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EL DIARIO DE DON PEDRO (Relato/Cuento)

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gonzaloledesma

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EL DIARIO DE DON PEDRO (Relato/Cuento)

Mensaje por gonzaloledesma el Sáb 10 Abr 2010, 12:16

Subo un Relato que estoy haciendo, todabia no puedo diferencia entre relatos, cuento, narracion, y las propiedades de los mismos, asi como tampoco se muy bien como ser descriptivo y tengo problemas con los dialogos, ya que quisiera que se note bien cuando habla un personaje u otro sin tener que agregar sus nombres, ademas de cualquiero otra observacion que tenga ud, ya que estoy aqui para aprender, desde ya muchas gracias!


EL DIARIO DE DON PEDRO


I


-Argentina… -Hermoso e inestable país.
–Cuantos secretos encierras, y cuantos misterios perdidos en tus milenarias leyendas.
Mi nombre es Ernesto, y mi origen esta en una provincia al noroeste de Argentina, involuntariamente indagué sobre una serie de sucesos extraños e incomprensibles, lo cual quisiera relatar en el afán de entregar a los ojos de quien posea estas letras, los resultados y consecuencias que me aprisionan y no me dejan dormir. No quise aportar mas información personal para no agravar la situación en la que me encuentro, pues es muy difícil sobre llevar la carga de milenarias practicas que, mas allá de pasar desapercibidas, forman parte de nuestra vida diaria pero solo se puede ver y descubrir solo si tuviste “El Libro” en tus manos.
Todo comenzó un día antes de comenzar el invierno, fecha en la cual los días se pierden en tonalidades de gris, y lo único que da color a mi ciudad son los lapachos que florecen y se contrastan en un dulce rosado ante el descolorido fondo gris que lo aviva. Un día normal para mi, sentado en mi escritorio, dando batalla al tiempo, el cual no se deja atrapar y se escapa hasta dejarte sin aliento. Si tuviera que contar cada una de la veces que mire el reloj pidiendo que no avanzara para poder terminar mis labores y escapar en libertad sin la pesadez del estrés que se carga en una mochila imaginaria y hoy en día no puede ser olvidada en el trabajo.
Decidí salir temprano y dar final definitivo a un trámite inconcluso que venia postergando hace ya mucho tiempo, para llegar a mi descanso en libertad. Fue en la antigua e histórica avenida Belgrano que mis pasos acelerados se vieron reducidos bruscamente por una mirada familiar, luego de vacilar un momento y de una mueca de admiración, decidí sacar afuera esas palabras que se escapaban de mi corazón. –Julio! Le dije sorprendiéndolo –Ernestito, ¿Cómo estas? hace años que nos vimos, urgente necesito hablar con vos y no podemos dejar pasar esta ocasión. Me respondió –Si, Por supuesto, le dije, mientras me retiraba de la una cola que abarcaba dos caras de una manzana dejando pendiente nuevamente este tramite que nuca pude terminar.
No podía creerlo, me encontré con ese amigo de años, de la infancia, de los primeros recuerdos de juegos y aventuras, pero que el tiempo y la vida te separa, nos sentamos a tomar un café y supuse que a recordaríamos viejas aventuras o que nos pondríamos al día en lo que respecta a nuestras vidas. Sin embargo fue muy poco claro y algo introvertido solo me pregunto por mi familia y por mi trabajo, y se limitó a invitarme a pasar unos días en un pueblo del cual es originaria su familia a unos 200km de mi ciudad, acepté inmediatamente sin dudar un instante, ya que este pequeño viaje renovaría mi rutinaria vida. Entonces se levantó y me dijo que tenia que retirarse, me dejó su numero de contacto y me dijo que pasaría a buscarme por la madrugada del día siguiente. –No tengo ningún problema, pero al menos podes terminar tu café y comentarme que fue de vos en estos años. Le dije. –No puedo, debo irme a preparar todo, ya tendremos tiempo para charlar. Y se retiró. Me quede sentado en el bar con dos tasas de café, pero no me pareció tan extraño viniendo de parte de él. Pedí unos días en el trabajo y separé la ropa abrigada dado a que es de conocimiento publico algunas carencias del lugar al cual me dirigiría, en donde el frío llega por las noches para congelar y penetrar en cada rincón donde halla un ser de sangre caliente, estos días serian una suerte de pequeñas vacaciones para la distensión y compañía de un viejo amigo.



II



Madrugada del 21 de junio preparando las cosas para partir y llegar con los primeros rayos del sol, y buscar ese calido amanecer donde todo vuelve a tomar la tonalidad que le corresponde. Se escucha el sonido de una Camioneta que hace sentir su motor en la puerta de mi casa, y con los ojos entreabiertos de tanto esperar y del sueño que me acosaba me levante a recibir a Julio, efectivamente era él, quien saludaba con una sonrisa de niño emprendiendo una aventura, en la noche desierta solo estábamos acompañados por millones de estrellas que brillaban sin conocer el destino que nos aguardaba. Cargamos un par de cajas con elementos para nuestra corta estadía y agarramos rumbo. Durante el viaje Julio, me comentaba que nos hospedaríamos en un paraje a unos pocos kilómetros de distancia del pueblo. Él se encontraba algo extraño, mas bien misterioso, cuando le pregunté sobre su vida y su familia, ya que en nuestro corto encuentro del día anterior no tuve la oportunidad., a lo que respondió – Bien, por suerte. Y no dijo nada más. Así que cambie de tema, y pasamos a charlar de los mismos temas que uno tiene con cualquier amigo luego de encontrarse pasado un buen tiempo, anécdotas y chistes que matan el tiempo en el viaje.
Llegamos cuando el sol de asomaba ligeramente en el horizonte, mas bien escondido por detrás del monte, o directamente emergiendo del mismo. Había una casa muy antigua, parecía fabricada con paja y adobe, pero solo fue una impresión mía, le pregunte si la había comprado o algo pro el estilo, a lo cual me respondió que resultaba ser una herencia asignada después de el fallecimiento de un tío que nunca tubo la gracia de conocer. Nos bajamos de la camioneta y al dar el primer paso noté que había mas tierra adentro del vehiculo que afuera y eso que mis pisadas parecían las pisadas de los astronautas en la luna. Caminamos hacia la casa y le pregunte si no tendríamos problemas con el frío, en pocas palabras, si era calida por lo menos, a lo que me respondió que no tenia la menor idea ya que era la primera vez que venia y no se atrevía a hacer el estreno él solo. Le pregunte donde paraba cuando solía venir años atrás y me dijo que en una pensión o en la casa de una amiga de la familia, a la que llamaban tía filomena, pero que ya no se dirige allí para no incomodar debido a los problema de salud de la tía.
Decidimos entrar y develar los secretos que guardaba esa antigua casa, Julio tomó una llave muy grande, debe haber tenido unos 15cm, y al girar en la vieja y herrumbrada cerradura se podía sentir como rechinaba tanto que repercutía en todo mi cuerpo era mas bien como hielo quebrándose ante nuestros ojos. Ingresamos, y para nuestro alivio había luz eléctrica, y al fondo cubierto de tierra y telas de araña la humedad de las paredes de dejaba ver cual huésped que permanecería inmóvil y siempre presente.
Estaba todo intacto como si alguien hubiera acomodado todo esperando nuestra llegada, sin esperar mas hice una broma diciendo –Se ve que tu tío era bastante ordenado. Julio no respondió nada al respecto, permanecía hipnotizado ante una foto antigua donde estaban sus padres junto a su tío y demás hermanos. Me quede asombrado por las altas vigas y julio me explicó que estas casa estaban fabricadas de manera que sean frescas en verano y que mantengan el calor en invierno. Pasamos la mañana acomodándonos y viendo el lugar, hasta que bien entrada la siesta comenzamos a sentir hambre, luego del almuerzo decidimos reposar, camino a la que seria mi habitación entre tantas puertas y habitaciones hubo una que me llamo la atención.
Preso de la curiosidad en un momento me escabullí a la ultima habitación de la casa que quedaba bien al fondo, y la forma de la puerta me llamaba a entrar y ver que se escondía allí, aparentaba ser una habitación de huésped o algo así, como la gente del interior esta acostumbrada a recibir visita, siempre tienen colchones y camas de mas, en este caso la entrada tenia unos relieves y cerraduras talladas, e incluso un candado gigante que estaba abierto quien sabe porque, era como su estuviera preparado para que yo me adentre a terminar con esta curiosidad. Escuchaba a julio roncar, y por dentro rezaba que por favor no haga ruido la puerta al abrirla para que no me atrapen explorando sin permiso, ya que en esa casa no era más que un simple huésped, y no tenia porque andar escabulléndome por ahí. Luego de un tremendo ruido y al desprenderse una de las bisagras de la puerta y sin contar que me tropecé con una pila de diarios viejos, sentenciaba mi destino esperando el enojo de Julio, sin embargo; él dormía tranquilamente.
A los manotazos logré encontrar la perilla de la luz, era una habitación grande, aparentemente un depósito, de diarios viejos y húmedos, de color amarillentos y algunos ya casi ilegibles. Era aire era bastante pesado debido a que había uno de esos viejos caños de algún pozo que ya debió estar seco, ese caño estaba en una esquina como parte de la decoración de la habitación, y hacia que el olor a humedad te tape el pecho haciendo que respire con dificultad. De repente la puerta se cerró y me volví para ver si mi amigo se había despertado con el ruido que propinó el portazo, me asome a mirar por los pequeños espacios entre las maderas que conformaban esa extraña puerta y a lo lejos, en el otro extremo del pasillo principal se divisaban los pies extendidos sobre una banqueta de Julio quien permanecía dormido.
Sin poder con la curiosidad decidí investigar y ver que encontraba de interesante allí, mire alrededor y con la poca luz de la lámpara que vaya a saber uno cuantos años tenia, sumándole al incesante parpadear de la baja tensión eléctrica, vi objetos extraños muy bien acomodados en numerosos estantes. Me imagine toda clase de historias que envolvían al difunto tío que mientras mas observaba mas intriga me daba, lo objetos eran solo adornos viejos y rotos envueltos en polvo, lo uno extraño eran algunos objetos como un pedazo de madera que por sus terminaciones se notaba que había sido arrancado de algo mas grande, también vi una cuerda y un trozo de algo así como una hoja seca o un pedazo de cuero, no se bien que era eso. También pude ver otras cosas como adornos como por ejemplo la famosa cajita con la bailarina que funcionaba a cuerda, también un gato al estilo egipcio en cerámica, y tantos objetos más. Pero lo que mas llamo a mi atención fue un libro viejo que estaba cubierto de tierra metido entre unos estantes que estaban en la pared, donde se notaba que la humedad y el salitre estaban haciendo estragos en las hojas. Decidí estirarme por entre los estantes y tratar de alcanzarlo, y ver de que se trataba, hice un esfuerzo sobrehumano para aguantar el peso de esos estante antiguos para no provocar un desastre en esa habitación, y cuando lo tuve entre mis dedos me embriagaba una sensación de placer ya que podría ver que secretos escandía, y cuando logre agarrarlo se me cayó repentinamente esparciéndose por todo el piso de tierra las hojas que contenía, logre armarlo como pude y me dispuse a leerlo, era el diario personal de Don Pedro, me enteré su nombre gracias a éste, había anotaciones extraña e incoherentes, había fechas y direcciones también, así como símbolos y garabatos que se asemejaban a mapas antiguos, lo guarde entre mi ropa y decidí salir de la habitación antes que despertara Julio.
Como ya sabia el mecanismo logre salir sin hacer el mínimo ruido, pero cuando mire hacia el pasillo no veía los pies de julio, lo encontré tomando mate y me pregunto si no había visto algo interesante, le respondí que no, que me llamaban la atención algunos objetos antiguos y me deje atrapar por la variedad que se encontraba en la casa. Seguimos charlando un poco mas y no pode dejar de preguntar los motivos del fallecimiento de si tío, y me dijo que no sabia exactamente que le pasó, lo único que se sabia es que salio a cazar un día y nunca mas regresó, se dice que como era un hombre mayor salio al monte a cazar o a hacer alguno de socorridos y haber fallecido allí, en el monte. Lo buscaron en todo el pueblo pero ni un rastro de él. Generalmente se cuenta que las personas mayores saben cuando llega su hora y se dirigen al monte a buscar un almita que los busca y los lleva hacia el otro mundo. Y no queda nadie más que yo en la familia así que me quede a cargo de la casa, no puedo decir que la casa es mía porque no sé que paso con el Tío, mira si un día me golpea la puerta. – QUE EDAD TENIA TU TIO? Noventa y cuatro me dijo, no dije mas nada porque julio hablaba muy en serio y no quería incomodarlo.
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Pedro Casas Serra
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Mensaje por Pedro Casas Serra el Dom 11 Abr 2010, 14:14

Hola, Gonzalo: Éste es un taller de verso con metro y rima, no de relato, de lo que entiendo poco. Lamento no poder comentar tu relato, que me ha parecido interesante, pues consigues crear un clima de misterio, de intriga, que promete. Pero, por si te sirve de algo, he reescrito tu relato a mi manera, con mi propio estilo que no debes tomar por modelo (ya te he dicho que yo no se escribir prosa). Ten en cuenta, además, que yo escribo utilizando unas palabras, unos giros, unas expresiones, que son las que se usan aquí (en España) y tú las que se emplean en Argentina. Las dos son correctas, claro, pero diferentes. Tendrás, eso sí, otra versión.

...


EL DIARIO DE DON PEDRO


I


Argentina... hermoso e inestable país, ¡cuántos secretos encierras y cuantos misterios perdidos en tus milenarias leyendas!

Mi nombres es Ernesto y nací en una provincia al noroeste de Argentina. En su día y sin querer, investigué una serie de sucesos extraños que hoy quiero relatar con el fín de transmitir a quienes me lean la angustia que me oprime y no me deja dormir.

No daré mas información sobre mi persona para no agravar mi situación, pues me es muy difícil soportar la carga de prácticas milenarias que, pese a pasar desapercibidas, forman parte de nuestra vida diaria y sólo se pueden reconocer si eres de los que tuvieron “el Libro” en tus manos.

Todo comenzó un día, poco antes de comenzar el invierno, en esa época en que los días se pierden en tonalidades grises y lo único que da color a mi ciudad son los lapachos en flor cuyo dulce color rosado contrasta con el descolorido fondo gris que aún lo aviva. Por lo demás, era un día normal para mí, que, sentado en mi escritorio, luchaba con ese tiempo que se escapa sin dejarse atrapar.

¡Si tuviera que contar cuantas veces miré el reloj ese día pidiendole que no avanzara para poder terminar así mis labores y escapar a la libertad sin el estrés que llevas como una pesada mochila imaginaria que no puedes abandonar en ningún sitio!

Decidí salir temprano y acabar unos trámites que venía postergando desde hacía demasiado tiempo para librarme por fin de ellos.

Fue en la antigua e histórica avenida Belgrano, donde mis pasos apresurados se vieron reducidos bruscamente ante una mirada familiar. Tras vacilar un momento y aún con cara de sorpresa, dije: Julio!

- ¡Ernestito! ¿Cómo estas? -me contestó- cuantos tiempo que no nos vemos, me urgente hablar con vos y no puedo dejar pasar esta ocasión.

- Sí, por supuesto -le dije, mientras salía de una cola que se extendía por los dos lados de una manzana, dejando nuevamente pendiente ese tramite que nuca llegué a terminar.

No podía creerlo, me había encontrado con un amigo de la infancia al que hacía años que no veía, desde aquellos días de juegos y aventuras, uno amigo de esos de los que el tiempo y la vida te separan.

Nos sentamos a tomar un café y supuse que recordaríamos viejas aventuras o que nos pondríamos al día en lo que respecta a nuestras vidas. No fue así pues Julio, poco claro y algo introvertido, sólo me pregunto por mi familia y por mi trabajo, y se limitó a invitarme a pasar unos días en una casa que me dijo tenía en el pueblo del cual era originaria su familia, a unos 200 km de la ciudad.

Acepté sin dudar, pues pensé que este pequeño viaje supondría un buen cambio a mi rutinaria vida.

Entonces, sin más, me dijo que tenía que irse, me dejó su número de contacto, se levantó y añadió que pasaría a buscarme al día siguiente de madrugada.

–No tengo ningún problema, pero al menos podés terminar tu café y comentarme que fue de vos en estos años- le dije.

–No puedo, debo irme a prepararlo todo, ya tendremos tiempo mañana para charlar.

Y se marchó.

Me quedé sentado en el bar frente a las dos tazas de café vacías, pero su extraña conducta no me pareció tan extraña procediendo de él.

Ese mismo día, pedí unos días de permiso en el trabajo y preparé la maleta metiendo en ella abundante ropa de abrigo pues es sabido que en el lugar a donde me dirigía, en invierno, el frío por las noches llega a helar y penetra cualquier rincón donde se encuentre un ser de sangre caliente.

Estos días -pensaba yo- serán una especie de pequeñas vacaciones en que descansar y relajarme junto a un viejo amigo.


II


En la madrugada del día 21 de junio, estaba preparando las cosas para partir cuanto antes a fin de llegar a destino con los primeros rayos del sol, buscando ese calido amanecer donde todo vuelve a tomar la tonalidad que le corresponde, cuando escuché el ruido de una camioneta que hacía sentir su motor en la puerta de mi casa, y con los ojos medio cerrados por el cansancio y el sueño, me levante para abrir a Julio.

Efectivamente era él, que me saludaba con la sonrisa de un niño a punto de emprender una aventura. Era aún de noche y sólo teníamos por compañía las estrellas que brillaban ignorantes del destino que nos aguardaba.

Cargamos un par de cajas con cosas para nuestra corta estancia y emprendimos el viaje.

Durante el trayecto, Julio me comentó que nos hospedaríamos en un lugar a pocos kilómetros de del pueblo. Lo notaba extraño, misterioso, y cuando le pregunté sobre su vida y su familia -ya que en nuestro corto encuentro del día anterior no había tenido la oportunidad-, me respondió: Bien, por suerte -y no dijo nada más.

Así que cambie de tema y pasamos a charlar de aquellas cosas de las que se habla con un amigo al que hace mucho tiempo que no ves, contándonos también anécdotas y chistes para hacer más agradable el viaje.

Llegamos cuando el sol asomaba ligeramente en el horizonte, saliendo de detrás de un monte.

La casa era muy antigua, parecía fabricada con paja y adobe, aunque es posible que ésto fuera sólo una impresión mía. Pregunté a Julio si la había comprado o algo por el estilo, y me contestó que la había recibido en herencia de un tío suyo al que no había llegado a conocer.

Bajamos de la camioneta y sólo dar el primer paso noté que había mas tierra adentro del vehiculo que fuera y éso que mis pisadas parecían las de los astronautas en la luna.

Caminamos hacia la casa y le pregunté si no nos causaría problemas el frío, en pocas palabras, si la casa era por lo menos cálida, a lo que me respondió que no tenia la menor idea ya que era la primera vez que la visitaba pues no se había atrevido a hacerlo él solo.

Le pregunte donde había vivido cuando había ido antes a su pueblo y me dijo que en una pensión o en la casa de una amiga de la familia, a la que llamaban la tía Filomena, pero que ya no iba a su casa para no darle trabajo debido a la edad y los problema de salud de la tal señora.

Finalmente nos decidimos a entrar y desvelar los secretos que guardaba la vieja casa.

Julio sacó una llave muy grande, como mínimo de unos 15cm, que al girar en la vieja y herrumbrosa cerradura rechinó tanto que me dió la sensación de que mi cuerpo era hielo quebradizo.

Entramos y para nuestro alivio había luz eléctrica, lo que nos permitió ver el interior: un suelo cubierto de tierra, unos techos llenos de telarañas y unas paredes con numerosas manchas de humedad. El conjunto se asemejaba a un huésped que nos esperara inmóvil desde siempre.

Sin embargo, dentro, todo se encontraba intacto y en su sitio, como si alguien lo hubiera colocado esperando nuestra llegada. No pude evitar hacer una una broma: Se ve que tu tío era bastante ordenado.

Julio no respondió, permanecía hipnotizado ante una foto antigua donde estaban sus padres junto a su tío y demás hermanos.

Me quede asombrado por las altas vigas del techo y le pregunté a Julio que me explicó que ésto era porque estas casa las fabricaban de manera que fueran frescas en verano y calientes en invierno.

Aquel primer día, pasamos la mañana ambientándonos y visitando los alrededores, hasta que bien entrada la hora de la siesta comenzamos a sentir hambre.

Luego del almuerzo, decidimos descansar y cuando iba a la habitación que Julio me había otorgado, observé entre otras muchas puertas una que me llamó la atención.

Lleno de curiosidad me acerqué a ella -era la última del pasillo- pues su aspecto me invitaba a entrar y descubrir que misterios escondía.

Parecía ser una habitación de huéspedes -la gente del interior acostumbra recibir visitas por lo que siempre tienen colchones y camas de más-. La puerta tenia relieves incluso en la cerradura, donde había un candado gigante que curiosamente se hallaba abierto, como si estuviera preparado para que yo entrara y satisfaciera mi curiosidad.

Yo escuchaba a Julio roncar y rezaba por dentro para no hacer ruido al abrir la puerta y despertarle. No quería que no me pillara fisgoneando sin su permiso, ya que en yo no era en su casa más que un huésped y no tenia porque andar metiendo las narices por todas partes.

Al abrir la puerta, se produjo un tremendo ruido al desprenderse una de las bisagras de la puerta, sin contar con que además tropecé con una pila de diarios viejos que había detrás.

Ya daba por sentenciado mi destino esperando el enojo de Julio, sin embargo comprobé que él seguía duermiendo tranquilamente.

A tientas logré encontrar la perilla de la luz. Vi una habitación grande, aparentemente un depósito de diarios viejos, húmedos y amarillentos, algunos casi ilegibles. El aire estaba enrarecido debido a que, en una esquina, como formando parte de la decoración, había uno de esos viejos caños procedente de algún pozo seco. El olor a humedad era ta grande que te oprimía el pecho impidiéndote respirar con normalidad.

De repente la puerta se cerró con gran estrépito y yo, para ver si mi amigo se había despertado con el ruido, miré por unos pequeños agujeros que se abrían entre las maderas que formaban la puerta y a lo lejos, en el otro extremo del pasillo principal, ví, sobre una banqueta, los pies de Julio que seguía durmiendo.

Sin poder resistir la curiosidad decidí investigar y ver que encontraba de interesante.

Miré a mi alrededor y a la poca luz de la lámpara -a saber uno cuantos años tendria- que además parpadeaba a causa de lo bajo de su corriente, vi muchos objetos extraños bien acomodados sobre numerosos estantes.

Me imaginé toda clase de historias relacionadas con el difunto tío de Julio y cuanto más miraba más intrigado estaba.

Los objetos no eran sino adornos viejos y rotos cubiertos de polvo. Entre los más curiosos, un pedazo de madera que se notaba había sido arrancado de una pieza mas grande, una cuerda y un trozo de algo que parecía una hoja seca o un pedazo de cuero.

También pude ver la conocida cajita con la bailarina que funciona a cuerda, un gato de cerámica de estilo egipcio y otros objetos que ahora no recuerdo.

Pero, lo que más me llamó la atención fue un viejo libro cubierto de tierra que se veía entre los estantes que cubrían la pared y que a causa de la humedad y la herrumbre parecía en muy mal estado.

Alargué la mano para tratar de alcanzarlo haciendo un esfuerzo sobrehumano para aguantar entretanto el peso de esos viejos estantes a fin de no provocar un nuevo desastre, y cuando lo tuve en mis dedos me embargó una sensación de triunfo al pensar que estaba a punto de descubrir los secretos que contenía. Pero, justo en ese momento, se me cayó de las manos esparciéndose sus hojas por todo el piso.

Como pude, logré armarlo y empecé a leerlo. Era el diario personal de Don Pedro -me enteré porque su nombre figuraba en el libro- y contenía anotaciones extraña e incoherentes con fechas y direcciones, y símbolos y garabatos que se parecían a mapas antiguos. Lo guardé entre mi ropa pensando en salir de la habitación antes que despertara Julio.

Como ya conocía su funcionamiento, logré abrir la puerta sin hacer ruido y miré hacia el pasillo para ver los pies de Julio, pero no estaban allí y al llegar al salón lo encontré levantado tomando mate.

Me preguntó si había visto algo interesante y le respondí que no, pero que me llamaban la atención los objetos antiguos y me había dejado llevar por la curiosidad de examinar la gran variedad de los que se encontraban en la casa.

Seguimos charlando un poco más y aproveché para preguntarle la causa de la muerte de su tío.

Me dijo que no lo sabia, que sólo sabía que un día había salido a cazar y nunca mas había regresado, se decía que al ser tan mayor podía haber fallecido en el monte. Que lo habían buscado por todo el pueblo y la comarca sin resultado.

- Dicen que las personas mayores saben cuando llega su hora y que entonces se dirigen al monte a encontrarse con una almita que los lleva hacia el otro mundo. Como mi tio no tenía otros familiares, la casa es mía, aunque no sé que pasó con mi tio... Mira que si un día llama a la puerta...

– Pero... QUE EDAD TENIA TU TIO?

- Noventa y cuatro -me contestó.

No dije nada más porque Julio hablaba muy en serio y no quería incomodarle.




Un fuerte abrazo.
Pedro.
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Re: EL DIARIO DE DON PEDRO (Relato/Cuento)

Mensaje por gonzaloledesma el Lun 12 Abr 2010, 09:54

muchas gracias pro su apreciacion, se note al aire diferente, me ayudó mucho a tener otra perspectiva del texto.

un abrazo grande
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Pedro Casas Serra
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Re: EL DIARIO DE DON PEDRO (Relato/Cuento)

Mensaje por Pedro Casas Serra el Mar 13 Abr 2010, 06:37

De nada, Gonzalo. Un fuerte abrazo. Pedro.

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Re: EL DIARIO DE DON PEDRO (Relato/Cuento)

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