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Carlos Justino Caballero
F. Enrique
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Un hombre del Renacimiento atrapado en unos tiempos sin alma.

F. Enrique
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Un hombre del Renacimiento atrapado en unos tiempos sin alma. Empty Un hombre del Renacimiento atrapado en unos tiempos sin alma.

Mensaje por F. Enrique Lun 15 Mar 2021, 15:56


Acercarnos a Antoine de Saint-Exupéry  y además hacerlo en tres de sus facetas menos celebradas; un ejemplar ensayo epistolar, unos soberbios artículos periodísticos y un  delicioso relato costumbrista y exótico basado en la realidad dramática de la insurgencia en el Marruecos de los protectorados y la amenaza de Abd-el-Krim, no es fácil y menos aún si se pretende acompañarlo con un intento sincero de comprometer un poco su imagen de místico sin Dios(1)  y, para ello enumerar, junto a sus muchas virtudes, los puntos más comprometidos y menos edificantes de su comportamiento en el período de tiempo que comprende, en gran parte, desde los primeros días de octubre  de 1938 a mediados de junio de 1943.
 
Estas fechas son las que van desde algunos de sus últimos artículos periodísticos, y la publicación de “Carta a un rehén”, cuando ya estaba luchando junto a los aliados por la libertad de su patria y hacía unos tres meses que había dado fin a su complicado y tortuoso exilio americano.

No es fácil indagar en esta experiencia sin evitar el temor a las equivocaciones, ya que estamos ante un autor implicado, aunque no lo quisiera, con su tiempo(2) , uno de los más exaltados y turbulentos que se conozcan, en el que se cometieron los crímenes más espantosos contra la humanidad que recuerde la historia, en el que la mayoría de los hombres no entendían ni respetaban las posiciones que no fueran las suyas propias y las de sus correligionarios. La indecencia de ser diferente que Ortega y Gasset observaba que se decía en Norteamérica en “La rebelión de las masas” había pasado a ser poco menos que un delito; Saint-Exupéry  soportó críticas acerbas por su independencia de criterio.
 
Saint-Exupéry no quiso entretenerse en los entresijos enrevesados de la política, desilusionado y aburrido como estaba con el tipo de hombre que la representaba, pero hubo un momento en el que pudo jugar un papel importante en ella(3).

Sus inquietudes como escritor le exigían perseguir la perfección en la que creen los idealistas, llevado por el convencimiento de que el lenguaje por sí solo no podía transmitir un mensaje sin que perdiera sustancia por el camino. Por ello intensificó en sus últimos años el uso de la poesía, el predominio de la metáfora sobre lo comparado y la presencia de la musicalidad en su enunciado, ya que la música habla directamente al corazón. Un último paso lo daría en “El pequeño príncipe” añadiendo la imagen gráfica de sus acuarelas.

Él solía decir que no forzaba cuando traducía, con brillantez y sentimiento, un mundo plagado de imágenes(4) , que se limitaba a reproducir fielmente lo que veía desde el avión. Creaba alegorías(5)  con los elementos naturales que destacaban por su carácter simbólico y que parecían cobrar vida y se asociaban  con fluidez con lo que querían representar cuando se contemplaban desde las alturas.

La aviación aparece poco en las obras que hemos elegido, pero cuando lo hace está revestida de un simbolismo trágico que trasciende en mucho aquello que describe, destacaría cuatro pasajes por la significación que tienen; la muerte de Henri Guillaumet , la masacre que sufre su escuadrilla cuando pierde tres cuartos de sus efectivos durante una sola incursión alemana en la Batalla de Francia en 1940, la pasión por cumplir su cometido de Jean Mermoz , cuando ya había muerto y se sirve de ello para enaltecer su memoria en los Andes, escenario de sus grandes hazañas, jugándose la vida sin importarle si llevaba en la saca del correo solo una carta intrascendente dirigida a un tendero. Para terminar dejamos el desasosiego destructivo de los bombardeos sobre la población civil de Madrid y Barcelona con el objetivo de quebrarle la moral y hacerla partícipe de la propagación de la sombra de los aviones que llevaban muerte en sus alas, tan  lejos de aquel mundo ideal que había soñado en el que serían un instrumento idóneo para crear lazos entre los hombres.

No desearíamos pasar por alto aunque sea de forma somera ningún tema controvertido que hayamos podido encontrar en la etapa final de su vida, en ninguno de ellos carecía Saint-Exupéry de justificaciones razonables aunque no se compartan; Vichy y su obstinación en mantener cierto respeto por el viejo mariscal Pétain , el general de Gaulle que nunca le perdonaría que no acudiese a su llamamiento desde Londres para unirse a la Resistencia que encabezaba y cuyos partidarios fueron responsables, con sus acusaciones de que pertenecía al Régimen de Vichy o de que era espía a su cargo, del período más oscuro de su vida pública en el que llegó a tener serios problemas con la bebida, la Guerra Civil española, los Acuerdos de Múnich y su posicionamiento firme contra los totalitarismos, su relación difícil con la colonia de exiliados franceses de Nueva York a la que empezó comparando con un avispero y la acabó tildando de nido de víboras, y las mujeres ... planean entre los asuntos más espinosos a los que tuvo que enfrentarse y a los que, alguna vez, desanimado y triste, contestó con el silencio. Tampoco podemos obviar, aunque sus experiencias fueran anteriores al período del que hablamos, su visión un tanto etnocéntrica e inconsciente sobre los efectos devastadores del  colonialismo europeo  contando con el conocimiento de la situación en la Indochina francesa (actual Vietnam) donde realizó reportajes y, sobre todo, en el Norte de África o su labor como periodista en la Unión Soviética de Stalin cubriendo las celebraciones por el 1º de mayo en 1935.

El asunto de su matrimonio con Consuelo Suncín es volcánico como se decía que era el carácter de esta mujer menuda, atractiva, seductora y con una innegable inclinación artística y debilidad por el placer. No puede calificarse sino de milagro que este matrimonio tan peculiar se prolongara hasta su muerte, trece años con innumerables peleas e infidelidades, separaciones y reconciliaciones a consecuencia de un modus vivendi aceptado o soportado por los dos; cada uno iba por su lado, tenía amistades distintas con las que ocupaban su tiempo y algunas de ellas se convertían en amantes. Sorprendentemente había una dependencia real dentro de aquella locura, que afectó más a Antoine que a Consuelo, significativamente en el suplicio de su periplo neoyorquino que se acentuaría en sus últimos días en  África del Norte y Córcega . No dieron el paso hacia una separación definitiva que hubiera satisfecho a familiares y amigos(6).

Sin que se llegue a comprender las razones, dados los muchos motivos que hubo en aquella relación tormentosa , solo nos ha llegado un intento serio de divorcio. Fue a cargo de Consuelo que desistió de llevarlo adelante por indicación de su abogado. Sabemos que contaba con la negación rotunda de Antoine. Mientras él, por su parte, escuchaba impertérrito los consejos de su madre, de sus hermanas y la más perseverante de sus amantes, Nelly de Vogüé,  de que se divorciara.

Saint-Exupéry, en unas declaraciones que le honran, reconoció, al final de su vida que había sido un pésimo marido, que había dejado demasiadas veces a Consuelo sola y desprotegida. En su cabeza debería desfilar la sucesión continua de amantes y el remordimiento por  no haber disfrutado algo más de su sensibilidad marcada por la esterilidad consecuencia de una enfermedad que contrajo de niña(7)  y su proclividad sincera hacia el arte. Hubiera sido aceptada en los círculos literarios más rigurosos(Cool donde nunca dejó de ser la mujer de Saint-Exupéry y, a veces, ni siquiera eso, ya que su persistencia en asistir solo a los eventos y reuniones hizo pensar a más de uno que no era un hombre casado. Los que lo sabían obviaban su valía como mujer refinada, independiente y culta, no olvidaban su pasado licencioso y su origen centroamericano; comentaban despectivamente el acento español que tenía cuando hablaba en francés, algo que a él le encantaba porque le parecía sensual.

Quizás la canción(9) que mejor defina a esta pareja que mantenía una relación que no estaba acorde con las convenciones ni con los tiempos y nos recuerde el sentimiento de culpa que se apoderó de Antoine cuando sintió cercana la presencia de la muerte(10)  sea “La canción de los viejos amantes” de Jacques Brel. Antoine no llegó a conocer la franqueza con la que el genial y apasionado cantante hurgaba en las llagas de un prolongado amor con infidelidades porque desapareció cerca de las costas de Marsella mientras pilotaba un avión de reconocimiento sin más armas que su cámara fotográfica(11)  el 31 de julio de 1944. Un suceso que no ha podido aclararse del todo o, más bien, no se ha querido aceptar una explicación que tiene todos los indicios de ser cierta. La legión de seguidores de Saint-Exupéry, la mayoría más bien de "El pequeño príncipe", no ha sido muy proclive a admitir que su desaparición perdiera el halo romántico de la insistencia agónica en el esfuerzo, como imperativo categórico, de este incomprendido y vilipendiado judío errante  que no ofendió nunca a Cristo aunque lo despojara de su divinidad.

Un colofón a su aventura humana triste pero elevado. Acabó como algunos de sus compañeros más queridos y la muerte le sorprendió en las alturas mientras se enfrentaba a sus ansias de superación y a la contradicción eterna de los hombres.

La declaración de un antiguo periodista de 88 años llamado Horst Ripper, que sirvió en la II Guerra Mundial como piloto, venía a desvelar el misterio en 2008 cuando confesó que él había abatido a Saint-Exupéry y que en el momento de hacerlo no sabía que la víctima de su ataque certero había sido el gran escritor a quien admiraba, que empezó a sospecharlo con el transcurrir del tiempo. No lo confesó en cuanto fue consciente de ello porque sentía vergüenza y arrepentimiento. Quizás porque sea más sugerente y atractivo mantener el misterio que ahonda en su leyenda esta confesión no ha sido aceptada como concluyente.
***   ***   ***   ***   ***


1) Sus últimos años fueron una búsqueda de Dios que no llegó a buen puerto. Cercano a la agonía de Unamuno y la melancolía de Antonio Machado por ver si se hallaba en algún sitio entre los hombres. Ellos buscaron a Dios desde dentro mientras que él estuvo fuera desde la adolescencia después de su experiencia poco satisfactoria en un colegio jesuita.
 2) Es desgarrador aquel escrito en el que confiesa que odia su tiempo, que el hombre muere de sed.
 3)Unos archivos han desvelado que hubo un momento en que el gobierno de los Estados Unidos, barajó la posibilidad de que sustituyera a de Gaulle como máximo representante de la Resistencia francesa.
 4)Sus metáforas son un caso aparte por su proliferación, casi todo lo que dice es un espejo sutil de otra verdad. Por eso he optado por dejarlas tal como él las concibe a menos que la traducción literal en español resulte chocante, no asocie con lo que se quiere representar y, en vez de ayudar a disfrutar de la lectura, empañe su belleza y su comprensión.
 5) A la altura de Quevedo en belleza y profundidad son aquellas que se alimentan en el efecto turbador de la paradoja; el buzo que asciende eternamente en sus ansias por saber si hay un fondo en el mar o el aviador que se hunde cuando traspasa los límites del cielo en busca de una estrella.
 6)Consuelo fue responsable de la única tensión seria que tuvo Saint-Exupéry con su madre, Marie, con la que tenía una relación exquisita, y le confesó apenada que Consuelo lo estaba alejando de ella.
7) Con el paso del tiempo llegaría a ser escritora y escultora dejando un poco de lado su intensa vida social, su coquetería provocativa y sus continuos romances.
 Cool Por otra parte, Consuelo tuvo una vida intensa con la alta sociedad.
 9) Saint-Exupéry era un melómano empedernido, se cuenta que una tarde mientras escribía no dejó de escuchar ni un solo momento “El bolero de Ravel”.
 10) Algunos de sus últimos escritos, sobre todo los que anotó en sus “Cuadernos de notas"(Carnets), nos muestran su aceptación estoica de la posibilidad de la muerte, esto ha alimentado que, entre las hipótesis que se barajan sobre la suya, no falte la del suicidio. Creo simplemente que era consciente del peligro que corría cruzando los mares, desarmado, con su cámara fotográfica, frente el afán destructivo que siempre se acrecienta por la desesperación en quienes están perdiendo una guerra.
11) Hay quien llega a afirmar que Saint-Exupéry no realizó, tanto en su primera etapa en la guerra como en la segunda, más que vuelos de reconocimientos sin estar equipado con armas con las que defenderse.  


Última edición por F. Enrique el Dom 21 Mar 2021, 18:19, editado 2 veces
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Carlos Justino Caballero
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Un hombre del Renacimiento atrapado en unos tiempos sin alma. Empty Re: Un hombre del Renacimiento atrapado en unos tiempos sin alma.

Mensaje por Carlos Justino Caballero Lun 15 Mar 2021, 18:29

@F. Enrique escribió:

Acercarnos a Antoine de Saint-Exupéry  y además hacerlo en tres de sus facetas menos celebradas; un ejemplar ensayo epistolar, unos soberbios artículos periodísticos y un  delicioso relato costumbrista y exótico basado en la realidad dramática de la insurgencia en el Marruecos de los protectorados y la amenaza de Abd-el-Krim, no es fácil y menos aún si se pretende acompañarlo con un intento sincero de comprometer un poco su imagen de místico sin Dios  y, para ello enumerar, junto a sus muchas virtudes, los puntos más comprometidos y menos edificantes de su comportamiento en el período de tiempo que comprende, en gran parte, desde los primeros días de octubre  de 1938 a mediados de junio de 1943.
 
Estas fechas son las que van desde algunos de sus últimos artículos periodísticos, y la publicación de “Carta a un rehén”, cuando ya estaba luchando junto a los aliados por la libertad de su patria y hacía unos tres meses que había dado fin a su complicado y tortuoso exilio americano.

No es fácil indagar en esta experiencia sin evitar el temor a las equivocaciones, ya que estamos ante un autor implicado, aunque no lo quisiera, con su tiempo, uno de los más exaltados y turbulentos que se conozcan, en el que se cometieron los crímenes más espantosos contra la humanidad que recuerde la historia, en el que la mayoría de los hombres no entendían ni respetaban las posiciones que no fueran las suyas propias y las de sus correligionarios. La indecencia de ser diferente que Ortega y Gasset observaba que se decía en Norteamérica en “La rebelión de las masas” había pasado a ser poco menos que un delito; Saint-Exupéry  soportó críticas acerbas por su independencia de criterio.
 
Saint-Exupéry no quiso entretenerse en los entresijos enrevesados de la política, desilusionado y aburrido como estaba con el tipo de hombre que la representaba, pero hubo un momento en el que pudo jugar un papel importante en ella.

Sus inquietudes como escritor le exigían perseguir la perfección en la que creen los idealistas, llevado por el convencimiento de que el lenguaje por sí solo no podía transmitir un mensaje sin que perdiera sustancia por el camino. Por ello intensificó en sus últimos años el uso de la poesía, el predominio de la metáfora sobre lo comparado y la presencia de la musicalidad en su enunciado, ya que la música habla directamente al corazón. Un último paso lo daría en “El pequeño príncipe” añadiendo la imagen gráfica de sus acuarelas.

Él solía decir que no forzaba cuando traducía, con brillantez y sentimiento, un mundo plagado de imágenes , que se limitaba a reproducir fielmente lo que veía desde el avión. Creaba alegorías  con los elementos naturales que destacaban por su carácter simbólico y que parecían cobrar vida y se asociaban  con fluidez con lo que querían representar cuando se contemplaban desde las alturas.

La aviación aparece poco en las obras que hemos elegido, pero cuando lo hace está revestida de un simbolismo trágico que trasciende en mucho aquello que describe, destacaría cuatro pasajes por la significación que tienen; la muerte de Henri Guillaumet , la masacre que sufre su escuadrilla cuando pierde tres cuartos de sus efectivos durante una sola incursión alemana en la Batalla de Francia en 1940, la pasión por cumplir su cometido de Jean Mermoz , cuando ya había muerto y se sirve de ello para enaltecer su memoria en los Andes, escenario de sus grandes hazañas, jugándose la vida sin importarle si llevaba en la saca del correo solo una carta intrascendente dirigida a un tendero. Para terminar dejamos el desasosiego destructivo de los bombardeos sobre la población civil de Madrid y Barcelona con el objetivo de quebrarle la moral y hacerla partícipe de la propagación de la sombra de los aviones que llevaban muerte en sus alas, tan  lejos de aquel mundo ideal que había soñado en el que serían un instrumento idóneo para crear lazos entre los hombres.

No desearíamos pasar por alto aunque sea de forma somera ningún tema controvertido que hayamos podido encontrar en la etapa final de su vida, en ninguno de ellos carecía Saint-Exupéry de justificaciones razonables aunque no se compartan; Vichy y su obstinación en mantener cierto respeto por el viejo mariscal Pétain , el general de Gaulle que nunca le perdonaría que no acudiese a su llamamiento desde Londres para unirse a la Resistencia que encabezaba y cuyos partidarios fueron responsables, con sus acusaciones de que pertenecía al Régimen de Vichy o de que era espía a su cargo, del período más oscuro de su vida pública en el que llegó a tener serios problemas con la bebida, la Guerra Civil española, los Acuerdos de Múnich y su posicionamiento firme contra los totalitarismos, su relación difícil con la colonia de exiliados franceses de Nueva York a la que empezó comparando con un avispero y la acabó tildando de nido de víboras, y las mujeres ... planean entre los asuntos más espinosos a los que tuvo que enfrentarse y a los que, alguna vez, desanimado y triste, contestó con el silencio. Tampoco podemos obviar, aunque sus experiencias fueran anteriores al período del que hablamos, su visión un tanto etnocéntrica e inconsciente sobre los efectos devastadores del  colonialismo europeo  contando con el conocimiento de la situación en la Indochina francesa (actual Vietnam) donde realizó reportajes y, sobre todo, en el Norte de África o su labor como periodista en la Unión Soviética de Stalin cubriendo las celebraciones por el 1º de mayo en 1935.

El asunto de su matrimonio con Consuelo Suncín es volcánico como se decía que era el carácter de esta mujer menuda, atractiva, seductora y con una innegable inclinación artística y debilidad por el placer. No puede calificarse sino de milagro que este matrimonio tan peculiar se prolongara hasta su muerte, trece años con innumerables peleas e infidelidades, separaciones y reconciliaciones a consecuencia de un modus vivendi aceptado o soportado por los dos; cada uno iba por su lado, tenía amistades distintas con las que ocupaban su tiempo y algunas de ellas se convertían en amantes. Sorprendentemente había una dependencia real dentro de aquella locura, que afectó más a Antoine que a Consuelo, significativamente en el suplicio de su periplo neoyorquino que se acentuaría en sus últimos días en  África del Norte y Córcega . No dieron el paso hacia una separación definitiva que hubiera satisfecho a familiares y amigos .
Sin que se llegue a comprender las razones, dados los muchos motivos que hubo en aquella relación tormentosa , solo nos ha llegado un intento serio de divorcio. Fue a cargo de Consuelo que desistió de llevarlo adelante por indicación de su abogado. Sabemos que contaba con la negación rotunda de Antoine. Mientras él, por su parte, escuchaba impertérrito los consejos de su madre, de sus hermanas y la más perseverante de sus amantes, Nelly de Vogüé,  de que se divorciara.

Saint-Exupéry, en unas declaraciones que le honran, reconoció, al final de su vida que había sido un pésimo marido, que había dejado demasiadas veces a Consuelo sola y desprotegida. En su cabeza debería desfilar la sucesión continua de amantes y el remordimiento por  no haber disfrutado algo más de su sensibilidad marcada por la esterilidad consecuencia de una enfermedad que contrajo de niña  y su proclividad sincera hacia el arte. Hubiera sido aceptada en los círculos literarios más rigurosos  donde nunca dejó de ser la mujer de Saint-Exupéry y, a veces, ni siquiera eso, ya que su persistencia en asistir solo a los eventos y reuniones hizo pensar a más de uno que no era un hombre casado. Los que lo sabían obviaban su valía como mujer refinada, independiente y culta, no olvidaban su pasado licencioso y su origen centroamericano; comentaban despectivamente el acento español que tenía cuando hablaba en francés, algo que a él le encantaba porque le parecía sensual.

Quizás la canción  que mejor defina a esta pareja que mantenía una relación que no estaba acorde con las convenciones ni con los tiempos y nos recuerde el sentimiento de culpa que se apoderó de Antoine cuando sintió cercana la presencia de la muerte  sea “La canción de los viejos amantes” de Jacques Brel. Antoine no llegó a conocer la franqueza con la que el genial y apasionado cantante hurgaba en las llagas de un prolongado amor con infidelidades porque desapareció cerca de las costas de Marsella mientras pilotaba un avión de reconocimiento sin más armas que su cámara fotográfica  el 31 de julio de 1944. Un suceso que no ha podido aclararse del todo o, más bien, no se ha querido aceptar una explicación que tiene todos los indicios de ser cierta. La legión de seguidores de Saint-Exupéry, la mayoría más bien de "El pequeño príncipe", no ha sido muy proclive a admitir que su desaparición perdiera el halo romántico de la insistencia agónica en el esfuerzo, como imperativo categórico, de este incomprendido y vilipendiado judío errante  que no ofendió nunca a Cristo aunque lo despojara de su divinidad.

Un colofón a su aventura humana triste pero elevado. Acabó como algunos de sus compañeros más queridos y la muerte le sorprendió en las alturas mientras se enfrentaba a sus ansias de superación y a la contradicción eterna de los hombres.

La declaración de un antiguo periodista de 88 años llamado Horst Ripper, que sirvió en la II Guerra Mundial como piloto, venía a desvelar el misterio en 2008 cuando confesó que él había abatido a Saint-Exupéry y que en el momento de hacerlo no sabía que la víctima de su ataque certero había sido el gran escritor a quien admiraba, que empezó a sospecharlo con el transcurrir del tiempo. No lo confesó en cuanto fue consciente de ello porque sentía vergüenza y arrepentimiento. Quizás porque sea más sugerente y atractivo mantener el misterio que ahonda en su leyenda esta confesión no ha sido aceptada como concluyente.
Merece volar! Es sin dudas una gran entrega!! Felicitaciones!
Angel Salas
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Un hombre del Renacimiento atrapado en unos tiempos sin alma. Empty Re: Un hombre del Renacimiento atrapado en unos tiempos sin alma.

Mensaje por Angel Salas Dom 21 Mar 2021, 17:01

Enrique: Saint-Exupéry fue al encuentro de su destino a pecho descubierto, viviendo de la forma más honesta que supo, siempre creyendo en un humanismo por el que luchó, ya fuera con su pluma o con su avión. Precisamente, ese ir al encuentro de su propio destino le llevó a desaparecer misteriosamente, igual que su personaje en El Principito, el aviador, acaba protagonizando su propia desaparición.

Periodista, aviador, aventurero, novelista, militar... Tal como demuestra Montse Morata en su ensayo 'Aviones de papel', Saint-Exupéry fue mucho más que solo el escritor de 'El Principito'


Saludos amigo...
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Mensaje por F. Enrique Dom 21 Mar 2021, 18:25

Gracias, Carlos, creo que nunca me trabajé algo más en mi vida, ni siquiera la maquetación del "Poema de la Duda" me llevó tantas preocupaciones. Esta fue un desastre pero me enteré que la hice sin pretenderlo, un pequeño logro.

Un abrazo.
Jessel
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Mensaje por Jessel Mar 23 Mar 2021, 08:20

¡Felicitaciones! Una entrega que demuestra dedicación y oficio.
Saludos
F. Enrique
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Mensaje por F. Enrique Mar 23 Mar 2021, 08:55

Admiro a Montse Morata aunque no me sirviera de mucho en mi objetivo de escribir un prólogo y varios artículos, dada mi falta de formación filológica y filosófica que me impedía llegar a su altura. Pero disfruté de su valentía, de su arrojo y de la belleza de su redacción. Gracias a ella, y a que la despidieran de su trabajo, tenemos a nuestra disposición unos artículos de Saint-Exupéry que se creían perdidos para siempre. Admiraba a su maestro, el hispano-colombiano Pedro Sorela, pienso que la mayor autoridad de Saint-Exupéry en nuestro ámbito lingüístico; él me enseñó a decir "El pequeño príncipe" o "Tierra de los hombres" entre otras muchas cosas, me convencieron sus razones.

Muchas gracias, Ángel, por tu amabilidad.

Un abrazo.
MARCELA VELEZ
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Mensaje por MARCELA VELEZ Mar 30 Mar 2021, 20:43

Interesante ensayo F Enrique, adentrarse en la vida de los personajes que admiramos es un gran trabajo y mucho más compartirla. Gracias y un abrazo
F. Enrique
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Mensaje por F. Enrique Lun 11 Oct 2021, 02:48

Muchas gracias, Jessel, puse todo lo que pude de mi parte, merece la pena por respuestas como la tuya; Saint-Exupéry tal como yo lo veo.

Un abrazo.
Lluvia Abril
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Mensaje por Lluvia Abril Mar 12 Oct 2021, 02:04

Vaya, excelente trabajo el tuyo, que pienso no lo es tanto, simplemente te gusta entrar, indagar, demostrar que siempre es interesante saber. Hablamos muchas veces de oídas, como digo yo y he aquí el ejemplo de querer ir más allá.
Recibe mi admiración de siempre y mi abrazo.


_________________
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Mensaje por F. Enrique Dom 14 Nov 2021, 16:53

Saint-Exupéry es el autor europero del siglo XX con un estilo más depurado. Acercarse a éles una experiencia excitante. Te acompaña en su búsqueda de oraciones. Traducirlo ha sido una tarea ardua, pero llegaba el momento de ver la luz, de seguir lo que él indicaba. Nunca acabamos de estar seguro de lo que hacemos.

Gracias, Marcela, por tu amabilidad.

Un abrazo.
F. Enrique
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Mensaje por F. Enrique Sáb 20 Nov 2021, 13:59

Me cuesta mucho, Lluvia, volver a leer esta obra; pude haberla leído unas sesenta veces. Pero la llevo en mí, ha modificado mi estilo, si es que lo tenía, enriquecido mi léxico. La publicación fue rechazada una vez se había firmado ya el contrato. Por mucho que me diera a mí mismo de mantener la calma, me afectó el hecho objetivo y el que lo viera todo hecho.

Muchas gracias por tu amabilidad.

Un abrazo.

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