brazos
a sus camaradas cuando el mismo Píroo,
que lo había herido, acudió presuroso e hiriólo
nuevamente con la lanza junto al ombligo; derramáronse
los intestinos y las tinieblas velaron
los ojos del guerrero.

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 19 Feb 2021, 08:37

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CANTO IV

Violación de los juramentos
- Agamenón revista las tropas.


527. Mientras Píroo arremetía, Toante el etolio
alanceólo en el pecho, por cima de una tetilla, y
el bronce se le clavó en el pulmón. Acercósele
Toante, le arrancó del pecho la ingente lanza y,
hundiéndole la aguda espada en medio del
vientre, le quitó la vida. Mas no pudo despojarlo
de la armadura, porque se vio rodeado por
los compañeros del muerto, los tracios que dejan
crecer la cabellera en lo más alto de la cabeza,
quienes le asestaban sus largas picas; y,
aunque era corpulento, vigoroso a ilustre, fue
rechazado y hubo de retroceder. Así cayeron y
se juntaron en el polvo el caudillo de los tracios
y el de los epeos, de broncíneas corazas, y a su
alrededor murieron otros muchos.

539. Y quien, sin haber sido herido de cerca o de
lejos por el agudo bronce, hubiera recorrido el
campo, llevado de la mano y protegido de las
saetas por Palas Atena, no habría baldonado los
hechos de armas; pues aquel día gran número
de troyanos y de aqueos yacían, unos junto a
otros, caídos de cara al polvo.

FIN DEL CANTO IV


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