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Roberto Bolaño (1953-2003)

Pedro Casas Serra
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Roberto Bolaño (1953-2003) Empty Roberto Bolaño (1953-2003)

Mensaje por Pedro Casas Serra Dom 28 Ago 2022, 14:20

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Roberto Bolaño (Santiago de Chile, 28 de abril de 1953-Barcelona, 15 de julio de 2003)2​ fue un escritor y poeta chileno, autor de más de dos decenas de libros, entre los cuales destacan sus novelas Los detectives salvajes, ganadora del Premio Herralde en 1998 y el Premio Rómulo Gallegos en 1999, y la póstuma 2666.

Después de su muerte se ha convertido en uno de los escritores más influyentes en lengua española, como lo demuestran las numerosas publicaciones consagradas a su obra y el hecho de que tres novelas —además de las ya citadas Los detectives salvajes y 2666, la breve Estrella distante— figuren en los 15 primeros lugares de la lista confeccionada en 2007 por 81 escritores y críticos latinoamericanos y españoles, con los mejores 100 libros en lengua castellana de los últimos 25 años.

Su obra ha sido traducida a numerosos idiomas, entre ellos inglés, francés, alemán, italiano y neerlandés. Al momento de su muerte tenía 37 contratos de publicación en diez países. Póstumamente la lista creció para incluir más países, entre ellos Estados Unidos,​ y ascendió a 50 contratos y 49 traducciones en doce países, todos ellos previos a la publicación de 2666, su novela más ambiciosa. Además, el autor goza de excelentes críticas tanto de escritores como de críticos literarios contemporáneos y se le considera uno de los grandes autores hispanoamericanos del siglo XX, junto con otros escritores de la talla de Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y Julio Cortázar, con quien suele ser comparado.

Biografía

Infancia en Chile

Hijo del camionero y boxeador León Bolaño y de la profesora Victoria Ávalos. Su abuelo fue militar (quien posiblemente despertó su posterior afición por los juegos de guerra). Nació en una familia de clase media baja,​ alejada del mundo de las letras, si bien su madre solía leer best sellers con relativa frecuencia.​ Solo tuvo una hermana menor.

Roberto nació en Santiago de Chile, pero nunca vivió ahí. Pasó parte de su infancia en Valparaíso y Viña del Mar, donde realizó sus primeros estudios en Quilpué y Cauquenes.​ Sin embargo, donde vivió la mayor parte de sus primeros años fue en Los Ángeles, provincia de Biobío.​ En Quilpué, donde vivió entre los años 1960 y 1964,​ realizó su primer trabajo a los diez años de edad, como boletero de una línea de autobuses en el trayecto Quilpué-Valparaíso.​ Se cree que padeció de dislexia en su infancia pero esto se debe a un comentario hecho por el autor en una conferencia en Venezuela,​ pese a que no se cuenta con un diagnóstico médico contrastado. En cualquier caso, no significó un problema para su aprendizaje.​

La relación de sus padres era inestable, con continuas separaciones y reencuentros. Su madre, que había visitado México en algunas ocasiones, convenció a León de irse a vivir juntos a la Ciudad de México.

Juventud en México

El futuro escritor se trasladó con su familia a México en 1968, con quince años de edad,​ el mismo año del movimiento estudiantil que provocó la invasión del ejército a la Ciudad Universitaria de la UNAM y al Casco de Santo Tomás, y posteriormente la Matanza de Tlatelolco. Estos hechos, que sucedieron a fines del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz (PRI) y que costaron la vida a cientos de mexicanos, serían más tarde narrados por Bolaño en su novela Amuleto (1999).​

En la Ciudad de México Roberto continuó sus estudios secundarios por un breve tiempo, abandonándolos definitivamente a los dieciséis, para dedicarse a leer y escribir diariamente. Nunca terminó la secundaria y por lo tanto tampoco inició estudios superiores. Fue desde su adolescencia un lector voraz, que leía desde literatura mexicana y thriller policiales hasta obras clásicas de Horacio, Ovidio y Arquíloco.​ Durante esta época fue un asiduo visitante de la biblioteca pública de la capital mexicana, ciudad en la que se desenvolvió realizando distintos trabajos, tales como el de periodista,​ o incluso vendiendo lámparas de la Virgen de Guadalupe, al mismo tiempo que escribía obras de teatro y poesía.​ Según el poeta chileno Jaime Quezada, amigo de Victoria Ávalos y que entre 1971 y 1972 vivió en la casa de Roberto, Bolaño tenía por entonces muy pocas amistades y salía poco de su casa.​

Es en la capital mexicana donde se comenzó a gestar la carrera literaria de Bolaño. La Ciudad de México y Ciudad Juárez son los escenarios de sus libros más afamados, Los detectives salvajes y 2666, respectivamente, adoptando en este último el nombre ficticio de Santa Teresa.

En la Ciudad de México la familia de Bolaño vivió en la colonia Lindavista, luego en la Colonia Nápoles y más tarde en la Colonia Guadalupe Tepeyac.

Breve regreso a Chile

Bolaño llegó a Chile pocos días antes del golpe de Estado.

En 1973 regresó a Chile con el propósito de apoyar el proceso de reformas socialistas de Salvador Allende a través de la Unidad Popular, al mismo tiempo que para experimentar la sensación de libertad extrema manifestada por la Generación beat.​ Tras un largo viaje en autobús, a dedo​ y en barco (atravesando prácticamente toda América Latina) llegó a Chile el mes de agosto de ese año, pocos días antes del golpe de Estado del 11 de septiembre,​ alojándose en Santiago en la casa de Jaime Quezada, quien había regresado hacía poco de México, donde vivió a su vez en la casa de la familia de Bolaño.​

En Chile aprovechó para visitar a sus parientes en Los Ángeles, Mulchén y Concepción.​ Sin embargo, fue detenido en noviembre en un autobús cuando se dirigía desde Los Ángeles hacia Concepción para visitar a un amigo,​ siendo liberado ocho días después gracias a la ayuda de un antiguo compañero de estudios en Cauquenes que se encontraba entre los policías que debían custodiarlo. Sobre esta experiencia se basa su cuento Detectives, publicado en Llamadas telefónicas y donde aparece bajo su álter ego literario Arturo Belano.​ Luego de esta experiencia y sumado a las presiones de su madre,​ Bolaño decidió abandonar su país natal, no visitándolo sino hasta veinticinco años más tarde.

Regreso a México

Bolaño regresó a México en enero de 1974,1 nuevamente viajando por tierra desde Chile,​ deteniéndose un tiempo en San Salvador, capital de El Salvador. Sobre esta breve estadía, el escritor afirmó que en ella conoció al poeta Roque Dalton y a la guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, algunos de cuyos miembros tuvieron que ver con el asesinato de Dalton.​ Sin embargo, hay estudiosos que niegan este hecho y opinan que probablemente se trate de un mito.

Ya de regreso en México conoció al que se convertiría en su mejor amigo, el poeta Mario Santiago Papasquiaro, y al chileno Bruno Montané (a quienes Bolaño representaría, respectivamente, mediante los personajes de Ulises Lima y Felipe Müller en su premiada novela Los detectives salvajes).​

Un año después, en 1975, con Papasquiaro, Montané y otros amigos fundarían el movimiento infrarrealista que, surgido a partir de reuniones y tertulias bohemias en el Café La Habana de la Avenida Bucareli,​ se opuso radicalmente a los poderes dominantes en la poesía mexicana y al establishment literario de ese país, que tenía a Octavio Paz como su figura preponderante.​ Durante este tiempo en México, Bolaño comenzó a escribir prácticamente todos los días desde la madrugada hasta el amanecer, manteniendo una rigurosa constancia.​

Además de los infrarrealistas y amigos afines al movimiento, Bolaño frecuentó a poetas mexicanos más adultos, como Hugo Gutiérrez Vega y Efraín Huerta, o los chilenos exiliados en México Poli Délano, Hernán Lavín Cerda y el ecuatoriano Miguel Donoso Pareja.​

A mediados de la década de 1970, su madre se va a vivir a España, mientras que su padre se queda en México y forma una nueva familia.​ En 1976, poco antes de que con los infrarrealistas publicaran su primera antología, Pájaro de calor, Lisa Johnson, quien fuera su mayor amor mexicano, rompió con él, siendo esta una de las principales razones de que abandonara México y decidiera irse a vivir a Europa.​ En un principio Bolaño pensó viajar a Suecia, donde tenía un trabajo más o menos asegurado.​ Sin embargo, su madre se encontraba enferma en Barcelona, por lo que se decidió entonces ir a acompañarla a esta ciudad, quedándose definitivamente en Cataluña.​ Carla Rippey, amiga de Bolaño y de los infrarrealistas en ese tiempo, aporta otra razón que motivó la partida del escritor, relacionada con un «hostigamiento injusto» por parte de las autoridades hacia su familia, debido a una acusación policial en contra de un exnovio de su hermana.

El infrarrealismo

En 1975, Bolaño, Mario Santiago y otros dieciocho jóvenes poetas, en su mayoría mexicanos, fundan en Ciudad de México el movimiento poético del infrarrealismo, siendo liderado por ambos.​ El movimiento se fundó como tal en casa del poeta Bruno Montané, en México D. F., en 1976.​

Ese mismo año, Bolaño publicó su primer libro de poesía, Reinventar el amor, en la imprenta artesanal de su amigo Juan Pascoe llamada Taller Martín Pescador.​ También ese año escribió el primer manifiesto infrarrealista,​ que acaba con una frase que, según la periodista Montserrat Madariaga, resume el «canon literario» que acompañó al escritor a lo largo de su vida:

   «Déjenlo todo, nuevamente láncense a los caminos».
   Roberto Bolaño, primer manifiesto infrarrealista. México, 1976

El origen del término es francés, y el intelectual Emmanuel Berl lo atribuye a uno de los fundadores del surrealismo, el escritor y político Philippe Soupault (1897-1990), quien también fue uno de los impulsores del dadaísmo.​ Según Bolaño, el nombre surgió inicialmente de la mano del chileno Roberto Matta (1911-2002), artista que acuñó el término «infrarrealismo» en la década de 1940, luego de que André Breton lo expulsara del surrealismo, siendo así su único practicante hasta que el término es recuperado como corriente literaria.

Además de Bolaño, Mario Santiago y Montané, el movimiento infrarrealista contó entre sus cofundadores con poetas como José Vicente Anaya, Rubén Medina, Ramón Méndez Estrada y el peruano José Rosas Ribeyro, entre otros. Por aquel entonces Bolaño, en presencia de Bruno Montané, quemó unas setecientas páginas que había escrito en obras de teatro, como acto simbólico que reafirmaba su dedicación exclusiva a partir de entonces a la poesía.

El movimiento buscaba romper con lo oficial y establecerse como vanguardia, boicoteando actos literarios de distintos artistas, entre ellos Octavio Paz.​ La poeta y escritora Carmen Boullosa, en una ocasión, expresó su temor a Bolaño de que él con los «infras» boicotearan su lectura poética.​

A través del infrarrealismo, la poesía de Bolaño y Mario Santiago se caracterizó por su cotidianidad, su disonancia y sus elementos dadaístas. Papasquiaro cultivó este género hasta el final de su vida, pero Bolaño lo fue abandonando poco a poco por la prosa, aunque él mismo nunca dejó de considerarse un poeta.​

Respecto a su relación con este movimiento, comentó el escritor Juan Villoro:

   «Se podría sostener que el infrarrealismo lo determinó como escritor de la misma forma que el alejamiento de la corriente le permitió iniciar su carrera como novelista. México para él fue central, porque lo determinó como escritor (...) el México nocturno, el México de las calles, del habla cotidiana, de un destino quebrado y a veces trágico y el humor lo cautivaron. No es casualidad que sus dos novelas más grandes las haya centrado en México, Los detectives salvajes y 2666».
   Juan Villoro

Póstumamente, al infrarrealismo la prensa crítica estadounidense lo llamó en diversas ocasiones «modernismo visceral» y «realismo visceral».​ Este último nombre es el que utiliza Bolaño para referirse al movimiento en su novela Los detectives salvajes, la cual escribió a partir de numerosas notas de ese tiempo en donde iba inmortalizando lo que le ocurría a él y a los demás infrarrealistas.​

En España

Llegada a Barcelona

El poeta Bolaño emigró a España en 1977, concretamente a Cataluña, donde ya vivía su madre, poco después que lo hiciera el otro infrarrealista Bruno Montané. Por esa misma época Mario Santiago Papasquiaro también pasó por Europa, especialmente por París, antes de continuar viaje hasta Israel. El propio Bolaño afirmó tiempo después que esta fue la última ocasión en que vio personalmente a su amigo Mario Santiago —si bien nunca perdieron el contacto a través de correspondencia y algunas llamadas telefónicas— y que en la Estación de Port-Vendres en Francia dieron por acabado el infrarrealismo. Esto último fue en efecto así para Bolaño, quien iría progresivamente dejando la poesía para dedicarse más a la narrativa, pero Papasquiaro regresó en 1979 a Ciudad de México, y consiguió resucitar el movimiento, con algunos antiguos miembros y otros nuevos.​

En España y otros países tales como Francia, desempeñó diversos oficios, tales como lavaplatos, botones, camarero, encargado de la recolección de basura, vigilante nocturno de cámping, descargador de barcos, vendimiador durante el verano o vendedor en un almacén de barrio. Sus ratos libres los dedicaba a escribir, y en algunas ocasiones en que el dinero escaseaba, optó por robar libros.

La primera ciudad donde se estableció Bolaño de manera estable fue en Barcelona. Luego de alojarse un breve tiempo en la entonces llamada avenida José Antonio —actual Gran Vía de las Cortes Catalanas—​ vivió durante un año en la adoquinada calle Tallers, ubicada en el barrio de El Raval, a dos cuadras de la plaza de Cataluña. Su humilde apartamento, de 25 metros cuadrados, estaba en la cuarta planta de un antiguo convento, con un baño compartido con los demás vecinos, sin timbre eléctrico y con dos ventanas exteriores que miraban hacia otro edificio, al otro lado de la calle. Con sus amigos escritores y poetas, solían reunirse en los futbolines ubicados en la misma Tallers, frente al bar Cèntric y cercano al bar Parisienne, en los cuales Bolaño se tomaba un café cuando tenía dinero. El chileno solía dar largos paseos a pie por el barrio. Posteriormente se trasladó a vivir con su hermana, su madre y la pareja de esta a un edificio modernista en la Gran Vía, cerca de la plaza España. Es entonces cuando consigue el trabajo de vigilante nocturno en el camping La Estrella de Mar en Castelldefels, a 24 kilómetros de Barcelona y adonde Bolaño debe desplazarse diariamente,​ durante los veranos y algunos inviernos entre 1978 y 1981.​

Desde Barcelona Bolaño mantuvo contacto con Juan Pascoe, intentando publicar en México un segundo libro de poemas en el Taller Martín Pescador. Si bien este proyecto no acabó por concretarse, el chileno consiguió aparecer en 1978 en las antologías Algunos poetas en Barcelona —junto con sus amigos Bruno Montané y A. G. Porta— y Novísima poesía latinoamericana, esta última publicada en el D. F. Además, al año siguiente se publicó, también en Ciudad de México, Muchachos desnudos bajo el arcoíris de fuego. Once jóvenes poetas latinoamericanos, una antología cuya aparición había dejado acordada con la Editorial Extemporáneos antes de su partida a Europa, que incluye una presentación de Efraín Huerta y poemas suyos, de Mario Santiago, Bruno Montané, Hernán Lavín Cerda, Jorge Pimentel, Enrique Verástegui y Orlando Guillén, entre otros.

Durante estos primeros años en España, Bolaño creó también junto con Bruno Montané la revista de poesía RVAC (Rimbaud vuelve a casa), cuyo único número fue financiado por este último. A través de ella se despidieron formalmente del infrarrealismo. Luego intentaron convertirla en una mini editorial bajo el nombre Rimbaud vuelve a casa Press, y publicaron dos o tres números de una revista de escaso tiraje denominada Berthe Trépat, en la cual se incluyeron poemas de Enrique Lihn, Soledad Bianchi, Waldo Rojas, Claudio Bertoni y Diego Maquieira, entre otros.

Los años difíciles en Gerona

El escritor dejó Barcelona en 1980, habiendo ya escrito una primera versión de su novela Amberes,44​ y se muda a Gerona, concretamente a la calle Capuchinos, en el casco antiguo, donde inicia el contacto por correspondencia con uno de sus poetas chilenos favoritos, Enrique Lihn.​ Durante la década de 1980 pudo comenzar a sustentarse económicamente, aunque solo en parte,​ ganando concursos literarios municipales,​ en los cuales es instado a participar gracias a los consejos del escritor argentino exiliado en España Antonio Di Benedetto, a quien por esto dedica su cuento «Sensini».​

En 1981 conoce en esta ciudad a Carolina López, de veinte años de edad (Bolaño tenía veintiocho), catalana que trabaja en los servicios sociales y quien sería su futura esposa. Carolina recuerda que la abordó en la calle, y la invitó a cenar.​

En 1983 junto a Bruno Montané lanzaron un único número de la revista Regreso a la Antárdida, con tres poetas (entre ellos el mismo Bolaño) y tres dibujantes. Los ejemplares fueron meras fotocopias y llegaron a escasas personas además de los mismos participantes.​

En el invierno de 1984 Roberto y Carolina comienzan a vivir juntos.​ Ese mismo año publicó también su primera novela, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, escrita a dúo junto con el catalán A. G. Porta y ganadora del Premio Ámbito Literario.​ El mismo año resulta ganador del Premio Félix Urabayen por su novela La senda de los elefantes,​ que ya había sido postulada anteriormente, con otro nombre, a otro concurso literario. Esta novela sería más adelante, en 1999, reeditada por la Editorial Anagrama bajo el nombre de Monsieur Pain.​

Establecimiento en Blanes

La prematura pareja se casa en 1985. Ese verano se trasladan a Blanes, un pequeño municipio ubicado en la Costa Brava de Cataluña, a 70 kilómetros de Barcelona, para que Roberto pueda trabajar en la tienda de bisutería montada por su madre en 1983.​ Carolina consigue allí un trabajo de servicio social en el ayuntamiento ese mismo verano, y por esta razón, en 1986,​ se establecen allí definitivamente.​

Con Carolina tendrían dos hijos: Lautaro y Alexandra.​ Con el nacimiento de su primogénito en 1990, Bolaño, que hasta entonces casi solo escribía poesía, decidió volcarse hacia la narrativa, como forma de hacer su oficio más rentable y poder así sostener a su creciente familia.​ En 1992 se entera de la enfermedad que lo aqueja, y con la que cargaría por poco más de una década,​ a menudo priorizando su trabajo como escritor sobre el cuidado de su salud.​

Al año siguiente publicó su tercera novela, La pista de hielo,​ y Los perros románticos, una recopilación de sus poemas escritos en España desde su llegada en 1977 hasta 1990, con el cual ganó en 1994 el Premio Literario Ciudad de Irún​ y el Premio Literarios Kutxa Ciudad de San Sebastián, a mejor libro de poesía en castellano.​

En 1996 publicó las novelas La literatura nazi en América y Estrella distante, con excelente crítica y que les comenzará a dar un cierto prestigio, y al año siguiente su primer libro de cuentos, titulado Llamadas telefónicas,​ con el cual obtiene el Premio Municipal de Santiago de Chile,​ el Premio Ámbito Literario de Narrativa y el Premio Literario Kutxa Ciudad de San Sebastián, este último por su cuento «Sensini».​

Blanes fue el último lugar donde vivió el escritor, hasta su muerte. Residió en las calles Loro​ y Ancha, paralelas y contiguas, situadas muy cerca de la playa hacia el Mar Mediterráneo.

La consolidación literaria

El reconocimiento de la crítica y la fama del escritor se consolidan abruptamente en 1998, año en que se convierte en el primer escritor chileno en obtener el Premio Herralde de Novela gracias a su obra Los detectives salvajes. El 2 de agosto del año siguiente, repite la novedad al obtener el Premio Rómulo Gallegos por la misma novela,​ sobre la cual Enrique Vila-Matas escribió:

   «Los detectives salvajes —vista así— sería una grieta que abre brechas por las que habrán de circular nuevas corrientes literarias del próximo milenio. Los detectives salvajes es, por otra parte, mi propia brecha; es una novela que me ha obligado a replantearme aspectos de mi propia narrativa. Y es también una novela que me ha infundido ánimos para continuar escribiendo, incluso para rescatar lo mejor que había en mí cuando empecé a escribir».
   Enrique Vila-Matas​

En Los detectives salvajes Bolaño se retrata a sí mismo a través de su álter ego Arturo Belano, compartiendo con su mejor amigo de la vida real, el poeta Mario Santiago Papasquiaro, para el cual utiliza el apodo de Ulises Lima. Papasquiaro falleció el 10 de enero de 1998, poco después de que Bolaño acabara de corregir la novela, y por lo tanto no alcanzó a leerla.​

Luego de Los detectives salvajes, a Bolaño lo comienzan a invitar de manera frecuente para asistir a entrevistas y conferencias, así como para escribir publicaciones en revistas y medios de prensa. A fines de 1998 acepta el compromiso de escribir una columna de frecuencia aproximadamente semanal para el Diari de Girona, periódico en lengua catalana de la provincia de Gerona (a la cual pertenece Blanes) donde también publicaba el escritor José María Gironella. Su primera entrega (que eran escritas en castellano, y luego traducidas por los editores al catalán) es publicada en enero de 1999, y estas se extienden hasta la primera mitad de 2000, totalizando aproximadamente medio centenar de columnas y reseñas literarias. Luego de suspendida su colaboración regular con ese medio, Bolaño acepta la propuesta de su amigo Andrés Braithwaite para colaborar en el periódico chileno Las Últimas Noticias (que por entonces aún no se había convertido en un medio de farándula) y publicar una columna similar a la que tenía en el Diari de Girona y que, por iniciativa de Braithwaite, se llamó Entre paréntesis. La gran mayoría de estas publicaciones, comprendidas entre mayo de 1999 y enero de 2003, así como las del Diari de Girona, más conferencias y entrevistas, se encuentran en su libro póstumo que lleva como título el de su columna chilena (2004).​

Paralelamente a lo anterior, en noviembre de 1998 viaja por primera vez a Chile luego de 25 años de ausencia, invitado para hacer de jurado en un concurso de cuentos organizado por la revista Paula. El escritor, en compañía de su esposa y su hijo Lautaro, es recibido por una comitiva que incluye a su abuela María Olga, Alexandra Edwards (directora de la revista), y la periodista y escritora Totó Romero.​ Durante su estadía se presenta en programas de televisión y es entrevistado por distintos medios nacionales, tales como los diarios Las Últimas Noticias,​ y La Nación,​ un periódico de La Serena, y las revistas Paula​ y Ercilla.​ Además aprovecha de saludar telefónicamente a Pedro Lemebel el día de su cumpleaños, así como de visitar a Nicanor Parra, para Bolaño «el mejor poeta vivo en lengua española».​

Pese a esta ajetreada vida de entrevistas, a la obtención de premios y nuevas aperturas laborales, el escritor continuó manteniendo un estilo de vida austero, sin lujos ni ostentaciones. En cuanto a las ventas de sus libros en vida, salvo por Los detectives salvajes fue un autor minoritario, que no percibió grandes ingresos.​ Su estudio de trabajo, ubicado en Blanes en la misma calle que la casa que compartía con Carolina López, no poseía calefacción y carecía de cualquier comodidad.​

En 1999 publicó Amuleto, que profundiza en una de las historias narradas en Los detectives salvajes, y en noviembre de ese año viajó nuevamente y por última vez a Chile, con motivo de la Feria del Libro. En esta ocasión, sin embargo, el recibimiento de algunos de sus colegas escritores fue más hosco, debido a sus comentarios críticos sobre la literatura chilena publicados en mayo de ese año en una entrevista para la revista Ajoblanco en Barcelona. En ese viaje, en compañía de su esposa Carolina López y su hijo Lautaro, así como de la joven escritora Lina Meruane, visitaron a la escritora Diamela Eltit y su esposo, el político izquierdista Jorge Arrate, quienes a su vez invitaron a Pablo Azócar.​ Ya de regreso en España, escribió un libro inspirado en este viaje, Nocturno de Chile que se publicó en 2000, y al año siguiente publicó su segundo libro de cuentos, Putas asesinas.​

En 2001 el escritor español Javier Cercas publicó su novela testimonio Soldados de Salamina, en donde Bolaño figura como el personaje que lo estimula a acabar el libro, mientras que el 2003 fue homenajeado por el mexicano Jorge Volpi en su libro El fin de la locura.​

Últimos días y despedida

Bolaño no solía viajar demasiado, pero durante su último semestre de vida realizó varios viajes. Visitó Londres, por invitación del editor Christopher MacLehose, quien publicó Nocturno de Chile en inglés; también París y Turín, invitado por el editor francés Christian Bourgois y por los editores italianos Elvira y Antonio Sellerio, respectivamente. En París y Turín se encontró también con su amigo y editor español, Jorge Herralde.​

A mediados de 2003, unas pocas semanas antes de su fallecimiento, durante una reunión de escritores latinoamericanos en Sevilla, el escritor argentino Rodrigo Fresán se refirió a Bolaño como el líder indiscutible tanto de él como de otros escritores contemporáneos, tales como Jorge Volpi o Gamboa.​

El 1 de julio Carmen Pérez de Vega, su pareja durante los últimos seis años,1​ lo llevó urgentemente desde Blanes al Hospital Universitario Valle de Hebrón de Barcelona, donde fue internado.​ Un día antes, en muy mal estado de salud, conversó extensamente y como era lo usual con Jorge Herralde en las oficinas de la Editorial Anagrama, acerca de literatura y su novela en proceso 2666, y le entregó el manuscrito de su último libro de cuentos, El gaucho insufrible, que se convertiría poco después en su primera obra póstuma.​ Bolaño falleció el martes 15, tras pasar diez días en coma como consecuencia de una insuficiencia hepática mientras esperaba en vano un donante para realizarse un trasplante de hígado.​ Su hijo Lautaro tenía trece años y su hija Alexandra, dos. Dejó los derechos de toda su obra escrita en manos de su esposa e hijos.​ Su cuerpo fue velado en el tanatorio de Les Corts,​ donde además el 16 de julio se efectuó un funeral laico, donde Herralde pronunció un discurso de despedida.​ Luego sus cenizas fueron arrojadas al Mar Mediterráneo.​

Su última entrevista llevó por título «Estrella distante», como su libro homónimo, y fue realizada por la periodista Mónica Maristain de la revista Playboy de México.​ Además del acabado libro de cuentos El gaucho insufrible, dejó inconclusas varias obras, así como manuscritos, poemas inéditos y diarios de vida, entre otros documentos.​ También dejó obras casi terminadas, como es el caso de su monumental novela 2666, la cual dejó pensando en que fuese distribuida como cinco libros independientes, de modo de asegurar así el sustento de su esposa e hijos, a pesar de lo cual estos estuvieron de acuerdo en publicarla como una sola unidad, como había sido pensada desde su concepción.​ En esta última novela Bolaño llevó al extremo su capacidad fabuladora, esta vez en torno a un personaje, Benno von Archimboldi, mediante el que retoma la figura del escritor desaparecido en medio de Santa Teresa, trasunto de Ciudad Juárez, en México, ciudad en la cual se suceden con horror múltiples feminicidios.​

Bolaño vivió sus últimos años saliendo poco de casa. Se mostraba muy sobreprotector con sus hijos. Hasta el final mantuvo, no obstante, según dicen sus amistades cercanas, su calidez, su sentido del humor y su ironía intactos, así como su gusto por las largas conversaciones, las polémicas y el debate.

Homenajes póstumos

En 2004, un año después de su muerte, Bolaño obtuvo el Premio Salambó a la mejor novela escrita en español, por 2666. El jurado destacó el nivel y diversidad de los cinco finalistas, todos ellos «libros nobles, respetables y muy notables», considerando sin embargo a este «el resumen de una obra de mucho peso, donde se decanta lo mejor de la narrativa de Roberto Bolaño (...) que supone un gran riesgo y lleva al extremo el lenguaje literario de su autor».​

Tras su muerte, la obra de Bolaño se difundió aún más en el mundo de habla hispana, pero también en Francia y Estados Unidos, donde estuvo en la lista de los 10 mejores libros del año de algunos de los más prestigiosos medios, como el The New Yorker, Slate y Bookforum.​ En 2006 se publicó en Estados Unidos el libro Last Evenings on Earth, conformado por cuentos de Llamadas telefónicas y Putas asesinas, el cual fue elegido por The New York Times como uno de los libros del año.​ Los cuentos restantes que no fueron recopilados en dicha novela aparecieron en 2010 bajo el nombre de The Return.

En una entrevista del 25 de marzo de 2010, la cantante y poeta estadounidense Patti Smith, a quien Bolaño admiraba,​ afirmó que «2666 es la primera obra maestra del siglo XXI» y que «leer a Bolaño ha sido una revelación para mí». El domingo 28 de marzo de ese año, dedicó un recital al escritor, cerrando el festival de Palabra y Música de Gijón, estrenando un poema-canción que habla sobre el chileno.​

Su esposa e hijos continuaron viviendo en Blanes. Los libros póstumos del autor han sido publicados por la Editorial Anagrama bajo el estricto seguimiento de Carolina. La viuda de Bolaño, que poco después de la muerte de este contactó a la agencia de Carmen Balcells para que administrara los derechos de la obra del chileno y quien a mediados de 2009 optó por el famoso agente literario estadounidense Andrew Wylie,​ a diciembre de 2010 había aceptado dar solo cuatro entrevistas de prensa, con propósitos específicos: desmentir una supuesta adicción a la heroína de Bolaño, expresar su desacuerdo por la aparición de Adolf Hitler en la portada del libro La literatura nazi en América, y desmentir la existencia de contratos cinematográficos para Los detectives salvajes.​

Homenajes en Chile

El 23 de octubre del mismo año de su muerte, durante la Feria del Libro realizada en Santiago de Chile, el escritor español Jorge Herralde, editor de Anagrama y amigo de Bolaño, pronunció un largo discurso en homenaje a Bolaño, que más tarde fue publicado en su libro Para Roberto Bolaño.

En 2006, el Consejo del Libro y la Lectura del CNCA instauró los Premios Roberto Bolaño a la Creación Literaria Joven, con los cuales se reconoce a las mejores obras inéditas en poesía, cuento y novela de autores chilenos entre los 13 y 25 años.​

En 20 de julio de 2013 se inauguró una placa en su nombre, en la localidad de El Retiro, perteneciente a la comuna de Quilpué, donde el escritor vivió parte de su infancia.​

En agosto de 2018, en el campus de la Universidad de Concepción de Los Ángeles se erigió una estatua de un joven Roberto Bolaño sentado en un banco de plaza.

Homenajes en España

El 4 de octubre de 2008, en la Biblioteca Comarcal de Blanes se inauguró la Sala Roberto Bolaño, en homenaje al escritor que vivió allí por más de quince años y hasta su muerte. La placa conmemorativa, descubierta por sus hijos Alexandra y Lautaro, dice lo siguiente:​

   «Yo sólo espero ser considerado un escritor sudamericano más o menos decente, que vivió en Blanes, y que quiso a este pueblo.»
   Roberto Bolaño

En el coloquio que siguió a la inauguración participaron sus amigos escritores Enrique Vila-Matas, A. G. Porta y Rodrigo Fresán.​ Tanto Porta como el chileno Jorge Morales, quien participó en la sesión de preguntas, se cuestionaron el haberle dedicado a Bolaño solo una sala, y no la biblioteca completa.​ Victoria Ávalos, madre del homenajeado, falleció un día antes del evento, en el cual no fue mencionada.​

En noviembre de 2010, el director chileno residente en México Ricardo House estrenó en Madrid la primera parte de tres que conforman el documental Roberto Bolaño, la batalla futura, en el cual se profundiza sobre la vida del escritor durante su juventud en México.​

El 18 de junio de 2011, se inauguró una calle con su nombre en la ciudad española de Gerona, en Cataluña, en un evento al que asistieron el escritor mexicano Juan Villoro y el poeta Bruno Montané, el crítico literario catalán Ignacio Echevarría, y el editor de Anagrama Jorge Herralde, todos amigos del escritor. Su esposa Carolina, así como sus hijos Lautaro y Alexandra, no asistieron a la ceremonia, por enemistades entre esta y parte de los asistentes.

En enero de 2012 se estrenó, primero en Barcelona y luego en Gerona, la segunda parte de Roberto Bolaño, la batalla futura. En ella se profundiza sobre su vida en Cataluña. Finalmente, la trilogía se completó a fines del mismo año, concentrándose en su niñez en Chile y su regreso al país desde México, justo antes del golpe de Estado.​ El documental íntegro se estrenó el 23 de noviembre de 2012 en Barcelona, con la presencia de Ricardo House e Ignacio Echevarría.​

Entre marzo y junio de 2013, por su parte, se le rindió homenaje en Barcelona luego de una década desde su fallecimiento, presentándose la exposición Archivo Bolaño. 1977-2003 en el marco de la sexta edición bienal de Kosmopolis, evento realizado en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), situado en el barrio de El Raval donde vivió el escritor. En dicha exposición se presentaron esbozos de diversas obras inéditas del autor, así como cartas, fotografías y apuntes, entre otros.​ Dicha exposición se presentó posteriormente en otros lugares, como el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires.​ Por las mismas fechas, en Turín, al norte de Italia, también se le realizó un homenaje en el Salón Internacional del Libro. Luego de este evento se realizaron otros homenajes en Chile y en Blanes.​ En esta última ciudad se desarrolló un proyecto llamado «Bolaño a Blanes» (en catalán, «Bolaño en Blanes») que incluyó una «Ruta Bolaño», y una actividad llamada «Nocturn de Bolaño», en alusión a la novela del autor Nocturno de Chile, en la que se leyeron poemas del escritor, se proyectó un documental y se realizó un concierto musical.

En abril de 2015, se colocó en la calle Tallers del barrio de El Raval en Barcelona una placa conmemorativa con su nombre.

Estilo

Desde principios del siglo XXI, muchos especialistas y críticos literarios han analizado la obra de Bolaño.​ Uno de sus rasgos más dominantes es la constante conexión entre vida y literatura.​ En sus libros suelen aparecer reflexiones sobre los valores de la lectura o la virtud del «valor» en el acto de escribir, actividad que suele relacionar con la muerte y la violencia. Sus múltiples personajes, cada uno de los cuales goza de una individualidad propia,​ son en su gran mayoría escritores tanto fracasados como exitosos para los que la actividad literaria lo es todo,​ no solo en un sentido estético sino también ético,​ y que además suelen ser vanguardistas o aprovecharse de la herencia de las vanguardias.​ Muchos escritores y especialistas concuerdan con que su obra está fuertemente ligada a una estética melancólica,​ y que además en ella existe una fuerte conexión entre estética y política. Como autor de novelas abiertas,​ su prosa, conformada usualmente por escenas fragmentarias, suele ser además casi carente de descripciones​ y adoptar comúnmente dos estrategias posibles: una historicista y de narrador omnisciente, o bien una descriptiva indirecta, basada en el relato confesional en primera persona, de una persona distinta del protagonista que se dirige a un interlocutor anónimo o detectivesco.​

En diversas ocasiones, Bolaño afirmó que luego de terminar un libro, procuraba olvidarlo de inmediato, de modo de no repetir la trama ni los personajes en sus trabajos siguientes. A pesar de lo anterior, el material para sus obras era normalmente recopilado durante años, y antes de acabar la versión final para entregársela al editor, solía redactar varias versiones previas, algunas manuscritas o mecanografiadas, y a partir de 1995, año en que se compra su primera computadora, también digitalizadas.​ El escritor afirmó además que todos sus libros están relacionados,​ incluso considerando en conjunto su narrativa y su poesía. En una entrevista, declaró lo siguiente:​

   «Mi poesía y mi prosa son dos primas hermanas que se llevan bien. Mi poesía es platónica, mi prosa es aristotélica. Ambas abominan de lo dionisiaco, ambas saben que lo dionisiaco ha triunfado».
   Roberto Bolaño

Los dos libros más celebrados del escritor, Los detectives salvajes y 2666, están ambientados en México, país en el cual se comenzó a gestar como escritor, y en el cual vivió gran parte de su juventud. Bolaño escribió en una ocasión, en una carta a su amigo de Ciudad de México, Juan Pascoe:​

   «...he descubierto que TODO mi teatro lo he realizado para que Mario Santiago haga el papel principal, para que él haga mi papel, protagonice mis sueños, ¿bonito, no?».
   Roberto Bolaño

El mismo Bolaño, en su discurso de agradecimiento por la obtención del Premio Rómulo Gallegos, afirmó también que toda su obra estaba dedicada a los jóvenes latinoamericanos de su generación.​ Otros temas frecuentes en su narrativa son el nazismo y el fascismo, como puede verse en sus obras La literatura nazi en América, Estrella distante o El Tercer Reich, y en menor medida en otros de sus libros. Bolaño era un erudito acerca de la historia de la Alemania nazi, y aprovechó este conocimiento en su creación literaria.​ Muchos concuerdan también con que, si bien Bolaño no es un escritor de novelas policiales o negras, sí comparte ciertos parentescos con el género,​ que se pueden ver más explícitamente en obras como Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, La pista de hielo, Monsieur Pain, Estrella distante, Los detectives salvajes, y algunos cuentos de Llamadas telefónicas y Putas asesinas.​ A propósito de esto último, la investigadora Valeria de los Ríos sugiere que en la obra de Bolaño está muy presente la figura de la búsqueda, que se evidencia en la presencia de detectives y en el uso de la fotografía como pista, que permite «establecer una conexión prosaica con la realidad» y que al mismo tiempo es también «un elemento desestabilizador que apunta a la revelación (...) aunque de manera degradada».​ El investigador Ezequiel De Rosso sugiere que en la obra del chileno «no se trata tanto de un enigma a develar, como en la novela policial, sino más bien de un secreto que el texto parece esconder», un secreto dinámico que produce sentidos y tiene un valor narrativo; de este modo, afirma De Rosso, «el lector que propone Bolaño es un lector conjetural, un lector que propone hipótesis para ciertos hechos oscuros en la trama cuya resolución carece de importancia».​ A Juan Villoro, al respecto, le «llama la atención el poco interés que concede al mundo subjetivo de sus personajes (...) Su escritura no depende de la introspección sino del recuento de los datos».​ Esta casi ausencia de descripciones también es destacada por el crítico Juan Antonio Masoliver Ródenas, para quien la trama de las obras de Bolaño dependen de los numerosos personajes, que se apropian de una identidad y presencias distinguibles entre sí;​ de este modo, «la mayoría de los conflictos surgen precisamente de la capacidad de entablar o de prolongar una relación y de la atracción y repulsión inmediata entre las personas», permitiéndole al autor crear «un espacio en el que las cosas son simultáneamente normales e insólitas».​

El escritor siempre fue de la opinión de que se debe priorizar la estructura por sobre el argumento de la obra, lo que se puede ver en la acabada estructura de la totalidad de sus novelas y cuentos. Antes de escribir, procuraba siempre tener la estructura muy clara, y compartía con el escritor argentino Jorge Luis Borges la idea de que los argumentos en literatura, si bien son importantes, son casi siempre los mismos,​ además que solían llegarle sin buscarlos.​ Durante el acto de escribir, no pensaba en sus eventuales lectores, sino sencillamente en la misma escritura, la forma, el ritmo y el argumento.​ A lo largo de su vida escribió normalmente en entornos silenciosos pero carentes de cualquier comodidad. Solía escribir escuchando música rock, incluso en las épocas más avanzadas de su vida.​

Valeria de los Ríos destaca también el uso en la obra de Bolaño de una nueva estética cartográfica, que utiliza la figura del mapa en lugar de la del archivo, como es el caso de los autores del boom latinoamericano. Así, sugiere de los Ríos, el mapa cognitivo de Bolaño no es un Macondo, sino la aldea global, a la que también adjudica una dimensión política. Como en Poe o Baudelaire, añade, en Bolaño el territorio no es descrito, sino experimentado.​ Esta «extraterritorialidad» literaria también la destaca el crítico Ignacio Echevarría.

Influencias

Bolaño siempre se reconoció un admirador de la literatura de Borges. Su segunda novela publicada, La literatura nazi en América, puede leerse como un homenaje a dicho escritor.​ Asimismo, suelen relacionarlo con Julio Cortázar, lo cual Bolaño no pone en duda:

   «Decir que estoy en deuda permanente con la obra de Borges y Cortázar es una obviedad».
   Roberto Bolaño

Su poeta favorito era el chileno Nicanor Parra,​ si bien poseía un vasto conocimiento e interés por la poesía francesa, tomando en ella un lugar destacado Arthur Rimbaud, de quien tomó el nombre de pila para su álter ego literario, Arturo Belano.​ Dentro de la literatura en inglés, entre sus favoritos se encontraban Edgar Allan Poe, Philip Sidney, Edgar Lee Masters, Raymond Carver, James Ellroy, Philip K. Dick y Cormac McCarthy.​ En su novela 2666, se desenvuelve en territorios geográficos similares a los aventurados por McCarthy —la frontera entre México y Estados Unidos—.​ Según el poeta y crítico Matías Ayala, para quien la prosa de Bolaño es muy superior a su «poco lograda vena lírica», en sus mejores poemas el autor se logra apropiar de figuras de la literatura latinoamericana del siglo XX, como el «inconsciente», el «vitalismo corporal» y «la tierra como espacio de degradación mítica».​

Bolaño fue también un duro crítico a diversos escritores contemporáneos. Fue manifiesta la antipatía que sentía durante su juventud por el mexicano Octavio Paz​ y tajantes sus críticas a la mexicana Ángeles Mastretta.​ También criticó duramente la literatura chilena de la década de 1990, incluyendo entre otros a Isabel Allende,​ Antonio Skármeta,​ Volodia Teitelboim,​ Marcela Serrano,​ Luis Sepúlveda, Hernán Rivera Letelier o Diamela Eltit,​ si bien también celebró la obra, además de la de Nicanor Parra, la de los chilenos Enrique Lihn, Gonzalo Rojas, Jorge Edwards y a veces José Donoso, así como los argentinos Bioy Casares, Silvina Ocampo, Rodolfo Wilcock, Ricardo Piglia, Manuel Puig, Copi y Osvaldo Lamborghini, además de los anteriormente mencionados Cortázar y Borges, y la de los mexicanos Juan Rulfo, Sergio Pitol, Carlos Monsiváis y otros escritores hispanoamericanos como Juan Marsé, Álvaro Pombo, Mario Vargas Llosa, Miguel Ángel Asturias y Augusto Monterroso. Bolaño destacó además a varios escritores de su generación, tales como Fernando Vallejo, César Aira, Alan Pauls, Rodrigo Fresán, Rodrigo Rey Rosa, Juan Villoro, Daniel Sada, Carmen Boullosa, Jorge Volpi, Enrique Vila-Matas, Javier Marías, Pedro Lemebel, Roberto Brodsky,​ Olvido García Valdés, Miguel Casado y Rodrigo Lira.​

Con respecto a escritores de lenguas no romances, Bolaño apreciaba particularmente a Franz Kafka y Witold Gombrowicz, entre varios otros.​ También expresó su admiración por Antón Chéjov.​

Para Enrique Vila-Matas, Bioy Casares es «uno de los autores más familiares al mundo literario de Bolaño»;​ para el crítico argentino Leonardo Tarifeño, está más cercano al mismo Vila-Matas, así como a César Aira;​ mientras que para el estudioso argentino Gonzalo Aguilar, Bolaño está especialmente relacionado con J. R. Wilcock, Ricardo Piglia, Enrique Lihn, José Emilio Pacheco y Honorio Bustos Domecq, quien evidentemente también incluye al ya mencionado Jorge Luis Borges.

Ideología política

Bolaño, ateo desde su juventud,​ siempre se consideró de pensamientos de izquierda, haciéndose trotskista durante su juventud en México,​ y posteriormente anarquista. En sus propias palabras:

   «(no me gusta) la unanimidad sacerdotal, clerical, de los comunistas. Siempre he sido de izquierda y no me iba a hacer de derechas porque no me gustaban los clérigos comunistas, entonces me hice trotskista. Lo que pasa que luego, cuando estuve entre los trotskistas, tampoco me gustaba la unanimidad clerical de los trotskistas, y terminé siendo anarquista [...]. Ya en España encontré muchos anarquistas y empecé a dejar de ser anarquista. La unanimidad me jode muchísimo».
   Roberto Bolaño​

Pese a que la política no suele ser un tema central en su obra, fue un escritor muy comprometido a nivel político. En sus propias palabras, afirmó que «toda literatura, de alguna manera, es política. Quiero decir: es reflexión política y es planificación política».​

Con respecto a los sentimientos patrióticos, opinaba que lo mejor era olvidarse de la patria,​ pues uno bien puede tener muchas de ellas, y definirlas de muy diversas maneras.​ Más que chileno, mexicano o incluso español, Bolaño se consideraba un latinoamericano.​


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*


Algunos poemas de Roberto Bolaño:


ESPERAS QUE DESAPAREZCA LA
ANGUSTIA

Esperas que desaparezca la angustia
Mientras llueve sobre la extraña carretera
En donde te encuentras

Lluvia: sólo espero
Que desaparezca la angustia
Estoy poniéndolo todo de mi parte



AMANECER

Créeme, estoy en el centro de mi habitación
esperando que llueva. Estoy solo. No me importa
terminar o no mi poema. Espero la lluvia,
tomando café y mirando por la ventana un bello paisaje
de patios interiores, con ropas colgadas y quietas,
silenciosas ropas de mármol en la ciudad, donde no existe
el viento y a lo lejos sólo se escucha el zumbido
de una televisión en colores, observada por una familia
que también, a esta hora, toma café reunida alrededor
de una mesa: créeme: las mesas de plástico amarillo
se desdoblan hasta la línea del horizonte y más allá:
hacia los suburbios donde construyen edificios
de departamentos, y un muchacho de 16 sentado sobre
ladrillos rojos contempla el movimiento de las máquinas.
El cielo en la hora del muchacho es un enorme
tornillo hueco con el que la brisa juega. Y el muchacho
juega con ideas. Con ideas y escenas detenidas.
La inmovilidad es una neblina transparente y dura
que sale de sus ojos.
Créeme: no es el amor el que va a venir,
sino la belleza con su estola de albas muertas.



LA ESPERANZA

Las nubes se bifurcan. Lo oscuro
se abre, surco pálido en el cielo.
Eso que viene desde el fondo
es el sol. El interior de las nubes,
antes absoluto, brilla como un muchacho
cristalizado. Carreteras cubiertas
de ramas, hojas mojadas, huellas.
He permanecido quieto durante el temporal
y ahora la realidad se abre.
El viento arrastra grupos de nubes
en distintas direcciones.
Doy gracias al cielo por haber hecho el amor
con las mujeres que he querido.
Desde lo oscuro, surco pálido, vienen
los días como muchachos caminantes.



TARDES DE BARCELONA

En el centro del texto
está la lepra.

Estoy bien, Escribo
mucho. Te
quiero mucho.



LA SUERTE

Él venía de una semana de trabajo en el campo
en casa de un hijo de puta y era diciembre o enero,
no lo recuerdo, pero hacía frío y al llegar a Barcelona la nieve
comenzó a caer y él tomó el metro y llegó hasta la esquina
de la casa de su amiga y la llamó por teléfono para que
bajara y viera la nieve. Una noche hermosa, sin duda,
y su amiga lo invitó a tomar café y luego hicieron el amor
y conversaron y mucho después él se quedó dormido y soñó
que llegaba a una casa en el campo y caía la nieve
detrás de la casa, detrás de las montañas, caía la nieve
y él se encontraba atrapado en el valle y llamaba por teléfono
a su amiga y la voz fría (¡fría pero amable!) le decía
que de ese hoyo inmaculado no salía ni el más valiente
a menos que tuviera mucha suerte.



LOS DETECTIVES

Soñé con detectives perdidos en la ciudad oscura
Oí sus gemidos, sus náuseas, la delicadeza
De sus fugas
Soñé con dos pintores que aún no tenían
40 años cuando Colón
Descubrió América
(Uno clásico, intemporal, el otro
Moderno siempre
Como la mierda)
Soñé con una huella luminosa
La senda de las serpientes
Recorrida una y otra vez
Por detectives
Absolutamente desesperados
Soñé con un caso difícil,
Vi los pasillos llenos de policías
Vi los cuestionarios que nadie resuelve
Los archivos ignominiosos
Y luego vi al detective
Volver al lugar del crimen
Solo y tranquilo
Como en las peores pesadillas
Lo vi sentarse en el suelo y fumar
En un dormitorio con sangre seca
Mientras las agujas del reloj
Viajaban encogidas por la noche
Interminable



LOS DETECTIVES PERDIDOS

Los detectives perdidos en la ciudad oscura
Oí sus gemidos
Oí sus pasos en el Teatro de la Juventud
Una voz que avanza como una flecha
Sombra de cafés y parques
Frecuentados en la adolescencia
Los detectives que observan
Sus manos abiertas
El destino manchado con la propia sangre
Y tú no puedes ni siquiera recordar
En dónde estuvo la herida
Los rostros que una vez amaste
La mujer que te salvó la vida



LISA

Cuando Lisa me dijo que había hecho el amor
con otro, en la vacía cabina telefónica de aquel
almacén de la Tepeyac, creí que el mundo
se acababa para mí. Un tipo alto y flaco y
con el pelo largo y una verga larga que no esperó
más de una cita para penetrarla hasta el fondo.
No es algo serio, dijo ella, pero es
la mejor manera de sacarte de mi vida.
Parménides García Saldaña tenía el pelo largo y hubiera
podido ser el amante de Lisa, pero algunos
años después supe que había muerto en una clínica psiquiátrica,
o que se había suicidado. Lisa ya no quería
acostarse más con perdedores. A veces sueño
con ella y la veo feliz y fría en un México
diseñado por Lovecraft. Escuchamos música
(Canned Heat, uno de los grupos preferidos
de Parménides García Saldaña) y luego hicimos
el amor tres veces. La primera se vino dentro de mí,
la segunda se vino en mi boca y la tercera, apenas un hilo
de agua, un corto hilo de pescar, entre mis pechos. Y todo
en dos horas, dijo Lisa. Las dos peores horas de mi vida,
dije desde el otro lado del teléfono.



TE REGALARÉ UN ABISMO, DIJO ELLA...

Te regalaré un abismo, dijo ella,
pero de tan sutil manera que solo lo percibirás
cuando hayan pasado muchos años
y estés lejos de México y de mí.
Cuando más lo necesites lo descubrirás,
y ese no será
el final feliz,
pero sÍ un instante de vacío y de felicidad.
Y tal vez entonces te acuerdes de mí,
aunque no mucho.



LLUVIA

Llueve y tú dices "es como si las nubes
lloraran". Luego te cubres la boca y apresuras
el paso. ¿Como si esas nubes escuálidas lloraran?
Imposible. Pero entonces, ¿de dónde esa rabia,
esa desesperación que nos ha de llevar a todos al diablo?
La Naturaleza oculta algunos de sus procedimientos
en el Misterio, su hermanastro. Así esta tarde
que consideras similar a una tarde del fin del mundo
más pronto de lo que crees te parecerá tan sólo
una tarde melancólica, una tarde de soledad perdida
en la memoria: el espejo de la Naturaleza. O bien
la olvidarás. Ni la lluvia, ni el llanto, ni tus pasos
que resuenan en el camino del acantilado importan.
Ahora puedes llorar y dejar que tu imagen se diluya
en los parabrisas de los coches estacionados a lo largo
del Paseo Marítimo. Pero no puedes perderte.



ERNESTO CARDENAL Y YO

Iba caminando, sudado y con el pelo pegado
en la cara
cuando vi a Ernesto Cardenal que venía
en dirección contraria
y a modo de saludo le dije:
Padre, en el Reino de los Cielos
que es el comunismo,
¿tienen un sitio los homosexuales?
Sí, dijo él.
¿Y los masturbadores impenitentes?
¿Los esclavos del sexo?
¿Los bromistas del sexo?
¿Los sadomasoquistas, las putas, los fanáticos
de los enemas,
los que ya no pueden más, los que de verdad
ya no pueden más?
Y Cardenal dijo sí.
Y yo levanté la vista
y las nubes parecían
sonrisas de gatos levemente rosadas
y los árboles que pespunteaban la colina
(la colina que hemos de subir)
agitaban las ramas.
Los árboles salvajes, como diciendo
algún día, más temprano que tarde, has de venir
a mis brazos gomosos, a mis brazos sarmentosos,
a mis brazos fríos. Una frialdad vegetal
que te erizará los pelos.


LOS PERROS ROMÁNTICOS

En aquel tiempo yo tenía 20 años
y estaba loco.
Había perdido un país
pero había ganado un sueño.
Y si tenía ese sueño
lo demás no importaba.
Ni trabajar, ni rezar,
ni estudiar en la madrugada
junto a los perros románticos.
Y el sueño vivía en el vacío de mi espíritu.
Una habitación de madera,
en penumbras,
en uno de los pulmones del trópico.
Y a veces me volvía dentro de mí
y visitaba el sueño: estatua eternizada
en pensamientos líquidos,
un gusano blanco retorciéndose
en el amor.
Un amor desbocado.
Un sueño dentro de otro sueño.
Y la pesadilla me decía: crecerás.
Dejarás atrás las imágenes del dolor y del laberinto
y olvidarás.
Pero en aquel tiempo crecer hubiera sido un crimen.
Estoy aquí, dije, con los perros románticos
y aquí me voy a quedar.



EL BURRO

A veces sueño que Mario Santiago
viene a buscarme con su moto negra.
Y dejamos atrás la ciudad y a medida
que las luces van desapareciendo
Mario Santiago me dice que se trata
de una moto robada, la última moto
robada para viajar por las pobres tierras
del norte, en dirección a Texas,
persiguiendo un sueño innombrable,
inclasificable, el sueño de nuestra juventud,
es decir el sueño más valiente de todos
nuestros sueños. Y de tal manera
cómo negarme a montar la veloz moto negra
del norte y salir rajados por aquellos caminos
que antaño recorrieran los santos de México,
los poetas mendicantes de México,
las sanguijuelas taciturnas de Tepito
o la colonia Guerrero, todos en la misma senda,
donde se confunden y mezclan los tiempos:
verbales y físicos, el ayer y la afasia.

Y a veces sueño que Mario Santiago
viene a buscarme, o es un poeta sin rostro,
una cabeza sin ojos, ni boca, ni nariz,
sólo piel y voluntad, y yo sin preguntar nada
me subo a la moto y partimos
por los caminos del norte, la cabeza y yo,
extraños tripulantes embarcados en una ruta
miserable, caminos borrados por el polvo y la lluvia,
tierra de moscas y lagartijas, matorrales resecos
y ventiscas de arena, el único teatro concebible
para nuestra poesía

Y a veces sueño que el camino
que nuestra moto o nuestro anhelo recorre
no empieza en mi sueño sino en el sueño
de otros: los inocentes, los bienaventurados,
los mansos, los que para nuestra desgracia
ya no están aquí. Y así Mario Santiago y yo
salimos de la ciudad de México que es la prolongación
de tantos sueños, la materialización de tantas
pesadillas, y remontamos los estados
siempre hacia el norte, siempre por el camino
de los coyotes, y nuestra moto entonces
es del color de la noche. Nuestra moto
es un burro negro que viaja sin prisa
por las tierras de la Curiosidad. Un burro negro
que se desplaza por la humanidad y la geometría
de estos pobres paisajes desolados.
Y la risa de Mario o de la cabeza
saluda a los fantasmas de nuestra juventud,
el sueño innombrable e inútil
de la valentía.

Y a veces creo ver una moto negra
como un burro alejándose por los caminos
de tierra de Zacatecas y Coahuila, en los límites
del sueño, y sin alcanzar a comprender
su sentido, su significado último,
comprendo no obstante su música:
una alegre canción de despedida.

Y acaso son los gestos de valor los que
nos dicen adiós, sin resentimiento ni amargura,
en paz con su gratuidad absoluta y con nosotros mismos.
Son los pequeños desafíos inútiles -o que
los años y la costumbre consintieron
que creyéramos inútiles-los que nos saludan,
los que nos hacen señales enigmáticas con las manos,
en medio de la noche, a un lado de la carretera,
como nuestros hijos queridos y abandonados,
criados solos en estos desiertos calcáreos,
como el resplandor que un día nos atravesó
y que habíamos olvidado.

Y a veces sueño que Mario llega
con su moto negra en medio de la pesadilla
y partimos rumbo al norte,
rumbo a los pueblos fantasmas donde moran
las lagartijas y las moscas.
y mientras el sueño me transporta
de un continente a otro
a través de una ducha de estrellas frías e indoloras,
veo la moto negra, como un burro de otro planeta,
partir en dos las tierras de Coahuila.
un burro de otro planeta
que es el anhelo desbocado de nuestra ignorancia,
pero que también es nuestra esperanza
y nuestro valor.

Un valor innombrable e inútil, bien cierto,
pero reencontrado en los márgenes
del sueño más remoto,
en las particiones del sueño final,
en la senda confusa y magnética
de los burros y de los poetas.
Pedro Casas Serra
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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 30 Ago 2022, 14:29

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PALINGENESIA

Estaba conversando con Archibald MacLeish en el bar «Los Marinos»
de la Barceloneta cuando la vi aparecer, una estatua de yeso
caminando penosamente sobre los adoquines. Mi interlocutor
también la vio y envió a un mozo a buscarla. Durante los primeros
minutos ella no dijo una palabra. MacLeish pidió consomé y tapas
de Mariscos, pan de payés con tomate y aceite, y cerveza San Miguel.
Yo me conformé con una infusión de manzanilla y rodajas de pan
integral. Debía cuidarme, dije. Entonces ella se decidió a hablar:
los bárbaros avanzan, susurró melodiosamente, una masa disforme,
grávida de aullidos y juramentos, una larga noche manteada
para iluminar el matrimonio de los músculos y la grasa. Luego
su voz se apagó y dedicose a ingerir las viandas. Una mujer
hambrienta y hermosa, dijo MacLeish, una tentación irresistible
para dos poetas, si bien de diferentes lenguas, del mismo indómito
Nuevo Mundo. Le di la razón sin entender del todos sus palabras
y cerré los ojos. Cuando desperté MacLeish se había ido. La estatua
estaba allí, en la calle, sus restos esparcidos entre la irregular
acera y los viejos adoquines. El cielo, horas antes azul, se había vuelto
negro como un rencor insuperable. Va a llover, dijo un niño
descalzo, temblando sin motivo aparente. Nos miramos un rato:
con el dedo indicó los trozos de yeso en el suelo. Nieve, dijo.
No tiembles, respondí, no ocurrirá nada, la pesadilla, aunque cercana,
ha pasado sin apenas tocamos.



EL FANTASMA DE EDNA LIEBERMAN

Te visitan en la hora más oscura
todos tus amores perdidos.
El camino de tierra que conducía al manicomio
se despliega otra vez como los ojos
de Edna Lieberman,
como sólo podían sus ojos
elevarse por encima de las ciudades
y brillar.
Y brillan nuevamente para ti
los ojos de Edna
detrás del aro de fuego
que antes era el camino de tierra,
la senda que recorriste de noche,
ida y vuelta,
una y otra vez,
buscándola o acaso
buscando tu sombra.
Y despiertas silenciosamente
y los ojos de Edna
están allí.
Entre la luna y el aro de fuego,
leyendo a sus poetas mexicanos
favoritos.
¿Y a Gilberto Owen,
lo has leído?,
dicen tus labios sin sonido,
dice tu respiración
y tu sangre que circula
como la luz de un faro.
Pero son sus ojos el faro
que atraviesa tu silencio.
Sus ojos que son como el libro
de geografía ideal:
los mapas de la pesadilla pura.
Y tu sangre ilumina
los estantes con libros, las sillas
con libros, el suelo
lleno de libros apilados.
Pero los ojos de Edna
sólo te buscan a ti.
Sus ojos son el libro
más buscado.
Demasiado tarde
lo has entendido, pero
no importa.
En el sueño vuelves
a estrechar sus manos,
y ya no pides nada.



LA GRIEGA

Vimos a una mujer morena construir el acantilado.
No más de un segundo, como alanceada por el sol. Como
Los párpados heridos del dios, el niño premeditado
De nuestra playa infinita. La griega, la griega,
Repetían las putas del Mediterráneo, la brisa
Magistral: la que se autodirige, como una falange
De estatuas de mármol, veteadas de sangre y voluntad,
Como un plan diabólico y risueño sostenido por el cielo
Y por tus ojos. Renegada de las ciudades y de la República,
Cuando crea que todo está perdido a tus ojos me fiaré.
Cuando la derrota compasiva nos convenza de lo inútil
Que es seguir luchando, a tus ojos me fiaré.



EL SEÑOR WILTSHIRE

Todo ha terminado, dice la voz del sueño, y ahora eres el reflejo
de aquel señor Wiltshire, comerciante de copra en los mares del sur,
el blanco que desposó a Urna, que tuvo muchos hijos,
el que mató a Case y el que jamás volvió a Inglaterra,
eres como el cojo a quien el amor convirtió en héroe:
nunca regresarás a tu tierra (¿pero cuál es tu tierra?),
nunca serás un hombre sabio, vaya, ni siquiera un hombre
razonablemente inteligente, pero el amor y tu sangre
te hicieron dar un paso, incierto pero necesario, en medio
de la noche, y el amor que guió ese paso te salva.



MUSA

Era más hermosa que el sol
y yo aún no tenía 16 años.
24 han pasado
y sigue a mi lado.

A veces la veo caminar
sobre las montañas: es el ángel guardián
de nuestras plegarias.
Es el sueño que regresa

con la promesa y el silbido.
El silbido que nos llama
y que nos pierde.
En sus ojos veo los rostros

de todos mis amores perdidos.
Ah, Musa, protégeme,
le digo, en los días terribles
de la aventura incesante.

Nunca te separes de mí.
Cuida mis pasos y los pasos
de mi hijo Lautaro.
Déjame sentir la punta de tus dedos

otra vez sobre mi espalda,
empujándome, cuando todo esté oscuro,
cuando todo esté perdido.
Déjame oír nuevamente el silbido.

Soy tu fiel amante
aunque a veces el sueño
me separe de ti.
También tú eres la reina de los sueños.

Mi amistad la tienes cada día
y algún día
tu amistad me recogerá
del erial del olvido.

Pues aunque tú vengas
cuando yo vaya
en el fondo somos amigos
inseparables.

Musa, a donde quiera
que yo vaya
tú vas.
Te vi en los hospitales

y en la fila
de los presos políticos.
Te vi en los ojos terribles
de Edna Lieberman

y en los callejones
de los pistoleros.
¡Y siempre me protegiste!
En la derrota y en la rayadura.

En las relaciones enfermizas
y en la crueldad,
siempre estuviste conmigo.
Y aunque pasen los años

y el Roberto Bolaño de la Alameda
y la Librería de Cristal
se transforme,
se paralice,

se haga más tonto y más viejo
tú permanecerás igual de hermosa.
Más que el sol
y que las estrellas.

Musa, a donde quiera
que tú vayas
yo voy.
Sigo tu estela radiante

a través de la larga noche.
Sin importarme los años
o la enfermedad.
Sin importarme el dolor
 
o el esfuerzo que he de hacer
para seguirte.
Porque contigo puedo atravesar
los grandes espacios desolados

y siempre encontraré la puerta
que me devuelva
a la Quimera
porque tú estás conmigo,

Musa,
más hermosa que el sol
y más hermosa
que las estrellas.


ROBERTO BOLAÑO, La Universidad desconocida, Anagrama, 2007




Otros poemas de Roberto Bolaño:


EXTRAÑO MANIQUÍ

a Jorge Pimentel

Extraño maniquí de una tienda del Metro, qué manera de observarme
y presentirme más allá de todo puente
mirando el océano o un lago enorme
como si de él esperara aventura y amor
Y puede un grito de muchacha en plena noche
convencerme de la utilidad de mi rostro
o se velan los instantes, placas de cobre al rojo vivo
la memoria del amor negándose tres veces
en aras de otra especie de amor
Y así nos endurecemos sin abandonar la pajarera
desvalorizándonos
o bien volvemos a una casa pequeñísima
donde nos espera sentada en la cocina una mujer

Extraño maniquí de una tienda del Metro
qué manera de comunicarte conmigo, soltero y violento
y presentirme más allá de todo
solamente me ofreces nalgas y senos
estrellas platinadas y sexos espumosos

No me hagas llorar en el tren naranja
ni en las escaleras eléctricas
ni saliendo repentinamente a marzo
ni cuando imagines, si imaginas, mis pasos de veterano absoluto
nuevamente bailando por los desfiladeros

Extraño maniquí de una tienda del Metro
así como se inclina el sol y las sombras de los rascacielos
irás inclinando tus manos
así como se apagan los colores y las luces de colores
se apagarán tus ojos

¿Quién te mudará de vestido entonces?
Yo sé quién te mudará de vestido entonces



SUCIO, MALVESTIDO

En el camino de los perros mi alma encontró
a mi corazón. Destrozado, pero vivo,
sucio, mal vestido y lleno de amor.
En el camino de los perros, allí donde no quiere ir nadie.
Un camino que sólo recorren los poetas
cuando ya no les queda nada por hacer.
¡Pero yo tenía tantas cosas que hacer todavía!
Y sin embargo allí estaba: haciéndome matar
por las hormigas rojas y también
por las hormigas negras, recorriendo las aldeas
vacías: el espanto que se elevaba
hasta tocar las estrellas.
Un chileno educado en México lo puede soportar todo,
pensaba, pero no era verdad.
Por las noches mi corazón lloraba. El río del ser, decían
unos labios afiebrados que luego descubrí eran los míos,
el río del ser, el río del ser, el éxtasis
que se pliega en la ribera de estas aldeas abandonadas.
Sumulistas y teólogos, adivinadores
y salteadores de caminos emergieron
como realidades acuáticas en medio de una realidad metálica.
Sólo la fiebre y la poesía provocan visiones.
Sólo el amor y la memoria.
No estos caminos ni estas llanuras.
No estos laberintos.
Hasta que por fin mi alma encontró a mi corazón.
Estaba enfermo, es cierto, pero estaba vivo.



GODZILLA EN MÉXICO

Atiende esto, hijo mío: las bombas caían
sobre la Ciudad de México
pero nadie se daba cuenta.
El aire llevó el veneno a través
de las calles y las ventanas abiertas.
Tú acababas de comer y veías en la tele
los dibujos animados.
Yo leía en la habitación de al lado
cuando supe que íbamos a morir.
Pese al mareo y las náuseas me arrastré
hasta el comedor y te encontré en el suelo.
Nos abrazamos. Me preguntaste qué pasaba
y yo no dije que estábamos en el programa de la muerte
sino que íbamos a iniciar un viaje,
uno más, juntos, y que no tuvieras miedo.
Al marcharse, la muerte ni siquiera
nos cerró los ojos.
¿Qué somos?, me preguntaste una semana o un año después,
¿hormigas, abejas, cifras equivocadas
en la gran sopa podrida del azar?
Somos seres humanos, hijo mío, casi pájaros,
héroes públicos y secretos.



UN PASEO POR LA LITERATURA

para Rodrigo Pinto y Andrés Neuman

1. Soñé que Georges Perec tenía tres años y visitaba mi casa. Lo
abrazaba, lo besaba, le decía que era un niño precioso.

2. A medio hacer quedamos, padre, ni cocidos ni crudos, perdidos en la
grandeza de este basural interminable,errando y equivocándonos,
matando y pidiendo perdón, maniacos depresivos en tu sueño, padre, tu
sueño que no tenía límites y que hemos desentrañado mil veces y luego
mil veces más, como detectives latinoamericanos perdidos en un
laberinto de cristal y barro, viajando bajo la lluvia, viendo películas
donde aparecían viejos que gritaban ¡tornado! ¡tornado!, mirando las
cosas por última vez, pero sin verlas, como espectros, como ranas en el
fondo de un pozo, padre, perdidos en la miseria de tu sueño utópico,
perdidos en la variedad de tus voces y de tus abismos, maniacos
depresivos en la inabarcable sala del Infierno donde se cocina tu Humor.

3. A medio hacer, ni crudos ni cocidos, bipolares capaces de cabalgar el
huracán.

4. En estas desolaciones, padre, donde de tu risa sólo quedaban restos
arqueológicos.

5. Nosotros, los nec spes nec metus.

6. Y alguien dijo:

Hermana de nuestra memoria feroz,
sobre el valor es mejor no hablar.
Quien pudo vencer el miedo
se hizo valiente para siempre.
Bailemos, pues, mientras pasa la noche
como una gigantesca caja de zapatos
por encima del acantilado y la terraza,
en un pliegue de la realidad, de lo posible,
en donde la amabilidad no es una excepción.
Bailemos en el reflejo incierto
de los detectives latinoamericanos,
un charco de lluvia donde se reflejan nuestros rostros
cada diez años.


Después llegó el sueño.

7. Soñé entonces que visitaba la mansión de Alonso de Ercilla. Yo tenía
sesenta años y estaba despedazado por la enfermedad (literalmente me
caía a pedazos). Ercilla tenía unos noventa y agonizaba en una enorme
cama con dosel. El viejo me miraba desdeñoso y después me pedía un
vaso de aguardiente. Yo buscaba y rebuscaba el aguardiente pero sólo
encontraba aperos de montar.

8. Soñé que iba caminando por el Paseo Marítimo de Nueva York y veía a
lo lejos la figura de Manuel Puig. Llevaba una camisa celeste y unos
pantalones de lona ligera azul claro o azul oscuro, depende.

9. Soñé que Macedonio Fernández aparecía en el cielo de Nueva York en
forma de nube: una nube sin nariz ni orejas, pero con ojos y boca.

10. Soñé que estaba en un camino de África que de pronto se
transformaba en un camino de México. Sentado en un farellón, Efraín
Huerta jugaba a los dados con los poetas mendicantes del DF.

11. Soñé que en un cementerio olvidado de África encontraba la tumba
de un amigo cuyo rostro ya no podía recordar.

12. Soñé que una tarde golpeaban la puerta de mi casa. Estaba nevando.
Yo no tenía estufa ni dinero. Creo que hasta la luz me iban a cortar. ¿Y
quién estaba al otro lado de la puerta? Enrique Lihn con una botella de
vino, un paquete de comida y un cheque de la Universidad Desconocida.

13. Soñé que leía a Stendhal en la Estación Nuclear de Civitavecchia:
una sombra se deslizaba por la cerámica de los reactores. Es el fantasma
de Stendhal decía un joven con botas y desnudo de cintura para arriba.
¿Y tú quién eres?, le pregunté. Soy el yonqui de la cerámica, el húsar de
la cerámica y de la mierda, dijo.

14. Soñé que estaba soñando, habíamos perdido la revolución antes de
hacerla y decidía volver a casa. Al intentar meterme en la cama
encontraba a De Quincey durmiendo. Despierte, don Tomás, le decía, ya
va a amanecer, tiene que irse. (Como si De Quincey fuera un vampiro.)
Pero nadie me escuchaba y volvía a salir a las calles oscuras de México DF.

15. Soñé que veía nacer y morir a Aloysius Bertrand el mismo día, casi
sin intervalo de tiempo, como si los dos viviéramos dentro de un
calendario de piedra perdido en el espacio.

16. Soñé que era un detective viejo y enfermo. Tan enfermo que
literalmente me caía a pedazos.Iba tras las huellas de Gui Rosey.
Caminaba por los barrios de un puerto que podía ser Marsella o no. Un
viejo chino afable me conducía finalmente a un sótano. Esto es lo que queda
de Rosey, decía. Un pequeño montón de cenizas. Tal como está,
podría ser Li Po, le contestaba.

17. Soñé que era un detective viejo y enfermo y que buscaba gente
perdida hace tiempo. A veces me miraba casualmente en un espejo y
reconocía a Roberto Bolaño.

18. Soñé que Archibald McLeish lloraba -apenas tres lágrimas- en la
terraza de un restaurante de Cape Code. Era más de medianoche y pese
a que yo no sabía cómo volver terminábamos bebiendo y brindando por
el Indómito Nuevo Mundo.

19. Soñé con los Fiambres y las Playas Olvidadas.

20. Soñé que el cadáver volvía a la Tierra Prometida montado en una
Legión de Toros Mecánicos.

21. Soñé que tenía catorce años y que era el último ser humano del
Hemisferio Sur que leía a los hermanos Goncourt.

22. Soñé que encontraba a Gabriela Mistral en una aldea africana. Había
adelgazado un poco y adquirido la costumbre de dormir sentada en el
suelo con la cabeza sobre las rodillas. Hasta los mosquitos parecían
conocerla.

23. Soñé que volvía de África en un autobús lleno de animales muertos.
En una frontera cualquiera aparecía un veterinario sin rostro. Su cara
era como un gas, pero yo sabía quién era.

24. Soñé que Philip K. Dick paseaba por la Estación Nuclear de
Civitavecchia.

25. Soñé que Arquíloco atravesaba un desierto de huesos humanos. Se
daba ánimos a sí mismo: «Vamos, Arquíloco, no desfallezcas, adelante,
adelante.»

26. Soñé que tenía quince años y que iba a la casa de Nicanor Parra a
despedirme. Lo encontraba de pie, apoyado en una pared negra.
¿Adónde vas, Bolaño?, decía. Lejos del Hemisferio Sur, le contestaba.

27. Soñé que tenía quince años y que, en efecto, me marchaba del
Hemisferio Sur. Al meter en mi mochila el único libro que tenía (Trilce,
de Vallejo), éste se quemaba. Eran las siete de la tarde y yo arrojaba mi
mochila chamuscada por la ventana.

28. Soñé que tenía dieciseís y que Martín Adán me daba clases de piano.
Los dedos del viejo, largos como los del Fantástico Hombre de Goma, se
hundían en el suelo y tecleaban sobre una cadena de volcanes
subterráneos.

29. Soñé que traducía a Virgilio con una piedra. Yo estaba desnudo sobre
na gran losa de basalto y el sol, como decían los pilotos de caza, flotaba
peligrosamente a las 5.

30. Soñé que estaba muriéndome en un patio africano y que un poeta
llamado Paulin Joachim me hablaba en francés (sólo entendía
fragmentos como «el consuelo», «el tiempo», «los años que vendrán»)
mientras un mono ahorcado se balanceaba de la rama de un árbol.

31. Soñé que la tierra se acababa. Y que el único ser humano que
contemplaba el final era Franz Kafka. En el cielo los Titanes luchaban a
muerte. Desde un asiento de hierro forjado del parque de Nueva York
veía arder el mundo.

32. Soñé que estaba soñando y que volvía a mi casa demasiado tarde.
En mi cama encontraba a Mario de Sá-Carneiro durmiendo con mi primer
amor. Al destaparlos descubría que estaban muertos y mordiéndome los
labios hasta hacerme sangre volvía a los caminos vecinales.

33. Soñé que Anacreonte construía su castillo en la cima de una colina
pelada y luego lo destruía.

34. Soñé que era un detective latinoamericano muy viejo. Vivía en
NuevaYork y Mark Twain me contrataba para salvarle la vida a alguien
que no tenía rostro. Va a ser un caso condenadamente difícil, señor
Twain, le decía.

35. Soñé que me enamoraba de Alice Sheldon. Ella no me quería. Así que
intentaba hacerme matar en tres continentes. Pasaban los años. Por fin,
cuando ya era muy viejo, ella aparecía por el otro extremo del Paseo
Marítimo de Nueva York y mediante señas (como las que hacían en los
portaaviones para que los pilotos aterrizaran) me decía que siempre me
había querido.

36. Soñé que hacía un 69 con Anaïs Nin sobre una enorme losa de
basalto.

37. Soñé que follaba con Carson McCullers en una habitación en
penumbras en la primavera de 1981. Y los dos nos sentíamos
irracionalmente felices.

38. Soñé que volvía a mi viejo Liceo y que Alphonse Daudet era mi
profesor de francés. Algo imperceptible nos indicaba que estábamos
soñando. Daudet miraba a cada rato por la ventana y fumaba la pipa de
Tartarín.

39. Soñé que me quedaba dormido mientras mis compañeros de Liceo
intentaban liberar a Robert Desnos del campo de concentración de
Terezin. Cuando despertaba una voz me ordenaba que me pusiera en
movimiento. Rápido, Bolaño, rápido, no hay tiempo que perder. Al
llegar sólo encontraba a un viejo detective escarbando en las ruinas
humeantes del asalto.

40. Soñé que una tormenta de números fantasmales era lo único que
quedaba de los seres humanos tres mil millones de años después de que
la Tierra hubiera dejado de existir.

41. Soñé que estaba soñando y que en los túneles de los sueños
encontraba el sueño de Roque Dalton: el sueño de los valientes que
murieron por una quimera de mierda.

42. Soñé que tenía dieciocho años y que veía a mi mejor amigo de
entonces, que también tenía dieciocho, haciendo el amor con Walt
Whitman. Lo hacían en un sillón, contemplando el atardecer borrascoso
de Civitavecchia.

43. Soñé que estaba preso y que Boecio era mi compañero de celda.
Mira, Bolaño, decía extendiendo la mano y la pluma en la
semioscuridad: ¡no tiemblan!, ¡no tiemblan! (Después de un rato, añadía
con voz tranquila: pero temblarán cuando reconozcan al cabrón de
Teodorico.)

44. Soñé que traducía al Marqués de Sade a golpes de hacha. Me había
vuelto loco y vivía en un bosque.

45. Soñé que Pascal hablaba del miedo con palabras cristalinas en una
taberna de Civitavecchia: «Los milagros no sirven para convertir, sino
para condenar», decía.

46. Soñé que era un viejo detective latinoamericano y que una
Fundación misteriosa me encargaba encontrar las actas de defunción de
los Sudacas Voladores. Viajaba por todo el mundo: hospitales, campos
de batalla, pulquerías, escuelas abandonadas.

47. Soñé que Baudelaire hacía el amor con una sombra en una
habitación donde se había cometido un crimen. Pero a Baudelaire no le
importaba. Siempre es lo mismo, decía.

48. Soñé que una adolescente de dieciséis años entraba en el túnel de
los sueños y nos despertaba con dos tipos de vara. La niña vivía en un
manicomio y poco a poco se iba volviendo más loca.

49. Soñé que en las diligencias que entraban y salían de Civitavecchia
veía el rostro de Marcel Schwob. La visión era fugaz. Un rostro casi
translúcido, con los ojos cansados, apretado de felicidad y de dolor.

50. Soñé que después de la tormenta un escritor ruso y también sus
amigos franceses optaban por la felicidad. Sin preguntar ni pedir nada.
Como quien se derrumba sin sentido sobre su alfombra favorita.

51. Soñé que los soñadores habían ido a la guerra florida. Nadie había
regresado. En los tablones de cuarteles olvidados en las montañas
alcancé a leer algunos nombres. Desde un lugar remoto una voz
transmitía una y otra vez las consignas por las que ellos se habían
condenado.

52. Soñé que el viento movía el letrero gastado de una taberna. En el
interior James Mathew Barrie jugaba a los dados con cinco caballeros
amenazantes.

53. Soñé que volvía a los caminos, pero esta vez ya no tenía quince años
sino más de cuarenta. Sólo poseía un libro, que llevaba en mi pequeña
mochila. De pronto, mientras iba caminando, el libro comenzaba a
arder. Amanecía y casi no pasaban coches. Mientras arrojaba la mochila
chamuscada en una acequia sentí que la espalda me escocía como si
tuviera alas.

54. Soñé que los caminos de África estaban llenos de gambusinos,
bandeirantes, sumulistas.

55. Soñé que nadie muere la víspera.

56. Soñé que un hombre volvía la vista atrás, sobre el paisaje anamórfico
de los sueños y que su mirada era dura como el acero pero igual se
fragmentaba en múltiples miradas cada vez más inocentes, cada vez más
desvalidas.

57. Soñé que Georges Perec tenía tres años y lloraba
desconsoladamente. Yo intentaba calmarlo. Lo tomaba en brazos, le
compraba golosinas, libros para pintar. Luego nos íbamos al Paseo
Marítimo de Nueva York y mientras él jugaba en el tobogán yo me decía
a mí mismo: no sirvo para nada, pero serviré para cuidarte, nadie te hará
daño, nadie intentará matarte. Después se ponía a llover y volvíamos
tranquilamente a casa. ¿Pero dónde estaba nuestra casa?

Blanes, 1994.



EL MONO EXTERIOR

¿Te acuerdas del Triunfo de Alejandro Magno, de Gustave Moreau?
La belleza y el terror, el instante de cristal en que se corta
la respiración. Pero tú no te detuviste bajo esa cúpula
en penumbras, bajo esa cúpula iluminada por los feroces
rayos de armonía. Ni se te cortó la respiración.
Caminaste como un mono infatigable entre los dioses
pues sabías -o tal vez no- que el Triunfo desplegaba
sus armas bajo la caverna de Platón: imágenes,
sombras sin sustancia, soberanía del vacío. Tú querías
alcanzar el árbol y el pájaro, los restos
de una pobre fiesta al aire libre, la tierra yerma
regada con sangre, el escenario del crimen donde pacen
las estatuas de los fotógrafos y de los policías, y la pugnaz vida
a la intemperie. ¡Ah, la pugnaz vida a la intemperie!



INTENTARÉ OLVIDAR...

                                                      Jus lo front port vostra bella semblança
                                                                                                 Jordi de Sant Jordi

Intentaré olvidar                  Un cuerpo que apareció durante la nevada
Cuando todos estábamos solos               En el parque, en el montículo detrás
de las canchas de básket                  Dije detente y se volvió:
un rostro blanco encendido por un noble corazón           Nunca
había visto tanta belleza             La luna se distanciaba de la tierra
De lejos llegaba el ruido de los coches en la autovía: gente
que regresaba a casa              Todos vivíamos en un anuncio
de televisión hasta que ella apartó las sucesivas
cortinas de nieve y me dejó ver su rostro: el dolor
y la belleza del mundo en su mirada              Vi huellas
diminutas sobre la nieve                Sentí el viento helado en la cara
En el otro extremo del parque alguien hacía señales
con una linterna               Cada copo de nieve estaba vivo
Cada huevo de insecto estaba vivo y soñaba              Pensé: ahora
me voy a quedar solo para siempre              Pero la nieve caía
y caía y ella no se alejaba


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Mensaje por cecilia gargantini Mar 30 Ago 2022, 15:29

Leí algunas cosas de Bolaño, que siempre me gustaron; pero hoy pude ampliar con toda la explicación y algunos textos que no conocía.
Llamó mi atención lo que dice de nuestro Macedonio...

9. Soñé que Macedonio Fernández aparecía en el cielo de Nueva York en
forma de nube: una nube sin nariz ni orejas, pero con ojos y boca.

Y me gustó esa crítica de que su idea no es un Macondo, sino la aldea global. Muy politizado, por cierto, a veces se mezclan en los críticos la valoración de las obras con las ideas políticas del autor.
Besosssssssssss amigo y GRACIAS

Amalia Lateano
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Mensaje por Amalia Lateano Mar 30 Ago 2022, 22:52

Sumamente interesante.

Un texto que volveré a leer porque
es para una segunda y tercera lectura.

Gracias Maestro
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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 31 Ago 2022, 03:12

Gracias, Cecilia y Amalia, por vuestro interés. He leído que, aunque Roberto Bolaño -que vivió muchos años en Cataluña- aquirió su fama como novelista, empezó escribiendo poesía y él se consideraba en primer lugar poeta.

Un abrazo.
Pedro


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 08 Sep 2022, 00:38

ERNESTO CARDENAL Y YO

Iba caminando, sudado y con el pelo pegado
en la cara
cuando vi a Ernesto Cardenal que venía
en dirección contraria
y a modo de saludo le dije:
Padre, en el Reino de los Cielos
que es el comunismo,
¿tienen un sitio los homosexuales?
Sí, dijo él.
¿Y los masturbadores impenitentes?
¿Los esclavos del sexo?
¿Los bromistas del sexo?
¿Los sadomasoquistas, las putas, los fanáticos
de los enemas,
los que ya no pueden más, los que de verdad
ya no pueden más?
Y Cardenal dijo sí.
Y yo levanté la vista
y las nubes parecían
sonrisas de gatos levemente rosadas
y los árboles que pespunteaban la colina
(la colina que hemos de subir)
agitaban las ramas.
Los árboles salvajes, como diciendo
algún día, más temprano que tarde, has de venir
a mis brazos gomosos, a mis brazos sarmentosos,
a mis brazos fríos. Una frialdad vegetal
que te erizará los pelos.

Crítico y Críptico poema... preguntas (Un tanto maliciosas, ¿no?) a un hombre sabio: ¡Pero si el infierno ya lo pasaron en la tierra ¿cómo no va a haber cielo para ellos?

Gracias, Pedro, por tu enorme aportación.


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Ni cañones que maten la esperanza." 
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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 08 Sep 2022, 03:17

Gracias por tu aportación al tema, Pascual. También a mí me llamó la atención este poema de Bolaños cuando lo leí. Yo creo que Bolaños, por temperamento, era más bien ácrata, alejado de calquier dogmatismo ideológico. Yo creo que hay que estar a las personas, por encima de las ideologías.

Un abrazo.
Pedro


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