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    Mensaje por Lluvia Abril Dom 10 Ene 2021, 04:44

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS




    EL RUISEÑOR Y LA ROSA.

    El ruiseñor.


    Reina hermosa del vergel,
    A mi cantar
    Abre tu cáliz de olores;
    Sé cariñosa con él
    Y el viento irán á poblar
    Tu alabanza y mis amores.
    Dulce flor tímida y bella,
    Tan galana,
    Que eres amor del jardín;
    Nunca mi amante querella
    Arrullará en la mañana
    Tu desmayado carmín.
    Solamente por la noche
    Doy al viento
    Mi vagarosa canción,
    Y amo tu dormido broche,
    Y muere en su verde asiento
    El eco de mi pasión.
    Yo que canto de los cielos
    Las venturas
    Y la eterna juventud,
    Y doy al mundo consuelos,
    Y soy en las amarguras
    Una fuente de salud;
    Pobre pájaro que tengo
    Por riqueza
    Sólo amor y libertad,
    Y á cantar al mundo vengo
    De la virgen la pureza
    De las aguas la beldad;
    ¿Cómo no adorarte, rosa
    Tan lozana,
    Perfumada, y juvenil,
    Tan delicada y vistosa,
    Sonrisa de la mañana,
    Y vanidad del pensil?
    Mi amor volaba algún día
    Pasajero
    Como un céfiro fugaz,
    Y ante la ronca armonía
    Parábase placentero
    De la catarata audaz.
    Y bañaba yo las plumas
    De mis alas
    Y mi pico de cantor
    En sus rápidas espumas,
    Y de su fada las galas
    Celebraba con mi amor.
    Pero su ronco gemido
    Pavoroso
    De mi cantar eco fue,
    Y mi amor vago y perdido
    Desencantado y lloroso
    Á otras beldades canté.
    Y á esas nubes nacaradas
    Que en los cielos
    Mece el aura matinal,
    Con sus sílfides aladas,
    Con sus fantásticos velos
    Guarnecidos de coral,
    Llevaba yo el amor mío
    Candoroso
    Como á las islas del bien,
    Mas luego huracán sombrío
    Disipaba el lustre hermoso
    De aquel vapor del Edén.
    Y vagaba entre las flores
    Solitarias,
    Demandándoles amor,
    Y sus hojas de colores
    Cerraban á mis plegarias
    Sus matices y primor..
    Y amé los genios del viento,
    Y del espacio
    Los espíritus de luz,
    Y buscaba un blando acento
    En el rumor del palacio,
    De las tumbas en la cruz.
    Y aquella voz de esperanza
    Y de alegría,
    No encantó mi soledad,
    Y mis sueños de bonanza
    Volaban del alma mía
    Con su dulce claridad.
    Y una noche que cantaba
    Mi perdida
    Melancólica pasión,
    Y á la luna confiaba,
    Como al genio de mi vida,
    La pena del corazón,
    Sentí una nube de olores
    Invisible
    En torno mío vagar,
    Como una trova de amores,
    Y lánguida y apacible
    En mi pluma resbalar.
    Y mi amor batió sus alas,
    Dulce rosa,
    De tu cáliz al redor,
    Y de tus dormidas galas,
    Y de tu frente amorosa
    Fui enamorado cantor.
    Porque eres tan delicada,
    Frágil, pura,
    Como débil es mi ser,
    Y á la luna plateada
    Se adormece tu hermosura
    Inocente como ayer.
    ¡Ay! cuando tus tiernas hojas
    Esparcidas
    Lleve el viento bramador,
    Y mis amantes congojas
    Con ellas desvanecidas
    Canten sólo mi dolor,
    ¿El espíritu amoroso
    Que en ti habita,
    Mis penas escuchará,
    Y paisaje delicioso
    A mi esperanza marchita
    Por las noches pintará?
    ¿Y cuando llegue otro Mayo
    Cariñoso
    Rico en flores y en amor,
    De la luna el triste rayo
    Reflejará tembloroso
    En tu amante ruiseñor?
    Pura flor del amor mío,
    Dulce rosa,
    Yo te amaré hasta morir!
    Gota es mi amor de rocío
    Que va en tu copa olorosa
    A buscar su porvenir.



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    ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX) - Página 2 Empty Re: ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX)

    Mensaje por Lluvia Abril Dom 10 Ene 2021, 04:46

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS




    EL RUISEÑOR Y LA ROSA


    La rosa.

    Dulce es oír un pájaro que canta,
    Como tú cantas, suave ruiseñor;
    Dulce es oír vibrar en tu garganta,
    El eco de las arpas del amor.
    Dulce es soñar en la desnuda tierra
    Con un amor aéreo y celestial,
    Tener un cáliz lánguido que encierra
    Tanta belleza pura y virginal.
    ¿De qué sirven la pompa y los colores?
    ¿De qué sirve la gala y juventud,
    Si el corazón sediento está de amores,
    Y late solitario en su inquietud?
    Ídolo soy de espíritus suaves
    Ricos en hermosura y en candor;
    Lucientes plumas de vistosas aves
    Despliegan al volar en mi redor.
    Y me besan tal vez cuando la aurora
    Tiñe el oriente en púrpura y carmín,
    Y me dicen su amor cuando colora
    El sol poniente occidental confín.
    Mas de tus cantilenas el acento
    Nunca en sus trovas acertó á sonar;
    Y vale más tu voz que lleva el viento
    Que su más tierno y plácido cantar.
    ¡Qué blanda y melancólica armonía,
    Qué dulces quiebros y apagado son
    Lánguidos pasan por la frente mía
    Si me cantas tu tímida pasión!
    Si yo tuviera un eco solamente
    Con que poder decirte mi querer,
    ¡Cuánto amor vieras en mi seno ardiente!
    ¡Cuántas promesas vagas de placer!
    Tú eres feliz!... Tú envías á las nubes
    Tus cantilenas y á su cielo azul,
    Y el mundo hechizas si á cantar te subes
    A la copa de altísimo abedul.
    Pero mi muda voz es un aroma
    Que hiende el aire trémulo y fugaz,
    Y el tímido arrullar de la paloma
    Es, á par de él, altísimo y audaz.
    Y á veces cuando el céfiro ligero
    Entre sus alas lleva su vapor,
    Y va como celeste mensajero
    ^ llevarte venturas de mi amor;
    Sopla quizá del lado del desierto
    Impetuoso y turbio el huracán,
    Y mi amor puro en triste desconcierto
    Y mi alegría deshojados van.
    Canta, pájaro tierno, tu esperanza,
    De primavera al rutilante sol,
    Que allí está mi vivir y mi bonanza
    Y es de su luz traslado mi arrebol.
    Cuando me agoste el fuego del estío,
    Mi espíritu los aires cruzará,
    Y el perfume del tímido amor mío
    A tu marchito pico llevará.
    Y al soplar de las brisas de otro Mayo
    Florecerá mi amor y dulce bien,
    Y pálida luna con su rayo
    Te alumbrará en un árbol del Edén.




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    ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX) - Página 2 Empty Re: ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 10 Ene 2021, 05:10

    Canta, pájaro tierno, tu esperanza,
    De primavera al rutilante sol,
    Que allí está mi vivir y mi bonanza
    Y es de su luz traslado mi arrebol.
    Cuando me agoste el fuego del estío,
    Mi espíritu los aires cruzará,
    Y el perfume del tímido amor mío
    A tu marchito pico llevará.
    Y al soplar de las brisas de otro Mayo
    Florecerá mi amor y dulce bien,
    Y pálida luna con su rayo
    Te alumbrará en un árbol del Edén.


    ME GUSTA... ME PROVOCA PAZ, QUE TANTONECESITO.

    GRACIAS.

    ( ME PREGUNTO SI TÚ NO TIENES PROBLEMAS DE CORRECTOR... JEJEJE)



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    Mensaje por Lluvia Abril Lun 11 Ene 2021, 01:11

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS






    EN EL ÁLBUM DE UNA SEÑORA.

    Dulce Madre y Señora,
    Vuelve á la paz de tus tranquilos lares,
    Como la blanca aurora
    Que endulza los pesares
    Y luz derrama y esperanza á mares.
    Yen, que llagada el alma,
    Harto tu amiga voz echó de menos:
    Torne á brotar la palma
    Que en días más serenos
    Nos vio á su sombra de pesar ajenos.
    ¡ Oh! cuánto apetecía
    El corazón rendido que te amaba
    Ver tan alegre día;
    ¡ Oh! cuánto el alma esclava
    Por sus dulces cadenas suspiraba
    ! Al murmullo del rio,
    Al son, entre los árboles, del viento
    En tierno desvarío
    Pedíamos tu acento
    Y á ti volaba el triste pensamiento.
    El astro de esperanza,
    Blanco fanal de nuestro oscuro cielo,
    Beposo y bienandanza
    Y júbilo y consuelo
    Prometía tal vez á tanto anhelo.
    ¡ Bendito su albor santo
    Que tan hermosas horas nos brindaba,
    Que en halagüeño canto
    Las lágrimas trocaba
    Y al amor de tus hijos te guiaba!
    ¡ Bendito, sí, mil veces
    Y siempre nuestros ojos ilumine
    Y escuche nuestras preces
    Sin que su luz decline,
    Ni del ocaso al término se incline
    ! Y goza tú en buen hora
    De tus dulces amados las caricias:
    Tu estrella bienhechora
    Al alma pida albricias
    De un siglo de contento y de delicias.
    Que si es amar la vida,
    Si en el amar la dicha está cifrada,
    ¿Quién como tú querida?
    ¿Quién como tú esperada?
    ¿Quién como tú de todos deseada?


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    Mensaje por Lluvia Abril Lun 11 Ene 2021, 01:13

    El problema que tengo, amigo mío, con el corrector es, que hay bastantes palabras para corregir, jeje.
    Gracias por tu compañía.


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    ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX) - Página 2 Empty Re: ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 11 Ene 2021, 02:20

    ME GUSTA ESTE AUTOR. NO TE TOMES PRISA. ES MUY INTERESANTE.


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    Mensaje por Lluvia Abril Mar 12 Ene 2021, 01:17

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS






    LA NIEBLA.

    Recuerdos de la infancia.


    Niebla pálida y sutil
    en alas vas de los vientos,
    No así callada y sombría
    Desparezcas á lo lejos,
    O en pos de ti correré,
    Sin vagar y sin sosiego,
    Porque está sedienta el alma
    De tus sombras y misterios.
    Acuérdate, engañadora,
    Del inocente embeleso
    Con que, niño embebecido,
    Contemplaba tu silencio,
    Por ver si en él resonaban
    Perdidos y blandos ecos
    De las arpas melodiosas
    De las magas de los cuentos.
    Crédulo entonces y puro
    Rasgar intenté tu velo,
    Pensando que me ocultaba
    Sus palacios hechiceros,
    Sus fantásticos pensiles,
    Sus músicas y torneos,
    Y los flotantes penachos
    De encantados caballeros.
    Rasgada en pedazos mil,
    Cual perdido pensamiento.
    Te vi envolver cuidadosa
    Y con solícito anhelo
    Las almenas carcomidas
    Del alcázar, que en un tiempo
    Escándalo fue del mundo
    Por su pompa y devaneos,
    Sin ver que era vano afán
    Y descabellado intento
    Velar sus rotos blasones
    Y sus mutilados fueros
    Con tu liviano ropaje,
    Y más liviano deseo;
    Y con todo alguna vez
    El sol te daba contento
    Reverberando apacible
    Del torreón altanero
    En el musgo húmedo y triste;
    Roja chispa de su fuego,
    Que después tú disfrazabas
    Hasta mentir el reflejo
    De perfilada armadura
    O de rutilante yelmo.
    ¡ Cuántas veces me engañaste
    Con dolosos sortilegios,
    Haciéndome atropellar,
    Desapoderado y ciego,
    Las ruinas del castillo,
    Cándido infante, creyendo
    Mirar de pie en su poterna
    Membrudo y alto guerrero
    Como lúgubre guardián
    De la prez de sus abuelos !
    ¡Cuántas veces ¡ay! mis lágrimas
    Por tus mentiras corrieron
    Al ver que mi fantasía
    Y mi dulcísimo ensueño
    Tornábanse entre mis manos
    Manojo de musgo seco,
    Que en vagas ondulaciones
    Flotaba á merced del viento !
    Y á la verdad no era mucho
    Que el sol oyera tu ruego;
    Porque nunca le engañaste
    Para mostrarse severo:
    Y, á pesar de tus engaños,
    Yo te adoraba en extremo.
    Y aún te adoro, parda niebla,
    Porque excitas en mi pecho
    Memorias de bellos días
    Y purísimos recuerdos;
    Porque hay fadas invisibles
    En el vapor de tu seno,
    Y porque en ti siempre hallé
    Blando solaz á mi duelo. ,

    ¡Ay del que pasó la infancia
    A sus ilusiones muerto!
    ¡ ^y de la flor que fragancia
    Consume y pura elegancia
    En apartado desierto !
    ¡ Ay del corazón de niño
    Que se abrió sin vacilar,
    Sin reserva y sin aliño,
    Pidiendo al mundo cariño,
    Y no lo pudo encontrar !
    Niebla que fuiste mi amor
    Y de mi infantil desvelo
    Amparo consolador,
    Que sola bajo del cielo
    Comprendías mi dolor;
    ¡Qué mucho que yo te amara,
    Yo, desterrado del mundo,
    Que en ti perdido vagara,
    Y á ti sola confiara
    Mi desamparo profundo !
    Tú á mi espíritu algún día
    Dabas tus húmedas alas,
    Y, demente de alegría,
    El vago viento corría
    Descomponiendo tus galas.
    Cuando, en el llano tendida,
    Los contornos de los montes
    Ocultabas atrevida,
    Fingiendo en los horizontes
    Vaga mar desconocida;
    Y de la verde montaña,
    Que asomaba la cabeza
    Con altiva gentileza,
    Isla formabas extraña
    De delicada belleza:
    Bogaba la fantasía
    Por tu misterioso mar,
    Y en su ignorancia creía
    La virgen isla lugar
    De ventura y de alegría.
    Y crédula la soñaba
    Puerto en la vida seguro,
    Y desde allí imaginaba
    Un porvenir que llegaba
    Sereno radiante y puro.
    En tu piélago tal vez
    De gótica catedral
    La fábrica colosal
    Flotaba con altivez,
    Ó fortaleza feudal.
    Y el ánima embebecida
    En entrambas se fijaba,
    Y ya la veleta erguida,
    Ya la almena esclarecida
    Solitaria acompañaba.
    Que en los mares de la edad
    No flotan, no, de otra suerte
    Mundana pompa y beldad,
    Hasta que en la oscuridad
    Relumbra el sol de la muerte.
    Todo confuso y borrado
    En tu seno aparecía,
    Vaporoso y nacarado
    Y en celajes mil velado
    Como luna en noche umbría.
    Y la mente virginal
    Que sólo á ver alcanzaba
    Las rosas en el zarzal
    Y otros vientos no soñaba
    Que la brisa matinal;
    Tus enigmas resolvía
    A favor de la inocencia,
    Y calma tan sólo vía,
    Y solamente escondía
    Amor sin fin y creencia.
    Que hay una edad placentera
    De vistosos arreboles,
    Pura como azul esfera,
    De espléndida primavera
    Y mágicos tornasoles,
    En que se goza el dichoso
    Porque en la dicha confía,
    En que se goza el lloroso
    Viendo fanal luminoso
    Allá en la bruma sombría.
    De pura nieve y carmín
    Formada está el alma nueva:
    No es mucho, pues, que se atreva
    Con el destino, y que beba
    en las copas del festín.
    Vaga niebla sin color,
    No es mucho que vea en ti
    Serenas noches de amor,
    Labios de ardiente rubí
    Y verdes prados en flor.
    No es mucho ; jorque ilusiones
    De tan vistoso jaéz
    Pasan tan sólo una vez
    Para velar sus blasones
    En perpetua lobreguez.
    Su blanca luz placentera
    Brilla un instante no más,
    Y en la amorosa carrera
    De juventud hechicera
    No vuelve á lucir jamás.
    Niebla, ya no puedo ver
    En tu misterioso espejo
    Los vergeles del placer,
    Que el corazón está viejo
    De quebranto y padecer.
    Pasó mi infancia muy triste,
    Más pasa mi juventud;
    Que entonces tú me acogiste,
    Y hoy mi ventura consiste
    En la paz del ataúd.
    Mas, ya que has sido mi amor,
    Envuélveme con tu velo,
    Dame sombras y consuelo,
    Que tú sola mi dolor
    Has comprendido en el suelo.


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    ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX) - Página 2 Empty Re: ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 12 Ene 2021, 02:09

    ¡ Ay del corazón de niño
    Que se abrió sin vacilar,
    Sin reserva y sin aliño,
    Pidiendo al mundo cariño,
    Y no lo pudo encontrar !
    Niebla que fuiste mi amor
    Y de mi infantil desvelo
    Amparo consolador,


    ¡Qué preciosidad!... querida amiga.

    ¡Que lastima que autores como ENRIQUEGIL CARRASCO sean prácticamente desconocidos. Mi gratitud por traerlo.

    Te seguiré en la medida de mis posibilidades.

    Besos.


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    ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX) - Página 2 Empty Re: ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX)

    Mensaje por Lluvia Abril Jue 14 Ene 2021, 01:16

    Voy muy lenta, amigo mío, así que seguro que te da tiempo de leer y de todo, jeje.
    Gracias y besos.


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    Mensaje por Lluvia Abril Jue 14 Ene 2021, 01:20

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS




    LA CAIDA DE LAS HOJAS.

    Hojas del árbol caídas,
    Juguete del viento son:
    Las ilusiones perdidas
    ¡Ay!... son hojas desprendidas
    Del árbol del corazón.

    ESPRONCEDA.



    Caed, hojas, caed; y mi esperanza
    Ya sin verdor llevad:
    Venid vientos de otoño, sin tardanza
    Su encanto arrebatad.
    ¡Oh! de esta vez
    El invierno más triste llegará;
    Que el corazón perdió el aroma ya
    De la feliz niñez;
    Caed, hojas, caed.
    Mis ilusiones ¡ay! amarillentas
    Perdieron el verdor,
    Que mostraban del día soñolientas
    Al matinal albor.
    Sólo el ciprés
    Con hojas queda en medio del jardín;
    Mas nunca hará su nido el colorín
    Allá en su lobreguez;
    Caed, hojas, caed.
    De mi laúd las últimas canciones
    Marchitas volarán
    Con vuestras esmeraldas y festones
    Que lleva el huracán.
    Con su jaez,
    Desnudo de colores y arrebol,
    Vestirá del Enero el turbio sol
    Su amarga viudez;
    Caed, hojas, caed.
    ¿Quién sabe dónde vais, hojas galanas
    Que orlabais el pensil
    Al murmurar las ráfagas tempranas
    Del céfiro de Abril?
    Fue vuestra red
    Magnífico palacio á mi ilusión,
    Que de fe henchía el joven corazón.
    ¡Ay! hojas, responded:
    Mas no, caed, caed.
    Y en alas de los vientos del otoño
    Doradas hojas id,
    Y del sol del Abril en el retoño
    Segunda vez lucid,
    Que yo no volveré,
    Mustia yedra que el viento derribó,
    A vestir de un alcázar que se hundió
    La colosal pared:
    Caed, hojas, caed:

    Fresca y leve guirnalda de los años,
    ¡Qué lección ofrecéis á nuestros ojos!
    ¿Pasan así del hombre los engaños,
    Pálida flor, que morirá entre abrojos?
    Son hojas el poder y la grandeza;
    Hojas serán los lauros de la gloria;
    Hojas también amores y belleza,
    Y hojas, en fin, las hojas de la historia.
    Frágiles son los árboles de vida,
    Que en el Edén no mecen su follaje;
    Y al soplo de la muerte sacudida
    Pierde su copa el delicado encaje.
    Los godos ensalzaron á Toledo,
    Y con sus fiestas la pobló Rodrigo.
    ¿Señalaría un ángel con el dedo
    Do fue el alcázar del placer testigo?
    Los árabes danzaban en la Alhambra
    Al son de sus metálicos lelíes
    Los mágicos compases de la zambra
    De los abencerrajes y segríes.
    El árbol de su pompa despojaron
    Los vientos de Aragón y de Castilla,
    Y náufragas sus hojas hacinaron
    Del africano mar junto á la orilla.
    ¡Oh ! si esa mar con encumbrado vuelo
    Rauda cruzara la encendida mente!
    ¡Si el sol de los desiertos desde el cielo
    Fulminara su luz sobre mi frente!
    Debajo el manto de su arena roja
    ¡ Cuántas hundidas glorias no encontrara
    ¡Cuánta huella gigante en su congoja
    Mi desolada planta no borrara!
    Hojas del árbol dé la humana alteza,
    Babilonia! Persópolis! Palmira!
    En polvo vuestra pompa y gentileza
    Con el turbión de los desiertos gira.
    Las piedras ve rodar del Capitolio
    Roma vuestra señora deshojada,
    Sin que vea las menguas de su solio
    La púrpura imperial despedazada.
    Árbol de libertad, corona un día
    De esa Polonia que canté por triste.
    Santa ilusión de gloria y alegría,
    ¿De tu verdura sin igual, qué hiciste?
    El huracán desnudo te ha dejado,
    Y circundó tu tronco de miseria,
    Tus bellas hojas, ¡ay! han alfombrado
    Los páramos incultos de Siberia.
    Los bosques que en el Vístula se miran,
    Blandos al soplo del Abril se mecen;
    Pero las dulces auras que suspiran
    El árbol que murió no reverdecen.
    Roma la prostituta corrompida
    Vio agostarse su flor entre los vicios;
    Y el templo de Persépolis hundida
    Entornó á la virtud los áureos quicios.
    Y cayó por cobarde Babilonia
    Con sus murallas, fiestas y pensiles;
    Mas tú, infeliz magnánima Polonia,
    ¿Dó escondes el laurel de tus abriles?
    Crímenes y virtud juntos descansan
    ¡Oh mi Dios! en la noche de la huesa:
    Y las mortales ráfagas amansan
    Sólo al cruzar por su tiniebla espesa.
    Árbol es ¡ah! la gloria de este mundo,
    Que en el otoño pierde su beldad,
    Y un huracán lo azota furibundo
    Que sopla de la oscura eternidad.

    Mas si pasan las naciones,
    Y los fuertes, sin espada,
    Van por desiertas regiones;
    Si ha perdido sus blasones
    La virtud abandonada;
    ¿Qué eres tú, esperanza mía,
    Del Agosto exhalación,
    Á quien por frágil quería,
    Y que en mi engaño fingía
    De perpetua duración?
    ¿Qué eres tú que henchiste el alma
    De zozobras y de encanto,
    De dulcísimo quebranto,
    Cuando te cedí mi calma
    Y me dejaste el llanto?
    Era mi amor dulce nido
    Colgado en tan frágil hoja,
    Que con el viento ha caído,
    Y yo ¡triste! le he perdido
    Por no haber quien le recoja.
    Sombra de la clara fuente,
    Do los pájaros cantaban;
    Do yo canté blandamente
    Cuando las brisas volaban
    Del estío por mi frente;
    Tus plantas desnudas hoy
    Con susurros no acompañan
    Las quejas que al viento doy,
    Y zarzas sólo enmarañan
    El camino por do voy.
    Cuando tornen á su canto
    Las aves en primavera
    Y el Abril tienda su manto
    De flores por la pradera,
    Borrando huellas de llanto;
    ¿Me volverá á mi las flores,
    Vírgenes de juventud?
    Y sus dulces ruiseñores
    ¿Volverán á mi laúd
    El cantar de los amores?
    Hojas de mi gloria, el nido
    Con vosotras ha volado
    A los campos del olvido,
    Y sólo yo lo he llorado,
    Porque sólo lo he querido.
    Y nunca más tornará
    De tan opacas …regiones
    Adiós, célicas visiones!
    Que el alma ha perdido ya
    La fe de las ilusiones.

    Hojas doradas, últimas, queridas,
    Que mi amor cariñosas amparasteis;
    Que de encanto y placer estremecidas
    A sus pasadas trovas murmurasteis:
    Hojas, que, como yo, volar le visteis
    Y que sin mí le seguiréis en breve,
    Que entonces mi dolor compadecisteis;
    Veladle ¡ay Dios! con vuestro manto leve.
    Veladle: y, tristemente susurrando,
    «El poeta, decidle, nos envía,
    Que en tinieblas sin fin se quedó allá,
    Su amor, su pena, y soledad cantando:
    Mas canta, blanco cisne, en su agonía:
    Y su cítara en breve callará!»



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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb 16 Ene 2021, 04:44

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS




    AL DOS DE MAYO.

    Roncos clarines, negros tambores,
    Música triste, pompa sacrosanta,
    Que alzáis eco de gloria y de dolores
    Al sol que del oriente se levanta;
    Venid, vibrad en mi enlutada lira
    Con un cantar de inspiración y duelo,
    Y la llorosa virgen que suspira
    Tienda en sus cuerdas el flotante velo.
    Venid, hermosas, y en doliente coro
    Cantemos de la patria la amargura:
    Reguemos, sí, con encendido lloro
    El sauce de esa noble sepultura.
    Cayeron los hermosos y valientes
    Que el pendón levantaron de Padilla:
    Allí sin vida las hidalgas frentes
    Rodaron sobre el suelo de Castilla.
    Hélos allí! Sobre el triunfante carro
    Tal vez despiertan del eterno sueño:
    Tal vez palpita el corazón bizarro
    Al sacudir el eternal beleño.
    Alzan quizá la indómita cabeza
    En el lugar de su valor testigo,
    Y revuelven la vista con fiereza
    En busca del pendón del enemigo.
    ¿Dónde están sus famosos estandartes?
    ¿Dónde reluce su nombrado acero?
    ¿Por qué los españoles baluartes
    No derrumba el cañón del extranjero?
    Sus águilas de sangre amancilladas
    Traspusieron la cima de los montes,
    Y el león las llevó despedazadas
    Bajo el sol de los patrios horizontes.
    Allí otra vez los lauros de Pavía,
    Allí otra vez de San Quintín la gloria,
    Coronaron tu sien ¡oh patria mía!
    Con su diadema de inmortal memoria.
    ¡Prez á los esforzados que murieron!
    ¡Himnos sin fin al castellano nombre!
    Nunca los siglos tan feliz lo vieron,
    Nunca tan alto lo soñara el hombre.
    Doblad, soldados, la gallarda frente:
    Dormid en paz el sueño de la huesa;
    Que el sol de vuestro honor resplandeciente
    Ya no nos roba el águila francesa.
    Hijos y hermanos á llorar venimos
    Al pio de ese sarcófago sagrado,
    Donde morir con alta frente os vimos,
    Do la noche tal vez hemos llorado.

    ¡Francia, Francia! la intrépida guerrera
    Que un día paseaste
    Por la vencida y humillada Europa
    La tricolor bandera;
    Que déspotas soberbios derrocaste
    Cuando de libertad en la áurea copa
    La sed de las naciones apagaste:
    Tú, la de los valientes y esforzados,
    Que al galope tomaban los navíos,
    Cuando eran tus soldados
    El rayo de la guerra
    Que los fuertes alcázares sombríos
    Barrían de la sierra,
    Cual barre el sol la bruma de los ríos;
    ¿Por qué tan rica, tan feliz cosecha
    De porvenir, de libertad y gloria
    Entregaste deshecha
    En las manos de un déspota? Tu historia
    Escrita con la sangre del esclavo,
    Con la sangre del bravo,
    Con la sangre del rey y del pechero,
    Coronada de llamas,
    De nobles oriflamas
    Botas por el cañón del extranjero;
    ¿No era, di, levantada y refulgente
    Más que el cometa ardiente
    Que, al rodar por los ámbitos del cielo,
    Alumbra con su luz y espanta el suelo?
    ¿No te bastaba, dime,
    Mandar en el soberbio capitolio,
    Despertar en su tumba á los romanos,
    Y en ímpetu sublime
    Volver á la República su solio;
    Romper de los germanos
    La indómita falange
    Con tu acerado y destructor alfanje?
    ¿No bastaban las brisas
    De la encantada Italia y sus riberas
    Para mecer ligeras
    Tus palmas, tus laureles y divisas?

    (cont.)


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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb 16 Ene 2021, 04:47

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS




    AL DOS DE MAYO.

    (cont.)



    «Y regirán mis leyes
    »A los soberbios dueños de dos mundos,
    »Y domaré sus pechos iracundos.
    » Y con traidora oliva
    Bajaron de las cumbres tus guerreros:
    Cruzó el cañón los campos españoles,
    Y aciaga lumbre esquiva
    Derramaron tus fúlgidos aceros.
    ¡Vergüenza sobre ti que en torpe dolo
    Al soldado indefenso acometiste!
    ¡Vergüenza sobre ti, terror de Europa!
    La de los caballeros sin mancilla!...
    Porque el honor perdiste
    Del lento Manzanares en la orilla;
    Que del león al áspero rugido
    Hambrientos sus cachorros acudieron,
    Y tú con el renombre mal hallada
    Que tus hijos hubieron,
    Convertiste en puñal la noble espada,
    Y tu luz y valor se oscurecieron.
    Tú que en el Tiber y en el Rhin triunfabas,
    Tú que en las ondas del distante Nilo
    El sol de los desiertos reflejabas
    De tus aceros en el limpio filo;
    Tú, la que en las pirámides gigantes,
    Al trueno de tu ronca artillería,
    Escribiste con letras relumbrantes
    Tu prez republicana y su valía;
    ¿Por qué estrellar los niños inocentes
    Y beber de las vírgenes el lloro
    Y emplear el fusil de tus valientes
    En manchar tu esplendor y tu decoro?
    De la sangre de un pueblo de guerreros
    Sacias, mezquina, el corazón bastardo;
    ¿Dónde están los famosos caballeros
    Del pendón de Luis y de Bayardo?
    Con bajo ardid y con mentira aleve
    De los fuertes el brazo desarmaste,
    Y de la flor de Mayo el alba nieve
    Con su sangre caliente matizaste.
    ¿Por qué no los venciste en la pelea
    Si eran valientes, nobles y leales;
    Si al sol que en el oriente centellea
    El resplandor le hurtaban sus señales?
    Tú te dijiste: «En un sangriento lago
    «Sumergiré de su león la raza,
    «Temblarán de mis lanzas al amago
    «Cuando resuene el cuerno de mi caza.
    » Pensaste ¡vive Dios! como cobarde,
    Que el corazón no hiela el torpe miedo
    Donde la llama de los héroes arde
    Que alzó Padilla en la imperial Toledo.
    ¡Goza en tu crimen, miserable, goza!
    ¡Harto de llanto y de dolor te viene:
    Que á tu espalda la invicta Zaragoza
    Luengos y oscuros lutos te previene!
    Tú, que soñabas triunfos y quimeras,
    ¿Por qué cubre el rubor tu altiva sien?
    ¿Dónde están los cañones y banderas
    Que atronaron los campos de Bailén?
    Llegó tu hora: el español coraje
    Se despertó del sueño en que yacía;
    Y ver pudiste el nefando ultraje
    Como el genio del mal en tu agonía;

    (cont.)



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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb 16 Ene 2021, 04:49

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS




    AL DOS DE MAYO.

    (cont.)



    Que, al mirar en la noche de la Albuera
    Irse apagando el faro de tu gloria,
    Ya el águila cantaba lastimera
    La sangrienta jornada de Vitoria.
    ¡Caíste! Para ti no hay esperanza:
    Carcomió el crimen tu luciente arnés;
    Secó tus lauros y rompió tu lanza:
    Sobre tu tumba crecerá el ciprés!...

    Venid, doncellas hermosas,
    Venid, niños inocentes,
    Y con laureles y rosas
    Y con las ramas llorosas
    De los sauces de las fuentes,
    Coronad el mármol frío,
    Templo de nuestra grandeza;
    Mientras que el cántico pio
    De religión su pureza
    Vierte cual suave rocío.
    El himno de los cañones
    Con esa mística nube
    De inciensos y de oraciones
    En vagarosos festones
    A la azul bóveda sube.
    Y un pueblo entero postrado
    Viene á rezar por los muertos,
    Y ardiente y acelerado
    Late el corazón honrado
    Ante sus despojos yertos.
    ¡Oh cuán hermoso es morir
    Por la patria que se adora!
    ¡Cuán puro y noble dormir
    Bajo el mármol que atesora
    La fama y el porvenir!
    La virgen que se arrodilla
    Sobre el césped del guerrero,
    Cuando del cielo en la orilla
    La luna pálida brilla
    Por las noches del Enero;
    Y el joven que por su frente
    Siente pasar generoso
    Del honor el soplo ardiente
    Que murmura sonoroso
    En los lauros del valiente;
    Y el rugoso y noble anciano
    Que siente en su corazón,
    Ante el mármol soberano,
    Zumbar el eco lejano
    De la guerrera canción;
    Ángeles son de consuelo,
    De la noche dulces flores
    Que derraman sus olores
    De las tumbas en el duelo,
    De la ausencia en los dolores.

    La voz de los cañones se ha apagado
    Que retumbó de Mayo á la memoria:
    Solos quedáis en el desierto Prado,
    Solos con el arcángel de la gloria.
    Y á su pie vibra el arpa del poeta
    Para cantar los himnos de la tumba;
    Mientras el aura de la noche inquieta
    Entre los sauces desmayados zumba.
    Regia corona, campos milagrosos
    Que ve el conquistador en sus ensueños,
    Crepúsculos de amor esplendorosos,
    De juventud pensiles halagüeños,
    ¿Qué sois ante la tumba del soldado
    Que por la patria libertad cayó?
    ¿Qué sois al pie del nombre blasonado
    Que en letras de oro la virtud grabó?
    ¡Gloria á vosotros, que, de patria al nombre,
    De libertad al generoso acento,
    La luz alzasteis del honor del hombre
    Sobre las alas del sonante viento!
    ¡Imagen santa de la patria mía,
    Mi corazón adora tu bandera!
    Yo las guirnaldas del amor daría
    Por un sepulcro en tu feliz ribera.
    Por un sepulcro que tu llanto riegue,
    Por un sepulcro que tu ñor corone,
    Y á dó en la noche palpitante llegue
    Cántico triste que tu voz entone.
    Héroes de Mayo, el fuego de la guerra
    Los déspotas encienden en los montes,
    Y empaña el humo á la española tierra
    El sol de sus brillantes horizontes.
    Mi brazo es débil, y en el arpa mía
    Los cánticos no vibran de Tirteo;
    Y su lánguido son apagaría
    La tromba del gigante Pirineo:
    Mas si despunta el alba de la gloria
    Al áspero silbar de la metralla
    Y descuellan las palmas de victoria
    Entre el ronco fragor de la batalla,
    Yo arrojaré mi lira en el torrente
    Con sus trovas de amor y de pesares,
    Y humillaré con religión la frente
    Al pie de vuestros ínclitos altares.
    Y de ese mármol del honor testigo
    Descolgaré la generosa lanza
    Y ante al plomo al caer del enemigo,
    Muriendo allí, repetiré: ¡Venganza!



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    Mensaje por Lluvia Abril Sáb 16 Ene 2021, 05:00

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS





    UN DIA DE SOLEDAD.

    L' esprit de la priere et de la solitude
    Qui plane sur les monts, les torrents et les bois,
    Dans ce qu’ aux yeux mortels la terre a de plus rude
    Appelà de tout temps des ames de son choix.

    Lamartine
    .


    Hay una voz dulcísima, inefable,
    De tierno encanto y apacible nombre,
    Alada, pura, mística, adorable,
    Música eterna al corazón del hombre.
    Es soledad su nombre acá en la tierra;
    Mas bendición los cielos la apellidan:
    Un misterio sin fin allí se encierra,
    Y á su festín los ángeles convidan.
    En alas de un espíritu divino
    El alma vagarosa se levanta,
    Hiende el éter azul y cristalino,
    Y envuelve en nubes su ardorosa planta.
    Y cuando acaba triste, acongojada,
    Su peregrinación de luz y gloria,
    Cuando llega hasta el suelo quebrantada,
    Pobre en ventura, espléndida en memoria;
    Entonces mira en rutilante espejo
    Reflejarse de Dios la omnipotencia,
    Y, de la gloria pálido bosquejo,
    Estremecerse el mundo á su presencia.
    Y el sol, esplendoroso mensajero,
    Los prados matizar de bellas flores,
    Cual esclavo rendido y placentero
    Que prepara el festín de sus señores.
    Ve al céfiro mecer las arboledas
    En homenaje al Rey del firmamento,
    Y cual pendones de flotantes sedas
    Ondear sonorosas en el viento.
    Hombre es ya el alma que ángel se miraba,
    Ser formado de muerte y esperanza.
    Nave rota la quilla y en mar brava,
    De dudas y de fe triste balanza.
    Y con todo, la luz y la armonía,
    Las aguas y los bosques y collados,
    Los himnos de tristeza ó de alegría,
    Los árboles sombríos y apiñados,
    Vuelven la paz al conturbado pecho,
    Apagan el volcán de las pasiones:
    Duérmese el alma, cual en blando lecho
    Tímida virgen llena de ilusiones.
    Sí; porque un eco á nuestra voz responde,
    Cual la bóveda santa á las plegarias,
    Y un ángel Dios en cada gruta esconde
    Para oír nuestras quejas solitarias.
    ¡Oh! ¿por qué el genio triste y abatido
    Cuya cabeza abraza un pensamiento,
    Y que le ve marchito, escarnecido,
    Rodar de la ciudad el pavimento;
    Por qué, Dios mío, busca en la amargura,
    Lejos del mundo, asilo y esperanza?
    ¿Por qué corre á ocultarse en la espesura,
    Cual ciervo herido de enemiga lanza?
    Nuestro espíritu es obra de tus manos,
    Infinito cual tú, señor del mundo;
    Y todo el esplendor de los humanos
    No llenará vacío tan profundo.
    Para escuchar tu voz consoladora
    El ser contemplador deje los hombres,
    Que vanidad ridícula devora
    Y mueren por las letras de sus nombres.
    Tú pueblas de visiones apacibles
    La dulce soledad, inmenso templo,
    Hormas aéreas, suaves, bonancibles,
    De tu poder y tu bondad ejemplo.
    Por eso en los suspiros de las ramas
    Suena la voz de un padre cariñosa,
    Y el alma de un amigo en dulces llamas
    Arde tal vez en nube silenciosa.
    Por eso mira el enlutado amante
    Allá á lo lejos entre parda bruma
    Flotar la virgen que perdió distante,
    Cual en mar borrascosa blanca espuma.
    ¡Oh Dios! ¿qué explica el delicioso llanto,
    La dulce turbación que agita el alma,
    Bálsamo de amargura y de quebranto,
    Brisa templada en la profunda calma?
    ¿Es precursora de la paz divina,
    La paz que goza el alma solitaria?
    Y ese fanal de amor que la ilumina
    ¿Es de tu gloria santa luminaria?
    ¡ Oh Dios ! ¡una morada en el desierto,
    Un pájaro que cante tu alabanza,
    Con una flor sobre el peñasco yerto
    Meciéndose, cual nave en la bonanza!
    ¿Para qué más riqueza ni ventura?
    ¿Para qué vanidades pasajeras?
    ¿De qué sirven amores ni hermosura,
    Las palmas de la gloria lisonjeras?
    ¡Ay! nuestro corazón es un abismo
    Y cegarlo con flores un delirio:
    Es el hombre verdugo de sí mismo
    Y por mentida fe sufre martirio.
    Buscad la paz orilla de los mares,
    Pedídsela á la bóveda estrellada,
    Buscadla en las ruinas y lugares
    Que recuerden los tiempos y la nada.
    Que delante de Dios y lo infinito
    Truena la voz la verdad sonora;
    Y cruza el alma, mísero proscrito,
    Un golfo hacia su patria encantadora.



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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 16 Ene 2021, 05:49

    ME GUSTA SU POESÍA. ADEMÁS DE ENTENDER UN COMPROMISO NADA ÑOÑO ( CONTRARIAMENTE A LO QUE OCURRE CON JOSÉ LAMARQUE Y GABRIEL GARCÍA TASSARA. QUE ME PERDONEN LOS CRÍTICOS, QUE ENTIENDEN MÁS QUE YO - PERO SON DE UNA "ÑOÑERÍA" SUBLIME-.EN FIN, SEGUIRÉ DIFUNDIENDO A AMBOS ( GARCÍA DE TASSARA ES MUY DIFÍCIL ) PORQUE CREO QUE TAMBIÉN DEBEMOS DIFUNDIR LO QUE NO NOS GUSTA Y CADA UNO JUZGUE: LO MISMO SOY YO EL EQUIVOCADO.
    BUENO, PERDONA LA DISQUISICIÓN. ME VOY CON OVIDIO y SAFO ( POR ESE ORDEN). Y SI PUDIERA HARÍA ALGO MÁS DE EMILIO PRADOS


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    Mensaje por Lluvia Abril Dom 17 Ene 2021, 05:16

    Más que perdonado estás, al contrario, siempre te daré las gracias por tus disquisiciones, jeje.


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    Mensaje por Lluvia Abril Dom 17 Ene 2021, 05:18

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS





    POLONIA.

    Al'príncipe Luciano Woroniecki.



    Héla allí moribunda y quebrantada,
    Por el suelo la rica cabellera;
    Héla allí solitaria, abandonada,
    Cual náufrago bajel en la ribera.
    Héla allí que los déspotas cobardes
    Vienen á escarnecerla en su agonía,
    Y aprietan sus cadenas por las tardes
    Para dormir tranquilos hasta el día.
    ¡Polonia! ¡virgen pura de los hielos,
    Generosa, entusiasta, enaltecida!
    La noche del sepulcro entre sus velos
    Guarda tu juventud rica y florida.
    Poco valió tu blasonado escudo,
    Melancólica fada de las nieblas,
    Y el guerrero tambor descansa mudo
    Y velado en inmóviles tinieblas.
    Que te fueron Ínfleles tus memorias,
    Solitaria nación entrada á saco,
    Y cayeron tus héroes y tus glorias
    Bajo la inmunda planta del cosaco.
    Tus antiguos pendones y estandartes
    Se arrastraron por tierra moscovita,
    Y ondea en tus feudales baluartes
    La enseña de los déspotas maldita.
    El Vístula se arrastra lentamente
    Con cadáveres, armas y banderas,
    Y lleva entre los muertos de tu gente
    Tus vírgenes de blondas cabelleras.
    Y á veces por piedad á tu memoria
    Refleja vencedoras bayonetas,
    Y te pinta ilusiones y victoria
    Entre las brumas de sus aguas quietas.
    Ilusiones; que el mísero cautivo
    Sólo deleites mira en lo pasado,
    Y á tu dolor ¡oh virgen! tan esquivo
    Solamente memorias han quedado.
    Pasó Sobieski el noble y el guerrero,
    El que alzó tu pendón resplandeciente;
    Poniatowski el hermoso, el caballero,
    Bajo las aguas escondió la frente.
    La libertad tus pueblos levantaba:
    La libertad te hacia grande y bella...
    ¡La libertad murió para la esclava
    Y perdió sus amores la doncella!
    Hoy, virgen, solitaria y dolorida,
    Madre sin hijos, reina sin blasones,
    Tu blanca ropa en sangre está teñida,
    Y tu frente sellada con baldones.
    Y esa Europa que vía tu quebranto,
    Esa Europa que culta se llamaba,
    Que miró tus ultrajes y tu llanto
    Y tu flor que en la sangre se ahogaba;
    Esa Europa del débil protectora
    ¿Te tendía una mano de consuelo?
    ¿Fue á levantarte al despuntar la aurora,
    Cuando hollada rodabas por el suelo?
    No; que tembló decrépita y cobarde,
    Y apegada á villanos intereses,
    Hizo de humanidad pomposo alarde,
    Pero plantó tus campos de cipreses.
    Dijeron sus ministros y sus reyes:
    «Escribid una nota en favor suyo:»
    Y á la merced de un déspota sin leyes,
    Dejaron el honor y nombre tuyo!
    ¡Te han dejado morir, virgen del polo!
    ¡Te han dejado morir! ¡malditos sean!
    Que ellos hundieron con innoble dolo
    Tus derrumbadas torres que aún humean.
    ¡Ah! no pongas en ellos tu esperanza,
    Porque te venderán cual te han vendido,
    Porque dobla sus brazos una lanza.
    Porque el orín sus armas ha podrido
    ¡Miserables! el día del combate
    ¿Dó buscarán la fuerza y valentía?
    Pagarán con dinero su rescate!


    (cont.)


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    Mensaje por Lluvia Abril Dom 17 Ene 2021, 05:20

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS


    POLONIA

    (cont.)


    Llorarán cual mujeres su agonía!
    Cuando vean sus niños estrellados,
    Cuando vean sus hijas sin decoro,
    A ti se volverán desesperados,
    Y tú responderás: «Sálvemos el oro! »

    Mas otro porvenir guarda la suerte,
    Polonia, para ti, y otros blasones;
    Mira la juventud alzarse fuerte,
    Rica de libertad y de ilusiones.
    Mírala, sí, y espera en tu agonía,
    Porque ella ve tus lágrimas de duelo,
    Y no está lejos el hermoso día
    Que un sol de libertad muestre en el cielo.
    Tus hijos van por ignoradas tierras,
    Lleno su corazón de tus encantos,
    Pensando en los amores que tú encierras,
    En la fe de sus padres y sus santos.
    Tus hijos volverán á tus llanuras,
    Y sollozando abrazarán tu suelo,
    Y al recordar pasadas amarguras,
    Los turbios ojos alzarán al cielo.
    Que es el Edén la patria de la vida,
    Primer amor que el corazón inflama,
    Estrella en una mar embravecida,
    Perdida voz que nos cautiva y llama.

    Cuando guerrera lidiabas
    Era yo débil y niño;
    Pero el alma entusiasmabas,
    Y yo te di mi cariño,
    Tan sólo porque penabas.
    Llegó al fin la juventud
    Con su celaje liviano,
    Y en mi ardorosa inquietud
    Yo miré en ti la virtud
    Luchando contra un tirano.
    Y murieron ilusiones
    En las que el alma creía;
    Mas tu amor en mi crecía,
    Al compas que tus baldones
    Mayores son cada día.
    Y al contemplar tus pesares
    Sintiendo mi sangre hervir,
    Sentí grande mi vivir;
    Acalló tristes cantares;
    Tuve fe en el porvenir.
    Y acaricié en mis ensueños
    Auroras de libertad,
    Días para ti risueños;
    Lanzados de tu ciudad
    vi tus despóticos dueños.
    Que es tu causa la del mundo,
    La del cielo y de los hombres;
    Virgen pura no te asombres,
    Si ves en el cieno inmundo
    Los déspotas y sus nombres.
    Que el cielo se cansará
    De tamaños desafueros;
    Que el cielo quebrantará
    Como un vidrio sus aceros,
    Y ese día llegará.
    Y ese día no habrá nubes,
    Sino arreboles de gloria,
    Himnos de paz y victoria,
    Y escribirán los querubes
    Con fuego tan rica historia.
    Y entonces te alzarás pura
    De esa mancha que hoy te afea,
    Espléndida en hermosura,
    Cual faro que centellea
    Sobre una playa insegura.
    ¡Virgen! el Dios que murió
    Por el bien de los humanos
    La libertad nos dejó:
    ¡Perezca el día que vio
    Levantarse á los tiranos!
    Mas los días pasarán,
    Y las naciones verán
    Tu amargura y tu abandono,
    Y entonces desplomarán
    Sobre el verdugo su trono.
    Y otra vez serás gloriosa,
    Y otra vez afortunada,
    Y triunfal música honrosa
    En ti sonará velada
    En tu niebla silenciosa.

    Espera, sí, que es bella la esperanza,
    Que el cielo nos la dio para el pesar;
    Y á ti, infeliz, te toca la mudanza,
    Porque sobrado fue tu sollozar.
    ¿No escuchas, dime, en alas de los vientos
    Que de Siberia llegan hasta ti,
    Sentidos y dulcísimos acentos,
    Blandos como un perfume de alhelí?
    ¿No sientes, dime, en la callada noche,
    Entre tinieblas, soledad y horror,
    Alzarse de tus huesas un reproche
    Contra tu odioso y bárbaro señor?
    Es la voz de tus hijos, que allí esperan
    La aurora de la dulce libertad:
    Tus muertos son, que helados vituperan
    Al que llevó arrastrando tu beldad.
    Y siempre fue solemne profecía
    La voz que de los túmulos salió:
    Siempre del desterrado la agonía
    Al cielo melancólica subió.
    No temas, no, sin héroes eclipsarte,
    Solitaria viuda con tu afán,
    Que si tus hijos mueren, á poblar te
    Del destierro los ángeles vendrán!




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    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 17 Ene 2021, 07:31

    Este poema a POLONIA es expresión de una parte histórica muy interesante: el imperialismo zarista. Merece la pena su lectura detenida.

    Besos.


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    Mensaje por Lluvia Abril Lun 18 Ene 2021, 01:07

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS




    EL CISNE.

    Monarca de los pájaros marinos,
    Cisne hermoso,
    Que á veces por los golfos cristalinos
    Vas vistoso;
    Que á veces cortas solitario estanque,
    Barco alado,
    Desafiando al viento y á su arranque
    Desbocado;
    Óyeme, y no así loco te envanezcas
    Con tu pluma,
    Porque los besos y el amor merezcas
    De la espuma:
    Que siendo tan espléndidas tus alas,
    Solo un día
    No es plazo que la suerte con sus galas
    Fijaría.
    No la provoques, no, que débil eres
    Para ella,
    Y no por blancos búrlanse los seres,
    De su estrella.
    ¡ Ay ! guarda, guarda esa liviana pompa,
    Que es muy loca;
    No sople el viento, y mísero te rompa
    En una roca.
    Que el cielo no te dio tanta belleza
    Por jactancia,
    Ni dio á la flor por eso gentileza
    Y elegancia.
    Formóte Dios para que viera el hombre
    Tu existencia,
    Y amara bajo el velo de tu nombre
    La inocencia.
    Y es la inocencia tímida y graciosa,
    No liviana,
    Flor que apartada crece y candorosa,
    Nunca vana.
    Oye un momento, pájaro orgulloso,
    No te ciegue
    Ver que el agua en cambiante tan vistoso,
    Tu ala riegue.
    La veleta en la torre por altiva
    Llama al rayo,
    Y á veces, por audaz, llora cautiva
    Flor de Mayo.
    ¡Ay! no despliegues tan liviana pompa,
    Que es muy loca,
    No sople el viento, y mísero te rompa
    En una roca.

    Mas ¡ay de mí! porque dudo
    Cuando grave te aconsejo,
    Y el pensamiento desnudo
    Titubea, pobre viejo,
    Sin creencia y sin escudo.
    Que el alma vaga perdida
    En semejantes combates,
    Y ve empañarse la vida,
    Y en la pelea reñida
    Perder la fe sus quilates.
    Porque, humilde y cariñoso ,
    Como vano y altanero,
    Sobre tu cuello vistoso,
    Sobre tu plumaje hermoso
    Veo blandirse un acero.

    (cont.)


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    Mensaje por Lluvia Abril Lun 18 Ene 2021, 01:09

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS




    EL CISNE.

    (cont.)


    Si hay luz en el firmamento,
    Y si hay blando movimiento
    En las olas de la mar,
    Águilas hay en el viento
    Que te quieren devorar.
    Hasta en las aguas verdugo
    Hay para ti, blanco ser,
    Que en todas partes un yugo
    Al ser eterno le plugo
    En tu cerviz imponer.
    , Para desdicha mayor,
    A mirarte alcanzó el hombre,
    Y le prendó tu candor,
    Y le encantó tu color,
    Y halló sonoro tu nombre.
    Entonces, adiós paseos
    Por las llanuras del mar,
    Adiós gala y contoneos:
    Pasaron los devaneos,
    Llegó la hora de cantar.
    Cantar, dejar de existir,
    Palabras iguales son
    Para ti, que al sucumbir,
    Del cantar y del morir
    Vienen á ser eslabón.
    Canta, sí, canta tu muerte,
    Que si posible te fuera
    Ver la suerte que te espera,
    Comenzaras á dolerte
    En canción más lastimera.
    No alcanzarás un suspiro
    Cuando, vil mercadería,
    Consumas en el retiro
    La pompa que en leve giro
    Cortar los mares solía.
    Y en lugar de las caricias
    Con que el agua te halagaba,
    Cuando eras tú sus delicias,
    Darán tu pluma en albricias
    Tal vez á mísera esclava.
    O serás perdida alhaja
    De alguna infame ramera,
    Que en su garganta altanera
    Te convertirá en mortaja
    De la virtud hechicera.
    En impuras bacanales
    Empañaráse el candor
    De tus alas virginales:
    Perderse ¡ay! veo la flor
    De tus gracias celestiales.
    ¡Ay, pájaro sin ventura!
    Si morir es tu destino,
    Si allá de la sombra oscura
    Llega la muerte segura
    En el ronco torbellino,
    ¿Por qué no gallardearte
    Cuando la vida es tan bella,
    Y á su magia abandonarte,
    Y vistoso engalanarte,
    Como la gentil doncella?
    Tus memorias nada más
    Sobradas á defenderte
    Debieran ser de la muerte;
    Ni en tu belleza jamás
    Debió cebarse la suerte.
    Que en las doradas edades
    Cobijó tu pluma un Dios:
    De ti salieron beldades
    Soberanas de ciudades,
    Y luceros dos á dos.
    Y si tu encanto es igual
    Al que en la Grecia risueña
    Te elevó á ser celestial,
    ¿Cómo ya sólo animal
    Eres de forma halagüeña?
    Pero si vas à morir,
    ¿Qué importa un misterio más?
    ¡Ay! el dejar de existir
    Misterio es, que á concebir
    No alcanzó el hombre jamás.
    Pues bien, si morir es ley,
    Envanécete en la vida,
    Alza la frente florida.
    Que tu corona de rey
    No está del todo perdida.
    Deja un recuerdo de orgullo,
    Si tu vivir se acabó;
    La rosa de su capullo,
    La fuente de su murmullo,
    Cada una lo dejó.

    (cont.)


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    Mensaje por Lluvia Abril Lun 18 Ene 2021, 01:10

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS




    EL CISNE.

    (cont.)



    Mas ¡ay! ¿de qué sirviera, desgraciado,
    Loca memoria tras de ti dejar?
    No mueras, no, soberbio y rebelado,
    Más vale melancólico cantar.
    Más vale; que á la tumba solitaria
    Del que bueno y sin culpas espiró,
    Lleva el viento la tímida plegaria
    De otro ser que en la vida le adoró.
    Si alguna vez desconocido el justo,
    El mundo cruza y muere en su confín,
    Baña su losa con llorar augusto
    Arrodillado blanco serafín.
    ¡Pobre cisne, tan puro y reluciente!
    La desesperación no es para ti:
    Si la huesa te llama tristemente,
    Piensa que el hombre al cabo para allí.
    Mírala como un puerto de esperanza,
    Do los peligros cesan y el afán,
    Como tierra de paz y bienandanza,
    Sembrada de jazmines y arrayan.
    Que si para los hombres hay un cielo,
    Mar para ti sereno habrá tal vez,
    Más azul que los mares de este suelo,
    Y más lleno de luz y brillantez.
    Porque es tanta tu gracia y tu inocencia,
    Tan puro de tus alas el lucir,
    Que, al acabar tu plácida existencia,
    Miras tal vez rosado porvenir.
    Tal vez por eso melodioso cantas,
    Y te despides sin pesar del sol,
    Y el cuello moribundo ya levantas,
    Por gozarte al morir en su arrebol.
    Abandónate al mar en que naciste,
    Que amor y espuma tuvo para ti;
    ¡ Ay! morir en la cuna nunca es triste,
    Que el maternal dolor aguarda allí.
    Piensa además que, emblema de pureza,
    Al pasar ¿as dejado una lección...
    Si el mundo la recibe con tibieza,
    ¡Lástima para él y compasión!


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    ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX) - Página 2 Empty Re: ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 18 Ene 2021, 06:58

    "EL CISNE.

    Monarca de los pájaros marinos,
    Cisne hermoso,
    Que á veces por los golfos cristalinos
    Vas vistoso;
    Que á veces cortas solitario estanque,
    Barco alado,
    Desafiando al viento y á su arranque
    Desbocado;
    Óyeme, y no así loco te envanezcas
    Con tu pluma,
    Porque los besos y el amor merezcas
    De la espuma:
    Que siendo tan espléndidas tus alas,
    Solo un día
    No es plazo que la suerte con sus galas
    Fijaría.
    No la provoques, no, que débil eres
    Para ella,
    Y no por blancos búrlanse los seres,
    De su estrella.
    ¡ Ay ! guarda, guarda esa liviana pompa,
    Que es muy loca;
    No sople el viento, y mísero te rompa
    En una roca.
    Que el cielo no te dio tanta belleza
    Por jactancia,
    Ni dio á la flor por eso gentileza
    Y elegancia.
    Formóte Dios para que viera el hombre
    Tu existencia,
    Y amara bajo el velo de tu nombre
    La inocencia.
    Y es la inocencia tímida y graciosa,
    No liviana,
    Flor que apartada crece y candorosa,
    Nunca vana.
    Oye un momento, pájaro orgulloso,
    No te ciegue
    Ver que el agua en cambiante tan vistoso,
    Tu ala riegue.
    La veleta en la torre por altiva
    Llama al rayo,
    Y á veces, por audaz, llora cautiva
    Flor de Mayo.
    ¡Ay! no despliegues tan liviana pompa,
    Que es muy loca,
    No sople el viento, y mísero te rompa
    En una roca.

    Mas ¡ay de mí! porque dudo
    Cuando grave te aconsejo,
    Y el pensamiento desnudo
    Titubea, pobre viejo,
    Sin creencia y sin escudo.
    Que el alma vaga perdida
    En semejantes combates,
    Y ve empañarse la vida,
    Y en la pelea reñida
    Perder la fe sus quilates.
    Porque, humilde y cariñoso ,
    Como vano y altanero,
    Sobre tu cuello vistoso,
    Sobre tu plumaje hermoso
    Veo blandirse un acero..."

    LA VERDAD ES QUE LO HACE MUY BELLO. SEGUIRÉ MÁS TARDE.


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    Mensaje por Lluvia Abril Mar 19 Ene 2021, 01:19

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS





    RECUERDOS DE LA INFANCIA.

    El Sil. Rio de las ondas claras
    Y las arenas de oro,
    Que en los remansos te paras,
    Y de sus sombras amparas
    Tu codiciado tesoro;
    Yo, que mi frente infantil
    Miraba en ti reflejar,
    Sin que su terso marfil
    Pudiera el ardor febril
    De la pasión empanar;
    ¿Por qué no escucho un acento
    De los días de mi infancia
    En tu raudal violento?
    ¿Por qué pasas turbulento
    Con tu espuma y tu arrogancia?
    ¿Desdeñarán tus cristales
    Ser espejo de tristeza,
    Cual si pudieran mortales
    De mi frente las señales
    Ir á empañar tu pureza?
    Los días de tu cariño
    Fueron y de mi consuelo,
    Cuando, bullicioso niño,
    Vía por ti sin aliño
    Volar las nubes del cielo.
    ¡Oh quién pudiera volver
    A tan rosadas auroras!
    ¡Quién pudiera detener
    El huracán de las horas
    Que llevaron mi placer!
    ¿Quién volverá al alma mía
    Los perdidos pensamientos
    Con que tus ondas seguía,
    Y allí los desvanecía
    Pesarosos ó contentos?
    Y aquel acento sin fin
    Con que tu blando murmullo
    Halagaba en tu confín
    De la tórtola el arrullo
    Y el cantar del colorín;
    Y la voz ronca y sonora
    Con que al pasar saludabas,
    Con que triste lamentabas
    Murallas que son ahora
    De la torpe yedra esclavas;
    ¿Do están, rio cristalino,
    Que las perdió el corazón?
    ¿Fue su encanto peregrino,
    Fue su prestigio divino,
    Calenturienta ilusión?
    Cruzan tus aguas mis ojos
    Hoy solitarios y oscuros,
    Y no encuentran sus enojos,
    Ni los helados despojos
    De aquellos sueños tan puros.
    ¿Será que en la mente sólo
    Moran ventura y pesar,
    Y que el mundo es un lugar
    De mentiras y de dolo,
    Que disipa el despertar?
    Que tus aguas corren hoy
    Como corrían ayer;
    Sólo yo mudado estoy,
    Porque los pasos que doy,
    Son pasos hacia el no ser.
    Temerarios pensamientos
    Cruzan mi frente marchita,
    Y en dudosos sentimientos
    Trémula el alma se agita,
    Cual nave en contrarios vientos.
    Esas aguas que llevaron
    Con mi niñez mi ventura,
    ¿En dónde, rio, pararon?
    ¿Quizás las abandonaron
    En el mar de la amargura?
    Cuando en mi esperanza
    De tus frágiles arenas,
    Soñaba sólo bonanza,
    Paz y bienaventuranza
    En tus orillas amenas.


    (cont.)


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    ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX) - Página 2 Empty Re: ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX)

    Mensaje por Lluvia Abril Mar 19 Ene 2021, 01:20

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS





    RECUERDOS DE LA INFANCIA.

    (cont.)


    Pero tormenta furiosa
    Tus márgenes ensanchó,
    Y mugiendo cenagosa,
    Tus arenas arrastró
    Con mi dicha candorosa.
    Que luego joven y triste
    Por tus orillas busqué
    La paz que dejar me viste,
    Y á encontrarla no alcanzó,
    Y sólo en la mente existe.
    Y sin embargo es hermoso
    Cabe tus aguas soñar,
    Y el paisaje deleitoso
    De un pasado venturoso
    En tus cristales mirar.
    Es hermoso, claro rio,
    Amontonar las quimeras
    Sobre tus ondas ligeras,
    Junto á ese alcázar sombrío
    Que descuella en tus riberas.
    Que si á tientas caminamos
    Por las nieblas del vivir,
    Y cuanto más avanzamos,
    Otro tanto recelamos
    Del oscuro porvenir,
    No es mucho que inquieta el alma
    Vuelva à mirar lo que fue,
    Y llore si yerto pie
    Huella la pasada calma
    Y de la infancia la fe.
    ¿La ilusión es la verdad?
    ¿O es la verdad ilusión?
    ¿Es la ciencia vanidad?
    ¿Es la gloria soledad
    Del humano corazón?
    Las dudas ¡ay! atormentan,
    El ánima combatida,
    La turban y la amedrentan,
    Y las flores ahuyentan
    Del sendero de la vida.

    Un tiempo descollaron en tu orilla
    Altas memorias de gigantes hombres,
    Resplandecientes armas sin mancilla,
    Nombrados hechos, y gloriosos nombres.
    . En ti el romano, vencedor del mundo,
    Llevó á beber sus miserables siervos;
    Tú consolabas su dolor profundo
    Delante de los déspotas protervos.
    Y tú, al pulir el oro del romano,
    Que mercenarias manos le labraban,
    Viste cómo los ojos del tirano
    Con la codicia vil centelleaban.
    Tú sumidos los viste en torpe mengua,
    Bien así como impúdicas mujeres,
    Mover tan sólo la cobarde lengua
    Para cantar sus lúbricos placeres.
    Tú miraste la bárbara cuchilla
    Sus crímenes lavar con sangre roja,
    Y caer los tiranos en tu orilla,
    Como en otoño macilenta hoja.
    Viste después en la vecina altura
    Flotar al viento el pabellón templario,
    Y su alcázar de gótica estructura
    Retratarse en tu espejo solitario.
    Sus nobles y cumplidos caballeros
    Cantaban en tu margen cristalina
    Las empresas y honor de sus aceros,
    El sepulcro de Dios, la Palestina.
    Magnánimos, de lustre esclarecido,
    Con tantas prendas de memoria eterna,
    ¿Cómo ¡ay Dios! sus blasones han caído
    En pedazos al pie de su poterna?
    Ellos tan valerosos y alentados,
    Ellos tan grandes, de ánimos tan nobles,
    ¡Yacen bajo la yedra sepultados!
    ¡Allí descansan lúgubres é inmobles!

    (cont.)


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    ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX) - Página 2 Empty Re: ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX)

    Mensaje por Lluvia Abril Mar 19 Ene 2021, 01:21

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS





    RECUERDOS DE LA INFANCIA.

    (cont.)



    Pasaron los romanos desafueros,
    Pasaron sus impuras bacanales,
    Pasaron los templarios caballeros
    Con sus lucientes armas y señales:
    Y de los dos la infancia fue segura,
    La juventud de entrambos rica y fuerte:
    Y ambos cruzaron como sombra oscura
    Los silenciosos campos de la muerte.
    Y tú, rio, llevaste sus blasones,
    Bien como la gentil infancia mía,
    Bien como llevarás las ilusiones
    De mi caduca frente en algún día.
    Ya que perdí mis dichas infantiles,
    Tráeme, rio, de entonces una flor,
    Una flor nada más de sus pensiles,
    En cuyo cáliz vierta mi dolor!

    Gentil y vistosa infancia,
    Delicado y puro sueño,
    Flor que un cáliz de fragancia,
    Ufana con tu elegancia,
    Viertes en valle risueño;
    Pues por mi mal te perdí,
    Ven mi mente á sosegar:
    Recuerda que niño fui,
    Que entonces no conocí
    Las tinieblas del pesar.
    Tú eres para mí el amor,
    Un amor triste y perdido,
    Blando y lejano sonido,
    Que lleva un viento traidor
    Al desierto del olvido.
    Por la noche y á la luna
    Cruzan blancas tus memorias
    Las aguas de la laguna,
    Como encantadas historias,
    Como prendas de fortuna.
    Y el alma vaga con ellas
    Abandonada y dichosa,
    Olvidando sus querellas
    A la luz de las estrellas
    Vacilante y misteriosa.
    Y entonces me creo niño,
    Y sueño blanca mi frente
    Como la piel de un armiño,
    Y soy hermoso, inocente,
    El hijo de tu cariño.



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    ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX) - Página 2 Empty Re: ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 19 Ene 2021, 02:00

    Temerarios pensamientos
    Cruzan mi frente marchita,
    Y en dudosos sentimientos
    Trémula el alma se agita,
    Cual nave en contrarios vientos.
    Esas aguas que llevaron
    Con mi niñez mi ventura,
    ¿En dónde, rio, pararon?


    VERSOS QUE ME TRANSMITEN NOSTALGIAS DE MI PROPIA INFANCIA... OTRO RÍO, SÍ, PERO VIVENCIAS EQUIPARABLES.

    BESOS.


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    Mensaje por Lluvia Abril Miér 20 Ene 2021, 01:06

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS




    LA VIOLETA.


    Flor deliciosa en la memoria mía,
    Ven mi triste laúd á coronar,
    Y volverán las trovas de alegría
    En sus ecos tal vez á resonar.
    Mezcla tu aroma á sus cansadas cuerdas
    Yo sobre ti no inclinaré mi sien,
    De miedo, pura flor, que entonces pierdas
    Tu tesoro de olores y tu bien:
    Yo, sin embargo, coroné mi frente
    Con tu gala en las tardes del Abril,
    Yo te buscaba orillas de la fuente,
    Yo te adoraba tímida y gentil.
    Porque eras melancólica y perdida,
    Y era perdido y lúgubre mi amor;
    Y en ti miré el emblema de mi vida,
    Y mi destino, solitaria flor.
    Tú allí crecías olorosa y pura
    Con tus moradas hojas de pesar;
    Pasaba entre la yerba tu frescura,
    De la fuente al confuso murmurar.
    Y pasaba mi amor desconocido,
    De un arpa oscura al apagado son,
    Con frívolos cantares confundido
    El himno de mi amante corazón.
    Yo busqué la hermandad de la desdicha
    En tu cáliz de aroma y soledad,
    Y á tu ventura asemejé mi dicha,
    Y á tu prisión mi antigua libertad.
    ¡Cuántas meditaciones han pasado
    Por mi frente mirando tu arrebol!
    ¡Cuántas veces mis ojos te han dejado
    Para volverse al moribundo sol!
    ¡Qué de consuelos á mi pena diste
    Con tu calma y tu dulce lobreguez,
    Cuando la mente imaginaba triste
    El negro porvenir de la vejez!
    Yo me decía: «buscaré en las flores
    Seres que escuchen mi infeliz cantar,
    Que mitiguen con bálsamo de olores
    Las ocultas heridas del pesar.»
    Y me apartaba, al alumbrar la luna,
    De ti, bañada en moribunda luz,
    Adormecida en tu vistosa cuna,
    Velada en tu aromático capuz.
    Y una esperanza el corazón llevaba
    Pensando en tu sereno amanecer,
    Y otra vez en tu cáliz divisaba
    Perdidas ilusiones de placer.

    Héme hoy aquí: ¡cuán otros mis cantares!
    ¡Cuán otro mi pensar, mi porvenir!
    Ya no hay flores que escuchen mis pesares,
    Ni soledad donde poder gemir.
    Lo secó todo el soplo de mi aliento,
    Y naufragué con mi doliente amor:
    Lejos ya de la paz y del contento,
    Mírame aquí en el valle del dolor.
    Era dulce mi pena y mi tristeza;
    Tal vez moraba una ilusión detrás:
    Mas la ilusión voló con su pureza,
    Mis ojos ¡ay! no la verán jamás!
    Hoy vuelvo á ti, cual pobre viajero
    Vuelve al hogar que niño le acogió;
    Pero mis glorias recobrar no espero,
    Sólo á buscar la huesa vengo yo.
    Vengo á buscar mi huesa solitaria
    Para dormir tranquilo junto á ti,
    Ya que escuchaste un día mi plegaria,
    Y un ser hermano en tu corola vi.
    Ven mi tumba á adornar, triste viola,
    Y embalsama su oscura soledad;
    Sé de su pobre césped la aureola
    Con tu vaga y poética beldad.
    Quizá al pasar la virgen de los valles,
    Enamorada y rica en juventud,
    Por las umbrosas y desiertas calles
    Do yacerá escondido mi ataúd,
    Irá á cortar la humilde violeta
    Y la pondrá en su seno con dolor,
    Y llorando dirá: «¡pobre poeta!
    Ya está callada el arpa del amor!»



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    ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX) - Página 2 Empty Re: ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX)

    Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 20 Ene 2021, 06:50

    Flor deliciosa en la memoria mía,
    Ven mi triste laúd á coronar,
    Y volverán las trovas de alegría
    En sus ecos tal vez á resonar.
    Mezcla tu aroma á sus cansadas cuerdas
    Yo sobre ti no inclinaré mi sien,
    De miedo, pura flor, que entonces pierdas
    Tu tesoro de olores y tu bien:


    Es imposible hacerlo con más belleza. Gracias, querida amiga.

    Besos.


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    Mensaje por Lluvia Abril Jue 21 Ene 2021, 01:22

    ENRIQUE GIL CARRASCO

    SIGLO XIX



    POESÍAS LÍRICAS







    IMPRESIONES DE LA PRIMAVERA.

    Otra vez en los árboles las hojas
    Pueblan los vientos de murmullos leves,
    Y se deshacen en las cumbres rojas
    Al sol de Mayo las brillantes nieves.
    Límpidos los arroyos se dilatan
    Por su margen vestida de jazmines,
    Y sus cantos suavísimos desatan
    Los tiernos y pintados colorines.
    Y cantan la esperanza y los amores,
    Mientras las plantas aman y florecen,
    Y en el nítido cáliz de las flores
    Las amorosas auras se adormecen.
    ¿Por qué no amar, y al himno de natura
    Juntar mi voz que por el yermo suena?
    ¿Por qué la frente joven y segura
    No levanto á la par de la azucena?
    ¿Por qué si el alma en ímpetu sublime
    Puede medir los ámbitos del cielo,
    Solitaria y oscura y triste gime
    En pos de los amores y el consuelo?
    ¿Por qué en selvas vestidas de esmeralda
    Y encantadas con música apacible,
    Buscar una fantástica guirnalda,
    Corona de una imagen imposible?
    ¡Ay del que eterna juzga del oriente
    La blanca luz al despuntar la aurora!
    Porque el sol de la tarde falleciente
    Sólo la paz de los sepulcros dora.
    Joven y bella estás, naturaleza:
    Ricas tus flores son, tu estrella amiga,
    Tus céfiros aliento de pureza,
    Y misterios y amor tu seno abriga.
    Yo que, al dormir gozoso en tu regazo,
    Despertaba al acento de tus fiestas,
    Yo que estreché con ilusorio abrazo
    El ángel protector de tus florestas;
    Yo te miro volver sin alegría
    Con tu ropa brillante de colores;
    Que la tímida flor del alma mía
    Perdió por siempre juventud y olores.
    Sí; que al pasar el cierzo de las penas
    El perfume robó de su corola,
    Y la luna tan sólo en las serenas
    Noches la envuelve en pálida aureola.
    Jamás tu relumbrante panorama,
    Espléndida y vistosa primavera,
    Me volverá la consumida llama,_
    Los sueños de oro de mi edad primera.
    Yo te vi llegar enajenado
    Y mirarte en las aguas de los ríos,
    Rico de amor, ajeno de cuidado.
    Perdido en esplendentes desvaríos.
    Tú pasaste una vez y otra pasaste,
    Y mis sueños de amor no se cumplían,
    Y una vez y otra vez luego tornaste,
    Y una vez y otra vez ellos volvían.
    Mas llegó Julio, y la esperanza rota
    Honda arruga selló sobre mi frente,
    Y del pesar por la región remota,
    Busqué la paz del ánima doliente.
    También en ella el ruiseñor cantaba,
    También la fuente sin parar corría;
    Pero la fuente ronca murmuraba,
    Pero el doliente ruiseñor gemía.
    Y era su trova moribunda y vaga,
    Canto de amor, de incertidumbre y pena.
    Postrer acento de nocturna maga,
    Flébil quejido que á lo lejos suena.

    —«Pasan de Mayo las flores,
    Con ellas va la esperanza,
    Y apenas la mente alcanza
    Voz lejana de placer;
    Que, al tornar los turbios ojos
    Al campo de la memoria,
    Sólo encontramos la gloria
    Entre las sombras de ayer.
    «Trovador de los pesares,
    Que te fingiste ventura,
    Paz, abandono y ternura
    En las músicas de Abril,
    Ven á escuchar mis acentos,
    Porque yo como tú lloro,
    También yo una sombra adoro,
    Que fue orgullo del pensil.
    «Yo suspiré en la enramada
    Dulces ansias á la rosa,
    Y abrió su cáliz la hermosa
    Para escuchar mi canción;
    Y la luna desde el cielo
    Con luz amante bañaba
    Su frente, que arrebolaba
    La esperanza y la ilusión.
    «Y yo entre sueños perdido
    De fantásticos amores,
    Aspiraba los olores
    De su seno celestial;
    Y entre las frágiles alas
    Del aura de Mayo tierna,
    Visiones de gloria eterna
    Miró el alma virginal.
    «Mas ¡ay! que el sol del estío
    Mi esperanza peregrina
    De la rosa purpurina
    En el cáliz agostó;
    Y una á una con sus hojas
    Volaron mis ilusiones,

    Y de mis tiernas canciones
    Sólo un eco me quedó.

    (cont.)


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    ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX) - Página 2 Empty Re: ENRIQUE GIL CARRASCO (1815-1846) (SIGLO XIX)

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