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Mensaje por Maria Lua Miér 17 Mar 2021, 06:29

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Johann Wolfgang von Goethe






Johann Wolfgang von Goethe (pronunciado /ˈjoːhan ˈvɔlfɡaŋ fɔn ˈɡøːtə/ ( escuchar); Fráncfort del Meno, 28 de agosto de 1749-Weimar, 22 de marzo de 1832) fue un dramaturgo, novelista, poeta y naturalista alemán, contribuyente fundamental del Romanticismo, al que ejerció una gran influencia y fue uno de los mayores exponentes del movimiento Sturm und Drung que dió origen al mismo.

En palabras de George Eliot (1819-1880) fue «el más grande hombre de letras alemán... y el último verdadero hombre universal que caminó sobre la tierra». Su obra, que abarca géneros como la novela, la poesía lírica, el drama e incluso controvertidos tratados científicos, dejó una profunda huella en importantes escritores, compositores, pensadores y artistas posteriores, siendo incalculable en la filosofía alemana posterior y constante fuente de inspiración para todo tipo de obras.

El propio Goethe narró su vida en un libro autobiográfico, Dichtung und Wahrheit (Poesíanota 1​ y verdad) (1811 y ss.), que llega hasta el año 1775, cuando se pone al servicio del príncipe heredero Carlos Augusto en Weimar.


Casa natal de Goethe en Fráncfort, reconstruida tras la II Guerra Mundial.
Nació en Fráncfort del Meno (Frankfurt am Main), hijo de Johann Caspar Goethe, doctor en derecho y consejero imperial (título honorario) que se retiró de la vida pública y educó a sus hijos él mismo, bajo la máxima de no perder el tiempo en lo más mínimo, y de Katharina Elisabeth Textor, hija del burgomaestre de Fráncfort. Estas vinculaciones familiares le pusieron en contacto desde niño con el patriciado urbano y la vida política.

Considerado superdotado2​ y provisto de una enorme y enfermiza curiosidad, hizo prácticamente de todo y llegó a acumular una omnímoda o completa cultura.3​ En primer lugar estudió lenguas, aunque sus inclinaciones iban por el arte y nunca, a lo largo de toda su vida, dejó de cultivar el dibujo; al tiempo que escribía sus primeros poemas, se interesó por otras ramas del conocimiento como la geología, la química y la medicina.4​

Goethe estudió Derecho en Leipzig (1765); allí conoció los escritos de Winckelmann sobre arte y cultura griegas, pero una grave enfermedad le obligó a dejar los estudios en 1768 y volver a Fráncfort. Katharina von Klettenberg, amiga de su madre, lo cuidó y lo introdujo en el misticismo pietista, que ponía su énfasis en el sentimiento dentro de la confesión protestante; por entonces compuso sus primeros poemas. Volvió a la Universidad en 1770, en Estrasburgo, y al año siguiente entregó su tesis doctoral, cuyo tema era la relación entre el Estado y la Iglesia. Los teólogos de Estrasburgo consideraron el escrito escandaloso; uno de ellos calificó a Goethe de "demente que desprecia la religión". El Decano de la Facultad recomendó a Goethe que retirase la tesis; al mismo tiempo, la Universidad le daba la posibilidad de obtener la licenciatura. Para este título solo necesitaba plantear y defender unas pocas tesis, y así lo hizo. 5​En una de estas tesis Goethe trató la cuestión de si debería condenarse a la muerte a la madre que mata a su hijo, tema que más tarde aparece, en forma artística, en su obra de la tragedia de Gretchen.

Esos dos años allí fueron muy importantes para él: conoció a Friederike Brion, que le inspiró la mayoría de sus personajes femeninos, y trabó amistad con el teólogo y teórico del arte y la literatura Johann Gottfried von Herder. Herder despertó su interés en la poesía popular alemana, le descubrió el universo de Shakespeare y le liberó definitivamente del neoclasicismo francés y de la confianza en la razón de la Aufklärung (Ilustración) alemana.

Empezó a hacer prácticas de abogacía en Wetzlar y colaboró con Herder en la redacción del manifiesto fundador del movimiento Sturm und Drang («Tempestad e ímpetu»), considerado el preludio del Romanticismo en Alemania: Sobre el estilo y el arte alemán (1772). En esta obra se reivindica la poesía de James MacPherson (Ossian) y de Shakespeare. Otra vez de vuelta en Fráncfort, escribió la tragedia Götz von Berlichingen (1773) y al año siguiente su novela Las penas del joven Werther (1774). La inspiración del Werther la había encontrado a mediados de 1772, cuando hacía prácticas de abogacía en el tribunal de Wetzlar: se había enamorado de Charlotte Buff, novia y prometida de su colega, también abogado en prácticas, Johann Christian Kestner, y Karl Wilhelm Jerusalem, otro abogado atormentado por un amor no correspondido, se suicidó utilizando una pistola prestada por Kestner. Goethe unió ambas historias para su novela Werther, en parte epistolar, y tuvo tal éxito al representar en la figura del protagonista el desencanto de las jóvenes generaciones, que provocó una epidemia de suicidios de adolescentes en el país.6​

El mismo año que el Werther (1774), Goethe publicó su drama Clavijo mientras intentaba abrir con poca fortuna un bufete de abogado en Fráncfort, y en la primavera de 1775 se comprometió con la hija de un banquero de la ciudad, Lili Schönemann. Sin embargo, las diferencias sociales y de estilo de vida entre ambas familias terminaron por desbaratar este compromiso, que no llegó a desembocar en matrimonio. El noviazgo acabó en el otoño de ese mismo año y, ansioso de escapar de este ambiente, el fallido esposo no dudó en aceptar la invitación a la Corte de Weimar de Carlos Augusto de Sajonia-Weimar-Eisenach, heredero del ducado de Sajonia-Weimar. 7​Tras publicar su Stella (1775), marchó inmediatamente hacia Weimar, huyendo en la práctica de dos situaciones: el compromiso sentimental con Lili Schönemann y el ejercicio de la abogacía.


Leyendo el Werther, de Wilhelm Amberg, 1870.
Al servicio del príncipe heredero Carlos Augusto fijará su residencia en Weimar ya hasta su muerte. No obstante, las numerosas tareas que este le encomendaba le hicieron abandonar la literatura durante casi diez años, a pesar de que Ana Amalia de Brunswick-Wolfenbüttel, madre de Carlos Augusto, había puesto en pie un círculo de intelectuales con el preceptor de su hijo, Wieland, y lo amplió al incluir en él a Goethe y posteriormente a intelectuales tan destacados como Herder y Friedrich von Schiller; fugazmente pasaron también por allí Jakob Michael Reinhold Lenz y Friedrich Maximilian Klinger. 8​Goethe destacó enseguida y pasó de ser consejero secreto de legación (1776) a consejero secreto (1779), y finalmente se convirtió en una especie de ministro supremo. Otra de sus funciones fue la supervisión de la Biblioteca ducal, que bajo su dirección llegó a ser una de las más importantes de toda Alemania.

Inicia en esa época sus investigaciones científicas. Interesado por la óptica, concibió una teoría distinta a la de Isaac Newton sobre los colores y también investigó en geología, química y osteología, disciplina esta última en que descubrió el hueso intermaxilar en marzo de 1784, que pone una de las primeras piedras en la teoría de la evolución del hombre, aunque en esto se le adelantó por muy poco el anatomista francés Vicq d'Azyr, lo que le supuso una gran frustración. 9​Las cartas a Charlotte von Stein dan fe de su actividad en esta época de su vida, dedicada a todo tipo de encargos y gestiones para reformar el muy pequeño y humilde Estado de Weimar.

Desde un puesto tan importante tuvo la oportunidad de relacionarse con la alta aristocracia y conoció a personajes notables, como Napoleón Bonaparte, Ludwig van Beethoven y Arthur Schopenhauer. En 1782 el propio Duque Carlos Augusto antepuso a su apellido la preposición von, y le entregó su diploma de noble 10​ pese a las protestas de la nobleza, para que formara parte de la Corte con un cargo equiparable al de los restantes ministros, pertenecientes todos a ella.

Ingresó en la Masonería el 23 de junio de 1780 dentro de la efímera logia Amalia, 11​que abatió columnas dos años después. En 1830, dos años antes de su muerte, Goethe compuso un poema titulado Para la fiesta de San Juan de 1830 en ocasión de celebrarse su cincuentenario como miembro de la masonería. Se considera que su condición de masón, así como otras aficiones que al parecer cultivó, influyeron en su obra, especialmente en Fausto.

Por otra parte, seguía profundizando en el estudio del teatro de William Shakespeare y de Pedro Calderón de la Barca, algunas de cuyas obras (por ejemplo, El príncipe constante de Calderón) hizo representar con éxito como encargado del teatro en la Corte de Weimar; en estas funciones empezó a cartearse con Schiller. Las lecturas teatrales de estos autores amplían notablemente los horizontes de su espíritu. Le domina además el entusiasmo ante la falsa poesía céltica de Ossian y escribe un famoso monólogo del gran dios del Romanticismo, Prometeo, que personificaba el genio rebelde de los creadores y del cual se sintió justamente orgulloso:
Fue como la mecha que provocara el estallido que descubrió y sacó a plena luz las más secretas condiciones de hombres dignos.

Así fue en efecto, en lo referido al movimiento conocido como titanismo, uno de cuyos más preclaros representantes fue Giacomo Leopardi. Merced a Goethe, Weimar se convirtió en el auténtico centro cultural de Alemania; allí compuso poemas inspirados por Charlotte von Stein y empezó la redacción de sus obras más ambiciosas, como sus dramas Ifigenia en Táuride (1787) Egmont y Fausto, que luego revisaría a fondo tras la profunda impresión que recibió en su trascendental viaje a Italia (1786-1788), el cual tornó su desequilibrada estética romántica en equilibrio clásico. Empezó en Venecia, donde compuso sus Epigramas venecianos, y terminó en Roma; allí estudió a fondo la cultura grecolatina, de esta época son sus Elegías romanas. El viaje a Italia supone el comienzo de su periodo clásico.

Sin embargo, a su regreso a Weimar en 1788 se encuentra con una gran oposición a su nueva estética, el llamado Clasicismo de Weimar; es más, se forma un cierto escándalo cuando llega a divulgarse que desde ese mismo año vive amancebado con una joven, Christiane Vulpius (1765-1816), que le dio al año siguiente un hijo, Julius August Walther von Goethe (1789-1830). Cuatro hijos más nacerían, pero todos murieron a los pocos días. Goethe legitimó a su único hijo en 1800.


Wartburg mit Mönch und Nonne (Wartburg con un monje y una monja) pintado por Goethe. Obra datada el 14 de diciembre de 1807.
No abandonó completamente su pretensión de labrarse una carrera científica. En Zur Farbenlehre, 1810, intentó refutar con poca fortuna la teoría de los colores de Newton. En el primer volumen de esta obra se halla la que es sin duda la primera historia comprensiva de la ciencia.

Dirigió el Teatro ducal entre 1791 y 1813 y a raíz de este cargo conoció en 1794 al dramaturgo Friedrich von Schiller, con el que mantuvo una larga amistad y cierta correspondencia epistolar hasta la muerte de este en 1805. Schiller publicó las hasta entonces inéditas Elegías romanas de Goethe en su periódico, Las Horas, en 1795. También imprimió la novela Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (1796) y la novela en verso Hermann y Dorothea (1798). Schiller animó a Goethe a que prosiguiera en la gran obra de su vida, el Fausto, poema que no paraba de corregir y ampliar y cuya primera versión apareció en 1808. Dos años antes se ya se había casado con Christiane Vulpius, quizá para acallar a quienes criticaban su estilo de vida. Es probable que el hecho más importante de esta época de su vida fuera su entrevista en Erfurt con Napoleón I en 1808, cuando el ejército francés ocupaba parte del territorio prusiano en el marco de las guerras Napoleónicas.

La Revolución francesa supuso para Goethe un gran trastorno. Algunos de sus epigramas venecianos ya tratan este tema, pero como su pensamiento se hallaba por completo imbuido del equilibrio y armonía del clasicismo y veía el ser como una totalidad orgánica a partir de la filosofía de Kant, el desarrollo de la revolución y el cambio provocado por la violencia le parecían una atrocidad. Eso se plasmó en algunas obras de entonces, como la colección de novelitas breves Conversaciones de emigrados alemanes (1795), la obra épica Germán y Dorotea (1797) y la tragedia La hija natural (1799 y ss.). Algo después aparecen las novelas de madurez: Las afinidades electivas (1809) y Los años de peregrinaje de Wilhelm Meister (1821, revisado en 1829), así como un diario de su viaje por Italia, Viajes italianos (1816), su autobiografía Poesía y verdad en varias entregas (1811-1833) y un poemario, Diván de Oriente y Occidente (1819), donde se deja sentir algo el influjo de la poesía oriental. Goethe murió en Weimar el 22 de marzo de 1832. La versión final de su gran poema coral Fausto apareció póstuma ese mismo año.

En cuanto a su carrera literaria, Goethe la inició en el seno de un exasperado Romanticismo deudor del Sturm und Drang, cuya obra más representativa se encargó de escribir él mismo: Las penas del joven Werther. El viaje a Roma supuso para él ir arrinconando esa estética en una evolución que le hizo al cabo renegar del Romanticismo e identificarse con el equilibrio clásico grecolatino, lo que puso fin a su tormentosa vida interior. Fue esa la revelación del Clasicismo, verdadera raíz con la que podía identificarse la cultura alemana. «Ahora comprendo el sentido del mármol», escribirá en una de sus Elegías romanas.

De ese viaje por Italia son fruto también los Epigramas venecianos, entre los cuales hay algunas meditaciones profundas sobre la contemporánea Revolución francesa o el significado de la vida y de la cultura. La postura política de Goethe es, sin embargo, conservadora: «prefiero la injusticia al desorden», escribirá. Eso le supuso algunos recelos por parte de otros artistas a los que no les importaba en lo más mínimo no acordarse con su contexto social, como por ejemplo Beethoven. En las dos versiones de su complejo y grandioso Fausto se encuentra el último mito que fue capaz de engendrar la cultura europea, el de cómo la grandeza intelectual y la sed omnímoda de saber pueden, sin embargo, engendrar la miseria moral y espiritual. Por otra parte, en la lectura y estudio de Spinoza encuentra también un consuelo al desequilibrio romántico que le embargaba, como cuenta en Poesía y verdad, donde se extiende en comentar especialmente su frase de que «quien bien ama a Dios, no debe exigir que Dios le ame a él».

Goethe disfrutó ya en vida de fama, respeto, prestigio y admiración. Delacroix le retrató en una litografía en 1827, aparte de ilustrar Fausto y Götz von Berlichingen. Por ello, fueron muchos los jóvenes de su época que quisieron conocerle en persona o, como suele decirse pedantemente: vera effigies. Por otra parte, su secretario, Eckermann, anotaba cuidadosamente sus conversaciones con el maestro a lo largo de los años y escribió unas Conversaciones con Goethe, donde aparecen reflejadas las opiniones que en sus últimos años sostuvo sobre esas visitas y también sobre todo lo divino y lo humano.


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Mensaje por Maria Lua Miér 17 Mar 2021, 06:30



Fausto.

La mejor obra dramática de Goethe es sin duda el Fausto, que ha pasado a ser una obra clásica de la Literatura Universal. La primera versión, el Urfaust o Fausto original, estaba acabada en 1773. Pero el autor la siguió retocando hasta 1790, año en que publicó un fragmento; ya en abril de 1806 estaba completo, pero las guerras napoleónicas demoraron dos años la publicación hasta 1808; la segunda versión o segunda parte sólo sería publicada en 1833, un año después del fallecimiento del autor. La tragedia Fausto original se articula en torno a dos centros fundamentales; el primero es la historia de cómo Fausto, fatigado de la vida y decepcionado de la ciencia, hace un pacto con el diablo que le devuelve la juventud a cambio de su alma; el segundo es la historia de amor entre Fausto y Gretchen, también llamada Margarita, que Mefistófeles manipula de forma que Fausto llegue al homicidio —mata al hermano de su amada— y Gretchen tenga un embarazo indeseado, que le conduce primero al infanticidio y luego a ser ejecutada por asesinar a su hijo.

La historia empieza en el cielo, donde Mefistófeles hace un pacto con Dios: dice que puede desviar al ser humano favorito de Dios (Fausto), que está esforzándose en aprender todo lo que puede ser conocido, lejos de propósitos morales. La siguiente escena tiene lugar en el estudio de Fausto donde el protagonista, desesperado por la insuficiencia del conocimiento religioso, humano y científico, se vuelve hacia la magia para alcanzar el conocimiento infinito. Sospecha, sin embargo, que su intento no está obteniendo resultados. Frustrado, considera el suicidio, pero lo rechaza cuando escucha el eco del comienzo de la cercana Pascua. Va a dar un paseo con su ayudante Wagner y es seguido a casa por un caniche vulgar. En el estudio de Fausto el caniche se transforma en el diablo. Fausto hace un trato con él: el demonio hará todo lo que Fausto quiera mientras esté en la tierra, y a cambio Fausto servirá al demonio en la otra vida. El trato incluye que, si durante el tiempo que Mefistófeles esté sirviendo a Fausto este queda complacido tanto con algo que aquel le dé, al punto de querer prolongar ese momento eternamente, Fausto morirá en ese instante. Tras este marco, Goethe desarrolla las dos historias: la relación entre Mefistófeles y Fausto y la de Fausto y Gretchen/Margarita.

El tema general es cómo la riqueza de conocimiento material acarrea sin embargo la miseria moral y espiritual. La historia de Fausto se inspira, como muchas leyendas, en hechos ciertos. Existió un tal Johann Faust que nació hacia 1490 en el sur de Alemania y se doctoró en la Universidad de Heidelberg en 1509. Tras dejar la universidad, emprendió una vida de aventuras marcada por una huida constante a causa de las múltiples acusaciones de brujería que se le hicieron. Dejó una biblioteca que incluía libros de medicina, matemáticas y magia negra. Esta pintoresca vida dio origen a la leyenda popular, aprovechada por autores de piezas de títeres y marionetas, y había servido además para inspirar leyendas populares. El primer libro sobre este mito se editó en 1587 por parte de Johannes Spiess, quien, en su prólogo, advirtió que había omitido referir fórmulas mágicas para evitar que quienes tuvieran el libro fueran acusados de brujería. Otros libros y libretos teatrales trataron el tema del pacto con el diablo para lograr el dominio sobre la naturaleza: en el teatro de títeres de los siglos xvi y xvii, la historia se cerraba siempre con los demonios llevándose a Fausto, pero Goethe alteró este argumento haciendo que se salvara Gretchen al final de la primera parte, anticipando la salvación de Fausto al término de la segunda, cuando los demonios que quieren llevarse su alma tienen que retirarse ante la llegada de una legión de ángeles. Además Goethe cambia el impulso que mueve a Fausto: el deseo que lo acercaba a la brujería no es codicia, maldad o vagancia, sino el ansia de saber, el deseo de grandeza, de plenitud, de totalidad. La moraleja que acaso tenga la obra será que ese deseo de conocimiento conlleva la miseria moral.


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Mensaje por Maria Lua Miér 17 Mar 2021, 06:32

Obra literaria

Representación de Ifigenia en Táuride: Wolfgang Langhoff, Inge Keller y Horst Drinda, Berlín (1963).

Monumento a Goethe en Leipzig.

Monumento a Goethe, tras su restauración y colocación (2007) en la plaza Goethe de Fráncfort.
El capricho del enamorado (1767), comedia en verso de un acto.
Los cómplices (1768), tragedia en verso.
Götz von Berlichingen (1773), drama.
Las penas del joven Werther (Die Leiden des jungen Werther, 1774).
Clavijo (1774), drama.
Prometeo (1774), poema.
Stella (1775), drama.
Ifigenia en Táuride (1787), drama en prosa, del que hizo anteriormente una versión en verso yámbico.
Egmont (1788), drama.
La selva negra (1789), Drama teatral
Torquato Tasso (1790), drama.
El Gran Copto (1792), Teatro, Comedias y Farsas, obra en V actos.
Elegías romanas (Römische Elegien, 1795), poemario.
Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister (Wilhelm Meisters Lehrjahre, 1796), novela.
Epigramas venecianos (1796), poema.
La novia de Corinto (1797), poema.
Hermann y Dorothea (1798), idilio épico en verso.
Fausto, Primera Parte, (1807).
Las afinidades electivas (Die Wahlverwandtschaften, 1809), novela.
Poesía y verdad, Parte I (Aus meinem Leben: Dichtung und Wahrheit), autobiografía (1811).
Viaje a Italia (Italienische Reise, 1816).
Diván de Oriente y Occidente (Westöstlicher Diwan, 1819), poemas.
Elegía de Marienbad (Marienbader Elegie, 1823).
Fausto, Segunda Parte, póstuma (1832).
Poesía y verdad, Parte II (Aus meinem Leben: Dichtung und Wahrheit), autobiografía (1833).




Obra científica

Morfología

El pensamiento científico de Goethe, como el literario, es también muy original. Aunque a menudo ha sido considerado como uno de los representantes más destacados de la Naturphilosophie, en realidad su producción científica se sitúa entre el romanticismo y el clasicismo, desmarcándose, por ejemplo, de los excesos especulativos de Schelling. La morfología de Goethe se construye en torno a dos conceptos nucleares: el tipo y la metamorfosis:

En lo que concierne al tipo, destacan sus trabajos sobre el hueso intermaxilar, cuya existencia demostró común a todos los vertebrados. Este fue un descubrimiento fundamental, pues probaba la existencia de un tipo osteológico común a todos los vertebrados.
El concepto de metamorfosis fue desarrollado en el campo de la morfología vegetal. Según la teoría goetheana, todos los órganos florales de las plantas son variaciones de una forma original de donde se derivan por metamorfosis.
En La metamorfosis de las plantas (Versuch die Metamorphose der Pflanzen zu erklären), publicada en 1790, Goethe presenta todas las estructuras vegetales como variaciones de la hoja, entendida como una estructura ideal. Goethe comienza con los cotiledones, a los que considera hojas imperfectas. Estos últimos, bajo la influencia generativa y cada vez más refinada de la savia, se metamorfosean en los sépalos, los pétalos, los estambres y los pistilos. De este modo, todos los órganos vegetales se conciben como apéndices idénticos, variedades de un apéndice vegetal abstracto, que difieren entre sí por su forma y grado de expansión.14​

Sus ideas acerca de las plantas y la morfología y homología animal fueron desarrolladas por diversos naturalistas decimonónicos, entre ellos Charles Darwin.

Mineralogía
Goethe estuvo muy interesado en la geología, y particularmente en la mineralogía, reuniendo una gran colección de minerales y fósiles, que actualmente todavía se conserva, y que consta de más de 9000 ejemplares.15​ En reconocimiento de su labor como estudioso, Lenz dio el nombre de götit (actualmente, en español, goethita) a un mineral de hierro.16​

La teoría de los colores

Artículo principal: Teoría de los colores
Teoría de los colores (Zur Farbenlehre, 1810).


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Mensaje por Maria Lua Miér 17 Mar 2021, 06:37


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Pensador y escritor, nacido en Francfort, y el más grande de los poetas alemanes. Estudió jurisprudencia en las universidades de Leipzig y Estrasburgo, pero se le considera por sus obras y sus conocimientos un genio universal interesado por el arte, la ciencia y la filosofía, cuyo cultivo alterna con los cargos y los honores que le procuran su nombramiento de consejero áulico, en 1776 y de inspector de artes y ciencias, en 1790, en la corte de Weimar. En su juventud participó de los ideales románticos del Sturm und Drang, y sus primeras obras, Las aflicciones del joven Werther y las primeras redacciones de Fausto y Wilhelm Meister,contribuyen intensamente a la difusión del romanticismo, ideales que cambia por los clásicos a la vuelta de su largo viaje a Italia (1786-1788).


En el aspecto filosófico, aunque no cultivó ningún sistema determinado, su pensamiento manifiesta fuertes influencias filosóficas de Spinoza y Schelling, contemporáneo suyo, y una clara tendencia al naturalismo panteísta.

Describe la naturaleza, sobre todo en obras como La naturaleza (1781-1782), La metamorfosis de las plantas (1790), Formación y transformación de la naturaleza orgánica (1807), como un proceso de formación y transformación de todos los seres a partir de una forma primitiva, que en el caso del mundo vegetal llama «planta originaria», de la cual, como de una esencia eterna derivan todas las demás. Completa su sentido naturalista con una visión organicista de la realidad, sustituyendo, influido por la Critica del juicio kantiana, la suposición de una forma primaria preexistente por la de la forma final o finalidad. Su teoría de los colores, que interpreta como combinaciones de luces y sombras (Teoría de los colores, 1810), que opone a la de Newton, carece de interés científico y no es sino una consecuencia de su naturalismo organicista, decididamente opuesto al mecanicismo.


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Mensaje por Maria Lua Miér 17 Mar 2021, 06:41

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Portada de Fausto, edición de Leipzig, 1932.

FAUSTO

Fausto (en alemán, Faust), es una tragedia del escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe publicada en dos partes, en 1808 y 1832. Concebida para ser leída antes que para ser representada[cita requerida] (al estilo de La Celestina), se trata de la obra más famosa de Goethe y está considerada como una de las grandes obras de la literatura universal.1​

La primera parte, Faust: der Tragödie erster Teil (Fausto: Primera parte de la tragedia), fue en principio terminada por Goethe en 1806. Su publicación en 1808 fue seguida de una edición revisada en 1828–1829, que sería la última editada por el propio autor. Previamente, había aparecido una versión parcial en 1790 titulada Fausto, un fragmento. Las primeras versiones de la obra, conocidas como el Urfaust, fueron elaboradas entre 1772 y 1775; sin embargo, los detalles de esa elaboración no están enteramente claros.

Goethe terminó de escribir la segunda parte, Faust: der Tragödie zweiter Teil (Fausto: Segunda parte de la tragedia), en 1832, el año de su muerte. A diferencia de la primera parte, el foco de la acción ya no está centrado en el alma de Fausto, que ha sido vendida al diablo, sino más bien en fenómenos sociales como la psicología, la historia y la política. La segunda parte constituyó la principal ocupación de Goethe en sus últimos años y apareció solo póstumamente en 1832.

Primera parte de la obra


Primera edición de Fausto, 1808.
Los principales personajes de la Primera parte de Fausto son:

Heinrich Faust, un estudioso cuya vida en ocasiones se ha dicho que está basada en la de Johann Georg Faust.
Mephistopheles, el diablo.
Gretchen, el amor de Fausto (hipocorístico de Margarete; Goethe usa las dos formas).
Marthe, vecina de Gretchen.
Valentin, hermano de Gretchen.
Wagner, alumno de Fausto.
La Primera parte de Fausto es una historia compleja. Se sitúa en múltiples lugares, el primero de los cuales es el cielo. Mefistófeles hace un pacto con Dios: dice que puede desviar al ser humano favorito de Dios (Fausto), que está esforzándose en aprender todo lo que puede ser conocido, lejos de propósitos morales. La siguiente escena tiene lugar en el estudio de Fausto donde el protagonista, desesperado por la insuficiencia del conocimiento religioso, humano y científico, se vuelve hacia la magia para alcanzar el conocimiento infinito. Sospecha, sin embargo, que su intento no está obteniendo resultados. Frustrado, considera el suicidio, pero lo rechaza cuando escucha el eco del comienzo de la cercana Pascua. Va a dar un paseo con su ayudante Wagner y es seguido a casa por un caniche vulgar.

En el estudio de Fausto el caniche se transforma en el diablo. Fausto hace un trato con él: el demonio hará todo lo que Fausto quiera mientras esté en la tierra, y a cambio Fausto servirá al demonio en la otra vida. El trato incluye que, si durante el tiempo que Mefistófeles esté sirviendo a Fausto este queda complacido tanto con algo que aquel le dé, al punto de querer prolongar ese momento eternamente, Fausto morirá en ese instante.

Al pedirle el diablo que firme el pacto con sangre, Fausto comprende que este no confía en su palabra de honor. Al final, Mefistófeles gana esta disputa, y Fausto firma el contrato con una gota de su sangre.

A continuación, en una de sus excursiones, Fausto conoce a Margaret (también llamada Gretchen). Se siente atraído por ella y con regalos de joyas y ayuda de su vecina Martha, el diablo lleva a Gretchen a los brazos de Fausto, quien la seduce y finalmente logra poseerla.

La madre de Gretchen muere por culpa de una poción adormiladora que su hija le había proporcionado para poder gozar de mayor intimidad con Fausto. Gretchen descubre, además, que se ha quedado embarazada. Su hermano Valentin acusa a Fausto, lo desafía y muere a manos de Fausto y el diablo. Gretchen ahoga a su hijo ilegítimo y es condenada por el asesinato. Fausto intenta salvarla de la muerte liberándola de la prisión, pero al no conseguirlo acude a pedir ayuda del diablo. Gretchen, presa de la locura y negándose a escapar, muere en brazos de Fausto.

Segunda parte

Rica en alusiones clásicas, en la Segunda parte de Fausto la historia romántica de la primera parte es olvidada y Fausto se despierta en un mundo de magia para iniciar un nuevo ciclo de aventuras y objetivos. La pieza consta de cinco actos —episodios relativamente independientes— cada uno de ellos con un tema diferente. Fausto viaja en el tiempo y el espacio. Ayuda al emperador de Alemania a solucionar los problemas económicos, presencia una fiesta con todo tipo de criaturas fantásticas como grifos, ninfas, sirenas, etc. y es encantado por el fantasma de Helena. Sigue a Helena a la edad antigua y con ella procrea a Euphorion, que muere al tratar de volar como le sucedió a Ícaro. Su madre Helena acompaña a Euphorion a las tinieblas dejando de nuevo a Fausto solo. Regresa junto al Emperador y gana una batalla crucial para unificar el imperio. Este le obsequia tierras en la costa. En ellas, después de haber destruido otras vidas sin quererlo, muere al encontrar un lugar donde le gustaría vivir en paz para siempre. Al final, Fausto va al cielo aun habiendo perdido la apuesta. Los ángeles declaran al final del quinto acto, con la ayuda de Margarita,
a quien siempre se esfuerza con trabajo
podemos rescatar y redimir
V, 11936-7.


Relación entre las partes
A lo largo de la Primera parte, Fausto va sintiendo insatisfacción; la conclusión última de la tragedia y el resultado de los pactos solo se revela en la Segunda parte. La Primera parte representa el pequeño mundo y tiene lugar en el terreno de Fausto, el medio temporal. En contraste, la Segunda parte tiene lugar en el ancho mundo o macrocosmos. Además, representa un cambio en la valoración del mundo para Fausto en tanto que cambia su manera de ver las cosas. Para la segunda parte ha superado ya el amor por Margarita y ha descubierto un reciente amor por el poder, sin embargo, la salvación en la que intercede su primer amor demuestra la conexión entre una parte y otra, que no es más que la representación de los ideales del romanticismo alemán, lo emocional o subjetivo, sobre lo racional u objetivo.

Puntos de Referencia


Relación entre Fausto y Mefistófeles

Mefistófeles representa para Fausto una vuelta a la juventud, le ofrece demostrarle que aún quedan misterios del mundo que desconoce (pensamiento absolutamente absurdo para Fausto) y le devuelve la pasión que lo movía antes de ser el sabio que es al inicio de la obra. Si bien Fausto confía en que podrá dominar a Mefistófeles y manipularlo, la situación termina dándose de manera distinta, es Mefistófeles quien conduce a Fausto según su gusto para que este confíe plenamente en él y se entregue a sus juegos.

Relación entre Fausto y Margarita

Fausto vive su amor por Margarita como un amor de iniciación, un amor adolescente. La pasión que lo embarga (en parte por los trucos de Mefistófeles) lo mueven a acercarse a esta niña que queda cautivada por él y su arte discursiva. Aun cuando Fausto intenta protegerla, la magia de Mefistófeles consigue (de manera indirecta) quebrantar la paz en la vida de Margarita, lo que desencadena en una irrefrenable locura. Luego descubrimos el encarcelamiento de Margarita y el motivo de su encierro, que fue asesinar al hijo que nació como fruto de la unión con Fausto (aun cuando Fausto no sabía de su hijo).

El mal y su relación con lo humano
A lo largo de la obra podemos apreciar que Goethe intenta resaltar las características puramente humanas (como lo son los sentimientos, las emociones y las pasiones). En la primera parte de la obra si bien éstas se presentaban como una liberación para el personaje de Fausto, también iban de la mano con las obras de Mefistófeles, que tenían un carácter de maléficas. Todo aquello que Fausto decidía sin detenerse a meditarlo friamente, o en las ocasiones en las que respondía a la pasión pura, se entiende que la mano de Mefistófeles estaba detrás, garantizando que Fausto lo haga. Lo esencialmente humano va, en la obra, de la mano del mal como si estuvieran incluidos en la misma categoría, como si uno alimentara al otro y viceversa. Pareciera que aquellas cosas pasionales que mueven al ser humano se encuentran en el limbo entre lo bueno y lo malo, que son amorales, neutras, durante la obra el mal motiva la mayoría de ellas sin embargo, al final de la obra, son estas mismas acciones (representadas en el amor por Margarita) las que permiten que Fausto escape al pacto, es decir, son estas mismas pasiones las que terminan de lado del bien.


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Mensaje por Maria Lua Miér 17 Mar 2021, 06:57

FAUSTO




DEDICATORIA


Os aproximáis de nuevo, formas temblorosas que os mostrasteis hace ya mucho tiempo a mi
turbada vista. Mas, ¿intento apresaros ahora?, ¿se siente mi corazón aún capaz de semejante
locura? Os agolpáis, luego podéis reinar al igual que, saliendo del vaho y la niebla, os vais
elevando a mi alrededor. Mi pecho se estremece juvenilmente al hálito mágico de vuestra
procesión.
Me traéis imágenes de días felices, y algunas sombras queridas se alzan. Como a una vieja
leyenda casi olvidada, os acompañan el primer amor y la amistad; el dolor se renueva; la queja
vuelve a emprender el errático y laberíntico camino de la vida y pronuncia el nombre de
aquellas nobles personas que, engañadas por la esperanza de días de felicidad, han
desaparecido antes que yo.
Las almas a las que canté por primera vez ya no escucharán estos cantos. Se disolvió aquel
amigable grupo y se extinguió el eco primero. Mi canción se entona para una multitud de
extraños cuyo aplauso me provoca temor, y todo aquello que se regocijaba con mi canto, si
aún vive, vaga disperso por el mundo.
Me sumo en una nostalgia, que no sentía hace mucho tiempo, de aquel reino de espíritus,
sereno y grave. Mi canto susurrante flota como arpa de Eolo; un escalofrío se apodera de mí.
Las lágrimas van cayendo una tras otra. El recio corazón se enternece y ablanda. Lo que
poseo lo veo en la lejanía y lo que desapareció se convierte para mí en realidad.

PRELUDIO EN EL TEATRO

DIRECTOR

Vosotros dos, que tantas veces nos apoyasteis en la necedad y la aflicción, decidme qué
acogida esperáis para nuestra empresa en estas tierras alemanas. Yo, sobre todo, querría
agradar sobremanera al estado llano, porque vive y deja vivir. Ya están colocados los
postes, ya se montó el tablado y todos se las prometen felices. Se han sentado allí
confiados, con los ojos bien abiertos y deseando que asombren. Aunque sé cómo dar
sosiego al espíritu del pueblo, nunca me he sentido tan desconcertado: no están
acostumbrados a lo bueno, pero han leído mucho. ¿Cómo conseguiremos que, siendo todo
fresco, nuevo y relevar resulte a la vez agradable? Y es que, la verdad, me gusta ver al
pueblo llano acercarse en torrente a nuestra carpa y agolparse con insistente afán para
pasar por la estrecha puerta de la Gracia, verlo a pleno sol, antes de las cuatro, llegar a
empellones hasta la taquilla y casi romperse el cuello por su entrada, como se lo rompen por
el pan en tiempos de escasez. Propiciar este milagro en gente tan diversa es algo que sólo
logra el poeta, ¡consíguelo hoy, amigo!

POETA

No me hables de esa abigarrada multitud cuyo aspecto panta al espíritu. Presérvame del
ondulante flujo que, a nuestro pesar, nos empuja hacia el torbellino. No; llévame a ese
sereno rincón del cielo donde sólo para el poeta florece la auténtica alegría, donde, con
mano divina, el amor y la amistad procuran y dispensan bendiciones a nuestro corazón. Lo
que de nuestro pecho brotó, lo que los labios empezaron a balbucir, malogrado o tal vez
conseguido, queda envuelto por la salvaje violencia del instante. Lo que brilla nació para el
instante; lo auténtico permanece imperecedero en la posteridad.

PERSONAJE CÓMICO

Cómo me gustaría dejar de oír hablar de posteridad. Si me pongo a hablar de ella, ¿quién
hará reír a nuestra época? Esta quiere y debe disfrutar. Nunca es poco la presencia de un
muchacho divertido; el que sabe expresarse con gracia no amargará el humor del pueblo;
deseará estar ante un público amplio para conmoverlo con más seguridad. Por eso, pórtate
bien y sé ejemplar; haz oír a la fantasía con todos sus coros, a la razón, al entendimiento, a
la sensibilidad, a la pasión; pero, eso sí, cuídate de la locura.
Pero, sobre todo, ¡que haya acción! Se viene a ver; lo que gusta es mirar. Si ante los ojos
ofreces una trama con muchos sucesos, de manera que la gente se quede boquiabierta, te
habrás ganado a la masa y serás un hombre bienamado. La masa sólo puede ser movida
por la masa y así cada cual se procurará lo suyo. El que mucho reparte, da un poco a cada
uno, y así todos salen contentos de la sala. Si les das una pieza, dásela en piezas, con ese
ragú te sonreirá la fortuna: lo representado con sencillez es igual de fácil de imaginar. De
nada sirve que lo ofrezcas todo entero, pues el público lo desmenuzará.

POETA

No comprendéis lo innoble que es ese oficio, lo poco se adecua al auténtico artista. Veo que
las chapuza esos esmerados señores se han convertido en tu máxima.

DIRECTOR

Semejante reproche me deja indiferente. Aquel que qu obrar correctamente, debe servirse
de la herramienta a piada. Piensa que has de partir madera blanda y mira a aquellos para
quienes tienes que escribir. Uno viene aburrimiento; el otro llega ahíto de su mesa y, lo que
es peor, algunos lo hacen después de haber leído el periódico. Acuden distraídos, como a un
baile de máscaras; las damas, para lucirse, se esmeran en su arreglo y represe
desinteresadamente su comedia. ¿Qué imaginabas desde tus alturas poéticas? ¿Qué hay de
malo en una sala llena? Observa de cerca a esos mecenas: la mitad son frío; la otra, rudos.
Uno, después de la función, espera jugar a las cartas; otro pasar una noche de amor al
abrigo de los pechos de una fulana. ¿A qué viene, pobre loco, molestar a las amables musas
para tal fin? Te lo digo: dales más y más, y mucho más, y así nunca te apartarás del objetivo.
Intenta sólo embrollar a los hombres; satisfacerlos es muy difícil... ¿Qué prefieres, el
entusiasmo o el dolor?

POETA

Anda y búscate otro esclavo ¿Debe el poeta desaprovechar frívolamente el supremo
derecho que la naturales dona? ¿Con qué conmueve él a todos los corazones? ¿Con qué
logra vencer todo elemento? ¿No es acaso la armonía la que, saliendo del pecho, anuda el
mundo al corazón? Cuando la naturaleza, tejiendo serena, somete en el huzo la longitud
infinita del hilo; cuando, provocándonos fastidio, la inarmónica multitud de todos los seres,
por entreverarse unos con otros, resuena desordenada, ¿quién, dole vida, divide en
intervalos esa serie monótona para que tenga ritmo?, ¿quién atrae lo aislado hacia esa
consagración universal en la que tañen magníficos acordes? ¿quién hace que se
desencadenen con furor las tormentas y que brille con gravedad el crepúsculo?, ¿quién
esparce todas las bellas flores de la primavera por la senda que pisa la amada?, ¿quién
trenza insignificantes hojas dándoles la forma de una corona merecedora de todo mérito? La
fuerza del hombre puesta de manifiesto en el poeta.

PERSONAJE CÓMICO

Pues usa, entonces, esas fuerzas formidables y emprende tu labor creadora como se
emprende una aventura amorosa: uno se aproxima por casualidad, siente y se queda. Poco
a poco se ve atrapado y crece la dicha, pero pronto se pelea. Aunque se esté encantado, el
dolor viene y, antes de que se repare, se ha acabado la novela ¡Ofrécenos una función de
este tipo! Echa mano de la vida en su totalidad. Todos la viven, pero no muchos la conocen;
cuando les asombre, les parecerá interesante. Poca claridad con mucho color, mucho yerro
y una sombra de verdad, así fermenta la mejor bebida, que a todo el mundo refresca y
reconstituye. Entonces se reunirá la flor de la juventud ante tu escena y escuchará
atentamente tu mensaje, y toda alma sensible absorberá en tu obra el sustento de su melancolía. Ora este, ora el otro se emociona; cada cual ve lo que lleva en el corazón. Ya están
dispuestos tanto a reír como a llorar. Todavía alaban el ímpetu; disfrutan con la apariencia.
No hay nada que conmueva al ya maduro, pero el que se está haciendo, siempre lo
agradecerá.

POETA

Devuélveme entonces ese tiempo en el que yo estaba aún en formación, cuando nacía
siempre un manantial de cantos que salían en tumulto; cuando la niebla me velaba el mundo
y los brotes prometían milagros; cuando cortaba las mil flores que llenaban todos los valles
de riqueza. No tenía nada y, sin embargo, nada me faltaba: el anhelo de verdad y el placer
por la alucinación. Devuélveme el empuje desatado, la profunda y dolorosa alegría, la fuerza
del odio y el poder del amor, ¡devuélveme mi juventud!

PERSONAJE CÓMICO

Amigo, sólo necesitarías la juventud si los enemigos te acosaran en los combates; si
adorables muchachas se colgaran con fuerza de tu cuello; si a la cabeza de una carrera de
velocidad, te llamara a lo lejos la difícil meta; si, después del torbellino de la danza, pasaras
la noche bebiendo. Pero hoy, viejo señor, sólo tienes que interpretar con ánimo y gracia el
conocido tañido de la lira y, vacilando en dulce errar, avanzar hacia la meta que tú mismo te
ha impuesto; pero no por eso te admiramos menos. No es que, como se dice, la vejez nos
haga niños, sino que no alcanza siendo aún auténticos niños.

DIRECTOR

Ya habéis intercambiado suficientes palabras; hacedme ver también los hechos de una vez.
Mientras os piropeáis se podría hacer algo de provecho. ¿Para qué hablar tanto de la
inspiración? Esta no se le presenta nunca al que vacila. Puesto que te las das de poeta,
ponte al mando de la poesía. Ya sabes lo que necesitamos: queremos bebida fuertes, ponlas
a fermentar inmediatamente. Lo que hoy no ocurra, no estará hecho mañana y no hay que
dejar pasar ni un solo día. Cuando se toma la decisión de crear, tiene que hacerse
valientemente y, en lo posible, de inmediato; si no se la deja escapar, esta seguirá haciendo
efecto, porque así ha de ser.
Sabéis que en nuestros escenarios alemanes cada cual pone a prueba lo que desea. Por
eso, en este día, no escatiméis en decorados ni artilugios. Usad las luces del cielo la grande
y la pequeña; podéis derrochar las estrella; que no falte ni agua, ni fuego, ni paredes de roca,
ni animales, ni plantas. Que entre en la estrechez del escenario todo el círculo de la
Creación y vaya, con moderada rapidez, pasando por el mundo, del Cielo al Infierno.



Continuará...


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Mensaje por Maria Lua Miér 17 Mar 2021, 07:03

PRÓLOGO EN EL CIELO


(EL SEÑOR. Las Huestes celestiales. Después MEFISTÓFELE: Se acercan los tres
Arcángeles.)

RAFAEL

El Sol templa, a la antigua usanza, el duelo de canto de las esferas hermanadas y culmina
con un rayo su prescrito viaje. Su luz da fuerza a los ángeles, aunque ninguno puede dar
razón de él. Las nobles y sublimes obras está tan espléndidas como el primer día.

GABRIEL

Y, con una velocidad inconcebible, la hermosa Tierra gira rápida sobre su eje e intercambia
el esplendor paradisíaco con la noche profunda y estremecedora. Grandes oleadas de mar
rompen en espuma al estrellarse en la honda base de las rocas, y estas y el mar son
arrastrados por el rápido y eterno curso de la esfera.

MIGUEL

Las tempestades rugen con el desafío del mar y la tierra, de la tierra y la mar, a su alrededor
e, iracundas, van tres zando una cadena del más poderoso influjo. Allí, una desolación
ardiente hace brillar la senda que precede trueno; pero tus mensajeros, Señor, admiran el
apacible caminar de tu día.

LOS TRES A LA VEZ

Esta visión da fuerzas a los ángeles, porque nadie puede dar razón de Ti y todas tus nobles
obras están espléndidas como el primer día.

MEFISTÓFELES

Señor, ya que te acercas otra vez a preguntar cómo nos va todo por aquí, y ya que te agradó
mirarme en otros tiempos, estoy de nuevo entre tu servidumbre. Perdona que no pueda
hablarte con palabras elevadas, aunque de mí se mofe toda esta reunión; mi patetismo te
haría reír, si no te hubieras acostumbrado a dejar de hacerlo. No sé nada sobre el sol y los
mundos, sólo veo cómo se atormenta el hombre. El pequeño dios del mundo sigue igual que
siempre, tan extraño como el primer día. Viviría un poco mejor si no le hubieras dado el reflejo
de la luz celestial, a la que él llama razón y que usa sólo para ser más brutal que todos los
animales. Lo comparo, con licencia de Vuestra Gracia, con esas cigarras zancudas que vuelan
continuamente, dando saltos, y, una vez que están sobre la hierba, cantan su vieja canción. ¡Si
al menos permaneciera en la hierba!, pero no, tiene que meter las narices donde no le importa.

EL SEÑOR

¿No tienes nada más que decir?, ¿sólo vienes aquí a acusar? ¿Es que no hay sobre la tierra
nada bueno?

MEFISTÓFELES

No, Señor; sinceramente me parece que allí todo va tan mal como siempre. Compadezco la
vida de calamidades que llevan los hombres. Ni siquiera me apetece atormentar a esos
desdichados.

EL SEÑOR

¿Conoces a Fausto?

MEFISTÓFELES

¿El doctor?

EL SEÑOR

Mi servidor.

MEFISTÓFELES

Sí; y cierto es que os sirve de una manera muy peculiar. Ni la comida ni la bebida de ese
insensato son terrenales. Su inquietud lo inclina hacia lo inalcanzable, pero percibe su locura
sólo a medias. Le exige al Cielo las más hermosas estrellas y a la Tierra los goces más
elevados y, sin embargo, nada cercano ni lejano sacia su pecho profundamente agitado.

EL SEÑOR

Aunque ahora me sirve en la confusión, pronto lo llevaré a la claridad. El jardinero sabe,
cuando el arbolito echa renuevos, que le crecerán ramas y le saldrán frutas.

MEFISTÓFELES

¿Qué apostáis? Todavía habéis de perder si me permitís llevarlo a mi terreno.

EL SEÑOR

Mientras él viva sobre la tierra, no te será prohibido intentarlo. Siempre que tenga deseos y
aspiraciones, el hombre puede equivocarse.

MEFISTÓFELES
Te lo agradezco, pues con los muertos nunca me he entendido muy bien. Prefiero unas
mejillas frescas y gordezuelas. Con un cadáver no me encuentro nunca a gusto: me pasa lo
que al gato con el ratón.

EL SEÑOR

Bien, lo dejo a tu disposición. Aparta a esa alma de su fuente originaria y, si puedes aferrarla
por tu camino, llévala abajo, junto a ti. Pero te avergonzará reconocer que un hombre bueno,
incluso extraviado en la oscuridad, es consciente del buen camino.

MEFISTÓFELES

¡Muy bien!, no tardaremos mucho tiempo. No me da miedo la apuesta. Permíteme, si logro
mi objetivo, sentirme henchido por mi triunfo. Para mi regogijo, él tendrá que morder el polvo,
como mi tía, la famosa serpiente.

EL SEÑOR

Podrás actuar con toda libertad. Nunca he odiado a tus semejantes. De todos los espíritus
que niegan, el pícaro es el que menos me desagrada. El hombre es demasiado propenso a
adormecerse; se entrega pronto a un descanso sin estorbos; por eso es bueno darle un
compañero que lo estimule, lo active y desempeñe el papel de su demonio. Pero vosotros,
auténticos hijos de Dios, disfrutad de la viviente y rica belleza. Que lo cambiante, lo que
siempre actúa y está vivo, os encierre en los suaves confines del amor, y fijad en ideas
eternas lo que flota en oscilantes apariencias.



(El Cielo se cierra y los Arcángeles se dispersan.)

MEFISTÓFELES

De vez en cuando me gusta ver al Viejo y me guardo de indisponerme y romper con Él. Es
muy generoso que un señor tan grande tenga la bondad de hablar incluso con el diablo.








Continuará...

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Mensaje por Maria Lua Miér 17 Mar 2021, 07:16

LA TRAGEDIA

PRIMERA PARTE


DE NOCHE

(En una habitación gótica, estrecha y de altas bóvedas, FAUSTO está sentado en un sillón
ante su pupitre.)

FAUSTO

Ay, he estudiado ya Filosofía, Jurisprudencia, Medicina y también, por desgracia, Teología,
todo ello en profundidad extrema y con enconado esfuerzo. Y aquí me veo, pobre loco, sin
saber más que al principio. Tengo los títulos de Licenciado y de Doctor y hará diez años que
arrastro mis discípulos de arriba abajo, en dirección recta o curva, y veo que no sabemos
nada. Esto consume mi corazón. Claro está que soy más sabio que todos esos necios
doctores, licenciados, escribanos y frailes; no me atormentan ni los escrúpulos ni las dudas,
ni temo al infierno ni al demonio. Pero me he visto privado de toda alegría; no creo saber
nada con sentido ni me jacto de poder enseñar algo que mejore la vida de los hombres y
cambie su rumbo. Tampoco tengo bienes ni dinero, ni honor, ni distinciones ante el mundo.
Ni siquiera un perro querría seguir viviendo en estas circunstancias. Por eso me he
entregado a la magia: para ver si por la fuerza y la palabra del espíritu me son revelados
ciertos misterios; para no tener que decir con agrio sudor lo que no sé; para conseguir
reconocerlo que el mundo contiene en su interior; para contemplar toda fuerza creativa y
todo germen y no volver a crear confusión con las palabras.

Oh, reflejo de la luna llena, por la que tantas veces velé sentado ante este pupitre hasta
que aparecías, melancólico amigo, sobre los libros y los papeles, si iluminaras por última vez
mi pena; ¡ay!, si pudiera andar por las cumbres de los montes bajo tu amada claridad; flotar
en las grutas acompañado de espíritus; vagar en tu penumbra por los prados y, habiéndose
disipado todas las brumas del saber, bañarme, robusto, en tu rocío. ¡Ah!, ¿pero seguiré
preso en esta cárcel?, agujero maldito y húmedo, hecho en un muro a través del cual incluso
la querida luz del cielo entra turbia al pasar por las vidrieras. Encerrado detrás de un montón
de libros roídos por los gusanos y cubiertos de polvo, que llegan hasta las altas bóvedas y
están envueltos en papel ahumado. Cercado por cofres y retortas, aherrojado por
instrumentos y trastos de los antepasados. Este es tu mundo, ¡vaya un mundo!
¿Y aún te preguntas por qué tu corazón se para, temeroso, en el pecho? ¿Por qué un dolor
inexplicable inhibe tus impulsos vitales? En lugar de la naturaleza viva, en medio de la que
Dios puso al hombre, lo que te rodea son osamentas de animales y esqueletos humanos
humeantes y mohosos.
¡Huye!, sal fuera, a la amplia llanura. ¿No te será suficiente compañía ese libro misterioso,
autógrafo de Nostradamus? Con su ayuda reconocerás el curso de las estrellas y, cuando la
naturaleza te haya instruido, aumentará en ti la fuerza del alma, como si un espíritu le
hablara a otro. En vano tratarás de explicar los sagrados signos mediante la ayuda de la
árida reflexión; ¡volad, oh espíritus, junto a mí y decidme si me oís! (Abre el libro y serva el
signo del Macrocosmosl
.) ¡Ah!, qué deleite corre de súbito, al mirarlo, todos mis sentidos.
Siento cómo la joven y santa felicidad vital me fluye por músculos y las venas con renovado
ardor. ¿Fue acaso un Dios el que escribió estos signos que calman el furor de mi interior,
llenan mi pobre corazón de gozo y, con un impulso secreto, me desvelan las fuerzas
naturales? ¿Soy acaso, un dios? Todo se llena de claridad. En estos trazos puros se
evidencia ante mi espíritu la activa naturaleza. Ahora sí que entiendo lo que dice el sabio:
«No está cerrado el mundo espiritual; son tus sentidos los que están cerrados, es tu corazón
el que está muerto; discípulo, levanta, y baña infatigablemente tu pecho terrenal en la
aurora». (Observa el signo.)

¡Cómo se entreteje el conjunto de las cosas en el Todo y cómo lo uno repercute y vive en lo
otro! ¡Cómo las fuerzas celestiales suben y bajan y se siguen los áureos cangilones! ¡Con un
vaivén que huele a bendición, bajan desde el cielo a recorrer la tierra y hacen que resuene
en armonía el universo!
¡Qué espectáculo!; pero, ay, ¡es sólo un espectáculo! ¿Dónde te comprenderé, naturaleza
infinita? ¿Dónde estáis, pechos, fuentes de la vida de las que penden el cielo y la tierra y
adonde el corazón marchito acude? Vosotros manáis en torrentes y alimentáis el mundo;
¿languidezco yo en vano? (Hojea el libro de mala gana y ve el signo del Espíritu de la
Tierra.)
¡Qué diferente es el efecto de este signo sobre mí! Tú, Espíritu de la Tierra, me resultas
más cercano. Siento que mis fuerzas aumentan, ardo como si hubiera bebido un vino nuevo;
siento valor para aventurarme por el mundo, para afrontar el dolor y la fortuna que me reporte
la tierra, para adentrarme en la tempestad y no temer el crujido de la nave al zozobrar. Las
nubes se amontonan sobre mí, la luna oculta su luz, la lámpara se extingue, el ambiente está
húmedo. Unos rayos rojos se concentran sobre mi cabeza, un estremecimiento va
descendiendo desde la bóveda y se hace dueño de mí. Siento que flotas sobre mí,
espíritu anhelado, ¡revélate! Ah, ¡cómo se desgarra mi corazón! Mis sentidos se abren a nuevos
sentimientos. Mi corazón está plenamente entregado a ti. ¡Revélate!, aunque me cueste la
vida. (Toma el libro y pronuncia misteriosamente el signo del ESPÍRITU. Se enciende una
llama rojiza y el ESPÍRITU aparece en la llama.)

ESPÍRITU

¿Quién me llama?

FAUSTO (Volviendo la cara.)

¡Qué aterradora visión!

ESPÍRITU

Me has atraído aquí con gran poder, absorbiéndome lejos de mi esfera; y ahora, ¿qué?

FAUSTO

¡Vete!; no te soporto.

ESPÍRITU

Has suplicado, hasta quedarte sin aliento, poder contemplarme, poder oír mi voz y ver mi cara;
el fuerte anhelo de tu alma me ha atraído aquí, y aquí estoy. ¡Qué deplorable pavor se ha
apoderado de ti, superhombre! ¿Dónde está la llamada del alma? ¿Dónde está el pecho que
creó un mundo dentro de sí, lo portó, lo cuidó y, temblando de gozo, se engrandeció para
elevarse a nuestra altura, la de los espíritus? ¿Dónde está Fausto, cuya voz resonó para que
acudiera? ¿Eres tú el que, al respirar mi hálito, tiembla en lo más profundo de su vida, gusano
asustadizo y encogido?

FAUSTO

¿Podría eludirte, hijo de la llama? Yo soy Fausto; yo soy tu semejante.

ESPÍRITU

En las mareas de la vida, en la tempestad de la acción, si y bajo en oleadas, me agito de un
lado para otro. El nacimiento y la sepultura son un mar eterno, una trama cambiante, una vida
candente que voy tejiendo en el veloz telar del tiempo, para hacerle a la divinidad su manto
viviente.

FAUSTO

Tú, que das vueltas por el ancho mundo, ¡qué cercano me siento a ti, atareado espíritu!
ESPÍRITU

Te asemejas al espíritu que concibes, no a mí. (Desaparece.)

FAUSTO (Desplomándose.)

¿No a ti? Entonces, ¿a quién me asemejo? Yo, imagen de Dios, ni siquiera soy semejante a ti.
(Llaman.) Oh, muerte, ya sé quién es: es mi fámulo. ¡Mi más hermozo gozo se echa a perder!
¡Que este ser rastrero y mezquino interrumpa semejante riqueza de visiones!

(Entra WAGNER en batín y gorro de dormir y con una lámpara en la mano.
FAUTO se vuelve de mala gana.)

WAGNER

¡Perdone!, le he escuchado declamar; ¿no leía usted una tragedia griega? Me gustaría
iniciarme en ese arte, pues resulta provechoso hoy en día. He oído muchas veces que un actor
puede aleccionar a un predicador.

FAUSTO

Siempre y cuando el predicador sea un actor, lo cual puede muy bien pasar en los tiempos que
corren.

WAGNER

¡Ay!, estando tan encerrado en el museo y viendo el mundo apenas los días de fiesta, y eso a
través de un catalejo, sólo desde una distancia lejana, ¿cómo queréis que lo domine por la
persuasión?

FAUSTO

Si no lo sientes, no lo lograrás; si no brota de tu alma y no consigues estremecer los
corazones de todos los oyentes con un placer fuerte y primario, limítate a sentarte. Reúne
piezas, prepara un ragú con las sobras de otros y reaviva las miserables llamas de tu
diminuto montón de cenizas. Agradando el paladar obtendrás la admiración de los niños y de
los monos, pero no conseguirás conmover otros corazones si del corazón nada te sale.

WAGNER

Sólo la oratoria reporta fortuna al orador, pero siento que estoy muy atrasado en este arte.

FAUSTO

¡Busca una ganancia honrada! ¡No seas como el bufón que hace sonar las campanillas! La
razón y el buen sentido se manifiestan con muy poco arte, y si te tomas en serio el decir
algo, ¿necesitarás entonces las palabras? Sí. Tus discursos de gran brillo, en los que sacas
punta a todo asunto humano, son tan molestos como el viento otoñal que, acompañado de
bruma, sopla entre las hojas.

WAGNER

¡Ay, Dios!, el arte es largo, pero nuestra vida corta. En mis afanes críticos, siento muchas
veces miedo en la cabeza y en el pecho. ¡Qué difícil es obtener los medios con los que
ascender hasta las fuentes! Antes de haber llegado a la mitad del camino, uno, pobre diablo,
habrá de morirse.

FAUSTO

¿Es el pergamino una fuente sagrada de la que un sorbo saciará nuestra sed para la
eternidad? No, no repararás tu sed si la bebida no brota de ti mismo.

WAGNER

Discúlpeme y permítame que le diga que es un gran placer trasladarse al espíritu de otros
tiempos, ver cómo pensó el sabio antes de nosotros, y cómo hemos continuado
admirablemente nuestro camino.

FAUSTO

Sí, ¡hasta las estrellas hemos llegado! Amigo mío, el pasado es para nosotros un libro de
siete sellos. Eso que llamas el espíritu de otros tiempos no es más que el espíritu de
aquellas personas en las que los tiempos se reflejan. Y la verdad es que, a menudo, son una
auténtica lástima; vamos, para echar a correr sólo de verlos: un saco de inmundicia o un
desván, o todo lo más un drama histórico con espléndidas máximas morales de tipo
pragmático, como las que se ponen en boca de los títeres.

WAGNER

Pero algo sabría cada uno de ellos de lo que son el mundo y el corazón y el talante
humanos.

FAUSTO

Sabrían lo que normalmente se llama saber; pero, ¿quién se atreve realmente a poner los
puntos sobre las íes? Los pocos que sabían algo, y que insensatamente no se cuidaron de
expresar lo que llevaban en su lleno corazón, mostrando a la plebe su sentimiento y su punto
de vista, fueron crucificados o llevados a la hoguera. Pero, perdona amigo, la noche está
muy avanzada; hemos de interrumpir nuestra conversación por esta vez.

WAGNER

De buena gana me mantendría en vela para seguir hablando con usted con tanta erudición.
Pero mañana que es primer día de Pascua, déjeme que le haga otras preguntas. Me he
entregado, diligente, al estudio, pero, aunque sé mucho, me gustaría saberlo todo. (Se va.)

FAUSTO (Solo.)

¡Cuánto tarda en disiparse la esperanza en la cabeza de quien se aferra a bagatelas y,
escarbando curiosamente en busca de tesoros, se siente feliz si encuentra lombrices.
¿Cómo es posible que en este lugar, donde me rodea una multitud de espíritus, se haya
atrevido a dejarse oír la voz de semejante hombre? Pero, ay, por esta vez debo agradecerle
al más mísero de los hijos de la tierra el haberme arrancado de la desesperación que
amenazaba con destrozarme los sentidos. La aparición fue tan colosal que no pude menos
que sentirme como un enano.
Yo, imagen de Dios, que creía hallarme muy cerca de la verdad eterna, me había
despojado de mi ser terreno y gozaba de mí mismo en el fulgor y la claridad celestiales; yo,
creyéndome superior a un querubín, derramaba la fuerza libre por las venas de la naturaleza
y me atrevía, lleno de esperanza, a disfrutar de una vida de dioses, creando. ¡Cómo habría
de pagarlo! ¡Un trueno me ha aniquilado!
No debo pretender asemejarme a Ti. Aunque tuve fuerzas para atraerte, me faltan para
retenerte. En aquel instante de gran ventura, me sentí al mismo tiempo tan grande y tan
pequeño: tú me has lanzado con un empujón cruel al destino inseguro de los hombres.
¿Quién me enseñará ahora?, ¿qué debo evitar?, ¿debo obedecer a aquel impulso? Tanto
nuestros actos como nuestras pasiones estorban el fluir de nuestra vida.
A lo mejor que el alma ha acogido se añade más y más materia extraña. Cuando
alcanzamos lo bueno de este mundo, le damos el nombre de locura y engaño.
Los magníficos sentimientos que nos llenaron de vida, se quedaron anquilosados en el caos del
mundo. Si con audaz vuelo la fantasía se lanza, esperanzada, ampliando el espacio hacia el
infinito, le basta luego un pequeño recodo si, pasada la fortuna, fracasa en el torbellino del
tiempo. La preocupación anida de inmediato en las profundidades del corazón; allí da pábulo
a secretos dolores, se mece, inquieta, y perturba el plan y la calma; se cubre constantemente
con máscaras nuevas: puede aparecer como casa y corte, corno mujer y niño, como
fuego y agua, daga y veneno; pero, sobre todo, te estremece lo que no te afecta y siempre
lloras lo que nunca pierdes.
¡No soy como los dioses!, bien lo noto. Soy como un gusano que escarba el polvo y al que,
nutriéndose de polvo, aplasta y sepulta la pisada del caminante.

¿No es polvo lo que en esa alta pared de cien balda me sofoca? ¿No hay polvo en los mil
cachivaches que me abruman y me confinan en este mundo de polillas? ¿Habré de leer,
quizá, en miles de libros, que por todas partes los hombres se torturan y que aquí y allá hubo
uno feliz? ¿De qué te ríes sardónicamente, hueca calavera? ¿Se extravió tu seso como el
mío? ¿Buscó el día claro y, ansiando la verdad, se perdió lamentablemente en el
crepúsculo? Instrumentos, ya sé que me hacéis burla con vuestras ruedas, dientes, cilindros
y planchas: yo estaba junto a la puerta y tendríais que haberme servido de llave pero a pesar
de que vuestras barbas están rizadas, no abrís el cerrojo. Misteriosa en pleno día, la
naturaleza no se deja quitar el velo, y lo que ella no muestra a tu espíritu no lo puedes forzar
tú con palancas y tornillos. Tú, viejo trasto que no he usado, sólo estás aquí porque mi padre
te utilizó. Tú, viejo pergamino, te has ennegrecido con el humo de la lámpara que está sobre
el pupitre. ¡Mas me hubiera valido disipar mis pocos haberes, que vivir agobiado con ellos!
Lo que se hereda de los padres, has de ganarlo para llegar a hacerlo tuyo. Lo que no se
utiliza se convierte en pesada carga; sólo lo que el instante crea puede ser usado por este.
Pero, ¿por qué se fija mi vista en aquel punto? ¿Es ese frasquito un imán para los ojos?
¿Por qué, de pronto, todo se vuelve dulce claridad para mí, como si en el bosque de la
noche me iluminara el fulgor de la luna?

Te saludo, redoma singular, que ahora, con respeto cojo de tu estante. En ti venero el
ingenio y la habilidad del hombre. Tú, síntesis de todos los propicios jugos que adormecen,
tú, extracto de sutil fuerza mortal, ¡concédele tus favores a tu dueño! Te miro y el dolor
queda paliado; te tomo y se moderan mis ansias, la marea del alma va bajando más y más.
Soy transportado hacia alta mar, el espejo del agua brilla a mis pies: un nuevo día llama a
orillas nuevas.
Un carro de fuego vuela en leve vaivén y se me acerca. Estoy dispuesto a cruzar por
nuevas sendas y llegar a nuevas esferas de actividad pura. ¿Vas a merecer tú, que aún eres
un gusano, esta alta vida, este placer de dioses? ¡Sí, sólo consiste en volverle decidido la
espalda al dulce sol de esta tierra! Prepárate a forzar las puertas ante las que todos quieren
pasar de largo. Ya es hora de demostrar mediante hechos que la dignidad del hombre no
cede ante la grandeza de los dioses; que no siente temor cuando se encuentra ante esa
oscura sima en la que la fantasía se condena a su propio tormento; que no elude adentrarse
por ese estrecho pasaje, alrededor de cuya abertura arde en llamas el infierno entero; que
puede, resuelto, decidirse a dar ese paso, aun a riesgo de convertirse en nada.

Baja pues, recipiente límpido, recipiente de cristal. Sal de tu viejo estuche, en el que no he
pensado durante muchos años. En las fiestas paternas relucías y alegrabas a los graves
invitados cuando pasabas de mano en mano. Era obligación del que bebía explicar el rico
lujo y arte de tus relieves y vaciarte de un trago. Esto me recuerda a muchas noches de mi
juventud. En esta ocasión no tengo que pasarte a mi vecino, ni he de mostrar mi ingenio al
ver tus adornos; aquí hay un jugo que produce una rápida embriaguez y que, con oscuro
fluir, colmará mi vaciedad. Sea este el último trago que prepare y elija. Lo dedico, con toda
mi alma, como saludo festivo y solemne, a la mañana. (Se lleva el recipiente a la boca.)

(Repique de campanas y cánticos de coros.)

CORO DE LOS ÁNGELES

¡Cristo ha resucitado!
Alegría al mortal,
al que estaba sumido
en funestas, insidiosas
y heredadas taras.

FAUSTO

¿Qué profunda melodía, qué sonido claro aparta con fuerza el vaso de mi boca? Campanas
silenciosas, ¿anunciáis ya la primera hora de la Pascua? Coros, ¿cantáis el canto de
consuelo que en la noche de la Vigilia pascual fue entonado por los labios de los ángeles y
sirvió de testimonio de la Nueva Alianza?

CORO DE LAS MUJERES

Con perfumes y ungüentos lo embalsamamos.
Nosotras, sus fieles, allí lo dejamos.
Con vendas y lienzos, pulcro, lo envolvimos.
Mas, de vuelta al Sepulcro, a Cristo no vimos.

CORO DELOS ÁNGELES

¡Cristo ha resucitado!
Dichoso quien lo amó,
pues superó la prueba
que, aun siendo dolorosa,
nos da la salvación.

FAUSTO

¿Por qué me buscáis, melodías celestiales, con fuerza y dulzura a la vez, a mí, que estoy
sumido en el polvo? Sonad donde haya hombres más sensibles. Oigo el mensaje, pero me
falta la fe. No me atrevo a elevarme a esas esferas de donde procede la Buena Noticia, pero
este son que oí de niño me llama de nuevo hacia la vida. El beso del amor celestial caía
sobre mí en la grave tranquilidad de la fiesta; entonces, sonaban las campanas llenas de
presagios y era un placer ardiente la oración. Un anhelo noble e inconcebible me impulsaba
a andar por bosques y praderas entre miles de cálidas lágrimas; sentía que un mundo nacía
ante mí. Esta canción me anunciaba animados juegos juveniles y de libre dicha en la
primavera. Hoy, el recuerdo, con sentimientos pueriles, hace que retroceda ante el último y
grave paso. ¡Seguid sonando, cantos celestiales! ¡Las lágrimas caen, la tierra me recobra!

CORO DE LOS DISCÍPULOS

Mientras que el sepultado
vivo, sublime y espléndido
por fin ha resucitado
y está del gozo creador
cercano, aquí nosotros,
aferrados a la tierra,
penarnos. Él nos dejó
en congoja a los suyos.
¡Ay!, ¡cómo hemos de llorar,
maestro, la gloria tuya!

CORO DE LOS ÁNGELES

¡Cristo ha resucitado
de tu seno, corrupción!
Liberad vuestras cadenas.
Alabadle, activos;
demostradle vuestro amor,
comed fraternalmente,
predicadlo en viajes,
anunciad la Salvación.
El maestro, cercano,
siempre irá con vosotros.





Continuará...



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Mensaje por Maria Lua Miér 24 Mar 2021, 08:40

ANTE LA PUERTA DE LA CIUDAD
(Salen paseantes de toda índole.)

ALGUNOS APRENDICES
¿Por qué salís?

OTROS
Porque vamos a la Hostería de los Cazadores.

LOS DE ANTES
Queremos ir paseando al molino.

UN APRENDIZ
Os aconsejo que vayáis a Wasserhof.

APRENDIZ 2.°
El camino hasta allí no es bonito.

LOS DEMÁS
Entonces, ¿qué haces tú?

APRENDIZ 3.°
Yo voy con los demás.

APRENDIZ 4.°
Vayamos hasta Burgdorf: seguro que allí encontraremos las muchachas más guapas y la
mejor cerveza.

APRENDIZ 5.°
Compañero de juergas. ¿Quieres que te den una paliza por tercera vez? No quiero ir allí, me
espanta ese lugar.

CRIADA
No, no, ¡yo regreso a la ciudad!

OTRAS CRIADAS
Seguro que lo encontramos junto a esos chopos.

LA ANTERIOR
Para mí no es nada seductor; él se pondrá a tu lado, él solo bailará contigo en la explanada.
¡Qué gano yo con tu suerte!

OTRA
Seguro que hoy no está solo; nos ha dicho que el del pelo rizado vendrá con él.

ESTUDIANTE
¡Caramba con los andares de esas buenas mozas! Hermano, vamos, tenemos que
acompañarlas. Cerveza recia, tabaco aromático y una criada bien vestida: eso es lo que me
gusta.

UNA SEÑORITA
¡Mira aquellos apuestos muchachos! Es una auténtica vergüenza. Pudiendo tener la
compañía más selecta, persiguen a esas criadas.

ESTUDIANTE 2.° (Al primero.)
No tan rápido. Por allí vienen dos delicadamente arregladas. Mi vecina es una de ellas; me
siento muy atraído por esa muchacha. Van con paso tranquilo, pero acabarán por
alcanzarnos.


ESTUDIANTE 1.°
No, hermano, no quiero exquisiteces.. La mano que movió la escoba el sábado, te acaricia el
domingo como nadie.

UN BURGUÉS
No, no me gusta el nuevo alcalde. Desde que desempeña su cargo está cada día más
insolente. Y ¿qué hace por la ciudad? ¿No está cada vez peor? Hay que obedecer más que
nunca y pagar más que en ningún tiempo anterior.

UN MENDIGO (Canta.)
Distinguidos señores y bellas damas
elegantes y de suave tez,
dignaos echarme una mirada,
y en vano no sonarás, organillo.
Sólo es feliz aquel que puede dar.
El día que es de fiesta para todos
es para mí un día de cosecha.

OTRO BURGUÉS
Los domingos y la fiestas no hay nada mejor que charlar de guerras y batallas, mientras que
allá, en la lejana Turquía, los pueblos luchan entre sí. Uno bebe su vaso sentado junto a la
ventana, ve las barcas engalanadas que van río abajo y vuelve a casa bendiciendo las
épocas de paz.

TERCER BURGUÉS
Eso mismo hago yo, señor vecino, y allá pueden abrirse la cabeza y todo puede andar
revuelto con tal de que en casa todo siga como siempre.

VIEJA (A las señoritas.)
¡Ay, qué elegantes!, ¡la hermosa sangre joven! ¿Quién no se fijará en vosotras? Pero no
seáis tan orgullosas, ya está bien. Sabré conseguir lo que queréis.

UNA SEÑORITA
¡Vamos, Agathe! Me cuidaré mucho de que me vea la gente en compañía de esta bruja. Ella
hizo que en la noche de San Andrés viera en carne y hueso a mi futuro amado.

LA OTRA
A mí me lo enseñó por un cristal. Tenía aspecto marcial iba junto a otros valientes. Mas yo
miro alrededor y lo busco por todas partes sin encontrarlo.

SOLDADOS
Me gustaría ganar
fortalezas con altas
murallas y almenas,
muchachas de altiva
y despectiva alma.
Audaz es la empresa,
magnífico el premio.
Hagamos resonar
la trompeta llamando
para la destrucción
igual que para el gozo.
Esto es un asedio.
Esto es una fiesta.
Mozas y fortalezas
pronto nuestras serán.
Audaz es la empresa,
magnífico el premio,
y los bravos soldados
continúan su marcha




Continuará....


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Mensaje por Maria Lua Miér 24 Mar 2021, 08:45

(FAUSTO y WAGNER.)



FAUSTO
Los ríos y los arroyos están libres ya de hielo gracias a la dulce y vivificante mirada de la
primavera. En el valle brota verde la alegría de la esperanza. El viejo invierno, en su
decrepitud, se retira a los ásperos montes. Desde allí, fugitivo, manda a ráfagas, sobre las
llamas que verdean, un imponente chaparrón de granizo. Pero el sol no tolera nada
blanco, todo se agita en formación y crecimiento, todo quiere tomar vida llenándose de
colores. Aunque faltan flores en esta zona, son suplidas por personas bien arregladas.
Vuélvete a mirar desde esta altura la ciudad que está allá detrás. De la puerta oscura y
hueca sale una abigarrada muchedumbre. Hoy todos gustan de tomar el sol. Celebran la
Resurrección del Señor y ellos también están resucitados. Saliendo de las silenciosas
habitaciones de casas bajas, despojándose de las ataduras de talleres y gremios,
liberándose de la opresión de techos y fachadas, zafándose de la estrechez aplastante de
las calles y habiendo culminado una velada de respetuosa piedad en la iglesia, todos van
hacia la luz. ¡Mira!, mira con qué afán la gente se dispersa por campos y jardines. Mira
cómo el río mueve a lo largo y a lo ancho todos esos divertidos botes y esa última lancha
va alejándose cargada, a punto de zozobrar. Incluso desde los caminos de los montes
llegan hasta aquí destellos del color de sus trajes. Escucho ya el tumulto de la villa, este
es el auténtico cielo del pueblo. Los mayores y los pequeños proclaman alegres: aquí soy
hombre, aquí puedo serlo.

WAGNER
Pasear con usted, Doctor, es un honor y es provechoso, pero no me gustaría perderme
solo, pues soy enemigo de todo lo rudo. El rascado de los violines, el griterío y el caer de
los bolos es un ruido odioso. Alborotan como si estuvieran poseídos por un espíritu
maligno y a ese alboroto lo llaman alegría, lo llaman canto.

CAMPESINOS (Cantando y bailando bajo un tilo.)
El pastor se arrregló para el baile;
Con su chaqueta de color, pañuelo
y faja, iba soberbio y flamante.
El gentío ya estaba junto al tilo
y bailó hasta la misma locura.
¡Hurra!, ¡hurra!,
¡viva!, ¡ea!
El violín resonará.
Él avanza con rapidez y empuje.
Bailando, topa con una muchacha.
Pícaro, la golpea con un codo.
La buena moza vuelve la mirada
y dice: qué tonto eres gañán.
¡Hurra!, ¡hurra!,
¡viva!, ¡ea!
Nunca grosero serás.
Pero el corro da vueltas muy deprisa,
bailando a la derecha y a la izquierda,
y las faldas se ponen a volar.
Todos enrojecían sofocados
y descansaban sin soltar los brazos.
¡Hurra!, ¡hurra!,
¡viva!, ¡ea!
La cadera contra el codo.
Conmigo no tengas tantas confianzas.
Muchos ha habido que engañaron
y traicionaron a su prometida.
El se la llevó aparte, zalamero,
y lejos del tilo la conquistó.
¡Hurra!, ¡hurra!,
¡viva!, ¡ea!

Gritos y son del violín.

VIEJO CAMPESINO
Doctor, es muy amable por su parte no despreciarnos en un día como hoy, y es bueno que
en medio de este tumulto de gente se encuentre un hombre tan sabio como usted. Tome la
jarra más hermosa, que hemos llenado con bebida fresca; se la entrego y deseo que no sólo
sacie su sed sino que su vida dure tantos días como gotas ella contenga.

FAUSTO
Tomo la refrescante bebida y brindo por vosotros con gratitud.
(La gente se reúne en corro a su alrededor.)

VIEJO CAMPESINO
Realmente está muy bien que aparezca usted en días de alegría, al igual que fue bueno con
nosotros los días malos. A buen número de los que hay aquí los arrancó su padre a última
hora de la tórrida furia de la fiebre, cuando supo ponerle coto a la epidemia. También
entonces, usted, que era un hombre joven, visitaba a los enfermos en sus casas. Se sacaron
muchos cadáveres, pero usted salió indemne y superó muchas pruebas duras. El que ayuda
recibe la ayuda de Aquel que ayuda desde arriba.

TODOS
Brindemos por el hombre protegido que puede seguir dando ayuda.

FAUSTO
Inclinaos siempre ante el Altísimo que enseña a ayudar y envía ayuda. (Prosigue su camino
con WAGNER.)

WAGNER
Qué sensación debe experimentar al ver cómo lo admira el pueblo. Feliz aquel que de sus
talentos puede obtener tal beneficio. Los padres le señalan diciéndoles a sus hijos quién es
usted. Todos preguntan, corren y se agolpan. El violín para de tocar y el danzante se
detiene. Todos se abren respetuosos a su paso; los gorros vuelan por lo alto y falta poco
para que se arrodillen, como si en lugar de usted pasara el Venerabile.

FAUSTO
Andemos un poco más hasta aquellas piedras, allí descansaremos del paseo. He estado
muchas veces aquí, miditando, y me torturaba con oraciones y ayuno. Rico en esperanza y
firme en fe, con llantos, suspiros, y las manos juntas e implorantes, creía que obligaba al
Señor del Cielo a que acabara con aquella peste. El aplauso del pueblo me suena a burla.
¡Si pudieras leer en mi interior lo poco que padre e hijo merecíamos tales alabanzas! Mi
padre era un individuo sospechoso que pensaba con visionario afán sobre la naturaleza y
sus ciclos sagrados. Lo hacía con honradez, pero a su manera. Se encerraba en la cocina
negra en compañía de adeptos y, después de interminables formulas, conseguía reunir los
contrarios. Allí un León Rojo, uno libre y audaz, era desposado en tibio baño con el Lirio y
ambos eran torturados con fuego vivo y llameante para pasar de una cámara nupcial a otra
y, así, finalmente, surgía la Joven Reina en el cristal. Ahí estaba el medicamento; los
pacientes morían y nadie se preguntaba quién había sido curado. Con nuestros elixires
infernales hicimos por estos valles y estos montes estragos muchos peores que los de la
peste. Yo mismo di a muchos el veneno y ellos se fueron marchitando, y hoy tengo que ver
cómo alaban al desvergonzado criminal.

WAGNER
¿Cómo puede usted abrumarse por eso? ¿No hace suficiente un hombre honrado con ejercer
concienzuda y puntualmente la profesión que se le enseñó? Si de joven admiras a tu padre,
recibirás con gusto lo que él sepa; si, siendo ya un hombre, aumentas esa ciencia, tu hijo
podrá alcanzar metas más altas.

FAUSTO
Oh, ¡feliz aquel que todavía tiene esperanza de emerger de este mar de confusión! Lo que
se necesita no se sabe, lo que se sabe no se puede usar. Pero no llenemos de pesar esta
hora de hermoso bien. Mira cómo resplandecen esas chozas a la luz ardiente del atardecer,
rodeadas de hierba. El sol se aleja y cede, pero el día sobrevive, pues aquél marcha hacia
otro lugar donde animará nueva vida. ¡Cómo desearía que unas alas me elevaran del suelo y
pudiera acercarme a él más y más!. Entonces, en el fulgor perenne del ocaso, vería a mis
pies al tranquilo mundo: encendidos los altos, serenos los valles y el arroyo de plata fluyendo
en corriente dorada. Este vuelo, propio de dioses, no se vería impedido por el salvaje monte
lleno de barrancos, y entonces, el mar, con sus tibias ensenadas, se abriría a mis ojos
asombrados. Pero, finalmente, parece que el dios Sol se hunde, tan sólo sigue despierta el
ansia. Me apresuro para beber su luz eterna. Ante mí, el día, y tras de mí, la noche; sobre
mí, el cielo, y abajo, el oleaje. Es un hermoso sueño, pero él se escapa. Ah, no es tan fácil
que a las alas del alma se añadan otras del cuerpo. Sin embargo, en todos es innato que su
sentir se eleve y adelante, cuando, perdida en el cielo azul, la alondra gorjea su canto,
cuando el águila flota sobre las escarpadas cimas plagadas de pinos, y cuando, sobre las
llanuras y los mares, la grulla va en busca de su patria.

WAGNER
Yo también he tenido fantasías, pero nunca he sentido ese impulso. Los bosques y los
campos hastían pronto; nunca envidiaré las alas de los pájaros. De qué manera tan distinta
los placeres del espíritu nos llevan de libro a libro, de página a página. Así, las noches de
invierno se hacen agradables y bellas; una vida tranquila da calor a todos los miembros. Y
¡ah!, si aciertas a desplegar un buen pergamino, el cielo entero baja hasta ti.

FAUSTO
Sólo eres consciente de un impulso. ¡Nunca aprendes el otro! Dos almas, ay, viven en mi
pecho. Una quiere separarse de la otra. Una, con recio amor a la vida, se aferra al mundo
sirviéndose de sus miembros prensiles; la otra se eleva con fuerza desde el polvo y va hacia
los campos de los nobles antepasados. Oh, si es verdad que hay espíritus en el aire que
flotan entre la tierra y el cielo, que desciendan desde la áurea neblina y que me lleven a una
nueva vida llena de colores. Si tuviera un manto mágico que me transportara a tierras
lejanas, sería mi mejor gala y no lo cambiaría por el manto de un rey.

WAGNER
No nombre a este conocido ejército de espíritus que, tormentoso, se despliega por la
atmósfera y, desde todos los extremos del mundo, acecha al hombre con múltiples peligros.
Desde el Norte se acerca el estrago de los espíritus, armado con sus lenguas puntiagudas;
cuando desde Naciente estas avanzan resecas, se alimentan de tus pulmones; cuando el
Mediodía te las manda desde el desierto, el ardor se acumula en tu coronilla; entonces, el
Oeste trae el enjambre que, primero, refresca, pero luego agosta el campo y el prado.
Gustan de escucharnos, pues están preparados para provocarnos daño; gustan de
obedecer, porque les encanta engañarnos; se presentan como enviados del Cielo y cuando
mienten susurran angelicalmente. Pero, ¡vámonos!, el mundo se oscurece, el aire se enfría,
la niebla desciende. A la caída de la noche se empieza a apreciar el calor del hogar. ¿Por
qué se para asombrado?, ¿qué atrapa su atención en la penumbra?

FAUSTO
¿Ves a ese perro negro andando por los sembrados y los rastrojos?

WAGNER
Hace rato que lo veo. No me ha llamado la atención.

FAUSTO
¡Míralo bien!, ¿qué te parece?

WAGNER
Un perro de aguas que, a su manera, sigue el rastro de su dueño.

FAUSTO
¿No notas cómo se va acercando a nosotros describiendo amplias curvas? Y, si no me
equivoco, va dejando remolinos de fuego a su paso.

WAGNER
No veo más que un perro de aguas negro; quizás esté sufriendo usted una alucinación.

FAUSTO
Parece como si fuera trazando leves lazos mágicos que acabarán atando nuestros pies.

WAGNER
Yo lo veo rodearnos, inseguro y temeroso, porque en vez de su amo ve dos desconocidos.

FAUSTO
¡El círculo se estrecha, ya está cerca!

WAGNER
¿No lo ve? Ahí hay un perro, no un fantasma. Gruñe, remolonea, se echa sobre la tripa,
mueve la cola. ¡Igual que todos los perros!

FAUSTO
¡Acompáñanos! ¡Ven aquí!

WAGNER
Es un animal muy gracioso: si te paras, se queda esperándote; si pierdes algo, lo va a buscar,
y si se te cae el bastón, se tira al agua por él.

FAUSTO
Tienes razón, no encuentro rastro alguno de un fantasma. Todo lo que hace es fruto de su
adiestramiento.

WAGNER
Incluso el sabio se siente atraído por el perro cuando está bien. Sí, él merece su favor, pues es
un aventajado aprendiz de muchos estudiantes.




Continuará...

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Mensaje por Maria Lua Miér 24 Mar 2021, 09:06

GABINETE DE ESTUDIO


FAUSTO (Entrando acompañado del perro de aguas.)

He dejado atrás el campo y la pradera, cubiertos por la oscura noche que, con un miedo sacro,
lleno de presagios, despierta en nosotros la mejor alma. Los impulsos salvajes, con su
impetuosa fogosidad, se han sumido en el sueño. Ahora despierta el amor humano y el amor a
Dios va animándose.
¡Quieto, perro! ¡No corras de acá para allá! ¿Qué olfateas aquí, en el umbral? Túmbate tras la
estufa, te daré mi mejor cojín. Así como en el escarpado sendero nos divertiste con tus
carreras, deja ahora que te cuide como a huésped tranquilo y bienvenido.
Ay, cuando en esta estrecha celda la lámpara arde de nuevo, amigable, en nuestro pecho hay
claridad, la del alma que se conoce a sí misma. La razón empieza a hablar de nuevo y la
esperanza florece otra vez. Se añoran los arroyos de la vida, se ansía llegar a las fuentes de la
vida.
No gruñas, chucho. El ruido animal no armoniza con las sagradas músicas que ahora
envuelven mi alma. Estamos acostumbrados a que los seres humanos se rían de lo que no
entienden, a que rezonguen ante lo bueno y lo bello, que a menudo les resulta fastidioso.
¿Gruñe también el perro como los hombres?

Pero, ay, ya no siento brotar satisfacción de mi pecho, aunque ponga en ello el mayor de mis
empeños. ¿Por qué tiene que secarse tan pronto el arroyo y hemos de sufrir sed una vez más?
Ya he experimentado eso en muchas ocasiones, pero sé cómo satisfacer esa carencia.
Aprendamos a valorar lo sobrenatural: ansiemos la revelación, que en ningún lugar refulge con
mayores dignidad y hermosura que en el Nuevo Testamento. Siento el impulso de abrir este
volumen con el texto original y, con honesto sentimiento, traducir de nuevo el sagrado texto a
mi alemán querido. (Abre el volumen y se dispone a leerlo.)
Aquí dice: «En el principio fue la Palabra». Ya empiezo a atascarme, ¿quién me ayudará a
seguir? No puedo darle tanto valor a la Palabra. Tengo que traducirlo de otra manera. Si el
Espíritu me iluminara... Aquí dice: «En el principio fue el Pensamiento». Piensa bien en esta
línea, la primera; que tu pluma no se apresure. ¿Es el pensamiento el que todo lo crea y por el
que todo se obra? Tal vez ponga «En el principio fue la Fuerza». Pero ya, al escribirlo, algo me
dice que no he de dejarlo así. Me ayuda el Espíritu, veo cuál es su consejo y escribo confiado:
«En el principio fue la Acción».

Si quieres compartir el cuarto conmigo, perro, deja ya de ladrar. No quiero sufrir la cercanía
de un compañero tan molesto. Uno de los dos tendrá que abandonar la celda. Con disgusto
deniego tu derecho a disfrutar de mi hospitalidad. Te abro la puerta, tienes libre el camino.
Pero ¿qué veo? ¿Puede ocurrir esto en la naturaleza? ¿Es una sombra o realidad? ¿Qué es lo
que hace que mi perro de aguas crezca y se hinche? Se alza violentamente. Esa no es la
forma de un perro. ¿Qué fantasma he metido en esta casa? Ahora tiene el aspecto de un
hipopótamo de ojos de fuego y dientes espantosos. Oh, serás mío, seguro. Para estos
engendros del infierno es buena la Clave de Salomón.


ESPÍRITUS
Dentro hay uno preso,
no lo sigáis, quedaos.
Como en la trampa el zorro,
tiene miedo el demonio.
Mas, atención, ¡mirad!
Volad de un lado a otro.
Volad de arriba abajo,
y así se zafará.
Tenéis que ayudarlo,
no lo dejéis plantado,
pues a todos nosotros
nos colmó de favores.

FAUSTO
Para acercarme al animal emplearé ahora el conjuro de los cuatro: «¡Que arda la
Salamandra! ¡Que la Ondina se enrosque! ¡Que desaparezca el Elfo y que el Duende trabaje!». Aquel que nada sabe sobre los elementos, sobre su enorme fuerza, sobre sus
propiedades, nunca logrará dominar a los espíritus. «¡Desaparece en llamas, Salamandra!
¡Fluye en la rauda corriente, Ondina! ¡Elfo, brilla en el bello meteoro! ¡Duende, trae ayuda
hogareña! ¡Adelántate y cierra la marcha!»
Ninguno de los cuatro está en el animal, pues está tranquilo y le rechinan los dientes.
Todavía no le he hecho daño. Pero me has a oír; te invocaré aún más. ¿Acaso, compañero,
ta has escapado del infierno? Mira entonces el símbolo ante el que se posterna el oscuro
ejército. Ya se hincha y se le erizan los pelos. Ser vil y depravado, ¿acaso distingues la
presencia del de insondable origen, del jamás nombrado y enviado del Cielo, vilmente
asesinado? Tras la estufa, escondido, se hincha como un elefante y llena el cuarto entero;
desea escapar. ¡No subas hasta el techo! ¡Quédate a los pies del maestro! Yo no amenazo en
vano. ¡Obedece o te abraso! No quieras esperar la luz del triple fuego. No quieras esperar mi
más fuerte recurso.

MEFISTÓFELES (Al disiparse la niebla aparece con la figura de un estudiante viajero desde
detrás de la estufa.)
¿A qué viene tanto ruido?, ¿en qué puedo servir al señor?

FAUSTO
¿Esto es lo que había dentro del perro de aguas? ¿Un estudiante viajero? Esto me hace reír.

MEFISTÓFELES
Saludo al erudito señor. Me ha hecho usted sudar la gota gorda.

FAUSTO
¿Cuál es tu nombre?

MEFISTÓFELES
La pregunta me parece de poca categoría para alguien que desprecia la Palabra; para alguien
que, desdeñando toda apariencia, busca la esencia ahondando en las profundidades.

FAUSTO
En vuestro caso, señor, se puede llegar a la esencia conociendo el nombre; esto ocurriría si
supiera, con toda claridad, si os apellidáis «Dios de las moscas», «Corruptor» o «Mentiroso».
Bueno, ¿quién eres?

MEFISTÓFELES
Una parte de esa fuerza que siempre quiere el mal y siempre hace el bien.

FAUSTO
¿Qué significa ese acertijo?

MEFISTÓFELES
Soy el espíritu que siempre niega. Y lo hago con pleno derecho, pues todo lo que nace merece
ser aniquilado, mejor sería entonces que no naciera. Por ello, mi auténtica naturaleza es eso
que llamáis pecado y destrucción, en una palabra, el Mal.

FAUSTO
¿Por qué te defines como parte si estás entero ante mí?

MEFISTÓFELES
Te diré una discreta verdad: aunque el hombre, ese pequeño mundo de locos, suele
considerarse un todo, yo soy una parte de la parte que al principio lo era todo. Soy una parte
de la oscuridad que la luz engendró, esa luz soberbia que le disputa a la madre noche su
antiguo rango y su lugar. Sin embargo, aunque se esfuerce no lo logra, pues está presa de los
cuerpos. Surge de los cuerpos y a los cuerpos embellece, pero un cuerpo opaco la detiene.
Espero que esto no dure mucho tiempo y que sucumba pronto a los mismos cuerpos.

FAUSTO
Ahora capto tus dignas obligaciones. No puedes aniquilar nada grande, por eso empiezas por
lo pequeño.

MEFISTÓFELES
Y cierto es que no he conseguido mucho con ello. Por más que me he empeñado, no he
conseguido destruir lo que se enfrenta a la Nada, el Algo, este mundo tan tosco. A pesar de las
olas, las tormentas, los terremotos y los incendios, al final se quedan en paz el mar y la tierra.
Y a ese maldito engendro de vida humana y animal tampoco hay por dónde cogerlo. ¡A
cuántos he enterrado ya! Y sin embargo, la sangre vuelve a fluir, nueva y fresca; y así continúa
todo. Es como para volverse loco. En el aire, en el agua y en la tierra germinan miles de
semillas, ya sea el medio seco, húmedo, caliente o frío. Si no me hubiera reservado el fuego,
no tendría nada para mí.

FAUSTO
Así opones tú al eterno poder creador y salvífico tu frío puño diabólico, que aprietas impotente
con alevosía. ¡Emprende algo diferente, extraño hijo del caos!

MEFISTÓFELES
Te aseguro que pensaremos más en ello la próxima vez. ¿Me puedo marchar ahora?

FAUSTO
No comprendo por qué me lo preguntas. Ahora que te conozco, ven a visitarme cuando
quieras. Aquí tienes la ventana, ahí la puerta, incluso el hueco de la chimenea está a tu
disposición.

MEFISTÓFELES
He de confesarlo: hay un pequeño obstáculo que me impide salir de aquí, la estrella de cinco
puntas del umbral.

FAUSTO
¿Te hace daño esta estrella? Pues si eso te espanta, hijo del infierno, dime entonces, ¿cómo
entraste aquí? ¿Cómo conseguiste burlar a ese espíritu?

MEFISTÓFELES
Fíjate en ella. No está bien trazada. El ángulo que va hacia fuera, como ves, se abre
excesivamente.

FAUSTO
¡El azar ha acertado! ¡Eres mi prisionero! Pero ¿lo he conseguido por casualidad?

MEFISTÓFELES
El perro de aguas no lo vio al entrar de un salto. Pero ahora la cosa cambia, el diablo no
puede salir de la casa.

FAUSTO
Y ¿por qué no sales por la ventana?

MEFISTÓFELES
Es una ley del diablo y los fantasmas. Allá por donde logramos entrar hemos de marcharnos.
Para lo primero tenemos libertad, de lo segundo somos esclavos.

FAUSTO
¿Hay también leyes en el infierno? Me alegro de saberlo; entonces, ¿se podrá pactar con
vosotros, señores?

MEFISTÓFELES
Podrás disfrutar lo pactado sin que te sea escatimado nada. Pero explicar esto requiere su
tiempo y a tal efecto nos veremos otro día. Esta vez ruego encarecidamente que se me deje
salir de aquí.

FAUSTO
Pero, quédate un momento y dime la buenaventura.

MEFISTÓFELES
¡Déjame salir! Pronto volveré. Entonces podrás preguntarme lo que quieras.

FAUSTO
Yo no te he perseguido. Has sido tú el que ha caído en la red. Aquel que ha atrapado al
diablo, ¡que no lo suelte!; no volverá a atraparlo por segunda vez.

MEFISTÓFELES
Si tanto lo deseas, estoy dispuesto a quedarme haciéndote compañía a condición de poder
hacerte pasar el tiempo con mis artes.

FAUSTO
Me parece muy bien, tienes permiso con tal de que esas artes sean gratas.

MEFISTÓFELES
Amigo mío, ganarás más para tus sentidos en esta hora, que en la monotonía de un año. Lo
que te canten los tiernos espíritus, las bellas imágenes que te brinden, no serán un vacío juego
de magia. Tendrás placer para el olfato y un agradable regusto en el paladar, y al final se
encenderán tus sentimientos. No es necesario hacer preparativos. Estamos juntos, vamos a
empezar.

ESPÍRITUS
Desapareced, bóvedas
oscuras de la techumbre.
Mira el mayor hechizo
del amigable y azul
éter que está penetrando.
Desvaneceos de una vez,
tenebrosas nubes negras.
Centellean estrellitas,
pues la luz de suaves soles
entre ellas se va filtrando.
Esa belleza sutil
de los hijos de los cielos,
al flotar sobre nosotras,
tímida, nos reverencia.
El deseo anhelante
acompaña nuestros pasos.
Y los aleteantes
flecos de los atavíos
cubren todas las tierras,
cubren la vegetación
de allí donde los amantes
muy solemnes prometieron
entregarse de por vida.
¡Follaje sobre follaje!
¡Sarmientos que echan renuevos!
El bien cargado racimo
cae en el receptáculo
del lagar que lo tritura,
y brota un gran arroyo
de vinos espumeantes
que se desliza por rápidos
de bellas piedras preciosas
y, dejando las alturas
tras de sí, en su caída,
se ensancha y hace un lago
y así la felicidad
reinará en las colinas.
Y un ejército de aves
paladea el placer.
Se van acercando al sol,
20
se aproximan a las islas
claras que, sobre las olas,
en apariencia se mueven.
Allá en coro oímos
suspiros alborozados.
Volando sobre llanuras
vemos figuras que bailan
y que se van desperezando
bajo el manto del cielo.
Algunos van escalando
por las elevadas cumbres.
Otros, cruzando a nado,
cortan las olas del mar.
Otros van volando y flotan.
Todos en busca de vida,
en busca de tierras lejanas,
de estrellas acogedoras,
de gracia y serenidad.




Continuará...


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Johann Wolfgang von Goethe Empty Re: Johann Wolfgang von Goethe

Mensaje por Maria Lua Dom 28 Mar 2021, 12:15

MEFISTÓFELES
¡Duerme! ¡Muy bien, tiernos hijos del aire! ¡Lo habéis arrullado a conciencia! Estoy en deuda
con vosotros por este concierto. -¡Todavía no eres el hombre indicando para retener al
demonio!- ¡Seducidlo con dulces formas oníricas, hundidlo en un mar de delirios! Mas, para
romper el hechizo del umbral, requiero el diente de un ratón... Aunque no habré de conjurarlo
mucho tiempo; ya oigo deslizarse a uno y pronto me escuchará.
El señor de las ratas y los ratones, de las moscas, ranas, chinches y piojos, te manda que te
atrevas a salir y roas ese umbral tan rápido como si rezumara aceite. Ya veo que sales.
¡Manos a la obra! El pico que me retenía era el de la esquina de delante. ¡Otro mordisco más y
ya está hecho! -Fausto, sigue soñando hasta que nos volvamos a ver.
FAUSTO (Despertando.)
Entonces, ¿he sido engañado otra vez? ¿Se disipa así la fuerza de tantos espíritus? ¿Acaso
fue una mentira, un sueño, que viniera un demonio y que un perro se me escapara?
GABINETE DE ESTUDIO
FAUSTO
¿Llaman? ¡Adelante! ¿Quién querrá incordiarme?
MEFISTÓFELES
Soy yo.
FAUSTO
¡Adelante!
MEFISTÓFELES
Lo habrás de decir tres veces.
FAUSTO
¡Adelante, pues!
MEFISTÓFELES
Así es como me gusta que seas. Confío en que nos toleremos. Para disipar tu mal humor he
venido aquí vestido de hidalgo, con traje rojo, bordado en oro, con esclavina de tersa seda,
una pluma de gallo en el sombrero y una daga larga y afilada. Y ahora te recomiendo que, sin
más dilación, te vistas igual para que, una vez liberado, experimentes lo que es la vida.
FAUSTO
Con cualquier traje sufriré la pena de las estrecheces de la vida terrenal. Soy demasiado viejo
para limitarme a jugar y demasiado joven para morir sin deseos. ¿Qué podrá ofrecerme el
mundo?
«¡Renuncia, tienes que renunciar!». He aquí el precepto que continuamente resuena en
nuestro oído y que cada hora repite con ronca y acompasada voz. Por la mañana me despierto
sobresaltado, y con razón podría llorar amargamente al ver que el nuevo día sigue con rapidez
21
su camino sin dejar satisfecho ninguno de mis deseos; al ver que con su curso ahoga toda
esperanza de felicidad, y que, con la ayuda de los ridículos y cómicos actos de la vida, hace
desaparecer cuantas agradables creaciones buscan un albergue en mi mente. Después, al
llegar la noche, me acuesto con desasosiego ni aun allí puedo descansar, e incluso me llenan
de espanto pesados y horrorosos sueños. El espíritu que reina en mi interior puede conmover
profundamente mi ser; no obstante, a pesar de que tiene imperio sobre todas mis fuerzas, no
puede hacerlas obrar en el exterior: por eso me he convencido de que vivir es una pesada
carga, por eso deseo la muerte y aborrezco la vida.
MEFISTÓFELES
Y sin embargo, en aquella noche hubo alguien que no se bebió la pócima color marrón.
FAUSTO
Parece que te gusta el fisgoneo.
MEFISTÓFELES
No soy omnisciente, pero sé muchas cosas.
FAUSTO
Aunque un dulce y conocido canto, con ecos de los buenos tiempos, me apartó del terrible
abismo y despertó lo que queda en mí de sentimientos infantiles, maldigo ahora todo lo que el
alma enreda con sus juegos de seducción y engaño y cómo, cegándonos y adulándonos, nos
ata a esta cueva de penas. ¡Desde ahora declaro maldita la alta opinión de sí mismo con la
que el espíritu se aprisiona!, ¡maldito el engaño de los sentidos que oprime nuestra alma!,
¡maldito todo aquello que nos embelece en sueños: el engaño de la fama y el renombre!,
¡maldito lo que nos halaga como posesión, como mujer y como hijo, como criado y arado!,
¡maldito Mammón cuando, prometiéndonos tesoros, nos anima a hazañas temerarias y cuando
nos ofrece almohadones para nuestro ocioso placer!, ¡maldito el balsámico jugo de uvas!,
¡maldita la más refinada caricia del amor!, ¡maldita la esperanza!, ¡maldita la fe! y, sobre todo,
¡maldita la paciencia!
CORO DE LOS ESPÍRITUS (Invisible.)
¡Oh, dolor!, ¡qué gran dolor!
Con un poderoso puño,
tú has conseguido destruir,
asolar y abatir
este espléndido mundo.
Un semidiós lo asoló
y nosotros llevaremos
sus ruinas hacia la nada
y lamentaremos también
esa belleza perdida.
Dotado de gran poder,
vástago de la tierra,
vuelve tú a construirlo,
con un esplendor mayor,
edifícalo en tu pecho;
con aguda inteligencia,
has de volver a dar
un nuevo curso a la vida
y, así, nuevas canciones,
mientras tanto resonarán.
MEFISTÓFELES
Estos son mis pequeños. Escucha cómo incitan, con sabiduría, al placer y a la acción.
Haciéndote salir de la soledad, donde los sentidos se atrofian y los humores dejan de fluir,
quieren atraerte hacia la amplitud del mundo. Deja ya de avivar el rencor que, como un buitre,
te va devorando la vida. La peor de las compañías te hace sentir que eres un hombre entre los
hombres. Pero no se pretende que te sumas en el vulgo. No soy ninguno de los grandes, pero
si quieres caminar junto a mí a través de la vida, con gusto estaré contigo en el acto. Soy tu
compañero y, si te parece bien, seré tu servidor, tu criado.
FAUSTO
22
¿Y qué habré de cumplir yo a cambio?
MEFISTÓFELES
Tienes todavía un plazo largo para ello.
FAUSTO
No, no. El diablo es egoísta y no hace nada que le sea útil a otro por amor de Dios. Expón
claramente cuáles son tus condiciones; un criado así pone la casa en peligro.
MEFISTÓFELES
Quiero ponerme a tu servicio aquí. Cuando des la señal, ni me detendré ni descansaré, pero
cuando volvamos a encontrarnos allí, tú deberás hacer lo mismo conmigo.
FAUSTO
El futuro apenas me inquieta. Si destruyes este mundo y lo conviertes en ruinas, el otro surgirá
después. Pero mis alegrías brotan de esta tierra y este sol ilumina mis dolores. Si he de
separarme de ellos con antelación, entonces que ocurra lo que sea. No quiero oír nada acerca
de si en el más allá se amará o se odiará y de si también en aquellas esferas hay un arriba y
un abajo.
MEFISTÓFELES
En ese caso puedes arriesgarte. Únete a mí. Durante estos días verás con placer cuáles son
mis artes. Te daré lo que nunca ha visto hombre alguno.
FAUSTO
¿Qué podrás darme tú, pobre diablo? ¿Alguno de los tuyos ha llegado a comprender alguna
vez las altas aspiraciones del espíritu humano? ¿Qué es lo que ofreces? Alimento que no
sacia; oro candente que, como el mercurio, se escapa de las manos sin descanso; un juego en
el que nunca se gana; una muchacha que, abrazada a mi pecho, ya guiña el ojo y se entiende
con el más cercano; el espléndido y divino placer del honor, que se desvanece como un
meteoro. Muéstrame frutos que se pudran antes de nacer y árboles que verdeen de nuevo
cada día.
MEFISTÓFELES
No me asusta semejante encargo; puedo, muy bien, brindarte esos tesoros. Pero, buen amigo,
se acerca el tiempo en el que podremos disfrutar en plena paz de algo bueno.
FAUSTO
Si llega el día en el que pueda tumbarme ociosamente, con toda tranquilidad, me dará igual lo
que sea de mí; si entonces logras engañarme con lisonjas haciendo que me agrade a mí
mismo, ese será para mí mi último día. En eso consistirá mi apuesta.
MEFISTÓFELES
¡La acepto!
FAUSTO
Choquemos esos cinco. Si alguna vez digo ante un instante: «¡Deténte, eres tan bello!»,
puedes atarme con cadenas y con gusto me hundiré. Entonces podrán sonar las campanas a
difuntos, que seré libre para servirte. El reloj se habrá parado, las agujas habrán caído y el
tiempo habrá terminado para mí.
MEFISTÓFELES
Piénsatelo bien; no lo olvidaré.
FAUSTO
Tienes pleno derecho a ello. No he entrado locamente en la apuesta. Si alguna vez me siento
extasiado, seré esclavo y no preguntaré si tuyo o de otro dueño.
MEFISTÓFELES
Hoy mismo, en el banquete doctoral, cumpliré mi obligación como criado. ¡Sólo una cosa! Por
amor a la vida o a la muerte, te ruego que escribas unas líneas.


Continuará... ( 22)


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Johann Wolfgang von Goethe Empty Re: Johann Wolfgang von Goethe

Mensaje por Maria Lua Lun 05 Abr 2021, 10:13

FAUSTO
Ah, ¿exiges algo escrito, pedante? ¿No has conocido nunca a un hombre de palabra?, ¿no es
bastante que mi palabra empeñada haya dispuesto para siempre de mis días? Si este mundo
que corre en todos sus torrentes no me ha detenido, ¿lo hará una promesa? Pero esta locura
se ha apoderado de mi corazón, ¿quién se atreverá a liberarme de ella? ¡Afortunado aquel que
lleva la fidelidad en su pecho!, ¡no hay sacrificio que le pese! Un pergamino escrito y sellado es
un fantasma que espanta a todos. La palabra muere en la pluma, y el papel y la cera son los
23
amos. ¿Qué deseas de mí, espíritu maligno? ¿Bronce, mármol, pergamino o papel? ¿He de
escribir con pizarrín, buril o pluma? Te dejo libre la elección.
MEFISTÓFELES
¿Por qué exageras con tanto calor tu charlatanería? Cualquier hojita valdrá. Firmarás con una
pequeña gota de tu sangre.
FAUSTO
Si te hace ilusión, te seguiré en este grotesco juego.
MEFISTÓFELES
La sangre es un humor muy especial.
FAUSTO
No temas que rompa la alianza. Lo que ahora mismo te prometo es el alcance de toda mi
fuerza. Me he engrandecido tanto que ya sólo pertenezco a tu rango. El gran Espíritu me ha
despreciado, ante mí se cierra la naturaleza. Se ha roto el hilo del pensamiento, hace mucho
que me asquean los saberes. ¡Que las pasiones que arden dentro de mí se hundan en lo
profundo de la sensualidad! ¡Que todo milagro me espere dispuesto tras un velo mágico impenetrable! ¡Lancémonos a la embriaguez del tiempo, a la sucesión de los acontecimientos!
¡Que se alternen como quieran el dolor y el placer, el logro y la desazón!: solamente sin
descanso se pone el hombre en actividad.
MEFISTÓFELES
No se te impondrá ninguna medida ni se limitarán tus metas. Si te place picotear aquí y allá y
atrapar algo al vuelo, tendrás aquello que te deleite. No seas estúpido y aférrate a mí.
FAUSTO
Ya oíste, no se trata sólo de gozar. Me entrego al vértigo, al placer más doloroso, al amado
odio, al fastidio que reconforta. Mi pecho, que se ha liberado del ansia de saber, jamás se
cerrará a ningún dolor. Quiero disfrutar dentro de mí de lo que ha disfrutado el conjunto de la
humanidad. Quiero apresar con mi espíritu lo más elevado y lo más sumido en la profundidad,
amontonar su ventura y su dolor en mi pecho y, de esta manera, ampliar mi yo y convertirlo en
el suyo, y, al final, sucumbir como ella misma.
MEFISTÓFELES
Ah, confía en mí, que llevo mascando hace varios miles de años ese manjar de áspero sabor.
No hay nadie, desde la cuna hasta la tumba, que digiera la vieja levadura. Créeme: esa
totalidad sólo fue hecha para un dios. Él se encuentra en la plena y eterna luz, a nosotros nos
confinó en las tinieblas y sólo a vosotros os dio el día y la noche.
FAUSTO
¡Pero yo lo quiero!
MEFISTÓFELES
¡De acuerdo!, pero hay algo que me da miedo. El tiempo es breve y el arte es largo. Diría que
debieras aprender: asóciate a un poeta que se afane en encontrar ideas y en amontonar sobre
tu cabeza de laureado todas las nobles cualidades: el valor del león, la rapidez del cuervo, la
sangre ardiente del italiano y la tenacidad de los del norte. Déjale que encuentre el secreto de
unir magnanimidad y astucia con el cálido impulso juvenil que te haga enamorar conforme a un
plan. Me gustaría conocer a un ser así; le pondría por nombre microcosmos.
FAUSTO
¿Qué soy, entonces, si no me es posible alcanzar la corona de lo humano, a la que todos los
sentidos tienden?
MEFISTÓFELES
Eres, al fin y al cabo, lo que eres. Aunque te pongas una peluca con miles de rizos, aunque te
pongas tacones de un codo de altura, seguirás siendo lo que eres.
FAUSTO
Siento que he acumulado en vano los tesoros del espíritu humano. Y ahora que me detengo,
ninguna fuerza brota de mi interior; no soy ni un pelo más alto ni me he acercado al infinito.
MEFISTÓFELES
Mi señor, ves las cosas tal como suelen verse. Hay que actuar con mayor sutileza antes de
que se nos escape el gozo de la vida. ¡Qué demonios! Las manos, los pies, la cabeza y hasta
el trasero son tuyos, pero ¿no es por ello menos mío todo lo que disfruto y está rebosante de
vida? Si puedo permitirme pagar seis caballos, ¿no hago mías sus fuerzas y, sin dejar de ser
24
un hombre, camino con veinticuatro patas? Así pues, cumple tus pensamientos y lánzate al
mundo. Date cuenta: un tipo que especula es como un animal en una llanura yerma al que un
genio maligno le hace dar vueltas en círculo mientras, a su alrededor, hay bellos prados
verdes.
FAUSTO
¿Cómo empezamos?
MEFISTÓFELES
Ahora mismo nos ponemos en marcha. ¿Qué lugar de martirio es este? ¿Qué clase de vida es
aburrirse y aburrir a los muchachos? Deja eso para tu vecino, el señor Wanst. ¿Por qué te
empeñas en desgranar la paja? Lo mejor que podrías conocer no puedes enseñárselo a los
muchachos. ¡Ahora mismo oigo a uno en el pasillo!
FAUSTO
No me es posible verlo.
MEFISTÓFELES
El pobre muchacho espera desde hace mucho tiempo; no puede marcharse desconsolado.
Venga, dame la esclavina y el birrete, este disfraz me ha de sentar bien. (Se viste.) Ahora
déjalo todo en manos de mi ingenio. Sólo necesito un cuarto de hora; entretanto, prepárate
para nuestro bello viaje.
(Sale FAUSTO.)
(Con las largas ropas de FAUSTO.) Si desprecia la razón y la ciencia, la más potente fuerza
de los hombres, y se fortalece con el espíritu del engaño con obras de ilusionismo y magia, ya
lo tengo en mis manos incondicionalmente. El destino le dio un alma que avanza sin detenerse
y cuyas apresuradas aspiraciones sobrepasan los gozos del mundo. Ya sabré arrastrarlo por la
vida salvaje a través de lo irrelevante y lo insignificante; habrá de quedar atrapado por mí, se
aferrará a mí, lo dejaré paralizado y avivaré su insaciabilidad haciendo pasar comida y bebida
ante sus ansiosos labios. Suplicará alivio en vano y, aunque al diablo no se hubiera entregado,
sucumbirá.
(Entra un ESTUDIANTE.)
ESTUDIANTE
Llevo aquí poco tiempo y vengo, lleno de devoción, a conocer y hablar al hombre que todos
mencionan con respeto.
MEFISTÓFELES
¡Me congratulo al ver vuestra educación! Estáis ante un hombre como otro cualquiera. ¿Habéis
andado ya por otros sitios?
ESTUDIANTE
Os ruego que me aceptéis entre los vuestros. Vengo con toda mi buena voluntad, una
aceptable cantidad de dinero y sangre joven y sana. Mi madre no quería que me fuera, pero
quiero estudiar algo de Leyes.
MEFISTÓFELES
Estáis en el lugar más adecuado.
ESTUDIANTE
La verdad es que me querría marchar ya: entre las paredes de estas aulas no consigo estar a
gusto. El espacio es muy limitado. No se ve nada verde, no se ve un árbol y en esos bancos y
en esas aulas noto que pierdo oído, vista y pensamiento.
MEFISTÓFELES
Sólo es cuestión de costumbre. Al principio tampoco el niño toma con mucho gusto el pecho
de la madre. De igual modo, podréis disfrutar cada día más de los pechos de la ciencia.
ESTUDIANTE
Me gustaría ir colgado de su cuello, pero cómo podría llegar a alcanzarlo.
MEFISTÓFELES
Antes de seguir, decidme qué Facultad pensáis escoger.
ESTUDIANTE
25
Mi deseo es llegar a tener una buena erudición y saber qué hay sobre la tierra y en el cielo; es
decir, comprender la ciencia y la naturaleza.
MEFISTÓFELES
Emplead bien el tiempo, pues este no deja de correr, pero el orden os enseñará a
aprovecharlo. Por ello, querido amigo, os aconsejo que os inscribáis en primer lugar en el
Collegium Logicum. Allí os adiestrarán bien el pensamiento, calzándolo con normas para que
avance por la senda del espíritu y no persiga bagatelas vagando de un lado a otro. Entonces
aprenderéis un día que lo que antes hacíais de un golpe, como el comer o el beber, ahora
requiere uno, dos y tres. Cierto es que en el taller del pensamiento ocurre como en la obra
maestra de un tejedor, donde un solo impulso mueve a la vez mil hilos. La lanzadera se pone
en marcha, va de arriba abajo y un solo golpe da lugar a mil tramas. El filósofo que considere
este asunto os demostrará que es así, porque si lo primero es así, así será lo segundo y por
ello serán así lo tercero y lo cuarto. Y si lo primero y lo segundo no fueran, lo tercero y lo
cuarto nunca hubieran sido. Esto lo saben los estudiantes de todos los lugares, pero jamás se
han hecho tejedores. El que quiera conocer y describir algo viviente, que empiece por echar
fuera el espíritu y, así, tendrá las partes en su mano. Pero entonces, por desgracia, le faltarán
los lazos del espíritu. Encheiresin naturae, dice la química burlándose de sí misma.
ESTUDIANTE
No consigo entenderos plenamente.
MEFISTÓFELES
Con el tiempo os irá mejor cuando sepáis reducirlo todo y clasificarlo como corresponde.
ESTUDIANTE
Me siento tan torpe como si en mi cabeza girara una rueda de molino.
MEFISTÓFELES
Más tarde, antes de afrontar otras cosas, deberíais dedicaros a la Metafísica. Veréis cómo
comprendéis con claridad lo que no cabe en cabeza humana; quepa o no quepa, siempre
encontramos a nuestra disposición una brillante frase. Pero, ante todo, en este semestre,
seguid el mejor orden. Oíd cinco lecciones cada día y entrad cuando suene la campana.
Preparaos primero minuciosamente, estudiando muy bien los apuntes, para que volváis a ver
de nuevo que no dicen nada diferente de lo que hay en el libro. Pero esforzaos en la toma de
apuntes como si os los dictara el Espíritu Santo.
ESTUDIANTE
No tendréis que decírmelo dos veces. Comprendo que es algo muy útil, pues lo que se tiene
en negro sobre blanco puede llevarse tranquilamente a casa.
MEFISTÓFELES
¡Pero habéis de elegir la Facultad!
ESTUDIANTE
El Derecho no acaba de gustarme.
MEFISTÓFELES
No he de ser yo quien os lo tome a mal; sé lo que ocurre con esa doctrina. La Ley y el Derecho
se heredan como una enfermedad incurable, se deslizan de generación en generación y
avanzan de un lugar a otro. La razón se convierte en algo absurdo, la bondad en perjuicio. Y
¡ay de ti si eres nieto! Del Derecho que nace con nosotros no se habla jamás.
ESTUDIANTE
Con eso hacéis que aumente mi aversión. Dichoso aquel al que instruís. Casi voy a estudiar
Teología.
MEFISTÓFELES
No querría extraviaros, pero, en lo que toca a esa ciencia, es difícil evitar el camino errado. En
ella hay mucho veneno y apenas puede distinguirse de la Medicina. Lo bueno aquí es que
oigáis sólo a uno y juréis por la familia del maestro. En definitiva, ateneos a la palabra, así
entraréis por la puerta segura del templo del saber.
ESTUDIANTE
Pero ha de haber concepto en la palabra.
MEFISTÓFELES
¡Bien! Pero no hay por qué angustiarse, pues allá donde faltan conceptos se encaja
oportunamente la palabra. Con palabras se puede discutir acertadamente, con palabras se
26
puede construir un sistema; se puede creer en las palabras. No hay que escatimarle ni una jota
a una palabra.
ESTUDIANTE
Perdonad que os haga tantas preguntas, pero aún tengo que pediros que os sigáis esforzando
por mí. ¿No podríais darme un consejo sincero sobre Medicina? Tres años es poco tiempo y,
¡Dios!, el campo es demasiado amplio; con una indicación, podemos avanzar mucho mejor.
MEFISTÓFELES (Hablando para sí.)
Estoy cansado de esta sobriedad, debo hacer nuevamente de demonio. (En voz alta.) El
sentido de la Medicina es fácil de entender. Ella estudia el mundo grande y el pequeño para,
finalmente, dejar que todo vaya como Dios quiera. Es cosa vana que sigáis dando vueltas y
sudando tras la ciencia. Todo el mundo aprende lo que se puede aprender, pero el hombre
perfecto es aquel que aprovecha su momento. Tenéis una buena constitución física y no os
falta audacia; si confiáis en vos mismo, la gente confiará en vos. Aprended especialmente a
dominar a las mujeres. Sus eternos y múltiples lamentos y quejas se curan solamente desde
un punto y os bastará comportaros con mediana decencia para tenerlas a todas a vuestros
pies. Un título debe convencerlas de que vuestro arte es superior a muchos artes. Para empezar, atreveos a hacer cosas que otro tan sólo se atrevería a rozar durante muchos años,
aprended a tomarles el pulso y, con mirada audaz y fogosa, oprimidles sus estrechas caderas
para ver qué bien apretado tienen el corsé.
ESTUDIANTE
Esto tiene mucha mejor pinta. Se ve el dónde y el cómo.
MEFISTÓFELES
Querido amigo, toda teoría es gris, pero es verde el áureo árbol de la vida.
ESTUDIANTE
Juraría que estoy soñando. ¿Podría molestaros de nuevo para oíros ir hasta los fundamentos
de vuestra sabiduría?
MEFISTÓFELES
En lo que de mí dependa, no habrá ningún problema.
ESTUDIANTE
No puedo marcharme sin presentaros mi libro de recuerdos. ¿Me haríais el favor de escribir
algo? MEFISTÓFELES (Lee.)
«Eritis sicut Deus scientes bonum et malum». (Cierra el libro con veneración y se despide.)
Sólo sigue el viejo dicho y a mi tía la Serpiente, y algún día tu semejanza con Dios te causará
espanto.
FAUSTO (Entrando.)
¿Adónde iremos?
MEFISTÓFELES
Iremos donde quieras. Veremos el Gran Mundo y el Pequeño. Con qué alegría y qué provecho
harás este viaje.
FAUSTO
Pero, a pesar de mi larga barba, me falta la naturalidad de trato. No resultará bien el ensayo,
no sabré manejarme bien por la vida. Me siento empequeñecido ante los otros, siempre estaré
cohibido.
MEFISTÓFELES
Mi buen amigo, todo llegará a su debido tiempo. Tan pronto como tengas confianza, sabrás
vivir.
FAUSTO
¿Nos vamos, pues, de casa? ¿Dónde están los caballos, el coche y el cochero?
MEFISTÓFELES
Basta con que extendamos las capas y ellas nos llevarán por los aires. Para dar este osado
paso no debes llevar nada contigo. Un poco de aire ardiente que he preparado nos alzará del
suelo. Como somos ligeros, subiremos. Te felicito por tu nueva vida.




Continuará... ( p26/27)


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Mensaje por Maria Lua Sáb 24 Abr 2021, 07:40

TABERNA DE AUERBACH

(Alegres compadres de taberna.)

27
FROSCH
¿Nadie quiere beber?, ¿nadie se ríe? ¡Ojo, que os voy a poner mala cara! Vosotros, que en
otras ocasiones ardéis en llamas, estáis hoy como paja mojada.
BRANDER
Es por tu culpa. No aportas nada, ni una sandez, ni una mamarrachada.
FROSCH (Le vierte un vaso de vino en la cabeza.)
Ahí tienes ambas.
BRANDER
Eres un cerdo por partida doble.
FROSCH
Si tú lo has querido, así ha de ser.
SIEBEL
¡Afuera los que riñen! ¡Cantemos a pleno pulmón! ¡Bebed y gritad! ¡Hala, eh!
ALTMAYER
¡Pobre de mí!, estoy perdido. ¡Que me traigan algodones para los oídos! Este muchacho me
los va a reventar.
SIEBEL
Si la bóveda resuena, se siente la potencia del bajo.
FROSCH
¡Vamos!, y que se vaya quien se lo tome mal. Tra-la-rá-lará.
ALTMAYER
Tra-la-rá-la-rá.
FROSCH
Las gargantas están bien templadas. (Cantando.)
Querido y Sacro Imperio Romano,
¿cómo puedes tenerte aún en pie?
BRANDER
¡Repelente! ¡Una canción política, una canción triste! Agradece a Dios cada día que no
tengas que preocuparte por el Imperio Romano. Me parece un magnífico logro no ser ni
emperador ni canciller. Pero no debe faltar un mandatario. Elijamos Papa. Sabéis qué
cualidad es la importante, la que eleva al hombre.
FROSCH (Canta.)
Flota por el aire, señora ruiseñor.
Saluda diez mil veces a mi amorcito.
SIEBEL
Ningún saludo al amorcito. No quiero oír hablar de eso.
FROSCH
No me impedirás ni saludar ni besar al amorcito. (Canta.)
Se abre el cerrojo, en la noche oscura.
Se abre el cerrojo, la amada se despierta.
Se cierra el cerrojo, en la clara mañana.
SIEBEL
¡Sí, canta, canta, alábala y elógiala! Cuando me llegue el turno, me reiré. A mí me engañó y
contigo hará lo mismo. A la amada, que le regalen un duende que retoce con ella en un Viacrucis y un viejo macho cabrío que, cuando regrese del Blocksberg, le bale un «buenas
noches» al galope. Para esa fulana es demasiado bueno un muchacho de carne y hueso
auténticos. El único saludo que le haría sería romperle los cristales de su ventana.
BRANDER (Dando golpes en la mesa.)
¡Atended, atended! ¡Escuchadme! Confesad, señores, que yo sé vivir bien. Aquí se sientan
personas enamoradas y conforme a la buena educación. A estos, al darles las buenas
noches, hay que obsequiarles con algo. ¡Atención! ¡Oídme la canción de última moda!
¡Cantad conmigo fuerte el estribillo! (Canta.)
Había una rata en la despensa
que sólo comía grasa y mantequilla,
tenía una panza tan lustrosa
28
como la tuvo el buen Doctor Lutero.
Mas la cocinera le puso veneno
y la vida se le hizo tan angustiosa
como si en el pecho abrigara el amor.
CORO (Jubiloso.)
Como si en el pecho abrigara el amor.
BRANDER
Empezó a dar vueltas, luego salió.
Quiso apagar su ardor en todos los charcos.
Royó y arañó la casa entera.
Brincaba y se retorcía de dolor;
pronto el animal su vida acabó
como si en el pecho abrigara el amor.
CORO
Como si en el pecho abrigara el amor.
BRANDER
Un día claro, siendo presa del miedo,
la rata cruzó corriendo la cocina,
cayó en el horno y un respingo dio
y empezó a respirar con dificultad.
La envenenadora con ganas se rió.
Ja, está con un pie en la sepultura
como si en el pecho abrigara el amor.
CORO
Como si en el pecho abrigara el amor.
SIEBEL
Cómo se divierten estos muchachos tan simplones. Me gusta mucho el arte de echarles
veneno a las pobres ratas.
BRANDER
¿Tienes predilección por ellas?
ALTMAYER
El ventrudo calvete se enternece con la desgracia. Ve su propia imagen reflejada en la de la
hinchada rata.
(Entran FAUSTO y MEFISTÓFELES.)
MEFISTÓFELES
Antes de nada, quiero ponerte en compañía de gentes alegres para que veas lo fácil que es
la vida. Para el pueblo aquí reunido, todos los días son fiesta. Con poco talento y mucho
placer, todos giran danzando en estrechos círculos, como gatitos persiguiendo su cola.
Mientras que no se quejen de dolor de cabeza, el tabernero les sigue fiando y están
satisfechos y despreocupados.
BRANDER
Parece que están de viaje, tienen un aspecto extraño; seguro que no llevas aquí ni una hora.
FROSCH
Verdaderamente tienes razón. Adoro mi Leipzig. Es como un pequeño París que deja su
impronta en la gente.
SIEBEL
¿De dónde crees que son esos forasteros?
FROSCH
¡Voy a ver! Con un solo vaso y con la facilidad con la que se arranca un diente voy a
sonsacar a estos tipos. Parecen de familia distinguida, tienen aires altivos y descontentos.
BRANDER
Apuesto a que son charlatanes de fiesta.
ALTMAYER
Quizá.
FROSCH
29
Ved cómo me río de ellos.
MEFISTÓFELES (A FAUSTO.)
La gentuza del pueblo no siente la presencia del diablo aunque les esté cogiendo por el
cuello.
FAUSTO
¡Sean saludados, señores!
SIEBEL
Muchas gracias, igualmente. (A media voz, mirando a MEFISTÓFELES de reojo.) ¿Por
qué cojeará ese?
MEFISTÓFELES
¿Nos permiten sentarnos con ustedes? En lugar de un buen trago, que aquí falta,
disfrutaremos de la compañía.
ALTMAYER
Parece usted un hombre muy bien tratado por la vida.
FROSCH
¿Han salido esta noche de Rippach con retraso? ¿Han cenado en casa del señor Hans?
MEFISTÓFELES
Hoy hemos pasado de largo ante su casa; la última vez ya charlamos con él. Nos habló
mucho de sus primos. Nos dio recuerdos para todos. (Se inclina haciéndole una reverencia a FROSCH.)
ALTMAYER (En voz baja.)
¡Chúpate esa! Este sí que entiende.
SIEBEL
Es todo un sinvergüenza.
FROSCH
Descuida, que ya le cazaré.
MEFISTÓFELES
Si no me equivoco, al llegar escuchábamos un coro de voces bien entonadas. Sin duda
alguna, el canto debe resonar muy bien bajo estas bóvedas.
FROSCH
Seguro que usted es un virtuoso.
MEFISTÓFELES
No; mi capacidad es endeble, pero el placer es grande.
ALTMAYER
¡Cántenos algo!
MEFISTÓFELES
Si lo desean; puedo entonar muchas canciones.
SIEBEL
Una pieza nueva.
MEFISTÓFELES
Acabamos de volver de España, el bello país del vino y sus canciones. (Canta.)
Había una vez un rey
que tenía una gran pulga.
No era poco lo que la amaba.
La quería como a su hija.
Entonces llamó a su sastre
y su sastre allí acudió.
Al noble le tomó medidas
y le hizo calzas y jubones.
BRANDER
No olvidéis encarecerle al sastre que mida con la máxima exactitud y que, si tiene estima por
su cabeza, no le salgan arrugas en las calzas.
MEFISTÓFELES
De terciopelo y de seda
iba aquella pulga vestida,
de su jubón colgaban bandas
30
y estaba prendida una cruz.
Llegó enseguida a ministro
con magna condecoración.
Fue entonces cuando sus parientes
renombre en la corte tuvieron.
Las damas y los cortesanos
sufrieron enorme fastidio.
A la reina y sus doncellas
ellas picaron e incordiaron.
Mas aplastarlas no podían,
aunque todo les escociera.
Las aplastamos y matamos
tan pronto como una nos pica.
CORO (Jubiloso.)
Las aplastamos y matamos
tan pronto como una nos pica





Continuará... (29)


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Mensaje por Maria Lua Dom 02 Mayo 2021, 05:40

CORO (Jubiloso.)
Las aplastamos y matamos
tan pronto como una nos pica.
FROSCH
¡Bravo!, ¡bravo!, eso estuvo muy bien.
SIEBEL
Ese es el merecido de todas las pulgas.
BRANDER
Hay que afilar las uñas y machacarlas.
ALTMAYER
¡Viva la libertad!, ¡viva la vida!
MEFISTÓFELES
Alzaría mi copa para honrar la libertad, si vuestro vino fuera más bueno.
SIEBEL
No queremos volver a oír eso.
MEFISTÓFELES
Me temo que el tabernero se ofendería, pero, de no ser así, daría de mis bodegas algo mejor
a estos dignos huéspedes.
SIEBEL
Venga, venga, esta corre por mi cuenta.
FROSCH
Procuradnos un buen trago y os alabaremos. Pero no nos deis catas muy pequeñas, que yo
para juzgar necesito tener la boca llena.
ALTMAYER (En voz baja.)
Me parece que son del Rin.
MEFISTÓFELES
Conseguidme una barrena.
BRANDER
¿Para qué? ¿Pero es que no tenéis los barriles ante la puerta?
ALTMAYER
Ahí, detrás del tabernero, hay una espuerta con herramientas.
MEFISTÓFELES (Toma la barrena. A FROSCH.)
Ahora dígame, ¿qué quiere usted probar?
FROSCH
Pero, ¿qué significa esto?, ¿tenéis varios vinos?
MEFISTÓFELES
¡Ofrezco a cada cual su preferido!
ALTMAYER
Ah, ¡ya empiezas a relamerte!
FROSCH
¡Bien! Si tengo que elegir, prefiero tomar vino del Rin. La patria nos ofrece las mejores
dádivas.
31
MEFISTÓFELES (Mientras va haciendo un agujero en el canto de la mesa, a la altura del sitio
donde se sienta FROSCH.)
Consígame un poco de cera para hacer espitas.
ALTMAYER
Ah, son juegos de ilusionismo.
MEFISTÓFELES
¿Qué queréis?
BRANDER
Quiero vino de la Champaña, y debe tener mucha espuma.
(MEFISTÓFELES sigue barrenando mientras otro va haciendo y colocando los tapones de
cera.)
No se puede estar evitando lo extranjero constantemente. A menudo, lo bueno se encuentra
lejos de nosotros. Un auténtico alemán no soporta a un francés, pero bebe con gusto sus
vinos.
SIEBEL (Mientras MEFISTÓFELES se va acercando a su sitio.)
Lo confieso: no me gusta el seco. Dadme un vaso de genuino vino dulce.
MEFISTÓFELES (Barrenando.)
Enseguida saldrá Tokay de aquí.
ALTMAYER
¡Nada, señores, mírenme a la cara! Sé que este hombre nos está tomando el pelo.
MEFISTÓFELES
¿Qué me dice usted? Con estos distinguidos huéspedes sería demasiado atrevimiento.
Rápido, diga con franqueza qué vino he de servirle.
ALTMAYER
Cualquiera. Y no pregunte tanto.
(Una vez que los agujeros han sido barrenados y taponados.)
MEFISTÓFELES (Con gestos raros.)
La cepa tiene racimos,
el macho cabrío cuernos;
el vino es jugoso, la cepa leñosa,
la mesa de madera da también vino.
Mirad la naturaleza.
Creed, esto es un milagro.
Quitad los tapones y disfrutad.
TODOS (Mientras quitan los tapones y reciben en el vaso el vino deseado.)
¡Qué buena fuente esta que nos sacia!
MEFISTÓFELES
Tened cuidado de derramar nada (Ellos continúan cantando.)
TODOS (Cantando.)
Nos va hacer el caníbal
como a quinientos puercos.
MEFISTÓFELES
El pueblo es libre. Ved lo bien que le va.
FAUSTO
Me gustaría marcharme ahora mismo.
MEFISTÓFELES
Primero asiste a ver cómo se manifestará la bestialidad de modo esplendoroso.
SIEBEL (Bebe descuidadamente. El vino cae al suelo y se convierte en llamas.) ¡Socorro!,
¡fuego!, ¡socorro!, ¡arde el infierno!
MEFISTÓFELES (Hablando a la llama.)
Tranquilízate, amigo elemento. (A los compadres.) Esta vez sólo fue una pavesa del
purgatorio.
32
SIEBEL
¿Qué es eso? Espera. La va a pagar. Me parece que no sabéis quiénes somos.
FROSCH
¡Que no se atreva a hacerlo por segunda vez!
ALTMAYER
Creo que lo mejor es decirle que se vaya de aquí.
SIEBEL
¿Qué pasa, señor? ¿Os divierten vuestros juegos de magia?
MEFISTÓFELES
Cállate ya, viejo tonel de vino.
SIEBEL
Palo de escoba, ¿aún quieres insultarnos?
BRANDER
Espera, que te va a caer una lluvia de palos.
ALTMAYER (Quita un tapón de la mesa y le viene fuego encima.)
Me quemo, me quemo.
SIEBEL
Brujería. Vamos a por él, se ha abierto la veda.
(Sacan las navajas y se acercan a MEFISTÓFELES.)
MEFISTÓFELES (Con ademanes serios.)
¡Falsos dichos e imágenes
que trastornáis los sentidos!
¡Estad aquí y allá!
(Se quedan aturdidos mirándose unos a otros.)
ALTMAYER
¿Dónde estoy? ¡Qué bello país!
FROSCH
¿Es cierto que estoy viendo viñas?
SIEBEL
Y los racimos están a mano.
BRANDER
Aquí, en esta verde vegetación, ¡mirad qué racimos!, ¡mirad qué uvas! (Agarra a SIEBEL por
la nariz; los otros lo hacen mutuamente y levantan las navajas.)
MEFISTÓFELES (Como antes.)
Error, quítales la venda de los ojos. Ahora comprobad cómo se divierte el demonio.
(Desaparece con FAUSTO mientras los compadres se separan unos de otros.)
SIEBEL
¿Qué es esto?
ALTMAYER
¿Cómo?
FROSCH
¿Era esta tu nariz?
BRANDER (A SIEBEL.)
Y la tuya la tengo en la mano.
ALTMAYER
Este golpe me ha hecho estremecer los miembros. Traedme una silla, que me caigo.
FROSCH
No; dime ¿qué ha pasado?
SIEBEL
¿Dónde está ese tipo? Si lo encuentro, no se me ha de escapar vivo.
ALTMAYER
Yo lo he visto salir por la puerta cabalgando sobre un tonel. Mis pies pesan como el plomo.
(Volviendo a la mesa.) Y no sigue manando ese vino.
SIEBEL
Fue todo un engaño. Mentira y apariencia.
33
FROSCH
Pues a mí me parece como si hubiera bebido vino.
BRANDER
Y ¿qué era aquello de las uvas?
ALTMAYER
Y ahora, que alguien me diga que no hay que creer en milagros.



continuará pag 32

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Mensaje por Maria Lua Lun 10 Mayo 2021, 08:46

COCINA DE BRUJA

(En un hogar bajo hay una gran marmita sobre el fuego. En los vapores que salen
hacia arriba se vislumbran diversas formas. Una mona está sentada ante la marmita
espumándola y cuidando de que no rebose su contenido. Él, con sus crías, está
sentado a su lado calentándose. Las paredes y el techo están adornados con el más
raro instrumental de brujería.)

(FAUSTO junto a MEFISTÓFELES.)
FAUSTO
¡Me repugna esta estúpida brujería! ¿Y tú me prometes que voy a curarme en este caos de
locura? ¡Pedir consejos a una vieja! ¿Y estas cochambrosas artes culinarias me quitarán
treinta años de encima? ¡Pobre de mí si es que no sabes algo mejor! ¿No habrá encontrado
la naturaleza, o tal vez un espíritu noble, el bálsamo adecuado?
MEFISTÓFELES
Amigo, vuelves a hablar con perspicacia. Para hacerte más joven hay un medio natural, pero
viene en otro libro y es un capítulo muy raro.
FAUSTO
¡Quiero saberlo!
MEFISTÓFELES
Un medio que no requiere ni dinero, ni médico, ni hechizos: sal inmediatamente al campo y
ponte a escarbar y a cavar; manténte a ti y a tu pensamiento dentro de un círculo muy
limitado; aliméntate de comidas no muy sazonadas; vive junto al rebaño y como parte del
rebaño, y no creas excesivo abonar el terreno en el que hiciste la recolecta. ¡Créeme, ese es
el modo de llegar joven a los ochenta!
FAUSTO
No estoy acostumbrado, no podría habituarme a tomar la azada en mi mano. No me va vivir
con estrecheces.
MEFISTÓFELES
De ahí que tenga que entrar en danza la bruja.
FAUSTO
¿Y por qué ha de hacerlo precisamente la vieja?, ¿no puedes tú mismo preparar la pócima?
MEFISTÓFELES
¡Menuda pérdida de tiempo! Prefiero, entretanto, construir mil puentes. No sólo hacen falta
arte y ciencia, también se precisa paciencia para realizar la obra. Un espíritu tranquilo está
activo muchos años; sólo el tiempo provee de poderes a un sutil fermento. Y todos los
ingredientes son sorprendentes. Aunque el demonio le ha enseñado, el demonio no lo puede
hacer. (Reparando en LOS ANIMALES.) ¡Mira qué diminuta y agradable especie! Aquí está
la sirvienta; allí el criado. (Mirando a LOS ANIMALES.) Al parecer, la señora no está en casa.
LOS ANIMALES
Está comiendo fuera de casa; salió ponla chimenea.
MEFISTÓFELES
Decidme, ¿cuánto tiempo emplea, de ordinario, en sus diversiones?
LOS ANIMALES
El mismo que empleamos nosotros en calentarnos las patas.
MEFISTÓFELES
¿Qué te parecen estos tiernos animales?
FAUSTO
¡Del peor gusto que he visto nunca!
34
MEFISTÓFELES
No; una charla como esta es precisamente la que más me gusta tener. (A LOS ANIMALES.)
Entonces decidme, muñecos malditos, qué es ese puré que se cocina en la olla que rondáis. .
LOS ANIMALES
Estamos cocinando una gran sopa para pobres.
MEFISTÓFELES
Entonces tendréis mucho público.
EL MONO (Acercándose y adulando a MEFISTÓFELES.)
¡Juguemos a los dados!
Quiero hacerme rico.
¡Haz que gane mi apuesta!
El asunto va mal.
Si tuviera dinero,
tendría inteligencia.
MEFISTÓFELES
¡Qué feliz se sentiría este mono si pudiera jugar a la lotería.
(Entretanto, las pequeñas crías de mono se han puesto a jugar con una gran bola
dorada y la hacen rodar.)
EL MONO
El mundo es así,
va subiendo y bajando
y no deja de rodar.
Resuena cual cristal
que quebradizo es.
Por dentro está vacío.
Mucho brilla aquí,
y allí aún más.
Estoy lleno de vida.
Hijo de mi amor,
ten cuidado con él.
Al final morirás.
El mundo es de barro,
se pulverizará.
MEFISTÓFELES
¿Para qué sirve la criba?
EL MONO (Descolgándola.)
Si fueras un ladrón te reconocería. (Corre hacia donde está LA MONA y la hace mirar a
través de la criba.)
¡Mira bien por la criba!
¿Conoces al ladrón
y no puedes nombrarlo?
MEFISTÓFELES (Acercándose al fuego.)
¿Y este puchero?
EL MONO Y LA MONA
Es estúpido y simple.
No conoce el puchero.
No conoce la marmita.
MEFISTÓFELES
¡Qué animal tan mal educado!
EL MONO
Toma este soplillo
y en el sillón siéntate.
(Insta a MEFISTÓFELES a sentarse.)
FAUSTO (Que entretanto ha estado frente al espejo, tan pronto acercándose como
alejándose
35
de él.)
¿Qué veo? ¿Qué visión celestial se refleja en este espejo mágico? ¡Oh amor, préstame tus
alas más ligeras y llévame a su país! Ah, si me quedara aquí, si me atreviera a acercarme.
¡Esta es la más bella imagen de mujer! ¿Es posible que una mujer sea tan hermosa? ¿Es
posible que, en el cuerpo tendido de esta mujer, esté reunida toda la belleza de los cielos?
¿Existirá algo así sobre la tierra?
MEFISTÓFELES
Claro, si un Dios se afana durante seis días y al último se vitorea a sí mismo, tiene que haber
dado lugar a algo muy logrado. Por esta vez, mira hasta saciarte. Sabré hacerte hallar este
pequeño tesoro, y feliz el que tenga la buena suerte de llevársela a casa como esposa.
(FAUSTO se sigue mirando al espejo. MEFISTÓFELES, arrellanándose en el sillón y
jugando con el soplillo, continúa hablando.) Aquí estoy, sentado como el rey en el trono.
Aquí empuño el cetro, sólo me falta la corona.
LOS ANIMALES (Que hasta entonces han hecho todo tipo de movimientos, le traen a
MEFISTÓFELES una corona haciendo gran griterío.)
Oh, haznos el favor,
con sudor y con sangre
péganos la corona.
(Caminando torpemente con la corona, MEFISTÓFELES la rompe en dos
pedazos, con los que dan vueltas y saltan.)
Ya ha ocurrido.
Hablamos y vemos,
rimamos y oímos.
FAUSTO (Frente al espejo.)
Ay de mí! Casi me estoy volviendo loco.
MEFISTÓFELES (Señalando a los animales.)
También a mí me empieza a flaquear la cabeza.
LOS ANIMALES
Si tenemos suerte
y todo concuerda,
tendremos ideas.
FAUSTO (Como antes.)
Mi pecho empieza a arder. Alejémonos cuanto antes.
MEFISTÓFELES (Con la postura anterior.)
Bueno, al menos hay que reconocer que son unos poetas muy sinceros.
(La marmita que LA MONA ha dejado hasta ahora descuidada empieza a rebosar; sale
una gran llama que sube por la chimenea. LA BRUJA baja a través de la llama dando
unos gritos espantosos.)
LA BRUJA
Ay, ay, ay. Maldito animal, condenada puerca. Has descuidado la caldera, has chamuscado a
tu señora. Maldito animal. (Mirando a FAUSTO y a MEFISTÓFELES.)
¿Qué ha pasado aquí?
¿Quiénes sois vosotros dos?
¿Qué es lo que queréis?
¿Quién os hizo entrar?
¡Que el fuego del infierno arda en vuestros huesos!
(Mete la espumadera en la marmita y empieza a salpicar con llamas a FAUSTO,
MEFISTÓFELES y a LOS ANIMALES. LOS ANIMALES aúllan.)
MEFISTÓFELES (Que le da la vuelta al soplillo que tiene en la mano y golpea las vasijas de
cristal y
las ollas.)
Por el suelo, por el suelo,
ahí está tu brebaje,
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ahí están tus vasijas.
Esto es sólo una broma,
puta vieja, es el ritmo
propio de tu melodía.
(Mientras LA BRUJA retrocede llena de horror y espanto.) ¿Me reconoces, esqueleto?, ¿eh,
espantajo? ¿Reconoces a tu señor y maestro? No sé qué me impide golpearos y destrozaros
a ti y a tus espíritus animales. ¿Le has perdido el respeto al jubón rojo? ¿Ya no puedes
reconocer la pluma de gallo? ¿He ocultado mi rostro? ¿Tengo que anunciarme por mi
nombre?
LA BRUJA
Oh, señor, perdona este grosero saludo, pero no he visto ningún pie de caballo. ¿Dónde
están vuestros dos cuernos?
MEFISTÓFELES
Por esta vez saldrás del apuro, pues es cierto que hace mucho tiempo que no nos vemos.
También la cultura, que a todo el mundo barniza, se ha extendido al demonio. Ya no es
posible ver al fantasma nórdico. ¿Dónde están los cuernos, la cola y las garras? Y en cuanto
al pie, del que no puedo prescindir, sé que me causaría cierto perjuicio entre la gente. Por
ello, como algunos hombres jóvenes, me sirvo desde hace muchos años de falsas pantorrillas.
LA BRUJA (Bailando.)
Casi pierdo el sentido y el entendimiento. He aquí de nuevo al noble señor Satán.
MEFISTÓFELES
Mujer, no vuelvas a repetir ese nombre.
LA BRUJA
¿Por qué?, ¿qué daño os hace?
MEFISTÓFELES
Hace ya tiempo que fue escrito en el libro de las fábulas, sin que por eso los hombres hayan
mejorado. Están libres del Maligno, pero los males se han quedado. Llámame señor Barón;
así queda mejor. Soy un caballero igual que otros. Tú no dudarás de mi sangre azul. Mira,
estas son mis armas. (Hace un gesto obsceno.)
LA BRUJA (Ríe con desmesura.)
¡Ja!, ¡ja! Ese es vuestro estilo. Seguís siendo un pícaro, como lo habéis sido siempre.
MEFISTÓFELES (A FAUSTO.)
Amigo, echa cuenta de esto; este es el modo de tratar con las brujas.
LA BRUJA
Ahora, decidme, señores, qué deseáis.
MEFISTÓFELES
Un buen vaso del conocido jugo. Pero quiero que sea del más añejo. Con los años redobla su
efecto.
LA BRUJA
¡Con mucho gusto! Aquí tengo una botella de la que me gusta de vez en cuando beber y que
no apesta en absoluto. Os daré un vasito con gran placer. (En voz baja.) Pero si este hombre
bebe sin estar preparado, sabéis que no vivirá ni una hora.
MEFISTÓFELES
Es un buen amigo y le sentará muy bien. Quiero que disfrute de lo más escogido de tus artes
culinarias. Traza tu círculo, pronuncia tus ensalmos y dale una taza llena.
(LA BRUJA, con extraños gestos, traza un círculo y va depositando dentro de su contorno cosas extrañas. Entretanto, los vasos empiezan a tintinear, las marmitas a resonar y a hacer música. Finalmente trae un libro, coloca a los monos dentro del círculo.
Estos le sirven de pupitre y le sostienen la antorcha. Hace un gesto a FAUSTO para
que se acerque a ella.)
FAUSTO (A MEFISTÓFELES.)
No; dime ¿a qué va a dar lugar esto? Esos trucos absurdos, esos gestos locos, este engaño
de mal gusto ya son bastante conocidos y odiados por mí.
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MEFISTÓFELES
¡Ea, qué tontería! Esto es sólo una broma. No seas tan estricto. Como médico, ella debe
hacer un ensalmo para que el jugo le salga bien. (Apremia a FAUSTO a entrar en el círculo.)
LA BRUJA (Empieza a declamar con énfasis un párrafo del libro.)
Debes entender.
Haz de uno diez
y réstale dos
e iguálalo a tres.
Serás rico así.
Quítale el cuatro.
Con cinco y seis,
te avisa la bruja,
siete y ocho harás.
Llegó ya el final:
nueve es igual a uno
y diez no es ninguno.
Esta es la tabla de multiplicar de la bruja.
FAUSTO
Me parece que esta vieja delira.
MEFISTÓFELES
Pues todavía falta mucho para que esto acabe. Sé muy bien que así suena el libro entero; he
perdido mucho tiempo con él. Una contradicción perfecta es tan misteriosa para los listos
como para los tontos. Amigo mío, el arte es viejo y nuevo. Con él se difundió para la
posteridad el error en lugar de la verdad: con el tres y el uno y con el uno el tres. Así se charla
y se enseña sin trabas. ¿Quién se ocupa de los locos? Cuando el hombre oye palabras, cree
habitualmente que estas ofrecen materia para pensar.
LA BRUJA (Continúa.)
La enorme fuerza
que tiene la ciencia
queda oculta al mundo.
Pero el que no piensa
que le es brindada
la obtiene de balde.
FAUSTO
¿Qué tonterías nos está diciendo? Pronto me estallará la cabeza. Me parece estar
escuchando un coro de cien mil dementes.
MEFISTÓFELES
Ya basta, ya basta, perfecta sibila. Trae la bebida y llena la copa hasta los bordes. Este jugo
no le hará daño a mi amigo: es un hombre con muchos grados que otros tragos ha tenido ya
que beber.
(LA BRUJA, muy ceremoniosamente, escancia la bebida en una copa; al llevársela
FAUSTO a la boca, surge una tenue llama.)
¡Venga, adentro!, ¡de un trago! ¿Estás hablando de tú a tú con el diablo y te asusta el ver una
llama?
(LA BRUJA rompe el círculo. FAUSTO sale.) ¡Venga afuera!, ¡no debes quedarte
quieto!
LA BRUJA
Que os aproveche el trago.
MEFISTÓFELES
Si puedo hacerte algún favor, pídemelo por Walpurgis.
LA BRUJA
¡Esta es una canción! Si la cantáis de vez en cuando, notaréis ciertos efectos.
MEFISTÓFELES
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Vamos, deprisa, deja que te guíe. Tienes que sudar para que te invada su fuerza por dentro y
por fuera. A partir de ahora te enseñaré a apreciar el ocio noble y pronto notarás con íntimo
placer cómo Cupido despierta y vuelve a saltar.
FAUSTO
Deja que me mire en el espejo. ¡Esa imagen de mujer era tan bella!
MEFISTÓFELES
¡No, no! Pronto verás en persona el modelo de toda mujer. (En voz baja.) Con esta bebida en
el cuerpo verás pronto a Helena encarnada en cada una de las mujeres.






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Te encuentro
tus huellas son tatuajes en mi corazón
intensas e inmensas
como el vino de la pasión
y la rosa roja del amor
eternas y etereas
como los sortilegios de una Luna Creciente... 


Maria Lua




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