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HOMERO. Grecia Clásica.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 26 Abr 2021, 01:00

HOMERO

LA ODISEA

CANTO II

TELÉMACO REÚNE EN ASAMBLEA
AL PUEBLO DE ITACA.
CONT.

Así habló Atenea, hija de Zeus, y Telémaco ya
no aguardó más, pues había escuchado la voz
de un dios. Así que se puso en camino, su corazón
acongojado, hacia el palacio y encontró a
los altivos pretendientes degollando cabras y
asando cerdos en el patio.

Antínoo se encaminó riendo hacia Telémaco, le
tomó de la mano, le dijo su palabra y le llamó
por su nombre:

«Telémaco, fanfarrón, incapaz de contener tu
cólera, que no ocupe tu pecho ninguna acción o
palabra mala, sino comer y beber conmigo como
antes. Los aqueos te prepararán una nave y
remeros elegidos para que llegues con más rapidez
a la agradable Pilos en busca de noticias
de tu ilustre padre.»


Y le respondió Telémaco discretamente:

«Antínoo, no me es posible comer callado en
vuestra arrogante compañía y gozar tranquilamente.
¿O es que no es bastante que me hayáis
destruido hasta ahora muchas y buenas cosas
de mi propiedad, pretendientes, mientras era
todavía un niño? Mas ahora que ya soy grande
y que, escuchando la palabra de los demás,
comprendo todo y el arrojo me ha crecido en el
pecho, intentaré enviaros las funestas Keres, ya
sea marchando a Pilos o aquí mismo, en el
pueblo.
«Me marcho -y el viaje que os anuncio no será
infructuoso- como pasajero, pues no poseo naves
ni remeros. Esto os parecía lo más ventajoso
para vosotros!»


Así dijo y retiró con rapidez su mano de la mano
de Antínoo.

Y los pretendientes se aplicaban al banquete
dentro del palacio y se mofaban de él zahiriéndolo
con sus palabras.

Así decía uno de los jóvenes arrogantes:

«Seguro que Telémaco nos está meditando la
muerte; traerá alguien de la arenosa Pilos para
que lo defienda o tal vez de Esparta, pues mucho
lo desea. O quizá quiere ir a Efira, tierra
fértil, a fin de traer de allí venenos que corrompen
la vida y echarlos en la crátera para destruirnos
a todos.»


Y otro de los jóvenes arrogantes decía:

¿Quién sabe si, marchando en la cóncava nave,
no perece también él vagando lejos de los suyos
como Odiseo! Así nos acrecentaría el trabajo,
pues repartiríamos todos sus bienes y la casa se
la daríamos a su madre y al que con ella casara
para que la conservaran.»

Mientras así hablaban descendió Telémaco a la
despensa de elevado techo de su padre, espaciosa,
donde había oro amontonado en el suelo
y bronce, y en arcones vestidos, y oloroso aceite
en abundancia. También había allí dispuestas
en fila, junto a la pared, tinajas de añejo vino
sabroso que contenían sin mezcla la divina bebida
por si alguna vez volvía a casa Odiseo
después de sufrir dolores sin cuento. Las puertas
que allí había se podían cerrar fuertemente
ensambladas, eran de dos hojas, y permanecía
allí día y noche un ama de llaves que vigilaba
todo con la agudeza de su mente, Euriclea, hija
de Ope Pisenórida.

A ésta dirigió Telémaco su palabra llamándola
a la despensa:

«Vamos, ama, sácame en ánforas sabroso vino,
el más preciado después del que tú guardas
pensando en aquel desdichado, por si viene
algún día Odiseo de linaje divino después de
evitar la muerte y las Keres; lléname doce hasta
arriba y ajusta todas con tapas. Échame también
harina en bien cosidos pellejos, hasta veinte
medidas de harina de trigo molido. Sólo tú
debes saberlo. Que esté todo preparado, pues lo
recogeré por la tarde cuando ya mi madre haya
subido al piso de arriba y esté ocupada en acostarse.
Me marcho a Esparta y a la arenosa Pilos
para enterarme del regreso de mi padre, por si
oigo algo.»


Así habló; rompió en lamentos su nodriza Euriclea
y dijo llorando aladas palabras:

«¿Por qué, hijo mío, tienes en tu interior este
proyecto? ¿Por dónde quieres ir a una tierra tan
grande siendo el bienamado hijo único? Ha
sucumbido lejos de su patria Odiseo, de linaje
divino, en un país desconocido, y éstos te andan
meditando la muerte para el mismo momento
en que te marches, para que mueras en
emboscada. Ellos se lo repartirán todo. Anda,
quédate aquí sentado sobre tus cosas; no tienes
necesidad ninguna de sufrir penalidades en el
estéril ponto ni de andar errante.»


CONT.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 26 Abr 2021, 01:10

HOMERO

LA ODISEA

CANTO II

TELÉMACO REÚNE EN ASAMBLEA
AL PUEBLO DE ITACA.
CONT.

Y Telémaco le contestó discretamente:

«Anímate, ama, puesto que esta decisión me ha
venido no sin un dios. Ahora júrame que no
dirás esto a mi madre antes de que llegue el día
décimo o el duodécimo, o hasta que ella misma
me eche de menos y oiga que he partido, para
que no afee, desgarrándola, su hermosa piel.»

Así habló, y la anciana juró por los dioses con
gran juramento que no lo haría. Cuando hubo
jurado y llevado a término este juramento vertió
enseguida vino en las ánforas y echó harina
en bien cosidos sacos. Y Telémaco se puso en
camino hacia las habitaciones de abajo para
reunirse con los pretendientes.

Entonces la diosa de ojos brillantes, Atenea,
concibió otra idea. Tomando la forma de Telémaco
marchó por toda la ciudad y poniéndose
cerca de cada hombre les decía su palabra; les
ordenaba que se congregaran con el crepúsculo
junto a la rápida nave. Después pidió una rápida
nave a Noemón, esclarecido hijo de Fronio,
y éste se la ofreció de buena gana. Y se sumergió
Helios y todos los caminos se llenaron de
sombras. Entonces empujó hacia el mar a la
rápida nave, puso en ella todas las provisiones
que suelen llevar las naves de buenos bancos y
la detuvo al final del puerto.

Los valientes compañeros ya se habían congregado
en grupo, pues la diosa había movido a
cada uno en particular.

Entonces la diosa de ojos brillantes, Atenea,
concibió otra idea: se puso en camino hacia el
palacio del divino Odiseo y una vez allí derramó
dulce sueño sobre los pretendientes, los
hechizó cuando bebían e hizo caer las copas de
sus manos. Y éstos se apresuraron por la ciudad
para ir a dormir y ya no estuvieron sentados
por más tiempo, pues el sueño se posaba
sobre sus párpados.

Entonces Atenea, de ojos brillantes, se dirigió a
Telémaco llamándolo desde fuera del palacio,
agradable para vivir, asemejándose a Méntor
en la figura y timbre de voz:

«Ya tienes sentados al remo a tus compañeros
de hermosas grebas y esperan tu partida. Vamos,
no retrasemos por más tiempo el viaje.»

Así habló, y lo condujo rápidamente Palas Atenea,
y él marchaba en pos de las huellas de la
diosa. Cuando llegaron a la nave y al mar encontraron
sobre la ribera a los aqueos de largo
cabello y entre ellos habló la sagrada fuerza de
Telémaco:

«Aquí, los míos, traigamos las provisiones; ya
está todo junto en mi palacio. Mi madre no está
enterada de nada ni las demás esclavas; sólo
una ha oído mi palabra.»


Así habló y los condujo, y ellos le seguían de
cerca. Se llevaron todo y lo pusieron en la nave
de buenos bancos como había ordenado el querido
hijo de Odiseo.

Subió luego Telémaco a la nave; Atenea iba
delante y se sentó en la popa, y a su lado se
sentó Telémaco.

Los compañeros soltaron las amarras, subieron
todos y se sentaron en los bancos. Y Atenea, de
ojos brillantes, les envió un viento favorable, el
fresco Céfiro que silba sobre el ponto rojo como
el vino.

Telémaco animó a sus compañeros, les ordenó
que se asieran a las jarcias y éstos escucharon al
que les urgía. Levantaron el mástil de abeto y lo
colocaron dentro del hueco construido en medio,
lo ataron con maromas y extendieron las
blancas velas con bien retorcidas correas de piel
de buey. El viento hinchó la vela central y las
purpúreas olas bramaron a los lados de la quilla
de la nave en su marcha, y corría apresurando
su camino sobre las olas.

Después ataron los aparejos a la rápida nave y
levantaron las cráteras llenas de vino hasta los
bordes haciendo libaciones a los inmortales
dioses, que han nacido para siempre, y entre
todos especialmente a la de ojos brillantes, a la
hija de Zeus.

Y la nave continuó su camino toda la noche y
durante el amanecer.

FIN DEL CANTO II


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que traspasó y emocionó a los muertos.

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Mensaje por Lluvia Abril Lun 26 Abr 2021, 23:45

Aunque no lo parezca, en mis ratitos libres, sigo esta maravilla, y a ti, que la has traído.
Gracias, Pascual.


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"Las dificultades están hechas para estimular y no para quitar el ánimo.
El espíritu humano debe fortificarse en la lucha."

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 27 Abr 2021, 06:08

Sabes... me encantó releer La Iliada. Pues La Odisea, mucho más. Increíble.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 27 Abr 2021, 06:21

HOMERO

LA ODISEA

CANTO III


TELÉMACO VIAJA A PILOS PARA INFORMARSE
SOBRE SU PADRE


Habíase levantado Helios, abandonando el
hermosísimo estanque del mar, hacia el broncíneo
cielo para alumbrar a los inmortales y a los
mortales caducos sobre la Tierra donadora de
vida, cuando llegaron a Pilos, la bien construida
ciudadela de Neleo.

Los pilios estaban sacrificando sobre la ribera
del mar toros totalmente negros en honor del
de azuloscura cabellera, el que sacude las tierras.

Había nueve asientos y en cada uno estaban
sentados quinientos hombres y de cada
uno hacían ofrenda de nueve toros. Mientras
éstos gustaban las entrañas y quemaban los
muslos en honor del dios, los itacenses entraban
en el puerto; amainaron las velas de la
equilibrada nave, las ataron, fondearon la nave
y descendieron.

Entonces descendió Telémaco de la nave y Atenea
iba delante. Y a él dirigió sus primeras palabras
la diosa de ojos briIlantes:

«Telémaco, ya no has de tener vergüenza, ni un
poco siquiera, pues has navegado el mar para
inquirir dónde oculta la tierra a tu padre y qué
suerte ha corrido.
«Conque, vamos, marcha directamente a casa
de Néstor, domador de caballos; sepamos qué
pensamientos guarda en su pecho. Y suplícale
para que te diga la verdad; mentira no te dirá,
es muy discreto.»


Y le contestó Telémaco discretamente:

«Méntor, ¿cómo voy a ir a abrazar sus rodillas?
No tengo aún experiencia alguna en discursos
ajustados. Y además a un hombre joven le da
vergüenza preguntar a uno más viejo.»


Y la diosa de ojos brillantes, Atenea, se dirigió
de nuevo a él:

«Telémaco, unas palabras las concebirás en tu
propia mente y otras te las infundirá la divinidad.
Estoy seguro de que tú has nacido y te has
criado no sin la voluntad de los dioses.»

Así habló y lo condujo con rapidez Palas Atenea,
y él siguió en pos de la diosa. Llegaron a la
asamblea y a los asientos de los hombres de
Pilos, donde Néstor estaba sentado con sus
hijos, y en torno a ellos los compañeros asaban
la carne y la ensartaban preparando el banquete.
Cuando vieron a los forasteros se reunieron
todos en grupo, les tomaron de las manos en
señal de bienvenida y les ordenaron sentarse.
Pisístrato, el hijo de Néstor, fue el primero que
se les acercó: les tomó a ambos de la mano y los
hizo sentarse en torno al banquete sobre blandas
pieles de ovejas, en las arenas marinas, a la
vera de su hermano Trasimedes y de su padre.
Luego les dió parte de las entrañas, les vertió
vino en copa de oro y dirigió a Palas Atenea, la
hija de Zeus, portador de égidas, sus palabras
de bienvenida:

«Forastero, eleva tus súplicas al soberano Poseidón,
pues en su honor es el banquete con el
que os habéis encontrado al llegar aquí. Luego
que hayas hecho las libaciones y súplicas como
está mandado, entrega también a éste la copa
de agradable vino para que haga libación; que
también él, creo yo, hace súplicas a los inmortales,
pues todos los hombres necesitan a los dioses.
Pero es más joven, de mi misma edad, por
eso quiero darte a ti primero la copa de oro.»


Así diciendo, puso en su mano la copa de agradable
vino; Atenea dio las gracias al discreto, al
cabal hombre, porque le había dado a ella primero
la copa de oro y a continuación dirigió
una larga plegaria al soberano Poseidón:

«Escúchame, Poseidón, que conduces tu carro
por la tierra, y no te opongas por rencor a que
los que te suplican llevemos a término esta empresa.
Concede a Néstor antes que a nadie, y a
sus hijos, honor, y después concede a los demás
pilios una recompensa en reconocimiento por
su espléndida hecatombe. Concede también a
Telémaco y a mí que volvamos después de
haber conseguido aquello por lo que hemos
venido aquí en veloz, negra nave.»


CONT


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 27 Abr 2021, 06:32

HOMERO

LA ODISEA

CANTO III

TELÉMACO VIAJA A PILOS PARA INFORMARSE
SOBRE SU PADRE.
CONT.

Así orando, realizó (ritualmente) todo y entregó
a Telémaco la hermosa copa doble. Y el
querido hijo de Odiseo elevó su súplica de modo
semejante.

Cuando habían asado la carne exterior de las
víctimas, la sacaron del asador, repartieron las
porciones y se aplicaron al magnífico festín. Y
después que habían echado de sí el apetito de
comer y beber, comenzó a hablarles el de Gerenias,
el caballero Néstor:

«Ahora que se han saciado de comida, lo mejor
es entablar conversación y preguntar a los forasteros
quiénes son. Forasteros, ¿quiénes sois?,
¿de dónde habéis llegado navegando los
húmedos senderos? ¿Andáis errantes por algún
asunto o sin rumbo como los piratas por la mar,
los que andan a la aventura exponiendo sus
vidas y llevando la destrucción a los de otras
tierras?»


Y Telémaco se llenó de valor y le contestó discretamente
-pues la misma Atenea le infundió
valor en su interior para que le preguntara sobre
su padre ausente y para que cobrara fama
de valiente entre los hombres:

«Néstor, hijo de Neleo, gran honra de los aqueos,
preguntas de dónde somos y yo te lo voy a
exponer en detalle.
«Hemos venido de Itaca, a los pies del monte
Neyo, y el asunto de que te voy a hablar es privado,
no público. Ando a lo ancho en busca de
noticias sobre mi padre -por si las oigo en algún
sitio-, de Odiseo el divino, el sufridor, de quien
dicen que en otro tiempo arrasó la ciudad de
Troya luchando a tu lado. Ya me he enterado
dónde alcanzó luctuosa muerte cada uno de
cuantos lucharon contra los troyanos, pero su
muerte la ha hecho desconocida el hijo de Crono,
pues nadie es capaz de decirme claramente
dónde está muerto, si ha sucumbido en tierra
firme a manos de hombres enemigos o en el
mar entre las olas de Anfitrite. Por esto me llego
ahora a tus rodillas, por si quieres contarme
su luctuosa muerte -la hayas visto con tus propios
ojos o hayas escuchado el relato de algún
caminante-; ¡digno de lástima lo parió su madre!
Y no endulces tus palabras por respeto ni
piedad, antes bien cuéntame detalladamente
cómo llegaste a verlo. Te lo suplico si es que
alguna vez mi padre, el noble Odiseo, te prometió
algo y te lo cumplió en el pueblo de los
troyanos donde los aqueos sufríais penalidades.
Acuérdate de esto ahora y cuéntame la
verdad.»


Y le contestó luego el de Gerenia, el caballero
Néstor:

«Hijo mío, puesto que me has recordado los
infortunios que tuvimos que soportar en aquel
país los hijos de los aqueos de incontenible furia:
cuánto vagamos con las naves en el brumoso
ponto, a la deriva en busca de botín por
donde nos guiaba Aquiles y cuánto combatimos
en torno a la gran ciudad del soberano
Príamo... Allí murieron los mejores: allí reposa
Ayax, hijo de Ares, y allí Aquiles, y allí Patroslo,
consejero de la talla de los dioses, y allí mi
querido hijo, fuerte a la vez que irreprochable,
Antíloco, que sobresalía en la carrera y en el
combate. Otros muchos males sufrimos además
de éstos. ¿Quién de los mortales hombres podría
contar todas aquellas cosas? Nadie, por más
que te quedaras a su lado cinco o seis años para
preguntarle cuántos males sufrieron allí los
aqueos de linaje divino. Antes volverías apesadumbrado
a tu tierra patria. Durante nueve
años tramamos desgracias contra ellos
acechándoles con toda clase de engaños y a
duras penas puso término (a la guerra) el hijo
de Cronos.
«Jamás quiso nadie igualársele en inteligencia,
puesto que el divino Odiseo era muy superior
en toda clase de astucias, tu padre, si es que
verdaderamente eres descendencia suya. (Al
verte se apodera de mí el asombro. En verdad
vuestras palabras son parecidas y no se puede
decir que un hombre joven hable tan discretamente.)
«Jamás, durante todo el tiempo que estuvimos
allí, hablábamos de diferente modo yo y el divino
Odiseo ni en la asamblea ni en el consejo,
sino que teníamos un solo pensamiento, y con
juicio y prudente consejo mostrábamos a los
aqueos cómo saldría todo mejor.
«Después, cuando habíamos saqueado la elevada
ciudad de Príamo y embarcamos en las
naves y la divinidad dispersó a los aqueos,
Zeus concibió en su mente un regreso lamentable
para los argivos porque no todos eran prudentes
ni justos. Así que muchos de éstos fueron
al encuentro de una desgraciada muerte
por causa de la funesta cólera de la de poderoso
padre, de la de ojos brillantes que asentó la
Disensión entre ambos atridas. Convocaron
éstos en asamblea a todos los aqueos, insensatamente,
a destiempo, cuando Helios se sumerge,
y los hijos de los aqueos se presentaron pesados
por el vino, y les dijeron por qué habían
reunido al ejército.

CONT.


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CANTO III

TELÉMACO VIAJA A PILOS PARA INFORMARSE
SOBRE SU PADRE.
CONT.

«Allí Menelao aconsejaba a todos los aqueos
que pensaran en volver sobre el ancho lomo del
mar. Pero no agradó en absoluto a Agamenón,
pues quería retener al pueblo y ejecutar sagradas
hecatombes para aplacar la tremenda cólera
de Atenea. ¡Necio!, no sabía que no iba a persuadirla,
que no se doblega rápidamente la
voluntad de los dioses que viven siempre. Así
que los dos se pusieron en pie y se contestaban
con palabras agrias. Y los hijos de los aqueos de
hermosas grebas se levantaron con un vocerío
sobrehumano: divididos en dos bandos les
agradaba una a otra decisión.
«Pasamos la noche removiendo en nuestro interior
maldades unos contra otros, pues ya
Zeus nos preparaba el azote de la desgracia.
«Al amanecer algunos arrastramos las naves
hasta el divino mar y metimos nuestros botines
y las mujeres de profundas cinturas. La mitad
del ejército permaneció allí, al lado del atrida
Agamenón, pastor de su pueblo, pero la otra
mitad embarcamos y partimos. Nuestras naves
navegaban muy aprisa -una divinidad había
calmado el ponto que encierra grandes monstruos-
y llegados a Ténedos realizamos sacrificios
a los dioses con el deseo de volver a casa.
Pero Zeus no se preocupó aún de nuestro regreso.
¡Cruel! Él, que levantó por segunda vez
agria disensión: unos dieron la vuelta a sus
bien curvadas naves y retornaron con el prudente
soberano Odiseo, el de pensamientos
complicados, para dar satisfacción al atrida
Agamenón, pero yo, con todas mis naves agrupadas,
las que me seguían, marché de allí porque
barruntaba que la divinidad nos preparaba
desgracias.
«También marchó el belicoso hijo de Tideo y
arrastró consigo a sus compañeros y más tarde
navegó a nuestro lado el rubio Menelao -nos
encontró en Lesbos cuando planeábamos el
largo regreso: o navegar por encima de la escabrosa
Quios en dirección de la isla Psiría dejándola
a la izquierda o bien por debajo de Quios
junto al ventiscoso Mirnante. Pedimos a la divinidad
que nos mostrara un prodigio y enseguida
ésta nos lo mostró y nos aconsejó cortar
por la mitad del mar en dirección a Eubea, para
poder escapar rápidamente de la desgracia. Así
que levantó, para que soplara, un sonoro viento
y las naves recorrieron con suma rapidez los
pecillenos caminos. Durante la noche arribaron
a Geresto y ofrecimos a Poseidón muchos muslos
de toros por haber recorrido el gran mar.
Era el cuarto día cuando los compañeros del
tidida Diomedes, el domador de caballos, fondearon
sus equilibradas naves en Argos. Después
yo me dirigí a Pilos y ya nunca se extinguió
el viento desde que al principio una divinidad
lo envió para que soplara. Así llegué, hijo
mío, sin enterarme, sin saber quiénes se salvaron
de los aqueos y quiénes perecieron, pero
cuanto he oído sentado en mi palacio lo sabrás
-como es justo- y nada te ocultaré. Dicen que
han llegado bien los mirmidones famosos por
sus lanzas, a los que conducía el ilustre hijo del
valeroso Aquiles y que llegó bien Filoctetes, el
brillante hijo de Poyante. Idomeneo condujo
hasta Creta a todos sus compañeros, los que
habían sobrevivido a la guerra, y el mar no se le
engulló a ninguno. En cuanto al Atrida, ya habéis
oído vosotros mismos, aunque estáis lejos,
cómo llegó y cómo Egisto le había preparado
una miserable muerte, aunque ya ha pagado
lamentablemente. ¡Qué bueno es que a un
hombre muerto le quede un hijo! Pues aquél se
ha vengado del asesino de su padre, del tramposo
Egisto, porque le había asesinado a su
ilustre padre. También tú, hijo -pues te veo vigoroso
y bello-, sé fuerte para que cualquiera
de tus descendientes hable bien de. ti.»


Y le contestó Telémaco discretamente:

«Néstor, hijo de Neleo, gran honra de los aqueos,
así es, por cierto; aquél se vengó y los aqueos
llevarán a lo largo y a lo ancho su fama, motivo
de canto para los venideros.
«¡Ojalá los dioses me dotaran de igual fuerza
para hacer pagar a los pretendientes por su
dolorosa insolencia!, pues ensoberbecidos me
preparan acciones malvadas. Pero los dioses no
han tejido para mí tal dicha; ni para mi padre ni
para mí. Y ahora no hay más remedio que
aguantar.»


Y le contestó luego el de Gerenia, el caballero
Néstor:

«Amigo -puesto que me has recordado y dicho
esto-, dicen que muchos pretendientes de tu
madre están cometiendo muchas injusticias en
él palacio contra tu voluntad. Dime si cedes de
buen gusto o te odia la gente en el pueblo siguiendo
una inspiración de la divinidad.
¡Quién sabe si llegará Odiseo algún día y les
hará pagar sus acciones violentas, él solo o todos
los aqueos. juntos! Pues si la de ojos brillantes,
Atenea, quiere amarte del mismo modo que
protegía al ilustre Odiseo en aquel entonces en
el pueblo de los troyanos donde los aqueos
pasamos penalidades (pues nunca he visto que
los dioses amen tan a las claras como Palas
Atenea le asistía a él), si quiere amarte a ti así y
preocuparte de ti en su ánimo, cualquiera de
aquéllos se olvidaría del matrimonio.»


CONT.



_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 28 Abr 2021, 05:54

HOMERO

LA ODISEA

CANTO III

TELÉMACO VIAJA A PILOS PARA INFORMARSE
SOBRE SU PADRE.
CONT.

Y le contestó Telémaco discretamente:

«Anciano, no creo que esas palabras lleguen a
realizarse nunca. Has dicho algo excesivamente
grande. El estupor me tiene sujeto. Esas cosas
no podrían sucederme por más que lo espere ni
aunque los dioses lo quisieran así.»


Y de pronto la diosa de ojos brillantes, Atenea,
se dirigió a él:

«¡Telémaco, qué palabra ha escapado del cerco
de tus dientes! Es fácil para un dios, si quiere,
salvar a un hombre aun desde lejos. Preferiría
yo volver a casa aun después de sufrir mucho y
ver el día de mi regreso, antes que morir al llegar,
en mi propio hogar, como ha perecido
Agamenón víctima de una trampa de Egisto y
de su esposa. Pero, en verdad, ni siquiera los
dioses pueden apartar la muerte, común a todos,
de un hombre, por muy querido que les
sea, cuando ya lo ha alcanzado el funesto Destino
de la muerte de largos lamentos.»


Y le contestó discretamente Telémaco:

«Méntor, no hablemos más de esto aun a pesar
de nuestra preocupación. En verdad ya no hay
para él regreso alguno, que los dioses le han
pensado la muerte y la negra Ker. Ahora quiero
hacer otra indagación y preguntarle a Néstor,
puesto que él sobresale por encima de los demás
en justicia a inteligencia. Pues dicen que ha
sido soberano de tres generaciones de hombres,
y así me parece inmortal al mirarlo. Néstor, hijo
de Neleo -y dime la verdad-, ¿cómo murió el
poderoso atrida Agamenón?, ¿dónde estaba
Menelao?, ¿qué muerte le preparó el tramposo
Egisto, puesto que mató a uno mucho mejor
que él? ¿O es que no estaba en Argos de Acaya,
sino que andaba errante, en cualquier otro sitio,
y Egisto lo mató cobrando valor?»


Y le contestó a continuación el de Gerenia, el
caballero Néstor:

«Hijo, te voy a decir toda la verdad. Tú mismo
puedes imaginarte qué habría pasado si al volver
de Troya el Atrida, el rubio Menelao,
hubiera encontrado vivo a Egisto en el palacio.
Con seguridad no habrían echado tierra sobre
su cadáver, sino que los perros y las aves, tirado
en la llanura lejos de la ciudad, lo habrían
despedazado sin que lo llorara ninguna de las
aqueas: ¡tan gran crimen cometió! Mientras
nosotros realizábamos en Troya innumerables
pruebas, él estaba tranquilamente en el centro
de Argos, criadora de caballos, y trataba de
seducir poco a poco a la esposa de Agamenón
con sus palabras.
«Esta, al principio, se negaba al vergonzoso
hecho, la divina Clitemnestra, pues poseía un
noble corazón, y a su lado estaba también el
aedo, a quien el Atrida al marchar a Troya había
encomendado encarecidamente que protegiera
a su esposa. Pero cuando el Destino de los
dioses la forzó a sucumbir se llevó al aedo a
una isla desierta y lo dejó como presa y botin
de las aves. Y Egisto la llevó a su casa de buen
grado sin que se opusiera. Luego quemó muchos
muslos sobre los sagrados altares de los
dioses y colgó muchas ofrendas -vestidos y oro-
por haber realizado la gran hazaña que jamás
esperó en su ánimo llevar a cabo.
«Nosotros navegábamos juntos desde Troya, el
Atrida y yo, con sentimientos comunes de
amistad. Pero cuando llegamos al sagrado Sunio,
el promontorio de Atenas, Febo Apolo
mató al piloto de Menelao alcanzándole con sus
suaves flechas cuando tenía entre sus manos el
timón de la nave, a Frontis, hijo de Onetor, que
superaba a la mayoría de los hombres en gobernar
la nave cuando se desencadenaban las
tempestades. Asi que se detuvo allí, aunque
anhelaba el camino, para enterrar a su compañero
y hacerle las honras fúnebres.
«Cuando ya de camino sobre el ponto rojo como
el vino alcanzó con sus cóncavas naves la
escarpada montaña de Maleas en su carrera, en
ese momento el que ve a lo ancho, Zeus, concibió
para él un viaje luctuoso y derramó un
huracán de silbantes vientos y monstruosas
bien nutridas olas semejantes a montes. Allí
dividió parte de las naves e impulsó a unas
hacia Creta, donde viven los Cidones en torno a
la corriente del Jardano. Hay una pelada y elevada
roca que se mete en el agua, en el extremo
de Górtina, en el nebuloso ponto, donde Noto
impulsa las grandes olas hacia el lado izquierdo
del saliente, en dirección a Festos, y una pequeña
piedra detiene las grandes olas. Allí llegaron
las naves y los hombres consiguieron
evitar la muerte a duras penas, pero las olas
quebraron las naves contra los escollos. Sin
embargo, a otras cinco naves de azuloscuras
proas el viento y el agua las impulsaron hacia
Egipto. Allí reunió éste abundantes bienes y
oro, y se dirigió con sus naves en busca de gentes
de lengua extraña.


CONT.


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que traspasó y emocionó a los muertos.

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 28 Abr 2021, 06:08

HOMERO

LA ODISEA

CANTO III

TELÉMACO VIAJA A PILOS PARA INFORMARSE
SOBRE SU PADRE
. CONT.

«Y, entre tanto, Egisto planeó estas malvadas
acciones en casa, y después de asesinar al Atrida,
el pueblo le estaba sometido. Siete años
reinó sóbre la dorada Micenas, pero al octavo
llegó de vuelta de Atenas el divino Orestes para
su mal y mató al asesino de su padre, a Egisto,
al inventor de engaños, porque había asesinado
a su ilustre padre. Y después de matarlo dió a
los argivos un banquete fúnebre por su odiada
madre y por el cobarde Egisto.
«Ese mismo día llegó Menelao, de recia voz
guerrera, trayendo muchas riquezas, cuantas
podían soportar sus naves en peso.
«En cuanto a ti, amigo, no andes errante mucho
tiempo lejos de tu casa, dejando tus posesiones
y hombres tan arrogantes en tu palacio, no sea
que se lo repartan todos tus bienes y se los coman
y camines un viaje baldío. Antes bien, te
aconsejo y exhorto a que vayas junto a Menelao,
pues él está recién llegado de otras regiones,
de entre tales hombres de los que nunca
soñaría poder regresar aquel a quien los huracanes
lo impulsen desde el principio hacia un
mar tan grande que ni las aves son capaces de
recorrerlo en un año entero, puesto que es
grande y terrorífico. Vamos, márchate con la
nave y los compañeros, pero si quieres ir por
tierra tienes a tu disposición un carro y caballos
y a la disposición están mis hijos que te servirán
de escolta hasta la divina Lacedemonia,
donde está el rubio Menelao. Ruégale para que
te diga la verdad; mentira no te dirá, es muy
discreto.»


Así habló, y Helios se sumergió y sobrevino la
oscuridad.

Y les dijo la diosa de ojos brillantes, Atenea:

«Anciano, has hablado como te corresponde.
Pero, vamos, cortad las lenguas y mezclad el
vino para que hagamos libaciones a Poseidón y
a los demás inmortales y nos ocupemos de
dormir, pues ya es hora. Ya ha descendido la
luz a la región de las sombras y no es bueno
estar sentado mucho tiempo en un banquete en
honor de los dioses, sino regresar.»


Así habló la hija de Zeus y ellos prestaron atención
a la que hablaba.

Y los heraldos derramaron agua sobre sus manos
y los jóvenes coronaron de vino las cráteras
y lo repartieron entre todos haciendo una primera
ofrenda, por orden, en las copas. Luego
arrojaron las lenguas al fuego y se pusieron en
pie para hacer la libación.
Cuando hubieron libado y bebido cuanto su
apetito les pedía, Atenea y Telémaco, semejante
a un dios, se pusieron en camino para volver a
la cóncava nave. Pero Néstor todavía los retuvo
tocándolos con sus palabras:

«No permitirán Zeus y los demás dioses inmortales
que volváis de mi casa a la rápida nave
como de casa de uno que carece por completo
de ropas, o de un indigente que no tiene mantas
ni abundantes sábanas en casa ni un dormir
blando para sí y para sus huéspedes. Que en mi
casa hay mantas y sábanas hermosas. No dormirá
sobre los maderos de su nave el querido
hijo de Odiseo mientras yo viva y aún me queden
hijos en el palacio para hospedar a mis
huéspedes, quienquiera que sea el que arribe a
mi palacio.»


Y la diosa de ojos brillantes, Atenea, le dijo:

«Has hablado bien, anciano amigo. Sería conveniente
que Telémaco te hiciera caso. Así,
pues, él te seguirá para dormir en tu palacio,
pero yo marcharé a la negra nave para animar a
los compañeros y darles órdenes, pues me precio
de ser el más anciano entre ellos. Y los demás
nos siguen por amistad, hombres jóvenes
todos, de la misma edad que el valiente Telémaco.
Yo dormiré en la cóncava, negra nave, y
al amanecer iré junto a los impetuosos caucones,
dondé se me debe una deuda no de ahora
ni pequeña, desde luego.
«Tú, envíalo con un carro y un hijo tuyo, pues
ha llegado a tu casa como huésped. Y dale caballos,
los que sean más veloces en la carrera y
más excelentes en vigor.» .


Así hablando partió la de ojos brillantes, Atenea,
tomando la forma del buitre barbado.
Y la admiración atenazó a todos los aqueos.
Admiróse el anciano cuando lo vio con sus ojos
y tomando la mano de Telémaco le dirigió su
palabra y le llamó por su nombre.

«Amigo, no creo que llegues a ser débil ni cobarde
si ya, tan joven, lo siguen los dioses como
escolta. Pues éste no era otro de entre los que
ocupan las mansiones del Olimpo que la hija de
Zeus, la rapaz Tritogéneia, la que honraba también
a tu noble padre entre los argivos. Soberana,
séme propicia, dame fama de nobleza a mí
mismo, a mis hijos y a mi venerable esposa y a
cambio yo te sacrificaré una cariancha novilla
de un año, no domada, a la que jamás un hombre
haya llevado bajo el yugo. Te la sacrificaré
rodeando de oro sus cuernos.»


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 28 Abr 2021, 06:36

HOMERO

LA ODISEA

CANTO III

TELÉMACO VIAJA A PILOS PARA INFORMARSE
SOBRE SU PADRE.
CONT.

Así dirigió sus súplicas y Palas Atenea le escuchó.
Y el de Gerenia, el caballero Néstor,
condujo a sus hijos y yernos hacia sus hermosas
mansiones.
Cuando llegaron al palacio de este soberano se
sentaron por orden en sillas y sillones y, una
vez llegados, el anciano les mezcló una crátera
de vino dulce al paladar que el ama de llaves
abrió -a los once años de estar cerrada- desatando
la cubierta. El anciano mezcló una crátera
de este vino y oró a Atenea al hacer la libación,
a la hija de Zeus el que lleva la égida.
Después, cuando hubieron hecho la libación y
bebido cuanto les pedía su apetito, los parientes
marcharon cada uno a su casa para dormir.
Pero a Telémaco, el querido hijo del divino
Odiseo, lo hizo acostarse allí mismo el de Gerenia,
el caballero Néstor, en un lecho taladrado
bajo el sonoro pórtico. Y a su lado hizo acostarse
a Pisístrato de buena lanza de fresno, caudillo
de guerreros, el que de sus hijos permanecía
todavía soltero en el palacio.
Néstor durmió en el centro de la elevada mansión
y su señora esposa le preparó el lecho y la
cama.
Y cuando se mostró Eos, la que nace de la mañana,
la de dedos de rosa, se levantó del lecho
el de Gerenia, el caballero Néstor. Salió y se
sentó sobre las pulimentadas piedras que tenía,
blancas, resplandecientes de aceite, delante de
las elevadas puertas, sobre las que solía sentarse
antes Neleo, consejero de la talla de los dioses.
Pero éste había ya marchado a Hades sometido
por Ker, y entonces se sentaba Néstor,
el de Gerenia, el guardián de los aqueos, el que
tenía el cetro.
Y sus hijos se congregaron en torno suyo cuando
salieron de sus dormitorios, Equefrón y Estratio,
Perseo y Trasímedes semejante a un dios.
A continuación llegó a ellos en sexto lugar el
héroe Pisístrato, y a su lado sentaron a Telémaco
semejante a los dioses.
Y entre ellos comenzó a hablar el de Gerenia, el
caballero Néstor:

«Hijos míos, llevad a cabo rápidamente mi deseo
para que antes que a los demás dioses propicie
a Atenea, la que vino manifiestamente al
abundante banquete en honor del dios. Vamos,
que uno marche a la llanura a por una novilla
de modo que llegue lo antes posible: que la
conduzca el boyero; que otro marche a la negra
nave del valiente Telémaco y traiga a todos los
compañeros dejando sólo dos; que otro ordene
que se presente aquí Laerques, el que derrama
el oro, para que derrame oro en torno a los
cuernos de la novilla. Los demás quedaos aquí
reunidos y decid a las esclavas que dispongan
un banquete dentro del ilustre palacio; que
traigan asientos y leña alrededor y brillante
agua.»


Así habló, y al punto todos se apresuraron. Y
llegó enseguida la novilla de la llanura y llegaron
los compañeros del valiente Telémaco de
junto a la equilibrada nave; y llegó el broncero
llevando en sus manos las herramientas de
bronce, perfección del arte: el yunque y el martillo
y las bien labradas tenazas con las que trabajaba
el oro. Y llegó Atenea para asistir a los
sacrificios.
El anciano, el cabalgador de caballos, Néstor, le
entregó oro a Laerques, y éste lo trabajó y derramó
por los cuernos de la novilla para que la
diosa se alegrara al ver la ofrenda. Y llevaron a
la novilla por los cuernos Estratio y el divino
Equefrón; y Areto salió de su dormitorio
llevándoles el agua-manos en una vasija adornada
con flores y en la otra llevaba la cebada
tostada dentro de una cesta. Y Trasímedes, el
fuerte en la lucha, se presentó con una afilada
hacha en la mano para herir a la novilla, y Perseo
sostenía el vaso para la sangre.
El anciano, el cabalgador de caballos, Néstor,
comenzó las abluciones y la esparsión de la
cebada sobre el altar suplicando insitentemente
a Atenea mientras realizaba el rito preliminar
de arrojar al fuego cabellos de su testuz.
Cuando acabaron de hacer las súplicas y la esparsión
de la cebada, el hijo de Néstor, el muy
valiente Trasímedes, condujo a la novilla, se
colocó cerca, y el hacha segó los tendones del
cuello y debilitó la fuerza de la novilla. Y lanzaron
el grito ritual las hijas y nueras y la venerable
esposa de Néstor, Eurídice, la mayor de las
hijas de Climeno.
Luego levantaron a la novilla de la tierra de
anchos caminos, la sostuvieron y al punto la
degolló Pisístrato, caudillo de guerreros.
Después que la oscura sangre le salió a chorros
y el aliento abandonó sus huesos, la descuartizaron
enseguida, le cortaron las piernas según
el rito, las cubrieron con grasa por ambos lados,
haciéndolo en dos capas y pusieron sobre ellas
la carne cruda. Entonces el anciano las quemó
sobre la leña y por encima vertió rojo vino
mientras los jóvenes cerca de él sostenían en
sus manos tenedores de cinco puntas.
Después que las piernas se habían consumido
por completo y que habían gustado las entrañas
cortaron el resto en, pequeños trozos, lo ensartaron
y lo asaron sosteniendo los puntiagudos
tenedores en sus manos

CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 28 Abr 2021, 13:33

HOMERO

LA ODISEA

CANTO III

TELÉMACO VIAJA A PILOS PARA INFORMARSE
SOBRE SU PADRE.
CONT.

Entre tanto, la linda Policasta lavaba a Telémaco,
la más joven hija de Néstor, el hijo de Neleo.
Después que lo hubo lavado y ungido con aceite
le rodeó el cuerpo con una túnica y un manto.
Salió Telémaco del baño, su cuerpo semejante
a los inmortales, y fue a sentarse al lado de
Néstor, pastor de su pueblo. Luego que la parte
superior de la carne estuvo asada, la sacaron y
se sentaron a comer, y unos jóvenes nobles se
levantaron para escanciar el vino en copas de
oro.
Después que arrojaron de sí el deseo de comida
y bebida, comenzó a hablarles el de Gerenia, el
caballero Néstor:

«Hijos míos, vamos, traed a Telémaco caballos
de hermosas crines y enganchadlos al carro
para que prosiga con rapidez su viaje.»


Así habló, y ellos le escucharon y le hicieron
caso, y con diligencia engancharon al carro ligeros
corceles. Y la mujer, la ama de llaves, le
preparó vino y provisiones como las que comen
los reyes a los que alimenta Zeus.

Enseguida ascendió Telémaco al hermoso carro,
y a su lado subió el hijo de Néstor, Pisístrato,
el caudillo de guerreros. Empuñó las riendas
y restalló el látigo para que partieran, y los dos
caballos se lanzaron de buena gana a la llanura
abandonando la elevada ciudad de Pilos. Durante
todo el día agitaron el yugo sosteniéndolo
por ambos lados.

Y Helios se sumergió y todos los caminos se
llenaron de sombras cuando llegaron a Feras, al
palacio de Diocles, el hijo de Ortíloco a quien
Alfeo había engendrado. Allí durmieron aquella
noche, pues él les ofreció hospitalidad.
Y se mostró Eos, la que nace de la mañana, la
de dedos de rosa; engancharon los caballos,
subieron al bien trabajado carro y salieron del
pórtico y de la resonante galería.

Restalló Pisístrato el látigo para que partieran,
y los dos caballos se lanzaron de buena gana, y
llegaron a la llanura, a la que produce trigo,
poniendo término a su viaje: ¡de tal manera lo
llevaban los veloces caballos!

Y se sumergió Helios y todos los caminos se
llenaron de sombras.

FIN DEL CANTO III


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 29 Abr 2021, 04:53

HOMERO

LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE


Llegaron éstos a la cóncava y cavernosa Lacedemonia
y se encaminaron al palacio del ilustre
Menelao. Lo encontraron con numerosos allegados,
celebrando con un banquete la boda de
su hijo e ilustre hija. A su hija iba a enviarla al
hijo de Aquiles, el que rompe las filas enemigas;
que en Troya se la ofreció por vez primera
y prometió entregarla, y los dioses iban a llevarles
a término las bodas. Mandábale ir con
caballos y carros a la muy ilustre ciudad de los
mirmidones, sobre los cuales reinaba aquél. A
su hijo le entregaba como esposa la hija de
Alector, procedente de Esparta. El vigoroso
Megapentes, su hijo, le había nacido muy querido
de una esclava, que los dioses ya no dieron
un hijo a Helena luego que le hubo nacido el
primer hijo la deseada Hermione, que poseía la
hermosura de la dorada Afrodita.

Conque se deleitaban y celebraban banquetes
en el gran palacio de techo elevado los vecinos
y parientes del ilustre Menelao; un divino aedo
les cantaba tocando la cítara, y dos volatineros
giraban en medio de ellos, dando comienzo a la
danza.

Y los dos jóvenes, el héroe Telémaco y el ilustre
hijo de Néstor se detuvieron y detuvieron los
caballos a la puerta del palacio. Violos el noble
Eteoneo cuando salía, ágil servidor del ilustre
Menelao, y echó a andar por el palacio para
comunicárselo al pastor de su pueblo. Y poniéndose
junto a él le dijo aladas palabras:

«Hay dos forasteros, Menelao, vástago de Zeus,
dos mozos semejantes al linaje del gran Zeus.
Dime si desenganchamos sus rápidos caballos o
les mandamos que vayan a casa de otro que los
reciba amistosamente.»

Y el rubio Menelao le dijo muy irritado:

«Antes no eras tan simple, Eteoneo, hijo de Boeto,
mas ahora dices sandeces corno un niño.
También nosotros llegamos aquí, los dos, después
de comer muchas veces por amor de la
hospitalidad de otros hombres. ¡Ojalá Zeus nos
quite de la pobreza para el futuro! Desengancha
los caballos de los forasteros y hazlos entrar
para que se les agasaje en la mesa».


Así dijo; salió aquél del palacio y llamó a otros
diligentes servidores para que lo acompañaran.
Desengancharon los caballos sudorosos bajo el
yugo y los ataron a los pesebres, al lado pusieron
escanda y mezclaron blanca cebada; arrimaron
los carros al muro resplandeciente e
introdujeron a los forasteros en la divina morada.
Estos, al observarlo, admirábanse del palacio
del rey, vástago de Zeus; que había un resplandor
como del sol o de la luna en el palacio
de elevado techo del glorioso Menelao. Luego
que se hubieron saciado de verlo con sus ojos,
marcharon a unas bañeras bien pulidas y se
lavaron. Y luego que las esclavas los hubieron
ungido con aceite, les pusieron ropas de lana y
mantos y fueron a sentarse en sillas junto al
Atrida Menelao. Y una esclava virtió agua de
lavamanos que traía en bello jarro de oro sobre
fuente de plata y colocó al lado una pulida mesa.
Y la venerable ama de llaves trajo pan y sirvió
la mesa colocando abundantes alimentos,
favoreciéndoles entre los que estaban presentes.
Y el trinchador les sacó platos de carnes de todas
clases y puso a su lado copas de oro. Y
mostrándoselos, decía el prudente Menelao:

CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 29 Abr 2021, 05:09

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LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE
CONT.

«Comed y alegraos, que luego que os hayáis
alimentado con estos manjares os preguntaremos
quiénes sois de los hombres. Pues sin duda
el linaje de vuestros padres no se ha perdido,
sino que sois vástagos de reyes que llevan cetro
de linaje divino, que los plebeyos no engendran
mozos así.»


Así diciendo puso junto a ellos, asiéndolo con
la mano, un grueso lomo asado de buey que le
habían ofrecido a él mismo como presente de
honor. Echaron luego mano a los alimentos
colocados delante, y después que arrojaron el
deseo de comida y bebida, Telémaco habló al
hijo de Néstor acercando su cabeza para que los
demás no se enteraran:

«Observa, Nestórida grato a mi corazón, el resplandor
de bronce en el resonante palacio, y el
del oro, el eléctro, la plata y el marfil. Seguro
que es así por dentro el palacio de Zeus Olímpico.
¡Cuántas cosas inefables!, el asombro me
atenaza al verlas.»

El rubio Menelao se percató de lo que decía y
habló aladas palabras:

Hijos míos, ninguno de los mortales podría
competir con Zeus, pues son inmortales su casa
y posesiones; pero de los hombres quizá alguno
podría competir conmigo -o quizá no- en riquezas;
las he traído en mis naves -y llegué al octavo
año- después de haber padecido mucho y
andar errante mucho tiempo. Errante anduve
por Chipre, Fenicia y Egipto; llegué a los etiopes,
a los sidonios, a los erembos y a Libia,
donde los corderos enseguida crían cuernos,
pues las ovejas paren tres veces en un solo año.
Ni amo ni pastor andan allí faltos de queso ni
de carne, ni de dulce leche, pues siempre están
dispuestas para dar abundante leche. Mientras
andaba yo errante por allí, reuniendo muchas
riquezas, otro mató a mi hermano a escondidas,
sin que se percatara, con el engaño de su funesta
esposa. Así que reino sin alegría sobre estas
riquezas. Ya habréis oído esto de vuestros padres,
quienes quiera que sean, pues sufrí muy
mucho y destruí un palacio muy agradable
para vivir que contenía muchos y valiosos bienes.
¡Ojalá habitara yo mi palacio aún con un
tercio de éstos, pero estuvieran sanos y salvos
los hombres que murieron en la ancha Troya
lejos de Argos, criadora de caballos. Y aunque
lloro y me aflijo a menudo por todos en mi palacio,
unas veces deleito mi ánimo con el llanto
y otras descanso, que pronto trae cansancio el
frío llanto. Mas no me lamento tanto por ninguno,
aunque me aflija, como por uno que me
amarga el sueño y la comida al recordarlo, pues
ninguno de los aqueos sufrió tanto como Odiseo
sufrió y emprendió. Para él habían de ser
las preocupaciones, para mí el dolor siempre
insoportable por aquél, pues está lejos desde
hace tiempo y no sabemos si vive o ha muerto.
Sin duda lo lloran el anciano Laertes y la discreta
Penélope y Telémaco, a quien dejó en casa
recién nacido.»


Así dijo y provocó en Telémaco el deseo de
llorar por su padre. Cayó a tierra una lágrima
de sus párpados al oír hablar de éste, y sujetó
ante sus ojos el purpúreo manto con las manos.
Menelao se percató de ello, y dudaba en su
mente y en su corazón si dejarle que recordara
a su padre o indagar él primero y probarlo en
cada cosa en particular. En tanto que agitaba
esto en su mente y en su corazón, salió Helena
de su perfumada estancia de elevado techo
semejante a Afrodita, la de rueca de oro.
Colocó Adrastra junto a ella un sillón bien trabajado,
y Alcipe trajo un tapete de suave lana.
También trajo Filo la canastilla de plata que le
había dado Alcandra, mujer de Pólibo, quien
habitaba en Tebas la de Egipto, donde las casas
guardan muchos tesoros. (Dio Pólibo a Menelao
dos bañeras de plata, dos trípodes y diez
talentos de oro. Y aparte, su esposa hizo a
Helena bellos obsequios: le regaló una rueca de
oro v una canastilla sostenida por ruedas de
plata, sus bordes terminados con oro.) Ofreciósela,
pues, Filo, llena de hilo trabajado, y sobre
él se extendía un huso con lana de color violeta.
Y se sentó en la silla y a sus pies tenía un escabel.
Y luego preguntó a su esposo, con su palabra,
cada detalle:
«¿Sabemos ya, Menelao, vástago de Zeus, quiénes
de los hombres se precian de ser éstos que
han llegado a nuestra casa? ¿Me engañaré o
será cierto lo que voy a decir? El ánimo me lo
manda. Y es que creo que nunca vi a nadie tan
semejante, hombre o mujer (¡el asombro me
atenaza al contemplarlo!), como éste se parece
al magnífico hijo de Odiseo, a Telémaco, a
quien aquel hombre dejó recién nacido en casa
cuando los aqueos marchasteis a Troya por
causa de mí, ¡desvergonzada!, para llevar la
guerra.»


CONT.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 29 Abr 2021, 05:29

HOMERO

LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE
CONT.

Y el rubio Menelao le contestó diciendo:

«También pienso yo ahora, mujer, tal como lo
imaginas, pues tales eran los pies y las manos
de aquél, y las miradas de sus ojos, y la cabeza
y por encima los largos cabellos. Así que, al
recordarme a Odiseo, he referido ahora cuánto
sufrió y se fatigó aquél por mí. Y él vertía espeso
llanto de debajo de sus cejas sujetando con
las manos el purpúreo manto ante sus ojos.»

Y luego Pisístrato, el hijo de Néstor, le dijo:

«Atrida Menelao, vástago de Zeus, caudillo de
tu pueblo, en verdad éste es el hijo de aquél, tal
como dices, pero es prudente y se avergüenza
en su ánimo de decir palabras descaradas al
venir por primera vez ante ti, cuya voz nos
cumple como la de un dios.
«Néstor me ha enviado, el caballero de Gerenia,
para seguirlo como acompañante, pues deseaba
verte a fin de que le sugirieras una palabra o
una obra. Pues muchos pesares tiene en palacio
el hijo de un padre ausente si no tiene otros
defensores como le sucede a Telémaco. Ausentóse
su padre y no hay otros defensores entre
el pueblo que lo aparten de la desgracia.»


Y el rubio Menelao contestó y dijo a éste:

«!Ay!, ha venido a mi casa el hijo del querido
hombre que por mí padeció muchas pruebas.
Pensaba estimarlo por encima de los demás
argivos cuando volviera, si es que Zeus Olímpico,
el que ve a lo ancho, nos concedía a los dos
regresar en las veloces naves. Le habría dado
como residencia una ciudad en Argos y le habría
edificado un palacio trayéndolo desde Itaca
con sus bienes, su hijo y todo el pueblo, después
de despoblar una sola ciudad de las que
se encuentran en las cercanías y son ahora gobernadas
por mí. Sin duda nos habríamos reunido
con frecuencia estando aquí y nada nos
habría separado en siendo amigos y estando
contentos, hasta que la negra nube de la muerte
nos hubiera envuelto. Pero debía envidiarlo el
dios que ha hecho a aquel desdichado el único
que no puede regresar.»


Así dijo y despertó en todos el deseo de llorar.
Lloraba la argiva Helena, nacida de Zeus, y
lloraba Telémaco y el Atrida Menelao. Tampoco
el hijo de Néstor tenía sus ojos sin llanto,
pues recordaba en su interior al irreprochable
Antíloco, a quien mató el ilustre hijo de la resplandeciente
Eos. Y acordándose de él dijo aladas
palabras:

«Atrida, decía el anciano Néstor cuando lo
mentábamos en su palacio, y conversábamos
entre nosotros, que eres muy sensato entre los
mortales. Conque ahora, si es posible, préstame
atención. A mí no me cumple lamentarme después
de la cena, pero va a llegar Eos, la que
nace de la mañana. No me importará entonces
llorar a quien de los mortales haya perecido y
arrastrado su destino. Esta es la única honra
para los miserables mortales, que se corten el
cabello y dejen caer las lágrimas por sus mejillas.
Pues también murió un mi hermano que
no era el peor de los argivos -tú debes saberlo,
pues yo ni fui ni lo vi-, y dicen que era Antíloco
superior a los demás, rápido en la carrera y
luchador.»


Y le contestó y dijo el rubio Menelao:

«Amigo, has hablado como hablaría y obraría
un hombre sensato y que tuviera más edad que
tú. Eres hijo de tal padre porque también tú
hablas prudentemente. Es fácil de reconocer la
descendencia del hombre a quien el Cronida
concede felicidad cuando se casa o cuando nace,
como ahora ha concedido a Néstor envejecer
cada día tranquilamente en su palacio y que sus
hijos sean prudentes y los mejores con la lanza.
Mas dejemos el llanto que se nos ha venido
antes y pensemos de nuevo en la cena; y que
viertan agua para las manos. Que Telémaco y
yo tendremos unas palabras al amanecer para
conversar entre nosotros.»


Así dijo, y Asfalión vertió agua sobre sus manos,
rápido servidor del ilusre Menelao; y ellos
echaron mano de los alimentos que tenían preparados
delante.

Entonces Helena, nacida de Zeus, pensó otra
cosa: al pronto echó en el vino del que bebían
una droga para disipar el dolor y aplacadora de
la cólera que hacía echar a olvido todos los males.
Quien la tomara después de mezclada en la
crátera, no derramaría lágrimas por las mejillas
durante un día, ni aunque hubieran muerto su
padre y su madre o mataran ante sus ojos con
el bronce a su hermano o a su hijo. Tales drogas
ingeniosas tenía la hija de Zeus, y excelentes,
las que le había dado Polidamna, esposa de
Ton, la egipcia, cuya fértil tierra produce
muchísimas drogas, y después de mezclarlas
muchas son buenas y muchas perniciosas; y allí
cada uno es médico que sobresale sobre todos
los hombres, pues es vástago de Peón. Así
pues, luego que echó la droga ordenó que se
escanciara vino de nuevo; y contestó y dijo su
palabra:

CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 29 Abr 2021, 05:45

HOMERO

LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE
CONT.

«Atrida Menelao, vástago de Zeus, y vosotros,
hijos de hombres nobles. En verdad el dios
Zeus nos concede unas veces bienes y otras
males, pues lo puede todo. Comed ahora sentados
en el palacio y deleitaos con palabras, que
yo voy a haceros un relato oportuno. Yo no
podría contar ni enumerar todos los trabajos de
Odiseo el sufridor, pero sí esto que realizó y
soportó el animoso varón en el pueblo de los
troyanos donde los aqueos padecisteis penalidades:
infligiéndose a sí mismo vergonzosas
heridas y echándose por los hombros ropas
miserables, se introdujo como un siervo en la
ciudad de anchas calles de sus enemigos. Así
que ocultándose, se parecía a otro varón, a un
mendigo, quien no era tal en las naves de los
aqueos. Y como tal se introdujo en la ciudad de
los troyanos, pero ninguno de ellos le hizo caso;
sólo yo lo reconocí e interrogué, y él me evitaba
con astucia. Sólo cuando lo hube lavado y arreglado
con aceite, puesto un vestido y jurado
con firme juramento que no lo descubriría entre
los troyanos hasta que llegara a las rápidas naves
y a las tiendas, me manifestó Odiseo todo el
plan de los aqueos. Y después de matar a muchos
troyanos con afilado bronce, marchó junto
a los argivos llevándose abundante información.
Entonces las troyanas rompieron a llorar
con fuerza, mas mi corazón se alegraba, porque
ya ansiaba regresar rápidamente a mi casa y
lamentaba la obcecación que me otorgó Afrodita
cuando me condujo allí lejos de mi patria,
alejándome de mi hija, de mi cama y de mi marido,
que no es inferior a nadie ni en juicio ni en
porte.»


Y el rubio Menelao le contestó y dijo:

«Sí, mujer, todo lo has dicho como te corresponde.
Yo conocí el parecer y la inteligencia de
muchos héroes y he visitado muchas tierras.
Pero nunca vi con mis ojos un corazón tal como
era el del sufridor Odiseo. ¡Como esto que hizo
y aguantó el recio varón en el pulido caballo
donde estábamos los mejores de los argivos
para llevar muerte y desgracia a los troyanos!
Después llegaste tú- debió impulsarte un dios
que quería conceder gloria a los troyanos- yo
seguía Deífobo semejante a los dioses. Tres veces
lo acercaste a palpar la cóncava trampa y
llamaste a los mejores dánaos, designando a
cada uno por su nombre, imitando la voz de las
esposas de cada uno de los argivos. También yo
y el hijo de Tideo y el divino Odiseo, sentados
en el centro, lo oímos cuando nos llamaste. Nosotros
dos tratamos de echar a andar para salir
o responder luego desde dentro. Pero Odiseo lo
impidió y nos contuvo, aunque mucho lo deseábamos.
Así que los demás hijos de los aqueos
quedaron en silencio, y sólo Anticlo deseaba
contestarte con su palabra. Pero Odiseo apretó
su fuerte mano reciamente sobre la boca y salvó
a todos los aqueos. Y mientras lo retenía, lo
llevó lejos Palas Atenea.»

Y le contestó Telémaco discretamente:

«Atrida Menelao, vástago de Zeus, caudillo de
hombres, ello es más doloroso, pues esto no lo
apartó de la funesta muerte ni aunque tenía
dentro un corazón de hierro. Pero, vamos, envíanos
a la cama para que nos deleitemos ya con
el dulce sueño.»

Así dijo, y la argiva Helena ordenó a las esclavas
colocar camas bajo el pórtico y disponer
hermosas mantas de púrpura, extender por
encima colchas y sobre ellas ropas de lana para
cubrirse. Así que salieron de la sala sosteniendo
antorchas en sus manos y prepararon las camas.
Y un heraldo condujo a los huéspedes.
Acostáronse allí mismo, en el vestíbulo de la
casa, el héroe Telémaco y el ilustre hijo de
Néstor. El Atrida durmió en el interior del
magnífico palacio y Helena, de largo pelo, se
acostó junto a él, la divina entre las mujeres.

CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 30 Abr 2021, 13:26

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LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE
CONT.


Y cuando se mostró Eos, la que nace de la mañana
, la de dedos de rosa, Menelao, el de recia
voz guerrera, se levantó del lecho, vistió sus
vestidos, colgó de su hombro la aguda espada y
bajo sus pies brillantes como el aceite calzó
hermosas sandalias. Luego se puso en marcha,
salió del dormitorio semejante de frente a un
dios y se sentó junto a Telémaco, le dijo su palabra
y le llamó por su nombre:

«¿Qué necesidad lo trajo aquí, héroe Telémaco,
a la divina Lacedemonia, sobre el ancho lomo
del mar? ¿Es un asunto público o privado?
Dímelo sinceramente.»

Y Telémaco le contestó discretamente:

«Atrida Menelao, vástago de Zeus, caudillo de
hombre, he venido por si podías darme alguna
noticia sobre mi padre. Se consume mi casa y
mis ricos campos se pierden; el palacio está
lleno de hombres malvados que continuamente
degüellan gordas ovejas y cuernitorcidos bueyes
de rotátiles patas, los pretendientes de mi
madre, que tienen una arrogancia insolente.
Por esto me llego ahora a tus rodillas, por si
quieres contarme su luctuosa muerte, la hayas
visto con tus propios ojos o hayas escuchado el
relato de algún caminante; digno de lástima
más que nadie lo parió su madre. Y no endulces
tus palabras por respeto ni piedad; antes bien,
cuéntame detalladamente cómo llegaste a verlo.
Te lo suplico, si es que alguna vez mi padre,
el noble Odiseo, lo prometió y cumplió alguna
palabra o alguna obra en el pueblo de los troyanos,
donde los aqueos sufristeis penalidades.
Acuérdate de esto ahora y cuéntame la verdad».


Y le contestó irritado el rubio Menelao:

«¡Ay, ay, conque quieren dormir en el lecho de
un hombre intrépido quienes son cobardes!
Como una cierva acuesta a sus dos recién nacidos
cervatillos en la cueva de un fuerte león y
mientras sale a buscar pasto en las laderas y los
herbosos valles, aquél regresa a su guarida y da
vergonzosa muerte a ambos, así Odiseo dará
vergonzosa muerte a aquéllos. ¡Padre Zeus,
Atenea y Apolo, ojalá que fuera como cuando
en la bien construida Lesbos se levantó para
disputar y luchó con Filomeleides, lo derribó
violentamente y todos los aqueos se alegraron!
Ojalá que con tal talante se enfrentara Odiseo
con los pretendientes: corto el destino de todos
sería y amargas sus nupcias. En cuanto a lo que
me preguntas y suplicas, no querría apartarme
de la verdad y engañarte. Conque no lo ocultaré
ni guardaré secreto sobre lo que me dijo el
veraz anciano del mar.


«Los dioses me retuvieron en Egipto, aunque
ansiaba regresar aquí, por no realizar hecatombes
perfectas; que siempre quieren los dioses
que nos acordemos de sus órdenes. Hay una
isla en el ponto de agitadas olas delante de
Egipto -la llaman Faro-,tan lejos cuanto una
cóncava nave puede recorrer en un día si sopla
por detrás sonoro viento, y un puerto de buen
fondeadero de donde echan al mar las equilibradas
naves, luego de sacar negra agua. Retuviéronme
allí los dioses veinte días, y no aparecían
los vientos que soplan favorables, los
que conducen a la naves sobre el ancho lomo
del mar. Todos los víveres y el vigor de mis
hombres se habría acabado a no ser que una de
las diosas se hubiera compadecido y sentido
piedad de mí, Idoteas, la hija del valiente Proteo,
el anciano de los mares, pues la conmovió
el ánimo. Encontróse conmigo cuando vagaba
solo lejos de mis compañeros (continuamente
vagaban éstos por la isla pescando con curvos
anzuelos, pues el hambre retorcía sus estómagos),
y acercándose me dijo estas palabras:


"¿Eres así de simple y atontado, forastero, o te
abandonas de buen grado y gozas padeciendo
males?, puesto que permaneces en la isla desde
hace tiempo sin poder hallar remedio y se consume
el ánimo de tus compañeros."
 Así dijo, y
yo le contesté: "Te diré, quienquiera que seas de
las diosas, que no estoy detenido de buen grado;
que debo haber faltado a los inmortales que
poseen el ancho cielo. Pero dime tú, pues los
dioses lo saben todo, quién de ellos me detiene
y aparta de mi camino, y cómo llevaré a cabo el
regreso a través del ponto rico en peces."


CONT.


Última edición por Pascual Lopez Sanchez el Vie 30 Abr 2021, 13:45, editado 2 veces


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 30 Abr 2021, 13:43

HOMERO

LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE
CONT.

Así
dije, y ella, la divina entre las diosas, me respondió
luego: "Forastero, te voy a informar
muy sinceramente. Viene aquí con frecuencia el
veraz anciano del mar, el inmortal Proteo egipcio,
que conoce las profundidades de todo el
mar, siérvo de Poseidón y -dicen que él me engendró
y es mi padre. Si tú pudieras apresarlo
de alguna manera, poniéndote al acecho, él lo
diría el camino, la extensión de la ruta y cómo
llevarás a cabo el regreso a través del ponto rico
en peces. Y también lo diría, vástago de Zeus, si
es que lo deseas, lo bueno y lo malo que ha sucedido
en tu palacio después que emprendiste
este viaje largo y difícil."
Así dijo, y yo le contesté
y dije: "Sugiéreme tú misma una emboscada
contra el divino anciano a fin de que no
me rehúya si me conoce y se da cuenta de ante
mano, pues es difícil para un hombre mortal
sujetar a un dios."
Así dije, y ella, la divina entre
las diosas, me respondió luego: "Yo lo diré
esto muy sinceramente. Cuando el sol va por el
centro del cielo, el veraz anciano marino sale
del mar con el soplo de Céfiro, oculto por el
negro encrestamiento de las olas. Una vez fuera,
se acuesta en honda gruta y a su alrededor
duermen apiñadas las focas, descendientes de
la hermosa Halosidne, que salen del canoso
mar exhalando el amargo olor de las profundidades
marinas. Yo lo conduciré allí al despuntar
la aurora, lo acostaré enseguida y escogerás
a tres compañeros, a los mejores de tus naves
de buenos bancos. Te diré todas las argucias de
este anciano: primero contará y pasará revista a
las focas y cuando las haya contado y visto todas,
se acostará en medio de ellas como el pastor
de un rebaño de ovejas. Tan pronto como lo
veáis durmiendo, poned a prueba vuestra fuerza
y vigor y retenedlo allí mismo, aunque trate
de huir ansioso y precipitado. Intentará tornarse
en todos los reptiles que hay sobre la tierra,
así como en agua y en violento fuego. Pero vosotros
retenedlo con firmeza y apretad más
fuerte. Y cuando él lo pregunte, volviendo a
mostrarse tal como lo visteis durmiendo, abstente
de la violencia y suelta al anciano. Y
pregúntale cuál de los dioses lo maltrata y
cómo llevarás a cabo el regreso a través del
ponto rico en peces."

Habiendo hablado así, se sumergió en el ponto
alborotado y yo marché hacia las naves que se
encontraban en la arena. Y mientras caminaba,
mi corazón agitaba muchos pensamientos. Pero
una vez que llegué a las naves y al mar, preparamos
la cena y se nos vino la divina noche.

Entonces nos acostamos en la ribera del mar.
«Tan pronto como apuntó la que nace de la
mañana, la de dedos de rosa, me marché luego
a la orilla del mar, el de anchos caminos, suplicando
mucho a los dioses. Y llevé tres compañeros
en los que más fiaba para empresas de
toda suerte.


«Entre tanto, Idotea, que se había sumergido en
el ancho seno del mar, sacó cuatro pieles de
foca del ponto, todas ellas recién desolladas,
pues había ideado un engaño contra su padre:
había cavado hoyos en la arena del mar y se
sentó para esperar. Nosotros llegamos muy
cerca de ella, nos acostó en fila y echó sobre
cada uno una piel. La emboscada era angustiosa,
pues nos atormentaba terriblemente el
mortífero olor de las focas criadas en el mar.
Pues ¿quién se acostaría junto a un monstruo
marino? Pero ella nos salvó y nos dio un gran
remedio: colocó a cada uno debajo de la nariz
ambrosía que despedía un muy agradable olor
y acabó con la fetidez del monstruo. Esperamos
toda la mañana con ánimo resignado y las focas
salieron del mar apiñadas y se tendieron en fila
sobre la ribera. El anciano salió del mar al mediodía
y encontró a las rollizas focas, pasó revista
a todas y contó el número. Nos contó los
primeros entre los monstruos, pero no se percató
su ánimo de que había engaño. A continuación
se acostó también él. Conque nos lanzamos
gritando y le echamos mano. El anciano
no se olvidó de sus engañosas artes, y primero
se convirtió en melenudo león, en dragón, en
pantera, en gran jabalí; también se convirtió en
fluida agua y en árbol de frondosa copa, mas
nosotros lo reteníamos con fuerte coraje. Y
cuando el artero anciano estaba ya fastidiado
me preguntó y me dijo: "Quién de los dioses,
hijo de Atreo, te aconsejó para que me apresaras
contra mi voluntad tendiéndome emboscada?
¿Qué necesitas de mí?"
Así dijo, y yo le contesté
y dije: "Sabes anciano (¿por qué me dices
esto intentando engañarme?) que tiempo ha
que estoy retenido en esta isla sin poder hallar
remedio y mi corazón se me consume dentro.
Pero dime -puesto que los dioses lo saben todo quién
de los inmortales me detiene y aparta de
mi camino y cómo llevaré a cabo el regreso a
través del ponto rico en peces."
Así dije, y al
punto me contestó y dijo: "Debieras haber
hecho al embarcar hermosos sacrificios a Zeus
y a los demás dioses que poseen el ancho cielo
para llegar a tu patria navegando sobre el ponto
rojo como el vino. No creo que tu destino sea
ver a los tuyos y llegar a tu bien edificada casa
y a tu patria hasta que vuelvas a recorrer las
aguas del Egipto, río nacido de Zeus y sacrifiques
sagradas hecatombes a los dioses inmortales
que poseen el ancho cielo. Entonces los dioses
te concederán el camino que tanto deseas."

Así dijo y se me conmovió el corazón, pues me
mandaba ir de nuevo a Egipto a través del ponto,
sombrío camino, largó y difícil. Pero aun así
le contesté y le dije: "Anciano, haré como mandas.
Pero, vamos, dime e infórmame con verdad
si llegaron sanos y salvos todos los aqueos
que Néstor y yo dejamos cuando partimos de
Troya o murió alguno de cruel muerte en su
nave o a manos de los suyos después de soportar
la guerra laboriosa."
Así dije, y él me contestó
y dijo: "¡Atrida!, ¿por qué me preguntas
esto? No te es necesario saberlo ni conocer mi
pensamiento. Te aseguro que no estarás mucho
tiempo sin llanto luego que te enteres de todo,
pues muchos de ellos murieron y muchos han
sobrevivido. Sólo dos jefes de los aqueos que
visten bronce murieron en el regreso (pues tú
mismo asististe a la guerra); y uno que vive aún
está retenido en el vasto ponto. Ayante pereció
junto con sus naves de largos remos: primero lo
arrimó Poseidón a las grandes rocas de Girea y
lo salvó del mar, y habría escapado de la muerte,
aunque odiado de Atenea, si no hubiera
pronunciado una palabra orgullosa y se hubiera
obcecado grandemente. Dijo que escaparía
al gran abismo del mar contra la voluntad de
los dioses. Poseidón le oyó hablar orgullosamente
y a continuación, cogiendo con sus manos
el tridente, golpeó la roca Girea y la dividió:
una parte quedo allí, pero se desplomó en
el ponto el trozo sobre el que Ayante, sentado
desde el principio, había incurrido en gran cegazón;
y lo arrastró hacia el inmenso y alborotado
ponto. Así pereció después de beber la
salobre agua.

CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 30 Abr 2021, 13:55

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LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE
CONT.

«"También tu hermano escapó a la maldición
de Zeus y huyó en las cóncavas naves, pues lo
salvó la venerable Hera. Mas cuando estaba a
punto de llegar al escarpado monte de Malea,
arrebatólo una tempestad que lo llevó gimiendo
penosamente por el ponto rico en peces.
hasta un extremo del campo donde en otro
tiempo habitó Tiestes; mas entonces la habitaba
Egisto, el hijo de Tiestes. Así que cuando, una
vez allí, le parecía feliz el regreso y los dioses
cambiaron el viento y llegaron a sus casas, entonces
tu hermano pisó alegre su tierra patria:
tocaba y besaba la tierra y le caían muchas ardientes
lágrimas cuando contemplaba con júbilo
su tierra. Pero lo vio desde una atalaya el
vigilante que había puesto allí el tramposo
Egisto (le había ofrecido en recompensa dos
talentos de oro). Vigilaba éste desde hacía un
año, para que no le pasara inadvertido si llegaba
y recordara su impetuosa fuerza. Y marchó a
palacio para dar la noticia al pastor de su pueblo.
Y enseguida Egisto tramó una engañosa
trampa: eligiendo los veinte mejores hombres
entre el pueblo, los puso en emboscada y luego
mandó preparar un banquete en otra parte, y
marchó a llamar a Agamenón, pastor de su
pueblo, con caballos y carros meditando obras
indignas. Condújolo, desconocedor de su muerte,
y mientras lo agasajaba lo mató como se
mata a un buey en el pesebre. No quedó vivo
ninguno de los compañeros del Atrida que lo
acompañaban, ni ninguno de Egisto, que todos
fueron muertos en el palacio."


«Así dijo, y se me conmovió el corazón; lloraba
sentado en la arena, y mi corazón no quería
vivir ya ni ver la luz del sol. Y después que me
harté de llorar y agitarme me dijo el veraz anciano
del mar: "No llores, hijo de Atreo, mucho
tiempo y sin cesar, puesto que así no hallaremos
ningún remedio. Conque trata de volver a
tu patria rápidamente, pues o lo encontrarás
aún vivo o bien Orestes lo habrá matado adelantándose
y tú puedes estar presente a sus
funerales."
Así dijo, y mi corazón y ánimo valeroso
se caldearon de nuevo en mi pecho, aunque
estaba afligido. Y le hablé y le dije aladas
palabras: "De éstos ya sé ahora. Nómbrame,
pues, al tercer hombre, el que, aún vivo, está
retenido en el vasto ponto o está ya muerto.
Pues aunque afligido quiero oírlo."
Así le dije, y
él al punto me contestó y me dijo: "El hijo de
Laertes que habita en Itaca. Lo vi en una isla
derramando abundante llanto, en el palacio de
la ninfa Calipso, que lo retiene por la fuerza.
No puede regresar a su tierra, pues no tiene
naves provistas de remos ni compañeros que lo
acompañen por el ancho lomo del mar. Respecto
a ti, Menelao, vástago de Zeus, no está determinado
por los dioses que mueras en Argos,
criadora de caballos, enfrentándote con tu destino,
sino que los inmortales lo enviarán a la
llanura Elisia, al extremo de la tierra, donde
está el rubio Radamanto. Allí la vida de los
hombres es más cómoda, no hay nevadas y el
invierno no es largo; tampoco hay lluvias, sino
que Océano deja siempre paso a los soplos de
Céfiro que sopla sonoramente para refrescar a
los hombres. Porque tienes por esposa a Helena
y para ellos eres yerno de Zeus."


«Y hablando así, se sumergió en el alborotado
ponto. Yo enfilé hacia las naves con mis divinos
compañeros, y mientras caminaba, mi corazón
agitaba muchas cosas; y luego que llegamos a la
nave y al mar, preparamos la cena y se nos echó
encima la divina noche; así que nos acostamos
en la ribera del mar.
«Y cuando apareció Eos, la que nace de la mañana,
la de dedos de rosa, en primer lugar lanzamos
al mar divino las naves y colocamos los
mástiles y velas en las proporcionadas naves y
todos se fueron a sentar en los bancos; y sentados
en fila, batían el canoso mar con los remos.
«Detuve las naves en el Egipto, río nacido de
Zeus, e hice perfectas hecatombes. Y cuando
había puesto fin a la cólera de los dioses que
existen siempre, levanté un túmulo a Agamenón
para que su gloria sea inextinguible.
«Acabado esto, partí, y los inmortales me concedieron
viento favorable y rápidamente me
devolvieron a mi tierra. Pero, vamos, permanece
ahora en mi palacio, hasta que llegue el undécimo
o el duodécimo día. Entonces te despediré
y te daré como espléndidos regalos tres
caballos y un carro bien trabajado; también te
daré una hermosa copa para que hagas libaciones
a los dioses inmortales y te acuerdes de mí
todos los días.»

CONT.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

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Mensaje por Lluvia Abril Sáb 01 Mayo 2021, 00:46

S.C.

Gracias, Pascual.
A mi paso lento, pero te sigo.


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El espíritu humano debe fortificarse en la lucha."

WILLIAM E. CHANNING
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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 02 Mayo 2021, 23:24

HOMERO

LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE
CONT.

Y a su vez, Telémaco le contestó discretamente:

«¡Atrida!, no me retengas aquí durante mucho
tiempo, pues yo permanecería un año junto a ti
sin que me atenazara la nostalgia de mi casa ni
de mis padres, que me cumple sobremanera
escuchar tus relatos y palabras. Pero ya mis
compañeros estarán disgustados en la divina
Pilos y tú me retienes aquí hace tiempo. Que el
regalo que me des sea un objeto que se pueda
conservar. Los caballos no los llevaré a Itaca, te
los dejaré aquí como ornato, pues tú reinas en
una llanura vasta en la que hay mucho loto,
juncia, trigo, espelta y blanca cebada que cría el
campo. En Itaca no hay recorridos extensos ni
prado; es tierra criadora de cabras y más encantadora
que la criadora de caballos. Pues ninguna
de las islas que se reclinan sobre el mar es
apta para el paso de caballos ni rica en prados,
a Itaca menos que ninguna.»

Así dijo, y Menelao, de recia voz guerrera, sonrió
y lo acarició con la mano; le llamó por su
nombre y le dijo su palabra:

«Hijo querido, eres de sangre noble, según
hablas. Te cambiaré el regalo, pues puedo. Y de
cuantos objetos hay en mi palacio que se pueden
conservar, te daré el más hermoso y el de
más precio. Te daré una crátera bien trabajada,
de plata toda ella y con los bordes pulidos en
oro. Es obra de Hefesto; me la dio el héroe Fedimo,
rey de los sidonios, cuando me alojó en
su casa al regresar. Esto es lo que quiero regalarte.»

Mientras departían entre sí iban llegando los
invitados al palacio del divino rey. Unos traían
ovejas, otros llevaban confortante vino, y las
esposas de lindos velos les enviaban el pan. Así
preparaban comida en el palacio.

Entre tanto, los pretendientes se complacían
arrojando discos y venablos ante el palacio de
Odiseo, en el sólido pavimento donde acostumbraban,
llenos de arrogancia.

Hallábanse sentados Antínoo y Eurímaco, semejantes
a los dioses, los jefes de los pretendientes
y los mejores con preferencia por su
valor. Y acercándoseles el hijo de Fronio, Noemón,
le preguntó y dijo a Antínoo su palabra:

«Antínoo, ¿sabemos cuándo vendrá Telémaco
de la arenosa Pilos o no? Se fue llevándose mi
nave y preciso de ella para pasar a la espaciosa
Elide, donde tengo doce yeguas y mulos no
domados, buenos para el laboreo; si traigo alguno
de estos podría domarlo.»


Así dijo, y ellos quedaron atónitos, pues no
pensaban que Telémaco hubiera marchado a
Pilos de Neleo, sino que se encontraba en el
campo con las ovejas o con el porquerizo.
Mas, al fin, Antínoo, hijo de Eupites, contestóle
diciendo:

«Háblame sinceramente. ¿Cuándo se fue y qué
mozos lo acompañaban? ¿Los mejores de Itaca
o sus obreros y criados? Que también pudo
hacerlo así. Dime también con verdad, para que
yo lo sepa, si te quitó la negra nave por la fuerza
y contra tu voluntad o se la diste de buen
grado, luego de suplicarte una y otra vez.»



CONT.


Última edición por Pascual Lopez Sanchez el Dom 02 Mayo 2021, 23:51, editado 1 vez


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 02 Mayo 2021, 23:33

HOMERO

LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE
CONT.

Y Noemón, el hijo de Fronio, le contestó:

«Yo mismo se la di de buen grado. ¿Qué se
podría hacer si te la pide un hombre como él,
con el ánimo lleno de preocupaciones? Sería
difícil negársela. Los jóvenes que le acompañaban
son los que sobresalen entre nosotros en el
pueblo. También vi embarcando como jefe a
Méntor, o a un dios, pues así parecía en todo.
Lo que me extraña es que vi ayer por la mañana
al divino Méntor aquí, y eso que entonces se
embarcó para Pilos.»


Cuando así hubo hablado marchó hacia la casa
de su padre, y a éstos se les irritó su noble ánimo.
Hicieron sentar a los pretendientes todos
juntos y detuvieron sus juegos. Y entre ellos
habló irritado Antínoo, hijo de Eupites; su corazón
rebosaba negra cólera y sus ojos se asemejaban
al resplandeciente fuego:

«¡Ay, ay,
buen trabajo ha realizado Telémaco arrogantemente
con este viaje; y decíamos que no lo llevaría
a cabo! Contra la voluntad de tantos
hombres un crío se ha marchado sin más, después
de botar una nave y elegir los mejores
entre el pueblo. Enseguida comenzará a ser un
azote. ¡Así Zeus le destruya el vigor antes de
que llegue a la plenitud de la juventud Conque,
ea, dadme una rápida nave y veinte compañeros
para ponerle emboscada y esperarle cuando
vuelva en el estrecho entre Itaca y la escarpada
Same. Para que el viaje que ha emprendido por
causa de su padre le resulte funesto.»


Así dijo, y todos aprobaron sus palabras y lo
apremiaban.

Así que se levantaron y se pusieron en camino
hacia el palacio de Odiseo.

Penélope no tardó mucho en enterarse de los
planes que los prentendientes meditaban en
secreto. Pues se los comunicó el heraldo Medonte,
que escuchó sus decisiones aunque estaba
fuera del patio cuando éstos las urdían dentro.
Y se puso en camino por el palacio para
cómunicárselo a Penélope. Cuando atravesaba
el umbral le dijo ésta:

«Heraldo, ¿a qué te mandan los ilustres pretendientes?
¿Acaso para que ordenes a las esclavas
del divino Odiseo que dejen sus labores y les
preparen comida? iOjalá dejaran de cortejarme
y de reunirse y cenaran su última y definitiva
cena! Con tanto reuniros aquí estáis acabando
con muchos bienes, con las posesiones del prudente
Telémaco. ¿No habéis oído contar a vuestros
padres cuando erais niños cómo era Odiseo
con ellos, que ni hizo ni dijo nada injusto en el
pueblo? Este es el proceder habitual de los divinos
reyes: a un hombre le odian mientras que
a otro le aman. Pero aquél jamás hizo injusticia
a hombre alguno. Así que han quedado al descubierto
vuestro ánimo a injustas obras, y no
tenéis agradecimiento por sus beneficios.»

Y a su vez le dijo Medonte, de pensamientos
prudentes:

«Reina, ¡ojalá fuera ésta el mayor mal! Pero los
pretendientes meditan otro mucho mayor y
más penoso que ojalá no cumpla el Cronida!
Desean ardientemente matar a Telémaco con el
agudo bronce cuando vuelva a casa, pues partió
a la augusta Pilos y a la divina Lacedemonia
en busca de noticias dé su padre.»


Así dijo. Flaqueáronle a Penélope las rodillas y
el corazón, el estupor le arrebató las palabras
por largo tiempo, y los ojos se le llenaron de
lágrimas, y la vigorosa voz se le quedó detenida.
Más tarde le contestó y dijo:

«¡Heraldo! ¿Por qué se ha marchado mi hijo?
No precisaba embarcar en las naves que navegan
veloces, que son para los hombres caballos
en la mar y atraviesan la abundante humedad.
¿Acaso lo hizo para que no quede ni siquiera su
nombre entre los hombres?»


Y le contestó a continuación Medonte, conocedor
de prudencia:

«No sé si lo impulsó algún dios o su propio
ánimo a ir a Pilos para indagar acerca del regreso
de su padre o del destino con el que se ha
enfrentado.»


CONT.


Última edición por Pascual Lopez Sanchez el Dom 02 Mayo 2021, 23:53, editado 1 vez


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 02 Mayo 2021, 23:40

HOMERO

LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE
CONT.

Cuando hubo hablado así, se fue por el palacio
de Odiseo. Envolvió a Penélope una pena mortal
y no soportó estar sentada en la silla, de las
que había abundancia en la casa, sino que se
sentó en el muy trabajado umbral de su aposento,
quejándose de manera lamentable. Y a su
alrededor gemían todas las criadas, cuantas
había en el palacio, jóvenes y viejas. Y Penélope
les dijo, llorando agudamente:

«Escuchadme, amigas, pues el Olímpico me ha
concedido dolores por encima de las que nacieron
o se criaron conmigo: perdí primero a un
esposo noble de corazón de león y que se distinguía
entre los dánaos por excelencias de todas
clases, un noble varón cuya vasta gloria se
extiende por la Hélade y hasta el centro de Argos.
«Y ahora las tempestades han arrebatado sin
gloria del palacio a mi amado hijo. No me enteré
cuándo marchó. Desdichadas, tampoco a
vosotras se os ocurrió levantarme de la cama,
aunque bien sabíais cuándo partió aquél en la
cóncava y negra nave; pues si hubiera barruntado
que pensaba en este viaje, se habría quedado
aquí por más que lo ansiara o me habría
tenido que dejar muerta en el palacio. Vamos,
que llame alguna al anciano Dolio, mi esclavo,
el que me dio mi padre cuando vine aquí y cuida
mi huerto abundante en árboles, para que
vaya cerca de Laertes lo antes posible a contarle
todo esto, por si urdiendo alguna astucia en su
mente sale a quejarse a los ciudadanos que desean
destruir el linaje de Odiseo, semejante a
un dios.»

Y a su vez le dijo su nodriza Euriclea:

«¡Hija mía!, mátame con implacable bronce o
déjame en palacio, mas no te ocultaré mi palabra;
yo sabía todo esto y le di cuanto ordenó,
pan y dulce vino, y me tomó un solemne juramento:
que no te lo dijera antes de que llegara
el duodécimo día o tú misma lo echaras de menos
y escucharas que se había marchado, para
que no afearas llorando tu hermosa piel.
«Vamos, báñate, toma vestidos limpios para tu
cuerpo y -sube al piso superior con las esclavas.
Y suplica a Atenea, hija de Zeus, portador de
égida, pues ella, en efecto, lo salvará de la
muerte. No hagas desgraciado a un pobre anciano,
pues no creo en absoluto que el linaje del
hijo de Arcisio sea odiado por los bienaventurados
dioses; que alguno sobrevivirá que ocupe
el palacio de elevado techo y posea en la lejanía
los fértiles campos.»


Así diciendo, calmóse y cerró sus ojos al llanto.
Y luego de bañarse y coger vestidos limpios
para su cuerpo, subió al piso superior con las
criadas y colocó en una cesta granos de cebada.
E imploró a Atenea:

«Escúchame, hija de Zeus, portador de égida,
Atritona; si alguna vez el muy hábil Odiseo
quemó en el palacio gordos muslos de buey o
de oveja, acuérdate de ellos ahora, salva a mi
hijo y aleja a los muy orgullosos pretendientes.»


CONT.


Última edición por Pascual Lopez Sanchez el Dom 02 Mayo 2021, 23:55, editado 1 vez


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Dom 02 Mayo 2021, 23:49

HOMERO

LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE
CONT.

Cuando hubo hablado así lanzó el grito ritual y
la diosa escuchó su oración. Los pretendientes
alborotaban en la sombría sala, y uno de los
jóvenes orgullosos decía así:

«La reina muy solicitada por nosotros prepara
sus nupcias sin saber que ha sido fabricada la
muerte para su hijo.»


Así decía uno, ignorando lo que había ocurrido.
Y entre ellos habló Antínoo y dijo:

«Desgraciados, evitad toda palabra arrogante,
no sea que alguien se la vaya a comunicar. Mas,
vamos, levantémonos y ejecutemos en silencio
ese plan que a todos nos cumple.»


Cuando hubo dicho así, escogió a los veinte
mejores y se dirigió hacia la rápida nave y a la
orilla del mar. Arrastráronla primero al profundo
mar y colocaron el mástil y las velas a la
negra nave. Prepararon luego los remos con
estrobos de cuero todo como corresponde,
desplegaron las blancas velas y los audaces
sirvientes les trajeron las armas. Anclaron la
nave en aguas profundas y luego que hubieron
desembarcado comieron allí y esperaron a que
cayera la tarde.

Entre tanto, la discreta Penélope yacía en ayunas
en el piso superior sin tomar comida ni
bebida, cavilando si su ilustre hijo escaparía a
la muerte o sucumbiría a manos de los soberbios
pretendientes. Y le sobrevino el dulce sueño
mientras meditaba lo que suele meditar un
león entre una muchedumbre de hombres
cuando lo llevan acorralado en engañoso círculo.
Dormía reclinada y todos sus miembros se
aflojaron.

En esto, tramó otro plan la diosa de ojos brillantes,
Atenea: construyó una figura semejante al
cuerpo de una mujer, de Iftima, hija del
magnánimo Icario, a la que había desposado
Eumelo, que tenía su casa en Feras, y envióla al
palacio del divino Odiseo para que aliviara del
llanto y los gemidos a Penélope, que se lamentaba
entre sollozos. Entró en el dormitorio por
la correa del pasador, se colocó sobre la cabeza
de Penélope y le dijo su palabra:

«Penélope, ¿duermes afligida en tu corazón?
No, los dioses que viven fácilmente no van a
permitir que llores ni te aflijas, pues tu hijo ya
está en su camino de vuelta, que en nada es culpable
a los ojos de los dioses.»


Y le contestó luego la discreta Penélope, durmiendo
plácidamente en las mismas puertas
del sueño:

«Hermana, ¿por qué has venido? No sueles
venir con frecuencia, al menos hasta ahora, ya
que vives muy lejos.

«Así que me mandas dejar los lamentos y los
numerosos dolores que se agitan en mi interior,
a mí que ya he perdido mi marido noble y valiente
como un león, dotado de toda clase de
virtudes entre los dánaos, cuya fama de nobleza
es extensa en la Hélade y hasta el centro de
Argos. Ahora de nuevo mi hijo amado ha partido
en cóncava nave, mi hijo inocente desconocedor
de obras y palabras. Es por éste por quien
me lamento más que por aquél. Por éste tiemblo
y temo no le vaya a pasar algo, sea por obra
de los del pueblo a donde ha marchado o sea en
el mar. Pues muchos enemigos traman contra él
deseando matarlo antes de que llegue a su tierra
patria.»



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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 03 Mayo 2021, 00:01

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LA ODISEA

CANTO IV

TELÉMACO VIAJA A ESPARTA
PARA INFORMASE SOBRE SU PADRE
CONT.

Y le contestó la imagen invisible:

«Ánimo, no temas ya nada en absoluto. Ésta es
quien le acompaña como guía, Palas Atenea
-pues puede-, a quien cualquier hombre desearía
tener a su lado. Se ha compadecido de tus
lamentos y me ha enviado ahora para que te
comunique esto.»


Y le contestó a su vez la prudente Penélope:

«Si de verdad eres una diosa y has oído la voz
de un dios, vamos, háblame también de aquel
desdichado, si vive aún y contempla la luz del
sol o ya ha muerto y está en el Hades.»


Y le contestó y dijo la imagen invisible:

«De aquél no te voy a decir de fijo si vive o ha
muerto, que es malo hablar cosas vanas.»


Así diciendo, desapareció en el viento por la
cerradura de la puerta. Y ella se desperezó del
sueñó, la hija de Icario. Y su corazón se calmó,
porque en lo más profundo de la noche se le
había presentado un claro sueño.

Conque los pretendientes embarcaron y navegaban
los húmedos caminos removiendo en su
interior la muerte para Telémaco.

Hay una isla pedregosa en mitad del mar entre
Itaca y la escarpada Same, la isla de Asteris. No
es grande, pero tiene puertos de doble entrada
que acogen a las naves. Así que allí se emboscaron
los aqueos y esperaban a Telémaco

FIN DEL CANTO IV


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 03 Mayo 2021, 23:19

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LA ODISEA

CANTO V

ODISEO LLEGA A ESQUERIA
DE LOS FEACIOS


En esto, Eos se levantó del lecho, de junto al
noble Titono, para llevar la luz a los inmortales
y a los mortales. Los dioses se reunieron en
asamblea, y entre ellos Zeus, que truena en lo
alto del cielo, cuyo poder es el mayor. Y Atenea
les recordaba y relataba las muchas penalidades
de Odiseo. Pues se interesaba por éste, que
se encontraba en el palacio de la ninfa:

«Padre Zeus y demás bienaventurados dioses
inmortales, que ningún rey portador de cetro
sea benévolo ni amable ni bondadoso y no sea
justo en su pensamiento, sino que siempre sea
cruel y obre injustamente, ya que no se acuerda
del divino Odiseo ninguno de los ciudadanos
entre los que reinaba y era tierno como un padre.
Ahora éste se encuentra en una isla soportando
fuertes penas en el palacio de la ninfa
Calipso y no tiene naves provistas de remos ni
compañeros que lo acompañen por el ancho
lomo del mar. Y, encima, ahora desean matar a
su querido hijo cuando regrese a casa, pues ha
marchado a la sagrada Pilos y a la divina Lacedemonia
en busca de noticias de su padre».


Y le contestó y dijo Zeus, el que amontona las
nubes:

«Hija mía, ¡qué palabra ha escapado del cerco
de tus dientes! ¿Pues no concebiste tú misma la
idea de que Odiseo se vengara de aquéllos
cuando llegara? Tú acompaña a Telémaco diestramente,
ya que puedes, para que regrese a su
patria sano y salvo, y que los pretendientes
regresen en la nave.»


Y luego se dirigió a Hermes, su hijo, y le dijo:

«Hermes, puesto que tú eres el mensajero en lo
demás, ve a comunicar a la ninfa de lindas
trenzas nuestra firme decisión: la vuelta de
Odiseo el sufridor, que regrese sin acompañamiento
de dioses ni de hombres mortales. A los
veinte días llegará en una balsa de buena trabazón
a la fértil Esqueria, después de padecer
desgracias, a la tierra de los feacios, que son
semejantes a los dioses, quienes lo honrarán
como a un dios de todo corazón y lo enviarán a
su tierra en una nave dándole bronce, oro en
abundancia y ropas, tanto como nunca Odiseo
hubiera sacado de Troya si hubiera llegado
indemne habiendo obtenido parte del botín.
Pues su destino es que vea a los suyos, llegue a
su casa de alto techo y a su patria.»


Así dijo, y el mensajero Argifonte no desobedeció.
Conque ató, luego a sus pies hermosas
sandalias, divinas, de oro, que suelen llevarlo
igual por el mar que por la ilimitada tierra a la
par del soplo del viento. Y cogió la varita con la
que hechiza los ojos de los hombres que quiere
y los despierta cuando duermen. Con ésta en
las manos echó a volar el poderoso Argifonte y
llegado a Pieria cayó desde el éter en el ponto, y
se movía sobre el oleaje semejante a una gaviota
que, pescando sobre los terribles senos del
estéril ponto, empapa sus espesas alas en el
agua del mar. Semejante a ésta se dirigía Hermes
sobre las numerosas olas.

Pero cuando llegó a la isla lejana salió del ponto
color violeta y marchó tierra adentro hasta que
llegó a la gran cueva en la que habitaba la ninfa
de lindas trenzas. Y la encontró dentro. Un gran
fuego ardía en el hogar y un olor de quebradizo
cedro y de incienso se extendía al arder a lo
largo de la isla. Calipso tejía dentro con lanzadera
de oro y cantaba con hermosa voz mientras
trabajaba en el telar. En torno a la cueva
había nacido un florido bosque de alisos, de
chopos negros y olorosos cipreses, donde anidaban
las aves de largas alas, los búhos y halcones
y las cornejas marinas de afilada lengua
que se ocupan de las cosas del mar.

CONT.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 03 Mayo 2021, 23:29

HOMERO

LA ODISEA

CANTO V

ODISEO LLEGA A ESQUERIA
DE LOS FEACIOS.
CONT.

Había delante de la cóncava cueva una viña tupida
que abundaba en uvas, y cuatro fuentes de
agua clara que corrían cercanas unas de otras,
cada una hacia un lado, y alrededor, suaves y
frescos prados de violetas y apios. Incluso un
inmortal que allí llegara se admiraría y alegraría
en su corazón.

El mensajero Argifonte se detuvo allí a contemplarlo;
y, luego que hubo admirado todo en
su ánimo, se puso en camino hacia la ancha
cueva. Al verlo lo reconoció Calipso, divina entre
las diosas, pues los dioses no se desconocen
entre sí por más que uno habite lejos. Pero no
encontró dentro al magnánimo Odiseo, pues
éste, sentado en la orilla, lloraba donde muchas
veces, desgarrando su ánimo con lágrimas, gemidos
y pesares, solía contemplar el estéril
mar. Y Calipso, la divina entre las diosas, preguntó
a Hermes haciéndolo sentar en una silla
brillante, resplandeciente:

«¿Por qué has venido, Hermes, el de vara de
oro, venerable y querido? Pues antes no venías
con frecuencia. Di lo que piensas, mi ánimo me
empuja a cumplirlo si puedo y es posible realizarlo.
Pero antes sígueme para que te ofrezca
los dones de hospitalidad.»


Habiendo hablado así, la diosa colocó delante
una mesa llena de ambrosía y mezcló rojo
néctar. El mensajero bebió y comió, y después
que hubo cenado y repuesto su ánimo con la
comida, le dijo su palabra:

«Me preguntas tú, una diosa, por qué he venido
yo, un dios.
Pues bien, voy a decir con sinceridad mi palabra,
pues lo mandas. Zeus me ordenó que viniera
aquí sin yo quererlo. ¿Quién atravesaría
de buen grado tanta agua salada, indecible?
Además, no hay ninguna ciudad de mortales
en la que hagan sacrificios a los dioses y perfectas
hecatombes.
«Pero no le es posible a ningún dios rebasar o
dejar sin cumplir la voluntad de Zeus, el que
lleva la égida. Dice que se encuentra contigo un
varón, el más desgraciado de cuantos lucharon
durante nueve años en derredor de la ciudad
de Príamo. Al décimo regresaron a sus casas,
después de destruir la ciudad, pero en el regreso
faltaron contra Atenea, y ésta les levantó un
viento contrario. Allí perecieron todos sus fieles
compañeros, pero a él el viento y grandes olas
lo acercaron aquí. Ahora te ordena que lo devuelvas
lo antes posible, que su destino no es
morir lejos de los suyos, sino ver a los suyos y
regresar a su casa de elevado techo y a su patria.»


Así dijo, y Calipso, divina entre las diosas, se
estremeció, habló y le dijo palabras aladas:

«Sois crueles, dioses, y envidiosos más que nadie,
ya que os irritáis contra las diosas que
duermen abiertamente con un hombre si lo han
hecho su amante. Así, cuando Eos, de rosados
dedos, arrebató a Orión, os irritasteis los dioses
que vivís con facilidad, hasta que la casta Artemis
de trono de oro lo mató en Ortigia,
atacándole con dulces dardos. Así, cuando
Deméter, de hermosas trenzas, cediendo a su
impulso, se unió en amor y lecho con Jasión en
campo tres veces labrado. No tardó mucho
Zeus en enterarse, y lo mató alcanzándolo con
el resplandeciente rayo. Así ahora os irritáis
contra mí, dioses, porque está conmigo un mortal.
Yo lo salvé, que Zeus le destrozó la rápida
nave arrojándole el brillante rayo en medio del
ponto rojo como el vino. Allí murieron todos
sus nobles compañeros, pero a él el viento y las
olas lo acercaron aquí. Yo lo traté como amigo y
lo alimenté y le prometí hacerlo inmortal y sin
vejez para siempre. Pero puesto que no es posible
a ningún dios rebasar ni dejar sin cumplir la
voluntad de Zeus, el que lleva la égida, que se
vaya por el mar estéril si aquél lo impulsa y se
lo manda. Mas yo no te despediré de cualquier
manera, pues no tiene naves provistas de remos
ni compañeros que lo acompañen sobre el ancho
lomo del mar. Sin embargo, le aconsejaré
benévola y nada le ocultaré para que llegue a
su tierra sano y salvo.»


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 03 Mayo 2021, 23:37

HOMERO

LA ODISEA

CANTO V

ODISEO LLEGA A ESQUERIA
DE LOS FEACIOS.
CONT.

Y el mensajero, el Argifonte, le dijo a su vez:

«Entonces despídele ahora y respeta la cólera
de Zeus, no sea que se irrite contigo y sea duro
en el futuro.»


Cuando hubo hablado así partió el poderoso
Argifonte.
Y la soberana ninfa acercóse al magnánimo
Odiseo luego que hubo escuchado el mensaje
de Zeus. Lo encontró sentado en la orilla. No se
habían secado sus ojos del llanto, y su dulce
vida se consumía añorando el regreso, puesto
que ya no le agradaba la ninfa, aunque pasaba
las noches por la fuerza en la cóncava cueva
junto a la que lo amaba sin que él la amara. Durante
el día se sentaba en las piedras de la orilla
desgarrando su ánimo con lágrimas, gemidos y
dolores, y miraba al estéril mar derramando
lágrimas.

Y deteniéndose junto a él le dijo la divina entre
las diosas:

«Desdichado, no te me lamentes más ni consumas
tu existencia, que te voy a despedir no sin
darte antes buenos consejos. ¡Hala!, corta unos
largos maderos y ensambla una amplia balsa
con el bronce. Y luego adapta a ésta un elevado
tablazón para que te lleve sobre el brumoso
ponto, que yo te pondré en ella pan y agua y
rojo vino en abundancia que alejen de ti el
hambre. También te daré ropas y te enviaré por
detrás un viento favorable de modo que llegues
a tu patria sano y salvo, si es que lo permiten
los dioses que poseen el ancho cielo, quienes
son mejores que yo para hacer proyectos y
cumplirlos.»


Así habló; estremecióse el sufridor, el divino
Odiseo, y hablando le dirigió aladas palabras:

«Diosa, creo que andas cavilando algo distinto
de mi marcha, tú que me apremias a atravesar
el gran abismo del mar en una balsa, cosa difícil
y peligrosa; que ni siquiera las bien equilibradas
naves de veloz proa lo atraviesan animadas
por el favorable viento de Zeus. No, yo
no subiría a una balsa mal que te pese, si no
aceptas jurarme con gran juramento, diosa, que
no maquinarás contra mí desgracia alguna.»


Así habló; sonrió Calipso, divina entre las diosas,
le acarició la mano y le dijo su palabra,
llamándole por su nombre:

«Eres malvado a pesar de que no piensas cosas
vanas, pues te has atrevido a decir tales palabras.
Sépalo ahora la Tierra, y desde arriba el
ancho Cielo y el agua que fluye de la Estige
-éste es el mayor y el más terrible juramento
para los bienaventurados dioses- que no maquinaré
contra ti desgracia alguna. Esto es lo
que yo pienso y te voy a aconsejar, cuanto para
mí misma pensaría cuando me acuciara tal necesidad.
Mi proyecto es justo, y no hay en mi
pecho un ánimo de hierro, sino compasivo.»


Hablando así la divina entre las diosas marchó
luego delante y él marchó tras las huellas de la
diosa. Y llegaron a la profunda cueva la diosa y
el varón. Éste se sentó en el sillón de donde se
había levantado Hermes, y la ninfa le ofreció
toda clase de comida para comer y beber, cuantas
cosas suelen yantar los mortales hombres.

Sentóse ella frente al divino Odiseo y las siervas
le colocaron néctar y ambrosía. Echaron mano a
los alimentos preparados que tenían delante y
después que se saciaron de comida y bebida
empezó a hablar Calipso, divina entre las diosas:


CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 03 Mayo 2021, 23:45

HOMERO

LA ODISEA

CANTO V

ODISEO LLEGA A ESQUERIA
DE LOS FEACIOS.
CONT.

«Hijo de Laertes, de linaje divino, Odiseo, rico
en ardides, ¿así que quieres marcharte enseguida
a tu casa y a tu tierra patria? Vete enhorabuena.
Pero si supieras cuántas tristezas te deparará
el destino antes de que arribes a tu patria,
te quedarías aquí conmigo para guardar
esta morada y serías inmortal por más deseoso
que estuvieras de ver a tu esposa, a la que continuamente
deseas todos los días. Yo en verdad
me precio de no ser inferior a aquélla ni en el
porte ni en el natural, que no conviene a las
mortales jamás competir con las inmortales ni
en porte ni en figura.»


Y le dijo el muy astuto Odiseo:

«Venerable diosa, no te enfades conmigo, que
sé muy bien cuánto te es inferior la discreta
Penélope en figura y en estátura al verla de
frente, pues ella es mortal y tú inmortal sin vejez.
Pero aun así quiero y deseo todos los días
marcharme a mi casa y ver el día del regreso. Si
alguno de los dioses me maltratara en el ponto
rojo como el vino, lo soportaré en mi pecho con
ánimo paciente; pues ya soporté muy mucho
sufriendo en el mar y en la guerra. Que venga
esto después de aquello.»


Así dijo. El sol se puso y llegó el crepusculo.
Así que se dirigieron al interior de la cóncava
cueva a deleitarse con el amor en mutua compañía.
Y cuando se mostró Eos, la que nace de la mañana,
la de dedos de rosa, Odiseo se vistió de
túnica y manto, y ella, la ninfa, vistió una gran
túnica blanca, fina y graciosa, colocó alrededor
de su talle hermoso cinturón de oro y un velo
sobre la cabeza, y a continuación se ocupó de la
partida del magnánimo Odiseo. Le dio una
gran hacha de bronce bien manejable, aguzada
por ambos lados y con un hermoso mango de
madera de olivo bien ajustado. A continuación
le dio una azuela bien pulimentada, y emprendió
el camino hacia un extremo de la isla donde
habían crecido grandes árboles, alisos y álamos
negros y abetos que suben hasta el cielo, secos
desde hace tiempo, resecos, que podían flotar
ligeros. Luego que le hubo mostrado dónde
crecían los árboles, marchó hacia el palacio Calipso,
divina entre las diosas, y él empezó a
cortar troncos y llevó a cabo rápidamente su
trabajo. Derribó veinte en total y los cortó con el
bronce, los pulió diestramente y los enderezó
con una plomada mientras Calipso, divina entre
las diosas, le llevaba un berbiquí. Después
perforó todos, los unió unos con otros y los
ajustó con clavos y junturas. Cuanto un hombre
buen conocedor del arte de construir redondearía
el fondo de una amplia nave de carga, así
de grande hizo Odiseo la balsa. Plantó luego
postes, los ajustó con vigas apiñadas y construyó
una cubierta rematándola con grandes
tablas. Hizo un mástil y una antena adaptada a
él y construyó el timón para gobernarla. Cubrióla
después con cañizos de mimbre a uno y
otro lado para que fuera defensa contra el oleaje
y puso encima mucha madera. Entre tanto, le
trajo Calipso, divina entre las diosas, tela para
hacer las velas, y él las fabricó con habilidad.
Ató en ellas cuerdas, cables y bolinas y con estacas
la echó al divino mar.
Era el cuarto día y ya tenía todo preparado. Y al
quinto lo dejó marchar de la isla la divina Calipso
después de lavarlo y ponerle ropas perfumadas.
Entrególe la diosa un odre de negro
vino, otro grande de agua y un saco de víveres,
y le añadió abundantes golosinas. Y le envió un
viento próspero y cálido.

Así que el divino Odiseo desplegó gozoso las
velas al viento y sentado gobernaba el timón
con habilidad. No caía el sueño sobre sus
párpados contemplando las Pléyades y el Bootes,
que se pone tarde, y la Osa, que llaman
carro por sobrenombre, que gira allí y acecha a
Orión y es la única privada de los baños de
Océano. Pues le había ordenado Calipso, divina
entre las diosas, que navegase teniéndola a la
mano izquierda. Navegó durante diecisiete días
atravesando el mar, y al decimoctavo aparecieron
los sombríos montes del país de los feacios,
por donde éste le quedaba más cerca y parecía
un escudo sobre el brumoso ponto.

C0NT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 03 Mayo 2021, 23:55

HOMERO

LA ODISEA

CANTO V

ODISEO LLEGA A ESQUERIA
DE LOS FEACIOS
. CONT.

El poderoso, el que sacude la tierra, que volvía
de junto a los etiopes, lo vio de lejos, desde los
montes Sólymos, pues se le apareció surcando
el mar. Irritóse mucho en su corazón, y moviendo
la cabeza habló a su ánimo:

«¡Ay!, seguro que los dioses han cambiado de
resolución respecto a Odiseo mientras yo estaba
entre los etíopes, que ya está cerca de la tierra
de los feacios, donde es su destino escapar
del extremo de las calamidades que le llegan.
Pero creo que aún le han de alcanzar bastantes
desgracias.»


Cuando hubo hablado así, amontonó las nubes
y agitó el mar, sosteniendo el tridente entre sus
manos, e hizo levantarse grandes tempestades
de vientos de todas clases, y ocultó con las nubes
al mismo tiempo la tierra y el ponto. Y la
noche surgió del cielo. Cayeron Euro y Noto,
Céfiro de soplo violento y Bóreas que nace en
cielo despejado levantando grandes olas. Entonces
las rodillas y el corazón de Odiseo desfallecieron,
e irritado dijo a su magnánimo espíritu:

«Ay de mí, desgraciado, ¿qué me sucederá por
fin ahora? Mucho temo que todo lo que dijo la
diosa sea verdad; me aseguró que sufriría desgracias
en el ponto antes de regresar a mi patria,
y ahora todo se está cumpliendo. ¡Con qué
nubes ha cerrado Zeus el vasto cielo y agitado
el ponto, y las tempestades de vientos de todas
clases se lanzan con ímpetu!
«Seguro que ahora tendré una terrible muerte.
¡Felices tres y cuatro veces los dánaos que murieron
en la vásta Troya por dar satisfacción a
los Atridas! Ojalá hubiera muerto yo y me
hubiera enfrentado con mi destino el día en que
cantos troyanos lanzaban contra mí broncíneas
lanzas alrededor del Pelida muerto! Allí habría
obtenido honores fúnebres y los aqueos celebrarían
mi gloria, pero ahora está determinado
que sea sorprendido por una triste muerte.»

Cuando hubo dicho así, le alcanzó en lo más
alto una gran ola que cayó terriblemente y sacudió
la balsa. Odiseo se precipitó fuera de la
balsa soltando las manos del timón, y un terrible
huracán de mezclados vientos le rompió el
mástil por la mitad. Cayeron al mar, lejos, la
vela y la antena, y a él lo tuvo largo tiempo
sumergido sin poder salir con presteza por el
ímpetu de la ingente ola, pues le pesaban los
vestidos que le había dado la divina Calipso.
Al fin emergió mucho después y escupió de su
boca la amarga agua del mar que le caía en
abundancia, con ruido, desde la cabeza. Pero ni
aun así se olvidó de la balsa, aunque estaba
agotado, sino que lanzándose entre las olas se
apoderó de ella. El gran oleaje la arrastraba con
la corriente aquí y allá. Como cuando el otoñal
Bóreas arrastra por la llanura los espinos y se
enganchan espesos unos con otros, así los vientos
la llevaban por el mar por aquí y por allá.
Unas veces Noto la lanzaba a Bóreas para que
se la llevase, y otras Euro la cedía a Céfiro para
perseguirla.

Pero lo vio Ino Leucotea, la de hermosos tobillos,
la hija de Cadmo que antes era mortal dotada
de voz, mas ahora participaba del honor
de los dioses en el fondo del mar. Compadecióse
de Odiseo, que sufría pesares a la deriva,
y emergió volando del mar semejante a una
gaviota; se sentó sobre la balsa y le dijo:

CONT.


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Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 04 Mayo 2021, 00:04

HOMERO

LA ODISEA

CANTO V

ODISEO LLEGA A ESQUERIA
DE LOS FEACIOS.
CONT.

«¡Desgraciado! ¿Por qué tan acerbamente se ha
encolerizado contigo Poseidón, el que sacude la
tierra, para sembrarte tantos males? No te destruirá
por mucho que lo desee. Conque obra del
modo siguiente, pues paréceme que eres discreto:
quítate esos vestidos, deja que la balsa sea
arrastrada por los vientos, y trata de alcanzar
nadando la tierra de los feacios, donde es tu
destino que te salves. Toma, extiende este velo
inmortal bajo tu pecho, y no temas padecer ni
morir. Mas cuando alcances con tus manos tierra
firme, suéltalo enseguida y arrójalo al ponto
rojo como el vino, muy lejos de tierra, y apártate
lejos.»


Cuando hubo hablado así la diosa, le dió el
velo, y con presteza se sumergió en el alborotado
ponto, semejante a una gaviota, y una negra
ola la ocultó. El divino Odiseo, el sufridor, dio
en cavilar y habló irritado a su magnánimo
corazón:

«¡Ay de mí! ¡No vaya a ser que alguno de los
inmortales urde contra mí una trampa, cuando
me ordena abandonar la balsa! Mas no obedeceré,
que yo vi a lo lejos con mis propios ojos la
tierra donde me dijo que tendría asilo. Más
bien, pues me parece mejor, obraré así: mientras
los maderos sigan unidos por las ligazones
permaneceré aquí y aguantaré sufriendo males,
pero una vez que las olas desencajen la balsa
me pondré a nadar, pues no se me alcanza prevision
mejor.»


Mientras esto agitaba en su mente, y en su corazón,
Poseidon, el que sacude la tierra, levantó
una gran ola, terrible y penosa, abovedada, y lo
arrastró. Como el impetuoso viento agita un
montón de pajas secas que dispersa acá y allá,
así dispersó los grandes maderos de la balsa.
Pero Odiseo montó en un madero como si cabalgase
sobre potro de carrera y se quitó los
vestidos que le había dado la divina Calipso. Y
al punto extendió el velo por su pecho y púsose
boca abajo en el mar, extendidos los brazos,
ansioso de nadar.

Y el poderoso, el que sacude la tierra, lo vio, y
moviendo la cabeza, habló a su ánimo:

. «Ahora que has padecido muchas calamidades
vaga por el ponto hasta que llegues a esos
hombres vástagos de Zeus. Pero ni aun así creo
que estimarás pequeña tu desgracia.»

Cuando hubo hablado así, fustigó a los caballos
de hermosas crines y enfiló hacia Egas, donde
tiene ilustre morada.

Pero Atenea, la hija de Zeus decidió otra cosa:
cerró el camino a todos los vientos y mandó
que todos cesaran y se calmaran; levantó al
rápido Bóreas y quebró las olas hasta que Odiseo,
movido por Zeus, llegara a los feacios,
amantes del remo, escapando a la muerte y al
destino.

Así que anduvo éste a la deriva durante dos
noches y dos días por las sólidas olas, y muchas
veces su corazón presintió la muerte. Pero
cuando Eos, de lindas trenzas, completó el tercer
día, cesó el viento y se hizo la calma, y Odiseo
vio cerca la tierra oteando agudamente
desde lo alto de una gran ola. Como cuando
parece agradable a los hijos la vida de un padre
que yace enfermo entre grandes dolores, consumiéndose
durante mucho tiempo, pues le
acomete un horrible demón y los dioses le libran
felizmente del mal, así de agradable le
parecieron a Odiseo la tierra y el bosque, y nadaba
apresurándose por poner los pies en tierra
firme. Pero cuando estaba a tal distancia que se
le habría oído al gritar, sintió el estrépito del
mar en las rocas. Grandes olas rugían estrepitosamente
al romperse con estruendo contra tierra
firme, y todo se cubría de espuma marina,
pues no había puertos, refugios de las naves, ni
ensenadas, sino acantilados, rocas y escollos.
Entonces se aflojaron las rodillas y el corazón
de Odiseo y decía afligido a su magnánimo
corazón:

CONT.


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