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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

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    Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 23 Jul 2020, 12:44

    .


    Carles Riba

    Carles Riba i Bracons (Barcelona, 23 de septiembre de 1893-Barelona, 12 de julio de 1959) fue un humanista, filólogo, escritor y poeta catalán. También fueron muy valoradas sus traducciones de textos griegos tanto clásicos como modernos.

    Biografía

    Estudió Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad de Barcfelona, donde adquirió una importante formación helenística. Se casó en 1916 con la también poetisa Clementina Arderiu, a la que había conocido en unos Juegos Florales. Trabajó como profesor en la Escuela de Bibliotecarias.

    Viajó a Alemania y estudió bajo la dirección de Vossler en Múnich (1922). Su formación clásica se completó con viajes a Italia y Grecia durante los años 1920. En esta misma época también fue colaborador de Pompeu Fabra en la elaboración del Diccionario general de la Lengua Catalana.

    Trabajó en la Fundación Bernat Metge, especializada en estudios clásicos y pasó a ser profesor de griego en la Universidad de Barcelona en 1934.

    Comprometido con las causas catalanista y republicana, se vio obligado a exiliarse a Montpellier (Francia) tras la victoria de la rebelión franquista que acabó con el gobierno republicano en 1939. En su salida al exilio acompañó el último viaje del poeta Antonio Machado. De nuevo en España, en 1943, siguió trabajando en traducciones de autores clásicos para la Fundación Bernat Metge, y llegó hasta la dirección de la fundación.

    Ejerció de portavoz indiscutible de los intelectuales de lengua catalana en los congresos de poesía de Segovia (al que fue invitado por Dionisio Ridruejo) en 1952, Salamanca (1953) y Santiago de Compostela (1954). Tras estos congresos, su correspondencia con Ridruejo mostró el interés que la cultura catalana despertaba en los sectores más inquietos del panorama literario español.

    Traductor de Constantino Cavafis, Friedrich Hölderlin, Edgar Poe, Rainer Maria Rilke y Franz Kafka, además de a los clásicos griegos y latinos, también se dedicó a la narrativa, en el terreno de los relatos infantiles.

    Su poesía establece la voluntad de tratar el amor como elemento poético, con unas referencias cultas que mostraban su vastísima cultura clásica y anglogermánica. Su poesía tiene modelos diferenciados en el tiempo y en el espacio. Por un lado, el más evidente es el de los clásicos griegos, con especial acento en Homero, pero también es evidente el influjo del renacentismo valenciano (Ausías March) o italiano (Petrarca y Dante) o de la poesía moderna catalana (Josep Carner).

    Falleció en 1959 y fue enterrado en el Cementerio de Sarriá de Barcelona.

    (Sacado de Wikipedia)


    Carles Riba: Elegies de Bierville (1939-1942) Barcelona: Óssa menor, 1951.

    Versión de Marta López Villar

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    I

    Era secret el camí, fabulós de tristeses divines,
    fins a les aigües vivents que em recordaren un nom,
    oh inefable! i una callada manera senzilla
    d’amorosí’ el pensament per una gràcia tenaç.
    Lliures al cel, les tofes havien donat a la terra
    llur primavera d’antany, flonja i daurada humilment;
    el meu pas, bandejat de tants ahirs d’alegria
    hi ha conhortat l’afany que de l’hivern abaltit
    em llançava a un abril incert, ah! com si tinguessin
    tots els homes la pau i només jo fos errant.
    Somnis per a mi sol en averany i en figura!
    L’ànima s’hi coneix, ja no és sola a esperar;
    en el parc estremit on sembla estar per renéixer
    jo no sé quin déu mort, fill de la font i del verd.


    I

    Era secreto el camino, fabuloso de tristezas divinas,
    hasta que las aguas vivientes me recordaron un nombre,
    ¡oh inefable! y una callada manera sencilla
    de sosegar el pensamiento por una gracia tenaz.
    Libre en el cielo, la espesura había dado a la tierra
    su antigua primavera, dorada y tierna humildemente;
    mis pasos, desterrados de tantos ayeres de alegría,
    han consolado el afán que desde el invierno adormecido
    a un abril incierto me abocaba, ¡ah! como si todo hombre
    tuviera la paz y tan sólo yo fuera errante.
    ¡Sueños solamente para mí en presentimiento y en figura!
    El alma allí se conoce y sola dejó de esperar
    en el tembloroso parque donde parece a punto de renacer
    yo no sé qué dios muerto, hijo del verdor y la fuente.


    Última edición por Pedro Casas Serra el Sáb 28 Mayo 2022, 07:38, editado 1 vez


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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville Empty Re: Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

    Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 24 Jul 2020, 04:05

    .


    II

    Súnion! T’evocaré de lluny amb un crit d’alegria,
    tu i el teu sol lleial, rei de la mar i del vent:
    pel teu record, que em dreça, feliç de sal exaltada,
    amb el teu marbre absolut, noble i antic com ell.
    Temple mutilat, desdenyós de les altres columnes
    que en fons del teu salt, sota l’onada rient,
    dormen l’eternitat! Tu vetlles, blanc a l’altura,
    pel mariner, que per tu veu ben girat el seu rumb;
    per l’embriag del teu nom, que a través de la nua garriga
    va a cercar-te, extrem com la certesa del déus;
    per l’exiliat que entre arbredes fosques t’albira
    súbitament, oh precís, oh fantasmal! I coneix
    per ta força la força que el salva als cops de fortuna
    ric del que ha donat, i en sa ruïna tan pur.


    II

    ¡Sunion! Te evocaré de lejos con un grito de alegría,
    a ti y a tu sol leal, rey del mar y el viento:
    por tu recuerdo que me eleva, feliz de sal exaltada,
    con tu mármol absoluto, antiguo y noble yo como él.
    ¡Templo mutilado, desdeñoso de las otras columnas
    que al fondo de tu salto, bajo la ola sonriente,
    duermen la eternidad! Tú velas, blanco en la altura,
    por el marinero que por ti dirige su rumbo;
    por el ebrio de tu nombre, que a través del desnudo carrascal
    viene a buscarte, extremo como la certeza de los dioses;
    por el exiliado que entre oscuras arboledas
    súbitamente te divisa, ¡oh preciso, oh fantasmal! y conoce
    por tu fuerza la fuerza que lo salva a golpes de fortuna,
    rico por todo lo que ha dado y en su ruina tan puro.


    (Continuará)


    .


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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville Empty Re: Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

    Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 25 Jul 2020, 03:50

    .


    III

    Per a Joan i Elizabeth

    Era tan trist l’amor a l’ombrosa vora enllacada
    dels records adormits, tan solitari en la nit
    dels rossinyols —ah dolcíssima cosa certa, certa,
    cant absolut, per damunt d’alba que et trenca— era tan
    pàl.lid dins la profunda rodona dels tells —cristal.lina
    de primavera, però sols en l’altura— que el mar
    ens ha obsedit, perquè fos l’estrella més pura, si hi era,
    i ens acuités el temps, i el pensament, exaltat
    sobre l’escuma errabunda, engendrés ocells sense nombre
    que el seguissin, oh blancs, gais cavallers del seu vent!
    Fins que ens ha pres una illa més verda enllà de les illes,
    verda com si tot el que dins terra és impuls
    dolç i obstinat de pujar per ser llum amb la llum contra
    l’ombra triomfés allí ona per ona, en l’espai
    indecís —i en els ulls i en l’ànima: oh més intensa
    suavitat abans d’un occident més secret;
    oh cant líric que es dreça a l’extrem abrupte del somni,
    veu i món acabant junts sobre el buit inhumà!
    Torna a tenir-me el vell parc; al llarg dels meus versos
    les aigües llisquen monótonament com un destí presoner.
    Ja no el recordo de vist, sinó de com el preveia,
    canvi més ric i més pur de l’alegria del mar,
    l’ultim flotó maragdí del rumb nocturn. Però encara
    més innocentment tantes imatges i tant
    ai! d’impensable sentir se m’han canviat i es contenen
    en el fervor dels dos enamorats juvenils
    que al bell cor de la immensa ciutat fumosa ens obriren
    llur paradís ple de llum, de voluptat i de risc.
    I m’és dolç de comprendre que, dels feliços, agraden
    únicament als déus, els que han volgut, com els déus,
    sota el llit amorós l’onada inestable i, bevent-los
    les rialles, els vents que han mesurat el gran freu.


    III

    Para Joan y Elizabeth

    Era tan triste el amor en la sombría orilla enlodada
    de los recuerdos dormidos, tan solitario en la noche
    de los ruiseñores —ah dulcísima cosa cierta, cierta,
    canto absoluto, sobre el alba que te rompe— era tan
    pálido dentro del círculo profundo de los tilos —cristalino
    de primavera y sólo en la altura— que el mar
    nos ha obsesionado, para que fuera la estrella más pura, si existía,
    y el Tiempo nos persiguiera, y el pensamiento, exaltado
    sobre la espuma errante, engendrara innumerables pájaros
    que lo siguiesen, ¡oh blancos, alegres caballeros de su viento!
    Hasta que nos ha tomado una isla verde más allá de las islas,
    verde como si todo dentro de su tierra fuera impulso
    dulce y obstinado en subir para ser luz con luz contra la sombra
    y allí triunfara ola tras ola, en el espacio
    indeciso —y en los ojos y en el alma: ¡oh más intensa
    suavidad previa a un occidente más secreto;
    oh canto lírico que se alza hacia el extremo abrupto del sueño,
    voz y mundo unidos sobre el inhumano vacío!
    Vuelve a poseerme el viejo parque; a lo largo de mis versos las aguas
    monótonamente se deslizan como un destino encerrado.
    Ya no lo recuerdo de vista, sino de cómo lo preveía,
    cambio más rico y puro de la alegría del mar,
    último ramo esmeralda del rumbo nocturno. Pero aún
    más inocentes las imágenes y tanto
    ¡ay! de impensable sentido se han transformado y habitan
    en el fervor de dos enamorados juveniles
    que en el bello corazón de la inmensa ciudad de humo nos abrieron
    su paraíso de luz, voluptuosidad y riesgo.
    Me es dulce comprender que, de los dichosos,
    únicamente complacen a los dioses los que han querido, como ellos
    la inestable ola bajo el lecho amoroso y, bebiéndoles
    las risas, los vientos que han medido el gran estrecho.


    (Continuará)


    .


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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville Empty Re: Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

    Mensaje por Maria Lua Sáb 25 Jul 2020, 06:00

    Bellos los poemas de Carles Riba.
    Gracias, amigo Pedro, por divulgarlos.
    Besos
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    "Ser como un verso volando
    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
    compartir contigo sol y luna,
    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
    (Hánjel)





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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville Empty Re: Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

    Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 25 Jul 2020, 13:58

    Gracias por tu interés, Maria. Carles Riba era un gran helenista, traductor de poesía griega clásica y moderna. En las "Elegías de Bierville" utiliza la métrica, los paisajes y los acontecimientos de la antigua Grecia para hablar de su exilio tras la guerra española.

    Un abrazo.
    Pedro


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    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 26 Jul 2020, 04:22

    .


    IV

    Pura en la solitud i en l’hora lenta, una dona
    fa lliscà’, amb moviment d’arbre o de crit amorós,
    al llarg dolç dels braços alçats, la túnica. Mentre
    brilla ja el tors secret, resta captiva en el lli,
    dalt, la testa. Un instant o dos. Ah! ¿són prou perquè es trenqui
    foscament el lligam entre la bella i aquest
    tímid juny que d’ella, nua dins l’ona, esperava
    joia i impuls fluvial per a perfer-se? ¿Han estat
    prou, que tu, imponderable cosa d’or i mirada,
    testa, flor dreta, en surt vaga –i talment reguardant,
    ara, els no res del silenci que eren adés venturosos
    còmplices? Un cucut canta de sobte, innocent.
    Ella somriu. La sang juvenil del món torna a córrer,
    salta brusca, amb el salt de la magnífica, i va
    temps avall, cap a sols més madurs –i ella neda, oh ritme!
    cap a l’estiu excessiu –ella i els déus i els meus ulls!


    IV

    Pura en la soledad y en la hora lenta, una mujer
    deja caer, con movimiento de árbol o de amoroso grito,
    a lo largo de sus brazos alzados, la túnica. Mientras
    ya brilla el secreto torso, permanece cautiva en el lino,
    arriba, la cabeza. Un instante o dos ¡ah! ¿bastan para que se rompa
    oscuramente el nudo entre la bella y este
    tímido junio que, desnuda entre las olas, de ella esperaba
    gozo e impulso fluvial para existir? ¿Ha bastado
    que tú, imponderable cosa de oro y mirada,
    cabeza, flor erguida, salgas imprecisa —y resguardes así,
    ahora, las nadas del silencio que recientemente eran venturosos
    cómplices? Un cuco canta súbitamente, inocente.
    Ella sonríe. La sangre juvenil del mundo vuelve a correr,
    salta, brusca, con el salto de la magnífica, y va
    tiempo abajo, hacia soles más maduros —y ella nada, ¡oh ritmo!
    hacia el verano excesivo —¡ella y los dioses y mis ojos!


    (Continuará)


    .


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    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 27 Jul 2020, 03:58

    .


    V

    Clou-te, cúpula verda per sobre el meu cap cristal·lina!
    Aigües de curs discret, brisa que apenes ets més
    que un moviment del silenci, imiteu la manera senzilla
    com la meva sang ara s’oblida i jo.
    L’incabable somni del món endolceix una a una
    ses onades entorn del malencònic jardí.
    Dins la meva ànima en pau sóc el nàufrag que en l’illa profunda
    on reneix de la mar, súbitament reconeix
    una pàtria d’antany; i no en té sorpresa; el crepuscle
    fa més pur el sender –oh pueril! o reial!
    que l’ha tornat a prendre, envellit i nu, però en flama
    més a cada pas, més alentint cada pas
    perquè vol la nit, i arribar a l’esposa secreta
    com esperat d’un esclat sempre imminent de l’enyor,
    i ésser l’un per l’altre un do amorós del misteri
    -nit amb joia dels ulls, nit més enllà de la nit!


    V

    ¡Ciérrate sobre mi cabeza, verde y cristalina cúpula!
    Aguas de delicado curso, brisa que apenas eres más
    que un movimiento de silencio, imitad la sencilla manera
    en que mi sangre ahora olvida y yo .
    El sueño infinito del mundo endulza una a una
    las olas alrededor del melancólico jardín.
    En paz soy náufrago en mi alma que, en la profunda isla
    donde renace el mar, súbitamente reconoce
    una patria antigua y no se sorprende; el crepúsculo
    hace más puro el sendero —¡oh pueril! ¡oh real!
    que lo ha vuelto a tomar, envejecido y desnudo, pero más apasionado
    a cada paso, más lento a cada paso
    porque desea la noche y llegar a la secreta esposa
    como esperado de un resplandor de nostalgia siempre inminente,
    y ser el uno para el otro un amoroso don de misterio
    —¡noche con dicha en los ojos, noche más allá de la noche!


    .


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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville Empty Re: Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

    Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 28 Jul 2020, 03:55

    .


    VI

    Com a l’atzar el bus dins l’obaga volta marina
    fa el seu vol invertit, amb l’esperança anhelant
    de la gran perla perfecta que li serà salvadora,
    cert, però únicament d’un i deu nacres banals:
    m’he llançat, oh celestes! dins molta impensada alegria,
    i el seu corn més profund mai gairebé m’ha transmès
    l’eco irisat de la vostra rialla feliç que allibera;
    i he explorat, germans, quanta mortal veritat,
    sense arrencar de l’entranya innombrable el mot que hi dormia,
    l’incalculable mot, pur en l’espera dels déus!
    Ah nocturna amor, quan prop teu sóc ànima sola,
    he davallat en mi, somni per somni avall,
    ombra per ombra del son descobrint les mortes figures
    del passat pueril, fins on naixia el destí
    amb invisible figura; i és una entre moltes vegades
    que retornava a tu, dona, pel súbit esglai
    de tocar com un fruit la divina dolçor reservada
    d’un absolut oblit que és nodriment i valor,
    no ceguesa i caiguda. És íntima tota inocència
    i anterior. Amants, oh si sabéssiu, amants!
    Dolces amb insistència imperiosa de flama
    semblen les vostres mans una abundància collir
    que excedeix reialment la vostra reial desmesura;
    fins que defalliu. No. Si goséssiu saber
    tant com goseu posseir! De quina més noble harmonia
    sou els il·luminats, els vehements escultors!
    No, la final lassitud d’aquell que travessa un gran somni
    i de sobte ha arribat (oh! la més pura és morir)
    no és el vostre respòs, amants, quan amb ulls gloriosos
    i satisfeta set, únicament, contempleu,
    simple en sa llum contempleu, renascut de l’obra inefable,
    més present i més nu oh! que a les mans i que al goig,
    el bell cos amorós. Us meravelleu, però sense
    esbalair-vos. És sols un retrobar: de més lluny
    que de vosaltres mateixos i que de la Faula. Aleshores
    sou dins la plenitud i dins la idea d’un món
    fet per a l’estiu i el triomf fastuós de la terra
    i l’esplendor fluvial. Per no més perdre-us, cloeu
    tendrament els ulls i seguiu acreixent-vos en l’alta
    visió que heu creat. Ja com un somni, però.
    Fins que us despertareu com d’entre vivents per a un somni
    entre adormits. Recordant; sense saber: recordant.


    VI

    Como al azar el buzo hace su vuelo invertido
    dentro del oscuro recorrido marino, con la esperanza anhelando
    la gran perla perfecta que en verdad le será salvadora,
    únicamente, de uno y diez nácares banales:
    me he lanzado, ¡oh celestes! hacia una inimaginable alegría,
    y su cuerno más profundo casi nunca me ha transmitido
    el eco irisado de vuestra risa feliz que libera;
    y he explorado, hermanos, tanta verdad mortal,
    sin arrancar de la entraña inabarcable la palabra que dormía,
    ¡la infinita palabra, pura en la espera de los dioses!
    Ah nocturno amor, qué cerca estoy de ti, alma solitaria,
    he descendido en mí, sueño tras sueño abajo,
    sombra tras sombra del sueño descubriendo las figuras muertas
    del pasado pueril, hasta donde nacía el destino
    con invisible figura; y es una entre muchas veces
    que volvía a ti, mujer, por el súbito terror
    de tocar como un fruto la divina y reservada dulzura
    de un olvido absoluto que es alimento y valor,
    no ceguera y caída. Es anterior e íntima
    toda inocencia. ¡Amantes, oh si supierais, amantes!
    Dulcemente, con insistencia imperiosa de llama,
    vuestras manos parecen recoger una abundancia
    que excede realmente vuestra real desmesura;
    hasta que desfallecéis. No. ¡Si osarais saber
    tanto como osáis poseer! ¡De qué armonía más noble
    sois los iluminados, los vehementes escultores!
    No, el último cansancio de aquel que atraviesa un gran sueño
    y de repente ha llegado (¡oh! el más puro es morir)
    no es vuestro reposo, amantes, cuando con ojos gloriosos
    y satisfecha sed, tan solo contempláis,
    despojado en su luz contempláis, renacido de la obra inefable,
    más presente y más desnudo ¡oh! que en las manos y en el gozo,
    el bello cuerpo amoroso. Os maravilláis, pero sin
    extasiaros. Es tan sólo un reencontrar: más lejos
    que de vosotros mismos y de la Fábula. Entonces
    habitáis en la plenitud y en la idea de un mundo
    hecho para el verano y el fastuoso triunfo de la tierra
    y el esplendor fluvial. Para no perderos más, cerrad
    los ojos tiernamente y seguid creciendo en la alta
    visión que habéis creado. Ya como un sueño, sin embargo.
    Hasta que os despertéis como de entre los vivos para un sueño
    entre dormidos. Recordando; sin saber: recordando.


    .


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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville Empty Re: Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

    Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 29 Jul 2020, 04:15

    .


    VII

    He navegat com Ulisses pel noble mar que separa,
    amb un titànic somrís d’obediència a l’atzur,
    l’illa de l’últim adéu, on es va inclinà’ el meu migdia,
    i el necessari ponent, dolç d’una glòria sagnant.
    Sobre la rosa dels astres, set vents, atònits, deixaven
    que n’exultés un de sol, el decretat del retorn.
    Si el magnànim heroi dormí dins la popa segura
    més profundamente que per cap vi ni per mort,
    és contat com els ulls dels reials mariners ho veieren:
    l’interior treball, ell va saber-lo amb els déus,
    pel que jo sé de mi. Oh! com era nua, com era
    abandonada, la fe que a favor meu va lligar
    els dos mons, que em volien, de banda i banda de l’ombra!
    No atreta pel fi: ans virginal a un impuls
    que em travessava d’enllà de la meva innombrable aventura
    i de les mes pròpies arrels; com dins el ventre vivent
    l’ésser que s’hi perfà és tot ell creixença amb les pures
    forces originals, i no és seu el destí
    que l’amara i l’empeny, talment una puja d’antigues
    aigües, fins que ha nascut i que ha plorat i que ha vist;
    i és llavors solament que ja li convenen els nostres
    mots despert i adormit. Entre nosaltres humans,
    déus! els mots són només per a entendre’ns i no per a entendre’ls:
    són el començament, just un senyal del sentit.
    Semblen precedir-nos camí del misteri i ens diexen
    foscos davant d’un brocat, tristos a un eco que fuig.
    Cal la secreta clau: un record que ve de vosaltres,
    déus! i que no ens ateny fins que ja hem arribat;
    tal comparança potser, que ens queia de sobte com una
    pedra brillant a les mans, dura en sa freda virtut,
    i que guardàvem amb altres banals, fins que som a la viva
    sorra a la fi de la mar –repatriats o arribats?
    ¿Com ho diria, germans, si no sé si parlo amb vosaltres?
    ¿Ni us parlaria tan sols? Sóc en l’espera d’un déu.
    Entre el silenci i el curt sospir d’una onada tranquil·la
    -una marcada en el temps, per a mi sols en el temps
    anterior a la nit- em serà de cop a la vora,
    simple i juvenil, coneixedor sense esclat
    per la mà, coneguda invisible sobre ma espatlla:
    el meu déu parcial, que m’ha elegit per orgull
    fins a la injustícia –dic jo. Em donarà per als altres
    l’aire d’un mendicant que és pacient als portals.
    Ell i jo sol sabrem quin tresor desarem, que jo duia:
    no els diamants del crit i de la presa i del foc
    (negra escuma, tu els tens): dels meus dies d’errà’ i de conèixer,
    un sol dia he salvat: el que em salvava; i dins ell,
    com les figures per gràcia escollides que omplen un somni,
    el tan divers amor dels qui per mi, al meu pas,
    pel que em donaven d’ells han esdevingut una mica
    més el que eren; i tot el que en el freu he comprès.
    Oh tresor, tan real que podria comptar-lo i triar-lo!
    Mentre, però, no seré rei de ma última pau,
    me’l guardaran les Nimfes gentils que teixeixen amb lenta
    trama de porpra i cristall els pertinaços ordits
    dels invisibles corrents, dins l’obac obrador subterrani
    on l’abella de l’erm va, esmunyedissa, a fe’ el rusc.
    Ítaca, regne petit, conec la cova profunda!
    Olivereda amunt, fora camí, en el rocall;
    closa i subtil com l’hora d’un sol pensament, per a entrar-hi
    calen un front humil sota la llinda i un salt.


    VII

    He navegado como Ulises por el noble mar que separa,
    con una titánica sonrisa de obediencia al azul,
    la isla del último adiós, donde cayó mi mediodía
    y el poniente necesario, dulce, de una gloria sangrante.
    Sobre la rosa de los astros, siete vientos, atónitos, dejaban
    que tan sólo uno se alegrara: el designado para el retorno.
    Si el magnánimo héroe durmió en la segura popa
    más profundamente que por el vino o la muerte,
    es contado tal y como los ojos de los reales marineros lo vieron:
    el esfuerzo interior, él lo supo con los dioses,
    por lo que yo sé de mí. ¡Oh desnuda,
    abandonada la fe a mi favor unió
    los dos mundos que me querían de un lado a otro de la sombra!
    No atraída por el fin: sino virginal a un impulso
    que me atravesaba desde más allá de mi infinita aventura
    y de mis propias raíces; como dentro del vientre que vive
    y el ser que se acaba es todo él florecimiento con las puras
    fuerzas primeras, y no es suyo el destino
    que lo impregna y lo empuja, como una ascensión de antiguas
    aguas, hasta que ha nacido, ha llorado y visto;
    y es entonces que tan sólo le convienen nuestras
    palabras despierto y dormido. Entre nosotros los humanos,
    ¡dioses! las palabras solamente son para entendernos y no para entenderlas:
    son el comienzo, tan sólo una señal del sentido.
    Camino del misterio parecen precedernos y nos dejan
    oscurecidos frente a un brocado, tristes ante un eco que huye.
    Tan sólo la secreta llave: un recuerdo que viene de vosotros,
    ¡dioses! y que no nos alcanza hasta que ya hemos llegado;
    esta comparación tal vez, que nos caía súbitamente como una
    brillante piedra en las manos, dura en su fría virtud,
    y que protegíamos con otras banalidades, hasta que estamos en la viva
    arena del fin del mar —¿repatriados o llegados?
    ¿Cómo lo diría, hermanos, si no sé si hablo con vosotros?
    ¿Ni si tan sólo podría hablaros? Estoy esperando un dios.
    Entre el silencio y el breve suspiro de una ola tranquila
    —una señal en el tiempo, para mí solo en el tiempo
    anterior a la noche— me traerá de golpe a la orilla,
    juvenil y simple, conocedor sin brillo
    por la mano, conocida e invisible sobre mi espalda:
    mi dios parcial, que me ha elegido por orgullo
    hasta la injusticia —digo yo. Para los demás me dará
    el aire de un mendigo que espera en los portales.
    Tan sólo él y yo sabremos qué guardar del tesoro que yo traía:
    no los diamantes del grito, lo apresado y el fuego
    (tú los tienes, negra espuma). De mis días de errancia y de conocimiento,
    un solo día he salvado: el que me salvaba; y dentro de él,
    como las figuras por gracia escogidas que llenan un sueño,
    el diferente amor de los que por mí, a mi paso,
    por todo lo que me daban han llegado a ser
    más aquello que eran; y todo lo que en el estrecho he comprendido.
    ¡Oh tesoro, tan real que podría contarlo y elegirlo!
    Mientras, sin embargo, no seré rey de mi última paz,
    me la guardarán las gentiles Ninfas que tejían con lenta
    trama de púrpura y cristal las obstinadas urdimbres
    de las corrientes invisibles, dentro del sombrío obrador subterráneo
    donde la abeja del páramo va, escurridiza, a fabricar la colmena.
    ¡Ítaca, pequeño reino, conozco la profunda cueva!
    Olivar arriba, fuera del camino, en la rocalla;
    cerrada y sutil como la hora de un pensamiento solitario, para entrar
    son necesarios una frente humilde bajo el umbral y un salto.


    .


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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville Empty Re: Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

    Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 30 Jul 2020, 04:08

    .


    VIII

    Són abruptes amb noms gairebé de dona amorosa,
    noms per a ser present tan solament dins el foc:
    la Flamejant i, torxa mes pura al matí, la Rosada.
    Clou al murmuri els ulls: som en el dèlfic tombant.
    ¿Reconeixes les Roques, les absolutes presències,
    com ens prengueren els ulls verticalment fins al blau;
    altes d’un vol més alt (¿reveus, Amor?) que ajuntava
    llurs dos fronts lleonins com un mateix pensament?
    ¿Era l’àguila ardent dels presagis reials, que fa inútils
    la consulta en l’obscur, Pítia, i l’anunci diví
    esgarriant-se en ta veu? La imatge, puixant ens fou dolça
    cor orgullós endins, on no s’imposa la nit
    ni les blanques aurores menteixen. Però el que importava
    era la font, al peu ineluctable del mur:
    solitària i deixada, però vivent —com de l’hora
    pròxima, dret destí que no abat cap saber,
    una Gràcia tenaç i discreta ve a oferir-se’ns
    contra el neguit d’ignorar; cal acotar-s’hi només.
    Dona, tu i jo hem begut al doll glacial de Castàlia
    l’aigua dura dels déus, pura a través de l’horror,
    intemporal des del fons on no es marquen els canvis dels signes;
    l’hem mesclada amb la sang que ens és comuna en l’amor.
    Sigui o no el que ens passi a la nostra mesura, s’assembli
    a nosaltres o no, dona, en nosaltres el crit
    de sofriment o de glòria voldrà parlar —oh! no importa,
    per a nosaltres sols o per als altres també—
    parlarà, articulat per la saviesa dels segles
    i de les Faules, dolç de les cançons maternals
    i profund del que és viva la terra secreta i concreta;
    tendra i eterna veu per a acomplir-nos-hi tots,
    dona, en cada borboll del seu broll; la teva, la meva
    veu, la doble veu sobre el mateix instrument
    d’un destí compartit; i la mort separar no podria
    el que ha fet un sol cant per a l’orella dels déus.
    Oh com vàrem sentir que érem cosa lleugera i sagrada,
    ja senyors dels senyals que ens encontressin, Amor!
    Vida volguda… olivar que fugint de les Roques baixava
    tan inefablement impetuós cap al mar!
    Res no ens haguérem de di’. I quan el nostre pas va respondre,
    lent, a la crida feliç, unes abelles brunzents
    varen voltar-nos el cap. Però sols amb els anys hem comprès com
    és de subtil i d’humil i coratjós el treball
    per a la nostra mel, que és filla de l’aire i la terra;
    sí, però més del foc, dona, del foc sobretot.


    VIII

    Son abruptas con nombres casi de mujer amorosa,
    nombres para ser presente tan sólo dentro del fuego:
    la Llameante y la Rosada, antorcha más pura de la mañana.
    Cierra los ojos en el murmullo: estamos en el délfico camino.
    ¿Reconoces las Rocas, las presencias absolutas,
    cómo nos inundaron verticalmente los ojos hasta el azul;
    elevadas de un vuelo más alto (¿vuelves a verlo, Amor?) que unía
    sus dos leoninas frentes como un mismo pensamiento?
    ¿Era el águila ardiente de los reales presagios, que hace inútiles,
    Pitia, el divino anuncio y la consulta en lo oscuro,
    perdiéndose en tu voz? La floreciente imagen nos fue dulce
    orgulloso corazón adentro, donde no se impone la noche
    ni las alboradas blancas mienten. Pero lo que importaba
    era la fuente, al pie ineluctable del muro:
    solitaria y abandonada, pero viva —como de la hora
    próxima, diestro destino que ningún saber destruye,
    una Gracia tenaz y discreta se nos ofrece
    contra la inquietud de no saber; es necesario acercarse a ella solamente.
    Mujer, tú y yo hemos bebido en el cauce glacial de Castalia
    el agua dura de los dioses, pura a través del horror,
    intemporal desde el fondo donde no se marcan los cambios de los signos;
    la hemos mezclado con la sangre que compartimos en el amor.
    Sea o no a nuestra medida lo que nos pase, se parezca
    a nosotros o no, mujer, en nosotros el grito
    de sufrimiento o de gloria querrá hablar —¡oh! no importa,
    tan sólo a nosotros o también a los otros—
    hablará dulcemente, articulado por la sabiduría de los siglos
    y de las Fábulas, de las canciones maternales
    y profundamente de lo que engendra vida en la secreta y precisa tierra;
    eterna y tierna voz para crearnos todos,
    mujer, en cada borbotón de su chorro; tu voz y la mía,
    la doble voz sobre el mismo instrumento
    de un destino común. Y no podría separar la muerte
    lo que ha hecho un solitario canto al oído de los dioses.
    ¡Oh, cómo sentimos que éramos algo ligero y sagrado,
    dueños ya de los signos que nos hallaran, Amor!
    ¡Vida querida… olivar que huyendo de las Rocas bajaba
    tan inefablemente impetuoso hacia el mar!
    Nada tuvimos que decirnos. Y cuando nuestro paso respondió,
    lento, a la llamada feliz, una abejas zumbando
    revoloteaban por nuestra cabeza. Pero sólo con los años comprendimos
    lo sutil y humilde y valeroso que es el trabajo
    para nuestra miel, que es hija del aire y la tierra;
    sí, pero más del fuego, mujer, del fuego sobre todo.


    .


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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville Empty Re: Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

    Mensaje por Pedro Casas Serra Vie 31 Jul 2020, 03:43

    .


    IX

    Per a Pompeu Fabra

    Glòria de Salamina vermella en la mar a l’aurora!
    Adormits en el vent de Queronea, xiprers!
    Esplendor per als ulls o malencònica estampa,
    crit d’arribada o foc sota la cendra d’un nom,
    llocs! la meva presència amb cor violen tus completa,
    mots! la meva veu assedegada us fa plens.
    Si en el meu cos carnal solament un triomf inefable
    va poder-me engendrar contra la nit i el no-res
    (entre els braços del pare, oh mare en la llum i en la Gràcia,
    pura presa en el pur començament dels meus anys!),
    no calia victòria amb humiliació de reialmes
    ni importava un ponent buit de la fuga i la sang,
    perquè fos deixada en el solc incansable dels segles
    la furiosa llavor per al meu ésser civil.
    El que fou necessari i bastava, és que uns homes sentissin
    com no hi ha fast més dolç que ésse’ i gustar-se un mateix;
    simplement, subtilment, sabessin com no hi ha inútil
    cap esperit, si creix lliure en la seva virtut;
    que per podè’ esdevení’ el que volien llurs déus, en la forma
    viva del que eren ja des de l’arrel de llurs morts,
    consentissin a fer-se, ells diversos! iguals en les armes,
    persuadits per la llei, ells que es dictaven les lleis,
    i a la força més forta que estreny o que inunda, oposessin
    la raó que es coneix i l’escomesa viril.
    Homes que vau mesurar i acomplir accions més que humanes
    per merèixer l’orgull d’ésse’ i de dir-vos humans,
    jo em reconec entre els fills de les vostres sembres illustres:
    sé que no fórem fets per a un destí bestial.
    La llibertat conquerida en l’apassionada recerca
    del que és ver i el que és just, i amb sobrepeu de dolor,
    ens ensenyàreu que on sigui del món que és salvada, se salva
    per al llinatge tot dels que la volen guanyar;
    i que si enlloc és vençuda i la seva llum és coberta
    per la tempesta o la nit, tota la terra en sofreix.
    Sí, però l’esperança meravellosa traspassa,
    crida, més real que la tenebra o l’estel
    -ossos decebuts i l’heroica pira en el vespre
    desesperat- per a molts sembla d’antuvi una fe;
    sols que té menys espera i arrenca de tots els exilis
    cap al seu crit, i els batuts van retrobant-se soldats.


    IX

    Para Pompeu Fabra

    ¡Gloria de Salamina amaneciendo roja en el mar!
    ¡Cipreses dormidos en el viento de Queronea!
    ¡Esplendor en los ojos o melancólica estampa,
    grito de llegada o fuego bajo la ceniza de un nombre,
    lugares! ¡palabras, mi presencia de violento corazón
    os completa, mi sedienta voz os llena!
    Si en mi cuerpo carnal sólo un triunfo inefable
    me pudo engendrar contra la noche y la nada
    (¡entre los brazos del padre, oh madre en la luz y en la Gracia,
    pura conquista en el puro comienzo de mis años!)
    no era necesaria la victoria con humillación de reinos
    ni importaba un crepúsculo vacío de éxodo y sangre,
    para que fuera abandonada en el surco incansable de los siglos
    la furiosa simiente para mi ser civil.
    Lo que fue necesario y bastaba es que unos hombres sintieran
    que no existe fasto más dulce que ser y sentirse;
    simplemente, sutilmente, que supieran que no existe ningún
    espíritu inútil, si crece libre en su virtud;
    que por poder llegar a ser lo que sus dioses deseaban en la forma
    viva de lo que eran ya desde la raíz de sus muertos,
    consintieran hacerse iguales en las armas siendo diferentes,
    persuadidos por la ley, ellos que se dictaban las leyes,
    y a la fuerza más fuerte que estrecha o que inunda, opusieran
    la razón conocida y la acometida viril.
    Hombres que medisteis y realizasteis acciones más que humanas
    para merecer el orgullo de ser y llamaros humanos,
    yo me reconozco entre los hijos de vuestras siembras ilustres:
    sé que no fueron hechos para un destino brutal.
    La libertad conquistada en la apasionada búsqueda
    de lo que es cierto y justo, con excesivo dolor
    nos enseñaréis que allá donde es salvada, se salva
    todo el linaje de los que desean ganarla;
    y que si en alguna parte es vencida y su luz es cubierta
    por la tempestad o la noche, toda la tierra sufre.
    Sí, pero la maravillosa esperanza traspasa,
    grita, más real que la tiniebla o la estrella
    —huesos engañados y la heroica pira en la desesperada
    tarde— y para muchos parece una fe primeramente;
    pero con menos esperanza que comienza en todos los exilios
    hacia su grito, mientras de nuevo los caídos van volviéndose soldados.


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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville Empty Re: Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

    Mensaje por Pedro Casas Serra Sáb 01 Ago 2020, 04:08

    .


    X

    He somiat amb Orfeu a la porta oberta de l’Ombra.
    Una absència d’espill ha devorat els meus ulls
    ebris encar de mirar-se en el maig turbulent de les coses,
    plens d’abocar sobre el cel tantes aurores del cor.
    Fou això: de sobte morir al present de puixança
    i redreçar-me enllà (oh immensament!) dels adéus,
    pur anhel tot jo i, secreta dins l’ànima, orella
    que la desperta i per on tota reviu en l’obscur.
    Tal com en mi jo havia trobat l’ambigua sendera,
    sola en el risc lunar de l’impensable profund,
    fins a vosaltres, déus inferiors, i a la vostra
    única certitud, dura acabant el meu pas,
    ara, nàufrag del meu vertical instant de caiguda
    -pedra i ocell sense vent- per l’absolut no-esperar,
    era girat a mi que escoltava créixer l’anunci
    de no sé quina mar interior, madurant
    lluny dins meu en illes d’encara impotent melodia;
    canvi o naixença –era igual: era una mar i el seu vent.
    Coses fosforescents, d’indistint murmuri, es badaven,
    càndides flors de la nit, entre l’onada i el buit,
    lentamente s’omplien del que elles eren, prenien
    brusques, nombre i espai i original horitzó.
    Tota una pueril Natura en elles semblava
    retrobà’ el seu respir, l’ordre flotant del seu joc,
    matinejà’ en els colors més nus de la seva esperança,
    coronar-se amb orgull innumerable del temps.
    Com et vaig reconèixer, memòria, perdut arxipèlag, cales,
    sagrats carreus, fonts i amansits animals!
    Tot quant havia per mi après l’oïda i, amb ella,
    com un començament, l’acte callat del seu fi,
    i ah inexplicable! tot quant, velada Eurídice, és únic
    dins el teu nom amb tu entre la mort i el meu cant,
    feia un reialme immens que tornava a la veu del seu príncep,
    una pàtria expectant, dolça del poble divers
    junt amb el qual havia cercat llargament la victòria;
    m’he exaltat essent, palmes! el pit del seu cant.
    No m’ha aturat amb el dubte de l’aigua negra l’immòbil
    blanc xiprer de l’oblit, meravellós a l’impur:
    em prenia la crida eternal de pura tendresa
    -la que l’exiliat sent de vegades, molt lluny,
    quan li sembla, i el puny, que la infància el plora, i el vespre
    l’acompanya amb el plany d’una campana innocent.
    Em prenia, però que absoluta! Com el que ens salva,
    súbit, des del cor més estranyat del perill;
    com l’amant que vol lliberar l’amada dispersa
    pel necessari mot i se l’enduu al desert;
    violentament obrint-me per dins en fontana
    viva de mi mateix –ull en la creu dels sentits,
    aigua fluida en l’instant que no fuig i que no la canvia,
    ésse’ i mirar-se donant, des de l’origen mirar
    fins a la fi del seu do, ¿és això la perenne promesa,
    pur Orfeu, i el corrent era abundant en el glop?
    ¿I el que infinitament tu lloares, mestre perfecte,
    era el preludi tan sols per a cad’ú –per a mi?
    ¿I l’incomptable que em fou, sabut a penes, creixença
    -noça inefable, enyor, rara visita en la nit-
    i el que m’afaiçonà, però sense mai acabar-me,
    com si llanguís amb les mans del qui somia voler,
    ara seria tot dins la suma límpida, cada
    cosa salvant-s’hi d’haver ai! estat sola i mortal?
    Déus fraterns! Així abeurat i inundat del meu propi
    pur retorn, he passat, ànima endins, cap a on sou,
    més enllà de la infància, vosaltres amb mi, en el somriure
    de la certesa, un sol fi: jo el gloriós instrument
    i vosaltres l’amor; i he entrat a conèixer-me, oh vida
    recomençada! en tu, com en l’impuls i el treball
    i l’aparent desacord, oh Presents! Vosaltres em vèieu,
    no en el meu fer, sinó ja en el meu signe perfet.
    I ara, en la dolçor que del somni em dura, ja estimo
    la memòria en la sang, presto l’orella i em veig
    arbre arrelat en el crit de la meravella passada,
    miro i em sento cant que obre la tofa en l’espai;
    i no és pap distret de l’extranya delícia, que penso
    en el xinès subtil, d’ànima ardent, que té els ulls
    fits en la cifra complexa del seu poema i l’abraça
    tot a cada instant mentre en deslliga els sons purs.


    X

    He soñado con Orfeo en la puerta abierta de la Sombra.
    Una ausencia de espejo ha devorado mis ojos
    ebrios de mirarse en el turbulento mayo de las cosas,
    llenos de verter sobre el cielo tantas auroras del corazón.
    Fue esto: morir de repente en el presente de pujanza
    y levantarme (¡oh inmensamente!) más allá de los adioses,
    todo yo puro anhelo y, secreto en el alma, oído
    que la despierta y por donde toda ella revive en lo oscuro.
    Igual que yo había encontrado en mí el misterioso sendero,
    solo, en el riesgo lunar de lo profundo impensable,
    hacia vosotros, dioses inferiores, y vuestra
    única certeza, dura desgastando mi paso,
    ahora, soy náufrago de mi vertical instante de caída
    —piedra y pájaro sin viento— por la absoluta desesperanza,
    se giraba hacia mí escuchando crecer el anuncio
    de no sé qué mar interior, madurando
    lejos dentro de mí en islas de una aún débil melodía;
    cambio o nacimiento —era igual: era un mar y su viento.
    Cosas fosforescentes, de idéntico murmullo, se abrían.
    Cándidas flores de la noche, entre el vacío y la ola,
    lentamente se llenaban de lo que ellas eran, tomaban
    mareas, número y espacio y original horizonte.
    Toda una infantil Naturaleza en ellas parecía
    reencontrar su aliento, el orden flotante de su juego,
    madrugar en los colores más desnudos de su esperanza,
    coronarse con el orgullo infinito del tiempo.
    ¡Cómo te reconocí, memoria, perdido archipiélago,
    calas, sagrados sillares, fuentes y mansos animales!
    Todo cuanto había aprendido por mí el oído y, con él,
    como un comienzo, el acto callado de su fin,
    y ¡ah inexplicable! velada Eurídice, todo cuanto es único
    en ti dentro de tu nombre entre mi canto y la muerte,
    construía un reino inmenso que regresaba a la voz de su príncipe,
    una patria esperada, dulce del diferente pueblo
    junto al que había buscado largamente la victoria;
    ¡palmas! me he elevado siendo el pecho de su canto.
    No me ha detenido con la duda del agua negra el inmóvil
    ciprés blanco del olvido, maravilloso en lo impuro:
    me tomaba la eterna llamada de pura ternura
    —la que el exiliado a veces oye, muy lejos,
    cuando siente que la infancia le llora, y el atardecer
    lo acompaña con el lamento de una inocente campana.
    Me tomaba, ¡absoluta! Como lo que nos salva,
    súbito, desde el corazón más profundo del peligro;
    como el amante que quiere liberar a la amada lejana
    con la palabra necesaria y se la lleva al desierto;
    violentamente floreciendo por dentro en fuente
    viva de mí mismo —ojo en la cruz de los sentidos,
    agua que fluye en el instante que no huye y no la cambia,
    existir y mirarse entregando, desde el origen mirar
    hasta el fin de su don, ¿es eso la perenne promesa,
    puro Orfeo, era abundante la corriente en el sorbo?
    ¿Y lo que infinitamente tú alababas, perfecto maestro,
    tan sólo era el preludio para cada uno —para mí?
    ¿Y lo que me fue incontable, apenas conocido, crecimiento,
    —boda inefable, nostalgia, extraña visita en la noche—
    y lo que me creará, pero sin nunca acabarme,
    como si languideciera con las manos del que sueña desear,
    ahora estaría todo en la límpida suma, cada
    cosa salvándose ¡ay! de haber sido mortal y solitaria?
    ¡Dioses fraternos! Así abrevado e inundado de mi propio
    puro retorno, he pasado, alma dentro, hacia donde estoy,
    más allá de la infancia, vosotros conmigo, en la sonrisa
    de la certeza, un solo fin: yo el glorioso instrumento
    y vosotros el amor; y he entrado a conocerme, ¡oh vida
    recomenzada! en ti, como en impulso y trabajo
    y aparente desacuerdo, ¡oh Presentes! vosotros me veíais,
    no en mi hacer, sino ya en mi perfecto signo.
    Y ahora, en la dulzura del sueño que me queda, amo
    en la sangre la memoria, escucho y me veo
    árbol arraigado en el grito de la pasada maravilla,
    miro y me siento canto que abre la espesura en el espacio;
    y no es olvidado de la extraña delicia, que pienso
    en el chino sutil, de alma ardiente, que tiene los ojos
    fijos en la compleja cifra de su poema y lo abraza
    todo a cada instante mientras deshila los sonidos más puros.


    .


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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville Empty Re: Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

    Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 02 Ago 2020, 02:44

    .


    XI

    Era en la llibertat i en el cel de la meva paraula,
    transfigurat pel déu que en els meus anys ha sofert;
    sota els meus ulls, la terra vivia per mi –com un rostre
    dins la diversitat de l’amorós pensament;
    entre la serra, que porta, mirada enllà, a la distància
    pura, camins ocults, serpentejants com desigs,
    i la ciutat dels Feliços que no conec ni em coneixen,
    alta en llur èter natal, més que les albes del risc,
    incomparable reia, fill gran de la meva puixança,
    el meu efímer vol. Ah! no temptat per l’engany
    esplendorós del foc que ens barra la nostra ventura,
    ni per l’atzur, oh divins indiferents! que no pot
    sostenir de nosaltres sinó el que en va se us assembla;
    no: ans perquè Algú, dintre de mi, on la nit
    brusca de vagues pors em combatia, s’havia
    tot de sobte estimat; amb el meu cor estremit
    violentament i virginal va estimar-se,
    com si em necessités per a conèixer-se en mi,
    per a plaure’s en mi i en la meva joia expandir-se
    i vessar-se en el vent, amb abundància de flor
    que dilapida el seu maig. Oh gran cor satisfet, oh més plena
    possessió de mi des de la idea d’un déu!
    Pur en el seu enigma, he cantat, segur que la flama
    que parlava per mi no tocaria el meu cos;
    i que l’ull absolut que a través del meu somni mirava
    no deixaria el cristall humiliat sobre el món.
    Sols l’inefable abús i creiximent l’un per l’altre
    dels perfectes amants fóra una imatge adient;
    com en cad’un es compensen i mutuament s’ultrapassen
    l’ànima i el subtil dolç instrument corporal.
    Jo amb el fast he pogut que el meu déu de mi desplegava
    del que de mi mateix ell em donava, he donat.
    Foren uns instants que jo comptaria per vida
    i per avenç d’això: ésse’ integrat en el fi;
    ja en mi mateix no pertànye’ a l’obscur destí de les coses
    ni al precari pols de la memòria en la sang.
    Dolça, ells esvaïts, la transparència me’n dura;
    que no en sabria dir seguretat ni record:
    tant m’és present la meva secreta figura salvada!
    com si des d’ara em veiés dintre la llum d’un mirall.
    Com l’apassionat, que entre dues tanques fa via
    per la vall vesprejant, deixa endarrera el seu pas
    i omple els seus ulls asservits en el pensament de l’encontre
    i s’acompanya ja de l’abraçada i la veu,
    ara, jo, tornat a l’exili on callen les coses,
    on es mesura el temps pel que s’espera tan sols,
    pujo per retrobar el qui és jo mateix i madura,
    únic, de mi mateix i del meu déu salvador,
    i en l’impuls consentit cap a l’harmonia fixada,
    dins la posta que em venç creo l’aurora brillant.
    Res no pot ser com abans. Comprenc, més enllà del silenci
    i ah! més enllà del meu cor, que l’invisible Vivent
    que es coronà de mi i del meu crit gloriós, no em va prendre
    com un alberg de pas per al seu goig foraster;
    ans havia en mi renascut del seu cel, amb el germen
    més preservat del meu cast fantasieig pueril,
    i en els meus anys de fruit, profund, completava el meu compte
    de sofriment terrenal amb el seu propi diví;
    fins que tot fos amor. I de sobte em mostrà què seria.
    El que, però, ja és, basta al meu cant i al meu do.
    És la certesa. Aquesta: saber, sense pes, en la vetlla
    dura del pensament i en la llangor de l’oblit,
    què ha de ser pels origens. Saber-nos, jo i Qui no em deixa,
    fills tots dos de la pau, en la discòrdia engendrats
    contra la Indiferència, absent atzur, oh immutables!
    home entre els homes jo, déu contra els déus el meu Déu!


    XI

    Estaba en la libertad y en el cielo de mi palabra,
    transfigurado por el dios que ha sufrido en mis años;
    bajo mis ojos, por mí vivía la tierra —como un rostro
    en la diversidad del amoroso pensamiento;
    entre la sierra que lleva, mirada lejana, en la distancia
    pura, caminos ocultos, serpenteantes como deseos,
    y la ciudad de los Felices que no conozco ni me conocen,
    alta en su éter natal, más que las auroras del riesgo,
    reía como ninguna, hijo mayor de mi fuerza,
    mi efímero vuelo. ¡Ah! No tentado por el engaño
    esplendoroso del fuego que vuestra ventura atraviesa,
    ni por el azur, ¡oh indiferentes divinidades! que no puede
    sostener de nosotros sino lo que en vano se os asemeja.
    No, antes porque Alguien, dentro de mí, donde la noche
    brusca de vagos temores me combatía, de repente
    se había amado; con mi corazón violentamente
    estremecido y virginal se amó,
    como si me necesitase para en mí reconocerse,
    para complacerse en mí y expandirse en mi gozo
    y derramarse en el viento, con abundancia de flor
    que malgasta su mayo. ¡Oh gran corazón satisfecho, oh más repleta
    posesión de mí desde la idea de un dios!
    He cantado, puro en mi enigma, seguro de que la llama
    que por mí hablaba no tocaría mi cuerpo;
    y que el ojo absoluto que a través de mi sueño miraba
    no dejaría el cristal humillado sobre el mundo.
    Sólo el inefable abuso y crecimiento del uno en el otro
    fuese una adecuada imagen de los perfectos amantes;
    como en cada uno se compensan y mutuamente sobrepasan
    el alma y el sutil dulce instrumento corporal.
    Yo con el fasto que mi dios de mí desplegaba he podido;
    de lo que de mí mismo él me daba, he dado.
    Fueron unos instantes que yo contaría como vida
    y antes de eso: ser integrado en el fin;
    no pertenecer dentro de mí al oscuro destino de las cosas
    ni al pobre pulso de la memoria en la sangre.
    ¡Desvanecidos ellos, la dulce transparencia permanece;
    y no sabría decir seguridad ni recuerdo:
    me es igual de presente mi secreta figura salvada!
    Como si desde ahora me viera dentro de la luz de un espejo.
    Como el enamorado, que entre dos cercas hace camino
    por el valle atardecido, deja atrás su paso
    y llena sus ojos sometidos en el pensamiento del encuentro
    y se acompaña ya del abrazo y la voz,
    ahora yo, regresado al exilio donde callan las cosas,
    donde se mide el tiempo por lo que tan sólo se espera,
    subo para encontrar a quien es yo mismo y madura,
    único, de mí mismo y de mi dios salvador,
    y en el impulso consentido hacia la armonía fijada,
    creo la aurora brillante en el atardecer que me vence.
    Nada puede ser como antes. Comprendo, más allá del silencio
    y ¡ah! más allá de mi corazón, que el invisible Viviente
    que se coronó en mí y mi grito glorioso, no me tomó
    como un albergue de paso para su gozo extranjero;
    sino que en mí había renacido de su cielo, con el germen
    más protegido de mi pura fantasía infantil,
    y en mis años de profunda alegría, completaba mi cuenta
    de terrenal sufrimiento con su propia divinidad;
    hasta que todo fuese amor. Y súbitamente me enseñó qué sería.
    Sin embargo, basta a mi canto y mi don lo que ya existe.
    Es la certeza. Esta: conocer, sin peso, en la vigilia
    dura del pensamiento y en la languidez del olvido,
    qué ha de existir desde el origen. Sabernos, yo y Quien no me abandona,
    hijos ambos de la paz, en discordia engendrados
    contra la Indiferencia, azur ausente, ¡oh inmutables!
    ¡hombre entre los hombres yo, dios contra los dioses mi Dios!


    .


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    Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville Empty Re: Carles Riba (1893-1959): Elegías de Bierville

    Mensaje por Pedro Casas Serra Lun 03 Ago 2020, 03:44

    .


    ENDREÇA

    Sota la noble expandida tendresa dels arbres de França,
    consirós vora el curs just i fidel dels seus rius,
    he volgut dona’ a l’abundància del cor una antiga
    regla que l’acordés amb el pudor de la veu.
    Arribareu sense mi a la pàtria expectant, elegies:
    de dolor a dolor la impaciència us empeny.
    Èrato, més continguda, perdona l’estrany, si l’onada
    ara i adés ha saltat sobre els teus nombres severs.


    DEDICATORIA

    Bajo la extensa y noble ternura de los árboles de Francia,
    pensativo junto al curso fiel y exacto de sus ríos,
    he querido entregar a la abundancia del corazón una antigua
    costumbre que la hermanara con el pudor de la voz.
    Llegaréis sin mí a la patria que espera, elegías:
    de dolor a dolor la impaciencia os empuja.
    Érato, más contenida, perdona al extraño, si la ola
    a veces y ahora ha saltado sobre tus números severos.


    Carles Riba
    (Versión de Marta López Villar)


    ,


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