Aires de Libertad

https://www.airesdelibertad.com

Leer, responder, comentar, asegura la integridad del espacio que compartes, gracias por elegirnos y participar

Estadísticas

Nuestros miembros han publicado un total de 907378 mensajes en 42882 argumentos.

Tenemos 1448 miembros registrados

El último usuario registrado es Refulgir

Clik Boton derecho y elige abrir en pestaña nueva- DICC. R.A.E

CUMPLIMOS 12 AÑOS

¿Quién está en línea?

En total hay 48 usuarios en línea: 8 Registrados, 2 Ocultos y 38 Invitados :: 3 Motores de búsqueda

Ana María Di Bert, Carlos Justino Caballero, Chambonnet Gallardo, clara_fuente, F. Enrique, javier eguílaz, Lluvia Abril, Simon Abadia


El record de usuarios en línea fue de 360 durante el Sáb 02 Nov 2019, 06:25

Clik Boton derecho y elige abrir en pestaña nueva- DICC. R.A.E

Abril 2021

LunMarMiérJueVieSábDom
   1234
567891011
12131415161718
19202122232425
2627282930  

Calendario Calendario

Conectarse

Recuperar mi contraseña

Galería


HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty

HOMERO. Grecia Clásica.

Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 03 Mar 2021, 15:17

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IX (*)

Embajada a Aquiles- Súplicas

(*)
Agamenón, arrepentido y lamentando su disputa
con Aquiles, por consejo de su anciano
asesor Néstor, despacha a Ulises, Ayante y al
viejo Fénix como embajadores ante Aquiles,
para solicitar su ayuda, con plenos poderes
para prometerle la devolución de Briseide y
abundantes regalos que compensen la afrenta
sufrida. Pero Aquiles se mantiene obstinado a
inflexible.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Miér 03 Mar 2021, 15:23

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IX

Embajada a Aquiles- Súplicas


1. Así los troyanos guardaban el campo. De los
aqueos habíase enseñoreado la ingente fuga,
compañera del glacial terror, y los más valientes
estaban agobiados por insufrible pesar.
Como conmueven el ponto, en peces abundante,
los vientos Bóreas y Céfiro, soplando de improviso
desde la Tracia, y las negruzcas olas se
levantan y arrojan a la orilla multitud de algas;
de igual modo les palpitaba a los aqueos el corazón
en el pecho.

9. El Atrida, en gran dolor sumido el corazón,
iba de un lado para otro y mandaba a los heraldos
de voz sonora que convocaran al ágora,
nominalmente y en voz baja, a todos los capitanes,
y también él los iba llamando y trabajaba
como los más diligentes. Los guerreros acudieron
afligidos. Levantóse Agamenón, llorando,
como fuente profunda que desde altísimo peñasco
deja caer sus aguas sombrías; y, despidiendo
hondos suspiros, habló de esta suerte a
los argivos:

17. -¡Oh amigos, capitanes y príncipes de los
argivos! En grave infortunio envolvióme Zeus
Cronida. ¡Cruel! Me prometió y aseguró que no
me iría sin destruir la bien murada Ilio y todo
ha sido funesto engaño; pues ahora me manda
regresar a Argos, sin gloria, después de haber
perdido tantos hombres. Así debe de ser grato
al prepotente Zeus, que ha destruido las fortalezas
de muchas ciudades y aún destruirá otras,
porque su poder es inmenso. Ea, obremos todos
como voy a decir: Huyamos en las naves a
nuestra patria tierra, pues ya no tomaremos a
Troya, la de anchas calles.

29. Así dijo. Enmudecieron todos y permanecieron
callados. Largo tiempo duró el silencio de
los afligidos aqueos, mas al fin Diomedes, valiente
en el combate, dijo:

32. -¡Atrida! Empezaré combatiéndote por tu
imprudencia, como es permitido hacerlo, oh
rey, en el ágora, pero no te irrites. Poco ha menospreciaste
mi valor ante los dánaos, diciendo
que soy cobarde y débil, lo saben los argivos
todos, jóvenes y viejos. Mas a ti el hijo del artero
Crono de dos cosas te ha dado una: te concedió
que fueras honrado como nadie por el
cetro, y te negó la fortaleza, que es el mayor de
los poderes. ¡Desgraciado! ¿Crees que los aqueos
son tan cobardes y débiles como dices? Si tu
corazón te incita a regresar, parte: delante tienes
el camino y cerca del mar gran copia de
naves que desde Micenas lo siguieron; pero los
demás melenudos aqueos se quedarán hasta
que destruyamos la ciudad de Troya. Y, si también
éstos quieren irse, huyan en los bajeles a
su patria; y nosotros dos, yo y Esténelo, seguiremos
peleando hasta que a Ilio le llegue su fin;
pues vinimos debajo del amparo de los dioses.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 04 Mar 2021, 02:29

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IX

Embajada a Aquiles- Súplicas.
Cont.

50. Así habló; y todos los aqueos aplaudieron,
admirados del discurso de Diomedes, domador
de caballos. Y el caballero Néstor se levantó y
dijo:

53. -¡Tidida! Luchas con valor en el combate y
superas en el consejo a los de tu edad; ningún
aqueo osará vituperar ni contradecir tu discurso,
pero no has llegado hasta el fin. Eres aún
joven -por tus años podrías ser mi hijo menor y,
no obstante, dices cosas discretas a los reyes
argivos y has hablado como se debe. Pero yo,
que me vanaglorio de ser más viejo que tú, lo
manifestaré y expondré todo; y nadie despreciará
mis palabras, ni siquiera el rey Agamenón.
Sin familia, sin ley y sin hogar debe de
vivir quien apetece las horrendas luchas intestinas.
Ahora obedezcamos a la negra noche:
preparemos la cena y los guardias vigilen a
orillas del cavado foso que corre delante del
muro. A los jóvenes se lo encargo; y tú, oh
Atrida, mándalo, pues eres el rey supremo.
Ofrece después un banquete a los caudillos,
que esto es lo que te conviene y lo digno de ti.
Tus tiendas están llenas de vino, que las naves
aqueas traen continuamente de Tracia por el
anchuroso ponto; dispones de cuanto se requiere
para recibir a aquéllos, a imperas sobre muchos
hombres. Una vez congregados, seguirás
el parecer de quien te dé mejor consejo; pues de
uno bueno y prudente tienen necesidad los
aqueos, ahora que el enemigo enciende tal
número de hogueras junto a las naves. ¿Quién
lo verá con alegría? Esta noche se decidirá la
ruina o la salvación del ejército.

79. Así dijo, y ellos lo escucharon atentamente y
lo obedecieron. Al punto se apresuraron a salir
con armas, para encargarse de la guardia, Trasimedes
Nestórida, pastor de hombres; Ascálafo
y Yálmeno, hijos de Ares; Meriones, Afareo,
Deípiro y el divino Licomedes, hijo de Creonte.
Siete eran los capitanes de los centinelas, y cada
uno mandaba cien mozos provistos de luengas
picas. Situáronse entre el foso y la muralla, encendieron
fuego, y todos sacaron su respectiva
cena.

89. El Atrida llevó a su tienda a los príncipes
aqueos, así que se hubieron reunido, y les dio
un espléndido banquete. Ellos metieron mano
en los manjares que tenían delante, y, cuando
hubieron satisfecho el deseo de beber y de comer,
el anciano Néstor, cuya opinión era considerada
siempre como la mejor, empezó a aconsejarles;
y. arengándolos con benevolencia, les
dijo:

96. -¡Gloriosísimo Atrida! ¡Rey de hombres,
Agamenón! Por ti acabaré y por ti comenzaré
también, ya que reinas sobre muchos hombres
y Zeus te ha dado cetro y leyes para que mires
por los súbditos. Por esto debes exponer tu opinión
y oír la de los demás y aun llevarla a cumplimiento
cuando cualquiera, siguiendo los
impulsos de su ánimo, proponga algo bueno;
que es atribución tuya ejecutar lo que se acuerde.
Te diré lo que considero más conveniente y
nadie concebirá una idea mejor que la que tuve
y sigo teniendo, oh vástago de Zeus, desde que,
contra mi parecer, te llevaste la joven Briseide
arrebatándola de la tienda del enojado Aquiles.
Gran empeño puse en disuadirte, pero venció
tu ánimo fogoso y menospreciaste a un fortísimo
varón honrado por los dioses, arrebatándole
la recompensa que todavía retienes. Mas
veamos todavía si podremos aplacarlo con
agradables presentes y dulces palabras.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 04 Mar 2021, 02:37

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IX

Embajada a Aquiles- Súplicas.
Cont.

114. Respondióle el rey de hombres, Agamenón:

115. -No has mentido, anciano, al enumerar mis
faltas. Procedí mal, no lo niego; vale por muchos
el varón a quien Zeus ama cordialmente; y
ahora el dios, queriendo honrar a ése, ha causado
la derrota de los aqueos. Mas, ya que le
falté, dejándome llevar por la funesta pasión,
quiero aplacarlo y le ofrezco la muchedumbre
de espléndidos presentes que voy a enumerar:
Siete trípodes no puestos aún al fuego, diez
talentos de oro, veinte calderas relucientes y
doce corceles robustos, premiados, que en la
carrera alcanzaron la victoria. No sería pobre ni
carecería de precioso oro quien tuviera los
premios que estos solípedos caballos lograron.
Le daré también siete mujeres lesbias, hábiles
en hacer primorosas labores, que yo mismo
escogí cuando tomó la bien construida Lesbos y
que en hermosura a las demás aventajaban.
Con ellas le entregaré la hija de Briseo, que entonces
le quité, y juraré solemnemente que
jamás subí a su lecho ni me uní con ella, como
es costumbre entre hombres y mujeres. Todo
esto se le presentará en seguida; mas, si los dioses
nos permiten destruir la gran ciudad de
Príamo, entre en ella cuando los aqueos partamos
el botín, cargue abundantemente de oro y
de bronce su nave y elija él mismo las veinte
troyanas que más hermosas sean después de la
argiva Helena. Y, si conseguimos volver a los
fértiles campos de Argos de Acaya, podrá ser
mi yerno y tendrá tantos honores como Orestes,
mi hijo menor, que se cría con mucho regalo.
De las tres hijas que dejé en el alcázar bien
construido, Crisótemis, Laódice a Ifianasa,
llévese la que quiera, sin dotarla, a la casa de
Peleo; que yo la dotaré tan espléndidamente,
como nadie haya dotado jamás a su hija: ofrezco
darle siete populosas ciudades -Cardámila,
Enope, la herbosa Hira, la divina Feras, Antea,
la de los hermosos prados, la linda Epea y
Pédaso, en viñas abundante-, situadas todas
junto al mar, en los confines de la arenosa Pilos,
y pobladas de hombres ricos en ganado y en
bueyes, que lo honrarán con ofrendas como a
una deidad y pagarán, regidos por su cetro,
crecidos tributos. Todo esto haría yo, con tal de
que depusiera la cólera. Que se deje ablandar;
pues, por ser implacable e inexorable, Hades es
para los mortales el más aborrecible de todos
los dioses; y ceda a mí, que en poder y edad de
aventajarlo me honro.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 04 Mar 2021, 02:44

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IX

Embajada a Aquiles- Súplicas.
Cont.

162. Contestó Néstor, caballero gerenio:

163. -¡Gloriosísimo Atrida! ¡Rey de hombres,
Agamenón! No son despreciables los regalos
que ofreces al rey Aquiles. Ea, elijamos esclarecidos
varones que cuanto antes vayan a la tienda
del Pelida. Y, si quieres, yo mismo los designaré
y ellos obedezcan: Fénix, caro a Zeus,
que será el jefe, el gran Ayante y el divino Ulises,
acompañados de los heraldos Odio y Eunbates.
Dadnos agua a las manos a imponed
silencio, para rogar a Zeus Cronida que se
apiade de nosotros.

173. Así dijo, y su discurso agradó a todos. Los
heraldos dieron en seguida aguamanos a los
caudillos, y los mancebos, coronando de bebida
las crateras, distribuyéronla a todos los presentes
después de haber ofrecido en copas las primicias.
Luego que hicieron libaciones y cada
cual bebió cuanto quiso, salieron de la tienda
de Agamenón Atrida. Y Néstor, caballero gerenio,
fijando sucesivamente los ojos en cada uno
de los elegidos, les recomendaba mucho, y de
un modo especial a Ulises, que procuraran persuadir
al eximio Pelión.

182. Fuéronse éstos por la orilla del estruendoso
mar y dirigían muchos ruegos a Posidón, que
ciñe y bate la tierra, para que les resultara fácil
llevar la persuasión al altivo espíritu del Eácida.
Cuando hubieron llegado a las tiendas y
naves de los mirmidones, hallaron al héroe deleitándose
con una hermosa lira labrada de
argénteo puente, que había cogido de entre los
despojos cuando destruyó la ciudad de Eetión;
con ella recreaba su ánimo, cantando hazañas
de los hombres. Patroclo, solo y callado, estaba
sentado frente a él y esperaba que el Eácida
acabase de cantar. Entraron aquéllos, precedidos
por Ulises, y se detuvieron delante del
héroe; Aquiles, atónito, se alzó del asiento sin
dejar la lira y Patroclo al verlos se levantó también.
Aquiles, el de los pies ligeros, tendióles la
mano y dijo:

197. -¡Salud, amigos que llegáis! Grande debe de
ser la necesidad cuando venís vosotros, que
sois para mí, aunque esté irritado, los más queridos
de los aqueos todos.

199. En diciendo esto, el divino Aquiles les hizo
sentar en sillas provistas de purpúreos tapetes,
y en seguida dijo a Patroclo, que estaba cerca
de él:

202. -¡Hijo de Menecio! Saca la cratera mayor,
llénala del vino más añejo y distribuye copas;
pues están debajo de mi techo los hombres que
me son más caros.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Jue 04 Mar 2021, 02:52

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IX

Embajada a Aquiles- Súplicas.
Cont.

205. Así dijo, y Patroclo obedeció al compañero
amado. En un tajón que acercó a la lumbre puso
los lomos de una oveja y de una pingüe cabra
y la grasa espalda de un suculento jabalí.
Automedonte sujetaba la carne; Aquiles, después
de cortarla y dividirla, la espetaba en asadores;
y el Menecíada, varón igual a un dios,
encendía un gran fuego; y luego, quemada la
leña y muerta la llama, extendió las brasas, colocó
encima los asadores asegurándolos con
piedras y sazonó la carne con la divina sal.
Cuando aquélla estuvo asada y servida en la
mesa, Patrocio repartió pan en hermosas canastillas;
y Aquiles distribuyó la carne, sentóse
frente al divino Ulises, de espaldas a la pared, y
ordenó a Patroclo, su amigo, que hiciera la
ofrenda a los dioses. Patroclo echó las primicias
al fuego. Metieron mano a los manjares que
tenían delante, y, cuando hubieron satisfecho el
deseo de beber y de comer, Ayante hizo una
seña a Fénix; y Ulises, al advertirlo, llenó de
vino la copa y brindó a Aquiles:

223. -¡Salve, Aquiles! De igual festín hemos disfrutado
en la tienda del Atrida Agamenón que
ahora aquí, donde podríamos comer muchos y
agradables manjares; pero los placeres del delicioso
banquete no nos halagan porque tememos,
oh alumno de Zeus, que nos suceda una
gran desgracia: dudamos si nos será dado salvar
o perder las naves de muchos bancos, si tú
no lo revistes de valor. Los orgullosos troyanos
y sus auxiliares, venidos de lejas tierras, acampan
junto a las naves y al muro y han encendido
una porción de hogueras; y dicen que, como
no podremos resistirlos, asaltarán las negras
naves; Zeus Cronida relampaguea haciéndoles
favorables señales, y Héctor, envanecido por su
bravura y confiando en Zeus, se muestra estupendamente
furioso, no respeta a hombres ni a
dioses, está poseído de cruel rabia, y pide que
aparezca pronto la divina Aurora, asegurando
que ha de cortar nuestras elevadas popas,
quemar las naves con ardiente fuego y matar
cerca de ellas a los aqueos aturdidos por el
humo. Mucho teme mi alma que los dioses
cumplan sus amenazas y el destino haya dispuesto
que muramos en Troya, lejos de Argos,
criadora de caballos. Ea, levántate si deseas,
aunque tarde, salvar a los aqueos, que están
acosados por los troyanos. A ti mismo te ha de
pesar si no lo haces, y no puede repararse el
mal una vez causado; piensa, pues, cómo librarás
a los dánaos de tan funesto día. Amigo,
tu padre Peleo te daba estos consejos el día en
que desde Ftía lo envió a Agamenón: «¡Hijo
mío! La fortaleza, Atenea y Hera te la darán si
quieren; tú refrena en el pecho el natural fogoso-
la benevolencia es preferible -y abstente de
perniciosas disputas para que seas más honrado
por los argivos jóvenes y ancianos.» Así te
amonestaba el anciano y tú lo olvidas. Cede ya
y depón la funesta cólera; pues Agamenón te
ofrece dignos presentes si renuncias a ella. Y si
quieres, oye y te referiré cuanto Agamenón dijo
en su tienda que te daría: Siete trípodes no
puestos aún al fuego, diez talentos de oro, veinte
calderas relucientes y doce corceles robustos,
premiados, que alcanzaron la victoria en la carrera.
No sería pobre ni carecería de precioso
oro quien tuviera los premios que estos caballos
de Agamenón con sus pies lograron. Te dará
también siete mujeres lesbias, hábiles en hacer
primorosas labores, que él mismo escogió
cuando tomaste la bien construida Lesbos y que
en hermosura a las demás aventajaban. Con
ellas te entregará la hija de Briseo, que te ha
quitado, y jurará solemnemente que jamás subió
a su lecho ni se unió con la misma, como es
costumbre, oh rey, entre hombres y mujeres.
Todo esto se te presentará en seguida; mas, si
los dioses nos permiten destruir la gran ciudad
de Príamo, entra en ella cuando los aqueos partamos
el botín, carga abundantemente de oro y
de bronce tu nave y elige tú mismo las veinte
troyanas que más hermosas sean después de la
argiva Helena. Y, si conseguimos volver a los
fértiles campos de Argos de Acaya, podrás ser
su yerno y tendrás tantos honores como Orestes,
su hijo menor, que se cría con mucho regalo.
De las tres hijas que dejó en el palacio bien
construido, Crisótemis, Laódice a Ifianasa,
llévate la que quieras, sin dotarla, a la casa de
Peleo, que él la dotará espléndidamente como
nadie haya dotado jamás a su hija: ofrece darte
siete populosas ciudades -Cardámila, Énope, la
herbosa Hira, la divina Feras, Antea, la de los
amenos prados, la linda Epea y Pédaso, en viñas
abundante-, situadas todas junto al mar, en
los confines de la arenosa Pilos, y pobladas de
hombres ricos en ganado y en bueyes, que te
honrarán con ofrendas como a un dios y pagarán,
regidos por tu cetro, crecidos tributos.
Todo esto haría, con tal de que depusieras la
cólera. Y, si el Atrida y sus regalos te son odiosos,
apiádate de los aqueos todos, que, atribulados
como están en el ejército, te venerarán
como a un dios y conseguirás entre ellos inmensa
gloria. Ahora podrías matar a Héctor,
que llevado de su funesta rabia se acercará mucho
a ti, pues dice que ninguno de los dánaos
que trajeron las naves lo iguala en valor.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 05 Mar 2021, 05:50

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IX

Embajada a Aquiles- Súplicas.
Cont.

307. Respondióle Aquiles, el de los pies ligeros:

308.-¡Laertíada, del linaje de Zeus! ¡Ulises, fecundo
en ardides! Preciso es que os manifieste
lo que pienso hacer para que dejéis de importunarme
unos por un lado y otros por el opuesto.
Me es tan odioso como las puertas de Hades
quien piensa una cosa y manifiesta otra. Diré,
pues, lo que me parece mejor. Creo que ni el
Atrida Agamenón ni los dánaos lograrán convencerme,
ya que para nada se agradece el
combatir siempre y sin descanso contra hombres
enemigos. La misma recompensa obtiene
el que se queda en su tienda, que el que pelea
con bizarría; en igual consideración son tenidos
el cobarde y el valiente; y así muere el holgazán
como el laborioso. Ninguna ventaja me ha procurado
sufrir tantos pesares y exponer mi vida
en el combate. Como el ave lleva a los implumes
hijuelos la comida que coge, privándose de
ella, así yo pasé largas noches sin dormir y días
enteros entregado a la cruenta lucha con hombres
que combatían por sus esposas. Conquisté
doce ciudades por mar y once por tierra en la
fértil región troyana; de todas saqué abundantes
y preciosos despojos que di al Atrida, y éste,
que se quedaba en las veleras naves, recibiólos,
repartió unos pocos y se guardó los restantes.
Mas las recompensas que Agamenón concedió
a los reyes y caudillos siguen en poder de éstos;
y a mí, solo entre los aqueos, me quitó la dulce
esposa y la retiene aún: que goce durmiendo
con ella. ¿Por qué los argivos han tenido que
mover guerra a los troyanos? ¿Por qué el Atrida
ha juntado y traído el ejército? ¿No es por
Helena, la de hermosa cabellera? Pues ¿acaso
son los Atridas los únicos hombres, de voz articulada,
que aman a sus esposas? Todo hombre
bueno y sensato quiere y cuida a la suya, y yo
apreciaba cordialmente a la mía, aunque la había
adquirido por medio de la lanza. Ya que me
defraudó, arrebatándome de las manos la recompensa,
no me tiente; lo conozco y no me
persuadirá. Delibere contigo, Ulises, y con los
demás reyes cómo podrá librar a las naves del
fuego enemigo. Muchas cosas ha hecho ya sin
mi ayuda, pues construyó un muro, abriendo a
su pie ancho y profundo foso que defiende una
empalizada; mas ni con esto puede contener el
arrojo de Héctor, matador de hombres. Mientras
combatí por los aqueos, jamás quiso Héctor
que la pelea se trabara lejos de la muralla; sólo
llegaba a las puertas Esceas y a la encina; y, una
vez que allí me aguardó, costóle trabajo salvarse
de mi acometida. Y puesto que ya no deseo
guerrear contra el divino Héctor mañana, después
de ofrecer sacrificios a Zeus y a los demás
dioses, echaré al mar los cargados bajeles, y
verás, si quieres y te interesa, mis naves surcando
el Helesponto, en peces abundoso, y en
ellas hombres que remarán gustosos; y, si el
glorioso agitador de la tierra me concede una
navegación feliz, al tercer día llegará a la fértil
Ftía. En ella dejé muchas cosas cuando en mal
hora vine y de aquí me llevaré oro, rojizo bronce,
mujeres de hermosa cintura y luciente hierro,
que por suerte me tocaron; ya que el rey
Agamenón Atrida, insultándome, me ha quitado
la recompensa que él mismo me diera.
Decídselo públicamente, os lo encargo, para
que los demás aqueos se indignen, si con su
habitual impudencia pretendiese engañar a
algún otro dánao. No se atrevería, por desvergonzado
que sea, a mirarme cara a cara, con él
no deliberaré ni haré cosa alguna, y, si me engañó
y ofendió, ya no me embaucará más con
sus palabras; séale esto bastante y corra tranquilo
a su perdición, puesto que el próvido
Zeus le ha quitado el juicio. Sus presentes me
son odiosos, y hago tanto caso de él como de un
cabello. Aunque me diera diez o veinte veces
más de lo que posee o de lo que a poseer llegare,
o cuanto entra en Orcómeno, o en la egipcia
Teba, cuyas casas guardan muchas riquezas
-cien puertas dan ingreso a la ciudad y por cada
una pasan diariamente doscientos hombres con
caballos y carros-, o tanto, cuantas son las arenas
o los granos de polvo, ni aun así aplacaría
Agamenón mi enojo, si antes no me pagaba la
dolorosa afrenta. No me casaré con la hija de
Agamenón Atrida, aunque en hermosura rivalice
con la dorada Afrodita y en las labores
compita con Atenea, la de ojos de lechuza; ni
siendo así me desposaré con ella; elija aquel
otro aqueo que le convenga y sea rey más poderoso.
Si, salvándome los dioses, vuelvo a mi
casa, el mismo Peleo me buscará consorte. Gran
número de aqueas hay en la Hélade y en Ftía,
hijas de príncipes que gobiernan las ciudades;
la que yo quiera será mi mujer. Mucho me
aconseja mi corazón varonil que tome legítima
esposa, digna cónyuge mía, y goce allá de las
riquezas adquiridas por el anciano Peleo; pues
no creo que valga lo que la vida ni cuanto dicen
que se encerraba en la populosa ciudad de Ilio
en tiempo de paz, antes que vinieran los aqueos,
ni cuanto contiene el lapídeo templo de
Apolo, que hiere de lejos, en la rocosa Pito. Se
pueden apresar los bueyes y las pingües ovejas,
se pueden adquirir los trípodes y los tostados
alazanes; pero no es posible prender ni coger el
alma humana para que vuelva, una vez ha salvado
la barrera que forman los dientes. Mi madre,
la diosa Tetis, de argentados pies, dice que
las parcas pueden llevarme al fin de la muerte
de una de estas dos maneras: Si me quedo aquí
a combatir en torno de la ciudad troyana, no
volveré a la patria tierra, pero mi gloria será
inmortal; si regreso, perderé la ínclita fama,
pero mi vida será larga, pues la muerte no me
sorprenderá tan pronto. Yo os aconsejo que os
embarquéis y volváis a vuestros hogares, porque
ya no conseguiréis arruinar la excelsa Ilio:
el largovidente Zeus extendió el brazo sobre
ella y sus hombres están llenos de confianza.
Vosotros llevad la respuesta a los príncipes
aqueos -que ésta es la misión de los legados-, a
fin de que busquen otro medio de salvar las
cóncavas naves y a los aqueos que hay a su
alrededor, pues aquél en que pensaron no puede
emplearse mientras subsista mi enojo. Y
Fénix quédese con nosotros, acuéstese y mañana
volverá conmigo a la patria tierra, si así lo
desea, que no he de llevarlo a viva fuerza.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Vie 05 Mar 2021, 06:00

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IX

Embajada a Aquiles- Súplicas.
Cont.

430. Así dijo, y todos enmudecieron, asombrados
de oírlo; pues fue mucha la vehemencia con
que se negó. Y el anciano jinete Fénix, que sentía
gran temor por las naves aqueas, dijo después
de un buen rato y saltándole las lágrimas:

434. -Si piensas en el regreso, preclaro Aquiles,
y te niegas en absoluto a defender del voraz
fuego las veleras naves, porque la ira penetró
en tu corazón, ¿cómo podría quedarme solo y
sin ti, hijo querido? El anciano jinete Peleo quiso
que yo te acompañase el día en que te envió
desde Ftía a Agamenón, todavía niño y sin experiencia
de la funesta guerra ni del ágora,
donde los varones se hacen ilustres; y me
mandó que te enseñara a hablar bien y a realizar
grandes hechos. Por esto, hijo querido, no
querría verme abandonado de ti, aunque un
dios en persona me prometiera rasparme la
vejez y dejarme tan joven como cuando salí de
la Hélade, de lindas mujeres, huyendo de las
imprecaciones de Amíntor Orménida, mi padre,
que se irritó conmigo por una concubina
de hermosa cabellera, a quien amaba con ofensa
de su esposa y madre mía. Ésta me suplicaba
continuamente, abrazando mis rodillas, que me
juntara con la concubina para que aborreciese
al anciano. Quise obedecerla y lo hice; mi padre,
que no tardó en conocerlo, me maldijo repetidas
veces pidió a las horrendas Erinias que
jamás pudiera sentarse en sus rodillas un hijo
mío, y los dioses -el Zeus subterráneo y la terrible
Perséfone -ratificaron sus imprecaciones.
[Pensé matar a mi padre con el agudo bronce;
mas alguno de los inmortales calmó mi cólera,
haciendo que a mi corazón se representara la
fama que tendría yo entre los hombres y los
muchos baldones que de ellos recibiría, a fin de
que no fuese llamado parricida entre los aqueos.]
Desde entonces no tuve ánimo para vivir
en el palacio con mi padre enojado. Amigos y
deudos querían retenerme allí y me dirigían
insistentes súplicas: degollaron gran copia de
pingües ovejas y flexípedes bueyes de retorcidos
cuernos; pusieron a asar muchos puercos
grasos sobre la llama de Hefesto; bebióse buena
parte del vino que las tinajas del anciano contenían;
y nueve noches seguidas durmieron
aquéllos a mi lado, vigilándome por turno y
teniendo encendidas dos hogueras, una en el
pórtico del bien cercado patio y otra en el vestíbulo
ante la puerta de la habitación. Al llegar
por décima vez la tenebrosa noche, salí del
aposento rompiendo las tablas fuertemente
unidas de la puerta; salté con facilidad el muro
del patio, sin que mis guardianes ni las sirvientas
lo advirtieran, y, huyendo por la espaciosa
Hélade, llegué a la fértil Ftía, madre de ovejas, a
la casa del rey Peleo. Este me acogió benévolo;
me amó como debe de amar un padre al hijo
unigénito que haya tenido en la vejez, viviendo
en la opulencia; enriquecióme y púsome al
frente de numeroso pueblo, y desde entonces
viví en un confín de la Ftía, reinando sobre los
dólopes. Y te crié hasta hacerte cual eres, oh
Aquiles semejante a los dioses, con cordial cariño;
y tú ni querías ir con otro al banquete, ni
comer en el palacio, hasta que, sentándote en
mis rodillas, te saciaba de carne cortada en pedacitos
y te acercaba el vino. ¡Cuántas veces
durante la molesta infancia me manchaste la
túnica en el pecho con el vino que devolvías!
Mucho padecí y trabajé por tu causa, y, considerando
que los dioses no me habían dado descendencia,
te adopté por hijo, oh Aquiles semejante
a los dioses, para que un día me librases
del cruel infortunio. Pero, Aquiles, refrena tu
ánimo fogoso; no conviene que tengas un corazón
despiadado, cuando los dioses mismos se
dejan aplacar, no obstante su mayor virtud,
dignidad y poder. Con sacrificios, votos agradables,
libaciones y vapor de grasa quemada
los desenojan cuantos infringieron su ley y pecaron.
Pues las Súplicas son hijas del gran Zeus,
y aunque cojas, arrugadas y bizcas, cuidan de ir
tras de Ofuscación: ésta es robusta, de pies ligeros,
y por lo mismo se adelanta, y, recorriendo
la tierra, ofende a los hombres: y aquéllas reparan
luego el daño causado. Quien acata a las
hijas de Zeus cuando se le presentan, consigue
gran provecho y es por ellas atendido si alguna
vez tiene que invocarlas. Mas si alguien las
desatiende y se obstina en rechazarlas, se dirigen
a Zeus Cronida y le piden que Ofuscación
acompañe siempre a aquél para que con el daño
sufra la pena. Concede tú también a las hijas
de Zeus, oh Aquiles, la debida consideración,
por la cual el espíritu de otros valientes se
aplacó. Si el Atrida no te brindara esos presentes,
ni te hiciera otros ofrecimientos para lo futuro,
y conservara pertinazmente su cólera, no
te exhortaría a que, deponiendo la ira, socorrieras
a los argivos, aunque es grande la necesidad
en que se hallan. Pero te da muchas cosas, te
promete más y te envía, para que por él rueguen,
varones excelentes, escogiendo en el ejército
aqueo los argivos que te son más caros. No
desprecies las palabras de éstos, ni dejes sin
efecto su venida, ya que no se te puede reprender
que antes estuvieras irritado. Todos hemos
oído contar hazañas de los héroes de antaño, y
sabemos que, cuando estaban poseídos de feroz
cólera, eran placables con dones y exorables a
los ruegos. Recuerdo lo que pasó en cierto caso,
no reciente, sino antiguo, y os lo voy a referir a
vosotros, que sois todos amigos míos. Curetes y
bravos etolios combatían en torno de Calidón y
unos a otros se mataban, defendiendo los etolios
su hermosa ciudad y deseando los curetes
asolarla por medio de Ares. Había promovido
esta contienda Ártemis, la de áureo trono, enojada
porque Eneo no le dedicó los sacrificios de
la siega en el fértil campo: los otros dioses regaláronse
con las hecatombes, y sólo a la hija
del gran Zeus dejó aquél de ofrecerlas, por olvido
o por inadvertencia, cometiendo una gran
falta. Airada la deidad que se complace en tirar
flechas, hizo aparecer un jabalí, de albos dientes,
que causó gran destrozo en el campo de
Eneo, desarraigando altísimos árboles y echándolos
por tierra cuando ya con la llor prometían
el fruto. Al fin lo mató Meleagro, hijo de Eneo,
ayudado por cazadores y perros de muchas
ciudades -pues no era posible vencerlo con poca
gente, ¡tan corpulento era!, y ya a muchos los
había hecho subir a la triste pira-, y la diosa
suscitó entonces una clamorosa contienda entre
los curetes y los magnánimos etolios por la cabeza
y la hirsuta piel del jabalí. Mientras Meleagro,
caro a Ares, combatió, les fue mal a los
curetes, que no podían, a pesar de ser tantos,
acercarse a los muros. Pero el héroe, irritado
con su madre Altea, se dejó dominar por la
cólera que perturba la mente de los más cuerdos
y se quedó en el palacio con su linda esposa
Cleopatra, hija de Marpesa Evenina, la de
hermosos tobillos, y de Idas, el más fuerte de
los hombres que entonces poblaban la tierra.
(Atrevióse Idas a armar el arco contra el soberano
Febo Apolo, a causa de la joven de hermosos
tobillos, y desde entonces pusiéronle a
Cleopatra su padre y su veneranda madre el
sobrenombre de Alcíone, porque la madre, sufriendo
la suerte del sufridísimo alción, deshacíase
en lágrimas mientras Febo Apolo, que hiere
de lejos, se la Ilevaba.) Retirado, pues, con su
esposa, devoraba Meleagro la acerba cólera que
le causaron las imprecaciones de su madre; la
cual, acongojada por la muerte violenta de un
hermano, oraba mucho a los dioses, y, puesta
de rodillas y con el seno bañado en lágrimas,
golpeaba mucho el fértil suelo invocando a
Hades y a la terrible Perséfone para que dieran
muerte a su hijo. Erinias, que vaga en las tinieblas
y tiene un corazón inexorable, la oyó desde
el Érebo, y en seguida creció el tumulto y la
gritería ante las puertas de la ciudad, las torres
fueron atacadas y los etolios ancianos enviaron
a los eximios sacerdotes de los dioses para que
suplicaran a Meleagro que saliera a defenderlos,
ofreciéndole un rico presente: donde el suelo
de la amena Calidón fuera más fértil, escogería
él mismo un hermoso campo de cincuenta
yugadas, mitad viña y mitad tierra labrantía.
Presentóse también en el umbral del alto aposento
el anciano jinete Eneo; y, llamando a la
puerta, dirigió a su hijo muchas súplicas. Rogáronle
asimismo muchas veces sus hermanas
y su venerable madre. Pero él se negaba cada
vez más. Acudieron sus mejores y más caros
amigos, y tampoco consiguieron mover su corazón,
ni persuadirlo a que no aguardara, para
salir del cuarto, a que llegaran hasta él los enemigos.
Y los curetes escalaron las torres y empezaron
a pegar fuego a la gran ciudad. Entonces
la esposa, de bella cintura, instó a Meleagro
llorando y refiriéndole las desgracias que padecen
los hombres, cuya ciudad sucumbe: Matan
a los varones, le decía; el fuego destruye la ciudad,
y son reducidos a la esclavitud los niños y
las mujeres de estrecha cintura. Meleagro, al oír
estos males, sintió que se le conmovía el corazón;
y, dejándose llevar por su ánimo, vistió
las lucientes armas y libró del funesto día a los
etolios; pero ya no le dieron los muchos y hermosos
presentes, a pesar de haberlos salvado
de la ruina. Y ahora tú, amigo, no pienses de
igual manera, ni un dios te induzca a obrar así;
será peor que difieras el socorro para cuando
las naves sean incendiadas; ve, pues, por los
regalos, y los aqueos te venerarán como a un
dios, porque, si intervinieres en la homicida
guerra cuando ya no te ofrezcan dones, no alcanzarás
tanta honra aunque rechaces a los
enemigos.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Lluvia Abril
Lluvia Abril
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 42021
Fecha de inscripción : 17/04/2011

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Lluvia Abril Sáb 06 Mar 2021, 02:36

Llego de la "Roma clásica" y me paseo por esta maravilla de la "Grecia clásica".
Estos viajes por la literatura son los que se disfrutan y además llenan el intelecto. Nada más fructífero para un sábado.
Gracias, amigo mío y sabes que te sigo.


_________________
[Tienes que estar registrado y conectado para ver esa imagen]
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 06 Mar 2021, 02:40

ESTA OBRA INMENSA... LA ESTOY DISFRUTANDO QUE NO VEAS - LO QUE ME LLEVA A ESTAR ATRASADO EN OTRAS COSAS-.

SIGO.



_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 06 Mar 2021, 02:47

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IX

Embajada a Aquiles- Súplicas.
Cont.

606. Respondióle Aquiles, el de los pies ligeros:

607. -¡Fénix, anciano padre, alumno de Zeus!
Para nada necesito tal honor; y espero que, si
Zeus quiere, seré honrado en las cóncavas naves
mientras la respiración no falte a mi pecho
y mis rodillas se muevan. Otra cosa voy a decirte,
que grabarás en tu memoria: No me conturbes
el ánimo con llanto y gemidos por complacer
al héroe Atrida, a quien no debes querer si
deseas que el afecto que te profeso no se convierta
en odio; mejor es que aflijas conmigo a
quien me aflige. Ejerce el mando conmigo y
comparte mis honores. Ésos llevarán la respuesta,
tú quédate y acuéstate en blanda cama,
y al despuntar la aurora determinaremos si nos
conviene regresar a nuestros hogares o quedarnos
aquí todavía.

620. Dijo, y ordenó a Patroclo, haciéndole con
las cejas silenciosa señal, que dispusiera una
mullida cama para Fénix, a fin de que los demás
pensaran en salir cuanto antes de la tienda.
Y Ayante Telamoníada, igual a un dios, habló
diciendo:

624. -¡Laertíada, del linaje de Zeus! ¡Ulises, fecundo
en ardides! ¡Vámonos! No espero lograr
nuestro propósito por este camino, y hemos de
anunciar la respuesta, aunque sea desfavorable,
a los dánaos que están aguardando. Aquiles
tiene en su pecho un corazón feroz y soberbio.
¡Cruel! En nada aprecia la amistad de sus compañeros,
con la cual lo honrábamos en el campamento
más que a otro alguno. ¡Despiadado!
Por la muerte del hermano o del hijo se recibe
una compensación; y, una vez pagada la importante
cantidad, el matador se queda en el pueblo,
y el corazón y el ánimo airado del ofendido
se apaciguan con la compensación recibida, y a
ti los dioses te han llenado el pecho de implacable
y funesto rencor por una sola joven. Siete
excelentes te ofrecemos hoy y otras muchas
cosas; séanos tu corazón propicio y respeta tu
morada, pues estamos debajo de tu techo, enviados
por el ejército dánao, y anhelamos ser
para ti los más apreciados y los más amigos de
los aqueos todos.

643. Respondióle Aquiles, el de los pies ligeros:

644. -¡Ayante Telamonio, del linaje de Zeus,
príncipe de hombres! Creo que has dicho lo que
sientes, pero mi corazón se enciende en ira
cuando me acuerdo de aquéllos y del menosprecio
con que el Atrida me trató en presencia
de los argivos, cual si yo fuera un miserable
advenedizo. Id y publicad mi respuesta: No me
ocuparé en la cruenta guerra hasta que el hijo
del aguerrido Príamo, Héctor divino, llegue
matando argivos a las tiendas y naves de los
mirmidones y las incendie. Creo que Héctor,
aunque esté enardecido, se abstendrá de combatir
tan pronto como se acerque a mi tienda y
a mi negra nave.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 06 Mar 2021, 02:56

HOMERO

LA ILIADA

CANTO IX

Embajada a Aquiles- Súplicas.
Cont.

656. Así dijo. Cada uno tomó una copa de doble
asa; y, hecha la libación, los enviados, con Ulises
a su frente, regresaron a las naves. Patroclo
ordenó a sus compañeros y a las esclavas que
aderezaran al momento una mullida cama para
Fénix; y ellas, obedeciendo el mandato, hiciéronla
con pieles de oveja una colcha y finísima
cubierta del mejor lino. Allí descansó el viejo,
aguardando la divina Aurora. Aquiles durmió
en lo más retirado de la sólida tienda con una
mujer que se había llevado de Lesbos: con
Diomede, hija de Forbante, la de hermosas mejillas.
Y Patroclo se acostó junto a la pared
opuesta, teniendo a su lado a Ifis, la de bella
cintura, que le había regalado Aquiles al tomar
la excelsa Esciro, ciudad de Enieo.

669. Cuando los enviados llegaron a la tienda
del Atrida, los aqueos, puestos en pie, les presentaban
áureas copas y les hacían preguntas. Y
el rey de hombres, Agamenón, los interrogó
diciendo:

673. -¡Ea! Dime, célebre Ulises, gloria insigne de
los aqueos. ¿Quiere librar a las naves del fuego
enemigo, o se niega porque su corazón soberbio
se halla aún dominado por la cólera?

676. Contestó el paciente divino Ulises:

677. -¡Gloriosísimo Atrida, rey de hombres,
Agamenón! No quiere aquél deponer la cólera,
sino que se enciende aún más su ira y te desprecia
a ti y tus dones. Manda que deliberes
con los argivos cómo podrás salvar las naves y
al pueblo aqueo, dice en son de amenaza que
echará al mar sus corvos bajeles, de muchos
bancos, al descubrirse la nueva aurora, y aconseja
que los demás se embarquen y vuelvan a
sus hogares, porque ya no conseguiréis arruinar
la excelsa Ilio: el largovidente Zeus extendió
el brazo sobre ella, y sus hombres están
llenos de confianza. Así dijo, como pueden referirlo
éstos que fueron conmigo: Ayante y los
dos heraldos, que ambos son prudentes. El anciano
Fénix se acostó allí por orden de aquél,
para que mañana vuelva a la patria tierra, si así
lo desea, porque no ha de llevarle a viva fuerza.

693. Así habló, y todos callaron, asombrados de
sus palabras, pues era muy grave lo que acababa
de decir. Largo rato duró el silencio de los
afligidos aqueos; mas al fin exclamó Diomedes,
valiente en el combate:

697. -¡Gloriosísimo Atrida, rey de hombres,
Agamenón! No debiste rogar al eximio Pelión,
ni ofrecerle innumerables regalos; ya era altivo,
y ahora has dado pábulo a su soberbia. Pero
dejémoslo, ya se vaya, ya se quede: volverá a
combatir cuando el corazón que tiene en el pecho
se lo ordene y un dios le incite. Ea, obremos
todos como voy a decir. Acostaos después de
satisfacer los deseos de vuestro corazón comiendo
y bebiendo vino, pues esto da fuerza y
vigor. Y, cuando aparezca la hermosa Aurora
de rosáceos dedos, haz que se reúnan junto a
las naves los hombres y los carros, exhorta al
pueblo y pelea en primera fila.

710. Tales fueron sus palabras, que todos los
reyes aplaudieron, admirados del discurso de
Diomedes, domador de caballos. Y hechas las
libaciones, volvieron a sus respectivas tiendas,
acostáronse y el don del sueño recibieron.

FIN DEL CANTO IX

Embajada a Aquiles- Súplicas.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 06 Mar 2021, 09:00

HOMERO

LA ILIADA

CANTO X (*)

Dolonia


(*) Aqueos y troyanos espían los movimientos
del contrario. Ulises y Diomedes apresan a
Dolón, del que consiguen información del
campamento troyano.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 06 Mar 2021, 09:07

HOMERO

LA ILIADA

CANTO X

Dolonia


1. Los príncipes aqueos durmieron toda la noche
vencidos por plácido sueño; mas no probó
sus dulzuras el Atrida Agamenón, pastor de
hombres, porque en su mente revolvía muchas
cosas. Como el esposo de Hera, la de hermosa
cabellera, relampaguea cuando prepara una
lluvia torrencial, el granizo o una nevada que
cubra los campos, o quiere abrir en alguna parte
la boca inmensa de la amarga guerra; así, tan
frecuentemente, se escapaban del pecho de
Agamenón los suspiros, que salían de lo más
hondo de su corazón, e interiormente le temblaban
las entrañas. Cuando fijaba la vista en el
campo troyano, pasmábanle las muchas hogueras
que ardían delante de Ilio, los sones de las
flautas y zampoñas y el bullicio de la gente;
mas, cuando a las naves y al ejército aqueo la
volvía, arrancábase furioso los cabellos, alzando
los ojos a Zeus, que mora en lo alto, y su
generoso corazón lanzaba grandes gemidos. Al
fin, creyendo que la mejor resolución sería acudir
primeramente a Néstor Nelida, el más ilustre
de los hombres, por si entrambos hallaban
un excelente medio que librara de la desgracia
a todos los dánaos, levantóse, vistió la túnica,
calzó los nítidos pies con hermosas sandalias,
echóse una rojiza piel de corpulento y fogoso
león, que le llegaba hasta los pies, y asió la lanza.

25. También Menelao estaba poseído de terror y
no conseguía que se posara el sueño en sus
párpados, temiendo que les ocurriese algún
percance a los argivos que por él habían llegado
a Troya, atravesando el vasto mar, y promoviendo
tan audaz guerra. Cubrió sus anchas
espaldas con la manchada piel de un leopardo;
púsose luego el casco de bronce, y, tomando en
la robusta mano una lanza, fue a despertar a su
hermano, que imperaba poderosamente sobre
los argivos todos y era venerado por el pueblo
como un dios. Hallólo junto a la popa de su
nave, vistiendo la magnífica armadura. Grata le
fue a éste su venida. Y Menelao, valiente en el
combate, habló el primero diciendo:

37. -¿Por qué, hermano querido, tomas las armas?
¿Acaso deseas persuadir a algún compañero
para que vaya como explorador al campo
de los troyanos? Mucho temo que nadie se
ofrezca a prestarte este servicio de ir solo durante
la divina noche a espiar al enemigo, porque
para ello se requiere un corazón muy osado.

42. Respondióle el rey Agamenón:

43. Tanto yo como tú, oh Menelao, alumno de
Zeus, tenemos necesidad de un prudente consejo
para defender y salvar a los argivos y las
naves, pues la mente de Zeus ha cambiado, y
en la actualidad le son más aceptos los sacrificios
de Héctor. Jamás he visto ni oído decir que
un hombre ejecutara en solo un día tantas
proezas como ha hecho Héctor, caro a Zeus,
contra los aqueos, sin ser hijo de un dios ni de
una diosa. Digo que de sus hazañas se acordarán
los argivos mucho y largo tiempo. ¡Tanto
daño ha causado a los aqueos! Ahora, anda,
encamínate corriendo a las naves y llama a
Ayante y a Idomeneo; mientras voy en busca
del divino Néstor y le pido que se levante por si
quiere ir al sagrado cuerpo de los guardias y
darles órdenes. Obedeceránlo a él más que a
nadie, puesto que los manda su hijo junto con
Meriones, servidor de Idomeneo. A entrambos
les hemos confiado de un modo especial esta
tarea.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 06 Mar 2021, 09:15

HOMERO

LA ILIADA

CANTO X

Dolonia.
Cont.

60. Dijo entonces Menelao, valiente en el combate:

61. -¿Cómo me encargas y ordenas que lo haga?
¿Me quedaré con ellos y te aguardaré allí, o he
de volver corriendo cuando les haya participado
tu mandato?

64. Contestó el rey de hombres, Agamenón:

65 -Quédate allí, no sea que luego no podamos
encontrarnos, porque son muchas las sendas
que hay por entre el ejército. Levanta la voz por
donde pasares y recomienda la vigilancia, llamando
a cada uno por su nombre paterno y ensalzándolos
a todos. No te muestres soberbio.
Trabajemos también nosotros, ya que, cuando
nacimos, Zeus nos condenó a padecer tamaños
infortunios.

72. Esto dicho, despidió al hermano bien instruido
ya, y fue en busca de Néstor, pastor de
hombres. Hallólo en su tienda, junto a la negra
nave, acostado en blanda cama. A un lado veíanse
diferentes armas -el escudo, dos lanzas, el
luciente yelmo-, y el labrado bálteo con que se
ceñía el anciano siempre que, como caudillo de
su gente, se armaba para ir al homicida combate,
pues aún no se rendía a la triste vejez. Incorporóse
Néstor, apoyándose en el codo, alzó la
cabeza, y dirigiéndose al Atrida lo interrogó
con estas palabras:

82. -¿Quién eres tú que vas solo por el ejército y
las naves, durante la tenebrosa noche, cuando
duermen los demás mortales? ¿Buscas acaso a
algún centinela o compañero? Habla. No te
acerques sin responder. ¿Qué deseas?

86. Respondióle el rey de hombres, Agamenón:

87. -¡Néstor Nelida, gloria insigne de los aqueos!
Reconoce al Atrida Agamenón, a quien Zeus
envía y seguirá enviando sin cesar más trabajos
que a nadie, mientras la respiración no le falte a
mi pecho y mis rodillas se muevan. Vagando
voy; pues, preocupado por la guerra y las calamidades
que padecen los aqueos, no consigo
que el dulce sueño se pose en mis ojos. Mucho
temo por los dánaos; mi ánimo no está tranquilo,
sino sumamente inquieto; el corazón se
me arranca del pecho y tiemblan mis robustos
miembros. Pero si quieres ocuparte en algo, ya
que tampoco conciliaste el sueño, bajemos a ver
los centinelas; no sea que, vencidos del trabajo
y del sueño, se hayan dormido, dejando la
guardia abandonada. Los enemigos se hallan
cerca, y no sabemos si habrán decidido acometernos
esta noche.

102. Contestó Néstor, caballero gerenio:

103. -¡Gloriosísimo Atrida, rey de hombres,
Agamenón! A Héctor no le cumplirá el próvido
Zeus todos sus deseos, como él espera; y creo
que mayores trabajos habrá de padecer aún, si
Aquiles depone de su corazón el enojo funesto.
Iré contigo y despertaremos a los demás: al
Tidida, famoso por su lanza, a Ulises, al veloz
Ayante y al esforzado hijo de Fileo. Alguien
podría ir a llamar al deiforme Ayante y al rey
Idomeneo, pues sus naves no están cerca, sino
muy lejos. Y reprenderé a Menelao por amigo y
respetable que sea y aunque te me enojes, y no
callaré que duerme y te ha dejado a ti el trabajo.
Debía ocuparse en suplicar a los príncipes todos,
pues la necesidad que se nos presenta no
es llevadera.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 06 Mar 2021, 09:26

HOMERO

LA ILIADA


CANTO X

Dolonia.
Cont.

19. Dijo el rey de hombres, Agamenón:

120. -¡Oh anciano! Otras veces te exhorté a que
le riñeras, pues a menudo es indolente y no
quiere trabajar; no por pereza o escasez de talento,
sino porque, volviendo los ojos hacia mí,
aguarda mi impulso. Mas hoy se levantó mucho
antes que yo mismo, presentóseme y te
envié a llamar a aquéllos que acabas de nombrar.
Vayamos y los hallaremos delante de las
puertas con la guardia; pues allí es donde les
dije que se reunieran.

128. Respondió Néstor, caballero gerenio:

129. -De esta manera ninguno de los argivos se
irritará contra él, ni lo desobedecerá, cuando los
exhorte o les ordene algo.

131. Apenas hubo dicho estas palabras, abrigó el
pecho con la túnica, calzó los nítidos pies con
hermosas sandalias, y abrochóse un manto
purpúreo, doble, amplio, adornado con lanosa
felpa. Asió la fuerte lanza, cuya aguzada punta
era de bronce, y se encaminó a las naves de los
aqueos, de broncíneas corazas. El primero a
quien despertó Néstor, caballero gerenio, fue a
Ulises, que en prudencia igualaba a Zeus. Llamólo
gritando, y Ulises, al llegarle la voz a los
oídos, salió de la tienda y dijo:

141. -¿Por qué andáis vagando así, por las naves
y el ejército, solos, durante la noche inmortal?
¿Qué urgente necesidad se ha presentado?

143. Respondió Néstor, caballero gerenio:

144 -¡Laertíada, del linaje de Zeus! ¡Ulises, fecundo
en ardides! No te enojes, porque es muy
grande el pesar que abruma a los aqueos.
Síguenos y llamaremos a quien convenga, para
tomar acuerdo sobre si es preciso huir o luchar
todavia.

148. Así dijo. El ingenioso Ulises, entrando en la
tienda, colgó de sus hombros el labrado escudo
y se juntó con ellos. Fueron en busca de Diomedes
Tidida, y lo hallaron delante de su pabellón
con la armadura puesta, Sus compañeros
dormían alrededor de él, con las cabezas apoyadas
en los escudos y las lanzas clavadas por
el regatón en tierra; el bronce de las puntas lucía
a lo lejos como un relámpago del padre Zeus.
El héroe descansaba sobre una piel de toro
montaraz, teniendo debajo de la cabeza un
espléndido tapete. Néstor, caballero gerenio, se
detuvo a su lado lo movió con el pie para que
despertara, y le daba prisa, increpándolo de
esta manera:

159. -¡Levántate, hijo de Tideo! ¿Cómo duermes
a sueño suelto toda la noche? ¿No sabes que los
troyanos acampan en una eminencia de la llanura,
cerca de las naves, y que solamente un
corto espacio los separa de nosotros?

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Sáb 06 Mar 2021, 09:35

HOMERO

LA ILIADA


CANTO X

Dolonia.
Cont.

162. Así dijo. Y Diomedes, recordando en seguida
del sueño, profirió estas aladas palabras:

164. - Eres infatigable, anciano, y nunca dejas de
trabajar. ¿Por ventura no hay otros aqueos más
jóvenes, que vayan por el campo y despierten a
los reyes? ¡No se puede contigo, anciano!

168. Respondióle Néstor, caballero gerenio:

169. -Sí, hijo, oportuno es cuanto acabas de decir.
Tengo hijos excelentes y muchos hombres
que podrían ir a llamarlos, pero es muy grande
el peligro en que se hallan los aqueos: en el filo
de una navaja están ahora una muy triste muerte
y la salvación de todos. Ve y haz levantar al
veloz Ayante y al hijo de Fileo, ya que eres más
joven y de mí te compadeces.

177. Así dijo. Diomedes cubrió sus hombros con
una piel talar de corpulento y fogoso león,
tomó la lanza, fue a despertar a aquéllos y se
los llevó consigo.

180. Cuando llegaron adonde se hallaban los
guardias reunidos, no encontraron a sus jefes
durmiendo, pues todos estaban alerta y sobre
las armas. Como los canes que guardan las ovejas
de un establo y sienten venir del monte, por
entre la selva, una terrible fiera con gran clamoreo
de hombres y perros, se ponen inquietos y
ya no pueden dormir; así el dulce sueño huía
de los párpados de los que hacían guardia en
tan mala noche, pues miraban siempre hacia la
llanura y acechaban si los troyanos iban a atacarlos.
El anciano violos, alegróse, y para animarlos
profirió estas aladas palabras:

192. -¡Vigilad así, hijos míos! No sea que alguno
se deje vencer del sueño y demos ocasión para
que el enemigo se regocije.

194 Habiendo hablado así, atravesó el foso.
Siguiéronlo los reyes argivos que habían sido
llamados al consejo, y además Meriones y el
preclaro hijo de Néstor, porque aquéllos los invitaron
a deliberar. Pasado el foso, sentáronse
en un lugar limpio donde el suelo no aparecía
cubierto de cadáveres: allí habíase vuelto el
impetuoso Héctor, después de causar gran estrago
a los argivos, cuando la noche los cubrió
con su manto. Acomodados en aquel sitio, conversaban;
y Néstor, caballero gerenio, comenzó
a hablar diciendo:

204. -¡Oh amigos! ¿No sabrá nadie que, confiando
en su ánimo audaz, vaya al campamento de
los troyanos de ánimo altivo? Quizá hiciera
prisionero a algún enemigo que ande rezagado,
o averiguara, oyendo algún rumor, lo que los
tróyanos han decidido: si desean quedarse
aquí, cerca de las naves y lejos de la ciudad, o
volverán a ella cuando hayan vencido a los
aqueos. Si se enterara de esto y regresara incólume,
sería grande su gloria debajo del cielo y
entre los hombres todos, y tendría una hermosa
recompensa: cada jefe de los que mandan en las
naves le daría una oveja con su corderito
-presente sin igual- y se le admitiría además en
todos los banquetes y festines

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 08 Mar 2021, 00:49

HOMERO

LA ILIADA


CANTO X

Dolonia.
Cont.

218. Así habló. Enmudecieron todos y quedaron
silenciosos, hasta que Diomedes, valiente en la
pelea, les dijo:

220. -¡Néstor! Mi corazón y ánimo valeroso me
incitan a penetrar en el campo de los enemigos
que tenemos cerca, de los troyanos; pero, si
alguien me acompañase, mi confianza y mi
osadía serían mayores. Cuando van dos, uno se
anticipa al otro en advertir lo que conviene;
cuando se está solo, aunque se piense, la inteligencia
es más tarda y la resolución más difícil.

227. Así dijo, y muchos quisieron acompañar a
Diomedes. Deseáronlo los dos Ayantes, servidores
de Ares; quísolo Meriones; lo anhelaba el
hijo de Néstor; deseólo el Atrida Menelao, famoso
por su lanza; y por fin, también el sufrido
Ulises quiso penetrar en el ejército troyano,
porque el corazón que tenía en el pecho aspiraba
siempre a ejecutar audaces hazañas. Y el rey
de hombres, Agamenón, dijo entonces:

234. -¡Tidida Diomedes, carísimo a mi corazón!
Escoge por compañero al que quieras, al mejor
de los presentes; pues son muchos los que se
ofrecen. No dejes al mejor y elijas a otro peor,
por respeto alguno que sientas en tu alma, ni
por consideración al linaje, ni por atender a que
sea un rey más poderoso.

240. Habló en estos términos, porque temía por
el rubio Menelao. Y Diomedes, valiente en la
pelea, replicó:

242. -Si me mandáis que yo mismo designe al
compañero, ¿cómo no pensaré en el divino Ulises,
cuyo corazón y ánimo valeroso son tan
dispuestos para toda suerte de trabajos, y a
quien tanto ama Palas Atenea? Con él volveríamos
acá aunque nos rodearan abrasadoras
llamas, porque su omnipresencia es grande.

248. Respondióle el paciente divino Ulises:

249. -¡Tidida! No me alabes en demasía ni me
vituperes, puesto que hablas a los argivos de
cosas que les son conocidas. Pero, vámonos,
que la noche está muy adelantada y la aurora se
acerca; los astros han andado mucho, y la noche
va ya en las dos partes de su jornada y sólo
un tercio nos resta.

254. En diciendo esto, vistieron entrambos las
terribles armas. El intrépido Trasimedes dio al
Tidida una espada de dos filos -la de éste había
quedado en la nave-y un escudo; y le puso un
morrión de piel de toro sin penacho ni cimera,
que se llama catétyx y lo usan los mancebos que
se hallan en la flor de la juventud para proteger
la cabeza. Meriones procuró a Ulises arco, carcaj
y espada, y le cubrió la cabeza con un casco
de piel que por dentro se sujetaba con muchas
y fuertes correas y por fuera presentaba los
blancos dientes de un jabalí, ingeniosamente
repartidos, y tenía un mechón de lana colocado
en el centro. Este casco era el que Autólico había
robado en Eleón a Amíntor Orménida,
horadando la pared de su casa, y que luego dio
en Escandia a Anfidamante de Citera; Anfidamante
lo regaló, como presente de hospitalidad,
a Molo; éste lo cedió a su hijo Meriones para
que lo llevara, y entonces hubo de cubrir la
cabeza de Ulises.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 08 Mar 2021, 00:56

HOMERO

LA ILIADA


CANTO X

Dolonia.
Cont.

272. Una vez revestidos de las terribles armas,
partieron y alejaron allí a todos los príncipes.
Palas Atenea envióles una garza, y, si bien no
pudieron verla con sus ojos, porque la noche
era obscura, oyéronla graznar a la derecha del
camino. Ulises se holgó del presagio y oró a
Atenea:

278. -¡Oyeme, hija de Zeus, que lleva la égida!
Tú que me asistes en todos los trabajos y conoces
mis pasos, séme ahora propicia más que
nunca, Atenea, y concede que volvamos a las
naves cubiertos de gloria por haber realizado
una gran hazaña que preocupe a los troyanos.

283. Diomedes, valiente en la pelea, oró luego
diciendo:

284.-¡Ahora óyeme también a mí, hija de Zeus!
¡Indómita! Acompáñame como acompañaste a
mi padre, el divino Tideo, cuando fue a Teba en
representación de los aqueos. Dejando a los
aqueos, de broncíneas corazas, a orillas del
Asopo, llevó un agradable mensaje a los cadmeos;
y a la vuelta ejecutó admirables proezas
con tu ayuda, excelente diosa, porque benévola
lo socorrías. Ahora, socórreme a mí y préstame
tu amparo. E inmolaré en tu honor una ternera
de un año, de frente espaciosa, indómita y no
sujeta aún al yugo, después de derramar oro
sobre sus cuernos.

295. Así dijeron rogando, y los oyó Palas Atenea.
Y después de rogar a la hija del gran Zeus,
anduvieron en la obscuridad de la noche, como
dos leones, por el campo pues tanta carnicería
se había hecho, pisando cadáveres, armas y
denegrida sangre.

299. Tampoco Héctor dejaba dormir a los valientes
troyanos pues convocó a todos los
próceres, a cuantos eran caudillos y príncipes
de los troyanos, y una vez reunidos les expuso
una prudente idea:

303. -¿Quién, por un gran premio, se ofrecerá a
llevar a cabo la empresa que voy a decir? La
recompensa será proporcionada. Daré un carro
y dos corceles de erguido cuello, los mejores
que haya en las veleras naves aqueas, al que
tenga la osadía de acercarse a las naves de ligero
andar -con ello al mismo tiempo ganará gloria-
y averigüe si éstas son guardadas todavía,
o los aqueos, vencidos por nuestras manos,
piensan en la huida y no quieren velar durante
la noche porque el cansancio abrumador los
rinde.

313. Así dijo. Enmudecieron todos y quedaron
silenciosos. Había entre los troyanos un cierto
Dolón, hijo del divino heraldo Eumedes, rico en
oro y en bronce; era de feo aspecto, pero de pies
ágiles, y el único hijo varón de su familia con
cinco hermanas. Éste dijo entonces a los troyanos
y a Héctor:

319. -¡Héctor! Mi corazón y mi ánimo valeroso
me incitan a acercarme a las naves, de ligero
andar, para saberlo. Ea, alza el cetro y jura que
me darás los corceles y el carro con adornos de
bronce que conducen al eximio Pelión. No te
será inútil mi espionaje, ni tus esperanzas se
verán defraudadas; pues atravesaré todo el
ejército hasta llegar a la nave de Agamenón,
que es donde deben de haberse reunido los
caudillos para deliberar si huirán o seguirán
combatiendo.

328. Así dijo. Y Héctor, tomando en la mano el
cetro, prestó el juramento:

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 08 Mar 2021, 01:03

HOMERO

LA ILIADA


CANTO X

Dolonia.
Cont.

329.-Sea testigo el mismo Zeus tonante, esposo
de Hera. Ningún otro troyano será llevado por
estos corceles, y tú disfrutarás perpetuamente
de ellos.

332. Con tales palabras, jurando lo que no había
de cumplirse, animó a Dolón. Éste, sin perder
momento, colgó del hombro el corvo arco, vistió
una pelicana piel de lobo, cubrió la cabeza
con un morrión de piel de comadreja, tomó un
puntiagudo dardo, y, saliendo del ejército, se
encaminó a las naves, de donde no había de
volver para darle a Héctor la noticia. Pues ya
había dejado atrás la multitud de carros y
hombres, y andaba animoso por el camino,
cuando Ulises, del linaje de Zeus, advirtiendo
que se acercaba a ellos, habló así a Diomedes:

341. -Ese hombre, Diomedes, viene del ejército;
pero ignoro si va como espía a nuestras naves o
intenta despojar algún cadáver de los que murieron.
Dejemos que se adelante un poco más
por la llanura, y echándonos sobre él lo cogeremos
fácilmente; y si en correr nos aventajase,
apártalo del ejército, acometiéndolo con la lanza,
y persíguelo siempre hacia las naves, para
que no se guarezca en la ciudad.

349. Dichas estas palabras, tendiéronse entre los
muertos, fuera del camino. El incauto Dolón
pasó con pie ligero. Mas, cuando estuvo a la
distancia a que se extienden los surcos de las
mulas -éstas son mejores que los bueyes para
tirar de un sólido arado en tierra noval-, Ulises
y Diomedes corrieron a su alcance. Dolón oyó
ruido y se detuvo, creyendo que algunos de sus
amigos venían del ejército troyano a llamarlo
por encargo de Héctor. Pero así que aquéllos se
hallaron a tiro de lanza o más cerca aún, conoció
que eran enemigos y puso su diligencia en
los pies huyendo, mientras ellos se lanzaban a
perseguirlo. Como dos perros de agudos dientes,
adiestrados para cazar, acosan en una selva
a un cervato o a una liebre que huye chillando
delante de ellos, del mismo modo el Tidida y
Ulises, asolador de ciudades, perseguían constantemente
a Dolón después que lograron apartarlo
del ejército. Ya en su fuga hacia las naves
iba el troyano a topar con los guardias, cuando
Atenea dio fuerzas al Tidida para que ninguno
de los aqueos, de broncíneas corazas, se le adelantara
y pudiera jactarse de haber sido el primero
en herirlo y él llegase después. El fuerte
Diomedes arremetió a Dolón, con la lanza, y le
gritó:

370. Tente, o te alcanzará mi lanza; y no creo
que puedas evitar mucho tiempo que mi mano
te dé una muerte terrible.

372. Dijo, y arrojó la lanza; mas de intento erró
el tiro, y ésta se clavó en el suelo después de
volar por cima del hombro derecho de Dolón.
Paróse el troyano dentellando -los dientes crujíanle
en la boca-, tembloroso y pálido de miedo;
Ulises y Diomedes se le acercaron, jadeantes, y
le asieron de las manos, mientras aquél lloraba
y les decia:

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 08 Mar 2021, 01:09

HOMERO

LA ILIADA


CANTO X

Dolonia.
Cont.

378. -Hacedme prisionero y yo me redimiré.
Hay en casa bronce, oro y hierro labrado: con
ellos os pagaría mi padre inmenso rescate, si
supiera que estoy vivo en las naves aqueas.

382. Respondióle el ingenioso Ulises:

383. -Tranquilízate y no pienses en la muerte.
Ea, habla y dime con sinceridad: ¿Adónde ibas
solo, separado de tu ejército y derechamente
hacia las naves, en esta noche obscura, mientras
duermen los demás mortales? ¿Acaso a despojar
a algún cadáver? ¿Por ventura Héctor te
envió como espía a las cóncavas naves? ¿O te
dejaste llevar por los impulsos de tu corazón?

390. Contestó Dolón, a quien le temblaban las
carnes:

391. -Héctor me hizo salir fuera de juicio con
muchas y perniciosas promesas: accedió a darme
los solípedos corceles y el carro con adornos
de bronce del eximio Pelión, para que, acercándome
durante la rápida y obscura noche a los
enemigos, averiguase si las veleras naves son
guardadas todavía, o los aqueos, vencidos por
nuestras manos, piensan en la fuga y no quieren
velar porque el cansancio abrumador los
rinde.

400. Díjole sonriendo el ingenioso Ulises:

401. -Grande es el presente que tu corazón anhelaba.
¡Los corceles del aguerrido Eácida! Difícil
es que ninguno de los mortales los sujete y
sea por ellos llevado, fuera de Aquiles, que tiene
una madre inmortal. Pero, ea, habla y dime
con sinceridad: ¿Dónde, al venir, has dejado a
Héctor, pastor de hombres? ¿En qué lugar tiene
las marciales armas y los caballos? ¿Cómo se
hacen las guardias y de qué modo están dispuestas
las tiendas de los troyanos? Cuenta
también lo que están deliberando: si desean
quedarse aquí cerca de las naves y lejos de la
ciudad, o volverán a ella cuando hayan vencido
a los aqueos.

412. Contestó Dolón, hijo de Eumedes:

413. -De todo voy a informarte con exactitud.
Héctor y sus consejeros deliberan lejos del bullicio,
junto a la tumba del divino Ilo; en cuanto
a las guardias por que me preguntas, oh héroe,
ninguna ha sido designada, para que vele por
el ejército ni para que vigile. En torno de cada
hoguera los troyanos, apremiados por la necesidad,
velan y se exhortan mutuamente a la
vigilancia. Pero los auxiliares, venidos de lejas
tierras, duermen y dejan a los troyanos el cuidado
de la guardia, porque no tienen aquí a sus
hijos y mujeres.

423. Volvió a preguntarle el ingenioso Ulises:

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 08 Mar 2021, 01:17

HOMERO

LA ILIADA


CANTO X

Dolonia. Cont.
Cont.

424. -¿Éstos duermen mezclados con los troyanos
o separadamente? Dímelo para que lo sepa.

426. Contestó Dolón, hijo de Eumedes:

427. -De todo voy a informarte con exactitud.
Hacia el mar están los carios, los peonios, armados
de corvos arcos, y los léleges, caucones y
divinos pelasgos. El lado de Timbra lo obtuvieron
por suerte los licios, los arrogantes misios,
los frigios, que combaten en carros, y los meonios,
que armados de casco combaten en carros.
Mas ¿por qué me hacéis esas preguntas? Si deseáis
entraros por el ejército troyano, los tracios
recién venidos están ahí, en ese extremo, con su
rey Reso, hijo de Eyoneo. He visto sus corceles
que son bellísimos, de gran altura, más blancos
que la nieve y tan ligeros como el viento. Su
carro tiene lindos adornos de oro y plata, y sus
armas son de oro, magníficas, encanto de la
vista, y más propias de los inmortales dioses
que de hombres mortales. Pero llevadme ya a
las naves de ligero andar, o dejadme aquí, atado
con recios lazos, para que vayáis y comprobéis
si os hablé como debía.

446. Mirándolo con torva faz, le replicó el fuerte
Diomedes:

447. -No esperes escapar de ésta, Dolón, aunque
tus noticias son importantes, pues has caído en
nuestras manos. Si te dejásemos libre o consintiéramos
en el rescate, vendrías de nuevo a las
veleras naves de los aqueos a espiar o a combatir
contra nosotros; y, si por mi mano pierdes
la vida, no serás en adelante una plaga para los
argivos.

454. Dijo; y Dolón iba, como suplicante, a tocarle
la barba con su robusta mano, cuando Diomedes,
de un tajo en medio del cuello, le rompió
ambos tendones; y la cabeza cayó en el polvo,
mientras el troyano hablaba todavía. Quitáronle
el morrión de piel de comadreja, la piel de
lobo, el flexible arco y la ingente lanza; y el divino
Ulises, cogiéndolo todo con la mano, levantólo
para ofrecerlo a Atenea, que preside los
saqueos, y oró diciendo:

462. -Huélgate de esta ofrenda, ¡oh diosa! Serás
tú la primera a quien invocaremos entre las
deidades del Olimpo. Y ahora guíanos hacia los
corceles y las tiendas de los tracios.

465. Dichas estas palabras, apartó de sí los despojos
y los colgó de un tamarisco, cubriéndolos
con cañas y frondosas ramas del árbol, que fueran
una señal visible para que no les pasaran
inadvertidos, al regresar durante la rápida y
obscura noche. Luego pasaron delante por encima
de las armas y de la negra sangre, y llegaron
al grupo de los tracios que, rendidos de
fatiga, dormían con las hermosas armas en el
suelo, dispuestos ordenadamente en tres filas, y
un par de caballos junto a cada guerrero. Reso
descansaba en el centro, y tenía los ligeros corceles
atados con correas a un extremo del carro.
Ulises violo el primero y lo mostró a Diomedes:
477. -Éste es el hombre, Diomedes, y éstos los
corceles de que nos habló Dolón, a quien matamos.
Ea, muestra tu impetuoso valor y no
tengas ociosas las armas. Desata los caballos, o
bien mata hombres y yo me encargaré de aquéllos.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 08 Mar 2021, 01:23

HOMERO

LA ILIADA


CANTO X

Dolonia.
Cont.

482. Así dijo, y Atenea, la de ojos de lechuza,
infundió valor a Diomedes, que comenzó a matar
a diestro y a siniestro: sucedíanse los horribles
gemidos de los que daban la vida a los
golpes de la espada, y su sangre enrojecía la
tierra. Como un mal intencionado león acomete
al rebaño de cabras o de ovejas, cuyo pastor
está ausente, así el hijo de Tideo se abalanzaba
a los tracios, hasta que mató a doce. A cuántos
aquél hería con la espada, el ingenioso Ulises,
asiéndolos por un pie, los apartaba del camino,
para que luego los corceles de hermosas crines
pudieran pasar fácilmente y no se asustasen de
pisar cadáveres, a lo cual no estaban acostumbrados.
Llegó el hijo de Tideo adonde yacía el
rey, y fue éste el decimotercio a quien privó de
la dulce vida, mientras daba un suspiro; pues
en aquella noche el nieto de Eneo aparecíase en
desagradable ensueño a Reso, por orden de
Atenea. Dúrante este tiempo el paciente Ulises
desató los solípedos caballos, los ligó con las
riendas y los sacó del ejército aguijándolos con
el arco, porque se le olvidó tomar el magnífico
látigo que había en el labrado carro. Y en seguida
silbó, haciendo seña al divino Diomedes.

503. Mas éste, quedándose aún, pensaba qué
podría hacer que fuese muy arriesgado: si se
llevaría el carro con las labradas armas, ya tirando
del timón, ya levantándolo en alto; o
quitaría la vida a más tracios. En tanto que revolvía
tales pensamientos en su espíritu, presentóse
Atenea y habló así al divino Diomedes:

509.-Piensa ya en volver a las cóncavas naves,
hijo del magnánimo Tideo. No sea que hayas
de llegar huyendo, si algún otro dios despierta
a los troyanos.

512. Así habló. Diomedes, conociendo la voz de
la diosa, montó sin dilación a caballo, y también
Ulises, que los aguijó con el arco; y volaron
hacia las veleras naves aqueas.

515. Apolo, que lleva arco de plata, estaba en
acecho desde que advirtió que Atenea acompañaba
al hijo de Tideo; e, indignado contra ella,
entróse por el ejército de los troyanos y despertó
a Hipocoonte, valeroso caudillo tracio y
sobrino de Reso. Como Hipocoonte, recordando
del sueño, viera vacío el lugar que ocupaban
los caballos y a los hombres horriblemente
heridos y palpitantes todavía, comenzó a lamentarse
y a llamar por su nombre al querido
compañero. Y pronto se promovió gran clamoreo
a inmenso tumulto entre los troyanos, que
acudían en tropel y admiraban la peligrosa
aventura a que unos hombres habían dado cima,
regresando luego a las cóncavas naves.

526. Cuando ambos héroes llegaron al sitio en
que habían dado muerte al espía de Héctor,
Ulises, caro a Zeus, detuvo los veloces caballos;
y el Tidida, apeándose, tomó los cruentos despojos
que puso en las manos de Ulises, volvió a
montar y picó a los corceles. Éstos volaron gozosos
hacia las cóncavas naves, pues a ellas
deseaban llegar. Néstor fue el primero que oyó
las pisadas de los caballos, y dijo:

Cont.




_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 08 Mar 2021, 01:31

HOMERO

LA ILIADA


CANTO X

Dolonia.
Cont.

533. -¡Oh amigos, capitanes y príncipes de los
argivos! ¿Me engañaré o será verdad lo que voy
a decir? El corazón me ordena hablar. Oigo
pisadas de caballos de pies ligeros. Ojalá Ulises
y el fuerte Diomedes trajeran del campo troyano
solípedos corceles; pero mucho temo que a
los más valientes argivos les haya ocurrido
algún percance en el ejército troyano.

540. Aún no había acabado de pronunciar estas
palabras, cuando aquéllos llegaron y echaron
pie a tierra. Todos los saludaban alegremente
con la diestra y con afectuosas palabras. Y
Néstor, caballero gerenio, les preguntó el primero:

544. -¡Ea, dime, célebre Ulises, gloria insigne de
los aqueos! ¿Cómo hubisteis estos caballos: penetrando
en el ejército troyano, o recibiéndolos
de un dios que os salió al camino? Muy semejantes
son a los rayos del sol. Siempre entro por
las filas de los troyanos; pues, aunque anciano,
no me quedo en las naves, y jamás he visto ni
advertido tales corceles. Supongo que los habréis
recibido de algún dios que os salió al encuentro,
pues a entrambos os aman Zeus, que
amontona las nubes, y su hija Atenea, la de ojos
de lechuza.

554. Respondióle el ingenioso Ulises:

555. -¡Néstor Nelida, gloria insigne de los aqueos!
Fácil le sería a un dios, si quisiera, dar caballos
mejores aún que éstos, pues su poder es
muy grande. Los corceles por los que preguntas,
anciano, llegaron recientemente y son tracios:
el valiente Diomedes mató al dueño y a
doce de sus compañeros, todos aventajados. Y
cerca de las naves dimos muerte al decimotercio,
que era un espía enviado por Héctor y
otros troyanos ilustres a explorar este campamento.

564. De este modo habló; y muy ufano, hizo que
los solípedos caballos pasaran el foso, y los demás
aqueos siguiéronlo alborozados. Cuando
estuvieron en la hermosa tienda del Tidida,
ataron los corceles con bien cortadas correas al
pesebre, donde los caballos de Diomedes comían
el trigo dulce como la miel. Ulises dejó en
la popa de su nave los cruentos despojos de
Dolón, para guardarlos hasta que ofrecieran un
sacrificio a Atenea. Ambos entraron en el mar y
se lavaron el abundante sudor de sus piernas,
cuello y muslos. Cuando las olas les hubieron
limpiado el abundante sudor del cuerpo y recreado
el corazón, metiéronse en pulimentadas
pilas y se bañaron. Lavados ya y ungidos con
craso aceite, sentáronse a la mesa, y, sacando de
una rebosante cratera vino dulce como la miel,
en honor de Atenea lo libaron.

FIN DE CANTO X. DOLONIA.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 08 Mar 2021, 14:16

HOMERO

LA ILIADA

CANTO XI (*)

Principalía de Agamenón

(*)
En la batalla entre aqueos y troyanos, aquéllos
llevan la peor parte: Agamenón, Diomedes y
Ulises resultan heridos. Ante la clara ventaja de
los troyanos, Aquiles envía a Patroclo junto a
Néstor.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 08 Mar 2021, 14:23

HOMERO

LA ILIADA

CANTO XI

Principalía de Agamenón


1. La Aurora se levantaba del lecho, dejando al
ilustre Titono, para llevar la luz a los dioses y a
los hombres, cuando, enviada por Zeus, se presentó
en las veleras naves aqueas la cruel Discordia
con la señal del combate en la mano.
Subió la diosa a la ingente nave negra de Ulises,
que estaba en medio de todas, para que lo oyeran
por ambos lados hasta las tiendas de Ayante
Telamonio y de Aquiles; los cuales habían
puesto sus bajeles en los extremos, porque confiaban
en su valor y en la fuerza de sus brazos.
Desde allí daba aquélla grandes, agudos y
horrendos gritos, y ponía mucha fortaleza en el
corazón de todos los aqueos, a fin de que pelearan
y combatieran sin descanso. Y pronto les
fue más agradable batallar que volver a la patria
tierra en las cóncavas naves.

15. El Atrida alzó la voz mandando que los argivos
se apercibiesen, y él mismo vistió la armadura
de luciente bronce. Púsose en torno de
las piernas hermosas grebas sujetas con broches
de pláta, y cubrió su pecho con la coraza que
Ciniras le había dado por presente de hospitalidad.
Porque hasta Chipre habíá llegado la
noticia de que los aqueos se embarcaban para
Troya, y Ciniras, deseoso de complacer al rey,
le dio esta córaza que tenía diez filetes de pavonado
acero, doce de oro y veinte de estaño, y
a cada lado tres cerúleos dragones erguidos
hacia el cuello y semejantes al iris que el Cronión
fija en las nubes como señal para los hombres
dotados de palabra. Luego, el rey colgó del
hombro la espada, en la que relucían áureos
clavos, con su vaina de plata sujeta por tirantes
de oro. Embrazó después el labrado escudo,
fuerte y hermoso, de la altura de un hombre,
que presentaba diez círculos de bronce en el
contorno, tenía veinte bollos de blanco estaño y
en el centro uno de negruzco acero, y lo coronaba
Gorgona, de ojos horrendos y torva vista,
con el Terror y la Fuga a los lados. Su correa era
argentada, y sobre la misma enroscábase cerúleo
dragón de tres cabezas entrelazadas, que
nacían de un solo cuello. Cubrió en seguida su
cabeza con un casco de doble cimera, cuatro
abolladuras y penacho de crines de caballo, que
al ondear en lo alto causaba pavor; y asió dos
fornidas lanzas de aguzada broncínea punta,
cuyo brillo llegaba hasta el cielo. Y Atenea y
Hera tronaron en las alturas para honrar al rey
de Micenas, rica en oro.

47. Cada cual mandó entonces a su auriga que
tuviera dispuestos el carro y los corceles junto
al foso; salieron todos a pie y armados, y levantóse
inmenso viento antes que la aurora
despuntara. Delante del foso ordenáronse los
infantes, y a éstos siguieron de cerca los que
combatían en carros. Y el Cronida promovió
entre ellos funesto tumulto y dejó caer desde el
éter sanguinoso rocío porque había de precipitar
al Hades a muchas y valerosas almas.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 08 Mar 2021, 14:31

HOMERO

LA ILIADA

CANTO XI

Principalía de Agamenón.
Cont.

56. Los troyanos pusiéronse también en orden
de batalla en una eminencia de la llanura, alrededor
del gran Héctor, del eximio Polidamante,
de Eneas, honrado como un dios por el pueblo
troyano, y de los tres Antenóridas: Pólibo, el
divino Agenor y el joven Acamante, que parecía
un inmortal. Héctor, armado de un escudo
liso, llegó con los primeros combatientes. Cual
astro funesto, que unas veces brilla en el cielo y
otras se oculta detrás de las pardas nubes; así
Héctor, ya aparecía entre los delanteros, ya se
mostraba entre los últimos, siempre dando
órdenes y brillando por la armadura de bronce
como el relámpago del padre Zeus, que lleva la
égida.

67. Como los segadores caminan en direcciones
opuestas por los surcos de un campo de trigo o
de cebada de un hombre opulento, y los manojos
de espigas caen espesos, de la misma manera,
troyanos y aqueos se acometían y mataban,
sin pensar en la perniciosa fuga. Igual andaba
la pelea, y como lobos se embestían. Gozábase
en verlos la luctuosa Discordia, única deidad
que se hallaba entre los combatientes; pues los
demás dioses permanecían quietos en los hermosos
palacios que se les había construido en
los valles del Olimpo y todos acusaban al Cronida,
el dios de las sombrías nubes, porque
queria conceder la victoria a los troyanos. Mas
el padre no se cuidaba de ellos; y, sentado aparte,
ufano de su gloria, contemplaba la ciudad
troyana, las naves aqueas, el brillo del bronce, a
los que mataban y a los que la muerte recibían.

84. Al amanecer y mientras iba aumentando la
luz del sagrado día, los tiros alcanzaban por
igual a unos y a otros y los hombres caían.
Cuando llegó la hora en que el leñador prepara
el almuerzo en la espesura del monte, porque
tiene los brazos cansados de cortar grandes
árboles, siente fatiga en su corazón y el dulce
deseo de la comida le ha llegado al alma, los
dánaos, exhortándose mutuamente por las filas
y peleando con bravura, rompieron las falanges
teucras. Agamenón, que fue el primero en arrojarse
a ellas, mató primeramente a Biánor, pastor
de hombres, y después a su compañero Oileo,
hábil jinete. Éste se había apeado del carro
para sostener el encuentro, pero el Atrida le
hundió en la frente la aguzada pica, que no fue
detenida por el casco del duro bronce, sino que
pasó a través del mismo y del hueso, conmovióle
el cerebro y postró al guerrero cuando
contra aquél arremetía. Después de quitarles a
entrambos la coraza, Agamenón, rey de hombres,
dejólos allí, con el pecho al aire, y fue a
dar muerte a Iso y a Antifo, hijos bastardo y
legítimo, respectivamente, de Príamo, que iban
en el mismo carro. El bastardo guiaba y el ilustre
Antifo combatía. En otro tiempo Aquiles,
habiéndolos sorprendido en un bosque del Ida,
mientras apacentaban ovejas, atólos con tiernos
mimbres; y luego, pagado el rescate, los puso
en libertad. Mas entonces el poderoso Agamenón
Atrida le envainó a Iso la lanza en el
pecho, sobre la tetilla, y a Antifo lo hirió con la
espada en la oreja y lo derribó del carro. Y, al ir
presuroso a quitarles las magníficas armaduras,
los reconoció; pues los había visto en las veleras
naves cuando Aquiles, el de los pies ligeros, se
los llevó del Ida. Bien así corno un león penetra
en la guarida de una ágil cierva, se echa sobre
los hijuelos y despedazándolos con los fuertes
dientes les quita la tierna vida, y la madre no
puede socorrerlos, aunque esté cerca, porque le
da un gran temblor, y atraviesa, azorada y sudorosa,
selvas y espesos encinares, huyendo de
la acometida de la terrible fiera; tampoco los
troyanos pudieron librar a aquéllos de la muerte,
porque a su vez huían delante de los argivos.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Lun 08 Mar 2021, 14:41

HOMERO

LA ILIADA

CANTO XI

Principalía de Agamenón.
Cont.

122. Alcanzó luego el rey Agamenón a Pisandro
y al intrépido Hipóloco, hijos del aguerrido
Antímaco (éste, ganado por el oro y los espléndidos
regalos de Alejandro, se oponía a que
Helena fuese devuelta al rubio Menelao): ambos
iban en un carro, y desde su sitio procuraban
guiar los veloces corceles, pues habían dejado
caer las lustrosas riendas y estaban aturdidos.
Cuando el Atrida arremetió contra ellos,
cual si fuese un león, arrodilláronse en el carro
y así le suplicaron:

131. -Haznos prisioneros, hijo de Atreo, y recibirás
digno rescate. Muchas cosas de valor tiene
en su casa Antímaco: bronce, oro, hierro labrado;
con ellas nuestro padre lo pagaría inmenso
rescate, si supiera que estamos vivos en las naves
aqueas.

136. Con tan dulces palabras y llorando hablaban
al rey, pero fue amarga la respuesta que
escucharon:

138. -Pues si sois hijos del aguerrido Antímaco
que aconsejaba en el ágora de los troyanos matar
a Menelao y no dejarle volver a los aqueos,
cuando vino a título de embajador con el deiforme
Ulises, ahora pagaréis la insolente injuria
que nos infirió vuestro padre.

143. Dijo, y derribó del carro a Pisandro: diole
una lanzada en el pecho y lo tumbó de espaldas.
De un salto apeóse Hipóloco, y ya en tierra,
Agamenón le cercenó con la espada los
brazos y la cabeza, que tiró, haciendola rodar
como un montero, por entre las filas. El Atrida
dejó a éstos, y seguido de otros aqueos, de
hermosas grebas, fuese derecho al sitio donde
más falanges, mezclándose en montón confuso,
combatían. Los infantes mataban a los infantes,
que se veían obligados a huir; los que combatían
desde el carro daban muerte con el bronce a
los enemigos que así peleaban, y a todos los
envolvía la polvareda que en la llanura levantaban
con sus sonoras pisadas los caballos. Y el
rey Agamenón iba siempre adelante, matando
troyanos y animando a los argivos. Como al
estallar voraz incendio en un boscaje, el viento
hace oscilar las llamas y lo propaga por todas
partes, y los arbustos ceden a la violencia del
fuego y caen con sus mismas raíces, de igual
manera caían las cabezas de los troyanos puestos
en fuga por Agamenón Atrida, y muchos
caballos de erguido cuello arrastraban con
estrépito por el campo los carros vacíos y echaban
de menos a los eximios conductores; pero
éstos, tendidos en tierra, eran ya más gratos a
los buitres que a sus propias esposas.

163. A Héctor, Zeus le sustrajo de los tiros, el
polvo, la matanza, la sangre y el tumulto; y el
Atrida iba adelante, exhortando vehementemente
a los dánaos. Los troyanos corrían por la
llanura, deseosos de refugiarse en la ciudad, y
ya habían dejado a su espalda el sepulcro del
antiguo Ilo Dardánida y el cabrahígo; y el Atrida
les seguía al alcance, vociferando, con las
invictas manos llenas de polvo y sangre. Los
que primero llegaron a las puertas Esceas y a la
encina detuviéronse para aguardar a sus compañeros,
los cuales huían por la llanura como
vacas aterrorizadas por un león que, presentándose
en la obscuridad de la noche, da
cruel muerte a una de ellas, rompiendo su cerviz
con los fuertes dientes y tragando su sangre
y sus entrañas; del mismo modo el rey Agamenón
Atrida perseguía a los troyanos, matando
al que se rezagaba, y ellos huían espantados.
El Atrida, manejando la lanza con gran furia,
derribó a muchos, ya de pechos, ya de espaldas,
de sus respectivos carros. Mas cuando le
faltaba poco para llegar al alto muro de la ciudad,
el padre de los hombres y de los dioses
bajó del cielo con el relámpago en la mano, se
sentó en una de las cumbres del Ida, abundante
en manantiales, y llamó a Iris, la de doradas
alas, para que le sirviese de mensajera:

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 09 Mar 2021, 08:16

HOMERO

LA ILIADA

CANTO XI

Principalía de Agamenón.
Cont

186. -¡Anda, ve, rápida Iris! Dile a Héctor estas
palabras: Mientras vea que Agamenón, pastor
de hombres, se agita entre los combatientes
delanteros y destroza filas de hombres, retírese
y ordene al pueblo que combata con los enemigos
en la encarnizada batalla. Mas así que
aquél, herido de lanza o de flecha, suba al carro,
le daré fuerzas para matar enemigos hasta
que llegue a las naves de muchos bancos, se
ponga el sol y comience la sagrada noche.

195. Así dijo; y la veloz Iris, de pies ligeros como
el viento, no dejó de obedecerlo. Descendió de
los montes ideos a la sagrada Ilio, y, hallando al
divino Héctor, hijo del belicoso Príamo, de pie
en el sólido carro, se detuvo a su lado, y le
habló de esta manera:

200. -¡Héctor, hijo de Príamo, que en prudencia
igualas a Zeus! El padre Zeus me manda para
que te diga lo siguiente: Mientras veas que
Agamenón, pastor de hombres, se agita entre
los combatientes delanteros y destroza sus filas,
retírate de la lucha y ordena al pueblo que
combata con los enemigos en la encarnizada
batalla. Mas así que aquél, herido de lanza o de
flecha, suba al carro, te dará fuerzas para matar
enemigos hasta que llegues a las naves de muchos
bancos, se ponga el sol y comience la sagrada
noche.

210. Cuando Iris, la de los pies ligeros, hubo
dicho esto, se fue. Héctor saltó del carro al suelo
sin dejar las armas; y, blandiendo afiladas
picas, recorrió el ejército, animóle a luchar y
promovió una terrible pelea. Los troyanos volvieron
la cara a los aqueos para embestirlos; los
argivos, por su parte, cerraron las filas de las
falanges; reanudóse el combate, y Agamenón
acometió el primero, porque deseaba adelantarse
a todos en la batalla.

218. Decidme ahora, Musas, que poseéis olímpicos
palacios, cuál fue el primer troyano o aliado
ilustre que a Agamenón se opuso.

221. Fue Ifidamante Antenórida, valiente y alto
de cuerpo, que se había criado en la fértil Tracia,
madre de ovejas. Era todavía niño cuando
su abuelo materno Ciseo, padre de Teano, la de
hermosas mejillas, lo acogió en su casa; y así
que hubo llegado a la gloriosa edad juvenil, lo
conservó a su lado, dándole a su hija en matrimonio.
Apenas casado, Ifidamante tuvo que
dejar el tálamo para ir a guerrear contra los
aqueos: llegó por mar hasta Percote, dejó allí las
doce corvas naves que mandaba y se encaminó
por tierra a Ilio. Tal era quien salió al encuentro
de Agamenón Atrida. Cuando ambos se hallaron
frente a frente, acometiéronse, y el Atrida
erró el tiro, porque la lanza se le desvió; Ifidamante
dio con la pica un bote en la cintura de
Agamenón, más abajo de la coraza, y, aunque
empujó el astil con toda la fuerza de su brazo,
no logró atravesar el labrado tahalí, pues la
punta al chocar con la lámina de plata se torció
como plomo. Entonces el poderoso Agamenón
asió de la pica, y tirando de ella con la furia de
un león, la arrancó de las manos de Ifidamante,
a quien hirió en el cuello con la espada, dejándole
sin vigor los miembros. De este modo cayó
el desventurado para dormir el sueño de bronce,
mientras auxiliaba a los troyanos, lejos de su
joven y legítima esposa, cuya gratitud no llegó
a conocer después que tanto le había dado: habíale
regalado cien bueyes y prometido cien mil
cabras y mil ovejas de las innumerables que sus
pastores apacentaban. El Atrida Agamenón le
quitó la magnífica armadura y se la llevó,
abriéndose paso por entre los aqueos.

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA
Pascual Lopez Sanchez
Pascual Lopez Sanchez
Administrador-Moderador
Administrador-Moderador

Cantidad de envíos : 63053
Fecha de inscripción : 29/06/2009
Localización : Murcia / Muchas veces en Mazarrón/ Algunas en Cieza ( amo la ciudad donde nací; amo su río - Río Segura_ y amo sus montes secos llenos de espartizales)

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Pascual Lopez Sanchez Mar 09 Mar 2021, 08:29

HOMERO

LA ILIADA

CANTO XI

Principalía de Agamenón.
Cont

248. Advirtiólo Coón, varón preclaro a hijo primogénito
de Anténor, y densa nube de pesar
cubrió sus ojos por la muerte del hermano.
Púsose al lado de Agamenón sin que éste lo
notara, diole una lanzada en medio del brazo,
en el codo, y se lo atravesó con la punta de la
reluciente pica. Estremecióse el rey de hombres,
Agamenón, mas no por esto dejó de luchar ni
de combatir; sino que arremetió con la impetuosa
lanza a Coón, el cual se apresuraba a retirar,
asiéndolo por el pie, el cadáver de Ifidamante,
su hermano de padre, y a voces pedía
auxilio a los más valientes. Mientras arrastraba
el cadáver por entre la turba, cubriéndolo con el
abollonado escudo, Agamenón le envasó la
broncínea lanza; dejó sin vigor sus miembros, y
le cortó la cabeza sobre el mismo Ifidamante. Y
ambos hijos de Anténor, cumpliéndose su destino,
acabaron la vida a manos del rey Atrida y
descendieron a la morada de Hades.

264. Entróse luego Agamenón por las filas de
otros guerreros, y combatió con la lanza, la espada
y grandes piedras mientras la sangre caliente
brotaba de la herida; mas así que ésta se
secó y la sangre dejó de correr, agudos dolores
debilitaron sus fuerzas. Como los dolores agudos
y acerbos que a la parturienta envían las
Ilitias, hijas de Hera, las cuales presiden los
alumbramientos y disponen de los terribles
dolores del parto; tales eran los agudos dolores
que debilitaron las fuerzas del Atrida. De un
salto subió al carro; con el corazón afligido
mandó al auriga que le llevase a las cóncavas
naves, y gritando fuerte dijo a los dánaos:

276. -¡Oh amigos, capitanes y príncipes de los
argivos! Apartad vosotros de las naves surcadoras
del ponto el funesto combate; pues a mí
el próvido Zeus no me permite combatir todo el
día con los troyanos.

280. Así dijo. El auriga picó con el látigo a los
caballos de hermosas crines, dirigiéndolos a las
cóncavas naves; ellos volaron gozosos, con el
pecho cubierto de espuma, y envueltos en una
nube de polvo sacaron del campo de la batalla
al fatigado rey.

284. Héctor, al notar que Agamenón se ausentaba,
con penetrantes gritos animó a los troyanos
y a los licios:

286 -¡Troyanos, licios, dárdanos que cuerpo a
cuerpo combatís! Sed hombres, amigos, y mostrad
vuestro impetuoso valor. El guerrero más
valiente se ha ido, y Zeus Cronida me concede
una gran victoria. Pero dirigid los solípedos
caballos hacia los fuertes dánaos y la gloria que
alcanzaréis será mayor.

291. Con estas palabras les excitó a todos el valor
y la fuerza. Como un cazador azuza a los
perros de blancos dientes contra un montaraz
jabalí o contra un león, así Héctor Priámida,
igual a Ares, funesto a los mortales, incitaba a
los magnánimos troyanos contra los aqueos.
Muy alentado, abrióse paso por los combatientes
delanteros, y cayó en la batalla como tempestad
que viene de lo alto y alborota el violáceo
ponto.

299. ¿Cuál fue el primero, cuál el último de los
que entonces mató Héctor Priámida cuando
Zeus le dio gloria?

Cont.


_________________
"Llegó tan hondo el beso
que traspasó y emocionó a los muertos.

...

...

El beso aquel que quiso
cavar los muertos y sembrar los vivos" (MH)

"Madrid borra los versos de Miguel Hernández del memorial de las víctimas de la Guerra Civil en La Almudena"

SR. ALMEIDA RESTITUYA LOS VERSOS DE MIGUEL HERNÁNDEZ O QUEDARÁ COMO UN PREPOTENTE QUE INTENTÓ ACALLAR LA VOZ DE LA POESÍA

Contenido patrocinado

HOMERO. Grecia Clásica. - Página 5 Empty Re: HOMERO. Grecia Clásica.

Mensaje por Contenido patrocinado


    Fecha y hora actual: Sáb 10 Abr 2021, 11:15