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Comentario del poema “Hubo un tiempo” de Pedro Casas Serra, por Juliana Mediavilla Pablo

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Pedro Casas Serra
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Comentario del poema “Hubo un tiempo” de Pedro Casas Serra, por Juliana Mediavilla Pablo

Mensaje por Pedro Casas Serra el Mar 09 Ene 2018, 14:12

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HUBO UN TIEMPO

Hubo un tiempo que fui León.
Poseía un gran territorio.
Al atardecer, cuando iba de caza,
no había animal que se me enfrentase,
al oír mi rugido, todos
se echaban a temblar.
- Creedme, hubo ese tiempo.

Hubo un tiempo que fui Águila.
Me elevaba sobre los campos
-pequeño punto al sol-
y nada se ocultaba a mi vista.
Y ante una presa, bajaba veloz
para llevarla con mis garras.
- Creedme, hubo ese tiempo.

Hubo un tiempo que fui Tiburón.
Recorría con elegancia los mares
y, si quería, con gran rapidez.
Con mis historias se asustaba a los niños
y los bañistas se aterrorizaban
a la vista de mi aleta.
- Creedme, hubo ese tiempo.

Hubo un tiempo que fui Hombre.
Calzado con mis botas,
antes de que saliera el sol,
iniciaba la marcha.
No había obstáculo que me detuviera y,
al llegar a la cima,
con el corazón aún alterado golpeando mi pecho,
contemplaba la belleza del mundo.
- Creedme, hubo ese tiempo.

Pedro Casas Serra


Comentario del poema “Hubo un tiempo” de Pedro Casas Serra


Poema escrito en primera persona en el que se nos habla simbólicamente de diferentes etapas de la vida, esplendorosas o poderosas. Es desde la pérdida de ese esplendor o plenitud desde la que habla el poeta que, aunque no se cite, queda recogida en la expresión “Hubo un tiempo”, que sirve de título y abre cada una de las estrofas.

Podríamos establecer una división temática ateniéndonos a la misma división formal: así en la primera estrofa el símbolo sería el León, que se nos describe como animal dominante y temido en su hábitat (tierra). En la segunda estrofa el símbolo es el Águila, se nos presenta majestuosa y veloz (aire). En la tercera estrofa el elemento simbólico es el Tiburón, se hace hincapié en su elegancia, en su rapidez, pero en particular, en el temor que despierta (agua). En la cuarta y última estrofa, que incluye dos versos más que las anteriores, y es la más significativa, aparece el Hombre, a pesar de que no se esconde detrás de ningún símbolo, coincide con los demás en el esplendor, es decir, nos muestra al hombre en toda su plenitud y felicidad mediante su comunión con la Naturaleza: “…al llegar a la cima/ con el corazón aún alterado golpeando mi pecho,/contemplaba la belleza del mundo/”.

Poema de 30 versos repartidos en cuatro estrofas de 7, 7, 7 y 9 versos respectivamente. Es un poema polimétrico, con versos que van de las 7 a las 18 sílabas, quizá el más frecuente es el eneasílabo. Los versos no son blancos porque no se ajustan a una combinatoria métrica determinada. Aunque con la suficiente distancia entre sí, encontramos varias asonancias, las más notables serían la –ó y la –á-a. Dada su polimetría y su marcada simetría estructural, podemos hablar de un poema escrito en verso libre.

Los recursos más importantes son las anáforas, que no se ciñen a un solo elemento, sino que recogen una expresión, una locución temporal “Hubo un tiempo”, con la que se encabeza cada estrofa y un verso entero que la cierra:” -Creedme, hubo ese tiempo.” El verso de cierre está dirigido a una segunda persona del plural, mediante el imperativo “Creedme”, que tiene más un valor de ruego o súplica, va además encabezado por un guión de diálogo y agrega emotividad al poema, acercándonos al yo lírico y también a esa sensación de pérdida o dolor que respira el poema.

Estas repeticiones forman a su vez paralelismos y no son sólo elementos estructurales, sino también rítmicos.

Cada una de las estrofas incluye una descripción de los elementos citados y se introducen a su vez con un verbo en pretérito imperfecto: fui León…poseía/fui Águila…me elevaba/fui Tiburón…recorría. En el caso de la última estrofa, dos versos más larga, este verbo se encuentra en el tercer verso de la descripción, después del circunstancial: fui hombre…iniciaba la marcha.

En las descripciones el lenguaje no es retórico, es más bien coloquial, aunque encontramos alguna imagen poética como “-pequeño punto de sol-“o los últimos versos de la última estrofa: “con el corazón aún alterado golpeando mi pecho/contemplaba la belleza del mundo”.

Salvo en la estrofa tercera, también podemos observar la presencia de una frase negativa que exalta el poder o el esplendor: “no había animal que se me enfrentase” (León), “Y nada se ocultaba a mi vista” (Águila) “No había obstáculo que me detuviera” (Hombre).

Los campos semánticos giran en torno al dominio o liderazgo de los animales que se describen y en el temor-terror que despiertan:

Caza-rugido-temblar-presa-garras- asustaba-aterrorizaban.

Aparecen también los elementos de la Naturaleza: tierra, aire y mar, sublimados desde la descripción del hombre: sol- cima- belleza del mundo.

Poema reflexivo que nos presenta mediante un lenguaje simbólico diferentes periodos de la vida. El poeta quiere dejar constancia de esas etapas haciendo hincapié en su esplendor como ser humano. Parece estar escrito desde la derrota de un presente que no se cita pero que se intuye tras ese reiterado y triste “hubo un tiempo” y el apelativo del verso de cierre: “Creedme, hubo ese tiempo”

Observaciones:

Dada la regularidad estructural, en el poema hubiera encajado mejor el verso blanco, con idéntica combinación en las estrofas. El poema hubiera ganado en ritmo.

Las descripciones, sin abandonar ese lenguaje sencillo, se podrían haber potenciado poéticamente mediante recursos como esa metáfora que “ilumina” la tercera estrofa: -“-pequeño punto al sol-“

Juliana Mediavilla Pablo

Taller de comentario de textos poéticos. Grupo Metáfora, Febrero de 2011


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