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    OLIVERIO GIRONDO

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    Ignacio Bellido
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    OLIVERIO GIRONDO

    Mensaje por Ignacio Bellido el Sáb 02 Mayo 2009, 09:55

    Nacido en Buenos Aires en 1891.
    Estudió Derecho, y a raíz de sus contactos con los poetas de la vanguardia europea, publicó en 1922 su primer libro de poemas, «Veinte poemas para ser leídos en el tranvía», seguidos por «Calcomanías» en 1925, «Espantapájaros» en 1932, «Persuasión de los días» en 1942, «Campo nuestro» en 1946 y «En la masmédula» en 1954, obra que constituye un intento de
    llegar a su "verdadero lenguaje". Este libro brinda la oportunidad de comprender la fuerza del neologismo como llegada al sentimiento,al tiempo que el neologídmo en si como refuerzo del lenguaje.Merece dejar este libro en exclusiva en este foro, y lo intentaremos.
    .En 1961 sufrió un grave accidente que le disminuyó sus condiciones físicas. En 1965 viajó por última vez a Europa y a su regreso a Buenos Aires, falleció en 1967
    .I.B.

    APARICIÓN URBANA

    ¿Surgió de bajo tierra?
    ¿Se desprendió del cielo?
    Estaba entre los ruidos,
    herido,
    malherido,
    inmóvil,
    en silencio,
    hincado ante la tarde,
    ante lo inevitable,
    las venas adheridas
    al espanto,
    al asfalto,
    con sus crenchas caídas,
    con sus ojos de santo,
    todo, todo desnudo,
    casi azul, de tan blanco.
    Hablaban de un caballo.
    Yo creo que era un ángel.






    ¡AZOTADME!

    ¡Azotadme!
    Aquí estoy,
    ¡azotadme!
    Merezco que me azoten.
    No lamí la rompiente,
    la sombra de las vacas,
    las espinas,
    la lluvia;
    con fervor,
    durante años;
    descalzo,
    estremecido,
    absorto,
    iluminado.
    No me postré ante el barro,
    ante el misterio intacto
    del polen,
    de la cama,
    del gusano,
    del pasto;
    por timidez,
    por miedo,
    por pudor,
    por cansancio.
    No adoré los pesebres,
    las ventanas heridas,
    los ojos de los burros,
    los manzanos,
    el alba;
    sin restricción,
    de hinojos,
    entregado,
    desnudo,
    con los poros erectos,
    con los brazos al viento,
    delirante,
    sombrío;
    en comunión de espanto,
    de humildad,
    de ignorancia,
    como hubiera deseado...
    ¡como hubiera deseado!







    BALAÚA

    De oleaje tú de entrega de redivivas muertes
    en el la maramor
    plenamente amada
    tu néctar piel de pétalo desnuda
    tus bipanales senos de suave plena luna
    con su eromiel y zumbos y ritmos y mareas
    tus tús y más que tús
    tan eco de eco mío
    y llamarada suya de la muy sacra cripta mía tuya
    dame tu
    Balaúa




    CALLE DE LAS SIERPES

    A D. Ramón Gómez de la Serna

    Una corriente de brazos y de espaldas
    nos encauza
    y nos hace desembocar
    bajo los abanicos,
    las pipas,
    los anteojos enormes
    colgados en medio de la calle;
    únicos testimonios de una raza
    desaparecida de gigantes.

    Sentados al borde de las sillas,
    cual si fueran a dar un brinco
    y ponerse a bailar,
    los parroquianos de los cafés
    aplauden la actividad del camarero,
    mientras los limpiabotas les lustran los zapatos
    hasta que pueda leerse
    el anuncio de la corrida del domingo.

    Con sus caras de mascarón de proa,
    el habano hace las veces de bauprés,
    los hacendados penetran
    en los despachos de bebidas,
    a muletear los argumentos
    como si entraran a matar;
    y acodados en los mostradores,
    que simulan barreras,
    brindan a la concurrencia
    el miura disecado
    que asoma la cabeza en la pared.

    Ceñidos en sus capas, como toreros,
    los curas entran en las peluquerías
    a afeitarse en cuatrocientos espejos a la vez
    y cuando salen a la calle
    ya tienen una barba de tres días.

    En los invernáculos
    edificados por los círculos,
    la pereza se da como en ninguna parte
    y los socios la ingieren
    con churros o con horchata,
    para encallar en los sillones
    sus abulias y sus laxitudes de fantoches.

    Cada doscientos cuarenta y siete hombres,
    trescientos doce curas
    y doscientos noventa y tres soldados,
    pasa una mujer.
    A medida que nos aproximamos
    las piedras se van dando mejor.





    CAMPO NUESTRO

    En lo alto de esas cumbres agobiantes
    hallaremos laderas y peñascos,
    donde yacen metales, momias de alga,
    peces cristalizados;
    pero jamás la extensa certidumbre
    de que antes de humillarnos para siempre,
    has preferido, campo, el ascetismo
    de negarte a ti mismo.
    Fuiste viva presencia o fiel memoria
    desde mis más remota prehistoria.
    Mucho antes de intimar con los palotes
    mi amistad te abrazaba en cada poste.
    Chapaleando en el cielo de tus charcos
    me rocé con tus ranas y tus astros.
    Junto con tu recuerdo se aproxima
    el relente a distancia y pasto herido
    con que impregnas las botas... la fatiga.
    Galopar. Galopar. ¿Ritmo perdido?
    hasta encontrarlo dentro de uno mismo.
    Siempre volvemos, campo, de tus tardes
    con un lucero humeante...
    entre los labios.
    Una tarde, en el mar, tú me llamaste,
    pero en vez de tu escueta reciedumbre
    pasaba ante la borda un campo equívoco
    de andares voluptuosos y evasivos.
    Me llamaste, otra vez, con voz de madre
    Y en tu silencio sólo halló una vaca
    junto a un charco de luna arrodillada;
    arrodillada, campo, ante tu nada.
    Cuando me acerco, pampa, a tu recuerdo,
    te me vas, despacio, para adentro...
    al trote corto, campo, al trotecito.
    Aunque me ignores, campo, soy tu amigo.
    Entra y descansa, campo. Desensilla.
    Deja de ser eterna lejanía.
    Cuanto más te repito y te repito
    quisiera repetirte al infinito.
    Nunca permitas, campo, que se agote
    nuestra sed de horizonte y de galope.
    Templa mis nervios, campo ilimitado,
    al recio diapasón del alambrado.
    Aquí mi soledad. Esta mi mano.
    Dondequiera que vayas te acompaño.
    Si no hubieras andado siempre solo
    ¿todavía tendrías voz de toro?
    Tu soledad, tu soledad... ¡la mía!
    Un sorbo tras el otro, noche y día,
    como si fuera, campo, mate amargo.
    A veces soledad, otras silencio,
    pero ante todo, campo: padre-nuestro.
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    Ignacio

    Mensaje por Liliana Aiello el Sáb 02 Mayo 2009, 10:13

    La poesía de Girondo es maravillosa... sólo de pensar que está escrita en los años del treinta, muestra lo transgresor de sus poemas.
    Graciasssssssss y millones de cariñossssssss para vos.

    LILI


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    Es tan lejos pedir. Tan cerca saber que no hay.
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    Re: OLIVERIO GIRONDO

    Mensaje por Maria Lua el Sáb 02 Mayo 2009, 11:16

    Gracias, Ignacio, por compartir bellos
    poemas de OLIVERIO GIRONDO...
    Un abrazo
    Maria Lua
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    Re: OLIVERIO GIRONDO

    Mensaje por Ignacio Bellido el Mar 29 Ene 2013, 03:46

    Liliana,mejor tarde que nunca,perdoname el retraso pero a Oliverio no lo podemos dejar muy atras.
    Un abrazo
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    Re: OLIVERIO GIRONDO

    Mensaje por Evangelina Valdez el Mar 29 Ene 2013, 11:08

    Ignacio, te prometo "trabajar" con este autor y otros que has subido, pero ahora estoy enfrascada con otro de los tuyos y me toma tiempo, ya que trato de compaginar escrito con la imagen a dejar, aparte de leer el material primeramente y empaparme de él.
    Estamos en eso, "removiendo" y desempolvando a los muertos que aún siguen vivos a través de sus escritos y juntos... los desenterraremos, únete a mi labor de "zacateca"(*) jajajajaja
    Besos

    (*)En mi país tiene una connotación de la persona que se encarga de enterrar y/o desenterrar los muertos, de dar mantenimiento a las tumbas, de recortar la hierba alrededor etc.

    Te voy dejando una foto del autor

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    Re: OLIVERIO GIRONDO

    Mensaje por Pedro Casas Serra el Mar 27 Ene 2015, 07:00

    .


    Espantapájaros

    No se me importa un pito que las mujeres
    tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
    un cutis de durazno o de papel de lija.
    Le doy una importancia igual a cero,
    al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
    o con un aliento insecticida.
    Soy perfectamente capaz de soportarles
    una nariz que sacaría el primer premio
    en una exposición de zanahorias;
    ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible

    - no les perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
    Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
    Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
    tan locamente, de María Luisa.
    ¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?

    ¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
    y sus miradas de pronóstico reservado?
    ¡María Luisa era una verdadera pluma!
    Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
    volaba del comedor a la despensa.
    Volando me preparaba el baño, la camisa.
    Volando realizaba sus compras, sus quehaceres...
    ¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
    de algún paseo por los alrededores!
    Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
    "¡María Luisa! ¡María Luisa!"... y a los pocos segundos,
    ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
    para llevarme, volando, a cualquier parte.
    Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
    que nos aproximaba al paraíso;
    durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
    como dos ángeles, y de repente,
    en tirabuzón, en hoja muerta,
    el aterrizaje forzoso de un espasmo.
    ¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera...,
    aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
    ¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes...
    la de pasarse las noches de un solo vuelo!
    Después de conocer una mujer etérea,
    ¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?

    ¿Verdad que no hay diferencia sustancial
    entre vivir con una vaca o con una mujer
    que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
    Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
    la seducción de una mujer pedestre,
    y por más empeño que ponga en concebirlo,
    no me es posible ni tan siquiera imaginar
    que pueda hacerse el amor más que volando.


    12

    Se miran, se presienten, se desean,
    se acarician, se besan, se desnudan,
    se respiran, se acuestan, se olfatean,
    se penetran, se chupan, se demudan,
    se adormecen, despiertan, se iluminan,
    se codician, se palpan, se fascinan,
    se mastican, se gustan, se babean,
    se confunden, se acoplan, se disgregan,
    se aletargan, fallecen, se reintegran,
    se distienden, se enarcan, se menean,
    se retuercen, se estiran, se caldean,
    se estrangunlan, se aprietan, se estremecen,
    se tantean, se juntan, desfallecen,
    se repelen, se enervan, se apetecen,
    se acometen, se enlazan, se entrechocan,
    se agazapan, se apresan, se dislocan,
    se perforan, se incrustan, se acribillan,
    se remachan, se injertan, se atornillan,
    se desmayan, reviven, resplandecen,
    se contemplan, se inflaman, se enloquecen,
    se derriten, se sueldan, se calcinan,
    se desgarran, se muerden, se asesinan,
    resucitan, se buscan, se refriegan,
    se rehúyen, se evaden y se entregan.


    .


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    Re: OLIVERIO GIRONDO

    Mensaje por Evangelina Valdez el Mar 27 Ene 2015, 19:44

    -LO QUE ESPERAMOS

    Tardará, tardará.

    Ya sé que todavía
    los émbolos,
    la usura,
    el sudor,
    las bobinas
    seguirán produciendo,
    al por mayor,
    en serie

    -----------

    ESCRÚPULO

    Me parece que vivo
    que estoy entre los ruidos
    que miro las paredes,
    que estas manos son mías,
    pero quizás me engañe
    y paredes y manos
    sólo sean recuerdos
    de una vida pasada.
    He dicho "me parece"
    yo no aseguro nada.

    ---------------
    LLORAR A LÁGRIMA VIVA...

    Llorar a lágrima viva.
    Llorar a chorros.
    Llorar la digestión.
    Llorar el sueño.
    Llorar ante las puertas y los puertos.
    Llorar de amabilidad y de amarillo.
    Abrir las canillas,
    las compuertas del llanto.
    Empaparnos el alma, la camiseta.
    Inundar las veredas y los paseos,
    y salvarnos, a nado, de nuestro llanto.
    Asistir a los cursos de antropología, llorando.
    Festejar los cumpleaños familiares, llorando.
    Atravesar el África, llorando.
    Llorar como un cacuy, como un cocodrilo...
    si es verdad que los cacuíes y los cocodrilos
    no dejan nunca de llorar.
    Llorarlo todo, pero llorarlo bien.
    Llorarlo con la nariz, con las rodillas.
    Llorarlo por el ombligo, por la boca.
    Llorar de amor, de hastío, de alegría.
    Llorar de frac, de flato, de flacura.
    Llorar improvisando, de memoria.
    ¡Llorar todo el insomnio y todo el día!






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    Re: OLIVERIO GIRONDO

    Mensaje por Pedro Casas Serra el Mar 05 Abr 2016, 12:55

    .

    De Veinte poemas de amor para ser leídos en el tranvía, 1922:


    OTRO NOCTURNO

    La luna, como la esfera luminosa del reloj de un edificio público.

    ¡Faroles enfermos de ictericia! ¡Faroles con gorras de "apache", que fuman un cigarrillo en las esquinas!

    ¡Canto humilde y humillado de los mingitorios cansados de cantar! ¡Y silencio de las estrellas sobre el asfalto humedecido!

    ¿Por qué, a veces, sentimos una tristeza parecida a la de un par de medias tiradas en un rincón? Y ¿por qué, a veces, nos interesará tanto el partido de pelota que el eco de nuestros pasos juega en la pared?

    ¡Noches en las que nos disimulamos bajo la sombra de los árboles, de miedo de que las casas se despierten de pronto y nos vean pasar, y en las que el único consuelo es la seguridad de que nuestra cama nos espera,con las velas tendidas hacia un país mejor!


    LAGO MAYOR

    Al pedir el boleto hay que "impostar" la voz.

    ¡ISOLA BELLA! ¡ISOLA BELLA!

    Isola Bella tiene justo el grandor que queda bien, en la tela que pintan las inglesas.

    Isola Bella, con su palacio y hasta con el lema del escudo de sus puertas de pórfido:

    "HUMILITAS"

    ¡Salones! Salones de artesonados tormentosos donde cuatrocientas cariátides se hacen cortes de manga entre una bandada de angelitos.

    "HUMILITAS"

    Alcobas con lechos de topacio que exigen que quien se acueste en ellos se ponga por lo menos una "aigrette" de ave del paraíso en el trasero.

    "HUMILITAS"

    Jardines que se derraman en el lago en una cascada de terrazas, y donde los pavos reales abren sus blancas sombrillas de encaje, para taparse el sol o barren, con sus escobas incrustadas de zafiros y de rubíes, los caminos ensangrentados de amapolas.

    "HUMILITAS"

    Jardines donde los guardianes lustran las hojas de los árboles para que al pasar nos arreglemos la corbata, y que -ante la desnudez de las Venus que pueblan los boscajes- nos brindan una rama de alcanfor...

    ¡ISOLA BELLA!

    Isola Bella, sin duda, es el paisaje que queda bien, en la tela que pintan las inglesas.
    Isola Bella, sin duda, es el paisaje que queda del escudo de sus puertas de pórfido:

    "HUMILITAS".


    (continuará)



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    Re: OLIVERIO GIRONDO

    Mensaje por Pedro Casas Serra el Miér 06 Abr 2016, 11:48

    .


    De Persuasión de los días, 1942:

    ES LA BABA

    Es la baba.
    Su baba.
    La efervescente baba.
    La baba hedionda,
    cáustica;
    la negra baba rancia
    que babea esta especie babosa de alimañas
    por sus rumiantes labios carcomidos,
    por sus pupilas de ostra putrefacta,
    por sus turbias vejigas empedradas de cálculos,
    por sus viejos ombligos de regatón gastado,
    por sus jorobas llenas de intereses compuestos,
    de acciones usurarias;
    la pestilente baba,
    la baba doctorada
    que avergüenza la felpa de las bancas con dieta
    y otras muelles poltronas no menos escupidas.
    La baba tartamuda,
    adhesiva,
    viscosa,
    que impregna las paredes tapiadas de corcho
    y contempla el desastre a través del bolsillo.
    La baba disolvente.
    La agria baba oxidada.
    La baba.
    ¡Sí! Es su baba...
    lo que herrumba las horas,
    lo que pervierte el aire,
    el papel,
    los metales;
    lo que infecta el cansancio,
    los ojos,
    la inocencia,
    con sus vermes de asco,
    con sus virus de hastío,
    de idiotez,
    de ceguera,
    de mezquindad,
    de muerte.


    LO QUE ESPERAMOS

    Tardará, tardará.

    Ya sé que todavía
    los émbolos,
    la usura,
    el sudor,
    las bobinas
    seguirán produciendo,
    al por mayor,
    en serie,
    iniquidad,
    ayuno,
    rencor,
    desesperanza;
    para que las lombrices con huecos portasenos,
    las vacas de embajada,
    los viejos paquidermos de esfínteres crinudos,
    se sacien de adulterios,
    de hastío,
    de diamantes,
    de caviar,
    de remedios.

    Ya sé que todavía pasarán muchos años
    para que estos crustáceos
    del asfalto
    y la mugre
    se limpien la cabeza,
    se alejen de la envidia,
    no idolatren la saña,
    no adoren la impostura,
    y abandonen su costra
    de opresión,
    de ceguera,
    de mezquindad,
    de bosta.

    Pero, quizás, un día,
    antes de que la tierra se canse de atraernos
    y brindarnos su seno,
    el cerebro les sirva para sentirse humanos,
    ser hombres,
    ser mujeres,
    -no cajas de caudales,
    ni perchas desoladas-,
    someter a las ruedas,
    impedir que nos maten,
    comprobar que la vida se arranca y despedaza
    los chalecos de fuerza de todos los sistemas;
    y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas
    se encuentran en nosotros y no bajo la tierra.

    Y entonces...
    ¡Ah!, ese día
    abriremos los brazos
    sin temer que el instinto nos muerda los garrones,
    ni recelar de todo,
    hasta de nuestra sombra;
    y seremos capaces de acercarnos al pasto,
    a la noche,
    a los ríos,
    sin rubor,
    mansamente,
    con las pupilas claras,
    con las manos tranquilas;
    y usaremos palabras sustanciosas,
    auténticas;
    no como esos vocablos erizados de inquina
    que babean las hienas al instarnos al odio,
    ni aquellos que se asfixian
    en estrofas de almíbar
    y fustigada clara de huevo corrompido;
    sino palabras simples,
    de arroyo,
    de raíces,
    que en vez de separarnos
    nos acerquen un poco;
    o mejor todavía
    guardaremos silencio
    para tomar el pulso a todo lo que existe
    y vivir el milagro de cuanto nos rodea,
    mientras alguien nos diga,
    con una voz de roble,
    lo que desde hace siglos
    esperamos en vano.


    (continuará)


    .


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    Re: OLIVERIO GIRONDO

    Mensaje por Pedro Casas Serra el Jue 07 Abr 2016, 12:00

    .


    De En la masmédula, 1954:



    TROPOS

    Toco
    toco poros
    amarras
    calas toco
    teclas de nervios
    muelles
    tejidos que me tocan
    cicatrices
    cenizas
    trópicos vientres toco
    solos solos
    resacas
    estertores
    toco y mastoco
    y nada.

    Prefiguras de ausencia
    inconsistentes tropos
    qué tú
    qué qué
    qué quenas
    qué hondonadas
    qué máscaras
    qué soledades huecas
    qué sí qué no
    qué sino que me destempla el toque
    qué reflejos
    qué fondos
    qué materiales brujos
    qué llaves
    qué ingredientes nocturnos
    qué fallebas heladas que no abren
    qué nada toco
    en todo.


    A MÍ

    Los más oscuros estremecimientos a mí
    entre las extremidades de la noche
    los abandonos que crepitan
    cuanto vino a mí acompañado
    por los epejismos del deseo
    lo enteramente terso en la penumbra
    las crecidas menores ya con luna
    aunque el ensueño ulule entre mandíbulas transitorias
    Las teclas que nos tocan hasta el hueso del grito
    los caminos perdidos del llanto en la tierra
    la esperanza que espera los trámites del trance
    por mucho que se apoye en las coyunturas de lo fortuito
    a mí a mí la plena íntegra bella a mí hórrida vida.


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