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“Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

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Pedro Casas Serra
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“Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Jue 16 Oct 2014, 11:31

.


Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010.

El uso de los signos de puntuación. (extractos)



EL USO DE LOS SIGNOS DE PUNTUACIÓN (pág. 221)


   Los signos de puntuación nos sirven para organizar la lógica del discurso estructurándolo primero en párrafos, a través de los puntos y aparte. Y los contenidos de la propia oración a través de la coma, el punto y coma, los dos puntos, los signos de interrogación, exclamaciones, paréntesis, comillas, etc.

    A través de los signos de puntuación, tratamos de reproducir la entonación en el discurso que realizamos de forma inconsciente cuando hablamos. Lo que hacemos al escribir es sustituir las modulaciones e inflexiones de voz con las que transmitimos al oyente el mensaje de haber acabado o de no hablar, de haber concluido o no concluido la expresión de una idea a través de una oración, o de estar incluyendo matices circunstanciales, reflexivos o enfáticos en la propia oración.

    A través de los signos de puntuación, tratamos de reflejar con la escritura, las modalidades básicas de la comunicación enunciativa, interrogativa o exhortativa, según estemos transmitiendo una idea, solicitando una información del oyente, tratando de influir en la conducta del mismo o expresando nuestro propio estado de ánimo como emisores del mensaje -miedo, duda, rabia, sorpresa, etc.

    Cuando hablamos, no somos conscientes de estar transmitiendo toda esta información a través de una melodía, de una forma peculiar de entonar y modular nuestra voz, elevando y bajando el tono hasta formar curvas bien definidas que el oyente interpreta también de forma inconsciente. Los signos de puntuación hacen consciente este uso y lo trasladan gráficamente a la lengua escrita. Para ello, disponemos de un número de signos limitado que son los que vamos a tratar de analizar a continuación.

    Su aprendizaje es imprescindible para alcanzar una buena capacidad de expresión, pero también resulta más lento y complicado por la reflexión necesaria para su sistematización. Deberíamos trabajar desde las primeras etapas del aprendizaje en los signos básicos procurando la limpieza sintáctica de las construcciones elaboradas por los escolares. Es decir, la mayor dificultad que encontramos en las etapas elementales es que el hablante limite sus enunciados construyendo oraciones primero simples y luego complejas. El mensaje oral es un todo continuo, por eso, cuando pedimos a un niño que escriba una redacción, suele escribir todo lo que se le va ocurriendo sin usar ni un punto ni una coma. El primer paso debe ser, pues, enseñar a estructurar los escritos mediante oraciones simples separadas por puntos y seguidos. A continuación, notamos como los nexos coordinados, especialmente copulativos y adversativos, se usan con muchísima profusión: resulta normal porque son las primeras conjunciones que se aprenden y resultan las más eficaces para añadir unas ideas sobre otras y para expresar la contradicción y frustración frente a la realidad. Limitando este uso, poco a poco, debemos ampliar a través de la lectura comentada y reflexiva, pero también de ejercicios prácticos concretos, los recursos sintácticos del usuario para enriquecer y matizar su capacidad de expresar ideas. Una tercera etapa sería la introducción de elementos expresivos en la redacción -signos de exclamación, interrogaciones, paréntesis, vocativos, etc.-. Lamentablemente, el tiempo y la dificultad de corrección individualizada, impide un mejor desarrollo de estas capacidades en las etapas de aprendizaje escolar.


1. USO DE LOS ESPACIOS DE SEPARACIÓN
CON LOS SIGNOS DE PUNTUACIÓN


    Los usamos pegados a la palabra que siguen, es decir sin dejar espacio entre la última palabra y el signo de puntuación. La palabra siguiente al signo la anotaremos dejando un espacio de separación tal como acabamos de hacer en este mismo párrafo.

    Los signos dobles (de interrogación, de exclamación, paréntesis, corchetes, raya y comillas), en el signo de apertura, se separan con un espacio de la palabra o signo al que siguen; y escribimos la palabra siguiente a continuación y sin espacio. Así:

Y entonces preguntó: ¿Sabes a dónde vas?

    En este caso hemos separado el signo de apertura de los dos puntos anteriores por un espacio. Asimismo, la primera palabra después del signo de apertura de la interrogación, “sabes”, se ha situado inmediatamente detrás del signo, sin espacio intermedio.

    En cambio, los signos de cierre los colocamos inmediatamente detrás de la última palabra sin que medie espacio, como podemos observar en el ejemplo anterior, en el que el signo de cierre “?” aparece inmediatamente detrás de “vas”.

    Si lo que sigue a continuación es una palabra, dejaremos un espacio de separación. Por ejemplo:

El poeta (Antonio Machado) dijo que...  

    Observa cómo hemos colocado el signo de cierre de paréntesis inmediatamente detrás de la última palabra, “Machado”, y que hemos separado la palabra inmediata al signo de cierre de paréntesis, “dijo”, con un espacio.

    En cambio, si lo que sigue es un signo de puntuación, lo situamos inmediatamente detrás del signo de cierre. Por ejemplo:

Me preguntó: “¿Vas a venir?”

    Observa como el signo de cierre de la interrogación se ha situado inmediatamente detrás de la última palabra sin espacio intermedio. Lo mismo hemos hecho con las comillas respecto al signo de cierre de la interrogación.


2. CLASE DE SIGNOS DE PUNTUACIÓN
Y REGLAS DE USO


    A continuación iremos tratando las reglas que rigen el empleo de los distintos signos de puntuación, empezando por los que usamos de forma más constante: el punto (.), la coma (,), el punto y coma (Wink, los dos puntos (Smile, los puntos suspensivos (…), los signos de interrogación (¿?), los signos de admiración (¡!), los signos de paréntesis (( )), los corchetes, la raya ( - ) y las comillas (“ “).


EL PUNTO (.):


    En la redacción, usamos tres clases de punto: el punto y seguido, el punto y aparte y el punto y  final.

    Usamos el “punto y seguido” para separar oraciones gramaticales en el interior de un mismo párrafo. El párrafo es una unidad textual superior a la oración. Supone una unidad de intención de comunicación. Las oraciones que en él aparecen guardan entre sí relación semántica (en cuanto al significado): pueden tener una relación de continuidad en el tiempo (por ejemplo, en una narración donde contamos acciones que se suceden unas a otras), o una relación de continuidad en el espacio (por ejemplo, en una descripción para separar cada una de las partes descritas), o una relación lógica (por ejemplo, en una argumentación, en el análisis de una perspectiva concreta). En cualquiera de los casos, el punto expresa una pausa de entonación precedida de un descenso en el tono (más o menos brusco según sea la oración exclamativa o enunciativa) o de una elevación en el tono (ascendente o levemente descendente según sea interrogativa total o parcial) que hace comprender al oyente que hemos concluido una estructura gramatical y comenzamos una nueva.

    El punto y seguido debe usarse con frecuencia porque estructura la sintaxis y la intención lógica del discurso. Se debe vencer la tentación de acumular coordinaciones sobre subordinaciones construyendo oraciones excesivamente largas que suelen generar dificultad en la comprensión y, con frecuencia, ambigüedad cuando los elementos anafóricos (determinantes y pronombres) no se usan con precisión, lo que suele suceder habitualmente.

    Al cambiar de párrafo, continuamos con el mismo tema. El párrafo que sigue, como ocurría con las oraciones, guardará una relación lógica con el contenido del párrafo anterior y con el del siguiente, de ahí que hablemos de sintaxis de los párrafos. De hecho, a veces, los párrafos aparecen encabezados por conjunciones o locuciones conjuntivas que expresan de forma inequívoca esta relación (podemos cambiar de asunto, o seguir con el mismo pero cambiando la perspectiva, o introducir una matización extensa de lo expuesto en el párrafo anterior, etc.) Cuando hemos acabado de expresar una idea completa, matizada y queramos pasar a otra que amplía, restringe
o cambia la perspectiva de enfoque de lo que venimos expresando, debemos cambiar de párrafo. Entonces utilizaremos el “punto y aparte”. Al cambiar de párrafo, deberemos ampliar el espacio interlineal para que sea algo superior al que venimos usando entre las líneas del mismo párrafo. Y dejaremos sangría, esto es, la primera palabra que inicia el nuevo párrafo se escribirá de tres a cinco espacios dentro de la línea, dejando así un espacio superior en el margen izquierdo al del resto de las líneas del mismo párrafo.

    Cuando hemos expresado de forma completa y precisa lo que queremos decir, y no tenemos intención de añadir nada más, cerramos el escrito con el “punto y final”.

     En resumen:

    PUNTO Y SEGUIDO: es el que usamos para separar las oraciones dentro de un mismo párrafo. Se sitúa inmediatamente detrás de la palabra a la que sigue y con un espacio de separación con la palabra siguiente.

    PUNTO Y APARTE: es el que usamos para separar párrafos. La palabra siguiente se escribe en otra línea sangrada y separada por un espacio más de los que estemos usando en el interior del párrafo.

    PUNTO Y FINAL: es el que usamos para terminar un escrito.


OTROS USOS DEL PUNTO:


    Usamos el punto detrás de las abreviaturas. Por ejemplo: “pág.” (Página), “admón.” (Administración), “avda.” (Avenida), “Sr.” (señor), etc.

    EXCEPCIÓN: No se usa el punto detrás de las abreviaturas con las que designamos los símbolos químicos, las unidades de medida y los puntos cardinales. Por ejemplo: “kg” (kilogramo), “N” (Norte), “Na” (sodio), “km” (kilómetro), etc.

    Cuando la abreviatura lleva una letrilla volada, primero se coloca el punto y detrás la letra volada. Por ejemplo: “n.º”, “D.ª”, “V.º”, “B.º”, etc.

    Si la abreviatura se usa con barra inclinada al final, no se usa el punto. Por ejemplo: “C/ Deanes n.º 14”.

    Podemos usar el punto en expresiones matemáticas para significar la multiplicación. Por ejemplo: 5 . 2 = 10 (en este uso alterna con el signo “x”).

    Podemos usar el punto para separar la cifra que representa la hora de aquella que representa los minutos en una expresión horaria. Por ejemplo: 12.30, 18.45 h., etc. (en este uso alterna con los dos puntos “:”).

    Podemos usar el punto para separar los números enteros de los decimales en la expresión de los números. Por ejemplo: “El valor de Pi es 3.416” (en este uso alterna con la coma “,”.


USOS INCORRECTOS DEL PUNTO


   Al anotar los años, no separaremos los millares de las centenas por un punto: escribiremos los números seguidos, sin separación. Por ejemplo: 2.009 (incorrecto), 2009 (correcto).

    No se usa el punto para separar millares de centenas al anotar la numeración de páginas, artículos o leyes. Por ejemplo: Pág. 1.134 = incorrecto, Real Decreto 1.002/1.986 (incorrecto). Pág. 1134 = correcto, Real Decreto 1002/1986 (correcto).

    Cuando se cita el título de una obra, éste se escribirá con mayúscula inicial y no finalizará con un punto porque funciona como si de una sola palabra se tratase.

    Si estamos escribiendo a mano o a máquina de escribir, subrayaremos el título; si estamos escribiendo en ordenador usaremos otro tipo de letra, normalmente la inclinada para escribir el título completo. Solo la letra inicial del título se escribirá en mayúscula y ninguna otra palabra en el interior del título se usará en mayúscula salvo que le corresponda por si misma -por ser nombre propio, sería un caso. Por ejemplo: La obra Las ratas, de Miguel Delibes pertenece a su... (incorrecto), La obra Las ratas de Miguel Delibes pertenece a su... (correcto).


REFLEXIONES FINALES
SOBRE EL USO DEL PUNTO


    El punto es la primera clave de una buena redacción y debemos esforzarnos en usarlo con frecuencia en nuestros escritos. Ya hemos dicho que, instintivamente, tendemos a acumular la información cuando escribimos y esto por dos causas: la primera es que pensamos a más velocidad de lo que somos capaces de escribir, por lo que cuando estamos anotando una idea ya tenemos su desarrollo en nuestra mente y tendemos a agruparlo con lo que tenemos escrito por acumulación; la segunda, es que con frecuencia, a medida que vamos escribiendo, las ideas expresadas atraen a nuestra mente otras ideas relacionadas que introducimos al hilo del escrito. Estas matizaciones suelen expresarse mediante subordinaciones o incisos separados por comas o sin pausa de separación. El resultado es confuso.

    Es recomendable:

    1) Hacer un esquema previo al desarrollo de nuestro escrito. Perder un minuto antes de empezar a escribir para pensar qué queremos decir, con qué idea vamos a empezar y con cuál vamos a terminar, mejorará siempre la coherencia de nuestra redacción (incluso los grandes genios hacen bocetos antes de pintar un cuadro).

    2) Organizar nuestro escrito en párrafos que no sean ni muy amplios (no recomiendo más de quince líneas) ni excesivamente cortos (no recomiendo menos de ocho líneas). Si empezamos a escribir y observamos que llevamos una carilla de folio sin poner un punto y aparte, nos estamos equivocando. Es muy probable que haya un fallo de estructura y, en cualquier caso, dificultará la comprensión o el acercamiento del lector al contenido de nuestro escrito. Si miramos el escrito y observamos una sucesión de párrafos de dos o tres líneas, no estamos redactando, estamos haciendo un esquema.

3) Dentro de los párrafos, usar el punto y seguido con frecuencia procurando evitar oraciones excesivamente largas (no recomiendo más de tres verbos conjugados por oración entre punto y punto). La falta de puntos en un párrafo suele deberse a la acumulación de ideas por atracción y, con frecuencia, provoca errores de coordinación, concordancia y coherencia.


(continuará)


.


Última edición por Pedro Casas Serra el Mar 21 Oct 2014, 04:35, editado 3 veces


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por cecilia gargantini el Jue 16 Oct 2014, 16:26

Muy bueno, querido Pedro, el aporte!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
Besosssssssssssss y graciassssssssssss
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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Maria Lua el Sáb 18 Oct 2014, 21:46

Excelente, este “Manual de ortografía y redacción”...
Gracias, amigo Pedro
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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Lluvia Abril el Dom 19 Oct 2014, 02:32

Pues gracias, querido Pedro. Parece que no tiene importancia, y claro que la tiene, y mucho.
Me hace falta tomar nota, sí, lo confieso.

Continuaré por aquí.

Besos.


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Dom 19 Oct 2014, 14:29

Cecilia, María, Lluvia: Gracias por vuestro interés. Todos somos alumnos cuando se trata de escribir mejor.

Un abrazo.


...................



“Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010.

El uso de los signos de puntuación. (extractos)




LA COMA (,):

La coma representa una pausa menor en la entonación. Al usarla, mantenemos la entonación abierta, en suspenso, lo que hace comprender al oyente que la oración gramatical aún no ha concluido, y que lo que sigue debe entenderse como parte integrante del enunciado. Su uso es muy variado, como lo es la gama de inflexiones que podemos realizar con nuestro tono de voz en una conversación. Nos sirve, en general, tanto para separar entre sí las oraciones compuestas que integran una misma oración, como para facilitar al oyente la interpretación del enunciado diferenciando elementos, funciones o planos del discurso en la estructura de la oración simple. Vamos a separar estos dos usos para estudiarlo con más claridad.


A: PARA MARCAR, POR LA ENTONACIÓN, EL
LÍMITE ENTRE LAS ORACIONES COMPUESTAS:

    La coma, por si misma, no separa oraciones a diferencia del punto. Pero cuando las oraciones guardan relación lógica o sintáctica entre sí y su extensión no es excesiva, podemos y, a veces, debemos usar la coma para señalar su separación y así facilitar al oyente una mejor comprensión de la estructura sintáctica de lo comunicado: estamos hablando de oraciones yuxtapuestas, coordinadas o subordinadas. En concreto, podemos señalar los siguientes casos:

    Usamos la coma para separar oraciones yuxtapuestas, es decir, aquellas entre las que no hay nexos de relación pero sentimos trabadas en su sentido lógico. Por ejemplo:

    Llegué, vi, vencí.

    En oraciones de cierta extensión, en general, usamos la coma delante del nexo de relación coordinado o subordinado. Por ejemplo:

    Me quedaré esta tarde en casa viendo la televisión, porque no tengo dinero para ir al cine (subordinada causal).

    Hemos discutido acaloradamente por una tontería, y no sé qué hacer (coordinadas copulativas).

    En particular, los nexos coordinados explicativos (“esto es”, “es decir”, “o sea”, “mejor dicho”, etc.) siempre van entre comas. Por ejemplo:

    Realizaré un plan de mejora, es decir, estudiaré cómo superar los actuales rendimientos.

    Se suele usar coma delante de los nexos coordinados adversativos (“pero”, “aunque”, “sin embargo”, “no obstante”, “mas”, “sino”, etc.). Entre coordinadas adversativas, la coma es obligada en oraciones de cierta extensión. Por ejemplo:

    Había visto todas las películas de Antonio Banderas desde sus inicios, pero aquella logró sorprenderlo.

    El objetivo de la LOE era mejorar la calidad en la educación, sin embargo sigue aumentando el fracaso escolar.

    En oraciones cortas, el uso de la coma es innecesario. Por ejemplo:

    Soy bueno pero no tonto.

    El uso de la coma es especialmente frecuente delante de los  nexos coordinados ilativos (“luego”, “por lo tanto”, “por consiguiente”, “en consecuencia”, etc.). Por ejemplo:

    Hay mucho que hacer hoy en la oficina, por lo tanto deja de hacer el vago.

    La oración subordinada condicional (“si”, “a condición de que”, estructura de gerundio, participio, etc.) suele ir antepuesta; en estos casos, se separará de la principal, pospuesta, por una coma. Por ejemplo:

    Si me llamara de nuevo (Or. Sub. Cond.), no dudaría en acudir en su auxilio (Or. Principal).

    Un grupo especial es el constituido por las construcciones que llamamos absolutas, en las que un infinitivo, un gerundio o un participio adquieren valores de predicado. Estas construcciones toman con frecuencia valores condicionales, por ejemplo:

    Se ser cierto, tendríamos que salir mañana (= si fuera cierto).

    Llegarías antes subiendo por las escaleras (= si subieras...).

    El animal, tratado con respeto, era dócil (= si se trataba...).

    En estos casos, cuando la construcción absoluta se antepone en la oración, el uso de la coma es obligado. Si aparece pospuesto y la extensión de la frase no lo obliga, incluso aislado y sin complementos, el uso de la coma otorga al gerundio o participio cierto valor expresivo, por ejemplo:

    Ella alzaba los ojos y movía la cabeza, denegando,

    Cuando la extensión de la oración lo impide, separamos con coma las oraciones subordinadas de causa (“porque”, “pues”, “a causa de que”, etc.) de su principal. Por ejemplo:

    No tenía la más mínima posibilidad de irse de vacaciones, porque se había gastado todo lo que le quedaba.

    En oraciones yuxtapuestas, la coma delante del nexo que introduce la última oración, significa que la relación lógica la establece con todo lo anterior y no solo con la oración precedente. Por ejemplo:

    Se compraron dos pares de zapatos, almorzaron en un buen restaurante, se tomaron tres copas, y se quedaron en la gloria.


B: PARA MARCAR LA ORGANIZACIÓN INTERNA
DE LOS ELEMENTOS DE UNA MISMA ORACIÓN:

   Normalmente, colocamos  los elementos oracionales en un orden habitual. El sujeto encabeza la oración; después se sitúa el verbo, núcleo del predicado; a continuación el complemento base según la naturaleza del verbo (atributo, complemento directo o complemento régimen); después, el complemento indirecto si lo hay; y, por último, los complementos circunstanciales sin que haya entre ellos un orden necesario. Dentro del sintagma nominal, el adjetivo va detrás del nombre, y se sitúa delante solo si es explicativo, mientras que el complemento del nombre siempre se sitúa detrás del nombre al que se refiere. La siguiente oración estaría organizada siguiendo este esquema lógico:

    “Juan (sujeto) se compró (verbo) un coche (Compl. Directo) ayer ((Compl. Circ. De tiempo) en Córdoba (Compl. Circ. De lugar) para su negocio (Compl. Circ. De finalidad)”.

    Alteración del orden oracional. Cuando alteramos el orden lógico y desplazamos cualquier elemento en la oración, el elemento desplazado se puede o debe separar del resto de la oración por comas. Esta norma es más exigible cuanto más larga sea la oración. Observemos:

    1: Compré (V.) el libro de Torrente Ballester (CD. Pospuesto) en un viaje a Madrid. / El libro de Torrente Ballester (CD. Antepuesto), lo compré en un viaje a Madrid.

    2: No acudiré (V.) a la concentración de Madrid (CC. Lugar) por estas y otras razones (CC. Causa). / Por estas y otras razones (CC. Causa antepuesto), no acudiré a la concentración de Madrid.

    3: El cocinero (Suj.) trinchó (V.) el pavo (CD.) con un cuchillo de sierra (CC. Modo) en un santiamén (CC. Modo). / El cocinero, con un cuchillo de sierra (CC. Modo entre el sujeto y el verbo núcleo del predicado), trinchó el pavo en un santiamén.

    4: Los excursionistas que fueron a Hornachuelos (Suj.) vieron (V.) una manada de ciervos (CD.) abrevando en un arroyo (CC. Modo) desde el mismo camino (CC. Lugar). / Los excursionistas que fueron a Hornachuelos vieron, desde el mismo camino (CC. Lugar entre el verbo núcleo del predicado y el complemento directo), una manada de ciervos abrevando en un arroyo.

    En cambio, no es de aplicación cuando la frase es tan breve que no requiere pausa alguna. Por ejemplo:

    “El martes nos vemos” (CC. Tiempo antepuesto).

    La regla, podríamos enunciarla así:

    Cuando se altera el orden lógico oracional, el elemento desplazado o antepuesto se encierra entre comas. Por ejemplo:

    Mañana, ven temprano para aprovechar el tiempo. ((CC. Tiempo antepuesto).

    Enumeraciones. Cuando realizamos una enumeración, los elementos se separan entre comas excepto los dos últimos si se inserta entre ellos una conjunción coordinada copulativa (“y”, “e”, “ni”) o una disyuntiva (“o”, “u” u “o bien”) señalando así que se trata de una enumeración cerrada; o bien, separamos todos y cada uno de los elementos enumerados por comas cuando ésta finaliza por etcétera o puntos suspensivos, señalando así que la enumeración queda abierta. Hemos de considerar que los elementos enumerados pertenecen a la misma categoría gramatical y aparecen en la oración desempeñando la misma función, o sea, podemos realizar una enumeración de sustantivos (“Juan, Pedro, María y Begoña acudieron a la reunión”) o de adjetivos (“El muchacho era alto, fuerte, moreno y patizambo”), de Sintagmas nominales (“Un huevo, un poco de sal, un tenedor, un plato y una sartén es cuanto se necesita para hacer una tortilla”), de Complementos Preposicionales (“Con tesón, con constancia y con educación se llega a todas partes”) o, incluso, de verbos (“Canta, ríe, baila y llora, pero vive”).

    La regla, podemos enunciarla así:

    Se separan por comas los miembros de una enumeración, salvo los dos últimos cuando entre ellos haya una conjunción copulativa o disyuntiva. Por ejemplo:

    Me encontré un anillo, un reloj, una cartera y una pulsera.

    Verbo elíptico. A veces, sobreentendemos el verbo porque resulta evidente o por dar una sensación de rapidez o nerviosismo. Cuando esto sucede, usamos la coma en el lugar que le correspondería al verbo omitido. Por ejemplo:

    Almudena era una buena estudiante y Rocío, una descuidada.

    Pedro tenía una buena justificación para no hacerlo; pero Juan, (no tenía) ninguna.

   Debemos considerar dentro de este uso, los adverbios de afirmación o negación con los que encabezamos una respuesta a una pregunta previa, separándolos de la oración siguiente por coma. Por ejemplo:

    ¿Quieres venir al cine?
    Sí (quiero), hace tiempo que no voy al cine. / No (quiero), fui ayer.

    Podemos redactar la norma así:

    Cuando omitimos un verbo, ponemos coma en su lugar. Por ejemplo:

    Tú tienes veinticinco años y yo, (tengo) veintitrés.

    Ordenadores del discurso. En otras ocasiones, al principio de un párrafo o detrás de un punto y seguido, usamos conjunciones o locuciones conjuntivas. Estas conjunciones no tienen valor de nexos oracionales, sino que establecen la relación lógica textual entre lo que venimos diciendo en todo lo anterior, y lo que vamos a decir a continuación. Los más frecuentes son los que establecen una relación adversativas (“No obstante”, “sin embargo”, “pero”, etc.), y consecutiva (“por consiguiente”, “por lo tanto”, “en consecuencia”, etc.). Estas conjunciones o locuciones conjuntivas, a las que llamaremos “ordenadores del discurso”, se separan del resto de la oración por una coma. Por ejemplo: “Por consiguiente, debemos seguir afianzando las...”, “Sin embargo, las relaciones establecidas pueden...”, etc. También podemos encontrar estos ordenadores del discurso en el interior de la oración, no es infrecuente que aparezca tras una conjunción ”y” copulativa. Por ejemplo: “No tenía nada que ocular. Y, sin embargo, sus ojos se mantenían apartados”.

    Los ordenadores del discurso se separan de la oración por comas. Por ejemplo:

    Sin embargo, hay reglas que siempre se cumplen en el uso de la coma.

    Debemos incluir en este apartado los adverbios o locuciones adverbiales que actúan con una función similar; es decir,  se sitúan al principio de la oración y separados del resto del enunciado por una coma; suponen una respuesta o un posicionamiento por parte del hablante ante lo que anteriormente se ha dicho (valor anafórico) o lo que se va a decir a continuación (valor catafórico). Por ejemplo:

    Sí, iré contigo (el adverbio de afirmación no se refiere a su oración “iré contigo”, es una respuesta afirmativa a una pregunta previa. Podríamos haber encabezado la secuencia con un adverbio de negación manteniendo la oración como afirmativa: “No, iré contigo”.

    Bien, a continuación hablaremos sobre el positivismo (el adverbio “Bien” no responde a nada, supone un posicionamiento anímico del hablante frente a su elocución posterior. Con frecuencia constituyen muletillas que debemos evitar).

    Adjetivos explicativos. También usamos la coma para subrayar el significado de un adjetivo bien porque sea explicativo y nos interese darle un mayor énfasis al encerrarlo entre dos pausas de entonación (“La nieve, blanca, se extendía...”), bien para expresar la relación especial que su significado guarda con el nombre al que acompaña, transformando el adjetivo especificativo en un explicativo relativo (“Su vida, truncada, no tenía adonde dirigirla”).

    Los adjetivos y oraciones subordinadas adjetivas con valor explicativo podemos destacarlos encerrándolos entre comas:

    La hierba, verde, se vistió de rocío.
    Los vientos, que resultaron devastadores, no dejaron de soplar.

    La función aposición. En el sintagma nominal, la función aposición también podemos encerrarla entre comas, señalando así su valor explicativo. Con esto la diferenciamos del Complemento del Nombre que no se separa normalmente de su sustantivo mediante pausa.

    La aposición explicativa se encierra entre comas. Por ejemplo:

    Don Pedro Carrasco, insigne músico, nos deleitó con un recital.

    En el estilo directo. En el estilo directo, podemos posponer la oración principal con el verbo de lengua suprimiendo los dos puntos en textos narrativos. En estos casos, la oración principal queda encerrada entre comas. Por ejemplo:

    Séneca dijo: “Para morir lo único que hace falta es estar vivo.”

    / -”Para morir, dijo Séneca, lo único que hace falta es estar vivo”.

    El elemento de enlace “que” ha desaparecido al insertar la oración principal “dijo Séneca”, en el interior de la subordinada “lo único que hace falta para morir es estar vivo”. La norma podríamos enunciarla así:

    Cuando posponemos la oración principal en estilo directo y la integramos en la subordinada, desaparecen los dos puntos y la oración principal se encierra entre comas:

    Si no llegas a tu hora, aseguró su madre, no te dejaremos salir.

    Dentro de este apartado estarían los incisos que, a veces, se realizan para mencionar la fuente de la información en ejemplos del tipo “Ya se aprecian brotes verdes, según el Presidente”, “El alarmismo, afirmó Suárez, es uno de los detonantes de la crisis”, etc.

    En las interrogativas parciales. Por último, en las oraciones interrogativas parciales, cuando son largas, podemos separar la parte enunciativa de la parte interrogativa, por una coma. Observad la diferencia:

     ¿Cuántas personas podremos llevar en el viaje con dos camiones y tres coches cuatro por cuatro?

    Con dos camiones y tres coches cuatro por cuatro, ¿cuántas personas podremos llevar en el viaje?

    Dado que la entonación interrogativa afecta a toda la oración, la segunda resulta más cómoda de leer por ser más breve. En estos casos, la coma es obligada.

    En las oraciones interrogativas parciales, cuando anticipamos la parte enunciativa a la interrogativa, marcaremos la pausa de separación con una coma. Por ejemplo:

    Cuando llegues a tu casa, ¿a quién vas a llamar?

    Para tener alguna posibilidad de ganar, ¿cuánto hay que jugar?

    Si te dejaran escoger, ¿dónde irías?


C: PARA MARCAR LOS CAMBIOS DE
PLANO EN EL DISCURSO:

    Habitualmente nos movemos en el plano discursivo, es decir, usamos el mensaje para transmitir una información al oyente. Pero, en el diálogo, alternamos con más o menos frecuencia el plano apelativo y el discursivo. Nos situamos en el plano apelativo cuando usamos las palabras para interpelar directamente a nuestro interlocutor. Existen dos palabras vinculadas con el plano apelativo al que pertenecen: el imperativo en el sintagma verbal, y el vocativo en el sintagma nominal. Cuando los usamos en un texto intercalados con el plano discursivo, los separamos por comas. Podríamos enunciarlo así:

    El vocativo se separa del resto de la oración por comas. Por ejemplo:

    Juan, ven aquí.

    Oye, María, no me des la espalda cuando te hablo.

    Si al imperativo sigue una oración discursiva, las separaremos por coma aunque mantengan entre sí relación lógica. Por ejemplo:

    Sal (imperativo) de aquí, que (porque: relación causal) no quiero ni verte.

    Otras veces, insertamos en la oración elementos que interrumpen el plano discursivo referencial para introducir elementos expresivos, palabras o expresiones que significan el sentimiento o el estado de ánimo del emisor ante la situación o el enunciado. Por ejemplo:

    Cuando ya lo creíamos todo perdido, va Gustavo y, ¡toma ya!, marcó el gol de la victoria.

    Podríamos enunciarlo así:

    Cuando interrumpimos la línea discursiva e insertamos un inciso expresivo o explicativo que podría suprimirse sin alterar el contenido de la oración, se encierra entre comas. Por ejemplo:

    Y nos encontramos, ¡qué delicia!, en medio de un jardín rodeados de azahar.

    Cuando salíamos, un desconocido nos preguntó, vete a saber por qué, adonde íbamos.


OTROS USOS DE LA COMA

    Usamos la coma en los encabezamientos de carta y en los remites para separar el lugar de la fecha. Por ejemplo:

    Córdoba, 27 de marzo de 2009.

    Cuando nombramos a una persona empezando por el apellido, separamos éste del nombre por una coma. Por ejemplo:

    De Molina Redondo, José Andrés.
   
    Bello, Andrés.

    En listas elaboradas, como los catálogos, cuando anteponemos lo genérico a lo particular para facilitar la búsqueda de datos. Por ejemplo:

    Talleres mecánicos, electricidad.

    Talleres mecánicos, chapa.

    Se puede usar la coma para separar los números enteros de los decimales en las cifras -en este uso, alterna con el punto (.)-. Por ejemplo: 3,14.


USO INCORRECTO DE LA COMA

No debemos separar el sujeto del predicado por coma:

    INCORRECTO: Los amigos de Paco, vendrán esta noche a comer.

    CORRECTO: Los amigos de Paco vendrán esta noche a comer.

    Solo puede usarse cuando la extensión del sujeto es larga y conviene hacer una breve pausa. Por ejemplo:

    Los acontecimientos sangrientos producidos durante los últimos días en Oriente Medio (sujeto), han llevado a las autoridades a replantearse su política internacional (predicado).

    En los encabezamientos de cartas, en general, no se debe separar el vocativo de cortesía del cuerpo del escrito por una coma. En estos casos deben usarse dos puntos:

    INCORRECTO: Muy Sres. Nuestros, el motivo de la presente...

    CORRECTO: Muy Sres. Nuestros: El motivo de la presente...


UNA ÚLTIMA CONSIDERACIÓN

Como dijimos al principio del apartado, la coma representa una pausa y una inflexión en la entonación. Algunas son obligadas, otras, la mayoría, son posibles y su uso o no vendrá determinado por la estilística del autor. Conviene, no obstante, no multiplicar innecesariamente las pausas. Si la ausencia de comas puede provocar ambigüedades y pesadez en la interpretación, la multiplicación de ellas puede llevar a un lenguaje entrecortado y disperso por la constante alteración de la línea tonal, lo que igualmente dificultaría el seguimiento y la comprensión. En estos casos, como en la mayoría,  el sentido común y la justa medida es lo que importa.


(continuará)

.


Última edición por Pedro Casas Serra el Mar 21 Oct 2014, 04:36, editado 1 vez


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Leo Galea el Lun 20 Oct 2014, 16:06

Seguiremos leyendo, Pedro. Éstas cosas son siempre de gran ayuda. Saludos.
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Pilar Molina

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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pilar Molina el Lun 20 Oct 2014, 16:27

Continuaremos aprendiendo de tus valiosos aportes, eres muy amable por compartirlos Pedro.
Un saludo.
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Pedro Casas Serra
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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Mar 21 Oct 2014, 04:59

Leo, Pilar: Gracias por vuestro interés. Yo aprendo como vosotros de la obra de José Carlos Aranda.

Un abrazo.
Pedro


.......................



“Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010.

El uso de los signos de puntuación. (extractos)



EL PUNTO Y COMA (;):

    El punto y coma supone una pausa de entonación más marcada que aquella que efectuamos con la coma, aunque inferior  a la del punto. El punto y como no señala independencia sintáctica entre oraciones, si bien el tonema al que corresponde en la pronunciación es descendente, como sucede en el punto y seguido. De los usos vistos para la coma, el punto y como sustituye a la coma en los casos vistos en el apartado “A” correspondiente a la separación de oraciones. Usaremos el punto y coma en lugar de la coma cuando las oraciones sean largas y, en ellas, por su extensión, ya se hayan usado pausas en la oración que precede o en la que sigue. Esta es la regla general para su uso. En muchos casos puede alternar con el punto  y seguido: el preferir un signo u otro dependerá de como sintamos la relación de significado existente entre ambas oraciones. Si sentimos que existe relación lógica entre los enunciados, usaremos el punto y coma para señalarla. Si la trabazón lógica es débil, se preferirá el punto y seguido. No parece que pueda ser utilizado en lugar de la coma cuando ésta es usada para marcar la organización sintáctica de los elementos en la oración o se usa para señalar la separación entre los distintos niveles discursivos.

    Las reglas generales son las siguientes:

    Se usa el punto y coma para señalar pausa entre oraciones largas en las que ya han sido usadas comas. Por ejemplo:

    Entre oraciones yuxtapuestas de cierta extensión donde ya se han usado comas:

    Antes del mediodía, debíamos llegar hasta Miño; a media tarde, sólo haríamos una parada; por la noche, ya deberíamos haber llegado.

    Debemos considerar dentro de este apartado aquellas en las que se ha sustituido el verbo por una coma y se presentan con la apariencia de mera enumeración. Por ejemplo: “Cada grupo se ocupó de un taller de trabajo: los primeros, (se ocuparon) de manualidades; los segundos, (se ocuparon) de música; los terceros, (se ocuparon) de danza; y los cuartos, (se ocuparon) de los deportes.

    Delante de las conjunciones y locuciones coordinadas en oraciones largas en las que ya se han usado comas:

    COPULATIVAS (“y”, “e”, “ni”):

    Llegó tarde a la reunión con los directivos de la empresa, los representantes sindicales, los consejeros...; y no pudo evitar la reprimenda.

    Adversativas (“mas”, “pero”, “aunque”, “sin embargo”, “no obstante”, etc.).

    “La plaza estaba vacía, no se veía a nadie y la lluvia seguía arreciando; pero estaba decidido a que el viaje no fuera en vano”.    
   
    DISYUNTIVAS (“O...o”, “bien...bien”, “ya...ya”, “sea...sea”, etc.):

    “O sabían el lugar exacto donde lo habían escondido porque estuvieron allí durante el episodio; o conocían de oídas la historia, la leyenda, las canciones y la tradición”.

    ILATIVAS (“luego”, “por (lo) tanto”, “por consiguiente”, etc.):

    “Lo había arriesgado todo, lo que podía perder ya estaba perdido, sólo había que ganar; conque siguió adelante”.

    EXPLICATIVAS (“es decir”, “esto es”, “mejor dicho”, “o sea”, etc.):

    “Aunque sabía que no era el mejor momento, la decisión de liquidar la empresa ya estaba asumida; es decir, se lo diría esa misma tarde a los empleados”.

    DISTRIBUTIVAS (“uno...otro”, “en primer lugar...en segundo lugar", "antes...después", "ora...ora”, “unas veces...otras...”, etc.):

    Antes de empezar con la peregrinación, creía que aquellos de andar por andar era una tontería; después, se descubrió a sí mismo rezando frente a la catedral de Santiago, en la plaza de Obradoiro”.

    OTRO USO DEL PUNTO Y COMA: se puede usar el punto y coma en la separación de sintagmas, normalmente nominales, en los que ya se ha usado coma en la separación de sus elementos cuando estamos ante una enumeración, por ejemplo:

    Consultar: Art. 43, pág. 85; Art. 22, pág. 38; Art. 104, pág. 158; etc.


LOS DOS PUNTOS (:):

    Los dos puntos suponen una pausa superior a la coma y más amplia. Con ello se consigue centrar la atención del oyente sobre lo que inmediatamente vamos a decir, Como ocurría con la coma y el punto y coma, no señala separación de oraciones: las oraciones que preceden y siguen a los dos puntos mantienen relaciones lógicas en el plano semántico y, a veces, sintáctico. Por eso, la regla general nos dice que no se usa mayúscula después de los dos puntos, con algunas excepciones que iremos viendo. Su empleo es más variado como veremos a continuación.

    Usamos los dos puntos para introducir enumeraciones que anunciamos en la propia oración mediante un elemento catafórico. Por ejemplo:

    Los puntos cardinales con cuatro: Norte, Sur, Este y Oeste.

    Aunque hablamos de enumeración, lo anunciado puede constar de un solo elemento. Por ejemplo: “Una cosa era importante en su vida: el amor de su mujer”.

    Usamos los dos puntos para separar una enumeración de la oración donde se explica la relación existente entre los elementos, normalmente introducida por un elemento anafórico. Por ejemplo:

    Juan en Madrid, Enrique en Sevilla y Paco en Córdoba: los tres tienen buenas casas.

    Esta regla puede considerarse como la inversa de la regla anterior, cuyo ejemplo también podríamos enunciarlo empezando por la enumeración, así:

    Norte, Sur, Este y Oeste: estos son los cuatro puntos cardinales.

    Usamos los dos puntos para introducir clasificaciones (enumeraciones exhaustivas que se organizan en párrafos independientes). En este caso, al ir aparte, escribiremos mayúscula detrás de los dos puntos al principio de cada uno de los apartados. Por ejemplo:

    Existen cuatro movimientos literarios en el siglo XIX:

    El Romanticismo (1835-1845)

    El realismo (1868-1890)

    El Naturalismo (1885-1900)
   
    El Modernismo (1885-1920)

    Separamos con dos puntos el enunciado de una regla o norma general de su explicación más o menos pormenorizada, Por ejemplo:

    Los niños necesitan dormir más (regla o afirmación de crácter general): a un adulto puede bastarle con dormir seis horas; pero un niño, para reponer energía y asimilar conocimientos, necesitaría entre nueve y diez horas de sueño (explicación razonada de la afirmación general).

    Usamos los dos puntos para separar la causa de la consecuencia cuando una u otra se expresa de forma concreta y la otra de forma más desarrollada. Sustituye en este uso a la partícula ilativa o consecutiva. Por ejemplo:

    Se comió cinco platos de garbanzos: (por lo tanto) tuvo que desabrocharse el cinturón.

    La norma funciona igualmente si precede la consecuencia a la causa. Por ejemplo:

    No podría irse de vacaciones: (porque) lo habían despedido a los seis meses de incorporarse y no sabía cuando volvería a trabajar de nuevo.

    En las cartas, usamos los dos puntos:

    1) Para separar el vocativo de cortesía del encabezamiento y cuerpo del escrito. Por ejemplo:

    Estimado amigo (vocativo de cortesía):

    Hace tiempo que deseaba escribirte para ponerte al corriente de...

    Muy Sres. Nuestros (vocativo de cortesía):

    El motivo de la presente es poner en su conocimiento...

    En estos casos, escribiremos mayúscula después de los dos puntos.

    2) Para separar la fórmula de despedida del pie del escrito y firma. Por ejemplo;

    Atentamente:

    Quedamos a la espera de sus noticias, atentamente:

    Nos vemos:

    En los textos jurídicos y administrativos (sentencias, instancias, comunicados...) solemos estructurar el escrito destacando los verbos que enuncian las diferentes unidades de contenido que aparecen en ellos. Son verbos del tipo “EXPONE”, “SOLICITA”, “CONSIDERANDO”, “FALLO”, “DISPONE”, ETC. Estos verbos suelen centrarse en la página y se destacan del cuerpo del texto usando una letra de mayor tamaño y, a veces, en negrita, para facilitar al lector la localización rápida de las distintas partes del escrito. Usamos los dos puntos después xde estos verbos que pueden y suelen introducir  una enumeración de elementos. Los dos puntos se usan aunque sea uno solo el elemento mencionado. Por ejemplo:

    D. Juan Rafael Ordóñez Álvarez, mayor de edad, vecino de Almería, con D.N.I. n.º 30 455 544

    EXPONE:

    1: Que reuniendo los requisitos exigidos en la convocatoria de...

    2: Que deseando ser incluido en las listas de...

    SOLICITA:

    Sea incluido en las listas del censo de la localidad...

    En estos casos se escribe con mayúscula detrás de los dos puntos.

    Usamos los dos puntos para introducir citas textuales donde repetimos los dicho por un emisor literalmente, Por ejemplo:

    En su Ortografía de la lengua española, la R A E afirma: “Predominó la idea y la voluntad de mantener la unidad idiomática por encima de particularismos gráficos no admitidos por todos”.

    Es lo que llamamos ESTILO DIRECTO: la oración introducida por los dos puntos desempeña la función sintáctica de complemento directo del verbo de lengua que la introduce. Lo dicho, se cierra entre comillas señalando así su  literalidad.

    Usamos los dos puntos para introducir los ejemplos que van a demsostrar la teoría ya enunciada, aunque no usemos fórmulas de introducción (del tipo: “a saber”, “por ejemplo”, “véase”, “verbigracia”, etc.). Por ejemplo:

    Podemos, a través del verbo, expresar una idea en distintos instantes temporales. Por ejemplo: amo -presente-, amé -pasado-, o amaré -futuro.

    En verano, me gustan las comidas frías: gazpacho, sarmorejo, frutas...


OTROS USOS DE LOS DOS PUNTOS:

   Al representar la hora, usamos los dos puntos para separar las cifras que expresan horas de las que expresan minutos, Por ejemplo:

    9:40 AM

    En expresiones matemáticas, usamos los dos puntos para significar la operación de división. Por ejemplo:

    10 : 2 = 5


LOS PUNTOS SUSPENSIVOS (…):

    Como su propio nombre indica, los puntos suspensivos señalan que el enunciado se interrumpe. La oración puede continuar tras los puntos suspensivos o no, lo que se señalará con el empleo o no de la mayúscula a continuación de los puntos suspensivos. Si lo que detrás de los puntos suspensivos es mayúscula, estaremos ante una nueva oración independiente de la anterior; si, por el contrario, aparece minúscula seguiremos en la misma oración. También tienen otros usos, por ejemplo, en los diálogos, que iremos viendo. Bien usados, pueden aportar matices de expresividad muy interesantes al discurso, independientemente de aquellos casos en que su empleo es preceptivo.

    Podemos distinguir los siguientes usos:

    Usamos los puntos suspensivos para interrumpir una oración, dejando así el final lógico abierto a la interpretación del receptor. La oración gramatical no se continúa detrás de los puntos suspensivos. Por ejemplo:

    El diálogo se volvió imposible, se volvió violento y... Aquello terminó.

    Usamos los puntos suspensivos para interrumpir una enumeración, la dejamos abierta y señalamos así el hecho de que podrían seguir agregándose elementos. Por ejemplo:

    En la tienda había pan, embutidos, golosinas, fruta...

    En medio de una oración gramatical, los puntos suspensivos pueden expresar duda, confusión, titubeo, inseguridad, etc.:

    No sabía si iría o no a la fiesta... pero tenía que decidirse.

    En medio de una oración gramatical, los puntos suspensivos pueden ser usados para retardar la continuación y crear así tensión en el lector. Suelen preparar una sorpresa, un sobresalto o un giro inesperado en la oración. Por ejemplo:

    La habitación estaba en penumbra, el sol se estaba ocultando y... una sombra se cruzó, pero no había nadie.

    En los diálogos, usamos los puntos suspensivos cuando uno de los interlocutores es interrumpido en su intervención. Señalamos así el hecho de que la oración ha quedado incompleta. Por ejemplo:

    Vicente: Tú no puedes pretender que...

    Juan: ¡He dicho que irás y vas a ir!

    Podemos usar os puntos suspensivos para señalar la elipsis de un vocablo o una expresión que preferimos no completar por obvio o por malsonante. Por ejemplo:

    Dime con quién andas y te diré...

    El muy hijo de … ni siquiera me recibió.

  Cuando reproducimos literalmente un fragmento de una obra y omitimos una parte, en el lugar donde se suprime, colocamos los puntos suspensivos entre paréntesis o corchetes, Por ejemplo:

    La Gramática de la RAE, en su edición de 1928, pág. 327, señala: “(...) Cervantes, a veces, (…) coordina los sujetos, los verbos y los complementos entre sí (...)”.


EL EMPLEO DE LOS PUNTOS SUSPENSIVOS
CON OTROS SIGNOS DE PUNTUACIÓN:

    Para combinar correctamente los puntos suspensivos con otros signos de puntuación, debemos tener en cuenta las siguientes normas:

    Tras los puntos suspensivos nunca colocaremos un punto.

    Los puntos suspensivos pueden combinarse con la coma (,), el punto y coma (;) y los dos puntos (:), como podemos observar en los siguientes ejemplos:

    Los muebles, la ropa, los electrodomésticos..., todo estaba en buen uso en aquella tienda de segunda mano.
    Los policías no sabían por donde continuar la búsqueda, los datos eran insuficientes, el tiempo corría en contra...; pero era necesario, en aquellas circunstancias, ofrecer algún resultado.

   El Níquel, el Wolframio, el Oro...: todos son elementos de la tabla periódica.

    El  signo que usemos (coma, punto y coma, dos puntos, interrogación o exclamación), lo colocaremos inmediatamente detrás de los puntos suspensivos, sin dejar espacio de separación, tal y como hemos hecho en los ejemplos anteriores.


USO INCORRECTO DE LOS PUNTOS SUSPENSIVOS:

    No debemos usar los puntos suspensivos y “etcétera” simultáneamente, es un error por redundancia:

    Tendrás que aprender matemáticas, lógica, historia...etc.

    O usamos los puntos suspensivos o usamos “etcétera”, pero nunca los dos a la vez.


(continuará)


.


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Lluvia Abril el Mar 21 Oct 2014, 05:27

Me alegro de haber llegado a, los puntos y comas, en verdad no los uso mucho, bueno, nada, por no conocer o no acordarme del sentido exacto de tener que hacerlo. Sí, aunque sea una vergüenza, se me había olvidado.
Gracias de nuevo,querido Pedro, y por aquí seguiré re aprendiendo con tus aportes.
Besos.


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Miér 22 Oct 2014, 04:21

Gracias a ti por tu interés, Lluvia. Aquí, todos aprendemos de José Carlos Aranda, autor de esta obra.

Un abrazo.
Pedro


.........................................



“Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010.

El uso de los signos de puntuación. (extractos)



LOS SIGNOS DE INTERROGACIÓN (¿?):

    Los signos de interrogación constituyen una marca de modalidad oracional interrogativa directa y delimitan el enunciado afectado por la interrogación. En español, la curva de entonación interrogativa afecta a toda la oración y no solo al final de ésta, por lo que es imprescindible usar tanto el signo de apertura de la interrogación (¿), como el signo de cierre de la misma (?). El suprimir el signo de apertura, a imitación de la lengua inglesa, es una falta que debemos evitar. Debemos corregirlo.

    Aunque normalmente, la interrogación afecta a las oraciones completas (“Qué he hecho yo para merecer esto?”), también puede aparecer marcando una sola palabra. Debemos recordar en este sentido que una de las fórmulas usuales para marcar una oración como interrogativa total consiste en situar al final de una oración enunciativa un adverbio o locución adverbial, frecuentemente el de negación, entre interrogaciones (“Iremos mañana al zoológico, ¿no?”). Se trata en estos casos de recabar la confirmación del supuesto previo.

    Para usar los signos de interrogación correctamente, tendremos en cuenta las siguientes normas:

    El enunciado interrogativo queda enmarcado por el signo de apertura al principio y el signo de cierre al final:

    ¿Qué has hecho?

    El signo de apertura se situará donde dé comienzo la interrogación, lo que no siempre coincide con la oración misma. Es frecuente anteponer al predicado algún elemento:

    1: Pepe, ¿has hecho la cama? (vocativo).

    2: Con una invitación como esa, ¿quién se podría resistir? (C.C. Modo antepuesto)

   3: Que no tenga padres, ¿a quién le importa? (Or. Sub. Sust. De C. sujeto antepuesta)

    En cambio, cuando se posponen, quedan dentro de la interrogación, esto es:

    ¿Has hecho la cama, Pepe?

    ¿Quién se podría resistir con una invitación como esa?

    ¿A quién le importa que no tenga padres?

    El uso es especialmente frecuente en las oraciones interrogativas parciales (ejemplos 2 y 3) donde hay una parte de la oración que se enuncia y un elemento sobre el que se plantea la interrogación. Así, si decimos “¿Cómo lo has hecho?”, estamos afirmando que has hecho algo, y preguntando el modo en que se ha hecho0 a través de la partícula “cómo”; si decimos “¿Con quién estabas hablando cuando te llamé esta mañana para contarte lo que pasó?”, estamos afirmando que estabas hablando con alguien, y preguntando por la persona. Pues bien, cuando estas oraciones son extensas, como sucede en el segundo ejemplo debemos sacar la parte enunciativa de la interrogación y separarla por una coma. Es decir:

    Cuando te llamé esta mañana para contarte lo que pasó, ¿con quién estabas hablando?

    Cuando escribimos varias oraciones interrogativas seguidas y éstas son cortas, podemos considerarlas como oraciones independientes, en cuyo caso las escribiremos seguidas, con mayúscula en la inicial de cada una de ellas; o como yuxtapuestas, en cuyo caso, las separaremos por comas y comenzaremos la oración con minúscula. Por ejemplo:

    INDEPENDIENTES: ¿Tienes la comida en la mochila? ¿Has echado la ropa nueva? ¿Llevas el cepillo y la pasta de dientes?

    YUXTAPUESTAS: ¿Dónde vas?, ¿con quién has quedado?, ¿cuándo vas a regresar?

    Si la relación de yuxtaposición es larga y, en el interior de las oraciones aparecen comas, la separación entre las oraciones podrá marcarse con punto y coma. Por ejemplo:

    ¿Quiénes fueron los que, llevados por sus prisas inexcusables, nos han causado tanto daño?; ¡quiénes, mirando más por sí mismos que por su pueblo, han faltado a su deber y a su honestidad?; ¿nos quedaremos de brazos cruzados ante tanta iniquidad?

    Usado entre paréntesis, el signo de cierre de interrogación puede expresar duda o ironía. Por ejemplo:

    La deuda ascendía a trescientos veinte mil euros (?).

    Y el público, agradecido, saludó con vítores al nuevo Presidente (?).

    Las bromas de su nuevo amigo resultaban de lo más divertidas (?).

    Los signos de interrogación pueden agruparse con los signos de exclamación. Se trata de una interrogación que manifiesta, a la vez, la sorpresa del hablante ante el hecho en sí por extraño o inesperado. En estos casos, los signos de interrogación irán dentro de la exclamación. Por ejemplo.

    ¡¿Has llegado a tiempo para la fiesta!? Esto hay que celebrarlo.

    También pueden combinarse usando la interrogación para abrir el periodo y la exclamación para cerrarlo, o viceversa, según queramos darle más relevancia a una intención u otra.

    ¿Tienes la nueva consola de Nintendo!

    ¡Aún no has acabado bachillerato?

    (???) A veces, podemos encontrar uno o varios signos de interrogación de cierre junto a una palabra o grupo de palabras. Este uso es frecuente en guías de actividades y anuncios que aparecen, por ejemplo, en hoteles o panfletos de publicidad de distinto tipo. Significa que el concepto junto al que colocamos el signo de interrogación (actividad, precio, posibilidad de asistencia de niños, o fecha) es dudoso o está pendiente de confirmar, que debemos consultar con la organización. Por ejemplo:

    INFORMACIÓN ADULTOS NIÑOS FECHA
    PLAZA DE TOROS CORRIDA/BULL FIGHT (+ AUTOBÚS)
    50 € ???? 6 OR 7 ???


EL EMPLEO DE LOS SIGNOS DE INTERROGACIÓN
CON OTROS SIGNOS DE PUNTUACIÓN

    Para combinar correctamente los signos de interrogación con otros posibles signos que le sigan o precedan, debemos tener en cuenta las siguientes normas:

    Tal y como ocurría en los puntos suspensivos, nunca usaremos el punto detrás del signo de cierre de la interrogación.

    La interrogación puede aparecer combinada con los demás signos de puntuación: coma (,), punto y coma (;), dos puntos (:) o puntos suspensivos (…) según convenga a cada caso.

    El signo de interrogación se usará sin espacio intermedio con la palabra que le sigue (apertura) o que le precede (cierre). Si al signo de cierre le sigue una nueva oración, dejaremos un espacio en blanco de separación. Así:

    ¿Quién es el nuevo Delegado? Tendría gracia que fueras tú.

    Si le sigue algún otro signo de puntuación, éste se escribirá a continuación del signo de cierre sin espacio de separación. Por ejemplo:

    ¿Puedes responder cuando te hablo?, en algún sitio estará tu educación, ¿no?


LOS SIGNOS DE EXCLAMACIÓN (¡!):

    Los signos de exclamación constituyen una marca de modalidad oracional, la exclamativa. Su curva de entonación, en español, afecta a toda la oración como ocurría con las oraciones interrogativas. Su uso manifiesta la reacción de ánimo del emisor ante lo que enuncia. Utilizaremos el signo de apertura (¡) y el signo de cierre (!) para enmarcar la secuencia exclamativa. Utilizar solo el signo de cierre por imitación de otras lenguas es un error que deberemos evitar.

    La exclamación puede afectar a una oración completa (¡Qué has venido a hacer aquí!) o simplemente a una palabra o grupo de palabras cuyo objetivo en la frase es, precisamente, transmitir la reacción de ánimo del emisor ante la situación concreta, por ejemplo, a través de las interjecciones (¡Eh!).

    Para su correcta utilización podemos seguir las siguientes normas:

    El enunciado exclamativo, ya sea una oración, secuencia de palabras o palabra, queda enmarcado por el signo de apertura al principio y el signo de cierre al final. Por ejemplo:

    ¡Dios mío! ¡Cuánto odio había acumulado! ¡Oh!

    El signo de apertura se situará donde dé comienzo la exclamación, lo que no siempre coincide con la oración misma. Hemos de tener en cuenta que la tensión exclamativa es mayor cuanto más pequeño es el enunciado. En los casos en que se antepone al predicado algún complemento, éste suele quedar fuera de la exclamación, por ejemplo:

    ¡Dios mío! ¡Cuánto odio había acumulado! ¡Oh!

    El signo de apertura se situará donde dé comienzo la exclamación, lo que no siempre coincide con la oración misma. Hemos de tener en cuenta que la tensión exclamativa es mayor cuanto más pequeño es el enunciado. En los casos en que se antepone al predicado algún complemento, éste suele quedar fuera de la exclamación, por ejemplo:

    En la conferencia de ayer, ¡qué pesado estuvo el maestro!

    En concreto, los vocativos, complementos del predicado y las oraciones subordinadas, cuando se sitúan al principio de la oración, quedan fuera de la exclamación, por ejemplo:

    Niños, ¡por el amor de Dios!

    Para evitar estos abusos, ¡clamemos justicia!

    En cambio, cuando se posponen, quedan dentro del enunciado exclamativo. Los ejemplos anteriores quedarían así:

    ¡Por el amor de Dios, niños!

    ¡Clamemos justicia para evitar estos abusos!

    Cuando escribimos varias exclamaciones seguidas y éstas son cortas, podremos considerarlas como oraciones independientes, en cuyo caso las escribiremos seguidas con mayúscula en la inicial de cada una de ellas (nunca usaremos el punto detrás del signo de exclamación); o como yuxtapuestas, en cuyo caso, las separaremos por comas y comenzaremos la oración siguiente con minúscula. Por ejemplo:

    INDEPENDIENTES: ¡Qué desfachatez! ¡Erre que erre! ¡No vas a cansarte nunca!

    YUXTAPUESTAS: ¡Cuánto desorden!, ¡cuánta desidia!, ¡cuánto abandono!

    Si la relación de yuxtaposición es larga y, en el interior de las exclamaciones aparecen comas, la separación entre las oraciones podrá marcarse con punto y coma. Por ejemplo:

    ¡Y fueron ellos, movidos por la avaricia, los que atacaron!; ¡fueron ellos, y no nosotros, los que iniciaron este desastre!; ¡ellos, y no nosotros, deben pagar  por tanta ruina y miseria!

    Como ocurría con la interrogación, también podemos usar el signo de cierre de exclamación entre paréntesis. Usado así,expresamos sorpresa, perplejidad, asombro, ironía, etc. que deberemos interpretar en función del contenido del mensaje. Por ejemplo:

    El nuevo ministro de economía de veintiocho años (!) de edad juró su cargo (perplejidad ante la juventud del nuevo ministro para un cargo de tanta responsabilidad).

    ¿Quién nos iba a decir a nosotros, apenas adolescentes (!), que seríamos acreedores de semejante premio? (ironía cuando la frase es pronunciada por un sexagenario).

    Podemos encontrar agrupados los signos de exclamación con los de interrogación, tal y como vimos en el apartado relativo a los signos de interrogación. En estos casos, los signos de exclamación se situarán fuera y los de interrogación dentro.

    ¡¿Tenemos dinero para el viaje?!

    A veces, para transmitir el mayor grado de emoción, agitación, miedo o alegría (función expresiva) del emisor -en el lenguaje literario, publicitario, o escritos de carácter personal- se usan varios signos de cierre de exclamación, de la misma forma que se duplica la “h” con que suelen cerrarse las interjecciones exclamativas. Es el caso de:

    ¡Ahhhh!!!

    O de las típicas tarjetas de felicitación donde encontramos repetidos los signos de apertura y cierre con el mismo fin:

    ¡¡¡Felicidades!!!


EL EMPLEO DE LOS SIGNOS DE EXCLAMACIÓN
CON OTROS SIGNOS DE PUNTUACIÓN:

    Las normas que rigen los usos de los signos de exclamación con otros signos de puntuación, coinciden con las que ya vimos para los signos de interrogación, por lo que nos remitimos a lo dicho en aquel apartado.


(continuará)


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por cecilia gargantini el Miér 22 Oct 2014, 15:54

Gracias Pedro por todo!!!!!!!!!!!!!!!
El punto y coma me suele resultar un problema, cuando estoy corrigiendo prosa, ya que en la poesía es más raro que se use.
Si bien he tenido que estudiar todo esto, siempre es bueno recordarlo y recordárnoslo. Insisto siempre en que hay que leer y releer estas cosas.
Yo te agradezco mucho todos tus esfuerzos en pro de la mejoría del foro.
Besitosssssssssssssss, amigo
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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Jue 23 Oct 2014, 04:39

Gracias a ti por tu interés. Dudas se nos plantean a todos. Aunque muchas normas de puntuación las tengamos interiorizadas, fruto del su uso y de las lecturas, a veces surge la duda y entonces conviene tener la norma a mano.

Un abrazo.
Pedro


................................



“Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010.

El uso de los signos de puntuación. (extractos)



EL PARÉNTESIS ( ):

    El paréntesis supone un inciso en el discurso. Interrumpimos momentáneamente la línea discursiva para intercalar un comentario o aclaración sobre lo que venios diciendo. A partir de este uso básico, los paréntesis se emplean con distintas finalidades más o menos normalizadas. Veámoslas:

    Usamos el paréntesis para encerrar una nota aclaratoria o incidental de cierta longitud que viene a interrumpir momentáneamente el sentido de la oración principal. Por ejemplo:

    Cuando llegaron los invitados, Laura (que a la sazón apenas contaba con quince gloriosas primaveras) empezó a coquetear a diestro y siniestro ante la perplejidad de Manolo.

    En incisos más breves, usamos el paréntesis cuando lo que incluimos guarda poco relación con el sentido de la oración principal. Por ejemplo:

    Los alumnos del curso (solo tres aquel día) aparentaban estar concentrados en los ejercicios.


OTROS USOS DEL PARÉNTESIS:

    Usamos el paréntesis para introducir en él datos que concretan de forma precisa lo dicho en el texto, como fechas, números de página, artículos, etc. Por ejemplo:

    El Código Civil fija la mayoría de edad a los dieciocho años (Art. 154).

    En La alternativa del juego, se menciona el “telégrafo” como juego de comunicación (Pág. 107).

    Con la aprobación de la primera Constitución española (19 de marzo de 1812) comienza una nueva etapa en la historia política de España.

    Se incluyen en esta regla, las precisiones al texto en cuanto a datos como la provincia, el país, la dirección, el significado de algún acrónimo de uso poco extendido, autor y título de obra, editorial, etc. Por ejemplo:

    El río Guadalquivir nace en Cazorla (Jaén).

    En Córdoba (España) se conserva la Mezquita-catedral.

    Pasó al curso siguiente por OIL (Promoción por Imperativo Legal).

    A Juan Niporesas (Mariano José de Larra) debemos algunos de los mejores artículos periodísticos del periodo preisabelino en España.

    En sus poemarios (El Cristo de Velázquez), Unamuno muestra más su fe que sus dudas.

    La novela Guerra mundial Z de Maz Brooks (Almuzara, 2009, 2ª de.) presenta una estructura narrativa original en la composición.

    Es frecuente, en documentos administrativos o de carácter legal que, cuando se cita una cifra, ésta se repita entre paréntesis para su corroboración. Cuando la cifra se ha anotado con números, se introduce a continuación entre paréntesis escrita con palabras y viceversa. Por ejemplo:

    El precio estipulado para la compra del inmueble es de trescientos mil euros (300.000.- €).

    El precio estipulado para la compra del inmueble es de 300.000.- € (trescientos mil euros).

    En textos teatrales, podemos usar el paréntesis para incluir las acotaciones al diálogo (aclaraciones sobre el escenario, tono, movimiento escénico, etc. que deja el autor en la obra para los actores y el director). Por ejemplo:

    Florita.- Adorado Nume...

    Numeriano.- (Con desaliento) ¡Florita!

    Florita.- Pero ¡cuán pálido! Estás incoloro (…)

                                   La señorita de Trevélez, Carlos Arniches.

    Usaremos el paréntesis para introducir la traducción de vocablos o expresiones extranjeras. Por ejemplo:

    Tanto invitarse el uno al otro, al final resultó un “quid pro quo” (una cosa por la otra).

    Los billetes de avión eran para la clase Business (negocio).

    En el lenguaje administrativo y, a veces, publicitario, usamos el paréntesis para introducir posibles variantes de un mismo término, normalmente relacionados con el género o con el número. Se trata de otorgar la máxima exhaustividad posible al significado y evitar ambigüedades sin necesidad de repetir dos veces la misma palabra. Por ejemplo:

    Se busca chico (a) para distribución de publicidad.

    Se hará constar en el parte de incidencias el (los) día (s) en que ésta se haya producido.

    Cuando transcribimos textos antiguos y aparecen abreviaturas o algún fragmento se ha perdido con el tiempo, usamos los paréntesis para introducir la reconstrucción de la palabra. Por ejemplo.

    A(nnus) D(omini).

    Para significar la elipsis de un fragmento de texto en una cita textual, en cambio, usamos el paréntesis con puntos suspensivos:

    Eduardo Punset afirma: “Esta revolución sexual llevada a cabo por las hembras (…) estaría en la raíz del nacimiento del conjunto de leyes que dieron seguridad al grupo (Por qué somos como somos, Madrid, Aguilar, 2008, pág. 252).

    Cuando procedemos a diferenciar una clasificación en cada una de sus partes, y consignamos cada una de ellas en distintos renglones, podemos usar el paréntesis para enmarcar o señalar cada número o letra que precede a cada apartado. Aunque se pueden utilizar los signos de apertura y cierre del paréntesis, lo normal es que se use sólo el de cierre detrás de la letra o número. En el siguiente ejemplo, hemos usado la primera forma en el apartado “a” y la segunda en el apartado “b”:

    Los tipos de conjunciones en español son:

    (a) Coordinadas: unen palabras, grupos de palabras u oraciones del mismo nivel sintáctico y semántico.

    b) Subordinadas: unen sólo oraciones entre las que existe relación de dependencia semántica y, a veces, sintáctica.

    En la práctica, no debemos mezclar los dos procedimientos.


EL EMPLEO DEL PARÉNTESIS CON
OTROS SIGNOS DE PUNTUACIÓN.

    La regla general a aplicar es que el texto introducido entre paréntesis es independiente, en cuanto a su puntuación, del resto de la frase.

    Por lo tanto, cualquier signo que afecte a la oración externa se situará fuera del paréntesis (coma, punto y coma, signos de exclamación, interrogación, etc.). Por ejemplo:

    ¿Quién podría responder a la pregunta siguiente (no había nadie escuchándolo en ese momento)?

    Cuando su sentido sea explicativo, ya sean conjunciones o locuciones conjuntivas (entiéndase conjunto de palabras que desempeñan la función propia de una conjunción), las pondremos entre comas.

    En el primer caso, hemos situado la interrogación justo detrás del cierre de paréntesis; de la misma forma que, en el segundo, hemos situado la coma.

    El texto que aparece dentro del paréntesis deberá también atenerse a su propia puntuación, ya que de hecho es una unidad de intención comunicativa diferenciada del resto de la oración. Los signos que sean de aplicación aparecerán en el interior del paréntesis. Por ejemplo:

    Llegó y triunfó (¿alguien lo podía dudar?) antes de que los demás se dieran cuenta de lo que estaba ocurriendo.

    La reunión transcurría con normalidad hasta que a alguien (¡qué fastidio!) se le ocurrió preguntar si había hecho la “mili”.


LOS CORCHETES ([ ]):

    Su valor está muy próximo al del paréntesis y, de hecho, en algunos casos pueden alternar; aunque el uso de los corchetes es mucho más infrecuente y está más limitado como veremos a continuación. Podemos usar los corchetes en los siguientes casos:

    Para introducir  un inciso explicativo en el interior de una expresión que ya va entre paréntesis. Así evitamos confusiones. Por ejemplo:

    Todos los herederos fueron convocados por el Notario (se disponía de seis meses [plazo legal fijado por Hacienda] para realizar la Escritura) antes del vencimiento del cuarto mes a contar desde el fallecimiento.

    Para introducir los apartes en un texto teatral. Por ejemplo:

    Francisco.- Entonces, mañana nos vemos y dejamos resuelto este asuntillo del dinero.

    José María.- ¡Por supuesto!, mañana lo dejamos resuelto [y mañana me va a ver el pelo Rita la Cantaora].

    Cuando, en la transcripción de un texto, el copista o el editor quiere introducir alguna aclaración, añadido, o completar conjeturalmente algún término borroso, abreviado o perdido en el original, usamos corchetes. Por ejemplo, en su Paleografía española, Zacarías García Villada, transcribe un texto donde aparece un comentario realizado por el copista en estos términos:

    “GREGORIUS EPISCOPUS SERUUS SERUORUM DEI. Dilecto in christo fratri Bernardo abbati [monasterii sanctorum facundi et primitivi. Constructi in loco qui dicitur domnis sactis] [...]”.

    En las transcripciones literales, cuando omitimos una palabra o fragmento del texto transcrito, usamos en su lugar los puntos suspensivos entre corchetes. Como al final del ejemplo anterior.

    Para indicar que una palabra pertenece al verso anterior, en poesía, la situamos a renglón seguido precedida del signo de apertura de corchetes. En este ejemplo, vemos reproducidos los versos 709-712 de El libro de buen amor:

    “Decidme quién es la dama”. Yo le dije: ¡Ay! Doña En-
......................................................................[drina.
    Me dijo que esta dama era muy conocida suya.

    Yo le dije: “Por Dios, amiga, guardaos de emboscada”.

    Ella dijo: Ya que estuvo casada, no creáis que se arre-
......................................................................[pienta,


(continuará)


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Vie 24 Oct 2014, 13:50

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“Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010.

El uso de los signos de puntuación. (extractos)



LAS COMILLAS («  “   ”  »):

    Las comillas son unos signos que enmarcan una parte del escrito para destacarla o fijar en ella la atención del lector por motivos diversos. En español, podemos encontrar tres tipos de comillas que son:

    1) Comillas españolas o angulares dobles (« »);

    2) Comillas dobles, altas o inglesas (“ ”);

    3) Comillas simples (' ').

    Como ocurre en todos los signos dobles, el fragmento enmarcado se inicia con un signo de apertura de comillas y finaliza con el signo de cierre. Los dos son imprescindibles. Lo normal, en textos impresos, es usar las comillas angulares dobles, mientras que es más frecuente en textos manuscritos el uso de las comillas dobles altas. Los distintos tipos de comillas pueden aparecer combinadas entre sí. Cuando en el interior de un texto ya entrecomillado abrimos una nueva secuencia entre comillas, para distinguir la una de la otra, variaremos el tipo de signo, lo que confiere más claridad al texto. En estos casos, lo aconsejable es empezar con la angular doble, seguir con la alta y, si hiciera falta otra más, introducir después la simple. La secuencia resultante sería la siguiente: «...“...'...'...”...».        
     
    El uso generalizado del ordenador y los procesadores de texto permite otros procedimientos para destacar una palabra o secuencia de palabras en el texto (el cambio de fuente, utilización de letra cursiva o inclinada, uso de la negrita, etc.) que hoy en día se prefieren a las comillas en algunos casos como iremos viendo.

    Usamos las comillas en los siguientes casos:

    Para señalar que el texto reproduce la cita literal de algún autor. Por ejemplo:

    En su Curso de redacción, Gonzalo Martín Vivaldi afirma: «La narración no debe ser esquemática, intrascendente, rebuscada, falsa, lenta, confusa, pedestre ni pedante» (Thomson, Madrid, 2007, 33ª de., pág. 461).

    Si se intercala algún comentario al hilo de la cita, éste puede encerrarse entre guiones -raya o guión medio- sin necesidad de cerrar y volver a abrir las comillas. Por ejemplo:

    Celestina, por ejemplo, en el acto Iv dice a Melibea: «A la mi fe, vejez no es sino mesón de enfermedades, posada de pensamientos, amiga de rencillas [nótese como se trata de imitar el ritmo de las letanías], congoja continua, llaga incurable, mancilla de lo pasado […].»

    En los diálogos de los textos narrativos, estamos continuamente ante la intervención literal de los personajes, por lo que no se usan las comillas, sino que cada una de las intervenciones aparece precedida por un guión medio. En estos casos, se usan las comillas para reproducir el pensamiento de los personajes y diferenciarlo así de sus intervenciones propiamente dichas. Por ejemplo:

    ¡Cómpratelo, hombre! ¡Date el capricho! -insistía Antonio-.  «De seguir así -pesó Ignacio- no me quedará dinero para comer mañana».  No gracias, no me apetece ahora -respondió intentando parecer tranquilo.

    Con las comillas, destacamos los títulos de los artículos incluidos en las obras mayores (periódicos, revistas, libros, etc.), poemas, cuadros, etc. Por ejemplo:

    El artículo de José Tintero titulado «La actividad cerebral en casos de coma» está recogido junto con otros en la revista Medical Center, de Nueva York.

     El poeta recitó «Noctámbulos» de su última obra Recuerdos ácimos.

     En esta sala se puede ver «Las Meninas» de Velázquez.

    Los títulos de obras, en cambio, se escribirán en letra cursiva y no entre comillas cuando redactamos con un procesador de textos. En textos mecanografiados o escritos a mano, se subrayarán. En cualquier caso, no se entrecomillan.

    Usamos las comillas cuando nos referimos a una palabra, morfema, desinencia o secuencia fónica de forma individualizada, así centramos en ella la atención del lector y la separamos del resto de la oración. Por ejemplo:

    Los verbos acabados en «-ar» pertenecen a la primera conjugación.

    El sufijo «-mente» lo usamos para formar adverbios.

    «Enervar» es un galicismo que significaba originariamente «relajar».

    Empleamos las comillas también para señalar en el texto  el uso intencionado de un término por distintos motivos: empleo de un vulgarismo, de un extranjerismo, neologismo o latinismo inusual, de un tecnicismo inusual, de un término irónico, etc.

    Era un «abogao» de dudosa reputación. (vulgarismo.)

    Debes conseguir conectar con tus subordinados, que haya un «feedback». (Extranjerismo.)

    Aquella muchacha tenía una «hipo-cifosis torácica» perfecta. (tecnicismo inusual, con sentido irónico).

    María destacaba por su «inteligencia» lenta. (ironía.)

    Cuando quería perderse, siempre encontraba el recurso de sus «negocios». (ironía.)

    Para destacar los apodos o apelativos cuando aparecen junto al nombre propio. Por ejemplo:

    Don Félix Lope de Vega «El Príncipe de los Ingenios».

    Rocky Balboa «El Potro Italiano».


OTROS USOS DE LAS COMILLAS:

            Usamos las comillas a modo de abreviatura para evitar la repetición de una misma palabra en listas o catálogos. Por ejemplo:

    Pedido a proveedores:

    4 cajas de tomates.

    3    “    de ciruelas.

    2    “    de lechugas.


EL EMPLEO DE LAS COMILLAS CON
OTROS SIGNOS DE PUNTUACIÓN:

    En este sentido, nos remitimos a lo dicho para la combinación del paréntesis con otros signos de puntuación, dado que las normas de aplicación para las comillas son idénticas. Como en aquel caso, debemos recordar que el fragmento entrecomillado es independiente del resto de la oración y funciona como unidad. Llevará dentro de las comillas los signos que le correspondan (por ejemplo los signos de apertura y cierre de una interrogación o una exclamación si se trata de una expresión interrogativa o exclamativa), y se situarán fuera de las comillas los que correspondan a la oración donde se e4ncuentra inserto.

    El punto, cuando aparece al final del texto entrecomillado, debe colocarse siempre detrás de las comillas, incluso cuando el texto finaliza con interrogación o exclamación. Por ejemplo:

    Y entonces exclamó: «¡Dios, qué daño he hecho!».

    La única excepción que debemos considerar es cuando la frase entrecomillada aparece aislada, en cuyo caso situaremos el punto antes de las comillas. Por ejemplo:

    «Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.»


USOS INCORRECTOS DE LAS COMILLAS:

    No se usan las comillas para acotar citas que no sean textuales. Es un error usarlas en el estilo indirecto. Por ejemplo:

    El Ministro de Fomento dijo que «las obras se prolongarían durante todo el verano».

    O usamos el estilo directo, con los dos puntos seguidos de la cita entrecomillada, o usamos el estilo indirecto con nexo y sin comillas.

    No se usan las comillas para destacar nombres propios, ni de personas ni de instituciones; en estos casos, la mayúscula es el recurso utilizado para destacarlos. Por ejemplo:

    El instituto «Góngora» es el más antiguo de la ciudad. (incorrecto.)

    El Instituto Góngora es el más antiguo de la ciudad. (correcto.)


UNAS ÚLTIMAS CONSIDERACIONES:

      Como ya vimos, las comillas constituyen un procedimiento para destacar una palabra o grupo de palabras en el texto y, de esta forma, fijar la atención del lector en esa parte del texto. No es el único recurso disponible para tal fin; en algunos de los empleos que hemos visto, puede alternar con el uso de letra cursiva o negrita, por ejemplo. Debemos procurar no sobrecargar el texto con demasiadas comillas porque, como sucede con la mayoría de los signos de puntuación, pierden su eficacia, se ralentiza la lectura y se dificulta la comprensión.


(continuará)


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Sáb 25 Oct 2014, 06:04

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“Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010.

El uso de los signos de puntuación. (extractos)




LA RAYA (O GUIÓN LARGO):

(Aviso: Al no encontrar la raya en mi ordenador, he usado el guión corto en su lugar)

    Podemos usar la raya como signo doble o como signo simple.


A: LA RAYA COMO SIGNO DOBLE:

    Con valor equivalente al paréntesis, se usa para intercalar aclaraciones o incisos explicativos en el interior de oraciones más amplias. Se suele preferir al paréntesis cuando la nota aclaratoria es breve o muy puntual. Por ejemplo:

    La familia la componía el padre, la madre y diez hermanos -mejor hermanastros- que el patriarca tuvo con tres esposas diferentes a lo largo de los años.

    Podemos emplear para este mismo uso, las comas. El preferir las comas a las rayas va a depender del escritos y del ejemplo. En general, preferiremos las rayas o el paréntesis cuando la aclaración guarda poca o ninguna relación lógica con el significado general de la frase en la que se inserta y puntualiza algún elemento concreto dentro del conjunto.

    En estos casos, utilizaremos un signo de apertura y otro de cierre y su combinación con otros signos de puntuación se ceñirá a lo expuesto para el paréntesis.

    En los textos narrativos, se utiliza para separar el diálogo de la voz del narrador. En estos casos, la voz del narrador es la que se sitúa entre rayas cuando aparece inserta en medio del diálogo. Por ejemplo:
 
    «¡No tardarás en reconocer tu error -gritó Amalia descompuesta- y tendré que verte venir suplicando que te perdone!».

    «Mañana todos nos reuniremos en la planta de reciclaje a las diez» -concretó el cabecilla sin dar opción de réplica ni protesta a ninguno de los presentes.

    El criterio para utilizar o no raya de cierre después de la intervención del narrador viene dado por lo que aparece a continuación. Si después de la intervención del narrador, continuamos el diálogo con el mismo personaje, colocaremos la raya de cierre para que la intervención del narrador quede enmarcada entre las dos rayas (ejemplo anterior 1). Si después de la intervención del narrador, no continua la intervención del mismo personaje, no será necesaria la raya de cierre (ejemplo anterior 2).


B: LA RAYA COMO SIGNO SIMPLE:

    Con una raya, marcamos el inicio de la intervención de cada uno de los personajes en un diálogo. De esta forma simplificamos el diálogo evitando la repetición de los nombres de los personajes delante de cada una de sus intervenciones. Por ejemplo:

    -Aún no me has dicho dónde irás.

    -No puedo decírtelo. Ni yo misma lo sé. Puede que te llame o te mande un mensaje cuando esté instalada.

    -No puedes dejarme así, sin saber nada; no estás en condiciones de viajar sola. Al menos, quédate unos días y serénate.

    -Si me quedara no podría tranquilizarme. ¿Es que no lo sabes?

    En las narraciones, esta fórmula de introducir el diálogo puede realizarse a renglón seguido intercalando la voz del narrador. Si lo realizamos de esta forma, será la voz del narrador la que se inicie con la raya y, si la intervención del personaje no continúa detrás del narrador, no habrá raya de cierre, tal y como hemos visto en el último ejemplo del apartado anterior. Por ejemplo:

    Cuando entró, la discoteca estaba casi vacía, algunos despistados hacían como que bailaban en una pista pobremente iluminada. Se aclimató a la luz y entonces la vio al final de la barra sentada en un taburete. Se dirigió a ella. «¿Cómo estás?» -le preguntó sin más-. «¡Hombre, Pedro!» -dijo a modo de saludo-. «¿Es que me esperabas?» -replicó con aire de reproche.


EL GUIÓN (GUIÓN CORTO) ( - ):

     El trazo es más breve que la raya. Lo usaremos en los siguientes casos:

    Usamos el guión entre las palabras que usamos para acuñar términos compuestos que aún no están lexicalizados en la lengua. Por ejemplo: curso «teórico-práctico», la asignatura de «Física-Química», el eje «franco-alemán», etc.

    El curso organizado por DGT para recuperar los puntos será teórico-práctico.

    Usamos el guión para indicar la separación de las sílabas de una misma palabra cuando ésta no cabe al final de un renglón y la continuamos en el renglón siguiente. Por ejemplo:

    Las manzanas podridas deben separarse del resto de la ces-
    ta para evitar la posible putrefacción del resto.

    Con el guión, podemos significar que una secuencia de grafías o sílabas aparece al principio, en medio, o al final de una palabra. Si usamos el guión al principio, significamos que la secuencia aparece al final de la palabra. Por ejemplo:

    Los verbos acabados en «-ar» pertenecen a la primera conjugación.

    Si la usamos al final de la secuencia, significamos que ésta ocupa el principio de la palabra. Por ejemplo:

    «Sub-» es un prefijo que usamos para significar «debajo de».

    Si usamos un guión al principio de la secuencia y otro al final, significamos que esta secuencia se sitúa en el interior de la palabra. Por ejemplo:

    En la forma verbal «amaremos», «-re» es el morfema de tiempo, aspecto y modo.

    Podemos usar el guión para señalar cada uno de los elementos de una enumeración introducidos por dos puntos y aparte. Es frecuente este uso en catálogos o listas donde el guión aparece en sustitución de una palabra previa para evitar su repetición constante y así agilizar la redacción del listado. Por ejemplo:

    Por su tipo de predicado, las oraciones pueden ser:

    - (oraciones) Intransitivas.
         
    - Atributivas.

    - Transitivas.

    Uniendo dos palabras, puede adquirir valores prepositivos, especialmente en carteles y anuncios donde la brevedad es importante. Su uso está condicionado por el hecho de que exista una relación evidente entre los términos enlazados. Por ejemplo: en las señales de tráfico o de ferrocarril para significar el punto de inicio y destino de un trayecto se anotan separados por guión; lo mismo sucede con las líneas de metro.

    El AVE Madrid-Sevilla va a efectuar su salida (desde... hasta).

    La proporción casados-divorciados está evolucionando (entre).

    El miércoles retransmiten el Madrid-Barcelona (contra).

    El pacto IU-PSOE permitió gobernar en Córdoba. (con/entre).


USOS NO LINGÜÍSTICOS DEL GUIÓN:

    Separamos con guión cifras relacionadas entre sí. Por ejemplo: nacimiento-muerte (1931-2000), inicio y fin de un periodo histórico (1820-1823, trienio liberal), página inicial y final donde se halla un contenido concreto (págs. 146-151), etc.

    Andalucía vivió su periodo de máximo esplendor entre los siglos IX-XI

    La parte correspondiente a la vida y obra de Juan Ramón Jiménez la encontraréis en los capítulos VI-VIII.

    Podemos separar con guiones las cifras correspondientes al día,  mes y año en la expresión de una fecha concreta. Por ejemplo: 25-III-2007.

    En carteles indicativos de tráfico, paneles informativos de estaciones, aeropuertos, etc. el guión aparece enlazando letras, que son abreviaturas (tipo de carretera, vía o andén, puerta de embarque, etc.), con cifras que las concretan. Poe ejemplo: A-341; N-IV; C-145; etc.

    En las expresiones matemáticas se usa el guión con valor de resta. Por ejemplo: 4 – 3 = 1


LA DIÉRESIS ( ¨ ):

    Consiste en dos puntos colocados sobre vocal débil. Tiene dos usos:

    Se coloca sobre la «ü» en las secuencias «güe» y «güi» siempre que la «u» se pronuncie. Por ejemplo: pingüino, lingüística, vergüenza, cigüeña, etc. Este uso es preceptivo, dado que la diéresis aporta valores fonéticos indicando cómo debe pronunciarse la palabra. De no usarla, estaríamos indicando al lector una lectura errónea, ya que en las secuencia «gue» u «gui» la «u» no se pronuncia en español, tal y como sucede en «guerra», «guisante», «guisar», «peque», etc.

    El pingüino y la cigüeña tienen alas y diéresis.

    En poesía, se usa la diéresis cuando el autor quiere señalar la ruptura intencionada de un diptongo para que éste sea leído como dos sílabas. Resulta un recurso métrico y, por tanto, rítmico. Por ejemplo, Jorge Manrique, en sus Coplas a la muerte de su padre, escribe:

    En ventura Octavïano, /Julio César en vencer / Y batallar, […]
    (Copla 27)

    Si el autor no hubiera usado la diéresis en «Octavïano», el primer verso tendría siete sílabas en lugar de ocho, por lo que rompería la cadencia rítmica del poema.


LA BARRA ( / ):

    Podemos utilizar la barra en los siguientes casos:

    Cuando lo que, en el texto original, aparece en renglones separados, lo reproducimos a renglón seguido, usaremos una barra para indicar cada uno de los saltos de línea en el original. Se usa con frecuencia para reproducir poemas o títulos de obras en fichas de catálogo. Por ejemplo:

    «El ruido / cesó, / un hombre pasó / embozado, / el sombrero  / recatado / a los ojos / se caló /...» (fragmento de El estudiante de Salamanca de José de Espronceda)

    Cómo se / hace un / comentario / de texto / Manual de técnicas / para superar el / comentario de / texto en todo / tipo de pruebas / (secundaria, / Bachillerato, / Selectividad, / Universidad, / oposiciones). Cordoba. Berenice, 2009.

    En estos casos, como hemos hecho en los ejemplos, dejaremos un espacio antes y después de la barra.

    Se usa para separar abreviaturas entre sí, o con cifras. Su valor está, en estos casos, próximo al de alguna de las preposiciones. Por ejemplo:

    Km/h (kilómetros por/a la hora).
    850 €/mes (euros por/al mes).
    Ley 7/2002 de 17 de diciembre (7 del 2002).
 
    No dejaremos espacio ni antes ni después de la barra con este uso.

    Se usa la barra para introducir en el texto las variables posibles de un mismo término u opciones que deban ser consideradas. Su uso se ha multiplicado por el llamado lenguaje coeducacional y las instrucciones de los organismos públicos para su aplicación en el ámbito administrativo. Por ejemplo:

    El/la profesor/a que sea encargado/a de realizar la guardia deberá revisar la asistencia de sus compañeros/as al centro escolar y supervisar el orden en general.

    También es frecuente en escritos jurídico-administrativos para buscar la exhaustividad y evitar ambigüedades. Por ejemplo:

    La sanción se cumplirá en el/los día/s señalado/s al efecto en la notificación.

    A la reunión con el/la tutor/a deberá asistir la madre/padre/tutor legal de la/el menor.

    La alternancia puede afectar a todo el vocablo y no sólo a la desinencia, como hemos visto en el ejemplo anterior (madre/padre/tutor legal) o en los siguientes:

    El autor dará una charla/coloquio en el Ateneo de Madrid. Se ruega etiqueta (chaqué/traje)

   En algunas abreviaturas ya consolidadas por el uso, aparece la barra. Por ejemplo: c/ Arroyo (calle); c/c nº 45 347 23 34 (cuenta corriente), a/c (a cuenta), d/f (días fecha), s/f (sin fecha), s/n (sin número), L/ (letra de cambio), etc.

    En expresiones matemáticas, se usa para significar división o fracción. Por ejemplo; 8/4 = 2


EL ASTERISCO ( * ):

    Consiste en una pequeña estrella que se anota en la parte superior delante o detrás de una palabra o frase. Puede utilizarse con o sin paréntesis. Significa una llamada de atención que usamos para:

    Con el asterisco significamos una llamada o nota que vamos a desarrollar al margen o a pie de página.

    Actualmente, para este uso, se prefieren los números, también situados en la parte superior, delante o detrás de la palabra o frase, por la facilidad que nos brindan los procesadores de texto. No obstante, en textos manuscritos, conviene utilizar los dos procedimientos: el asterisco supone una llamada de atención  y el número ordena las anotaciones mejor que el utilizar uno, dos o tres asteriscos si se produce más de una anotación en la misma página.

    En textos de gramática, como el presente, es frecuente su uso delante de una palabra, grupo de palabras u oraciones para señalar su incorrección ortográfica , semántica o gramatical. Por ejemplo:

    *Dudo que vendrá (dudo que venga).
    *Muncho (mucho).
    *A grosso modo (grosso modo).

    Su uso puede ampliarse a otras necesidades: en textos de lingüística histórica, por ejemplo, se utiliza para significar que la palabra a la que acompaña es una hipótesis no documentada en textos. Lo importante será explicar claramente el valor asignado, en el caso de que se use con un valor diferente a los expuestos.


EL APÓSTROFO ( ' ):

    Es un acento situado en la parte superior de la separación de dos palabras que señala la supresión de una vocal.

    Se usó en castellano antiguo y en textos poéticos, pero no se normalizó ortográficamente en nuestra lengua a diferencia de otras romances como el francés o el catalán.

    En un villancico de Juan del Encina (1468-1529):

    El qu'es más penado / más goza de amor, / qu'el mucho cuidado / le quita el temor. / así qu'es mejor / amar con dolores / que estar sin amores.

    «d'aquel»; «qu'es»; «l'homme»: «d'or»; etc.

    Su uso en nuestra lengua es, pues, ocasional, y puede obedecer a dos razones:

    Se mantiene el apóstrofo cuando reproducimos una palabra en su lengua original y en esta aparece. Es el caso de: Marina D'Ors (catalán), Villeneuve-d'Asc (francés), O'Donnell (inglés), etc.

    En este apartado debemos incluir el genitivo sajón inglés, en el que usamos una «s» detrás de la palabra y separada de ella por un apóstrofo. Por ejemplo: Mary's house, Peter's father, etc. Indica una relación de posesión entre los dos sustantivos (Casa de María y padre de Peter, respectivamente). Su uso se ha extendido entre nosotros especialmente en rótulos y marcas comerciales que tratan de conferir así a la marca un aire exótico o de prestigio (Pepe's, Chupete's, Sastre's, etc.). Es un uso que debemos evitar.

    Se usa el apóstrofo cuando reproducimos literalmente, en diálogos o entrecomillados, el habla vulgar donde se suprimen ciertos sonidos. En lugar de los sonidos omitidos se usa el apóstrofo. Poe ejemplo:

    J:- ¿Y l'agüela? ¿Cómo e'tá?

 
USOS INCORRECTOS DEL APÓSTROFO:

    No debemos usar el apóstrofo para señalar la supresión de las dos primeras cifras de un año. Este empleo, normalizado en inglés, no existe en español aunque se utilizó con todo el despliegue de medios de la EXPO'92. Esperemos que no cunda el ejemplo.

    No se usa al separar los números enteros de los números decimales en la expresión de una cifra, para esto debemos emplear la coma (3'94 incorrecto / 3,94 correcto).


PÁRRAFO ( § ):

    Se usa para distinguir las partes de un escrito. Con él podemos expresar las divisiones internas de los capítulos. Se usa muy poco en las ediciones modernas.


CALDERÓN ( ¶ ):

    Su uso es muy similar a la marca de párrafo. Ha caído en desuso y cuando lo encontramos se trata de una llamada de atención para realizar alguna observación que deba ser destacada. Su uso es aleatorio y debe ser explicado cuando se emplee.


LA LLAVE O CORCHETE ( { } ):

    La usamos para señalar que los elementos agrupados por el signo guardan entre sí algún tipo de relación (personas que pertenecen a un mismo departamento, plantas que pertenecen a una misma especie, etc.). Es frecuente en gráficos y diagramas.

(FIN)


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Lluvia Abril el Dom 26 Oct 2014, 04:13

Muchísimas gracias, querido Pedro, por traer este manual de José Carlos Aranda.
Creo que lo copiaré para tenerlo siempre a mano.
Besos.


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Lun 27 Oct 2014, 05:33

Gracias por tu interés, Lluvia.

Un abrazo.
Pedro


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Leo Galea el Miér 29 Oct 2014, 15:03

Siempre interesante, Pedro. Gracias por tanta información.

Un abrazo
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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Jue 30 Oct 2014, 12:07

Gracias a ti por tu interés, Leo.

Un abrazo.
Pedro


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Máximo González Martín el Vie 31 Oct 2014, 13:02



Tu sigue, que yo los voy archivando para consultarlos porque en más de una ocasión tengo dudas.

Un abrazo

Máximo
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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Vie 31 Oct 2014, 13:58

Gracias por tu interés, Máximo.

Un abrazo.
Pedro


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Ana María Di Bert

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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Ana María Di Bert el Sáb 21 Feb 2015, 14:04

Hola Pedro.

Estoy repasando estos apuntes tan interesantes para la escritura correcta.
Siempre mis dudas estaban con el punto y coma, entre otras.
Muy claro me ha resultado todo, con los ejemplos que tiene.
Como sabes, debo repasar muchas cosas , donde las dudas me hacen sentir insegura.
Gracias por todo lo que haces en este taller, en todo,
Un abrazo con todo cariño.

Ana
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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Dom 29 Mar 2015, 14:40

Las gracias debes dárselas a su autor: José Carlos Aranda.

Gracias por tu interés, Ana.

Un abrazo.
Pedro


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Ana María Di Bert el Jue 23 Abr 2015, 17:15

Volviendo para fijar conocimientos y quitar dudas.
Siempre es bueno llegarse a tus apuntes Pedro. Gracias
Besos
Ana
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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Vie 24 Abr 2015, 05:55

Las gracias debes dárselas a su autor: José Carlos Aranda.

Gracias por tu interés, Ana.

Un abrazo.
Pedro


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Re: “Manual de ortografía y redacción” por José Carlos Aranda. Editorial Berenice, 2010. El uso de los signos de puntuación. (extractos)

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