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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 19 Feb 2021, 08:40

HOMERO

LA ILIADA

CANTO V (*)

Principalía de Diomedes

(*)
Entre los primeros, los aqueos, destaca Diomedes,
siendo capaz de hacer huir a los mismísimos
dioses Ares y Afrodita.



_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 19 Feb 2021, 08:50

HOMERO

LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes


1. Entonces Palas Atenea infundió a Diomedes
Tidida valor y audacia, para que brillara entre
todos los argivos y alcanzase inmensa gloria, a
hizo salir de su casco y de su escudo una incesante
llama parecida al astro que en otoño luce
y centellea después de bañarse en el Océano.
Tal resplandor despedían la cabeza y los hombros
del héroe, cuando Atenea lo llevó al centro
de la batalla, allí donde era mayor el número de
guerreros que tumultuosamente se agitaban.

9. Hubo en Troya un varón rico a irreprensible,
sacerdote de Hefesto, llamado Dares; y de él
eran hijos Fegeo a Ideo, ejercitados en toda especie
de combates. Éstos iban en un mismo
carro; y, separándose de los suyos, cerraron con
Diomedes, que desde tierra y en pie los
aguardó. Cuando se hallaron frente a frente,
Fegeo tiró el primero la luenga lanza, que pasó
por cima del hombro izquierdo del Tidida sin
herirlo; arrojó éste la suya y no fue en vano,
pues se la clavó a aquél en el pecho, entre las
tetillas, y lo derribó por tierra. Ideo saltó al suelo,
desamparando el magnífico carro, sin que se
atreviera a defender el cadáver de su hermano
-no se hubiese librado de la negra muerte-, y
Hefesto lo sacó salvo, envolviéndolo en densa
nube, a fin de que el anciano padre no se afligiera
en demasía. El hijo del magnánimo Tideo
se apoderó de los corceles y los entregó a sus
compañeros para que los llevaran a las cóncavas
naves. Cuando los altivos troyanos vieron
que uno de los hijos de Dares huía y el otro
quedaba muerto entre los carros, a todos se les
conmovió el corazón. Y Atenea, la de ojos de
lechuza, tomó por la mano al furibundo Ares y
le habló diciendo:

31. -¡Ares, Ares, funesto a los mortales, manchado
de homicidios, demoledor de murallas!
¿No dejaremos que troyanos y aqueos peleen
solos -sean éstos o aquéllos a quienes el padre
Zeus quiera dar gloria- y nos retiraremos, para
librarnos de la cólera de Zeus?

35. Dicho esto, sacó de la liza al furibundo Ares
y lo hizo sentar en la herbosa ribera del Escamandro.
Los dánaos pusieron en fuga a los troyanos,
y cada uno de sus caudillos mató a un
hombre. Empezó el rey de hombres, Agamenón,
con derribar del carro al corpulento
Odio, caudillo de los halizones; al volverse para
huir, envasóle la pica en la espalda, entre los
hombros, y la punta salió por el pecho. Cayó el
guerrero con estrépito y sus armas resonaron.

43. Idomeneo quitó la vida a Festo, hijo de Boro
el meonio, que había llegado de la fértil Tarne,
hiriéndolo con la formidable lanza en el hombro
derecho, cuando subía al carro: desplomóse
Festo, tinieblas horribles lo envolvieron y los
servidores de Idomeneo lo despojaron de la
armadura

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 19 Feb 2021, 09:00

HOMERO

LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes


49. El Atrida Menelao mató con la aguda pica a
Escamandrio, hijo de Estrofio, ejercitado en la
caza. A tan excelente cazador la misma Ártemis
le había enseñado a tirar a cuantas fieras crían
las selvas de los montes. Mas no le valió ni
Ártemis, que se complace en tirar flechas, ni el
arte de arrojarlas en que tanto descollaba: tuvo
que huir, y el Atrida Menelao, famoso por su
lanza, lo hirió con un dardo en la espalda, entre
los hombros, y le atravesó el pecho. Cayó de
cara y sus armas resonaron.

59. Meriones dejó sin vida a Fereclo, hijo de
Tectón Harmónida, que con las manos fabricaba
toda clase de obras de ingenio, porque era
muy caro a Palas Atenea. Éste, no conociendo
los oráculos de los dioses, construyó las naves
bien proporcionadas de Alejandro, las cuales
fueron la causa primera de todas las desgracias
y un mal para los troyanos y para él mismo.
Meriones, cuando alcanzó a aquél, lo alanceó
en la nalga derecha; y la punta, pasando por
debajo del hueso y cerca de la vejiga, salió al
otro lado. El guerrero cayó de hinojos, gimiendo,
y la muerte lo envolvió.

69. Meges hizo perecer a Pedeo, hijo bastardo de
Anténor, a quien Teano, la divina, había criado
con igual solicitud que a los hijos propios, para
complacer a su esposo. El hijo de Fileo, famoso
por su pica, fue a clavarle en la nuca la puntiaguda
lanza, y el hierro cortó la lengua y
asomó por los dientes del guerrero. Pedeo cayó
en el polvo y mordía el frío bronce.

76. Eurípilo Evemónida dio muerte al divino
Hipsenor, hijo del animoso Dolopión, que era
sacerdote de Escamandro y el pueblo lo veneraba
como a un dios. Perseguíalo Eurípilo, hijo
preclaro de Evemón; el cual, poniendo mano a
la espada, de un tajo en el hombro le cercenó el
robusto brazo, que ensangrentado cayó al suelo.
La purpúrea muerte y el hado cruel velaron
los ojos del troyano.

84. Así se portaban éstos en el reñido combate.
En cuanto al Tidida, no hubieras conocido con
quiénes estaba, ni si pertenecía a los troyanos o
a los aqueos. Andaba furioso por la llanura cual
hinchado torrente que en su rápido curso derriba
los diques -pues ni los diques más trabados,
ni los setos de los floridos campos lo detienen-,
y presentándose repentinamente, cuando cae
espesa la lluvia de Zeus, destruye muchas hermosas
labores de los jóvenes; tal tumulto promovía
el Tidida en las densas falanges troyanas
que, con ser tan numerosas, no se atrevían a
resistirlo.

95. Tan luego como el preclaro hijo de Licaón
vio que Diomedes corría furioso por la llanura y
desordenaba las falanges, tendió el corvo arco y
lo hirió en el hombro derecho, por el hueco de
la coraza, mientras aquél acometía. La cruel
saeta atravesó el hombro y la coraza y se
manchó de sangre. Y el preclaro hijo de Licaón,
al notarlo, gritó con voz recia:


Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 19 Feb 2021, 09:11

HOMERO

LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes


102. -¡Arremeted, troyanos de ánimo altivo,
aguijadores de caballos! Herido está el más
fuerte de los aqueos; y no creo que pueda resistir
mucho tiempo la fornida saeta, si fue realmente
Apolo, hijo de Zeus, quien me movió a
venir aquí desde la Licia.

106. Así dijo gloriándose. Pero la veloz flecha no
postró a Diomedes; el cual, retrocediendo hasta
el carro y los caballos, se detuvo y dijo a Esténelo,
hijo de Capaneo:

109. -Corre, buen hijo de Capaneo, baja del carro
y arráncame del hombro la amarga flecha.

111. Así dijo. Esténelo saltó del carro al suelo, se
le acercó, y sacóle del hombro la aguda flecha;
la sangre chocaba, al salir a borbotones, contra
las mallas de la túnica. Y entonces Diomedes,
valiente en el combate, hizo esta plegaria:

115 -¡Óyeme, hija de Zeus, que lleva la égida!
¡Indómita! Si alguna vez amparaste benévola a
mi padre en la cruel guerra, séme ahora propicia,
¡oh Atenea!, y haz que se ponga a tiro de
lanza y reciba la muerte de mi mano quien se
me anticipó hiriéndome, y ahora se jacta de que
pronto dejaré de contemplar la fúlgida luz del
sol.

121. Así dijo rogando. Palas Atenea lo oyó, agilitóle
los miembros todos y especialmente los
pies y las manos, y poniéndose a su lado pronunció
estas aladas palabras:

124. -Cobra ánimo, Diomedes, y pelea con los
troyanos; pues ya infundí en tu pecho el paterno
intrépido valor que acostumbraba tener el
jinete Tideo, agitador del escudo, y aparté la
niebla que cubría tus ojos para que en la batalla
conozcas bien a los dioses y a los hombres. Si
alguno de aquéllos viene a tentarte, no quieras
combatir con los inmortales; pero, si se presentara
en la lid Afrodita, hija de Zeus, hiérela con
el agudo bronce.

133. Dicho esto, fuese Atenea, la de ojos de lechuza.
El Tidida volvió a mezclarse con los
combatientes delanteros; y, si antes ardía en
deseos de pelear contra los troyanos, entonces
sintió que se le triplicaba el enojo, como un león a
quien el pastor hiere levemente en el campo, al
asaltar un redil de lanudas ovejas, y no lo mata,
sino que lo excita la fuerza: el pastor desiste de
rechazarlo y entra en el establo; las ovejas, al
verse sin defensa, huyen para caer pronto hacinadas
unas sobre otras, y la fiera salta afuera
de la elevada cerca. Con tal furia penetró en las
filas troyanas el fuerte Diomedes.

144. Entonces hizo morir a Astínoo y a Hipirón,
pastor de hombres. Al primero lo hirió con la
broncínea lanza encima del pecho; contra
Hipirón desnudó la gran espada, y de un tajo
en la clavícula separóle el hombro del cuello y
la espalda. Dejólos y fue al encuentro de Abante
y Polüdo, hijos de Euridamante, que era de
provecta edad a intérprete de sus sueños:
cuando fueron a la guerra, el anciano no les
interpretaría los sueños, pues sucumbieron a
manos del fuerte Diomedes, que los despojó de
las armas. Enderezó luego los pasos hacia Janto
y Toón, hijos de Fénope -éste los había tenido
en la triste vejez que lo abrumaba y no engendró
otro hijo que heredara sus riquezas-, y a
entrambos les quitó la dulce vida, causando
llanto y triste pesar al anciano, que no pudo
recibirlos de vuelta de la guerra; y más tarde
los parientes se repartieron la herencia.

Cont.


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Mensaje por Lluvia Abril Dom 21 Feb 2021, 03:07

¡Chapeau!
Aquí disfrutando de tu inmenso trabajo, Pascual.
Gracias.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 23 Feb 2021, 02:19

Pues sigo, que dentro de un rato me saldré y no sé si hoy podré entrar de nuevo.

Besos.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 23 Feb 2021, 02:26

HOMERO

LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes.
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159. En seguida alcanzó a Equemón y a Cromio,
hijos de Príamo Dardánida, que iban en el
mismo carro. Cual león que, penetrando en la
vacada, despedaza la cerviz de una vaca o de
una becerra que pace en el soto, así el hijo de
Tideo los derribó violentamente del carro, les
quitó la armadura y entregó los corceles a sus
camaradas para que los llevaran a las naves.

166. Eneas advirtió qué Diomedes destruía las
hileras de los troyanos, y fue en busca del divino
Pándaro por la liza y entre el estruendo de
las lanzas. Halló por fin al fuerte y eximio hijo
de Licaón; y deteniéndose a su lado, le dijo:

171. -¡Pándaro! ¿Dónde guardas el arco y las
voladoras flechas? ¿Qué es de tu fama? Aquí no
tienes rival y en la Licia nadie se gloría de aventajarte.
Ea, levanta las manos a Zeus y dispara
una flecha contra ese hombre que triunfa y causa
males sin cuento a los troyanos -de muchos
valientes ha quebrado ya las rodillas-, si por
ventura no es un dios airado con los troyanos a
causa de los sacrificios, pues la cólera de una
deidad es terrible.

179. Respondióle el preclaro hijo de Licaón:

180. -¡Eneas, consejero de los troyanos, de
broncíneas túnicas! Parécese por entero al
aguerrido Tidida: reconozco su escudo, su casco
de alta cimera y agujeros a guisa de ojos y
sus corceles, pero no puedo asegurar si es un
dios. Si ese guerrero es en realidad el belicoso
hijo de Tideo, no se mueve con tal furia sin que
alguno de los inmortales lo acompañe, cubierta
la espalda con una nube, y desvíe las veloces
flechas que hacia él vuelan. Arrojéle una saeta
que lo hirió en el hombro derecho, penetrando
por el hueco de la coraza; creí enviarle a Aidoneo,
y sin embargo de esto no lo maté; sin duda
es un dios irritado. No tengo aquí corceles ni
carros que me lleven, aunque en el palacio de
Licaón quedaron once carros hermosos, sólidos,
de reciente construcción, cubiertos con fundas y
con sus respectivos pares de caballos que comen
blanca cebada y avena. Licaón, el guerrero
anciano, entre los muchos consejos que me dio
cuando partí del magnífico palacio, me recomendó
que en el duro combate mandara a los
troyanos subido en un carro; mas yo no me dejé
convencer -mucho mejor hubiera sido seguir su
consejo- y rehusé llevarme los corceles por el
temor de que, acostumbrados a comer bien, se
encontraran sin pastos en una ciudad sitiada.
Dejélos, pues, y vine como infante a Ilio, confiando
en el arco que para nada me había de
servir. Contra dos próceres lo he disparado, el
Tidida y el Atrida; a entrambos les causé heridas,
de las que manaba verdadera sangre, y
sólo conseguí excitarlos más. Con mala suerte
descolgué del clavo el corvo arco el día en que
vine con mis troyanos a la amena Ilio para
complacer al divino Héctor. Si logro regresar y
ver con estos ojos mi patria, mi mujer y mi casa
espaciosa y de elevado techo, córteme la cabeza
un enemigo si no rompo y tiro al relumbrante
fuego este arco, ya que su compañía me resulta
inútil.

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 23 Feb 2021, 02:31

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CANTO V

Principalía de Diomedes.
Cont.

217. Replicóle Eneas, caudillo de los troyanos:

218. -No hables así. Las cosas no cambiarán hasta
que, montados nosotros en el carro, acometamos
a ese hombre y probemos la suerte de las
armas. Sube a mi carro, para que veas cuáles
son los corceles de Tros y cómo saben así perseguir
acá y acullá de la llanura como huir ligeros;
ellos nos llevarán salvos a la ciudad, si
Zeus concede de nuevo la victoria a Diomedes
Tidida. Ea, coma el látigo y las lustrosas riendas,
y bajaré del carro para combatir; o encárgate
tú de pelear, y yo me cuidaré de los caballos.

229. Contestó el preclaro hijo de Licaón:

230.-¡Eneas! Recoge tú las riendas y guía los
corceles, porque tirarán mejor del corvo carro
obedeciendo al auriga a que están acostumbrados,
si nos pone en fuga el hijo de Tideo. No
sea que, echando de menos tu voz, se espanten
y desboquen y no quieran sacarnos de la liza, y
el hijo del magnánimo Tideo nos embista y mate
y se lleve los solípedos caballos. Guía, pues,
el carro y los corceles, y yo con la aguda lanza
esperaré su acometida.

239. Así hablaron; y, subidos en el labrado carro,
guiaron animosamente los briosos corceles
en derechura al Tidida. Advirtiólo Esténelo,
preclaro hijo de Capaneo, y al punto dijo al
Tidida estas aladas palabras:

243. -¡Diomedes Tidida, carísimo a mi corazón!
Veo que dos robustos varones, cuya fuerza es
grandísima, desean combatir contigo: el uno,
Pándaro, es hábil arquero y se jacta de ser hijo
de Licaón; el otro, Eneas, se gloría de haber
sido engendrado por el magnánimo Anquises y
su madre es Afrodita. Ea, subamos al carro,
retirémonos, y cesa de revolverte furioso entre
los combatientes delanteros para que no pierdas
la dulce vida.

251. Mirándolo con torva faz, le respondió el
fuerte Diomedes:

252. -No me hables de huir, pues no creo que
me persuadas. Sería impropio de mí batirme en
retirada o amedrentarme. Mis fuerzas aún siguen
sin menoscabo. Desdeño subir al carro, y
tal como estoy iré a encontrarlos, pues Palas
Atenea no me deja temblar. Sus ágiles corceles
no los llevarán lejos de aquí, si por ventura alguno
de aquéllos puede escapar. Otra cosa voy
a decir que tendrás muy presence: Si la sabia
Atenea me concede la gloria de matar a entrambos,
sujeta estos veloces caballos, amarrando
las bridas al barandal, y no se te olvide
de apoderarte de los corceles de Eneas para sacarlos
de los troyanos y traerlos a los aqueos de
hermosas grebas; pues pertenecen a la raza de
aquéllos que el largovidente Zeus dio a Tros en
pago de su hijo Ganimedes, y son, por canto,
los mejores de cuantos viven debajo del sol y la
aurora. Anquises, rey de hombres, logró adquirir,
a hurto, caballos de esta raza ayuntando
yeguas con aquéllos sin que Laomedonte lo
advirtiera; naciéronle seis en el palacio, crió
cuatro en su pesebre y dio esos dos a Eneas,
que pone en fuga a sus enemigos. Si los cogiéramos,
alcanzaríamos gloria no pequeña.

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 23 Feb 2021, 02:38


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CANTO V

Principalía de Diomedes.
Cont. Cont.

274.Así éstos conversaban. Pronto Eneas y
Pándaro, picando a los ágiles corceles, se les
acercaron. Y el preclaro hijo de Licaón exclamó
el primero:

277. -¡Corazón fuerte, hombre belicoso, hijo del
ilustre Tideo! Ya que la veloz y dañosa flecha
no lo derribó, voy a probar si lo hiero con la
lanza.

280. Dijo; y blandiendo la ingente arma, dio un
bote en el escudo del Tidida: la broncínea punta
atravesó la rodela y llegó muy cerca de la coraza.
El preclaro hijo de Licaón gritó en seguida:

284. -Tienes el ijar atravesado de parte a parte, y
no creo que resistas largo tiempo. Inmensa es la
gloria que acabas de darme.

286. Sin turbarse, le replicó el fuerte Diomedes:

287. -Erraste el golpe, no has acertado; y creo
que no dejaréis de combatir, hasta que uno de
vosotros caiga y harte de sangre a Ares, el infatigable
luchador.

290. Dijo, y le arrojó la lanza que, dirigida por
Atenea a la nariz junto al ojo, le atravesó los
blancos dientes. El duro bronce cortó la punta
de la lengua y apareció por debajo de la barba.
Pándaro cayó del carro, sus lucientes y labradas
armas resonaron, espantáronse los corceles de
ágiles pies, y allí acabaron la vida y el valor
del guerrero.

297. Saltó Eneas del carro con el escudo y la larga
pica; y, temiendo que los aqueos le quitaran
el cadáver, defendíalo como un león que confía
en su bravura: púsose delante del muerto enhiesta
la lanza y embrazado el liso escudo, y
profiriendo horribles gritos se disponía a matar
a quien se le opusiera. Mas el Tidida, cogiendo
una gran piedra que dos de los hombres actuales
no podrían llevar y que él manejaba fácilmente,
hirió a Eneas en la articulación del
isquion con el fémur que se llama cótila; la
áspera piedra rompió la cótila, desgarró ambos
tendones y arrancó la piel. El héroe cayó de
rodillas, apoyó la robusta mano en el suelo y la
noche obscura cubrió sus ojos.

311. Y allí pereciera el rey de hombres Eneas, si
al punto no lo hubiese advertido su madre
Afrodita, hija de Zeus, que lo había concebido
de Anquises, pastor de bueyes. La diosa tendió
sus níveos brazos al hijo amado y lo cubrió con
un doblez del refulgente manto, para defenderlo
de los tiros; no fuera que alguno de los dánaos,
de ágiles corceles, clavándole el bronce en el
pecho, le quitara la vida.

Cont.


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"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 23 Feb 2021, 02:44

HOMERO

LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes.
Cont.

318. Mientras Afrodita sacaba a Eneas de la liza,
el hijo de Capaneo no echó en olvido las órdenes
que le diera Diomedes, valiente en el combate:
sujetó allí, separadamente de la refriega,
sus solípedos caballos, amarrando las bridas al
barandal; y, apoderándose de los corceles, de
lindas crines, de Eneas, hízolos pasar de los
troyanos a los aqueos de hermosas grebas y
entrególos a Deípilo, el compañero a quien más
honraba entre los de la misma edad a causa de
su prudencia, para que los llevara a las cóncavas
naves. Acto continuo el héroe subió al carro,
asió las lustrosas riendas y guió solícito
hacia el Tidida los caballos de duros cascos. El
héroe perseguía con el cruel bronce a Cipris,
conociendo que era una deidad débil, no de
aquéllas que imperan en el combate de los
hombres, como Atenea o Enio, asoladora de
ciudades. Tan pronto como llegó a alcanzarla
por entre la multitud, el hijo del magnánimo
Tideo, calando la afilada pica, rasguñó la tierna
mano de la diosa: la punta atravesó el peplo
divino, obra de las mismas Gracias, y rompió la
piel de la palma. Brotó la sangre divina, o por
mejor decir, el icor; que tal es lo que tienen los
bienaventurados dioses, pues no comen pan ni
beben el negro vino, y por esto carecen de sangre
y son llamados inmortales. La diosa, dando
una gran voz, apartó a su hijo, que Febo Apolo
recibió en sus brazos y envolvió en espesa nube;
no fuera que alguno de los dánaos, de ágiles
corceles, clavándole el bronce en el pecho, le
quitara la vida. Y Diomedes, valiente en el
combate, dijo a voz en cuello:

348. -¡Hija de Zeus, retírate del combate y la
pelea! ¿No te basta engañar a las débiles mujeres?
Creo que, si intervienes en la batalla, te
dará horror la guerra, aunque te encuentres a
gran distancia de donde la haya.

352. Así dijo. La diosa retrocedió turbada y muy
afligida; Iris, de pies veloces como el viento,
asiéndola por la mano, la sacó del tumulto
cuando ya el dolor la abrumaba y el hermoso
cutis se ennegrecía; y como aquélla encontrara
al furibundo Ares sentado a la izquierda de la
batalla, con la lanza y los veloces caballos envueltos
en una nube, se hincó de rodillas y pidióle
con instancia los corceles de áureas bridas:

359. -¡Querido hermano! Compadécete de mí y
dame los caballos para que pueda volver al
Olimpo, a la mansión de los inmortales. Me
duele mucho la herida que me infirió un hombre,
el Tidida, quien sería capaz de pelear con el
padre Zeus.

363. Dijo, y Ares le cedió los corceles de áureas
bridas. Afrodita subió al carro con el corazón
afligido; Iris se puso a su lado, y tomando las
riendas avispó con el látigo a aquéllos, que gozosos
alzaron el vuelo. Pronto llegaron a la morada
de los dioses, al alto Olimpo; y la diligente
Iris, la de pies ligeros como el viento, detuvo
los caballos, los desunció del carro y les echó
un pasto divino. La diosa Afrodita se refugió en
el regazo de su madre Dione; la cual, recibiéndola
en los brazos y halagándola con la mano,
le dijo:

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 23 Feb 2021, 02:51

HOMERO

LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes.
Cont.

373. -¿Cuál de los celestes dioses, hija querida,
de tal modo te maltrató, como si a su presencia
hubieses cometido alguna falta?

375 Respondióle al punto Afrodita, amante de
la risa:

376. -Hirióme el hijo de Tideo, Diomedes soberbio,
porque sacaba de la liza a mi hijo Eneas,
carísimo para mí más que otro alguno. La enconada
lucha ya no es sólo de troyanos y aqueos,
pues los dánaos ya se atreven a combatir
con los inmortales.

381. Contestó Dione, divina entre las diosas:

382. -Sufre el dolor, hija mía, y sopórtalo aunque
estés afligida; que muchos de los que habitamos
olímpicos palacios hemos tenido que tolerar
ofensas de los hombres, a quienes excitamos
para causarnos, unos dioses a otros, horribles
males.- Las toleró Ares cuando Oto y el fornido
Efialtes, hijos de Aloeo, lo tuvieron trece meses
atado con fuertes cadenas en una cárcel de
bronce: allí pereciera el dios insaciable de
combate, si su madrastra, la bellísima Eribea,
no lo hubiese participado a Hermes, quien sacó
furtivamente de la cárcel a Ares casi exánime,
pues las crueles ataduras lo agobiaban.- Las
toleró Hera cuando el vigoroso hijo de Anfitrión
hirióla en el pecho diestro con trifurcada
flecha; vehementísimo dolor atormentó entonces
a la diosa.- Y las toleró también el ingente
Hades cuando el mismo hijo de Zeus, que lleva
la égida, disparándole en Pilos veloz saeta, lo
entregó al dolor entre los muertos: con el corazón
afligido, traspasado de dolor, pues la
flecha se le había clavado en la robusta espalda
y abatía su ánimo, fue el dios al palacio de
Zeus, al vasto Olimpo, y, como no había nacido
mortal, curólo Peón, esparciendo sobre la herida
drogas calmantes. ¡Osado! ¡Temerario! No se
abstenía de cometer acciones nefandas y contristaba
con el arco a los dioses que habitan el
Olimpo.- A ése lo ha excitado contra ti Atenea,
la diosa de ojos de lechuza. ¡Insensato! Ignora el
hijo de Tideo que quien lucha con los inmortales
ni llega a viejo ni los hijos lo reciben,
llamándole padre y abrazando sus rodillas, de
vuelta del combate y de la terrible pelea. Aunque
es valiente, tema el Tidida que le salga al
encuentro alguien más fuerte que tú: no sea que
luego la prudente Egialea, hija de Adrasto y
cónyuge ilustre de Diomedes, domador de caballos,
despierte con su llanto a los domésticos
por sentir soledad de su legítimo esposo, el
mejor de los aqueos todos.

416. Dijo, y con ambas manos restañó el icor; la
mano se curó y los acerbos dolores se calmaron.
Atenea y Hera, que lo presenciaban, intentaron
zaherir a Zeus Cronida con mordaces palabras;
y Atenea, la diosa de ojos de lechuza, empezó a
hablar de esta manera:

421. -¡Padre Zeus! ¿Te irritarás conmigo por lo
que diré? Sin duda Cipris quiso persuadir a
alguna aquea de hermoso peplo a que se fuera
con los troyanos, que tan queridos le son; y,
acariciándola, áureo broche le rasguñó la delicada
mano

Cont.


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Mensaje por Lluvia Abril Miér 24 Feb 2021, 00:12

Gracias, Pascual, tú sigues y yo, te sigo.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 24 Feb 2021, 03:50

Cuando llegamos, el lunes, la musa me dio trapo, escoba y fregona y me dijo: "Venga, a limpiar, que yo soy Palas Atenea y no Afrodita..." Si no me sigues te doy de "palos" que te vas a entera tú de lo que es la Guerra de Troya.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 24 Feb 2021, 04:10

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LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes.
Cont.

426.Así dijo. Sonrióse el padre de los hombres y
de los dioses, y llamando a la áurea Afrodita, le
dijo:

428. -A ti, hija mía, no te han sido asignadas las
acciones bélicas: dedícate a los dulces trabajos
del himeneo, y el impetuoso Ares y Atenea
cuidarán de aquéllas.

431. Así los dioses conversaban. Diomedes, valiente
en el combate, cerró con Eneas, no obstante
comprender que el mismo Apolo extendía
la mano sobre él; pues, impulsado por el deseo
de acabar con el héroe y despojarlo de las
magníficas armas, ya ni al gran dios respetaba.
Tres veces asaltó a Eneas con intención de matarlo;
tres veces agitó Apolo el refulgente escudo.
Y cuando, semejante a un dios, atacaba por
cuarta vez, Apolo, el que hiere de lejos, lo increpó
con aterradoras voces:

440. -¡Tidida, piénsalo mejor y retírate! No quieras
igualarte a las deidades, pues jamás fueron
semejantes la raza de los inmortales dioses y la
de los hombres que andan por la tierra.

443. Así dijo. El Tidida retrocedió un poco para
no atraerse la cólera de Apolo, el que hiere de
lejos; y el dios, sacando a Eneas del combate, lo
llevó al templo que tenía en la sacra Pérgamo:
dentro de éste, Leto y Artemis, que se complace
en tirar fechas, curaron al héroe y le aumentaron
el vigor y la belleza del cuerpo. En tanto
Apolo, que lleva arco de plata, formó un simulacro
de Eneas y su armadura; y, alrededor del
mismo, troyanos y divinos aqueos chocaban las
rodelas de cuero de buey y los alados broqueles
que protegían sus cuerpos. Y Febo Apolo dijo
entonces al furibundo Ares:

455. -¡Ares, Ares, funesto a los mortales, manchado
de homicidios, demoledor de murallas!
¿Quieres entrar en la liza y sacar a ese hombre,
al Tidida, que sería capaz de combatir hasta con
el padre Zeus? Primero hirió a Cipris en el puño,
y luego, semejante a un dios, cerró conmigo.

460. Cuando esto hubo dicho, sentóse en la excelsa
Pérgamo. El funesto Ares, tomando la
figura del ágil Acamante, caudillo de los tracios,
enardeció a los que militaban en las filas
troyanas y exhortó a los ilustres hijos de Príamo,
alumnos de Zeus:

464. -¡Hijos del rey Príamo, alumno de Zeus!
¿Hasta cuándo dejaréis que el pueblo perezca a
manos de los aqueos? ¿Acaso hasta que el enemigo
llegue a las sólidas puertas de los muros?
Yace en tierra un varón a quien honrábamos
como al divino Héctor: Eneas, hijo del magnánimo
Anquises. Ea, saquemos del tumulto al
valiente amigo.

470. Con estas palabras les excitó a todos el valor
y la fuerza. A su vez, Sarpedón reprendía
así al divino Héctor:

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 24 Feb 2021, 05:59

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LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes.
Cont.

472.-¡Héctor! ¿Qué se hizo el valor que antes
mostrabas? Dijiste que defenderías la ciudad
sin tropas ni aliados, solo, con tus hermanos y
tus deudos. De éstos a ninguno veo ni descubrir
puedo: temblando están como perros en
torno de un león, mientras combatimos los que
únicamente somos auxiliares. Yo, que figuro
como tal, he venido de muy lejos, de Licia, situada
a orillas del voraginoso Janto; allí dejé a
mi esposa amada, al tierno infante y riquezas
muchas que el menesteroso apetece. Mas, sin
embargo de esto y de no tener aquí nada que
los aqueos puedan llevarse o apresar, animo a
los licios y deseo luchar con ese guerrero; y tú
estás parado y ni siquiera exhortas a los demás
hombres a que resistan al enemigo y defiendan
a sus esposas. No sea que, como si hubierais
caído en una red de lino que todo lo envuelve,
lleguéis a ser presa y botín de los enemigos, y
éstos destruyan vuestra populosa ciudad. Preciso
es que lo ocupes en ello día y noche y supliques
a los caudillos de los auxiliares venidos
de lejas tierras, que resistan firmemente y no se
hagan acreedores a graves censuras.

493. Así habló Sarpedón. Sus palabras royéronle
el ánimo a Héctor, que en seguida saltó del carro
al suelo, sin dejar las armas; y, blandiendo
un par de afiladas picas, recorrió el ejército,
animóle a combatir y promovió una terrible
pelea. Los troyanos volvieron la cara a los
aqueos para embestirlos, y los argivos sostuvieron
apiñados la acometida y no se arredraron.
Como en el abaleo, cuando la rubia Deméter
separa el grano de la paja al soplo del viento, el
aire lleva el tamo por las sagradas eras y los
montones de paja blanquean; del mismo modo
los aqueos se tornaban blanquecinos por el polvo
que levantaban hasta el cielo de bronce los
pies de los corceles de cuantos volvían a encontrarse
en la refriega. Los aurigas guiaban los
caballos al combate y los guerreros acometían
de frente con toda la fuerza de sus brazos. El
furibundo Ares cubrió el campo de espesa niebla
para socorrer a los troyanos y a todas partes
iba; cumpliendo así el encargo que le hizo Febo
Apolo, el de la áurea espada, de que excitara el
ánimo de aquéllos, cuando vio que Palas Atenea,
la protectora de los dánaos, se ausentaba.

512. El dios sacó a Eneas del suntuoso templo; e,
infundiendo valor al pastor de hombres, le dejó
entre sus compañeros, que se alegraron de verlo
vivo, sano y revestido de valor; pero no le
preguntaron nada, porque no se lo permitía el
combate suscitado por el dios del arco de plata,
por Ares, funesto a los mortales, y por la Discordia,
cuyo furor es insaciable.

519. Ambos Ayantes, Ulises y Diomedes enardecían
a los dánaos en la pelea; y éstos, en vez
de atemorizarse ante la fuerza y las voces de los
troyanos, aguardábanlos tan firmes como las
nubes que el Cronida deja inmóviles en las cimas
de los montes durante la calma, cuando
duermen el Bóreas y demás vientos fuertes que
con sonoro soplo disipan los pardos nubarrones;
tan firmemente esperaban los dánaos a los
troyanos, sin pensar en la fuga. El Atrida bullía
entre la muchedumbre y a todos exhortaba:

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 24 Feb 2021, 06:06

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CANTO V

Principalía de Diomedes.
Cont.

529. -¡Oh amigos! ¡Sed hombres, mostrad que
tenéis un corazón esforzado y avergonzaos de
parecer cobardes en el duro combate! De los
que sienten este temor, son más los que se salvan
que los que mueren; los que huyen ni alcanzan
gloria, ni entre sí se ayudan.

533. Dijo, y despidiendo con ligereza el dardo
hirió al caudillo Deicoonte Pergásida, compañero
del magnánimo Eneas; a quien veneraban
los troyanos como a la prole de Príamo, por su
arrojo en pelear en las primeras filas. El rey
Agamenón acertó a darle un bote en el escudo,
que no logró detener el dardo; éste lo atravesó,
y, rasgando el cinturón, clavóse el bronce en el
empeine del guerrero. Deicoonte cayó con
estrépito y sus armas resonaron.

541. Eneas mató a dos hijos de Diocles, Cretón y
Orsíloco, varones valentísimos, cuyo padre
vivía en la bien construida Fera abastado de
bienes, y era descendiente del anchuroso Alfeo,
que riega el país de los pilios. El Alfeo engendró
a Ortíloco, que reinó sobre muchos
hombres; Ortíloco fue padre del magnánimo
Diocles, y de éste nacieron los dos mellizos
Cretón y Orsíloco, diestros en toda especie de
combates; quienes, apenas llegados a la juventud,
fueron en negras naves y junto con los argivos
a Ilio, la de hermosos corceles, para vengar
a los Atridas Agamenón y Menelao, y allí
hallaron su fin, pues los envolvió la muerte.
Como dos leones, criados por su madre en la
espesa selva de la cumbre de un monte, devastan
los establos, robando bueyes y pingües
ovejas, hasta que los hombres los matan con
afilado bronce; del mismo modo, aquéllos, que
parecían altos abetos, cayeron vencidos por las
manos de Eneas.

561. Al verlos derribados en el suelo, condolióse
Menelao, caro a Ares, y en seguida, revestido
de luciente bronce y blandiendo la lanza, se
abrió camino por las primeras filas: Ares le excitaba
el valor para que sucumbiera a manos de
Eneas. Pero Antíloco, hijo del magnánimo
Néstor, que lo advirtió, se fue en pos del pastor
de hombres temiendo que le ocurriera algo y
les frustrara la empresa. Cuando los dos guerreros,
deseosos de pelear, calaban las agudas
lanzas para acometerse, colocóse Antíloco muy
cerca del pastor de hombres; Eneas, al ver a los
dos varones que estaban juntos, aunque era luchador
brioso, no se atrevió a esperarlos; y ellos
pudieron llevarse hacia los aqueos los cadáveres
de aquellos infelices, ponerlos en las manos
de sus amigos y volver a combatir en el punto
más avanzado.

Cont.


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CANTO V

Principalía de Diomedes.
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576. Entonces mataron a Pilémenes, igual a
Ares, caudillo de los valientes y escudados paflagones:
el Atrida Menelao, famoso por su
pica, envasóle la lanza junto a la clavícula. Antíloco
hirió de una pedrada en el codo al buen
escudero Midón Atimníada, cuando éste revolvía
los solípedos caballos -las ebúrneas
riendas cayeron de sus manos al polvo-, y,
acometiéndolo con la espada, le dio un tajo en
las sienes. Midón, anhelante, cayó del bien
construido carro: hundióse su cabeza con el
cuello y parte de los hombros en la arena que
allí abundaba, y así permaneció un buen espacio
hasta que los corceles, pataleando, lo tiraron
al suelo; Antíloco se apoderó del carro, picó a
los corceles, y se los llevó al campamento
aqueo.

590. Héctor atisbó a los dos guerreros en las
filas, arremetió a ellos, gritando, y lo siguieron
las fuertes falanges troyanas que capitaneaban
Ares y la venerable Enio; ésta promovía el
horrible tumulto de la pelea; Ares manejaba
una lanza enorme, y ya precedía a Héctor, ya
marchaba detrás del mismo.

596. Al verlo, estremecióse Diomedes, valiente
en el combate. Como el inexperto viajero, después
que ha atravesado una gran llanura, se
detiene al llegar a un río de rápida corriente
que desemboca en el mar, percibe el murmurio
de las espumosas aguas y vuelve con presteza
atrás, de semejante modo retrocedió el Tidida,
gritando a los suyos:

601. -¡Oh amigos! ¿Cómo nos admiramos de que
el divino Héctor sea hábil lancero y audaz luchador?
A su lado hay siempre alguna deidad
para librarlo de la muerte, y ahora es Ares,
transfigurado en mortal, quien lo acompaña.
Emprended la retirada, con la cara vuelta hacia
los troyanos, y no queráis combatir denodadamente
con los dioses.

607. Así dijo. Los troyanos llegaron muy cerca
de ellos, y Héctor mató a dos varones diestros
en la pelea que iban en un mismo carro: Menestes
y Anquíalo. Al verlos derribados por el suelo,
compadecióse el gran Ayante Telamonio; y,
deteniéndose muy cerca del enemigo, arrojó la
pica reluciente a Anfio, hijo de Sélago, que moraba
en Peso, era riquísimo en bienes y sembrados
y había ido -impulsábale el hado- a
ayudar a Príamo y sus hijos. Ayante Telamonio
acertó a darle en el cinturón, la larga pica se
clavó en el empeine, y el guerrero cayó con
estrépito. Corrió el esclarecido Ayante a despojarlo
de las armas -los troyanos hicieron llover
sobre el héroe agudos relucientes dardos, de los
cuales recibió muchos el escudo-, y, poniendo
el pie encima del cadáver, arrancó la broncínea
lanza; pero no pudo quitarle de los hombros la
magnífica armadura, porque estaba abrumado
por los tiros. Temió verse encerrado dentro de
un fuerte círculo por los arrogantes troyanos,
que en gran número y con valentía le enderezaban
sus lanzas; y, aunque era corpulento,
vigoroso a ilustre, fue rechazado y hubo de
retroceder.

627. Así se portaban éstos en el duro combate.
El hado poderoso llevó contra Sarpedón, igual
a un dios, a Tlepólemo Heraclida, valiente y de
gran estatura. Cuando ambos héroes, hijo y
nieto de Zeus, que amontona las nubes, se hallaron
frente a frente, Tlepólemo fue el primero
en hablar y dijo:

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Principalía de Diomedes.
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633. -¡Sarpedón, príncipe de los licios! ¿Qué
necesidad tienes, no estando ejercitado en la
guerra, de venir a temblar? Mienten cuantos
afirman que eres hijo de Zeus, que lleva la égida,
pues desmereces mucho de los varones engendrados
en tiempos anteriores por este dios,
como dicen que fue mi intrépido padre, el fornido
Heracles, que resistía audazmente y tenía
el ánimo de un león; el cual, habiendo venido
por los caballos de Laomedonte, con seis solas
naves y pocos hombres, consiguió saquear la
ciudad y despoblar sus calles. Pero tú eres de
ánimo apocado, dejas que las tropas perezcan,
y no creo que tu venida de la Licia sirva para la
defensa de los troyanos por muy vigoroso que
seas; pues, vencido por mí, entrarás por las
puertas del Hades.

647. Respondióle Sarpedón, caudillo de los licios:

648. -¡Tlepólemo! Aquél destruyó, con efecto, la
sacra Ilio a causa de la perfidia del ilustre Laomedonte,
que pagó con injuriosas palabras sus
beneficios y no quiso entregarle los caballos por
los que había venido de tan lejos. Pero yo te
digo que la perdición y la negra muerte de mi
mano te vendrán; y muriendo, herido por mi
lanza, me darás gloria, y a Hades, el de los famosos
corceles, el alma.

655. Así dijo Sarpedón, y Tlepólemo alzó la lanza
de fresno. Las luengas lanzas partieron a un
mismo tiempo de las manos. Sarpedón hirió a
Tlepólemo: la dañosa punta atravesó el cuello,
y las tinieblas de la noche velaron los ojos del
guerrero. Tlepólemo dio con su gran lanza en el
muslo izquierdo de Sarpedón y el bronce penetró
con ímpetu hasta el hueso; pero todavía
su padre lo libró de la muerte.

663. Los ilustres compañeros de Sarpedón, igual
a un dios, sacáronlo del combate, con la gran
lanza que, al arrastrarse, le pesaba; pues con la
prisa nadie advirtió la lanza de Fresno, ni
pensó en arrancársela del muslo, para que
aquél pudiera subir al carro. Tanta era la fatiga
con que to cuidaban.

668. A su vez, los aqueos, de hermosas grebas,
se llevaron del campo a Tlepólemo. El divino
Ulises, de ánimo paciente, violo, sintió que se le
enardecía el corazón, y revolvió en su mente y
en su espíritu si debía perseguir al hijo de Zeus
tonante o privar de la vida a muchos licios. No
le había concedido el hado al magnánimo Ulises
matar con el agudo bronce al esforzado hijo
de Zeus, y por esto Atenea le inspiró que acometiera
a la multitud de los licios. Mató entonces
a Cérano, Alástor, Cromio, Alcandro, Halio,
Noemón y Prítanis, y aun a más licios hiciera
morir el divino Ulises, si no lo hubiese notado
muy presto el gran Héctor, el de tremolante
casco; el cual, cubierto de luciente bronce, se
abrió calle por los combatientes delanteros a
infundió terror a los dánaos. Holgóse de su
llegada Sarpedón, hijo de Zeus, y profirió estas
lastimeras palabras:

684. -¡Priámida! No permitas que yo, tendido en
el suelo, llegue a ser presa de los dánaos; socórreme
y pierda la vida luego en vuestra ciudad,
ya que no he de alegrar, volviendo a mi casa y a
la patria tierra, ni a mi esposa querida ni al tierno
infante.

Cont.


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"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

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El beso aquel que quiso
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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 25 Feb 2021, 14:47

HOMERO

LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes.
Cont.

689. Así dijo. Héctor, el de tremolante casco,
pasó corriendo, sin responderle, porque ardía
en deseos de rechazar cuanto antes a los argivos
y quitar la vida a muchos guerreros. Los
ilustres camaradas de Sarpedón, igual a un
dios, lleváronlo al pie de una hermosa encina
consagrada a Zeus, que lleva la égida; y el valeroso
Pelagonte, su compañero amado, le
arrancó del muslo la lanza de fresno. Amortecido
quedó el héroe y obscura niebla cubrió sus
ojos; pero pronto volvió en su acuerdo, porque
el soplo del Bóreas lo reanimó cuando ya apenas
respirar podía.

699. Los argivos, al acometerlos Ares y Héctor
armado de bronce, ni se volvían hacia las negras
naves, ni rechazaban el ataque, sino que se
batían en retirada desde que supieron que
aquel dios se hallaba con los troyanos.

703. ¿Cuál fue el primero, cuál el último de los
que entonces mataron Héctor, hijo de Príamo, y
el broncíneo Ares? Teutrante, igual a un dios;
Orestes, aguijador de caballos; Treco, lancero
etolio; Enómao; Héleno Enópida y Oresbio, el
de tremolante mitra, quien, muy ocupado en
cuidar de sus bienes, moraba en Hila, a orillas
del lago Cefisis, con otros beocios que constituían
un opulento pueblo.

711. Cuando Hera, la diosa de níveos brazos,
vio que ambos mataban a muchos argivos en el
duro combate, dijo a Atenea estas aladas palabras:

714. -¡Oh dioses! ¡Hija de Zeus, que lleva la égida!
¡Indómita! Vana será la promesa que hicimos
a Menelao de que no se iría sin destruir la
bien murada Ilio, si dejamos que el pernicioso
Ares ejerza sus furores. Ea, pensemos en prestar
al héroe poderoso auxilio.

719. Dijo; y Atenea, la diosa de ojos de lechuza,
no desobedeció. Hera, deidad veneranda hija
del gran Crono, aparejó los corceles con sus
áureas bridas, y Hebe puso diligentemente en
el férreo eje, a ambos lados del carro, las corvas
ruedas de bronce que tenían ocho rayos. Era de
oro la indestructible pina, de bronce las ajustadas
admirables llantas, y de plata los torneados
cubos. El asiento descansaba sobre tiras de oro
y de plata, y un doble barandal circundaba el
carro. Por delante salía argéntea lanza, en cuya
punta ató la diosa un hermoso yugo de oro con
bridas de oro también; y Hera, que anhelaba el
combate y la pelea, unció los corceles de pies
ligeros.

733. Atenea, hija de Zeus, que lleva la égida,
dejó caer al suelo, en el palacio de su padre, el
hermoso peplo bordado que ella misma había
tejido y labrado con sus manos; vistió la túnica
de Zeus, que amontona las nubes, y se armó
para la luctuosa guerra. Suspendió de sus
hombros la espantosa égida floqueada que el
terror corona: allí están la Discordia, la Fuerza y
la Persecución horrenda; a11í la cabeza de la
Gorgona, monstruo cruel y horripilante, portento
de Zeus, que Ileva la égida. Cubrió su
cabeza con áureo casco de doble cimera y cuatro
abolladuras, apto para resistir a la infantería
de cien ciudades. Y, subiendo al flamante carro,
asió la lanza ponderosa, larga, fornida, con que
la hija del prepotente padre destruye filas enteras
de héroes cuando contra ellos monto en
cólera. Hera picó con el látigo a los corceles, y
de propio impulso abriéronse rechinando las
puertas del cielo de que cuidan las Horas -a
ellas está confiado el espacioso cielo y el Olimpo-
para remover o colocar delante la densa
nube. Por allí, por entre las puertas, dirigieron
los corceles dóciles al látigo y hallaron al Cronión,
sentado aparte de los otros dioses, en la
más alta de las muchas cumbres del Olimpo.
Hera, la diosa de los níveos brazos, detuvo entonces
los corceles, para hacer esta pregunta al
excelso Zeus Cronida:

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 25 Feb 2021, 14:51

HOMERO

LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes.
Cont.

757. -¡Padre Zeus! ¿No te indignas contra Ares
al presenciar sus atroces hechos? ¡Cuántos y
cuáles varones aqueos ha hecho perecer temeraria
a injustamente! Yo me afijo, y Cipris y
Apolo, que lleva arco de plata, se alegran de
haber excitado a ese loco que no conoce ley
alguna. Padre Zeus, ¿te irritarás conmigo si a
Ares le ahuyento del combate causándole funestas
heridas?

764. Respondióle Zeus, que amontona las nubes:

765. -Ea, aguija contra él a Atenea, que impera
en las batallas, pues es quien suele causarle más
vivos dolores.

767. Así dijo. Hera, la diosa de los níveos brazos,
le obedeció, y picó a los corceles, que volaron
gozosos entre la tierra y el estrellado cielo.
Cuanto espacio alcanza a ver el que, sentado en
alta cumbre, fija sus ojos en el vinoso ponto,
otro tanto salvan de un brinco los caballos, de
sonoros relinchos, de los dioses. Tan luego como
ambas deidades llegaron a Troya, Hera, la
diosa de los níveos brazos, paró el carro en el
lugar donde los dos ríos Simoente y Escamandro
juntan sus aguas; desunció los corceles,
cubriólos de espesa niebla, y el Simoente hizo
nacer la ambrosía para que pacieran.

778. Las diosas empezaron a andar, semejantes
en el paso a tímidas palomas, impacientes por
socorrer a los argivos. Cuando llegaron al sitio
donde estaba el fuerte Diomedes, domador de
caballos, con los más y mejores de los adalides
que parecían carniceros leones o puercos monteses,
cuya fuerza es grande, se detuvieron; y
Hera, la diosa de los níveos brazos, tomando el
aspecto del magnánimo Esténtor, que tenía
vozarrón de bronce y gritaba tanto como otros
cincuenta, exclamó:

787. -¡Qué vergüenza, argivos, hombres sin dignidad,
admirables sólo por la figura! Mientras
el divino Aquiles asistía a las batallas, los troyanos,
amedrentados por su formidable pica,
no pasaban de las puertas dardanias; y ahora
combaten lejos de la ciudad, junto a las cóncavas
naves.

792.Con tales palabras les excitó a todos el valor
y la fuerza. Atenea, la diosa de ojos de lechuza,
fue en busca del Tidida y halló a este
príncipe junto a su carro y sus corceles, refrescando
la herida que Pándaro con una flecha le
había causado. El sudor le molestaba debajo de
la ancha abrazadera del redondo escudo, cuyo
peso sentía el héroe; y, alzando éste con su cansada
mano la correa, se enjugaba la denegrida
sangre. La diosa apoyó la diestra en el yugo de
los caballos y dijo:

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 25 Feb 2021, 14:55

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LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes.
Cont.

800. -¡Cuán poco se parece a su padre el hijo de
Tideo! Era éste de pequeña estatura, pero belicoso.
Y aunque no le dejase combatir ni señalarse
-como en la ocasión en que, habiendo ido
por embajador a Teba, se encontró lejos de los
suyos entre multitud de cadmeos y le di orden
de que comiera tranquilo en el palacio-, conservaba
siempre su espíritu valeroso, y, desafiando
a los jóvenes cadmeos, los vencía fácilmente
en toda clase de luchas. ¡De tal modo lo protegía!
Ahora es a ti a quien asisto y defiendo, exhortándote
a pelear animosamente con los troyanos.
Mas, o el excesivo trabajo de la guerra
ha fatigado tus miembros, o te domina el exánime
terror. No, tú no eres el hijo del aguerrido
Tideo Enida.

814. Y, respondiéndole, el fuerte Diomedes le
dijo:

815. -Te conozco, oh diosa, hija de Zeus, que
lleva la égida. Por esto te hablaré gustoso, sin
ocultarte nada. No me domina el exánime terror
ni flojedad alguna; pero recuerdo todavía
las órdenes que me diste. No me dejabas combatir
con los bienaventurados dioses; pero, si
Afrodita, hija de Zeus, se presentara en la pelea,
debía herirla con el agudo bronce, Pues bien:
ahora retrocedo y he mandado que todos los
argivos se replieguen aquí, porque comprendo
que Ares impera en la batalla.

825. Contestóle Atenea, la diosa de ojos de lechuza:

826. -¡Diomedes Tidida, carísimo a mi corazón!
No temas a Ares ni a ninguno de los inmortales;
tanto te voy a ayudar. Ea, endereza los solípedos
caballos a Ares el primero, hiérele de
cerca y no respetes al furibundo dios, a ese loco
voluble y nacido para dañar, que a Hera y a mí
nos prometió combatir contra los troyanos en
favor de los argivos y ahora está con aquéllos y
se ha olvidado de sus palabras.

835. Apenas hubo dicho estas palabras, asió de
la mano a Esténelo, que saltó diligente del carro
a tierra. Montó la enardecida diosa, colocándose
al lado del ilustre Diomedes, y el eje de encina
recrujió a causa del peso porque llevaba a
una diosa terrible y a un varón fortísimo. Palas
Atenea, habiendo recogido el látigo y las riendas,
guió los solípedos caballos hacia Ares el
primero; el cual quitaba la vida al gigantesco
Perifante, preclaro hijo de Oquesio y el más
valiente de los etolios. A tal varón mataba Ares,
manchado de homicidios; y Atenea se puso el
casco de Hades para que el furibundo dios no
la conociera.

846. Cuando Ares, funesto a los mortales, vio al
ilustre Diomedes, dejó al gigantesco Perifante
tendido donde le había muerto y se encaminó
hacia Diomedes, domador de caballos. Al
hallarse a corta distancia, Ares, que deseaba
quitar la vida a Diomedes, le dirigió la broncínea
lanza por cima del yugo y las riendas; pero
Atenea, la diosa de ojos de lechuza, cogiéndola
y alejándola del carro, hizo que aquél diera el
golpe en vano. A su vez Diomedes, valiente en
el combate, atacó a Ares con la broncínea lanza,
y Palas Atenea, apuntándola a la ijada del dios,
donde el cinturón le ceñía, hirióle, desgarró el
hermoso cutis y retiró el arma. El broncíneo
Ares clamó como gritarían nueve o diez mil
hombres que en la guerra llegaran a las manos;
y temblaron, amedrentados, aqueos y troyanos.
¡Tan fuerte bramó Ares, insaciable de combate!

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 25 Feb 2021, 15:01

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LA ILIADA

CANTO V

Principalía de Diomedes.
Cont.

864. Cual vapor sombrío que se desprende de
las nubes por la acción de un impetuoso viento
abrasador, tal le parecía a Diomedes Tidida el
broncíneo Ares cuando, cubierto de niebla, se
dirigía al anchuroso cielo. El dios llegó en seguida
al alto Olimpo, mansión de las deidades;
se sentó, con el corazón afligido, al lado de
Zeus Cronión, mostró la sangre inmortal que
manaba de la herida, y suspirando dijo estas
aladas palabras:

872. -¡Padre Zeus! ¿No te indignas al presenciar
tan atroces hechos? Siempre los dioses hemos
padecido males horribles que recíprocamente
nos causamos para complacer a los hombres;
pero todos estamos airados contigo, porque engendraste
una hija loca, funesta, que sólo se
ocupa en acciones inicuas. Cuantos dioses hay
en el Olimpo, todos te obedecen y acatan; pero
a ella no la sujetas con palabras ni con obras,
sino que la instigas, por ser tú el padre de esa
hija perniciosa que ha movido al insolente
Diomedes, hijo de Tideo, a combatir, en su furia,
con los inmortales dioses. Primero hirió de
cerca a Cipris en el puño, y después, cual si
fuese un dios, arremetió contra mí. Si no llegan
a salvarme mis ligeros pies, hubiera tenido que
sufrir padecimientos durante largo tiempo entre
espantosos montones de cadáveres, o quedar
inválido, aunque vivo, a causa de las heridas
que me hiciera el bronce.

888. Mirándolo con torva faz, respondió Zeus,
que amontona las nubes:

889. -¡Inconstante! No te lamentes, sentado junto
a mí, pue me eres más odioso que ningún otro
de los dioses del Olimpo. Siempre te han gustado
las riñas, luchas y peleas, y tienes el espíritu
soberbio, que nunca cede, de tu madre Hera
a quien apenas puedo dominar con mis palabras.
Creo que cuanto te ha ocurrido lo debes a
sus consejos. Pero no permitiré que los dolores
te atormenten, porque eres de mi linaje y para
mí te parió tu madre. Si, siendo tan perverso
hubieses nacido de algún otro dios, tiempo ha
que estaría en un abismo más profundo que el
de los hijos de Urano

899. Dijo, y mandó a Peón que lo curara. Éste lo
sanó, aplicándole drogas calmantes; que nada
mortal en él había. Como el jugo cuaja la blanca
y líquida leche cuando se le mueve rápidamente
con ella, con igual presteza curó aquél al furibundo
Ares, a quien Hebe lavó y puso lindas
vestiduras. Y el dios se sentó al lado de Zeus
Cronión, ufano de su gloria.

907. Hera argiva y Atenea alalcomenia regresaron
también al palacio del gran Zeus, cuando
hubieron conseguido que Ares, funesto a los
mortales, de matar hombres se abstuviera.

FIN DEL CANTO V


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 26 Feb 2021, 08:17

HOMERO

LA ILIADA

CANTO VI(*)

Coloquio de Héctor y Andrómaca


(*) Entre los segundos, los troyanos, Héctor, que
ha regresado a Troya para ordenar que las mujeres
se congracien con Atenea con plegarias y
ofrendas, cuando vuelve al campo de batalla, se
encuentra con su esposa y con su hijo, aún de
tierna edad. Y se destaca el comportamiento de
Héctor, héroe inocente que se sacrifica por Troya,
y de Paris, culpable y egoísta, que sólo piensa
en él.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 26 Feb 2021, 08:24

HOMERO

LA ILIADA

CANTO VI

Coloquio de Héctor y Andrómaca.


1. Quedaron solos en la batalla horrenda troyanos
y aqueos, que se arrojaban broncíneas lanzas;
y la pelea se extendía, acá y acullá de la
llanura, entre las corrientes del Simoente y del
Janto.

5. Ayante Telamonio, antemural de los aqueos,
rompió el primero la falange troyana a hizo
aparecer la aurora de la salvación entre los suyos,
hiriendo de muerte al tracio más denodado,
al alto y valiente Acamante, hijo de
Eusoro. Acertóle en la cimera del casco guarnecido
con crines de caballo, la lanza se clavó en
la frente, la broncínea punta atravesó el hueso y
las tinieblas cubrieron los ojos del guerrero.

12. Diomedes, valiente en el combate, mató a
Axilo Teutránida, que, abastado de bienes, moraba
en la bien construida Arisbe; y era muy
amigo de los hombres, porque en su casa, situada
cerca del camino, a todos les daba hospitalidad.
Pero ninguno de ellos vino entonces a
librarlo de la lúgubre muerte, y Diomedes le
quitó la vida a él y a su escudero Calesio, que
gobernaba los caballos. Ambos penetraron en el
seno de la tierra.

20. Euríalo dio muerte a Dreso y Ofeltio, y fuese
tras Esepo y Pédaso, a quienes la náyade
Abarbárea había concebido en otro tiempo del
eximio Bucolión, hijo primogénito y bastardo
del ilustre Laomedonte (Bucolión apacentaba
ovejas y tuvo amoroso consorcio con la ninfa, la
cual quedó encinta y dio a luz a los dos mellizos):
el Mecisteida acabó con el valor de ambos,
privó de vigor a sus bien formados miembros y
les quitó la armadura de los hombros.

29. El belicoso Polipetes dejó sin vida a Astíalo;
Ulises, con la broncínea lanza, a Pidites percosio;
y Teucro, a Aretaón divino. Antíloco
Nestórida mató con la pica reluciente a Ablero;
Agamenón, rey de hombres, a Élato, que habitaba
en la excelsa Pédaso, a orillas del Satnioente,
de hermosa corriente; el héroe Leito, a Fílaco
mientras huía; y Eurípilo, a Melantio.

37. Menelao, valiente en la pelea, cogió vivo a
Adrasto, cuyos caballos, corriendo despavoridos
por la llanura, chocaron con las ramas de
un tamarisco, rompieron el corvo carro por el
extremo del timón, y se fueron a la ciudad con
los que huían espantados. El héroe cayó al suelo
y dio de boca en el polvo junto a la rueda;
acercósele Menelao Atrida con la ingente lanza,
y aquél, abrazando sus rodillas, así le suplicaba:

46.-Hazme prisionero, hijo de Atreo, y recibirás
digno rescate. Muchas cosas de valor tiene mi
opulento padre en casa: bronce, oro, hierro labrado;
con ellas te pagaría inmenso rescate, si
supiera que estoy vivo en las naves aqueas.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 26 Feb 2021, 08:34

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LA ILIADA

CANTO VI

Coloquio de Héctor y Andrómaca.


51. Así dijo, y le conmovió el corazón. E iba Menelao
a ponerlo en manos del escudero, para
que lo llevara a las veleras naves aqueas, cuando
Agamenón corrió a su encuentro y lo increpó
diciendo:

55. -¡Ah, bondoso! ¡Ah, Menelao! ¿Por qué así te
apiadas de estos hombres? ¡Excelentes cosas
hicieron los troyanos en tu casa! Ninguno de
los que caigan en nuestras manos se libre de
tener nefanda muerte, ni siquiera el que la madre
lleve en el vientre, ni ése escape! ¡Perezcan
todos los de Ilio, sin que sepultura alcancen ni
memoria dejen!

61. Así diciendo, cambió la mente de su hermano
con la oportuna exhortación. Repelió Menelao
al héroe Adrasto, que, herido en el ijar por
el rey Agamenón, cayó de espaldas. El Atrida le
puso el pie en el pecho y le arrancó la lanza.

66. Néstor, en tanto, animaba a los argivos,
dando grandes voces:

67. -¡Oh queridos, héroes dánaos, servidores de
Ares! Nadie se quede atrás para recoger despojos
y volver, llevando los más que pueda, a las
naves; ahora matemos hombres y luego con
más tranquilidad despojaréis en la llanura los
cadáveres de cuantos mueran.

72. Así diciendo les excitó a todos el valor y la
fuerza. Y los troyanos hubieran vuelto a entrar
en Ilio, acosados por los belicosos aqueos y
vencidos por su cobardía, si Heleno Priámida,
el mejor de los augures, no se hubiese presentado
a Eneas y a Héctor para decirles:

77. -¡Eneas y Héctor! Ya que el peso de la batalla
gravita principalmente sobre vosotros entre los
troyanos y los licios, porque sois los primeros
en toda empresa, ora se trate de combatir, ora
de razonar, quedaos aquí, recorred las filas, y
detened a los guerreros antes que se encaminen
a las puertas, caigan huyendo en brazos de las
mujeres y sean motivo de gozo para los enemigos.
Cuando hayáis reanimado todas las falanges,
nosotros, aunque estamos muy abatidos,
nos quedaremos aquí a pelear con los dánaos
porque la necesidad nos apremia. Y tú, Héctor,
ve a la ciudad y di a nuestra madre que Name a
las venerables matronas; vaya con ellas al templo
dedicado a Atenea, la de ojos de lechuza, en
la acrópolis; abra con la llave la puerta del sacro
recinto; ponga sobre las rodillas de la deidad,
de hermosa cabellera, el peplo que mayor sea,
más lindo le parezca y más aprecie de cuantos
haya en el palacio, y le vote sacrificar en el
templo doce vacas de un año, no sujetas aún al
yugo, si apiadándose de la ciudad y de las esposas
y tiernos niños de los troyanos, aparta de
la sagrada Ilio al hijo de Tideo, feroz guerrero,
cuya bravura causa nuestra derrota y a quien
tengo por el más esforzado de los aqueos todos.
Nunca temimos tanto ni al mismo Aquiles,
príncipe de hombres, que es, según dicen, hijo
de una diosa. Con gran furia se mueve el hijo
de Tideo y en valentía nadie te iguala.

Cont.


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"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 26 Feb 2021, 08:41

HOMERO

LA ILIADA

CANTO VI

Coloquio de Héctor y Andrómaca.
Cont.

102. Así dijo; y Héctor obedeció a su hermano.
Saltó del carro al suelo sin dejar las armas; y,
blandiendo dos puntiagudas lanzas, recorrió el
ejército por todas partes, animólo a combatir y
promovió una terrible pelea. Los troyanos volvieron
la cara y afrontaron a los argivos; y éstos
retrocedieron y dejaron de matar, figurándose
que alguno de los inmortales habría descendido
del estrellado cielo para socorrer a aquéllos; de
tal modo se volvieron. Y Héctor exhortaba a los
troyanos diciendo en alta voz:

111. -¡Animosos troyanos, aliados de lejas tierras
venidos! Sed hombres, amigos, y mostrad
vuestro impetuoso valor, mientras voy a Ilio y
encargo a los respetables próceres y a nuestras
esposas que oren y ofrezcan hecatombes a los
dioses.

116. Dicho esto, Héctor, el de tremolante casco,
partió; y la negra piel que orlaba el abollonado
escudo como última franja le batía el cuello y
los talones.

119. Glauco, vástago de Hipóloco, y el hijo de
Tideo, deseosos de combatir, fueron a encontrarse
en el espacio que mediaba entre ambos
ejércitos. Cuando estuvieron cara a cara, Diomedes,
valiente en la pelea, dijo el primero:

123.-¿Cuál eres tú, guerrero valentísimo, de los
mortales hombres? Jamás te vi en las batallas,
donde los varones adquieren gloria, pero al
presente a todos los vences en audacia cuando
te atreves a esperar mi fornida lanza. ¡Infelices
de aquéllos cuyos hijos se oponen a mi furor!
Mas si fueses inmortal y hubieses descendido
del cielo, no quisiera yo luchar con dioses celestiales.
Poco vivió el fuerte Licurgo, hijo de
Driante, que contendía con las celestes deidades:
persiguió en los sacros montes de Nisa a
las nodrizas de Dioniso, que estaba agitado por
el delirio báquico, las cuales tiraron al suelo los
tirsos al ver que el homicida Licurgo las acometía
con la aguijada; el dios, espantado, se
arrojó al mar, y Tetis le recibió en su regazo,
despavorido y agitado por fuerte temblor por la
amenaza de aquel hombre; pero los felices dioses
se irritaron contra Licurgo, cególe el hijo de
Crono y su vida no fue larga, porque se había
hecho odioso a los inmortales todos. Con los
bienaventurados dioses no quisiera combatir;
pero, si eres uno de los mortales que comen los
frutos de la tierra, acércate para que más pronto
llegues al término de tu perdición.

144 Respondióle el preclaro hijo de Hipóloco:

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 26 Feb 2021, 08:46

HOMERO

LA ILIADA

CANTO VI

Coloquio de Héctor y Andrómaca.
Cont.

145. -¡Magnánimo Tidida! ¿Por qué me interrogas
sobre el abolengo? Cual la generación de
las hojas, así la de los hombres. Esparce el viento
las hojas por el suelo, y la selva, reverdeciendo,
produce otras al llegar la primavera: de
igual suerte, una generación humana nace y
otra perece. Pero ya que deseas saberlo, te diré
cuál es mi linaje, de muchos conocido. Hay una
ciudad llamada Éfira en el riñón de Argos,
criadora de caballos, y en ella vivía Sísifo Eólida,
que fue el más ladino de los hombres. Sísifo
engendró a Glauco, y éste al eximio Belerofonte,
a quien los dioses concedieron gentileza y
envidiable valor. Mas Preto, que era muy poderoso
entre los argivos, pues Zeus los había sometido
a su cetro, hízole blanco de sus maquinaciones
y lo echó de la ciudad. La divina Antea,
mujer de Preto, había deseado con locura
juntarse clandestinamente con Belerofonte; pero
no pudo persuadir al prudente héroe, que
sólo pensaba en cosas honestas, y mintiendo
dijo al rey Preto: «¡Preto! Ojalá te mueras, o
mata a Belerofonte, que ha querido juntarse
conmigo, sin que yo lo deseara.» Así dijo. El rey
se encendió en ira al oírla; y, si bien se abstuvo
de matar a aquél por el religioso temor que
sintió su corazón, le envió a la Licia; y, haciendo
mortíferas señales en una tablita que se doblaba,
entrególe los perniciosos signos con orden
de que los mostrase a su suegro para que
éste lo perdiera. Belerofonte, poniéndose en
camino debajo del fausto patrocinio de los dioses,
llegó a la vasta Licia y a la corriente del
Janto: el rey recibióle con afabilidad, hospedóle
durante nueve días y mandó matar otros tantos
bueyes; pero, al aparecer por décima vez la
Aurora, la de rosáceos dedos, lo interrogó y
quiso ver la nota que de su yerno Preto le traía.
Y así que tuvo la funesta nota, ordenó a Belerofonte
que lo primero de todo matara a la ineluctable
Quimera, ser de naturaleza no humana,
sino divina, con cabeza de león, cola de dragón
y cuerpo de cabra, que respiraba encendidas y
horribles llamas; y aquél le dio muerte, alentado
por divinales indicaciones. Luego tuvo que
luchar con los afamados sólimos, y decía que
éste fue el más recio combate que con hombres
sostuvo. En tercer lugar quitó la vida a las varoniles
amazonas. Y, cuando regresaba a la ciudad,
el rey, urdiendo otra dolosa trama, armóle
una celada con los varones más fuertes que
halló en la espaciosa Licia; y ninguno de éstos
volvió a su casa, porque a todos les dio muerte.
el eximio Belerofonte. Comprendió el rey que el
héroe era vástago ilustre de alguna deidad y lo
retuvo allí, lo casó con su hija y compartió con
él la dignidad regia; los licios, a su vez, acotáronle
un hermoso campo de frutales y sembradío
que a los demás aventajaba, para que
pudiese cultivarlo. Tres hijos dio a luz la esposa
del aguerrido Belerofonte: Isandro, Hipóloco y
Laodamia; y ésta, amada por el próvido Zeus,
dio a luz al deiforme Sarpedón, que lleva armadura
de bronce. Cuando Belerofonte se atrajo
el odio de todas las deidades, vagaba solo
por los campos de Alea, royendo su ánimo y
apartándose de los hombres; Ares, insaciable
de pelea, hizo morir a Isandro en un combate
con los afamados sólimos, y Artemis, la que usa
riendas de oro, irrítada, mató a su hija. A mí me
engendró Hipóloco -de éste, pues, soy hijo- y
envióme a Troya, recomendándome muy mucho
que descollara y sobresaliera siempre entre
todos y no deshonrase el linaje de mis antepasados,
que fueron los hombres más valientes de
Efira y la extensa Licia. Tal alcurnia y tal sangre
me glorío de tener.

Cont.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 26 Feb 2021, 08:53

HOMERO

LA ILIADA

CANTO VI

Coloquio de Héctor y Andrómaca.
Cont.

212. Así dijo. Alegróse Diomedes, valiente en el
combate; y, clavando la pica en el almo suelo,
respondió con cariñosas palabras al pastor de
hombres:

213. -Pues eres mi antiguo huésped paterno,
porque el divino Eneo hospedó en su palacio al
eximio Belorofonte, le tuvo consigo veinte días
y ambos se obsequiaron con magníficos presentes
de hospitalidad. Eneo dio un vistoso tahalí
teñido de púrpura, y Belerofonte una áurea
copa de doble asa, que en mi casa quedó cuando
me vine. A Tideo no lo recuerdo; dejóme
muy niño al salir para Teba, donde pereció el
ejército aqueo. Soy, por consiguiente, tu caro
huésped en el centro de Argos, y tú lo serás mío
en la Licia cuando vaya a tu pueblo. En adelante
no nos acometamos con la lanza por entre la
turba. Muchos troyanos y aliados ilustres me
restan, para matar a quien, por la voluntad de
un dios, alcance en la carrera; y asimismo te
quedan muchos aqueos, para quitar la vida a
quien te sea posible. Y ahora troquemos la armadura,
a fin de que sepan todos que de ser
huéspedes paternos nos gloriamos.

232. Habiendo hablado así, descendieron de los
carros y se estrecharon la mano en prueba de
amistad. Entonces Zeus Cronida hizo perder la
razón a Glauco; pues permutó sus armas por
las de Diomedes Tidida, las de oro por las de
bronce, las valoradas en cien bueyes por las que
en nueve se apreciaban.

237. Al pasar Héctor por la encina y las puertas
Esceas, acudieron corriendo las esposas a hijas
de los troyanos y preguntáronle por sus hijos,
hermanos, amigos y esposos; y él les encargó
que unas tras otras orasen a los dioses, porque
para muchas eran inminentes las desgracias.

242. Cuando llegó al magnífico palacio de Príamo,
provisto de bruñidos pórticos (en él había
cincuenta cámaras de pulimentada piedra, seguidas,
donde dormían los hijos de Príamo con
sus legítimas esposas; y enfrente, dentro del
mismo patio, otras doce construidas igualmente
con sillares, continuas y techadas, donde se
acostaban los yernos de Príamo y sus castas
mujeres), le salió al encuentro su alma madre
que iba en busca de Laódice, la más hermosa de
las princesas; y, asiéndole de la mano, le dijo:

254. -¡Hijo! ¿Por qué has venido, dejando el
áspero combate? Sin duda los aqueos, de aborrecido
nombre, deben de estrecharnos, combatiendo
alrededor de la ciudad, y tu corazón lo
ha impulsado a volver con el fin de levantar
desde la acrópolis las manos a Zeus. Pero,
aguarda, traeré vino dulce como la miel para
que primeramente lo libes al padre Zeus y a los
demás inmortales, y luego te aproveche también
a ti, si bebes. El vino aumenta mucho el
vigor del hombre fatigado y tú lo estás de pelear
por los tuyos.

Cont.


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Mensaje por Lluvia Abril Sáb 27 Feb 2021, 03:00

¡Magnifico trabajo el tuyo!
Gracias y hoy toca disfrutar de esta obra, digna de estar aquí.
Buen día, Pascual.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 27 Feb 2021, 03:28

Es una gozada. Se entiende bien. Y hace muchísimos años que la leí. Por tanto sigo con Homero.



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