Aires de Libertad

¿Quieres reaccionar a este mensaje? Regístrate en el foro con unos pocos clics o inicia sesión para continuar.

https://www.airesdelibertad.com

Leer, responder, comentar, asegura la integridad del espacio que compartes, gracias por elegirnos y participar

Estadísticas

Nuestros miembros han publicado un total de 937318 mensajes en 43918 argumentos.

Tenemos 1479 miembros registrados

El último usuario registrado es Beatriz

Últimos temas

Clik Boton derecho y elige abrir en pestaña nueva- DICC. R.A.E

¿Quién está en línea?

En total hay 33 usuarios en línea: 3 Registrados, 1 Ocultos y 29 Invitados :: 2 Motores de búsqueda

clara_fuente, javier eguílaz, Pascual Lopez Sanchez


El record de usuarios en línea fue de 360 durante el Sáb 02 Nov 2019, 06:25

Clik Boton derecho y elige abrir en pestaña nueva- DICC. R.A.E

Diciembre 2021

LunMarMiérJueVieSábDom
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
2728293031  

Calendario Calendario

Conectarse

Recuperar mi contraseña

Galería


Arturo Maccanti Empty

2 participantes

Arturo Maccanti

F. Enrique
F. Enrique
España


Cantidad de envíos : 5171
Fecha de inscripción : 14/11/2012
Edad : 62
Localización : Abyla

Arturo Maccanti Empty Arturo Maccanti

Mensaje por F. Enrique Sáb 06 Nov 2021, 17:28

yo plantaba los fértiles renuevos
de los árboles verdes, yo las flores,
en quien mejor pudiera contemplaros,
(Lope de Vega - A Carlos Félix - fragmento)

Arturo Maccanti Maccan10

Arturo Maccanti es uno de los mejores poetas españoles de las últimas décadas, los otros serían para mí; Joan Margarit, Vicente Martín y Luis García Montero. Este hecho no quita de que en España se le haya silenciado, que su voz universal  haya sido reducida a un endemismo canario ¿Hay algo más extendido que el dolor en un mundo que juega con frivolidad a hacernos daño? ¿Puede haber un estigma más español que el pesar por el paso del tiempo o un sonetista más afamado que aquel que se enfrenta al monstruo de catorce cabezas como si la música no existiera? Irremediablemente el tiempo  nos llevará al encuentro con Maccanti, un hombre bueno que nunca se quejó de su suerte como poeta.
El año 1968 marcará para siempre la vida y la obra de Arturo Maccanti; muere su hijo con apenas cuatro años. A partir de entonces el poeta, que ya había consagrado poemas al dolor y a la nostalgia, los convierte en el eje central de su poesía, a través de su hijo rememora a todos sus muertos, incluso a aquellos que habían tenido una vida larga y solo habían sido vencidos por el tiempo. Con la memoria intacta, de quien cuida de que el olvido no borre ni un solo juego, ni una sola sonrisa, vuelve atrás para hablarnos del tiempo en que su hijo vivía; los pájaros de entonces aún cantan en su recuerdo, aún muestran sus flores los jardines que hollaron de la mano, aún los columpios tiemblan estremecidos por la luz de su rostro, aún la muerte no había aparecido por su casa tan temprano para llevarse, para siempre, la alegría.
*** *** ***

Gracias, Pedro, actúas con el cuidado y el amor que requiere el hecho de que un foro lleve tu nombre, no es algo fácil aceptar responsabilidades y, por lo que a mí respecta, puedo decir que estoy encantado con tu comportamiento. Yo, liberado de las sospechas de un culto a mí mismo, he encontrado en Maccanti un motivo para seguir defendiendo la poesía, para saber que no es necesario ser un desconocido para sentir la soledad. Lo cierto es que el poeta canario tuvo un premio importante pero institucional, lo que levantarárá las suspicacias de los viejos severos, y cierto reconocimiento, pero nunca pudo desprenderse del destierro en el aislamiento de su isla, tuvo que ceder el protagonismo a los más jóvenes y, aparentemente, más osados y con más “ismos” con los que adornar una nueva inventiva que acabaría siendo más de lo mismo con unas formas diferentes, a menudo poco poéticas.

Columpio solo
(A mi hijo, 1964-68. Parque Municipal de Santa Cruz. Anochece)

¿A quién meces, columpio solo? ¿Al viento
ruidoso y ciudadano?
Al pasar, te descubro en la tardía
luz del verano, como en sueños,
con tu vaivén donde un fantasma,
que golpea en el fondo de mi pecho,
todavía sonríe sin saber…
Cerca, un reloj de flores marca un tiempo
urbano, indiferente, entre risas de niños
áureos de sol atardecido, mientras
cruzo fugaz por la penumbra
de los árboles,
ya perseguido siempre
por mí, por el recuerdo
vagabundo de un sueño que fue vida.
Al pasar, se levanta la bandada
de palomas que vimos por costumbre
otros días con sol, bóvedas altas
sobre las que ha caído un mundo de silencio.
Aunque el amor no acabe,
aunque acabe el amor, columpio solo,
tú permanece fiel meciendo al aire,
meciendo al niño aquel que apenas pudo
llegar a ser mañana,
que se quedó en ayer,
y hoy cruza finalmente,
a pecho descubierto,
el vasto imperio de la sombra,
el hondísimo nihil…

Jardín

Quédate en el jardín y juega mucho,
estoy tranquilo porque no hay peligro
entre las viejas tapias y te guardan
con amor los cipreses...
Si anochece,
si se hace de oro la lluvia entre los árboles
del prado,
y ves que me demoro
y sientes miedo de la oscuridad,
no llores, que estoy cerca como siempre;
sabes que no te olvido,
aunque la vida a veces me distraiga,
que llegaré para darte mi mano
de padre cuidadoso,
no salgas del jardín.
Todos los pájaros
cantan para tu paz y mi alegría,
y yo volveré pronto, a la hora en punto
de la muerte, hijo mío, a recogerte
y llevarte en mis brazos...

Otro jardín

Vasta y dulce memoria,
déjame que recuerde
cómo fueron sus ojos,
déjame penetrar en la espesura
de las ruinas perennes del pasado
y rescate la luz inmaculada
que se llevó consigo.
Permite que me duerma sobre el césped
lejano del jardín ya clausurado
que yo llamé alegría...

El poeta en la inmensa soledad de su isla

A Hallie, ya era hora de tener un detalle con ella. Estoy seguro de que sabrá apreciar la hondura de Arturo Maccanti.

Coronación y exilio


Siempre he pensado que conocer a un gran poeta es una fiesta para los sentidos, eso es lo que decía Pasternak, sabiendo que la poesía tenía los ojos de su joven amante. Pero, por el camino que llevamos últimamente, esa celebración ha de tener lugar mientras le decimos adiós.

El poeta canario Arturo Maccanti murió el pasado mes de septiembre, me llevó hasta él una pequeña reseña en un periódico en la que se indicaba que había estado en la estela de Pavese, leí el artículo, busqué algunos datos y poemas en la Red y la impresión que tuve no pudo ser más turbadora. Siempre he pensado, algún día daré la razón, sí es que la hay y no es meramente un sortilegio cabalístico, que a partir de cinco poemas antológicos alguien debe ser considerado un gran poeta, la poesía es así de exigente, ni siquiera tiene piedad con los consagrados, de Arturo Maccanti apenas he podido leer unos doce, no está muy representado en las páginas literarias de Internet, y, para mí, ya cumple ese requisito. Os ofrezco el que me ha parecido mejor de todos. Hijo de italiano y de portuguesa, dedicó mucha atención a los países de sus progenitores, a su madre le dedicó estas palabras que estremecen, de entre todas las flores sembradas a lo largo del poema, estas no son las más bellas, pero sí las que más emocionan, sencillas como son, pero con un mensaje profundo tan reconocible y diáfano para nuestras entrañas.
... y un día te perdí sin saber cómo,
sin saber dónde, sin saber por qué.

Podría no comprender este poema ya que nunca fui un príncipe de una humilde casa con patio que recordaba el modelo romano y que distaba mucho de ser un palacio, ni siquiera fui el niño mimado de una madre pequeño burguesa. Pero me llega muy adentro lo que dice este poema fuera vivido o deseado, y ya que estoy en una edad donde mentir o ignorar la verdad nos hace caer en un abrupto patetismo, la estrofa final me sobrecoge, me somete a las últimas páginas de la vida del hombre, cuando no queda otro milagro que la aceptación del tiempo que pasa;
Abdiqué de la luz.
Ahora soy viejo
y estoy perdido entre las sombras,
enredado en el tiempo y en la muerte,
como tú, madre mía...

Arturo Maccanti murió en silencio, pero tiene mucho que enseñarnos, sufrió mucho, como tantos hombres, y tuvo su verso para dejarnos el conjuro que nos conciliara con el dolor, tan humano y cubierto de espinas en nuestra cultura, tan proclive a creer en la inmortalidad a pesar de nuestro pensamiento.

En Arturo Maccanti he encontrado una sensibilidad y una expresión extraordinarias, hoy lo hemos dejado solo con la muerte, a la que, seguro, le seguirá recitando su aislamiento de isla, su pesar por los acontecimientos amargos de la vida, su búsqueda de amor en cada recuerdo y le hablará, a través de la Poesía, de su deseo vehemente de eternidad .
Coronación y exilio
Si alguna vez fui príncipe
de la luz fue en tu reino...

Me coronaste con tu risa
en la tibia arboleda de tus brazos.
Hiciste para mí rosa la rosa,
pájaro el pájaro y cetro la alegría.

Agotaste los ojos mirándome dormir.
Por esto acaso fueron tan hermosos mis sueños.

A manos llenas me trajiste el mar,
ya para siempre compañero mío.

Fue mi primer paisaje el color de tu falda
y tu voz la primera canción de mi existencia.

La huella de mi pie cupo en la tuya.
Tú eras la dicha y yo te perseguía
con mi pequeño corazón de niño
por las orillas de los mares.

Durante mi reinado
el sol nunca se puso
y el mundo estuvo acorde.

... y un día te perdí sin saber cómo,
sin saber dónde, sin saber por qué.

Luego fui destronado.

Me golpeó el dolor con guantelete
de acero en pleno rostro.

Fui conducido al mundo, encadenado,
humillado y cegado, hambriento y mudo,
en la anónima noria de la vida.
No se me ahorró miseria ni desdicha.

Me encontré solo y escribí poemas.

Abdiqué de la luz.
Ahora soy viejo
y estoy perdido entre las sombras,
enredado en el tiempo y en la muerte,
como tú, madre mía...

El poeta en la inmensa soledad de la isla

S
on los versos vencidos de quien sufrió y siguió amando, de quien supo extraer el lirismo del recuerdo incluso de aquel que le llegaba de los acontecimientos que le contaban sus familiares más próximos. Nunca compararía a Maccanti con Pavese, respondiendo indirectamente a aquel que lo situaba en su estela, y si me pusieran en un aprieto creo que me decantaría por el italiano; son muchos los años visitando sus versos, muchas las veces que me mostró una forma eficaz de entender la poesía en nuestros tiempos; crear algo distinto e intemporal sin abrazarse, necesariamente, a lo que estaba de moda en su tiempo o a las vanguardias. Pero ello no resta un ápice de gloria al verso de Maccanti ni se pliega a la dimensión de la injusticia de que siga confinado en el rumor del viento de sus islas. Insistió con sencillez y orgullo a la llamada de unos temas con aire de modernidad ante su propuesta por lo que creía eterno. No he encontrado aún poemas de amor propiamente dicho, en su vertiente romántica, es un espejo en el que todos debemos intentar reflejarnos, pero impresiona casi tanto la emoción con la que se dirige a la chica de la foto como aquella que derrama en sus antepasados y en su niño perdido.
Naufragios

La calle, estrecha y húmeda
la ocupan estos trastos:
un sofá roto y una vieja lámpara,
la nevera oxidada y dos colchones
que alguien ha apoyado en la pared.
Es todo cuanto queda de un desahucio.

Son restos del futuro.

A menudo se ven por estas calles,
y sin embargo hoy piensa que, quizá,
son restos de sí mismo lo que ha visto.
Entonces vuelve la cabeza: un gato,
encaramado en el sofá, le mira
como ella antaño con sus ojos verdes.

Poema para un friso

Era un dibujo en un papel tan fino
que se lo llevó el viento.

Desde la alta ventana hasta muy lejos,
calles, el mar, el tiempo
que nunca volveré a recuperar.
Lo he buscado en las playas, en invierno,
cuando más pena dan los dibujos perdidos.
Por todos los caminos de los vientos.
Era el dibujo a lápiz de una chica.
Dios, cómo lo he buscado.

En la ciudad

Te descubro, Guerea, en la mañana
fría,
apenas despojada de la costra
ligera de la niebla
que el sol naciente engulle.
Como en aquella infancia el pájaro
que vi intentando remontar el vuelo
y se quedó en la tierra malherido.

Plena de gracia

“Me dejará la luz
—del día, no del alba—
con pájaros de hondo,
definitivo canto.

Se cerrará el balcón
alto sobre la acacia,
la hierba y el geranio,
la ruidosa campana
vasta sobre la noche.

Te dejaré, Guerea,
ciudad del alma, un día”.

De: Poemas para un niño que murió en noviembre (1958)


                    Mi infancia —que noviembre configura—
tuvo el juguete roto de mi risa,
un barro cotidiano en la camisa
y flotando en los ojos la amargura.

mi infancia fue el país de la sonrisa,
con trompos en la tarde dulce y pura,
y una cometa verde que en la altura
era un sueño feliz lleno de prisa.

Tuvo un niño perdido y encontrado,
y un noviembre lentísimo y mojado,
que de todos los meses fue el más triste.

un niño como yo llamado Arturo...
—¡oh, niño del recuerdo, que te fuiste
entre juegos y nubes al futuro!—.


                 ***   ***   ***  

Hoy te vengo a llorar, niño que he sido
y que ya no seré. Traigo la pena
más profunda del Hombre: la serena
tristeza de vivir hacia un olvido.

Está la vida en flor. Cuanto he vivido
el mar se lo llevó como la arena.
Fuimos sólo eslabón de una cadena,
que dios por un instante ha interrumpido.

Tu tumba no está aquí, sobre la Tierra.
¡está en mi corazón! en él se encierra
tu cadáver de niño tan hermoso.

Y a través de mi vida puedo verte,
dentro de mí —incorrupto y silencioso—
con el sereno amor que da la muerte.
Pedro Casas Serra
Pedro Casas Serra
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador


Cantidad de envíos : 36127
Fecha de inscripción : 24/06/2009
Edad : 73
Localización : Barcelona

Arturo Maccanti Empty Re: Arturo Maccanti

Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 10 Nov 2021, 07:06

Hermoso, muy hermoso el tema que le has dedicado a Arturo Maccanti. Gracias, Enrique.

Se agradecen aportaciones como las tuyas que no hacen sino enriquecer este subforo que yo dirijo por casualidad. Empecé, junto con dos compañeros más, porque en Aires me lo pidieron, y luego los otros dos me dejaron solo. Así que agradezco mucho la participación de Pascual, Lluvia, la tuya, y animo a otros a participar, comentando, divulgando sus poetas preferidos. O publicando estudios sobre poesía, noticias de prensa, entrevistas, etc.

Has hecho de Maccanti una muy buena presentación y también una buena selección de alguno de sus poemas, que se distinguen por su gran sensibilidad y pureza formal -utilizando siempre el verso blanco y el ritmo endecasilábico (formado por endecasílabos, alejandrinos, eneasílabos, heptasílabos, pentasílabos y algún verso menor).

No lo conocía y me ha gustado mucho hacerlo. Muchos buenos poetas no alcanzan la notoriedad que se merecen, bien sea por propia elección o por no haber accedido al circulo de la fama. Divulgarlos ayuda a conservar y acrecentar su memoria, es una manera de agredecerles el placer que nos proporciona la lectura de su obra.

Un fuerte abrazo.
Pedro

F. Enrique
F. Enrique
España


Cantidad de envíos : 5171
Fecha de inscripción : 14/11/2012
Edad : 62
Localización : Abyla

Arturo Maccanti Empty Re: Arturo Maccanti

Mensaje por F. Enrique Vie 12 Nov 2021, 07:28

Arturo Maccanti Maccan11

Alguna vez leí, Pedro, que Maccanti tenía una bondad machadiana, aunque se le encasilla más como el Poeta del dolor; perdió a un hijo a edad temprana y nunca supo como olvidarlo, siempre supo hablar de otro dolor aunque no fuera el suyo.
Gracias, Pedro, te las doy desde el convencimiento.

Póvero Gino

[Bjëlo Pölje, Montenegro, 1941. Marti, Italia, 1964].

Para Berta y Eugenio Padorno

Póvero Gino, al fin,
has cruzado el Adriático y has vuelto
a nuestra pobre tierra...

Muchos años se fueron,
muchos años se han ido
en súplicas y lágrimas,
pero ni el desaliento
ni el olvido pudieron
acallar el inmenso deseo de traerte
junto a tantas reliquias veneradas,
cenizas de mi raza bajo la paz del viento.

Ahora duerme tu sueño
largamente, hasta el fondo
de la muerte infinita.

Niño hacia el mar
(Elegía de 1960)

Palabras y palabras. era —y era
inútil aquel llanto— todo en vano.
de la mano de dios va nuestra mano
y la mano de dios nos asendera.
Hoy tiene el campo, niño castellano,
un nuevo surco y otra sementera,
y el Tormes, que soñaba en la ribera,
sigue llorando para el mar lejano.

Volverán como antaño los gorriones,
y de nuevo el arado y las canciones
y el alegre verdor por el otero.
Y como tú te fuiste, yertos, fríos,
nos iremos también al mar postrero,
de la mano de dios, como los ríos...


En que el poeta recuerda

Como quien gira en torno de una noria,
me pongo a darle vueltas a la vida,
pero el olvido todo me lo olvida
y ya recuerdo mal aquella historia.

Historia de una luna migratoria
con la alondra del alma estremecida
y el eco de una voz casi perdida
en el blanco país de la memoria.

Y recordando dejo tristemente
al niño corazón entre tus brazos
y así no vea alborear el día

de saber que la vida es solamente
pedazos de recuerdos y pedazos
de sueños y pedazos de alegría...

De:  El corazón del tiempo  (1963)


El tiempo y una ciudad

Tantos días pasando por aquí,
triste o alegre, con la vida
pasando por aquí, o con la costumbre
de la vida —es igual— pero pasando
siempre por esta calle y esta plaza
con árboles; y siempre el oro viejo
del otoño dorándome la pena,
y siempre yo pasando,
pasando y despidiéndome de todos,
aunque nadie perciba en el adiós
que me voy alejando con la vida.

Tantos días pasando por aquí.
Tantos días, y un día sin quererlo,
al doblar una esquina, al ver al pobre
en su sitio de siempre, al cielo igual
con sus nubes dispersas me descubro
de pronto el alma envejecida o un hilo
de purísima plata.

Tantos días pasando por aquí.
Pasando a diluirme sin ruidos
en el ruidoso río de la vida,
que prolonga la lluvia cuando cae
de las oscuras gárgolas sin tiempo,
y yo pasando siempre,
pasando lentamente
o con prisa —es igual— no sé a qué parte,
si ya todo mi mundo es un pañuelo,
si ya eché la llave al horizonte,
si ya puse mi sueño a ras de tierra
por donde voy pasando con la vida
o su mansa costumbre.

Tantos años pasando por aquí.
de pronto, sí, los años, y el adiós
que hasta ayer fue esperanza,
santo y seña del hombre,
se me muestra al decirlo con un sabor amargo
de desnuda palabra,
de trágica verdad.

Tantos años pasando por aquí.

Los árboles y el viento.
La tarde con campanas.
el amor encontrado, los rumores
de la marea humana y entrañable,
por donde, alegre o triste, estuve yo
tantos días pasando,
viviendo tantos años
—es igual—, y muriendo...
F. Enrique
F. Enrique
España


Cantidad de envíos : 5171
Fecha de inscripción : 14/11/2012
Edad : 62
Localización : Abyla

Arturo Maccanti Empty Re: Arturo Maccanti

Mensaje por F. Enrique Sáb 13 Nov 2021, 08:48

Arturo Maccanti, poeta del dolor

Luis León Barreto

13·09·20 | 18:48
 
Hoy la poesía se disuelve entre los flashes de las redes sociales, todo es prisa, todo es espectáculo, todo es un tatuaje efímero, todo se olvida a los cinco minutos de un Twitter, miles de mensajes se superponen y enloquecen y los humanos parecen simios aplicados en escribir y recibir 20 whatsapps por minuto. En este mundo individualista y material queda, en apariencia, poco espacio para las cosas del espíritu. Con todo, la poesía se ha hecho clandestina, y, sin embargo, dentro de su insignificancia no deja de multiplicarse. Cada vez hay más poetas, jóvenes contagiados por la fiebre de las letras se empeñan en escribir, oficio poco práctico en tiempos de crisis total pero la crisis remueve las conciencias y escribir se convierte en un acto de rebeldía. Arturo Maccanti, poeta del dolor y la melancolía, hombre tempranamente abatido, nos ha dejado. Hijo de italiano y de portuguesa, nieto de una hebrea, nacido en una isla, crecido en otra. En este hombre prima el dolor del recuerdo, la viva laceración de la insularidad que equivale a soledad. La voz de Maccanti va unida de modo indisoluble a ese hijo que se le murió con 4 años y que ya nunca lo abandonó, por él escribió ese poema esencial que se titula "Columpio solo", y es un álbum de emociones tan vivas que hieren: "Aunque el amor no acabe, / aunque el amor, columpio solo, / tú permanece fiel meciendo al aire, / meciendo al niño aquel que apenas pudo / llegar a ser mañana..."

Arturo Maccanti Maccan10


La voz de este hombre delicado y dolorido trae los ecos de la más pura tradición local, desde Domingo Rivero a Alonso Quesada fluye esa lamentación por la existencia, esa desolación que trae la vida a los seres hipersensibles, ese pasar sufriendo sobre las brasas de las emociones, el tránsito de los años que dañan, el presentimiento de la muerte, la ruina progresiva de los recuerdos, la levedad de las vidas que borra el tiempo.

Para muchos de los poetas de la generación del 50 la isla, sometida a tantas dictaduras, era un espacio de sufrimiento, no era el espacio de luz y disfrute de los sentidos que perciben los millones de turistas que nos visitan, los miles de europeos que residen aquí durante los inviernos. Poeta y traductor de Saba, Ungaretti, Montale, Quasimodo y Cardarelli, versionador de Cavafis, Maccanti es mediterráneo y atlántico. Lo decía Alfonso O'Shanahan, compañero precipitadamente desaparecido, noble compañero de Redacción: "Arturo Maccanti tiene la angustia existencial de un Pavese, la profundidad de un Cavafis y la ternura de un Ungaretti. Además de ello, su bondad es machadiana y su temperamento insular se entronca con Alonso Quesada. De pocos poetas canarios podemos decir lo mismo... Yo quiero atreverme a asegurar que, con Arturo Maccanti, Canarias recupera uno de esos momentos en los que la poesía se constituye en la avanzada de las artes y en la muestra más elocuente del grado de espiritualidad de toda una cultura genuina".

La ciudad donde vivía el poeta no es la misma que conocimos, ahora está muy decorada. El maquillaje le ha sentado bien a las casonas rehabilitadas, la calle Herradores tan pulcra, los bares, los comercios que siguen cerrando a la una. La Laguna, ciudad melancólica, tiene muchas dulcerías. Hoy es diferente a la oscura donde estudiamos, es peatonal y está pintada con tonos pastel, aunque su catedral todavía está en reparaciones posee tranvía. Para los de mi generación todo consistía en la avenida Trinidad, La Carrera y unos cuantos cafetines donde echarte unos coñacs para el frío. Guerea solitaria. / Me he perdido en la plaza, / donde dejó la lluvia ilusorios espejos... Dicen los críticos que los poetas de Gran Canaria miran al mar, será por Tomás Morales, y en cambio los de Tenerife escriben sobre la tierra adentro, será por Viana y la escuela regionalista. Arturo Maccanti, poeta herido y sufriente, ha sido la viva voz lagunera y su lugar mítico, Guerea, es de los pocos que han hecho fortuna en la literatura insular. De la playa de Las Canteras a la vega de Aguere, su voz se fue asentando en un recorrido que se configura como constante, disciplinado y creciente. Fugacidad, sombra. Para Jorge Rodríguez Padrón, "su escritura es, ante todo, la forma por medio de la cual se reconoce la carencia que siempre es la existencia".

En este lugar conventual, con rituales y viejas tertulias, el poeta fue redondeando su lamento: Soy una lengua ígnea / que se nutre de escombros. En noviembre de 1958 sucedió la tragedia, un niño se fue demasiado pronto y dejó una huella indeleble, una costra de llanto. Hay mañanas de lluvia interior en que a uno le apetece leer poesía, ponerse tierno y trascendente. Claro está que la plenitud del escritor no llega a los treinta sino casi en la vejez, imprescindible paciencia la de este hombre profundamente herido, profundamente humano que ha muerto recitando con su voz intimista poemas que resplandecen, flores de olvido y reencuentro capaces de emocionarnos, esa ceniza de brasas calientes que deja el cuerpo de un poeta que fue bueno y, sobre todo, hombre fiel a sí mismo. Entonces uno echa mano a gente como Arturo que ha escrito con honesta tenacidad, desde sus sonetos garcilasistas a su lírica desnuda y sufriente, los óxidos del tiempo, la asunción del padecimiento vital que, de todos modos, transmite cierta forma de esperanza. La vida es contemplación, otoño y bruma. El horizonte es tristeza, pero nunca resignación. Isla endeble, enfermiza: Póvero Gino, al fin / has cruzado el Adriático y has vuelto / a nuestra pobre tierra... La isla es atalaya escasa sobre el vacío, puede ser paralizante en sus emociones que maternalizan pero también es acicate para la rebeldía creadora. En su último día el hombre pasa el umbral dejándonos poemas alumbrados tras largos ejercicios de meditación. Su obra -contagiada por hondos poetas italianos que él mismo ha traducido-, y su mirada posromántica tienen buena salud, pero -como todo lo humano- está condenado al olvido. Palabra que arde en el crematorio de estos años veloces, palabra que sin embargo tiene apariencia de eternidad. Porque la poesía, al fin y al cabo, nos habla de emociones del alma.
La caída del Imperio Romano

Tras la ventana crece el frío,
aire de todos, sortilegios
de la luz, enhebrándose
en los ojos, las ramas
desnudas, y se aferra
a un instante la vida,
pidiendo un día donde prolongarse,
desde donde saltar hacia el futuro
y no acabarse nunca, nunca.


Tras la ventana crece el frío,
se hace más alto el mundo,
y más allá, sobre los mares grises,
humea una patria de islas
que recuerdo y olvido.


Y yo caído en este lecho,
de la obra parte del cristal
ya perdido en las sombras
conscientemente retenidas
de este cuarto, en silencio
asisto a la caída
del Imperio Romano,
Fumo, releo un libro,
abro cartas antiguas,
rememoro a mis muertos…

Lejos de la ciudad condescendiente


(Las Palmas, 1944)

De niño, entre las charcas
dulces, cacé la rana, el pájaro feliz.

Por el aire y el agua, la niñez
fue pura y triste, pero libre y sola,
hollando las orillas como láminas
infinitas, las blanquísimas nubes
cruzadas por las aves.

                     Con los otros
por las colinas solitarias fui,
lejos de la ciudad condescendiente,
a reinventar un paraíso:

                       cuevas,
senderos, caseríos, los rebaños
de cabras a lo lejos, los estanques
verdes con todo el cielo reflejado.

Y saltaban las ranas a los gritos
salvajes, jubilosos. venían círculos
a morir a los pies. Limpios diamantes
bullían en el iris. Las camisas
llenas del viento azul de la mañana
y el mar abajo como un padre...

                              Todo
sucedió en otra vida.

De seres que vivieron en un tiempo florido

Ha llamado esta noche inmensa el viento
en los naranjos de la huerta, al claro
de la luna helada, rota entre
las cañas amarillas.

El viento,
una vez más, fantasma asiduo
de mis miedos nocturnos, puso un grito
de presagios: la ronda de lamentos
de seres que vivieron en un tiempo florido
en esta casa donde yo desgrano
las horas lentas aguardando la luz.

Desde el fondo sombrío
de la arboleda, la espiral de viento
azota la hierba alucinada y viene
avanzando despacio hacia la casa.

Tiempo de soledad y tiempo de memoria,
sueña la mente su país, proyecta
el plano futuro de la vida.
el plano futuro de la vida.Así,
desde la garganta oscurísima
del aire que aúlla en el recodo
de la huerta de plata, las amargas
naranjas, la zarza retorcida, los almendros
que crecen en los límites
me hablan en baja voz, conciertan
su música. Me indican
su crecimiento al alba, su insistente
latido de savia paralelo
al latido consciente de mi sangre...

Una nube durante la Gran Guerra
(En vida)

Hubo una vez una nube que cansada de serlo,
cansada de montañas y aires sin rumbo,
de los ríos inmensos de la tierra,
cansada de la sangre y la metralla,
descendió silenciosa y se posó en tus ojos.

Era el tiempo de la escarcha y de la nieve. Hacía frío.
Mucho frío, padre. Entonces tú, con tu infancia aterida
bajo el brazo,
cruzabas los caminos inclementes.

Eras pequeño a la salida de la escuela. Maestra Giulia
te daba dulces y lápices de colores, y en tus manos tristes,
más tristes que todo el universo,
mirabas aquellos tesoros incrédulo, asombrado.

En casa te llamaban con nombres de ciruela y almendra,
con nombres de manzanas y uvas moscateles,
y desde aquella época te entristeció el helecho,
porque un amigo tuyo, niño también, se murió alguna tarde
y con él adornaron las estancias dolientes.

En casa te llamaban con nombres olvidados,
con nombres que sabían a olorosas mañanas...
Florecía el cerezo, los olivos gozaban su verdor incipiente
en el cercano bosque de Varrámista,
el arroyo cantaba y andaban las muchachas de aquel tiempo
llenas, como la tierra, de sueños y esperanzas,
cuando en la fragua del destino aprendías el hierro
con tus pequeñas manos de universo tristísimo,
y un instante, lo que tarda una vida en nacer o en morir,
saltó una chispa clara para encenderte el alma.

Y encendida la tienes, padre mío sereno,
aunque una nube oculte su esplendor en tus ojos,
como al cielo de abril
celajes repentinos le ocultan su belleza sin término...


Sara Nóbrega

Antes de despedirte para siempre,
me dejaste un libro y una estrella en la sangre.

Uno y otra venían de muy lejos,
llegaban de lo hondo
de una estirpe maldita.

Leí el destino. Era verdad
que estaba escrito. Comprobé
mis azares, por qué mi pie pequeño,
mi infatigable sensualidad,
mi fe monoteísta.

Extiendo la mano
para alcanzar los días aquellos
de tu infancia en Lisboa, en la trastienda
de un bazar, con espejos,
porcelanas azules, esmaltes y muñecas,
reposo de tus místicas saudades,
pequeña abuela hebrea.
                     En el espacio
breve de un llanto,
miraste un día el sol poniéndose sobre los viejos libros.
Dijiste adiós, quién sabe qué dijiste,
y otro día de otoño de principios de siglo
a las islas llegaste con un bolso, una maleta y un libro.

Primera fundación,
limpio el aire donde alzar los altares,
jerusalem sin mancha
de las viejas creencias que heredé, que he olvidado.

Oh nunca Sara Nóbrega.
F. Enrique
F. Enrique
España


Cantidad de envíos : 5171
Fecha de inscripción : 14/11/2012
Edad : 62
Localización : Abyla

Arturo Maccanti Empty Re: Arturo Maccanti

Mensaje por F. Enrique Sáb 13 Nov 2021, 13:11

Arturo Maccanti Maccan12

Juan Cruz
14 sept 2014 - 01:23 CEST

De Arturo Maccanti, poeta que murió el jueves en Tenerife a los 80 años (ayer fue su entierro), escribió Alfonso O‘Shanahan, poeta también fallecido: “Tiene la angustia existencial de un Pavese, la profundidad de un Cavafis y la ternura de un Ungaretti. Además de ello, su bondad es machadiana y su temperamento insular se entronca con Alonso Quesada. De pocos poetas vivos canarios podemos decir lo mismo”.

Eso lo escribió O‘Shanahan para introducir, en 1989, una edición antológica de la obra de Maccanti El eco de un eco de un eco del resplandor, Biblioteca Básica Canaria, 1989) y no era sólo una definición literaria sino que era una descripción humana del escritor que acaba de fallecer. No sólo estuvo próximo a Pavese por la naturaleza italiana de su procedencia sino que esa angustia existencial que se hizo sólida y simbólica de su casi paisano lo acompañó hasta el último suspiro. Y era profundo y aislado, ensimismado, bondadoso y tierno, en efecto, pero también salvaje y esquivo, como una herida que nunca pudo cerrar.

Esa herida mayor de su vida se la produjo la muerte muy temprana de un hijo suyo. Vivieron él y su mujer (María Isabel, a la que va dedicado, junto a su otra hija, María José, El eco de un eco…) ese momento radicalmente triste de sus vidas con la intensidad de lo inolvidable, y han pasado días y décadas, y en su semblante y en la risa acongojada con la que acompañaba sus paseos por La Laguna, la ciudad donde ha vivido casi toda su vida, siempre ha estado en Maccanti esa sombra que los marcó.

Su poesía es el eco de la angustia. Aún así, en lo público tuvo variadas actividades: fue editor (con sus amigos Manuel Padorno y Josefina Betancor, hicieron Taller de Ediciones JB, y fue creador, con otros poetas, de la colección La fuente que mana y corre), presidente del Ateneo de La Laguna, presidente de La Laguna Ciudad de la Poesía, estudió Derecho, enseñó la isla de Tenerife a los extranjeros, fue amigo fiel de numerosos amigos, y recibió a media luz aquel golpe tan grave y otras tarascadas inesperadas de una existencia a la que O‘Shanahan le puso aquellos paralelismos.

En 2003 fue distinguido con el premio Canarias de Literatura. Fue miembro de una generación canaria que le dio a la historia el suyo y otros nombres, como Martín Chirino, Manuel Millares, el citado Padorno. Todos ellos han significado (y significan) maneras de abordar la isla como punto de apoyo o como frontera; la isla fue alma. Su devoción por La Laguna (a la que llamó Guerea) era la expresión humana de su deseo de estar en tierra firme, de sentir que, aunque la vida le había arrebatado tantas veces el aliento, la propia existencia de la ciudad a la que quiso era capaz de devolverle el sentido de vivir.

En aquel escrito que citamos al principio O‘Shanahan sugiere que el poema que define a Maccanti es Coronación y exilio, “un poema definitivo y de permanente compañía”. Así termina: “Ahora soy viejo/ y estoy perdido entre las sombras,/ enredado en el tiempo y en la muerte,/ como tú, madre mía…”

Nació en Gran Canaria, hijo de italiano y portuguesa. Desde 1951 vivió en Tenerife. Cuando murió Pavese Natalia Ginzburg escribió de aquel antecedente de Maccanti: “En los últimos años tenía el rostro demacrado y lleno de arrugas, devastado por los pensamientos atormentados, pero su figura conservó hasta el último momento la gracia de un adolescente”. Para nosotros fue siempre Maccanti un adolescente que en algún momento del trayecto supo que ya no cabía arañar más la alegría, que ésta se había acabado, pero conservó ese aire romántico que combinaba con su figura de Gassman y Mastroiani y que disimulaba con risa el profundo dolor con que se ha ido de este mundo.


                   

A TUS MANOS


Tu mano es una nave de promesa,
donde la nieve pura se deshoja,
con un caer lentísimo de hoja
del árbol de tu cuerpo, porque pesa.

Tiene tu mano sonreír de fresa
si por el aire va, cuando se aloja
en los pliegues aéreos, si se moja
sabe tu mano a mar que llora y cesa.

Suspendida al amor que se avecina
tu tenue blanca mano descamina
todo lo que en el viento se te enreda.

Y más que mano tuya, es ave en vuelo
erguida y suplicante cuando queda
tu mano pentapétala hacia el cielo.




De: Poemas (1959)


EN EL QUE EL POETA RECUERDA

Como quien gira en torno de una noria,
me pongo a darle vueltas a la vida,
pero el olvido todo me lo olvida
y ya recuerdo mal aquella historia.

Historia de una luna migratoria
con la alondra del alma estremecida
y el eco de una voz casi perdida
en el blanco país de la memoria.

Y recordando dejo tristemente
al niño corazón entre tus brazos
y así no vea alborear el día

de saber que la vida es solamente
pedazos de recuerdos y pedazos
de sueños y pedazos de alegría...

LA TIERRA SOLA

Que tiene el mayor mar como camino

             Alonso Quesada

Mi pequeño país de inmenso cielo,

de inmenso mar,
he caminado por tu piel de tierra,
tu arboleda de alisios, tus litorales solos,
aspirando el olor, la savia de tus lavas,
en el aire que cumple mi edad y mi memoria.

Por la luz de tus cumbres descubrí el universo

la mañana primera, con otra luz ahora
que empiezo a desnudarme de sustancia,
que amo más tu hermosura a medida que avanzo
por las selvas del tiempo.

Me he desangrado sobre ti.

Tú siempre me has devuelto duplicada la sangre
Y más claro mi sueño.

Si he sido un hijo de tus soledades,

si sufrí como míos tus yugos y abandonos,
si amparaste a mis muertos, si das luz a mis vivos,
si nada te pedía a cambio del amor, mira, al menos,
cuando sea ceniza
que no me esparza el viento más allá de tu orilla.

Contenido patrocinado


Arturo Maccanti Empty Re: Arturo Maccanti

Mensaje por Contenido patrocinado


    Fecha y hora actual: Vie 03 Dic 2021, 06:19