Aires de Libertad

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    Mensaje por Maria Lua Vie 18 Sep 2009, 19:59

    CANCIONES DEL ALMA... [ I ]


    En una noche oscura
    con ansias en amores inflamada
    ¡oh dichosa ventura!
    salí sin ser notada
    estando ya mi casa sosegada,

    a oscuras y segura
    por la secreta escala disfrazada,
    ¡oh dichosa ventura!
    a oscuras y en celada
    estando ya mi casa sosegada.

    En la noche dichosa
    en secreto que nadie me veía
    ni yo miraba cosa
    sin otra luz y guía
    sino la que en el corazón ardía.

    Aquesta me guiaba
    más cierto que la luz del mediodía
    adonde me esperaba
    quien yo bien me sabía
    en sitio donde nadie aparecía.

    ¡Oh noche, que guiaste!
    ¡Oh noche amable más que la alborada!
    ¡Oh noche que juntaste
    amado con amada,
    amada en el amado transformada!

    En mi pecho florido,
    que entero para él solo se guardaba
    allí quedó dormido
    y yo le regalaba
    y el ventalle de cedros aire daba.

    El aire de la almena
    cuando yo sus cabellos esparcía
    con su mano serena
    y en mi cuello hería
    y todos mis sentidos suspendía.

    Quedéme y olvidéme
    el rostro recliné sobre el amado;
    cesó todo, y dejéme
    dejando mi cuidado
    entre las azucenas olvidado.





    San Juan de la Cruz

    Su verdadero nombre era Juan de Yepes y nació el 24 de junio de 1542 en Fontiveros, pequeño pueblo abulense perteneciente a Castilla y León, una comunidad autónoma de España.
    Murió su padre cuando Juan tenía seis años; a los nueve años, se trasladó con su madre al abulense pueblo de Medina del Campo, en donde a los 17 años, ingresa en un colegio de jesuitas para estudiar humanidades.
    El año 1563 toma los hábitos de la orden religiosa Carmelita, adoptando el nuevo nombre de fray Juan de san Matías; al año siguiente se traslada a Salamanca para cursar estudios de teología en su célebre universidad. En el año 1567 es ordenado sacerdote, y adopta el nuevo y definitivo nombre de Juan de la Cruz. Su ilustre paisana de Ávila, Teresa de Jesús, trabó gran amistad con él y le integró en el movimiento de la reforma carmelita que ella había iniciado.
    En 1568 Juan de la Cruz fundó el primer convento de Carmelitas Descalzos, los cuales practicaban a ultranza la contemplación y la austeridad. Unos años después, 1577, sus intentos reformistas de las órdenes monásticas, le llevaron a sufrir 9 meses de dura prisión en un convento de Toledo, acusado de apóstata. De su cautiverio en aquella cárcel-convento de Toledo, nace la composición de su obra cumbre: "Cántico espiritual". En otras poesías se puede llegar a entrever en lenguaje subliminal, el relato que hace de su astuta y sorprendente huida en la madrugada del 15 de agosto de 1578, estando la fortaleza sobre un peligroso acantilado sobre el Tajo profundo que ciñe a Toledo.
    Para huir de la prisión conventual toledana, contó con las influencias que ejerció su paisana Teresa de Jesús, ante la duquesa de Alba. Con su huida dio en refugiarse en un convento de Jaén y continuó con la reforma carmelitana, fundando varios conventos por Andalucía. En esta región llegó a ser nombrado Vicario Provincial de la orden de Carmelitas Descalzos; pero el buen Juan siguió con su obstinación de la reforma, lo que le llevó a enfrentamientos con la jerarquía religiosa y a sufrir nueva prisión en el convento de la Peñuela, en plena Sierra Morena, en donde culminó la escritura de sus principales obras literarias.
    Cuando por fin es excarcelado y se dispone a cumplir con el traslado que se le impone a América, el 14 de diciembre de 1591, muere a la edad de 49 años.
    135 años después, es elevado a la categoría de santo, por la iglesia católica.


    * * *

    La obra poética de san Juan de la Cruz está inspirada en un profundo sentimiento religioso. A decir de algunos de sus biógrafos, su poesía en general tiene un estilo similar al bíblico "Cantar de los cantares" atribuido a Salomón. Nuestro poeta era un gran conocedor de la Biblia y de la filosofía aristotélica y platónica; también su obra nos trae aromas de las Églogas del poeta toledano Garcilaso de la Vega, muy impregnadas de un cultismo italianizante.
    El estilo poético que imprime a su célebre "Cántico" (que algunos denominan "Cántico espiritual"), tiene un gran ritmo y musicalidad; compuesto a base de liras -estrofa ideada por Garcilaso- en las que mezcla y alterna versos heptasílabos y endecasílabos.
    Toda la obra de san Juan de la Cruz está impregnada de un gran misticismo simbolista; también rezuma un típico estilo de la poesía bucólica y pastoril.
    Hay quien afirma que su obra poética está cargada de una encriptada sensualidad e incluso de cierto erotismo. Son parecidas apreciaciones a las que algunos estudiosos creen adivinar en los textos bíblicos ya mencionados.
    Sus obras en verso, además del Cántico ya citado y descrito, son: "Noche oscura"; "Llama de amor viva"; y un conjunto de poemas menores entre los que destaca "El pastorcico".
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    Mensaje por Maria Lua Vie 18 Sep 2009, 20:00

    CANCIONES DEL ALMA... [ II ]


    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya si quieres;
    rompe la tela de este dulce encuentro.

    ¡Oh cauterio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!,
    matando muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego
    en cuyos resplandores
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno
    donde secretamente solo moras
    y en tu aspirar sabroso
    de bien y gloria lleno
    cuán delicadamente me enamoras!
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    Mensaje por Maria Lua Vie 18 Sep 2009, 20:01

    COPLAS...

    Entreme donde no supe
    y quedéme no sabiendo
    toda ciencia trascendiendo.

    Yo no supe dónde entraba
    pero cuando allí me vi
    sin saber dónde me estaba
    grandes cosas entendí
    no diré lo que sentí
    que me quedé no sabiendo
    toda ciencia trascendiendo.

    De paz y de piedad
    era la ciencia perfecta,
    en profunda soledad
    entendida vía recta
    era cosa tan secreta
    que me quedé balbuciendo
    toda ciencia trascendiendo.

    Estaba tan embebido
    tan absorto y ajenado
    que se quedó mi sentido
    de todo sentir privado
    y el espíritu dotado
    de un entender no entendiendo
    toda ciencia trascendiendo.

    El que allí llega de vero
    de sí mismo desfallece
    cuanto sabía primero
    mucho bajo le parece
    y su ciencia tanto crece
    que se queda no sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    Cuanto más alto se sube
    tanto menos se entendía
    que es la tenebrosa nube
    que a la noche esclarecía
    por eso quien la sabía
    queda siempre no sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    Este saber no sabiendo
    es de tan alto poder
    que los sabios arguyendo
    jamás le pueden vencer
    que no llega su saber
    a no entender entendiendo
    toda ciencia trascendiendo.

    Y es de tan alta excelencia
    aqueste sumo saber
    que no hay facultad ni ciencia
    que le puedan emprender
    quien se supiere vencer
    con un no saber sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    Y si lo queréis oír
    consiste esta suma ciencia
    en un subido sentir
    de la divinal esencia
    es obra de su clemencia
    hacer quedar no entendiendo
    toda ciencia trascendiendo.
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    SAN JUAN DE LA CRUZ (1542-1591) Empty Re: SAN JUAN DE LA CRUZ (1542-1591)

    Mensaje por Maria Lua Vie 18 Sep 2009, 20:02

    CÁNTICO

    ¿Adónde te escondiste,
    Amado, y me dejaste con gemido?
    Como el ciervo huiste
    habiéndome herido;
    salí tras ti clamando y eras ido.

    Pastores, los que fueres
    allá por las majadas al otero,
    si por ventura vieres
    aquel que yo más quiero,
    decidle que adolezco, peno y muero.

    Buscando mis amores
    iré por esos montes y riberas;
    no cogeré las flores,
    ni temeré a las fieras,
    y pasaré los fuertes y fronteras.

    ¡Oh bosques y espesuras
    plantadas por la mano del Amado!,
    ¡oh prado de verduras
    de flores esmaltado!,
    decid si por vosotros ha pasado.

    Mil gracias derramando
    pasó por estos sotos con presura;
    y, yéndolos mirando,
    con sola su figura
    vestidos los dejó de su hermosura.

    ¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
    Acaba de entregarte ya de veras;
    no quieras enviarme
    de hoy más mensajero
    que no saben decirme lo que quiero.

    Y todos cuantos vagan
    de ti me van mil gracias refiriendo,
    y todos más me llagan,
    y déjanme muriendo
    un no sé qué que quedan balbuciendo.

    Mas, ¿cómo perseveras,
    ¡oh vida!, no viendo donde vives,
    y haciendo por que mueras
    las flechas que recibes
    de lo que del Amado en ti concibes?

    ¿Por qué, pues has llagado
    aqueste corazón, no le sanaste?
    Y, pues me le has robado,
    ¿por qué así le dejaste,
    y no tomas el robo que robaste?

    Apaga mis enojos,
    pues que ninguno basta a deshacedlos,
    y véante mis ojos,
    pues eres lumbre de ellos,
    y sólo para ti quiero tenerlos.

    Descubre tu presencia,
    y máteme tu vista y hermosura;
    mira que la dolencia
    de amor, que no se cura
    sino con la presencia y la figura.

    ¡Oh cristalina fuente,
    si en esos tus semblantes plateados
    formases de repente
    los ojos deseados
    que tengo en mis entrañas dibujados!

    ¡Apártalos, Amado,
    que voy de vuelo!
    Vuélvete, paloma,
    que el ciervo vulnerado
    por el otero asoma
    al aire de tu vuelo, y fresco toma.

    Mi Amado las montañas,
    los valles solitarios nemorosos,
    las ínsulas extrañas,
    los ríos sonorosos,
    el silbo de los aires amorosos,

    la noche sosegada
    en par de los levantes de la aurora,
    la música callada,
    la soledad sonora,
    la cena que recrea y enamora.

    Cogednos las raposas,
    que está ya florecida nuestra viña,
    en tanto que de rosas
    hacemos una piña,
    y no aparezca nadie en la campiña.

    Detente, cierzo muerto;
    ven, astro, que recuerdas los amores,
    aspira por mi huerto,
    y corran tus olores,
    y pacerá el Amado entre las flores.

    ¡Oh ninfas de Judea!,
    en tanto que en las flores y rosales
    el ámbar perfumea,
    poblad los arrabales,
    y no queráis tocar nuestros umbrales.

    Escóndete, Carillo,
    y mira con tu faz a las montañas,
    y no quieras decidlo;
    mas mira las compañas
    de la que va por ínsulas extrañas.

    A las aves ligeras,
    leones, ciervos, gamos saltadores,
    montes, valles, riberas,
    aguas, aires, ardores,
    y miedos de las noches veladores:

    Por las amenas liras
    y canto de sirenas os conjuro
    que cesen vuestras iras
    y no toquéis al muro,
    porque la esposa duerma más seguro.

    Entrado se ha la esposa
    en el ameno huerto deseado,
    y a su sabor reposa,
    el cuello reclinado
    sobre los dulces brazos del Amado.

    Debajo del manzano,
    allí conmigo fuiste desposada;
    allí te di la mano,
    y fuiste reparada
    donde tu madre fuera violada.

    Nuestro lecho florido,
    de cueva de leones enlazado,
    en púrpura teñido,
    de paz edificado,
    de mil escudos de oro coronado.

    A zaga de tu huella
    las jóvenes recorren el camino,
    al toque de centella,
    al adobado vino,
    emisiones de bálsamo divino.

    En la interior bodega
    de mi Amado bebí, y, cuando salía
    por toda aquesta vega,
    ya cosa no sabía,
    y el ganado perdí que antes seguía.

    Allí me dio su pecho,
    allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
    y yo le di de hecho
    a mí, sin dejar cosa;
    allí le prometí de ser su esposa.

    Mi alma se ha empleado,
    y todo mi caudal, en su servicio;
    ya no guardo ganado,
    ni ya tengo otro oficio,
    que ya sólo en amar es mi ejercicio.

    Pues ya si en el ejido
    de hoy más no fuere vista ni hallada,
    diréis que me he perdido,
    que, andando enamorada,
    me hice perdediza y fui ganada.

    De flores y esmeraldas,
    en las frescas mañanas escogidas,
    haremos las guirnaldas,
    en tu amor florecidas
    y en un cabello mío entretejidas.

    En sólo aquel cabello
    que en mi cuello volar consideraste,
    mirástele en mi cuello
    y en él preso quedaste,
    y en uno de mis ojos te llagaste.

    Cuando tú me mirabas,
    su gracia en mí tus ojos imprimían;
    por eso me adamabas,
    y en eso merecían
    los míos adorar lo que veían.

    No quieras despreciarme,
    que si color moreno en mí hallaste,
    ya bien puedes mirarme,
    después que me miraste,
    que gracia y hermosura en mí dejaste.

    La blanca palomica
    al arca con el ramo se ha tornado,
    y ya la tortolica
    al socio deseado
    en las verdes riberas ha hallado.

    En soledad vivía,
    y en soledad ha puesto ya su nido,
    y en soledad la guía
    a solas su querido,
    también en soledad de amor herido.

    Gocémonos, Amado,
    y vámonos a ver en tu hermosura
    al monte y al collado,
    do mana el agua pura;
    entremos más adentro en la espesura.

    Y luego a las subidas
    cavernas de la piedra nos iremos
    que están bien escondidas,
    y allí nos entraremos,
    y el mosto de granadas gustaremos.

    Allí me mostrarías
    aquello que mi alma pretendía,
    y luego me darías
    allí tú, vida mía,
    aquello que me diste el otro día.

    El aspirar el aire,
    el canto de la dulce filomena,
    el soto y su donaire
    en la noche serena,
    con llama que consume y no da pena.

    Que nadie lo miraba,
    Aminadab tampoco aparecía
    y el cerco sosegaba,
    y la caballería
    a vista de las aguas descendía.
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    SAN JUAN DE LA CRUZ (1542-1591) Empty Re: SAN JUAN DE LA CRUZ (1542-1591)

    Mensaje por Maria Lua Dom 27 Sep 2009, 18:33

    CÁNTICO

    ¿Adónde te escondiste,
    Amado, y me dejaste con gemido?
    Como el ciervo huiste
    habiéndome herido;
    salí tras ti clamando y eras ido.

    Pastores, los que fueres
    allá por las majadas al otero,
    si por ventura vieres
    aquel que yo más quiero,
    decidle que adolezco, peno y muero.

    Buscando mis amores
    iré por esos montes y riberas;
    no cogeré las flores,
    ni temeré a las fieras,
    y pasaré los fuertes y fronteras.

    ¡Oh bosques y espesuras
    plantadas por la mano del Amado!,
    ¡oh prado de verduras
    de flores esmaltado!,
    decid si por vosotros ha pasado.

    Mil gracias derramando
    pasó por estos sotos con presura;
    y, yéndolos mirando,
    con sola su figura
    vestidos los dejó de su hermosura.

    ¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
    Acaba de entregarte ya de veras;
    no quieras enviarme
    de hoy más mensajero
    que no saben decirme lo que quiero.

    Y todos cuantos vagan
    de ti me van mil gracias refiriendo,
    y todos más me llagan,
    y déjanme muriendo
    un no sé qué que quedan balbuciendo.

    Mas, ¿cómo perseveras,
    ¡oh vida!, no viendo donde vives,
    y haciendo por que mueras
    las flechas que recibes
    de lo que del Amado en ti concibes?

    ¿Por qué, pues has llagado
    aqueste corazón, no le sanaste?
    Y, pues me le has robado,
    ¿por qué así le dejaste,
    y no tomas el robo que robaste?

    Apaga mis enojos,
    pues que ninguno basta a deshacedlos,
    y véante mis ojos,
    pues eres lumbre de ellos,
    y sólo para ti quiero tenerlos.

    Descubre tu presencia,
    y máteme tu vista y hermosura;
    mira que la dolencia
    de amor, que no se cura
    sino con la presencia y la figura.

    ¡Oh cristalina fuente,
    si en esos tus semblantes plateados
    formases de repente
    los ojos deseados
    que tengo en mis entrañas dibujados!

    ¡Apártalos, Amado,
    que voy de vuelo!
    Vuélvete, paloma,
    que el ciervo vulnerado
    por el otero asoma
    al aire de tu vuelo, y fresco toma.

    Mi Amado las montañas,
    los valles solitarios nemorosos,
    las ínsulas extrañas,
    los ríos sonorosos,
    el silbo de los aires amorosos,

    la noche sosegada
    en par de los levantes de la aurora,
    la música callada,
    la soledad sonora,
    la cena que recrea y enamora.

    Cogednos las raposas,
    que está ya florecida nuestra viña,
    en tanto que de rosas
    hacemos una piña,
    y no aparezca nadie en la campiña.

    Detente, cierzo muerto;
    ven, astro, que recuerdas los amores,
    aspira por mi huerto,
    y corran tus olores,
    y pacerá el Amado entre las flores.

    ¡Oh ninfas de Judea!,
    en tanto que en las flores y rosales
    el ámbar perfumea,
    poblad los arrabales,
    y no queráis tocar nuestros umbrales.

    Escóndete, Carillo,
    y mira con tu faz a las montañas,
    y no quieras decidlo;
    mas mira las compañas
    de la que va por ínsulas extrañas.

    A las aves ligeras,
    leones, ciervos, gamos saltadores,
    montes, valles, riberas,
    aguas, aires, ardores,
    y miedos de las noches veladores:

    Por las amenas liras
    y canto de sirenas os conjuro
    que cesen vuestras iras
    y no toquéis al muro,
    porque la esposa duerma más seguro.

    Entrado se ha la esposa
    en el ameno huerto deseado,
    y a su sabor reposa,
    el cuello reclinado
    sobre los dulces brazos del Amado.

    Debajo del manzano,
    allí conmigo fuiste desposada;
    allí te di la mano,
    y fuiste reparada
    donde tu madre fuera violada.

    Nuestro lecho florido,
    de cueva de leones enlazado,
    en púrpura teñido,
    de paz edificado,
    de mil escudos de oro coronado.

    A zaga de tu huella
    las jóvenes recorren el camino,
    al toque de centella,
    al adobado vino,
    emisiones de bálsamo divino.

    En la interior bodega
    de mi Amado bebí, y, cuando salía
    por toda aquesta vega,
    ya cosa no sabía,
    y el ganado perdí que antes seguía.

    Allí me dio su pecho,
    allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
    y yo le di de hecho
    a mí, sin dejar cosa;
    allí le prometí de ser su esposa.

    Mi alma se ha empleado,
    y todo mi caudal, en su servicio;
    ya no guardo ganado,
    ni ya tengo otro oficio,
    que ya sólo en amar es mi ejercicio.

    Pues ya si en el ejido
    de hoy más no fuere vista ni hallada,
    diréis que me he perdido,
    que, andando enamorada,
    me hice perdediza y fui ganada.

    De flores y esmeraldas,
    en las frescas mañanas escogidas,
    haremos las guirnaldas,
    en tu amor florecidas
    y en un cabello mío entretejidas.

    En sólo aquel cabello
    que en mi cuello volar consideraste,
    mirástele en mi cuello
    y en él preso quedaste,
    y en uno de mis ojos te llagaste.

    Cuando tú me mirabas,
    su gracia en mí tus ojos imprimían;
    por eso me adamabas,
    y en eso merecían
    los míos adorar lo que veían.

    No quieras despreciarme,
    que si color moreno en mí hallaste,
    ya bien puedes mirarme,
    después que me miraste,
    que gracia y hermosura en mí dejaste.

    La blanca palomica
    al arca con el ramo se ha tornado,
    y ya la tortolica
    al socio deseado
    en las verdes riberas ha hallado.

    En soledad vivía,
    y en soledad ha puesto ya su nido,
    y en soledad la guía
    a solas su querido,
    también en soledad de amor herido.

    Gocémonos, Amado,
    y vámonos a ver en tu hermosura
    al monte y al collado,
    do mana el agua pura;
    entremos más adentro en la espesura.

    Y luego a las subidas
    cavernas de la piedra nos iremos
    que están bien escondidas,
    y allí nos entraremos,
    y el mosto de granadas gustaremos.

    Allí me mostrarías
    aquello que mi alma pretendía,
    y luego me darías
    allí tú, vida mía,
    aquello que me diste el otro día.

    El aspirar el aire,
    el canto de la dulce filomena,
    el soto y su donaire
    en la noche serena,
    con llama que consume y no da pena.

    Que nadie lo miraba,
    Aminadab tampoco aparecía
    y el cerco sosegaba,
    y la caballería
    a vista de las aguas descendía.


    _________________



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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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    siendo guardián en tu cielo
    y tren de tus ilusiones."
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    Mensaje por Maria Lua Dom 27 Sep 2009, 18:33

    EL PASTORCICO

    Un pastorcico solo está penando
    Ajeno de placer y de contento
    Y en su pastora puesto el pensamiento
    Y el pecho del amor muy lastimado.

    No llora por haberle amor llagado
    Que no le pena verse así afligido
    Aunque en el corazón está herido
    Mas llora por pensar que está olvidado.

    Que sólo de pensar que está olvidado
    De su bella pastora con gran pena
    Se deja maltratar en tierra ajena
    El pecho del amor muy lastimado.

    Y dice el pastorcico: "¡Ay desdichado
    De aquel que de mi amor ha hecho ausencia
    Y no quiere gozar la mi presencia
    Y el pecho por su amor muy lastimado!"

    Y al cabo de un gran rato se ha encumbrado
    Sobre un árbol do abrió sus brazos bellos
    Y muerto se ha quedado asido de ellos
    Del pecho del amor muy lastimado.


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Sáb 10 Jul 2010, 16:16

    San Juan de la Cruz



    Su verdadero nombre era Juan de Yepes y nació el 24 de junio de 1542 en Fontiveros, pequeño pueblo abulense perteneciente a Castilla y León, una comunidad autónoma de España.
    Murió su padre cuando Juan tenía seis años; a los nueve años, se trasladó con su madre al abulense pueblo de Medina del Campo, en donde a los 17 años, ingresa en un colegio de jesuitas para estudiar humanidades.
    El año 1563 toma los hábitos de la orden religiosa Carmelita, adoptando el nuevo nombre de fray Juan de san Matías; al año siguiente se traslada a Salamanca para cursar estudios de teología en su célebre universidad. En el año 1567 es ordenado sacerdote, y adopta el nuevo y definitivo nombre de Juan de la Cruz. Su ilustre paisana de Ávila, Teresa de Jesús, trabó gran amistad con él y le integró en el movimiento de la reforma carmelita que ella había iniciado.
    En 1568 Juan de la Cruz fundó el primer convento de Carmelitas Descalzos, los cuales practicaban a ultranza la contemplación y la austeridad. Unos años después, 1577, sus intentos reformistas de las órdenes monásticas, le llevaron a sufrir 9 meses de dura prisión en un convento de Toledo, acusado de apóstata. De su cautiverio en aquella cárcel-convento de Toledo, nace la composición de su obra cumbre: "Cántico espiritual". En otras poesías se puede llegar a entrever en lenguaje subliminal, el relato que hace de su astuta y sorprendente huida en la madrugada del 15 de agosto de 1578, estando la fortaleza sobre un peligroso acantilado sobre el Tajo profundo que ciñe a Toledo.
    Para huir de la prisión conventual toledana, contó con las influencias que ejerció su paisana Teresa de Jesús, ante la duquesa de Alba. Con su huida dio en refugiarse en un convento de Jaén y continuó con la reforma carmelitana, fundando varios conventos por Andalucía. En esta región llegó a ser nombrado Vicario Provincial de la orden de Carmelitas Descalzos; pero el buen Juan siguió con su obstinación de la reforma, lo que le llevó a enfrentamientos con la jerarquía religiosa y a sufrir nueva prisión en el convento de la Peñuela, en plena Sierra Morena, en donde culminó la escritura de sus principales obras literarias.
    Cuando por fin es excarcelado y se dispone a cumplir con el traslado que se le impone a América, el 14 de diciembre de 1591, muere a la edad de 49 años.
    135 años después, es elevado a la categoría de santo, por la iglesia católica.


    * * *

    La obra poética de san Juan de la Cruz está inspirada en un profundo sentimiento religioso. A decir de algunos de sus biógrafos, su poesía en general tiene un estilo similar al bíblico "Cantar de los cantares" atribuido a Salomón. Nuestro poeta era un gran conocedor de la Biblia y de la filosofía aristotélica y platónica; también su obra nos trae aromas de las Églogas del poeta toledano Garcilaso de la Vega, muy impregnadas de un cultismo italianizante.
    El estilo poético que imprime a su célebre "Cántico" (que algunos denominan "Cántico espiritual"), tiene un gran ritmo y musicalidad; compuesto a base de liras -estrofa ideada por Garcilaso- en las que mezcla y alterna versos heptasílabos y endecasílabos.
    Toda la obra de san Juan de la Cruz está impregnada de un gran misticismo simbolista; también rezuma un típico estilo de la poesía bucólica y pastoril.
    Hay quien afirma que su obra poética está cargada de una encriptada sensualidad e incluso de cierto erotismo. Son parecidas apreciaciones a las que algunos estudiosos creen adivinar en los textos bíblicos ya mencionados.
    Sus obras en verso, además del Cántico ya citado y descrito, son: "Noche oscura"; "Llama de amor viva"; y un conjunto de poemas menores entre los que destaca "El pastorcico".


    Última edición por Maria Lua el Sáb 04 Sep 2010, 05:15, editado 2 veces


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    Mensaje por Maria Lua Sáb 10 Jul 2010, 16:17

    CÁNTICO


    ¿Adónde te escondiste,
    Amado, y me dejaste con gemido?
    Como el ciervo huiste
    habiéndome herido;
    salí tras ti clamando y eras ido.

    Pastores, los que fueres
    allá por las majadas al otero,
    si por ventura vieres
    aquel que yo más quiero,
    decidle que adolezco, peno y muero.

    Buscando mis amores
    iré por esos montes y riberas;
    no cogeré las flores,
    ni temeré a las fieras,
    y pasaré los fuertes y fronteras.

    ¡Oh bosques y espesuras
    plantadas por la mano del Amado!,
    ¡oh prado de verduras
    de flores esmaltado!,
    decid si por vosotros ha pasado.

    Mil gracias derramando
    pasó por estos sotos con presura;
    y, yéndolos mirando,
    con sola su figura
    vestidos los dejó de su hermosura.

    ¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
    Acaba de entregarte ya de veras;
    no quieras enviarme
    de hoy más mensajero
    que no saben decirme lo que quiero.

    Y todos cuantos vagan
    de ti me van mil gracias refiriendo,
    y todos más me llagan,
    y déjanme muriendo
    un no sé qué que quedan balbuciendo.

    Mas, ¿cómo perseveras,
    ¡oh vida!, no viendo donde vives,
    y haciendo por que mueras
    las flechas que recibes
    de lo que del Amado en ti concibes?

    ¿Por qué, pues has llagado
    aqueste corazón, no le sanaste?
    Y, pues me le has robado,
    ¿por qué así le dejaste,
    y no tomas el robo que robaste?

    Apaga mis enojos,
    pues que ninguno basta a deshacedlos,
    y véante mis ojos,
    pues eres lumbre de ellos,
    y sólo para ti quiero tenerlos.

    Descubre tu presencia,
    y máteme tu vista y hermosura;
    mira que la dolencia
    de amor, que no se cura
    sino con la presencia y la figura.

    ¡Oh cristalina fuente,
    si en esos tus semblantes plateados
    formases de repente
    los ojos deseados
    que tengo en mis entrañas dibujados!

    ¡Apártalos, Amado,
    que voy de vuelo!
    Vuélvete, paloma,
    que el ciervo vulnerado
    por el otero asoma
    al aire de tu vuelo, y fresco toma.

    Mi Amado las montañas,
    los valles solitarios nemorosos,
    las ínsulas extrañas,
    los ríos sonorosos,
    el silbo de los aires amorosos,

    la noche sosegada
    en par de los levantes de la aurora,
    la música callada,
    la soledad sonora,
    la cena que recrea y enamora.

    Cogednos las raposas,
    que está ya florecida nuestra viña,
    en tanto que de rosas
    hacemos una piña,
    y no aparezca nadie en la campiña.

    Detente, cierzo muerto;
    ven, astro, que recuerdas los amores,
    aspira por mi huerto,
    y corran tus olores,
    y pacerá el Amado entre las flores.

    ¡Oh ninfas de Judea!,
    en tanto que en las flores y rosales
    el ámbar perfumea,
    poblad los arrabales,
    y no queráis tocar nuestros umbrales.

    Escóndete, Carillo,
    y mira con tu faz a las montañas,
    y no quieras decidlo;
    mas mira las compañas
    de la que va por ínsulas extrañas.

    A las aves ligeras,
    leones, ciervos, gamos saltadores,
    montes, valles, riberas,
    aguas, aires, ardores,
    y miedos de las noches veladores:

    Por las amenas liras
    y canto de sirenas os conjuro
    que cesen vuestras iras
    y no toquéis al muro,
    porque la esposa duerma más seguro.

    Entrado se ha la esposa
    en el ameno huerto deseado,
    y a su sabor reposa,
    el cuello reclinado
    sobre los dulces brazos del Amado.

    Debajo del manzano,
    allí conmigo fuiste desposada;
    allí te di la mano,
    y fuiste reparada
    donde tu madre fuera violada.

    Nuestro lecho florido,
    de cueva de leones enlazado,
    en púrpura teñido,
    de paz edificado,
    de mil escudos de oro coronado.

    A zaga de tu huella
    las jóvenes recorren el camino,
    al toque de centella,
    al adobado vino,
    emisiones de bálsamo divino.

    En la interior bodega
    de mi Amado bebí, y, cuando salía
    por toda aquesta vega,
    ya cosa no sabía,
    y el ganado perdí que antes seguía.

    Allí me dio su pecho,
    allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
    y yo le di de hecho
    a mí, sin dejar cosa;
    allí le prometí de ser su esposa.

    Mi alma se ha empleado,
    y todo mi caudal, en su servicio;
    ya no guardo ganado,
    ni ya tengo otro oficio,
    que ya sólo en amar es mi ejercicio.

    Pues ya si en el ejido
    de hoy más no fuere vista ni hallada,
    diréis que me he perdido,
    que, andando enamorada,
    me hice perdediza y fui ganada.

    De flores y esmeraldas,
    en las frescas mañanas escogidas,
    haremos las guirnaldas,
    en tu amor florecidas
    y en un cabello mío entretejidas.

    En sólo aquel cabello
    que en mi cuello volar consideraste,
    mirástele en mi cuello
    y en él preso quedaste,
    y en uno de mis ojos te llagaste.

    Cuando tú me mirabas,
    su gracia en mí tus ojos imprimían;
    por eso me adamabas,
    y en eso merecían
    los míos adorar lo que veían.

    No quieras despreciarme,
    que si color moreno en mí hallaste,
    ya bien puedes mirarme,
    después que me miraste,
    que gracia y hermosura en mí dejaste.

    La blanca palomica
    al arca con el ramo se ha tornado,
    y ya la tortolica
    al socio deseado
    en las verdes riberas ha hallado.

    En soledad vivía,
    y en soledad ha puesto ya su nido,
    y en soledad la guía
    a solas su querido,
    también en soledad de amor herido.

    Gocémonos, Amado,
    y vámonos a ver en tu hermosura
    al monte y al collado,
    do mana el agua pura;
    entremos más adentro en la espesura.

    Y luego a las subidas
    cavernas de la piedra nos iremos
    que están bien escondidas,
    y allí nos entraremos,
    y el mosto de granadas gustaremos.

    Allí me mostrarías
    aquello que mi alma pretendía,
    y luego me darías
    allí tú, vida mía,
    aquello que me diste el otro día.

    El aspirar el aire,
    el canto de la dulce filomena,
    el soto y su donaire
    en la noche serena,
    con llama que consume y no da pena.

    Que nadie lo miraba,
    Aminadab tampoco aparecía
    y el cerco sosegaba,
    y la caballería
    a vista de las aguas descendí
    a.


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    Mensaje por Maria Lua Sáb 10 Jul 2010, 16:17

    CANCIONES DEL ALMA... [ I ]

    En una noche oscura
    con ansias en amores inflamada
    ¡oh dichosa ventura!
    salí sin ser notada
    estando ya mi casa sosegada,

    a oscuras y segura
    por la secreta escala disfrazada,
    ¡oh dichosa ventura!
    a oscuras y en celada
    estando ya mi casa sosegada.

    En la noche dichosa
    en secreto que nadie me veía
    ni yo miraba cosa
    sin otra luz y guía
    sino la que en el corazón ardía.

    Aquesta me guiaba
    más cierto que la luz del mediodía
    adonde me esperaba
    quien yo bien me sabía
    en sitio donde nadie aparecía.

    ¡Oh noche, que guiaste!
    ¡Oh noche amable más que la alborada!
    ¡Oh noche que juntaste
    amado con amada,
    amada en el amado transformada!

    En mi pecho florido,
    que entero para él solo se guardaba
    allí quedó dormido
    y yo le regalaba
    y el ventalle de cedros aire daba.

    El aire de la almena
    cuando yo sus cabellos esparcía
    con su mano serena
    y en mi cuello hería
    y todos mis sentidos suspendía.

    Quedéme y olvidéme
    el rostro recliné sobre el amado;
    cesó todo, y dejéme
    dejando mi cuidado
    entre las azucenas olvidado.


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Sáb 10 Jul 2010, 16:18

    CANCIONES DEL ALMA... [ II ]

    ¡Oh llama de amor viva,
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!
    pues ya no eres esquiva,
    acaba ya si quieres;
    rompe la tela de este dulce encuentro.

    ¡Oh cauterio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado,
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!,
    matando muerte en vida la has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego
    en cuyos resplandores
    las profundas cavernas del sentido
    que estaba oscuro y ciego
    con extraños primores
    calor y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno
    donde secretamente solo moras
    y en tu aspirar sabroso
    de bien y gloria lleno
    cuán delicadamente me enamoras!


    _________________



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    Mensaje por Maria Lua Sáb 10 Jul 2010, 16:18


    COPLAS...

    Entreme donde no supe
    y quedéme no sabiendo
    toda ciencia trascendiendo.

    Yo no supe dónde entraba
    pero cuando allí me vi
    sin saber dónde me estaba
    grandes cosas entendí
    no diré lo que sentí
    que me quedé no sabiendo
    toda ciencia trascendiendo.

    De paz y de piedad
    era la ciencia perfecta,
    en profunda soledad
    entendida vía recta
    era cosa tan secreta
    que me quedé balbuciendo
    toda ciencia trascendiendo.

    Estaba tan embebido
    tan absorto y ajenado
    que se quedó mi sentido
    de todo sentir privado
    y el espíritu dotado
    de un entender no entendiendo
    toda ciencia trascendiendo.

    El que allí llega de vero
    de sí mismo desfallece
    cuanto sabía primero
    mucho bajo le parece
    y su ciencia tanto crece
    que se queda no sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    Cuanto más alto se sube
    tanto menos se entendía
    que es la tenebrosa nube
    que a la noche esclarecía
    por eso quien la sabía
    queda siempre no sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    Este saber no sabiendo
    es de tan alto poder
    que los sabios arguyendo
    jamás le pueden vencer
    que no llega su saber
    a no entender entendiendo
    toda ciencia trascendiendo.

    Y es de tan alta excelencia
    aqueste sumo saber
    que no hay facultad ni ciencia
    que le puedan emprender
    quien se supiere vencer
    con un no saber sabiendo,
    toda ciencia trascendiendo.

    Y si lo queréis oír
    consiste esta suma ciencia
    en un subido sentir
    de la divinal esencia
    es obra de su clemencia
    hacer quedar no entendiendo
    toda ciencia trascendiendo.


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    Mensaje por Maria Lua Sáb 10 Jul 2010, 16:19

    OTRAS COPLAS

    Tras de un amoroso lance
    y no de esperanza falto
    volé tan alto tan alto
    que le di a la caza alcance.

    Para que yo alcance diese
    a aqueste lance divino
    tanto volar me convino
    que de vista me perdiese
    y con todo en este trance
    en el vuelo quedé falto
    mas el amor fue tan alto
    que le di a la caza alcance.

    Cuanto más alto llegaba
    de este lance tan subido
    tanto más bajo y rendido
    y abatido me hallaba
    dije: "No habrá quien alcance".
    Abatíme tanto tanto
    que fui tan alto tan alto
    que le di a la caza alcance.

    Por una extraña manera
    mil vuelos pasé de un vuelo
    porque esperanza del cielo
    tanto alcanza cuanto espera
    esperé solo este lance
    y en esperar no fui falto
    pues fui tan alto tan alto,
    que le di a la caza alcance.



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    o un ciego soñando
    y en ese vuelo y en ese sueño
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    y tren de tus ilusiones."
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    Mensaje por Maria Lua Sáb 10 Jul 2010, 16:19

    GLOSA

    Sin arrimo y con arrimo,
    sin luz y a oscuras viviendo
    todo me voy consumiendo.

    Mi alma está desasida
    de toda cosa criada
    y sobre sí levantada
    y en una sabrosa vida
    sólo en su Dios arrimada.

    Por eso ya se dirá
    la cosa que más estimo
    que mi alma se ve ya
    sin arrimo y con arrimo.

    Y aunque tinieblas padezco
    en esta vida mortal
    no es tan crecido mi mal
    porque si de luz carezco
    tengo vida celestial
    porque el amor da tal vida
    cuando más ciego va siendo
    que tiene al ama rendida
    sin luz y a oscuras viviendo.

    Hace tal obra el amor
    después que le conocí
    que si hay bien o mal en mí
    todo lo hace de un sabor
    y al alma transforma en sí
    y así en su llama sabrosa
    la cual en mí estoy sintiendo
    apriesa sin quedar cosa,
    todo me voy consumiendo.


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    Mensaje por Maria Lua Sáb 10 Jul 2010, 16:19

    EL PASTORCICO

    Un pastorcico solo está penando
    Ajeno de placer y de contento
    Y en su pastora puesto el pensamiento
    Y el pecho del amor muy lastimado.

    No llora por haberle amor llagado
    Que no le pena verse así afligido
    Aunque en el corazón está herido
    Mas llora por pensar que está olvidado.

    Que sólo de pensar que está olvidado
    De su bella pastora con gran pena
    Se deja maltratar en tierra ajena
    El pecho del amor muy lastimado.

    Y dice el pastorcico: "¡Ay desdichado
    De aquel que de mi amor ha hecho ausencia
    Y no quiere gozar la mi presencia
    Y el pecho por su amor muy lastimado!"

    Y al cabo de un gran rato se ha encumbrado
    Sobre un árbol do abrió sus brazos bellos
    Y muerto se ha quedado asido de ellos
    Del pecho del amor muy lastimado.


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    Mensaje por Carmen Parra Dom 11 Jul 2010, 04:27

    Si conozco a San Juan de la Cruz, pero siempre es tiempo de alegria y gozo para disfrutarlo querida Maria
    Un abrazo
    Maria Lua
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    Mensaje por Maria Lua Sáb 11 Sep 2010, 13:57

    Gracias, querida Stella,
    por tu presencia y apoyo
    a este foro de Escritores...
    Un beso, amiga, con
    mucho cariño
    Maria Lua


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    Mensaje por helena Sáb 11 Sep 2010, 14:52

    Uno de los poetas más exquisitos de
    todos los tiempos. Yo no me canso
    nunca de leerlo. Gracias por la
    recopilación, querida amiga Lua.
    Un beso con cariño
    Helena
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    Mensaje por helena Sáb 11 Sep 2010, 15:04

    Voy a añadir un poema que parece inspirado en otro de Santa Teresa (su gran amiga del alma en el Señor), "Vivo sin vivir en mí".


    COPLAS DEL ALMA QUE PENA POR VER A DIOS

    Vivo sin vivir en mí
    y de tal manera espero
    que muero porque no muero.

    I

    En mí yo no vivo ya
    y sin Dios vivir no puedo
    pues sin él y sin mí quedo
    éste vivir qué será?
    Mil muertes se me hará
    pues mi misma vida espero
    muriendo porque no muero.

    II

    Esta vida que yo vivo
    es privación de vivir
    y assí es contino morir
    hasta que viva contigo.
    Oye mi Dios lo que digo
    que esta vida no la quiero
    que muero porque no muero.

    III

    Estando ausente de ti
    qué vida puedo tener
    sino muerte padescer
    la mayor que nunca vi?
    Lástima tengo de mí
    pues de suerte persevero
    que muero porque no muero.

    IV

    El pez que del agua sale
    aun de alibio no caresce
    que en la muerte que padesce
    al fin la muerte le vale.
    Qué muerte abrá que se yguale
    a mi vivir lastimero
    pues si más vivo más muero?

    V

    Quando me pienso alibiar
    de verte en el Sacramento
    házeme más sentimiento
    el no te poder gozar
    todo es para más penar
    por no verte como quiero
    y muero porque no muero.

    VI

    Y si me gozo Señor
    con esperança de verte
    en ver que puedo perderte
    se me dobla mi dolor
    viviendo en tanto pabor
    y esperando como espero
    muérome porque no muero.

    VII

    Sácame de aquesta muerte
    mi Dios y dame la vida
    no me tengas impedida
    en este lazo tan fuerte
    mira que peno por verte,
    y mi mal es tan entero
    que muero porque no muero.

    VIII

    Lloraré mi muerte ya
    y lamentaré mi vida
    en tanto que detenida
    por mis pecados está.
    ¡O mi Dios!, quándo será
    quando yo diga de vero
    vivo ya porque no muero?


    ***


    Véase el poema de Santa Teresa:


    VIVO SIN VIVIR EN MÍ


    Vivo sin vivir en mí,
    y tan alta vida espero,
    que muero porque no muero.

    Vivo ya fuera de mí
    después que muero de amor;
    porque vivo en el Señor,
    que me quiso para sí;
    cuando el corazón le di
    puse en él este letrero:
    que muero porque no muero.

    Esta divina prisión
    del amor con que yo vivo
    ha hecho a Dios mi cautivo,
    y libre mi corazón;
    y causa en mí tal pasión
    ver a Dios mi prisionero,
    que muero porque no muero.

    ¡Ay, qué larga es esta vida!
    ¡Qué duros estos destierros,
    esta cárcel, estos hierros
    en que el alma está metida!
    Sólo esperar la salida
    me causa dolor tan fiero,
    que muero porque no muero.

    ¡Ay, qué vida tan amarga
    do no se goza el Señor!
    Porque si es dulce el amor,
    no lo es la esperanza larga.
    Quíteme Dios esta carga,
    más pesada que el acero,
    que muero porque no muero.

    Sólo con la confianza
    vivo de que he de morir,
    porque muriendo, el vivir
    me asegura mi esperanza.
    Muerte do el vivir se alcanza,
    no te tardes, que te espero,
    que muero porque no muero.

    Mira que el amor es fuerte,
    vida, no me seas molesta;
    mira que sólo te resta,
    para ganarte, perderte.
    Venga ya la dulce muerte,
    el morir venga ligero,
    que muero porque no muero.

    Aquella vida de arriba
    es la vida verdadera;
    hasta que esta vida muera,
    no se goza estando viva.
    Muerte, no me seas esquiva;
    viva muriendo primero,
    que muero porque no muero.

    Vida, ¿qué puedo yo darle
    a mi Dios, que vive en mí,
    si no es el perderte a ti
    para mejor a Él gozarle?
    Quiero muriendo alcanzarle,
    pues tanto a mi Amado quiero,
    que muero porque no muero.

    ***



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