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Lucrecio: De rerum natura

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Mensaje por Pedro Casas Serra Mar 06 Abr 2021, 13:03

.



LUCRECIO

(Sacado de wikipedia)


Tito Lucrecio Caro (en latín, Titus Lucretius Carus; c. 99 a. C.-c. 55 a. C.) fue un poeta y filósofo romano, autor de un único texto que se conozca: el poema didáctico De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), que defiende la filosofía de Epicuro y la física atomista de Demócrito y Leucipo.

De rerum natura tuvo una influencia considerable en poetas romanos clásicos, en particular Virgilio, en la Eneida y las Geórgicas y, en menor medida, en las Bucólicas, y Horacio. Su obra se consideró virtualmente desaparecida durante la Edad Media pero fue redescubierta en 1417 en un monasterio alemán, probablemente la Abadía de Fulda por Poggio Bracciolini, y tuvo un papel importante en el desarrollo del atomismo, ya que Lucrecio fue una gran influencia para Pierre Gassendi y los esfuerzos de varias figuras de la época de la Ilustración en construir un nuevo humanismo cristiano.

Biografía


No se dispone de mucha información fiable sobre la vida de Lucrecio. Sus contemporáneos lo ignoran o callan su existencia; las excepciones son muy raras: Cicerón le consagra una frase en una carta a su hermano Quinto el año 44 antes de Cristo: «El poema de Lucrecio, como dices, testimonia a la vez mucho genio y mucho arte». Un pasaje del Chronicon de San Jerónimo de Estridón, obra posterior en cuatro siglos, afirma que Cicerón fue editor de su poema, lo que no cuadra con las críticas contra el epicureísmo que Cicerón formula en sus tratados. Ovidio escribe en su Los amores: «Los poemas del sublime Lucrecio no perecerán más que en el día que el mundo entero será destruido». Pero ellos no dicen nada sobre su vida. Tácito evoca su De rerum natura sin decir nada sobre su autor. Bajo el Imperio, Lucrecio parece olvidado.


Sobre esta casi completa ausencia de testimonios biográficos (pese a las evidentes huellas que dejó en diversos escritores importantes, incluido Virgilio), Henry Bergson propuso una explicación: «Es preciso creer que después de la caída de la República, cuando la política de los emperadores refortaleció la religión pagana, Lucrecio, adversario de toda religión, llegó a transformarse en un amigo peligroso, con el cual era prudente no entretenerse demasiado».

Solo dos textos del siglo IV, si bien muy posteriores, dan algunas indicaciones dudosas: Elio Donato escribió en su Vida de Virgilio que Lucrecio murió el año en que Craso y Pompeyo fueron cónsules y en que Virgilio tomó, a los diecisiete años, la toga viril. Pero esta afirmación es contradictoria: Virgilio cumplió sus 17 años el año 53 y el segundo consulado común de Pompeyo y Craso data del 55. Por otra parte, el crédito concedido a esta obra es muy débil.

En su Chronicon, Jerónimo de Estridón, más conocido como San Jerónimo, alumno de Donato, parece concordar poco después con su maestro en los datos, tomados quizá de una obra biográfica sobre poetas romanos de Suetonio que estuvo entre sus fuentes. Y añade unas informaciones que muchos juzgan bastante inciertas en razón, sobre todo, de la hostilidad que mantenían los cristianos contra el epicureísmo. En el año 96 o 94, siguiendo los manuscritos, está escrito que: «Nació el poeta Tito Lucrecio. Se volvió loco por un filtro de amor, y redactó en sus momentos de lucidez algunos libros que Cicerón corrigió después. Se dio la muerte en su año cuadragésimo cuarto.»

La corta biografía de San Jerónimo y la citada carta de Cicerón dejan suponer que este último, a la muerte de Lucrecio, adquirió el manuscrito inacabado del poema para ordenarlo y publicarlo. La información de San Jerónimo tiene todo el aspecto de haber sido compuesta ad hoc para explicar la sombría visión que ofrece del amor en su célebre poema y la tradición ha defendido que padecía algún tipo de enfermedad mental, que podría ser o no de origen físico (como la epilepsia), tratando de desprestigiar así una visión de las cosas tan atea, materialista y alejada de los dogmas de la fe cristiana e incluso de la pagana. Su tercer nombre, Caro, era propio de las clases bajas, pero Lucrecio tenía una extensa cultura, que no era fácil de adquirir si uno no pertenecía a una familia pudiente. Se ignora si era originario de la misma Roma o de alguna provincia, pero es indudable que Lucrecio vivió en Roma y resulta evidente, por la franja de fechas en que se desarrolló su vida, que debió asistir a las guerras civiles romanas, a las revueltas de Cayo Mario y Sila, a la conjuración de Catilina y a la ascensión de Julio César. A ello alude en un famoso pasaje:

Es dulce, cuando sobre el vasto mar los vientos turban las aguas, observar desde tierra la gran fatiga de otros, no porque complazca dulcemente su tormento, sino porque es dulce ver de cuáles males tú mismo te has privado. Dulce es, asimismo, contemplar grandes batallas de guerra erizada en la llanura sin que tú formes parte del peligro; pero nada hay más placentero que estar solo en los alturas de la serenidad, bien fortificado por la doctrina de los sabios, desde donde puedes resguardarte de la soberbia de los demás y verlos errar, aquí y allá, merodeando perdidos el camino de la vida, faltos de ingenio, rivalizando en nobleza de sangre y esforzándose noche y día con afán incesante para recabar una riqueza grande y asumir el poder. ¡Oh mentes miserables de los hombres! ¡Oh pechos ciegos! ¡En qué tinieblas de vida y tras cuántos grandes peligros transcurre esta vida, cualquiera que sea!.
En cuanto al suicidio, el traductor francés del poema Alfred Ernout escribió: «La locura, el suicidio hubieron debido ser unos castigos inventados por la imaginación popular para vejar al impío que rehusaba tanto creer en la supervivencia del alma y en el influjo de los dioses como en el poder de los clérigos.» Incluso Bergson: «Esta sombría historia tiene toda la apariencia de una novela. En tiempos antiguos, la imaginación popular se complacía en castigar así al ateo, con esta vida, por los dioses que había injuriado.»
Otros autores (Pierre Boyancé, el doctor Benjamin-Joseph Logre, André Comte-Sponville, Paul Nizan) consideran plausible la hipótesis del suicidio en razón del clima de angustia o de melancolía que domina la obra: «El sentido extraordinario de angustia que domina el De rerum natura revela también un hombre capaz de llevar hasta la muerte voluntaria el deseo de escapar a la angustia» dice Paul Nizan.

Fiel en todo a su doctrina, escribe Benjamin Constan-Martha, Lucrecio habrá puesto en práctica uno de los más importantes preceptos de Epicuro: «Esconde tu vida».

De rerum natura


Lucrecio es autor de un largo poema didáctico, De rerum natura (Sobre la naturaleza de las cosas), en algo más de 7.400 hexámetros distribuidos en seis libros, acaso la mayor obra de la poesía de Roma, dedicado al noble Gayo Memio. En este poema, perteneciente al género del peri physeos, se divulgan la filosofía y la física atomistas que había tomado Epicuro de Demócrito. El único texto que poseemos del poema se ha transmitido gracias a Cicerón quien preparó su edición a la muerte del poeta. Posteriormente subsistieron solo dos códices del mismo ejemplar original de su gran poema, uno clásico encontrado en York, actualmente en la Universidad de leiden, y otro, de más fácil lectura, encontrado en 1417 por el gran perseguidor de manuscritos, humanista, notario y secretario apostólico Poggio Bracciolini en un monasterio alemán, probablemente Fulda, del que pronto se hicieron numerosas copias.
El poema se inicia con un himno a la diosa Venus generatriz, mientras que termina con una descripción de la destructora peste de Atenas, contraste que tal vez fue buscado por Ciceron cuando ordenó el texto en seis libros y editó el poema.


El primero contiene la citada invocación a Venus como fuerza germinadora de la naturaleza y trata además de cómo todo está compuesto de átomos y de vacío. El libro segundo trata del movimiento y agrupaciones de los átomos. El tercero versa sobre el alma, que es mortal. El cuarto sobre la teoría de la sensación, el quinto diserta sobre el mundo y el sexto sobre diversos fenómenos atmosféricos y las enfermedades, terminando con el ya citado sombrío panorama de los estragos de la peste en Atenas, en deliberado contraste con el inicio.
Lucrecio pretende dar explicaciones racionales y naturalistas de los fenómenos que se dan en el universo, pero nunca de forma dogmática. Cuando se da con un hecho problemático, hay que acogerse al principio de las causas múltiples: la posibilidad de explicarlo de diversas maneras y no de una sola. Lo importante, más que dar con la respuesta verdadera, es no dar lugar a una atribución de los sucesos a los dioses, excluyendo así cualquier tipo de propósito o finalidad en la naturaleza.
Los análisis a la obra de poetas posteriores demuestran que le habían estudiado a fondo. A él alude Virgilio cuando escribe:

Felix qui potuit rerum cognoscere causas
atque metus omnes, et inexorablile fatum
subiecit pedibus, strepitumque Acherontis avari!
Geórgicas, lib. II.

Utiliza comparaciones para aliviar la árida materia abstracta de la obra, mezclando, con una imagen que más tarde tomará Horacio, "lo útil con lo dulce de la misma manera que un médico mezcla dulce miel en las agrias medicinas que administra". Es citado por Giordano Bruno en De l'infinito, universo e mondi (1584) y en otras de sus obras para ilustrar las ideas acerca de la pluralidad de los mundos y la homogeneidad de la materia terrestre y celestial, tratados en el Libro I por Lucrecio. También es citado en numerosas ocasiones por Montaigne a lo largo de sus Ensayos (1595). Pierre Gasendi lo prosifica y comenta en su Syntagma (1658), obra leída por Newton y Boyle. Las ideas lucrecianas fueron apreciadas durante la Ilustración, pero el poema siguió influyendo en los autores románticos, siendo admirado por Shelley, Swinburne, Tennyson o Víctor Hugo, y considerado por Leopardi la prima voce de la edad latina. Ya en el siglo XX reivindican y divulgan a Lucrecio Henri Bergson, André Gide o George Santayana, entre otros.

La obra de Lucrecio, materialista e irreligiosa, fue traducida por el afrancesado y revolucionario jacobino español José Marchena a principios del siglo XIX en endecasílabo blanco con la intención de combatir el catolicismo de sus compatriotas. También es importante, por sus méritos filológicos y por sus caudalosas notas, la versión bilingüe del humanista inglés John Mason Good, (Londres, 1805, 2 vols.) y, por fin, la edición filológicamente impecable de Carl Lachmann (Berlín, 1850).

La intención de Lucrecio, como ya señaló Virgilio, es liberar al hombre del miedo a los dioses y a la muerte, causas, según él, de la infelicidad humana. ("Está bien ver al navegante lejano luchar contra la borrasca y naufragar, no porque nos alegremos del mal ajeno, sino porque es bueno hallarse libre de tormentos"). El texto pertenece al género del perifíseos griego, poemas o textos de filósofos presocráticos que intentaban explicar el origen del mundo. Representa el cosmos como un conjunto fortuito de átomos que se mueven en el vacío ("Ninguna cosa nace de la nada", verso 211; "De la nada, nada puede hacerse", verso 219; "Nada puede a la nada reducirse / ni alguna cosa hacerse de la nada", versos 1071 y 1072). El alma es material y no sobrevive al cuerpo. Los fenómenos tienen todos causa natural. Si existen los dioses, estos no intervienen en los asuntos de los mortales. La triste visión del amor humano que ofrece ha intrigado a los especialistas.

Martin Ferguson Smith en la introducción de su traducción del poema de 1969 comentó que es "uno de las mejores poemas del mundo no solo por su valor artístico sino porque está también lleno de pasión y fervor y emoción: el poeta... pone todo su corazón y su alma a la vez que su poder intelectual en su escritura, y eso es principalmente el porqué la obra nos sigue llamando la atención y todavía palpita vida y emoción"


(Continuará)


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Mensaje por Pedro Casas Serra Miér 07 Abr 2021, 04:51

.



LUCRECIO: De rerum natura


Libro primero


.Engendradora del romano pueblo, 1
Placer de hombres y dioses, alma Venus:
Debajo de la bóveda del cielo,
Por do miran los astros resbalando,
Haces poblado el mar, que lleva naves,
Y las tierras fructíferas fecundas;
Por ti todo animal es concebido
Y a la lumbre del sol abre sus ojos;
De ti, diosa, de ti los vientos huyen;
Cuando tú llegas, huyen los nublados; 10
Te da suaves flores varia tierra;
Las llanuras del mar contigo ríen,
Y brilla en larga luz el claro cielo.
.Al punto que galana primavera
La faz descubre, y su fecundo aliento
Robustece Favonio desatado,
Primero las ligeras aves cantan
Tu bienvenida, diosa, porque al punto
Con el amor sus pechos traspasaste:
En el momento por alegres prados 20
Retozan los ganados encendidos,
Y atraviesan la rápida corriente:
Prendidos del hechizo de tus gracias
Mueren todos los seres por seguirte
Hacia do quieres, diosa, conducirlos;
Por último, en los mares y en las sierras,
Y en los bosques frondosos de las aves,
Y en medio de los ríos desbordados,
Y en medio de los campos que verdecen,
El blando amor metiendo por sus pechos, 30
Haces que las especies se propaguen.
.Pues como seas tú la soberana
De la naturaleza, y por ti sola
Todos los seres ven la luz del día,
Y no hay sin ti contento ni belleza,
Vivamente deseo me acompañes
En el poema que escribir intento
De la naturaleza de las cosas,
Y dedicarle a mi querido Memmio,
A quien tú, diosa, engalanar quisiste 40
En todo tiempo con sublimes prendas:
Da gracia eterna, diosa, a mis acentos.
.Haz que entretanto el bélico tumulto
Y las fatigas de espantosa guerra
Se suspendan por tierras y por mares;
Porque puedes tú sola a los humanos
Hacer que gusten de la paz tranquila;
Puesto que las batallas y combates
Dirige Marte, poderoso en armas,
Que arrojado en tu seno placentero, 50
Consumido con llaga perdurable,
La vista en ti clavada, se reclina,
Con la boca entreabierta, recreando
Sus ojos de amor ciegos en ti, diosa,
Sin respirar, colgado de tus labios.
Ya que descansa en tu sagrado cuerpo,
Inclinándote un poco hacia su boca,
Infúndele tú, diosa, blando acento:
Ínclita medianera de las paces,
Pídesela en favor de los romanos; 60
Porque no puedo consagrarme al canto
Entre las guerras de la patria mía,
ni puedo yo sufrir que el noble Memmio
Su defensa abandone por oírme.
.Óyeme, Memmio, tú con libre oído,
Y sin cuidados al saber te entregas:
No desprecies mis dones, trabajados
En honra tuya con sincero afecto,
Sin penetrar primero en lo que digo:
Porque serán materia de mi canto 70
La mansión celestial, sus moradores;
De qué principios la naturaleza
Forma todos los seres, cómo crecen,
Cómo los alimenta y los deshace
Después de haber perdido su existencia:
Los elementos que en mi obra llamo
La materia y los cuerpos genitales,
Y las semillas, los primeros cuerpos,
Porque todas las cosas nacen de ellas.
.Pues la naturaleza de los dioses 80
Debe gozar por sí con paz profunda
De la inmortalidad: muy apartados
De los tumultos de la vida humana,
Sin dolor, sin peligro, enriquecidos
Por sí mismos, en nada dependientes
De nosotros; ni acciones virtuosas
Ni el enojo y la cólera les mueven.
.Cuando la humana vida a nuestros ojos
Oprimida yacía con infamia
En la tierra por grave fanatismo, 90
Que desde las mansiones celestiales
Alzaba la cabeza amenazando
A los mortales con horrible aspecto,
Al punto un varón griego osó el primero
Levantar hacia él mortales ojos
Y abiertamente declararle guerra:
No intimidó a este hombre señalado
La fama de los dioses, ni sus rayos,
Ni del cielo el colérico murmullo.
El valor extremado de su alma 100
Se irrita más y más con la codicia
De romper el primero los recintos
Y de Natura las ferradas puertas.
La fuerza vigorosa de su ingenio
Triunfa y se lanza más allá los muros
Inflamados del mundo, y con su mente
Corrió la inmensidad, pues victorioso
Nos dice cuáles cosas nacer pueden,
Cuáles no pueden, cómo cada cuerpo
Es limitado por su misma esencia: 110
Por lo que el fanatismo envilecido
A su voz es hallado con desprecio;
¡Nos iguala a los dioses la victoria!
.Mas temo mucho en esto que te digo
Pienses acaso no te dé lecciones
De impiedad, enseñándote el camino
De la maldad: por el contrario, ¡oh Memmio!
De acciones execrables y malvadas
Fue causa el fanatismo muchas veces:
A la manera que en Aulide un tiempo 120
El altar de Diana amancillaron
Torpemente en la sangre de Ifigenia
La flor de los caudillos de los griegos,
Los héroes más famosos de la tierra:
Después que rodearon la cabeza
De la doncella con fatales cintas,
Que por ambas mejillas la colgaban:
Cuando vio que su padre entristecido
Estaba en pie del lado de las aras,
Y junto a él tapando los ministros 130
El cuchillo, y que el pueblo derramaba
En su presencia lágrimas a mares;
Muda de espanto, la rodilla en tierra
Como una suplicante desgraciada,
No la valía en tan fatal momento
Haber dado al monarca la primera
De padre el nombre; porque arrebatada
Por varoniles manos, y temblando,
Fue llevada al altar, no como hubiera
En himeneo ilustre acompañada 140
Ido a las aras con solemne rito;
Antes, doncella, en el instante mismo
De sus bodas cayese degollada
A manos de su padre impuramente,
Como infelice víctima inmolada
Para dar a la escuadra buen suceso:
¡Tanta maldad persuade el fanatismo!
.De aterradores cuentos fatigado
Referidos por todos los poetas,
Quizá huirás de mí también tú, Memmio, 150
Juzgándome inventor de sueños vanos
Que sin cesar toda tu vida agiten,
Y el temor emponzoñe tu ventura.
Y con razón; pues si los hombres viesen
Que cierto fin tenían sus desdichas,
En alguna manera se armarían,
Resistirían contra el fanatismo
Y amenazas terribles de poetas:
Pero no hay medio alguno de hacer frente,
Porque se han de temer eternas penas 160
Más allá de la muerte; no sabemos
Cuál es del alma la secreta esencia:
Si nace, o si al contrario, se insinúa
Al nacer en el cuerpo, y juntamente
Muere ella con nosotros; si del Orco
Corre vastas lagunas tenebrosas;
Si por orden divina va pasando
De cuerpo en cuerpo de los otros brutos,
Como cantó nuestro Ennio, que el primero
De las cumbres amenas de Elicona 170
Trajo guirnalda de verdor perenne
Que las gentes latinas ensalzaron:
A pesar de que en versos inmortales
Ennio afirmó los infernales templos,
En los que ni los cuerpos, ni las almas,
Sino unos macilentos simulacros
De figura espantable sólo habitan:
Dice que allí del inmortal Homero
La sombra vio, que se deshizo en llanto,
Y los arcanos del saber le expuso. 180
.Por lo que antes que entremos en disputa
De las cosas de arriba, y expliquemos
Del sol y de la luna la carrera;
Cómo en la tierra se produce todo;
Principalmente con sagaz ingenio
Del ánimo y del alma los principios
Constitutivos es bien indaguemos:
Y por qué los objetos que hemos visto
En la dolencia asustan, y en el sueño,
De modo que parece contemplamos 190
Y hablamos cara a cara con los muertos,
Abrazando la tierra ya sus huesos.
.No se me oculta que en latinas voces
Es difícil empresa el explicarte
Los inventos obscuros de los griegos,
Principalmente cuando la pobreza
De nuestra lengua, y novedad de objeto
Harán que forme yo vocablos nuevos:
Pero tu virtud, Memmio, sin embargo,
Y el placer cierto de amistad suave 200
Me inducen a sufrir cualquier trabajo
Y a velar en la calma de las noches,
Buscando de qué modo y de qué verso
Pueda en tu mente derramar las luces
Que todos los secretos te descubran.
Preciso es que nosotros desterremos
Estas tinieblas y estos sobresaltos,
No con los rayos de la luz del día,
Sino pensando en la naturaleza.





(Continuará)


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Mensaje por Pedro Casas Serra Jue 08 Abr 2021, 11:44

.



.Por un principio suyo empezaremos: 210
Ninguna cosa nace de la nada;
No puede hacerlo la divina esencia:
Aunque reprime a todos los mortales
El miedo de manera que se inclinan
A creer producidas por los dioses
Muchas cosas del cielo y de la tierra,
Por no llegar a comprender sus causas.
Por lo que cuando hubiéremos probado
Que de la nada nada puede hacerse,
Entonces quedaremos convencidos 220
Del origen que tiene cada cosa;
Y sin la ayuda de los inmortales
De qué modo los seres son formados.
.Porque si de la nada fuesen hechos,
Podría todo género formarse
De toda cosa sin semilla alguna.
Los hombres de la mar nacer podrían,
De la tierra los peces y las aves,
Lanzáranse del cielo los ganados,
Y las bestias feroces como hijos 230
De la casualidad habitarían
Los lugares desiertos y poblados:
Los mismos frutos no daría el árbol,
Antes bien diferentes los daría:
Todos los cuerpos produjeran frutos;
Pues careciendo de principios ciertos,
A las cosas ¿qué madre señalamos?
Pero es porque los seres son formados
De unas ciertas semillas de que nacen
Y salen a la luz; en donde se hallan 240
Sus elementos y primeros cuerpos:
Por lo que esta energía circunscribe
La generación propia a cada especie.
.Además, ¿por qué causa en primavera
Vemos nacer la rosa, y en estío
Los frutos sazonados, y las viñas
En los días hermosos del otoño?
Sino porque a su tiempo las semillas
Determinadamente se reúnen;
Sale la creación si ayuda el tiempo; 250
La tierra vigorosa con certeza
Da a luz sus tiernos hijos: si naciesen
De la nada, saldrían al momento,
En tiempo incierto y estación contraria:
Pues que carecerían de principios
Cuya unión el mal tiempo no impidiera.
.Ni para su incremento cualquier cuerpo
De tiempo y conjunción de las semillas
Necesitara, si crecer pudiese
De la nada: pues jóvenes se harían 260
En un instante los pequeños niños;
Y apenas los arbustos asomasen,
De repente a las nubes se alzarían:
Y vemos que sucede lo contrario,
Puesto que poco a poco van creciendo,
Imprimiendo un carácter cierto y fijo
Con su propio crecer a cada especie.
Venir puedes de aquí en conocimiento
Que cada cuerpo crece y se sustenta
De su materia propia y de su jugo. 270
.Además, que la tierra no daría
Sin ciertas lluvias sus alegres frutos;
Ni el animal privado de alimento
Su especie propagara, ni podría
Conservarse a sí mismo: antes diremos
Que muchos elementos son comunes
A muchos individuos, así como
Las letras a los nombres: pues sentemos
Que sin principios nada existir puede.
.¿Qué impidió, en fin, a la naturaleza 280
Para que hombres tamaños nos hiciese
Que vadear pudiésemos los mares,
Arrancar con las manos las montañas,
Y vencer muchos siglos con la vida,
Sino porque ha fijado los principios
Para las creaciones de los seres?
Nada, pues, de la nada puede hacerse,
Puesto que necesita de semilla
Cualquiera cosa para ser criada,
Y del aire salir al aura tierna. 290
.Porque vemos, en fin, aventajarse
A los eriales las labradas tierras
Y mejorar la tierra con cultivo,
Inferimos de aquí existir en ella
Partes elementales que nosotros
Hacemos producir, con el arado,
Los fecundos terrones revolviendo,
Y sujetando el suelo de la tierra:
Luego si estos principios no existiesen,
La perfección de suyo adquirirían. 300
.A esto se junta que naturaleza
Nada aniquila, sino que reduce
Cada cosa a sus cuerpos primitivos;
Si los principios fueran destructibles,
De nuestra vista luego arrebatado
Cada ser pereciera en el momento;
Inútil, pues, sería toda fuerza
Que turbase la unión de los principios,
Y rompiese sus lazos: pero ahora,
Porque los elementos son eternos, 310
Sufrir no puede la naturaleza
Ponerlos a la vista destruidos,
Sino cuando una fuerza extraordinaria
El cuerpo hirió, le penetró y deshizo.
.Además, que si el tiempo aniquilase
Todo lo que arrebata a nuestros ojos,
Acabando con toda la materia,
¿De dónde Venus a sacar volviera
Todos los seres a la luz de vida?
¿Cómo reproducidos la alma tierra 320
Los alimenta, cómo da incremento,
En general los pastos repartiendo?
¿Cómo los ríos y las fuentes bellas
De tan lejos al mar tributarían?
¿Cómo el éter sustenta las estrellas?
Pues si los elementos son mortales,
Tantos siglos y días deberían
Haber todas las cosas consumido:
Luego son inmortales los principios,
Si la naturaleza los obliga 330
A las reproducciones de los seres:
Ninguna cosa puede aniquilarse.
.La misma fuerza y causa últimamente
Acabaría con los cuerpos todos
Si la materia eterna no tuviera
Estos entre sí unidos y enlazados:
El tacto sólo les daría muerte,
Porque no siendo eternos sus principios,
Cualquiera fuerza a aniquilarlos basta.
Mas como el nexo de sus elementos 340
Diferencia los cuerpos unos de otros,
Y como es la materia indestructible,
Cada cuerpo subsiste ileso en tanto
No reciba algún choque, que desuna
La textura y unión de sus principios:
Luego no se aniquila cosa alguna;
Antes bien, destruido cualquier cuerpo,
Se vuelve a sus primeros elementos.
.En fin, ¿perecen las copiosas lluvias
Cuando las precipita el padre éter 350
En el regazo de la madre tierra?
No: pues hermosos frutos se levantan,
Los ramos de los árboles verdean,
Crecen y se desgajan con el fruto.
Sustentan a los hombres y alimañas,
De alegres niños pueblan las ciudades,
Por cualquier parte en las frondosas selvas
Se oyen los cantos de las aves nuevas,
Y los rebaños de pacer cansados
Tienden sus cuerpos por risueños pastos, 360
Y sale de sus ubres retestadas
Copiosa y blanca leche; sus hijuelos
De pocas fuerzas por la tierna hierba
Lascivos juguetean, conmovidos
Del placer de mamar la pura leche:
Luego ningunos cuerpos se aniquilan;
Pues la naturaleza los rehace,
Y con la muerte de unos otro engendra.
.Puesto que te he enseñado que los seres
No pueden engendrarse de la nada, 370
Ni pueden a la nada reducirse;
No mires con recelo mi enseñanza,
Al ver que con los ojos no podemos
Descubrir los principios de las cosas;
Sin embargo es preciso que confieses
Que hay cuerpos que los ojos no perciben.
.La fuerza enfurecida de los vientos
Revuelve el mar, y las soberbias naves
Derriba, y desbarata los nublados;
Con torbellino rápido corriendo 380
Los campos a la vez, saca de cuajo
Los corpulentos árboles, sacude
Con soplo destructor los altos montes;
El ponto se enfurece con bramidos,
Y con murmullo aterrador se ensaña.
De aquí seguramente inferiremos
Que los vientos son cuerpos invisibles,
Que barren tierra, mar, y en fin el cielo,
Y esparcen por el aire los destrozos:
No de otro modo corren y destrozan, 390
Que cuando un río de tranquilas aguas
De repente sus márgenes ensancha
Enriquecido de copiosas lluvias
Que de los montes a torrentes bajan
Amontonando troncos y malezas:
Ni los robustos puentes la avenida
Impetuosa sufren de las aguas;
En larga lluvia rebosando el río,
Con ímpetu estrellándose en los diques,
Con horroroso estruendo los arranca, 400
Y revuelve en sus ondas los peñascos,
Con furor arrollando todo obstáculo;
Del mismo modo los furiosos vientos
Semejantes a un río impetuoso
Se arrojan sobre un cuerpo, y le sacuden,
Y lo llevan delante con gran fuerza,
En remolino a veces le arrebatan;
Mil vueltas le hacen dar a la redonda.
Diré y repetiré yo que los vientos
Son cuerpos invisibles: sus efectos 410
Y su naturaleza nos lo muestran,
Puesto que emulan a los grandes ríos.





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Lucrecio: De rerum natura Empty Re: Lucrecio: De rerum natura

Mensaje por Pedro Casas Serra Ayer a las 05:12

.



.Sentimos, además, varios olores,
Y en la nariz tocando no los vemos;
Ni el calor percibimos, ni los fríos,
Ni las voces tampoco ver solemos
Que la naturaleza de los cuerpos
Es preciso que tenga, porque pueden
Impeler los sentidos: nada puede
Tocar y ser tocado sino el cuerpo. 420
.Por último; en las playas resonantes
Los vestidos colgados se humedecen,
Y tendidos al sol se enjugan luego:
Ni cómo se empaparon ver podemos
Ni cómo se enjugaron con la lumbre:
En partículas tenues se divide
El agua de manera que no pueden
Verse de modo alguno con los ojos.
Después de cierto número de soles
El anillo se gasta en vuestro dedo, 430
El gotear la piedra agujerea,
La reja del arado ocultamente
En los surcos se gasta, y con los pasos
Los empedrados desgastarse vemos;
En las puertas también las manos diestras
De cobreñas estatuas se adelgazan
Con los besos continuos de unos y otros;
Pues que gastadas vemos se atenúan:
Pero no quiso la naturaleza
Descubrirnos su pérdida instantánea, 440
Celosa de que viesen nuestros ojos
El lento crecimiento con que obliga
A aumentarse los cuerpos cada día,
Ni cómo se envejecen con el tiempo,
Ni qué pérdidas tienen los peñascos
De sales roedoras carcomidos,
Que a los mares dominan y amenazan:
Luego sólo obra la naturaleza
De imperceptibles cuerpos ayudada.
No está ocupado todo por los cuerpos, 450
Porque se da vacío entre las cosas:
Al entenderlo cogerás el fruto,
Ni andarás entre dudas vacilante,
Ni de continuo buscarás la esencia,
Ni desconfiarás de mis escritos.
.Un espacio se da desocupado,
Impalpable, vacío: el movimiento
Sin este espacio no concebirías;
Porque propiedad siendo de los cuerpos
La resistencia, nunca cesarían 460
De andar entrechocándose unos y otros:
Imposible sería el movimiento,
Pues ningún cuerpo se separaría:
Por los mares ahora y por las tierras
Y por los altos cielos, con los ojos
Vemos mil movimientos diferentes:
Y sin vacío no tan solamente
De agitación continua carecieran
Los cuerpos, mas también, ni aun engendrados
Hubieran sido; porque la materia 470
Quieta se hubiera estado eternamente.
.Aunque creamos sólidos los cuerpos,
Los vemos penetrables: por las rocas
Copiosas gotas por doquier chorrean;
Por todo el animal corre el sustento;
Los árboles crecidos dan el fruto
En tiempo señalado a manos llenas,
Porque la savia desde las raíces
Por troncos y por ramas se difunde;
Y las voces penetran las paredes, 480
Recorren los secretos de las casas;
Hasta los huesos nos penetra el frío;
Sin vacío los cuerpos no pudieran
Trasladarse a otro punto en modo alguno.
.En fin ¿cómo unas cosas se aventajan
A las otras en peso, y no en figura?
Pues si un vellón de lana pesa tanto
Como un cuerpo de plomo, en equilibrio
Debe estar la balanza; la materia
Hace peso hacia abajo; luego queda 490
Sin pesadez por su naturaleza
El vacío: pues si me das dos cuerpos
En una superficie comprendidos,
El más ligero es el de más vacío,
El más denso será de mayor peso;
La razón nos demuestra claramente
Un vacío existir diseminado.
.Mas porque nadie pueda seducirte,
Me adelanto a ponerte de antemano
De algunos el capcioso raciocinio. 500
Sostienen que a los peces relucientes
Les abre el agua líquidos caminos,
Que después el espacio abandonado
Se ocupa por la onda retirada:
Pueden moverse así y mudar de sitio
Todos los demás cuerpos sin vacío.
.En razón falsa estriba el argumento;
¿Cómo podrán los peces menearse
Si las aguas no dan lugar vacío.
¿Cómo refluirán las aguas mismas 510
Cuando los peces no darán un paso?
O los cuerpos privar de movimiento
O el espacio vacío confesemos
Que principia a mover todos los cuerpos.
.Con rapidez separa tú dos cuerpos
Planos y que entre sí estén bien unidos,
Verás cómo se forma allí un vacío
Que no puede a la vez llenar el aire:
Le va ocupando todo poco a poco.
.Si por fortuna alguno presumiera 520
Que de dos superficies separadas
El espacio intermedio es ocupado
Del aire condensado anteriormente,
Se engaña; pues se forma allí un vacío
Entonces que no hubo antes, y se llena
El vacío existente: de este modo
El aire ya no puede condensarse;
Y aun dado que pudiese, como dicen,
No podría a mi juicio sin vacío
Sus partes recoger y reducirlas 530
A volumen menos; para escaparte
Cualquier dificultad que me objetares,
Es preciso confieses el vacío.
.Yo podría traerte muchas pruebas
Que mis razones más acreditasen:
A tu penetración estos ensayos
Son suficientes, si indagando sigues,
Porque así como muy frecuentemente
Rastrean las querencias enramadas
De las fieras monteses y los canes, 540
Cuando dieron por fin con rastro cierto,
Así de consecuencia en consecuencia
Darás en general con los arcanos
De la naturaleza, y de sus senos
Sacarás la verdad. No te empereces.
Si te apartares algo de mi objeto,
Me atrevo, Memmio, a hacerte esta promesa.
Se agotarán los grandes manantiales
Donde he bebido yo largas noticias,
Mi rico pecho dejará primero 550
De derramarlas con suave labio,
Y a paso lento la vejez tardía
Habrá ocupado todos nuestros miembros,
Y el principio vital habrá disuelto,
Primero que por medio de mis versos
Haya agotado esta materia inmensa.
.A nuestros raciocinios ya volvamos:
Estriba, pues, toda naturaleza,
En dos principios: cuerpos y vacío
En donde aquéllos nadan y se mueven: 560
Que existen cuerpos, el común sentido
Lo demuestra; principio irresistible
Sin el cual la razón abandonada
De errores en errores se perdiera.
Si no existiera, pues, aquel espacio
Que llamamos vacío, no estarían
Los cuerpos asentados, ni moverse
Podrían, como acabo de decirte.
.Además del espacio y el vacío,
No conocemos en naturaleza 570
Una clase tercera independiente
De los principios dichos: lo que existe
Es necesariamente de pequeña
O de grande extensión: si lo sintiere
El tacto aunque ligera y levemente,
Debemos colocarlo entre los cuerpos,
Y al todo seguirá. Pero si fuere
Impalpable, y ninguno de sus puntos
A la penetración resistir puede,
Este espacio y lugar llamo vacío. 580
.En general los seres son activos;
O bien a la acción de otros se sujetan,
O bien el movimiento proporcionan,
Y la existencia, pues los cuerpos solos
Pueden ser o activos o pasivos:
Sólo el vacío puede darles sitio:
Luego no existe en la naturaleza
Más que los cuerpos dichos, y el vacío:
No pueden alcanzarlo los sentidos,
Ni el espíritu humano comprenderlo. 590
.Lo que no sea materia ni vacío,
Propiedad o accidente es de uno o de otro.
Las propiedades son inseparables
Del sujeto; tan solamente cesan
Cuando éste es destruido; así en la piedra
Tal es la pesadez, tal en el fuego
Es el calor, fluidez tal en el agua,
La tangibilidad tal en los cuerpos
Y tal su privación en el vacío.
Los que llamar solemos accidentes, 600
Como la libertad y servidumbre,
La pobreza y caudales desmedidos,
La paz y guerra, sólo son maneras
De ser, que con su ausencia o su presencia
Lo esencial no trastornan del sujeto.
.El tiempo no subsiste por sí mismo:
La existencia continua de los cuerpos
Nos hace que distingan los sentidos
Lo pasado, presente, y lo futuro;
Ninguno siente el tiempo por si mismo, 610
Libre de movimiento y de reposo.





(Continuará)


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Lucrecio: De rerum natura Empty Re: Lucrecio: De rerum natura

Mensaje por Pedro Casas Serra Hoy a las 05:17

.



.En fin, cuando nos dicen haber sido
Robada Elena y las troyanas gentes
Haber sido con guerra sujetadas,
Nadie nos fuerce a confesar que pueden
Existir por sí mismos estos hechos,
Después que el tiempo irrevocable hubo
Los siglos y sucesos engullido;
Porque en diversos tiempos y regiones
Cuantas cosas pasaron, pasar pueden, 620
Mas sin materia, ni lugar ni espacio,
Todo acontecimiento es imposible.
.Sin materia, por fin, y sin vacío,
La hermosura de Elena nunca hubiera
Los célebres combates encendido
De una guerra cruel que fomentaba
El pecho ardiente de Alejandro frigio:
No incendiara el caballo de madera
De Pérgamo las torres sublimadas
Con el parto nocturno de los griegos. 630
Ya puedes ver que todos los sucesos
Que agitan y revuelven nuestro globo
No existen en verdad como los cuerpos,
Ni son como el vacío, sino simples
Cambios de los principios; accidentes
Que al espacio o los cuerpos se refieren.
.Llamamos cuerpos a los elementos
Y a los compuestos que resultan de ellos:
Los elementos son indestructibles,
Porque su solidez triunfa de todo. 640
.Te costará trabajo persuadirte
Que existen cuerpos sólidos: el rayo
Atraviesa los muros, así como
Las voces y los gritos: se caldea
El hierro si le metes en la fragua;
Peñas ardiendo arrojan los volcanes;
El oro se liquida en los crisoles;
El cobre se derrite como el hielo;
El frío y el calor de los licores
Sentimos en los vasos que bebemos: 650
De solidez perfecta no tenemos
Idea cierta y experiencia clara.
.Mas la razón y la naturaleza
Esta verdad nos hacen que entendamos:
Óyeme en pocos versos: los principios
Que componen el gran todo criado
Tienen un cuerpo sólido y eterno.
.Después, como los cuerpos y el espacio
Por su naturaleza son opuestos,
Es preciso que existan uno y otro 660
Enteramente puros por sí mismos:
El vacío repugna todo cuerpo,
La materia al vacío de sí aleja:
Luego sólidos son y sin vacío
Los elementos, los primeros cuerpos.
.Pues que se da en los cuerpos el vacío,
Deben de partes sólidas cercados
Estar estos vacíos. Repugnante
En los cuerpos sería dar vacío,
Si a las paredes que rodean éste 670
La solidez quitamos. Las paredes
El agregado son de la materia:
Luego como los cuerpos se destruyan,
Es la materia sólida y eterna.
.Sólido fuera el todo sin vacío:
Y sin cuerpos que ocupen el espacio,
Vacío inmenso fuera el universo,
Por el contrario. El cuerpo y el espacio
Son respectivamente muy distintos,
Pues que no existe lleno ni vacío 680
Perfecto: los principios y elementos
Diferencian el lleno del vacío.
.No puede disolverlos choque externo,
Ni puede penetrar extraña fuerza
A su tejido: ni de acción extraña
Pueden recibir daño, como he dicho.
Mas cómo pueda un cuerpo sin vacío
Ser roto, dividido o descompuesto,
Seguramente yo no lo concibo:
Él es a la humedad inaccesible, 690
Al frío y al calor, que son las causas
Destructoras de todo: así observamos
Que cuanto más los cuerpos son sujetos
A estas causas que van menoscabando,
Encierran más vacío en su tejido:
Luego si constan los primeros cuerpos
De solidez, y no tienen vacío,
Eternos han de ser forzosamente.
.Si no fuesen eternos, a la nada
Todo el mundo se hubiera reducido: 700
Pero como la nada no produce
Ni aniquila los seres, es preciso
Que eternos sean los primeros cuerpos,
Pues los destruyen y los reproducen
Todos los seres: luego los principios
La simplicidad sólida contienen,
Porque sin ella no hubieran podido
Durante tantos siglos conservarse,
Ni reparar los seres de continuo.
.En fin, si hubiera la naturaleza 710
A límites precisos reducido
La divisibilidad de la materia,
Los elementos del gran todo hubieran
En la revolución de tantos siglos
Llegado luego a tal acabamiento,
Que de su unión los cuerpos producidos
Alcanzar no pudieran su incremento.
Como un cuerpo más pronto se destruya
Que lo que tarda el mismo en rehacerse,
Las pérdidas que hubiera padecido 720
En la edad precedente, irreparables
Fueran sin duda alguna en las siguientes:
Pero constantemente se reparan
De su menoscabar todos los cuerpos,
Y los vemos llegar a plazos fijos
A aquella perfección que les compete,
La división de la materia tiene
Límites invariables y precisos.
.Solidísimos son los elementos:
Mas como en todo cuerpo haya vacío, 730
Pueden hacerse blandos como el agua,
El aire, tierra y fuego; y al contrario,
Si damos que son muelles los principios,
El pedernal, el hierro, como puedan
Consistencia tomar no explicaremos.
Porque en sus obras la naturaleza
Sobre sólidas bases no estribara.
Sólidos son y simples los principios,
Pues su unión más o menos apretada
Resistencia y dureza da a los cuerpos. 740
.La duración, por fin, y el crecimiento
De los cuerpos ha la naturaleza
Determinado y su poder medido.
No padecen mudanza las especies,
Ni las generaciones se varían,
Como las clases diferentes de aves
Están de ciertas manchas salpicadas;
Porque son inmutables las especies.
Si admitimos mudanza en los principios
No sabremos qué pueda producirse 750
Y qué no pueda, y cómo se limitan
Los cuerpos, cómo pueden traer los siglos
Naturaleza, vida, movimiento,
Y las mismas costumbres de los padres.
.La extremidad de un átomo es un punto
Tan pequeño, que escapa a los sentidos;
Debe sin duda carecer de partes:
Él es el más pequeño de los cuerpos,
Ni estuvo ni estará jamás aislado;
Es una parte extrema, que juntada 760
Con otras y otras partes semejantes,
Forman así del átomo la esencia.
Si del átomo, pues, los elementos.
De existencia carecen separados,
Será su unión tan íntima y estrecha,
Que no hay fuerza capaz de separarlos.
De simple solidez los elementos
Y partes muy delgadas se componen;
Su unión no es un compuesto heterogéneo,
Sino simplicidad eterna. Quiere 770
De este modo formar naturaleza
Los cuerpos, sin que alguna de sus partes
Separación o menoscabo sufra.
.Además, si nosotros no admitimos
De división un término preciso,
Se compondrán los cuerpos más pequeños
De infinidad de partes, caminando
De mitad en mitad al infinito.
¿Qué diferencia habrá de un cuerpo grande
Al cuerpo más pequeño? Suponiendo 780
Que el todo es infinito, sin embargo,
De partes infinitas igualmente
Se compondrán los átomos más breves:
Mas como la razón no lo comprenda,
Convencido es preciso que confieses
Que los simples corpúsculos terminan
La división y solidez eterna.
.Si la naturaleza creadora
No acostumbrase a reducir los seres
A sus mínimas partes, no podría 790
Rehacer unos de otros, destruidos:
Pues siendo todavía divisibles,
No podría enlazarse la materia,
Ni tener pesadez, ni ser chocada,
Ni encontrarse con otro ni moverse,
Causas engendradoras de los seres.
.Si divisibles fueran los principios
Al infinito, es fuerza que existieran
Desde la eternidad cuerpos intactos:
Mas como sean frágiles, no pueden 800
Haber por tantos siglos resistido
A innumerables choques de continuo.
.Y por esta razón los que creyeron
Que el fuego era el origen de las cosas,
En un error grosero han incurrido.
Esta opinión Heráclito defiende
Como primer caudillo, celebrado
Por su obscuro lenguaje entre los griegos
Superficiales, más que por los sabios
Que buscan la verdad: porque los necios 810
Aman y admiran más lo que está envuelto
En misteriosos términos; su oreja
Suavemente puede ser herida
Y embelesada con gracioso ruido:
Y el dulce halago a la verdad prefieren.





(Continuará)


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